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Capítulo 1

Anahi Sy[1]

Yo no quiero vivir como digan

Tengo algo que late en mi corazón

(Charly García, “Yo no quiero volverme tan loco”)

Toda una vida: mirada hasta tornarse (in)visible

Ella es una migrante española, que el 3 de enero de 1924, con 39 años de edad, llega al hospital por orden judicial y, tras 44 años de internación, fallece el 11 de diciembre de 1968, a los 83 años de edad.

Al abrir su historia clínica, pueden verse y olerse años de encierro; el primer documento que encontramos es un telegrama enviado al esposo de Ella:

11-12-68

Señor [Esposo de Ella]

BURZACO, BUENOS AIRES



FALLECIÓ ELLA CONTESTE SI SE HACE CARGO.



HOSPITAL ESTEVES

A continuación podemos ver con vida a Ella en la nota que narra su ingreso en el hospital:

El día 25 del corriente, siendo las 7.45 se presentó en la comisaría 17ma el agente Rodríguez conduciendo detenida a la mujer Ella por cuanto en la esquina de Libertad y Paraguay, había oído que aquella pronunciaba frases incoherentes como: “actitudes de lucha por la vida”, “gremialismo”, “sindicalismo”, haciéndole presumir que tuviera las facultades mentales alteradas.

La primera página de la historia clínica se encuentra atravesada por un sello de tinta roja con la inscripción: “INTERDICTA”, lo que marca su internación por orden judicial.

Aparece en esta primera página un formulario que solicita consignar:

Nombre y apellido Ella Año de ingreso 1924
Nacionalidad Española Fecha de nacimiento [queda vacía para Ella]
Residencia Burzaco Estado Civil Casada
Profesión Empleada Color: Blanco
Procedencia: [queda vacía para Ella]  Localidad: Burzaco
Hij… de [queda vacía para Ella]
[Foto de ella]  [Ausencia de Foto]
Ingreso  Egreso
Ingresa el 3 de enero de 1924
Colocada por policía
A disposición de [queda vacía para Ella]
Diagnóstico ideas delirantes, alucinaciones auditivas, Delirio sistematizado de persecución, Alucinación Interpretativa.
Altura del cuerpo 1,56 peso 55 kilogramos

En la segunda página de la historia clínica, puede observarse que lo que aparece completado por el médico que realiza la admisión es que la paciente no tiene antecedentes de locura –según dice su esposo–. “No se ocupa de sus quehaceres domésticos”, “desafectivizada con su marido y hasta con sus hijos”.

Ella cuenta que fue despedida por sus patrones y desde entonces “por las cosas que se tejen en la sombra” no ha podido encontrar ocupación. “Relaciona su estado con la angustia que le produce el no hacer lo que ella quería (estudiar, ser útil)”. Por la calle la gente la mira “en forma significativa”. Oye que le dicen “en voz alta, María la loca, María la loca” sus “mismos están confabulados con sus enemigos” y han pretendido hacerla pasar por loca. Internándola en el Hospital Nacional de Alienadas, le han dado muerte a su propia hijita, “etc., etc.”

Ingresa con una orden de la policía de la capital por lesiones en la vía pública. “Desprecian a su hija, la insultaban y le decían palabras ofensivas”.

A continuación aparece la siguiente descripción médica:

Mujer pequeña estatura. Buen esqueleto. Regular panículo adiposo. Piel blanca tinte rosada. Músculos bien desarrollados. Motilidad activa y fuerzas conservadas. Reflejos plantares en flexión. Los demás presentes e iguales a ambos lados. Audición y visión conservadas, pupilas iguales reaccionan a la luz y la acomodación MOP [movimientos oculares de persecución] normal. Encías rosadas y dientes muy bien conservadas. Lengua húmeda y saburral [capa fina de color blanquecino formada por bacterias que puede recubrir la superficie de la lengua. En la mayoría de los casos, la lengua saburral no tiene importancia y no provoca problemas de salud]. Tiroides tamaño normal. Pulmones sonoridad normal. Respiración vesicular no se oye. Corazón tonos muy fuertes en todos los focos. Soplo sistólico en el foco pulmonar de muy escasa propagación, ritmo normal, pulso regular igual mediano frecuencia 140. Tensión MX 180 Mn 100 (la enferma está intranquila y con aspecto de terror). Abdomen: plano, paredes blandas, no se palpa nada anormal ni se despierta dolor. Orina D 1013 nada anormal. Urea en suero: 0,43%0 Glucemia: 0,74%0 Reacción Wassermann y Kahn: eritrosedimentación: 5

Diagnóstico: nerviosidad Eretismo cardio vascular [actividad muy intensa, y limitada en el tiempo, de un organismo o parte de él] taquicardia sinusal. Aumento de la tensión diferencial.

Colesterol: 2,10%o […]

Continúa la descripción de aspectos somáticos o biomédicos sin advertir “anomalía” o malfuncionamiento orgánico o fisiológico alguno.

A continuación aparece adjunta la siguiente nota:

Buenos aires, noviembre de 1925

Me dirijo al ……… solicitándole se sirva autorizar al pie de la presente a esta dirección, si es o no de su agrado, disponga se proceda a cortarle el cabello, en forma de uso actual, (melena) a su enferma …………… puesto que ello resultaría para mayor facilidad de mantenimiento en condiciones higiénicas.

Saluda atentamente

El médico director

Doctor Julio G. Nogues

 

Buenos aires, ……………….

Señor médico Director

El que suscribe en carácter de Tía de la enferma de referencia, (comunica, autoriza) a la Dirección del Hospital Nacional de Alienadas que … se proceda a cortarle el cabello en la forma indicada en la solicitud que precede.
Firma Tía de Ella.

Luego comienza el registro que da cuenta de la situación de la paciente durante la internación:

Enferma tranquila – durmió cuatro horas – se levantó bien – buena orientación en tiempo y lugar – memoria conservada -. Dice estar afónica desde hace meses, niega tener alucinaciones auditivas.

A casi un año de su ingreso en el hospital, vuelve a registrarse algo sobre Ella: “A eso de las 12 se puso en extremo agresiva golpeando brutalmente a la enferma María A, siendo necesaria la aplicación del restraint”.

A los pocos días:

intranquila, irritable.-reticente-negativista. Ideas persecutorias contra la familia “no me quieren porque estoy tísica” a veces observándose soliloquios-atenta al interrogatorio, deslizándose contadas veces ciertas incoherencias fugaces- algo erótica. Requiere repetidamente los medios contensivos. Sin conciencia de su estado… pesa 50 kg.

A partir de ahí encontramos que los registros en la historia clínica ocurren alrededor del año, a propósito de algún infortunio, si bien aparecen como constante referencias previas a la situación de “la enferma”, como es nombrada Ella:

enferma muy excitable- agresiva- agresiva- incoherente- desorientada en tiempo y lugar- […] la enferma pesa pesa 49 kg.

memoria muy debilitada indiferente, muy incoherente risas inmotivadas desafectiva pesa 51 kg.

“Ud. como se llama?” “Que se le importa” risas inmotivadas, un sentido de abstracción completa, no responde casi nada…

El 30 de abril de 1932:

presenta actitud indiferente toda pregunta que se le haga contesta: no sé – muy agresiva con las demás enfermas y con el personal del pabellón – caprichosa, desobediente – no trabaja en nada – sucia – come bien – duerme poco – soliloquios en voz baja -…

Se repiten algunas notas que van a aparecer año a año:

“nerviosa” “desafectiva” “respuesta muy pobre” “no colabora”, “desaseada”, “no trabaja”.

Aparece como novedad una consideración sobre su peso:

a veces es necesario recurrir a la alimentación forzada pesa 44 y 1/2 Kg.

En 1933:

… levantada se excita con suma frecuencia tornándose agresiva, revoltosa, coprolálica obscena y obligando al uso del restraint […] presta escasa atención, desorientada, respuestas incoherentes – memoria con fallas -… es visitada de vez en cuando desafectiva – déficit de sus facultades psíquicas – duerme con hipnóticos – se alimenta poco y merced a los reiterados esfuerzos del personal del pabellón.

A lo anterior se suma entre 1934 y 1960:

… exhibicionista […] suele desnudarse o colocarse muchas prendas innecesarias, intranquila, agresiva, desaseada, no trabaja sucia destructoras indiferente, permanece vigilada en los patios por su tendencia a deambular. No atiende su aseo. Tendencia a la destrucción … poco visitada.

En 1960:

[…] salto la ventana del baño, se produce una herida superficial en codo derecho. Desinfección apósitos […] Físico discreto […] examen endocrino.

Aparece una nueva categoría diagnóstica que parece condensar todos los antecedentes previos: “síndrome esquizofrénico”.

En 1961:

… enferma desnutrida, anoréxica, pérdida de peso últimamente … se indica control de peso semanal y radiografía de tórax. anal de sangre.

En 1963:

la enferma presenta ántrax en pie derecho, se le prescribe penicilina.

En 1964 se registra:

al no haber penicilina se sustituye la medicación por criseosil 1 frasco ampolla cada 6 horas.

En 1965:

se le cae un banco sobre pie ocasionándole herida contuso cortantes…..

En 1966:

se registra la administración de Halopidol 3 C por día.

En 1967 se registra:

paciente desprolija. No colabora con el interrogatorio. Globalmente desorientada. Descenso de sus facultades intelectuales.

En 1968:

Estacionaria. Desorientada negativista niega alucinaciones e ideas delirantes “con posterioridad a la muerte de mi hijta yo observe y comprendi muchas cosas que antes había aceptado como hechos regidos por ellos” …. “ya no tengo alucinaciones ni ilusiones” “he observado los hechos-los hechos” “querían matarme”. –

En el 11/12/1968:

se constata el deceso de la paciente por paro cardio respiratorio no traumático.

No se presentó el Esposo, retira el cadáver la Facultad de Medicina.

La historia ¿cínica?: escucho voces

Inicialmente puede advertirse la multiplicidad de miradas y de voces que recaen sobre Ella: la policial que la considera “loca”, la del médico que realiza la admisión, la del esposo, que acompaña en el ingreso y responde al interrogatorio, quien solicita el corte de pelo, la tía que lo autoriza y quien ejecuta dicho corte. Una vez internada, puede leerse la mirada psi y la mirada clínica que examinan minuciosamente la mente y el cuerpo (respectivamente) de Ella.

El motivo de encierro alegado para Ella en la orden judicial, que remite al “gremialismo” y “sindicalismo” o, en la historia clínica, “el no hacer lo que ella quería (estudiar […])”, son algunas pistas para interpretar el encierro ante la resistencia a la vida doméstica. Características registradas como signos y síntomas de enfermedad (“No se ocupa de sus quehaceres domésticos”, “Desafectivizada hasta con sus hijos”, “Erótica”, entre otras) dan cuenta de ello.

Al indagar la evolución de la historia clínica de Ella, visualizamos cómo gradualmente se registra un deterioro físico y psíquico, sin que medie tratamiento alguno o reflexión sobre dicha situación, cada nuevo registro no parece considerar la lectura de los previos. Aparece la descripción de comportamientos cada vez más “agresivos”, “eróticos”, “escapistas”, que conducen al diagnóstico de “esquizofrenia”, esto es, a la asignación de una categoría diagnóstica que fija una identidad a la paciente.

La forma en que es tratada Ella responde a las ideas que se establecen con la medicina moderna: una clara separación entre cuerpo/psiquis, biológico u orgánico/espiritual o mental, lo cual permitirá establecer solo ciertas conexiones entre ambas, y, una vez descartada una posible etiología orgánica, la constitución y el estado psíquico ocuparán toda la lectura y análisis de los signos y síntomas identificados.

Cabe señalar que está ausente una lectura que componga y organice cada una de las partes en las que fue dividida Ella. Del mismo modo que está ausente una lectura que dé cuenta del tiempo, un malestar que avanza, unos síntomas que se repiten, un tratamiento ausente, una escucha y palabras anuladas y un cuerpo que se adelgaza hasta perder el último aliento que le queda para salir. Es clave la expresión final “Ya no tengo alucinaciones ni ilusiones”, que alude a la claridad de haber hallado que, para salir, cualquier vinculación con el orden de la fantasía o el deseo por ser algo o alguien diferente debieran eliminarse. Y cuando desde lo discursivo Ella está dispuesta a apagar el deseo, la fantasía o la ilusión, también se apaga el cuerpo, aun pareciendo evidente la conexión entre ambos eventos, Ella muere de un “paro cardio-respiratorio”, el deseo que se apaga no es más que el registro de una voz que no se escucha. La propia categoría diagnóstica condensa una nulidad y borradura de una trayectoria de vida en el hospital densamente significativa que es eliminada por completo en el certificado de defunción que pasa a engrosar la historia clínica de un cadáver que, irónicamente, será “útil” como deseaba Ella, “ser útil” entre los estudiantes de Medicina, condenada a ser observada eternamente, nombrada, descripta como un cuerpo sin voz que no tiene nombre (o no el suyo al menos) ni historia. Quizá lo más vivo que hallamos sean las palabras que gritan por salir, atrapadas en esta historia cínica.

Estos aspectos son una constante en gran parte de las historias clínicas de mujeres, que ingresan hasta que su deterioro psicofísico, y en este caso también la edad, las conduce a la muerte.

De generaciones

La historia clínica condensa diversas construcciones de la enfermedad y de la enferma, cada uno de los relatos transcriptos registran la descripción de Ella a partir del ojo clínico del médico, de la capacidad de penetración psíquica del psiquiatra, de la búsqueda por el mantenimiento de un orden jurídico; tales relatos no parecen cruzarse, ni siquiera pueden leerse conexiones. En un periodo de casi cincuenta años transcurridos en la vida de Ella, aparecen signos y síntomas que representan claramente el registro del comportamiento de mujeres que se apartan del rol de género esperado para la época (al respecto profundizamos en el capítulo 2). Si bien podemos señalar que durante tal periodo de tiempo los tratamientos administrados y, aún más, las teorías y corrientes de la psiquiatría se transforman, observamos que en la práctica clínica –que se traduce en el registro de signos y síntoma– persiste la adjetivación de la conducta femenina reprobable para la época, como si se tratara de un hecho observable “científicamente”, antes que una apreciación construida socioculturalmente en un momento histórico particular. Como señala Taussig (1992), la enfermedad adquiere una “objetividad fantasmal” al negar las relaciones humanas encarnadas en los síntomas, signos y terapias, se mistifica y reproduce una ideología y política a modo de ciencia de “cosas reales” ocurriendo una cosificación biológica y física donde las cosas toman vida propia, separadas del nexo social que las originó, borrando el significado social y moral de los signos y síntomas de la enfermedad.

Referencias

Bullard, A. (2001). “The truth in madness. Colonial doctors and insane women in French North Africa”, South Atlantic Review, 66 (2), pp. 114-132.

Burin, M. y Meler, I. (2010). Género y familia: poder, amor y sexualidad en la construcción de la subjetividad. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Chesler, P. (1972). Women and Madness. Nueva York: Avon Books.

Davies, K. (1996). “‘Sexing the mind’? Women, Gender and Madness in Nineteenth-Century Welsh Asylums”, Llafur, 7 (1), pp. 29-40.

Kromm, J. E. (1994). “The Feminization of Madness in Visual Representation”, Feminist Studies, 20 (3), pp. 507-535.

Lock, M. y Scheper-Hughes, N. (1990). “A critical-interpretative approach in medical anthropology: rituals and routines of discipline and dissent”. En Johnson, T. M. y Sargent, C. F. (ed.). Medical Anthropology: Contemporary Theory and Method (pp. 47-72). Nueva York: Praeger.

Ruiz Somavilla, M. J. y Jiménez Lucena, I. (2003). “Género, mujeres y psiquiatría: una aproximación crítica”, Frenia, Vol. 3, (1), pp. 7-29.

Scott, J. (1993). “El género: una categoría útil para el análisis histórico”. En Lamas, M. (comp.). El género, la construcción cultural de la diferencia sexual. México: PUEG, UNAM.

Showalter, E. (1985). The Female Malady: Women, Madness, and English Culture, 1830-1980. Nueva York: Pantheon.

Smith-Rosenberg, C. (1972). “The Hysterical Woman: Sex, Roles and Role Conflict in 19th Century America”, Social Research, 39 (4), pp. 652-678.

Sy, A. (2015). “De la Literatura a la Historia: Cuando la locura se convierte en desviación social”, Estudios Filológicos, (55), pp. 129-141. Recuperado de https://bit.ly/2rdBTWc.

Taussig, M. (1992). “La reificación de la conciencia del paciente”. En Un gigante en convulsiones. El mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente (pp, 111-143). Barcelona: Gedisa.


  1. Lic. en Antropología y Dra. en Ciencias Naturales por la Universidad Nacional de La Plata. Investigadora independiente del CONICET. Docente de grado y posgrado del Instituto de Salud Colectiva, Universidad Nacional de Lanús.


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