Lo “interdisciplinar”, si nos detenemos en la estructura morfológica del vocablo a modo de aproximación, surge de combinar lo “inter” –lo que se da entre– y la “disciplinariedad” –que expresa la calidad de disciplina–. Un uso frecuente de “interdisciplina” supone la idea de intercambio entre diferentes disciplinas, algo así como la interacción y el cruzamiento entre estas. En el campo clínico, muchas veces las prácticas terminan siendo “interconsultas” o resultan en cierta superposición de miradas; o bien, desde la clínica tradicional, devienen consultas en las que una disciplina lleva adelante el tratamiento mientras que las otras funcionan ad hoc. Según otras interpretaciones, “interdisciplina” implica intercambios e integraciones recíprocas, promoviendo salir de lo disciplinar y abandonar la especificidad para modificarse en ese proceso. Esta acepción nos lleva a pensar en la asociación de varias disciplinas, integrando distintas reflexiones.
Las propuestas multidisciplinares pueden convertirse en compartimentos estancos, en los que no se alteran los campos y objetos de estudio disciplinario ni lo metodológico. Esto sucede porque se concibe lo interdisciplinario como sinónimo de yuxtaposición de disciplinas diversas, para que cada una proyecte una visión propia y específica sobre un campo determinado. Cada disciplina aporta su visión y todas confluyen en un informe final. Rolando García caracteriza lo interdisciplinar como un abordaje de problemas complejos, que implica un movimiento en el cual las disciplinas deben proponerse la construcción tanto de una conceptualización como de estrategias de intervención comunes.[1] Esta concepción ha sido muy fértil en el campo de las investigaciones, pero genera algunas dudas en la clínica.
En el campo de la clínica psicoanalítica surge otro tipo de definición: la de “práctica entre varios”, vinculada a cierta práctica iniciada en 1974 en una institución especializada en casos severos de autismo y de psicosis en niños y adolescentes. Esta práctica fue desarrollada a partir de un objetivo clínico preciso, sin utilizar el setting del dispositivo analítico como tal. El punto de partida no era buscar la llamada “cura”, desde el lado de la institución o del equipo, sino hacerlo desde el lado del paciente. La “práctica entre varios” responde a una exigencia clínica que parte del paciente. Se basa en el partnership de cada miembro del equipo y de sus respectivas responsabilidades. Su especificidad, afirma Di Ciaccia, es la intercambiabilidad de los miembros del equipo como partenaires del sujeto que sufre, la cual depende estrictamente de la clínica del sujeto en cuestión.[2] Esta propuesta teórica devino en herramienta para el abordaje de lo interdisciplinar en la intervención clínica.
Pensar la intervención clínica interdisciplinaria como práctica especializada en situación implica ampliar la mirada e ir más allá del problema en sí. Se trata, por eso, de revisar el sentido de las intervenciones, de escuchar las prácticas y de repensar el encuadre y los escenarios posibles, con el otro, con la palabra y con los silencios necesarios. Desnaturalizar las maneras habituales de mirar, nombrar y hacer nos lleva a preguntarnos por las prácticas de intervención, a cuestionar las posiciones que ocupamos, a examinar los sentidos que circulan, a reflexionar acerca de nuestros discursos y de los modos de acercamiento a situaciones particulares. En síntesis, a buscar nuevas significaciones.
Hablar de intervención interdisciplinaria implica una modalidad de acercamiento para producir conocimiento, para captar movimiento. Lo que se intenta es interrumpir un “hacer” preconcebido y acostumbrado, para concebir a las instituciones como territorios inacabados y a la clínica como proceso dinámico. Se trata de ejercer un cambio en la mirada que se hace de la situación: leer los fenómenos de una manera distinta. Pensar en la intervención clínica interdisciplinaria nos lleva por un territorio conocido pero nuevo a la vez. Por eso, es necesario delinear nuevos mapas para las exigencias que la clínica actual impone. La presentación de los pacientes, cada vez más compleja, exige responder interdisciplinariamente.
Desde nuestra perspectiva, la intervención interdisciplinaria resulta de un cambio de posición en relación con la complejidad de la práctica. El campo de intervención, en este sentido, debe acotarse a la situación, centrarse en la posición subjetiva del paciente. Así, el cambio queda ligado a la posición de los actores, a su posibilidad de mirada y de relación con lo que se recorta de la intervención en el dispositivo clínico. Es indispensable que el equipo tratante no se limite a dar información, sino que cree un espacio en el que en lugar de hacer una lista de dichos para objetivar, se hable sobre el paciente. La palabra tiene la oportunidad de devenir en acto solo si se trata de un decir responsable. El trabajo del equipo interdisciplinario tiene la función de orientar el tratamiento hacia la cura, sin borrar la subjetividad del otro.
- Rolando García (1994). Ciencias sociales y formación ambiental. Barcelona: Gedisa/UNAM.↵
- Antonio Di Ciaccia (2003). “A propósito de la práctica entre varios”. Conferencia en las Jornadas de estudio sobre el psicoanálisis aplicado del Programme International de Recherche sur la Psychanalyse apliquée d’Orientation Lacanniene (PIPOL), promovidas por la Fondation du Champ Freudien/École de la Cause freudienne, París, Francia.↵








