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6 Participando en la producción
de la vivienda popular

Retomando el marco teórico-conceptual reconstruido en el capítulo anterior para analizar la “participación social”, en este capítulo se continúa con el análisis de la etapa de implementación de la política (definida analíticamente en este trabajo para diferenciarla de la etapa del habitar), acentuando los procesos de participación que se desarrollaron hacia el interior de los proyectos bajo estudio (llave en mano y autogestionados).

En este sentido, primero se analizan los modos de ejecución de las obras (construcción autogestionaria versus construcción estatal llave en mano) en los proyectos finalizados de cada programa, indagando las instancias de participación de sus destinatarios y tipos de decisiones, primero en el diseño/concepción de sus viviendas y, luego, en la producción de las mismas a través de un análisis de los actores sociales que intervinieron en esos procesos.

Luego se analizan los costos de producción aplicados a los proyectos de práctica autogestionaria y a los de producción llave en mano, para evaluar en los próximos capítulos los resultados de los proyectos en términos de calidad.

Por último, se indaga en las modalidades de acceso (adjudicación/designación) a la vivienda por parte de los usuarios y sus instancias de participación/decisión en el proceso.

Al igual que en el capítulo anterior, el análisis se hace desde una perspectiva comparativa de los dos modos de producción bajo análisis, focalizando en la dimensión de participación social.

6.1 Modos de ejecución de las obras: la toma de decisión del futuro “habitar”

Sin lugar a duda el espacio que se asignó a la participación de los destinatarios en la implementación de los programas encuentra estrecha relación con el espacio que tuvieron, posteriormente, en la toma de decisiones de los procesos de ejecución de las obras y, específicamente, en el diseño de las características de las viviendas. Lo que se pudo verificar en el trabajo de campo de esta investigación es que programas diseñados e implementados de manera plenamente participativa impulsaron modos de producción también participativos, mientras que programas diseñados y ejecutados mediante esquemas tradicionales de ejecución estimularon modos de producción en los que la participación predominante –y decisoria– no fue la de los destinatarios de las viviendas sino de los funcionarios públicos y las empresas constructoras que concebían la vivienda como una mercancía por sobre un bien de uso.

En este sentido, la participación desplegada en el proceso de diseño del PAV logró continuidad en la ejecución del programa y también en el modo autogestionario de producción de las viviendas. Las organizaciones sociales, con distintos grados de intensidad en función de cada caso, fueron las que asumieron el rol protagónico (Cabrero, 2004) de todo el proceso de gestión y producción de las viviendas mediante la efectiva ejecución de los recursos asignados por el Estado local y mediante un muy alto grado de participación según la categorización de Ilari (2003).

A contracara de lo ocurrido con la Ley 341, el alto nivel de participación desarrollado en el proceso de diseño de la Ley 324 y el PRTExAu3, se licuó en la implementación del programa a través de la ejecución de un modelo de producción llave en mano o la simple recepción de un subsidio habitacional (Ilari, 2003).

Para el caso del PRHLaBoca, su diseño no participativo mantuvo una línea de continuidad durante la ejecución del programa, con un modo de producción llave en mano, en donde los destinatarios de las viviendas desempeñaron un rol netamente pasivo (De la Mora, 1992; 2002).

Algo similar ocurrió con las operatorias de Viví en tu Casa. El diseño del programa ni siquiera se desarrolló a nivel local de gobierno y su ejecución estuvo totalmente aislada de sus destinatarios, lo que De la Mora (1992; 2002) llamó “participación omitida” (en donde el rol principal en la producción de las viviendas lo tuvieron los funcionarios estatales y empresas constructoras habituadas a trabajar con el Estado).

Entonces, ¿cómo se desarrollaron estos procesos en los casos de estudio?

6.1.1 ¿Diseño burocrático o diseño participativo de las viviendas?

A continuación, se analiza la instancia de diseño de las viviendas. A partir del análisis de los programas llave en mano, es importante notar que en el diseño constructivo de las unidades habitacionales no sólo no hubo espacio para la participación social, sino que tampoco para la participación privada, ya que como se desprende del análisis realizado en el apartado anterior y lo comentado por los funcionarios entrevistados, en general fueron los arquitectos de la Gerencia de Proyectos del IVC quienes realizaron el diseño constructivo de las viviendas con anterioridad al proceso de licitación. Por su parte, las empresas constructoras sólo intervinieron en el modo de resolución de ese diseño en el espacio y en la definición de las terminaciones de obra, más no en el diseño de las viviendas. Así lo explicaban funcionarios del IVC:

Nosotros, en general, hacemos el proyecto [en relación a la Gerencia de Proyecto]. Nos dicen acá tiene el terreno, cuántas viviendas salen, salen tantas y hacemos licitación. Nosotros hacemos el cómputo y el presupuesto. La tierra es del Instituto, entonces sobre esta tierra se presentan las empresas y normalmente la más económica es la que gana, aunque la Ley de contratación pública dice la oferta más conveniente, pero bueno…, como tienen que respetar nuestros planos, a veces damos la opción de una variante mínima, con algún sistema constructivo más avanzado. Entonces, la empresa presenta los papeles como nosotros lo pedimos para estar en igualdad con el resto de las empresas que se presentan y luego, además, presenta la variante. Se evalúa si ese sistema que proponen es adecuado y normalmente suelen bajar el precio, bastante… Nada que vos digas hacen lo que quieren, ¡no! Inclusive en una obra privada también la empresa constructora hace ajustes. Digamos que nosotros lo que hacemos es un anteproyecto que tiene una escala como la del plano municipal, es decir no te sirve para construir técnicamente, te da medidas que vos tenés, la cáscara, estructura, cómo son los niveles, el filo que hay que respetar donde van las columnas, cuáles son las medidas que hay que respetar…, pero no te sirve para construir, eso se va adecuando a medida que lo vas estudiando más, como empresa constructora. Cuanto más te vas acercando al problema más cosas vas solucionando. Esas adecuaciones a nosotros no nos molestan para nada, porque entendemos que siempre es para bien (Entrevista E. CABA. Agosto 2013).

Los distintos entrevistados destinatarios de viviendas sociales llave en mano también dieron cuenta de los nulos espacios de decisión que tuvieron en relación al diseño de sus futuras viviendas. Si bien en algunos casos existieron reuniones informativas en las que funcionarios del IVC relataban cómo serían las viviendas, la mayoría de las veces estos espacios ni siquiera existieron. Por ejemplo, las cooperativas de consumo que descentralizaron la demanda del Programa Viví en Casa solían efectuar reuniones en las que relataban a sus socios el avance de las obras, pero se trataba de encuentros que revestían un formato netamente informativo de lo noticiado por el IVC sobre las características que tendrían las viviendas (De la Mora, 1992; 2002). Algo similar ocurrió con la Unidad Ejecutora de la Traza de la ExAu3 y el PRHLB, cuando funcionarios públicos organizaron encuentros para mostrar a los destinatarios de las viviendas fotos de los complejos en obra, pero con el agravante de que al ser poca la cantidad de viviendas a repartir, gran parte de ellos no serían destinatarios:

En algún momento nos trajeron fotos o maquetas de lo que se pensaba hacer…, no se podía cambiar nada. Una vez en una reunión un integrante de la cooperativa dijo que quería piso de parquet, y la respuesta fue que los pisos se entregan como se entregan, no se puede cambiar nada (Entrevista E13. Viví en tu Casa. CABA. Agosto 2013).


No se nos respetó ni se nos consultó en nada. Hicieron lo que ellos quisieron y todavía se sigue haciendo porque hace poco adjudicaron las cocheras (Entrevista E14. PRHLB. CABA. Agosto 2013).


Quiero reforzar esta idea, entonces… ¿Ni desde el IVC ni desde la empresa constructora en ningún momento les consultaron sobre cómo diseñar o cómo les gustaría que fuera? / No, eso seguro que no, no, no, no. […] porque, en realidad, vos pensá que ellos como que no te llegan a conocer hasta que no llegan a la instancia, por lo menos, de la presentación de la primera carpeta [que se presenta tras el proceso de adjudicación] y no sé tampoco si eso es determinante para la construcción. Yo creo que diseñan algo de dos, tres ambientes…, bueno depende de la guita y eso (Entrevista E2. Viví en tu Casa. CABA. Julio 2013).


¿En algún momento les mostraron los planos de cómo iba a ser? / Si, tenían planos colgados en la pared, estaba todo muy organizado. / ¿Si querían plantear alguna modificación podían hacerlo? / Modificación al plano no podíamos hacer, porque no sabíamos cuál le iba a tocar a cada uno [refiere a las viviendas sociales que en ese momento estaban en construcción] (Entrevista E6. PRTExAu3. CABA. Julio 2013).

Otro factor importante recuperado por Ostuni (2010) en relación a los destinatarios de los programas tradicionales llave en mano para demanda general (en nuestro caso, el Viví en tu Casa) es que ni en la letra ni en el diseño del programa hubo una definición clara de la población destinataria de las obras construidas. Si bien se hizo referencia a población con problemas de vivienda en términos de “población en situación de déficit habitacional”, no hubo una específica caracterización del destinatario del programa ni de sus necesidades[1], generando una expectativa de demanda insatisfecha en todos los sectores sociales con problemas habitacionales. Pero además de esto, la gestión de la política pública convencional solía reemplazar el conocimiento empírico de las necesidades de las familias destinatarias de una vivienda por conjeturas o hipótesis de perfiles abstractos de la necesidad basados en aproximaciones estadísticas (muchas veces bastante distantes de las necesidades de las familias) (Pelli V. S., 2010). Esta ausencia de una mirada integral del destinatario final de las unidades de vivienda y de sus necesidades condujo a la desatención respecto de dos elementos básicos de suma importancia: la tipología de las viviendas construidas (que por lo general tiende a la homogeneización) y la localización de la población en el territorio (que por lo general tiende a procesos de relocalización), muchas veces en zonas poco abastecidas de infraestructura socio-urbana y lejana de la centralidad (esto se analizará en profundidad en los próximos capítulos). La ausencia de la perspectiva de los destinatarios y de sus necesidades generó una variedad de problemáticas que fueron desde sucesivos conflictos o dificultades para enraizarse y apropiarse del bien transferido (o sea, la vivienda) hasta la venta informal y abandono de las viviendas recibidas. Indefectiblemente, esta ausencia de consideración del destinatario en el diseño e implementación del programa remite directamente a cuestionar/reflexionar sobre el proceso implícito en esta decisión: la relocalización de población de escasos recursos en el territorio; y por ende sobre el tipo de ciudad que se produce a partir de este tipo de políticas.

Ahora bien, de los relatos recolectados entre los destinatarios de estos programas surgió una cierta justificación de la ausencia de espacios de participación en el diseño de las viviendas:

Bueno, me están dando una vivienda, yo no tenía nada…, no voy a pretender elegirla. / ¿Pero a ustedes les hubiera gustado participar del diseño? / ¡Sí! / ¿De la casa, del departamento? / Sí, ¿no? Sí, hubiera estado bueno. Por ahí, vos lo querías abierto y yo lo quiero cerrado, ¿no? Pero, como dice el viejo dicho, caballo medio acomodado…, no regalado porque lo pagamos. Bah… A caballo hecho, dámelo como está y punto (Entrevista E4. PRTExAu3. CABA. Julio 2013).

Este tipo de comentarios fue recurrente, visibilizando en los destinatarios de los programas cierta falta de apropiación del sentido y alcance de los derechos que les concedió la Constitución Nacional y Local al acceso a una vivienda digna (desde una lógica de derecho y bien de uso y no desde una conceptualización mercantil de la misma), pues ellos no se conciben a sí mismos como derecho-habitantes (Villavicencio, Esquivel, Durán, & Giglia, 2000). A su vez, se pierde de vista que las viviendas construidas no fueron un regalo del Estado, sino que luego tendrán que ser abonadas durante treinta años.

Al principio lo que hacían era mostrarte tipo un…, era una imagen que te mostraban más o menos cómo iban a ser los departamentos, pero no la zona, no había barrio, no te decían nada. Había como un planito de cómo podían llegar a ser los departamentos […] Y en realidad, la gente, sinceramente, que iban a las reuniones, de grupos familiares como nosotros, por ejemplo, ya con la idea de tener un techo es como que uno lo miraba y claro…, te entusiasmaba lo que estabas viviendo. / ¿Por más que no te gustara te amoldabas a eso? / Y sí, era como que por más chiquito que sea, vos decías “bueno, pero va a ser mío”. Y qué sé yo, de última lo refaccionarás después, no sé… (Entrevista E3. PRTExAu3. CABA. Julio 2013).

Funcionarios del PRHLB y de la propia Gerencia de Proyectos del IVC certificaron también en situación de entrevista que las familias no tuvieron ninguna instancia de toma de decisión o intercambio con los arquitectos de dicha Gerencia, pero ellos, según relataron, suelen tener en cuenta el perfil de las familias que van a habitar las unidades y también desde las unidades ejecutoras de los programas se los orientó acerca del perfil de las familias que ocuparían las viviendas:

A mí me dicen desde la Gerencia de Crédito “mire señor ustedes tienen este terreno y tienen que resolver un proyecto con tales características”. ¿Cuáles son las características? No la morfología, sino para quién va el proyecto. Si es para relocalización de villa es un tipo de edificación, no peor, sino que vos ya estás pensando de otra manera. Tenés que ver dónde queda ubicada, como vas a hacer para que el señor de la villa no viva en una torre de veinte pisos. Nosotros tenemos poca tierra en la ciudad y tratamos de hacer edificios de PB y dos o tres pisos. Si estamos trabajando en La Boca para relocalizar a la gente de los conventillos que se le están cayendo en la cabeza… Buscamos hacer proyectos que respeten la forma de vida del conventillo, que es la vida comunitaria, respetar el patio donde se establecen las relaciones sociales internas…, digamos esa vida de relación que se da en esa especie de comunidad que se arma, a la cual están acostumbrados. También, si a un habitante de conventillo lo ponés en una torre, esa torre no va a funcionar bien. […] También están las viviendas que nosotros llamamos de demanda general que apuntan a clase media de bajo ingreso que no califica por ejemplo en un crédito bancario, ese es un poco el target o el perfil que se apunta por ejemplo en Parque Avellaneda, lo mismo que estamos construyendo en Casa Amarilla, un caso muy similar […] Si vienen y nos dicen por ejemplo, de un conventillo, “este conventillo va a estar destinado a esta gente y estoy necesitando tantas viviendas de un dormitorio, tantas de dos…”, o sea a veces vienen con esa pauta y a veces no. Entonces, nosotros tratamos de hacer una variedad tipológica tratando que haya vivienda de dos dormitorios, un dormitorio, que sea más común, alguna de tres y muy poca de ambiente único (Entrevista E. CABA. Agosto 2013).


Y en la etapa de diseño de los proyectos desde la Gerencia de Proyecto del IVC, ¿se tiene en cuenta al destinatario? / Para la demanda general no, claro que no. Para el de La Boca, nosotros [el programa] sí interveníamos en el diseño, ya cuando estaba la gestión de Jozami, siempre hubo una relación muy estrecha con la gerencia y nosotros íbamos y le decíamos tenemos tantas familias, con tantos integrantes, tantas mujeres y así… Por ejemplo la licitación de Salvadores 829 se paró, porque la técnica había hecho deicisiete unidades monoambientes y nosotros le dijimos: “pero no”, es para este tipo de población, esto tiene que ser para estas familias que viven acá, imaginate, todas familias numerosas… / ¿Y esas familias participaron? / No, las familias no, pero nosotros los orientamos (Entrevista H. CABA. Julio 2013).

Es decir que las viviendas ofrecidas desde el IVC fueron concebidas, diseñadas y producidas desde la perspectiva y percepción que los propios funcionarios tuvieron (desde sus escalas de valores) de las necesidades habitacionales de los destinatarios de las viviendas (Pelli V. S., 2010; Giglia, 2012) y desde una concepción de homogeneización generalista de los usuarios de vivienda social, pues no existieron espacios de consulta sobre estas necesidades ni se tuvo en cuenta la posible variabilidad de patrones culturales entre las poblaciones destinatarias (Giglia, 2012). Resulta habitual en las políticas públicas convencionales caer en el equívoco de que las necesidades habitacionales responden a un patrón único e indiferenciado para todos los grupos sociales, con su correlato en un tipo único de satisfactor genérico a partir del cual se da por supuesto que se pueden satisfacer todas las necesidades habitacionales de cualquier tipo de familia, y se suele confundir y tomar indebidamente, como se verá en el próximo capítulo, el concepto de la “vivienda digna.

Retomando a Pelli (2010) la mayor o menor participación de cada uno de los actores sociales que intervienen en los procesos de producción de la vivienda y sus respectivos paradigmas culturales inciden fuertemente en la concepción, desarrollo y resultado de la vivienda construida. Pues algo que resultó casi habitual en las respuestas habitacionales desarrolladas por la estatidad mediante los programas llave en mano fue que las pautas (culturales en lo general y habitacionales en lo particular) a partir de las cuales los sectores a cargo tomaron decisiones (por ejemplo, los arquitectos de la Gerencia de Proyectos del IVC) fueron transferidas a los destinatarios de los programas a través de las viviendas físicamente construidas. Los moradores de las viviendas debían adaptar sus propias pautas culturales y habitacionales a las versiones que le imponía el nuevo hábitat, posiblemente diseñado desde otros patrones culturales (con las dificultades que esto implica). Este modo de producción, dice Pelli (2010), carece de canales que permitan a los destinatarios introducir sus criterios de hábitat en la gestación y/o diseño de las nuevas viviendas en la que van a vivir. Se produce entonces lo que Giglia (2012) llama “fracturas e hibridaciones” culturales entre, por un lado, las concepciones del habitar incorporadas en los modelos arquitectónicos construidos por técnicos o profesionales (en este caso los funcionarios del IVC), y por el otro las prácticas de los usuarios de las viviendas para producir su propio orden y su propia concepción de habitabilidad en lo físicamente construido por otro (sobre esto se profundizará en los próximos capítulos).

Sumada a esta negación de los patrones culturales y habitacionales de los destinatarios de las viviendas, también se filtró una privación del derecho a elegir el diseño de sus viviendas, conceptualizando lo físicamente construido como una donación que realiza el Estado a estas familias, y como tal­ debe ser aceptada en las condiciones que sea. Por tanto, al ser un regalo en una situación de necesidad no necesariamente la vivienda debe ser bella; negando radicalmente el derecho a la belleza que tienen también las personas de menores recursos. Uno de los funcionarios entrevistados así lo explicaba para justificar la falta de espacios de participación de los usuarios de las viviendas en sus diseños (este discurso también se escuchó de manera reiterada por parte de los propios destinatarios de la vivienda):

En general no hay participación de los beneficiarios. Te explico por qué. Ponele el caso que tengo que proyectar un conventillo para doce familias. Si yo tengo que hacer participar a las doce familias voy a tener que diseñar doce unidades distintas, uno para cada familia. Entonces a mí me parece que es mucho más justo –y sobre todo teniendo en cuenta que se trata de obra pública– que todos reciban lo mismo. Yo [hablando por el Estado] ya te estoy satisfaciendo la necesidad que estas planteando, si vos tenés una familia de tantos habitantes vos necesitas una vivienda de tantos dormitorios y listo, les entregamos las viviendas con todas las reglamentaciones aprobadas, ¿qué más? Porque es muy difícil sentarse y decir miren muchachos, tenemos que resolver el Código de Planeamiento, el Código de Edificación, esto que vos me decís no se puede hacer porque el Código dice… Sería una discusión interminable, ¡interminable!, complejizaría demasiado el proceso y sobre todo porque les estamos dando viviendas de muy buena ventilación, muy buena superficie, muy buena terminación, estamos hablando de viviendas en la que viviríamos cualquiera de todos nosotros, la verdad que con lo que les entregamos alcanza… (Entrevista E. CABA. Agosto 2013).

Como se verá más adelante con el análisis de los casos de la Ley 341, este discurso dio cuenta de una falsa concepción de diseño participativo. Pelli (2010) plantea que, a pesar de la buena disposición que tengan los representantes del Estado para brindar soluciones habitacionales a quienes lo necesitan, suelen identificar las formas de vida de las familias “ayudadas” como situaciones de degradación y al “resolver” las carencias de los “ayudados” con soluciones de hábitat propias de su cultura se cree estar brindando una “ayuda”, cuando muchas veces termina sumando un nuevo problema para las familias de escasos recursos. En numerosas ocasiones, lo físicamente construido no se adapta a las necesidades culturales y habitacionales de los usuarios de las viviendas, trayendo como consecuencia situaciones de hacinamiento y cohabitación, alteraciones de lo construido y procesos de desapropiación de la vivienda, entre otra cantidad de problemas:

Sin la debida actitud de apertura hacia diferentes escalas de valores, y la debida tarea de diálogo y negociación entre las dos culturas que entran en contacto a través de –entre otras cosas– la donación, muchas veces inconsulta, de piezas de hábitat, la vivienda, pensada quizá como solución, termina sumándose a la lista de problemas (Pelli V. S., 2010, pág. 46).

Por ende, los modos de producción del hábitat en sí mismos tienen la capacidad de introducir diversos patrones de relación social entre los actores involucrados, ya que según el modo de producción por el que se opte se pueden desarrollar procesos productivos que estimulen una experiencia educativa basada en la equidad entre los actores intervinientes o, por el contrario, una experiencia de re-afirmación de un patrón cultural de subordinación y/o sometimiento.

Retomando las categorías de participación de Cabrero (2004) e Ilari (2003) para analizar los casos de llave en mano bajo estudio, la intensidad de la participación de los destinatarios de los programa es nula, pues los adjudicatarios de las viviendas asumieron un rol de receptores pasivos de las prestaciones que ofreció el Estado, sin espacio alguno en la práctica de concebir y diseñar las viviendas de las que luego fueron sus usuarios. Pero no sólo eso, cuando se dieron instancias de participación del destinatario fueron de tipo consultiva, desempeñando un rol omitido (De la Mora, 1992; 2002) por los funcionarios, desde una perspectiva de homogeneización del perfil de las poblaciones destinatarias (“si son población en villa hay que hacerles tal vivienda, si viven en conventillos hay que hacerles tal otra” se escuchó decir en las entrevistas) desde patrones culturales que suelen ser muy distantes a los vividos por la población destinataria.

Ahora bien, el diseño de las viviendas en las experiencias desarrolladas por autogestión en el marco de la Ley 341 y el PAV también asumió características particulares, pues se verificó que si no existió una real participación de los adjudicatarios en el diseño y concepción de sus viviendas, no fu simplemente por tratarse de procesos autogestionarios, sino que dependió de las características particulares de cada cooperativa y del modo en que cada una de ellas decidió llevar adelante el proceso autogestionario; pero también, y fundamentalmente, del modo de trabajo del arquitecto (o de él en el marco del ETI). Nuevamente en estas experiencias se verificó el rol fundamental que desempeñan los profesionales en la instancia de diseño de las viviendas.

Profundizando en los casos de estudio, dentro de las experiencias autogestivas también se verificaron casos de participación omitida (De la Mora, 1992) en el diseño de las viviendas. Esta situación, por ejemplo, se registró en dos cooperativas que constructiva y estéticamente son muy similares. Al indagar en las entrevistas realizadas sobre el proceso de diseño de las viviendas, se reveló que ambas cooperativas compartían ETI y, fundamentalmente, arquitecto. Los espacios de participación habilitados en relación al diseño de las viviendas en ambas cooperativas se limitaron a ser de carácter informativo de las características del proyecto constructivo y las posibilidades de modificaciones se redujeron a las terminaciones (imposibilitando cambios de carácter estructural mediante la justificación técnica de poca disponibilidad de espacio y/o reducido presupuesto para realizar modificaciones sustantivas –desde la imposición de una dominación guiada por una lógica de un saber específico–).

Esperen, voy a hacer un alto ahí con esto de la maqueta, ¿Cómo fue? ¿Les trajeron una maqueta de esta obra? / Sí. / ¿El arquitecto les trajo una maqueta? / Sí, nos dijo cómo iba a construir y nos explicó cómo iba a ser el departamento una vez terminado. Y si no estábamos de acuerdo con algo se lo podíamos decir. / ¿El arquitecto ya había diseñado el proyecto? / Es un plano, él ya lo había preparado. / ¿Y si ustedes no estaban de acuerdo con algo? / Se lo podíamos decir. La presentación en maqueta sirvió para explicarnos. En el IVC nos preguntaban si sabemos cómo va a ser la casa y nosotros dijimos que no nos habían explicado, y no es que uno lo dice para contrariar al arquitecto, sino que no nos había explicado hasta ese momento. Entonces por eso [el arquitecto] presentó la maqueta, y nos explicó todo después de eso, como eran los diseños y las dimensiones. Cuando se presentó era al otro lado la construcción, pero para abaratar costos, se cambió de este lado, o sea la puerta principal era al otro lado, pero por el desnivel del terreno se tuvo que cambiar para este. Era más fácil hacer la sub-muración de un metro en este lado que en el otro. En otra oportunidad, después de la maqueta, nos trajo impresos los planos, cuando ya el proyecto estaba presentado. / ¿Le pidieron cambiar algo del diseño que había hecho? / No, no se podía porque él decía que era una sábana justa, “te querés tapar la cara con la sabana, te quedan los pies destapados”. O sea, desde el principio ya sabíamos que era un presupuesto ajustado…, y bueno, el arquitecto es el que sabe, ¿no? (Entrevista A10. Coop. 28 de Junio-PAV. CABA. Mayo 2013).

Tal como se puede ver en las fotos de ambas cooperativas a continuación, se trató de dos diseños casi mellizos con nada que impidiese diseños distintos por parte del profesional arquitecto:

Imagen 8: Foto de fachada externa Coop. Luz y Progreso (doce familias)
y Coop. 28 de Junio (diez familias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Estos proyectos llave en mano operaron con una homogeneización del perfil del destinatario y la omisión de la participación de los usuarios de las viviendas por parte del profesional del ETI. Un entrevistado de la cooperativa Luz y Progreso dio su parecer sobre esta cuestión:

El primer arquitecto nos hizo una maqueta y nos informó todo, pero algunas cosas no nos decía. Además se peleó con el IVC. Pasa que es muy amplio el tema de los arquitectos […] La 341 estaba empezando a florecer, y ellos pensaban “no tengo trabajo, me anoto como un equipo técnico de IVC y tengo plata”. Nos vieron como gente analfabeta, fácil de manejar, eso sentimos nosotros que ellos pensaron “a estos tipos los manejamos a nuestro antojo y hacemos negocio” […] las cooperativas somos una changa para los arquitectos […] muchos se metieron para ganar plata con nosotros (Entrevista A2. Coop. Luz y Progreso-PAV. Abril 2013).

No obstante estas experiencias aisladas, la mayoría de las cooperativas de vivienda participaron en el diseño de sus unidades habitacionales de manera consultiva, a partir de instancias que fueron desde prácticas de opinión hasta prácticas de decisión (De la Mora, 1992; 2002), registrándose grados (Ilari, 2003), intensidades (Cabrero, 2004) y calidades (De la Mora, 1992; 2002) participativas muy variables. En este sentido, en la mayoría de las experiencias consultadas, el procedimiento de diseño de las viviendas no nació de los cooperativistas que llevaron adelante los procesos autogestionarios mediante talleres de diseño colectivo (más adelante se profundizará en este concepto), sino que fueron los propios arquitectos de sus ETIs los que definieron –a priori– el diseño constructivo de sus viviendas y de los complejos habitacionales (en base al censo de familias que previamente construye el área social del ETI). Luego, estos diseños preliminares, fueron presentados a los integrantes de las cooperativas para obtener sus opiniones e impresiones. Es decir que la consulta a los usuarios de las viviendas se dio, en la mayoría de los casos, en base a un trabajo previo de diseño de los arquitectos. Hubo situaciones en donde las intervenciones de las cooperativas plantearon modificaciones sustantivas a los proyectos de los arquitectos, e incluso hubo rechazos y adecuaciones a sus gustos y necesidades, que a veces chocaron con limitaciones presupuestarias o de normativa:

¿Cómo fue la relación con los arquitectos? ¿Cómo empezaron a diseñar el edificio? / Bastante buena, ellos empezaron a diseñar y nosotros les dijimos algunas cosas que queríamos, por ejemplo, que nosotros queríamos tener terrazas y eso lo hicieron ellos. Y después siempre está el diseño hecho bajo las ordenanzas municipales, como dice que se tiene que hacer el diseño en la municipalidad. En ese momento hace diez años atrás algunos tenían un hijo y hoy por hoy tienen 3. Pero qué vamos a hacer, ya peleamos por el techo […] / ¿Y el arquitecto les mostraba los planos? ¿Podían decidir, participar? / Siempre. El arquitecto mostraba los planos y nos preguntaba si nos gustaba, nos contaba cómo iba a ser y cuando estaba en la computadora nos mostró, nos gustó y le dijimos que sí. / O sea, ¿él venía con su propuesta y ustedes decidían si les gustaba o no? / Claro. Él [el arquitecto] tiene una oficina bastante amplia y ahí tiene las computadoras, nosotros íbamos ahí. Y a veces venía con el dibujito impreso y era una maravilla. Así que sí, decidimos nosotros (Entrevista A4. Coop. Madres 27 de Mayo-PAV. CABA. Abril 2013).

Imagen 9: Foto de terraza Coop. Madres 27 de Mayo (doce familias).
CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Los arquitectos nos decían cómo convenía hacer y nos manejaban un poco, pero algunas cosas sí peleamos nosotros, por ejemplo, ellos querían conservar los mismos cerámicos y reciclar todo, para mí algunas cosas no servían, o sirven hasta cierto punto, pero si las laburas bien, ese es el tema. / ¿Ellos hicieron un diseño de cómo reciclar todo y se los trajeron a ustedes? / Sí. / ¿Y ahí participaron todos los integrantes de la cooperativa? / Sí. Lo único que pedíamos era que hagan bien el tema pluvial y el pasillo. Eso funciona ahora. Las primeras veces no funcionó porque como había quedado material, tierra, se inundaba, pero en las últimas inundaciones que fueron las más fuertes, no entro agua ni nada. […] / ¿Hay espacios colectivos? / La oficina de la cooperativa que actualmente no está funcionando. / ¿Ese espacio se diseñó desde el proyecto? / Sí. / ¿Fue una idea de ustedes o del arquitecto? / Fue nuestra idea, figura como altillo y como tal no lo consideran vivienda. Es un lugar mucho más chico que este, acá hay 5 metros de alto, paredes altas, como eso no se podía considerar vivienda lo tomamos como administración o para guardar cosas de limpieza (Entrevista A6. Coop. La Ribera-PAV. CABA. Abril 2013).


¿Quién diseño del edificio? / El arquitecto lo diseñó, es un proyecto de él. / ¿Pudieron hacer alguna modificación? / Sí, modificamos. Cada quince o veinte días nos juntábamos con él y le decíamos todo lo que queríamos cambiar. / ¿Él les iba mostrando cómo iban a quedar las modificaciones? / Sí claro, a mí se me ocurrió poner ese detallecito de los tres vidrios, el vecino del fondo no quería esta pared porque quería un living comedor grande y detalles de ese estilo si pudimos modificar […] / ¿Cada uno iba pidiendo una modificación en su departamento una vez que lo tenía asignado? / Se hizo todo lo bruto y después en el interior corría por cuenta de cada uno, las modificaciones que quisieran hacer. Yo no hice casi nada, el único detalle fue el vidrio, no pedí nada más, pero algunas familias si hicieron bastantes modificaciones, cada uno de acuerdo a su necesidad, o quien puede más o menos. Cada familia ha decidido que hacer dentro de su casa, quedó por cuenta de cada uno (Entrevista A8. Coop. Sembrar Conciencia-PAV. CABA. Mayo 2013).

También se dieron situaciones en las que los cooperativistas, a pesar de tener esas instancias de participación para realizar modificaciones en los diseños constructivos de sus futuras viviendas, no las utilizaron, aceptando la propuesta de los arquitectos:

Nosotros siempre creímos mucho en él [el arquitecto], que era nuestro director de obra, porque después había otro arquitecto acá adentro. Pero él era el que siempre armaba los diseños y esas cosas, y nosotros lo que discutimos por ahí fue la altura de acá, que quisimos subir más el techo, pero prácticamente con sus diseños estuvimos de acuerdo, él es el que sabe, fue participativo porque se nos mostró y nos dijo cómo iba a ser la vivienda. Actualmente también se procede de esa forma. Esta es la tercera o cuarta etapa y esto ya se presentó, están los planos pegados en la cocina. Es bastante comunicativa la cosa, y si no lo es, la cooperativa siempre llama y grita (Entrevista A1. Coop. El Molino-PAV. CABA. Marzo 2013).


¿Pero ustedes participaron de los proyectos? / Yo sí. / ¿Y cómo fue esa participación? / Cuando íbamos a empezar a construir nos mostraron maquetas de cómo iban a ser las casas, nos explicaron cómo era el tema del hormigón, de todo. [El arquitecto] nos explicaba y nos hacía llevar a todos los socios y nos contaban cómo iban a ser las casas. Nos enseñaban todo. / ¿Y ustedes si querían cambiar algo podían modificarlo? / Si. / ¿Hicieron modificaciones del proyecto original? / No, nos pareció re lindo. / Pero el arquitecto venía, mostraba un dibujo y ustedes opinaban si estaba bien / Claro (Entrevista A5. Coop. Alto Corrientes-PAV. CABA. Abril 2013).


¿El diseño del edificio lo hizo el primer arquitecto? / No, el segundo, porque el primero todo lo que hacía se lo rebotaban. / ¿El segundo arquitecto cambió todo el proyecto del primero? / Claro, hizo dúplex y le salieron más departamentos, porque ganó altura y nos dieron más dinero para el préstamo, era más viable… / ¿Ustedes participaron en algo de ese proyecto? ¿Se los mostró? ¿Estaban de acuerdo? / Sí, por supuesto. / ¿Plantearon algún tipo de modificación? / En algunos departamentos sí. De entrada ya sabíamos a quién le iba a tocar dúplex, eso era fácil, había cuatro en primer piso y dos en el último. Cuando ya más o menos estaba armado algunas cosas modificábamos como por ejemplo espacios de heladera acá, que lo cambiábamos allá, la mesada más grande, los que quisieron, los que se pusieron a mirar el plano y se tomaron el tiempo, había otros que así que como vino, quedó, pero bueno el arquitecto XX[2] es joven, tiene muchas ideas y como habíamos llegado al cuarto piso me propuso hacer cocinas tipo isla, trajo un dibujito, nos gustó y del cuarto para arriba las cocinas son distintas, ahora con los planos de Almirante Brown ya nos trajo como cuatro o cinco diseños, vamos cambiando, porque también hay que ver las necesidades habitacionales viste, por ejemplo nos había hecho uno con cinco dúplex pero mínimo necesitamos ocho y ahí si cambió un poco (Entrevista A15. Coop. COFAVI-PAV. CABA. Junio 2013).

Al rastrear los motivos de estas actitudes de aceptación surgieron distintas justificaciones entre los entrevistados. Una de ellas –y más común– relacionada con que al momento de comenzar con el diseño de sus viviendas aún existía entre los destinatarios cierta desconfianza en que efectivamente esos diseños se concretaran en la práctica. Gran parte de la población destinataria del PAV, al vivir desde hace muchos años en situación de vulnerabilidad habitacional, fueron ilusionados en numerosas oportunidades con planes o promesas estatales que nunca se concretaron en la práctica, por lo que muchos de ellos, aún con terreno y en instancia de diseño de sus futuras viviendas, participaban de los espacios con cierto recelo y desconfianza, aceptando sin cuestionar lo que les ofrecieran –sea cual fuere el diseño– con tal de lograr su objetivo tan preciado: acceder a una vivienda digna. Por otro lado, en relación a esto último, se notó una falta de apropiación del derecho que ellos poseían a poder elegir sus viviendas, pues con tal que sea una vivienda para ellos era suficiente.

También surgió que la falta de cuestionamiento a los diseños realizados por los arquitectos se debió a que los consideraban basados en un saber técnico del cual ellos carecían, pues se autoevaluaban sin herramientas para poder cuestionar a un profesional en su trabajo (denotando claramente el rol de poder simbólico con que cuentan los profesionales en estas instancias participativas):

Volvamos al tema del proyecto, ¿lo trabajaron con el arquitecto, él trajo el proyecto? ¿Cómo fue? / Sí, el arquitecto trajo el proyecto, nosotros en esa época no teníamos mucha idea de lo que se hablaba, como la mayoría se vino a vivir acá a Capital para vivir dentro de una habitación, pocos vivieron en departamentos y cuando nos hablaban de dimensiones no lo podíamos relacionar, teníamos que verlo en concreto para saber de qué se estaba hablando. Cuando se empieza a construir y se empieza a ver el armazón, el hormigón, ahí empezamos a dimensionar. / ¿Y él les mostró los planos? / Sí, nos mostró los planos, nos explicó, todo. Los que entendían algo de construcción habrán entendido el proyecto. Hoy cuestionan que las casas son muy pequeñas, pero en ese momento lo aprobamos, porque también pensábamos que ante nada, esto algún día iba a ser nuestro e íbamos a tener la solución de la vivienda. / ¿El arquitecto no hizo talleres para que puedan tomar noción de las medidas? / No. / Cuando vino el arquitecto a mostrarles el plano ¿alguien planteo algún cambio al arquitecto? / No planteamos muchos cambios porque no podíamos dimensionar. / ¿Eso se les presento como un impedimento? / Sí, él nos presentó los planos y estábamos todos porque era obligación –ese día había que estar todos porque había que aprobarlos–, se habían hecho algunas modificaciones ese día, pero básicamente el arquitecto planteo: es tanto, somos tanto, las divisiones serían tantas viviendas y dentro de lo reglamentado estamos justos, ni un centímetro más ni uno menos, dentro de lo reglamentado no podemos hacer más nada (Entrevista A12. Coop. El Palomar-PAV. CABA. Junio 2013).

Algo significativo para este análisis fue que en relación a los profesionales también se pudo verificar cierta falta de capacitación de su parte para poder trabajar, de manera participativa y sin una sensación de deslegitimación de su rol profesional, con las preferencias y gustos de los moradores de las viviendas. Basados en ese saber técnico, normativo, legal y legítimo en numerosas oportunidades se registró de parte de ellos el cierre a toda posibilidad de participación, sin consideración y/o evaluación de alternativas más adecuadas para los moradores. Ante esto, la cuestión de la capacitación de los profesionales surgió como un vector fundamental de cara al éxito de los proyectos de autogestión de hábitat popular. Pues como planteaba Pelli (2010) anteriormente, estos profesionales se deben capacitar en la utilización de herramientas e instrumentos que habiliten canales que permitan a los destinatarios introducir sus criterios de hábitat en la gestación y/o diseño de las viviendas en la que van a vivir y que, además, estimulen las prácticas autogestionarias y cooperativas de los mismos. Se ha visto que en gran parte de las experiencias los cooperativistas lograron colar pautas culturales y criterios de hábitat a través de su participación, produciendo modificaciones en sus viviendas que si bien no fueron estructurales sí tuvieron importancia. Sin embargo, se introdujeron desde los parámetros de los profesionales, es decir que estas viviendas fueron concebidas por los arquitectos y esa concepción fue modificada por sus usuarios mediante un proceso de re-apropiación de los proyectos, pero no fueron concebidas por los usuarios con acompañamiento de los profesionales. De cualquier manera, se verá en los próximos capítulos el impacto de estas re-apropiaciones.

Ahora bien, vale la pena consignar que también existieron experiencias autogestionarias en las que el proceso de diseño fue deliberativo (De la Mora, 1992; 2002) y con altos niveles de participación (Ilari, 2003), en donde se desarrollaron incipientes prácticas de diseño participativo[3] mediante talleres colectivos y los usuarios definieron sus viviendas desde pautas culturales propias con el acompañamiento (desde un rol técnico) de los profesionales:

El arquitecto traía lo que era el proyecto y lo debatíamos entre todos. Este edificio no iba a ser así, primero porque al principio tuvimos otro arquitecto que fue el que hizo un primer proyecto, pero la gente no quería el primer proyecto, era feo. Después con el segundo [arquitecto], hacíamos reuniones, y él nos llevaba en maqueta el proyecto del edificio desarmado. / ¿Llevaba una maqueta desarmada? / Sí. Él venía y empezaba a poner en la pared cómo iba a ser el proyecto en sí y explicaba cómo iba a ser el edificio, las medidas de los departamentos, si iba a tener más o menos luz si lo poníamos de una manera o de otra, que tenía que quedar el pulmón del edificio y así sucesivamente y nosotros íbamos definiendo. / ¿El venía con un proyecto en miniatura y se los mostraba o en conjunto iban armando el proyecto? / Sí claro, en conjunto y la gente participaba sobre el diseño, los balcones, las ventanas. / ¿Ustedes plantearon alguna modificación? / Sí claro, ¡todo!, no me acuerdo cuantos departamentos iba a tener, pero es totalmente distinto a esto y era muy cerrado, ese proyecto [en referencia al primer proyecto del primer arquitecto] no nos gustó y quedó afuera, después el nuevo arquitecto trabajó un poco más con nosotros y apareció este proyecto que se ve ahora construido. / En base a todas las cosas que ustedes le dijeron que querían… / Sí, la idea del primer presidente fue aprovechar la luz solar, cosa que el primer proyecto no tenía, que se aproveche bien la iluminación natural. / ¿Este patio estaba en la idea original? / No, o si estaba tenía otra forma, más chico, más forma de un cajón tenía el otro proyecto. El original tenía departamentos alrededor del patio. Después vino un cambio y ahora este tiene dos cuerpos, son departamentos muy luminosos (Entrevista A9 Coop. Uspallata-PAV. CABA. Mayo 2013).


El diseño de esta cooperativa fue trabajado sobre la mesa, en cada reunión, cada modificación consultando “chicos qué les parece, les parece bien o mal, saquemos esto o lo otro”, todo acordado, nada de tomarnos atribuciones tanto presidente como arquitecto para hacer lo que quisiéramos, nada que ver, acá participo toda la gente. / ¿Y cómo fue el proyecto antes con la anterior arquitecta? / De la misma manera. / ¿Cómo la arquitecta empezó a trabajar con ustedes? / Ella nos trajo la maqueta. / ¿Les traía maquetas, no los planos? / Hizo primero un estudio entre todos de lo que queríamos, hizo varios planos, anteproyectos, nos consultó metro por metro, la capacidad de las habitaciones para cada uno. Vos fíjate que yo tengo un departamento acorde más o menos para mí […] Tuvimos muchas discusiones por eso. / ¿Y les explicaban por qué cada cosa iba en cada lugar? / Si, él nos traía una propuesta y sobre lo que traía él nosotros sugeríamos modificaciones. Muy democrático todo. 7 ¿Cuánto tiempo duró eso? / Fue rápido, no fue tan difícil, porque en muchos casos hay muchas peleas por eso. En nuestro caso fue elegir el lugar cada uno, sobre el plano, algo insólito, en otros casos se toman por puntos y cuando terminan de construir se dice que el socio que tiene mejor punto puede elegir el mejor lugar, el que no participó nada se le da el peor lugar. Acá no, porque todos participamos iguales, siempre tratamos de hacer la igualdad en general para todo (Entrevista A7. Coop. Caminito-PAV. CABA. Mayo 2013).

Una profesional de uno de los equipos técnicos del PAV también comentó en situación de entrevista del trabajo de diseño participativo que estaba realizando con una cooperativa que al momento de cierre de este trabajo aún estaba en obra:

También los cooperativistas podían decidir sobre el diseño de las obras y las terminaciones de obra, por ejemplo. Se hacían talleres para trabajar eso entre todos… Una vez armamos un taller para trabajar las dimensiones de los departamentos que estuvo excelente. El arquitecto trajo dibujado un departamento en una escala trabajable y el dibujo de los muebles, y los cooperativistas tenían que ir llenando o decorando sus casas. Fue muy bueno porque vivenciaron sus propias casas y además se dieron cuenta de las dimensiones que tendría cada departamento, qué entraría y qué no, y en base a eso empezaron a tomar decisiones (Socióloga, ETI de Coop. Independencia. CABA; agosto 2010).

En estos casos, la participación social de los moradores se dio como un proceso de apropiación del ejercicio del derecho a una vivienda digna y a un hábitat adecuado (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006; Bordón, 2003). Según cooperativistas entrevistados, una de las potencialidades que ofreció el programa fue la posibilidad de diseñar proyectos en función del tamaño y características de las familias (teniendo en cuenta la composición de las familias por cantidad, sexo y edad, previendo constructivamente impedimentos físicos de algún integrante, preferencias de diseño y posibilidades de crecimiento interno de las viviendas, entre otros) y de sus gustos y preferencias. Un referente de una organización social que nuclea cooperativas del PAV decía:

Lo bueno que tiene esta ley es que el dinero que baja el Estado va a las organizaciones y estas son las que lo gestionan, la autogestionan. Esa es la parte rica del programa. Esto no es por licitaciones ni va al ministro, ni nada. Y ellos a través de las certificaciones controlan qué es lo que hacemos con la plata que ellos nos dan. Y nosotros elegimos, elegimos la casa que queremos y la diseñamos como queremos y la construimos como queremos, con controles obvio, como debe ser, pero como queremos (Entrevista O. CABA. Julio 2010).

6.1.2 La producción de las unidades habitacionales

La instancia de producción de las viviendas diseñadas también habilita y/o obstruye instancias de participación para distintos tipos de actores que participan del proceso. Por ello a continuación se examinan los actores que intervienen en esta instancia y se realiza un análisis minucioso de los costos de cada modo de producción.

6.1.2.1 Grandes empresas constructoras versus empresas cuasi-familiares y cooperativas

En todos los casos de estudio llave en mano, sea cual fuere la operatoria, el modo de producción de las viviendas estuvo bajo control empresarial, es decir, la producción de las unidades habitacionales fue ejercida por empresas constructoras que accedieron a la producción vía procesos licitatorios emprendidos por el IVC. No obstante, en las entrevistas fue posible rastrear diferencias vinculadas a la escala de las empresas que participaron en estas licitaciones. La escala de las obras se presentó como uno de los factores determinantes del tamaño de la empresa a licitar, ya que en función de las características que asumían las obras se requirieron empresas con determinadas condiciones de infraestructura física, técnica y financiera, convirtiéndose esto en un filtro de acceso a los procesos licitatorios. En este sentido, los grandes complejos habitacionales construidos por el Programa Viví en tu Casa, por sus escalas y los niveles de complejidad de sus construcciones (no es lo mismo construir un edificio de diez viviendas que uno de doscientas), requirieron de empresas que contaran con maquinarias constructivas también de escala y de alta sofisticación técnica y con un significativo capital financiero que funcione de respaldo económico de las obras a lo largo de su ciclo de construcción (para el pago de honorarios a profesionales y mano de obra, el acopio de materiales de construcción, gastos de servicios, seguros de vida, etc. y también prevenir cualquier imprevisto con la fluidez de fondos por parte del IVC). No ocurre lo mismo con los Programas de La Boca y ExAu3, en donde los complejos fueron de más pequeños, con promedios de viviendas de veinticinco unidades; por lo que las empresas que participaron en estos procesos licitatorios también fueron más chicas y no requirieron de un capital económico tan voluminoso para el respaldo de la obra (pues se requiere menor cantidad de mano de obra, menos seguros de vida, un inferior acopio de materiales y también se reducen los gastos de servicios). No obstante ello, al analizar el listado de las empresas que participaron en estas licitaciones (ver tabla de los casos de estudio en el capítulo 4) se pudo verificar que fueron las mismas tres o cuatro empresas las que monopolizaron la obra pública a pequeña escala, en parte porque, al igual que las grandes, son conocedoras de los procesos licitatorios y la burocracia estatal y también porque vieron en la obra pública un nicho a explotar en tiempos de crisis en el sector. Funcionarios del PRHLB y de la Gerencia de Proyecto del IVC así lo explicaban:

En general las empresas que participan son grandes, en La Boca construye mucho la empresa Ajimez, del arquitecto XX[4], que no es tan grande y ha ganado varias licitaciones…, pero sí, son muy grandes y tienen un pool, que conocen la obra pública, cómo es la presentación de los pliegos, las demoras y pueden bancar en tiempo y plata la obra hasta que le bajen la plata… Hay otras empresas a las que no les interesa el trabajo con la obra pública. Y las empresas bien chicas, al tener tantos requisitos, con seguros, no entran […] sí se contratan empresas más chicas o cooperativas para obras de emergencia, por ejemplo en el programa de La Boca, la dilatación de las obras es tal que hubo que ir haciendo obras menores, de apuntalamientos y ahí si intervienen empresas más chicas (Entrevista H. CABA. Julio 2013).


Hay empresas constructoras grandes, chicas. Las empresas constructoras grandes no se presentan para la construcción de diez viviendas, no les conviene. Hay empresas más chicas, que prefieren hacer uno o dos conjuntitos de viviendas así, como el que citaste vos recién de la 341 o el de Alvar Núñez y hay otras empresas que están más preparadas para hacer viviendas en torres, más grandes. Ninguna de las empresas que están hoy trabajando en Casa Amarilla nunca se han presentado a hacer un conventillo de diez o doce viviendas, para ellas se presentan otras empresas que tienen otras escalas de trabajo, otras escalas de valores generales. Cuando el proyecto es más grande necesita de empresas que desplieguen toda su infraestructura. Es como que se descartan naturalmente entre los oferentes y está abierto a todo el mundo. / ¿Y no se presentan a licitar cooperativas de trabajo? Por ejemplo, en un momento estaba el MTL que construyó por 341… / No, no lo tengo presente, por lo menos nosotros no lo hemos visto acá. Puede ser que quizás trabajen como subcontratadas, yo no lo conozco. Una cooperativa no tiene el capital económico y social para presentarse seguramente. No al menos en forma directa (Entrevista E. CABA. Agosto 2013).

Imagen 10: Foto de fachada externa en obra. Complejo Parque Avellaneda y Casa Amarilla. Viví en tu Casa. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Pero además se verificó que existió un manejo implícito por parte de las empresas constructoras –de cualquier tamaño– de la presentación en los procesos de licitación. De las entrevistas realizadas con funcionarios del IVC, conocedores de los procesos licitatorios, y arquitectos participantes de la Ley 341, que intentaron ser partícipes de las licitaciones, se evidenció que las empresas que habitualmente participan de estos concursos, al ser siempre las mismas, acuerdan de antemano los costos que van a presentar al IVC para salir ganadoras –o viceversa– en las licitaciones. Mediante esta estrategia las tres o cuatro empresas monopólicas del sistema ponen en práctica un sistema de turnos que les garantiza a los integrantes de este pool acaparar toda la obra pública disponible y asegurarse trabajo continuado –para todos– en el mediano-largo plazo.

Ahora bien, es importante mencionar que uno de los proyectos ejecutados en el marco del Programa Viví en tu Casa, el de Parque Avellaneda, presentó una particularidad que lo diferenció del resto. La obra se dividió en cuatro parcelas licitadas a distintas empresas: una a la empresa Performar (aún por iniciarse), otra a la empresa Regam (con algún grado de avance) y otras dos parcelas a la empresa Green S.A. No obstante, en el proceso licitatorio, el presupuesto más bajo presentado para la ejecución de las obras fue el del Movimiento Territorial de Liberación (MTL) a través de su cooperativa de trabajo EMETELE Ltda. (integrada fundamentalmente por población desocupada y puesta en marcha para la ejecución de su propio complejo habitacional a través de la Ley 341). Por no reunir los requisitos de respaldo financiero y físico exigidos por los pliegos de licitación para llevar adelante una obra de semejante envergadura, la cooperativa fue descalificada en el momento adjudicatario y finalmente la empresa Green S.A. resultó la ganadora del concurso. Sin embrago, dicha empresa contaba con toda su infraestructura en la Provincia de San Luis, con lo cual le convino reducir costos sub-contratando a la cooperativa EMETELE Ltda. en lugar de trasladar parte de su empresa a la CABA. En este sentido, entonces, la cooperativa EMETELE Ltda. se convirtió en subcontratista principal de la obra, mientras que la empresa Green S.A. conservó su lugar de contratista principal ante el IVC. En la distribución de funciones entre los dos actores, Green S.A. se encargó de las adaptaciones del proyecto de obra, de la dirección de la misma y la provisión de los materiales necesarios para la construcción –acopio–, y la cooperativa Emetele S.R.L. asumió bajo su responsabilidad el proceso de ejecución de la obra (desde las fundaciones de cada edificio hasta su terminación). La cooperativa, a su vez, empleó subcontratistas para ciertos puntos específicos de la obra, como la elaboración de la playa de estacionamiento y la instalación de cerámicos. Más allá de las características que asumió este proceso de construcción con la empresa Green S.A., para el MTL significó la posibilidad de consolidar un espacio de organización colectivo y recuperar la cultura del trabajo en sus integrantes a partir de la construcción de su propio complejo, considerando que esta formación específica podía promover –posteriormente– el acceso a un trabajo estable entre los integrantes del movimiento (Ostuni, 2010).

En cambio, en los procesos productivos autogestionarios de las cooperativas del PAV, fueron otros los actores intervinientes, ya que al ser proyectos de corto alcance en términos de escala de los edificios (el promedio de viviendas por edificio del programa fue de diez a veinte unidades) las empresas fueron de un tamaño más pequeño, sin la necesidad de gran capital e infraestructura de soporte, dado que fueron las mismas cooperativas las que realizaron la contratación y no hubo especificaciones al respecto (tampoco pasaron por un proceso licitatorio). No obstante, las variantes por cooperativa fueron significativas según las características de cada una de ellas y las decisiones que tomaron de manera autónoma los integrantes de las organizaciones. Pues si bien hubo cooperativas que optaron por autogestionar los recursos recibidos por el Estado mediante la tercerización de sus obras a empresas constructoras –tal cual programa llave en mano–, hubo otras cooperativas que contrataron a la cooperativa del MTL, otras que emprendieron sus obras combinando prácticas de autoconstrucción con ayuda mutua y otras que mixturaron ambos procedimientos (construyendo mediante empresa constructora las estructuras y autoconstruyendo el resto mediante contratación de mano de obra y dirección del ETI).

La Cooperativa El Palomar fue parte del primero grupo y contrató para la construcción de su edificio de 55 unidades habitacionales a una empresa constructora mediana mediante un proceso licitatorio propio:

Nosotros después que nos aprobaron los planos en el IVC hicimos una licitación por la web, porque el arquitecto usaba esto de las licitaciones, lo puso en la web para que el que le interesara hacer la construcción de este edificio se presentara, incluso dejó los pliegos en el IVC. Vinieron un par de cooperativas y empresas… / ¿Grandes constructoras? / No, la única grande fue Wairo Sab srl, que había trabajado con construcción gubernamental. Las otras eran chicas, familiares… Cuestión que licitaron, presentaron los precios, los estudiamos con el arquitecto, una de las dos o tres cooperativas que se presentaron tenían por las nubes los precios. Al final nos quedamos con dos empresas, con Wairo y una chiquita, familiar. Los dos se reunieron con el arquitecto y con nosotros, él le hizo un par de preguntas, les pidió un par de cosas que presentaran, una presentó y la otra no. / ¿Cuál presentó? / Wairo (Entrevista A12. Coop. El Palomar-PAV. CABA. Junio 2013).

Con este escenario entonces, dicha cooperativa preparó el terreno (mediante una jornada de limpieza entre los cooperativistas) para entregárselo a la empresa contratada. Se desentendieron del proceso de obra por completo y sólo transferían los fondos a la empresa tras la certificación de los avances de obra realizada por los inspectores del IVC y esperaban la entrega de la llave. Es decir que los cooperativistas se desentendieron de la compra de los materiales de construcción, de la contratación de la mano de obra, de la definición de las instalaciones, de la elección de las terminaciones, entre otras cuestiones que fueron realizadas directamente por la empresa:

Las demoliciones las hicimos los socios para no pagar… Nosotros demolíamos, vendíamos las cosas que sacábamos y nos pagábamos a nosotros mismos, por hora tomamos como hora jornal de construcción tanto y así. De lo que se vendía el resto quedaba para la cooperativa, tierra, chatarra, chapas…, Todo vendimos. (¿Y quién hacia las compras de los materiales?) Estaba encargada Wairo, la empresa constructora, nosotros entregábamos el terreno y ella nos entregaba llave en mano, pero siempre en control y a la par con nosotros. / ¿Ellos manejaban la plata? / No. Nosotros le dimos la construcción el primero de mayo, hicimos una celebración, decidimos laburar con la empresa casi con llave en mano, ellos iban a trabajar el hormigón armado, divisiones, sanitarios, gas y electricidad. Nosotros pagábamos a fin de mes sobre mes vencido, con el certificado […] Ellos tenían la posesión de la obra, nosotros igual controlábamos, les habíamos dicho que los socios podíamos controlar la obra, no sabíamos mucho pero mínimamente venir a ver cómo estaban las cosas (Entrevista A12. Coop. El Palomar-PAV. CABA. Junio 2013).

Imagen 11: Foto de fachada externa y agujero de luz interior. Coop.
El Palomar (55 familias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Ahora bien, este caso no fue el común denominador de las experiencias del PAV. En la mayoría de las cooperativas autogestionadas intervinieron empresas pequeñas y/o familiares y en muchos casos, en alguna etapa de los procesos de producción, involucraron tareas de autoconstrucción guiados por los arquitectos de los ETI y experiencias de ayuda mutua. La Cooperativa COFAVI, por ejemplo, contrató a una pequeña empresa familiar para la realización de la obra y algunos de los integrantes de la cooperativa se integraron como mano de obra en la construcción:

Cuando empezamos esta obra justo mi hijo que trabaja en el tema de la construcción se hizo muy amigo de un arquitecto y entre los dos empezaron a hacer la obra, porque era el director de obra y él nos ofreció su empresa constructora […] Nosotros lo pusimos como monotributista, le pagábamos los seguros, todo. Le dábamos la planilla y le decíamos, “esto es lo que te podemos pagar por esto” y después siempre le dábamos un poquito más porque nos reactualizaban desde el IVC. Así fue como hicimos toda la obra, porque yo pedí presupuesto en muchos lados, pero hasta en dólares nos pasaron los precios. / ¿O sea que no contrataron a una empresa constructora de gran tamaño, autogestionaron la construcción con esta empresa más chica? / ¡Claro! Era él y su familia. Entonces este arquitecto tenía un obrero que era santiagueño y se trajo a toda la familia de Santiago y se pusieron a trabajar. Es que si vos contratas a una empresa constructora, no te alcanza la plata para cubrir. Hicimos todo por autogestión, algunos que sabían de construcción fueron contratados por un jornal, pero ayudados por este arquitecto amigo de mi hijo (Entrevista A15. Coop. COFAVI-PAV. CABA. Junio 2013).

Del mismo modo autogestionaron la compra de los materiales de construcción a lo largo de todo el proceso de construcción de la obra:

¿Los materiales los compraban ustedes? / Sí. / ¿Salían a regatear precios? / Sí. Algunas veces yo y otras mi hijo salíamos a buscar precios, a pelear los precios, al corralón de acá a la vuelta estuvimos bastante tiempo comprándoles, y después guardamos las facturas para darle al tesorero (este, el vecino de arriba [señalando el techo]) para hacer el balance. Y después bueno, con los vocales en general siempre para las reuniones de consejos de administración, el síndico igual… (Entrevista A15. Coop. COFAVI-PAV. CABA. Junio 2013).

Imagen 12: Foto de fachada interna. Coop. Familias Para La Vivienda –COFAVI– (veintidós familias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Este fue el caso también de cooperativas Caminito, Uspallata, Madres 27 de Mayo y Luz y Progreso, las cuales si bien contrataron empresas constructoras pequeñas o familiares para llevar adelante gran parte de la obra, muchos de sus cooperativistas se integraron como mano de obra o serenos de las obras, llevaron un control minucioso de los gastos, reservándose para ellos las tareas de menor dificultad de obra y la compra y acopio de materiales:

¿Quién compraba los materiales? / Nosotros mismos. / ¿No los arquitectos? / No. Nosotros manejábamos el dinero, las cooperativas. Cada sábado veíamos los presupuestos de lo que salían las cosas y al mejor postor íbamos y comprábamos. Nosotros manejamos el dinero completamente y ahí está la clave también de todo esto. Porque si el dinero lo manejan otros no va, lo tiene que manejar la cooperativa, con los socios, con todos. No darle más atribuciones al presidente de la cooperativa de las que tiene que tener, porque hay muchas cooperativas, donde los socios, estúpidos, le dan toda la atribución al presidente y este hace lo que se le canta. […] Las cooperativas tienen que tomarse el tiempo de en cada reunión o cada mes hacer un tipo de balance, a donde está el dinero y cuánto dinero hay. Todos preguntamos acá eso, y es muy valioso que aportemos dinero y que se gaste realmente en lo que se tiene que gastar, no en cualquier cosa, y que se haga una reunión o una convocatoria donde se diga “che, necesitamos esto y esto, ¿qué dicen?, ¿qué opinan? ¿Gastamos el dinero o no?” Y ahí a mano levantada hay votación o se discute o se ven diferentes formas. No le podés delegar eso a otro de afuera o el presidente… (Entrevista A7. Coop. Caminito-PAV.CABA. Mayo 2013).


Es como un monstruo que te va absorbiendo todos los días y el estar, venir, comprometerte desde los materiales, hablar con la empresa, con el arquitecto, manejarnos con el tema de buscar la parte de la herrería, la máquina que haga un estudio de suelo, hacer las cosas porque el arquitecto nos daba tareas. / ¿Ustedes iban al corralón a comprar materiales? / Sí, íbamos, buscábamos precios. / ¿Ustedes manejaban la plata? / Sí claro, venía para una cuenta de la cooperativa en el Banco Ciudad, ahí el IVC iba bajando la plata con el avance de obra. Nosotros hacíamos todo. / ¿Consiguieron buenos precios para materiales? Porque la calidad constructiva de la cooperativa es buena… / Sí, se buscaron precios y siempre con el ok del arquitecto hacíamos acopios de materiales a veces […] / ¿Cómo fue la contratación de la mano de obra? / Para conseguir la primera empresa fuimos con el arquitecto a ver empresas, otros emprendimientos hechos y la calificación de esas empresas ante el IVC, en el caso muy puntual Arco y después Riquelme, algunas otras. / ¿Son medianas, chicas o grandes empresas constructoras? / Esta es chica-mediana, nosotros buscamos varios presupuestos y ahí el arquitecto nos llevó en su camioneta a recorrer. / ¿Ustedes hicieron ayuda mutua? / En algo sí, como por ejemplo levantar piedras y tirarlas a otro lado, limpiar la obra, pintar marcos para que no se oxiden. Después la obra se paralizó como un año y veníamos a cuidar, a limpiar (Entrevista A9. Coop. Uspallata-PAV. CABA. Mayo 2013).


Y XX [el presidente de la cooperativa] iba a los corralones a buscar material y precios… En realidad, buscábamos dos o tres presupuestos y se hacía una reunión a ver que convenía, por qué era más caro o más barato tal o cual material, y después se votaba. Se elegía el que más nos convenía, teníamos que ahorrar. Nosotros preferíamos pagarle a él [al presidente de la cooperativa], valorarle su tiempo entre todos, para que sea una misma persona que dirija la obra y compre los materiales, la idea era no pagarle a otra persona o no contratar a la empresa [constructora] también para eso, que nos salía mucho más caro, entonces elegimos eso (Entrevista A3. Coop. Luz y Progreso-PAV. CABA. Abril 2013).

Imagen 13: Foto de fachada interna. Coop. Uspallata (veintisiete familias), Coop. Caminito (10 familias) y Coop. Madres 27 de Mayo (12 familias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Otras cooperativas, como la 28 de Junio o Crecer, contrataron a la cooperativa de trabajo del MTL para la realización de la obra en base a un criterio de abaratamiento de costos de producción, y también delegaron en ellos la compra de los materiales de construcción:

Nosotros elegimos por un tema de costos, además eran conocidos. Cuando López y Asociados se retira de la obra en construcción había cuatro presupuestos para hacer la estructura del edificio, uno era por $240.000, otro por $210.000 y otro por $170.000 y el MTL envió el mismo presupuesto por $86.000. / ¿Los otros tres eran pequeñas empresas constructoras? / Sí, medianas o chicas. La cooperativa decidió contratar al MTL, después tuvimos unas charlas previas en donde nos decían que en cuatro meses teníamos la loza, en seis meses ya íbamos a estar viviendo, que en un año nos íbamos a mudar, y bueno, la cooperativa decidió firmar el contrato con ellos. […] Y el contrato con el MTL fue que ellos trajeran todos los materiales… Lo único que hizo la cooperativa fue decir “vos me construís la casa, yo lo único que voy a hacer es pagarte” no te voy a comprar hierro ni ningún material…, porque el MTL no compraba sólo para esta cooperativa, sino que compraba para todas las cooperativas que estaba construyendo en ese momento, entonces seguramente conseguía más precio (Entrevista A10. Coop. 28 de Junio-PAV. CABA. Mayo 2013).

Por su parte, para la producción de la obra de la cooperativa EMETELE, el MTL fundó su propia empresa (Empresa Constructora EMETELE Ltda.)[5]. Para su conformación, en un primer momento la cooperativa priorizó a trabajadores militantes del movimiento que se encontraran en una situación económica crítica, no permitiendo el ingreso de más de un miembro por núcleo familiar. El número inicial total de trabajadores fue de entre cuarenta y cincuenta personas. No obstante, a medida que se fue desarrollando la obra y se fueron logrando las certificaciones, fue posible contratar más mano de obra y se decidió incorporar a familiares de los que ya eran trabajadores y trabajadores desocupados del barrio del MTL. El grueso de estos trabajadores tenían nula o poca experiencia previa en tareas de construcción, por lo que debieron aprender en la práctica laboral misma. Para esto, el trabajo efectivo se organizó de manera tal que los más experimentados desarrollaron sus tareas al lado de otros menos experimentados. Los otros aspectos formales de la obra fueron muy similares a los de cualquier empresa: todos los trabajadores fueron contratados en blanco, tanto en el ingreso como en la salida de la jornada de trabajo debían marcar tarjeta, los salarios se escalonaron de acuerdo con la tarea desarrollada y la jerarquía, considerándose también ausentismos y premios, y los ingresos se fijaron acordes a los diferentes ajustes conseguidos por la UOCRA frente al proceso inflacionario. La cantidad de trabajadores promedio de la obra se estimó en trescientos obreros, llegando hacia el final del proyecto a ser unos cuatrocientos. Todas las decisiones de la obra (relacionadas a la técnica, a los tiempos de realización del trabajo voluntario, y/o a las interrupciones de la obra, a la compra de materiales, entre otras) se desarrollaron de manera asamblearia, aproximadamente cada quince días, permitiendo así mantener un diálogo permanente entre los miembros de la cooperativa a lo largo de todo el proceso de obra

En ese momento la discusión en las asambleas era sobre cómo se iba a implementar el proyecto, quienes iban a trabajar […] Todos los que trabajaban eran del movimiento, pero también contratamos compañeros de afuera (porque nosotros de albañilería no sabíamos nada). Entonces buscamos gente dentro de la experiencia popular, albañiles, para que cada oficial, cada uno que sabía levantar una pared tuviera cinco ayudantes nuestros, y así iban aprendiendo. En esa experiencia también trabajaron las mujeres. Para nosotros la autogestión era el hacerlo nosotros mismos, el estar todo el tiempo ensayando, significa gestionar, trabajar. / ¿Gestionaban los fondos? Es decir, ¿cada partida presupuestaria que bajaba del IVC la gestionaban directamente ustedes o se lo pasaban a Pfeifer & Zurdo [estudio de arquitectura que formaba parte del ETI]? / No. Ellos sólo se encargaron del proyecto. Nosotros hicimos la cooperativa, administramos la empresa como cooperativa, administramos el proyecto, contratamos a los arquitectos que nos parecía que nos iban a dar una mano, al maestro mayor de obras y todos los días había una discusión diferente por el tema de los sueldos en blanco. En ese momento nuestro sueño era trabajo en blanco para los compañeros, una jornada de ocho horas de trabajo, buena paga, obra social… / ¿Ustedes compraban también los materiales de construcción? / Todo. Nos encargábamos desde el departamento de compras, teníamos el pañol, todo. / ¿Todos los que hacían esto eran los dirigentes del movimiento o también participaban las familias que iban a vivir? / Todos, los dirigentes y las familias, integrantes del movimiento, por ejemplo, yo en ese momento trabajaba acá y no era parte de la dirección del movimiento, hoy sí. El movimiento decidía, iba ensayando (Entrevista A13. Coop. EMETELE-PAV. CABA. Junio 2013).

Imagen 14: Fotos de fachadas internas y externas. Coop. EMETELE-MTL (326 familias). CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

Otras cooperativas, entre ellas las integradas al Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) –de nuestros casos de estudio la Cooperativa El Molino, que contaba con veintiuna viviendas inauguradas al cierre del trabajo de campo–, involucraron la ayuda mutua[6] como uno de los pilares valorativos fundamentales de la organización. En este sentido, la construcción física de los edificios de viviendas y la construcción política de la organización y de las cooperativas que agrupó se basan en tres ejes fundamentales: autogestión, ayuda mutua y propiedad colectiva, siendo la participación una práctica que atravesó al conjunto de la estructura del movimiento. Para la construcción de las obras, se constituyó un dispositivo tri-actoral, integrado por la cooperativa de vivienda, la cooperativa de trabajo y el ETI. La cooperativa de vivienda fue la que tuvo la función de administrar el crédito, tuvo la responsabilidad sobre la compra de los materiales y la realización de aporte de horas de ayuda mutua por parte de las familias integrantes. Para esto, creó comisiones de seguimiento de obra y de ayuda mutua, las cuales se reunieron semanalmente para evaluar el avance de obra y planificar las tareas de obra de los residentes de las viviendas. La cooperativa de trabajo, es la que aportó las máquinas y herramientas y mano de obra calificada para la ejecución de las obras. Y el ETI, en etapa de obra, llevó la dirección de la misma. El arquitecto del ETI –en el marco articulado de la comisión de seguimiento de obra– es quien definió las tareas a realizar mediante ayuda mutua, a partir de las cuales se desarrolló una programación mensual. Los cooperativistas acordaron una cantidad de horas en función del avance de la obra. La ayuda mutua se desarrolló en tres turnos nocturnos (con mayor concurrencia de socios) y un turno matutino que funcionaba durante los días hábiles. Además, se utilizaron los fines de semana (jornada completa tanto sábados como domingos):

Los tres ejes del MOI son: participación, ayuda mutua y aporte. Entonces más que nada íbamos aprendiendo todo, íbamos haciendo las horas de ayuda mutua, vos venías a trabajar y así ibas tomando la pertenencia de la cooperativa, eso pasa, vos venís a estar todos los días y eso logra formar un vínculo con otros compañeros, como que te afianzas. Fue un gran cambio. […] Tenemos la planificación de trabajo interna nuestra, y dentro de lo que es el cuidado del edificio hay un sereno a la noche, que entra a las diez y se va a las siete de la mañana, después otro compañero de siete a doce, y de doce a diez de la noche hay otras compañeras que están haciendo ayuda mutua, que reciben a la gente que viene a trabajar, así más o menos nos vamos organizando (Entrevista A1. Coop. El Molino-PAV. CABA. Abril 2013).

Imagen 15: Foto de fachada interna y patio común de Coop. El Molino-MOI (21 familias) y Jornada de Ayuda Mutua en Coop. La Fábrica. MOI.
CABA. 2013

Fuente: Fotografías tomadas por Cecilia Zapata.

Ahora bien, es importante remarcar que en todas las cooperativas de vivienda enmarcadas en el PAV se verificó la realización de algún tipo de tarea de obra por parte de las cooperativas que podían ser actividades de limpieza del terreno, de demolición o de terminaciones de la obra (pinturas, instalaciones sencillas).

Nosotros después que escrituramos vinimos, hicimos una jornada acá para cortar yuyos… / ¿Esto era un terreno baldío? / No, acá eran dos terrenos, el de la farmacia y el de la casa. Nosotros vinimos, hicimos una jornada, un domingo acá, recorrimos el terreno, trajimos la gente a trabajar, a desmalezar. A mí se me ocurrió, por ejemplo, que como tenían los pisos de venecitas, podíamos tratar de salvarlas. Estuvimos un domingo todos sacando las venecitas, para hacer un mural cuando se termine el edificio, un delirio. Las venecitas las tuvimos hasta hace un año atrás, pero guardadas en bolsas porque no se puede sacar el cemento, era la venecita finita y tenían abajo un coso de cemento pegoteado, que no se podía sacar. Aparte tenían como 100 años, una locura. Pero fue algo que nos unió también, que sirvió para unirnos (Entrevista A14. Coop. Crecer-PAV.CABA. Junio 2013).


¿Hicieron una jornada de demolición y lo tiraron abajo [en referencia a construcción en ruinas que había en el terreno al momento de la compra]? / Si nosotros trabajamos, y familiares de los socios. Sí, veníamos todos los fines de semana. Tardamos unos seis o nueve meses en limpiar el terreno. Según los vecinos el terreno estuvo veinte años abandonado y los arboles crecían por todos lados. Después de la primera semana pudimos cortar un poco los árboles y hacer un pasillo para llegar hasta el fondo (Entrevista A10. Coop. 28 de Junio-PAV. CABA. Mayo 2013).


Nunca terminamos [la obra] con empresa la constructora. Terminamos con albañiles profesionales que contratamos nosotros junto con la arquitecta y nosotros trabajamos con nuestra mano de obra que no es paga (Entrevista A4. Coop. 27 de Mayo-PAV. CABA. Abril 2013).

Imagen 16: Foto de Jornada de Ayuda Mutua y Limpieza. Coop.
Madres 27 de Mayo. CABA. 2006

Imagen 16_300

Fuente: Tomada por cooperativista de Cooperativa Madres 27 de Mayo.

Por ende, en la etapa de producción de las viviendas –al igual que en el diseño–, la participación de los destinatarios en los programas llave en mano fue nula (Rofman, 2007; Ilari, 2003), sólo fueron receptores de la vivienda una vez terminada (sí tuvieron un alto nivel de participación las empresas constructoras, pero con un criterio de obtención de ganancia). Retomando los conceptos de De la Mora (1992; 2002), los adjudicatarios de las viviendas desarrollaron una práctica de participación omitida, es decir, las personas no participaron porque no les interesó o porque no les permitieron participar (del análisis se desprende que esta última opción tuvo más peso). En cambio, en las experiencias autogestionarias se verificaron diferencias en cuanto a la intensidad (Cabrero, 2004) y el grado (Ilari, 2003) de la participación social en función del modo de organización interno de cada cooperativa. Como se puedo ver, los lineamentos participativos del PAV no necesariamente se expresaron en todas las cooperativas de la misma manera, sino que las decisiones tomadas en los procesos autogestionarios encontraron estrecha relación con las capacidades desarrolladas hacia el interior de las organizaciones, las cuales habilitaron y/o obstruyeron procesos más o menos participativos en la etapa de la producción de las unidades. A mayor involucramiento de los cooperativistas en el proceso autogestionario, mayor fue la participación desplegada por sus cooperativistas. Y esta mayor participación también se hizo explícita en las conversaciones que se tuvieron en el marco del trabajo de campo de esta investigación, pues aquellos que fueron participes en los procesos de autogestión de sus obras (es decir que no delegaron en los representantes de las cooperativas su espacio de toma de decisiones) mostraron un mayor nivel de reflexión y conciencia democrática de la experiencia de la que fueron parte y se constituyeron en reivindicadores de la práctica de la autogestión como herramienta de construcción de ciudadanos activos defensores y conscientes de sus derechos; mientras que quienes no desarrollaron este rol activo reprodujeron un discurso similar al escuchado en las experiencias llave en mano. Así, mientras en algunas cooperativas la participación fue consultiva y de presencia pasiva (ya sea en cooperativas que delegaron las decisiones en una empresa o en el presidente de la cooperativa), en otras fue altamente deliberativa, donde la calidad de la participación fue de decisión (De la Mora, 1992; 2002).

6.1.2.2 Eficientizando el gasto público

El sentido común diría que un tratamiento especial en el diseño constructivo de las obras repercutiría en un mayor costo final de los proyectos, produciendo edificios a un mayor costo que los construidos por las tradicionales empresas constructoras habituadas a levantar grandes complejos habitacionales para el Estado (los cuales no suelen caracterizarse por ser atractivos en sus diseños). Sin embargo, los que se verificó con este trabajo de investigación, es que en el marco de la ley 341 se construyeron edificios a un menor costo constructivo que los complejos construidos por el modo llave en mano, con mejores diseños constructivos (habilitando en muchos casos el acceso al derecho a la belleza para sus moradores) y mejor adaptados a las necesidades culturales y habitacionales (Giglia, 2012) de sus usuarios.

Al tratar desentrañar esta ecuación inversa, lo que se verificó es que las cooperativas, al tener un crédito por un monto fijo para la construcción de sus viviendas, debieron abaratar de la manera que sea posible los costos de obra y de los materiales de construcción para poder cubrir con el crédito el mayor gasto posible de la obra. Por tanto, de manera premeditada, gran parte del grupo de cooperativas empleó estrategias de ayuda mutua y autoconstrucción y de búsqueda, rastreo y regateo de precios en el mercado de la construcción[7] (en los casos más organizados hasta realizaron acopio de materiales para contrarrestar los aumentos por inflación), logrando construir a un costo menor por metro cuadrado que los complejos llave en mano construidos por el estado-mercado: “es muy interesante…, si vos tomás los costos de construcción de las obras que hizo el MTL eran mucho menores que las obras que en ese momento eran en la 1-11-14 y por metro cuadrado había una diferencia significativa” (Entrevista H. CABA. Julio 2013).

Apaolaza (2009) reconstruyó los costos de obra del complejo del MTL, y lo que pudo verificar es que el costo promedio inicial por unidad de vivienda fue de $40.000, incluyendo la reapertura de una calle y otras construcciones no destinadas a vivienda (plazoleta, locales, guardería, salón de usos múltiples, entre otros). Al comparar esta cifra con los costos presentados por las empresas licitadoras de los tradicionales programas llave en mano, se puso en evidencia que la diferencia es sustancialmente mayor: el costo promedio de una unidad de vivienda en estas obras estuvo por encima de los $70.000 (vale recordar que el PFCV sólo cubrió metrajes mínimos, es decir que este monto no tiene en cuenta costos de infraestructura). Se presenta a continuación un cuadro comparativo de los costos promedio de los programas analizados en esta investigación:

Tabla 18: Costo promedio por unidad de vivienda construida según programa bajo análisis. CABA. 2007

Programa

Costo de unidad de vivienda
-en $-

Costo de unidad de vivienda
-en U$S
[8]

Producción estatal llave en mano

Recuperación de la Traza de la ExAu3

61.228,98

19.314,82

PFCV a través del Viví en tu Casa

78.476,31

24.755,83

Rehabilitación del Hábitat en el Barrio de La Boca

76.670,70

24.186,11

Producción autogestionaria
Cooperativa EMETELE – Programa de Autogestión para la Vivienda

40.484,92*

12.770,97

*Este costo cubrió también infraestructura socio-urbana y gastos extras.
Fuente: Apaolaza (2009).

Las viviendas construidas por el MTL tuvieron un ahorro de casi $21.000 en relación a las construidas por el PRTExAu3; de casi $38.000 en relación a las viviendas producidas por el Programa Viví en tu Casa y de casi $36.200 respecto a las construidas por el PRHLaBoca. Las diferencias son sustantivas si se tiene en cuenta que el PAV habilita instancias de participación en la toma de decisiones sobre la futura vivienda que luego quizás redunden en una mayor apropiación de las viviendas (esto se verificará en el próximo capítulo). De hecho, un funcionario de alto rango que actualmente desempeña su función en el IVC reconocía la diferencia de costos:

Nosotros calculamos que aproximadamente por cooperativas están construyendo entre 600/700 dólares el metro cuadrado y hoy en la ciudad se construye aproximadamente a 1.000 dólares el metro cuadrado […] nosotros queremos que sea una ley que funcione para muchas cooperativas. Pero por sobre todo a nosotros nos gusta porque dentro de lo que son las soluciones habitaciones, ofrece el metro cuadrado más barato que conseguimos dentro del IVC, porque la autogestión lo que consigue es que las cooperativas construyen muy barato. Entonces, es un modelo que si lo podemos mejorar es un modelo muy bueno (Entrevista A. CABA, Julio 2013).

En función de estos valores consignados, entonces, el costo inicial total de la obra ejecutada por la Cooperativa EMETELE fue de un poco más de $13 millones, representando un ahorro de casi el 50% en relación a una vivienda construida por el Programa Viví en tu Casa. No obstante, con el trascurrir de la obra, el monto por vivienda y el global asignado por el IVC fue creciendo al ritmo del proceso inflacionario, lo que sumado a las diferentes enmiendas y ajustes, hizo que los costos finales de la obra fueran de $25 millones. Pero los mismos sistemas de ajustes y enmiendas se aplicaron a todos los programas de construcción de viviendas del IVC, por lo que la diferencia debería mantenerse.

Las únicas obras que equiparan su costo a las del complejo construido por la Cooperativa EMETELE son las del resto de los emprendimientos llevados a cabo en el marco de la Ley 341 (incluso algunas lograron construir a un costo inferior por tratarse de obras tecnológicamente más sencillas).

En consecuencia, este tipo de programas autogestivos generó un proceso de eficientización del gasto de los recursos del Estado, logrando resultados de mejor calidad y, en principio, de mayor adaptabilidad a las necesidades habitacionales de los adjudicatarios (cuestión que se pondrá a prueba en el próximo capítulo). Pero más allá de esto, lo que resulta interesante es que la minimización de costos realizada por el MTL en el marco del PAV se logró con un 100% más de trabajadores que una obra corriente del IVC, pagando la totalidad de los salarios en blanco (con montos establecidos y ajustado al ritmo de la inflación por la UOCRA), invirtiendo en infraestructura socio-urbana (como la apertura de una calle) y adquiriendo la totalidad de las herramientas y maquinarias utilizadas para capitalizar a la cooperativa constructora del movimiento. Al igual que el resto de las cooperativas, gran parte de ellas utilizaron terminaciones de primera calidad y además debieron abonar los honorarios de los cuatro profesionales del ETI:

como el recurso que tienen [hablando en relación a los cooperativistas] es un financiamiento finito […] la guita es como si fuese de ellos, entonces peleaban hasta el último centavo. Vos pensá que van al corralón a comprar material y te pelean hasta el centavo porque de eso va a depender que terminen la obra. De esta manera podés eficientizar la gestión del Estado a través de la autogestión, pero esto precisa aceitar muchos mecanismos, el instituto no estaba –ni aún hoy está– preparado para eso, el instituto tenía cuando nosotros llegamos cerca de 1.000 personas acostumbradas a las políticas habitacionales llave en mano, y no entienden que la autogestión es totalmente otra lógica (Entrevista A. CABA, septiembre 2010).

Al tratar de explicar esta efectividad en términos económicos de los proyectos del PAV, esto pareciera depender de la finalidad no económica –de bien de uso– que tienen las viviendas construidas (Apaolaza, 2009). Al tratarse de un capital desvalorizado, lo que se evita es la generación de una plusvalía económica (que exacerba los costos), y además tiene la particularidad de que los fondos son administrados por organizaciones sociales cuyo objetivo es que el crédito recibido les alcance para finalizar la obra. Pero también, retomando palabras de Carlos Chile –referente del MTL citado en Vales (2005)–, se evita una “plusvalía política” que deriva de los costos generados por la burocracia estatal y los altos niveles de corrupción del Estado. Por otro lado, al tratarse de recursos del Estado en mano de organizaciones sociales, los mecanismos estatales de control sobre el manejo de los fondos que hacen las organizaciones sociales fueron sumamente estrictos en términos de transparencia so pena de rescindir el crédito. De hecho, pocos emprendimientos de vivienda encarados por organizaciones sociales se encontraron bajo un seguimiento tan estricto como el de las cooperativas de vivienda del PAV. Mientras que para iniciar obra a otras obras públicas hechas por el Estado u obras privadas los organismos de control del Estado –específicamente a la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro (DGFOC)– sólo les exigen el anteproyecto, a las cooperativas de viviendas del PAV se les exige: “¡Ocho planos! / ¿Cómo les piden ocho planos, cuáles? / Sí, ocho planos nos exigen, el de incendio, demolición, estructura, obra nueva, eléctrico, sanitario…, yyy…, dos más que ahora se me pasan. Nos controlan todo, todo esto que te digo es sólo para iniciar obra… ¡Imaginate después!” (Entrevista A2. Coop. Luz y Progreso-PAV. CABA. Abril 2013).

Es decir que el halo de sospechas de corrupción que tradicionalmente existe desde las arcas del Estado hacia las organizaciones sociales, por un lado, y la clara convicción de estar construyendo vivienda desde una lógica de la necesidad (y no desde una lógica mercantil), por otro, tuvieron por resultado una eficientización en el manejo social de los recursos del Estado, que repercutió en mejor calidad de vida para los sectores de menores recursos.

6.2 Modalidades de acceso –adjudicación– a la vivienda

La adjudicación de las viviendas construidas también se constituyó en un momento clave de la implementación de los programas, pues la toma de decisión de las familias destinatarias en este proceso definitivamente tuvo impactos en las posibilidades de apropiación que luego existieron en la etapa del habitar (como se verá en el próximo capítulo). En este sentido, se registraron diferencias significativas entre la adjudicación de las viviendas construidas por la modalidad llave en mano y las construidas por autogestión. Pues, en general, las unidades habitacionales llave en mano al no tener ningún tipo de referencia de los destinatarios de la vivienda, se adjudicaron mediante distintos procedimientos de sorteos, por una asignación anónima y el actor fundamental de este proceso fueron los funcionarios de la Gerencia de Adjudicaciones del IVC (en lugar de ser los usuarios destinatarios de las viviendas). Mientras que las viviendas autogestionadas, al ser producidas por sus destinatarios “a medida”, prácticamente desde finalizado el proceso de diseño de las viviendas ya sabían cuáles serían sus futuras viviendas y el actor principal de este proceso fueron los propios cooperativistas.

Analizando en detalle las experiencias llave en mano –Viví en tu Casa y PRTExAu3–, los postulantes a este tipo de viviendas nuevas tuvieron que inscribirse en un Registro de Postulantes a los proyectos de obra. Mediante la asignación de puntajes y el empleo de un sistema de ponderación para la pre-adjudicación, se efectivizó la selección de dichas familias resultando elegidas aquellas que obtuvieron mayor puntaje. Una vez seleccionadas las mismas para cada complejo (y la obra en estado avanzado o casi finalizada), se procedió a la adjudicación de las unidades habitacionales. Para ello, se recurrió a la realización de otro sorteo ante escribano público. Por lo general, en función de la composición familiar se realizaron sorteos para los departamentos de uno, dos y tres ambientes y los departamentos para personas con movilidad reducida se entregaron en función de las particularidades de las familias.

Ahora bien, en el marco del Programa Viví en tu Casa, estos procedimientos fueron definidos por las cooperativas de consumo intermedias, administradoras de la demanda según criterios establecidos de manera poco transparente para con los destinatarios de las viviendas. Los entrevistados de las torres asignadas por el Programa Viví en tu Casa así lo contaban:

Te lo asignan por sorteo según la cantidad de ambientes que necesitas. De hecho, sé de gente que estaba intentando cambiar departamentos o pisos y era un trámite que tampoco se podía hacer. Te asignaban el piso y no podías cambiarlo. / ¿No podías elegir piso alto o bajo? / Para los departamentos de PB tenían prioridad personas que presentaran certificados de discapacidad, porque los baños están adaptados. En mi cooperativa el grupo familiar tenía que justificar los ambientes que pedía, había departamentos de dos o tres ambientes, y para tener uno de tres había que justificarlo. Por lo que vi después, esta fue una disposición de mi cooperativa, no del resto, porque tengo un amigo de otra cooperativa que vive en un departamento de tres ambientes y es él sólo. / ¿Y consultaste por esta diferencia de criterio? / No te sabían responder… No sabían nada (Entrevista E13. Viví en tu Casa. CABA. Agosto 2013).


Cuando fui me designaron ellos el piso y el departamento… / ¿Vos no pudiste elegir? / No, lo hicieron por sorteo. Al principio en la legislatura [en referencia a la Cooperativa de Trabajadores de la Legislatura Porteña] cuando pagaba la cuota me habían preguntado más o menos que piso quería, yo dije que quería uno alto, para que me diera luz, el sol de la mañana, me acuerdo que pensaba en las plantas. Al final me dieron el piso alto, yo no pedí el último, y cuando vi que era mucho más luminoso este que el de afuera [los que dan al Parque Indoamericano], preferí quedarme con este. Igual no sé si hubiese podido cambiar, me parece que a los departamentos de afuera se los dieron a gente con contactos. La de al lado dice que tuvo que pagar un extra, el otro trabaja en el IVC, no sé la verdad, me da la sensación […] No sé, yo fui al IVC y me dijeron su departamento y su piso va a ser este y me hicieron un planteo de las cuotas que voy a tener que pagar de acá a treinta años (Entrevista E12. Viví en tu Casa. CABA. Agosto 2013).


Cuando te anotabas tenías que declarar quienes iban a vivir ahí, obviamente porque depende cuanta gente va a vivir la cantidad de ambientes que necesitas. Uno de los criterios era la cantidad de gente, otro criterio para la prioridad era si es gente de la tercera edad o gente con discapacidades. Los departamentos de PB, uno por cada piso, están preparados para gente con problemas motrices. […] La idea era esa, distribuir por prioridades. Primero tercera edad o discapacidad, después familias y últimos los que estaban en parejas jóvenes. No me acuerdo muy bien como elegían el departamento, creo ellos hacían un sorteo por estos criterios que te digo y después te decían cuál te tocaba y si no decías nada te quedabas con ese. Es como te decía antes, a ninguno le importaba mucho, mientras te den el departamento y la llave, ya está (Entrevista E11. Viví en tu Casa. CABA. Agosto 2013).

En el Programa de Recuperación de la Traza de la ex Au3 los puntajes se asignaron en función de los objetivos del programa (de liberalización de la traza de la ExAu3). Así lo demostraba la normativa del programa que determinaba el sistema de ponderación para la pre-adjudicación de las viviendas:

Tabla 19: Sistema de ponderación para la pre-adjudicación de destinatarios del PRTExAu3

Utilidad del inmueble

Habitar vivienda en el tramo comprendido entre Avda. Congreso y Avda. De los Incas (sector 5).

5 puntos

Habitar en lote o vivienda en el sector 4 tipificado como apto para la construcción de 10 o más unidades de vivienda Nueva Llave en Mano (Alternativa 3).

5 puntos

Habitar en lote o vivienda en el sector 4 tipificado como apto para la construcción de menos de 10 unidades de vivienda Nueva Llave en Mano (Alternativa 3).

2 puntos

Habitar vivienda en sector 4 apta para funcionar como núcleo habitacional transitorio.

4 puntos

Habitar una unidad funcional –en un edificio o PH– apta para la reubicación de una familia.

1 punto

Habitar en alguno de los dos edificios en proceso de reciclado (Lacroze 3636 – Giribone 850).

2 puntos

Complejidad de liberación del inmueble

Se libera con 1 solución habitacional (100%)

5 puntos

Se libera con 2 soluciones habitacionales (50%)

4 puntos

Se libera con 3 soluciones habitacionales (33%)

3 puntos

Se libera con 4 o más soluciones habitacionales (25% o –)

2 puntos

Fuente: Actuación nº1149/13, fs. 7.

Tal como puede verse, los indicadores de asignación de puntaje priorizaron variables que respondieron a las necesidades de implementación del programa por sobre las necesidades habitacionales de las familias. La normativa (Actuación nº1149/13, fs. 7) previó que las unidades a construirse sean pre-adjudicadas a los destinatarios que obtuvieran el mayor puntaje, y en caso de supuesto empate en el puntaje de dos o más familias, debía realizarse un sorteo en Asamblea con presencia del Coordinador del programa, de al menos dos miembros de la Unidad Ejecutora[9], de los destinatarios interesados, y de dos veedores que formen parte de la Comisión de Seguimiento del Programa[10]. Definido el listado de destinatarios a los que se les pre-adjudicó las viviendas, se procedió a la notificación de los postulantes del registro, mediante cédula oficial que emite el Coordinador de la Unidad Ejecutora, sobre los resultados de la pre-adjudicación. Los pre-adjudicatarios aceptaban o rechazaban las viviendas otorgadas. Los entrevistados de los complejos de este programa también dieron cuenta de esta modalidad de adjudicación de las viviendas:

Un día me llaman de la unidad de gestión y me dicen que me tenía que ir, que ya había llegado el día. Yo dije que no, que me quería quedar un tiempo más. Ellos me decían que no, que me tenía que anotar para el sorteo del edificio. Se iba a sorteo porque no se sabía qué unidad tocaba. Se fue a sorteo en la Unidad Ejecutora, vinieron funcionarios del gobierno […] Ya estábamos próximos a mudarnos. Entonces se hizo un sorteo ante escribano, vino gente del Instituto y se sorteó la gente que no entraba directamente, porque había una planilla de puntajes. Entonces según el puntaje, según el núcleo familiar que tenías y las necesidades del grupo familiar te daban un puntaje y te asignaban la vivienda. También creo que tenían en cuenta en que parte de la traza estabas ocupando…, viste que tiene que sacar a los del sector 5… (Entrevista E6. PRTExAu3. CABA. Julio 2013).


¿La asignación de los departamentos como se decidía? / Todo por sorteo. Yo tengo la suerte de que me tocó este departamento que tiene balcón grande, porque tengo una perra muy grande y de otra manera era imposible mantenerla (Entrevista E10. PRTExAu3. CABA. Julio 2013).

En relación al Programa de Rehabilitación del Hábitat de La Boca, se verificaron ciertas particularidades en el proceso de adjudicación, ya que gran parte de las unidades habitacionales de los conjuntos bajo estudio no fueron adjudicadas a las familias iniciales (las que vivían en los conventillos que fueron demolidos para la construcción de estos complejos y fueron a vivir a hogares de tránsito). Los entrevistados consultados comentaron que, por ejemplo, de las 25 familias originales del complejo de Brandsen 660 sólo una resultó adjudicataria por ser la única que cumplía con los pre-requisitos de ingreso mínimo para acceder a una vivienda nueva (en aquel momento ingreso mínimo de $2.000). Al resto de las familias se les prometió la implementación de un programa piloto de créditos para la vivienda, pero al cierre del trabajo de campo, aún no tuvieron ninguna información al respecto. Un funcionario del IVC también dio cuenta de este problema del programa:

Se hicieron cuatro obras nuevas y la adjudicación de esas obras –yo no estaba justo en ese momento en el programa de La Boca–, pero la adjudicación fue compleja porque imaginate que enviamos a las familias de Brandsen a un hogar de tránsito y después resulta que por la tipología del complejo no entran la cantidad de familias que vivían y la selección tenía que ver con los ingresos de las familias y también hubo tres o cuatro familias que no eran del programa y que fueron adjudicatarias por esto de los vicios del instituto los favores políticos, etc (Entrevista H. PRHLB. CABA. Julio 2013).

De hecho, todos los entrevistados del PRHLB resultaron no vivir en el conventillo previo a la demolición de los complejos en los que viven actualmente. Hay muchas familias de los conventillos previos que no fueron adjudicadas, y si bien fueron adjudicadas algunas familias del grupo del Recup-Boca, también muchas familias por fuera de este grupo, que los mismos entrevistados identifican como “arreglados” del IVC:

El problema es que había una discusión sobre a quién se los daban [los departamentos]. Había un grupo formado de los que estábamos en los conventillos, pero había otro grupo que se lo quería adjudicar a cualquiera, como paso acá. Acá creo que son ocho o nueve [familias] que no son del grupo [del Recup-Boca]. / ¿De dónde vienen si no son de ese grupo del RECUP? / Fue por conocimiento. / ¿Son conocidos en el IVC? / Sí. Tengo noticias de uno que no lo voy a identificar que vivía en Florencio Varela, en la casa tenía una hermana, no sé bien como es, que era la amante de uno de los del RECUP. Se adjudicaron por vínculos, vos entendés… (Entrevista E14. PRHLB. CABA. Agosto 2013).

Otro de los entrevistados, según surgió de las entrevistas realizadas, consiguió la asignación de la vivienda a través de su participación en una organización social estrechamente vinculada al IVC:

Había un área en el instituto de vivienda que se encargaba de la zona de La Boca, que calculo que por medio de ellos y la asociación civil [en la que trabaja] se pusieron en contacto y nos consiguieron este lugar. / ¿Hay alguien más de la asociación que haya entrado a vivir en algún complejito de La Boca que vos conozcas? / Sí, acá no, se de otros que están más para el barrio chino. En ese entré yo sola, a otros se les consiguieron subsidios. La asociación civil se encargó de los socios, de ubicarnos a todos y ayudarnos en lo que pudieron […]. / ¿Qué tramites tuviste que hacer para poder ingresar a este departamento de Brandsen? / Yo no hice nada, hizo todo la asociación civil. Esta posibilidad me sirvió en ese momento. / ¿Esto que me estás contando entonces te lo consiguió la asociación civil?) / Claro, sólo la asociación civil […] Por medio de la asociación civil algunos conseguimos vivir ahí en Brandsen como yo, otros obtuvieron subsidios para alquilar en algún otro lugar (Entrevista E15. PRHLB. CABA. Septiembre 2013).

Esta situación tuvo como consecuencia la pérdida –por parte de los grupos familiares afectados que vivían en los conventillos– de la posibilidad de tener “preferencia” en la adjudicación de una vivienda definitiva, lo cual implicó un grado de incertidumbre aún mayor respecto de la consecución de una solución habitacional. Los organismos de control del GCBA registraron numerosas denuncias por irregularidades de parte de las familias que deberían haber sido pre-adjudicatarias de las viviendas nuevas y finalmente no lo fueron. La funcionaria del programa entrevistada comentó de las nuevas medidas que se están tomando para transparentar estos procesos adjudicatarios:

A partir de la nueva gestión de gobierno armamos una operatoria de adjudicación y las familias tienen que inscribirse a las obras a las que quieran ir y hay un scoring en función del estado de los inmuebles en los que están vivienda (hay algunos conventillos que están muy deteriorados y necesitan ya ser desalojados, esos tienen mayor puntaje), las familias más viejas, las que están hace más tiempo en el programa tienen más puntaje, o las titulares también tienen mayor puntaje por desgloses, las que vivieron pasando de un hogar de tránsito a otro tienen más puntajes, los que cumplieron los reglamentos de convivencia tienen más puntajes, pero la idea es ser más transparentes. Esto lo hicimos para que la gente pudiera saber a quién se le adjudicaba y por qué. En las adjudicaciones anteriores pasaba que las familias venían a cuestionar porque estaban anotadas y no les salía la adjudicación (Entrevista H. PRHLB. CABA. Julio 2013).


Nuevamente entonces, en los programas llave en mano la participación de los usuarios de las viviendas en el proceso de adjudicación fue nulo (Ilari, 2003) y con una intensidad baja (Cabrero, 2004), ya que los destinatarios participaron como meros receptores de la vivienda que les tocó y con una presencia pasiva en el proceso (De la Mora, 1992; 2002).

El proceso de adjudicación de las viviendas en el marco del PAV asumió características distintas por el hecho de que la mayoría de proyectos de viviendas fueron diseñados en función de la cantidad y características de los grupos familiares, por lo que desde la etapa de proyecto de los complejos las cooperativas ya imaginaban (o directamente conocían con certeza) cuáles serían sus futuras viviendas, por lo que no transitaron una instancia de adjudicación:

De acuerdo al grupo familiar repartimos, las familias más grandes tenían departamentos más grandes, igual ya todos sabíamos más o menos cuál te tocaba (Entrevista A6. Coop. La Ribera. PAV. CABA. Abril 2013).


Lo único difícil era definir dónde iba a vivir cada uno… Pero creo que esa fue la sorpresa grande de todos, la socióloga tenía miedo que empezásemos a discutir por la ubicación, donde íbamos a ir cada uno. Ella nos dio un papel para que pongamos qué queríamos, opción uno y dos y más o menos se fue dando, porque ella tenía un sólo nene con Sonia, y ahí ya ubicamos a ellos dos… Igual del plano ya más o menos sabíamos a dónde íbamos a ir… Yo soy la más joven y yo sabía que iba a ir arriba, a mí más o menos me salió el que yo quería. Una vecina eligió el seis y mi mamá también entonces entre ellas arreglaron entre ellas, ella se quedó con el seis y mi mama con el de al lado mío (Entrevista A10. Coop. 28 de Junio-PAV. CABA. Mayo 2013).

En otras cooperativas implementaron la estrategia del sorteo para las familias que tenían aproximadamente la misma cantidad de integrantes y debían ocupar departamentos de la misma cantidad de ambientes (si es que no lograban un consenso previamente):

En su momento, cuando hicimos la designación de los departamentos, siempre hubo menos cantidad de familias numerosas que la cantidad de departamentos grandes, porque esta cooperativa tiene muchos jóvenes. En el momento que hicimos la designación que fue por sorteo para los que elegían la misma cantidad de ambientes, lo único que priorizamos fue que a una familia de matrimonio le toquen los de tres ambientes y a los jóvenes los de dos. Después, por ejemplo, XX que es uno sólo tiene un departamento grande, porque una vez que todos los que éramos familias numerosas tuvimos departamentos grandes asignados, los que quedaban se sortearon entre los jóvenes que quisieran, porque en ese momento había jóvenes que decían no, yo no quiero pagar más de crédito, porque si tenés más metros cuadrados pagas más crédito, pero por otro lado Matías fue el primero que dijo “yo sí quiero un departamento grande, no me importa pagar más”. Después a él lo siguió Mariano, que al final en ese momento entró solo y terminó casado con una nena, como que hubo mucho movimiento en el transcurso de estos nueve años (Entrevista A14. Coop. Crecer-PAV. CABA. Junio 2013).

Y otras cooperativas implementaron un sistema de puntajes para designar las distintas familias a las viviendas con los ambientes que les correspondían:

La mudanza no sería tan importante como fue cuando llego la adjudicación, porque acá tenés un proceso para eso, con todas las evaluaciones de todos los años, se toma mes por mes hasta el año, cuánto participaste, cuánto pagaste y cuanta ayuda mutua hiciste. Vos tenías un piso de 75% para poder entrar a la cooperativa, para ser adjudicataria. Entonces se tenía que poner cada uno y después se evaluaba el total. Y mi grupo familiar tuvo la suerte de pasar el 100% en los tres ejes: participación, aporte y ayuda mutua… / Pero, ¿cómo fue ese proceso? / Nos armábamos en grupos y empezamos a trabajar, a juntar cosas, y el piso para ser adjudicataria era 75% de cada eje, no el 75% global. El 75% de ayuda mutua eran 2.750 horas para poder entrar, el aporte era todo, cero, no podías deber ni 10 centavos, y la participación podía ser un 75%. En esta familia llegamos al logro, y el que llegaba al 100% podía elegir que vivienda quería y también por tu tipología de familia, por ejemplo, si tu familia se integra de cuatro miembros, y tenés un departamento disponible de cuatro habitaciones, entrás ahí, si no, no (Entrevista A1. Coop. El Molino-PAV. CABA. Abril 2013).

Entonces, los cooperativistas del PAV no pasaron por una instancia de adjudicación externa de sus viviendas, pues el IVC no tuvo ningún tipo de participación e injerencia en la designación de las viviendas (echando por tierra sospechas de actos de corrupción por parte del IVC en las adjudicaciones). Al ser un programa totalmente autogestionado por las organizaciones sociales, el criterio para la toma de decisiones de las designaciones de las viviendas también les correspondió a ellos, adoptando distintos criterios y formas según las características y decisiones de cada cooperativa de vivienda. En este sentido, retomando las variables de análisis iniciales, la participación de los usuarios de las viviendas en la designación fue muy alta (Ilari, 2003), de carácter claramente deliberativo (De la Mora, 1992; 2002).

En suma, entonces, la participación de los adjudicatarios de los programas llave en mano, cuando existió, fue de tipo clientelista (retomando los conceptos de De la Mora (1992; 2002)), de un grado de desarrollo muy bajo (Ilari, 2003), con una calidad participativa reducida (que fue desde un tipo de participación omitida hasta una de carácter informativo) y en donde el posicionamiento cultural de los funcionarios técnicos primó a la hora del diseño de las unidades habitacionales, redundando en altos costos constructivos. A la inversa, en las experiencias autogestionarias, la variabilidad de la participación en los proyectos dependió de las características intrínsecas de cada organización social. Aquellos que lograron un mayor nivel de organicidad interna, de formación y concientización cooperativista lograron muy altos niveles de participación (Ilari, 2003), de una intensidad alta (Cabrero, 2004) y de fuerte carácter deliberativo donde la calidad de la intervención varió desde la propuesta hasta la decisión (De la Mora, 1992; 2002). En detrimento de estas experiencias exitosas en términos de autogestión, hubo otras con menor grado de organicidad interna o que simplemente no estaban interesadas en consolidar su espacio cooperativo como tal, por lo que asumieron características participativas similares a las experiencias llave en mano. Adicionalmente, los arquitectos integrantes de los ETI desempeñaron un rol fundamental en el desarrollo de la capacidad participativa de las cooperativas en el diseño de las viviendas, habilitando u obstruyendo estos procesos (denotando la falta de capacitación de los mismos en estos procesos, y requiriendo en consecuencia instancias de formación específica para ser parte de procesos autogestionarios de producción de vivienda). En el medio de estos dos extremos, existió un crisol de experiencias autogestivas.

Se examinará en el próximo capítulo si las instancias de participación social en los distintos programas analizados –o la falta de participación en los mismos– tuvieron algún tipo de incidencia y/o impacto en el momento del habitar de las familias adjudicatarias en las viviendas nuevas.


  1. En el capítulo siguiente se profundiza sobre esta cuestión de la necesidad habitacional y su satisfactor.
  2. Se tomó la decisión de borrar el nombre del arquitecto para resguardar su identidad y cumplir con el acuerdo previo de entrevista.
  3. El diseño participativo refiere a una nueva metodología proyectual, en donde el arquitecto cumple un papel social y su expertise se pone al servicio de destinatarios activos de las unidades de viviendas construidas. La función de los arquitectos es posibilitar la utilización de su experiencia en la organización de la población, tratando de actuar de una manera cualificada en la producción de viviendas y sus espacios a través del diálogo y la comprensión de las necesidades de cada comunidad. El diseño de las viviendas, equipamientos y espacios colectivos se logra, entonces, a través de actividades participativas de taller en las que se despliegan actividades dinámicas de diseño, dibujos, modelos físicos y virtuales, así como también debates conceptuales acerca de la función social de la propiedad, la vivienda e incluso la lucha por el derecho al hábitat y a la ciudad. En este sentido, el procedimiento para la participación en el proyecto invierte la lógica de la producción arquitectónica convencional, pues en la arquitectura de la participación los deseos y necesidades de los destinatarios son considerados de manera prioritaria y son ordenadores del proceso. Por lo tanto, las fases del proceso de producción (intelectual y manual) no se encuentran jerarquizadas entre sí, ni escindidas, ni tienen por objetivo una producción mercantil, sino la búsqueda de una forma dedicada al uso del objeto producido. Con este enfoque participativo desde el inicio del proyecto, las familias tienen otro grado de apropiación del entorno construido, su relación con él es orgánica e impacta en sus deseos y posibilidades de trabajo y de vida (Usina, Centro de trabalhos para o ambiente habitado, 2012).
  4. Aquí se tomó la decisión de borrar el nombre del arquitecto para reservar su identidad y velar por el acuerdo de anonimato acordado con el entrevistado.
  5. Apaolaza (2009) explica esta decisión de conformarse en empresa a partir de tres razones básicas: en primer lugar por la imposibilidad de emprender la obra por la cooperativa dado que no todas las familias que iban a trabajar en la misma resultarían adjudicatarias de las viviendas; en segundo lugar por la intención que tenía el movimiento de asegurar un salario acorde a los medios del mercado para sus trabajadores (si se conformaban como cooperativa éstos no podían asumir la figura de asalariados, sino de monotributistas) y, por último, la intención de participar en licitaciones del IVC para emprender obras de terceros y así poder asegurar una fuente de empleo a sus trabajadores (como efectivamente se vio más arriba que ocurrió haciéndose cargo de obras del IVC para el programa Viví en tu Casa y obras para cooperativas de la Ley 341 –como Coop. Construyéndonos, Crecer, 1° de Mayo, entre otras–). Desde este punto de vista, dice el autor, el emprendimiento terminó teniendo una doble función: por un lado, generar un ingreso para sostener la familia; por otro, producir una vivienda para salir de la situación de precariedad habitacional extrema.
  6. La ayuda mutua es concebida como un sistema de trabajo que proporciona ganancias socio-económicas tanto para el asociado/a como para la cooperativa. Por una parte abarata el costo de la vivienda y por otra se convierte en un capital social del asociado/a (Fundasal, 2004).
  7. Vale remarcar que esta práctica no debería ser naturalizada tan fácilmente por el programa. No encuentra lógica que los usuarios de una vivienda, que reciben un crédito para construir vivienda a un valor social, deban recurrir al mercado a comprar sus materiales de construcción (a los precios corrientes del mercado). Dicha operatoria debería ir acompañada por la generación de un banco de materiales y herramientas de construcción promovido desde el IVC que no sólo abastezca a las obras de la Ley 341, sino también al resto de operatorias de obra pública.
  8. Se tomó la cotización al 31/12/2007, que fue de $1= U$S3.17.
  9. Creada por el Decreto nº 7/2001 y el art. 27 de la Ley 3.396.
  10. Creada por el art. 3º de la Ley 324.


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