Sebastián Saborío y Leonardo Astorga[1]
Oyendo estos relatos, mi madre decía que ya no reconocía el rostro familiar de nuestro pueblo; y no sabíamos extraer más moraleja que ésta: que para el soldado de conquista toda tierra es enemiga, incluida la suya (Calvino, 2002, p. 47).
Introducción
El concepto de paz ha sido, y es, un elemento clave dentro del imaginario costarricense. Posterior a 1948, y con el fin de la guerra civil, José Figueres Ferrer y Liberación Nacional, los vencedores del conflicto y posterior partido hegemónico de la política costarricense, se encargaron de asociar la paz de un carácter civilista con la abolición del ejército. Durante la década de 1980, en medio del conflicto centroamericano, Costa Rica llegó a plantear su neutralidad perpetua y no armada frente a la violencia de la región y fue la promotora de un Plan de Paz que terminaría en la firma de los Acuerdos de Esquipulas y el reconocimiento del presidente Oscar Arias con el premio Nobel de la Paz.
La idea, casi totalizante, de que la característica principal del país es su esencia pacífica ha sido reproducida por parte de la retórica institucional a lo largo de las últimas seis décadas, moldeando de esta manera el imaginario nacional. Sin embargo, el aumento de la conflictividad y de la violencia en Costa Rica, la cual se refleja en el aumento progresivo del número de homicidios, nos permite cuestionarla. De hecho, entre 1991 y 2017, y sobre todo a partir de 2008, la tasa de homicidios en el país pasó de una modesta cifra de 3,6 homicidios cada 100.000 habitantes a una más preocupante de 12,1 (Saborío, 2019b). Según las estadísticas oficiales, dicho aumento es el resultado, principalmente, del crecimiento de los conflictos entre grupos que se dedican, en sus diferentes fases, al comercio de drogas ilícitas (COMESCO, 2017). Por esta razón, se hace necesario un cuestionamiento de la utilidad del concepto de paz al momento de analizar la realidad de sociedades que no pertenecen a Estados que se encuentran en una condición de guerra declarada, pero que, no obstante, poseen territorios que se caracterizan por tener una condición de conflicto permanente, como sucede en muchas comunidades empobrecidas de la capital del país.
Este artículo presenta algunos de los resultados preliminares de la investigación “Control territorial y narcoviolencia en Costa Rica: el caso de Pavas”, la cual se está llevando a cabo desde comienzos de 2019 y concluirá en 2021.[2] Dicha investigación tiene como objetivo principal el de comprender el fenómeno del control territorial relacionado con las bandas del narcomenudeo[3] del distrito capitalino de Pavas, en particular del sector de Rincón Grande.
Rincón Grande de Pavas es una localidad que pertenece al distrito de Pavas, la cual cuenta con la mayor extensión territorial del cantón San José. A nivel fisiográfico, Rincón Grande de Pavas se encuentra delimitado de forma natural por dos cuerpos de agua, al norte con el río Torres y al sur con el río Tiribí.

De acuerdo con el último censo realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC, 2011), Pavas se posiciona como el distrito más poblado de Costa Rica, contando para ese momento con 79.407 habitantes, de los cuales 78,7 % eran personas en edad de trabajar.[4] Este territorio no solo se caracteriza por tener una alta densidad poblacional, sino también por una brecha socioeconómica muy marcada entre sus residentes, pues, por un lado, alberga zonas de alto poder adquisitivo como Rohrmoser y, por otro, zonas mayormente empobrecidas como Rincón Grande.
Según Mendoza (2017), en esta última comunidad se han desarrollado tres tipos de urbanización: la convencional (a cargo del sector privado), la dirigida (gestionada por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo) y, por último, la autourbanización o urbanización en precario, la cual se lleva a cabo mediante el esfuerzo de las familias que llegan a ocupar el espacio con material de construcción generalmente en mal estado. Adicionalmente, y con base en el mismo autor, es preciso mencionar que Rincón Grande de Pavas se caracteriza por altos índices de ocupaciones en condición de hacinamiento y pobreza, así como por una alta criminalidad, conflictividad, violencia, inseguridad ciudadana y otras prácticas de riesgo social, como el consumo de drogas.
Hasta el momento se han llevado a cabo 58 entrevistas en profundidad con privados de libertad pertenecientes a grupos del narcomenudeo, residentes, exponentes políticos, líderes comunitarios de Rincón Grande de Pavas y miembros de las fuerzas de policía nacional y local, de los bomberos, de la Cruz Roja, de centros educativos, de centros de culto y trabajadores del sector de la salud que llevan a cabo sus labores en el área geográfica analizada. Además, se realizó una recolección de las noticias del diario La Nación,[5] de los periódicos publicados entre los años que van de 2008 a 2018, revisando diariamente la sección de sucesos y fotografiando toda aquella noticia que tratara el tema de la comercialización de drogas ilícitas en el Gran Área Metropolitana (GAM),[6] la provincia de San José (donde se encuentra la capital del país, dándole un especial énfasis al distrito de Pavas). Se llegó a fotografiar un total de 993 noticias durante los 10 años estudiados. A través de ejercicios de cartografía realizados en campo entre los meses de marzo y octubre del año en curso (2019), se efectuó un levantamiento de los principales puntos de distribución de drogas, asaltos y otros delitos que las y los residentes identificaron en las comunidades de Rincón Grande de Pavas. La información recopilada se digitalizó en el Sistema de Información Geográfica QGIS. Se recolectaron las estadísticas oficiales del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), tanto a nivel nacional como local, entre 2008 y 2018 respecto a hurtos, robos, asaltos a personas, homicidios, femicidios, violencia doméstica. Del sistema nacional del 911 (llamadas de emergencia), se recolectaron los casos de incidentes con arma de fuego, arma blanca y violencia doméstica entre los años 2015-2018. Con posterioridad a la construcción de indicadores relacionados con el control territorial efectuado por parte de grupos criminales que se dedican al narcomenudeo, se está elaborando un modelo de regresión lineal múltiple que permitirá medir el nivel de dicho fenómeno e identificar si este es inexistente, bajo, medio o alto. Aquí se tomarán en consideración únicamente las entrevistas, las noticias y las estadísticas criminales con el fin de comparar el discurso mediático con los relatos de las personas entrevistadas.
1. Conceptualizaciones de la paz y la violencia
La problematización del concepto de paz que queremos proponer parte de la constatación de que las intervenciones militares llevadas a cabo por potencias como los Estados Unidos, y las dinámicas discursivas asociadas a estas, siguen, hoy en día, los parámetros establecidos durante la Guerra Fría, a saber, combatir enemigos y amenazas que atenten contra el orden y bienestar del sistema. Los comunistas de ayer son hoy los terroristas o los “narcos” (Chomsky, 1992).
Durante la década de 1970 y 1980, en Centroamérica, actores internacionales como el gobierno de Estados Unidos (Roitman, 2013), así como las dictaduras en Chile y Argentina (Armony, 1999) se encargaron, siguiendo la Doctrina de Seguridad Nacional, de fortalecer las fuerzas armadas y de seguridad de la región. Esto se realizó bajo una lógica de fronteras ideológicas, en donde, tanto Estados Unidos como sus aliados militares centroamericanos creían que, ante el avance del comunismo y los grupos subversivos, era su deber combatir al enemigo interno, una etiqueta amplia que podía incluir desde guerrilleros, sindicalistas, líderes estudiantiles, campesinos, defensores de los derechos humanos, o a cualquier persona o grupo que tuviera ideas opuestas a los militares y las elites dominantes. De tal manera, el enemigo interno terminaba sustituyendo al externo, las fuerzas armadas no se preparaban para enfrentarse a otro ejército, sino para combatir y controlar a la población de sus respectivos países.
Fue bajo ese criterio de racionalidad militar, donde el orden se lograba combatiendo a una amenaza amplia (un enemigo que podía estar en todas partes e infiltrarse en cualquier lugar), que las fuerzas militares y policiales consideraban que la seguridad nacional estaba por encima de lo personal. Así, las necesidades del Estado se posicionaban más allá de los derechos y las libertades individuales y la lucha por la seguridad permitía a las fuerzas armadas y policiales estar por encima de la ley.
Según Hobsbawm (2007) y Graham (2011), otro punto importante del siglo XX y lo que llevamos recorrido del XXI es que la guerra, como concepto y como fenómeno, tiene dos características claves. En primer lugar, las operaciones armadas ya no se encuentran de manera exclusiva en manos de los Estados/naciones y de sus agentes armados. Para estos autores, el monopolio de la violencia que poseía el Estado se ha resquebrajado o perdido, incluso los recursos materiales para guerra, armas y dinero/capital están al alcance de grupos fuera de la órbita estatal. En segundo lugar, los tradicionales conflictos entre Estados han cedido ante los conflictos internos, y hemos llegado a presenciar su atomización desde mediados de la década de 1970. Esa interiorización de la conflictividad, de la violencia de la guerra, va de la mano con la desaparición de la línea entre combatiente/soldado y civil, siendo una realidad que el paso de los conflictos armados recae con mayor peso sobre los civiles que ahora son objetivo militar.
También se debe poner atención en cómo la diferencia entre guerra y paz no resulta tan clara. Muchos de los conflictos armados no iniciaron con declaraciones de guerra ni terminaron con acuerdos de paz. Algunos autores llegaron a denominar “nuevas guerras” a la miríada de conflictos de naturaleza étnica, religiosa y criminal (como por ejemplo los conflictos entre grupos que se dedican a la venta de drogas) que se dan al interior de los Estados entre civiles y entre estos y los gobiernos (Koonings y Veenstra, 2007). De igual manera, para Scheper-Hughes y Bourgois (2004) hoy en día podemos constatar que la distinción entre tiempos de paz y tiempos de guerra se ha opacado pues, aunque un país no participe de una guerra declarada con otras naciones, puede combatir, bajo diferentes frentes, a numerosas agrupaciones criminales o insurreccionalistas. En este sentido, la diferencia entre las guerras tradicionales y muchos de los conflictos contemporáneos sería más una cuestión de amplitud y de estatus jurídico que de sustancia. Esto no significa que todo tipo de violencia que derive de la comercialización de drogas ilícitas pueda ser denominada como “guerra”, pero, para estos autores, dicho concepto puede ser usado para analizar los conflictos entre bandas y entre estas y las fuerzas gubernamentales. Esto nos lleva a cuestionarnos, en general, sobre la validez del concepto de paz en la actualidad y, en lo específico, sobre el uso de este en el contexto costarricense. Según lo dicho precedentemente, no sería oportuno afirmar que Costa Rica goza de una situación de paz total dado que el país se encuentra marcado por una gran cantidad de conflictos armados entre los grupos que se dedican a la comercialización de drogas ilícitas, tanto a nivel local como internacional.
Dichos conflictos no se dan únicamente en Pavas, sino también en muchas otras zonas urbanas del país que se caracterizan por tener altos índices de pobreza (Saborío, 2019b). Además, esta situación no es una peculiaridad única de la realidad costarricense. Precedentemente aclaramos que guerra y violencia no pueden ser usadas como sinónimos. Sin embargo, ambos fenómenos están fuertemente entrelazados, sobre todo en el contexto latinoamericano, donde, en la actualidad, los conflictos entre grupos criminales que se dedican a la venta de drogas, a nivel internacional y local, están entre los principales responsables de la violencia, en particular de la violencia homicida (Córdova, 2017; Ordóñez Valverde, 2017; Berg y Carranza 2018). De hecho, en América Latina los mayores índices de violencia interpersonal se encuentran, especialmente, en los barrios más vulnerables de las ciudades, que son, de hecho, el principal escenario de los conflictos entre bandas de narcomenudeo. Es así como los residentes de estas localidades, además de ser las víctimas, son también los perpetradores de la violencia. Como diría Briceño-León (2002, p. 36), lo que se da en los centros urbanos de nuestra región es, sobre todo, “una violencia de pobres contra pobres”.
Lejos de ser únicamente el resultado de decisiones individuales, la violencia tiene una multiplicidad de causas que van desde la pobreza y la desigualdad hasta la implementación de medidas de control punitivo que la reproducen y aumentan, en lugar de disminuirla (Kilanski y Auyero, 2015). En la misma línea, y apuntando más específicamente al objeto de investigación de este trabajo, Lunecke Reyes (2012), tomando en consideración el caso chileno, afirma que la modalidad en la que se da el comercio de drogas en este tipo de zona urbana es posible solo gracias a la condición de aislamiento social que viven las comunidades que ahí residen. Comprender la violencia, sus causas y consecuencias es de fundamental importancia en el contexto latinoamericano, donde se registra el mayor número de homicidios a nivel mundial[7] (Moncada, 2016). En particular, en América Central la violencia relacionada con la presencia de grupos criminales ha ido aumentando en las últimas cuatro décadas, hasta llegar a niveles sin precedentes en ninguna otra sociedad que se considera en una condición de “paz”. De hecho, Cantor (2016) demuestra que la violencia en América Central llega a ser igual o superior a la que se pone en práctica en contextos de guerra declarada. Por ejemplo, en El Salvador, donde en 2015 se registró una tasa de 199,3 homicidios por cada 100.000 habitantes –dos terceras partes realizadas por parte de miembros de bandas–, se dio un promedio de 18 muertes violentas por día, dos más del que se dio en el mismo país durante la guerra civil de los años ochenta.
Si bien es cierto que el nivel de homicidios en Costa Rica es inferior al de otros países de la región, su ya mencionado aumento, así como la cotidianeidad de violencia y conflicto que viven muchas comunidades vulnerables en el país, que serán descritas en las próximas páginas, nos obligan a mantener atención sobre estos temas y a llevar a cabo investigaciones que nos permitan comprender sus particularidades.
2. La noticiabilidad del conflicto
En un trabajo anterior, Saborío (2019a) señaló que, sea en el debate político y mediático, en las ciencias sociales a nivel latinoamericano, el concepto de “violencia urbana” es usado para referirse a aquellas formas de violencia que, por su visibilidad, tienen un impacto mayor en la percepción de seguridad de las personas y pueden definir una ciudad o un determinado espacio urbano como violento y peligroso. La crítica principal que el autor hace al concepto es que su uso acrítico reproduce discursos estigmatizantes y excluyentes contra las categorías sociales más vulnerables y segregadas de las ciudades. Además, la atención que se dedica tanto en el debate político como en el académico a la violencia visible, principalmente a los homicidios y a los conflictos entre grupos criminales, invisibiliza ulteriormente todas las demás formas de violencia que marcan la cotidianeidad de las personas y que pueden llegar a tener un impacto mayor en la vida de estas. En este trabajo no llevamos a cabo un análisis del uso del concepto de “violencia urbana” para el caso específico de Costa Rica. Sin embargo, a continuación, demostraremos cómo los medios de comunicación nacionales también brindan mayor atención a aquellas formas de violencia que normalmente se refieren a ese concepto, dejando de lado otras menos visibles y, por ende, noticiables.
En Costa Rica, desde 2008, la provincia de San José pasó a ser el campo de batalla en donde diferentes grupos criminales se disputan el control del espacio urbano para la venta y distribución de drogas. Y ese conflicto ha sido algo que la prensa costarricense en general, y el diario La Nación en particular, se ha encargado de cubrir; sin embargo, la cobertura de La Nación durante esos años (2008-2013) va de la mano de la espectacularidad y violencia del conflicto, especialmente si eso se puede vincular con altas tasas de homicidio ligadas a la venta de drogas ilícitas.
Como se puede ver en el cuadro 1, del total de noticias publicadas en La Nación relacionadas con el narcotráfico y el narcomenudeo en la GAM, la provincia de San José ocupa un primer lugar, de un total de 445 noticias consultadas. La Nación reportó que sucedieron en la capital 340 sucesos, que representan 76,4 %; muy por debajo se encuentran las otras provincias (Heredia, Cartago y Alajuela), que juntas apenas llegan a sumar un 23,4 % del total.
Cuadro 1. La Nación: noticias sobre sucesos vinculados con la venta de drogas ilícitas, 2008-2013, Gran Área Metropolitana
| Provincia | Cantidad | Porcentaje |
| Alajuela | 14 | 3,3 |
| Cartago | 26 | 5,8 |
| Heredia | 36 | 8,3 |
| San José | 340 | 76,4 |
| Otros | 29 | 6,2 |
| Total | 445 | 100 |
Fuente: elaboración propia, La Nación, Sucesos, 2008-2013.
Como se puede ver en el cuadro 2, los asesinatos/homicidios corresponden al principal suceso que cubre La Nación en la provincia de San José, con un 42,7 % del total, 421 noticias en donde se da cuenta de la muerte de alguien y que, siguiendo las declaraciones tomadas a las autoridades, se puede catalogar como venganza o ajuste de cuentas, tipologías que las autoridades asocian a la actividad de los grupos criminales del narcotráfico y del narcomenudeo.
Cuadro 2. La Nación: tipo de sucesos noticiados relacionados con el narcotráfico/crimen organizado sucedidos en la provincia
de San José entre 2008-2018
Tipo | Cantidad | Porcentaje |
Asesinato/homicidio | 421 | 42,7 |
Balaceras | 106 | 10,7 |
Hallazgo de cuerpo | 46 | 4,6 |
Intento de asesinato | 29 | 2,9 |
Investigación | 9 | 0,9 |
Juicio/proceso legal | 39 | 3,9 |
Operativo | 139 | 14,1 |
Secuestro/extorsión | 7 | 0,7 |
Sin especificar/otros | 42 | 4,2 |
Tráfico internacional | 15 | 1,5 |
Vehículo quemado | 1 | 0,1 |
Venta de drogas | 131 | 13,2 |
Total | 985 | 100 |
Fuente: elaboración propia.
En el sentido de lo expuesto más arriba, en el cuadro 2 se puede ver que los operativos llevados a cabo por las fuerzas del orden se posicionan en el segundo lugar con 139 noticias, correspondiente a un 14,1 %, mientras que muy cerca, en un tercer lugar, se ubican las noticias que informan sobre la venta de drogas (y posibles luchas entre bandas) en la capital, con un 13,2 % del total. Se puede inferir, por lo tanto, que existe una relación entre la noticiabilidad de los homicidios, de la venta de drogas y de los esfuerzos de la policía por combatir las actividades relacionadas con los grupos criminales.
El cuadro 3 nos da una perspectiva más amplia de cómo La Nación evidencia espacialmente el conflicto y la violencia en San José, identificando cuáles son, según el periódico, las áreas más afectadas por la violencia ligada a la venta de drogas ilícitas. Al consultar las noticias de La Nación, se puede observar que Pavas se ubica en primer lugar, desplazando a otras zonas conflictivas tales como Tibás, Goicoechea y Desamparados. Dentro de ese panorama llama la atención que el centro de San José, la capital, logra un 7,7 % del total de noticias; no obstante, como se verá más adelante, las estadísticas oficiales nos dicen que esta localidad no aparece entre las más violentas por número de homicidios. Lo anterior puede responder a que esta localidad goza de una mayor atención y visibilidad a nivel nacional. Por ende, ante la búsqueda de garantizar una mayor difusión del periódico, este busca cubrir lo que más atrae la atención del público lector a través de lo espectacular y violento en el centro de la capital. Sobre Pavas, según lo expuesto por La Nación, la zona se puede categorizar como altamente conflictiva, de las 977 noticias que suceden en la provincia de San José, 179 (un 18,3 %) suceden específicamente en Pavas.
Cuadro 3. San José: noticias publicadas sobre sucesos en La Nación, 2008-2018, según cantón/distrito
Cantón/distrito | Cantidad | Porcentaje |
Acosta | 1 | 0,1 |
Alajuelita | 66 | 6,7 |
Aserrí | 19 | 1,9 |
Centro (de San José) | 76 | 7,7 |
Coronado | 12 | 1,2 |
Curridabat | 25 | 2,5 |
Desamparados | 122 | 12,4 |
Escazú | 20 | 2 |
Goicoechea | 90 | 9,2 |
Hatillo | 38 | 3,8 |
Montes de Oca | 17 | 1,7 |
Mora | 6 | 0,6 |
Moravia | 23 | 2,3 |
Pavas | 179 | 18,3 |
San Francisco de Dos Ríos | 15 | 1,5 |
San Sebastián | 35 | 3,5 |
Santa Ana | 12 | 1,2 |
Tibás | 89 | 9,1 |
Uruca | 31 | 3,1 |
Zapote | 12 | 1,2 |
Otros | 89 | 9,1 |
Total | 977 | 100 |
Fuente: elaboración propia.
Las cifras dadas por La Nación en materia de hechos violentos sucedidos en Pavas concuerdan con las estadísticas del OIJ (cuadro 4), aportadas desde 2010 hasta 2018, en donde se ubica a Pavas como el distrito con mayor incidencia de homicidios dolosos, con un total de 147 incidentes, que corresponden a un 22 % del total.
Cuadro 4. Cantidad acumulada de homicidios dolosos por distrito en el cantón de San José (2010-2018)
Distrito | Cantidad | Porcentaje |
Pavas | 147 | 22 |
Hospital | 105 | 16 |
Uruca | 85 | 13 |
Hatillo | 85 | 13 |
San Sebastián | 76 | 11 |
Merced | 64 | 10 |
Catedral | 39 | 6 |
San Francisco | 19 | 3 |
Zapote | 18 | 3 |
Mata Redonda | 15 | 2 |
Carmen | 14 | 2 |
Total | 668 | 100 |
Fuente: elaboración propia con datos del Organismo de Investigación Judicial (2019).
Siguiendo las publicaciones de La Nación sobre Pavas se puede observar, en el cuadro 5, cómo los homicidios, la lucha entre bandas y la venta de drogas son las principales actividades delictivas noticiadas.
Cuadro 5. Pavas: tipo de hechos violentos sucedidos, según La Nación, 2008-2018
Tipo | Cantidad | Porcentaje |
Asalto | 7 | 3,3 |
Asesinato | 112 | 53,5 |
Hallazgo de cuerpo | 7 | 3,3 |
Herido con arma de fuego | 8 | 3,8 |
Juicio/sentencia* | 16 | 7,6 |
Lucha de bandas | 12 | 5,7 |
Operativo | 23 | 11 |
Sin especificar | 11 | 5,2 |
Tráfico internacional | 1 | 0,4 |
Vehículo quemado | 1 | 0,4 |
Venta de drogas | 11 | 5,2 |
Total | 209 | 100 |
Fuente: elaboración propia, La Nación, Sucesos, 2008-2018.
Por lo tanto, la representación de la realidad que se construye de Pavas en las páginas de sucesos de La Nación es la de un lugar conflictivo. En el periodo en estudio de esta localidad específica (2008-2018), según el periódico, la situación está marcada por la conflictividad de los grupos criminales que buscan el dominio del territorio para controlar la venta de drogas ilícitas.
Las publicaciones del diario La Nación nos permiten reconstruir una trayectoria del conflicto en Pavas y sus índices de violencia, lo importante de esto es que se debe comprender y hacer una diferencia en cómo se presenta/reporta el conflicto y cómo se vive. Al comparar los hechos noticiosos sucedidos en Pavas con las estadísticas del OIJ parece que se da una concordancia en años calientes, con alta conflictividad, como se puede observar en el cuadro 6 y en el 7, respectivamente. En ambos cuadros, 2010, 2012, 2015, 2016 y 2017 representan los años más conflictivos en materia de hechos violentos en Pavas.
Cuadro 6. Pavas, cantidad y porcentaje de hechos delictivos ligados a la venta de drogas ilícitas publicados en La Nación 2008-2018
Año | Cantidad | Porcentaje |
2008 | 10 | 6,8 |
2009 | 8 | 5,4 |
2010 | 10 | 6,8 |
2011 | 9 | 6,1 |
2012 | 17 | 11,6 |
2013 | 5 | 3,4 |
2014 | 16 | 10,9 |
2015 | 29 | 19,8 |
2016 | 15 | 10,2 |
2017 | 19 | 13 |
2018 | 8 | 5,4 |
Total | 146 | 100 |
Fuente: elaboración propia.
Cuadro 7. Distritos con mayor cantidad de homicidios dolosos por año en el cantón de San José (2010-2018)
N° | 2010 | 2011 | 2012 | 2013 | 2014 | 2015 | 2016 | 2017 | 2018 |
1 | Pavas | Hospital | Pavas | San Sebastián | Hospital | Pavas | Pavas | Pavas | Hospital |
2 | San Sebastián | Pavas | Uruca | Hospital | Pavas | Hatillo | Uruca | Uruca | Hatillo |
3 | Uruca | Merced | Hospital | Uruca | San Sebastián | Hospital | San Sebastián | San Sebastián | Pavas |
4 | Hatillo | San Sebastián | Hatillo | Pavas | Hatillo | Merced | Hospital | Hospital | Merced |
5 | Hospital | Hatillo | Merced | Merced | Merced | San Sebastián | Catedral | Catedral | Uruca |
Fuente: elaboración propia con datos del Organismo de Investigación Judicial.
De tal manera, se puede decir que la prensa le da un mayor interés al conflicto en tanto este alcance cifras importantes en cuanto al nivel de violencia letal, así la cobertura que se da en años como 2011, 2013 y 2018 es menor. Paralelos a la lectura del periódico La Nación, se encuentran los datos del OIJ, que permiten hacerse otra idea de la conflictividad que tiene lugar en la zona. En el cuadro 8 vemos que en Pavas el motivo principal de los homicidios son los ajustes de cuentas o venganzas, que son las formas de homicidio que las autoridades vinculan a la criminalidad de los grupos del narcomenudeo y del narcotráfico; sin embargo, y alejándose un poco de la espectacularidad mediática de cómo se cubren los sucesos por parte del diario, se puede observar que en segundo lugar tenemos que otra importante causa de muerte son las discusiones o riñas, que no están vinculadas con alguna actividad de grupos criminales.
Cuadro 8. Homicidios dolosos acontecidos en el distrito Pavas, según modalidad delictual (2010-2018)
| Móvil | Total general | Porcentaje |
| Ajuste de cuentas, venganza | 70 | 48 |
| Discusión, riña | 31 | 21 |
| Por la comisión de otro delito | 23 | 16 |
| No determinado | 17 | 12 |
| Violencia doméstica | 3 | 2 |
| Repeliendo actividad criminal | 3 | 2 |
| Total general | 147 | 100 |
Fuente: elaboración propia con datos del Organismo de Investigación Judicial (2019).
3. Cotidianeidad de la violencia
La violencia relacionada con los conflictos entre bandas no se limita a los homicidios e intentos de homicidio que se llevan a cabo mediante armas de fuego. Por ejemplo, un privado de libertad relata que, entre las prácticas de su exbanda, es común quemar carros y casas de los miembros de las agrupaciones rivales (entrevista 15, no grabada con privado de libertad, 24/2/2019). Según las palabras de una entrevistada, hoy en día los narcomenudeantes se han vuelto tan “descarados” que tienen hasta una casa que usan como “centro de tortura”, desde la cual los vecinos, aterrorizados, a menudo escuchan los gritos y llantos de las víctimas (entrevista 1, grabada, mujer, residente/líder comunal, 26/3/2019).
Sin embargo, de las guerras entre bandas criminales, lo que más tiene un impacto en la vida cotidiana de las personas son las balaceras, las cuales pueden sorprenderlas mientras caminan por las calles de los barrios de Pavas a cualquier hora del día y de la noche, aunque la mayoría se dan después del atardecer. Por ejemplo, un residente nos relató cómo un día a las 9 de la mañana hubo una balacera en frente de su casa, obligándolos a él y a su esposa a tirarse en el suelo. La imprevisibilidad de los conflictos armados parece tener, para los residentes, un peso mayor respecto a la frecuencia con la que suceden. El hecho de no saber en qué momento se van a dar este tipo de situaciones hace que los residentes no puedan hacer mucho más que esconderse y protegerse en el momento que escuchan disparos. Solo en dos ocasiones personas entrevistadas nos dijeron que, a veces, es posible saber cuándo el “barrio está tenso” por las luchas entre bandas, lo que lleva a las personas a aumentar las precauciones y a pasar menos tiempo afuera de sus casas. De igual manera, las personas se dan cuenta de que cuando, por lo contrario, el “barrio está calmo”, la situación puede cambiar en cualquier momento, lo que produce una cotidianeidad marcada por la angustia que genera pensar que las balaceras son siempre una posibilidad inminente. Además de ser imprevisibles, cualquiera puede volverse víctima de las balas perdidas; esto es lo que más asusta a las personas de Pavas:
Aquí diagonal vive otra familiar mía, un día a las 3 de la mañana hubo una balacera, cayó una bala en el cuarto de la niña, estaba durmiendo… Está la cama y la bala le pego en el respaldar de la cama, a 5 centímetros de la cabeza de la chiquita, para que se dé una idea del peligro que pasa, de la peligrosidad que tenemos aquí (entrevista 30, grabada, hombre, residente/líder político, 17/7/2019).
Como ya hemos mencionado, la mayoría de los homicidios que se dan en Pavas son clasificados por parte de las autoridades como consecuencia de una riña. Es decir, son el resultado de conflictos interpersonales que no están relacionados con la venta de drogas ilícitas. Sin embargo, para las personas habitantes de Pavas, la causa de las balaceras es casi siempre la lucha entre bandas por el dominio del territorio:
Y la otra forma en donde se meten las balaceras es aquí bajando, verdad, en la esquina hacia abajo. Entonces es un cruce de fuego, es que de verdad es como los… feo. Y hay cruce de fuego igual no importa si hay personas caminando, perros, gatos, no importa, porque lo que ahí hay es que defender el territorio (entrevista grabada, mujer, líder comunal/líder política, 18/6/2019).
No todos los disparos que se escuchan en Pavas son el resultado de conflictos entre bandas, los residentes afirman que, muchas veces, los miembros de las bandas disparan al aire para amenazar a la población, o por pura diversión. Sin embargo, el temor generado por el ruido de las balas no cambia y, en algunos casos, trae a la memoria emociones negativas y recuerdos de personas conocidas que, a lo largo de los años, han muerto en los diferentes conflictos que se han dado entre grupos criminales:
Porque ha habido muchos, digamos, como en el caso, digamos, de la edad de mi hijo que va a cumplir 20 años, la mayoría de sus compañeros en clases, casi todos ellos andan [en el narcomenudeo]… Entonces mi hijo ha reflexionado mucho en ese aspecto que, ha llegado, digamos, a funerales de sus amigos, de conocidos de sus excompañeros, y dice que le da mucha tristeza ver, verlos ahí por sus malas decisiones (entrevista grabada, mujer, residente, 5/11/2019).
Estas palabras nos muestran cómo las luchas entre grupos criminales tienen un impacto directo también en la vida de las personas que no están involucradas en la venta de drogas ilícitas y que son la mayoría de las que viven en Rincón Grande de Pavas. Para comprender mejor de qué modo la presencia de los grupos criminales influencia negativamente la cotidianeidad de la población, es indispensable subrayar el hecho de que no son solo las balaceras lo que mortifica sus vidas.
En general, es posible afirmar que cuando las organizaciones del narcomenudeo fomentan el miedo en las comunidades, lo hacen con el objetivo de controlarlas y mantenerlas en una condición de sumisión (Cortés Vargas et al., 2012). En El Salvador se ha documentado de qué manera las maras llegan a practicar violencia directamente contra la población local, sobre todo con la finalidad de intimidarla para que esta no denuncie sus actividades ilícitas ante las autoridades locales (Savenije y Van der Borgh, 2004). El caso costarricense aún ha sido poco analizado y todavía no tenemos claro hasta qué punto las bandas llegan a violentar a las comunidades locales. Sin embargo, las personas entrevistadas en nuestra investigación nos explican que en Pavas también se da el uso de amenazas y violencia física contra aquellos que se oponen a la actividad del narcomenudeo o que entran en cualquier tipo de conflicto con los miembros de las bandas. Gracias a sus investigaciones en América Latina y el Caribe, Arias (2017) ha demostrado que los grupos criminales armados pueden llegar a apropiarse de casas y tierras de las personas. Lo mismo sucede en Rincón Grande de Pavas, donde las personas entrevistadas afirmaron que es mejor “no meterse” con los narcomenudeantes, porque en más de una ocasión le han robado la casa a la gente.
Persona entrevistada: Cuando ellos quieren hacer posesión de la casa la hacen. Así ha pasado aquí.
Aquí en Pavas y en Rincón, se ha dado la situación de que la chusma logre echar a alguien y se posesiona de la casa. Aquí en el sector… pasó eso. La familia se tuvo que ir.
Entrevistador: ¿Por qué los han echado? ¿Para apropiarse de la casa o por otras razones?
Persona entrevistada: Porque se involucraron con ellos. La de aquí abajo exactamente yo no supe qué fue la bronca que ellos tuvieron con la gente grande, como dice uno, para que los obligaran a irse. Y era tan así que eran amenazados a muerte. Ellos tuvieron que venir, resguardados con la policía, con un camión de la policía a sacar los muebles de la casa.
Entrevistador: ¿Y después se apropiaron de la casa?
Persona entrevistada: Sí (entrevista 2, grabada, mujer, exlíder comunal, 2/4/2019).
Los habitantes de Rincón Grande de Pavas cuentan cómo los criminales que se dedican al comercio de drogas ilícitas, aprovechándose del temor que generan a través del uso de la violencia, también abusan sexualmente de las mujeres de las comunidades y que normalmente dichos delitos quedan impunes ante la ley, pues nadie se atreve a denunciarlos.
3.1. Conflicto y vida comunitaria
Vivir en contextos de conflictos armados genera en la población un sentimiento de miedo, o zozobra, como Zubillaga, Llorens y Souto (2015) denominan la sensación constante con la que viven las madres de niños y adolescentes en localidades caracterizadas por tener altos índices de violencia armada de la ciudad de Caracas. Estas afirman que muchas noches no consiguen dormir por causa de la angustia de saber que algo les puede pasar a sus hijas e hijos. De la misma manera, las mujeres de Pavas relatan la ansiedad que sienten cuando sus familiares no se encuentran en casa. Para Susana Rotker (2002), la percepción de inseguridad generalizada que caracteriza las ciudades latinoamericanas, y que es provocada principalmente por la criminalidad callejera, se acompaña de una sensación de impotencia que redefine negativamente la relación de las personas con su propio entorno.
En Pavas, dicha inseguridad hace que las personas no siempre se sientan seguras para caminar por las calles de sus barrios. De las entrevistas emerge el hecho de que, cuando pueden, miembros de la comunidad prefieren gastar sus recursos, que en muchos casos son escasos, en el pago de un taxi o un Uber, incluso para hacer breves recorridos. De esta manera minimizan el riesgo de ser víctima de una bala perdida en un conflicto entre bandas o de ser asaltados mientras, por ejemplo, regresan de sus trabajos o de otro tipo de actividades. En particular, para evitar situaciones riesgosas, muchas personas deciden no salir más de sus casas durante la noche porque, como ya se ha mencionado, la mayoría de los tiroteos se dan después del atardecer. Esta decisión de recluirse en el ámbito doméstico representa una erosión del derecho de libre tránsito de las personas, las cuales no se sienten libres de decidir qué hacer con sus propias vidas y, en general, por este motivo se ven obligadas a limitar sus oportunidades de ocio y recreación. Por ejemplo, los niños abandonan actividades deportivas, como narra uno de los líderes comunales durante una entrevista:
Vea, ya no sigo con el equipo [explicando lo que le dijo el adolescente] … ¿Diay [sic] por qué, qué le paso? [le responde] Y ya me contó que había una balacera, que los niños corriendo, que los papás, que la gente y que esto… entonces eso implica que la gente se guarde en sus casas y que esas cosas ya no sucedan verdad y usted ya aquí después de las 6:30 o 7 todo el mundo está en su casa (entrevista 30, grabada, hombre, residente/líder político, 17/7/2019).
La vivencia cotidiana de la violencia produce consecuencias en el tejido comunitario y no únicamente a nivel individual. Por ejemplo, en Colombia la presencia de narcomenudeantes tiene el efecto de aumentar el desapego y desarraigo territorial que las personas tienen hacia la localidad en la que residen (Cortés Vargas et al., 2012). Es decir, las personas no se sienten identificadas con el lugar donde viven y no sienten un vínculo emotivo positivo hacia este. En Pavas, al momento de responder sobre qué es lo que no les gusta y qué cambiarían de sus comunidades, la mayoría de las personas entrevistadas aseveró que la delincuencia, en particular la relacionada con las bandas y los asaltos, es lo que más les afecta y que, en consecuencia, desearían cambiar. El análisis de la realidad chilena demostró que el desapego a los lugares de residencia que produce la violencia relacionada con la actividad del narcomenudeo normalmente es acompañado por un debilitamiento de los vínculos sociales y del tejido social (Lunecke, 2016). Dicho de otro modo, el hecho de que los conflictos armados les impongan a las personas la necesidad de recluirse en sus propias habitaciones favorece comportamientos individualistas, aumenta la desconfianza hacia los vecinos, debilita la participación en la vida comunitaria y, en raíz de ello, reduce la posibilidad de encontrar soluciones conjuntas a los problemas comunitarios. La desconfianza hacia las demás personas aumenta desde el momento que se cree que cualquiera puede tener algún tipo de relación con los miembros de las bandas criminales:
A veces suena feo, porque uno dice que no puede ayudar a un vecino que está pasando por un problema, porque no sabe qué hizo el vecino, no sabe si el vecino es el que busca, el que busca el mal ahí aparece (entrevista 18, grabada, mujer, residente/miembro de un grupo deportivo, 29/5/2019).
Además de generar consecuencias negativas internas a las comunidades, la violencia y el conflicto tienen un impacto también en las relaciones que se dan entre la población de Rincón Grande de Pavas y el resto de la ciudad. El hecho de que, cuando mencionan esta localidad, los medios de comunicación se enfocan principalmente en hechos delictivos hace que las personas de afuera la asocien principalmente con la violencia. Según los residentes, esto los estigmatiza, es decir, hace creer que ellos son, en su mayoría, personas peligrosas y relacionadas con el mundo de la criminalidad:
Persona entrevistada: Aquí es todo mundo, incluso gente de aquí mismo de los alrededores de Rincón, Rohrmoser, consideran Rincón Grande como lo peor de lo peor. Y no es así.
Entrevistador: ¿Por qué? ¿Por qué lo consideran lo peor de lo peor?
Persona entrevistada: Porque solo ven las noticias. Solo ven eso: robos. Aquí entran periodistas, a investigar quién mató a fulanito, por qué lo mataron, en qué estaba involucrado. Pero nunca entra un periodista a decirnos qué profesionales tenemos en la comunidad, qué profesionales se hicieron…, qué chiquillos profesionales se formaron acá. Y tenemos un montón, un montón de chiquitos y de muchachitas que vimos crecer. Que ahora hay doctoras, hay dentistas, hay abogadas, hay regidores (entrevista 2, grabada, mujer, exlíder comunal, 2/4/2019).
A su vez, el estigma que pesa sobre los habitantes de Rincón Grande de Pavas hace que las personas de afuera no quieran ingresar en sus barrios. Las personas entrevistadas cuentan cómo muchas de sus amistades y de sus familiares no los quieren visitar por miedo de ser asaltados o de presenciar una balacera. Lo mismo pasa con muchos proveedores de servicios privados, como por ejemplo los taxis, los Uber, los repartidores de comida y los ruteros que distribuyen mercancía a las tiendas. En algunos casos, si vienen de afuera estos deciden no entrar a Rincón Grande, entrar solo en algunas horas del día o entrar acompañados por compañías privadas de seguridad.
Más grave aún, algunos servicios públicos, como por ejemplo las ambulancias y los bomberos, no entran en algunas áreas de Rincón Grande si no están acompañados por las fuerzas de policía. En estos casos, no se debe únicamente al estigma territorial que caracteriza a Rincón Grande de Pavas, sino también a episodios que se han dado y llevaron a los funcionarios públicos a tomar esta decisión. Por ejemplo, se han dado robos a las ambulancias mientras prestan sus servicios o, como nos explicó uno de los bomberos de Pavas, en algunos sectores los miembros de las bandas han impedido el acceso a sus vehículos. La labor de los bomberos también se ve afectada de otras maneras por causa de la violencia. Dado que no hay un hospital en Pavas que reciba a pacientes de emergencias las 24 horas del día, varias veces ha pasado que lleguen miembros de bandas a llevar a sus compañeros baleados intimando con amenazas a los bomberos, que por obligación tienen siempre un paramédico, para que los atienda. El mismo tipo de amenazas las han recibido los servidores de la clínica de Pavas, que abre únicamente durante el horario diurno, cuando llegan miembros de bandas que han sido heridos durante conflictos armados. Una persona que trabaja en la clínica nos informó que, cuando esto sucede, es normal que los miembros de las bandas obliguen el personal en servicio a dedicarse únicamente al herido que acompañan o ponen en riesgo a los demás pacientes y trabajadores de la clínica porque los criminales son seguidos por parte de miembros de las bandas rivales con las cuales se llevaron a cabo los conflictos.
Persona entrevistada: En varias ocasiones llegan los carros baleados, así los parabrisas despedazados y todo y el paciente sangrando ahí en el carro, que los amigos se lo traen, entonces “los amigos” del paciente vienen violentos, vienen drogados, vienen eufóricos, vienen armados y lo amenazan…
Entrevistador: ¿Visiblemente armados?
Persona entrevistada: Ah sí, sí, se les ve el chopo en el pantalón, y vienen eufóricos exigiendo que tiene uno que revivir, que lo tiene que atender. Ya cuando llega la policía se desaparecen todos los amigos verdad, del occiso, pero esos son momentos en los que uno tiene que, uno se siente realmente vulnerable, porque digamos, aquí no hay guardas de seguridad armados, hay una entrada de ambulancia donde usted ve lo fácil que es entrar aquí, aquí entra cualquier persona. […] Hace poquito pasó eso “esos hijuetales no sirven para nada, son unos inútiles, tráiganme un arma para armar y pa pa pa”, ya la enfermera se puso histérica, entró en pánico y terminó la policía aquí. Obviamente había que llamar a la policía porque es una amenaza expresa. ¿Qué más? Yai [sic], cuando llegan (…) se sacan la cuchilla, se sacan la pistola y, verdad, entonces ahí también uno se siente vulnerable (entrevista 44, grabada, mujer, empleada en la clínica de Pavas, 29/10/2019).
La condición de conflicto permanente que caracteriza Rincón Grande de Pavas también genera consecuencias negativas en las personas que ejercen la función de educadores. En primer lugar, las dos personas que trabajan en centros educativos que fueron entrevistadas para esta investigación, una mujer en uno y un hombre en el otro, contaron haber presenciado una balacera en el camino hacia sus trabajos. En segundo lugar, una de estas dos personas contó que, en otra ocasión, la dirección de una escuela decidió evacuar a los niños por causa de una balacera que se dio en las cercanías del centro educativo. A su vez, muchos niños reproducen algunos de los comportamientos violentos que observan en sus familias y en sus barrios. Por ejemplo, en uno de estos centros educativos se han dado casos de “bandas” de menores que atormentan y agreden otros a compañeros:
Ya nos ha tocado por dos años consecutivos a nivel de estudiantes de segundo grado… segundo grado… chicos de 8 años… desarticular bandas… detalle: ¿cuál es el objetivo de esas bandas? Bueno, uno o dos cabecillas por ejemplo en una pajilla metieron un tornillo, entonces andaba en los recreos diciendo a otros chiquillos, bueno… le ponía el tornillo en el regazo y le decía “me da la merienda o lo chuceo” (entrevista 41, grabada, hombre, trabajador de un centro educativo, 22/10/2019).
Al mismo tiempo, estos profesionales explican que el impacto mayor que tiene el narcomenudeo en sus actividades se relaciona con la inclusión de los menores de edad en las actividades delictivas de las bandas.
Entonces empiezan a buscarlos desde los 10 años, en realidad empiezan a buscarlos desde pequeños. Tienen un modus operandi donde “te doy mil colones para que compres pirotecnia, pero eso sí, con estos mil colones vas a comprar juegos, pero se lo vas a poner al borracho Juan” entonces los chicos van, le amarran los juegos, le prenden y mientras la persona corre alcoholizada, ellos graban, ellos se ríen…entonces ya desde ahí empiezan a desensibilizar. Los invitan a peleas de gallos, entonces es “vea, ¿le gusta?, tome yo le doy mil colones para que apueste” entonces otra vez a desensibilizar. “¿Querés un celular? Toma, te doy el celular, pero entonces tenés que venir a grabar como mato a Pedro” (…) [un estudiante me dijo] “a mi hermano le regalaron un teléfono, pero tenía que grabar como mataban”, y así es como lo cuentan porque es parte de su diario vivir. Ahí es donde nosotros podemos ir viendo cómo van evolucionando y cómo van buscando ciertas cabecillas, chicos lideres con muchas habilidades que los van jalando (entrevista 34, grabada, mujer, educadora, 3/9/2019).
De las palabras de los entrevistados emerge una situación dramática para algunos niños, los cuales son seducidos por parte de los narcomenudeantes con bienes materiales o directamente con dinero para que trabajen como vendedores o transportadores de drogas.
Conclusiones
Según lo propuesto por Barthes (2010), el concepto de paz puede convertirse en un significante vacío, cuyo contenido varía según el objetivo/finalidad del proyecto político de las fuerzas institucionales, para que luego sea interiorizado y normalizado en la cotidianidad de los habitantes. En este artículo demostramos que no es posible hablar de manera acrítica de paz en el contexto costarricense, sobre todo si tomamos en consideración los conflictos que se dan entre las bandas del narcomenudeo en los barrios vulnerables.
A través del análisis de las publicaciones del periódico La Nación, fue posible ver cómo, al momento de noticiar los conflictos relacionados con las bandas del narcomenudeo de Pavas, este medio de comunicación se enfoca principalmente en las noticias de homicidios y balaceras y no dan espacio a las consecuencias que estos fenómenos tienen en la vida cotidiana de las personas. Asimismo, la escucha de sus experiencias nos permite comprender que los residentes viven con la sensación de que en Rincón Grande de Pavas tiene lugar un conflicto constante y casi ininterrumpido, que impacta negativamente en la cotidianidad de quienes viven en la zona. En particular, fue posible evidenciar que las personas en las comunidades vulnerables, y caracterizadas por conflictos entre grupos criminales, se encuentran en un estado de tensión y miedo constante por causa de las balaceras, la amenaza y el uso de la violencia por parte de los miembros de las bandas sobre los residentes.
En definitiva, hemos mostrado el efecto que la violencia de estos grupos tiene tanto sobre la comunidad en general como en los individuos que la componen. La atención que los medios de comunicación dan a la violencia y los conflictos entre bandas cuando publican noticias sobre Rincón Grande hace que afuera de sus barrios sus habitantes sean estigmatizados e injustamente considerados violentos y peligrosos. Los conflictos tienen también un impacto en la distribución de servicios, ya sean públicos o privados, a la ciudadanía. Vimos cómo, por ejemplo, la actividad de los bomberos, de los educadores y de la clínica local pueden verse seriamente afectados. El desarraigo territorial que los habitantes de Rincón Grande sienten con relación a sus comunidades deteriora la acción comunitaria y reduce las posibilidades de encontrar soluciones conjuntas a dicha problemática. Por otro lado, el temor de ser víctima de la violencia, en particular de las balas perdidas, hace que las personas decidan autorrecluirse en la esfera doméstica, sobre todo en horas de la noche.
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- Los autores agradecen al staff de Gestión de Vivienda y Asentamientos Humanos de la Municipalidad de San José, el cual brindó apoyo financiero y logístico para llevar a cabo la investigación. Además, agradecen a la Fundación para la Paz y la Democracia por poner a disposición el trabajo de Brandon Mata, que colaboró con la recolección y el análisis de las estadísticas criminales.↵
- El trabajo de campo se llevó a cabo entre marzo de 2019 y marzo de 2020.↵
- Para Raffo López y Gómez Calderón (2017, p. 31), el narcomenudeo “consiste en la venta de dosis personales y de aprovisionamiento”, mientras que el narcotráfico está compuesto por “producción, distribución, comercialización y capital circulante”.↵
- En Costa Rica, el INEC establece que la población en edad de trabajar está compuesta por las personas de 15 años o más. Este grupo poblacional está compuesto por la Fuerza de Trabajo (FT), que corresponde a las personas que trabajan, están desocupadas o desempleadas; y también por la Población Fuera de la Fuerza de Trabajo, la cual hace referencia a las personas que no trabajan, como en el caso de estudiantes y personas pensionadas.↵
- La Nación es el periódico de mayor difusión en Costa Rica y que goza de mayor credibilidad entre la población nacional (Guzmán Hidalgo et al., 2016).↵
- El Gran Área Metropolitana (GAM) costarricense (que va de San Ramón, en Alajuela y llega hasta Paraíso, Cartago) corresponde a un 3,84 % del territorio nacional, donde habita el 52,7 % de la población total del país. De ese 52,7 %, un 45 % llega a concentrarse en los cantones de San José, capital de Costa Rica. Las noticias relacionadas con la totalidad de la GAM se analizaron únicamente de 2008 a 2013 y no hasta 2018, por no ser fundamentales para el objeto de estudio.↵
- Esto nos muestra claramente la fragilidad de la región en temas relacionados con la violencia y la seguridad, aunque es cierto que este dato tiene que ser tomado con cautela dado que muchos países, en particular en el contexto africano, no presentan estadísticas confiables con relación a la tasa de homicidios y de otras formas de criminalidad y violencia. ↵









