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1 Algunas consideraciones previas, a modo de introducción

La revolución nos recuerda que cierto mundo familiar está caduco.

   

Anne Dufourmantelle

Una atmósfera siniestra envuelve el planeta. El aire del ambiente, saturado de las partículas tóxicas del régimen colonial-capitalístico nos sofoca.

  

Suely Rolnik

La pregunta “qué puede el hospital”, en particular qué puede un hospital nacional especializado en salud mental y adicciones, está atravesada por el problema de la equidad, por la accesibilidad al sistema de salud y por una serie de cuestiones que interpelan desde diferentes lugares: el escenario de la intervención, la expresión de los problemas sociales en sus formas siempre renovadas, el impacto institucional y los desafíos que todo esto implica. Los modelos y estrategias vigentes en los servicios y en las prácticas cotidianas son en gran medida inflexibles, abstencionistas y prohibicionistas. Pensar en cómo cuidar el padecimiento subjetivo y social es una empresa compleja que requiere de trabajo, recursos, política, pensamiento. Implica cuestionarse cómo se entiende el padecimiento en la época, cuáles son los lineamientos para abordar los consumos problemáticos desde una nueva perspectiva, qué aportes teóricos pueden respaldar las prácticas en este sentido.

Los modelos clásicos parecieran no tener capacidad de respuesta, principalmente desde sus fuertes dificultades para incorporar lógicas de índole transversal y flexible. Por otro lado, el consumo de sustancias se inscribe dentro del tipo de problema que, en las últimas décadas, ocupa un lugar diferenciado en las representaciones sociales y en las nuevas expresiones de la cuestión social, dentro de escenarios cada vez más confusos cuyo denominador común son la desigualdad y la incertidumbre. El consumo problemático de sustancias tiene en el imaginario social una presencia fuerte pero “inasible”, ligada a la desesperanza, al presupuesto de que es muy poco lo que se puede hacer y a que el esfuerzo que conlleva no tiene sentido o es en vano. El fatalismo con el que se impregnan muchas veces las acciones institucionales se traslada a las familias y a los sujetos mismos, desde una subjetividad construida en la imposibilidad. Por lo que, al abordar estos temas, estamos ante sujetos que se consideran a sí mismos inviables dentro de una sociedad que, ante el temor, los rechaza o estigmatiza.

La sanción de la Ley Nacional de Salud Mental N.° 26.657 abrió el camino para profundizar un modelo de acción que abordara esta complejidad y las diversas problemáticas presentes en el campo de la salud mental desde una nueva perspectiva. Atendiendo a este contexto, en noviembre de 2012 y a través de la Resolución Ministerial N.o 1809 ratificada por el Decreto N.o 782 de la Presidencia de la Nación, fui nombrada como interventora del entonces llamado Centro Nacional de Reeducación Social (CENARESO). Como primera instancia de la intervención, realizamos un diagnóstico y planificamos una serie de acciones dirigidas a transformar las prácticas clínicas y político-institucionales, que resultó en la elaboración del Plan Estratégico 2013-2015. La denominación misma Centro Nacional de Reeducación Social expresaba un modo de entender la problemática de las adicciones en una clave contraria a la mencionada Ley Nacional de Salud Mental y a la Ley de Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud N.° 26.529. Por ello, en el proceso de transformación se convirtió en Hospital Nacional en Red Especializado en Salud Mental y Adicciones Licenciada Laura Bonaparte”[1]. Esto nos enfrentó con grandes desafíos y responsabilidades que requerían considerar múltiples cuestiones: qué era un hospital público o cómo debía ser; qué decíamos al decir salud pública; cómo funcionaba una intervención en salud pública en nuestra época; qué tipo de prestación debía brindar un hospital con estas características. Había que deconstruir las prácticas manicomiales, asilares y tutelares existentes y su noción de reeducación. Estuve a cargo de dichas transformaciones hasta enero de 2016. Posteriormente, en el año 2020, a través del Decreto 666/2020, fui nuevamente designada interventora general del hospital, con el propósito de profundizar las transformaciones institucionales, pero en especial imaginar nuevas prácticas clínicas e institucionales en línea con los cambios epocales, sociales y culturales y con la singularidad de los sujetos. En esta ocasión, realizamos una nueva lectura diagnóstica y una planificación estratégica colectiva, que se plasmó en el Plan Estratégico 2020-2023.

El objetivo de este libro es, por un lado, dar cuenta de este proceso y exponer la experiencia de transformación institucional del hospital que me fue incumbida en dos oportunidades.[2] Y por otro, a partir de una revisión de los modelos de intervención preventivo-asistenciales en consumos problemáticos, hacer una suerte de evaluación y dar cuenta de los lineamientos teórico-clínicos y asistenciales que promueven el abordaje vincular, desde una mirada cuyo centro de atención no son los “consumos problemáticos” sino la concepción de “presentaciones complejas”. Se pretende entramar la experiencia de transformación con un aporte teórico que promueva la construcción de un nuevo abordaje. De un modo más específico, asumiendo que el ejercicio de una posición ética y de responsabilidad sobre el padecimiento del otro es una prioridad, este libro es una invitación a reflexionar sobre nuestras prácticas como manera de evitar que se naturalicen, que se pierda el sentido de lo que se hace, que la tarea se aborde como Sísifo empujando cuesta arriba una pesada roca solo para dejarla rodar hacia abajo y volverla a empujar, de manera absurda, como bien expresó Camus.[3] Marcelo Percia habla del derecho al poco saber –que no tiene que ver con el saber escaso sino con lo inacabado del saber clínico–,[4] y advierte que cuando nos abrazamos a certezas terminamos casi siempre equivocándonos. Para que eso no suceda, la apuesta desde el hospital es construir un saber entre varios, con otros, colectivo. Este libro busca ser una herramienta que colabore en ese sentido.


  1. La elección del nombre de Laura Bonaparte no fue casual. Laura fue psicóloga, defensora de los derechos humanos. Fue madre de Plaza de Mayo – línea fundadora, y en su práctica abogó por el derecho a la salud integral. Por lo tanto, el nombre pretendió evidenciar un modo de comprender la clínica que pretendíamos incorporar, fortalecer y continuar.
  2. Tratándose de la transmisión de una experiencia de muchos años de construcción, vale resaltar que partes y desdoblamientos de este libro han sido concebidos, presentados y discutidos en diversas instancias. Mencionamos tan solo algunas publicaciones que han precedido a esta: el libro de mi autoría Desde los consumos hacia un pensamiento clínico acerca de las problemáticas complejas (2022) en sus dos ediciones, los artículos publicados en Dispositivos de intervención clínica (2014), ¿Cómo intervenir en las urgencias? (2014), ¿Interdisciplina en la intervención clínica? (2015), los artículos publicados en distintos números de la revista Entreveros y Afinidades y en la revista Kawsay Digital (n.o 4/2, año 2021), en las revistas Responsabilidades (Tribunal de Justicia de Minas Gerais, Brasil, 2015), Entre Manos (2023), Soberanía Sanitaria (año 2, n.° 4, 2018), además de las exposiciones y debates en múltiples conferencias, congresos, jornadas, conversatorios, clases y supervisiones.
  3. Cf. Camus, Albert (2007). El mito de Sísifo. Madrid: Losada.
  4. Percia, Marcelo (2021). Derechos (después de los manicomios). Buenos Aires: Ediciones Licenciada Laura Bonaparte.


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