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Capítulo 5

Ana Laura Barrio[1]

Calesita una vez a la semana, bebé

El paraguas cuando llueva

Golosinas después de la mañana, bebé

Mi cariño cuando quieras

(Luna Monti y Juan Quinteros, “Regalitos”)

La incorporación de niños/as al hospital, un interrogante abierto

Héctor tiene 3 años cuando llega al hospital el 19 de junio de 1963. Es traído por su padre (quizá acompañado por su madre) junto con un informe del Hospital Vecinal Bariloche-Río Negro donde consta, entre otros datos, una consulta a los 3 meses de edad por notar “gran indiferencia y apatía, gritos y llantos, gran inafectividad”. También trae una nota firmada por el padre, dirigida al director del hospital, solicitando el ingreso de “la enferma” (se trata de un formulario para completar) que se encuentra “en estado de alienación mental” según

certificado adjunto de los doctores, para que sea sometida al tratamiento que le corresponde quedando obligado a respetar y acatar las prescripciones del reglamento, las indicaciones médicas en lo que atañe al internado de la enferma mientras dure la asistencia de esta, y recibir a la enferma cuando la Dirección considere conveniente darle el alta

Reconoce que debe respetar las indicaciones médicas en lo que se refiere al aislamiento de la enferma y a su salida del Hospital”.

En la primera evaluación del niño, podemos leer:

Según confiesa su padrastro adoptó accidentalmente al niño ya que este lo poseía la mujer que más tarde fuera su esposa, teniendo el niño 6 meses de edad; en cuanto al padre propio del niño son pocas las referencias que se tiene pero, según la madre del niño, dice que ha sido un hombre sano, actualmente fallecido, no sabiendo de qué enfermedad. En cuanto a los padres por parte de la madre, viven y son sanos, no así una tía por parte de la madre del niño que era sordomuda, actualmente fallecida. […]. La madre del niño posee tres hermanos vivos y sanos; niega antecedentes psicóticos. […]. Declara su padrastro que se hizo cargo del niño a los 6 meses y que nada anormal pudo notar en él hasta más o menos los 8 meses de edad en que por algunas características que no puede explicar, resolvió llevarlo a un facultativo quien lo puso en tratamiento; situación que llamó la atención del padrastro al llegar el niño a su época de ambulación y locuela, actos fisiológicos estos que el enfermito no los llevó a cabo, además, a partir del año se hicieron más evidentes sus anomalías: ataques convulsivos, crisis nerviosas, llantos continuos con gestos de dolor acompañados por flaccidez más o menos generalizada de grupos musculares, en especial del cuello. […]. La enfermedad actual es consecutiva al proceso desarrollado hace más o menos un par de años, en que sus males fueron aumentando en forma paulatina y progresiva; en la actualidad el niño tiene tres años de edad, presentando un cuadro oligofrénico”.

Héctor permanece tres meses internado, hasta su fallecimiento. En su historia clínica encontramos dos evoluciones médicas del 19 y del 22 de julio del 63 (al mes de internación). Registran diarreas, se indica régimen y “Total [ilegible]”. Los siguientes registros son del 6 y 7 de octubre. El 6 de octubre de 1963, a las 23 h, se describe un cuadro de vómitos que “requiere hidratación” y la prescripción de un tratamiento del cual se puede leer IDO c.c.”, “solución fisiológica”, “Redoxon”, “terramicina”. La siguiente evolución es del día después: “Enfermo amarillo, afebril […] bolsa de agua caliente en ensilladura lumbar, enema evacuante. Steclin 100 mg. IM”. “12 hs: se recupera la diuresis. Se continua la hidratación con solución glucosada 5% EV”. “14:30 hs: Se comprueba el fallecimiento del enfermo”. Causa de defunción, “insuficiencia renal aguda”, el 7 de octubre de 1963.

Este caso nos sirve de ejemplo para ilustrar la situación de estos niños/as que llegaban al hospital. En total, dentro del fondo documental del archivo, encontramos nueve historias clínicas que pertenecen a “menores” (cinco niños y cuatro niñas) cuyas edades oscilan entre los 2 y 12 años de edad. Fueron internados y fallecieron en el Hospital Esteves entre los años 1959 y 1965. Este hallazgo nos resultó muy llamativo por tratarse de una institución que se creó, como hemos visto, con el fin de albergar a mujeres con padecimiento mental. Una de las primeras hipótesis que pensamos fue que se trataba de hijos/as de mujeres que estaban internadas. Habíamos leído historias de mujeres que estaban embarazadas, que parían sus hijos/as en el hospital, de los que después nada se mencionaba sobre sus destinos. ¿A dónde iban esos niños/as? ¿Quedaban en la internación con sus madres? ¿Eran puestos/as a cargo de algún familiar? ¿Eran trasladados/as a otras instituciones? ¿Dados/as en adopción? Nada se nos dice sobre ello. Otra de las hipótesis acerca del origen de las historias clínicas de niños/as era que se trataba de adolescentes de edad cercana a la mayoría de edad. Quizá sus cuadros psicopatológicos de gravedad ameritaban una internación allí por ausencia de otras instituciones donde pudieran tratarlos/as. Esta es una situación que no le es ajena a cualquier trabajador/a de salud que transite un hospital público de la provincia de Buenos Aires en esta época –de otras provincias es probable que también–, y sería tanto más probable en aquella época en que no abundaban los efectores de salud mental.

Cuando comenzamos a acercarnos al material, empezamos a despejar estas dudas y a abrir nuevos interrogantes. En algunas carátulas de historias, nos encontramos con la siguiente leyenda: “PABELLON NIÑOS”. ¡Que sorpresa! ¿Existía un pabellón exclusivo de internación de niños/as? Es un dato que no encontramos registrado ni documentalmente, ni referenciado de alguna manera por la memoria de los trabajadores.

Lo primero que nos llama la atención del ingreso de Héctor es la nota de solicitud de la internación dirigida al director del hospital. Allí parecieran cederse todos los derechos y libertades de la persona a la institución, lo que dejaba a la familia en total dependencia y sujeta a sus decisiones:

[…] obligado a respetar y acatar las prescripciones del reglamento, las indicaciones médicas en lo que atañe al internado de la enferma mientras dure la asistencia de esta, y recibir a la enferma cuando la Dirección considere conveniente darle el alta.

Héctor estuvo tres meses internado. Sabemos poco acerca de lo que sucede con él en ese periodo de tiempo dentro del hospital. Como mencionábamos, encontramos algunas evoluciones médicas en su historia clínica que remiten a síntomas médicos (diarrea) y su tratamiento, y los últimos registros describen la situación de compromiso clínico del niño que desemboca en su muerte. No hay registro de ninguna otra disciplina que intervenga en el caso, ninguna práctica de rehabilitación o de estimulación. En general, el tiempo que permanecieron internados los niños y niñas varió desde los 6 días hasta casi 4 años, hasta su fallecimiento. Comparado con el tiempo de internación promedio de las mujeres en el hospital, vemos que es menor.

Héctor es ingresado a la institución por el padre adoptivo, situación que se repite en otras historias. Respecto a quienes ingresaron a los niños/as al hospital, encontramos distintos actores, en algunos casos fueron ingresados desde el Servicio Social de Casa Cuna, en otros casos por la madre o el padre. De los diagnósticos que les fueron asignados, no podemos decir que hubiera uniformidad, sí que se trata, en algunos casos, de enfermedades con un componente orgánico causal definido. Entre los diagnósticos asignados, algunos de ellos combinados, encontramos: epilepsia parcial yaksoniana; oligofrenia; parálisis espástica congénita; hipotonía generalizada de agresividad manifiesta; evidente deficiencia mental (IDIOCIA); profundo síndrome oligofrénico; parálisis cerebral infantil; encefalitis crónica. El diagnóstico de Héctor es realizado a partir de una evaluación médica previa en el Hospital Vecinal Bariloche, de Río Negro. Esta refiere que sus padres “a los tres meses consultan un facultativo a raíz de notar una gran indiferencia y apatía en el niño, así como gritos y llanto y acentuada inafectividad. Hasta esta edad no había padecido enfermedad alguna”. Héctor presenta:

Desarrollo psíquico inferior a su edad cronológica. No habla, audición abolida, trofismo conservado, permanece constantemente acostado contrariándose cuando es levantado. Es incapaz de mantenerse en posición sentada, se alimenta exclusivamente de leche, papillas y puré.

Esta evaluación agrega que Héctor nació a término, por parto normal, y concluye con el diagnóstico de oligofrenia, forma paradigmática de la patología mental de principios del siglo XX (Rossi, 2009).

Estos diagnósticos, pensándolos en conjunto con el tiempo de internación y fallecimiento en el hospital, nos dan una idea del perfil de patologías que presentaban los niños/as internados en el Esteves y la ausencia de un tratamiento. Probablemente se tratara de aquellos que no tenían asilo en ninguna otra institución o de los cuales no se esperaba una recuperación. Posiblemente, en relación con esto, llaman la atención los registros de “tratamientos”. En 4 de las 9 historias clínicas, encontramos registro de lo que suponemos son aplicaciones de “células vivas de embrión de cobayo”. ¿De qué se trata este “tratamiento”? ¿Tendría algún sustento científico para realizarse? ¿Por quién estaba validado este procedimiento? ¿Se trata de una experimentación? Se hace necesario profundizar sobre este punto para intentar responder estas preguntas. No encontramos esta referencia en la historia clínica de Héctor, pero sí en otras historias clínicas de niños/as. Cabe resaltar que, de los análisis realizados de historias clínicas de mujeres internadas en el hospital, en ninguna se tuvo un registro similar de tal “tratamiento”.

Por último, entre las causas de defunción más frecuentes, encontramos aquella por la cual todos moriremos cuando el corazón deje de latir, que adquiere diferentes formas de registro: insuficiencia cardíaca, colapso cardiovascular, síncope cardíaco, insuficiencia cardíaca no traumática, insuficiencia renal cardíaca. Otras causas remiten a enfermedades como neumonía/epilepsia, meningitis, insuficiencia renal aguda. Sin embargo, ninguna de ellas aparece como suficientemente vinculada a una patología psiquiátrica diagnosticada médicamente. Como señalamos para este periodo, la mortalidad era alta, el mayor número de defunciones ocurrieron por problemas que pudieron haber sido atendidos clínicamente.

Luego de este recorrido, cabe remitirnos a las políticas o formas de intervención del Estado sobre la infancia que encontramos para la época. Tomamos como referencia el siglo XX para contextuar nuestro trabajo.

Las diferentes orientaciones y roles del Estado durante el siglo XX con sus procesos de conformación y desarrollo han impactado a las políticas sociales sobre la infancia. Intereses políticos, modos de organización socioeconómica, el desarrollo de políticas sociales y de teorías pedagógicas y médicas operan como determinantes de la constitución de la noción de infancia de una época. En el recorrido realizado, pudimos ver cómo las organizaciones filantrópicas que asumieron a principios del siglo XX la responsabilidad sobre los niños y niñas huérfanos o abandonados fueron cediendo espacio al Estado, que asumió progresivamente la función tutelar. En uno y otro caso, la práctica social del encierro de niños/as fue la que prevaleció, lo que dio lugar a una política de institucionalización de la niñez.

En el periodo analizado, existían algunas instituciones destinadas al cuidado y atención de los niños/as en Buenos Aires. Una de ellas es la Casa Cuna dependiente del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública nacional. Esta institución fue creada en 1779 (época del virreinato) como Casa de Niños Expósitos con el objetivo de criar y contener a los niños/as abandonados/as. Actualmente es el Hospital de Niños Dr. Pedro Elizalde (Rossi e Ibarra, 2013). Por otro lado, funcionaba también el Hogar Santa Rosa, dependiente del Patronato Nacional de Menores, inaugurado en 1938 como instituto de recepción, observación y clasificación de niñas que llegaban a los tribunales de menores (Rossi e Ibarra, 2013). Cabe señalar que la población que se internaba en el hogar lo hacía de modo transitorio, y solo se demoraba su estadía por la carencia de institutos especiales donde derivarlos para su tratamiento (Castillo, 2010). Medicamente, la atención recaía principalmente en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, que fue fundado en 1875.

La forma que adoptaron las instituciones en Argentina fue modificándose de acuerdo a la función social a la que respondían y los discursos que las legitimaban. Así, fueron desplazándose de una función de contención social de la infancia a una constitución médico-hospitalaria, al tiempo que la psiquiatría infantil se iba consolidando como palabra autorizada para intervenir sobre el comportamiento de los niños/as. Luego, la universalización de la observación y el tratamiento a través de la pretensión de la “protección integral” plasmó la preocupación por la adhesión de la niñez y juventud a nuevos paradigmas políticos y se convirtió así en el eje de las políticas del Estado, atravesado por dictaduras cívico-militares. Hacia fines del siglo XX, comenzó a producirse un cambio fundamental en las políticas de abordaje de la niñez, cuando la Convención de los Derechos del Niño fue ratificada por la Argentina por medio de la sanción de la Ley 23.849 e incorporada a la Constitución Nacional en 1994. La Declaración de los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1959 instauró una nueva legalidad: el niño como sujeto de derecho, merecedor de respeto, dignidad y libertad, no ya como objeto pasivo de intervención de la familia, el Estado y la sociedad. Nuestro país adhirió así a un nuevo paradigma en el cual el niño comenzaba a ser considerado como sujeto de derecho. Este posicionamiento plantea un cambio cualitativo en el abordaje de la infancia que se relaciona directamente con las garantías que debe ofrecer el Estado en derechos sociales. Asimismo, debemos tener en cuenta que las transformaciones legislativas no se corresponden necesariamente con transformaciones socioculturales inmediatas, puede llevar mucho tiempo modificar las prácticas en el abordaje de la infancia, por lo que se hace necesario una constante reflexión acerca de lo que las determina.

Al respecto, el recorrido realizado sobre la historia reciente habilita la necesaria reflexión y discusión sobre lo que ocurre en la actualidad en torno a la niñez: las políticas públicas implementadas en el campo de la infancia, la influencia de la lógica de institucionalización, el fenómeno de patologización del padecimiento de los niños/as, la invisibilización de las determinaciones sociales, entre otros aspectos, pueden ser disparadores de la reflexión. Dejamos abierta la pregunta: ¿qué tipo de políticas se definen, quiénes las definen, a qué niños/as van dirigidas?

Referencias

Castillo, C. (2010). “Fichas e historias clínicas en el campo de la infancia en Argentina”, Revista de Historia de la Psicología en Argentina, n.° 3, pp. 115-127.

Rossi, G. (2009). “El clima de época en la anormalidad infantil: deficientes-abandonados-vagos-delincuentes, 1880-1930”, revista Temas de Historia de la Psiquiatría Argentina, 28, pp. 17-26.

Rossi, L. e Ibarra, M. F. (2013). “Infancia en Argentina: Historia de sus referencias discursivas e institucionalización”, Anuario de investigaciones [Internet], 20(2), pp. 233-238. Disponible en https://bit.ly/2sTf6zF [citado 16 de mar. de 2018].

Fuentes documentales

Archivo General de la Nación, Departamento Archivo Intermedio, Fondo Documental del Hospital Esteves, Serie Historias Clínicas.


  1. Lic. en Psicología, Universidad Nacional de La Plata. Mda. en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud por la UNLa. Docente FCM-UNLP. Integrante del equipo de Investi gación de ISCo-UNLa dirigido por la Dra. Sy.


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