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Epílogo

Situar(nos) para comprender. Recorrido transversal por las protestas sociales
en Río Cuarto entre 1989 y 2003

Marcela Brizzio, María Eugenia Isidro y Claudia Kenbel

Introducción

La historia reciente de la Ciudad de Río Cuarto que hemos transitado en este libro a partir de la problemática de la “protesta social” no estaría completa sin una mirada de conjunto al ciclo histórico 1989–2003.

Como ya se expresó, el período comprendido representa un pasado cercano en cuyo transcurso se asiste, en todo el país, a la recuperación y reconstrucción democrática con sus tensiones sociales, económicas y políticas que complejizan la agenda de la historia nacional y sub nacional. Coincide con un momento de fuertes cambios en la sociedad argentina: el reemplazo de un modelo de acumulación mercado internista y de su correlato socio político (matriz Estado céntrica), por un modelo de acumulación centrado en el cambio del rol del Estado y la liberalización de las variables macroeconómicas (matriz mercado céntrica) (Cavarozzi, 2010). La etapa bajo estudio se cierra en 2003, tras la crisis económica, social y política que hizo eclosión en diciembre de 2001, con la asunción de un nuevo gobierno elegido democráticamente que avanzó en una serie de reformas, buscando recomponer el orden político, devolver cierta calma social y mejorar la situación económica. En ese lapso se vivenciaron coyunturas especialmente críticas, como la hiperinflación de 1989 y el colapso de 2001, sumado a los contextos específicos de crisis como la financiera provincial en 1995. Abordar este estudio desde Río Cuarto nos permitió visualizar algunas particularidades del ámbito local en relación a aspectos estructurales que acontecían a nivel nacional y provincial.

En cuanto a las coordenadas políticas del período que analizamos, en la esfera nacional se sucedieron gobiernos de distinto signo político. Se inicia con la presidencia de Raúl Alfonsín de la Unión Cívica Radical (1983–1989), a quién lo sucede Carlos Menem del Partido Justicialista (1989–1999) y luego Fernando de la Rúa (1999–2001), por la Alianza UCR–Frepaso. En la provincia ocurrió un proceso similar. Pasamos de un período de predominio de la UCR con las gobernaciones de Eduardo Angeloz (1983–1995) y Ramón Mestre (1995–1999) a la hegemonía del PJ desde que asume José Manuel de la Sota en 1999. Dicha alternancia va a ocasionar tensiones en las relaciones entre la Nación y la provincia de Córdoba y, en consecuencia, generará, a nivel local, situaciones de conflictividad.

La particular coyuntura socio económica y política que atravesaron los riocuartenses en el período también ha sido explicitada. Los vaivenes de una economía centrada sobre todo en los servicios (agropecuarios, bancarios, educativos, de salud, comercial) llevó a una inestabilidad tanto para el empresariado como, y más profundamente, para el sector trabajador. Paulatina, pero sostenidamente, el ajuste estructural, el cambio en el rol del Estado, las privatizaciones, los salarios insuficientes, la desocupación y la pobreza van mostrando a lo largo del período su cara más cruel, al mismo tiempo que se van activando las acciones de la ciudadanía.

La dinámica temporal de la protesta social que los estudios empíricos muestran, con sus patrones de flujos y reflujos, serán abordados en la primera parte de este epílogo. A continuación, avanzaremos en la presentación de algunas aristas (a saber: actores, formas de organización, demandas y repertorios) de las dimensiones implicadas en la noción de protesta social que fueran presentadas y desagregadas en el capítulo 1 de este libro. La selección y el recorte propuesto nos permitirán desandar la trama de las luchas sociales en una larga década de cambios para la sociedad argentina, en general, y la riocuartense, en particular.

Cambios y continuidades en las protestas sociales locales

Durante el período histórico analizado y según lo registrado por el diario local Puntal, se contabilizaron 628 acciones de protesta. En una mirada de conjunto podemos apreciar que la acción contenciosa presentó momentos o fases ascendentes y descendentes, flujos y reflujos, amesetamientos, sin que desapareciera por completo.

Gráfico 1. Protesta por año 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Entre 1989 y 1991 hubo en Río Cuarto un ciclo histórico álgido de protestas, a la vez que una sistemática e intensa movilización de colectivos sociales en conexión con una coyuntura crítica[1] que se desenvuelve en todo el territorio nacional, mientras expresaban en y desde lo local algunas notas peculiares de esa conflictividad. Esta doble característica de las protestas sociales, es decir, localización y conexión con el marco epocal, también integra la trama de las acciones contenciosas que se estudian en los períodos consecutivos. Así, mientras en el año 1995 la situación de emergencia financiera provincial estuvo en la base del incremento de las protestas, la multicrisis[2] del año 2001 desatada a escala nacional se dejó sentir con fuerza en la ciudad de Río Cuarto al igual que en los principales centros urbanos del país.

Dentro de cada ciclo relevado[3] se visualizó una tendencia al incremento del número de protestas en algunos meses del año, a saber: mayo, junio, julio y agosto. Sin embargo, es importante destacar que, en coyunturas específicas, se apreciaron “olas de protestas” en otros meses del año, como por ejemplo en 1989, sucedió con los meses de agosto y noviembre, o los meses de febrero y marzo de 1990. En el año 1995 la ola de protestas inició en marzo y se cerró en julio, momento que coincidió con la emergencia financiera provincial. Y en la coyuntura crítica de los años 2001 y 2002, la conflictividad social se reveló con especial notoriedad entre los meses de agosto de 2001 y febrero de 2002.

Protagonistas de las protestas locales

Entre 1989 y 1995 los principales actores de la conflictividad social fueron las trabajadoras y los trabajadores. Luego de ese período entraron en escena otros como vecinas y vecinos, ciudadanas y ciudadanos, comenzando a cobrar mayor relevancia, al mismo tiempo que se diversificaron tanto las demandas como los formatos de las protestas. 1999 fue un año particularmente conflictivo para el sector empresarial, mientras que el colectivo estudiantil tanto de los secundarios como de la Universidad que habían aparecido como actores protestatarios en 1994, conservó un importante protagonismo durante todo el período con pequeñas oscilaciones.

Hay que destacar que las desocupadas y los desocupados aparecieron en los registros periodísticos a partir de 1998. Si tomamos este dato en referencia a la esfera nacional, la situación se da de manera tardía en el ámbito local, a pesar de que la ciudad de Río Cuarto presentó durante el período altos índices de desocupación que promediaron el 16%[4].

Gráfico 2. Porcentaje de protestas por año, por actor social 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Entre las trabajadoras y los trabajadores señalados por el diario local con más apariciones públicas por las acciones de protesta desplegadas, se destacan los vinculados a la educación (ver gráfico 3), que comprende tanto a docentes primarios y secundarios, ambos dependientes del estado provincial, como así también a docentes universitarios, dependientes del Estado nacional. Si a ello sumamos el personal de salud (quienes en su mayoría prestan servicios en el área pública) y a quienes trabajaban en la administración, vemos que las empleadas y los empleados del Estado (en sus diferentes niveles) tuvieron un accionar contencioso destacado. Podemos interpretar que las reformas pro mercado que incluyeron la reducción de funciones, tamaño y presupuesto de servicios estatales (tanto a nivel nacional como provincial), conjuntamente con la fortaleza y organización gremial de las empleadas y los empleados públicos, abonaron a la preeminencia de estos actores.

Gráfico 3. Porcentaje de Protestas por actor principal 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

En lo referido a las formas organizativas, coincidentemente con los principales actores movilizados (las trabajadoras y los trabajadores), éstas se caracterizan por ser predominantemente de tipo institucionalizadas, a través de sindicatos o gremios. En el gráfico 4 vemos que del total de protestas durante los años 1989–2003 más de las tres cuartas partes corresponden a este formato. Es decir, la mayoría de las protestas eran convocadas, organizadas y llevadas a cabo por sindicatos y asociaciones de tipo gremial corporativo, tanto de representantes de los intereses de trabajadoras y trabajadores, como en el caso de estudiantes o el sector empresarial. Ello demostraría que las organizaciones sindicales exhibían por estos años una vitalidad notoria.

Es importante recalcar que aquellos actores que tenían trayectoria de reclamo consolidada colectivamente a través de los sindicatos y/o entidades corporativas siguieron apelando a modalidades tradicionales como paros con y sin asistencia a los lugares de trabajo, movilizaciones, etc.

Hacia finales del período (entre los años 2000 y 2003) podemos apreciar que las desocupadas y los desocupados apelaron en forma mayoritaria a formas organizativas de tipo institucionalizada territorial, mientras jubiladas y jubilados, vecinas y vecinos, ciudadanas y ciudadanos en general recurrieron a otras instancias de representación: autoconvocadas y multisectoriales. Estos actores introdujeron a nivel local la dinámica de participación y organización no institucionalizada que emergió como resultado de la crisis de representatividad que caracterizaba aquel momento.

Gráfico 4. Porcentaje de protesta según forma de organización 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Las principales demandas y repertorios de acción

El gráfico 5 muestra que el requerimiento salarial fue la demanda predominante entre los años 1989–2003, según la fuente periodística consultada. Sin embargo, las protestas que cuestionaban la política educativa y la económica también integraron, aunque en una proporción menor, los reclamos en estos años.

La preocupación por la política económica llevada adelante por el ejecutivo nacional a cargo del presidente Carlos Menem y su sucesor Fernando de la Rúa, así como las implementadas por los sucesivos gobiernos provinciales, irá cobrando cada vez mayor protagonismo. Así, mientras que en el año 1994 las acciones que tenían como principal demanda la política económica representó el 6,6% del total de protestas, ya en el año 1995 el índice ascendió al 11,6% y, en el año 1996, dicho porcentaje se incrementó hasta alcanzar un 25% del total de las mismas. En el ciclo 1998–2000 el porcentaje se eleva a un 30%, mostrando un pico en el año 1999.

Gráfico 5. Porcentaje de protestas según demandas 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Aunque ya en el año 2000 se realizaron protestas cuya demanda se encontraba bajo la categoría gobierno, fue en el ciclo 2001–2003 donde este reclamo cobró mayor importancia compartiendo protagonismo con la reivindicación por la mejora inmediata de la política económica, relegando lo salarial a un segundo plano. Esto lo podemos ver en los guarismos que arrojó el período: el 19% de las protestas se realizaron exigiendo al gobierno modificaciones en su dimensión administrativa o de representación republicana; otro 19% reclamaba por cambios en la política económica; mientras que el 18% se centraba en lo salarial.

Por último, nos parece oportuno remarcar un dato relevante en cuanto a la demanda por el trabajo. Si bien es en 1995 y 1996 que se aprecian los índices más altos de desempleo en la ciudad, valor que ronda el 20%[5], las protestas sociales de esos años no tienen como demanda principal dicho reclamo. Sin embargo, y esto es lo que llama la atención, mientras que el índice de desempleo baja considerablemente con el correr de los años (estableciéndose en torno al 12% en 1998), comienzan a aparecer protestas cuyo reclamo principal es el trabajo, así como también surgen organizaciones que nuclean a trabajadoras desocupadas y trabajadores desocupados.

La relación entre quienes fueron los colectivos protestatarios y cuáles las demandas que los impulsaron en sus acciones contenciosas nos permiten visualizar la compleja articulación entre los intereses y problemáticas sectoriales y aquellas que afectan a la comunidad toda.

Si bien la demanda principal de las trabajadoras y los trabajadores tuvo directa vinculación con sus intereses particulares (lo salarial y laboral), en numerosas oportunidades, y como muestra el gráfico 6, trascendieron las mismas hacia otras temáticas relevantes para el conjunto social. Por ejemplo, las y los docentes van a luchar mancomunadamente por un mayor presupuesto educativo con las y los estudiantes, mientras que el sector bancario y demás trabajadoras y trabajadores de servicios lo harán en contra de las políticas de privatización.

Las vecinas y los vecinos se movilizaron por un variado núcleo de demandas que fueron desde la vivienda a las políticas económicas y sociales y un aspecto importante como fue la temática ambiental que aparece en la crónica periodística al finalizar el período estudiado. Por su parte, desde el ámbito empresarial se movilizaron por intereses específicos relativos a su rubro (comercial, agrario, etc.) pero, al mismo tiempo, por políticas económicas generales. En cuanto a las ciudadanas y los ciudadanos frecuentemente se movilizan por consignas que agrupamos bajo las leyendas “gobierno, derechos humanos y política económica”, como se explicó en el Capítulo 1.

Gráfico 6. Porcentaje de protestas según demanda por año 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Gráfico 7. Porcentaje de protestas según demanda por actor social 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Ahora bien, los actores apelaron a una variedad de repertorios para expresar sus demandas y hacerlas visibles en el espacio público. En el gráfico 8 se presentan en valores absolutos los diversos repertorios utilizados durante todo el período analizado.

Gráfico 8. Protestas por repertorio 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos recolectados en diario Puntal. 

Si el mayor número de protestas fue llevado a cabo por las trabajadoras y los trabajadores, convocadas y organizadas por las asociaciones gremiales, no llama la atención que el principal repertorio haya sido la huelga. En muchos casos este repertorio clásico se combinó con otros como movilizaciones y marchas, entrega de petitorios, asambleas; incluso los cacerolazos, ollas populares, caravanas, escraches, cortes o tomas pasaron a formar parte de las modalidades de protesta utilizadas.

La movilización como repertorio principal cobró fuerza a fines del período. Esta modalidad de protesta fue implementada, fundamentalmente, por aquellos actores cuyas formas organizativas eran autoconvocadas como las desocupadas y los desocupados que reclaman trabajo, las ciudadanas y los ciudadanos que como vimos tuvieron un amplio abanico de demandas; las organizaciones de derechos humanos, entre otros.

Hacia fines de siglo se produce un incremento del número de cortes de vía pública (rutas y calles). Mientras que en 1998 y 1999, sólo se contabiliza una protesta por año con este formato, en el año 2000 fueron 4 en las que se utilizó esta modalidad, mientras que en el ciclo 2001–2003 se contabilizan 12. A este repertorio apelaron diversos actores sociales desde trabajadoras y trabajadores, vecinas y vecinos, empresarias y empresarios, desocupadas y desocupados para hacer visibles una amplia variedad de reclamos.

Otra innovación que se manifiesta en el recodo entre ambos siglos en la dimensión repertorios es la emergencia de los cacerolazos y los escraches como vehículo social para exteriorizar la conflictividad del momento. El incremento del malestar ciudadano, que cobró en algunos casos ribetes de violencia, se materializó en distintas jornadas, tal como fuera descrito en capítulos precedentes. Por ejemplo, los cacerolazos resultaron un repertorio privilegiado durante las álgidas jornadas de diciembre del 2001, replicándose masivamente en los espacios públicos del centro de la ciudad.

A modo de cierre

A lo largo del epílogo realizamos un recorrido, sin pretensión de exhaustividad, de las principales aristas de la protesta social haciendo foco en los cambios y continuidades entre ciclos relevados, apelando a criterios de transversalidad en el análisis propuesto.

Las acciones contenciosas de la ciudadanía riocuartense frente a la situación socio política y económica por la que atravesaba, fueron contextualizadas a partir de lo que sucediera también en la escala nacional y en la provincial.

La crisis hiperinflacionaria cierra el gobierno de Raúl Alfonsín, quién entregó anticipadamente el poder al electo Carlos Menem. Éste inició una serie de reformas estructurales (Ley de Reforma del Estado, Ley de Emergencia Económica, Leyes y Decretos modificando las relaciones laborales) y un programa de estabilización (Ley de Convertibilidad), que trascendió su mandato, ya que “el modelo”[6] se mantuvo durante la presidencia de Fernando de la Rúa.

En la escala subnacional de la provincia de Córdoba, la implementación de políticas públicas de ajustes y cambio estructural presentan tiempos diferentes. Algunas bases del Estado bienestarista se conservaron hasta mediados de la década, ya que “el gobernador de Córdoba marcó la diferencia y legitimó su acción de gobierno mediante la metáfora de la «isla de bienestar», para referirse a la situación de la provincia como una que aplicaría un modelo propio de reforma donde subsistieron los parámetros del anterior Estado benefactor” (Gordillo, 2012, p. 15). La coyuntura crítica de 1995 dio pie para que las gobernaciones de Ramón Mestre primero y José Manuel de la Sota después, emprendiesen una serie de reformas y replanteos en el rol del Estado en consonancia con las llevadas a cabo por el Ejecutivo nacional (La Serna, 2001; Moreira Slepoy y Romero, 2022; Arriaga, et al., 2012).

En la escala local, Miguel Ángel Abella culminó su intendencia en 1991, dando paso a las dos gestiones de Benigno Antonio Rins, quien en 1999 fue sucedido por Alberto Cantero. Progresivamente el municipio fue adoptando políticas de cambio, aggiornando la gestión municipal, efectuando procesos de descentralización, apoyándose en las empresas privadas, impulsando la gestión mixta para la provisión de servicios públicos, etc. más a tono con los tiempos liberales que se vivían.

Las consecuencias de la adopción del paradigma neoliberal y del plan de Convertibilidad aparecieron bien temprano en el horizonte. Entre las económicas podemos mencionar un retroceso y desarticulación del sector manufacturero, una nueva modalidad en el agro pampeano, incremento del endeudamiento externo, peso cada vez mayor de los sectores financieros y de servicios (muchos de ellos extranjerizados) en el conjunto económico. Entre los efectos sociales se acentuó la distribución regresiva del ingreso, el deterioro de los salarios reales al tiempo que aumentaban el desempleo, la pobreza y la marginalidad social. Todas estas consecuencias estuvieron en la base de las protestas y movilizaciones sociales que se realizaron en todo el país y durante todo el período.

El estudio de los hechos contenciosos que se ha presentado en este libro muestra particularmente quiénes fueron los actores de las protestas, cómo efectuaron sus reclamos y porqué se movilizaron en el espacio público.

Como mirada de conjunto podemos decir que, entre 1989 y 2003, las dinámicas de las protestas locales, según fueran registradas por la prensa local, mostraron una diversificación en lo relativo a los actores, sus formas de organización, demandas y repertorios de acción. Al inicio y de manera sostenida las trabajadoras y los trabajadores fueron los mayores actores protestatarios, organizados en sindicatos, emplearon la huelga como principal repertorio para manifestar el reclamo salarial como su demanda central. Mientras que hacia el final del período y por impacto del modelo de políticas económicas y sociales adoptadas, perdieron su preeminencia que empezó a ser compartida con otros actores sociales (vecinas y vecinos, ciudadanas y ciudadanos, desocupadas y desocupados), con otras formas de organización (territoriales, multisectoriales, autoconvocadas), con otros repertorios (movilizaciones, ollas populares, cortes de ruta) y demandas (políticas económicas, gobierno, trabajo).

A lo largo de esta investigación pudimos apreciar una doble y simultánea conexión con las coyunturas provincial y nacional; y, al mismo tiempo, cuánto tuvo de particular y resignificante el accionar protestatario local. En ese sentido, destacamos algunas cuestiones que marcan distanciamientos respecto de la reconstrucción histórica que suele realizarse desde una mirada nacional o metropolitana. Por un lado, resulta relevante resaltar lo que ocurría con el colectivo de trabajadores desocupados y los repertorios que utilizaron para manifestarse pues a diferencia de lo que sucedió en las grandes urbes como Buenos Aires o Córdoba, en Río Cuarto entre 1998 y 2003, estos actores además de realizar cortes de calles o rutas como metodología para visibilizar sus reclamos, en cambio emplearon un variado y creativo abanico de repertorios[7]. Otra particularidad que marca la diferencia con lo acontecido en otras escalas remite a las jornadas de diciembre del 2001, donde las acciones colectivas no alcanzaron gran magnitud ni tuvieron un carácter fuertemente disruptivo[8].

En otro orden, un rasgo particular del devenir de la conflictividad en localidades intermedias como Río Cuarto fue la intervención directa de actores mediadores, como la Iglesia Católica en la voz de su obispo diocesano o el poder político comunal, quienes resultaron cruciales a la hora de evitar desbordes sociales en coyunturas críticas como los años 1995 y 2001, momentos en los cuales las demandas referenciaban como adversario a instancias estatales provinciales o nacionales.

Concluida la investigación que da lugar a este libro, los caminos se han diversificado a razón de los resultados aquí presentados. Gran parte del equipo de investigación continúa sus trabajos, profundizando en aquellos datos que aquí se muestran por primera vez como, por ejemplo, aquellas instancias mediadoras que han cobrado notoriedad en diversas acciones de protesta[9]. Otra parte del equipo se interesa por problemáticas contemporáneas que comienzan a gestarse hacia finales del 2001. Nos referimos a los trabajadores y las trabajadoras referenciados por entonces como “desocupados” en el medio local y cuya trayectoria puede comprenderse desde la economía popular[10]. Se trata de aquellos trabajadores que se ganan la vida con diversas actividades, no asalariadas y que enfrentan condiciones de desigualdad en su validación social y en el reconocimiento por parte del Estado, cualquiera sea su nivel.

A la pregunta ¿cómo puede caracterizarse la protesta social local en el período 1989–2003? Hemos buscado responder destacando sus rasgos más significativos, prestando atención a cómo diversos actores sociales han intentado visibilizar sus demandas, ocupar los espacios públicos, tejer alianzas, leer el contexto para encontrar momentos favorecedores de visibilización de las acciones contenciosas y saber también cómo legitimarlas socialmente. La constante en el período analizado muestra características de la movilización ciudadana que hoy podríamos leer bajo el lente de los movimientos sociales. Antes o después nuestra preocupación no es sólo de generación de conocimiento, sino también la de contribuir a la construcción de una historia reciente local con diversos protagonismos, leída y comprendida desde las demandas y las conflictividades sociales. Aún queda por indagar y profundizar, en ese camino sinuoso nos encontramos, desde la educación pública de una universidad nacional en el interior cordobés.

Referencias

Arriaga, A., Franco, M. J., Medina, L. y Natalucci, A. (2012). Un Estado en transición: Córdoba ante el embate neoliberal. En M. Gordillo, A. Arriaga, M. J. Franco, L. Medina, A. Natalucci y A. C. Solís. (Comps.), La protesta social frente a las reformas neoliberales en la Córdoba de fin de siglo (pp. 25–64). Córdoba, Argentina: Ferreyra Editor.

Cavarozzi, M. (2010). Autoritarismo y Democracia. Buenos Aires, Argentina: Eudeba.

Gordillo, M. (2012). Introducción. En M. Gordillo, A. Arriaga, M. J. Franco, L. Medina, A. Natalucci y A. C. Solís. (Comps.), La protesta social frente a las reformas neoliberales en la Córdoba de fin de siglo (pp. 9–24). Córdoba, Argentina: Ferreyra Editor.

La Serna, C. (2001). Reforma y Democracia: el caso del Estado de la provincia de Córdoba en el periodo 1995–1997. Administración pública y sociedad, 14, 87–107. Córdoba, Argentina: IIFAP.

Moreira Slepoy, J. y Romero, J. (2022). Una cartografía del cordobesismo. Algunas lecturas y una agenda pendiente: Sección Perspectiva. Cuadernos de coyuntura, 7 (Núm. Continuo), 1–17. Recuperado de https://revistas.unc.edu.ar/index.php/CuadernosConyuntura/article/view/38848

Novaro, M. (2011). Historia de la Argentina.19552010. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores.

Sidicaro, R. (2003). Los tres peronismos. Estado y poder económico 194655/197376/198999. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores.


  1. Concepto utilizado y definido por Basconzuelo en el capítulo 2.
  2. Concepto utilizado y definido por Quiroga y Baggini en el capítulo 5.
  3. Recordemos que los ciclos que consideramos en el marco de nuestro estudio fueron: 1989–1991, 1994–1996, 1998–2000 y 2001–2003.
  4. Este dato fue establecido a partir de la información recogida en la Encuesta Permanente de Hogares que puede ser consultada en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Institucional–Indec–InformacionDeArchivo–6
  5. Los datos de la desocupación en Río Cuarto fueron extraídos de la Encuesta Permanente de Hogares. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Institucional–Indec–InformacionDeArchivo–6
  6. Con esta denominación numerosos autores (Sidicaro, 2003; Novaro, 2011) dan cuenta de la imbricación de todas las variables implicadas y la imposibilidad de alterar algunas de ellas sin alterar la estabilidad macroeconómica.
  7. Para ampliar puede revisarse el capítulo 4 de este libro.
  8. Para ampliar puede revisarse el capítulo 5 de este libro.
  9. Basconzuelo, C. Actores y prácticas mediadoras de las protestas sociales. Revisitando dos ciclos críticos en perspectiva conectada local/nacional. PICT 2020….
  10. Proyecto IMPACTAR “Estudio interdisciplinario de la economía popular en la provincia de Córdoba: generación de conocimiento y herramientas de intervención orientadas al ámbito público”, Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación. Disponible en https://idacor.conicet.gov.ar/proyecto–impact–ar–en–economia–popular–cordoba/


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