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La construcción de edificios escolares a mediados del siglo XX, en localidades cercanas a Rosario

Analía Brarda[1]

Distintas disciplinas se ocupan habitualmente de los análisis de las obras públicas producidas a mediados del siglo XX. Entre ellas suele sobresalir la historia económica, pero también intervienen muchas otras, como la historia del Estado y sus agencias, la historia urbana y territorial, así como la historia de la arquitectura.

En particular, la indagación sobre el accionar del Estado, las políticas edilicias y las técnicas empleadas nos permiten comprender con mayor profundidad las propuestas arquitectónicas para los espacios escolares y puede resultar un camino productivo para abordar de manera ordenada, sistemática e interpretativa el campo de la construcción de dichas edificaciones.

Las ideas pedagógicas en este período transformaron la concepción de la educación tradicional que tenía como base el liberalismo y el positivismo, el ordenamiento científico de los saberes propio de la práctica educativa de fines del siglo XIX, para adoptar otros parámetros ya que en 1946 se produjo un punto de inflexión en el desarrollo de la estructuración del sistema educativo argentino, reformas que se vieron plasmadas en el Primer Plan Quinquenal.

La democratización del acceso a la enseñanza y la búsqueda de una mayor centralización del sistema educativo fueron las acciones que le permitieron al gobierno peronista alcanzar sus objetivos.

En 1949 el Ministerio de Obras Públicas asumió todo el poder de las decisiones edilicias, quedando la Dirección Nacional de Arquitectura como la encargada de proyectar y dirigir las obras en todo el país. Este trabajo específicamente se apoya en el rescate de una serie de álbumes fotográficos de escuelas, encontrados en la DNA sede Litoral, a lo que se le sumó la observación directa de algunos casos.

Esta colección de fotografías, en cuanto conforma un fondo documental, que originalmente se utilizaba para el registro del proceso de obra, en esta oportunidad se ha convertido en una importante fuente de información para la investigación, sirviendo a su vez como garantía de los derechos de los ciudadanos, dado que hoy este puede ser considerado como un verdadero reservorio de la memoria local.

De dicho material interesa especialmente en este trabajo poner el foco en una serie de fotografías de aquellas escuelas construidas a mediados del siglo XX cuya ejecución fue supervisada por la oficina de la DNA que funcionaba en Rosario. Estos edificios pertenecen a unidades escolares distribuidas por el territorio cercano de la ciudad que, por ser en general de localidades más pequeñas, no se han identificado hasta hoy como patrimonio de valor. Por lo tanto, se reconoce que no están debidamente estudiados ni protegidos, aunque actualmente se hallan en distintos procesos de transformación, producto de nuevas necesidades programáticas o del aumento de la población escolar. Hechos que no han sido tenidos en cuenta para el desarrollo de intervenciones integrales, aunque sin duda son parte del conjunto patrimonial de esta etapa de la historia del país.

Política de Estado en materia de educación

El Consejo Nacional de Educación que funcionara en el país desde 1884 hasta mediados del siglo XX actuó con cierto grado de autonomía respecto a la política nacional, dado que contaba con presupuesto propio y tenía responsabilidades en la administración de las escuelas de todo el territorio nacional con fondos de las provincias para el fomento de la instrucción primaria.

En particular, desde los años 30 en la provincia de Santa Fe, se puede reconocer cómo la obra pública llevada adelante por la Dirección de Obras Públicas de la Provincia empezó a producir proyectos de escuelas primarias con características más modernistas. Este fue un momento de experimentación tanto formal como tipológica que se adelanta a los procesos que se están dando en otras en provincias, como son los ejemplos de escuelas primarias construidos en la ciudad de Santa Fe, o la escuela Mariano Moreno de Rosario.

Para 1945 el Ministerio de Obra Pública (MOP) ya había ido poco a poco absorbiendo las responsabilidades de la Dirección Nacional de Arquitectura Escolar del Consejo Nacional de Educación (CNE), como también de las direcciones técnicas de salud pública y la construcción de elevadores de granos.

Pero para 1946, con la asunción del gobierno del general Perón, se produjeron cambios concretos en la dinámica del régimen educativo estatal a partir de la reforma de organismos y leyes de larga data, impulsado quizás en parte por el importante incremento en el número de alumnos que había que alojar en las aulas.

Entre las modificaciones más significativas, no podemos obviar mencionar la creación de la Secretaría de Educación en 1948, la cual, en 1949 –con la sanción de la Ley Orgánica de Ministerios–, pasó a ser el Ministerio de Educación, con lo cual se logró un nuevo ordenamiento estatal que permitió reforzar la centralización de las políticas públicas, en desmedro de las capacidades decisorias y ejecutivas provinciales.

En 1949, en materia de construcción, fue entonces cuando se concentró el poder de las decisiones en el Ministerio de Obras Públicas, quedando la Dirección Nacional de Arquitectura como la encargada de proyectar, supervisar o dirigir las obras en todo el país. Lo que redundaría en una mayor homogeneización de la producción arquitectónica en cuanto a materiales y estilos de escuelas, hospitales y otros edificios públicos del período.

Sin embargo, buena parte de las construcciones realizadas entre 1946 y 1955, como señaláramos anteriormente, tuvieron su puntapié inicial en los desarrollos de gobiernos anteriores, donde la experimentación y las realizaciones de las oficinas técnicas posibilitaron este desarrollo posterior. En síntesis, la experiencia del Consejo Nacional de Educación en la construcción escolar acumuló una serie de prácticas que sirvieron para el desarrollo posterior de las décadas 40-50.

Por otra parte, en aquellos casos en que solo intervino el Estado provincial, se puede observar que estas escuelas adoptaron sus propias características arquitectónicas, gestadas por un aparato estatal consolidado por agentes técnicos provinciales calificados.

No obstante, en el caso particular de las escuelas primarias y de las escuelas rurales autorizadas por la Ley Láinez, las provincias siguieron teniendo injerencia, haciéndose cargo parcialmente de ellas la Nación. También, durante el período en estudio, se sumaría una nueva institución, la Fundación Eva Perón, la que financiaría parte de la construcción de estas.

Para una valoración más completa del resultado de la aplicación en lo local de determinadas políticas públicas basadas en los planes nacionales, consideramos necesario conocer el proceso de su gestión, así como su la incidencia en las obras detectadas a través de las fotografías.

Planes quinquenales y la edificación escolar

El Poder Ejecutivo nacional, a través de sus planes quinquenales, estableció directivas precisas en materia arquitectónica, definiendo a su vez cuales iban a ser los recursos disponibles y determinando el orden de prioridades de ejecución de las obras en relación con su finalidad social o pública y/o su localización geográfica.

En la letra del Primer Plan Quinquenal (1947-1951), se puede advertir cómo allí se establecieron los lineamientos para el desarrollo de la obra pública en general, y la importancia que le atribuía el Estado nacional a la arquitectura.

Este plan no constituyó un conjunto homogéneo de medidas para encauzar a la nación, pero aunó una serie de proyectos independientes en materia de educación.

Entre los temas que surgen de la lectura de dichos planes, podemos destacar la importancia que se le daba a la construcción de infraestructura en todo el país, con una mención particular a la arquitectura escolar ya que se la consideraba como un aspecto fundamental que tener en cuenta para mejorar la educación.

En este período el niño pasó de ser considerado como objeto de la educación a ser pensado como sujeto de ella; esto significó que tanto la teoría pedagógica, como los programas, los horarios, los maestros, el aula, los edificios escolares, todo debía estar pensado y adaptado a escala de los alumnos.

Con relación a las escuelas primarias propiamente dichas, podemos visualizar una gráfica de síntesis previstas por provincia donde se describe la cantidad de edificios escolares, las escuelas terminadas y en construcción, el tipo de presupuesto adjudicado para cada una, así como los esquemas tipológicos. Se registraban también allí los edificios a los cuales se entregarían mobiliarios y útiles escolares.

En otro orden de tema, figura en este primer plan cómo se pensaba incentivar la creación de programas que incluyeran la educación física y los deportes, lo cual influyó en la construcción de complejos en parques públicos o en la utilización de clubes o lugares donde hacer ejercicios, así como en los edificios escolares.

En este período también se edificaron (con prototipos ensayados con anterioridad) la llamada “escuela hogar” y la escuela de niños débiles, con mayor escala que las escuelas primarias, denominadas en esta etapa como “hogar escuela” y “colonia infantil”, la mayoría de ellas llevadas adelante por la disponibilidad crediticia que posibilita el accionar de la Fundación Eva Perón.

El Segundo Plan Quinquenal (1953-1957) fue presentado por el Poder Ejecutivo como un único proyecto de ley aprobado por las cámaras con el objetivo de que sirviera de hilo conductor tanto para las acciones públicas como para las privadas del siguiente lustro. Allí se detallaba la necesidad de modificar los programas y los textos escolares a fin de poder incluir en ellos el ideario político. Así como también se establecieron mayores especificaciones respecto al tipo de arquitectura, materiales y mano de obra que emplear, los costos, la disponibilidad de fondos y los responsables de ejecución con el fin de que la escuela fuera la continuidad y el complemento de la educación familiar.

En esta segunda etapa, también los gobiernos provinciales, continuaron teniendo injerencia en materia de educación y en la construcción de escuelas en sus respectivos territorios, secundando la acción del estado nacional en materia de infraestructura escolar.

En particular la crisis económica de 1949 trajo como consecuencia cambios en los roles asumidos por los diferentes agentes. En este segundo quinquenio, se definieron como objetivos la terminación y la habilitación de los edificios educativos comenzados durante el primer plan, previendo únicamente la construcción de algunos edificios para el desarrollo de actividades tecnoprofesionales o universitarias.

O sea que, debido a dicha crisis, no se previó aquí la construcción de nuevas escuelas primarias, trasladando la responsabilidad de la acción asistencial a la Fundación Eva Perón.

La Fundación Eva Perón

El 19 de junio de 1948, se puso en funcionamiento la Fundación María Eva Duarte de Perón, que cambió su nombre al de Fundación Eva Perón el 25 de setiembre de 1950.

En el marco del Primer Plan Quinquenal, esta fundación permitió llevar adelante la construcción de los hogares escuelas y un Plan 1000 escuelas, en donde se tuvieron en cuenta las diferentes geografías, el clima, las distintas urbanizaciones donde se iban a insertar, así como la localización de edificios en zonas de frontera.

Así comenzaron a construirse edificios escolares en las provincias de Santa Fe, San Luis, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Salta, Mendoza, San Juan, Tucumán, Neuquén, Río Negro, Santiago del Estero, La Rioja, Chaco, Chubut y Formosa, y se alcanzó un número de 956 escuelas, de las cuales 59 se localizaron en Santa Fe.

En el caso de Rosario, el proceso de nacionalización del puerto iniciado a partir de 1942 hizo que su administración se centrara en la Ciudad de Buenos Aires, lo que provocaría la disminución de la frecuencia de uso y consecuentemente afectaría la economía de los rosarinos.

El nuevo modelo económico incentivó en la ciudad la concentración de las industrias, preferentemente en dos sectores. Una hacia el sudeste y otra hacia el oeste. En la primera zona en 1943, se instaló la primera acería denominada Acindar (Ovidio Lagos 4.300), lo que propició a posteriori el establecimiento de otras plantas industriales siderúrgicas. Casi en forma simultánea, se radicó en el mismo sector la Fábrica de Armas Domingo Mateu sobre la calle O. Lagos, lo que luego daría lugar a la conformación de un importante cordón industrial. A partir de allí, comenzaron a surgir las sociedades vecinales, las cuales contribuyeron en la consolidación de las identidades barriales. Esta promovió el surgimiento de clubes, bibliotecas populares (Amor a la Verdad, Libertad, Estimulo al Estudio, Homero, Juan B. Alberdi, etc.) y establecimientos educativos que luego tomaría el Estado a su cargo.

También en las inmediaciones de la Fábrica de Armas, hacia los años 50, comenzó a consolidarse en un sector que anteriormente había estado destinado a quintas, chacras y chiqueros un barrio obrero, hoy conocido como barrio Fábrica de Armas Domingo Mateu (delimitado al SO por el Barrio las Delicias, al Sud Lamadrid y O. Lagos). Y luego se instalaron allí fábricas textiles y metalúrgicas y numerosos comercios, conformando una barriada obrera.

En la zona oeste, en los años 50, a su vez comenzó su proceso de transformación a raíz de las nuevas localizaciones industriales. Por ejemplo, el barrio Urquiza, que hasta ese momento era una zona de quintas y hornos de ladrillo, empezó a poblarse de forma sostenida. O el Barrio Industrial (Juan José Paso, N. York y vías del ferrocarril Mitre), convirtiéndose esta área en un sector obrero a partir de la localización de industrias alimenticias como Cotar, La Virginia, y la Aceitera Patito.

En estos dos sectores, se levantaron siete edificios dentro de la operatoria del Plan de las Mil Escuelas que se ubicaron en estas barriadas periféricas, en proceso de transformación del suelo de rural en urbano, ya que carecían de servicios educativos, sanitarios y de contención social, con lo que se favoreció la radicación y permanencia de la población obrera en sus respectivos barrios.

De estos casos se han encontrado en la oficina de la DNA legajos completos fechados en julio de 1951, con planos de plantas, cortes, fachadas, planos de detalles, planillas de locales, detalles de campanas de humo, tanque de agua, cerco, emblema entre otros, todos en escala 1:50. En estos planos figuraba un rótulo que decía “Plan de mil escuelas de la Fundación Eva Perón”, precisando para cada caso el número de la escuela. También en esta repartición se encontraron otros planos que daban cuenta de las ampliaciones posteriores de dichas obras.

Dentro de este grupo de construcciones, se pueden reconocer dos tipos edilicios: el A y el B y variantes con plantas invertidas. En ambos casos se presentaban porche y hall de ingreso, con entre dos y tres aulas, unidad sanitaria para cada sexo, local de dirección, portería, vivienda para el director, galería cubierta y un perímetro de patio embaldosado donde se ubicaba el mástil.

Proyectistas en organismos públicos y la formación de los profesionales de la arquitectura

En el período en estudio, la actividad profesional tuvo un punto de inflexión al producirse un desplazamiento de la forma de trabajo liberal individual a favor de la producción grupal, tanto en el ámbito estatal como privado.

En particular la SCA, con posiciones más tradicionalistas, realizó reclamos al Estado para la realización de concursos de anteproyectos de las obras públicas. Planteándose entonces, por un lado, una exigencia al Estado como promotor de la construcción y, a la vez, un cuestionamiento a este por ser el que lideraba la creación y la construcción tanto de las obras como de los planes urbanos.

En este sentido, el gobierno peronista llevó adelante un importante número de concursos, pero también amplió sus oficinas de proyecto y dirección de obras con arquitectos asalariados, hechos que dan cuenta de los cambios en el campo profesional.

En otro orden de temas, las revistas de arquitectura fueron en parte espacios donde se manifestaron los cambios de las posiciones frente a la arquitectura, lo social, expresando los ideales de los diferentes grupos, así como la legitimación de estos. Ya desde la década de 1930, en las revistas de arquitectura local comenzaron a publicarse una serie de debates tanto de tipo técnico como de discusión sobre el programa de modernización. Como, por ejemplo, la Revista de Arquitectura de la SCA o, en particular, Nuestra Arquitectura, donde se abordaron reiteradamente los problemas de la vivienda popular, la planificación urbana, y los procesos de gestión y producción de obra.

Allí se puede observar que, para profesionales argentinos a partir de los años 30, la palabra “moderno” no se identificaba necesariamente con los aspectos más polémicos de la arquitectura de preguerra, e incluso estos intentaban superar los esquemas del racionalismo y encontrar soluciones acordes a las nuevas circunstancias locales.

En aquel entonces la idea de modernización fue entendida en un sentido amplio, ya que no se hacía referencia exclusivamente a la adopción de los programas y aspectos formales del llamado “movimiento moderno”, sino que más bien se hablaba de una tendencia formal general, la que convivió durante el período en estudio con respuestas eclécticas, historicistas o pintorescas. Aunque algunos profesionales se propusieron adoptar las fórmulas de la modernidad internacional en la búsqueda de una adaptación local.

La relación entre técnica y política durante el periodo en estudio fue bastante compleja. Para los años 50, el debate arquitectónico del país establecía como modernas a todas las tendencias que se declarasen en contra del llamado “clasicismo”. Planteando un modernismo producido por decantación del sistema clásico, y no tanto como una transformación rupturista con él.

En particular Nuestra Arquitectura, desde su editorial entre 1946 y 1953, inició una fuerte crítica sistemática a la operatoria estatal en relación con la producción arquitectónica y urbanística. Sobre todo referida a la política habitacional, y pasó rápidamente a publicar solo material de producción extranjera. En 1946 las obras presentadas eran tanto estadounidenses como europeas, haciendo mayor hincapié en las imágenes de estas por sobre su análisis crítico, alejándose así de la labor reflexiva de las primeras ediciones (Cirvini, 2011).

También tuvieron mucha influencia en el ámbito disciplinar las ediciones de los años 1951 y 1953, donde se presentaron ensayos historiográficos, firmados, por ejemplo, por Enrico Tedeschi, donde se reconocen ciertas influencias de las ideas de Bruno Zevi respecto a los conceptos de la arquitectura orgánica.

De la lectura de las revistas de arquitectura, se desprende que la intervención estatal en términos generales fue entendida, por los arquitectos liberales, como un ataque a la arquitectura moderna. No hay que olvidar que se hallaban en un período de posguerra donde se asociaban las ideas de la intervención estatal con el autoritarismo y el antimodernismo.

No obstante lo dicho, si bien, desde mediados de la década del 30 hasta casi el final de la del 40, se utilizó el estilo californiano en la construcción de viviendas de los barrios urbanos sobre todo en los lugares de veraneo, como en la provincia de Córdoba o Mar del Plata, esta elección formal también se trasladaba a la producción de las obras públicas.

En este sentido, de la observación de la gráfica publicitaria de los edificios escolares construidos por los organismos estatales en el país, se desprende que existieron distintas corrientes estilísticas principales para la definición formal de dichos establecimientos. Una de ellas seguía los lineamientos del movimiento moderno, y otras, los de las raíces más pintorescas, ya que adoptaron las formas de los chalets de origen californiano.

Según argumenta Anahí Ballent,

… la política no opera de manera aislada ni autónoma en la construcción de políticas e imágenes, sino que actúa de manera solidaria con ciertas técnicas. Por lo cual durante el gobierno peronista surgió el gusto por lo “rústico”, ideas que se hallaban vinculadas a las corrientes que reivindicó el campo como origen de la nación, al pintoresquismo y a algunas vertientes nacionalistas, todas ellas sintetizadas en la adopción del “estilo californiano” (Ballent, 2005).

Formas que terminaron identificando a la arquitectura peronista con los programas de vanguardias. En síntesis, podemos pensar que, durante el primer y segundo mandato del general Perón, se hicieron visibles las transformaciones en el ejercicio profesional. Lo que se ve reflejado por ejemplo en la publicación de SCA de 1951, ya que allí se señalaba la preocupación por el no pago de la matrícula de un numeroso grupo de profesionales contratados por el Estado y por los bajos sueldos de estos respecto a los profesionales liberales. A su vez, el Estado instaló una nueva imagen del profesional de la arquitectura resaltando la importancia de la función social del arquitecto.

La oficina de la Dirección Nacional de Arquitectura-Distrito Litoral

Desde 1932 se aumentaron las obras públicas, por lo que la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación (DGA MOP) amplió sus atribuciones y sus formas de trabajo.

En la ciudad de Rosario, esta oficina se ubicó en avenida Belgrano 836 y siguió funcionado allí con otras denominaciones hasta aproximadamente 2017. Esta sede contaba desde los primeros años, como en el caso de Buenos Aires, con talleres de herrería, carpintería y escultura y almacén de materiales, lo que le permitía resolver más rápidamente las demandas de las obras que tenían a cargo. Esta oficina era la encargada de cada una de las etapas de las obras, tanto del anteproyecto hasta la construcción. Estas tareas fueron rigurosamente documentadas a través de numerosas planimetrías, legajos de obras, documentación administrativa, expedientes, libro de registros o fotografías de inspección del avance de las obras construidas en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, Córdoba y algunos de la provincia de Buenos Aires.

Allí se hallaba la información de los inmuebles ejecutados desde fines del siglo XIX y los registros de los monumentos nacionales tales como la Casa del Justo José de Urquiza de Entre Ríos, Sedes del Arzobispado de Rosario, Hospital Centenario, Hospital de Granadero Baigorria y diferentes establecimientos escolares, entre otros. De estos últimos realizaremos en párrafos posteriores un análisis más detallado.

En su última etapa de funcionamiento, se le sumaron una serie de colecciones de documentos pertenecientes a otras delegaciones del mismo organismo que fueran cerradas de las ciudades de Santa Fe y Paraná.

De la observación de las propuestas de los profesionales en esta repartición, podemos decir que estos optaron por los mismos planteos arquitectónicos que estaban vigentes en el desarrollo de la actividad privada.

Los edificios escolares en localidades cercanas a Rosario

A través del Plan de Mil Escuelas que financiara la Fundación Eva Perón, se construyeron 956 de ellas en todo el país y en particular se levantaron 59 en la provincia de Santa Fe.

Para poder llevar adelante estas obras, se diseñaron proyectos tipo, los que fueron realizados por el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, siendo firmados los primeros de estos por la Dirección General de Arquitectura y, luego de 1950, por la nueva Dirección de Arquitectura Escolar. Particularmente en la ciudad de Rosario, a partir de estudios anteriores, se observó que los edificios escolares construidos en el período 1946-1955 reflejan bastante certeramente los tipos arquitectónicos predominantes.

En relación con lo dicho, se pudieron reconocer tres tipos principales:

  1. edificios de escala doméstica de imagen hogareña,
  2. construcciones de fuerte imagen institucional en lenguaje moderno o tipo chalet californiano, y
  3. austeros pabellones rurales.

Pertenecen al primer grupo las escuelas 6.383 Brigadier E. López (Montevideo 6.720), 6.386 Cayetano Silva (Brassey 8.250), 6.389 F. de la Barra (Uriburu 2.555), 6.394 Coronel M. Thomson (Godoy 5.470) y 6.397 (Bvº Rondeau 3.921).

En relación con las escuelas de fuerte imagen institucional, encontramos, por ejemplo, establecimientos tales como la Escuela Normal de Varones 3 (La Paz y Entre Ríos), 0141 República de México (Warnes 1.002), 51 República Federal de Brasil (Provincias Unidas 1.296) y 660 F. Laprida (Biedma 5.204).

En particular el edificio de la escuela 6.018 de calle Larralde 3.305 del barrio Godoy puede ser reconocido como del tipo rural. Tanto por su emplazamiento como por su expresión forma y por la utilización de materiales austeros. Al momento de su construcción en 1949, esta zona no se hallaba urbanizada, y hoy la escuela sigue estando en el lugar de borde que media entre la ciudad y el campo.

A través de la presente investigación que se basa en los registros fotográficos rescatados de la DNA, se ha detectado documentación de las escuelas construidas en las localidades de

  1. San Lorenzo, Escuela Provincial 392, Escuela Provincial 113 Sargento Cabral, Escuela 6390 Almafuerte, Escuela 1.664 Rosario Vera Peñaloza,
  2. Capitán Bermúdez, la Escuela Provincial 6.381 Dr. Juan Álvarez,
  3. Puerto San Martín, la Escuela 6.033 Gobernador Cullen,
  4. Fray Luis Beltrán, la Escuela Láinez 211 y Provincial 6.370,
  5. Pérez, las escuelas Provincial 6398 General Mosconi y Provincial Roque Pérez, la escuela Gaboto. y
  6. la escuela 6.118 en Campo Cucco, Bombal, así como construcciones en Hughes, María Teresa, San Jerónimo, Santi Espíritu, y Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe.

Y en Carrilobos, Coronel Bogado, Labordeboy, Las Carreras, Las Varillas, Tancacha, Villa Maria y Wheelwright en provincia de Córdoba, así como en la ciudad de San Nicolas en provincia de Buenos Aires, fechadas entre 1947 y 1951.

Estos casos, de la misma manera que en las construcciones de la ciudad de Rosario, pueden ser reconocidos dentro de los tipos mencionados con anterioridad. A continuación, se sintetizan sus características principales.

Imagen 1. Escuela Nacional 6.013 Zenón Martínez. Villa Constitución, Santa Fe

Imagen en blanco y negro de una casa  Descripción generada automáticamente

Fuente. Archivo DNA.

Imagen 2. Escuela Nacional 6.013 Zenón Martínez. Villa Constitución, Santa Fe

Foto en blanco y negro de un edificio  Descripción generada automáticamente con confianza media

Fuente. Archivo DNA.

En las escuelas de escala hogareña, se estructuraron a partir de una distribución en forma de L dos o tres módulos de aulas de 5,40 x 6,50 m o de 5,40 x 7,50 m con galería lateral ancha generalmente ubicada hacia la derecha del ingreso, con los sanitarios al final de esta. A la izquierda se disponía la vivienda del director, además del local para dirección. Este esquema básico del partido arquitectónico podía aumentar el número de aulas, salas especiales, cocina y comedor de acuerdo con las necesidades de cada establecimiento.

En función de la disponibilidad de terreno, se dispuso en ellas un jardín o patio anterior, así como un amplio patio interno abierto. El ingreso se presenta de manera muy doméstica a través de un porche de 2 x 2 m, seguido de un pasillo de 2 x 3 m para separar el sector de aulas del de las salas de dirección.

La mayoría de ellas se desarrollaron solo en planta baja, con cubiertas inclinadas que podían ser de madera o de losa de viguetas y tejas coloniales o chapas acanaladas con muros revocados blancos, ventanas agrupadas de a tres a la izquierda de las aulas con postigones de madera, mientras que las puertas de ingreso a estas se localizaron a la derecha al frente, por lo cual la iluminación del espacio áulico se produce desde lado izquierdo, otorgando una luz indirecta ideal para el desarrollo de las actividades.

El programa general de estas distribuía las aulas en pabellones vinculados por galerías cerradas muy anchas casi como patios cubiertos que se conectan con los patios exteriores. Esto probablemente tuvo que ver con lo especificado por la Ley de Educación de 1949, puesto que allí se hacía hincapié en la importancia de la enseñanza de la educación física.

Imagen 3. Escuela Nacional de Wheelwright, Santa Fe

Imagen en blanco y negro de una estación  Descripción generada automáticamente

Fuente. Archivo DNA.

Las diferencias entre los prototipos se hallaban en cómo estos eran distribuidos en el terreno, lo que dio como resultado una variedad de soluciones de acuerdo con la disponibilidad de estos últimos.

También se ha podido observar que, en dichos prototipos, existen casos con distinto número de aulas, probablemente debido a las cantidades de alumnos de cada comunidad educativa.

Entre los casos registrados, encontramos los de una aula, los de dos, tres o cuatro aulas con dos formatos diferentes. El primero corresponde a las escuelas de menor superficie, con un esquema compacto con un aula básica, sanitarios de niñas y niños, patio y vivienda para el director. Estas aulas tenían prevista una separación por paneles plegables para facilitar una flexibilidad de usos.

Imagen 4. Escuela rural nacional 6.316 Brigadier Estanislao López. Campo Cucco. Bombal, Santa Fe

Fuente. Archivo DNA.

Imagen 5. Escuela provincial 6.282. Localidad 4 Esquinas Santa Fe

Casa de madera en un jardín  Descripción generada automáticamente con confianza media

Fuente. Archivo DNA.

Los tipos de más cantidad de aulas eran bastante similares puesto que tenían una demanda programática común. Poseían un volumen principal con las aulas, un patio cubierto o comedor amplio, dirección y sala próximos al acceso, y, en forma perpendicular a este, se disponía un cuerpo con la cocina, las duchas y los sanitarios, lo que delimitaba a su vez el área de patio exterior. También estos tenían prevista la casa para el director de dos dormitorios, en algunos casos vinculada con el volumen principal, y en otros, como en el caso de Campo Cucco, dicha vivienda se dispuso aislada del edificio escolar propiamente dicho, con ingreso independiente.

Existieron otros tipos con cinco, siete, diez y doce aulas, cuya distribución, si bien los programas eran similares, mantenía la forma de las mencionadas en el párrafo anterior, adecuando los espacios para alojar el programa de usos comunes, pero de forma proporcional.

Las diferencias podemos encontrarlas no en el pabellón principal que contenía las aulas y el patio cubierto o comedor y el acceso, sino en donde se disponía la dirección y una biblioteca. En algunos tipos la dirección se ubicaba en un pabellón secundario. Y también de forma perpendicular al cuerpo principal, se localizaron los pabellones para actividades especiales.

Los edificios que tenían entre diez y doce aulas contaban además con un tercer bloque secundario con aulas comunes. Este tipo de escuela incluía asimismo la casa del director y a veces las viviendas de los maestros o del portero, que podían estar ubicadas en forma aislada del volumen principal; ejemplo de ello es la escuela Villa María Córdoba.

Imagen 6. Escuela Provincial 296, Villa María, Córdoba

Imagen en blanco y negro de una casa  Descripción generada automáticamente

Fuente. Archivo DNA.

Imagen 7. Escuela Provincial San Gerónimo, Córdoba

Fuente. Archivo DNA.

También se proyectaron dos tipos de doce aulas y biblioteca, sala de material didáctico, sala de maestros y secretaría. Habiendo algunas que se resolvieron en dos plantas y las otras en una planta.

En el caso del empleo del prototipo de dos plantas, se puede observar una mejor calidad constructiva y de detalles, como es el caso de Las Varillas, Córdoba. Aunque de la misma manera se emplea un lenguaje austero con techo de tejas cielorrasos a la cal y paredes con revoques blancos.

Imagen 8. Escuela 100 José Ingenieros, Villa Gobernador Gálvez

Fuente: elaboración propia.

Imagen 9. Escuela 113 Sargento Cabral, H. Yrigoyen 2.415, San Lorenzo

Casa en frente de un edificio  Descripción generada automáticamente con confianza media

Fuente: elaboración propia.

Las escuelas construidas en la zona cercana a Rosario se caracterizan por su uniformidad, y no se reconocen grandes variaciones respecto a los proyectos tipo generales.

La selección para cada caso, así como su adaptación a cada lugar, fue llevada adelante por la oficina de arquitectura nacional según consta en el archivo de la DNA sede Litoral. Para lo cual se confeccionaron planos de localización y se seleccionó alguno de los prototipos, realizando los cálculos estructurales según el caso, y también se tiene registro a través de las fotografías de los procesos de obra que estos llevaron adelante.

De la observación de este grupo de casos, podemos concluir que las edificaciones de una sola planta poseen un manejo adecuado de la escala para los niños, haciendo tangible el lema que decía “La escuela como el segundo hogar”, aunque en las escuelas rurales se utilizaron materiales más austeros o de menor calidad.

En síntesis, estas obras y las otras construidas en este período por el Estado poseían simples motivos arquitectónicos, techos a dos aguas, de tejas rojas, muros con revocados blancos, aunque a veces algunos sectores estaban resueltos con ladrillos vistos y carpinterías de madera, empleándose estas formas tanto en áreas urbanas como en las suburbanas.

A modo de conclusión

El desarrollo del campo disciplinar, así como la evolución del pensamiento y la práctica de la profesión, encuentran una valiosa fuente de reflexión en la producción de los técnicos del Estado, siendo el accionar de la DNA sede litoral un ejemplo de ello.

El devenir institucional da cuenta de un largo proceso de gestión con múltiples desplazamientos que atraviesan los edificios escolares hasta obtener sus instalaciones propias.

La estrategia de la estandarización no fue una ocurrencia aislada, sino una práctica en la construcción de la infraestructura escolar en todo el mundo para poder optimizar su ejecución, condición especialmente ventajosa en áreas de población dispersa o menos densamente pobladas que en las grandes ciudades, como son los casos estudiados.

Los principios educativos planteados por el Estado nacional entre las décadas de 1940 y 1950, basados en una actitud integradora en relación con la atención de la niñez, asignaron a la escuela el rol de agente contenedor tanto de las demandas sociales, como de las educativas y culturales, determinando claramente los tipos arquitectónicos propuestos.

Estas pequeñas unidades dispuestas en las rutas interprovinciales se presentan como claras manifestaciones del poder público, siendo este equipamiento educativo clave para la implementación del proyecto de integración social y también de modernización urbana.

En particular, los establecimientos escolares de las ciudades y los pueblos cercanos a Rosario emplearon las mismas respuestas formales que los construidos en esta última, otorgándoles contenidos simbólicos y funcionales. Lo que permitió comunicar, representar y configurar civilmente la presencia de cada conjunto edilicio como un claro mensaje del accionar del Estado tanto en la trama urbana como en el ámbito rural, expresando una clara convivencia entre la estética modernista y la pintoresquista.

Como señalara Jorge Luis Borges (1974) en El Aleph, “todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio remite a un pasado que los interlocutores comparten”, por lo cual podemos pensar que estos edificios escolares nos transmiten, a través de sus formas arquitectónicas, un claro mensaje de un modo diferente al de la palabra.

Por otro lado, los profesionales de la provincia de Santa Fe que actuaron en este período ya contaban con el conocimiento y la experiencia en la temática específica de la arquitectura escolar, pudiendo resolver hábilmente las nuevas demandas. Esto posibilitó que hoy podamos reconocer su significado patrimonial, por más mínima que sea la estructura escolar.

En resumen, en este trabajo se intentó volver a mirar la producción escolar local de la década peronista identificando a estos edificios como un conjunto patrimonial que, quizás por su escala o ubicación geográfica, hasta el momento no ha sido considerado con la misma representatividad que otros ejemplos. Por lo cual no han sido debidamente identificados ni catalogados con valor patrimonial y, por lo tanto, están sufriendo transformaciones o alteraciones sin un criterio integral de intervención. En definitiva, se espera que este trabajo pueda ser un pequeño aporte a la comprensión y el conocimiento de la historia de la arquitectura local.

Nota sobre las imágenes de la DNA

Como parte de la investigación en curso, su autora resultó actualmente recipiendaria en su ámbito de trabajo de los archivos de la DNA que se refieren en este artículo, que estaban destinados a una inminente destrucción. Actualmente la autora está realizando el análisis y la clasificación de este como paso preparatorio de su remisión a repositorios académicos futuros.

Bibliografía

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  1. Arquitecta y doctora por FAPyD UNR y profesora e investigadora en esa institución y en CAEAU FA UAI Sede Rosario. Esta investigación y ponencia contó con la colaboración de la arquitecta Berenice Blanco.


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