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Introducción

Roberto Fernández[1]

Este libro recoge aspectos, avances y productos del trabajo de investigación que un grupo de profesores-investigadores de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) realizan en el Centro de Altos Estudios de Arquitectura y Urbanismo (CAEAU), ámbito virtual que alberga las tareas conjuntas realizadas en las sedes universitarias de Buenos Aires y Rosario, investigaciones que en algunos casos se identifican con actividades de desarrollo de tesis doctorales en el Doctorado de Arquitectura (DAR) que la UAI dicta en un proyecto interinstitucional conjunto con la Universidad de Flores (UFLO) y la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU).

La organización temática y programática de la investigación en CAEAU se expresa en cuatro líneas o campos, que también coinciden con el diseño epistemológico de áreas de estudio que estructura el programa del Doctorado DAR a través de plantear un desarrollo que abarca (1) investigaciones proyectuales, (2) investigaciones tecnológico-sustentables, (3) investigaciones urbano-territoriales e (4) investigaciones socioculturales (que en su inicio se llamaron “investigaciones habitable-patrimoniales”).

Esos cuatro campos cognitivos se traducen en el título de este libro, Proyecto, técnica, ciudad y cultura histórica, y en tal caso el objeto de conocimiento “proyecto” alude a una dimensión epistemológica alcanzable como resultado de la investigación proyectual; “técnica” refiere a las cuestiones inherentes a la materialización del proyecto, o sea a su producción como documento técnico y también a su producción como obra que realiza lo proyectado, todo ello entendible desde el saber engendrado por la investigación tecnológica (que ahora la adjetivamos además con la palabra “sustentable”, atento a la crisis ecosférica histórica de sustentabilidad); “ciudad” alude a las temáticas complejas de ese superobjeto sociotécnico que así denominamos, incluso abarcando la correlación que tiene con los soportes territoriales o las entidades más bien naturales transformadas técnicamente en la antropización y cuyo conocimiento se asume a través de lo que llamamos “investigaciones urbano-territoriales”; y “cultura histórica” refiere a cuestiones que articulan sociedad y cultura a través de las dimensiones de la habitabilidad y la memoria –que se conectan con la vivienda o el housing y la patrimonialidad y que pueden estudiarse desde el campo que denominamos “investigaciones socioculturales” (o “habitable-patrimoniales”).

Las investigaciones proyectuales tratan de trabajar sobre la actividad crucial de la arquitectura, es decir, cuál sería la ideación, producción y construcción de proyectos, esas unidades de transformación del ambiente construido, uno de cuyos módulos más conocidos solemos llamarlos “edificios”. El proyecto emerge como una referencia determinada de la arquitectura, como bien se entiende en su etimología, ya que, en su origen latino, la palabra indica ‘ver-antes’ y, además, pretende asumir la partícula “yecto” como expresión que indica arrojar, colocar, disponer algo que hasta el momento de innovación de la acción proyectual aún no existía. Se trata así de una de las disciplinas más estrechamente orientadas al futuro ya que se ocupa de hechos u objetos que no existen hasta que son proyectados.

Sin embargo, tal matiz tan ligado al futuro no exime al pensamiento o la investigación proyectual de reflexionar acerca de proyectos previos, históricos o ya realizados, construidos o no, ya que el proyectar se inscribe en linajes y genealogías y ya que de alguna manera ningún proyecto es enteramente nuevo, sino que en cierto modo siempre implica algún grado de reelaboración de proyectos preexistentes. Estudiar y conocer tales preexistencias constituye así una instancia relevante para hacer –o enseñar a hacer– proyectos nuevos.

En el ensayo “La abstracción como proceso. José Cruz Ovalle: huellas de reflexión creativa”, presentado por Silvia Andorni, se realiza –como parte de su trabajo de investigación doctoral– un análisis de la práctica proyectual del destacado y referencial arquitecto chileno Cruz Ovalle a partir de una indagación biográfica que recoge su formación catalana y las influencias que allí recibió del filósofo barcelonés Eugenio Trías y del escultor vasco Jorge de Oteiza. Todo ello conducente a explorar las temáticas según las cuales el arte moderno despliega su enfoque analítico y productivo de orden abstracto, en el abandono de las prácticas miméticas propias de la figuración, para así desembocar en procesos según los cuales la obra de arte adquiere valor, sentido o significación en cuanto expresa o explica el modo en que está pensada y realizada, no ya en aquello que antes refería a qué y cómo representaba o imitaba tal obra. La importancia moderna de situar el trabajo del arte como actividad reflexiva (pero no especular) de la realidad que tematiza aparece en Cruz, según este enfoque que Andorni vincula con Trías y Oteiza, en torno de una clase de proyecto no casual ni arbitrario (o propio de una expresión gestual-genial), sino fruto de trabajosos y metódicos modos de pensar, analizar y, finalmente, concebir e idear objetos de arquitectura o proyectos que así emergen como consecuencia o resultado de entender la abstracción como un proceso.

El trabajo “El explorador y lo bello: Glenn Murcutt o el proyecto como elucidación de la naturaleza” que presenta Matías Beccar Varela hace parte también de un largo proceso de trabajo de elaboración de su tesis doctoral (exitosamente concluida y defendida en abril de 2023) basado en el análisis de la producción del célebre arquitecto australiano y premio Pritzker, Glenn Murcutt, que, a raíz del desarrollo de esta tesis, fue largamente entrevistado en un trabajo de campo en Sídney de varias semanas y que permitió recoger de manera sistemática y pormenorizada las características innovativas del trabajo y los aportes del maestro australiano, así como acceder detalladamente a su extenso y riquísimo archivo documental.

En este tramo de su trabajo de tesis que se presenta en el ensayo integrado a este libro, su autor parangona el trabajo proyectual de GM con el trabajo descriptivo-científico de Von Humboldt en su Cosmos, el texto testimonial de su viaje americano, común entre ambos por el interés en entender lo natural y pensar su transformación (eso es un proyecto) como una acción que debe ser racional –en percibir y valorar la calidad de lo natural– e ingeniosa en develar (quitar el velo: descubrir) aquello que emerge como hecho o novedad proyectual en cuanto acto de generación de cultura.

Dirá Beccar Varela:

En este sentido la belleza de esa obra se nos aparece con el aura de un satori, de una iluminación: cada precisión física, cada inflexión formal atada a una necesidad, cada momento de simbiosis con el contexto es al mismo tiempo un compendio del know-how necesario para su configuración.

La novedad o el valioso aporte innovativo de la acción proyectual de Murcutt es así

un saber-hacer que es también, y antes que nada, un saber-cómo-funciona: un saber-ver, o un particular haber visto, como proponía Heidegger. Y si crear es más bien descorrer un velo –des-cubrir– para propiamente ver, el momento estético probablemente coincida con esa elevación, ese desbloqueo de ver por primera vez y atisbar, como en un parpadeo, el mecanismo imposible del funcionamiento del Todo.

El ensayo llamado “La piel frágil rioplatense 1968-75. El Edificio Carlos Pellegrini UIA”, que ofrece en el presente libro Pablo Corral, hace parte también de su investigación doctoral ya concluida y próxima a defenderse que versa sobre el estudio de esa gran tipología radicalmente moderna que es la de los altos edificios de oficinas resueltos en la liviandad y transparencia de sus envolventes de acero y cristal, que en su trabajo implicará revisar las características y los procesos constitutivos del despliegue de dicha tipología en los ambientes desarrollados –particularmente en Estados Unidos en los inmediatos años de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial–, pero, a la vez, y en mayor profundidad, verificar cómo tal tipología se manifestará en áreas más periféricas en especial en el caso de Buenos Aires en el largo arco histórico de las cuatro décadas transcurridas entre 1930 y 1970. Para tal fin Corral realiza varias acciones investigativas relevantes, tales como (1) desmontar cuidadosamente la génesis industrial y la base material de este desarrollo tipológico (por lo que su estudio profundiza en la noción de que un lenguaje arquitectónico es estrictamente la manifestación de un modo de producción del artefacto arquitectónico), (2) formular la hipótesis de que en el período seleccionado la brecha tecnológica entre ámbitos de distinto grado de desarrollo económico e industrial en relación con esta tipología no era tan grande, y (3) poner en evidencia ambas proposiciones –el desarrollo técnico de la tipología y sus semejanzas y diferencias entre, por ejemplo, Nueva York y Buenos Aires– mediante el estudio pormenorizado de una veintena de episodios relevantes de esta minihistoria que, para el caso de Buenos Aires, se desplegará en diversos estudios parciales detallados, de los que en esta oportunidad se presenta uno de ellos, el referido al célebre edificio de la UAI en Catalinas Norte, que fue relevante tanto en su concurso como en los cambios y las adaptaciones de su ulterior construcción.

“Cultura y proyecto. Transformaciones en la cultura proyectual latinoamericana contemporánea” es el nombre del artículo presentado por Luis del Valle como ilustración y resumen de sus investigaciones ligadas a indagar sobre la posibilidad y las características de una cultura proyectual latinoamericana como sector o parte específica de una más vasta noción de “cultura latinoamericana”. En una fase histórica caracterizada por el arribo a una forma avanzada de capitalismo, que se evidencia, por caso, en el disruptivo y avasallante fenómeno de la llamada “globalización”, el propósito de estas investigaciones remite, por una parte, al examen de las confrontaciones entre tal civilización global y las culturas locales (nacionales, regionales, urbanas) y, por otra, a problematizar la propia noción de “América Latina”, más un archipiélago o una constelación de diferencias que una totalidad epistémica. Es así, por tanto, que tal escena expresa la convivencia de diferentes formas de asumir la actividad proyectual, desde aquellas que se piensan como parte de totalidades globales (al diseñarse un shopping o un barrio privado) hasta las que insisten en asumir y potenciar rasgos culturales locales, en lo referente a características socioculturales (como el mestizaje), a aspectos tecnológicos ligados a potenciar lo local y vernáculo y a temas tales como la innovación tipológica vinculada a expresiones locales o al interés en articularse con características específicas de los paisajes.

Las investigaciones tecnológico-sustentables abarcan, en el espectro epistemológico de saberes disciplinares de arquitectura y ciudad, aquellos aspectos ligados a la materialización o producción de los objetos de la arquitectura (desde un módulo edilicio cualquiera hasta la realización técnica de un asentamiento y sus infraestructuras), y se trata por tanto de un vasto campo de posible generación de conocimiento vinculado con la viabilidad y existencia o funcionamiento técnico de aquella clase de objetos; conocimiento que en términos generales es tributario del saber científico-tecnológico tal como se configura en la modernidad desde el siglo XVIII. Este campo de conocimiento y sus trayectos genéricos de investigación comprenden los saberes propios de la materialización de los proyectos, o sea el know how necesario para pasar de la dimensión propositiva y futura del dispositivo proyecto a su realización o conversión plena en dimensión de lo real, superada aquella fase proyectual de orden imaginario-simbólico, y por tanto resulta la clase de saber que asegura o no la viabilidad de existencia de una ideación emergente de un imaginario proyectual.

Alcanzada, si se quiere, una etapa histórica vinculada a un modelo de generación de energía dependiente de una base de recursos fósiles no renovables que parece acercarse a su agotamiento o finitud, surgió, en la primera crisis energética de 1973, una visión orientada a imaginar alternativas energéticas que puedan sustraerse de aquella base fósil, por lo cual empezó a discutirse primero el paradigma ambiental (Cumbre de Estocolmo, 1972) y segundo el escenario definido por la crisis de sustentabilidad o aquello que impone límites al crecimiento indefinido (Cumbre de Río de Janeiro, 1992), y de tal forma se originó un subcampo de investigaciones técnicas acuciadas por las limitaciones del presente y del futuro. Por esto podemos resignificar dicho campo nombrándolo como “de investigaciones tecnológico-sustentables”, es decir, un campo en el que lo técnico se redefine mediado y replanteado por lo sustentable en cuanto instancia en que los actos y procesos técnicos deben reformularse aceptando las condiciones críticas en la producción y utilización de energía y de los insumos y desechos de disponibilidad de materia.

En el ensayo “El doble registro de la estructura como modo de aproximación al espacio arquitectónico”, el doctor, catedrático de Estructuras y arquitecto Diego Fernández Paoli presenta un recorrido detallado de diversos aportes conceptuales que tratan de revisar las homologías o no entre el diseño arquitectónico (o de formas espaciales que deben cumplir funciones) y el diseño estructural (o de las estructuras necesarias para materializar aquellas formas cumpliendo con los requisitos de la tectónica que transmite las cargas gravitatorias de un objeto construido), revisión útil y necesaria para perfeccionar en lo posible el ensamble de las decisiones proyectuales propiamente dichas con las decisiones inherentes a escoger respuestas estructurales; ensamble que debería ser amplio y fructífero en el trabajo real y también revisado y ajustado en las estrategias de aprendizaje del proyecto en las escuelas respectivas. En un pasaje de su escrito, Fernández Paoli dice que

de manera habitual, cuando hablamos de las posibles relaciones entre forma arquitectónica y forma estructural en el proceso generativo de la idea arquitectónica, solemos hacerlo desde dos posiciones que se presentan enfrentadas. Andrew Charleson se refiere inicialmente a “formas consonantes” y a “formas contrastantes”, que explican las posiciones extremas entre forma y estructura y posteriormente la síntesis entre ellas, que el autor entiende como sistemas estructurales aptos para generar forma arquitectónica, sin aclarar la posibilidad de alterar dichos sistemas en función de exigencias arquitectónicas, por lo cual parecería valorar una dependencia de la forma respecto de la estructura.

El debate sobre la prevalencia de una u otra forma (la arquitectónica y la estructural) atraviesa gran parte de la modernidad, y en algunos casos tal confrontación posible devino en confluencias casi proyectuales fructíferas, por ejemplo, en casos como los trabajos conjuntos del arquitecto Louis Kahn y el ingeniero August Komendant, o entre el arquitecto Oscar Niemeyer y el ingeniero José Sussekind.

“Familia de curvas y espacialidades morfológicas” es un ensayo de Marcela Franco en el que presenta su trabajo de voluntad sistematizadora de las múltiples variables generadoras geométricas de forma que se despliegan a partir del análisis de lo que llama “familia de curvas” para acceder a un catálogo razonado de alternativas de generación curvilínea de volúmenes que sea apto para ofrecer sustento a las diversas opciones de desarrollo proyectual de morfologías complejas según criterios que Franco sintetiza del siguiente modo:

Trabajando en el sentido de la visualización matemática, algunas curvas clásicas y curvas matemáticas las inscribiremos en un modelo de espacialidad alternativa y diferenciada que refuta metafóricamente la espacialidad cartesiana que heredamos de Descartes como legado de la primera modernidad. A dicho modelo morfológico lo denominamos “espacio unitario recíproco” (EUR). Más precisamente trabajaremos con EUR radial (EUR R) y EUR axial (EUR A).

Franco revisa en su trabajo el inicio del desarrollo de un cuaderno de curvas, sistematizaciones de opciones geométricas-morfológicas que se relacionan con proyectos contemporáneos, y así indica que “muchas de las morfologías utilizadas intuitivamente en la arquitectura contemporánea se corresponden o, mejor dicho, guardan similitud con formas obtenidas de manera sistemática en el EUR R y A”, como, por ejemplo, la familia de curvas utilizadas en el proyecto de Zaha Hadid, Burnham Pavilion, en Chicago.

Indicando el posible desarrollo futuro de lo que expone este ensayo, su autora manifiesta que,

entre las posibles tareas futuras de desarrollo de esta línea de investigación, puede indicarse el interés en definir o aclarar el concepto de “morfologías complejas”, basándonos entre otros en textos del filósofo y sociólogo francés Edgar Morin acerca de su eje de investigación centrado en lo que denomina “pensamiento complejo.

El ensayo “La sustentabilidad en la enseñanza proyectual de la Arquitectura. Hacia una construcción metodológica para proyectar con el ambiente”, presentado por la doctora arquitecta Vicenta Quallito –quien, además de enseñar, es directora de la Facultad de Arquitectura UAI Sede Buenos Aires–, es un desarrollo ulterior, detallado y aplicativo de algunos resultados de su tesis doctoral defendida en FADU UBA, en la que se revisa la célebre trilogía vitrubiana –Firmitas, Utilitas, Venustas– para adaptarla a abordar el modo o la lógica del proyecto contemporáneo acorde a la necesidad de que este acoja los recientes imperativos emergentes de la crisis de sustentabilidad. Quallito opone frente a esta demanda dos maneras de concebir la inclusión de lo ambiental en lo proyectual, que bautiza como “ambientar proyectos” y “proyectar ambientalmente”, y además evalúa respectivamente que estas consisten en un modelo fragmentado y un modelo integrador. En el propósito de alcanzar modalidades de proyecto basados en el llamado “modelo integrador”, su autora desarrolla una matriz reflexiva de sustentabilidad a lo largo de dos grillas: la primera es “Comprender el problema. Sitio y Programa”, que se analiza a través de varios apartados vitruvianos, “La arquitectura funciona”, “La arquitectura se sostiene” y “La arquitectura emociona”; y la segunda es “Desarrollo y ajuste final de la propuesta, que recorre también aquellos mismos apartados. Todo ello armado en una serie detallada de preguntas que el proyectista, a manera de checklist, debe ir respondiendo a lo largo de su proceso de proyecto de modo que, si las respuestas son pertinentes, pueda alcanzarse el citado modelo integrador caracterizado por un proyectar ambiental. En el ensayo también se incluyen unos trabajos analíticos de alumnos que aplican las grillas mencionadas a trabajos de arquitectos contemporáneos que relativamente pertenecerían al elenco de proyectistas sensibles a la cuestión ambiental (Rogers, Murcutt, Piano y Rahm).

El artículo “Agricultura urbana y periurbana del siglo XXI”, presentado por el doctor arquitecto Francisco Toledo, constituye en parte un resumen del largo y detallado proceso de investigación que concluyó en su tesis doctoral, que básicamente consistió en abordar dos grandes partes: una teórico-conceptual ligada a presentar la génesis y las características de las diversas modalidades de agricultura urbana que se manifiesta además en torno de dos experiencias algo contrapuestas pero complementarias (las granjas verticales imperantes en Francia y las huertas comunitarias desplegadas en Cuba), y una aplicativo-instrumental que intenta formular la posibilidad de implementar las prácticas de la agricultura urbana en Buenos Aires, para lo cual el autor efectuó un relevamiento de posibles áreas de aplicación e identificó casi un centenar de ellas, utilizándose espacios aptos de edificios públicos, en principio, de las comunas más centrales de la ciudad, mediante el desarrollo de actividades usándose cubiertas o espacios abiertos subutilizados, todo ello sin interferir en las funciones de dichos edificios públicos.

La instancia que refiere el presente ensayo es la presentación de lineamientos organizativos y de gestión para constituir concretamente experiencias de agricultura urbana en CABA, y así su autor indica que

el objetivo de la investigación fue impulsar un proceso de construcción de desarrollo endógeno a nivel barrial, con base en los principios de la agroecología, y así incentivar el pleno ejercicio de la ciudadanía y la mejora de la calidad de vida de los sectores que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, atendiendo (1) al protagonismo de las familias beneficiarias del programa mediante un proceso participativo de motivación, capacitación y acompañamiento técnico en todas las etapas con (2) la conformación de la Red de Huerteras y Huerteros como una manera de afirmar su propia identidad como grupo.

De esta forma, la investigación para implantar la AU en el caso concreto de Buenos Aires avanza en diseñar modos organizativos y de gestión, así como en considerar esta iniciativa como posible política de empoderamiento social, para lo cual el autor propone

establecer una infraestructura organizativa desde el nivel nacional hasta las unidades productivas (edificios públicos), permitiendo un adecuado accionar en apoyo a los trabajadores con nuevas tecnologías, capacitación, educación, sistemas de gestión, producción y distribución de alimentos para consumo interno y externo.

Las investigaciones urbano-territoriales se vinculan con las problemáticas urbanas, los procesos de producción o generación de ciudad –nueva ciudad, crecimiento urbano, pasaje de asentamientos de rango intermedio a ciudades y metrópolis, etc.– y las cuestiones de la articulación de los asentamientos urbanos y los soportes territoriales dominantemente naturales que los sustentan, así como otras cuestiones emergentes de esta dimensión urbano-territorial, tales como las infraestructuras o la calidad ecosistémica de los paisajes de implantación y la necesidad de preservar sus cualidades y funciones. Este campo de estudios vincula el saber urbano-arquitectónico con disciplinas heterónomas a tal saber, como las ciencias sociales, la geografía, la geología o la ecología, campos cuyos dispositivos analíticos son relevantes para indagar la complejidad de los hechos urbanos y las densas relaciones ambientales entre grupos sociales y soportes naturales. Cabe así también atribuir a estos estudios en su fase actual la necesidad de resignificarlos de cara a fenómenos inherentes a la crisis de sustentabilidad y las limitaciones crecientes de capital natural, así como otras manifestaciones propias de los últimos años del despliegue capitalista posfordista, algunos de cuyos aspectos recientes son la posurbanidad, el rurbanismo, las smart cities (o ciudades inteligentes, cuya gestión se vincula a la nueva información generada por sistemas de sensores sensibles) o la factibilidad o no de comportamiento resiliente de cada asentamiento en su región o área de influencia/dependencia. Temas adicionales en este campo son aquellos emergentes de la subdisciplina del urbanismo (campo de conocimiento originado a fines del siglo XIX) y su concepción de proyectar (planificar) la ciudad como macroobjeto de proyecto, los ligados a las prácticas de la gestión planificadora (como campo de regulación estatal normativa de las acciones privadas) o los aspectos relacionados con el desarrollo de unidades intermedias en escala y complejidad entre arquitectura y ciudad (en aquello entendido como proyectos urbanos) y el diseño multipropósito de las infraestructuras urbano-territoriales. Así como este campo abarca todas las cuestiones vinculadas a nuevas actuaciones proyectuales urbano-territoriales, también se deben incluir en él los estudios diacrónicos sobre el desarrollo urbano y sus procesos de larga duración y el estudio diverso de las variadas problemáticas urbanas (informalidad, pobreza, insuficiencias de infraestructuras de servicio y equipamientos, mercado de suelos, fenómenos de especulación inmobiliaria, etc.).

El ensayo “Cambios en las actividades, la vivienda y los nuevos desarrollos habitacionales a partir de la pandemia en Rosario”, firmado por la doctora arquitecta Cintia Ariana Barenboim, registra los resultados de una investigación específicamente realizada para intentar evaluar algunos efectos concretos y constatables emergentes de la pandemia del covid-19 en la ciudad de Rosario, y en este caso el interés no fue –como en numerosos estudios realizados en muchos ámbitos– el análisis de las afectaciones que la enfermedad engendró a los diversos colectivos sociales afectados, sino antes bien considerar, por así decirlo, el grado de resiliencia urbana frente al fenómeno, o sea, estudiar qué cambios y adaptaciones tanto público-gestionarios como de la propia sociedad y sus entidades se suscitaron en respuesta a las circunstancias sociosanitarias.

Después de revisar aspectos ligados a cierta inadecuación del formato y las funciones de la ciudad antes del covid-19 (por ejemplo, en relación con pautas de densidad, movilidad y habitabilidad y relación vivienda-equipamientos), que de entrada evidenciaron cuestiones problemáticas frente al impacto de la enfermedad social y que no se podían adaptar o corregir con eficiencia y premura (más allá de recomendaciones como la ciudad de los 15 minutos, más anecdótica que de factible y rápida implementación), la autora se concentra en explorar cambios/adaptaciones verificables en el proceso de instalación del covid-19, básicamente en torno de realizar una revisión de tres campos fenoménicos: actividades reconvertidas, nuevas actividades y actividades suspendidas.

Este análisis expresa la contingencia más que la planificación (que suele requerir más tiempo, datos y recursos para conseguir resultados), pero, en tal caso, y para la ciudad concreta que revisa, Barenboim parece registrar una serie de acciones (algunas de gestión, tales como cambios en normativas) y un conjunto de cambios y adaptaciones que considera como relativamente eficaces y pertinentes, revelando, si se quiere, aquel comportamiento resiliente (o de capacidad de un organismo –en este caso, la ciudad– para reaccionar adaptativamente a un impacto negativo procurando aprovechar su potencial e intentando reducir los riesgos y efectos negativos) que últimamente emerge como uno de los últimos paradigmas analíticos de ciudad que se han propuesto. 

El texto denominado “Ciudad, trama, usos y energía. Impacto energético de la forma urbana. Indicadores y patrones para ciudades sustentables” que presenta Pedro Pesci es parte de su investigación doctoral en curso en CAEAU acerca de la evaluación tendiente a modelizar la racionalidad energética de las diversas formas posibles de configurar tejidos urbanos mediante una relativa relación geométrica entre áreas para usos varios y áreas de carácter conectivo-circulatorio.

En efecto, Pesci demuestra en sus estudios urbanísticos tanto históricos como actuales que la geometría constitutiva del plano o cota cero de las ciudades (con la relación entre bloques parcelarios o manzanas y espacios circulatorios o calles) implica, según la diferente característica de este ensamble de lotes y calles, distintos rangos de usos de energía; es decir, de las diversas energías que requieren el desarrollo de las actividades urbanas sobre tal o cual geometría de ciudad. Apoyándose en referencias casuísticas históricas, pero también en situaciones actuales –como el caso de La Plata– o futuras –como el caso de nuevos proyectos de expansión de ciudades existentes–, Pesci trata de demostrar que cada caso se vincula con una determinada racionalidad de uso de energía.

El trabajo realizado analiza 175 casos –ciudades de los cinco continentes– mediante la utilización de 12 variables de estudio, lo que lleva a configurar determinados patrones de forma urbana, los cuales son estudiados y clasificados a fin de alcanzar una caracterización empírica de las relaciones entre forma urbana y consumo/demanda de energía para las actividades urbanas, con vistas a definir criterios que permitan comparar patrones e intentar adaptar la forma urbana –sobre todo aquella de las ciudades o expansiones de ciudades futuras– para alcanzar óptimos racionales de utilización de energía.

El ensayo titulado “Rupturas en la continuidad del tejido urbano. Los pasajes de Buenos Aires” que firma Irma Abades expresa las conclusiones de un detallado trabajo cuyo interés primordial en esta instancia fue realizar un inventario exhaustivo de esos componentes relativamente disruptivos de la ordenada matriz de calles-manzanas propia del trazado en damero, que son los llamados “pasajes”. Estos componentes del trazado urbano –que aquí se caracterizan como rupturas en la continuidad del tejido urbano– se han agregado al patrón catastral de la ciudad a menudo como recursos generadores de accesibilidad en casos que supusieron nuevos bloques parcelarios agregados paulatinamente a la estructura de la ciudad como resultado de emprendimientos de generación de nuevos loteos, en la mayoría de los casos a cargo de desarrolladores privados. En general, la utilización de pasajes obedeció a criterios que acompañaban trazados parcelarios de menor profundidad que aquellos propios de lotes típicos de las manzanas canónicas del trazado fundacional, es decir, aquellas de 100 x 100 varas castellanas (86.6 x 86.6 metros).

Es debido al uso de este modo de crear circulaciones que dieran acceso a las parcelas de los nuevos loteos agregados a la ciudad –en ocasiones dando paso a la creación de nuevos barrios– por lo que los citados pasajes poseen longitudes mínimas (muchos de no más de una cuadra), anchos que tampoco obedecen al criterio canónico de las calles convencionales, a veces con solo un carril de circulación mecánica e incluso, en muchos casos, de carácter peatonal.

El resultado de la multiplicación relativa de estas piezas circulatorias dispuestas en los diferentes nuevos loteos protagonistas del crecimiento de la ciudad (entre 1880 y 1950 aproximadamente) y que se dispusieron en conjuntos urbanos relativamente pequeños –entre 4 y 30 hectáreas– es el desarrollo de un modelo urbano que, si bien supone rupturas o disrupciones del damero canónico, también implica la generación de múltiples situaciones urbanas precisamente singulares y diferentes a dicho canon y por tanto, en muchos casos, suscitadoras de espacios urbanos diferentes que otorgan identidad a numerosos barrios de la ciudad.

“Diseñar el uso público de espacios de oportunidad. Algunos proyectos actuales de urbanismo táctico” es el título del trabajo que ofrece Martín Di Peco y que constituye un tramo de su investigación doctoral en curso en CAEAU. Se consideran espacios de oportunidad a un conjunto importante de calles de la ciudad que fueron sujetas, hace en general varias décadas, a la previsión de su ensanche, por lo cual fue tipificado un retiro de los frentes edilicios de las construcciones situadas en dichas arterias con previsión de ensanche.

En general, tales ensanches no ocurrieron, y se dispone así de una especie de tierra de nadie, en esas extensas franjas frontales a la edilicia de numerosas calles con un ancho variable de entre 5 y 8 metros en general y para ambos frentes callejeros, lo que implica disponerse de un espacio que su autor llama del “mientras tanto”, pues está sujeto a un uso final (de ensanche) que no se produjo desde su normatización desde hace varias décadas.

Dado que tales espacios son legalmente reservas que no pueden utilizarse (ni para crecimiento privado ni para espacios públicos), Di Peco entiende que debería pensarse un uso esporádico, táctico y retráctil, para lo cual piensa que sería posible una colonización temporalmente acotada de esos sitios mediante las diferentes alternativas que ha ido generando el llamado “urbanismo táctico”, desarrollado por autores como Cirugeda o Raum Labor y con aportes innovativos como los parklets, pocket parks o la activación circunstancial de baldíos urbanos como los desarrollados en el programa zaragozano llamado “Esto no es un solar”. De tal modo, este ensayo del autor despliega su análisis de dicho urbanismo táctico, así como registra, tipifica y evalúa un conjunto amplio de experiencias sujetas a eventuales consideraciones para posibles aplicaciones en tal colección de espacios urbanos latentes o de oportunidad como esas diversas franjas neutrales normadas para numerosas calles de Buenos Aires.

Las investigaciones socioculturales comprenderían aquellos aspectos que articulan con cierta especificidad arquitectura y sociedad (sobre todo el tema general de la habitabilidad, producción del hábitat para atender necesidades del habitar, housing o vivienda como trama sustantiva de la vida colectiva urbana), así como aquellos que relacionan también con cierta precisión arquitectura y cultura (como las reflexiones sobre las arquitecturas existentes que requieren reconocimiento, relevamiento, ponderación, tratamiento, manejo y conservación como parte relevante para la activación de mecanismos de memoria social y generación de identidad, como conciencia colectiva de pertenencia a un determinado locus geohistórico y, de allí, al acuñamiento de genius loccii).

Esta mencionada dimensión social se asociaría así a la temática general de la habitabilidad o de análisis y producción de componentes del hábitat, y la citada articulación cultural se relacionaría con aspectos ligados a entender las culturas endógenas o propias (en aquellas dimensiones propias de la arquitectura y el urbanismo) y, con ello, a promover estrategias específicas para preservar lo relevante de un asentamiento en términos de memoria e identidad, tales como la llamada “gestión patrimonial” o la promoción de arquitecturas geosituadas y de fortalecimiento de tales memoria e identidad. Este campo genérico de investigación abordaría además el modo de imbricación de las arquitecturas con las artes u otras manifestaciones de las culturas locales.

Este grupo específico de temáticas de estudio obligan a desplegar actitudes e ideologías en torno de la compleja relación entre civilización de la globalidad y la coexistencia de dicha característica reciente propia de la globalización con múltiples formas de culturas locales, nacionales, regionales o urbanas, y en tal imbricación será preciso promover opciones de acogimiento a tal globalidad o bien de actitudes resistentes y críticas a dicho paradigma en torno de favorecer y potenciar las culturas locales.

El ensayo denominado “Aportes teóricos y prácticos de la psicología ambiental para la arquitectura. Primeras aproximaciones para el diseño de espacios públicos” es presentado por la arquitecta y becaria de investigación doctoral (a punto de presentar su tesis en FAPyD UNR de Rosario) Daiana Zamler, como un tramo de su investigación referente a las posibles mejoras al diseño de los espacios públicos urbanos mediante el aporte de conceptos de la psicología ambiental.

Su autora presenta el enfoque de su trabajo de investigación del siguiente modo:

… se asume que la incorporación de conceptos de la PA a la arquitectura, en cuanto campo de formación académica y práctica profesional, facilitaría el diseño de espacios que propicien el bienestar psicofísico. Esta hipótesis se apoya en que, (re)conocer los procesos perceptivo-cognitivos y el intrínseco vínculo persona-ambiente contribuye a reducir el desfase entre el proceso proyectual y la posterior experiencia espacial.

El desarrollo de sus estudios efectúa un pormenorizado análisis de los diferentes aportes recientes de la psicología ambiental en especial referencia a los comportamientos psicosociales relevantes en el uso de los espacios públicos urbanos, y en esa dirección destaca el trabajo conjunto que Zamler logró entablar con Sergi Valera, uno de los mayores expertos actuales de la PA. Más allá de su investigación orientada a establecer el grado de avances y aportes del estado de la cuestión en la relación entre PA y el diseño urbano, la autora correlaciona sus conclusiones teórico-metodológicas en aquel orden con una aplicación empírica consistente a través del trabajo de campo efectuado en dos grandes parques urbanos de la ribera rosarina, cuyo análisis revela detalles de las relaciones entre las características del diseño urbano de estos y la capacidad o aptitud para favorecer o no beneficios psicocognitivos y bienestar general a sus usuarios. Tal análisis, según considera su autora, debería orientar acciones futuras en el proyecto urbano de nuevos equipamientos.

En el artículo titulado “Contenido y alcance del Programa Nacional Producción de Suelo en Argentina”, su autora –la doctora y arquitecta Cintia Ariana Barenboim– presenta los lineamientos y primeros resultados de su aplicación del denominado Programa Nacional Producción de Suelos, que en Argentina constituye la primera iniciativa formal y legal por la cual el Estado ingresa a cumplir un rol en el mercado de suelo sobre todo para facilitar el desarrollo de vivienda social, ya que finalmente se ha aceptado que el suelo constituye un factor determinante en la viabilidad socioeconómica de poder desarrollar políticas públicas de provisión de vivienda a los sectores populares que están virtualmente marginados de acceder a soluciones habitacionales por la vía convencional de los mercados privados.

Barenboim señala que

resulta necesario avanzar en niveles de regulación del mercado e instrumentos para producir suelo urbanizado, con infraestructuras, equipamientos, localización adecuada y accesibilidad a todos. El Estado debe retornar a la planificación territorial, urbana y habitacional como función central brindando respuestas a las necesidades de la ciudad y de los distintos sectores de la población.

Dice la autora sobre esa necesidad de intervención del Estado en la regulación de la producción de suelo urbano que sea accesible a las necesidades populares: “A nivel normativo, en nuestro país no existía de forma explícita una política integral de acceso al suelo urbano, sino que la misma quedaba implícita en las políticas habitacionales y/o en las políticas de ordenamiento territorial”.

Esa necesidad política y orfandad normativa parece subsanarse, según lo desarrollado en este texto, a través del dictado de la Resolución 19/20 del Plan Nacional de Suelo Urbano (PNASU), elaborado en la Subsecretaría de Política de Suelo y Urbanismo del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat, que Barenboim analiza y detalla en el estado actual de sus aplicaciones.

El escrito denominado “Los cuerpos de la violencia: la Argentina en pedazos y la representación de la violencia en la historieta de la posdictadura”, que firma el arquitecto y docente Julián Roldán, revisa en términos generales cómo el cómic o la historieta argentina funciona como un instrumento analítico y representativo de escenas propias de la violencia política en Argentina, en particular durante la dictadura transcurrida entre 1976 y 1983 y en el período inmediato ulterior, siendo este medio discursivo pasible de indagar con relación al rol crítico ejercido frente a tales manifestaciones de violencia.

En el presente escrito –que es un tramo de su investigación doctoral–, Roldán analiza en particular un producto llamado La Argentina en pedazos, en el cual, bajo la orientación de textos de Ricardo Piglia, diversos historietistas convocados por Juan Sasturain construyeron una especie de historia de la violencia sociopolítica argentina y su autor recalca que

era importante contar críticamente la violencia del pasado más reciente en la revista Fierro, pero contenida dentro de una perspectiva histórica, estableciendo una genealogía literaria de la representación de la violencia en el país a través de autores y obras que estuvieran marcados por ella. La Argentina en pedazos, entonces, está atravesada por distintas formas de representar la violencia: mirada críticamente y como relato gráfico. Como marcó Piglia […] se trataba de contar una historia de la violencia en la cultura argentina; este era el eje sobre el que tanto Piglia como los guionistas y dibujantes debían trabajar.

A partir de dicha caracterización general, Roldán aborda “cuatro historietas de la serie: aquellas en donde el modo de mostrar la violencia se presenta de un modo físico”. Puesto que

la potencia gráfica con las que fueron realizadas y la solvencia técnica de sus autores las trasforman en sinécdoques de toda la serie: “El Matadero” y “Los dueños de la tierra”, guionadas por el mismo Sasturain y dibujadas por Enrique Breccia, “Las puertas del cielo”, con guion de Buscaglia y dibujada por Carlos Nine, y “La gallina degollada” […], guionada por Trillo y dibujada por Alberto Breccia.

El autor utiliza “los textos analíticos de Piglia como parte del marco teórico” desde el que trabaja las historietas y al mismo tiempo los toma “como fuente primaria”.

Dentro del encuadre general de su tesis doctoral –la historieta como discurso singular de análisis de la vida urbana, en especial de Buenos Aires, en periodos tensionados por procesos sociohistóricos conflictivos–, este ensayo alcanza a manifestar indicios y resultados de tal orientación investigativa.

El trabajo denominado “La construcción de edificios escolares a mediados del siglo XX en localidades cercanas a Rosario” es presentado por la doctora y profesora de Historia de la Arquitectura en UAI y UNR Analía Brarda como un tramo de su extensa investigación al acceder a un importante archivo provincial de arquitectura pública realizada desde el Estado.

En este ensayo se trabaja sobre equipamientos públicos hechos durante la década de los primeros gobiernos peronistas, revisando el material documental en relación con lo encuadrado en las directivas de los llamados “planes quinquenales”, respecto de lo cual, en referencia al primero de ellos, la autora indica: “… este plan no constituyó un conjunto homogéneo de medidas para encauzar a la nación, pero aunó una serie de proyectos independientes en materia de educación”.

Así también consigna que

entre los temas que surgen de la lectura de dichos planes, podemos destacar la importancia que se le daba a la construcción de infraestructura en todo el país, con una mención particular a la arquitectura escolar ya que se la consideraba como un aspecto fundamental a tener en cuenta para mejorar la educación.

En la dirección de producción de arquitectura escolar fuertemente impulsada en estos años, Brarda señala que

en este período el niño pasó de ser considerado como objeto de la educación a ser pensado como sujeto de ella; esto significó que tanto la teoría pedagógica, como los programas, los horarios, los maestros, el aula, los edificios escolares todo debía estar pensado y adaptado a escala de los alumnos.

La investigación –de la cual el ensayo que comentamos representa un tramo de su desarrollo– se orientó en el desarrollo de los hechos estudiados a partir de acceder a importantes archivos documentales en la dirección de

Volver a mirar la producción escolar local de la década peronista identificando a estos edificios como un conjunto patrimonial que, quizás por su escala o ubicación geográfica, hasta el momento no se los ha considerado con la misma representatividad que otros ejemplos. Por lo cual no habían sido debidamente identificados ni catalogados con valor patrimonial y, por lo tanto, están sufriendo transformaciones o alteraciones, sin un criterio integral de intervención.

De tal manera, la investigación de la que el presente escrito es una muestra intenta, por una parte, reconstruir la realidad histórica (a partir de estudiar un relevante corpus archivístico), pero, por otra, contribuir al reconocimiento y la valoración de aquellas piezas singulares demostrativas de las políticas entonces en curso para reconocer su relevancia identitaria y contribuir a su tutela y manejo patrimonial.


  1. Arquitecto y doctor FADU UBA, y director del CAEAU y del Doctorado DAR.


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