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3 Los empresarios y sus gabinetes

Las estrategias para el armado del gabinete fueron tan diversas en cada país como la forma en que los presidentes accedieron al poder. Hubo empresarios que utilizaron viejas estructuras partidarias como vehículo para llegar a la presidencia, quienes optaron por las históricas formaciones partidarias con nuevos nombres, y empresarios que prefirieron crear partidos “a medida”. El comportamiento de las élites en el Estado, las capacidades estatales y la fortaleza y debilidad de los partidos también influyeron en el proceso de designación de los cargos. Si bien las estrategias de designación de ministras y ministros fueron distintas, todos los presidentes introdujeron un rasgo similar. Salvo el caso de Brasil, prácticamente todos incorporaron ministros y ministras cuya procedencia era del ámbito empresarial (empresarios y empresarias, CEO, consultores, tecnócratas) con un sesgo y visión proveniente de la lógica empresarial.

En Argentina, Mauricio Macri formó un gabinete con una gran cantidad de ministros y ministras que provenían del mundo privado y habían tenido desempeño y formación en el mundo empresarial. En Brasil, Michel Temer continuó con los mecanismos históricos de reclutamiento, donde el gabinete se constituye a partir de la distribución de cargos entre los distintos partidos que fueron la base de apoyo. Además, era un caso excepcional, dado que su acceso al poder se produjo tras el golpe contra Dilma Rousseff. Aunque no es objeto de tratamiento en singular en este libro, el gobierno de Jair Bolsonaro mostró cierta diferencia en cuanto a los mecanismos históricos de selección de sus funcionarios y funcionarias e introdujo una mayor autonomía de decisión respecto de los partidos. En México el gobierno de Vicente Fox mixturó a sus propios funcionarios con los cuadros heredados del PRI, quienes tenían un largo conocimiento de la administración estatal. En tanto, entre los funcionarios que se sumaron de la mano de Fox, predominó la visión proveniente del mundo empresarial.

Sebastián Piñera gobernó dos períodos en Chile. Durante la primera gestión convocó a un número importante de empresarios, CEO y tecnócratas en el gabinete. Esto marcó un cambio en la lógica histórica de la élite estatal, en un país donde los altos cargos eran ocupados por políticos y técnicos o los llamados technopols. Sin embargo, las denuncias por la existencia de situaciones de conflictos de interés motivaron la rotación de nombres en las distintas carteras, por lo cual incorporaron a personas con un perfil político que, en su mayoría, provenían de la Cámara Legislativa. Luego del intervalo del gobierno de Bachelet, en el segundo gobierno Piñera conformó un gabinete mixto, donde coexistían funcionarios y funcionarias con un perfil político y quienes provenían del mundo privado. Inclusive, muchos de ellos ya habían pasado por la primera experiencia de gestión y había cierto aprendizaje de la dinámica estatal.

En Colombia, Uribe armó un gabinete con personas que poseían un perfil político, pero al mismo tiempo buscó instalar el discurso meritocrático en la gestión pública que se distanciaba de la “politiquería”, según sus propios términos. Para ello firmó un acuerdo con la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), que instruía acerca del proceso de selección de algunos funcionarios públicos para la designación de cargos. El segundo gobierno, en cambio, aunque mantuvo cierto discurso meritocrático, incorporó más figuras provenientes de la política que le habían dado el apoyo para su reelección. En El Salvador, Elías Antonio Saca continuó con la lógica de designación de ministros y ministras tomando figuras del partido ARENA, aunque prefirió un perfil más joven y afín a su impronta. Por causa de la concentración del poder y cierta autonomía para la política y la definición de su gabinete, recibió críticas por parte de miembros de ARENA. Con el fin de su gobierno, Saca se apartó de esa fuerza y, junto a otro conjunto de políticos, creó un nuevo partido.

En Paraguay, Horacio Cartes no tenía una relación previa con el Partido Colorado hasta el momento en que definió su propia candidatura, y recién allí se incorporó de manera orgánica. El partido fue el instrumento de acceso al poder, y Cartes fue el candidato en disponibilidad para el partido, que poseía abultados recursos económicos. Gracias a ese endeble compromiso con el partido y su capacidad financiera, pudo definir el gabinete de manera autónoma, a diferencia de lo que ocurrió con los anteriores gobiernos, donde la estructura colorada tenía mayor influencia en las definiciones. Por causa de esa autonomía, hubo desacuerdos dentro del partido, y en las elecciones internas, donde se definía el candidato de la continuidad, los colorados históricos se aglutinaron en torno a una campaña partidista cuya consigna fue crear un gobierno “verdaderamente colorado” y lograron imponerse frente al candidato de Cartes. En Perú, Pedro Pablo Kuczynski llegó al poder de la mano de una nueva fuerza política que había sido creada por él mismo con el objetivo de llegar a la presidencia, en uno de los países con mayor debilidad partidaria. Si bien la participación de empresarios y tecnócratas no fue una novedad, la especificidad de su gobierno es la llegada de la tecnocracia internacional, más ligada al sector empresarial. Fue uno de los gabinetes con mayor sesgo empresarial desde el fin de Fujimori.

Argentina, Brasil y México

Argentina. “El mejor equipo de los últimos 50 años”

El 2 de diciembre, cuando apenas faltaban 8 días para la realización del traspaso de mando, Cambiemos se fotografió en el Jardín Botánico con el gabinete de ministros y ministras completo. En la foto había 23 varones y apenas 4 mujeres, todo el grupo ubicado en línea, como si se tratase de un equipo deportivo. En las crónicas que publicaron los medios de ese día, Macri dijo una frase que se convirtió en el símbolo de su gobierno; sostuvo que su gabinete era el “mejor equipo de los últimos 50 años”: “Es un equipo de gente valiosa, de argentinos comprometidos y con trayectoria. Es buena gente” (La Nación, 2/12/2015).

La conformación del gabinete del gobierno de Macri tuvo un evidente sesgo empresarial. De inmediato, algunos medios e intelectuales del campo de las ciencias sociales lo caracterizaron como la CEOcracia (véase sobre el gabinete Canelo y Castellani, 2016, y desde una perspectiva cualitativa Gessaghi, Landau y Luci, 2020). Por primera vez en la historia moderna del país, un partido orgánico del capital financiero internacional accedía al control del poder junto con las fracciones del capital aliadas (Manzanelli, González y Basualdo, 2017).

Una periodista que cubrió muchos años la casa de gobierno sostuvo en una entrevista para esta investigación: “Al CEO número uno de la Argentina, lo tenés de presidente. La cabeza está condicionada e ideológicamente tienen una mirada que no la va a tener nunca ningún otro político”; “Macri cree que [sus ministros] son expertos”, no casualmente “calificaron [al ministro de Finanzas Luis] Caputo como el Messi de las finanzas” (Roxana, 2018). Con el gobierno de Cambiemos, rebrotó ese histórico sentido común que asociaba el éxito profesional en el mundo privado con la garantía de éxito para la gestión estatal.

Si bien el gobierno de Macri tuvo una impronta empresarial, los gabinetes de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, se formaron con grupos sociales y profesionales diferentes donde incluyeron a “especialistas en gestión estatal” y “burócratas públicos” (Canelo, 2019). En noviembre de 2015, según cálculos del periódico La Nación, para cubrir los tres gabinetes Cambiemos necesitaba 9 000 cargos nuevos. El impactante triunfo implicó incorporar de manera relativamente repentina un importante conjunto de funcionarios y funcionarias (Canelo, 2019). Como sostuvo un alto funcionario del gobierno de Cambiemos : “Cuando se produce el fenómeno de que Macri es presidente, María Eugenia en la provincia y Horacio en la Capital, se produce una demanda de gente, una vorágine en los últimos 15 días, donde entran por la ventana [un conjunto de funcionarios y funcionarias]”, “el desespero para poner gente […]” (José, 2018).

El gabinete de Macri se nutrió de cuadros que provenían del mundo managerial, de los think tanks, como la fundación Pensar, y del mundo de la política. Acerca de los mánager, Gabriel Vommaro sostiene que el momento de dar el salto hacia la política

ocurre cuando las metas de llegar a la cima y cumplir el sueño de la empresa propia ya se han logrado, y los mánager sienten, en cierta medida, que ya no queda más por escalar […]. La política aparece, así, como una posibilidad de buscar un nuevo desafío (Vommaro, 2017: 238-239).

Si los economistas y los hombres de finanzas cercanos a Cambiemos proveyeron los programas, los mánager, como grupo social, constituyeron el brazo ejecutor de estas políticas, la élite de hacedores que se ocuparía de poner al Estado en movimiento, de devolverlo un espacio amigable (Vommaro, 2017).

La participación de empresarios y tecnócratas en la política argentina no es nueva. Desde los años setenta, con las sucesivas crisis económicas que atravesó el país (endeudamiento, hiperinflación, confiscación de depósito, variaciones del valor de la moneda, entre otras), los economistas fueron ganando terreno tanto en los gobiernos como en el espacio público. Y en la década de los noventa, durante el gobierno de Carlos Menem, cobraron aún más protagonismo. “A través de sus juicios y sus actos […] participaron activamente de la determinación de lo verdadero, lo justo y lo posible” (Heredia, 2015: 26). Así, construyeron un modelo y un dispositivo de intervención donde “ciencia, técnica y política quedarían imbricados por completo” (Heredia, 2015: 26). En el gobierno de Menem, hubo menos empresarios al frente de las carteras que con Macri; más bien primó una mirada y visión empresarial en línea con las políticas neoliberales que estaban en pleno auge. Una de las figuras emblemáticas fue Miguel Ángel Roig, un empresario, de profesión ingeniero, que se desempeñaba como vicepresidente ejecutivo general de la compañía Bunge & Born al momento de ser convocado por Menem para ejercer el cargo de ministro de Economía. Roig falleció a los pocos días de asumir y años después esa cartera la ocupó Domingo Cavallo, que poseía una imagen tecnocrática con fuertes vínculos con el lobby internacional.

Consultado acerca de las diferencias entre el perfil de los gabinetes, un ministro de Cambiemos afirmó lo siguiente: mientras que durante el kirchnerismo el gobierno tenía un perfil que denominó “de cabotaje” con funcionarios que provenían de las provincias y “sin visión del mundo”, con Macri se pasó a “toda gente que viene en su mayoría de afuera, gente que ha estado en JP Morgan […] como un grupo de amigos que salieron del country […] y no conocen la realidad local” (Bernardo, 2018).

Un ministro de otro gobierno sostuvo que en los gabinetes del kirchnerismo “existía gente que había pasado por el mundo empresarial o que tenía empresas, pero no que su principal ocupación haya sido una empresa… Había gente en comunicación o en minería que podían tener un perfil más técnico” (Esteban, 2018). El mismo entrevistado señaló que la presencia directa de empresarios en el gobierno de Macri expresaba una falta de confianza:

Bueno, para garantizar que las políticas que se hagan sean a favor del sector energético, el Ministerio de Energía va a estar encabezado por el presidente de la compañía energética extranjera privada más fuerte de la Argentina. Que es Shell. A cargo del Ministerio de Agricultura va a estar el presidente de la sociedad rural argentina, empresario agropecuario. A cargo del Ministerio de Finanzas igual.

Contrariamente al discurso de ajuste que impartían desde las altas esferas de gobierno, cuando asumió el gobierno aumentó la cantidad de ministerios, secretarías y subsecretarías de la Administración Pública Nacional, en comparación con la última gestión saliente (Astarita y De Piero, 2017). Transcurridos tres años, en el marco de una coyuntura económica crítica que parecía no encontrar el rumbo esperado, Macri decidió enviar un mensaje de ajuste y redujo el conjunto de las carteras ministeriales: de los 22 ministerios que había hasta ese momento, pasaron a ser 12.

Brasil. “El gobierno de salvación nacional”

El gobierno de Temer se inició el 12 mayo de 2016 por un plazo de 111 días mientras duraba el juicio político a Dilma Rousseff, pero, luego de consumarse el golpe por la vía parlamentaria, asumió de manera definitiva hasta la culminación del período de mandato. Aunque ya existía cierto descontento con la clase política tradicional, Temer profundizó el desprestigio con un gobierno “marcado por escándalos de corrupción y renuncias de principio a fin” (Goldstein, 2019: 75). Mirado desde el presente, Temer fue el último intento por parte de las élites económicas, antes del gobierno de Jair Bolsonaro, de encontrar una correa de trasmisión a través de los históricos canales de la élite estatal.

Una de las primeras declaraciones, tras asumir como presidente en una ceremonia breve y discreta, lógica para un presidente para cuyo cargo no había sido electo, fue que debía conformarse de manera urgente un “gobierno de salvación nacional” (BBC News, 12/05/2016). La expresión es disonante con el tono de los otros casos que analizamos y es extraña por la carga de significados bíblicos que contiene la palabra “salvación”. En la reivindicación de su gabinete, Temer no apeló a la experticia profesional o al éxito de sus funcionarios, como hicieron Cartes, Kuczynski, Macri o Piñera, sino que prefirió un concepto proveniente de la jerarquía social y señaló que iba a conformar un “gabinete de notables” (BBC News, 12/05/2016). Tiempo después, en marzo de 2018, sostuvo que se trataba del “mejor gobierno de los últimos años” (Planalto).[1]

Como señaló la mayoría de los entrevistados, el gabinete de Temer siguió una línea histórica en cuanto al reclutamiento de sus funcionarios, donde son los partidos que constituyeron la base de gobierno quienes definen las carteras ministeriales. El periodista Eric Nepomuceno sostuvo: “El autoproclamado ‘gobierno de salvación nacional’ no hizo más que repetir la misma y desgastada receta de siempre: repartir ministerios a cambio de un dudoso respaldo en el Congreso” (Página 12, 3/06/2016). En la misma línea, se expresó un investigador brasileño: “Hay una regla de oro que es poner gente que son de los partidos para componer el gobierno” (Guillermo, 2018). Temer cumplió con esa regla.

Un alto funcionario brasileño que se desempeña en el cargo durante la gestión de Bolsonaro planteó la siguiente caracterización: “En el gobierno de Temer hubo ciertos casos donde ni siquiera se le preguntaba al partido. Conociendo a Temer, él le daba al partido la función de designar, ‘el que ustedes nombran, ustedes son responsables’”. “Yo creo que el criterio [es] darle gobernabilidad. Muchas veces la gobernabilidad viene de ahí, de que los partidos estén contentos, participen y tengan sus beneficios de participar y le votan las cosas en el parlamento” (Lautaro, 2019). El mismo entrevistado marcó una diferencia en relación con el gobierno de Bolsonaro en cuanto a la conformación del gabinete. “El de Bolsonaro es un gabinete un poco más rígido y en principio todos los ministros fueron elegidos con base a un criterio de eficiencia; no hubo, salvo excepciones, una negociación con partidos de su base parlamentaria” (Lautaro, 2018).

Esta percepción de las formas de reclutamiento de los funcionarios es compartida por un exministro que se desempeñó durante el gobierno del PT:

En Brasil el presidente es electo pero nunca puede gobernar solamente con los partidos que hace parte de la base, porque no hay sustentabilidad parlamentaria, entonces tiene que atraer otros partidos. Y ese movimiento no es en torno a un programa. Entonces eso genera una distorsión donde la gente administra su ministerio y lo hace como si fuera algo aislado de la orientación política general. Hay una dificultad muy grande de generar coherencia gubernamental. Es un problema histórico de los gobiernos (Franco, 2018).

La participación empresarial se observa en el parlamento, donde “la composición ya es bastante hegemónica de empresarios. Empresarios, hacenderos y de las elites en general, o cuando no son de origen, defienden los intereses” (Franco, 2018).

La conformación de la burocracia estatal brasileña y de los cuadros de la élite en el Estado ha sido objeto de múltiples estudios (Perissinotto y Codato, 2008). Fernando Henrique Cardoso (1985) planteó el concepto de anillos burocráticos de poder, que alude al conjunto relativamente estable de funcionarios estatales que, ante la ausencia de estructuras institucionales que medien entre el Estado y las clases sociales, constituyó un grupo de círculos de agentes que penetraron en los intersticios del aparato del Estado en carácter de encargados en la toma de decisiones económicas. Así, lejos de institucionalizarse, las relaciones se individualizan cada vez más, favoreciendo la formación de anillos burocráticos de poder. La existencia de esta burocracia resulta una buena explicación para pensar por qué en Brasil, aunque hubo empresarios en el gabinete, no fue de manera tan generalizada como en el resto de los países. Al mismo tiempo, como destacamos en el capítulo anterior, desde la transición democrática se fortalecieron los partidos con alcance nacional, particularmente el PSDB y PT. Ambos elementos aportan una clave explicativa para pensar a las élites estatales brasileñas.

El gabinete de Temer fue muy cuestionado desde el comienzo. Se conformó por 29 ministerios y secretarías con rango ministerial. De los países estudiados, Brasil es el que muestra mayor rotación de funcionarios y menor duración en el cargo. Solo seis ministros cumplieron mandato completo (Nercesian y Cassaglia, 2018). Los subibajas de los ministros se debieron a fuertes cuestionamientos por la política de ajuste, denuncias de corrupción y diferencias de los funcionarios en relación con las políticas implementadas por un gobierno con muy baja legitimidad. El último cambio más importante ocurrió en abril de 2018, cuando se produjo la renuncia de un tercio del gabinete para que estos pudieran dedicarse a la campaña. En esa ocasión, Temer aseguró que realizaba “diez importantes cambios en el equipo de gobierno, pero son cambios que alteran la composición y no la calidad de ese equipo” (Telam, 10/04/2018).

México. “El gabinetazo”

El 1 de diciembre asumió Vicente Fox con un discurso titulado “La revolución de la esperanza”, donde continuaba con la línea discursiva centrada en el “cambio” que había realizado durante la campaña. Gran parte de la población mexicana vivió este hecho con un clima festivo y con la convicción de que estaban siendo testigos de un momento histórico. El propio presidente desbordaba entusiasmo en sus apariciones públicas con un estilo sencillo y campechano que lo acercaba a la sociedad. Su discurso de asunción estuvo cargado de alegatos a la democracia, distanciándose de la etapa priista; incluso sostuvo: “En esta nueva época de ejercicio democrático, el presidente propone y el Congreso dispone” (Retoricas, 1/12/2000).

Como todos los presidentes de origen empresarial que analizamos, Fox destacó a su gabinete. En una entrevista para el diario La Jornada en noviembre de 2000, cuando aún era un presidente electo, sostuvo que en su gobierno habría “intelectuales, empresarios, profesionistas, rectores de universidades, miembros apasionados por la defensa de los derechos humanos”:

Va a tener la presencia de quienes luchan para combatir por la pobreza y la marginación, de quienes desde un punto de vista social, socialista, han luchado por estas causas de tiempo atrás. Diría yo, no es un equipo, ¡es un equipazo, un gabinetazo! (en D’Artigues, 2002: 13-14).

Además de estas características, Fox implementó la figura de los headhunters (“cazatalentos” en inglés), quienes tenían la función de buscar a las y los mexicanos mejor calificados para los puestos (D’Artigues, 2002).

Muchos de los funcionarios de Fox tuvieron un desempeño de trayectoria laboral dentro de grandes empresas privadas. En particular, los funcionarios más cercanos, quienes además se formaron en centros de pensamiento de orientación neoliberal. Entrevistado para esta investigación, un exfuncionario de Estado sostuvo:

Hay que analizar la formación en las escuelas neoliberales. El terreno de las ideas neoliberales. Un lugar clave es el ITAM [Instituto Tecnológico Autónomo de México] que se creó en los años cincuenta para contrarrestar a la UNAM [Universidad Nacional Autónoma de México]. Los últimos secretarios de hacienda fueron del ITAM (Lázaro, 2018).

La “extracción empresarial, que acarreó una visión de gobierno de corte gerencial” (Reveles Vázquez, 2008: 10), fue un rasgo de las políticas de gobierno. El secretario de Hacienda de Fox, Francisco Gil Díaz, fue un hombre emblemático de la gestión y poseía esa formación. En una entrevista que brindó para un periódico, sostuvo:

Fox no me invitó por ser itamita [es decir, del ITAM], sino por tener una carrera que él pensó acreditada para asumir esa responsabilidad. La gente que ha estado en esos puestos no es por ser itamita, sino por su preparación y su competencia (El Economista, 20/9/2018).

El mismo secretario fue alumno del economista neoliberal Milton Friedman, de quien tiene un recuerdo muy favorable, según planteó en la misma nota donde sostuvo que había tenido “el privilegio de tomar tres cursos con él en la Universidad de Chicago” (El Economista, 20/9/2018).

Según sostiene Salas Porras (2017), estos espacios de pensamiento neoliberal se hicieron notables en los años ochenta, particularmente a partir del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), donde se produjo un cambio tanto en el modelo económico, como también en la conformación de las élites. Se formaron equipos compactos de funcionarios públicos que transformaron el paradigma de desarrollo, así como también las prácticas sociales de las élites, al mismo tiempo que configuraron un nuevo discurso político con un contenido eminentemente neoliberal. Con el gobierno de Salinas de Gortari (1988-1994), estos equipos extendieron su presencia e influencia a las áreas del aparato estatal con mayor poder y construyeron un campo de poder y reflexión que, si bien experimentó algunas modificaciones a lo largo de los sexenios, tuvo una línea de continuidad durante largos años.

Fox armó un gabinete de transición con el cual podía proveerse de la estructura de funcionarios y funcionarias prexistente y facilitar el acercamiento con el aparato administrativo, favoreciendo las condiciones para el traspaso del poder (Sánchez Ramos, 2008). La mayoría de los cuadros propios de Fox que aparecían en la primera línea estaban allí por la expectativa de cambio o porque conocían al presidente desde las épocas de la gobernación de Guanajuato; son menos los funcionarios que tenían un trayectoria dentro del PAN antes de la aparición de la candidatura de Fox (Sánchez Ramos, 2008). Entre los colaboradores que lo rodeaban, estaban los miembros del PAN, pero también había un número importante de personas que se habían desempeñado como funcionarios en gobiernos priistas. La composición mixta del gabinete no solo era una estrategia de transición, sino que también daba cuenta de que el presidente no tenía especial interés en realizar un cambio radical con respecto al pasado en materia económica. Un periodista mexicano entrevistado para esta investigación sostuvo que

la transición en México fue producto del voto popular, pero también de cierto acuerdo entre el PRI y el Partido de Acción Nacional. Por eso se lo denomina en la jerga PRIAN. Un partido como el PAN que no tenía mayor margen de maniobra, pero con el PRI logra insertarse (Martín, 2018).

Fox impulsó una política de transformación del aparato administrativo sustentada en el modelo gerencial, denominada Modelo Estratégico de Innovación Gubernamental (que replicaba el modelo gerencial de las empresas privadas y suponía, entre otras cosas, sistemas de evaluación de procesos, prácticas y resultados). Había incorporado la agenda de la modernización administrativa haciendo énfasis en la llamada Nueva Gerencia Pública, mediante la cual se adoptaban técnicas del mundo privado y al mismo tiempo se pretendía transformar la relación del gobierno con los ciudadanos satisfaciendo demandas y fomentando mecanismos de acción directa (Pardo, 2010). Aunque el proyecto no resultó, puso de manifiesto la vocación de insuflar un perfil empresarial, impulsado y diagramado por funcionarios que tenían como referencia a la experiencia privada y las recomendaciones internacionales. El hombre que delineó esa estrategia fue Ramón Muñoz, que venía del mundo empresarial con especialización en la planeación estratégica.

En cuanto a la composición del gabinete, se destacaba en primer momento la participación de economistas, intelectuales y hombres de negocios. Los nombramientos al frente de las carteras se mantuvieron sin cambios durante la primera mitad de su gobierno, pero luego se hicieron algunas modificaciones.

Chile, Colombia, El Salvador, Paraguay, Perú

Chile. “Los mejores, los más preparados”

El gabinete de Piñera se caracterizó por la presencia de empresarios y tecnócratas y –¡otra vez!– por la reivindicación de su gabinete. En su primer discurso como presidente electo, sostuvo lo siguiente: “Haremos un gobierno con los mejores, con los más preparados” (Archivo Chile, 18/01/2010). Piñera fue destacado por las revistas económicas como uno de los quince millonarios más poderosos del mundo, y la composición de su gabinete reflejó esta apuesta a un gobierno con impronta empresarial, trasladando los métodos del mundo privado hacia el manejo del Estado (Fazio Rigazzi, 2011). Con el lema de “la nueva forma de gobernar”, Piñera interpelaba a la ciudadanía desde un discurso que privilegiaba la tecnocracia sobre la política.

Chile es un país con un Estado centralista y fuerte en términos de autoridad y peso de instituciones totales, aunque débil en cuanto al despliegue de ciertas capacidades estatales (intervención en la economía, educación, salud, entre otras). También es un país donde los partidos políticos han ocupado un lugar central como agentes de transformación, incluso en el campo de la izquierda, donde primó la vía institucional de la política (Nercesian, 2016). Esta combinación de elementos contribuyó para que exista una élite estatal consolidada con figuras híbridas que combinan conocimiento técnico y el quehacer político (véase Joignant, 2011). Sin embargo, aun con estos antecedentes, Piñera imprimió cierta impronta.

En el primer gobierno, incluyó a gerentes y dueños de grandes grupos económicos y empresas multinacionales a la cabeza de importantes ministerios, algunos de ellos con antecedentes en carteras ministeriales durante la dictadura militar (por ejemplo, el ministro general de la Presidencia, Cristián Larroulet, que se desempeñó como jefe de gabinete de Hernán Büchi, ministro de Hacienda durante los últimos años de la dictadura pinochetista, y el ministro de Educación, Joaquín Lavín, que ocupó un cargo de asesoramiento a Büchi en materia económica). En la composición del gabinete, primó también la influencia de think tanks de orientación neoliberal, como Libertad y Desarrollo y la Fundación Jaime Guzmán, con profesionales que provenían de las dos alas de la coalición gobernante (RN y UDI). La incorporación de este equipo de empresarios al ámbito estatal fue vivida por sus protagonistas como una gesta patriótica de “un grupo de excelencia, con sólida formación e intachable trayectoria académica, profesional y política, férrea honestidad, sentido de servicio público, generosidad y patriotismo” (Varas, 2013: 63). Piñera apostó a un gabinete guiado por la visión de eficiencia en la gestión. El ser empresario y provenir del mundo privado se convirtió en una variable de discriminación positiva.

En el gabinete del primer gobierno, hubo un número importante de figuras que provenían del Grupo Tantauco, un equipo de 1 200 profesionales, empresarios y tecnócratas que había armado Piñera luego de la derrota en las presidenciales de 2005 y con el cual construyó el escenario de victoria en 2010. Entrevistado para esta investigación, un exministro de su gobierno sostuvo:

En el primer gobierno de Piñera, efectivamente hubo una gran incorporación de gente del mundo privado. Yo diría que los partidos políticos en Chile tienden a colocar personas en los cargos técnicos que tienen conocimientos y destrezas especializadas. En Chile los que son ministros de Hacienda son principalmente personas que tienen posgrados en universidades extranjeras y llegan a esos cargos (Diego, 2018).

Según el mismo entrevistado, en el sistema presidencialista chileno, el presidente hace una mezcla entre las propuestas que le acercan los partidos y la gente que él elige de su máxima confianza. “Y si uno mira, los cargos técnicos de relevancia siguen siendo ejercidos por personas que tienen una formación de educación de posgrado, con posgrados extranjeros” (Diego, 2018). A poco de andar, el primer gobierno debió remodelar el gabinete e incorporar personas con mayor trayectoria política, presionado por los cuestionamientos sobre situaciones de conflicto de interés.

Prácticamente todos los entrevistados coincidieron en que durante el segundo mandato hubo un cambio de estrategia. Piñera “se nutre correctamente de personas que, proviniendo del mundo privado, tuvieron ya una experiencia de cuatro años durante su primer gobierno”,

se da cuenta de que hay un manejo político mayor, una capacidad de anticipación a los problemas, o una capacidad de impedir que los problemas se incrementen. Hay una mirada más política sin perjuicio del cuidado de los indicadores macroeconómicos y de los grandes desafíos que tiene el país (Diego, 2018).

Un alto funcionario del gobierno compartió la posición del entrevistado anterior:

Creo que en el primer mandato eran más bien técnicos, pero técnicos que sentían que cuando habían llegado ellos se había partido el mundo, esa es mi visión, no sé cómo decirte… [nota: refiere a esta idea de “Somos los mejores” que se instaló en el gobierno].

“Personas calificadas en su materia”, “capacitadas para ejercer el cargo”, “tienen condiciones”, “gente destacada en la parte técnica e intelectual”, “son técnicos” fueron otras de las tantas afirmaciones que Piñera realizó para referirse a los funcionarios y funcionarias del gobierno. Y además los comparó con el gobierno de Bachelet: “Yo creo que en el gobierno de la segunda Bachelet había técnicos, técnicos políticos, pero eran más políticos que técnicos” (Hugo, 2018).

Según la mirada de un ministro que se desempeñó durante el gobierno de Michelle Bachelet:

Indudablemente, en el primer gobierno, Piñera hizo una apuesta en la conformación de su primer gabinete trayendo a mucha gente […] desde el sector privado, que había ejercido altos cargos en diferentes empresas. Fue un elemento que marcó la configuración de su gobierno, de su gabinete (Matías, 2018).

Durante el primer gobierno, hubo una serie de denuncias de conflictos de interés; por eso, según el mismo entrevistado, “en el segundo gobierno hubo desde un comienzo un objetivo de no darle ese sesgo. Sin embargo, hay varios ministros que llegan a la política más bien desde su rol como empresarios o altos ejecutivos”. “Piñera forma un gobierno en donde muchos de ellos ya tienen la experiencia de los cuatro años anteriores. Eso también, estás eligiendo ser un universo mucho mayor del que tenías antes” (Matías, 2018).

Pedro fue un ministro del gobierno de Eduardo Frei Montalva, y coincidió con los planteos del entrevistado anterior. Sostuvo que Piñera partió con un gabinete con impronta empresarial y tecnócrata y que, durante la propia gestión, debió hacer modificaciones. “Yo diría que eso les pasó la cuenta al gobierno. […]. La realidad le pasó cuenta al propio presidente”. “Había cierta arrogancia en estos empresarios que creían ser ‘los mejores’, como lo había planteado el presidente, y eso les causó varios problemas” (Pedro, 2018).

Colombia. “Moralidad, eficacia, objetividad, transparencia y publicidad”

Álvaro Uribe gobernó durante dos períodos consecutivos. Utilizó la frase de cabecera “trabajar, trabajar y trabajar sin descanso” que acompañó de un estilo de gobierno donde estableció una relación directa con la sociedad. El especialista en temas de comunicación Omar Rincón caracterizó a Uribe como un político diferente en la historia colombiana, porque interpeló a sectores amplios de la sociedad, en un país “donde las elites políticas, empresariales, culturales y mediáticas poco se interesan por el pueblo” (Rincón, 2016). Así, mientras montaba un aparato militarista y paramilitar, construía una imagen de cercanía en sus formas discursivas y accionar político.

En este intento de estrechar comunicación con la sociedad, estableció una relación crítica con los partidos, a quienes responsabilizaba de la corrupción, al mismo tiempo que se presentaba como la persona indicada para resolver los problemas. Montó un estilo de comunicación de cercanía que lo llevó a ser percibido como el presidente de “poncho, sombrero, carriel, caballo y arepas” (Osorio, 2012). Ya desde la época de la campaña, con el discurso de la “moralización de las costumbres políticas”, Uribe buscó romper los mecanismos que les permitían a los partidos hacer de intermediarios y legitimarse como representantes; aunque no abandonó el ejercicio de diálogo y negociación porque ellos le garantizaban la aprobación de sus leyes. “Sueño con un Estado al servicio del pueblo y no para provecho de la corrupción y la politiquería”, planteó en su plataforma de campaña plasmada en el “Manifiesto democrático”.

Con relación a la política de seguridad, Uribe utilizó el conflicto armado y la política de la seguridad democrática para aumentar la capacidad coactiva del Estado. Dejó de hablar de conflicto interno armado e instaló la tesis de la presencia de “grupos terroristas” que atacan a la sociedad. De esta manera, se ubicó en la corriente internacional de guerra contra el terrorismo (que se abrió después del 11 de septiembre de 2001) (Vargas Velázquez, 2004) e instaló no solo la idea de que se debía fortalecer el aparato militar, sino también de que la “guerra” debía convertirse en un asunto de todos los colombianos, con el argumento de que, “sin una alianza entre sociedad civil y fuerza pública, será imposible reinstaurar en Colombia el imperio de la ley”. Así, se planteó incluir a la comunidad en el conflicto por medio de tres programas: cooperantes, redes de informantes y soldados campesinos (Osorio, 2012).

Las primeras medidas de gobierno en cumplimiento de sus promesas de campaña contribuyeron a construir ese perfil: la declaración del estado de excepción desde los primeros días de gobierno, la puesta en marcha de la “red de informantes”, la instauración del “día de la recompensa”, la aprobación del Estatuto Antiterrorista y la conformación del gabinete ministerial (Cardona Zuleta, 2016).

En Colombia había una tradición heredada del Frente Nacional de otorgar participación en el gobierno a los partidos distintos a los del candidato ganador. Como señala Cardona Zuleta (2016), en el primer gobierno de Uribe hubo una ruptura con esa tradición y el gabinete se conformó sin consultar a los partidos. Incluyó a personas ligadas a la política regional que servían de enlace entre el gobierno nacional y las regiones, tema clave de la gobernabilidad en Colombia. También reunió a tecnócratas de gran aceptación en el mundo empresarial y en la banca multilateral, como a Roberto Junguito, ministro de Hacienda, y a personajes controvertidos, como el abogado conservador Fernando Londoño Hoyos, ministro de Gobierno y de Justicia, cuyas posiciones públicas en torno a las FARC causaron grandes polémicas, así como también las declaraciones contrarias a las ONG defensoras de los Derechos Humanos (Cardona Zuleta, 2016).

Desde que ganó las elecciones, Uribe planteó que iba a realizar un plan de ajuste, motivo por el cual achicó algunas carteras de gobierno y el gabinete redujo los ministerios a catorce. Planteó un discurso moralizante sobre la clase política tradicional y se presentó como un líder político que sobrevolaba a la “politiquería”. Buena parte del apoyo político provino de esa “pulsión moralista” de su discurso antiparlamentario y antipolítico (González, 2006). Si bien el gabinete se nutrió de políticos que respondían a su lealtad, al tiempo de asumir la presidencia firmó un convenio de apoyo al proceso de selección de funcionarios públicos por meritocracia con la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) para la selección de los gerentes o directores de empresas de nivel territorial. Con esa medida buscaba instalar el discurso meritocrático en la gestión pública y distanciarse de la política.

En la reelección de 2006, obtuvo más votos que en el primer mandato, y a partir de allí se confirmó la fuerza política que se conoció como el “uribismo”. La irrupción de Uribe en el escenario político reconfiguró el sistema político, que dejó de ser un sistema con protagonismo de los dos partidos tradicionales, y se abrió paso a uno donde las nuevas fuerzas políticas adquirieron volumen y apoyo electoral. De esta manera, el sistema pasó a ser una derecha conservadora aglutinada alrededor de la figura del presidente y una oposición enfrentada a ese proyecto (Osorio, 2012).

A diferencia del primer gobierno, donde conformó un gabinete con mayor autonomía, luego de obtener una abrumadora mayoría en la reelección –en la que sumó apoyos variados de los partidos–, debió conformar un gabinete con mayor amplitud, compatibilizando el apoyo recibido de las distintas fuerzas. Así, recuperó esa tradición histórica del país de negociación de cuotas burocráticas a cambio de apoyo político para promover iniciativas legislativas y mantener la gobernabilidad. Utilizando los términos del propio Uribe, podría decirse que fue la vuelta a la “politiquería” (Cardona Zuleta, 2016). En una entrevista para el periódico El Tiempo, sostuvo: “Creo que hoy tengo más dificultades para confeccionar el gabinete que hace cuatro años porque hoy tienen que considerar los compañeros de gobierno, a la ley de bancadas, las regiones, los compañeros en campaña” (El Tiempo, 4/06/2006). El estilo de los nuevos nombramientos cambió, y los ministros y las ministras provenían de grupos parlamentarios relativamente consolidados.

El Salvador. “Experiencia política y técnica”, el partido de los empresarios

Elías Antonio Saca se incorporó al mundo de los medios como locutor a una edad relativamente joven, y, más tarde, en el contexto de privatización de los medios de comunicación que se produjo en la década de 1990, se convirtió en empresario, comenzó a dirigir sus propias emisoras y creó su grupo económico. En el discurso celebrado el día de su asunción el 1 de junio de 2004, agradeció a los gobiernos que lo precedieron (todos con sesgo neoliberal), Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol y Francisco Flores, quienes “sentaron los cimientos de este nuevo País” (El Diario, 4/06/2004). Así, reforzaba el proyecto de continuidad del modelo económico y al mismo tiempo de ARENA, la fuerza política que gobernaba desde 1989. En su campaña electoral eligió como eje un plan de gobierno que denominó “País Seguro”, con énfasis en el combate a la delincuencia. Como Saca provenía de ese nuevo empresariado con capital nacional invertido en empresas mediáticas y se había hecho de renombre como comentarista deportivo en los canales radiales, las elecciones tuvieron un gran protagonismo de los medios (Villacorta, 2011).

El gobierno de Saca tuvo una explícita posición en favor de los Estados Unidos y durante la campaña fue apoyado abiertamente por miembros del Partido Republicano y por George W. Bush en particular. Tan evidente fue el apoyo que el FMLN cruzó denuncias sobre la injerencia de ese país en el proceso electoral. En su gobierno introdujo un gabinete relativamente joven cuyos nombres despertaban interrogantes por tratarse de figuras no muy conocidas. El círculo más cercano estuvo conformado mayoritariamente por figuras provenientes de esa fuerza política. En una entrevista publicada en La Prensa Gráfica, Saca sostuvo: “Mi gabinete es una mezcla de experiencia política y técnica con compromiso con el país. Necesitamos gente joven, madura, con experiencia, y eso en realidad genera certidumbre” (La Prensa Gráfica, 01/06/2004). Saca concentró la presidencia del país y además la del partido ARENA.

Acerca de los gobiernos de ARENA, un alto funcionario que se desempeñó durante el gobierno del FMLN sostuvo: “Son gobiernos cuya ideología, cuyos intereses básicamente representan los intereses del sector empresarial, esos son gobiernos proempresariales” (Orlando, 2018) (sobre ARENA véase Lungo, 2009). Saca introdujo un elemento clave, pertenecía a un grupo económico relativamente nuevo, que se enriqueció en la década de los años noventa, a diferencia de los históricos grupos económicos. En la implementación de su política, tuvo un accionar relativamente autónomo, que por momentos contradecía a la vieja dirigencia de ARENA y de los históricos grupos. Sobre este fenómeno el mismo entrevistado mencionado más arriba sostuvo:

Al final, Saca rompió con el sector empresarial; si bien es cierto que venía de ahí, era un empresario de medios, algunos dicen que era un empresario mediocre […]. Uno puede decir que al inicio representaba al sector empresarial, pero, a medida que pasó el tiempo, por diferencias económicas y políticas se fue decantando. Finalmente, él rompió con su partido, con ARENA y rompió con los empresarios, y por eso ahora está preso. […]. Lo que no le perdona la clase empresarial a Saca es que fue acumulando mucho poder y se tomó el partido ARENA (Orlando, 2018).

El día 30 de agosto de 2016, fue detenido en el marco de una causa de corrupción y, aunque durante mucho tiempo negó todas las denuncias que pesaban sobre él, tras su detención confesó frente al tribunal que había sido parte del esquema de corrupción y lavado de dinero. En septiembre de 2018, fue condenado a prisión. También detuvieron a otros altos funcionarios de su gobierno, quienes actualmente atraviesan sendos procesos judiciales.

Paraguay. “La selección nacional”

Vestido con una camisa íntegramente colorada, Horacio Cartes en el cierre de campaña en Asunción brindó un discurso donde planteó: “A los que dicen que entré a la política para cuidar mis empresas. A los que dicen que entré para buscar réditos económicos, les quiero asegurar que lo que yo quiero es un país que no manden los poderosos, que no mande otra cosa sino la ley, la justicia social” (Cartes, 7/12/2012).[2] La campaña de Cartes tuvo como ideas fuerza “¡Juntos sí se puede!” y “Un Paraguay mejor”. Si bien no era la primera vez en la historia de Paraguay que había un presidente de estas características, lo de Cartes era un caso emblemático. Como ya se dijo, se trataba de un empresario que poco antes se había incorporado al partido y que, además, nunca había votado en una elección nacional.

Prácticamente todas las personas entrevistadas coincidieron en que Cartes armó un gabinete con autonomía respecto del partido y de los poderes locales. Para la campaña, diseñó un esquema descentralizado de poder, hizo su propia lista y abrió la participación a todos. Como señaló un investigador paraguayo especialista, “podías tener la lista de presidente y vice con tu propia lista de senadores y diputados de cada departamento. Cartes dijo puede haber ‘Honor Colorado 1, 2, 3, 4…’” (Carlos, 2018). Es decir, cada uno podía hacer su juego local y a su vez abonar a la candidatura presidencial, y así fue construyendo una importante mayoría.

Esta estrategia le permitió alcanzar autonomía al momento de designar a las personas que lo iban a acompañar en el gobierno según sus preferencias. El propio Cartes destacó su gabinete y sostuvo: “Esta lista de ministros se hizo exclusivamente con base a sus conocimientos. Dijimos que íbamos a formar una selección nacional” (ABC, 12/08/2013).

Entrevistado para esta investigación, un ministro de Cartes indicó que el gabinete tuvo “un perfil eminentemente técnico […] gente con alta preparación, con alta trayectoria en el campo profesional […]. Personas con alto nivel técnico” (Juan, 2018).

Lo que hizo este gobierno fue un cambio muy importante con respecto a la práctica tradicional. De hecho, uno de los grandes cuestionamientos […] que tuvo el presidente fue que no le dio tantos espacios a la dirigencia para ocupar cargos. El actual presidente electo [Mario Abdo Benítez (2018-actualidad)] construyó su campaña también sobre eso, capitalizando el descontento de las bases partidarias, prometiéndoles que en su gobierno iban a ser solamente personas del Partido Colorado (Juan, 2018).

“Personal profesional” y “alto nivel técnico” son las expresiones recurrentes para referenciar a los funcionarios del gabinete, en oposición a quienes vienen del mundo de la política.

Una ministra que se desempeñó en el área de salud del gobierno de Lugo coincidió con los entrevistados en que la autonomía de Cartes para elegir a sus funcionarios le pasó factura al expresidente. Según ella, el llamado “equipo nacional”, como denominó Cartes a su armado ministerial, era “gente toda nueva, gente de perfil técnico, jóvenes que no eran militantes. [Eso generó] el enojo con la cúpula tradicional del Partido Colorado y con la base operativa” (Ana, 2018). Aunque las bases le reclamaban al presidente mayor participación, el poderío político económico le dio capacidad y margen de maniobra para construir su propio gabinete. La misma entrevistada sostuvo que Cartes “mantuvo esta idea del gabinete técnico. Entró con un aire así, del empresario que ya no tiene por qué robar porque ya tiene mucho dinero” (Ana, 2018).

El equipo de Cartes, según señaló un exministro de gobierno de otro signo, estaba integrado por

técnicos, algunos profesionales que volvieron al país para ser ministros, algunos con desempeño en organismos multilaterales, profesionales con posgrados del exterior residentes en Paraguay y gerentes o CEO vinculados a sus empresas. Estos últimos como asesores ad honorem que se vinculaban al gobierno a través del secretario de gobierno, que se desempeñaba como “primer ministro” (Francisco, 2018).

La estrategia utilizada por Cartes fue crear una estructura paralela donde estaban los gerentes afines que diseñaban las políticas públicas (Francisco, 2018). A través del Decreto presidencial 1.256, con fecha del 24 de febrero de 2014, el presidente nombró a seis asesores económicos y uno para el ámbito de las tecnologías. Con el argumento de la falta de dinero, el conjunto de asesores fue nombrado en carácter de ad honorem en una estructura paralela no contemplada en el organigrama oficial (ABC, 3/01/2014; 9/01/2014).

La conformación de un gabinete con autonomía del Partido Colorado le trajo costos políticos a Cartes. Los colorados, quienes habían contribuido con la campaña, comenzaron a hacer públicos los cuestionamientos. El discurso que exaltaba a los técnicos comenzó a desmoronarse frente a la clase política colorada que demandaba mayor participación. Por otra parte, hubo denuncias de corrupción y falta de efectividad en la gestión de los técnicos. Como veremos en los siguientes capítulos, estos cuestionamientos fueron un obstáculo para que Cartes lograra imponer un candidato propio para la sucesión.

Perú. Del “gabinete de lujo” al “gabinete de reconciliación”

En el cierre de campaña de Pedro Pablo Kuczynski que se celebró en junio de 2016, se escuchaban cánticos tales como “PPK tiene equipo… PPK tiene equipo…”, “Tenemos a la mejor plancha. ¿Por qué? Porque tenemos a una vicepresidenta competente y que sabe bailar y tenemos a alguien que gobernó y gobernó bien, Martín Vizcarra” (1/06/2016). La fórmula presidencial estaba compuesta por Kuczynski, Martín Vizcarra (1.º vicepresidente), expresidente regional de Moquegua, y Mercedes Aráoz (2.º vicepresidenta), exministra de Comercio Exterior y Turismo y Economía.

Como vimos en el capítulo anterior, Kuczynski había creado un partido a su medida tan solo dos años antes de las elecciones generales. Esta fuerza tenía un alcance organizativo débil, en un país con una larga historia de debilidad partidaria. Por ello, para poder alcanzar proyección nacional, Kuczynski estableció alianzas con pequeños agrupamientos partidarios de las provincias o regiones. Como sostuvo un ministro del gobierno, entrevistado para esta investigación, “Kuczynski ganó las elecciones de casualidad”, y su triunfo fue posible gracias al antifujimorismo del país. Este escenario político de fragilidad orgánica y la historia de carencia de élites estatales sólidas son una clave para comprender la composición del gabinete ministerial en el Perú.

Un ministro del gobierno que ocupó un cargo muy importante en el diseño del gabinete sostuvo: “En verdad era una aglomeración de gente más que un partido que creció desde cero y fue convocando mucha gente en el camino”, “no había un partido fuerte, organizado, con los técnicos necesarios” (Patricio, 2018).

El mismo entrevistado sostuvo:

Tres tercios quería yo. Eran uno que venía de la administración pública, un tercio que estuvo en la administración pública, pero también conociendo la actividad privada, y un tercio que nunca había estado en administración pública. Eso es lo que yo quería, porque en Estados como los nuestros, el funcionario público es a veces muy limitado o piensa que las cosas no se pueden cambiar (Patricio, 2018).

El objetivo original era combinar funcionarios y funcionarias que tuvieran trayectorias diversas, donde hubiera figuras de la gestión pública, quienes poseyeran trayectorias mixtas y quienes provinieran del mundo empresarial. Estos últimos –a su juicio– permitirían incorporar una mirada innovadora, gente que quisiera “hacer cosas diferentes” (Patricio, 2018). Conceptos como los “independientes”, los “técnicos” y los “especialistas” fueron habituales para caracterizar al gabinete.

El gabinete de Kuczynski se armó a partir de una combinación de políticos, empresarios y tecnócratas, aunque el sesgo general tuvo una impronta empresarial. Una de las altas esferas del gobierno sostuvo públicamente que se trataba de un “gabinete de lujo”, una expresión que resultó muy cara para el gobierno.

Otro ministro de Kuczynski sostuvo que el presidente buscó personas “que pudieran serles útiles en su gobierno” (Julio, 2018). A su juicio, eso trajo dificultades programáticas, porque, cuando se produce un cambio de ministro, hay un cambio en cuanto a la idea de cómo hacer las cosas. Además añadió:

Los partidos o no tienen cuadros, o son de muy bajo nivel, o son partidos escuálidos. Es una historia de siempre. Si estuviera en Argentina y hubiera partidos políticos, te diría “Oye, trabajemos con los partidos políticos”. Acá es eso o nada. […] el mejor experto en comercio exterior, que ha sido viceministro en otros gobiernos, es el que más sabe. Y jamás se le cruzaría por la mente entrar a un partido. Se suicida antes. Igual que yo, igual que el 95 % de los peruanos. Nos suicidamos antes de entrar. Asusta cuando ves que un ministerio está manejado por un partido político. Es muy diferente a Chile (Julio, 2018).

En cuanto al gabinete de Kuczynski, Julio sostuvo que, en su mayoría, eran funcionarios y funcionarias que tenían una “visión empresarial de las cosas”, “empresarios reales había dos o tres, era más bien una tecnocracia” (Julio, 2018). Otro ministro del gobierno sostuvo que muchas personas se formaron en el exterior y participaron en organismos multilaterales, y eso a su juicio no constituye un punto negativo porque “te da un enfoque global” (Jorge, 2018). Sin embargo, reconoció que en parte, debido a esa procedencia del mundo empresarial, los debates se dieron en un plano sectorial y hubo poca discusión política.

La participación de empresarios y tecnócratas en el gobierno no es una novedad en la historia del Perú. Lo es quizás el carácter generalizado que demostró el gobierno de Kuczynski. En una línea similar se expresó una periodista peruana especializada en asuntos políticos. Ella sostiene que el ingreso de los empresarios en la política ocurrió en los años noventa. Carlos Boloña manejó la economía durante la dictadura de Fujimori entre 1991 y 1992 y luego regresó hacia el final del régimen. Ahí fue cuando se introdujo a los empresarios en el poder: “Yo te diría que todos los ministros de economía de Fujimori eran empresarios” (Clara, 2018). Los gobiernos se debatieron entre empresarios o tecnócratas de manera ambivalente, particularmente en los ministerios de Economía. Alan García, por ejemplo, hizo una combinación, puso a los políticos como primeros ministros y a los tecnócratas en economía. La especificidad del gobierno de Kuczynski es ese perfil empresarial ligado al mercado internacional. “El gabinete más empresarial que hemos tenido ha sido el último de Kuczynski. De ahí la preocupación…” (Clara, 2018).

El gobierno de PPK tuvo varios tropiezos, causados por la falta de apoyos en el Congreso y una serie de denuncias de corrupción. Por tal motivo, fue uno de los gabinetes que atravesó mayores cuestionamientos y enfrentó varios cambios en las carteras ministeriales. En este contexto crítico, a un año del ejercicio de gobierno, PPK tuvo que realizar una serie de cambios y modificaciones en lo que denominó el “gabinete de reconciliación”. Pero la estrategia duró poco, porque un año después debió presentar su renuncia presionado por un conjunto de actores políticos.


  1. https://bit.ly/30PYJCq.
  2. https://bit.ly/3fUXMwG.


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