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7 El “habitar”
desde la perspectiva de sus usuarios

Este capítulo se propone abordar la otra etapa de la investigación: la etapa del habitar de las viviendas por parte de sus moradores.

Para ello comienza con una presentación del abordaje de los conceptos de vivienda y habitar y se reconstruye un conjunto de condiciones de habitabilidad (a partir de la definición de subsistemas de habitabilidad (Barreto, 2008)) consideradas necesarias para la configuración de una vivienda digna. Esto implicó el desarrollo de un abordaje construido desde una perspectiva de integralidad, que permitió tomar distancia de definiciones estrictamente sectoriales o, dicho coloquialmente, “techistas”, de la misma.

A continuación, se problematiza conceptualmente el “habitar” y los modos de apropiación y uso de las viviendas por parte de sus usuarios y se presenta una operacionalización con indicadores que permiten un abordaje empírico de estos procesos en los casos de estudio.

Luego, se inicia el análisis de los conjuntos habitacionales producidos llave en mano y autogestionarios bajo estudio indagando las perspectivas de los usuarios referidas a las modalidades del habitar y poniendo el foco en tres subsistemas de análisis: el habitacional, cultural y territorial/ambiental (Barreto, 2008). Este análisis incluye las características de las viviendas construidas y su adecuación a las necesidades habitacionales tal como son percibidas por las familias usuarias, la tenencia de servicios de infraestructuras en el interior del hogar y la adaptación de los diseños constructivos a los patrones culturales de sus usuarios (tal como se definió esta congruencia en el capítulo 2 de este libro retomando conceptualmente a Pelli (2010) y Giglia (2012) y se la abordó con mayor profundidad en los casos de estudio en el capítulo anterior).

Luego se analizan las condiciones de habitabilidad hacia el interior de las viviendas tomando en consideración las particularidades de cada operatoria. Para ello se analizan las percepciones de los entrevistados en relación a lo físicamente construido y la calidad constructiva de las viviendas. Se abordan, también, los procesos de adaptación física que debieron realizar las familias para lograr las condiciones de comodidad que identifican como necesarias.

Por último, se analiza la consolidación del uso, goce y apropiación de las viviendas por parte de los entrevistados a partir de las percepciones que los mismos tienen en relación a la seguridad de la tenencia, a su vez se aborda el cumplimiento de las obligaciones formales que contrajeron con el Estado y con las empresas prestatarias de servicios públicos y el arraigo/apego en términos de la valorización que ellos sienten de las mismas.

En base a este análisis, se interpretan y comparan las viviendas construidas bajo modalidad llave en mano y autogestionaria desde las posibilidades de acceso a una vivienda adecuada, en términos de derecho, desde una perspectiva de integralidad y como facilitadoras de procesos de integración socio-urbana.

7.1 La vivienda desde una perspectiva de integralidad: ¿de qué hablamos cuando hablamos de vivienda?

Definir qué se entiende por vivienda no es una tarea sencilla, pues conceptualizarla de determinada manera da cuenta de un posicionamiento teórico –e ideológico– que define el enfoque de la investigación que aquí se realiza, sus resultados y la evaluación de las propuestas de política emprendidas por el Estado.

Por lo tanto, tomando posición, se considera que la vivienda es más que el espacio donde se desarrolla la privacidad del hogar y donde se desenvuelve una parte importante de las actividades básicas del quehacer cotidiano. Desde una perspectiva clásica, Turner (1977) critica la conceptualización de la vivienda como una unidad de habitación aislada y propone comprenderla como una serie de relaciones entre los elementos que intervienen en ella: los actores, sus actividades y sus logros. En este sentido, el autor aborda la cuestión de la vivienda recuperando y combinando aspectos físicos o infraestructurales con aspectos sociales y culturales. En esta misma línea, Yujnovsky (1984) incorpora a este concepto de la vivienda una serie de servicios que el autor denomina “habitacionales” y que considera satisfactores de las necesidades primordiales de las personas, como es el albergue, el refugio, la protección ambiental, el espacio, la vida de relación, la seguridad, la privacidad, la identidad, la ubicación geográfica y la accesibilidad física. Las necesidades habitacionales, dice Pelli (2007), suelen asimilarse a una necesidad universal, genérica, de vivienda, caracterizada por componentes tales como la necesidad de un lugar e instalaciones para comer, dormir, para guardar los alimentos o para higienizarse, entre otras necesidades tangibles que revisten un carácter incuestionable, pero también existen componentes intangibles de las necesidades habitacionales que hacen a la vivienda: la necesidad de identificación del usuario con las formas internas y externas de la vivienda, con los modos de funcionamiento y con el significado simbólico de estas formas, o con su ubicación en el barrio o en la ciudad, necesidades de satisfacción estética de los habitantes con su casa, la necesidad de habitar en un barrio o en un conjunto habitacional donde haya vecinos con los que la convivencia sea tolerable, la necesidad de opinar a priori sobre los componentes indispensables de su futura vivienda. Todas estas necesidades intangibles suelen ser, en cambio, necesidades ignoradas (más aún por el Estado proveedor de vivienda) o, en el mejor de los casos, admitidas como válidas bajo las interpretaciones muchas veces clasistas del funcionario público –arquitecto o técnico– a cargo de resolver el problema habitacional.

Además, las necesidades de los destinatarios de una vivienda varían de un sistema socio-cultural-económico a otro, de una sociedad a otra, de un grupo social a otro (Pelli V. S., 2010; 2007), por lo que Yujnovsky (1984) sostiene que el concepto de vivienda debe referirse a los servicios habitacionales proporcionados en un cierto período histórico y en una configuración espacial urbana específica, en un medio ambiente de una sociedad determinada y, agrega Giglia (2012), en un paradigma cultural concreto. Yujnovsky (1984) da cuenta, entonces, de la vivienda como una construcción social, en un tiempo y lugar determinado; y también dependiente de las condiciones socio-urbanas en las que se inserta:

Los servicios habitacionales no dependen solamente de cada unidad física (tamaño, distribución del espacio interno, forma de utilización del terreno, equipamiento interno, características técnicas, etc.). Los servicios dependen también de las demás unidades físicas y de todo el conjunto de actividades urbanas en su disposición espacial. Importa entonces la accesibilidad relativa a otras unidades físicas de vivienda, a los empleos, a lugares de compra, a los establecimientos en donde se brindan servicios educacionales, de salud, etc., en la que influyen las distancias geográficas y los servicios de transportes (Yujnovsky, 1984, pág. 19).

Esta definición vincula indisolublemente el concepto de vivienda al de desarrollo urbano y al de ciudad –y las estructuras de oportunidad asociadas a ella (Kaztman, 1999; 2001)– en el que se enclava la vivienda, concibiéndola como hábitat o medio ambiente. Este abordaje complejo e integral de la vivienda se distancia de nociones sectoriales –vulgarmente denominadas “techistas”– que la restringen a una unidad física individual –unidad edificio-lote de terreno–, despojada del hábitat y de las relaciones sociales y culturales de la cual forma parte. Esta limitación “techista” fortalece una noción de vivienda sectorial como objeto-mercancía, desmereciendo su carácter de bien de uso y su sentido inminentemente social de dos maneras: ocultando su inserción en un objeto colectivo concreto (la ciudad) y negando la función social de la vivienda como satisfactor de necesidades humanas.

Este abordaje integral desde la perspectiva de la complejidad[1] (Barreto, 2008) presenta al menos dos virtudes: una referida al análisis que Yujnovsky (1984) realiza del desarrollo urbano como problema más general de la vivienda, haciendo ya referencia no sólo a la habitación sino también a su entorno –medio ambiente– y a las estructuras de oportunidad asociadas (Kaztman, 1999; 2001); y otra referida a que interpretar la vivienda como parte del desarrollo de articulaciones complejas y conflictivas con y entre actores (entre ellos el Estado) obliga a integrar el estudio de la política habitacional a un marco más general.

La vivienda es concebida como la satisfacción de una necesidad y en términos de derecho humano por sobre su carácter mercantil inherente, puesto que está inserta en un modo de organización social en el que predominan relaciones capitalistas de producción. De este modo, se configura en expresión del acto de habitar de sus usuarios por sobre su concepción de objeto ligado a la inversión. Se trata más de un proceso que de un producto terminado, y como un bien potencialmente abundante que se continúa produciendo aún en contextos precarios marcados por la pobreza (Ortiz Flores, 2004):

considerar la vivienda como proceso permite dar respuesta a las necesidades y posibilidades de sus habitantes y, para ello, es imprescindible incorporar a las personas usuarias en el propio proceso. Desde esta óptica la vivienda, más que un objeto acabado, consistiría en una infraestructura básica conectada a espacios y servicios que va transformándose a lo largo del tiempo en función de las necesidades vitales y las posibilidades económicas de las personas usuarias. Esto implica que el proceso debe ser abierto, que recupere y actualice formas de participación y trabajo colaborativo entre todos los agentes implicados. […] La vivienda, así entendida, es capaz de satisfacer su función principal, la de proporcionar habitabilidad, siendo flexible y adaptándose a las demandas reales de la sociedad y a sus modos de vida, desde su pluralidad y desde sus necesidades cambiantes. En definitiva, considerar la vivienda como proceso implica entenderla como algo más que un espacio físico, como un acto que se desarrolla en el tiempo y no en un momento determinado, es decir, que entiende el acto de habitar (Morales Soler, Alonso Mallén, & Moreno Cruz, 2012).

Desde esta perspectiva, considerar una vivienda adecuada o inadecuada no se limita a verificar si reúne o no determinadas condiciones, sino que hay que prestar atención a aquellos elementos que hacen a las condiciones de vida de los hogares y a las características de las relaciones que se establecen con el hábitat o medio ambiente, pero desde la perspectiva de los propios usuarios de las viviendas y desde sus necesidades a partir de un enfoque integral. Una vivienda adecuada combina aspectos estructurales con cuestiones sociales y coyunturales. Retomando a Pelli (2010), responde a un hábitat que es socialmente construido a partir de una estructura coherente con los paradigmas culturales de una determinada sociedad o de un determinado grupo social y, además, funcional a su propia versión de las necesidades humanas.

A partir de un abordaje integral, entonces, una vivienda es adecuada cuando la totalidad de los aspectos que hacen a la vivienda entendidos en conjunto (como un sistema compuesto por subsistemas: el habitacional, el económico, el territorial, el socio-urbano, el cultural, etc.) se encuentran a un nivel digno para el desenvolvimiento de la vida en el hogar y habilitan la práctica del acceso al derecho a una vivienda digna y a la ciudad –como se lo definió en el capítulo 1 de este libro (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006; Lefrebvre, 1968; Sánchez, s/d)– y promueve dinámicas de integración social (por sobre dinámicas de segregación social) (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001; Segura, 2014). Es decir, que no sólo los aspectos considerados por el cálculo oficial (tipología de vivienda, hacinamiento, régimen de tenencia, entre otros indicadores) hacen a una vivienda adecuada, sino que a ellos hay que adicionarles la adecuación del resto de los elementos que hacen a la condición de vida en la vivienda. Por el contrario, una vivienda es inadecuada cuando no sólo alguno de los elementos del cálculo del déficit oficial es negativo, sino también lo es cuando algunos de los aspectos del resto de los subsistemas también lo sea (Barreto M. A., 2008). Pero además, dice este autor, hay que prestar atención a las características de las relaciones establecidas entre estos elementos que hacen a las condiciones de vida de los hogares desde dos enfoques: uno, desde la contribución o afectación que se produce entre estos subsistemas para que las condiciones de vivienda de los hogares resulten adecuadas o no; y el otro, desde la perspectiva de los propios usuarios de las viviendas sobre sus propias condiciones de vida, sus intereses y posibilidades de solucionar lo que ven como un problema.

En este sentido, los elementos que abonan a que una vivienda sea adecuada no pueden ser descompuestos en aspectos aislados, sino que deben ser abordados desde las relaciones que los interdefine, considerándolos como dimensiones de una misma problemática y desde la perspectiva de los propios integrantes del hogar. A diferencia de la habitual perspectiva sectorial que trata la carencia de vivienda adecuada, la situación de pobreza y las malas localizaciones en zonas altamente deterioradas como problemáticas aisladas y son tradicionalmente abordadas desde políticas sectoriales en donde las necesidades son definidas por las interpretaciones ad hoc de los funcionarios, la perspectiva integral que aquí se propone considera estas problemáticas subsistemas relacionados entre sí que se interdeterminan y afectan mutuamente impactando en las condiciones de vida de los hogares y supone que son las propias personas afectadas quienes definen las necesidades habitacionales, estableciendo el punto de partida para la producción de soluciones habitacionales adecuadas. Por lo que su abordaje también debe darse en un marco de integralidad que persiga el mejoramiento de todos los componentes del hábitat y no que mejore algunos, pero empeore otros. Entonces, aquí se proponen seis subsistemas/elementos (Barreto M. A., 2008) o condiciones de habitabilidad (De la Mora, 2002) que hacen a una vivienda un hábitat digno desde una perspectiva de integralidad:

Gráfico 6: Subsistemas/elementos/condiciones de habitabilidad
para una vivienda digna y un hábitat adecuado

Gráfico N°6

Fuente: Elaboración propia en base a Barreto (2008) y De la Mora (2002).

El subsistema habitacional remite a las condiciones físico-materiales que deben tener las viviendas: espacios necesarios para el desarrollo de la vida doméstica (superficie adecuada, número de cuartos adecuados a los integrantes del hogar), estabilidad y calidad constructiva de los materiales, confort, requisitos de iluminación, ventilación y calefacción, dotación de servicios domiciliarios e instalaciones.

El subsistema territorial/ambiental refiere a la articulación de las unidades de vivienda con la trama urbana de inserción y su estructura territorial: localización de las unidades, situación de higiene y salubridad, calidad ambiental de la zona de residencia, facilidades de circulación barrial, acceso –en calidad y cantidad– a medios de transporte y locomoción.

El subsistema económico de la vivienda trata sobre: articulación de la misma con áreas potenciales de empleo y a fuentes de ingreso monetario y de recursos generales para el aprovisionamiento de necesidades básicas (locales de vestimenta, alimentos, pago y mantenimiento de la unidad habitacional –créditos y expensas–, impuestos, etc.).

El subsistema social, refiere al acceso de los hogares a los medios de bienestar y reproducción: equipamiento social (guarderías, escuelas), de salud (hospitales, centros de salud especializados o para personas con capacidades diferentes), seguridad (policía, bomberos, etc.) y esparcimiento y ocio (plazas, parques, cines, campos de deporte, etc.).

El subsistema cultural remite a condiciones relacionadas a las personas: de edad, género y nacionalidad, respecto a su identidad, diferencias sociales, preferencias, modos y estilos de vida, relaciones vecinales y posibilidades de acceso a los bienes culturales de la sociedad, etc.

Y el subsistema legal/político se relaciona a la seguridad en la tenencia y de los bienes del hogar, acceso a servicios de justicia y a la participación social y política (necesaria para alcanzar la integración social en un marco de ciudadanía)[2].

El abordaje particular de cada problemática debe contribuir a los demás elementos que integran las condiciones de vida de los hogares según las incidencias e inter-definiciones existentes entre los mismos. Pues el mejoramiento de la situación habitacional mediante la construcción de una nueva unidad de vivienda debe contribuir a un mejoramiento de todos los elementos interdependientes de las condiciones de vida. No tener en cuenta la infraestructura urbana y social contribuye a exacerbar cánones de segregación socio-urbana por sobre objetivos de integración social, habilitando el acceso al derecho a un techo, pero no a una vivienda-hábitat como se la definió aquí, y menos aún al derecho a la ciudad.

7.1.1 Problematizando el “habitar”

Ahora bien, cada uno de los subsistemas o elementos descriptos en el reciente apartado que condicionan la calidad de la habitabilidad de las viviendas impactan en los modos de habitar, la apropiación y los usos cotidianos que los destinatarios hacen de sus viviendas; y más aun teniendo en cuenta que, como se vio en el capítulo anterior, no siempre quienes planificaron la vivienda fueron quienes luego la habitaron (generando en muchas ocasiones una contradicción latente entre el hábitat planificado y el hábitat habitado).

Lefebvre (1971, pág. 210) define al habitar como “apropiarse de algo. Apropiarse no es tener en propiedad, sino hacer su obra, modelarla, formarla, poner el sello propio. Habitar es apropiarse un espacio”. Es por ello que aquí se define al “habitar” como la necesidad que tiene el ser humano de transformar su entorno para apropiárselo, transformándolo en un lugar moldeado a partir de su intervención cultural y de sus propias necesidades de uso para hacer posible su existencia en relación a ese entorno (Heidegger, 2001; Giglia, 2012). Esta última autora completa esta definición planteando que el habitar es:

un conjunto de prácticas y representaciones que permiten al sujeto colocarse dentro de un determinado orden espacio-temporal, al mismo tiempo reconociéndolo y estableciéndolo. Se trata de reconocer un orden, situarse dentro de él, y establecer un orden propio. Es el proceso mediante el cual el sujeto se sitúa en el centro de unas coordenadas espacio-temporales, mediante su percepción y su relación con el entorno que lo rodea (Giglia, 2012, pág. 13).

Este proceso de reconocer y establecer un orden en el espacio se encuentra mediado por un fenómeno netamente cultural, debido a que la relación con el espacio de alrededor es un proceso continuo de interpretación, modificación y simbolización, el sujeto humaniza el espacio transformándolo a su semejanza. Pero este orden no sólo se rige por las reglas de la lógica, sino que también es un orden regulatorio, los lazos sociales entre las personas y el modo de estar juntos en los distintos lugares están guiados por normas (de uso y de regularidades) que conforman un determinado orden espacial. Pues los espacios no están ordenados de la misma manera, y el proceso de habitar consiste en entender y reconocer esos órdenes y actuar en consecuencia con su marco de coherencia.

¿Pero cómo se produce y reproduce el orden que habitamos? Pues Giglia (2012), retomando a Bourdieu (2001), explica que un orden se produce y reproduce a partir del habitus socio-espacial, es decir, a partir de un conjunto de prácticas no reflexivas, más bien mecánicas o semi-mecanizadas, que funcionan como un saber incorporado implícito (“en el cuerpo”) que se hace presente en las prácticas desarrolladas en el espacio. Esta experiencia de prácticas repetitivas y automáticas, la autora la identifica con un proceso de domesticación del espacio, en el que al usar el espacio lo convertimos en algo único para nosotros, que tiene un nombre y un sentido espacial. El habitus es el que le permite al sujeto habitar, apropiar y usar el espacio mediante prácticas de domesticación. Es decir que el sujeto ordena al espacio y lo domestica; pero no obstante ello, el espacio también ordena al sujeto domesticándolo, pues le enseña al sujeto su lugar y los gestos apropiados para estar en él y, fundamentalmente, le indica su posición respecto a la posición de los demás. Entre el sujeto y el espacio existe entonces una relación dialéctica en donde, por un lado, los sujetos domestican el espacio con una dosis variable de modificaciones y re-asignación de usos, pero por el otro, el espacio también modifica a los sujetos (o al menos puede condicionar el proceso de domesticación).

Ahora bien, el lugar por excelencia del habitar es la vivienda, en cuanto espacio asociado a la propia identidad cultural de su usuario, como referente y ordenador del mundo del sujeto, pero también como espacio en el que se desarrollan las actividades más importantes de la reproducción humana (como se dijo más arriba). Pues generalmente se suele asociar la vivienda a un espacio de amparo, de abrigo; pero no siempre la casa le ofrece al sujeto un amparo adecuado con respecto a sus necesidades (y más aún si se hace referencia a vivienda pública destinada a sectores populares), ya que existen diferentes maneras de que el sujeto se relacione con el espacio habitable. Giglia (2012) plantea esquemáticamente dos posibles modos de relación del sujeto con la vivienda que son de importancia para este análisis. Uno de ellos, retomando nuevamente a Heidegger (2001), consistente en ir habitando (y ordenando) la vivienda conforme se la va construyendo, es decir, para este autor, el proceso de construcción de la vivienda es en sí mismo habitar la vivienda, pues cuando los sujetos emprenden el proceso de construcción de una vivienda (mediante diversas posibilidades de participación en toma de decisiones), el mismo va ordenando/domesticando el espacio según su propio gusto y necesidades habitacionales, y cada toma de decisión que se plasma en el espacio es expresión de sus patrones habitacionales y de su identidad cultural, es una forma de verse reflejado en el espacio[3]. Otro modo de relacionarse con la vivienda consiste en ir a habitar (y ordenar) la vivienda una vez ya construida, ya diseñada u concebida por otros, con base en principios de orden y uso de los espacios que quizás no resulten inmediatamente inteligibles y convenientes para el sujeto y su familia por no responder directamente a sus necesidades habitacionales[4]. En este caso, la posibilidad-capacidad de domesticación del espacio por parte del sujeto se ajusta a características de un espacio habitable que ellos no diseñaron (de aquí que la forma de la vivienda condicione inevitablemente –aunque no completamente– la relación de sus usuarios con el espacio habitable). Por tanto, el orden habitable puede irse estableciendo en paralelo con la edificación de la propia vivienda, o bien, puede establecerse de una sola vez –ya sea mediante un acto inaugural– en una vivienda previamente construida (esta última es la situación más habitual en nuestro país). Estas dos situaciones planteadas por la autora son las que se ponen bajo estudio en este trabajo.

Por ende, el habitar puede ser abordado como un proceso a partir del cual se pueden analizar los contrastes y las hibridaciones entre el orden incorporado en la etapa de diseño al espacio construido (en general del o los arquitectos-técnicos que diseñaron la vivienda) y el orden y uso producidos por los propios usuarios de la vivienda. Esto último remite directamente a lo planteado en el capítulo anterior en relación al proceso de diseño de las viviendas (tomando como referentes a autores como Pelli (2010; 2007) y Giglia (2012)), a las posibilidades o no de participación de la población destinataria de las mismas en esta etapa y al rol de los técnicos/profesionales en este proceso. En consecuencia, los distintos tipos de espacios habitados pueden ser expresión de patrones habitacionales diferentes, que tienen por base matriz paradigmas de satisfacción habitacional también diferentes. El espacio construido suele expresar en su forma y su funcionamiento las intenciones de los actores que lo diseñaron, sus visiones del mundo y los proyectos de sociedad y de vida cotidiana que se esperan para la etapa del habitar, asociados a determinada ideas de orden social –ideológico– y cultural; por lo que también tienen por intención la transmisión de un mensaje acerca de una forma de vida posible y sugieren una manera de habitar.

Pues lo que aquí se sostiene es que los desencuentros entre técnicos/profesionales y usuarios de las viviendas se expresan en los conflictos entre órdenes opuestos e intenciones distintas acerca de las maneras de habitar, que se pueden expresar según Pelli (2007, pág. 128) en al menos cuatro vías: la alteración, autorizada o no, de las características formales y funcionales de la vivienda (que puede ser un sector de un edificio colectivo); el uso indebido y destructivo de espacios, componentes e instalaciones propios y comunes; la generación o padecimiento de problemas de salud física o mental; y el conflicto social (situaciones de violencia y agresión recíproca y hacia extraños). Los principales perjudicados de este desencuentro entre los actores fundamentales del proceso productivo son los propios usuarios de las viviendas, y sólo circunstancialmente o secundariamente suelen serlo el especialista (en su prestigio) o las instituciones estatales o sus administradores circunstanciales.

Pero no sólo se limita a una inadecuación de lo físicamente construido a los modos de habitar de los usuarios, sino que la vivienda también es expresión de un determinado tipo de hábitat. Los habitantes de una ciudad (por ese habitus socio-espacial incorporado que tienen los sujetos) reconocen los distintos tipos de espacios posibles y perciben y reconocen con precisión cuáles tipos de hábitat son mejores –socialmente hablando– que otros, las reglas que los gobiernan y la correspondencia entre ciertos espacios habitables y determinados sectores sociales. En el imaginario de los habitantes de una ciudad es posible encontrar una jerarquía de espacios habitables que poseen distintos grados de habitabilidad y, por ende, un distinto prestigio social frente a los otros (reproduciendo prácticas de integración social o, por lo contrario, de segregación socio-urbana). Cada quien reconoce su lugar en la ciudad y también identifica el lugar del otro, colocándose en relación a los demás a partir del tipo de espacio en el cual habita. Con lo cual, la experiencia de habitar la ciudad es distinta en función del tipo de hábitat urbano en el que se habita y a partir del cual se establecen relaciones con el resto del territorio.

Por ende, el conjunto de dimensiones que permiten evaluar las condiciones de habitabilidad de las viviendas construidas y los modos de uso, apropiación y habitar que las familias construyeron en sus viviendas puede ser variado y de una multiplicidad infinita, para poder hacer un abordaje empírico de los casos de estudio aquí se tomó la decisión de enfocar el análisis en tres escalas (vivienda, complejos habitacionales y entorno barrial) y en las siguientes dimensiones:

Gráfico 7: Operacionalización empírica de la práctica del habitar,
uso y apropiación de viviendas según tres escalas de análisis

Gráfico 7

Fuente: Elaboración propia.

Entonces, en este libro no se cuestiona solamente la relación entre las necesidades de habitabilidad y el producto material habitable desde una perspectiva sectorial –techista–, sino que también se interroga la relación –mediada por la participación social– entre el habitar (como se lo definió aquí) y el hábitat (desde una concepción de integralidad). Para ello, en este capítulo y en el siguiente, se evalúa si las viviendas bajo análisis habilitaron prácticas de acceso al derecho al hábitat y a la ciudad y si abonaron a procesos de integración urbana (o, en su detrimento, de segregación urbana).

7.2 Viviendas lindas o feas y sus efectos en el habitar[5]

En función de analizar el subsistema habitacional y cultural (descripto anteriormente, Barreto (2008)) en los programas llave en mano bajo estudio, la construcción de sus proyectos debe encuadrarse en los estándares mínimos de calidad establecidos para la vivienda social por el Ministerio Nacional de Infraestructura y Vivienda, el cual es homologado por el IVC a través de su participación en el Consejo Nacional de la Vivienda. Por lo que las características físicas de los departamentos mostraron mayor adaptación a estos estándares que a las necesidades de las familias destinatarias. En este sentido, en todos los casos analizados se verificó que son muy pocas las viviendas que superan los mínimos establecidos por la reglamentación, pues fueron concebidas desde la estandarización propia de una lógica empresarial que simplificó proyectos para reducir costos y complejidad y, fundamentalmente, para maximizar ganancias. En el Programa Viví en tu Casa, las viviendas fueron en su mayoría departamentos de dos ambientes (45 mts2) –25% de las unidades– y de tres ambientes (55 mts2) –65%–, aunque también contó con unos pocos monoambientes –10% de las unidades–. El 5% de las viviendas estuvieron acondicionadas para personas con discapacidad y se localizaron en la planta baja de las torres. Todas las unidades de vivienda fueron entregadas con instalaciones de calefacción, cocina y baño, aunque sin placares ni espacio para los mismos en las habitaciones (esto último señalado por varios de los entrevistados): “¡Vos podés creer que te lo entregan sin placard! / ¿Pero con el espacio para que vos lo agregues después? / No, es una habitación rectangular común y corriente, ¿Dónde quieren que guarde mi ropa?” (Entrevista E11. Complejo Parque Avellaneda. Programa Viví en tu Casa . CABA. Agosto 2013).

Imagen 17: Fotos de interior cocina, living-comedor y baño.
Complejo Parque Avellaneda. CABA. 2011

Fuente: Fotografías cedidas por la Gerencia de Proyecto del IVC.

En el Programa de La Boca, en general, los departamentos también respetaron las medidas de los estándares de calidad. Por ejemplo, en el Complejo de Brandsen 660, de las veintinueve unidades, diez son departamentos de dos ambientes y el resto de tres (Entrevista E14. PRHLB. Complejo Branden 660. CABA. Agosto 2013). Pero también se registraron casos excepcionales con variantes en la distribución porcentual de ambientes (aunque siempre respetando las medidas estandarizadas), pues el complejo Alvar Núñez 245 no contó con departamentos de dos ambientes, la mayoría fueron de uno y tres ambientes y contó con un dúplex de cuatro (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013). Este caso en particular se constituyó en un ejemplo de las incongruencias existentes entre lo físicamente construido y las necesidades de las familias que deberían haber ido a vivir a este complejo, pues las familias originarias (es decir, las que vivían en el conventillo que fue demolido para la construcción de este complejo), según comentó una de las entrevistadas, eran todas numerosas, por lo que no fueron finalmente reubicadas en las viviendas nuevas por falta de espacio. Las familias originarias aún viven en los hogares de tránsito (tras numerosas quejas presentadas ante la justicia y los organismos de control –remitidas en el capítulo anterior–) y las viviendas fueron asignadas a grupos familiares menos numerosos de otros conventillos o familias referenciadas directamente por el IVC (generando un halo de sospecha sobre las adjudicaciones realizadas en maniobras poco transparentes –como también se vio en el capítulo anterior–). Con lo cual, este caso no sólo manifestó el conflicto existente entre lo planificado y las necesidades habitacionales existente (que podría haber sido salvado con la participación de los usuarios en la definición de las necesidades habitacionales puesto que existía de antemano dicha población específica), sino también una clara restricción de acceso al derecho a la vivienda (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006) a las familias de deberían haber sido destinatarias de las mismas, probando, en caso de darles alguna solución habitacional a posteriori a estas familias en tránsito, un proceso de relocalización de las mismas.

En relación al PRTExAu3, los cuatro proyectos bajo análisis constaron de edificios que rondaron entre las siete y las cuarenta viviendas, con departamentos de dos (de 44 mts2), tres (de 48 mts2) y cuatro ambientes (de 55 mts2) –al menos dos viviendas de este último tamaño en cada complejo–. Al igual que en el resto de las operatorias, todos los edificios contaron en planta baja con departamentos preparados para personas con capacidades diferentes y con espacios comunes decorados por sus propios usuarios donde balconearon los distintos departamentos. Además, los departamentos de planta alta al frente contaron con balcones aterrazados de 8 mt2 y los departamentos ubicados en la planta baja –además de los patios/lavaderos con los que contaron todas las unidades– también tuvieron amplios patios privados traseros (de 18 metro de largo en el caso de Estomba 1140) que tomaron toda la dimensión del terreno (Entrevista E1. PRTExAu3. Complejo Estomba 1148. CABA. Junio 2013).

Imagen 18: Imagen de pasillos y patios internos de las viviendas de Estomba 1140, patio interno de vivienda de planta baja
del Complejo Giribone 1330. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

Entonces, en los proyectos de estos dos últimos programas de demanda específica (PRHLaBoca y PRTExAu3) se encontraron, durante el trabajo de campo y las observaciones realizadas en los departamentos, mayor variedad en la disposición de los ambientes construidos entre un proyecto y otro, mientras que en los dos proyectos de demanda general (Parque Avellaneda y Torres de Lugano) se verificaron proyectos constructivos casi mellizos dando cuenta del proceso de estandarización de sus etapas de diseño. Esta observación dio cuenta de la nula participación (Ilari, 2003) y el poco registro (Pelli V. S., 2010), por parte de los profesionales de la Gerencia de Proyectos del IVC, de las necesidades habitacionales de los destinatarios, las cuales fueron definidas a partir de una lógica de maximización de ganancia mediante reducción de costos y complejidad constructiva por sobre sus condiciones de bien de uso. No obstante, vale notar que en los proyectos de La Boca y la ExAu3 se reconoció una mayor consideración respecto del perfil de la población destinataria (tomando en cuenta la trayectoria de conventillos de los receptores del PRHLB y la trayectoria de habitación en edificaciones de pequeñas escalas de los receptores del PRTExAu3). Ahora bien, en este reconocimiento de ciertos patrones habitacionales, los usuarios de las viviendas tampoco desempeñaron algún rol, sino que esta contemplación fue motorizada por los funcionarios de las unidades ejecutoras de estos programas que reclamaron a los profesionales de la Gerencia de Proyectos que se respeten las características del hábitat barrial (como se vio en el capítulo anterior). Pero este reclamo de adecuación no fue estimulado desde una lógica de respeto hacia los patrones habitacionales y/o identidad cultural de los usuarios de las viviendas (Giglia, 2012), ni de sus necesidades de habitación (Pelli V. S., 2007), ni desde las interpretaciones que los funcionarios pudieron haber hecho de ellas, ni desde la obligación que tiene el Estado de satisfacer el derecho a la vivienda (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006), sino que estuvo orientado por una lógica de adecuación al contexto barrial (barrios que desde hace unos años son objeto de procesos de renovación urbana, como se explicó al inicio de este libro).

En las experiencias del Programa de Autogestión de la Vivienda, la variabilidad en el diseño de las viviendas de un proyecto a otro fue muy alta. Si bien, estas viviendas también deben cumplir con los estándares mínimos de calidad para la vivienda social, la gran mayoría de los proyectos superaron ampliamente estas condiciones mínimas y se verificó una mayor adopción de lo físicamente construido a las necesidades habitacionales de los destinatarios de las viviendas y en mayor consonancia con sus patrones habitacionales e identidad cultural (Giglia, 2012; Pelli V. S., 2007). Del relevamiento de experiencias realizado para este trabajo, en este grupo se comprobó que de las cooperativas que ya están siendo habitadas por sus usuarios, sólo dos tuvieron unos pocos departamentos de un ambiente de entre 38 y 42 mt2 (Cooperativa Corralito y Uspallata) y la mayoría de ellas tuvieron departamentos de dos y tres ambientes que fueron de 50 a 75 mt2 y varias cooperativas tuvieron departamentos de cuatro y cinco ambientes que llegaron hasta los 98 mt2.

¿Los departamentos de cuantos ambientes son? / Hay distintos tipos, hay monoambientes divididos con durlock, hay de dos y tres ambientes. El monoambiente, que es uno solo, lo podés dividir en dos. / ¿Qué metraje tienen? / El más chico 38,5 m2, después las medidas son de 45 m2, 46,5 m2, 73 m2 y 76 m2. XX[6] es el que tiene el departamento más grande porque tiene mucha familia. / ¿El departamento más grande tiene 3 ambientes? / De cuatro ambientes y con balcón terraza que da a la calle y si ahí ponés una pared de durlock sería dormitorio y comedor (Entrevista A9. PAV. Coop. Uspallata. CABA. Mayo 2013).


¿Cuánto miden las viviendas? / La más chica tiene tres ambientes (baño, cocina y dos habitaciones), las del costado tienen cuatro ambientes (baño, cocina y tres habitaciones). / ¿Y cuántos metros cuadrados tienen? / La más chica tiene 48 m2. ¿Y la vivienda más grande? ¿Es esta? / No, hay otra más grande que tiene casi 98 m2, es bastante amplio (Entrevista A6. PAV. Coop. La Ribera. CABA. Abril 2013).

También se registraron departamentos que contaron con espacios de crecimiento interno, como las cooperativas Luz y Progreso, Alto Corrientes, 28 de Junio, El Palomar, es decir que se trató de dúplex con un espacio libre para futuras ampliaciones que desee hacer la familia, mediante la prolongación de la habitación del piso superior hacia arriba del living-comedor localizado en la planta baja (el cual, por ejemplo, en la Cooperativa Luz y Progreso tiene una dimensión de 4 x 4.5 metros):

Hay dos tipos de departamento: mediano y grande, depende. Nosotros queríamos primero que todos sean iguales, pero después nos dimos cuenta que no servía y empezaron los reclamos, y después el arquitecto hizo cuatro tipos de medidas / ¿Y son cómodos los departamentos? / Sí son comodísimos los departamentos. La gente que está viviendo incomoda es porque no hizo los pisos de arriba [en relación al espacio de crecimiento con que cuenta el departamento]. Mi comedor es como de 4 x 4,5 mts., grande, ventanales grandes. Han explotado al máximo el terreno (Entrevista A2. PAV. Coop. Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).


Igual el modelo fue hecho a imagen nuestra, había dos familias nada más que tenían un solo hijo, entonces los departamentos de abajo son distintos a los de arriba, que tienen el espacio de crecimiento para los que tienen más hijos / ¿Él hizo un relevamiento de la conformación de cada familia? / ¡Sí, claro! (Entrevista A10. PAV. Coop. 28 de Junio. CABA. Mayo 2013).

Imagen 19: Foto de cocina y living de Coop. Crecer. CABA. 2013

Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

La explicación a esta mayor congruencia que se verificó en los casos autogestionarios (en relación a los casos llave en mano) entre lo diseñado y construido y las necesidades y gustos de los usuarios de las viviendas remite a que estos fueron partícipes de la definición de sus necesidades habitacionales (como se vio en los capítulos anteriores, a partir de distintos tipos y calidades de participación) y también fueron actores activos (mediante tomas de decisiones e inclusive, en muchos casos, mediante la práctica misma) en el proceso de construcción de sus viviendas y del habitar (retomando la idea anterior de que desde la producción de la vivienda se domestica el hábitat (Giglia, 2012; Lefrebvre, 1972; Heidegger, 2001)). Por ende, lo que se concluyó con el análisis de estos casos es que el trabajo de interpretación de las necesidades y gustos habitacionales de los destinatarios de la política realizado por parte de los profesionales/técnicos estuvo mediada por distintos niveles y tipos de participación de los mismos (Cabrero, 2004; Ilari, 2003; Rofman, 2007; De la Mora, 2002), por lo que a mayor participación, mayor adecuación y, por ende, mayor apropiación de la vivienda en la etapa del habitar.

Por otra parte, al indagar entre los entrevistados de los proyectos llave en mano sobre la adecuación que existe entre el tamaño de la vivienda y la cantidad y características (por edad y sexo) de los integrantes de la familia, se verificó que en general fue percibida por ellos como adecuada. Sin embargo, al contrastar estas percepciones con las observaciones no participantes que se estaban realizando y al indagar con mayor detalle, se percibió que para realizar la evaluación los usuarios tomaron como parámetro de comparación la situación habitacional previa, que en la mayoría de los casos era de hacinamiento y de suma precariedad en las condiciones de vida diaria. Con lo cual, ante aquella penosa situación, todos realizaban una evaluación positiva de esta adecuación porque aprecian en la vivienda nueva una mejoría en sus condiciones de vida; sin embargo se verificó que las condiciones de hacinamiento y vulnerabilidad aún se mantuvieron en la mayoría de los casos (aunque sin ser reconocidas por sus propios usuarios). Frente a aquel habitus (Bourdieu, 2001) al que estaban acostumbrados, percibieron una mejora en la calidad de vida expresada en un mayor confort y mejores condiciones de habitabilidad en las viviendas nuevas a pesar de, por ejemplo, mantener condiciones de hacinamiento y co-habitación[7]:

[La familia cuenta con dos integrantes (madre e hijo) en un departamento de dos ambientes] No, yo cuando entré, yo empecé a llorar, una emoción… Abrir la canilla y que te salga agua caliente, ¡mi hija! / ¿No tenían agua caliente? / No. En Darwin…, bue, en Billinghurst menos… Yo tenía unos problemas de agua, tuve una garrafa por doce años, una garrafita, pero bueno. Con mi hijo calentamos agua para bañarnos… Y cuando voy a Billinghurst digo “¡hay agua caliente!”, y pum se me rompió el calefón. Abrí la canilla y a los dos días, pin… garrafa otra vez. Así que dije un día voy a tener agua caliente, y llegó, fue muy fuerte, estar acá abrir la canilla y que salga agua caliente […] Pero bueno, este es el departamento más chico, o sea un dormitorio, o sea, esto sería un dos ambientes…, qué sé yo, yo por ahí haría otra pieza, porque yo, ¿ves?, duermo acá, en el living está mi cama, este es mi dormitorio. En el dormitorio duerme mi hijo, pero bueno, yo no entro… Pero esto está perfecto, estamos mucho mejor (Entrevista E4. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


[La familia se compone de cuatro integrantes: un matrimonio, una hija adolescente y una hija en edad de escolaridad primaria. El departamento es de tres ambientes y la hija menor tiene su cama en el pasillo de distribución] ¿Se sienten cómodos en la casa? / Sí, estamos cómodos…, a mí me gustó, te imaginás… Venimos de tener que compartir la cocina, que no es poco… Tenemos atrás calefón nuevo, cocina, mesada, bañera, todas las cosas… Estamos muy bien (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013).


¿Cómo se decidió que ibas a uno de tres y no a uno de dos? ¿Fue por la cantidad de integrantes de la familia? / Sí, cuando me anoté no había, después aparecieron con el avance del proyecto y la cooperativa me llamó para preguntarme si quería poner unos pesos más y pasar a uno de tres. Yo dije que sí inmediatamente, a mí no me importaba que fuese de dos, era una forma de empezar, de hecho, la necesidad era de tres porque nosotras somos tres, a veces cuatro. Mi fantasía es que cuando mi hija se vaya yo recupere mi dormitorio sola, estoy durmiendo con mi mamá ahora en el cuarto grande y mi hija sola o con el novio en el otro… Nos queda chico, pero está bien, uno de dos hubiera estado bien también (Entrevista E8. Programa Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


[Se trata de un departamento de tres ambientes para dos hogares. Uno de ellos un matrimonio y dos hijos varones en edad escolar, la suegra y la cuñada del entrevistado. Las familias vienen de compartir una habitación de 4×3.5 mt2 en una casa tomada a la vera del puente de Av. Juan B. Justo] ¿O sea están cómodos en el departamento? / Sí, sí. / ¿Y sienten un cambio en cuanto a calidad de vida? / Sí, sí, es como te digo. De venir de allá, de un ambiente, de una casa grande con ladrillos que parecían esponja por la humedad que chupaban, que entraba agua, de no tener calefacción adecuada, de no tener agua caliente, gas natural. Te digo que es un cambio bastante grande, bastante grande para mejor […] / ¿Y la cantidad de ambientes alcanza para la cantidad de integrantes de la familia de ustedes? / Sí. / ¿O quedó medio chico o grande? / Ahora quedó medio chico, porque creció la familia…, los chicos están más grandes, y como que los espacios nos van quedando más reducidos, pero no es que estamos mal tampoco… O sea, ¿cómo explicarte?, el único ambiente más pequeño que nos queda es el nuestro, que es el dormitorio que compartimos con los chicos [una pareja con dos hijos varones] pero por un tema que está mi cuñada en la habitación más chiquita, mi suegra y nosotros, somos seis personas en total. Entonces nos queda ese lugar, pero como vamos simplemente a dormir ahí, porque después los chicos no están en todo el día, están en la escuela… Sí estamos nosotros un rato hablando en el día, a veces no, pero simplemente se utiliza para dormir ahí. Pero, después, los ambientes de la casa son cómodos. Por el tema baño, hay un sólo baño, pero hasta el día de hoy no surgió inconveniente de decir, apurar al resto para que salga porque somos bastantes (Entrevista E3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio, 2013).

Ante la inconformidad de las respuestas por la inadecuación existente (y percibiendo en la realización del trabajo de campo que esta situación se repetía en varios casos de distintas operatorias), se trató de escarbar en los motivos que hacen a la justificación de esta conformidad. Se verificó que los entrevistados no sólo remitieron a los aspectos estructurales de la vivienda –que remiten al subsistema habitacional–, sino que también se refirieron a cómo esto impactó en el resto de los subsistemas que conforman un hábitat, haciendo específica referencia a los subsistemas cultural y territorial/ambiental (Barreto M. A., 2008), dando cuenta de que para los entrevistados la vivienda no sólo es un espacio de habitación sino que también remite a las condiciones de habitabilidad (De la Mora, 2002) que la misma potencia. En este sentido, se retoma aquí el relato de uno de los entrevistados (representativo del resto, pero con un nivel de claridad que vale reproducir) que explica cómo repercutieron las malas condiciones de su vivienda anterior en su abandono escolar cuando era chico y cómo la nueva vivienda afectó en la salud de sus hijos, haciendo un paralelismo en lo que a él le tocó vivir y las mejoras que viven sus hijos (como justificación de la mejora que perciben –a pesar de no existir una satisfacción de sus necesidades habitacionales–):

Y bueno no sé, ahora, digamos, allá [en referencia a su vieja vivienda en una casa tomada] se complicaba ponele a veces llevar a gente por el hecho de no tener las comodidades básicas, por así decirte. Llevar a conocidos, amigos, no sé, gente a estudiar. A mí, a veces, me daba vergüenza llevar a los chicos del colegio cuando yo estudiaba. Y hasta me daba a veces vergüenza porque no tenía para ofrecerles, por ahí, lo que ellos me ofrecían. Porque, ponele, yo iba a la casa de algún compañero mío y el padre o era escultor, pintor, o era arquitecto o era músico, eran la mayoría de clase media, de una situación media de una clase media a media alta. Entonces vos decías “che, ¿a dónde vamos? Vamos para tu casa. No, pero no sé…, mi abuela o mi vieja”, se me complicaba. Y te digo que, o sea, después bueno, dejé el colegio por cabeza dura, por querer trabajar, por querer… Pero, o sea, hoy pienso que todo era relacionado a algo, muchas veces…, qué sé yo, mi vergüenza, boluda, porque en definitiva era mi casa… Pero bue, dejé el estudio. Y hoy en día, digamos, a esta edad, me doy cuenta de que si no tengo un estudio no puedo progresar más, entonces me tengo que poner a estudiar… / ¿Sentís que la condición habitacional actual aporta a que en este momento puedas estudiar [desde hacía unos años había retomado el secundario en una escuela nocturna]? / Por lo menos en mi caso, sí, en el caso de ella [en referencia a su esposa] no sé, pero yo calculo que sí. O sea, como que no estamos tan preocupados, ponele, de traer, por así decirte, de traer plata para arreglar no sé, el techo, las paredes que pasan humedad, o algo por el estilo […] Y lo bueno también la diferencia que podés llegar a notar es el tema de la salud. Eso es impresionante en los chicos. El más grande mío cuando nació ya empezó a los 3 casi 4 meses con nebulizaciones por el tema de la humedad que había. Al venir acá, ya nada. Y el más chiquito, gracias a Dios, todas esas cosas nada, porque nació acá, pero ese cambio también es muy importante porque allá era frío constantemente. Y eso nos hacía mal generalmente a todos. Por ahí, constantemente en invierno si cae uno, caían dos, tres, todos así engripados. Y más allá de estar en distintas habitaciones, la humedad es la misma, es como que los bronquios estaban afectados. Afectaba muchísimo… Que por suerte eso acá no se ve, acá podemos pasar inviernos que no se enferma nadie, ¿entendés? Allá el invierno era seguro que alguien se enfermaba, eso es un cambio muy positivo a lo que era allá (Entrevista E3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio, 2013).

Este relato legitima el abordaje del problema de la vivienda desde la perspectiva de complejidad e integralidad propuesta más arriba, pues la inadecuación en uno de los subsistemas de habitabilidad tiene sus efectos en los otros subsistemas por la inter-determinación que existe entre los mismos, impactando en las posibilidades de una vivienda digna y un hábitat adecuado (Barreto M. A., 2008) y las posibilidades de acceso a este derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

Ahora bien, también hubo algunos casos que plantearon directamente que la vivienda no se adaptó a las necesidades de habitación que tenía la familia restringiendo toda posibilidad de acceso a una vivienda adecuada:

A mí no me sirve, es muy chiquito, yo sigo a ver si algún día por medio de la asociación civil [de la que participa] o de un crédito de la 341 puedo obtener una vivienda más cómoda. Yo tengo tres nenes y mi marido, somos cinco personas viviendo en un departamento de dos ambientes, no entramos (Entrevista E15. PRHLB. Complejo Brandsen 660. CABA. Septiembre 2013).

En todos los casos entrevistados se verificó una alta adaptación de lo físicamente construido a las necesidades de habitación de las familias en los proyectos del PAV. Salvo excepciones ya comentadas que se ejecutaron como casos llave en mano, fueron proyectos autogestionados con prácticas de participación en la etapa de diseño. A través de un relevamiento familiar realizado por el área social del ETI las viviendas sociales se concibieron en base a la composición familiar de los hogares integrantes de las cooperativas y las decisiones fueron tomadas por ellos; esta instancia de participación en el diseño redujo las posibilidades de incongruencias entre las construcciones terminadas y las necesidades de habitación de las familias destinatarias, pues tal como planteaba Lefebvre (1971), Heidegger (2001) y Giglia (2012), el proceso de habitar se inició en la etapa de concepción de las viviendas:

[Este hogar está integrado por un sólo integrante y vive en un departamento de dos ambientes] Y este departamentito no es muy grande, pero es muy cómodo, es de 50 metros más o menos ponele y soy yo sólo. Tiene una ventilación muy buena, la puerta es de hierro, se puso todo lo mejor, porque el instituto de repente capaz te pone cosas de inferior calidad y te cobra lo que sale este (Entrevista A7. PAV. Coop. Caminito. CABA. Mayo 2013).


[Esta familia está integrada por cinco personas: madre viuda con tres hijos, la pareja de uno de ellos también vive en la vivienda. Ellos ocupan un departamento de cuatro ambientes de 98 mt2] De acuerdo al grupo familiar repartimos, las familias más grandes tenían departamentos más grandes y las menos numerosas los más chicos (Entrevista A6. PAV. Coop. La Ribera. CABA. Abril 201

Imagen 20: Imagen de living-comedor de Coop. Madres 27 de Mayo y baño y living-comedor de Coop. Octubre. CABA. 2013

Fuente: Foto cedida por la Coop. Madres 27 de Mayo y relevamiento fotográfico elaborado por la Kaya Lazarini y Cecilia Zapata.

La participación de los usuarios en la etapa de concepción de las viviendas también permitió en el marco del PAV ciertas previsiones relacionadas con el posible crecimiento de la composición familiar de los hogares. En muchos proyectos este factor de crecimiento se tuvo en cuenta en la etapa de diseño y previeron un espacio para futuras ampliaciones y, en consecuencia, modificaciones constructivas:

como hay mucha gente joven en esta cooperativa que puede que tenga más familia, acá hay un medio ambiente que vos ahí podés poner una cuna o si tenés una tercera persona en la familia un espacio para ella. Decidimos hacerlo así porque la cooperativa tiene muchos jóvenes que seguramente se van casar, tener familia y sino la casa les va a quedar chica… (Entrevista A11. PAV. Coop. Octubre. CABA. Mayo 2013).


Nosotros estamos cómodos porque somos dos nomás y tenemos comedor, cocinita, un baño, una habitación arriba y también si quisiéramos podríamos hacer ampliaciones sobre el mismo comedor / ¿En el espacio de crecimiento que tiene el departamento? / Sí, a futuro… Pero hay otros integrantes que capaz tienen hijos, uno o dos o algún pariente y se le reducen los espacios. Nosotros estamos cómodos, pero hay algunos que se sienten un poco apretados porque tuvieron más familia y bueno…, pueden ampliar si quisieran…, lo que presentaron en un primer momento se agrandó con el paso del tiempo (Entrevista A3. PAV. Coop. Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).

Integrantes de la cooperativa El Palomar hicieron un análisis interesante de la participación de los cooperativistas en el proceso constructivo de su edificio (comparando viejos integrantes que transitaron todo el proceso de participación con nuevos integrantes que no) y el impacto que según ellos tuvo en la calidad de habitabilidad de las viviendas en términos de apropiación y en el resto de los subsistemas que hacen a una vivienda adecuada (Barreto M. A., 2008; De la Mora, 2002). Percibieron no sólo mejoras en la calidad de vida, sino también que poder acceder a una vivienda mediante instancias participativas de decisión (como expresión de autonomía) les posibilitó un sostén para un mejor desenvolvimiento de las familias en otros aspectos de sus vidas (pues como se decía anteriormente, la vivienda debe ser abordada desde un enfoque de integralidad (Barreto M. A., 2008) porque sus propios moradores así la perciben). Además, plantearon que el hecho de ir domesticando (usando los términos de Giglia (2012)) el espacio desde la etapa de la construcción habilitó mayor satisfacción y, por ende, mayor apropiación de las viviendas:

¿El poder acceder a una vivienda propia les facilitó una mejora en la calidad de vida? / Sí, y esa participación que tuvimos acá siempre se planteó de manera democrática. Todo eso fue haciendo una evolución de cada uno a nivel personal, retomaron los estudios, van por estudios terciarios, otro tipo de trabajos, se compraron coches, mandan chicos al colegio privado… […] Fue difícil…; cuesta que nos apropiemos del espacio, que podamos comprenderlo como nuestro, porque estaba todavía hasta hace poco esto de que “es una vivienda social, nos la dio el estado”. Y el Estado no nos dio nada, es nuestro, es un crédito que otorgaron a la cooperativa y tenemos que devolverlo a treinta años. Lo que vamos a devolver van a ser monedas en treinta años, pero lo importarte es nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, hemos invertido tiempo y esfuerzo en las reuniones. Y aquellos que han entrado casi a lo último y que no tuvieron todo ese proceso que son los que no entienden mucho esto, siempre les estamos recalcando que son parte de un grupo, las decisiones son grupales y esta es su casa, no es para alquilar ni vender, hay que pagar, es diferente a la apropiación de un espacio donde construyen tu casa y vos vas y vivís, ellos pudieron ver el proceso de construcción, estar cuando había que ir a comprar tal bañera o cocina, ir a comprar los pisos, los colores, que tipo de escaleras, estos escalones cada uno lo compró, los lijó y los barnizó, todas esas cosas hacen a la apropiación diferente (Entrevista A12. PAV. Coop. El Palomar. CABA. Junio 2013).

Ahora bien, algo que también se registró con recurrencia en el discurso de los cooperativistas (que no surgió de los destinatarios llave en mano) fue una valorización positiva de la dimensión estética de lo construido. Algunos de los entrevistados mostraron a través de sus testimonios un cierto sentimiento de encantamiento y atracción por la belleza de sus nuevas viviendas. Pues la participación que los destinatarios pudieron desarrollar en la etapa de diseño y las posibilidades de elección que tuvieron permitió la expresión de la identidad cultural y de los patrones de belleza de los destinatarios de las viviendas, habilitando la satisfacción de las necesidades estéticas de los mismos.

Es una belleza, te caes de trasero. Son preciosas, y tienen todo el diseño de la bovedilla, que aquellas no tienen ni los ventanales que tienen estas. En los ventanales también hay problemas porque te entra un poco de agua por arriba, porque le faltan algunas terminaciones, pero son hermosas, no sé qué decirte, son hermosas (Entrevista A1. PAV. Coop. El Molino-MOI. CABA. Marzo 2013).


Hoy tengo mi espacio, es mi cocina, es mi comedor, puedo estar ahí y tomarme un té, nadie me dice que me tengo que ir, es hermosa esta casa, yo la miro y la miro y la miro… Y me cambió la calidad de vida (Entrevista A9. PAV. Coop. Uspallata. CABA. Mayo 2013).

Este acceso al derecho a la belleza por parte de los destinatarios de una vivienda, es decir, por parte de sectores populares, no es un dato menor. Pues como se ha visto a lo largo de este trabajo, las políticas habitacionales destinadas a estos sectores se caracterizaron –tradicionalmente– por negar los patrones culturales y habitacionales (Giglia, 2012) de los destinatarios de las viviendas por conceptualizar a lo físicamente construido por el Estado como una donación, es decir un “regalo” que debe ser aceptado en las condiciones que sea (Pelli V. S., 2010). Por ende, políticas que habilitan espacio de participación social en el diseño de las viviendas permiten la producción de un satisfactor (la vivienda) que también da respuesta a las necesidades de satisfacción estética que tienen estos sectores de la población, aportándole mayor contenido al derecho a la vivienda (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

Continuando con el análisis del subsistema habitacional, todos los departamentos entregados por llave en mano y los autogestionados contaron con la infraestructura de acceso a agua, luz y gas, factores claves para la promoción de integración social (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001). No obstante, el acceso inicial a los mismos tuvo sus particularidades, pues en los casos llave en mano se registró –en muchos casos– que la conexión a los servicios llegó a tardar días, e incluso meses, una vez entregadas las viviendas, lo que dificultó la llegada de las familias al nuevo hogar. Por su parte, en los casos de autogestión, los usuarios no recibieron las viviendas mediante un acto de entrega, sino que ellos mismos fueron parte de todo el proceso constructivo y tuvieron libre acceso al terreno y a la obra. Por lo que ante distintas situaciones de emergencia habitacional que tuvieron que vivir sus familias –desalojos, vencimiento de alquileres, etc.–, sumadas a la dilación de los tiempos administrativos del programa, en algunos casos se tomó la decisión de mudarse a las viviendas antes de la finalización de las mismas, cuando medianamente estaban en condiciones de ser habitadas. Cuando se presentaron estas situaciones, las mudanzas se hicieron en situaciones complejas de habitabilidad, con servicios aún deshabilitados y obreros aún en instancia de trabajo. No obstante, todos los casos de ambos modos de producción regularizaron sus situaciones en el corto plazo.

Por ende, al analizar las experiencias de los distintos modos de producción, surge que aquellas construidas por autogestión, a partir de procesos de participación en la toma de decisiones por parte de los destinatarios en los diseños de las viviendas, mostraron un mayor respeto hacia las necesidades y patrones habitacionales de sus destinatarios que los casos llave en mano, y habilitan mayores canales para el acceso a una vivienda digna en términos de derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006) y promoviendo mayores posibilidades de integración social (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001).

7.3 Condiciones de habitabilidad de las viviendas

En cuanto a las condiciones de habitabilidad de las viviendas entregadas llave en mano, se le consultó a los entrevistados cómo evaluaban el estado constructivo de las viviendas y los testimonios emitidos por los usuarios fueron variados. Entre los adjudicatarios de todos los programas (PRTExAu3, PRHLB y Viví en tu Casa) se registró una cierta disconformidad generalizada con algunas cuestiones estructurales de las obras y comentaron los problemas de terminación que tuvieron una vez habitadas las viviendas. Las problemáticas más mencionadas fueron: malas terminaciones en la colocación de cerámicos, filtraciones de agua, manchas de humedad y rajaduras:

Ha tenido sus problemas, de repente la colocación de azulejos que revientan o se despegan… Hubo filtraciones de agua, pero son mínimas (Entrevista E6. PRTExAu3. Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


Vos entrabas y era algo maravilloso, pero después cuando lo empezás a usar aparecen los problemas […] hubo que hacer bastantes modificaciones en cuanto a la construcción que aparentemente fue muy rápida y no estuvo del todo bien hecha (Entrevista E10. PRTxAu3. Complejo Estomba 840. CABA. Julio 2013).


¿Tuviste problemas de filtraciones? / Gracias a Dios yo no, pero los vecinos tuvieron y varios de ellos. El edificio tuvo en planta baja una obstrucción de un caño y a raíz de eso se dieron cuenta que en vez de poner caños nuevos fueron acoplando caños para abaratar los costos. Algunos vecinos tuvieron filtraciones. / ¿Rajaduras o fisuras? / Yo no, pero en el noveno piso sí filtra los dos que dan al contrafrente. Les filtra un tema de impermeabilización de la membrana, habría que volverla a hacer, y hay una pequeña fisura de una de las ventanas, como que se ve una rajadura, otra cosa no. Con el tema de los asesores algunos fallan, no sé si la constructora o la empresa de ascensores aluden que fueron los que usaron de montacargas cuando se hizo el edificio y que así se deterioraron bastante. Tienen service, pero siempre algo les pasa, si no es la botonera es la puerta o el sensor. Las personas que conocen de construcción y vieron el departamento dicen que es muy bueno, que conocen otros complejos del IVC que son más feos. Uno tiene un criterio y yo me lo imaginaba así, pero me esperaba algo peor. Los pisos son de cerámica muy lindos… Algunos los revistieron de piso flotante que tal vez más adelante lo haga (Entrevista E7. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

En general, los testimonios recogidos revalorizaron la calidad de las terminaciones que se encuentran a la vista (de artefactos exteriores de cocina y baño, marca de cerámicos como Ferrum, etc.), pero se remitieron en varias oportunidades a un recorte de costos en los materiales utilizados para las instalaciones, las colocaciones y la calidad de los materiales estructurales de las obras:

Es hermosa la casa, pero está hecha con materiales muy económicos. A mucha gente se les cayó azulejos de la cocina, a mí se me cayeron hace un par de días los del baño, recién ahora, pero es como que…, por ahí se tapan un poco las cañerías… O sea, cosa que vos metés mano y sacás escombro. La verdad que para el tiempo que estamos supuestamente no tendría que estar pasando (Entrevista E4. PRTExAu3. Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


Lo único que tenía era como un huevo que se hacía en el comedor, una filtración que era por un tema con la membrana, vino un plomero y la pintaron. […] las paredes no sé con qué están hechas que se siente todo el ruido, porque el vecino de al lado que tiene voz fuerte a la noche se siente como habla o canta con la guitarra, pusieron unos ladrillos muy finos, las paredes parecen de papel (Entrevista E12. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Agosto 2013).


¿Es buena la calidad de la construcción? / No son las construcciones de antes con los ladrillos de 15. Es muy buena por ser una vivienda del IVC y social. Yo de construcción mucho no entiendo, pero muchos familiares que vinieron me dicen que es buena la construcción, tiene detalles, el baño está muy bien terminado, las cocinas nos entregaron con cocina de muy buena calidad, calefón Orbis con sistema balanceado, mueble bajo, una estufa tiro balanceado también, todo lo que está a la vista está muy bien pero bueno, son estas viviendas modernas (Entrevista E7. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).


Hubo problemas estructurales, yo estoy justo en la medianera y tengo manchas de humedad… En el piso se nota que las baldosas no están bien puestas, están en desnivel. Las partes eléctricas son un desastre. Quisieron ahorrar en material. Cuando se pasan los cables en las casas por lo general se tienen que dejar 20 o 30 cm para una reparación posterior, acá dejaron todo justo. La instalación eléctrica está bien diseñada, porque las tomas están por un lado y la iluminación por el otro, cuando se me corta la iluminación me quedan los toma o viceversa, yo como soy profesional lo fui corrigiendo. En el patio también tuve que hacer muchísimas modificaciones, fui al instituto y me encontré que había muchos planos eléctricos sobre este edificio, y yo hablé con uno de los que lo diseñó y me dijo que nunca se podían poner de acuerdo con lo que se iba a hacer, y está mal hecho, la distribución general del patio común va por bajo tierra y hay conexiones que por efectos del agua producen cortos. Acá quisieron ahorrar mucho material. O sea, ¿qué quiero decirte?, para nosotros mejoró la calidad de vida porque tenemos nuestro departamento con todas las comodidades, pero nos damos cuenta que está construido con calidad precaria. Tiene una arquitectura precaria y una vez que nos lo entregaron olvidate de los reclamos (Entrevista E14. PRHLB. Complejo Brandsen 660. CABA. Agosto 2013).

Como se decía en el apartado anterior, de los testimonios recogidos se desprende que evidentemente existió una mejora de las condiciones de vida de las familias destinatarias de las viviendas, pero no por ello se pueden ignorar las deficiencias de calidad de lo físicamente construido. Si bien es cierto que los revestimientos de los departamentos estaban compuestos por artefactos de marcas reconocidas, detrás de estas carcasas visibles, las instalaciones redujeron notablemente la calidad. Este hecho se hizo evidente para los usuarios con el simple uso de las viviendas y las diversas problemáticas que debieron enfrentar (de envergadura para ser instalaciones nuevas sin estrenar). Este contraste entre la calidad de lo visible y lo “invisible”, además de responder a una lógica de minimización de gastos y complejidad –referida más arriba– en post de maximizar ganancias por parte de las empresas constructoras, también plasmó en las viviendas una lógica política proselitista donde los esfuerzos estuvieron orientados hacia las fachadas –hacia lo visible– por sobre lo estructural[8]. Este enmascaramiento reproduce la lógica de la prioridad de la imagen[9] por sobre el acceso al derecho a una vivienda adecuada (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006). Pues los excesivos descensos de los niveles de calidad constructiva y la acumulación de problemas estructurales trajo como consecuencia no deseada un deterioro prematuro de los complejos construidos y una fuerte degradación de la calidad de vida de sus pobladores, expresada en estigmantización y desapropiación de las viviendas por parte de sus usuarios (Dunowicz & Boselli, 2009), vulnerando las posibilidades de acceso a una vivienda digna y el desarrollo de procesos satisfactorios de integración social (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013). Si bien es cierto que por un corto plazo los usuarios percibieron las viviendas como mejoradoras de su calidad de vida, resta ver la evolución de las patologías existentes para analizar si finalmente con estas políticas continuaron abonando a la convencional reproducción estatal del déficit habitacional.

Por su parte, las experiencias del PAV mostraron una realidad distinta, pues para empezar las viviendas no fueron “entregadas” por el IVC, pues los propios destinatarios participaron de los procesos de construcción, por lo que hubo un control permanente del proceso de producción de las obras por parte de los usuarios (muchos, además, se dedican a la construcción[10]). Debido a esto último, casi no se registraron problemas vinculados con lo constructivo como los hallados en los proyectos llave en mano, pues fueron pocos los problemas de filtraciones, rajaduras u otras imperfecciones que tuvieron las cooperativas. Sólo dos cooperativas se enfrentaron a situaciones de este tipo: la Cooperativa Luz y Progreso (que fue obra nueva) y la Cooperativa La Ribera (que fue una remodelación):

Al principio tuvimos una gotera, la terraza tenía membrana, pero justo en el dormitorio de nosotros, en el medio, había una gotera, justo encima de donde estaba la caja de luz, peor. Así que tuvimos que llamar a la empresa constructora [aún la obra estaba en garantía] y vino, despegó toda la membrana y volvió a hacer el trabajo de vuelta. Fue automático (Entrevista A3. PAV. Coop. Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).


En mi departamento la puerta está mal puesta, abre para el otro lado y choca con una columna. Son problemas de arquitectura…, también, primero habría que arreglar la fachada, ponerle las baldosas, las cerámicas, el pasillo central, las escaleras que suban hasta el último piso. Los caños de luz que están en el lateral izquierdo del pasillo ponerles durlock o una protección para que no estén a la vista… No nos alcanzó la plata del crédito (Entrevista A2. PAV. Coop. Luz y Progreso. CABA. Abril 2013).

Es interesante también lo ocurrido en la Cooperativa La Ribera, una cooperativa que contrató a una empresa constructora y tercierizó en ellos la realización de la obra cual proceso llave en mano (incluso la compra de los materiales de construcción). Pues si bien ellos llevaban un control del proceso de obra y los gastos, a razón de una mala relación con los profesionales del ETI (que repercutió en una falta de capacitación a los cooperativistas de la situación de obra y poca circulación de información) muchas veces se sintieron manejados por los técnicos, y los entrevistados percibieron que esto repercutió en una calidad de los materiales de construcción y de las instalaciones, los cuales se hicieron notar en la etapa del habitar:

El baño que le hicieron a la mayoría vos lo ves nuevo, pero yo hace un año atrás tuve que hacerlo de vuelta y romper todo porque tenía una filtración en la parte de la bañera por caños que estaban mal unidos, en definitiva, nos gastamos $7.000 porque chorreaba abajo y se quejaban por el cielo raso los de abajo. Por eso hay muchas cosas que se hicieron al ras para que se vea bien pero no estaban bien hechos (Entrevista A6. PAV. Coop. La Ribera. CABA. Abril 2014).

La percepción de este entrevistado remite nuevamente a la lógica proselitista (Sartori, 1998) impregnada a la vivienda de la que se hablaba más arriba, pues pareciera que el involucramiento de los cooperativistas en el proceso de obra mediante estrictas prácticas de control y seguimiento (orientados por una lógica de uso) repercutió en la fijación de un límite a la lógica de maximización de la ganancia propia de cualquier empresa mercantil, evitando degradaciones en la calidad de sus viviendas. Cuando en los procesos autogestionarios no existió este seguimiento, se reprodujo la misma dinámica de maximización de ganancia a costas de minimización de calidad del modo de producción llave en mano, pues, en definitiva, no hay que perder de vista que estos procesos están insertos en un modo de reproducción capitalista.

Ahora bien, en líneas generales, entre el resto de las cooperativas existió una percepción positiva de la calidad de las viviendas construidas por autogestión. Todos los entrevistados (salvo las excepciones recién comentadas) revalorizaron la calidad de los materiales utilizados en la construcción y la calidad del resultado final de las viviendas:

En el temporal del otro día, que fue muy fuerte, estábamos acá y no pasó nada, la mano de obra de esta cooperativa está muy bien hecha… La calidad de las terminaciones, de la mano de obra, esto no es barato, pusimos todo lo mejor que se pudo (Entrevista A11. PAV. Coop. Octubre. CABA. Mayo 2013).


Es una construcción bastante bien hecha, los materiales de construcción son de primera calidad y hasta ahora no tuvimos problema alguno, todavía estamos pintando (Entrevista A10. PAV. Coop. 28 de Junio. CABA. Mayo 2013).


Muchos de los entrevistados resaltaron la buena calidad constructiva en relación al bajo costo de las viviendas producidas, pues todos esperaban costos finales de obra y calidades similares a los de las obras llave en mano y, sin embargo, como se vio en el capítulo anterior, los costos de producción de las viviendas por producción autogestionaria resultaron menores que los de obras públicas y la calidad significativamente mejor:


Pensar que con nada más que siete millones pudimos levantar esta obra que esta completísima para nosotros y es de buena calidad (Entrevista A12. PAV. Coop. El Palomar. CABA. Junio 2013).


Y los compañeros no lo razonan, estas viviendas fácil valen U$S110.000 en el mercado, ¿nosotros sabes cuánto vamos a devolver? $100.000 y a treinta años. Ellos no tienen noción, te digo por cómo son todas las viviendas, todas las terminaciones que tienen, la calidad constructiva, y las familias no se dan cuenta (Entrevista A1. PAV. Coop. El Molino-MOI. CABA. Marzo 2013).

Ahora bien, algo que resulta importante analizar, en relación a la calidad de las viviendas construidas por autogestión, es que en todas las cooperativas estudiadas se registró que las familias aportaron mensualmente una cuota social para conformar un fondo para situaciones de emergencia (por ejemplo, para evitar una posible paralización de la obra por parte del IVC) o para mejorar la calidad constructiva de sus viviendas. Ante una situación económica de inflación constante, los precios de los materiales de construcción aumentaron a una rapidez mayor que la que lo hacía el monto del crédito –vía actualización– otorgado por el IVC[11], por lo que los cooperativitas entablaron distintas estrategias para contrarrestar este fenómeno. Como medida paliativa, gran parte de las cooperativas decidieron utilizar los fondos acumulados como complemento de los fondos aportados por el IVC y así mitigar el impacto de la inflación e invertir esos ahorros colectivos en mejoras de calidad de las obras. Otra de las estrategias implementadas fue incorporar trabajo de autoconstrucción y ayuda mutua de las familias en las obras, con el objetivo de no invertir fondos en tareas que podían realizar ellos mismos y así destinarlos a materiales de mejor calidad. Con la simple toma de esta decisión, los destinatarios de las viviendas fueron domesticando su espacio (Giglia, 2012), pues con la misma práctica de autogestionar una mejora de las futuras condiciones de habitabilidad de las viviendas (De la Mora, 2002), fueron construyendo mayores niveles de apropiación, abonando desde esta temprana práctica del habitar al acceso al derecho a vivienda digna (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006), pero también construyendo y consolidando el colectivo que sostiene a la cooperativa:

cuando Basavilbaso [actual presidente del IVC] vio esto no lo puede creer, la obra, el diseño y la calidad de cómo está hecha. Le dije mirá, la realidad es esta, nosotros fuimos poniendo plata con el grupo de vecinos, se fijó una meta y todos los meses se iba juntando, si el instituto te daba $10 nosotros juntamos $20 y en vez de poner ladrillos huecos, usamos unos de cerámica que salen tres veces más, porque queríamos poner cosas de calidad, la cañería es la mejor, después a pulmón se hará todo lo que falte, pero la base de lo que es hormigón, cañería, todo, lo pusimos lo mejor que se podía. Poniendo guita hicimos maravilla, poniendo el lomo hicimos otro tanto. / ¿Había algún tipo de organización interna? ¿Hicieron autoconstrucción? / Sí. Todas las familias participaron, hicimos jornadas de pintura, los cerámicos que ves los pusimos nosotros… Hicimos de todo y participaron todos (Entrevista A8. PAV. Coop. Sembrar Conciencia. CABA. Mayo 2013).


¿Qué parte de la obra fue financiada con la plata de la cooperativa? / Con la plata nuestra lo que hicimos fue la compra de los muebles de cocina, de la mesada de toda la cooperativa. La cocina incluso es compra del IVC, pero todo el resto nuestro. Compramos los accesorios del baño, las cositas para poner el jabón, esas cosas […] / ¿Ustedes hicieron trabajos de autoproducción o ayuda mutua para hacer esto? / Se compró grupal y después cada uno lo decoró a su manera. Como las mesadas, por ejemplo, no todos tienen el mismo color, eso fue elección de cada uno. / ¿Pero compraron todos juntos? / Sí, todos juntos. Se pensó que cada uno pueda elegir después porque es su casa. Esa apropiación para mí es diferente a cuando ya venís y te dicen “esta es tu casa” y no pasaste todo ese proceso de pelea, de angustia, de lucha (Entrevista A12. PAV. Coop. El Palomar. CABA. Junio 2013).


La obra no tenía cerámicas en el piso ni en el patio porque nos quedamos cortos con el crédito, así que ahorrábamos plata. Una vez terminada la obra con el IVC, lo pusimos nosotros, trabajando y usamos la plata del fondo de la cooperativa para pagarlo. Necesitábamos ahorrar y yo quería que mi casa tenga lo mejor y mis compañeras también (Entrevista A4. PAV. Cooperativa Madres 27 de Mayo. CABA. Abril 2013).

Por otra parte, por las características propias de los proyectos del PAV, es difícil evaluar si las viviendas fueron entregadas con las terminaciones correspondientes o no, pues, como se vio, las viviendas autogestionadas no fueron entregadas por el Estado. Se podría realizar este análisis en base a si las terminaciones de obra fueron financiadas o no con recursos públicos, pero los casos en que no fueron financiados por el PAV resultaron de una exclusiva decisión de las cooperativas en base a su estrategia autogestiva (pues sólo ellos tienen la potestad de decidir en qué gastar sus recursos –sean públicos o privados–), por lo que tampoco habilita este tipo de análisis.

Ahora bien, al inicio de este escrito se retomaba a Pelli (2010; 2007) para explicar que los desencuentros entre lo planificado y lo físicamente construido se expresa en el habitar a partir de la alteración de las características formales y funcionales de la vivienda. Al analizar posibles modificaciones entre las experiencias del PAV, se registraron situaciones sólo en las cooperativas que previeron espacios de crecimiento en su etapa de concepción. Gran parte de estas familias, en base a sus necesidades, una vez habitando las viviendas extendieron sus comodidades hacia este espacio vacío, algunos construyeron un dormitorio grande y otros subdividieron el espacio para obtener dos dormitorios.

¿Y vos ampliaste para hacer otra habitación más en el espacio de crecimiento? / Si, amplié. Tengo dos habitaciones más ahí, para mis hijos que una es mujer y otro varón. Esta la ventana acá que si vos cerrás se forma otra habitación más [en referencia a un espacio que cerraron también en el living-comedor], y te queda mucho espacio igual. Y el tema era pelearla, ir y venir y que te den el dinero y seguís construyendo. Yo quería construir, quería mi casa (Entrevista A5. PAV. Coop. Alto Corrientes. CABA. Abril 2013).

Salvo estos casos que ya estaban previstos de antemano, y que de hecho sus destinatarios tomaron esa decisión en los espacios participativos de diseño (como se dijo anteriormente), no se registraron en el resto de las cooperativas ampliaciones o modificaciones en la estructura de las viviendas. Nuevamente, a través de este indicador, se vuelve a verificar que la participación de los destinatarios en la definición de sus necesidades habitacionales garantiza la construcción de viviendas más satisfactorias. Al ser ellos diseñadores de sus propias viviendas (ya se vio mediante distintas formas y tipos de participación analizados en el capítulo anterior) se reducen las posibilidad de alteración de lo físicamente construido (Pelli V. S., 2007), pues el habitar desde el proceso mismo de construcción habilita que el habitus (Bourdieu, 2001) de los pobladores se vaya desplegando en ese proceso de domesticación del espacio, por lo que una vez habitadas las viviendas, estas satisfacen por completo las necesidades y patrones habitacionales de sus destinatarios (Giglia, 2012).

No fue así en los casos llave en mano, en donde se registraron varias alteraciones físicas a los departamentos para tratar de adaptar los espacios a las necesidades habitacionales de las familias usuarias de las viviendas. Lo que se verificó en estos casos es que hubo una mayor insatisfacción de las necesidades de identificación del usuario con las formas internas de las viviendas y los modos planificados de funcionamiento de los espacios. Es decir que el proceso de domesticación en este caso fue inverso, pues fueron los espacios los que trataron de domesticar al habitus de sus usuarios (Bourdieu, 2001; Giglia, 2012). No obstante, en la disputa de esta tensión muchos usuarios modificaron los espacios en un acto de genuina modificación del uso planificado de los mismos. Estas alteraciones se constituyeron en un claro indicador de la incomunicación que existió entre quienes diseñaron las viviendas y quienes luego habitaron en ellas, seguramente por poseer patrones y necesidades habitacionales diferentes y/o porque los funcionarios construyeron una errónea interpretación de las necesidades de los usuarios (por lo pronto sin una mediación consultiva) (Pelli V. S., 2007) o simplemente por producir viviendas estandarizadas.

Yo dividí el comedor cuando nació la otra nena para hacer un cuarto. Los dos nenes más grandes duermen ahí en ese cuarto nuevo y la nena más chica tiene una cuna al lado de mi cama… El departamento es muy chico, entonces no estoy cómoda, tuve que reformar, pero así y todo no estoy cómoda (Entrevista E15. PRHLB. Complejo Branden 660. CABA. Septiembre 2013).


El bajo mesada me lo hicieron en el taller a mí, el mueble de la cocina y del termotanque, la cocina venía pelada. / ¿La barra esta estaba? / Eso lo hice yo. / ¿Las casas vinieron con este arco? / La casa vino con el agujero y yo lo cerré e hice estantes. Estaba pelado, después en el taller los carpinteros me hicieron toda la parte de arriba. / ¿El baño vino con bañera? / No, con el escaloncito de loza. No es grande el baño y no da mucho para bañera aunque algunos vecinos pusieron. / ¿Alcanza para la cantidad de integrantes de la familia? / Sí, lo ideal serían dos baños o un baño y un toilette, pero bue… (Entrevista E6. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. 2013).

El complejo habitacional de Palos 460, construido por el PRHLB mostró cómo, ante la necesidad de un espacio para lavar la ropa, una de las familias modificó el uso del balcón convirtiéndolo en un lavadero. Una de las entrevistadas, vecina de esta familia, en su testimonio se quejaba del uso indebido de ese espacio, pues según ella “afea el frente del edificio y después en el barrio dicen que somos un conventillo” (Entrevista E16. PRHLB. Complejo Palos 460. CABA. Septiembre 2013). Estos procesos de alteración de lo planificado por parte de sus usuarios (Pelli V. S., 2007) lograron resolver una necesidad habitacional, pero para el resto de los vecinos, esta actitud individual puede ser objeto de una estigmatización colectiva. Por lo que estos procesos de modificación de usos de los espacios pueden tener efectos no deseados de segregación socio-barrial, impidiendo una satisfactoria integración de los usuarios en el entorno barrial (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013).

Imagen 21: Foto de alteración de uso del espacio. Balcón convertido en lavadero. Complejo Palos 460. CABA. 2013

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Fuente: Relevamiento fotográfico elaborado por Cecilia Zapata.

7.4 Valorización del uso, goce y apropiación de las viviendas

Remitiendo al análisis del subsistema legal/político (Barreto M. A., 2008), y para continuar con el análisis de la consolidación del uso de las viviendas sociales bajo estudio, se toman aquí también como indicadores de estas variables la percepción que tienen los usuarios en relación a la seguridad de la tenencia, el cumplimiento de las obligaciones formales que tienen los usuarios para con el Estado y con las empresas prestatarias de servicios públicos, y también el arraigo/apego que sienten en relación a sus viviendas.

En relación al primer punto de análisis, todos los entrevistados, ya sean adjudicatarios de los programas llave en mano o del autogestionario, se mostraron conocedores y conscientes de las características del crédito que asumieron para acceder a las viviendas y el procedimiento administrativo vinculado al pago. No obstante, se consignaron diversos inconvenientes con este trámite, pues desde que se entregan las viviendas (para el caso de las experiencias llave en mano) o se firma la finalización de obra (para las experiencias autogestionarias) hasta que se firma la escritura suele pasar cierto tiempo que en la mayoría de los casos es considerable. Algo similar ocurre entre que escrituran sus viviendas a su nombre y les envían la primera chequera de pago. Estas demoras fueron vividas por los entrevistados de ambos modos de producción con ansiedad, y hasta en algunos casos con desesperación, pues se verificó en sus discursos que le atribuyen a la obtención de la escrituración una fuerte carga de apropiación en términos de garantía de una protección legal y simbólica contra el desamparo habitacional y el desahucio, y lo vinculan directamente con la seguridad de tenencia de la vivienda en términos de asegurarse un futuro estable. Todas las familias usuarias de estas viviendas (sea cual sea el programa) provienen de situaciones de alquiler formal o informal o de ocupación, por lo que la inestabilidad en el régimen de tenencia de sus viviendas se les presentaba como una problemática (y más aún ante situaciones de permanente inestabilidad y precariedad laboral), por lo que la escrituración es vivida por los entrevistados como un seguro de vida, un aseguro de las condiciones de habitabilidad conquistadas en términos de derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006), pero fundamentalmente para sus hijos (para evitarles tener que pasar por la inestabilidad que tuvieron que pasar ellos). Testimonios de usuarios llave en mano relataban así esta situación:

Ahora entré en contacto con el IVC, porque viste que uno no tiene la vida comprada, y quiero hacer ese trámite, cómo es, quiero ponerlo como bien de familia. Ella [en relación a una funcionaria del IVC] me dijo que no cree que yo vaya a tener ningún problema porque nunca me retrasé para nada con las cuotas… Y yo no quiero desheredar a mi hija… Ella ahora se mudó, viste, ahí a Rocha, pero ella está en pareja, no está casada legalmente y el departamento va a ir a nombre de la pareja y a ella no le va a quedar nada, queda para sus dos hijos, mis nietos, la nena y el nene… Entonces, bueno, se reparten queda para mi hijo y para ella… Por eso lo quiero poner como bien de familia, no quiero que ellos pasen por las que pasé yo y la vivienda siempre es un tema (Entrevista E16. PRHLB. Complejo Palos 460. CABA. Septiembre 2013).

¿Y vos tenés la escritura de este departamento? ¿Sos propietario? / Sí, sí tengo escritura. Te digo más, yo no sabía. Una persona le salió garante ya para su hija… / ¿Empezaste a pagar ahora con el macrismo? / Sí. Pero atrasado, porque ellos tuvieron como… Yo a los años que entré, voy por la cuota veintiocho, creo que veintinueve, treinta ponele. Ya hace dos años y medio que estoy pagando, y hace siete que estoy acá, estuve como cuatro y medio sin pagar. Y no porque no quisimos pagar, no nos quisieron cobrar. Y yo dije, no, si yo luché por esto. / ¿No les mandaron la chequera con la cuota mensual a pagar? / No, ¿vos podés creerlo? Nos movilizamos para poder empezar a pagar… (Entrevista E1. PRTExAu3. Complejo Estomba 1148. CABA. Junio 2013).


Antes me hablabas de las chequeras ¿Cómo es ese sistema? / Las manda el IVC, cada tanto mandan seis cuotas. Vos vas al Banco Ciudad y pagás. Vencen el día veinte… Si no las mandan hay que irlas a buscar, por lo general llegan, pero el correo es un desastre. […] / ¿Y vos pudiste escriturar? / Sí, escrituré… No sé cómo funciona del todo, pero tengo entendido que la escrituración se da una vez saldados los treinta años de pago de cuotas. […] Incluso estuvo el tema de que tuvimos que luchar para que nos hicieran el contrato de compra-venta y después para que nos escrituraran…. El que quería escriturar que pague entre $3000 y $3500 más o menos, y se escrituraba. Pero bue, no todos podían… De esa forma varios escrituramos acá. También en ese caso le consulté a XX[12] y él me dijo “si tenés la escritura estas seguro”, entonces junté la plata como pude y pagué… Ahora estamos protegidos, no nos puede sacar nadie (Entrevista E6. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).

En los casos de las cooperativas autogestionadas también se verificó esta asimilación entre la tenencia de la escrituración y el aseguro de ciertas condiciones de habitabilidad en términos de satisfacción de una necesidad de seguro tenencial para sus familias, pero esta dinámica presentó matices en estos casos, pues los cooperativistas pasaron por dos momentos de escrituración: uno, el de la compra del inmueble, el cual es escriturado a nombre de las organizaciones sociales, y el otro, el de la vivienda finalizada, que tuvieron impactos en términos de apropiación. Pero además, ambas instancias fueron vivenciadas y percibidas por los cooperativistas como dos momentos de conquista en términos de derecho a la vivienda (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

En relación a la primera escrituración, sólo catorce organizaciones no lograron escriturar sus terrenos a nombre de la cooperativa. Como se explicó en el capítulo 3, a partir de un cambio de gestión en el IVC –en el año 2006– los terrenos pasaron a ser escriturados a nombre de este organismo como un modo de recuperar funciones del Estado en el programa desde una concepción de co-gestión (y ya no de autogestión). Este reducido grupo de organizaciones –a diciembre de 2013– aún reclamaba ante el IVC la transferencia de la propiedad, pues esta situación fue percibida por ellos como una clara restricción de acceso al derecho a la vivienda en el marco de la operatoria (pues las 96 cooperativas que compraron terreno con anterioridad sí tienen sus escrituras). Estas 96 organizaciones que ya tienen inmueble comprado vivieron esa primera escrituración colectiva como un primer momento de conquista de un derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006) y primer estadio de apropiación de sus viviendas, pues ellos percibieron esta instancia como el inicio de la etapa del habitar (Heidegger, 2001; Giglia, 2012):

es un impacto muy fuerte escriturar a nombre propio el terreno, después de tanta lucha de tanta búsqueda, porque ya sabes que tenés ese terreno y de ahí nadie nos mueve, si viene un cambio de gobierno o un cambio de mentalidad… Nadie te lo puede quitar porque es tuyo, es nuestro, de la cooperativa (Entrevista A14. PAV. Cooperativa Crecer. CABA. Junio 2013).

En relación al segundo momento de escrituración, el de las viviendas finalizadas, fueron pocas las cooperativas que lograron transitar por esta situación (a pesar de que hay cooperativas que finalizaron sus obras en 2004[13]), por un lado, por la poca cantidad de cooperativas que lograron obtener el certificado de terminación de obra por parte del IVC y, por otro lado, en relación con estos último, por las demoras burocráticas del organismo para la realización de este trámite. Este escenario contribuyó a que en los últimos años la escrituración se convirtiera en bandera de lucha de las organizaciones que ya finalizaron sus obras y están a la espera de la concreción de dicho trámite (práctica consciente y reflexiva que delata la concepción de acceso a un derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006) que le atribuyen los usuarios a esta tramitación).

¿Y ya escrituraron? / No tenemos todavía la escritura, la tiene retenida Macri hasta que haga un acto político. La escritura está, estamos como propietarios en el servicio de la propiedad, y los ABL vienen a nombre de cada uno. Lo que nos falta es que nos den la copia, y después el crédito que se va pagando, yo pago cuota de $250, que no es nada (Entrevista A7. PAV. Coop. Caminito. CABA. Mayo 2013).


¿Y ya están devolviendo el crédito? / Estamos en ese trámite (de devolver el crédito) porque nosotros queríamos ya devolver el dinero. / ¿Pero no escrituraron todavía? / No, no escrituramos. / ¿Y les conviene empezar a pagar el crédito antes de escriturar? ¿Cómo es eso? / Nosotros queremos pagar el lugar donde vivimos. Nosotros pensamos que esto va a funcionar cuando empecemos a pagar, porque hay otra gente que necesita la plata. / ¿Te referís a la ley 341? / Sí, porque hay mucha gente que tiene terrenos y les dicen que no hay plata, pero los que vivimos también tenemos que devolver la plata. Nosotros queremos pagar… Pero también quiero la escritura, porque yo también luché muchos años por tener esto (Entrevista A4. PAV. Coop. Madres 27 de Mayo. CABA. Abril 2013).

En el último año y medio, estos trámites se fueron agilizando por una orientación política de la actual gestión de escriturar la mayor cantidad de propiedad posibles (de hecho, esta intervención se impulsó desde el Programa Mi Propiedad[14]). Ahora bien, entre el grupo de cooperativas, por parte del MTL y del MOI se registraron dos situaciones particulares en relación a la escrituración de las viviendas. La cooperativa EMETELE del MTL ya escrituró –de manera individual– gran parte de sus viviendas (gracias una fuerte autogestión de la organización), pero en las cláusulas del contrato, por decisión de la organización, se estableció que las viviendas no pueden ser vendidas por fuera del movimiento social:

Lo mismo pasó con el tema de las escrituras, hay clausulas en ellas que no las tiene ningún otro propietario, todo eso se discute en la organización, por ejemplo, yo no puedo vender durante diez años y en todo caso si decido algún día vender, surge algo y me tengo que ir, la idea es que regrese a la cooperativa, que la cooperativa se lo pueda dar a otro compañero. Otra de las cosas muy importantes que logramos es que yo pago mi casa sin intereses, por ejemplo, en mi caso, pago $256. / ¿Eso es lo que pagas del crédito? / Sí, pagamos el crédito al Banco Ciudad, yo voy a pagar eso los treinta años. Hoy son $250 pero mañana por ahí van a significar $25, y voy a tener mi vivienda definitiva. Eso también es un logro (Entrevista A13. PAV. Coop. EMETELE-MTL. CABA. Junio 2013).

Algo similar ocurrió con las cooperativas del MOI, pues uno de los preconceptos directrices del movimiento es la propiedad colectiva de sus viviendas por parte de las cooperativas. Desde la organización consideran que un proceso de construcción que fue auténticamente colectivo se desintegra en la propiedad individual de las viviendas. En su relato, una de las entrevistadas también remite al fuerte lazo que ella percibió entre un proceso de construcción que se realizó entre todos, mediante prácticas de ayuda mutua, con una propiedad que por naturaleza también debería ser colectiva:

¿Ustedes ya escrituraron estas viviendas? / No. Esto (la escritura) está en cabeza de la cooperativa porque es propiedad colectiva. Esta acordado desde el 2006 esto. / ¿Y cómo van a empezar a devolver el dinero? / Ya lo devolvemos. / ¿Cómo es eso al ser propiedad colectiva? ¿Cómo hacen para dividir cuanto le toca a cada uno? / En principio cuando entrás al MOI sabes que las viviendas son colectivas, porque es la bandera del MOI, la de ayuda mutua. En 2006 la cooperativa escritura, y este terreno queda asentado como perteneciente a la cooperativa El Molino. Cuando entramos a ser adjudicatarios acá, con el MOI ya veníamos conversando de que nosotros no queremos empezar a devolver cuando finalice toda la obra, sino tener otra forma, dejar un buen precedente como que nosotros no queremos que IVC nos regale la plata, la queremos empezar a devolver para alimentar el programa, para que sigan invirtiendo en las obras, no sólo de esta cooperativa, de todas las del MOI. Después que nos mudamos, a partir de dos o tres meses, hasta que llegaron los arreglos de la chequera, acordamos que todos íbamos a pagar $300 mensuales a IVC. Esa plata la pagamos en la comisión de aporte de la cooperativa en la tesorería y la tesorera hace la transferencia a IVC. / ¿Y es el pago de la cooperativa? ¿Nada es individual? / No, nada es individual. Son $300 por familia, por veintiún familias. Esa plata sale directo al IVC, no es que hace cien por $300 sino las veintiún que estamos viviendo, el resto de los socios no pone. Nosotros además ponemos $300 más, que es el ahorro que hace la cooperativa, en total pagamos $600 mensuales los que vivimos acá, y de ese total, $300 son para IVC (Entrevista A1. PAV. Coop. El Molino-MOI. CABA. Marzo 2013).

Otro factor que surgió y que restringe severamente la posibilidad de acceso al derecho a la vivienda para las familias (sean estas destinatarias de programas llave en mano o autogestionario) fue el alto costo a pagar para la efectivización del trámite de escrituración de las viviendas. Según los casos, estos montos variaron entre $3.000 a $9.000, por lo que muchas familias comenzaron a pagar la cuota del crédito otorgado (a treinta años), pero no avanzaron en el trámite de escrituración de sus viviendas[15], lo que genera una contracción entre un derecho vulnerado y un deber a cumplir. Que los destinatarios de una vivienda tengan que abonar la escrituración de las mismas, el costo de esta tramitación y la forma de pago demuestra que las decisiones de instrumentación política responden a una lógica de re-mercantilización de la política social citada en los primeros capítulos. De este modo, el destinatario está despojado de todo derecho y prima la lógica de ganancia –instrumentada desde el Estado y no sólo desde el mercado– por sobre la lógica de derecho, pues los adjudicatarios acceden a sus viviendas sólo si pueden realizar el pago del trámite correspondiente:

Yo no tengo la escritura todavía, yo tengo boleto de compra venta porque es mucha plata ¿viste?, pero es mucha plata, yo en este momento no puedo, porque tengo poco laburo. Pero en cuanto pueda hacerlo, tenga un poco más de trabajo, o sea, que gane un poco más… / ¿Ningún vecino escrituró todavía? / Sí, creo, muchos ya escrituraron, pero no sé si tienen escritura en mano, tienen copia. Todavía no, ningún vecino la escritura. / ¿Y ya están pagando el crédito? / Sí, sí, sí…, yo estoy al día con las cuotas ahora, medio que me atrasé un poco, pero ahora me puse al día. / ¿Por más que aún no hayas escriturado ya estás pagando? / Sí, porque tengo el boleto-compra venta que dice que esto ya es mío. / ¿Cuántas cuotas son más o menos? / Es a treinta años…, cuotas, treinta años. Y ya estamos pagando hace cuatro o cinco años… Un año casi no pagamos y al año siguiente…, creo que voy por…, el principio de 2008 o 2009 que empezamos a pagar, sí, ahí están las cuotas guardadas… Pero en la situación actual se me hace muy difícil juntar esa cantidad de plata para pagar… (Entrevista E4. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).

En las experiencias autogestionarias se registraron estrategias que buscaron contrarrestar el gasto individual mediante la realización de actividades colectivas para juntar fondos que costeen el pago de estos trámites, pero no fue esta la situación de los casos llave en mano, en donde la familia que no pudo pagar, aún no cuenta con su escritura. La falta de organización social se presentó ante esta situación como un límite o un impedimento para la generación de estrategias que faciliten el acceso a un derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

Por ende, todos los entrevistados, sean estos usuarios de viviendas llave en mano o autogestionarias, percibieron la escritura como una autentica práctica de apropiación de sus viviendas que brinda seguridad de tenencia. En los cooperativistas, además, fue percibida en términos de derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006). Estos últimos, dada la carga simbólica que se le asignó a la escritura y puesto que pasaron por una situación de escrituración de sus inmuebles al inicio del proceso, identificaron desde ese instante la práctica de domesticación de sus viviendas (Giglia, 2012).

Por otro lado, todos los usuarios de las viviendas, de ambos modos de producción, están aptos para el pago de los servicios públicos (luz, agua y gas). En los casos llave en mano se registraron algunas deudas, mientras que en los casos por autogestión, como muchos aún no tenían la finalización de obra, todavía tenían servicios de obra, por lo que dividían entre los integrantes de la cooperativa el monto total a abonar:

También está el tema de las deudas que tenemos, porque hay gente acá que está debiendo expensas, entonces le debemos al administrador, hay veces que debemos agua, es problemático. De ABL pagamos $144 por mes, que es un disparate también (Entrevista E6. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


A nuestro nombre viene la factura de luz, gas y agua y ABL […] la cuota de consorcio son como $200 o $300… Si bien somos todos trabajadores nos cuesta, pero vamos cubriendo siempre la casa, los impuestos, la luz y el ABL, a veces con retraso, pero lo vamos haciendo (Entrevista A10. PAV. Coop. 28 de junio. CABA. Mayo 2013).


El agua la estamos pagando a nombre de la asociación y luz tenemos de obra, porque hasta que no se haga el final de obra no te pueden dar la luz individual. Lo que hicimos ahora es que como es muy cara la luz de obra contemplamos tres familias que son jubilados para que paguen menos, los otros cinco pagamos un porcentaje y estas tres familias un porcentaje menor (Entrevista A8. PAV. Coop. Sembrar Conciencia. CABA. Mayo 2013).

Como se verá en el próximo capítulo, la organización de los vecinos en cooperativas es mucho más aceitada que la de los vecinos de las viviendas llave en mano, por lo que la apropiación en términos de pago de impuestos y servicios individuales y comunes pareciera ser más sencilla y llevadera en colectivo. Al compartir gastos, los cooperativitas deben organizarse para realizar los pagos y el compromiso colectivo los obliga a estar al día. No ocurre así con los usuarios de las viviendas llave en mano, entre quienes se verificó una mayor cantidad de deudas.

Esto también se hizo visible en el arraigo y/o apego que expresaron los entrevistados en relación a la vivienda. Absolutamente ninguno de los cooperativitas consultados se iría de su vivienda. Todos, en sus testimonios, valorizaron el esfuerzo, el trabajo y la lucha de años que les llevó la construcción de sus viviendas en el marco del PAV y el IVC, a partir de una reivindicación de lucha desde una perspectiva de derecho (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006).

Eso fue un shock para muchos, la emoción y las lágrimas que nos da que cada uno tenga su casa, después el sentirse propietario, poder decir “esto es mío” [los entrevistados se emocionan] (Entrevista A13. PAV. Coop. Emetele-MTL. CABA. Mayo 2013).


¿Elegirías irte a otro lugar? / ¡No! Mirá, yo te voy a contar una cosa que pasó en el año 2009, mi hijo fue a un bingo y ganó casi medio millón de pesos, y tuve la posibilidad de que él me comprara la casa, pero yo ya estaba en el proyecto, le dije que no, y él me dijo “me parece muy bien mamá que vos razones así”. El me compró todas las cosas para la casa, me la equipó, me regaló un auto, también compró cosas para él. Tuve la posibilidad de que me comprara la casa, pero yo apostaba acá. La cooperativa es un proyecto de vida, que no es igual a comprar algo en el mercado. Yo lo veo por mi hijo que tiene su casa, su edificio, vive acá nomas en Caseros y Dean Funes, tiene la reunión de consorcio y todo eso, todas cosas muy frías. Acá es más cálido, más caliente también cuando te enojás, pero es más nuestro… (Entrevista A1. PAV. Coop. El Molino-MOI. CABA. Marzo 2013).


Me costó tanto que no termino de digerir la importancia de lo concebido, es raro lo que me pasa, porque por ahí sí estoy feliz, el objetivo alcanzado, me encanta estar acá, pero todavía me parece que no hice ese quiebre que me va a pasar cuando terminemos escriturando, todavía no lo dimensiono. Con muchas cosas me pasa, en la vida me ha costado tanto conseguir todo lo que conseguí que cuando llega el momento no sé qué me pasa. No alcanzo a decir “¡puta! Mirá lo que conseguí”, pero después pienso mirá donde vivía y donde vivo ahora… Mirá, por ejemplo, te cuento una pequeñez que me pasó cuando fuimos a comprar la cerámica para los pisos, el domingo estaba re feliz porque era todo un drama el tema de terminar los espacios comunes porque es mucho lo que cuesta y tenés que hacer malabares con la plata, y pensábamos hacer cemento alisado y a futuro poner cerámica y de repente encontramos una oferta y se compró, es más, no nos alcanzaba la plata que teníamos, yo puse la tarjeta de mi señora. Pero era un ofertón y salió, y el domingo lo disfrute, fue una cosa que disfrute muchísimo. Pero en general esto todavía no lo alcanzo a dimensionar, me cuesta caer, no sé qué me va a pasar en el momento de estampar la firma… No sé qué siento… Por eso te digo, con la autogestión se puede, es tan fuerte lo que sentís que no te lo puedo explicar, lo tenés que vivir… (Entrevista A8. PAV. Coop. Sembrar Conciencia. CABA. Mayo 2013).

Sin embargo, en el próximo capítulo se analizan factores externos a la vivienda, relacionados con la convivencia en el complejo o con entorno barrial, que, a pesar de sentir cierta apropiación por la vivienda, tuvieron mayor peso a la hora de elegir.

En relación a los casos de las operatorias llave en mano, la percepción de apego y arraigo a las viviendas fue más variable. En este sentido, se registraron casos en los que en base a su situación de habitabilidad anterior no se irían de sus viviendas y el proceso de apropiación de la misma se canalizó desde ese registro:

El cambio que te produce de vivir mal, en condiciones precarias, con mucha humedad, y que no le puedas poner dinero a tu casa para arreglarla porque sabes que no es tu casa, es enorme porque cuando sabes que es tuya, ves las cosas de otra manera, yo si pinto una pared roja sé que puedo hacerlo porque es mi casa y de acá no me voy a ir. Adentro de mi departamento lo reformo, lo adorno, hago lo que quiero, lo decoro como me gusta. Eso no lo podías hacer en otra vivienda porque una vez que te ibas se tapiaban o se demolían, hoy por hoy se demolieron todas, quedo todo cerrado (Entrevista E10. PRTExAu3. Complejo Estomba 840. CABA. Julio 2013).

No obstante, en los casos del Complejo Parque Avellaneda, donde su población provino de situaciones de hábitat formal con un poder adquisitivo mayor que el resto de las operatorias, se verificó que, en algunos casos, el apego a las viviendas se vinculó con la posibilidad de ser propietarios. Pues ante la fuerte mercantilización del acceso a la vivienda de los últimos años, antiguos sectores medios (hoy precarizados) pudieron, a través del acceso al programa, cumplir con el imaginario que vincula la noción de progreso al acceso a la vivienda en propiedad, el “sueño de la casa propia” [16].

Yo esto lo esperé tanto. Nosotras le pusimos de nombre “casita linda” a nuestra casa… Esta propiedad fue más que esperada, pensábamos todo, la decoración, qué le íbamos a poner. ¡Somos propietarios, cada vez que lo pienso no lo puedo creer! (Entrevista E7. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

Sin embargo, se repitió con recurrencia entre los entrevistados llave en mano la intención de irse de las viviendas que están ocupando apenas surja la posibilidad de hacerlo, siempre y cuando sea para una situación de mejores condiciones de habitabilidad:

Mirá, yo calculo que hablo por los dos [en referencia a su esposa], nosotros nos iríamos, o sea, esta vivienda es para nosotros y nuestros hijos. Por el hecho de bueno, ya están creciendo… El barrio es bastante lindo, es un barrio, dentro de todo tenés muchas comodidades y tenés muchas accesibilidades a todo. Pero el tema, te digo, si es algo para nosotros y nuestros hijos [el departamento es compartido con la madre del entrevistado y la hermana], yo calculo que nos iríamos…, depende a dónde, ¿no? No nos iríamos, ponele, no sé decirte una zona… / ¿No se irían del barrio? / No, del hecho de bajar de barrio, que se yo, no sé, decirte, te ofrecen hoy una vivienda en Lugano, no, por decirte una zona, yo calculo que no. No, por el hecho de la inseguridad que hay, de la zona que es… Si tiene las comodidades que tiene este barrio, claramente nos vamos. ¿Me entendés? Más allá de la zona, o sea, más allá que tenga accesibilidad o no, la gente, el tipo de gente y el tipo de vicio que tiene esa gente… Nosotros tenemos dos hijos varones que a futuro pueden llegar a poder… ¿Me entendés? Mirá prefiero alquilar no sé…, un mono-ambiente en…, por decirte algo, no sé, en Lobos, por decirte. En Lobos yo me voy a vivir si querés, yo no tengo problema, ¿por qué? Porque es otro tipo de gente, es… Para ir a Lugano por más que me den no sé, un departamento de diez ambientes con piscina y todo, no voy (Entrevista A3. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


Yo creo que si fuera a una casa, capaz me iría, pero a otro lugar como este no, más vale me quedo acá, ya es conocido. / ¿Te irías entonces si fuese una casa? ¿Quizás para que sea más grande? / Sí, sí, sí. Quizás porque la casa es más privada. / Ahh, por la privacidad… / Sí, la privacidad más que nada, no por otra cosa (Entrevista E5. PRHLB. Complejo Alvar Núñez 245. CABA. Julio 2013).


Sí, me iría, me iría a una casa. Yo quería comprar esa casa donde vivía que estaba media destruida, ¿por qué me tenía que venir a vivir a este lugar con gente que no conocía? Yo allá con mis vecinos de treinta años de convivir estaba bárbaro. […] no me convence esto. Una cosa es vivir con gente que están todos pateando para el mismo lado. Acá se podría haber hecho una organización fenomenal que nos podría haber salido dos mangos. / ¿A qué te referís con organización? / A la organización del edificio. / ¿Si lo hubiesen hecho por autogestión, por ejemplo? / ¡Claro! Lo quisimos hacer durante un tiempo, pero fuimos bastardeados por alguna gente. / ¿Vos querías que entre ustedes se organizaran? / Claro, así empezó, nos organizamos y salimos adelante organizados… Pero bue… Lo más importante no es tener la vivienda sino tener el lugar propio donde trabajar, eso es fundamental, porque ahí vos podés desarrollarte y comprar la vivienda… Acá eso no lo puedo hacer… En mi casa de antes sí (Entrevista E6. PRTExAu3. Complejo Giribone 1330. CABA. Julio 2013).


¿Si tuvieras la posibilidad de irte de esta vivienda, te irías? / Lo pensamos, con mi marido siempre lo pensamos, esta es nuestra primer casa, y siempre tuvimos la idea de casita más que departamento, algo con verde, con un patio, siempre lo dije yo si me voy algún día esto va a ser para Matías [en referencia al hijo] (Entrevista E7. Viví en tu Casa. Complejo Parque Avellaneda. CABA. Julio 2013).

A modo de conclusión, de los testimonios recolectados de las entrevistas se verificó que las inadecuaciones entre lo físicamente construido y las necesidades y patrones habitacionales de las familias expresaron la falta de instancias de participación de los usuarios de las viviendas en la ejecución de las obras (a partir de la definición de sus propias necesidades). Las experiencias construidas por autogestión, a partir de los procesos de participación en la toma de decisiones en los diseños de las viviendas, mostraron un mayor respeto hacia las necesidades de sus usuarios que en los casos llave en mano, debido a las propias posibilidades de toma de decisión que implicó este proceso de construcción de viviendas. En los casos consultados, esta mejor adaptación de lo físicamente construido a las necesidades y patrones habitacionales de las familias autogestionarias se expresó en ninguna alteración de los espacios planificados (Pelli V. S., 2007) (salvo los previstos de crecimiento interno) y en cierta afinidad estética entre lo construido y la identidad cultural de sus moradores (Giglia, 2012) (lo que tuvo como consecuencia un sentimiento de arraigo para con las viviendas canalizado en el pago de los impuestos correspondientes y en un apego afectivo hacia las mismas). Estas características de los procesos de producción autogestionarios, en base a los testimonios recogidos, contribuyeron a la constitución de viviendas adecuadas para los sectores populares involucrados en este trabajo y resultaron facilitadoras de procesos de integración social (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001; Segura, 2014) y de acceso al derecho a una vivienda adecuada (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006). Se verá en el capítulo siguiente si los conjuntos habitacionales y los barrios de inserción también abonaron en este sentido y promovieron procesos de integración social.

Por otra parte, en los programas llave en mano se verificaron mayores dificultades para observar las diferentes necesidades familiares según la cantidad de integrantes del hogar, edad, sexo y relaciones de parentesco de sus miembros; dificultades que se expresaron en una falta de contemplación de las particularidades de las familias y una tendencia a la homogenización de los diseños constructivos desde una dinámica de estandarización de los proyectos. Esta inadecuación es comprendida a partir de una falta de participación de los usuarios en las instancias de definición de las necesidades habitacionales a resolver y en la instancia de construcción de las viviendas (consecuencia directa de la inexistencia de espacios de diálogo entre los técnicos especializados y los destinatarios de las políticas). No obstante, estos adjudicatarios percibieron una mejora en las condiciones de vida que se expresó en una percepción de mayor confort y mejoras en término de salud y posibilidades de acceso a educación en relación a las condiciones de vida previa de los destinatarios (que era de suma precariedad). Pero estas evaluaciones realizadas por los entrevistados se construyeron a partir de los padecimientos que tuvieron que soportar en los hábitats previos, y no desde una perspectiva de derecho (que de paso vale aclarar que el acceso a una vivienda digna es un derecho constitucional) (Rolnik, 2011). Por tanto, lo que se vio desde la distancia que permite un análisis sociológico, es que si bien desde la perspectiva de los destinatarios se registró una mejora habitacional en las condiciones de habitabilidad (Barreto M. A., 2008; De la Mora, 2002), las viviendas entregadas no habilitaron el acceso a una vivienda digna y adecuada como se la definió aquí (Barreto M. A., 2008), pero ante un contexto previo de total degradación, resultó suficiente para poner un freno a ese proceso de descomposición y proveer un soporte de mínimo apoyo al desenvolvimiento físico, psíquico y social de las familias destinatarias (que con anterioridad era inexistente y degradante). Pero esto no quita que aún se continúe prolongando la situación de vulnerabilidad social, negando el derecho que estas familias tienen al acceso a una vivienda digna (tal como se la definió aquí (Rolnik, 2011; Fernandes, 2006)) por la prolongación de situaciones de hacinamiento y co-habitación y de insatisfacción a las necesidades y características de las familias. Al mismo tiempo, con las respuesta llave en mano se mejoraron las condiciones que facilitan una integración socio-urbana de los destinatarios de la vivienda, aunque como se verá en el próximo capítulo, estas no terminan de resolver el problema de fondo, puesto que en muchos casos no les evita la prolongación de procesos de segregación socio-urbana (Carman, Vieira da Cunha, & Segura, 2013; Kaztman, 2001; Segura, 2014).

Una de las entrevistadas claves para esta investigación intervino en los primeros años del PAV, luego fue transferida al PRHLB y actualmente es funcionaria en el área consorcial y de mejoramiento de viviendas sociales construidas por el IVC. En su testimonio realiza una comparación interesante entre las experiencias autogestionarias y las llave en mano como modelo de construcción social y de vivienda para sectores de menores recursos:

Hay un teórico colombiano[17] que crítica todo esto porque dice que la autogestión es cargar sobre la espalda de las personas más vulnerables la construcción de sus propias casas; cuando otros defendían la autogestión porque la gente se apropia mucho más, las operatorias son completamente diferentes a la entrega llave en mano de la vivienda. Y yo que vengo trabajando en vivienda desde hace mucho tiempo, y conozco todos los vicios que produce la llave en mano, que la gente no se apropia, y el descuido, y los espacios comunes que terminan siendo espacios de nadie, o peor, espacio tomados, todo esto muy devaluado. Por ahí la idea de una participación mucho más importante, una apropiación mucho más importante desde la construcción, y pensado la vivienda como un proceso y no como un producto, era un cambio radical (Funcionaria de la ex-CMV. CABA; octubre 2010).


  1. Concebir la vivienda desde la complejidad, implica que los elementos que la componen no pueden ser descompuestos en aspectos aislados para abordarlos de forma independiente, sino que deben ser considerados a partir de las interrelaciones que los definen, concibiéndolas como dimensiones de un mismo problema (Barreto M. A., 2008; 2006).
  2. En este capítulo se analizan los subsistemas habitacional, cultural y legal/político por estar en mayor vinculación con el espacio de la vivienda. Los demás subsistemas, relacionados con la escala del complejo habitacional y el entorno barrial, se analizan en el próximo capítulo.
  3. Como se verá más adelante en el análisis de los casos, esta es la forma de relación habilitada en los procesos autogestionarios de vivienda.
  4. Como se verá más adelante en el análisis de los casos, esta es la forma de relación desarrollada en los procesos llave en mano de producción de vivienda.
  5. En la introducción se hace referencia a las características que asumió el trabajo de campo que sustenta la investigación de este trabajo y las entrevistas en profundidad realizadas.
  6. Se ocultó su nombre para resguardar su identidad y cumplir con el contrato de entrevista.
  7. Dos o más hogares compartiendo una misma vivienda.
  8. Esta lógica proselitista de la política pública no sólo se limita a la provisión de viviendas de baja calidad para los sectores populares, sino que también se expresa, por ejemplo, en el embellecimiento de villas en vez de en la realización de obras de infraestructura urbana o en el tendido de pavimento sobre infraestructura obsoleta.
  9. Giovanni Sartori (1998), plantea que la cultura de la imagen, de lo visible, que se implantó de la mano de una marketización de la política, no sólo modificó los procesos políticos, sino que también transformó el modo de gestionar la política pública. Pues la cultura de la imagen creada por la primacía de lo visible es portadora de mensajes candentes que agitan nuestras emociones, pero también, soliviantan y agravan los problemas de fondo sin proporcionar absolutamente ninguna solución.
  10. Se consultó en todas las cooperativas si había integrantes de la misma que se dediquen a la construcción o a algún oficio similar y en todas se registró al menos una persona.
  11. Vale aclarar que el monto del crédito tuvo sucesivas actualizaciones, comenzó siendo de $40 mil por unidad habitacional en el año 2000 y hacia finales de 2013 el monto ya era de $230.000 por unidad.
  12. El entrevistado nombra a un referente de la ExAu3. Se borró su nombre para cuidar su identidad y cumplir con el contrato de anonimato pautado en la entrevista.
  13. Las cooperativas que nacieron en el marco de la Operatoria 525, al ser, en gran parte, remodelaciones, fueron las primeras en finalizar obras (cuatro cooperativas entre 2004 y 2006). La primera cooperativa finalizada que partió de la construcción de viviendas nueva (Cooperativa EMETELE), finalizó en el año 2007.
  14. Este programa tiene por objetivo promover la escrituración de inmuebles que se encuentran bajo la órbita del Instituto de Vivienda de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el fin de dar respuesta a la situación irregular de miles de familias. De esta manera se procede a relevar el estado ocupacional de cada una de las unidades funcionales, poniendo en marcha un mecanismo que culmina en la escrituración de cada inmueble a favor del beneficiario correspondiente.
  15. Vale recordar que los destinatarios de las viviendas son población de alta vulnerabilidad social, por lo que probablemente les sea difícil juntar semejante monto de dinero.
  16. El último Censo 2010 demostró que en las últimas décadas se modificó el patrón de régimen de tenencia histórico de la CABA, pues si bien los propietarios de la vivienda y el terreno fueron históricamente mayoría frente a los inquilinos, desde esta última década se verificó que aquella tendencia se revirtió: hoy son más los inquilinos que los propietarios en la ciudad. Pues se verificó un descenso de la cantidad de propietarios de la vivienda y el terreno en el último decenio, de 67.6% (692.210 hogares) a 56.4% (648.958 hogares y un fuerte incremento de la cantidad de inquilinos, de 22.2% (227.545 hogares) a 29.8% (343.443 hogares), es decir, 115.898 hogares nuevos que alquilan. No obstante ello, el imaginario de alcanzar la propiedad aún existe entre sectores medios pauperizados por las distintas crisis del país.
  17. En referencia a Emilio Pradilla, urbanista colombiano que criticó la auto-construcción como modalidad de acceso a la vivienda para sectores de menores recursos y que fue citado en este libro.


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