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Ciudad, trama, usos y energía

Impacto energético de la forma urbana. Indicadores y patrones para ciudades sustentables

Pedro Pesci[1]

Introducción

Este proyecto de investigación, asociado a la tesis de doctorado, está cerca de su finalización, y el último informe de avance ya daba cuenta de los progresos, especialmente en el soporte teórico y de conocimiento de otras investigaciones y sobre estudios que se habían consultado fuera de las investigaciones propias, para alcanzar otros respaldos a los resultados obtenidos. Estas investigaciones, si bien parciales para este proyecto, completaban aportes para cerrar el círculo de información que respalda la hipótesis planteada en la investigación.

Pese a los avances verificados en el informe anterior, en este último período se ampliaron y diversificaron los casos, como también se perfeccionaron las variables de análisis para poder tener desde este aspecto mejor claridad en la clasificación de los patrones encontrados.

Es importante recordar que esta investigación está enfocada en definir patrones para nuevas ciudades o ampliaciones de ciudades considerando que, en el mundo en desarrollo, aún se está dando –y se dará por mucho tiempo– un crecimiento de las ciudades de manera acelerada, y se quiere generar conocimiento para que tales nuevos sectores de la ciudad sean de bajo consumo energético y también para remodelar o reciclar sectores de ciudades actuales. Esta precisión es importante pues muchas propuestas en boga provienen de investigaciones o modelos europeos donde no crecen las ciudades, o crecen muy poco y, por consiguiente, tanto las preocupaciones como los objetivos están centrados en otros puntos. Incluso, esta diferencia de enfoque para el estudio debe ser indicada con claridad pues, por ejemplo, el impacto del consumo energético en las ciudades europeas está casi más centrado en el consumo en la edilicia que en otros aspectos (alrededor del 50 % contra un 35 % asociado al funcionamiento urbano), mientras que, en contextos de países en desarrollo como los de América o Asia, el consumo está principalmente centrado en el gasto energético de la movilidad debido a la expansión territorial de las ciudades (pasa a más del 60 % en casos como Los Ángeles o San Pablo).

Otro aspecto importante que se quiere remarcar es que esta no es una investigación historicista, aunque ha tenido una base en la lectura de datos de la historia. A diferencia de una investigación histórica tradicional, no ha buscado encontrar continuidades, relaciones cronológicas entre casos u otros resultados típicos de esta modalidad de investigación, sino simplemente datos de casos en puntos específicos de un lugar (por clima, por geografía, etc.) que daban información pertinente de un momento preciso histórico identificado de bajo consumo de energía a fin de obtener datos que lleven a conclusiones sobre los patrones usados por esa cultura para resolver el problema de la generación de asentamientos humanos a escala de ciudad, con los mínimos recursos, aprovechando valores del lugar (materiales, orientaciones, clima, etc.), que fueron llevando a generar soluciones adaptadas transformadas en invariantes o patrones. Es claro que, aunque se vieron datos de la arquitectura o las formas de asentamiento individual (o en pequeños grupos) en las mismas áreas, sectores y momentos históricos, solo se concentró la tarea en el análisis de ciudades, por ser el objeto de estudio de la investigación, y los datos de la arquitectura o de los patrones de asentamiento en general fueron asociados a lo que sucedía en las ciudades.

Como el tema es muy amplio, podría evolucionar, en el trabajo de la tesis, hasta llegar a cálculos que diferencien la performance en detalle de cada patrón, pero la idea ha sido siempre ir hacia una forma de aproximarse al problema muy sencilla, a base de patrones-ejemplos pertinentes sin necesidad de recurrir a los cálculos, y, si luego se quisiera hacer análisis más profundos con algún sistema de indicadores, se estará seguro (si se usaron los patrones convenientes) de que se obtendrán buenos resultados y de que, si hay que hacer ajustes, estos serán menores.

Las actividades desarrolladas durante este año se pueden dividir en tres tipos: en primer lugar, la búsqueda de nuevos casos y de bibliografía complementaria que surge de esas búsquedas, otra ha sido continuar con el procesamiento de algunos casos a través de software, y, en tercer lugar, la sistematización de patrones posibles.

La búsqueda de nuevos casos

La investigación evolucionó de 45 casos originales (al inicio de esta investigación) a 175 actuales. Además de aumentar el número que permite tener una casuística mayor, el otro avance es que, de casos prácticamente concentrados entre Europa y América (salvo un caso en Asia), se pasó a casos en los cinco continentes, ampliación de casos que permite obtener mayores certezas.

La selección de casos fue hecha por alguna particularidad, razón o causa. Lo primero era buscar casos de momentos de baja energía. Luego se fueron ampliando a otras razones, como las siguientes:

  1. Porque son fundaciones ad hoc en un momento o una época especial (procesos de colonización, procesos de conquista, procesos de expansión urbana, etc.). Este grupo permite mostrar la capacidad energética de la cultura o el grupo que las creó o las imaginó en esos momentos.
  2. Porque son casos relevantes o icónicos de la historia del urbanismo, especialmente aquellos que muestran el estado de la cuestión de las ideas sobre la ciudad (Ville Radieuse, Washington, Canberra, La Plata, etc.), que en su mayoría tienen mucho de la representación de la energía que se creía disponible en el momento de su concepción.
  3. Porque son ciudades relevantes para un contexto territorial (climático, geológico, geográfico, etc.) que pueden mostrar cómo se adaptó un conjunto urbano para manejarse en ese contexto peculiar. Se buscaron casos en entornos especialmente complejos o extremos (latitudes polares, desiertos, elevada altitud, etc.).
  4. Porque faltaban completar espacios territoriales, como por ejemplo América y especialmente América Latina tanto en lo que respecta al momento precolombino o a su historia posterior y reciente.
  5. Porque son casos que están ya desarrollados bajo conceptos de sustentabilidad o enfoque ambiental. Estos casos son en general los más actuales y van desde los años 70 hasta la actualidad, especialmente los proyectos de los ecobarrios o barrios sustentables.
Imagen 1. La distribución de los 175 casos actualmente estudiados en el mundo

Fuente: elaboración propia sobre el Google Earth.

Algunos casos surgieron de casualidad, por relaciones con otros, o simplemente por alguna fuente de información indirecta, pero, al ver que eran pertinentes o tenían valores por los que debían formar parte de esta investigación, fueron sumados a la lista y analizados. Entre los casos incluidos, están los asociados a la cultura anasazi (el Cliff Palace, por ejemplo) o a la cultura azteca (con Teotihuacán y Tenochtitlan) o algunos asentamientos del período colonial como Panamá (Panamá), San Luis (Argentina), y otras como ejemplo del producto de la aplicación de las leyes de indias. También ciudades de la colonia como Iruya o Yavi que por su posición geográfica ha producido adaptaciones locales (por topografía, clima y cultura) a los patrones de la ciudad colonial.

La bibliografía se amplió especialmente sobre temas del urbanismo del período de la colonia en América o de casos latinoamericanos. También algunos pocos textos o publicaciones sobre otros temas que se siguen profundizando, como los indicadores urbanos o las posiciones teóricas sobre urbanismo, antropología y ecología.

El procesamiento de casos

El procesamiento fue complicado por la falta de equipo de apoyo (no se pudo contar con pasantes u otro tipo de colaboradores), por la dificultad en la obtención de información cartográfica óptima para desarrollar la investigación de algunos casos que se consideran importantes (de muchas ciudades antiguas, no hay bases o son muy básicas) y por no manejar de manera adecuada alguno de los softwares que parecen más indicados para el estudio.

Incluso, el tiempo que ha llevado ajustar las pocas bases cartográficas que se consiguieron y se consideraban óptimas para que pudieran ser procesadas fue considerable y provocó que con los softwares se procesaran no más del 20 % de los casos de estudio.

Ante esta dificultad, se concentró el estudio de casos sobre algunas variables fáciles de analizar a través de información sencilla de obtener y que, desde la investigación que se ha venido llevando, parece ser la más relevante para mostrar las ideas o el foco de esta investigación. Por ejemplo, el tamaño de la manzana, su forma, la estructura de la trama y sus interacciones.

Estas variables no solo eran fáciles de analizar y de obtener en las cartografías, sino también de procesar con softwares como el propio AutoCAD Map o incluso de relevar en el Google Earth.

Trabajar con variables simplificadas o softwares sencillos, como se verá más adelante, fue intencionado y es un tema que tenía como objetivo la investigación. No se quiere construir un sistema de variables para certificar o para generar análisis complejos de las ciudades, solo se quiere hacer análisis para verificar si hay relaciones entre casos o entre situaciones caso.

La idea de no desarrollar indicadores o sistemas de certificaciones se debe a que estos son sistemas que analizan por un proceso que podríamos describir como proyectoanálisisevaluaciónreproyecto o ajuste del proyecto, casi una dialéctica entre propuesta y error que, en el mejor de los casos, puede llegar a algo correcto en el primer análisis (o cerca de estándares predefinidos, por ejemplo, usando las variables de la certificación del urbanismo ecosistémico) o puede llevar a muchos ciclos de prueba y error.

Imagen 2. Análisis del tamaño de la manzana en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Buenos Aires para tamaño de Manzana Model (1)

Más del 55 % de las manzanas residenciales miden menos de 10000 m², lo que puede dar razón a la vitalidad de sus barrios, más allá de otras condiciones como la centralidad.
Fuente: elaboración propia.

El proceso que plantea esta investigación es conocer previamente los patrones correctos o los más apropiados para usar en un contexto-situación determinado. Estos, si se usan para un proyecto nuevo o para el ajuste de un sector, podrán hacer evaluar el caso como correcto desde el primer análisis, por ejemplo, usando alguno de los indicadores destacados del urbanismo ecosistémico. Siempre se planteó la importancia del conocimiento y trabajo sobre los patrones por ser estos el resultado de una suma de conocimiento sobre cómo actuar en un territorio que puede ser tomado de manera literal, ajustado, adaptado o incluso modificado para crear nuevos avances (es un conocimiento basado en saberes y prácticas sumadas), pero originados de una base con sustento y, por lo tanto, sustentable.

Las variables de análisis también se ajustaron desde el criterio de período energético y según el significado que se le ha dado dentro del marco de esta investigación a la influencia del clima. Es por eso por lo que fue necesario buscar una clasificación climática global. Se decidió usar la clasificación según Köppen (Köppen, 2000), sistema ideado a inicios del siglo XX y que es usado mundialmente. Se eligió esta clasificación porque, al buscar datos sobre los casos, en general la descripción del clima era local, basada en formas locales de describirlos, y eso hacía difícil la comparación entre casos. Usando la clasificación Köppen y sus mapas asociados, se pudo organizar la información sobre una base común de clasificación para poder mejorar la obtención de conclusiones. Un cuidado que hay que tener al analizar casos de otras épocas son las importantes variaciones climáticas. Por ejemplo, al estudiar civilizaciones muy antiguas como Caral (Perú), se sabe –o es la hipótesis más certera que parte de la desaparición de esa ciudad y su cultura fue debida a un cambio fuerte en las condiciones del clima que hizo insustentable el asentamiento (por falta de agua, alimentos, entre otras cosas).

Imagen 3. Inicio de la sistematización de los casos según la clasificación climática de Köppen

En este caso, es la síntesis a escala global para el mes de enero. Se están haciendo comparaciones más precisas con los planos detallados por continente.
Fuente: elaboración propia.

En lo que respecta a la sistematización básica de los casos, en la tabla original se las ordenaba y clasificaba por las siguientes variables:

  1. Época. Entendida como el momento en que se desarrollaba el caso (por ejemplo, 1882 para el caso de La Plata).
  2. Período histórico, donde se identifica el caso respecto a si pertenece a la Antigüedad, a la Edad Media, al Renacimiento u a otro momento histórico. Esto permite relacionarlo con las clasificaciones históricas tradicionales incluso dentro de la arquitectura y el urbanismo.
  3. Período energético. Esta definición casi creada ad hoc identifica la capacidad energética que tenía la cultura o sociedad que desarrollaba el caso, donde la diferencia entre alto, medio y bajo radicaba en la posibilidad de transformación que poseía esta sociedad o cultura según el concepto de “energía” que se usa en esta investigación.

A estas variables se les sumaban la superficie de manzana, el perímetro de las manzanas, los lados y la relación superficie /perímetro.

Estos datos eran los primeros indicadores que analizaron para ver si eran relevantes. De estos posibles indicadores, el tamaño de la manzana es el que se ha ido conformando como uno de los más importantes. El de la relación superficie/perímetro no lo es tanto porque está demasiado relacionado con la superficie, pero sí lo puede ser la relación de lados. El dato de la forma o geometría de la manzana es relevante porque según ella puede resultar más o menos fácil la movilidad peatonal y se sabe que mayor o menor peatonalidad (en cuanto movilidad sin medios mecánicos) incide en el ahorro de energía consumida en un conjunto urbano (Urban Design Compendium, 2001). Un dato importante, en esa tabla incluso se evaluaba un mismo caso en varios sectores y por tanto en varias épocas.

En la tabla actual, se han agregado otros ítems:

  1. País y continente. Estos datos permiten saber dónde está de manera general el caso. El país define de alguna manera su situación administrativa, cultural y económica.
  2. Hemisferio/latitud y longitud. Es una definición más geográfica. La latitud (asociada al hemisferio) permite entender aspectos como el ángulo de incidencia solar al conjunto urbano según la época del año y de dónde viene (del norte en invierno o en verano, del sur en invierno o en verano, etc.). También la cantidad de horas de sol o incluso la cantidad de días con temperaturas bajo cero o ciertos biomas asociados. La longitud nos puede proveer datos, si estamos en hemisferio oriental u occidental, que dan cuenta de algunos aspectos culturales, de desarrollo económico o soporte natural (particularidades del clima, altitud y geología, por ejemplo).
  3. Altitud. Es un factor que influencia mucho en el clima, en la amplitud térmica y otros factores que han influido considerablemente en la forma de los asentamientos humanos.
  4. Clima. Un factor asociado a varios de los anteriores como la latitud y la altura y que ha marcado fuertemente la forma en que las culturas han concebido sus hábitats para poder sobrellevar esta condición (el tema de la temperatura, la humedad, los vientos, la lluvia, etc.).
  5. Cultura. Este ítem es muy importante pues muchos patrones están asociados a evoluciones de una cultura, donde cultura y territorio están íntimamente relacionados y, por lo tanto, toda cultura se ha desarrollado (por lo menos en su origen) en estrecha relación con su territorio.
  6. Origen, entendiendo este término como la razón o el tipo de acción que le dio origen. Es aquí donde se define si es una nueva fundación, una expansión urbana u otra y la razón de ello (si es por colonizar territorios, por reedificación, por reasentamiento, etc.).
  7. Patrón de calle/medida de calle. Asociados, con el clima, la topografía, la geología y aspectos culturales, aparecen distintos tipos de patrones de calle para cada patrón de ciudad diferente.
  8. Topografía. La topografía de un territorio, dentro de una misma cultura o espacio territorial ha dado patrones de asentamientos diferentes. También, a ciertos patrones los condiciona en forma de colocarse sobre el terreno y las dimensiones. Lo mismo sucede con los patrones de calles.
  9. Patrón geológico o geología. Es una variable habitualmente poco vista a la hora de pensar en patrones urbanos, pero desde esta investigación se ha visto que ha influido en la configuración de los patrones urbanos de muchas culturas.
  10. Casos como Siena, Matera, La Couvertoirade, Machu Picchu y otros tienen sus patrones urbanísticos íntimamente asociados con los patrones geológicos o para resistir terremotos, para captar agua para el sustento o como forma de generar espacios habitables (material o cobijo).

Con estos análisis se ha encontrado que es fácil hallar patrones similares en culturas diversas, y la razón de esta similitud son semejanzas climáticas, de territorio e incluso geológicas. Estas semejanzas se han dado no solo a distancias territoriales muy grandes, sino también en épocas diversas. Incluso en territorios que no tuvieron ningún tipo de conexión cultural posible (por intercambios comerciales u otros).

Esto además sucede con otros patrones construidos usados para manejar el territorio, como la configuración de terrazas de cultivos (que se pueden encontrar en los cinco continentes por igual), empleadas por culturas diferentes, en momentos distintos, respondiendo a la misma necesidad y comprendiendo que era el patrón capaz de solucionar el problema de la producción en un ambiente determinado.

Es así que el Cliff Palace (el asentamiento en Mesa Verde de los anasazi en América del Norte) comparte con Matera (Italia) o con Göreme (Turquía) un patrón que podríamos denominar “cueva”, ya que, para un clima cálido, semidesértico, con una geología que permite excavar dentro de acantilados o faldas rocosas (el Cliff en Mesa Verde o la murgia en Matera), han generado directamente núcleos urbanos basados en el aprovechamiento de estas condiciones particulares y de los recursos disponibles, con un excelente funcionamiento.

Imagen 4. Análisis de la evolución de la trama y el tejido de Florencia (Italia) en los diferentes momentos de disponibilidad de energía, desde la fundación romana hasta la actualidad

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Se ve que, en los períodos de baja energía, la trama se vuelve de manzanas más pequeñas. Incluso, la “ínsulas” romanas se subdividieron con pasajes durante la Edad Media, que aún perduran. A partir del siglo XVIII, las manzanas crecen en tamaño hasta las que aparecen en las ampliaciones del siglo XIX y XX (aquellas más alejadas del centro).
Fuente: elaboración propia.

Síntesis: los patrones

Gracias a la nueva tabla que tiene una base de categorización climática uniforme, se ha podido analizar la configuración de la trama y traza de las ciudades seleccionadas y comenzar a sistematizar u ordenar patrones. También se estuvieron haciendo pruebas con planos de isotermas y de isoyetas, pero se prefirió sintetizar con la categorización de Köppen.

En la sistematización se siguió la revisión de casos y apareció la posibilidad, en algunos casos, de tener más de un patrón o de comparar patrones, lo que ya había pasado en los primeros análisis. Casos como Florencia (Italia), Barcelona (España) o Fez (Marruecos) podían mostrar patrones de más de una época (en cuanto a la relación patrón-época de disponibilidad energética), y ello permite hacer comparaciones viendo fácilmente en un mismo caso el cambio a nivel de trazado y estructura y de paisaje urbano. Una vez terminados de sintetizar, se le asigna a cada grupo un claro nombre o definición para que sea rápidamente reconocible y asociable a un caso o entorno determinado.

Imágenes 5-6. Dos fotos del paisaje urbano de Bari. Arriba, la ciudad histórica, de origen griego, influencia de los romanos, normandos y bizantinos. Abajo, la ampliación urbana de finales del siglo XIX e inicios del XX

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Los patrones de un sector y de otro son muy distintos, con orígenes en momentos de disponibilidad de energía diferentes, cada uno con sus valores. Es interesante comparar la ampliación moderna con otros de la misma época por la adaptación climática de la sección de las calles y avenidas y el tejido propuesto.
Fuente: fotos del autor.

Los avances

Las actividades realizadas consiguieron nuevos avances que, si no generaron un cambio de enfoque, sí fortalecieron alguna línea, ayudando a concentrar esfuerzos en alguna de las direcciones, lo que era una necesidad para lograr cerrar el proceso de investigación.

Por ejemplo, queda claro que ciertos patrones de una misma cultura se desarrollaron más o menos en las mismas isotermas e isohietas, o sea, más o menos en el mismo clima o, mejor dicho, en el mismo ambiente, debido a una relación directa entre un sistema sociocultural y su ambiente, como lo verificaron estudios antropológicos como los de Mario Rabey, quien con otros colegas realizó estudios comparativos entre grupos socioculturales de los Andes americanos y otras culturas montañesas como las del Himalaya, y encontró similitudes en la forma de producir alimentos, de criar especies, de moverse en el territorio o de cómo crear asentamientos con similares patrones ambientales (Rabey, 2004).

Queda claro que un grupo específico aprende a adaptarse a su entorno y no no intenta avanzar en otros, ya que reconoce que su entorno actual le ofrece mejores oportunidades de supervivencia o ha desarrollado estrategias que le permiten subsistir en él. Esta respuesta natural biológica está en todas las especies de animales o de vegetales que se desarrollan solo en ciertos biomas (en algunos casos, exclusivamente en uno). A diferencia de otros animales, los humanos hemos podido vivir en más de un bioma por la adaptación de formas de manejar los territorios, desde conseguir patrones de asentamiento a patrones de producción, etc.

Esta mirada sociocultural asociada con lo ambiental es confirmada por los estudios realizados incluso en civilizaciones que han desaparecido o no han sobrevivido. En general, salvo en caso de la desaparición por sometimiento (conquista de otra cultura) o por un cataclismo (tsunami o terremoto), en general han sucumbido porque cambiaron las condiciones climáticas (por ejemplo, Caral) o por sobreexplotación del soporte ambiental (mayas), especialmente cuando los grupos socioculturales no tenían disponibilidad de energía que les permitiera sostenerse pese a los cambios imperantes.

Otros avances en lecturas sobre conceptos de ecología están relacionados con enfoques ya analizados, como los del urbanismo ecológico, en especial ciertas definiciones de Ramón Margalef. Este ecólogo español –referente permanente para las ideas de Rueda– plantea que la sucesión ecológica es una maduración del ecosistema en que se aumenta la complejidad de la estructura y por tanto disminuye el flujo de energía. La sucesión es en realidad una transferencia de un excedente de energía disponible en el presente a una biomasa futura. Si se sigue el razonamiento de Margalef, las ciudades antiguas (o los patrones que las constituían o constituyen) son consecuencia de la maduración de un sistema, o sea, el momento de mayor complejidad de la estructura y por tanto con el menor flujo de energía (Walker, 2005).

Una ciudad consolidada o en madurez debe comportarse como un ecosistema maduro, es decir, aquel que ha crecido sin interrupciones en un ambiente determinado. Un ecosistema maduro (una ciudad madura) tiene una estructura compleja –con gran diversidad y por tanto mucha información– y una alta eficiencia desde un punto de vista energético, en lo que es la base del urbanismo ecosistémico. Además, un ecosistema maduro requiere bajos niveles de energía para mantenerse, y por tanto una ciudad madura (diversa, compleja, con mucha información) también.

Como se ve, la inclusión de conceptos de la antropología o de la mirada sociocultural desde esta disciplina era una faltante que ahora, al sumarse, es un avance en la comprensión de ciertos fenómenos. Algunos conceptos estaban ya presentes en las lecturas de textos como Entornos vitales (Bentley, 1999) o La dimensión oculta (Hall, 1972) o en conceptos asociados a la sintaxis espacial (Stonor, 2015), donde se describían fenómenos urbanos ligados a comportamientos socioculturales o antropológicos.

También la incorporación de los aportes de la ecología, que ya habían aparecido en las lecturas de textos como “Ecological pattern mode of landcape city on the basis of habitat networks” (Tan y Yao, 2015) o “Towards a social-ecological urban morphology. Integrating urban form an landscape ecology” (Marcus y Berghauser Pont, 2015), fue reforzada con lecturas de Margalef.

De alguna manera, al estar siempre teñida esta investigación por la mirada de la sustentabilidad, contenía aspectos antropológicos, ecológicos y de otras tantas disciplinas pues la mirada sustentable es básicamente inter y transdisciplinaria o transversal a todas las disciplinas.

Los resultados

A los efectos de esta investigación, se cree que la hipótesis ha sido confirmada y se entiende que es una investigación que tiene aspectos novedosos, no tanto por alguna información producida, sino más por los resultados obtenidos al relacionar informaciones provenientes de estudios, investigaciones o desarrollos ya existentes.

El resultado principal es que se está llegando a elaborar un catálogo de soluciones para crear, remodelar o readecuar ciudades o sectores de ciudades para que puedan ser de bajo consumo energético para diversos tipos de ambientes. Además de la baja energía, al estar basados en patrones de base sustentable, se suman a la solución otros aspectos de carácter ambiental más amplios, como la conservación de los suelos, de los valores ecosistémicos y de los recursos naturales, la pertinencia cultural, y otros que en el fondo siempre llevan a ahorro energético (por menos necesidad de conseguir recursos desde otros lugares, porque las infraestructuras son menores o funcionan con poca o escasa energía, etc.).

No es una propuesta específica, sino una serie de propuestas interrelacionadas basadas en conceptos o conclusiones conectados, como son las respuestas socioculturales profundas que genera una sociedad. En especial en los resultados y en las conclusiones, se hace foco en los estudios más próximos como los del urbanismo ecológico (o ecosistémico) con los de la sintaxis espacial o con los de Hiller.

Por ejemplo, el urbanismo ecosistémico da recomendaciones que no tienen en general indicaciones demasiado claras, bastante generales o con poco sustento de cómo operar el espacio. En general, son sistemas de verificaciones que a lo sumo dan un patrón genérico o un estándar. Un ejemplo de esto es la recomendación de la macromanzana como un sistema de trama/traza donde la base es una manzana de 100 x 100 m que se agrupa luego en sistemas de 2 x 2, 3 x 3 u otras variantes y así genera espacios peatonales (en realidad, semipeatonales) dentro de ella.

El problema con este patrón es que es prácticamente solo válido para un cierto contexto sociocultural como es la ciudad mediterránea. Esta propuesta pensada para la ciudad mediterránea, en palabras del propio Salvador Rueda (2002), genera aún más duda sobre su validez, pues la cuadrícula de 100 x 100 o similar no estaba en ninguna ciudad del Mediterráneo hasta aproximadamente finales del siglo XVIII o principios del XIX, y, si apareció en ese momento, fue porque comenzaron a darse expansiones o renovaciones urbanas planificadas, sostenidas por nuevos sistemas de transporte como el tren y luego el automóvil.

Estos medios de desplazamiento son hijos de las energías que pudieron emplearse desde el siglo XVIII con la Revolución Industrial, primero del vapor y especialmente del petróleo. Son energías que permiten grandes desplazamientos con grandes máquinas para hacer transformaciones y la capacidad de generar sistemas de soportes territoriales en las ciudades o los países desde más allá de sus confines con mucha facilidad (un funcionamiento metabólico más allá de su territorio).

Por tanto, dicho patrón es la representación de una época de alta oferta de energía y, si es así, no es un buen patrón para el futuro. Incluso otros indicadores como el de complejidad o el de compacidad corregida no siempre dan bien. Por ejemplo, si se los aplica a territorios de alta vitalidad en ciudades mediterráneas de trama y estructura antigua (como el centro de Roma, Bari o Nápoles), no dan valores que coinciden con los óptimos, según Rueda. Ni hablar de lugares como Fez o Jerusalén que podrían considerarse ciudades mediterráneas.

Un ejemplo de esto es quizás el caso más exitoso de aplicación del urbanismo ecosistémico, el de Vitoria Gasteiz. Probablemente ha funcionado muy bien porque, en realidad, el centro de Vitoria es una macromanzana peatonal formada por pequeñas manzanas (las más grandes no superan los 6.000 m2 y con una proporción de lados que facilitan la peatonalidad y la direccionalidad de flujos).

Como se dijo en el informe anterior, uno de los estudios que más parece confirmar que el ADN de las ciudades sustentables se puede encontrar en ciudades antiguas es la sintaxis espacial. Ya hemos mencionado que Tom Stonor (2015) plantea la posibilidad de que el espacio genérico la forma de ciudad autoorganizada puede contribuir en sí misma a la sustentabilidad.

Otros estudios ya mencionados que para esta investigación han sido importantes y clarificadores son el de la proxemia y el campo social de la visión –límite de alrededor de 100 m– como un condicionador de la construcción social de las ciudades, donde las diferencias entre casos son ajustes por cultura o contexto. Bien claramente ello se manifiesta en la diferencia entre los acuerdos socioculturales de Matera o Macerata (la indiferenciación entre calle, espacio de circulación-espacio público como espacio de contacto y espacio privado) respecto de La Plata o Pekín.

O también el de los biotopos humanos donde la traza de la estructura principal está asociada a la interpretación del territorio o tiene puntos focales que la garanticen o la faciliten, para sustentar nuestro movimiento a través de ellos: son los corredores de biodiversidad que necesitamos los humanos. Estos corredores necesitan focos o elementos que pueden generar una lectura que es interpretada por las células de red y las células de lugar. Esta necesidad fue llevando a los humanos (casi sin importar en este caso la cultura) a repetir la necesidad de armar tramas y colocar hitos (iglesias, mezquitas, torres, monumentos, etc.).

Conclusiones

Queda claro que los desplazamientos para sostener el metabolismo de una ciudad son los grandes consumidores de energía. Estos desplazamientos en algunos casos son inevitables, en otros pueden atenuarse y, en el mejor de los casos, hacerlos desaparecer. En esa dirección, el urbanismo ecosistémico ha trabajado mucho en el metabolismo.

En lo que no se ha trabajado es en fisiología urbana, ya que, cambiando la forma en que se hicieron las ciudades –especialmente en el último siglo y medio, una época de alta disponibilidad de energía– y volviendo a usar patrones urbanos de baja energía, podrían definirse cambios para nuevos cuerpos urbanos con otras funciones de sus órganos haciendo foco en reducir desplazamientos.

Es claro

  1. que la crisis que vendrá no solo será ambiental, sino además energética,
  2. que la crisis ambiental será menor si se reduce la crisis energética (o si se mitiga, por lo menos),
  3. que la crisis energética no tiene una clara solución a corto plazo, salvo el ahorro de energía, pues las energías renovables están en un lento camino de evolución, al contrario de lo que sucede con la energía, que está aumentando su consumo global,
  4. que el ahorro de energía no se puede solucionar solo con el ahorro en los elementos o las estructuras en los que habitamos o que utilizamos, si al mismo tiempo consumimos o los usamos más,
  5. que los desplazamientos en vehículos (sean estos incluso eléctricos) consumen altos niveles de energía,
  6. que, solo evitando desplazamientos en vehículos individuales y fomentando el uso del transporte público, la bicicleta o el caminar, se pueden ahorrar grandes cantidades de energía,
  7. que se busca restringir el uso del transporte individual porque es el que más energía consume por km/pasajero desplazado (nos centramos solo en el impacto de la energía y no en otros impactos),
  8. que se fomentan los vehículos masivos de transporte porque son los que optimizan el gasto de energía por km/pasajero desplazado,
  9. que no se van a usar transportes masivos de personas de manera habitual si no se relaciona con desplazamientos a pie o en bicicleta para continuar en destino,
  10. que la gente no se va a desplazar a pie ni va a utilizar la bicicleta en entornos que no favorezcan su uso (por sus cualidades y no solo por su calidad), y
  11. que la gente no va a dejar de usar el transporte individual si no se generan fricciones urbanas para su uso, más allá de temas punitorios o económicos.

Como se ve en esta especie de cadena de factores, se debe trabajar en generar entornos peatonales de menor consumo energético y a la vez que favorezcan el transporte público y desestimen el transporte individual. Es entonces perentorio comprender cómo hacer entornos peatonales atractivos, no solo desde lo estético, sino asimismo desde lo funcional. Ahí los patrones históricos y el apoyo de la sintaxis espacial, de las teorías de Edward T. Hall (el campo social de la visión y la proxemia), son fundamentales.

Por otro lado, el transporte masivo (más eficiente, con energías limpias, etc.) también debe operar en mejores condiciones que favorezcan su economía de funcionamiento, rapidez y seguridad. Ahí la superficie de la manzana o del sistema de calles o avenidas que canalizan estos sistemas y sus interacciones es fundamental, pero es un tema que está más estudiado (incluso su rendimiento en cuanto a energía).

Es en el comprender cómo y de qué manera se pueden generar entornos peatonales atractivos donde se ha aprendido poco. Como tampoco se ha podido dilucidar mucho cómo estructurar un sistema de tramas y trazas para optimizar la energía de la movilidad.

Esta investigación cree que es en el estudio de los patrones del pasado donde está la clave. No es solo con la tendencia a mejorar el espacio público y la peatonalización per se con lo que se va a conseguir que la gente lo use. Ni tampoco que se genere la complejidad deseada y tan valorada por el urbanismo ecosistémico que debiera acompañar, por ejemplo, a la idea de macromanzanas.

Para que la complejidad se dé, para que la gente camine, hay patrones de manzanas, de calles, de trama o traza, de estratificación de niveles viales y de tejido que fomentan la complejidad y la peatonalidad. Para eso estarán los patrones tomados de la forma en que se construían las ciudades en los momentos de baja disponibilidad de energía, que son incluso coincidentes con los que están usando los más avanzados proyectos de ciudades o barrios sustentables (ver Le Albere, Mazdar, Bo01, etc.).

Imagen 7. Dos desarrollos que son parte de lo que se podría denominar “ecobarrios” en Europa. Arriba, Le Albere en Trento (Italia), proyecto de Renzo Piano. Abajo, Bo01 (Suecia)

Ambos tienen manzanas de no más de 7.000 m², con un promedio por debajo de los 5.000 m² en Le Albere e incluso menor a los 2.500 m² en Bo01.
Fuente: elaboración propia sobre Google Earth.

Quedan pendientes algunos puntos, como la influencia del soporte geológico, por ejemplo, pero entrar en ese camino ampliaría mucho el espectro de la investigación o desviaría el foco que se fue orientando a la forma urbana.

En síntesis, la forma en que se conforman los conjuntos urbanos desde su traza, trama y tejido hace que un conjunto urbano consuma menos energía, por las siguientes razones:

  1. Si se configuran de manera compacta, sus redes tienen menos extensión y necesitarán menos energía para ser manejadas (menos bombeos, etc.).
  2. Si su traza y trama se asocia a la lógica de la ecoforma del territorio, las redes (al menos agua, cloaca y pluviales) podrán funcionar con sistemas de muy baja energía porque podrán trabajar centralmente por gravedad. Incluso, en el caso de las redes eléctricas, las redes pequeñas o con poco recorrido tienen menos pérdidas o hay menos energía que se pierda por la transmisión. También se puede obtener o manejar algún recurso de manera más eficiente, por ejemplo, aprovechando el agua pluvial.
  3. Los conjuntos compactos pueden trabajar con sistemas combinados de producción de energía, de calefacción y de agua caliente sanitaria que ahorran mucha energía por optimización.
  4. La configuración urbana con una trama de manzanas pequeñas favorece la peatonalidad o directamente genera un territorio peatonal. Un territorio peatonal se mueve sin consumir energía.
  5. La configuración de una trama de manzanas pequeñas agrupadas en macromanzanas formadas por el sistema de movilidad vehicular perimetral favorece la movilidad en transporte público. Un transporte público de calidad, con velocidades operativas optimizadas y consumos reducidos o una mejora en la relación litros/pasajeros/hora.
  6. Favorece el uso del transporte público porque hay peatones. Sin peatones, no hay clientela para el transporte público.
  7. La trama de manzanas pequeñas y el sistema de manzanas generan una estratificación de la estructura urbana que ordena y optimiza el uso del transporte individual y desestima su uso para muchas actividades diarias.

La base para pensar estas nuevas tramas, estructuras y tejidos está en los patrones de muchas de las ciudades antiguas. Por tanto, coinciden con los patrones de bajo consumo energético. En una primera sistematización, pueden ser

  1. Configuraciones de tramas, trazas y estructura urbana adaptadas a la topografía: circulaciones que siguen la menor pendiente para el transporte de mercancías o la movilidad de vehículos; circulaciones transversales a la pendiente peatonales y de segunda jerarquía; circulaciones, manzanas y tejido que aprovechan la topografía y reducen la necesidad de acondicionar el terreno.
  2. Configuraciones de tramas, trazas, estructura y tejido que permiten manejar recursos del lugar de manera que ahorren energía: usar el agua pluvial; manejar los efluentes por gravedad; aprovechar recursos locales (geología, geotermia, materiales, fuentes de agua, etc.); aprovechar el clima.
  3. Sección transversal de la calle ajustada al clima: permite que circulen las brisas, porque evita que corra el viento; posibilita que entre el sol en invierno y lo evita en verano; aprovecha la masa térmica de las edificaciones (el fresco en verano, el calor en el invierno); permite el desarrollo de actividades comerciales.
  4. Superficies de manzanas chicas en áreas centrales: aumenta la cantidad de interacciones; incrementa la relación espacio abierto (público) y espacio cerrado (privado); aumenta la integración, y los espacios más integrados tienden a identificarse como zonas más activas; hay más espacio público como espacio de encuentro social.
  5. Alta compacidad urbana: más proximidad entre las actividades; menos desplazamientos; menos consumo de energía por la configuración de las edificaciones; menos consumo de energía por menos desplazamientos; favorece la peatonalidad.
  6. Existencia de muchas interacciones por hectárea: el aumento de interacciones genera un aumento de la vitalidad urbana; el crecimiento de alternativas de movimientos favorece una mayor posibilidad de usar el espacio urbano; aumento de complejidad y actividades.
  7. Manzanas con formas según la adecuación a las condiciones ambientales o socioculturales, rectangulares con su lado largo hacia la dirección en la que se quieren facilitar los movimientos o las circulaciones peatonales (o generar fricción en los movimientos vehiculares). Siguiendo las curvas de nivel y las calles asociadas a estas.
  8. La idea de hitos, puntos, focales, vistas: facilitan la orientación y los movimientos de manera coherente; fomenta el funcionamiento de las células de lugar y las células de tramas; al facilitar el reconocer el lugar, aumentan la sensación de seguridad para moverse, lo que incrementa la posibilidad del uso peatonal; fomenta la identidad cultural; favorece el encuentro social.

Epílogo

Cuando se me pregunta cómo será la ciudad del futuro, yo respondo: espero que sea como aquella del pasado. Nuestro siglo (el siglo XX) ha hecho degenerar esta gran invención del hombre que es la ciudad, Sus valores positivos: la sociabilización, la mezcla de funciones, la calidad del medio construido, son todas cosas que quedan de un tiempo pasado y sobreviven con dificultad en los centros urbanos actuales.
Y sin embargo son valores indiscutiblemente modernos. Hoy se habla de polifuncionalidad, buscamos de realizarla en nuestros proyectos, pero hasta hace decenios, las ciudades eran polifuncionales por definición. La especialización de los barrios (ciudad – zonas industriales, barrios dormitorios – zonas de esparcimiento – etc.) son algo reciente.
Hay una microhistoria de las metrópolis contemporáneas que yo uso para explicar estos fenómenos. En la postguerra y hasta finales de los años sesenta las ciudades explotaban, robaban espacio al campo y a los comunas o pequeños pueblos vecinos. Las muchas periferias degradadas che nos rodean son hijas de la urbanística de este período. En los años setenta, las ciudades comenzaron a detenerse, aun de alguna manera llegado a su límite, a implosionar y a reabsorber los vacíos urbanos creados de la desindustrialización.
¿Esto quiere decir que la ciudad se regenera, que sana sus heridas? Puede ser. Pero es un proceso largo, que debe ser apoyado evitando de cometer nuevamente los mismos errores. Se deberá tener en cuenta las enseñanzas de las ciudades antiguas, cuyo modelo urbanístico ha sido capaz de modificarse y ponerse al día, sobreviviendo así por siglos (Renzo Piano, Giornale di Bordo, 1997).

Estas palabras esperanzadoras del gran arquitecto italiano no son tan pertinentes para el contexto del tercer mundo, donde las ciudades siguen y seguirán creciendo a un ritmo muy acelerado, pero sí lo son como recomendación sobre dónde buscar las soluciones. Ese es el camino emprendido.

Bibliografía

Bentley, I. (1999). Entornos vitales. Hacia un diseño urbano y arquitectónico más humano. Gili.

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Piano, R. (1997). Giornale di bordo. Passigli.

Rabey, M. (ed.) (1993). El uso de recursos naturales en las montañas: tradición y transformación. Unesco.

Rueda, S. (2002). Modelos urbanos y sostenibilidad. En I Congreso de Ingeniería Civil, Territorio y Medio Ambiente. Madrid.

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Walker, L. R. (2005). Margalef y la sucesión ecológica. Ecosistemas, 14(1), 66-78.


  1. Profesor de FA UAI Sede Buenos Aires, investigador de CAEAU y doctorando DAR UAI-UFLO-UCU.


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