La propuesta “desde abajo”
En este capítulo se analiza el PAd desde la perspectiva de las/os destinatarias/os recuperando la voz de sus jóvenes protagonistas y señalando los aspectos que consideran valiosos para su experiencia cotidiana y desarrollo personal.
En una primera parte y a partir de los relatos acerca del tránsito por el mismo, se consideran los sentidos principales que adquiere la práctica deportiva para ellas/os. En una segunda instancia se analizan las perspectivas y experiencias que relatan respecto a su propia inserción grupal e institucional, los vínculos que establecen con agentes propios y ajenos al programa y la significación que realizan sobre éstos.
Consideraciones metodológicas previas
Para esta instancia, se entrevistaron jóvenes participantes en las instituciones deportivas seleccionadas que reunían dos requisitos centrales: a) practicar deportes de mayor demanda (ver Figura 2) en el PAd: natación, fútbol, boxeo, vóley o básquet y b) contar con 3 años o más de antigüedad en el mismo.
La mayoría de las entrevistas se efectuaron durante el año 2021, año caracterizado por un retorno paulatino a las actividades presenciales con importantes restricciones sobre el uso de los espacios, el tiempo de actividad y el encuentro con grupos ajenos a las “burbujas”[1]. Las dificultades para contactar de manera directa a las/os jóvenes, la inviabilidad material y metodológica de las entrevistas virtuales y los reparos de los agentes institucionales y estatales acerca de los objetivos y contenidos de éstas, condicionaron la accesibilidad de los casos y en su definición primaron consideraciones pragmáticas (Hammersley y Atkinson, 1994) que se tradujeron en la delegación de esta tarea a las coordinaciones institucionales quienes en algunos casos, requirieron la participación de la supervisión del PAd.
Como correlato de esta definición, todas/os los jóvenes que entrevisté, contaban con varios años de experiencia en el programa y en la institución, muchas/os fueron elegidas/os como “capitanes” por sus pares, otras/os colaboraban con las/os profes animando la participación y compromiso con la actividad, todos evidenciaban interés y dominio por la disciplina deportiva elegida y valoraban fuertemente la institución y su equipo de trabajo. En este sentido se infiere que los casos seleccionados constituían una referencia modélica para el equipo técnico acerca de lo deseable a lograr como resultado de su participación en el PAd y de su intervención con ellos.
Si bien se integraron al análisis, los registros de algunas entrevistas a jóvenes participantes de actividades deportivas realizadas en el 2019 y de dos grupos focales que se efectuaron en el marco de la investigación realizada por la UNTREF, aquella selección de los casos también estuvo mediada por el equipo técnico del PAd.
Los componentes lúdicos, competitivos y hedonistas de la propuesta y el sentido de las prácticas “autotélicas”
Tal como he planteado en Picco (2022a), en la investigación realizada con la UNTREF hemos identificado un abanico de aportes significativos para las/os jóvenes que fundamentan posiciones celebratorias (Wald, 2012) sobre el PAd y se reiteran en esta oportunidad.
Diría que haber compartido toda esta experiencia es algo único, que no pasa comúnmente, poder conocer gente nueva, este programa es muy accesible también, esta libertad de poder elegir actividades que te gustan y eso, son buenas, esa libertad que le da a uno, al adolescente, al estudiante le da eso, es muy bueno eso, que te deje elegir lo que te gusta, esta libertad, es por tu gusto que estás acá. (Enrique, natación en Club Nueva Atlantis)
Las motivaciones iniciales para inscribirse son variadas y remiten a la oferta de una actividad recreativa deseada pero material o simbólicamente inaccesible, las ganas de experimentar algo nuevo, la intención de contar con ingresos propios, la necesidad de la familia de aumentar sus ingresos o de “ocupar el tiempo ocioso” de sus hijas/os, entre otras. No obstante, se evidencia un reconocimiento generalizado en las/os jóvenes entrevistadas/os del carácter habilitante de esta instancia inicial para el desarrollo de nuevas búsquedas y el descubrimiento de propuestas, desconocidas por muchas/os, que han enriquecido sus oportunidades reales de elección y participación en actividades recreativas.
Yo creo que nosotros venimos por nuestra cuenta, o sea al principio si fue mi papá que dijo “está esto”, quizá si el primer año fue como “tenés que ir y tenés que ir, porque te van a pagar” pero después yo lo veía como “faa loco es el deporte que me gusta que le pongo ganas porque no ir” y fue así. (Blanca, fútbol femenino en Club Darwin)
[El PAd] te da una oportunidad de buscar lo que te gusta, porque yo me había anotado en guitarra y como segunda opción, en hockey. Como es tan amplio, vos podés ir probando un año acá o a la mitad de un año, en lo que te gusta, conociendo gente […] y otra cosa es que encontrás lo que te gusta. Eh con el vóley me pasó eso, tener todas las semanas la posibilidad de poder jugar el deporte que me gusta es genial, y la dinámica que se hace, te podés olvidar de otras cosas y pasas un buen rato (María, vóley en club Refugio).
También aquellas/os que han podido acceder a las disciplinas más demandadas como fútbol, natación y boxeo, han optado por ampliar sus experiencias, seguir explorando sus gustos y probar otros talleres.
Uno de los componentes de estas posturas celebratorias entonces, es la posibilidad que les brinda el PAd para ampliar sus horizontes de elección y participación en actividades recreativas, habilitando espacios y prácticas novedosas y alejadas de su abanico de opciones materiales y simbólicas disponibles.
Respecto a las prácticas deportivas, las/os jóvenes rescatan el descubrimiento de ámbitos donde desarrollar experiencias que les apasionan y las/os vinculan con la dimensión autotélica de la experiencia, como práctica desinteresada y libre que se realiza de manera voluntaria y por puro placer.
En la práctica de cada disciplina se identifican distintos aspectos valorados positivamente como las características propias de cada juego, las habilidades que implica su ejercicio, el control y desarrollo del propio cuerpo y la ampliación de sus límites y posibilidades, las emociones que despierta cuando se juega tanto recreativa como competitivamente y la posibilidad de compartir estas experiencias con otros pares.
Me encanta el fútbol, me encanta, ponele que verlo, puede que me aburra, a veces, pero el jugarlo es lo mejor que tengo. Es lo que más me gusta y siempre pensé en enfocarme en esto. [Lo que más me gusta es] el tiempo, porque yo nunca pude estar mucho tiempo en mi casa porque a veces había problemas en mi casa […] Y acá vengo, juego, me divierto, me entretengo. Hago ejercicio, hago movimientos físicos, que me ayuda un montón. Y estoy con gente que me agrada que tengo relación y me hace pasar un buen rato (Claudia, fútbol en club Torino).
A mí me parece muy atractivo el juego en general. Cómo es la mecánica del juego básquet, saber jugar básquet, viste, como que tiene la pelota, rebota, levantas la cabeza, haces unos movimientos que te sentís muy, yo me siento muy libre […] Es como que por eso es como que no te fijás mucho en el tiempo, sino que simplemente lo hiciste disfrutando y ya, pasó volando y ya. Me gusta casi todo del juego (Darío, básquet en club Chimpay).
Para las/os jóvenes, la práctica deportiva supone fragmentos de lúdica (Lema y Machado, 2013) que están limitados en el tiempo y espacio habilitados por el PAd y pueden ser caracterizados por un estado de diversión y goce que conlleva una actitud de distensión, motorizada por el disfrute y el placer que genera. Como indica uno de los entrevistados, estableciendo una diferenciación con el otro club donde entrena de manera competitiva y le parece más “serio” porque paga una cuota, hay un torneo detrás y cada punto obtenido en los resultados cuenta:
Acá yo vengo a pasarla bien y lo único que me importa es divertirme y jugar un rato. (Esteban, fútbol en club Torino)
En los relatos previos se reitera la idea también de “pasar el rato”, “pasarla bien”, “el tiempo pasa más rápido”, en los que la actividad recreativa no necesariamente aparece asociada a la experiencia (Larrosa, 2003). Esta última no se vincula con algo que pasa simplemente sino con “lo que me pasa y lo que, al pasarme, me forma o me transforma, me constituye, me hace como soy, marca mi manera de ser, configura mi persona y mi personalidad”. Retomando este concepto Reyes Rodríguez (2020) sostiene que la recreación está más asociada a la experiencia humana que a la actividad en tanto no necesariamente por participar de una actividad la persona logra recrearse en el sentido de profundizar sus prácticas liberadoras, responsables, autónomas y democráticas.
En otros casos se evidencia un carácter compensatorio o contrafuncional (Munné, 1980) en estas prácticas “divertidas” y “desestresantes” que, como hemos señalado previamente responden, ante todo, a un intento de superar una situación que está definida fundamentalmente por el cansancio y la necesidad de distraerse de las actividades obligatorias como el estudio, el trabajo y las tareas de cuidado no remuneradas.
Quiero cansarme, destrozarme, porque cuando salgo, siento mi cuerpo más liviano. Bueno, por ejemplo, ahora me siento muy liviana. Es como que llego llena de problemas, tengo problemas en casa, en el estudio, en el trabajo […] Entonces, llego haciéndome la cabeza un montón, y yo me meto a la pileta y soy diferente. Ya no tengo problemas ahí. Ya estoy tranquila, el agua, el agua es vida, estoy tranquila, estoy en mi fase. […] Me gusta estar en el agua porque me da una tranquilidad y al mismo tiempo la velocidad porque me da como una electricidad así y me sube mucho la autoestima nadar rápido (Clara, natación en club El Recreo).
Pueden identificarse aquí, distintas maneras de vincular el deporte con la diversión. Por un lado, al vivenciarse como práctica autotélica que es realizada por el placer que el ejercicio de la libertad proporciona y por lo que tiene de propio en términos de encuentro y participación con otros pares, funciona de un modo expresivo de la propia personalidad en el ámbito social y podríamos catalogarla como diversión recreadora (Munné, 1980)
Lo que me gusta es que cuando entras encontrás a un montón de gente que también le re gusta mal, le re apasiona, entonces es como un buen lazo que generás y empezás a conocer una comunidad, porque siempre conoces a alguien que conoce o que juega en otro lugar. Y te llevan, y conoces a otras personas, es como una red (María, vóley en club Refugio).
Por otro lado, cuando se trata de un “medio para” divertirse, evidencia huida de una cotidianeidad que resulta desagradable y funciona como compensadora de la personalidad y contrafuncional (Munné, 1980). En el relato de Clara, se trata de una diversión evasiva y provisional que, si bien libera del aburrimiento y el cansancio, facilita el retorno a las actividades productivas y heterocondicionadas[2] reproduciéndolas como tales.
Se pone en evidencia en ellos la característica ambivalente del deporte en tanto por un lado puede divertir, evadir y enajenar y por el otro recrear, propagar y ensanchar horizontes de participación, protagonismo y encuentro con otras/os.
Como plantea la teoría eliasiana (Elías y Dunning, 1992) el deporte genera una intensidad emocional que se convierte en remedio de las tensiones propias de la vida cotidiana de las/os jóvenes. Estas actividades serían escenas ficticias en las que experimentan situaciones de excitación, violencia y peligros que quedan guardados en esos espacios miméticos de liberación y excitación emocional, pero sin correr verdaderos riesgos físicos por ello.
[El básquet] significa mucho porque, ¿cómo te puedo decir?, cuando agarro la pelota creo que ya no soy Juan, me siento de otra manera, me convierto en una persona que no se, viste. Es donde me pongo todas las pilas, donde tengo que sacar todo lo que guardo Porque cuando emboco, siento menos un peso encima mío. Emboco la pelota o trato de que mi equipo salga adelante, me saco un peso encima. ¿Por qué un peso? Porque quiero triunfar, con ese equipo quiero triunfar yo, quiero salir adelante con ellos, quiero salir adelante yo, con los profes, con todos ¿No? Básquet significa mucho para mí, seguir adelante y no dejar que la pelota se te vaya, tenerla siempre a mano, mirar para adelante hasta el aro y embocarla (Juan, básquet en club Libertad).
Esta conciencia propia del juego de “ser de otro modo” que en la vida corriente (Huizinga, 1972), permite no solamente recrear una realidad diferente y separada de la existencia dentro de límites espaciotemporales precisos sino también transferir las huellas que provoca en la personalidad de quienes las realizan, a las distintas situaciones que puedan vivir diariamente. De los relatos de las/os jóvenes pueden identificarse como atributos de la práctica deportiva, además de la posibilidad de incorporar habilidades y un manejo creciente del juego, el desarrollo de emociones miméticas que refuerzan la autoestima, la confianza, la tolerancia a la frustración y la canalización del esfuerzo a la superación personal.
Ver mi progreso me hace sentir orgulloso de mí porque veo que puedo progresar, así como en básquet también en otras cosas (Darío, básquet en club Chimpay).
Asimismo, el componente competitivo del PAd también resulta altamente valorado por sus destinatarios en tanto reconocen, estimula la participación, motiva el aprendizaje y el esfuerzo por mejorar individual y grupalmente para superar al adversario en un marco de camaradería que contrasta con los espacios de práctica deportiva en parques públicos o en otros clubes ajenos al PAd. En estos últimos casos, prima el modelo de rendimiento (Tinning, 1996) donde el nivel de juego de cada participante y su valoración externa, actúan como cartas de presentación y aceptación para participar y permanecer en ellos.
En los relatos realizados en el 2021, todas/os rescataban positivamente la propuesta de la Liga Deportiva organizada por el PAd – “éramos re-fans de las ligas”- principalmente por el componente de aventura que implicaba el viaje en micro, la jornada compartida con todo el grupo y también la posibilidad de conocer jóvenes de otros equipos y barrios y abrir las instancias de socialización e intercambio deportivo. Estas jornadas se recuerdan[3] como ámbitos donde demostraron frente a sus pares lo aprendido, se fortalecieron como equipo, hicieron nuevos amigos, ampliaron sus ámbitos de participación y vivenciaron experiencias “memorables” de gran intensidad como la superación de alguna dificultad o frustración luego de una derrota o la realización de hazañas individuales o grupales determinantes del resultado en las competencias.
En algunos casos, si bien reconocen que los nervios y el afán de ganar propio de estas experiencias pueden incidir negativamente en el grupo, identifican como objetivos tanto personales como institucionales, la voluntad de conciliar la victoria en la competencia con la diversión y el vínculo entre las/os compañeras/os de equipo.
Si estamos nerviosas antes del partido nos ponemos a jugar, a bromear, a sacarnos un poco los nervios, entre todas, vemos a una asustada, la ayudamos para que se calme, para que juegue bien. Le damos un grito, pero no enojado sino de aliento para que se suelte y juegue porque a veces más que competencia, si ellos no quieren competir, que se diviertan entonces. […] Yo quiero ganar, pero también me quiero divertir (Claudia, fútbol club Torino).
Porque por lo menos nosotros nos venimos a divertir, yo soy muy calentona, te lo puede decir Valeria [operadora], me enojo por todo. Haces un mal pase, me enojo, la pierdo yo, me enojo y es todo así. Pero no dejo que mi enojo incluya al grupo o al equipo, siempre buena onda entre nosotros, entonces siempre tratamos de que lo malo quede en la cancha, si paso listo, el que viene la rompemos y así estamos (Blanca, fútbol en club Darwin).
Como puede observarse hasta aquí, los componentes más destacados por las/os jóvenes en sus prácticas deportivas, no conciernen tanto al aprendizaje técnico o táctico de las disciplinas sino a aquellos aspectos que hemos identificado como “intrínsecos” del deporte (agonístico, lúdico y hedonista) y que generan una fascinación (Galán Vélez, 2020) y una experiencia emocional de tal intensidad que resulta significativa para sus trayectorias biográficas y el desarrollo de su personalidad.
Respecto al grado de protagonismo de las/os jóvenes en la propuesta de intervención del PAd, se observa en los testimonios recabados un nivel de participación significativo en la elección de la actividad deportiva, el nivel de implicación en ella y la satisfacción, el placer y el disfrute como motivadores de su práctica. No obstante, la participación de carácter permanente, sistemática y planificada tiene un carácter excepcional y se reduce en la mayoría de los casos (teniendo en cuenta su antigüedad relativa) a la colaboración con la dupla ya sea para ejemplificar algún gesto técnico deportivo, reforzar la explicación docente o contribuir en aspectos motivacionales o de integración grupal.
Sólo una joven entrevistada en el club Torino, evidenció un lugar importante para ella y el grupo en la definición de las posiciones de juego y la estrategia táctica en los partidos de la liga o de intercambio con otros equipos.
Es una decisión del equipo, antes de entrar a la cancha por lo menos mi equipo se preguntó qué quería hacer cada uno, yo le pregunté a algunos porque querían ser defensoras, querían ser delanteras, hay personas que quieren ser defensoras y no quieren ser delanteras, tipo, le da pánico ser delanteras porque hay mucha presión. Y yo preguntaba, hay veces que cambiamos de arquera, delanteras y así […] yo estaba como defensora, porque una quería ser delantera y yo soy diversa, puedo jugar en cualquier lado (Claudia, fútbol femenino en club Torino).
En este caso, coincidente con la práctica deportiva en un espacio institucional donde el modelo de intervención propuesto se acerca al enfoque de derechos, se infiere un mayor protagonismo e implicación de las/os jóvenes en la propuesta y cierta autogestión para definir las formas y alcances de la participación deportiva a nivel individual y grupal.
Adultas/os y grupo de pares: distancias materiales y simbólicas con agentes ajenos al PAd
Otro de los componentes de las posturas celebratorias que las/os jóvenes asumen respecto a PAd está vinculado con el acceso a determinados soportes afectivos o simbólicos que se contraponen con los procesos de vulnerabilidad y negación de reconocimiento por los que atraviesan.
Entre estos soportes cobra centralidad la conformación y ampliación del grupo de pares que funciona como espacios de socialización donde se intercambian diferentes prácticas, saberes y visiones del mundo.
Me encanta la idea de bueno, yo te la paso y vos me la pasas, vamos a atacar un equipo a nuestra forma, conociéndonos, así. Después podemos ir a tomar un té, ahí conociéndonos, hablar de cómo es tu experiencia de básquet, cómo vos lo ves, cómo yo lo veo, y ahí relacionarnos un poco más con el resto y los demás. Es como una relación entre amigos también y como que el deporte siento que me une más con las… como ser más sociable con la gente (Darío, básquet en club Chimpay).
En los testimonios recogidos aparece subrayada la importancia de conocer nuevas personas y los vínculos y amistades construidos a partir de las actividades. En estos espacios, se encuentran historias y trayectorias diversas y se comparten experiencias, información relevante para su vida cotidiana, intereses y preferencias, prácticas lúdicas y salidas eventuales que van a conformando lo que Urresti (2011) denomina verdaderos laboratorios de actividad simbólica donde se experimenta la diferenciación social y se constituye el primer “nosotros” con el que las/os jóvenes tienden a identificarse por fuera de los ámbitos de pertenencia heredados familiarmente.
Las instituciones analizadas no solamente ofician de marco de encuentro de estos grupos, sino que la práctica y aprendizaje de una disciplina deportiva les permite incorporarla en su cotidianeidad e integrarla a las actividades lúdicas que desarrollan en su tiempo libre en otros espacios públicos.
A mí me gustó porque aparte de conocer mucha gente, (que) me agradaba demasiado, me expandí en el tema, fue un deporte donde yo pude abrirme, pude expandirme con el tema de socializar […] sirve mucho eso, conoces mucha gente. Es como que hoy jugas acá y uno de esos chicos juega en Parque Chacabuco y ese chico te invita y conoces a todos esos chicos y ahí uno de esos chicos te invita a Palermo que juegan beach-vóley y vas a Palermo a jugar. En Palermo conoces a otra gente que de esa gente uno te invita a otro lado y que no conoces (Felipe, vóley en club Refugio).
De esta forma, las habilidades deportivas aprendidas se transforman en una herramienta de socialización en diversos ámbitos de la ciudad habilitando la participación en otros grupos que conforman una comunidad de pertenencia y en ocasiones verdaderas redes de contención afectiva, búsqueda de independencia y protagonismo juvenil.
Respecto al vínculo que establecen con la dupla de referentes adultos que se encuentran a cargo de cada actividad, las/os jóvenes utilizan figuras asociadas al “psicólogo/a” o “madre/padre” como forma de graficar las funciones de contención, acompañamiento y escucha que éstos le proporcionan. Tanto en las entrevistas realizadas como en los comentarios de los grupos focales, se observa que las relaciones que establecen con estos referentes constituyen marcas significativas en su subjetividad.
Destacan la capacidad de escucha, el compromiso, la orientación, la buena predisposición y preocupación constante respecto de aquello que les sucede tanto dentro como fuera de las actividades. Este reconocimiento fortalece la autoconfianza al sentirse objeto de valoración y al ser estimulados a explorar, aprender y superar los obstáculos que atraviesan, celebrando cada avance que van logrando.
Y acá también con ellos en algunas veces he llorado, una vez creo que lloraba con ellos, porque tenía una angustia, ¿Viste? problemas familiares, ¿Viste? Que no sabés a quién aferrarte, no sabés con quien hablarlo. Sentí que con ellos me podía soltar más, volver a hablar, expresarme, y hablé con ellos y me supieron guiar, ¿Viste? (Juan, básquet en club Libertad).
Yo tengo muchos problemas a veces en mi casa, hay veces que no puedo venir y ellos siempre están ahí para entenderme, aconsejarme, decirme que bueno está bien te vamos a ayudar y demás […] Siempre tratan de ayudarte y la experiencia es diferente obviamente, las ligas cambian, los profesores, los coordinadores; entonces que se yo te vas llevando un poco de cariño de cada gente. Yo creo que me gané el cariño de cada uno de ellos, y eso me pone contenta a mí (Blanca, fútbol femenino en club Libertad).
La valoración de la forma de enseñanza de las disciplinas ocupa un lugar importante en la elección y sostenimiento del espacio de participación, aunque las funciones de ambos integrantes de la dupla no se presentan de manera nítida en los discursos y en algunos casos aparece indiferenciado quien es docente y quien operador de la actividad.
Luis [profe], nos enseña un montón del partido y, además, se incluyen, jugamos con los profesores. La profe [operadora] cuando jugamos muchas veces pone música, la pasamos bien, escuchamos música, nos divertimos, jugamos, hacen bromas los profes, interactúan con los alumnos, más que una relación alumno, profesor ahí, estricta, ¡no! Es más, como un compañero en el partido. Y la pasamos muy bien con los profes. Mario (operador) es muy positivo, tiene mucha buena energía, y cuando yo vengo ahí decaída y a veces no quiero venir […] me dice, no, venite, venite. Insiste. Y es muy positivo, entonces, como que me da mucha energía. Ver a alguien tan feliz y positivo es difícil de creer, pero me da mucho, buena energía diría. Y Laura (profe) me enseña muy bien y hace que mejore mi técnica y eso es lo que yo más busco, practicar y practicar y practicar hasta el límite que una vez me dijo: “sos una nerd de la natación” (Clara, natación en club El Recreo).
Como he planteado previamente, en el vínculo con la dupla aparecen también tensiones ligadas a los límites que establecen frente a determinadas prácticas o las decisiones que son calificadas como injustas a los ojos de las/os jóvenes (Picco, 2022). La habilitación, la contención y el afecto están acompañados de algunas prohibiciones, normas grupales o institucionales que se acuerdan o se imponen, y que, sin embargo, son percibidas como necesarias y propias de su rol. Como destaca Débora Kantor (2008) citando a Jean-Yves Rochex, las personas adultas son aquellas contra las cuales las/os jóvenes se constituyen como sujetos, en la medida en que puedan mantenerse como apoyo y sostén por un lado y como referencia de confrontación por el otro.
La modalidad de gestión del PAd facilita la identificación subjetiva de sus destinatarios no sólo con el grupo que integran, sino también con el dispositivo institucional que enmarca su labor. La construcción de la confianza y los marcos de referencia se producen en el dispositivo donde comparten semanalmente sus actividades y esto les permite sentirse alojados en instancias donde no solamente acceden a actividades recreativas que conservan cierta calidad, sino que, también pueden generar nuevos vínculos entre pares y con adultos y disfrutar de una parte de su tiempo libre.
Porque son 5 años de estar en el mismo club, en el mismo deporte, entonces yo creo que a otro club no me iría más que nada por el cariño que le tomé, porque siempre vengo acá, hay veces en las que me quedo para ver a los chicos que juegan y demás (Blanca, fútbol femenino en club Darwin).
La libertad para participar en otras actividades y disciplinas del PAd en diferentes días y horarios, la posibilidad de utilizar ciertos recursos y espacios institucionales complementarios (vestuario, buffet, parque) -aunque sea bajo supervisión- y la participación en algunos encuentros (liga deportiva, intercambios, eventos recreativos internos) portando ciertos emblemas identitarios como remeras, banderas, o escudos del lugar, refuerzan la pertenencia institucional y denotan la presencia de ciertas huellas subjetivas en las que las instituciones se convierten en puntos de adscripción con los que buscan identificarse (Di Napoli y Richter, 2019)
No obstante, y como se ha señalado en el capítulo anterior, no existen espacios significativos de encuentro con otros sectores sociales de carácter habitual y recurrente y la oferta mayoritaria de actividades del programa se realiza en horarios de muy baja circulación de socios u otros integrantes de la institución ajenos al mismo.
En las entrevistas realizadas a las/os jóvenes este hecho no fue problematizado ni evidenciado negativamente en tanto la pertenencia a un “plan” de carácter asistencial se encuentra generalizada entre ellas/os y la participación en las condiciones que el mismo establece aparece naturalizada. Una de las jóvenes del club Darwin luego de ser indagada acerca de su participación en otras instancias del club refirió que “lo que tiene que ver con el plan es siempre dentro del plan”.
La posibilidad de ingresar como socias/os o participar de otras actividades que el club ofrece son experimentadas como acontecimientos de carácter individual más o menos lejanas de acuerdo con el tiempo y recursos disponibles de cada una/o. Uno de los jóvenes, reconoce que siempre le interesó asociarse a la institución y relata con cierta frustración no haber podido acompañar, por falta de tiempo y dinero, a un amigo en el ingreso al club mientras ambos eran menores de edad.
Yo en principio quería venir acá, antes que cumpla dieciocho, por lo menos, para entrar a jugar a Libertad. Pero como estaba trabajando, tantos problemas familiares y eso eh se me bajó las esperanzas ¿viste? Íbamos a venir con un compañero, Ernesto se llamaba. Y dijimos che Juan ¿me acompañas, vamos? Y yo siento que a la vez le fallé a él (Juan, básquet en club Libertad).
Otros jóvenes entrevistados del club Refugio se inscribieron para practicar y competir en vóley con un entrenador que alquila por su cuenta una cancha en el lugar. Todos reconocieron que, además de costear la cuota por su cuenta, debían acoplarse a las exigencias deportivas del espacio dado que se trataba de armar un equipo que pudiera participar en una liga local de carácter competitivo. Durante la entrevista, al ser consultados sobre los aspectos que mejorarían del PAd respondieron:
La única cosa que yo haría me iría a la cancha de allá (Daniel) [refiriéndose a la mejor cancha de vóley del club donde practican con este profesor] … pasa que te motiva, la cancha te motiva (Felipe) ambos practican vóley en club Refugio.
Si bien reconocen en algún año haber practicado allí, desconocen los motivos por los cuales eso no ocurre[4], aunque notan la calidad diferencial de los espacios asignados al PAd respecto a otros miembros, ya sean socios o “inquilinos” del club.
Más allá de estas experiencias previas, una participante que concurre en otros horarios a natación del club El Recreo reconoció algún contacto eventual con otros socios del lugar, pero de características informales y por iniciativa propia dado que comparten el mismo espacio y horario.
Hay una socia acá que nada en el mismo horario, casi desde las 10 hs, a veces hablamos, este año con ella nomas me hablo, Porque no da, en ese mismo horario vienen además señores y no le voy a hablar a un señor… A esa chica que tiene más o menos 20, debe tener 21, a ella yo le hablo y le digo ¿cómo estás? Y me dice, bueno vamos a practicar y con ella practico a veces. Ella hace crol, espalda, crol así seguido y yo hago crol, espalda, pecho, mariposa, y todo. Ella me dice, me pide algunos consejos y yo en lo que ella hace bien, le pido consejos también (Clara, natación en club El Recreo).
A partir de los relatos previos se evidencia que las/os jóvenes entrevistadas/os buscan profundizar y mejorar en la práctica del deporte que realizan, pero esta posibilidad se encuentra acotada al encuadre del PAd o debe gestionarse por cuenta propia y de forma mercantilizada en la misma institución o en otra.
Si bien el sentido de pertenencia institucional que se logra es significativo en tanto es visualizado como un espacio de acogida y contención altamente valorado se constata nuevamente en esta instancia, que el acceso e integración que el PAd propugna para sus destinatarias/os a espacios que el mercado de servicios recreativos ofrece para otros sectores se encuentra delimitado a zonas y franjas horarias más o menos marginales de las instituciones.
Consideraciones finales del capítulo
Como hemos apreciado a lo largo de este último capítulo, las/os jóvenes entrevistadas/os, con las salvedades metodológicas expresadas inicialmente, asumen una postura celebratoria sobre el PAd que se expresa en una fuerte valoración de este como espacio de diversión y placer, donde aprenden y practican un deporte desconocido o inaccesible sin mediación del PAd y establecen vínculos con otros pares y adultos con los que se identifican y desarrollan redes de pertenencia y contención.
La práctica deportiva asume diversos sentidos para ellas/os ya sea como pasión, pasatiempo o descarga contrafuncional pero en todos los casos rescatan los avances personales que van logrando en la disciplina y la fascinación que les provoca en tanto recuperan los componentes centrales que hemos identificado como propios del deporte: a) su carácter lúdico y por ende, libre, incierto, improductivo y ficticio (Caillois, 1968); b) su ingrediente agonístico que constituye un motor central basado en la propia afirmación y el placer que implica superarse a uno mismo y/o al adversario y; c) su contenido hedonista en el que las emociones miméticas (Elías y Dunning, 1992) que suscita tienen un efecto catártico y reparador en las/os jóvenes.
Resultan muy valorados los encuentros de intercambio con otras instituciones, especialmente las Ligas Deportivas y lo que éstas conllevan en términos de salida grupal, diversión, referencia para medir y demostrar lo aprendido a nivel individual y colectivo y como incentivo a la participación y aprendizaje a lo largo del año. El componente competitivo de las mismas es complementado con la diversión que generan y supone un desafío constante no sólo para los adultos referentes sino para los propios jóvenes que identifican esta compatibilidad como necesaria y saludable.
Respecto a las características que asume el vínculo con las instituciones en el marco del PAd, cabe señalar que a pesar de los discursos y esfuerzos relativos que los integrantes del equipo técnico (tanto institucional como del Estado local) realizan para resignificar el contenido y orientación de la propuesta en términos de derecho a la recreación e inclusión institucional, para las/os jóvenes entrevistadas/os el PAd no deja de ser un “plan social” en donde el Estado local interviene con una duración acotada y con una prestación específica (recreativa) para asistir a la población juvenil identificada como pobre o vulnerable y mejorar sus condiciones de vida en ciertos aspectos.
En su discurso, las instituciones o los clubes remiten a los tiempos, espacios y actores que forman parte de la propuesta que se realiza en el marco del PAd y las participaciones que logran o podrían lograr por fuera de estos espacios, son planteadas como producto de iniciativas personales y no como una instancia favorecida por el Estado o los actores que mediatizan su propuesta de intervención.
- Las burbujas sanitarias fueron implementadas como estrategia de retorno a las actividades presenciales luego de la epidemia de Convid-19 y constituyen un círculo de personas con quienes se comparte un espacio y tiempo determinado pero que no tiene contacto con otros grupos o integrantes ajenos a la misma. Esto permite minimizar el riesgo de infección y evitar la propagación de la enfermedad.↵
- El autor se refiere a los comportamientos condicionados desde el exterior de la persona u obligatorios.↵
- La Liga deportiva fue suspendida durante el 2021 por protocolo sanitario.↵
- No se indagó sobre este hecho puntual, pero se infiere que el mismo podría estar vinculado con la merma en las transferencias económicas que el PAd realiza a la institución. ↵







