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8 El complejo y el barrio:
¿espacios también a habitar?

Este capítulo profundiza el análisis en dos nuevas escalas de la etapa del habitar: los conjuntos habitacionales construidos y el entorno urbano (barrio) en que fueron localizados. En función de las definiciones que se establecieron respecto a las características de una vivienda adecuada desde una perspectiva de integralidad, es necesario analizar estas dos variables para comprender los procesos de integración o segregación socio-urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001; Segura, 2014) y las posibilidades de acceso que habilitan estas viviendas a sus usuarios en términos de derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

Primero se analiza la edificación de los conjuntos habitacionales de los programas considerando tres aspectos de los subsistemas cultural y territorial/ambiental (Barreto, 2008): las características edilicias de los complejos en su carácter de expresión de los patrones habitacionales y de identidad cultural de sus moradores; los modos de mantenimiento de los edificios que emprendieron sus usuarios y las formas de organización que entablaron para ello; y la realización de pagos de expensas y servicios comunes.

Luego, se abordan los subsistemas territorial/ambiental, económico y social (Barreto, 2008) a partir del entorno barrial en el que se localizan los conjuntos habitacionales construidos, para dar cuenta de procesos de integración socio-urbana de los destinatarios de las viviendas, o, en su detrimento, si los conjuntos construidos se constituyeron en generadores de segregación socio-urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Segura, 2014). Para ello, se parte de un análisis comparado de las localizaciones y las estructuras de oportunidad que están asociadas a las viviendas (Kaztman, 2001), y se realiza un abordaje comparativo de las siguientes dimensiones: percepción de integración a la trama urbana del barrio, conectividad con el resto de la ciudad y disponibilidad de servicios socio-urbanos (analizando distancias/proximidades de áreas de abastecimiento, centros educativos, de salud, espacio culturales/de esparcimiento y percepción de seguridad/inseguridad).

Para concluir, se analiza la relación vecinal hacia el interior de los conjuntos y para con los vecinos del barrio a fin de analizar la existencia o no de cierto apego/arraigo a la vivienda a través de los conjuntos y el entorno barrial, y si estas escalas resultaron promotoras o no de procesos de integración social (Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001).

8.1 Los conjuntos y sus condiciones de habitabilidad

Como se vio en el capítulo anterior, la vivienda no sólo remite a un espacio de habitación, sino que también involucra las características que asumió el complejo habitacional en el que se insertan en términos de condiciones de habitabilidad (De La Mora, 2002) desde la perspectiva de integralidad (Barreto, 2008) planteada en este trabajo. Por ello, en este aparatado se comienza con el análisis del subsistema cultural y territorial/ambiental de los complejos construidos por los programas bajo análisis (Barreto, 2008).

En el caso del Programa Viví en tu Casa, tanto el complejo de Parque Avellaneda como el de Torres de Lugano fueron complejos integrados por grandes torres de planta baja y nueve pisos de entre 110 y 474 viviendas, con dos ascensores y dos puertas de incendio. Una particularidad a resaltar de estos complejos es que se insertaron en barrios cuyos entornos se caracterizaron por ser de casas bajas (Parque Avellaneda y Villa Riachuelo). Por lo tanto, la construcción de estas grandes torres (al igual que el resto de las viviendas sociales de la zona) irrumpe con las características de la trama urbana en la que se insertan. En la foto que se presenta a continuación, tomada desde el balcón de una de las viviendas del Complejo Parque Avellaneda, se puede ver el fuerte contraste tipológico entre estos complejos y los barrios colindantes, lo que implicó que a estas torres se vuelvan, en la cotidianidad del entorno barrial, grandes barreras físicas en el territorio (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013), complejizando la posibilidad de integración entre los vecinos.

El diseño exterior de los edificios se caracterizó por ser de hormigón pintado, en el caso de Torres de Lugano este se combinó con ladrillo descubierto. Como se vio en los capítulos anteriores (De La Mora, 2002; Ilari, 2003; Rofman, 2007), los destinatarios de las viviendas no tuvieron ningún tipo de participación en el diseño de estas torres ni de sus espacios comunes, siendo los encargados de su diseño los arquitectos y profesionales de la Gerencia de Proyectos del IVC, es decir que la decisión por esta tipología de vivienda respondió a un estereotipo de población genérica, por lo que las características edilicias de los complejos también lo fueron, respondiendo a una lógica de estandarización.

Imagen 22: Fotos de vista desde el Complejo Parque Avellaneda del barrio lindante y frente de los Complejo Parque Avellaneda y Torres de Lugano. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

Las terrazas de ambos edificios fueron transitables, pero, según contaron los entrevistados, poco utilizadas por los vecinos. A su vez, los edificios no contaron con bauleras ni espacios comunes para, por ejemplo, reuniones de consorcio.

La terraza está divina, es hermosa para tomar sol, por ahí si estuviese en el noveno me subo un piso con las cositas para colgar, tiene tres piletones, le pusieron sogas, es como para ir a tomar sol, la verdad que no se usa mucho. Alguien sugirió poner parrilla y nadie lo aceptó pensando que iba a ser un caos, porque ya es un caos la convivencia consorcial, imaginate… (Entrevista E8. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Imagen 23: Fotos de espacios comunes (pasillo, ascensor y terraza)
del Complejo Parque Avellaneda. CABA. 2010/2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata (2013) y fotos aportadas por uno de los entrevistados del complejo (2010)

Tanto en una operatoria como en la otra, en la planta baja de los edificios se ubicaron las cocheras (en Parque Avellaneda fueron 39 cocheras para las 114 viviendas por parcela) y fueron repartidas en base a dos criterios: entre las familias que tuvieran auto, por un lado, y por el otro, dentro de ese grupo, entre quienes pudieran adicionar su valor al monto del crédito. Cuando la demanda excedía la cantidad de cocheras existentes, se resolvió por sorteo. En el caso de Parque Avellaneda, aquellos que contaban con automóvil pero no con cochera los parqueaban en una plazoleta ubicada al frente de las torres, sobre la Av. Castañares, o en las calles (aún sin nombre) que bordean al predio[1].

Imagen 24: Fotos de espacios de estacionamiento en las mediaciones
del predio. Complejo Parque Avellaneda. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

El programa del barrio de La Boca se caracterizó por la construcción de edificios pequeños, de planta baja y uno o dos pisos, sin ascensor (según el entrevistado de Gerencia de Proyectos del IVC, para abaratar expensas). Una de las particularidades de estos complejos fue que en sus diseños se intentó de preservar el estilo de los conventillos y la estética barrial[2] para favorecer una mayor integración de sus usuarios a partir del respeto a la trama urbana de edificios bajos del barrio (Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001; Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013). Con esta intención, también, los complejos contaron con patios internos a donde balconearon las viviendas y se recuperaron estructuras metálicas o de aluminio, madera y chapa para recrear el estilo de los conventillos.

Imagen 25: Fotos de espacios interiores Complejo Arzobispo Espinosa 351-PRHLB. CABA. 2012

Fuente: Fotos cedidas por el Instituto de la Vivienda del GCBA.

También se rescató el estilo colorido de las viviendas de la zona mediante murales que decoraron los espacios comunes, recuperando la identidad cultural del barrio (Giglia, 2012):

Imagen 26: Fotos de espacios interiores Complejo Alvar Núñez 245-PRHLB. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

Al igual que en el caso anterior, estos complejos no contaron con un espacio de reunión para los vecinos y sólo los complejos de Brandsen contaron con garaje. La particularidad de la repartición de las cocheras fue que se construyeron trece cocheras en Brandsen 626, pero a los usuarios de este edificio sólo se les asignaron cuatro y el resto de las cocheras les correspondieron a vecinos del otro complejo, de Brandsen 660 (ubicado a unos cincuenta metros). Esta distribución generó conflicto entre los vecinos de ambos complejos:

Con el tema de las cocheras acá no sé qué pensaban hacer… / ¿Acá hay cocheras? No vi la entrada de autos… / Sí, hay, pero están al lado, en el nº 626. / ¿Las cocheras de acá están allá, en el complejo de al lado? / Sí. Es un gran lío eso, los de allá patean porque hay gente viviendo arriba de las cocheras y entran y salen desconocidos… A ellos les adjudicaron cuatro cocheras y a nosotros nueve, de las trece que son en total. Es muy complicado. Yo tuve que tirarme atrás con una de las cocheras porque me empezaron a buscar mucha vuelta, llevé los papeles, me los perdieron, me dijeron que los lleve de vuelta, en total los llevé tres veces, después me cansé y no los llevé más… (Entrevista E14. PRHLB. Complejo Brandsen 660. CABA. Agosto 2013).

En relación al Programa de la Traza de la ExAu3, sus complejos también fueron de pequeña escala, de entre siete y cuarenta unidades de viviendas, en edificios de planta baja y dos o tres pisos (por lo que no contaron con ascensor). Al igual que en el PRHLB esta decisión de escala respondió a una dinámica de articulación de estos complejos con el proceso de renovación urbana de la que es objeto el barrio, pero repercutió en una mayor integración urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013) y evitó rupturas con la trama urbana. Tampoco contaron con espacios de uso común para el desarrollo comunitario de los vecinos y, a diferencia de los otros complejos de este grupo, el complejo de Giribone 1330 contó con cocheras y todas las viviendas dieron a un patio común acondicionado como plazoleta.

Imagen 27: Fotos de patio interno y cocheras de PB de Complejo Giribone 1330-PRTEXAu3. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

El complejo de Estomba 1148 contó con pequeños patios compartidos en los pasillos que fueron acondicionados por sus vecinos con plantas, este complejo se caracterizó por el cuidado de sus espacios comunes:

Imagen 28: Fotos de patios internos de PB y pasillos de Complejo Estomba 1148-PRTEXAu3. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

Una de las características de todos los complejos del PRTExAu3 fue el revestimiento exterior de sus edificios. Todos fueron de hormigón pintado combinados con ladrillos al descubierto (en concordancia con el estilo decorativo de las viviendas de la zona en la que están enclavados –lo que favorece procesos de integración social (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013)–), y recuperan materiales metálicos o de aluminio para sus estructuras.

Imagen 29: Fotos de frente de hormigón y ladrillo descubierto en Complejos Estomba 1148, Giribone 1330 y Giribone 840. PRTEXAu3. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

En relación al PAV y experiencias de complejos construidos por autogestión, la variedad de situaciones fue multifacética. No obstante, se pudieron identificar algunas regularidades y/o ejes de análisis para establecer comparaciones con los casos llave en mano.

Gran parte de los complejos construidos por el programa fueron de pequeña escala. De las 2.484 viviendas construidas en los 110 proyectos con terreno en la ciudad, el tamaño promedio de los conjuntos es de poco más de veinte unidades habitacionales por proyecto. Sólo dos complejos presentaron más de cien viviendas: Cooperativa El Molino (MOI) con exactamente cien unidades y Cooperativa EMETELE (MTL) con 326. Entre los complejos terminados, se identificaron edificios de PB y uno o dos pisos sin ascensor, como el caso de la Cooperativa Caminito, la Asociación Civil Sembrar Conciencia o la Cooperativa Madres 27 de Mayo:

Imagen 30: Fotos de altura (cantidad de pisos) de Coop. Caminito (10 flias), Asoc. Civil Sembrar Conciencia (8 flias) y Coop. Madres 27 de Mayo
(12 flias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Pero también se identificaron edificios altos –como se ve a continuación– con ascensor de hasta nueve pisos. Los criterios que definieron estas diferencias estuvieron en estricta relación con las características y tamaño de los terrenos y la cantidad de familias integrantes de las organizaciones y sus necesidades de habitación (como se vio en el capítulo anterior).

Imagen 31: Fotos de altura (cantidad de pisos) de Coop. Octubre (22 flias), Coop. Palomar (55 flias), Coop. Co.Fa.Vi (22 flias) y Coop. Argentina Puede (23 flias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

También se registraron casos que, al surgir de la operatoria –previa a la Ley 341– Resolución 525/97, se trataron de reciclajes en departamentos internos con pocas unidades, como por ejemplo las primeras cooperativas del Comedor Los Pibes de La Boca, que una de ellas constó de dos unidades y la otra de seis.

Pero lo que resulta importante resaltar de la escala en general pequeña de las operatorias del PAV (al igual que las del PRTExAu3 y PRHLB) es que no produjeron una ruptura con la trama urbana existente en la que se insertaron. Se registró que el impacto urbanístico de los complejos habitacionales construidos fue bajo y favoreció la renovación del tejido degradado de la ciudad (a diferencia de los grandes complejos habitacionales –barrios– que, construidos en zonas vacías o de casas bajas al sur de la ciudad, irrumpieron el tejido urbano, como sucedió con el Programa Viví en tu Casa)[3]. Incluso, los proyectos cuya tipología fueron edificios, se insertaron en entornos barriales similares, habilitando una mixtura de estas viviendas con el resto de la trama urbana. Las escalas y características de estos complejos favorecieron, en consecuencia, la integración social de sus adjudicatarios (Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001; Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013) al entorno en el que se insertaron, habilitando un aprovechamiento igualitario de las ventajas comunitarias y urbanas que posibilitó una buena localización territorial (Kaztman, 2001) (como se verá en el próximo apartado de análisis del entorno barrial), pero, además, evitando o mitigando procesos de estigmatización social por parte de los habitantes de los alrededores por el simple hecho de ser edificios de vivienda destinadas a sectores populares (aspecto que también se analizará más adelante).

Por otra parte, los diseños arquitectónicos de los edificios –al igual que como ocurrió con las viviendas– variaron en función del nivel de participación (Ilari, 2003) y toma de decisión de sus usuarios (en términos de calidad participativa (De La Mora, 2002)) en la etapa de implementación del programa o, en su defecto, en los casos en los que hubo escasa participación de los destinatarios de la vivienda en la etapa de diseño, variaron en función de los criterios asumidos por el propio arquitecto integrante del ETI o la interpretación que ellos hicieron de los patrones estéticos de los usuarios de las viviendas (Pelli V. S., 2010). En relación a sus fachadas, gran parte de los edificios estuvieron recubiertos de hormigón mejorado y pintados, pero también se detectaron varios que los combinaron con ladrillo descubierto. En las entrevistas realizadas se les consultó a usuarios con qué criterio definieron esos estilos. En gran parte se basaron en gusto y presupuesto, pero también surgió que buscaron diferenciarse del estereotipo estandarizado de vivienda estatal intentando fortalecer la integración socio-urbana con el estilo de edificaciones del barrio. A través del estilo de sus complejos procuraron generar vínculos de pertenecía con el entorno barrial en el que insertaron (como forma implícita, claro está, de evitar procesos de estigmatización que estimulen posibles situaciones de segregación socio-urbana y fronteras o límites simbólicos con sus vecinos (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013)).

Imagen 32: Fotos de fachada de ladrillo descubierto en combinación con hormigón. Coop. Uspallata, Coop. Emergencia (Santa Magdalena), Coop. Emergencia (Vieytes), Coop. El Molino (MOI). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Es importante mencionar también que, entre las cooperativas que aún se encuentran en obra, se registraron experiencias de reciclaje de fábricas (como las cooperativas del MOI) y recuperación de fachadas, como la Cooperativa La Positiva.

Dos casos a rescatar fueron los de la Cooperativa Caminito y Alto Corrientes, ambas con familias provenientes de conventillos, y la primera de ellas radicada en el barrio de La Boca. En sus diseños se intentó recuperar el estilo de vida de sus usuarios construyendo edificios con patios comunes en los que balconean los departamentos, tratando de rescatar los patrones culturales y habitacionales de los conventillos. En la Cooperativa Caminito surgió entre sus usuarios la necesidad de conservar el estilo de patios comunes, pero procurando una mayor privacidad para cada núcleo familiar que la que tenían con anterioridad. Ante este requerimiento, el diseño arquitectónico combinó el estilo conventillo con unos cerramientos de madera construidos por los propios cooperativistas (pues decidieron construirlos mediante ayuda mutua para abaratar costos de mano de obra y mejorar la calidad de los materiales). La cooperativa Familias para la Vivienda, otro ejemplo, decidió dividir el espacio colectivo de la planta baja del edificio con grandes macetones, haciendo patios privados que repartieron entre los usuarios de las viviendas. Algunas familias construyeron parrillas en sus espacios.

Imagen 33: Fotos de patios internos de Coop. Alto Corrientes, Coop. Caminito y Coop. Familias por la Vivienda (CO.FA.VI). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

La Cooperativa Caminito socializó este método de cerramientos con la cooperativa Uspallata, la cual también lo adoptó y, además, decidió construir una plazoleta común, con parrilla y lavadero colectivo y estacionamiento para bicicletas. Además, gran parte del patio común fue adoquinado para recuperar el espíritu del barrio de Parque Patricios, que aún conserva alguna de sus calles con adoquines. Estas decisiones sobre los espacios colectivos dieron cuenta del proceso de domesticación que hicieron en el habitar del complejo habitacional (Giglia, 2012), procurando apropiarse de dichos espacios de una manera que satisfaga sus necesidades y patrones habitacionales, recuperando a la vez su identidad cultural (Pelli V. S., 2007).

Imagen 34: Foto de patio interno de Coop. Uspallata. CABA. 2013

Imagen 34_300

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

También se registraron organizaciones que decidieron reservar espacios para usos educativos y culturales de la cooperativa y del barrio en el que se insertaron. Por ejemplo, el MOI, al ser un movimiento que brega por un abordaje integral de los integrantes de sus cooperativas, sus proyectos constructivos de vivienda (a través de las cooperativas de viviendas) y de trabajo (a través de la cooperativa de trabajo) fueron complementados, en el edificio de la cooperativa El Molino, con un sector educativo para su Centro Educativo Integral Autogestionario (CEIA) que desarrolla programas de educación inicial, bachilleratos populares de jóvenes y adultos y formación cooperativista, talleres de artes, oficios y teoría política y una red de bibliotecas autogestionarias. La cooperativa EMETELE, por su parte, contó, también, en la planta baja con ocho locales comerciales, un jardín materno infantil, un salón de usos múltiples y una estación de radio (FM Radio Sur) que se escucha en el barrio y sus alrededores y por internet. A fin de promover el intercambio y el contacto social con los vecinos del barrio, los locales comerciales son atendidos por integrantes del MTL y el jardín maternal está abierto al entorno barrial. Los equipamientos abiertos al entorno barrial de estas organizaciones originaron procesos de integración social entre los vecinos internos y externos a los complejos, ya que se verificó que los vecinos del barrio hacen uso de estos espacios y son participes activos de los programas de educación y cultura promovidos por las cooperativas. Esas actividades, además, se va analizar más adelante, echaron por llano prejuicios existentes en el barrio alrededor de los destinatarios de las viviendas, logrando socavar procesos iniciales de segregación socio-barrial basados en falsas estigmatizaciones (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Segura, 2014).

Imagen 35: Radio FM Sur (MTL), 2012 y edificio donde se construirá el CEIA (MOI), 2013. CABA

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Todas las cooperativas tienen un espacio común de encuentro para el desarrollo de las actividades comunes de la organización. Como la reglamentación oficial exige que todas las edificaciones para residencia destinen un departamento a la portería, todas las cooperativas utilizan este espacio como zoom o espacio común para el funcionamiento de la organización y como espacio de encuentro. Fueron pocas las cooperativas que reservaron un espacio para cocheras, las que sí lo hicieron –no para todas las viviendas sino para un porcentaje de ellas– las repartieron por sorteo. Vale resaltar que el crédito otorgado por la Ley 341 no financia espacios comunes ni equipamiento por lo que todos estos espacios y los de usos educativos y culturales se financiaron a través de fondos que ellas recolectaron.

Imagen 36: Fotos de zoom (espacio de uso común) de Coop. Crecer y Coop. El Palomar y cocheras de Coop. Crecer. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

En cuanto al mantenimiento de los complejos, se registraron diferencias significativas entre los proyectos llave en mano y los autogestionarios por las características de gestación de los mismos, y esto impactó en las posibilidades de integración social –o no– entre los vecinos (Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001).

En todas las experiencias llave en mano el sostenimiento de los espacios comunes se presentó como una situación conflictiva. Llamó la atención la cantidad de complejos que aún no conformaron un consorcio a pesar de llevar varios años de inaugurados. Específicamente en el caso del Complejo Parque Avellaneda, su complejidad se remitió a que los consorcios –regidos por la Ley 13.512 de Propiedad Horizontal– debieron organizarse por parcelas, involucrando a varios edificios con sus problemas particulares. Por lo tanto, para la toma de decisión del consorcio deben ponerse de acuerdo los vecinos de las dos o tres torres de la parcela, complejizando aquellas decisiones vinculadas a cuestiones de sólo un edificio. Como se verá más adelante, esto se presentó como un problema a la hora de intentar alguna forma de organización consorcial autogestionada, ya que existieron altos niveles de desconfianza entre los vecinos desconocidos de diferentes edificios:

¿Están organizados en consorcio? / Si, el edificio nueve y el cinco al ser una parcela somos un sólo consorcio y de ahí vienen los problemas. Se quieren dividir [para tener un consorcio por edificio], el IVC nos dijo que podíamos, pero es un terrible problemón burocrático, así que nos vamos a tener que querer sí o sí. Logramos la administración desde octubre recién del año pasado, mientras tanto fue pasando de comisión en comisión… Empezó una de la cual yo formaba parte. / ¿Eran una comisión de administración del edificio? / Sí, éramos cinco o seis vecinos que cobrábamos, hacíamos los recibos de expensas, anotábamos qué había que hacer, todo a pulmón. Después nos empezamos a cansar porque no nos daba el cuerpo, la gente te tocaba el timbre, se pensaban que eras el dueño del edificio y que les tenés que solucionar los temas. Había reuniones donde nos peleábamos todos y no nos poníamos de acuerdo y así pasaron casi cuatro comisiones…. Al final nos reunimos las dos torres y se logró administrar. / ¿Quién administra las torres de esta parcela ahora? / Es de afuera. […] Mucho no podías pedir porque los vecinos no saben quién es uno, y no saben si te vas a ir con la plata. […] El IVC nos metió acá adentro y fue como un “arréglense como puedan”, eso nos dieron a entender (Entrevista A7. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


El tema es que los consorcios están separados en parcelas y por la playa de estacionamiento. Entonces las tres torres, (la uno, dos y tres) por obligación del IVC tenían que formar un sólo consorcio, no podían manejarse de manera independiente porque tenían espacios de uso común, en este caso la cochera (los tres compartían las puertas de la cochera y desde ahí se podía ingresar a cualquiera de los edificios). Esto hace más difícil la convivencia en cuanto a ponerse de acuerdo. Hubo un tiempo también donde faltaba no me acuerdo qué era y no podíamos conformar el consorcio. En ese momento sí vino gente del IVC a explicarnos como era el reglamento de copropiedad, que nos mandaron uno y modificamos cosas y después de eso estábamos en condiciones de constituir un consorcio, pero eso demoró como dos o tres años (Entrevista E13. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).

Esta compleja organización consorcial por parcela del Complejo Parque Avellaneda también repercutió en las decisiones vinculadas con los gastos de la recaudación de expensas, pues las expensas se juntan por edificio, pero la decisión de en qué se gastan se toma en consorcio:

Expensas empezamos a pagar desde el momento en que nos mudamos. Los cuatro primeros que éramos empezamos a juntar $50 cada uno para hacer un fondito para las pocas cosas que se podían hacer con $200. Teníamos una lista tipo almacén e íbamos anotando. Cuando fuimos más personas viviendo en el edificio de $50 pasamos a $150, después a $200 porque éramos más y teníamos más cosas para hacer, como por ejemplo contratamos a una persona monotributista para que viniera a limpiar, ahora al tomar el portero y tenerlo como monotributista lo tuvimos que indemnizar. Un porcentaje mayoritario paga las expensas, hay deudores, no son la mayoría. El que no paga, no paga desde que se mudó. / Ese fondo de expensas ¿lo usan para pagar el portero? / Sí, ahora. / ¿El que limpia ahora es el portero? / Tenemos el portero y un ayudante. / ¿Viven en el edificio? / El portero sí. Tenemos vivienda de portero, pero él no vive ahí, es un vecino nuestro. El departamento del portero está libre y eso nos tenemos que reunir todos en una asamblea para ver qué hacemos, la idea sería alquilar para achicar un poco los gastos. Pero hay que ponerse todos de acuerdo, no sólo los 57 de este edificio, somos 114, porque tenemos que contar también a los de enfrente. El ayudante del portero vive en el edificio de Susana, cada uno tiene su casa (Entrevista E7. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Pero las dificultades relacionadas al funcionamiento del consorcio no fueron exclusivas del Complejo Parque Avellaneda, los complejos de las demás operatorias también tuvieron ciertas complejidades:

La mayor parte del tiempo estuve en el consejo de administración y es un dolor de cabeza. Empezamos cobrando las expensas un grupo de vecinos, que en realidad eran un fondo de reserva por cualquier gasto, roturas, limpieza. Nos habían puesto una persona que cuidaba el edificio y lo querían meter como encargado, pero la persona no era adecuada, el tipo se peleaba con los vecinos, tomaba, entonces lo rajamos. / ¿La administración del consorcio la tiene alguien de afuera? / Sí, después de nosotros, la siguió un vecino que es muy ducho con la contabilidad, pero una persona del edificio empezó a decir que él robaba. A unas cuatro o cinco familias de las veinte que somos acá las convenció. Yo traté de que el tipo se quedara porque resolvía muchos problemas, de ir a rentas, de un lado para el otro, pero se le pagaba un mínimo por el trabajo, que era muy poco. La cuestión es que yo junté quince firmas para que siguiera, pero no era justo que un hombre grande tuviese que estar cuestionado y soportar todo eso. Muchos querían un administrador de afuera porque dudaban del vecino, así que se puso primero una administradora que fue un desastre y nos enchufó al empleado este que es un gasto terrible, la rajamos. Después agarró otro muchacho en Álvarez Thomas y cuando llegó el momento de hacer algo, intimar a los vecinos por las deudas, como no le alcanzaban las expensas que cobraba para juntar su sueldo entonces renunció. Y ahora conseguimos otro que lo está llevando. Esperemos a ver qué pasa. / ¿Cómo toman la decisión de cuál administración elegir y a cuál no? / Por reunión, se plantea una propuesta y se elige entre todos (Entrevista E6. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).

En los complejos de La Boca, se registraron las mayores irregularidades, fundamentalmente por la falta de conciencia de la necesidad de tener que organizarse para el mantenimiento de los complejos y por la poca participación de los vecinos. Fue recurrente en los testimonios recogidos las quejas por la falta de pago de las expensas y la desorganización general que existió en relación a los consorcios, al punto de generar rispideces entre los vecinos:

¿Están organizados en algún consorcio? / No, todavía no, estamos por hacer eso…, la verdad que yo no sé mucho, hay una señora que se está ocupando de eso y yo no me meto, después cuando hay reunión me cuentan… Nosotros estamos pagando $100 para la limpieza, la luz del patio, el agua… Pero somos diez nada más lo que pagamos, el resto nada…, a mí me da bronca, yo soy jubilada y lo pago y otro que trabaja bien no lo paga… / ¿Y eso tiene algún impacto en el mantenimiento del edificio? Porque ya tienen varios años… / Claro que sí, por eso ahora se va a hacer un consorcio, se va a buscar la manera, sé que estaban yendo a buscar a un escribano para ver como resolvíamos este problema… (Entrevista E16. PRHLB. Complejo Palos 460. CABA. Septiembre 2013).


Nosotros acá pagamos las expensas para mantenimiento de edificio y hay gente que igual no se hace cargo, y es la luz, el agua que usamos todos, la limpieza que compartimos todos. ¿Por qué pensás que existe eso de que hay gente que no toma consciencia? / Pareciera que están acostumbrados a vivir de arriba, cuanto más de arriba vivan, mejor… En las reuniones de consorcio nos agarramos fuerte porque a mí me da bronca que estoy al día y a mi vecina le digo que el agua que ella usa, con la que se ducha, con la que tira la cadena, yo la estoy pagando, ¿por qué tiene que vivir gratis? Cuando vinimos acá todos asumimos la responsabilidad de vivir mejor. Porque la idea es esa, vivir mejor, no cagarnos en el vecino… En el conventillo yo estaba encargada de pagar la boleta de agua, cuando llegaba iba casa por casa y decía cuanto era por familia que había que pagar, una vez capaz uno zafaba y no pagaba, al segundo mes le cortábamos el caño, de una, porque es injusto. Acá no podés hacer esto y te la tenés que comer y ves que el vecino se mete en otros gastos y tiene una calidad de vida que puede pagar, y así nos perjudica a todos porque con esas expensas hacemos mejoras al edificio y ahora estamos haciendo las cosas con lo que ingresa, con lo que se puede… Acá todos tenemos trabajo y buen pasar, casi todos tienen autos 0km y no entendés el por qué no toman conciencia, es un techo por $170, ¡tenés que valorar lo que tenés! (Entrevista E14. PRHLB. Complejo Brandsen 660. CABA. Agosto 2013).

Fueron también varias las entrevistas en los complejos de los distintos programas llave en mano en las que se mencionó el desamparo que sintieron los entrevistados por parte del IVC una vez entregadas las viviendas, y más aún con lo referente a la conformación de los consorcios, a lo que se sumaron otras cuestiones que hicieron difícil (y en algunos casos imposible) la conformación del mismo. En el caso de Parque Avellaneda, a esta falta de apoyo, se le sumó que los vecinos no se conocían entre sí, por lo que el proceso de integración social que se dio entre ellos se desarrolló en paralelo a la construcción del consorcio. Una entrevistada lo expresaba con toda claridad:

¿Cómo se organizaron con la conformación del consorcio? / Yyy fue un tema. Esta esto de la mezcla de gente, depende mucho y más siendo tantos en el consorcio había algunos vecinos de buena voluntad que ayudaban e iban empujando las cosas que se iban haciendo, iban al IVC, se movían, pero del total de gente la mitad no pagó, en ese momento no me acuerdo si pagábamos $150 pesos mensuales. Después algún día salíamos todos a limpiar las escaleras, cada uno mantenía su palier. En un tiempo el edificio sufrió un montón de cosas que fueron pasando, como la caída de la pared que te comentaba, cosas que se rompían, había que manejarlo de alguna manera, si se rompía algo había que juntar la plata para arreglar, estábamos nosotros con nosotros mismos, con gente que no conoces (Entrevista E13. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).

En otros de los consorcios del complejo Parque Avellaneda, tras el descubrimiento de sucesivos robos de administradores externos, tomaron la decisión en conjunto de comenzar a construir una “comunidad” (sic de una entrevistada) entre los usuarios de las viviendas y hacerse cargo de la administración de los edificios de la parcela, con una concepción implícita de autogestión y repartición de tareas:

Yo me postulé entre otros compañeros y quedamos cinco, y empezamos a aprender todo, llamamos a otra compañía de limpieza, vimos que había un montón de gastos que se habían hecho con la gestión anterior y no se sabía para qué eran, por ejemplo cerrajeros y nunca se había roto eso, y nos dimos cuenta que era un robo. Empezamos a ver que pagando $180 alcanzaba para pagar todos los gastos fijos. En abril hicieron seis meses que empezamos, después lo aumentamos a $230 y nos costó un montón […] Yo ahora me ocupo con otro vecino de la parte de jardinería, estamos pintando también todos los palieres. Empezamos a generar una conexión con los vecinos y a conocernos, ponemos tres fechas para pagar las expensas y todos vienen a pagar. Nosotros lo hacemos gratis, ninguno cobra nada. Un vecino se encarga de la plata, de llevar cuentas, un registro de lo que sale y lo que entra, hay otro vecino que se encarga de la luz. El del primer piso se encarga de las planillas y los boletines informativos. Tenemos bastante bien dividido, aunque por supuesto hay encontronazos porque siempre hay alguno que quiere ser más cacique, pero logramos que los vecinos participen… A la gente le cuesta participar y comprometerse. Con el vecino del primer piso estamos haciendo una huerta urbana, plantamos un limonero y una palta, también logramos que los chicos se conozcan y se hagan amigos, no te digo una comunidad porque a la gente le cuesta, pero si logramos que se conecten y que todos se enteren de los precios, de cuanto sale por ejemplo el ascensor, de buscar entre nosotros quien puede arreglar lo que se rompe. Al vecino que pinta los palieres le pagamos, pero nos hace precio. Otro vecino de planta baja que trabaja en los pisos, como nosotros queremos cambiar el del ascensor trajo una goma y ese mes no pagó las expensas, cosas así […] la idea es que sea como una comunidad. Hicimos una asamblea en abril porque el acta decía que íbamos a estar seis meses y los vecinos decidieron que sigamos, hasta diciembre, otros seis meses más. La idea es que si alguien se quiere acoplar o si quieren cambiar o dejar, todo bien. También sabemos que en algún momento hay que nombrar un administrador, pero queremos a alguien que ponga la firma para hacer lo que haya que hacer de forma legal. El manejo del dinero, la contratación y todo lo vamos a tener siempre nosotros, porque ya tenemos experiencia de qué pasa con los de afuera (Entrevista E12. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).

Ocurrió algo similar en uno de los Complejos del Programa de Recuperación de la ExAu3:

¿Cómo se organizaron, se organizaron en consorcio, cómo se organizan para cuidar el edificio? Más que nada los espacios comunes, el pasillo… / Sí, nos hemos juntado los once (de este lado del edificio) y conformamos el consorcio nosotros para no pagar. Hay una chica…, no me acuerdo de qué departamento con nivel secundario o universitario y hace los papeles y bueno, después tratamos de cuidarlo entre todos, ¿no? (Entrevista E1. PRTExAu3. Complejo Estomba 1148. CABA. Junio 2013).

En el caso del Complejo de Alvar Núñez (de La Boca), con sólo 8 unidades de vivienda, se verificó, además, un desinterés marcado por parte de los vecinos en la conformación del consorcio y, de hecho, aún no se problematiza entre ellos la necesidad de tener uno (lo que sin dudas puede impactar en el mantenimiento edilicio en el corto-mediano plazo). No obstante, una de las entrevistadas consultadas comentaba que desde que ella se mudó al complejo se hace cargo (de manera autogestionada) del cobro de una cuota mensual para gastos comunes y desempeña el rol de una suerte de administradora, pero marcó en reiteradas oportunidades lo que se mencionaba anteriormente acerca de la falta de apoyo del IVC en la conformación de alguna forma de organización y la necesidad de un apoyo en la construcción de un habitus (Bourdieu, 2001) que –al momento– les resulta desconocido:

¿Vos sos la primera administradora del edificio? / Sí. / O sea, ¿no hubo, antes que vos llegaras, nadie en el edificio que te pueda contar cómo se hace? / No, no. Yo soy la primera y la cabeza de la administración. / O sea, todo un proceso de aprendizaje para vos…/ Y síí, yo no entiendo nada… Pero, inclusive, mirá, tenemos reglamento, este es el libro. / Ahh, ¿entonces ya está conformado el consorcio? / Lo armé yo, como no teníamos lo armé. / ¿Ya tienen el reglamento de consorcio? / Sí, ya hecho. Pero me pasa eso, que no hay respeto, nadie lo respeta…, entonces, no sé cómo manejarme, ese es el asunto, que no sé qué hacer… Porque ella [en referencia a la secretaría del consorcio –señalando su departamento] sabe algunas cosas y ella [en referencia a la tesorera del consorcio –señalando su departamento–] otras, pero no se unen entre ellas porque están peleadas y yo soy amiga de las dos… ¿Me entendés? Entonces, por eso quería renunciar más que nada, no quiero estar entremedio de las dos, pero imagínate… Lamentablemente es el día a día, y no sé cómo manejarme, te juro, no sé qué hacer. / ¿Y recurriste al IVC en busca de ayuda? Hay un área específica que trabaja con consorcios…/ Sí, está XX[4] [nombra a una funcionaria del área de consorcios del IVC] que es una genia pero, ¿qué pasa? Al ser nosotros copropietarios, si vos no querés venir a la reunión, no asistís y yo no les puedo exigir que vengan a las reuniones, ¿me entendés cómo es? / Claro, los vecinos no participan…/ ¡Sí! es eso que vos decís, no participan, estoy sola en las reuniones / ¿Y por qué crees que no participan en las reuniones? / Y, ¡porque estoy yo! No les interesa y como yo me hago cargo… Pero acá yo creo que se trata un poco más de paciencia, de hacerle ver a la gente que esto ya no es un conventillo, tratarlo como tal, como un departamento […] Si la gente te ayudara estaríamos de diez acá… (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013).

En dos de los casos de La Boca, también se auto-organizan para realizar el mantenimiento del edificio –al menos en las necesidades o roturas urgentes– y realizar la limpieza de los espacios comunes:

Nosotros tenemos una señora del complejo que limpia, pero lo que pasa es que la gente no cuida. Ella se levanta a las 5 de la mañana todos los días para dejar todo limpito desde temprano para no molestar a nadie, baldea, limpia y ella se va y la gente suelta los perros, ensucian el patio los perros. ¡No cuidan! […] / ¿Y cómo hacen con, por ejemplo, la limpieza de los tanques de agua…? / Hay una persona que se ocupa de juntar la plata y él se ocupa de todo, de lavar los tanques, ahora justo se voló una tapa y había que cambiarla… (Entrevista E16. PRHLB. Complejo Palos 460. CABA. Septiembre 2013).


¿Y cómo se organizan para limpiar, viene alguien, lo hacen ustedes? / Nos turnamos nosotros. Sí, dos veces por semana limpieza general, y los otros días se barre y trapea. / ¿Y todos acceden a limpiar sin problema? / No, jaja. Por ejemplo, olvidate, tres personas ancianas abajo, olvídate. [Señalando uno de los departamentos]; no limpia porque no limpia ella. [Señalando otro de los departamentos]; trabaja de noche, duerme de día. Consiguió trabajo, o sea, ¿quién limpia? Muá. ¿Por qué? Porque no trabajo. ¡Pero yo no tengo la culpa que conseguí una persona que me mantiene! Pero no, si era una lucha, te digo (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013).

No ocurre esto en los casos del PRTExAu3, los cuales todos terciarizaron el servicio de limpieza mediante la contratación de alguien externo, cumpliendo con todas las exigencias legales de contratación (por sobre algún tipo de autogestión de la tarea), lo que encareció los costos de expensas en detrimento del cumplimiento de pago. No obstante, sólo en el Complejo de Giribone 1330 se registró el problema de la falta de pago de expensas como significativo:

¿Tienen algún tipo de organización? ¿Están organizados en consorcio? / Sí, ahora tenemos un consorcio, sí, que vienen por el tema de las expensas todas esas cosas. / ¿Ya pagan expensas? / Sí, las expensas están el doble de lo que está la cuota de la casa. Pero bueno, es normal, la cuota también esa baja. / ¿Y con esas expensas qué pagan? ¿Lo que es la luz común, el agua compartida, o sea, los gastos comunes? / Sí. / ¿Y por ejemplo la limpieza? / También, se saca de ahí. Viene un chico contratado, en realidad contratamos a una empresa de limpieza, que viene dos, tres veces a la semana, tres veces a la semana viene / ¿O sea que si es una empresa de limpieza lo tienen contratado en blanco? / ¡Sí, claro! (Entrevista E3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


¿Se turnan para limpiar los pasillos? ¿Las escaleras? / No, eso tenemos una señora. Una persona que viene… Claro, para abaratar los costos primero teníamos una persona que nos mandaba el Suterh, pero después cambiamos… Y le hacemos el pago para que tenga la jubilación y tenga… / ¿Está contratada en blanco? / Sí, sí, está contratada en blanco. Tiene…, existe una palabra, ehh…, cuando tenés que faltar por si se llega a enfermar…, la ART. Se le paga y viene martes, jueves y sábado, de 8 a 12. / ¿Y con las expensas pagan lo que es la luz del pasillo, todas esas cosas? / Sí, sí. / ¿Y si se rompe algo, o tienen que limpiar el tanque de agua, por ejemplo, cómo lo afrontan? / Y en ese caso, proveemos. Como esto, si bien está nuevo, recién nueva y bien cuidado, pero puede llegar a ser. Un día, tuvo un problema la señora de arriba y tuvimos que poner todos, fue un gasto. Lo que queremos hacer es un pozo social para tener un resguardo por si pasa algo algún día. Porque aquella vez esa plata la pusimos, pero bueno, no es lo mismo poner de a poco… (Entrevista E1. PRTExAu3. Complejo Estomba 1148. CABA. Junio 2013).

En cuanto al modo de organización para la etapa del habitar en los casos del PAV, en ningún de los testimonios recogidos se registró la contratación de administraciones externas para la conformación de un consorcio, ni ninguno manifestó la intención de contratar alguna en el mediano-largo plazo. Todas las organizaciones mantuvieron el modo de organización de la etapa de obra previa en la etapa del habitar: el Consejo de Administración de las cooperativas (compuesto por un presidente, un secretario, un tesorero y un síndico), el cual logró un mayor o menor éxito en función del grado de participación de los cooperativistas en las actividades colectivas. Un factor que abonó a esta particularidad de las cooperativas es que los moradores de las viviendas ya se conocían con anterioridad, en la práctica cotidiana de la implementación-construcción del proyecto, lo que evitó intentos erráticos de conformación de algún tipo de organización para esta etapa (como sí ocurrió en los casos llave en mano).

Cualquiera haya sido la situación de las cooperativas, el rol del área social del ETI en esta instancia fue fundamental, pues gran parte de las cooperativas, con orientación técnico-profesional, trabajó en taller, previo al habitar, de manera reflexiva, la necesidad de realizar tareas de mantenimiento del edificio y la consolidación del grupo para gestar una saludable convivencia en la etapa del habitar (inclusive, en la mayoría de los casos, estos taller tuvieron por producto la redacción colectiva de un reglamento interno para la convivencia de las cooperativas):

Algunos de ustedes decían que vienen de villas o de otros complejos habitacionales, Lugano, por ejemplo… ¿Notaron diferencias entre vivir en un complejo tan grande y vivir en una cooperativa? / Yo no viví en casa de villas, pero si en Lugano… Si hablas por ejemplo de Soldati y de Lugano la gran diferencia que hay con las cooperativas es el ETI, porque la socióloga en el transcurso de la construcción del edificio te hace entender que tenés que respetar al otro. Nosotros tenemos un reglamento interno que hicimos con ella que dice “no animales” y ninguno tiene. Tampoco podemos poner música fuerte, si hay cumpleaños pedimos permiso y sólo los sábados, el que viene a la madrugada trata de venir despacio, pagamos las cuotas, esa es la gran diferencia. Es entender y educar. / O sea que este aprendizaje de normas de conducta que ustedes sienten ¿lo aprendieron con el ETI? / Sí, en Soldati el IVC les dio casas y tienen edificio, pero es la misma villa ahí que la de acá [señalando la villa de Flores que se encuentra cerca], no cuidan el edificio, no pagan, no controlan nada. Nosotros acá cuidamos, mantenemos el edificio (Entrevista A10. PAV. Cooperativa 28 de Julio. CABA Mayo 2013).


Nos falta la vuelta de rosca de si terminamos los últimos planos finales de obra, ya va a venir la escrituración a nuestro nombre y con esto se va a formar en consorcio y ahí se va a tener que pagar, pero va a tener que haber un asesoramiento porque aquel que no pague la cuota de consorcio puede perder su casa, me parece que hay que concientizar con eso, no es que hoy no te puedo pagar y te pago el mes que viene, nos falta el acompañamiento del ETI, que nos ayudó un montón, pero nos quedamos sin ETI. Tuvimos la charla sobre el consorcio, nos informaron que iba a ser como el consejo de administración que lo maneja una sola persona, pero cuesta implementar eso, porque la cuota de consorcio son como $200 o $300 para los impuestos, la luz y el ABL (Entrevista A10. PAV. Cooperativa 28 de Junio. CABA. Mayo 2013).

Las cooperativas que funcionaron de manera más orgánica durante la implementación del proyecto constructivo consolidaron aquel vínculo en la etapa del habitar y fortalecieron en la práctica los aprendizajes de organización y coordinación de actividades aprendidas en aquella instancia. Esto repercutió en el pago de expensas y en el mantenimiento de los edificios:

¿Ustedes pagan expensas? / Sí, hay expensas por metro cuadrado. Y de ahí se resta por metros el porcentaje que nos toca. Por mes juntamos entre los diez. A mí me toca algo de $150, al más grande $170 o $180. Con eso pagamos la luz de los pasillos, los gastos comunes…, y hay playa que queda, ahora hay $14.000 ahí. / ¿Y en qué lo van a gastar? / Hay bombas de agua que si se rompen son caras y tenés que contar con la plata para arreglarlas, también hemos hecho mantenimiento de pintura afuera, tenemos que hacer todavía cosas porque las escaleras se están despintando. Plata que siempre tiene que haber en un edificio. / Y con el tema de la limpieza, ¿cómo se organizan? / La limpieza la hacemos nosotros. Formamos grupos de tres. Mi hermana no porque ella lleva la administración y todos van a pagarle las expensas a ella. Entonces, formamos tres grupos, somos tres, tres y tres, para lunes, miércoles y sábados. A mí me toca el grupo sábados. Somos 3 para el grupo de los sábados, yo sé cual me toca, después a otro, y así vamos entre todos. Con una manguera larga limpiamos todo y no tenemos problemas. / ¿Todos asumen esa responsabilidad? / Sí, porque está muy bien trabajado psicológicamente, con las asistentes sociales que nos ayudaron un montón, el equipo técnico, nos abrió la cabeza y respetamos mucho eso. La limpieza, respetarnos para vivir, no andar a los gritos, el volumen de la música también… (Entrevista A7. PAV. Cooperativa Caminito. CABA. Mayo 2013).

También se registraron organizaciones que funcionaron sin una aceitada participación de sus integrantes en la etapa de implementación (como se las señaló en el capítulo 5), por lo que vivieron los vínculos del habitar de la misma manera, con las complejidades que esto trae para el mantenimiento de los edificios. No obstante, vale recalcar que en esta situación sólo se registraron dos cooperativas de las quince analizadas, dato que cobra significancia en relación a los casos llave en mano, en donde se registraron inconvenientes en todos los proyectos:

¿En esta nueva etapa tienen conformado algún consorcio? ¿Qué forma de organización tiene? / El consorcio lo aprobaron antes de escriturar. Tenemos el borrador. En este último proceso tiene que entrar al IVC el consorcio para que lo aprueben, pero eso tarda… / ¿Por ahora funcionan con el consejo de administración de la cooperativa? / Sí. El consejo tiene un presidente, secretaria, tesorero y la cuota social. / ¿Esa cuota social vendría a ser equivalente a las expensas del edificio? / No…, en realidad, sí, la cuota social es para todo, se usa en papelería, en documentación, movilidad, teléfono, tramites al IVC…, pero también para pagar el ABL, la luz común de los espacios comunes, el agua de los espacios comunes… Pero es un problema con la gente que no quiere pagar. La semana anterior yo escribí una carta al IVC denunciando esta situación, porque hay gente muy morosa en la cooperativa que no quiere pagar, ni el crédito ni el ABL (Entrevista A2. PAV. Cooperativa Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).


En verdad les gusta la casa, pero si ves de afuera al edificio parece una casa tomada y los amigos [señalando a los hijos] les dicen “vos vivís en el conventillo”. Es que adentro es un departamento lindo y otra cosa es afuera, el edificio. ¡La gente no lo cuida! Hace un tiempo, por ejemplo, le pagábamos a una de las socias para limpiar, pero sólo limpiaba la escalera. Nosotros [en referencia a su familia] limpiamos ahora y nos dan $50, pero limpiamos todo el edificio, la vereda, todo. No lo limpiamos en verdad por los $50 sino porque queremos que esté limpio. Limpio yo, ella, mi marido y mi otro hijo, tardamos como cuatro horas, pero porque queremos verlo bien. Es que en serio si uno lo ve de afuera parece un conventillo, pero no sé, a la gente no le importa, mientras tenga linda su casa, lo de afuera no importa (Entrevista A5. PAV. Cooperativa Alto Corrientes. CABA. Abril 2013).

En este último relato la entrevistada dejó entrever cómo el estigma que existe en relación al mantenimiento de una vivienda para sectores populares puede generar barreras simbólicas en el proceso de integración socio-urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013), pues rastrearon la necesidad de mantener el edificio para que sus hijos no sean estigmatizados como moradores de un conventillo (por la carga negativa que la sociedad le asigna a esa situación de hábitat). Por lo que, como consecuencia de esto, ella y su familia decidieron hacerse cargo de la limpieza y el mantenimiento del conjunto, desde una estrategia netamente individual, para contrarrestar esa situación de estigmatización. La particularidad de este caso es que en la etapa de implementación del proyecto los integrantes de la cooperativa tuvieron una participación de tipo con propuesta (De La Mora, 2002; 1992), por lo que, en la etapa del habitar, una vez cumplido el objetivo, la poca participación que existió anteriormente se licuó en la convivencia.

Estos dos casos se constituyeron en un claro ejemplo del impacto del tipo de participación en la etapa de la implementación del programa en la etapa del habitar.

Pero también se registraron situaciones –en la mayoría de las cooperativas por más organizadas que se encontrasen– en las que una vez ocupadas las viviendas (o sea logrado el objetivo de acceder a una vivienda), la participación y el espíritu colectivo de la participación inicial se diluyó en algunos integrantes, generando preocupación en el resto:

¿Y cómo se organizan para el mantenimiento de los espacios comunes? ¿Conformaron un consorcio, funcionan con una organización interna? / Tenemos una especie de consorcio interno. Tenemos un dinero que depositamos cada mes, y la limpieza la hacemos una vez por semana. Somos doce, seis hacemos una semana, seis la otra. / Se los ve bien organizados, ¿es así? / Sí, porque uno ha pensado en eso cuando dijimos “queremos una casa”. Entonces pensamos en que queremos vivir dignamente y creo que también eso es vivir dignamente, vivir en la limpieza, aportar sus cuotas puntualmente. / ¿Y todos cumplen? / Cumplen. Hay uno o dos, pero hay multas para ellos. / ¿Tienen un sistema de multas? / Sí, tenemos un sistema de multas, tienen que pagar un poco más. Nos da miedo en el caso de algunos que se demoran pensar qué van a hacer cuando empiecen a pagar [en referencia a la cuota del crédito]. No sabemos a quién vamos a preguntar porque en realidad una sola familia que no pague, si va a ser individual, va a ser problemático. Ya van a decir “la cooperativa 27 de mayo no pagó” no van a decir que es uno que no paga, nos van a empañar a todos, los que fuimos tan cristalinos, entonces eso es también nuestro temor (Entrevista A4. PAV. Cooperativa Madres 27 de mayo. CABA. Abril 2013).


Lo hacemos nosotros, las familias que vivimos, tenemos un día destinado, por ejemplo, a mí me toca los viernes, limpio pasillo y escalera, el sábado otra compañera lo hace y así. Todos hacemos autogestión, excepto algunos pelotudos que pagan, que son los que rompieron cosas y hacen lo que no deben. Se salen de las reglas, porque acordamos no pagarle a nadie, que lo vamos a hacer nosotros, porque creemos que lo podemos hacer como familia, tiene que participar toda la familia, eso habla de la integración. Pero bueno, pasa. Después tenemos las reuniones de los que vivimos, cada quince días, como grupo familiar, los que no vienen, no vienen, ya sabés que hay algunos que no participan, pero nosotros igual venimos porque tenemos que pintar pasillos, y todas esas cosas tienen que ser mediante reunión, para planificar las tareas, así más o menos nos vamos organizando (Entrevista A1. PAV. Coop. El Molino-MOI. CABA. Marzo 2013).


El arquitecto, cuando en 2008 nos permitió venir a vivir, hizo un modelo de porcentuales para poder pagar los gastos comunes: el mantenimiento de espacios comunes, la luz del edificio, y el agua, que es un impuesto global. Aquí también tenemos matafuegos, están asegurados los espacios comunes contra incendios, el pago de ABL, limpiezas de tanque, esas tareas se hacen porque estamos viviendo aquí. / ¿Y cómo se organizan para hacer la limpieza de los espacios comunes, el mantenimiento del edificio? / Ahí [señalando el hall de entrada al conjunto] hay una pizarra con un cronograma de limpieza, nos tocaría una vez al mes limpiar a cada uno, es un tema también, que la gente se comprometa a limpiar. El cronograma está hecho pero muchas veces dicen que se olvidaron o que está lloviendo, hasta eso les cuesta. Acá cuando vinimos a vivir no teníamos ni portero, ni jardinero, tenemos una máquina –que compramos– para mantener el jardín, si a futuro quieren contratar uno sería ideal, pero mientras tanto es compromiso entre nosotros, tenemos que respetar el cronograma de limpieza y el porcentual para dividir los gastos del edificio. / ¿Y los cooperativistas lo cumplen? / Sí, medianamente. Siempre hay debates en las reuniones, algunos cumplen de pagar, otros no, algunos no cumplen bien los pagos… Por ejemplo, a los que están atrasados les dejamos cronogramas ahí donde están las llaves y medianamente algo hacen… Pero más allá de todo eso, uno tiene que limpiar el lugar, no hay una persona que te venga a limpiar tres veces a la semana, todos nosotros transitamos las escaleras, los patios, disfrutamos del espacio que tenemos ahí atrás, tenemos parrilla, banquitos, lugares lindos para colgar la bicicleta, arboles, también cuesta esa parte de organizar con la gente, que colaboren, uno no les quiere mandar, sino recordarles que hay normas de convivencia y que las hicimos entre todos, nadie le impuso nada a nadie. Algunos van entendiendo, otros se ponen en rebeldes, y así… (Entrevista A9. PAV. Cooperativa Uspallata. CABA. Mayo 2013).

En cuanto a las formas de organización que asumieron las cooperativas, todas demostraron particularidades que se ajustaron a las decisiones autónomas de cada cooperativa y a las decisiones que se tomaron en asamblea. Gran parte de ellas decidieron el pago de una cuota mensual que vaya conformando un ahorro, pero también hubo otras que decidieron otras formas:

en un principio teníamos una cuota social hasta que después, ya acá, en la vivienda, le cambiamos el nombre a cuota de gastos. Eso cubre los gastos de mantenimiento del edificio, los últimos años subió un poco, el precio de la cuota es casi el mismo que hace seis años atrás, $50 mensuales para mantenimiento de gastos, eso va destinado a los libros y viáticos, después cada socio paga un adicional de $110 por el ABL. / ¿Cómo hacen el mantenimiento del espacio? / La limpieza un fin de semana cada uno. Lo que no tenemos es un fondo por si se rompe algo, en ese caso salimos a comprar y repartimos el gasto, pero estaría bueno tener un fondo para eso, estamos en eso… (Entrevista A10. PAV. Cooperativa 28 de Junio. CABA. Mayo 2013).


¿Y cómo se organizan? ¿Conformaron un consorcio? / Estamos trabajando, recién hablábamos de esto del ensayo, porque cuesta cuando son compañeros del campo popular […] cuesta, pero ya estamos trabajando, nos juntamos todos los lunes a discutir temas, ahora que estamos escriturando vendrá un administrador externo a asesorarnos y veremos cómo nos organizamos. […] Vos imaginate que vienen de vivir en una pieza, o si vienen de la villa vienen de vivir entre chapas y el baño y la cocina afuera, imaginate que entraron a vivir en un lugar donde cada uno tiene su espacio, tienen pieza, living, su propia cocina y baño que no comparten con nadie. Eso fue un shock para muchos…, y entender que existe una ley de propiedad horizontal que la estamos trabajando, que recién la están entendiendo y leyendo, que hay obligaciones, que hay que pagar impuestos, hay que cuidar el lugar dónde se vive, uno tiene exigencias, pero sabes que es tuyo… Esto del consorcio, por ejemplo, ¿qué significa? Recién ahora se están organizando porque tienen que tenerlo. Después está el tema del mantenimiento, porque había como una ilusión de que todo se llamaba a la cooperativa [en relación a la cooperativa de trabajo del movimiento] para que lo venga a arreglar, pero esa organización tiene un costo. El tema de las expensas, este movimiento votó que las expensas tenían que ser populares, se llamaron “expensas sociales” que equivalen a $1 el metro cuadrado. Mi departamento tiene 56 m2 yo pago $56, de expensas sociales y con eso se tiene que mantener. Eso se pone hoy en discusión de nuevo, pero la idea es siempre ir discutiendo unas expensas sociales, no la que tiene establecido por la ley sino la que la organización necesite y se dé y lo decidamos entre todos (Entrevista A13. PAV. Coop. EMETELE-MTL. CABA. Junio 2013).

Lo primero que parece importante señalar del análisis comparativo realizado, es que en casi todos los casos, sean llave en mano o autogestionarios, se verificó la inadecuación de la realidad organizativa que asumió cada proyecto a lo que la norma establece (Ley 13.512 de Propiedad Horizontal). Pues las rigideces de esta norma no contemplan la conformación de otros modos de administración de propiedades, los cuales podrían incorporar las trayectorias y necesidades de los habitantes de modo tal que los residentes junto con el ámbito institucional público (IVC) puedan trabajar de manera mancomunada en el modo de organización más satisfactorio para cada proyecto.

Ahora bien, más allá de las particularidades de cada caso de análisis según su modo de producción, lo que se notó con la exploración de los casos llave en mano es que los usuarios de las viviendas del Programa Viví en tu Casa, provenientes de una situación previa de alquiler formal, a pesar de señalar la falta de conocimiento de sus vecinos como un impedimento para la consolidación de un consorcio, de alguna manera todos estaban habituados a la vida en edificio en propiedad horizontal y sus implicancias: el pago de expensas, el mantenimiento colectivo de los espacios comunes, etc. Con lo cual, las complejidades de esta experiencia se vincularon, en mayor medida, a las dificultades que surgieron por tener que construir algo de manera colectiva o a las rigideces de las normativas vigentes. En cambio, en los casos de los complejos de La Boca, lo que se verificó es que los usuarios de las viviendas no contaban con ese habitus (Bourdieu, 2001) de la convivencia consorcial, pues todos ellos provienen de experiencias de conventillos y alquileres caracterizados por la informalidad en donde la actividad colectiva se remitía al reclamo de una vivienda digna y a las particularidades de ese tipo de organización, pero no a cuestiones de convivencia cotidiana o de mantenimiento de los edificios, por lo que estas cuestiones en la etapa del habitar se les presentaron de manera conflictiva y sin experiencia ni herramientas para enfrentarlas. En los casos autogestionados, todas las cooperativas ya contaban con ese habitus (Bourdieu, 2001) de organización colectiva que construyeron en la instancia de implementación-construcción de las obras y que ellos percibieron como una prolongación hacia la etapa del habitar. Gran parte de la población del PAV provino del mismo sector social el PRHLB y sin embargo se verificó en estas experiencias autogestivas un aprendizaje colectivo que constituyó a los cooperativistas en actores activos de sus proyectos, con herramientas para enfrentar la etapa del habitar. En los pocos casos en lo que esto se vio debilitado fue una debilidad en la formación colectiva durante la etapa de la implementación del programa y de la construcción de las obras.

En los casos llave en mano, la falta de acompañamiento del IVC en esta etapa de transición de un tipo/estilo de habitar (en conventillo) a otro (en propiedad horizontal y siendo ellos propietarios) fue fuertemente marcado en los testimonios y notado en las visitas a los complejos. Algo similar se verificó en el caso de las cooperativas, aunque fue fundamental el rol del área social del ETI en la construcción colectiva de normas de convivencia. Por lo que la falta de un acompañamiento técnico y social en la transición a la etapa del habitar resultó un problema significativo de la implementación de los programas llave en mano, que posiblemente repercuta en un inadecuado mantenimiento de los complejos, y en consecuencia, en las probabilidades de apego/apropiación de los habitantes a sus complejos. La construcción de usuarios activos de las viviendas con sentido de apego a sus conjuntos es un factor fundamental para la valorización que hagan de sus edificios, pero también para su valorización por el entorno barrial. Pues surgió de los entrevistados que edificios mejores cuidados promueven una mejor adaptación barrial e integración social de sus usuarios, mientras que, a la inversa, pueden ser generadores de proceso de estigmatización barrial y segregación social (Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001; Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Segura, 2014). El aprendizaje de prácticas de participación en la conservación edilicia hace a la consolidación de adecuadas condiciones de habitabilidad para sus usuarios (Barreto M. Á., 2008; De La Mora, 2002).

8.2 Dinámica de localización de los conjuntos en la ciudad

Otra de las escalas de análisis de esta investigación, en función de las condiciones de habitabilidad definidas para una vivienda digna, es el entorno barrial o el barrio en el que se insertan los complejos habitacionales a partir de las dimensiones que aquí se definieron como subsistemas territorial/ambiental, económico, social y cultural (Barreto M. Á., 2008; De La Mora, 2002). El barrio remite a ese espacio de lo conocido-cotidiano, de las calles de alrededor de la vivienda en la que sus moradores se desplazan caminando y en donde a diario se advierten los cambios y las intervenciones de otros en el espacio (Giglia, 2012, p. 59). Esta autora, además, dice que el barrio es aquel espacio en el que uno “se siente como en casa”, en el que se experimenta una sensación consciente de domesticación (como se lo definió en el capítulo anterior). Por ende, lo que se busca analizar en este apartado son los modos de domesticación del entorno que hicieron los usuarios de las viviendas (si es que lo consiguieron).

En este sentido, haciendo un análisis comparativo del subsistema territorial/ambiental, de las localizaciones de los complejos llave en mano y autogestionarios, lo que se verificó en el mapa a continuación es que los programas llave en mano mostraron cierta concentración en función del programa que se trate y dispersión para los casos de las cooperativas de vivienda (ya que los que eligieron la localización fueron los propios usuarios de las viviendas de manera azarosa).

Mapa 7: Proyectos del PAV, PRHLB, PRTExAu3 y Programa Viví en tu Casa. CABA. 2014

Mapa 7

Fuente: Elaboración propia en base a Google Maps.

Los proyectos llave en mano de los programas de la ExAu3 y La Boca, por ser operatorias que tuvieron por propósito responder a la demanda de una población específica, se localizaron en sus zonas de incidencia: el barrio de La Boca y el sector 4 y 5 de la Traza de la ExAu3, en el barrio de Colegiales. En lo que respecta a las operatorias del Programa Viví en tu Casa se pudo verificar una marcada concentración en la Comuna 8 al sudoeste de la CABA, en el límite de Parque Avellaneda con Villa Soldati y Villa Riachuelo en el límite con Villa Lugano (zonas convencionales de predominante anclaje de vivienda estatal para sectores populares). Es importante recordar del capítulo anterior que los destinatarios de estas viviendas no tuvieron ningún tipo de injerencia en la definición de la localización de los complejos, de hecho, ellos conocieron su nuevo destino tras el proceso de adjudicación de las viviendas, una vez finalizadas. Ostuni (2010) asoció la localización de estos conjuntos con la particularidad de ser un programa estandarizado que atiende a una demanda anónima. El autor planteó que la ausencia de una problematización de las características de los destinatarios y la falta de una mirada integral sobre la cuestión del suelo y su relación con la vivienda confluyeron en procesos que llevaron al desplazamiento y a la “relocalización de la población” en el territorio. Recuperando una entrevista realizada por este autor a un funcionario del IVC, este decía:

Cuando se habla de relocalización parece que está siempre vinculado a una villa. Pero estamos relocalizando gente adentro de la ciudad, porque esta vivienda nueva va a hogares que están viviendo en algún lado, con sus padres o donde fuere. Estamos relocalizando y lo hacemos en el lugar donde podemos y al que le toca. Entonces, esa falta de apropiación social de la decisión trae después una falta de apropiación del bien, del producto (Entrevista 2 en Ostuni, 2010, p. 95).

En lo que respecta a la distribución de los inmuebles autogestionarios del PAV, se verificó una concentración en la zona sur de la ciudad, especialmente en los barrios de La Boca y Barracas, que concentraron el 44,5% de los terrenos (35 y 14 respectivamente) y en Parque Patricios, Constitución, San Cristóbal, San Telmo y Balvanera –se pudieron registrar también casos aislados de obras ubicados en la zona de Chacarita, Caballito, Villa Crespo y Palermo “Soho”–. Vale remarcar que ninguna operatoria del PAV se localizó en la Comuna 8 (tradicionalmente reservada para vivienda estatal). Fueron los propios destinatarios los que, como parte del proceso autogestionario de sus viviendas, decidieron la ubicación de sus propios terrenos y salieron a buscarlos. Pues evidentemente, cuando son las familias las que eligen donde vivir, su selección no coincide con la elección que los funcionarios públicos hacen por ellos:

Yo este barrio lo conocía, porque dentro de todas las mudanzas yo había estado viviendo en Ramón Falcón, y cuando veo este terreno en el diario digo “qué bueno, frente a la placita Ramón Falcón”, conocía este lugar perfectamente, sé que no hay villas, que no se inunda, entonces por teléfono lo hice, no me moví de mi casa. Así fue como me disfracé y me puse perfume de señora de plata y me fui con todas las exigencias. Después fui al IVC y les dije que lo tenía, y no le quedó otra que comprármelo y cumplieron, me lo compraron (Entrevista A11. PAV. Cooperativa Octubre. CABA. Mayo 2013).


¿Ustedes pudieron elegir la localización del terreno? ¿Cómo fue? / En las reuniones del IVC te iban informando como era el proyecto, que después había que buscar el terreno, tenías que tasarlo, llevar la escritura, una serie de detalles. Así que de la Av. San Juan para acá salimos en grupos a buscar no solamente terrenos, edificios viejos para ver si los podíamos reciclar. / ¿O sea que ustedes buscaban y ellos compraban? / Uno le llevaba todos los datos del terreno o del edificio y ellos estudiaban qué se podía hacer, si era viable o no, y así teníamos una carpeta / ¿Cuánto tiempo estuvieron buscando? / Un año más o menos, éramos un montón y nos dividíamos para buscar. Nos juntábamos entre dos o tres y preguntábamos, llamábamos a las inmobiliarias. Acá fue un caso puntual de encontrarnos con la persona justa en el momento justo. El dueño de la inmobiliaria que tenía en venta este terreno también es un hombre que nos ayudó, más allá de las necesidades que él tenía de vender, nos acompañó y nos ayudó. Él iba a las reuniones y se ponía a la par con los funcionarios para discutir el tema de la compra o no del terreno… (Entrevista A9. PAV. Cooperativa Uspallata. CABA. Mayo 2013).

La posibilidad de compra de suelo urbano fue uno de los aspectos progresistas en este programa que, hay que agregar, lo distinguió de la gran mayoría de los programas habitacionales del país. Sin embargo, quedó supeditada a una variedad de elementos: las posibilidades y capacidades de las cooperativas de salir a comprar inmuebles en el mercado, la eventualidad de los procesos especulativos que se acentuaron en la ciudad durante los últimos años y los tiempos de gestión del IVC y el Banco Ciudad. Vale notar que gran parte de los inmuebles comprados por el programa se realizaron con anterioridad al año 2006 que, como se vio en capítulos anteriores, fueron años de recuperación de la crisis económica de 2001 y de depresión de los precios del suelo. Según los testimonios recogidos en las organizaciones sociales, después del año 2006, con la disparada de los precios en general y el boom de la especulación inmobiliaria en la ciudad, la compra de los inmuebles se tornó uno de los problemas más críticos del PAV[5]. En este punto, esta política habitacional mostró la necesidad de articularse con intervenciones de suelo urbano que propicien igualdad en las posibilidades de acceso al suelo urbano de calidad, pues sectores populares con recursos estatales no deberían quedar a la merced del mercado inmobiliario especulativo. El sentido de la intervención estatal en esta problemática pone de manifiesto el carácter que juega el Estado en relación con las condiciones de producción y acceso de la ciudad por parte de los distintos sectores sociales. Pues la no intervención estatal en la regulación de los precios del suelo se constituyó en una herramienta de segregación socio-espacial (Rodríguez Vignoli & Arriagada, 2004; Sabatini, 2003) de los sectores que no contaron con el capital suficiente para poder acceder mediante el mercado a una buena localización. En una ciudad como Buenos Aires, en la que existen significativas diferencias territoriales en términos de condiciones de habitabilidad entre el norte y el sur[6], la localización en una zona o en la otra se convirtió en determinante para la reproducción de patrones de integración o, en detrimento, de segregación socio-urbana (Rodríguez Vignoli & Arriagada, 2004; Sabatini, 2003; Kaztman, 2001). Por ende, esto no implica que los sectores populares tengan que localizarse en la zona céntrica de la ciudad, sino, lo que aquí se pone en cuestionamiento, es que mediante políticas del estado se segrega hacia zonas de la ciudad con poca intervención estatal en términos de urbanización a sectores sociales que son expulsados vía mercado de la ciudad.

Pues la construcción a gran escala (como en el caso del Complejo Parque Avellaneda o Torres de Lugano) fue de la mano de la disponibilidad de suelo urbano existente, lo que hizo inevitable que grandes complejos habitacionales como los proyectados tuvieran que ubicarse en la zona sudoeste de la ciudad, por la existencia de grandes terrenos libres[7], creando en la zona sur de la ciudad grandes islotes de segregación socio-urbana (Rodríguez Vignoli & Arriagada, 2004; Sabatini, 2003; Kaztman, 2001), pues dicha comuna aún presenta signos de poca urbanización, que los entrevistados registraron en pocas veredas asfaltadas, falta de desarrollo de vías de acceso, falta de nombre de calles, inexistencia de semáforos, falta de luminarias y de algunos servicios públicos (como el cable, que no llegan al barrio), es decir, componentes que hacen al subsistema territorial/ambiental (Barreto, 2008):

Es ridículo que te entreguen un barrio [en referencia al predio] totalmente armado, perfecto, hermoso y que no puedas entrar o salir, que no haya manera de entrar o salir a pie, porque con el auto hacés lo que querés, yo con la moto hago lo que quiero, porque las calles están hace mil años, pero la parte más sencilla, que es la urbana, pero a pie… Eso hay que planificarlo (Entrevista E11. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).


El barrio tiene tres calles nuevas que todavía hoy no tienen nombre entonces para decir donde vivís tenés que decir sobre las calles de ahí y explicas, a la altura de Castañares, torre nºX y que den la vuelta y busquen. Tampoco tenemos cable, sólo DirectTV. / ¿Por qué no llega el cable? / Porque cablevisión llega hasta la vereda de enfrente (que es otro barrio), no está el tendido. El edificio está pensado para un cable central, ya no se hace más el cableado exterior, entones tiene un caño, pero el consorcio se tiene que poner de acuerdo, viene en la pared la boca por donde tiene que salir el cable. Cosas que pasan, no tenemos cable. De hecho, yo trabajo en cablevisión y es una pelea eterna (Entrevista E13. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).


Me gusta llegar a mi casa, pero no irme, porque tengo que ir a Castañares cruzando la rotonda que es un peligro, y también está mi mamá que es mayor y es andariega como yo y a mí me da miedo, cada vez me gusta menos que cruce. / ¿Es peligroso? / Sí, por el tema del tránsito, vienen autos a muchísima velocidad. Hay un proyecto de uno de los vecinos y lo mandó al Gobierno de la Ciudad a ver si lo pueden analizar. Es un proyecto de remodelación de la rotonda. No tenemos veredas en las partes internas, yo me compré unas botas todo terreno porque cuando llueve hay mucho barro, cuando está seco te podés patinar, tenés que dar una vuelta, pero no hay buena iluminación así que andas con miedo… Yo pedí seguridad al IVC, tengo notas de IVC por mesa de entrada y me respondieron, pero todo es tema plata, llamé también al 147 para que hagan veredas, para que vengan a buscar los escombros (Entrevista E8. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Imagen 37: Fotos de condiciones de accesibilidad al Complejo
Parque Avellaneda. CABA. 2013

Fuente: Fotos cedidas por un poblador de Parque Avellaneda entrevistado.

El PAV introdujo, en este sentido, un cuestionamiento a este patrón tradicional de política habitacional que históricamente respondió más a los intereses y a la rentabilidad de las empresas constructoras involucradas que a criterios urbanísticos o sociales de necesidad habitacional. Pues el PAV habilitó el desarrollo de un proceso de apropiación de suelo urbano por parte de los sectores de menores recursos de la ciudad (en un marco de disputa profunda por el espacio urbano de parte de todos los actores sociales que se despliegan sobre la CABA) y de las oportunidades comunitarias, sociales y urbanas ligadas a la localización (Kaztman, 2001). Las escalas pequeñas de los complejos habitacionales –analizadas en el apartado anterior– admitieron excelentes localizaciones para proyectos del PAV, la mayoría de ellas en plena centralidad urbana, rompiendo con la lógica de segmentación social y segregación urbana de las políticas habitacionales tradicionales de vivienda. Como se puede ver en el mapa, la localización de los proyectos mostró una concentración importante de familias de bajos recursos en barrios consolidados y con muy buena accesibilidad a la zona céntrica de la ciudad y a sus servicios, revelando las ventajas que habilitó el PAV en términos de ejercicio del derecho a la ciudad (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006). Algo similar ocurrió con el Programa de Recuperación de la Traza de la ExAu3, que a partir de la lucha colectiva se logró la re-localización de sus familias en sus barrios de pertenencia. Tanto los destinatarios de un programa como del otro valoraron esta capitalización económica que implicó para ellos haber accedido a una vivienda en buena localización: “y…, sí, esta casa como la que yo tengo debe estar arriba de los U$S120.000… Te digo que si ahora lo valúan… Este barrio debe salir una fortuna” (Entrevista E1. Complejo Estomba 1148. PRTExAu3. CABA Junio 2013); “estas viviendas fácil valen U$S110.000, nosotros, ¿sabés cuánto vamos a devolver? $100.000 y a 30 años” (Entrevista A1. Coop. El Molino. PAV. CABA. Marzo 2013).

Continuando con el análisis del subsistema territorial/ambiental (Barreto, 2008) y los modos de apropiación de las viviendas, ante la consulta a los entrevistados acerca de la conectividad que percibieron del barrio nuevo en el que viven con el resto de la ciudad, tanto los entrevistados del PRHLB, el PRTExAu3 y el PAV dieron cuenta de una gran diversidad de medios de transporte y se mostraron satisfechos con los recorridos que realizan a diario. Todos estos complejos se localizaron en zonas de variadas opciones de transporte (colectivo, subte, tren, pre-metro y metrobus). Por ejemplo, los ubicados en el barrio de La Boca del PRHLB y el PAV contaron con las dos vías principales de ingreso y egreso del barrio, las Avenidas Almirante Brown y Regimiento de Patricios por donde circulan una gran cantidad de colectivos para diversos barrios de la urbe y en sólo 10 minutos se está en el centro de la ciudad con accesibilidad al subte. Algo similar ocurrió con los complejos del PRTExAu3 y las cooperativas de Palermo, Chacarita y zona centro, que contaron con varias avenidas de rápida circulación de colectivos y se encuentran entre las líneas B y C de subte, y las cooperativas que se localizaron en la zona céntrica de la ciudad disponen de todos los medios de transporte (inclusive tren y metrobus) y circulación (con facilidad de acceso a las autopistas). Incluso las que se ubicaron alejadas, en Mataderos y Flores:

¿Te resulta de fácil acceso el barrio [en relación a Mataderos]? ¿Tenés medios de transporte cerca? ¿Te resulta cómodo el barrio? / Sí. El barrio es cómodo, con las veredas y calles grandes. Está a cinco cuadras de Eva Perón. Hay mucha fábrica, colectivos tenemos varios. De Directorio y de Eva Perón hay un montón. A mi trabajo llego en 40 minutos. Pasan varias líneas que no manejaba antes de vivir acá, el 104 sale por Mitre, el 52 hasta Lugano, el 103, el 97 que va a Constitución, el 141 a Villa Crespo que son lugares a los que voy. Un montón. También está el subte, la línea A, para ganar tiempo (Entrevista A2. PAV. Cooperativa Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).


Por esta calle [en relación a la de la Cooperativa, que se ubica en el barrio de Flores] transita demasiada gente porque las paradas de colectivo están justo acá en la esquina, el 26 anda toda la noche, y cuando termina la vuelta del colectivo para acá en la puerta. / ¿Tienen opciones de líneas de colectivo? / Sí, un montón y a toda hora. La gente ya sale a trabajar desde las cinco de la mañana y transita hasta las ocho y a la tarde, desde las siete de la tarde hasta la noche la gente que vuelve del trabajo… Y también tenemos el subte, está a ocho cuadras, la estación Emilio Mitre, Medalla Milagrosa. También está la estación del Premetro… ¡En ese sentido bárbaro! (Entrevista A6. PAV. Cooperativa 28 de Junio. CABA. Abril 2013).

No obstante, en los testimonios de Parque Avellaneda se registraron numerosos problemas en cuanto a las posibilidades de acceso a medios de transporte, dando cuenta de la sensación de segregación urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Segura, 2014; Jirón, Lange, & Bertrand, 2010) que apreciaron de su barrio en relación al resto de la ciudad:

Yo tomo tres medios de transporte para llegar a mi trabajo todos los días: un colectivo hasta la estación Virreyes, ahí hago Virreyes-Bolívar, todo el tramo de la línea E y ahí combino con Catedral-Tribunales y salgo acá. De repente mi yerno hace tres combinaciones todo por abajo del subte porque trabaja en las Galerías Pacífico. Yo podría tomar el 7 en un sólo tramo que me deja acá en Uruguay y Bartolomé Mitre o el 101 que me deja en Santa Fe y Uruguay, pero sabes qué, se hace el mediodía y todavía estoy tratando de llegar…, […] Si vos venís con un GPS la mayoría te dice “entrando a zona peligrosa”, no con los remiseros porque ellos son baqueanos del barrio, pero si quiero que venga alguna amiga mía de otro barrio yo les mando el remís. A mí me ha llegado a pasar que me han bajado antes de llegar. El tachero que maneja la calle no tiene problema, yo me tomo un taxi en Virreyes y voy, pero al principio era una angustia…, […] si tengo una reunión en la casa de una amiga a veces me quedo a dormir y vuelvo al otro día, y si no arreglo con la remisería que sé que trabaja a la noche el fin de semana y ya sé que por ejemplo no tiene que venir por Castañares porque arriba de ese puente no me gusta, tengo noticias de que han pasado cosas (Entrevista E8. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Algo similar ocurrió en cuanto a la consulta de los componentes que hacen al subsistema económico (Barreto, 2008), en relación a las distancias y/o proximidades a establecimientos de abastecimiento. Los testimonios de los complejos de demanda específica y de las experiencias autogestionarias dieron cuenta de la variabilidad de opciones para auto-abastecerse de los productos de necesidad básica, percibiendo integración al barrio en el que se insertaron (Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001):

Está el Coto, Jumbo a tres cuadras, Carrefour chiquito, tenemos de todo… Kiosco, Iglesia. Tenemos de todo, una plaza a una cuadra, yo que sé…, no me falta nada de nada / ¿El barrio te queda cómodo? / Sí, sí, estoy re contento, no me falta nada (Entrevista A1. PTExAu3. Complejo Estomba 1148. CABA. Junio 2013).


¿Para autoabastecerte tenés supermercados, farmacias, tiendas cerca de tu casa? / ¡Sí! Supermercados está el Coto, almacenes acá en la esquina, enfrente de la plaza… Enfrente de la plaza tenés tres almacenes, carnicería, verdulería, ferretería dando la vuelta, todo a mano (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013).


¿Hay supermercados, farmacias por la zona para tu autoabastecimiento? / Tenés de todo, chinos, Carrefour, Supermercado Día, el que quieras. / ¿Te queda cómodo el barrio [en referencia a Floresta]? / Sí, lo adoro (Entrevista A11. PAV. Cooperativa Octubre. CABA. Mayo 2013).

No así en el caso de demanda general del Complejo Parque Avellaneda, que si bien existen opciones al igual que en los otros casos, las hay en menor cantidad y todos los entrevistados marcaron las distancias que deben recorrer para saciar sus necesidades básicas de abastecimiento y los distintos impedimentos (físicos) que debieron afrontar para autoabastecerse, percibiendo estas distancias en términos de segregación socio-residencial (Jirón, Lange, & Bertrand, 2010; Segura, 2014). Incluso, una entrevistada comentó que le resulta más cómodo realizar las compras en el centro de la ciudad donde desempeña su tarea laboral y transportar las compras en colectivo que transitar por el barrio:

¿Y para autoabastecerte de tus necesidades básicas, como comida, ropa, remedios, a dónde vas? / Acá en Eva Perón, a siete cuadras más o menos hay negocios. Es tipo pueblo acá, yo ahora tengo que ir al Banco Ciudad y me tengo que ir hasta Alberdi, no está el Banco Nación tampoco. Hay algunos bancos privados, pero pocos. / ¿Y del otro lado de la rotonda? / No, ahí son sólo negocios de comida, carnicerías, verdulerías, supermercados. Hay alguna zapatería, ahora pusieron un negocio de ropa, pero nada más. No hay consumo tampoco, yo creo que porque acá es una zona pobre, después del Indoamericano está la villa entonces sólo hay cosas de primera necesidad, como la comida. / ¿Y cuando tenés que comprar ropa, a dónde vas? / Yo compro por otras partes, Belgrano, Palermo, Paternal. Acá si querés algo hay un pago fácil que antes no había, pero todo eso está sin desarrollo, es muy pobre […] Como yo trabajo en la calle a veces compro allá en Belgrano y me vengo con las bolsas en el colectivo, porque si después de todo ese viaje me tengo que ir hasta allá a comprar, prefiero no comer (Entrevista E12. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).


Yo ya conocía que iba a ser más desolado, porque para comprar tenemos que cruzar la rotonda e ir al frente del Samoré. / ¿Ahí hay centro comercial? / Sí, es centro comercial y tenés de todo, supermercados, un chino, Carrefour, Día, farmacias, de todo, pero los días de lluvia cruzar esa rotonda es un asco, no se puede. Del otro lado está el Jumbo grande… Uno de los chicos que vive en el edificio tres presentó un proyecto de hacer en la rotonda una vereda de asfalto, pero nunca le dieron bolilla. […] Me imaginaba que me iba a costar un poco porque yo vivía en San Cristóbal y era todo más transitado, tenías más colectivos y más accesibilidad, tenías todo cerca. Acá las cosas las tenés, pero todo lejos, no están a la mano (Entrevista E7. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


Sí o sí tenemos que cruzar la rotonda para el otro lado. Tenés dos chinos que te arrancan la cabeza. Sale más caro comprar ahí que irte a Recoleta, te juro, como son los únicos que hay… / ¿Por qué, son pocos? / Exactamente, ese es el tema, yo cuando me mudé me quería morir. Acá me van a fundir… Porque, o sea, la oferta que yo tenía donde vivía, que tenía uno en cada esquina, uno en cada cuadra… Había competencia de precios. Entonces, claro, uno podía comprar… Ahora pusieron un Carrefour Express y hay un supermercado Día, pero para todo esto me tengo que caminar siete, seis cuadras y si no te tenés que ir hasta Eva Perón que tenés un Coto… Tenés kiosco, hay una farmacia, o sea, todo cruzando. / ¿Siempre cruzando la rotonda? / Cruzado la rotonda, o sea, nosotros tenemos que cruzar sí o sí, los chicos cruzan y es un peligro… Faltan negocios… (Entrevista E9. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

En relación a la disponibilidad de servicios de salud, educativos (subsistema social (Barreto, 2008)) y espacios culturales y de esparcimiento (subsistema cultural (Barreto, 2008)) no se verificaron diferencias sustanciales, pues los complejos ubicados en La Boca del PRHLB, en Colegiales del PRTExAu3 y las cooperativas del PAV mostraron gran diversidad de alternativas. En cuanto a la oferta de escuelas primarias y secundarias, todos los testimonios dieron cuenta de que sus hijos concurren a instituciones próximas a sus nuevas viviendas y hacen uso de los hospitales o salas de salud de sus nuevos barrios y cuentan con cines o espacios de recreación.

Nosotros tenemos Constitución a cinco cuadras, estamos frente a una plaza, tenemos centros de salud, tenemos hospital, tenemos todo acá… Yo me atendía en el centro 15, pero hay uno de salud acá cerquita […] La escuela de los chicos me queda cerca también… (Entrevista A5. PAV. Cooperativa Alto Corrientes. CABA. Abril 2013).


Hospitales, como cerca, tenemos el Tornú o el Pirovano. […] Mis hijos van a once cuadras de acá, pero porque de doble jornada hay muy poquitos… Tenemos uno acá, a dos cuadras a la vuelta, pero por comentarios de gente del barrio decidí no anotarlos ahí. Lo que sí hay es muchos colegios privados (Entrevista E3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


Mirá, una cuadra el colegio de mi hija, dos cuadras la salita, diez cuadras el hospital Argerich…, todo a mano […] y en el barrio [en referencia a La Boca] hay un montón de actividades culturales…, como está de moda…, una zona de museos por allá… (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvear Núñez 245. CABA. Julio 2013).

No así para los casos llave en mano de demanda general, donde además de las dificultades vinculadas con las distancias, se adicionó la poca oferta de establecimientos en una zona. Se registraron varios relatos de entrevistados que envían a sus hijos a escuelas de otras zonas aledañas (algunos conservaron las escuelas de la anterior vivienda) con transporte escolar (engrosando aún más los gastos mensuales) o directamente al centro de la ciudad vía transporte público. Tampoco hay espacios de desarrollo cultural (como cines o teatros/centros culturales), por lo que los pobladores deben dirigirse al centro de la ciudad o, muchos de ellos, recurren a las ofertas culturales del barrio de Flores (como opción más cercana) o a otros barrios de la zona sur más céntricos:

¿Colegios hay? / Mi hijo tiene quince, pero cuando me mudé terminaba séptimo, él iba a Parque Patricios y siguió yendo por ahí… Acá no hay muchos colegios, hicieron nuevo este terciario que la gente estaba contenta pensando que iba a ser un primario para los chicos, pero no. Hay un colegio que está adentro de Samoré, y también uno que está al costado del Nájera, pero es secundario y creo que tiene tarde y noche, y la UTN que ya es universidad. Escuché que mucha gente la padece. También tenés cruzando Dellepiane, por Escalada, dos municipales y dos privados, pero ya es un tema. Muchos vecinos optaron por el micro escolar y eso los salva bastante. / ¿Hay centros de salud, hospitales? / Inauguraron uno hace un año más o menos entre el colegio y nosotros, creo que es el nº 44, que está muy lindo…, cubre bastantes aéreas, el tema es que es el único (Entrevista E7. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


¿Y para salir y tomar algo, ir al cine? / Menos, no. / ¿Tenés actividades de recreación en el barrio? / No, nada. Tenés lo que es Parque Brown, sí tenés casas de comida rápida, todas esas cosas ahí adentro pero no hay cine ni teatro. Yo creo que si hubiera un cine, viviría superpoblado también (Entrevista E9. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Pero además, en estos casos, de población proveniente de sectores medios (y que fue desplazada y relocalizada mediante el programa[8]), estas barreras físicas fueron complementadas por barreras de tipo simbólica (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013) que impidieron una adecuada integración socio-urbana de los destinatarios de las viviendas, complejizando el proceso de apropiación de los usuarios al barrio en el que se insertan sus casas. Para tomar un ejemplo radical de una de las entrevistadas, en un relato intenso, contaba cómo sus hijos eran discriminados-estigmatizados en la escuela (que llegaron a episodios de hostigamiento y violencia) y esto llevó a que todos los días se trasladaran más de una hora/hora y media a los colegios de su antigua vivienda (donde no eran discriminados ni estigmatizados):

A los chicos les cambié de escuela cuando nos mudamos. No aguantaron, mis hijos siguen viajando, viniendo al Abasto, a la escuela. Ella ya está en el secundario. Pero los que están en la primaria, siguen en el Abasto, no se adaptaron a la zona. El ambiente no es el mismo, es diferente, se nota. / ¿En qué cosas se diferencia? / En el nivel de violencia, de agresión, de discriminación pero a la inversa, ¿Entendés? / Claro, y, ¿era un colegio público de la zona? ¿Hay muchos colegios públicos? ¿Tenías posibilidad de cambiarla? / No, no tenés y no hay vacantes en ningún lado, están súper poblados, o sea…, encima es una Comuna súper poblada…, están súper poblados y no tenés opciones. Iban jornada completa y cuando los cambié allá [en relación a Parque Avellaneda], tuve que cambiarlos jornada simple. Mi nena, la del medio, duró dos meses en la escuela, me suplicaba, todos los días lloraba para que la cambie de escuela… Así que volvieron al centro… / ¿Al centro? / Sí, sigue viniendo acá al centro […] le regalé eso para el cumpleaños. La emoción y la alegría, no te puedo explicar… Mi hija viene contenta todos los días al colegio, viaja una hora y pico y no le importa nada. ¿Entendés? Va a jornada completa, sale 6.50hs de mi casa y vuelven a las 18hs, 18hs y pico de la tarde. Bueno, dos meses después siguió el nene… Hay mucha diferencia en el nivel educativo en las escuelas […] y lo que le pasó al nene es que estaba en segundo grado y se aburría. Y así volvieron tres de mis cuatro hijos. Y ella [en relación a la hija mayor que estaba sentada al lado] con todas las situaciones que viví, ella emperrada. Porque ella tiene otro carácter, “yo no me voy a cambiar, yo no me voy a cambiar porque eso es lo que quieren conseguir”. Hizo sexto y séptimo grado, terminó la escuela. / ¿No tenía secundario aquella escuela? / No, y hasta último momento con todos los problemas habidos y por haber, el último año, antes de mitad de año, tuve que hacer denuncias en comisarías, tuve que ir a declarar, llevar a ella que la revise el médico forense, que constaten las lesiones, le tuve que comprar un gas pimienta para que tuviera encima. / ¿Y en el secundario la cambiaron de colegio? / Sí / ¿A dónde? / A Almagro, Caballito. / ¿Cómo hacés para venir de allá todos los días y repartir a cada uno? / No, ella viaja sola. Los otros dos que van al Abasto viajan solos. Y la chiquita, mi marido va a trabajar al centro y la retira él o la retiro yo del jardín (Entrevista E9. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Pero este testimonio no sólo dio cuenta de una fuerte problemática social en el proceso de integración social de los recién llegados, sino que evidenció las fuertes restricciones que existen para la generación de condiciones que posibiliten algún tipo de sociabilidad y de convivencia entre los distintos sectores sociales, sacando a luz el nivel de segregación socio-urbana que existe en el barrio (Kaztman, Seducidos y abandonados: el aislamiento social de los pobres urbanos, 2001). Al punto de imposibilitar el contacto entre sectores sociales diferentes, las enormes distancias sociales se tradujeron en contactos de hostigamiento y violencia.

En cuanto a la percepción que los entrevistados tuvieron en relación a la seguridad/inseguridad de los barrios en los que viven, se registró un discurso uniforme y generalizado en todos los casos (llave en mano y autogestionario, en todos los barrios) vinculado a que se sienten inseguros. En este sentido, se verificó la reproducción de un discurso que superó al ámbito barrial y se remitió a la sensación extendida de inseguridad que se siente en la ciudad en general (tema que sobrepasa los objetivos de investigación de este trabajo[9]). Pero sí se consultó sobre la permanencia de vigilancia pública (policía federal y metropolitana, gendarmería) en los barrios y se rastrearon las mismas tendencias que en las variables de análisis anteriores. Los casos radicados en la Comuna 8, a pesar de tener presencia de la gendarmería en zona, dieron cuenta de sentirse desprotegidos y de haber en la zona pocas comisarias. De hecho, al consultar la radicación de comisarias en la zona, como se ve en el mapa a continuación, hay una concentración de estos establecimientos en las zonas norte y centro de la ciudad y en el sur de la ciudad se reducen notoriamente (es más, no se registran comisarías de la Policía Metropolitana).

Mapa 8: Comisarías Policía Federal y Policía Metropolitana y Cuarteles de bomberos. CABA. 2013

Mapa 8

Fuente: Elaboración propia en base a Google Maps.

Ahora bien, las largas distancias que deben recorrer todos días los usuarios del complejo Parque Avellaneda y la falta de infraestructura socio-urbana de su barrio de emplazamiento, repercutió en las posibilidades de apropiación de la vivienda por parte de los destinatarios del Programa Viví en tu Casa. Pues alguno entrevistados, si bien se mostraron satisfechos con la vivienda, se irían de ella a causa del barrio. Esta desapropiación que generó el entorno barrial sobre la vivienda dio cuenta de que una vivienda no es sólo un espacio de habitación como lo planta una conceptualización techista de la misma–, sino que supone un conjunto de condiciones de habitabilidad (Barreto M. Á., 2008; De La Mora, 2002) ya citadas en este trabajo y estructuras de oportunidad asociadas a ellas (Kaztman, 1999):

Del barrio me iría…, no es que me gustaría irme de la zona, me gustaría vivir siempre en esta zona, acá nací y me crie, y siempre quiero volver al barrio, pero hay carencia de muchas cosas a nivel social… Para salir, para ir al cine o lo que quieras hacer te tenés que ir del barrio, no tenés ofertas de entretenimiento o cultura cerca. Deporte tenés hasta ahí, tengo una liga al lado, pero es la de Flores, no es que voy a ver un partido si quiero, por ese lado es complicado. Por el tema laboral también, el 90% de los laburos está por esta zona, de la franja Barracas-Palermo, y si vivo más cerca del laburo viajo menos, es mi sueño, hace doce años que estoy viajando a todos lados. Si me tuviese que ir me iría por esos beneficios, estar más cerca del laburo, la facultad (Entrevista E11. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).


Si tuvieras la posibilidad, ¿Te irías del departamento? ¿Te irías del barrio? / De la vivienda no porque yo quiero que esto les quede a mis hijos, pero sí me iría del barrio. / ¿Sí, por qué? / Del barrio sí me iría, la verdad que no me gusta. Si tengo que elegir no elegiría el barrio. Me hubiese gustado que este lugar estuviera más accesible a la ciudad, no tanto en la periferia… Esto de tener tan lejos el centro es un problema. Acá hay gente que trabaja y hace todo por donde trabaja, pero ponele, yo trabajo en la calle, pero si tuviese que trabajar acá adentro hay muchas cosas que me tendría que trasladar para comprar porque acá no hay, está bastante desabastecido. Yo conozco otros barrios donde hay un montón de opciones, marcas incuso de alimentos, en este barrio no tenés para elegir. El departamento me gusta, es tranquilo, hay mucho sol y mucho verde…, pero el barrio no (Entrevista E12. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).

Por ende, el desigual desarrollo urbanístico de la CABA generó desiguales posibilidades de apropiación del espacio urbano (y de sus condiciones de oportunidad (Kaztman, 1999)) para los sectores trabajadores que no pudieron acceder a la vivienda de manera privada. Una ciudad polarizada en un norte con desarrolladas condiciones de habitabilidad y un sur con poco desarrollo urbanístico (aunque a partir de un proceso de renovación urbana expandido en los últimos años sobre la zona con mayor construcción de ciudad en el sudeste que en el suroeste), propició diferentes formas de integración a la trama urbana.

La posibilidad de elegir la localización de las viviendas por parte de sus destinatarios se constituyó en un factor clave para el desarrollo de procesos que habilitaron el acceso a una vivienda digna en términos de derecho (como se la definió en este trabajo (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006; Barreto M. Á., 2008; De La Mora, 2002)) e integración socio-urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001; Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001; Segura, 2014). Pues se verificó que en las operatorias en las que sus usuarios tuvieron algún tipo de participación en la elección de la localización existió una mayor domesticación (Giglia, 2012) del espacio barrial. Esa apropiación de la toma de decisión trajo aparejada una mayor apropiación barrial que redundó, en consecuencia, en un mayor apego habitacional. Además, esta capacidad de elección demostró que los destinatarios de vivienda estatal no eligieron la zona predominantemente destinada por la estatidad a los sectores populares, lo cual les permitió una apropiación de suelo urbano de excelente localización y la posibilidad de acceso a sus condiciones de oportunidad asociadas (Kaztman, 2001). En los casos analizados, esta posibilidad de elección dejó al descubierto la disputa por el espacio urbano en términos de derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006) que existe hoy en la CABA.

Ahora bien, la capacidad de apropiación de suelo urbano de calidad por parte de sectores populares estuvo asociada a una reducción de las escalas de los complejos habitacionales, lo cual habilitó un proceso de mixtura de las viviendas estatales con el entramado barrial en el que se insertaron. Esto diluyó la posibilidad de identificación de estos edificios como “vivienda social” y consecuentes procesos de estigmatización, provocando un instantáneo fenómeno de inclusión (Castel, 1995; Enriquez, 2007).

Las condiciones de habitabilidad que ofrece la ciudad segmentada territorialmente impactaron en las posibilidades de apropiación habitacional de los usuarios de las viviendas, pues la proximidad a espacios de abastecimiento socio-urbano (educación, salud, recreación, seguridad) efectivamente representó, según los entrevistados, un factor relevante para una mayor apropiación barrial y de las viviendas. De este modo, el entorno barrial en el que se localizaron las viviendas resultó ser un elemento fundamental para comprender los procesos de integración/segregación social (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001; Sabatini, Cáceres, & Cerda, 2001; Segura, 2014) y el acceso al derecho a la vivienda y a la ciudad (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

8.3 Nuevos vecinos: vínculos complejos en la etapa del habitar

Según numerosos estudios, el plano de la vida cotidiana vecinal fue uno de los principales problemas de la vivienda (Giglia, 2012; Girola, 2007).

El habitar de los espacios comunes, como se vio anteriormente, implicó un complejo entramado de mediaciones entre lo privado, lo común y lo público, en el que la gestión de las diferencias, sumada a la problemática de cómo hacer un adecuado uso de los espacios y servicios comunes, repercutió en las relaciones que se construyeron entre los vecinos. Por lo que el solapamiento continuo de los distintos habitus (Bourdieu, 2001) y la relación vecinal (propia del subsistema cultural (Barreto, 2008)) en el espacio compartido se constituyó en un fenómeno que debió ser abordado para comprender los procesos de apropiación de los usuarios de las viviendas estatales.

Del análisis realizado, lo que se pudo comprobar fue que en las experiencias de vivienda donde hubo un trabajo previo en torno a la convivencia consorcial (en relación a los vecinos del complejo), la relación vecinal y las actitudes valoradas positivamente entre vecinos (la tolerancia, la cordialidad, la flexibilidad, el respeto por el otro, el no meterse en los asuntos ajenos[10]), los resultados en la etapa del habitar fueron más satisfactorios.

En este sentido, en los casos llave en mano se registraron con mayor frecuencia situaciones generadoras de rispideces a la hora de administrar y convivir en espacios y servicios comunes:

Me cambió mucho vivir acá, pero a veces depende también de los vecinos que te toquen. Hay gente que todavía no se adapta a las reglas, no entienden que esto es un departamento, ya no es más un conventillo y que tienen que aprender a convivir… Pero bueno, creo que como cualquier edificio porque no creo que sea acá solo, siempre hay uno en el edificio siempre hay uno que es…, como los hermanos, está la oveja negra (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013).


Yo en mi edificio reniego y me hago mala sangre si no cuidan, pero hay que estarles atrás, pero ya te digo, les cuesta un poco vivir en propiedad horizontal, capaz están acostumbrados a su casa, a su fondo. Me enteré que los chicos salen y juegan en los palieres de los edificios, en otros edificios capaz no quieren tener los perros en la casa y los largan al edificio. Pero podría haber sido mucho peor. / ¿Tuviste problemas con algún vecino por la música fuerte? / Hubo en un tiempo que sí… Yo arriba tengo chicos adolescentes que se ve que el papá está separado y están mucho tiempo solos y me tocó algún descontrol de ir a la madrugada a tocar timbre, pero bastante educados. Yo siempre digo que uno educa con el ejemplo, hablando bien fui unas veces y se portaron bien. Generalmente cuidan, no son mucho de escribir las paredes, por ahí lo que más cuesta es la limpieza, chorrear la basura y no limpiar, o el pis de los perros… (Entrevista E7. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


¿Cómo se llevan entre los vecinos del complejo? / De adentro del complejo, bien. Algún que otro es medio cascarrabias, pero nada. En sí, en general, tratamos de llevarnos bien con todos. Podemos llegar a tener alguna diferencia o algo por el estilo, pero o sea…, […] hay personas como muy especiales con el tema de los ruidos, que los chicos no corran por abajo, ojo con la escalera. O sea, es entendible también ¿no? Pero en el edificio hay varios chicos, o sea, no te estoy hablando de los míos simplemente. Igualmente hay un tema con eso de la basura, ponele, porque hay vecinos que no entienden que los sábados no se puede sacar basura y la sacan igual. Hasta que se coman una multa… / ¿Cuánta gente saca la basura los sábados o en horario que no se puede? / […] Y ese es el problema también, que hay muchos que te dicen que no hagas esto y aquello, o traten que los chicos no hagan esto y aquello o lo otro, pero ellos también hacen cosas, o infracciones que sí pueden perjudicar a todo el edificio, porque llega una multa a todo el edificio, no dice fue el departamento tanto…, se va a pagar entre todos… Pero bueno, en sí, en general, tratamos de llevarnos bien con todos (Entrevista E3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).

Por otro lado, en las experiencias autogestionarias, la convivencia en la etapa del habitar fue una temática problematizada por gran parte de las cooperativas y trabajada colectivamente con el área social de sus ETIs, por lo que las cuestiones conflictivas identificadas en los casos llave en mano se verificaron más aceitadas entre los cooperativistas. Además, las cooperativas presentaron la particularidad de que al momento de comenzar la convivencia los futuros vecinos ya se conocían por haber compartido la lucha por el acceso a una vivienda digna en la gestación de la Ley 341, por la participación en el proceso autogestionario de la construcción de sus viviendas y/o por la construcción colectiva que tuvieron que emprender para consolidar socialmente sus cooperativas (pues como se dijo en el capítulo anterior retomando a Lefebvre (1971) y Heidegger (2001), el habitar se inició para ellos desde la etapa de concepción de las viviendas). Todas estas cuestiones repercutieron en la convivencia vecinal, pues salvo excepciones, la gran mayoría de los testimonios recolectados dieron cuenta de buenas convivencias vecinales (más allá de los roces y/o rispideces de la convivencia diaria):

¿Cómo es la relación vecinal que tienen ahora que conviven? / Y, nosotros ya sabíamos cómo iba a ser, la mayoría ya nos conocíamos. Hay de todo… Con la social hablábamos acerca de la convivencia, el compromiso, cómo nos íbamos a organizar… La gente comprometida cuida y quiere que el lugar donde vive sea cada día mejor. Cuando vos no lo tuviste y no lo luchaste, te cuesta entender y te cuesta comprometerte, esa es la situación. A los que nos costó tanto, los que luchamos tantos años y sacrificamos tantas cosas por esto queremos que sea cada día mejor, porque después vienen nuestros hijos y después nuestros nietos, uno quiere dejarles algo bueno […] Acá nosotros hicimos un código de convivencia interno para asociados, no se copió de ningún lado, cada uno decíamos cómo queríamos vivir, y ese código de convivencia tiene varios puntos. Acá ya hace como cinco años que vivimos y pasaron muchas cosas, lindas y muy desagradables, dolorosas para mí, pero bueno, todos tenemos alguna pequeña diferencia, pero si lo ves en forma total, está bien. Yo veo que en todos lados las diferencias están, pero dentro de todo es positivo acá (Entrevista A9. PAV. Cooperativa Uspallata. CABA. Mayo 2013).


Ya nos conocíamos, por las reuniones… Acá el único tema es plata, después en general es buena la convivencia, van a hacer diez años. Acá hay convivencia, hay respeto y comprensión (Entrevista A10. PAV. Cooperativa 28 de Junio. CABA. Mayo 2013).


La verdad es un edificio tranquilo, trabajamos mucho en la convivencia hacia adentro y hacia afuera (Entrevista A12. PAV. Cooperativa El Palomar. CABA. Agosto 2013).

Ahora bien, los pequeños y grandes agravios, las amistades y alianzas, las simpatías y antipatías del convivir cotidiano de los usuarios de las viviendas encontraron en las relaciones vecinales la manera de manifestarse y de producir consecuencias no siempre positivas. Entre las experiencias autogestionarias, al ser experiencias de convivencia colectiva, donde la cotidianidad de la relación vecinal se hizo más fuerte en el día a día, el peso del mal vínculo llevó a que algunos prefieran irse de sus viviendas:

Por la vivienda no [responde ante la pregunta si se iría de la casa]. Ahora si fuera por los vecinos, sí, me voy. Yo lo quiero a este edificio […] nosotros todo ese tiempo dejamos de hacer cosas nuestras, por ejemplo de trabajar, porque no nos daba tiempo de ir a trabajar, todo el día en el instituto, inclusive un día que eran como las siete de la tarde llamo a mi casa y pregunto por los chicos, me dicen que no volvieron todavía de la escuela y me agarro una desesperación, y cuando vengo, me decían que de la escuela se iban a la plaza. Y es la sensación del chico que hoy vino a la escuela y como siempre mi mamá ya no está de vuelta. Nosotros dejamos un montón de cosas para tener lo que tenemos, pero les pasa a todos […] esto te lleva mucho tiempo. Nosotros a las diez de la mañana ya estábamos ahí en el IVC, hacíamos marchas, yo me llevaba a mis hijos, un día fuimos y le tiramos huevos a Ibarra para que nos atendiera (risas). Uno hace un montón de cosas por esto y yo estoy orgullosa de tener mi casa. / Pero entonces, si vos tuvieras la posibilidad de irte, ¿te irías? / Sí, me iría. / ¿Por la relación con los vecinos? / Sí, por ellos. / ¿Por la vivienda no? / Por la vivienda no, yo lo quiero a este edificio. / Los vecinos influyen… / Antiguamente me afectaban mucho… No valoran lo que tienen, en serio no sé cómo es o por ahí no se dan cuenta porque todos venimos de casas tomadas, no es que salimos de un departamento y vinimos acá. La gente que vino acá viene de hotel o casa tomada y no valoran lo que tienen, yo en las reuniones les digo, “nosotros tenemos Constitución, por ejemplo, a cinco cuadras, estamos frente a una plaza, tenemos centros de salud, tenemos hospital, tenemos todo”, y la gente no lo valora… (Entrevista A5. PAV. Cooperativa Alto Corrientes. CABA. Abril 2013).


Ahora te voy a plantear una situación hipotética. Supongamos que hoy vienen y te dicen “te damos la posibilidad de que te vayas de esta casa a otra en donde vos elijas”, ¿te irías de acá? ¿O preferirías quedarte? / Pero ¿quién me lo diría? / Alguien con el poder suficiente como para que te diga que si te querés ir de acá te lleva donde quieras, ¿te irías o estas encariñado con tu casa? / Me iría del lugar. / ¿Por qué? ¿No te gusta la vivienda? / Son comodísimos los departamentos…, pero hoy en día, si me iría. Hicimos todo acá con tanto cariño, tanta alegría, cuando pararon la obra llorábamos todos. Íbamos a dormir ahí para que no nos roben el poco material que quedaba, dormía en la obra. / Mucho sacrificio… / [El entrevistado se emociona] Demasiado… Yo estoy muy decepcionado, sacrifiqué mi vida por esto, trabajo… Hay gente en el Consejo que me apoya y el resto no. […] Estoy muy desmoralizado por la gente. Yo pienso pagar lo más rápido que pueda, vender e irme. He llegado a esa conclusión porque vos tenés que pasar treinta años de convivencia con ellos para pagar el crédito, pero hay gente que no vale la pena, esta gente que no quiere pagar el crédito, que nunca valoro el trabajo que hice acá, lo que se hizo, ese techo que está recibiendo casi gratis. Hay una escalera principal que va a todos los pisos y yo me los cruzo todos los días ahí. Entonces uno llega a la puerta de su casa y piensa esas cosas, en estos sin vergüenza. Yo me iría (Entrevista A2. PAV. Coop. Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).

Ahora bien, estos dos testimonios resultaron ser casos puntuales dentro del grupo de los entrevistados cooperativistas (citados anteriormente). Estas cooperativas, en la etapa de implementación del proyecto, mostraron una tendencia fuerte a la delegación de obligaciones autogestionarias en el consejo de administración de la cooperativa (incluso en las presidencias de las cooperativas, es decir, en una persona). De este modo, el resto de los integrantes se desliaban de la construcción cotidiana de la participación colectiva. Esto pareciera haber afectado las relaciones vecinales en las instancias del habitar. Empero, aun así y dentro del discurso de frustración que expresaron los entrevistados, dejaron entrever la apropiación que sienten por sus viviendas.

También se registraron casos llave en mano en los que la relación vecinal en el conjunto aparece como un generador de sentimientos de desapropiación de la vivienda:

Uno entra con muchos miedos, porque de mis vecinos de aquella zona [en referencia a donde vivía antes] solamente había una señora que conocía. Te encontrás con un montón de gente desconocida que si la viste fue esporádicamente y te da un poco de temor. Y bueno, por eso no estaba desesperado por saber cuándo terminaban para meterme. / ¿No tenías la ilusión de venir? / No, yo quería comprar esa casa donde vivía que estaba media destruida, ¿por qué me tenía que venir a vivir a este lugar con gente que no conocía? Yo allá con mis vecinos de treinta años estaba bárbaro, ya nos conocíamos. Pero hubo que hacer eso, no había más remedio. / Ahora que estás acá, ¿te pudiste adaptar? ¿Te costó mucho? / Sí, unos dolores de cabeza terribles. / ¿Por los vecinos? / Sí, por el edificio, por todo lo que implica llevar adelante este edificio. Yo la mayor parte del tiempo estuve en el consejo de administración y es un dolor de cabeza. Todos los vecinos en general son mis amigos, tenemos un trato agradable, nos saludamos todos, ojo. Pero si pudiera volver a mi casa anterior, volvería (Entrevistado E6. PRTExAu3. Giribone 1330. CABA. Julio 2013).

Ahora bien, en los casos de demanda general, en el Complejo Parque Avellaneda no se registraron situaciones de desapropiación de la vivienda a causa de una mala relación vecinal. Sin embargo, al rastrear esta situación, los testimonios dieron cuenta de relaciones más distantes, propias de complejos habitacionales más grandes, con modos de vida más individualizados y reservados hacia la esfera privada del hogar[11]. Por lo que evidentemente en complejos habitacionales más pequeños la relación vecinal se vivió por los entrevistados de manera más intensa. Pero también hay que tener en cuenta que los complejos en los que surgieron estas desapropiaciones por razones vecinales estaban vinculados a proyectos en los que la convivencia se remontaba a etapas previas al habitar, a momentos de lucha por el acceso a la vivienda, que, como toda disputa, fue conflictiva y generadora de rispideces, que luego se acentuaron en la convivencia cotidiana.

Continuando con el análisis del subsistema cultural (Barreto, 2008), la relación con los vecinos externos o extramuros, es decir, los del barrio en el que se emplazaron los complejos habitacionales, tampoco se presentó sencilla para los usuarios de las viviendas llave en mano y autogestionarias. El modo en que fueron vistos desde afuera también surgió como una preocupación en algunos de los testimonios recogidos. Pues la vivienda estatal, en el imaginario colectivo, se encuentra en las antípodas del ideal de vivienda y, además, al tratarse de una vivienda subsidiada por el Estado, contribuye a calificar a sus habitantes de manera negativa, justamente por ser beneficiarios[12] de un bien tan preciado como es la vivienda. El estigma creado alrededor de una vivienda estatal y de las personas que viven en ellas se resume en la idea, dice Giglia (2012, p. 174), de falta de cultura, educación, buenos modales y capacidad para relacionarse con los demás de manera pacífica y discreta, con el autocontrol suficiente como para poder comportarse en un marco de civilidad. Esta supuesta incivilidad atribuida al morador de una vivienda de estas características también suele estar asociada, dice la autora, a la imagen de un lugar habitado por una población multitudinaria y amontonada, a la que se le atribuye la falta de mantenimiento y de orden a los malos hábitos de sus usuarios, por ser sucios, groseros, incultos y, se agrega acá, negros (como usualmente el sentido común dominante porteño suele describir a los habitantes de tipologías habitacionales informales o de vivienda estatal). Pero también, este estigma estuvo asociado a un temor netamente económico por parte de los vecinos, derivado de una posible depreciación de los valores de los inmuebles del barrio por la llegada de estos proyectos.

En este sentido, en algunos de los testimonios recogidos en el trabajo de campo, se verificó que muchos de los complejos fueron objeto de estigmatización por parte de los vecinos de los barrios en los que se insertaron por ser vivienda estatal (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013):

Cuando vos decís que vivís acá te dicen despectivamente “¿en frente del Indoamericano?” pero yo les digo anda a verlo y después te cuento. / ¿Sentís el prejuicio? / Sí, la gente lo tiene y muchas veces uno lo genera, yo lo he generado con compañeros que les dije “¿ahí vivís?” y por ahí después vas y es re lindo, tengo un compañero que vive en Soldati en las torres y ahí es re heavy y lo cargamos, el me cargaba a mi diciéndome que soy de Soldati. A veces uno lo nota, no te ponen cara pero te das cuenta. Pero una vez que lo ven, tan mala impresión no se deben llevar… Es porque tienen la mentalidad de que esto es una villa y después se dan cuenta que no es así… La gente tiene esas ideas, existe el prejuicio (Entrevista E7. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


¿Cómo se llevan con los vecinos del barrio? ¿Sintieron algún tipo de resistencia por el hecho que esto es vivienda social? Más aun habiendo tenido un acto de inauguración con cámaras [de TV] y esas cosas… / No hay relación con nadie, o sea…. mirá, los primeros días, digamos, los primeros meses había un poco de rechazo porque no conocían a nadie, no conocen a nadie de los que estamos acá. / ¿Cómo sentías ese rechazo? / No siempre, ponele, yo salía o salía alguien y le decían “¡ahh estos negros!” o “¡ay estos!”. Pero, después, vos te ponías a ver y vos veías que la persona esa que te decía “¡ay negro!” dejaba la bosta del animal, hacía ahí, se hacía el boludo y se iba. Entonces, vos me estás diciendo a mi negro pero vos fijate lo que estás haciendo, o sea, para primero señalarme primero fijate lo que hacés vos. Eso por decirte algo, después no sé, cuestiones de basura, cuestiones, o sea, gente sucia, porque, otra no te voy a decir. Quizás si estos van a otro país, no harían las cosas que hacen acá, ¿Entendés? Y también lo que ha pasado, que yo lo viví una vez, de venir atrás de dos señoras, ya por llegar acá y una de las señoras le dice “¡qué edificio lindo!”, por este, y la otra le dice “sí, pero la gente que están acá son todos acomodados, gente que nunca la peleo, gente que…”. Cosas así, como que les dieron el techo porque te lo regalaban porque sí…, y no saben cómo son las cosas, porque ellos no saben que esto se paga, más allá de que sean cuotas accesibles, son lógicas, para gente que no tenían un bienestar económico. O sea, también es entendible eso, la gente al no conocer o saber cómo era el movimiento, al no saber que hay familias con más de diez o veinte años peleando para tener un techo, dice cualquier cosa… O mucha gente también, que han dicho, “no, pero si estos vienen de villas, esto va a terminar siendo una villa, el barrio se va a deteriorar”, cosas así que nada que ver (Entrevista E3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).

Los cooperativistas de la Ley 341, a pesar de que sus edificios son difíciles de identificar en el tejido urbano de la cuadra, del trabajo de campo se registraron relatos que daban cuenta de las estrategias empleadas por los futuros moradores para evitar ser estigmatizados (buscando invisibilizar que sus proyectos de vivienda remitieran a un programa habitacional), e incluso también se registraron vivencias de estigmatización social manifiesta por parte de los vecinos barriales:

¿Y la relación a los vecinos del barrio? ¿Tuvieron algún tipo de resistencia por ser vivienda social? / Noooo, acá no se enteró nadie, nadie se enteró… Al otro día que pusieron el cartel amarillo [en referencia al cartel IVC que señala el nombre del programa] lo hice sacar, pero no fue por maldad, sino porque no vaya a ser cosa que algún ojo audaz lo vea y después nos discriminen por eso… Lo puse allá arriba, donde nadie lo vea y ya (Entrevista A11. PAV. Cooperativa Octubre. CABA. Mayo 2013).


Por las cooperativas que hay en barrio, las de la Lechería, la mía, se puso en alerta todo el barrio de Mataderos y hubo una reunión en Miralla y Eva Perón y ahí fuimos varios cooperativistas a explicarles que no era que los cooperativistas éramos delincuentes o gente que roba, que era otra cosa, un proceso. Les explicamos a los vecinos del barrio, gente de poder económico porque estaban en autos, con micrófono, pensando cómo defenderse, como echar a las cooperativas del barrio de Mataderos. / Ahh, bueno, ¿pero la resistencia fue organizada entonces? / Sí, mucha. Y nosotros fuimos y escuchamos lo que decían. Sabían dónde quedaban las cooperativas, las tenían identificadas y sabían los presidentes. Cuando mencionaron Luz y Progreso, mencionaron mi nombre, entonces yo usé mi palabra y les dije que lo que ellos estaban diciendo era falso, la cooperativa está inaugurada en Mataderos hace ya un año y pico y ni siquiera se enteraron, porque somos gente de trabajo y no son sucuchos como ellos decían. Yo los invité a que visiten Luz y Progreso y vean que son departamentos que están aprobados por la Municipalidad como cualquier obra privada. Les dije “los invito cuando gusten a que pasen a ver y observen que no son sucuchos”… Le explicamos a la gente, algunos entendieron y otros no, y desde ese momento empezó a dispersarse esa incómoda situación (Entrevista A2. PAV. Cooperativa Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).

Las cooperativas que formaron parte de organizaciones sociales más amplias (como El Molino y el EMETELE), por la escala de sus emprendimientos no pasaron desapercibidas en sus barrios y también fueron depositarias de estigmatización social por parte del entorno barrial (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013). No obstante, con el paso del tiempo y el desarrollo de estrategias de integración social, estas organizaciones lograron revertir tal situación. Por ejemplo, la cooperativa El Molino (del MOI), mediante su programa de jardín maternal y bachillerato popular para adultos –citados anteriormente–, generaron espacios efectivos de integración para los vecinos del barrio, quienes representaron un significativo porcentaje de los estudiantes que recurrieron a estos espacios. Además, se generaron actividades culturales y festivales de apertura de sus complejos hacia el barrio, para desbaratar este prejuicio. Estos moradores fueron estigmatizados con anterioridad a la llegada a la vivienda por el simple hecho de hacerlo en viviendas que fueron financiadas por el Estado. El discurso del estigma, basado en un prejuicio (un juicio emitido prescindiendo de cualquier cotejo empírico con la realidad) consiguió generar el efecto de aparente barrera simbólica (Giglia, 2012) entre el nosotros y el ellos, sin embargo, en muchos de los casos, fundamentalmente los proyectos integrados a la trama urbana (y al patrón habitacional y cultural de la cuadra en que se insertaron) y los que implementaron estrategias conscientes de integración, con el paso del tiempo, lograron disiparlo.

Por ende, en el plano de la vida cotidiana, la relación vecinal tanto hacia adentro de los complejos habitacionales como hacia afuera, con el entorno barrial, fue compleja tanto en los casos llave en mano como en los autogestionarios.

En relación a los vecinos cercanos, se verificó que quienes participaron durante la etapa de construcción de las viviendas experimentaron una convivencia anticipada que allanó las posibles incompatibilidades de esta relación. La construcción de un colectivo a la par de la construcción material de la vivienda abonó a una mayor apropiación de la misma a partir de relaciones saludables (expresadas en una buena convivencia vecinal). Una de las claves para el logro de esta satisfacción fue que la etapa del habitar estuvo introducida y acompañada por el asesoramiento técnico del área social de los ETIs que trabajaron para que esta integración fuera exitosa, por lo que esto redundó en un mayor apego hacia las viviendas. En las experiencias llave en mano, la relación vecinal se presentó más conflictiva tanto en términos de gestión de las diferencias como en la problemática de hacer un uso adecuado de los espacios comunes, pues el colectivo se fue construyendo a la par de la convivencia misma, complejizando las posibilidades de concreción de algún tipo de organización. Se verificó que establecer alguna modalidad organizativa para la etapa del habitar y el mantenimiento de los edificios contribuye a una mejor integración social, pues un buen cuidado de los complejos habitacionales evitó dinámicas de estigmatización social que pueden desencadenar en segregación socio-urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Segura, 2014).

En las desapropiaciones de las viviendas que surgieron de las entrevistas, a causa de la relación vecinal, lo que se verificó fue que al haber sido procesos de habitar que se iniciaron con anterioridad a la etapa de convivencia, conflictos irresueltos del pasado se hicieron expresión en una mala convivencia vecinal, que, además, en complejos más pequeños, se vivió de manera más fuerte y abigarrada e impactó en las posibilidades de apropiación.

En cuanto al segundo plano de análisis, la relación vecinal con el entorno barrial se expresó –en muchos de los casos– en términos de estigmatización. Por el simple hecho de tratarse de complejos habitacionales de vivienda estatal fueron objeto de estigma por parte de los vecinos de alrededor (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Segura, 2014). No obstante, las escalas reducidas de los complejos habitacionales y la afinidad de patrones habitacionales y culturales al barrial (del PAV, el PRTExAu3 y el PRHLB) (Giglia, 2012) permitieron solapamientos en el tejido urbano en el que se enclavaron, evitando procesos de segregación social para con los usuarios de las viviendas, que redundaron en buenas relaciones vecinales con el entorno. Pues, evidentemente, la estrategia de hacer inidentificable a la vivienda estatal en el entramado de la cuadra, desarticula la dinámica estigmatizadora, habilitando canales para una más aceitada integración social.


  1. En las observaciones participantes que se hicieron al complejo Parque Avellaneda se verificó que, en líneas generales, los autos parqueados en las cocheras remitieron a modelos de los últimos años y una gran cantidad de autos último modelo. Este indicador dio un indicio del nivel socioeconómico de los hogares que viven en estos edificios, pues como se dijo en el capítulo 4, remiten a un sector medio-bajo con ingresos en blanco en algunas de las fuerzas armadas o en la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
  2. Como se vio en el capítulo anterior, este criterio de respeto hacia la identidad barrial en el diseño de los complejos respondió a una lógica de adecuación al proceso de renovación urbana del que es objeto el barrio de La Boca.
  3. EL PAV, el PRHLB y el PRTExAu3 mostraron líneas de ejecución apropiadas para predios más pequeños que implicaron un cambio de paradigma con la ejecución de viviendas propias de la primera generación de políticas habitacionales analizada.
  4. No se nombra a la persona citada en pos de respetar el pacto de anonimato planteado para la realización de a entrevista.
  5. Para sortear estas dificultades el Espacio de Coordinación de Cooperativas Autogestionarias (ECCA) propuso, por un lado, autorizar la compra de los inmuebles contra la presentación al PAV de un anteproyecto y que esta instancia sea quien evalúe su factibilidad inicial con personal técnico propio; por el otro, para acelerar plazos se planteó que el IVC compre los inmuebles en “gestión de negocios”, y que luego los transfiera a las organizaciones de base que presenten los respectivos proyectos, una vez que éstas obtienen la aprobación de los planos en DGFOC. Asimismo, mientras no existan otras medidas vinculadas a facilitar el acceso al suelo urbano, se propone que el organismo subsidie un porcentual del precio de los terrenos (acción posible en el marco de la Ley 341).
  6. Para profundizar en este aspecto se puede ver el Informe Diagnóstico Socio-habitacional de la CABA (Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires, 2013) –la autora de este libro fue parte de su equipo de investigación–. De cualquier manera, para ilustrar esa fragmentación, el 1.46% del territorio porteño está ocupado por villas, existiendo mayor superficie ocupada por esta tipología habitacional en el sur que el norte, pues el Censo Nacional 2010 registró un 366% más de población en villas y asentamientos en la zona sur.
  7. Los pocos terrenos libres –con las dimensiones suficientes para los emprendimientos de los que estamos dando cuenta– que quedan en la CABA se localizan en la Comuna 8; a partir de la definición de la zona como área de desarrollo de los Juegos Olímpicos 2015 y de varios emprendimientos inmobiliarios, se comienza a percibir la gestación de una especulación inmobiliaria en los valores de este suelo urbano.
  8. El escenario generado por el programa permite hipotetizar un fuerte proceso de suburbanización impulsado por las políticas de atención a la demanda mediante vivienda estatal para sectores populares. Este aspecto de la política habitacional es abordado por la autora en su instancia de formación pos-doctoral.
  9. Durante las entrevistas realizadas se consultó sobre percepciones de seguridad/inseguridad en los barrios, pero la complejidad y profundidad que actualmente tiene esta problemática en la Ciudad de Buenos Aires rebasó los límites de este trabajo de investigación. A fin de no pecar de un análisis simplista de un tema tan complejo, se tomó la decisión de abordarlo sólo en términos de distancia/proximidad a establecimientos policiales y/o de protección social de las personas en los barrios, y dejar abierta esta línea de investigación para futuros abordajes.
  10. Todas estas actitudes fueron señaladas por los distintos entrevistados como actitudes que hacen a una buena convivencia.
  11. Esto también resultó llamativo en la realización de las entrevistas en profundidad en el Complejo. La estrategia empleada para llegar a los entrevistados fue “la bola de nieve”, es decir que un entrevistado va sugiriendo al siguiente. En el trabajo de campo surgió que no conocían a sus vecinos y por ende muchos de los entrevistados no tenían a otros vecinos para sugerir, pues argumentaban que no se conocían entre ellos.
  12. Palabra que niega la condición del derecho del acceso a la vivienda.


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