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Conclusiones

Discutiendo a Pedro Grullo los vínculos entre el deporte, la recreación y la integración social

En los capítulos precedentes se ha analizado un tipo particular de política recreativa, dirigida a jóvenes de sectores populares cuyo diseño, ejecución y financiamiento se enmarca en una estrategia de gestión del gobierno de la CABA desde el año 2009. El desarrollo de experiencias significativas en el campo de las políticas de gestión del tiempo libre y recreación tiene lugar en un clima de época inaugurado por los gobiernos kirchneristas a nivel nacional caracterizado por la prevalencia del lenguaje de los derechos como fundamento de las políticas sociales y la ampliación efectiva de ciertos derechos civiles, educativos y culturales. 

Paradójicamente, el PAd es implementado en un distrito gobernado por el partido que se constituirá en su principal adversario político y conducirá en el período 2015-2019, el proceso de recomposición a nivel nacional del régimen social y de acumulación basado en el pensamiento neoliberal instaurado en la última dictadura cívico-militar, y profundizado en los 90.

El objetivo del estudio estuvo centrado en describir y analizar las principales características, sentidos e implicancias que ha asumido la recreación y el deporte en la intervención de este programa desde su creación hasta la actualidad (2009-2021)

Para ello, se ha abordado en primer lugar la propuesta de intervención desde la perspectiva de quienes han participado en su diseño, coordinación y ejecución a nivel gubernamental y la modalidad de gestión que desarrolla con las OSC.  En este aspecto se ha identificado a nivel discursivo una posición relevante de la recreación como marco de las actividades deportivas que caracterizan la propuesta dirigida a la población juvenil.  

Esta perspectiva se nutre del paradigma de protección y promoción de derechos de NNyA ubicando en igualdad de jerarquía la recreación, la salud, la educación, la identidad y la participación como derechos a garantizar por parte del Estado.  Las prácticas deportivas aparecen valoradas como bienes sociales cuyo acceso es un derecho que debe ser garantizado para su población destinataria con el mismo nivel de satisfacción cuantitativa y cualitativa que logran los sectores medios a través del mercado.

No obstante, se observa que la apelación al derecho a la recreación se traduce en una estrategia selectiva del Estado local que se limita a una porción de jóvenes vulnerabilizados del distrito, a una frecuencia de dos o tres horas semanales de prácticas deportivas organizadas por instituciones no estatales y a la provisión de un recurso monetario -becas- que ha ido perdiendo capacidad adquisitiva a lo largo de los años y resulta actualmente insuficiente para cubrir las necesidades asociadas a ellas en sus inicios: equipamiento deportivo personal, viáticos y refrigerio. 

A través de este dispositivo, el equipo técnico de supervisión procura lograr una intervención de carácter multidimensional que incluya situaciones de aprendizaje y práctica de disciplinas deportivas, recreación, protagonismo juvenil y atención de situaciones problemáticas o de vulneración de derechos. Sin embargo, por las características que asume la gestión asociada, su viabilidad se ve limitada por la progresiva reducción presupuestaria para el financiamiento de los proyectos institucionales y el consecuente deterioro de la calidad de las prestaciones que éstas implementan.  Asimismo, las condiciones laborales del equipo, signadas históricamente por la precariedad y los bajos salarios, también inciden negativamente en tanto el vínculo con las instituciones depende fuertemente de sus capacidades profesionales para sintonizar la implementación de cada proyecto institucional con el enfoque y los lineamientos que el PAd establece.

Persiste igualmente, un discurso impregnado por la retórica de los derechos y el protagonismo juvenil, encarnado principalmente por los integrantes del equipo técnico, quienes encuentran cada vez menos respaldo político y presupuestario de parte de la gestión de gobierno para garantizar los objetivos propuestos inicialmente en un conglomerado heterogéneo de instituciones cuyos intereses son diversos y no necesariamente vinculados a la promoción de los derechos juveniles.

Respecto a las prácticas deportivas, se postula su carácter “recreativo” en tanto no persiguen como fin último el rendimiento o la competencia entre sus participantes. Empero, no se identifican lineamientos explícitos acerca de los enfoques pedagógicos que se espera desarrollen las instituciones o de guías que orienten los objetivos y contenidos de las actividades implementadas. El mayor énfasis está puesto en los procesos interactivos, la constitución de los grupos y la flexibilidad en los aprendizajes concretos acerca de las disciplinas impartidas.  

Esta falta de directrices claras concede márgenes de autonomía institucional considerables habilitando enfoques y modalidades de implementación diversas que van desde un consumo pasivo de propuestas “recreativas” o de “entretenimiento” a la búsqueda del protagonismo de los participantes, la vivencia creativa del tiempo libre y la formación de una perspectiva crítica, solidaria y responsable frente a la tarea, el grupo y el entorno institucional (Griffa, 2022). 

El alto grado de autonomía institucional está potenciado por la modalidad de gestión asociada que adquiere el PAd, en tanto se trata de un enfoque instrumental y radial, que no pretende la democratización de la gestión de gobierno, sino una articulación orientada sólo a la resolución de demandas y problemas que delega su implementación en espacios considerados más eficientes y virtuosos que los estatales para el desarrollo de actividades de este tipo. 

Las tensiones propias que se derivan de la implementación de proyectos de OSC y el financiamiento y control del Estado local no se procesan en escenarios asociativos institucionalizados sino a través de vínculos profesionales entre los equipos de supervisión y de cada institución que disputan los ámbitos de actuación de cada uno y la definición de aquello que se evalúa como resultado deseable del proceso de intervención con la población juvenil.

Como se ha evidenciado a lo largo de este estudio, las instituciones deportivas que entablan convenios con el PAd son heterogéneas y congregan agentes con experiencias, disciplinas y perspectivas teóricas e ideológicas diversas. Es por ello que los sentidos que adoptan las prácticas deportivas y la pretendida articulación de los componentes educativos, recreativos y sociales varían según los contextos institucionales donde se sitúan.

El análisis de esta diversidad de enfoques, contenidos y estrategias que se despliegan en el proceso de implementación se ha desarrollado en una segunda instancia del trabajo (capítulos 5 y 6) conjugando dos ejes centrales: las modalidades de intervención sobre los jóvenes que se producen en los contextos institucionales deportivos seleccionados y las particularidades de adscripción que establece el PAd en la dinámica institucional atendiendo a los objetivos de inclusión que enuncia. 

En el primer caso, se ha podido identificar y construir una tipología compuesta por tres modelos de intervención con modos particulares de articular el deporte, la recreación y la intervención psico-social por parte de aquellas/os agentes institucionales que operan sobre las/os jóvenes en ocasión de las prácticas deportivas.

El primero de ellos, educativo, promueve como objetivo prioritario el acceso y el aprendizaje del deporte como un ámbito de desarrollo personal y socio-vincular en tanto se valora su capacidad para transferir ciertos valores propios del ámbito a otras áreas de la cotidianeidad de las/os jóvenes fortaleciendo su capital social y cultural. Las prácticas corporales se basan en estructuras lúdicas sin grandes exigencias técnicas y buscan adaptarse a las particularidades de los sujetos, la infraestructura e insumos disponibles.  El deporte se naturaliza aquí como acto recreativo y se presentan como equivalentes los elementos de la lógica y dinámica deportiva con la actividad recreativa propiamente dicha (Altuve, 2009).  La recreación se concibe como herramienta didáctica que enriquece la propuesta pedagógica y contrarresta los impulsos destructivos del agonismo. 

Su propuesta de intervención se centra en la figura del docente quien se constituye en el agente institucional privilegiado en tanto “educador de habilidades”.  El rol de operador social se limita a una función complementaria que asume diversas modalidades según el perfil profesional: animador/recreacionista, preceptor/consejero, profesional “casuístico”. Ambos integrantes mantienen su especificidad y el trabajo en dupla puede plantearse como dicotómico o complementario pero acotado a la conformación grupal y la recreación práctica. 

El modelo asistencial en cambio busca como principal objetivo la intervención reparadora de derechos vulnerados a partir del deporte y las acciones sociales complementarias.  Para lograrlo, genera instancias de contención y orientación desde donde accionar social y pedagógicamente sobre las trayectorias de vida de la población juvenil destinataria.

Las prácticas deportivas son consideradas de manera estática y unívoca y presentan un carácter subsidiario en tanto son pensadas como “excusas” o “ganchos” que habilitan la intervención casuística de tipo psico-social.  Si bien en algunos casos se apela al SPID como marco jurídico y político de las actuaciones profesionales, se trata de una interpretación restrictiva que desconoce la promoción de derechos recreativos y deportivos como uno de sus componentes o lo reduce a una cuestión de mero acceso y no de experiencia recreadora (Munné, 1980). La recreación adquiere aquí un carácter instrumental y suplementario de otros campos profesionales y tiene como propósito lograr la retención y permanencia de las/os jóvenes en el dispositivo.

En este caso, son las/os operadores sociales las/os agentes institucionales privilegiados quienes buscan trascender las prácticas deportivas y generar acciones de acompañamiento y orientación de las/os jóvenes. La función docente se limita a la enseñanza técnica y táctica de las disciplinas, aunque sin reflexión curricular y de carácter instrumental; el perfil predominante es el entrenador/exjugador de club y el “profe recreativo” con experiencia en programas socioeducativos. El trabajo en dupla asume aquí grados diversos de articulación y se orienta como máximo a la conformación grupal y al abordaje de contenidos extrínsecos del deporte como género, prejuicios, solidaridad, entre otros.

Por último, se ha identificado un modelo integral basado en el “enfoque de derechos” que postula como objetivo central la participación permanente, sistemática y planificada de las/os jóvenes en los contenidos de la propuesta de intervención en el marco de un espacio de promoción y ejercicio integral de derechos.

En este caso, las prácticas deportivas se identifican plenamente con el modelo participativo-recreativo en tanto suponen libertad de elección y participación, contención de la heterogeneidad, flexibilidad metodológica, carácter autotélico de las actividades y satisfacción, placer y disfrute como motivadores de su práctica.  Para este modelo, la recreación se encuentra sustantivada y el tiempo libre opera como propósito de intervención donde se busca el máximo protagonismo de los sujetos tendiendo a la realización de actividades cada vez más autocondicionadas y autogestivas. 

El trabajo en dupla implica necesariamente un abordaje integral y una sinergia que reconozca, complemente y potencie los saberes y habilidades específicas de cada disciplina, requiriendo de perfiles docentes ligados al modelo filoproyectual (Aisenstein et al., 2011) y operadores/as sociales polivalentes que puedan intervenir en los aspectos intrínsecos -agonismo, lúdica, hedonismo- del deporte, en aquellos vinculados a la protección y promoción de otros derechos y en la constitución de la identidad y subjetividad individual y colectivas.

Si bien estos modelos presentados son construcciones abstractas que no tienen existencia empírica, permiten identificar las formas de intervención dominantes en el PAd y la trama primordial que en cada contexto institucional orienta los objetivos, contenidos y estrategias utilizadas.  Asimismo, se ha observado en la presente investigación los cruces de frontera entre modelos que realizan los agentes institucionales generando interrogantes, tensiones y disputas con el Estado local y también en la propia dinámica institucional que recrean y transforman permanentemente las formas de implementación del programa en el “terreno”.

El segundo eje de análisis del entramado institucional y el proceso de implementación se vincula con los objetivos de inclusión que enuncia el PAd en su diseño y asume formas particulares de adscripción en la dinámica de cada institución deportiva exponiendo diversas condiciones de hospitalidad, tolerancia u hostilidad respecto de las/os jóvenes vulnerabilizados. 

Se ha observado en este trabajo que la promoción de la cohesión grupal constituye un eje estructurante de la acción de todos los equipos técnicos institucionales en tanto el grupo de pares es reconocido como espacio de socialización y conformación de la identidad. Estos grupos están conformados mayoritariamente por quienes comparten su condición de destinatarias/os del PAd resultando excepcional y limitada la posibilidad de vincularse con otras/os jóvenes de la institución.

No obstante, lo señalado previamente, la pertenencia institucional constituye también un objetivo más o menos generalizado en las instituciones analizadas y la forma en que se implementa en cada contexto, da cuenta de los sentidos que adquiere el propósito de “inclusión social” pretendido por el PAd. Como resultado del análisis se han identificado diversos factores que condicionan el grado de alcance que en cada caso adopta la aludida pertenencia institucional: objetivos institucionales, principales motivaciones de sus autoridades para mantener el convenio, inserción institucional del equipo técnico, propósitos de intervención y prácticas y discursos de los socios respecto a la población destinataria.

Se ha registrado que en la mayoría de las instituciones analizadas las/os destinatarios gozan de un estatus diferencial respecto a los socios, con importantes restricciones para circular libremente y participar de la vida institucional por fuera del dispositivo creado en el marco del PAd. La aludida pertenencia institucional se limita generalmente a la identificación con el espacio de práctica deportiva, los referentes adultos y el grupo de pares del programa. Se aprecia entonces que el tiempo disponible de la población vulnerabilizada destinado a prácticas recreativas se legitima socialmente dentro de los términos espaciotemporales que cada institución deportiva establece para tal fin.

Asimismo, como se ha señalado en este trabajo, los objetivos de integración y construcción del lazo institucional exceden los asignados por la supervisión a los equipos técnicos de cada institución deportiva, demuestran su inviabilidad sin el apoyo material y simbólico del Estado local y evidencian las limitaciones de un programa que tiene propósitos de integración social pero no logra desarrollar estrategias efectivas para contrarrestar los procesos de fragmentación y discriminación que se producen en estas instancias.

Finalmente, la investigación realizada se propuso identificar los principales sentidos que las/os jóvenes otorgan a su participación en el PAd desde las actividades deportivas.  En esta dirección y con las salvedades metodológicas descritas previamente, se ha constatado que éste representa un espacio de diversión donde aprenden y practican un deporte inaccesible sin su mediación, establecen vínculos con otros pares y adultos con los que se identifican y desarrollan redes de pertenencia y contención.  

En su caso, las actividades deportivas adquieren una diversidad de sentidos que oscilan entre la pasión, el pasatiempo y la descarga contrafuncional destacando en todos los casos, el aprendizaje y dominio creciente de cada disciplina y la fascinación que provoca su práctica en tanto experiencia lúdica (libre, improductiva e incierta), con componentes agonísticos que constituyen una motivación ineludible y contenidos hedonistas que producen efectos catárticos y reparadores. 

Resulta llamativo en este sentido la ausencia de lineamientos más claros de intervención desde el Estado local respecto a los contenidos de aquello que se reconoce como lo más demandado y que mayores pasiones provoca en la población juvenil que participa de instancias deportivas. Además de las concepciones sobre la recreación explicitadas precedentemente, se presume que la inserción del PAd al interior de la política asistencial de la CABA y la falta de una formación profesional específica en el campo de la recreación y el deporte en el equipo de supervisión, inciden fuertemente en la exigüidad y vaguedad de sus orientaciones dando lugar a contenidos y estrategias diversas y contradictorias.

Respecto a las características que asume el vínculo con las instituciones en el marco del PAd, las/os jóvenes entrevistadas/os identifican al PAd como un “plan social” en donde el Estado local interviene con una duración acotada y con una prestación específica para promover el acceso a espacios que para ellos resultan inalcanzables.  Su discurso confirma lo concluido en párrafos anteriores respecto al grado de identificación que logran con la institución en tanto éste se circunscribe a los tiempos, espacios y actores que forman parte de la propuesta realizada en torno al PAd.  

Lo expresado hasta aquí no niega la mirada celebratoria que las/os jóvenes y la mayoría de sus agentes tienen sobre el PAd y su significativa incidencia en el enriquecimiento de las prácticas, representaciones y trayectorias biográficas de sus destinatarios. Como hemos señalado en PA y CEIPSU (2020), desde su perspectiva, produce una ampliación efectiva de sus posibilidades de elección y participación en actividades recreativas, el aprendizaje de habilidades y conocimientos específicos, el desarrollo de gustos e intereses vinculados con diferentes disciplinas deportivas, el fomento del disfrute y la diversión como componente central de las actividades de tiempo libre y el desarrollo de habilidades sociales vinculadas con la comunicación, la confianza y la autonomía progresiva. 

Asimismo, la generación de nuevos vínculos entre pares que se convierten en referencias identificatorias y las capacidades de contención, escucha y estimulación que reconocen en aquellas/os que se constituyen en sus referentes adultos, dan cuenta del acceso a soportes afectivos dentro del programa que se contraponen con los procesos de vulnerabilidad y negación de reconocimiento que suelen encontrar en otros ámbitos.

Si se analiza el papel que cumple esta política recreativa en los procesos de integración social, las conclusiones que se desprenden de este trabajo confirman la presencia de una perspectiva liberal e individualista de los derechos que reivindica el acceso de los sectores juveniles vulnerabilizados a espacios que el mercado ofrece para otros sectores sociales fortaleciendo la legitimidad del Estado en la atención directa de sus miembros más débiles y de apertura a sus posibilidades de participación en formas socialmente valoradas de gestión del tiempo libre.  No obstante, se trata mayoritariamente de un acceso y participación diferenciada y aislada de la trama social de las instituciones deportivas.

Esta perspectiva reduce la integración a una interdependencia producida por los intercambios en el mercado, refuerza una identidad juvenil consumidora de servicios recreativos y desliga al Estado de sus responsabilidades en la construcción del lazo social y en los mecanismos que permiten el reconocimiento mutuo, la coparticipación y la reciprocidad en las prácticas de las/os integrantes de nuestra sociedad. De esta forma la política recreativa, al reducir su papel a la atención de aquellas/os “excluidas/os” para que puedan incluirse como supernumerarias/os en espacios y franjas horarias más o menos marginales de las instituciones, estaría desentendiéndose de los procesos de distinción y desigualdad sociales.

Puede afirmarse entonces que la habitual asociación entre implementación de prácticas deportivas y recreativas e integración social lejos está de verificarse en la realidad, al menos de este programa, de manera mecánica y autoevidente. La misma depende fuertemente de los contenidos y significados que le asignan los agentes involucrados en estos procesos, de los contextos institucionales donde se implementan y del papel del Estado en el reconocimiento del derecho a la recreación en condiciones que favorezcan la misma calidad en su satisfacción y propicien espacios de encuentro y hospitalidad entre sectores que poseen diferencias en términos étnico-raciales, de clase, género y edad pero comparten la fascinación por la práctica de una disciplina deportiva.

En este sentido, cabe preguntarse acerca de la potencialidad del programa en particular y las políticas recreativas en general para producir sociedades que reconozcan pertenencias sociales y culturales diversas, pero se encuentren integradas en una misma comunidad política y en un piso igualitario de protección y trato para sus integrantes. ¿Resulta viable entonces profundizar en el derecho a la recreación sin la intervención activa del Estado en la reconstrucción de lazos e identidades colectivas?, ¿es posible imaginar una política que valorice las actividades recreativas como vectores de integración y participación social?, ¿es factible que la gestión del tiempo libre pueda constituirse en uno de los principales ejes de desarrollo personal pero al mismo tiempo de reconocimiento mutuo y cooperación entre los miembros de una misma sociedad? 

Se considera que más allá del carácter improductivo de la recreación en general y de las prácticas corporales deportivas en particular, se trata de áreas del quehacer humano que resultan imprescindibles para mejorar las condiciones de vida o de “buen vivir” (Ramírez, 2012) de sus integrantes.  En esta línea se postula la necesidad no sólo de ampliar el acceso de la población a estos espacios de disfrute y goce, ya no desde una perspectiva individualizante del desarrollo personal, sino de conformar un proyecto político integral que torne más agradable la vida de todas/os a partir de políticas sociales que actúen sobre las causas estructurales y contrarresten los procesos de distinción, estigmatización y desigualdad social vigentes en la CABA.



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