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Balance y conclusiones

El Paraguay comenzó hace más de treinta años un proceso de políticas de la memoria, como parte de las políticas de reparación histórica. Dicho proceso se realizó bajo el supuesto, como en muchos países de la región, de que el fortalecimiento de la democracia necesita de un ejercicio constante de reconocimiento del pasado, de visibilización de las prácticas que la erosionaron, las ideas que la resquebrajaron. El escritor, novelista, periodista y dramaturgo paraguayo Alcibíades González del Valle (AGV), como hemos visto, ha realizado un trabajo de rememoración del pasado de su país como pocos pensadores lo han hecho, tanto por la interdisciplinariedad desde la cual ha trabajado (periodismo, novelística, ensayo, historiografía, dramaturgia) como por la longevidad y trayectoria de su desarrollo. Los soportes a partir de los cuales ha construido sus imágenes son de los más diversos y amplios que se pueden encontrar en el Paraguay, pero así también de los más profundos. A partir de su lectura, nos propusimos indagar sobre las principales representaciones que remiten a la vida cotidiana, la cultura popular y el imaginario social, y por ello nos hemos adentrado en las imágenes, estereotipos, miedos, ideas, sueños y pesadillas, etc., que el dramático ciclo de gobierno del dictador Alfredo Stroessner logró imprimir en el imaginario del Paraguay, hilvanando por intermedio de una orfebrería narrativa, un recorrido por la opresión, el vacío, la angustia.

Partiendo de un concepto historiográfico como es el de memoria histórica, observamos que no podíamos quedarnos con la dimensión de una operación meramente intelectual, de discurso crítico, sino que debíamos identificar elementos que hablen del aspecto social, informal, que, aunque se nutre de todo un proceso de instrumentación política, legitimante y conmemorativa, consolida representaciones que muchas veces difieren del discurso oficial. En un caso de estudio tan particular como el Paraguay, el cual ha desarrollado desde el Estado una serie de visiones canónicas de su pasado que fueron impuestas “desde arriba”, hemos visto que el proceso dictatorial que analizamos no sólo no escapó a esos dispositivos, sino que se valió de ellos a partir del eximio Juan Emiliano O’Leary (1879-1969), el gran historiador de cuño nacionalista más importante de la historia del Paraguay.

Alcibíades González del Valle a partir de obras como Contra el olvido, la vida cotidiana en los tiempos de Stroessner, Yo, Alfredo Stroessner y Un viento negro explicita la lógica interpretativa de Stroessner, mostrándonos la articulación de políticas de adoctrinamiento y represión, conjuntamente con la ritualística y el temprano culto a la personalidad. Ese sistema poseía una vocación de control total, como se refleja en el inventario de los grafitis y las inscripciones en el espacio público. El sistema represivo formal, duro, tuvo un particular ensañamiento en el campo, donde el régimen podía encontrar complejas resistencias, como las conocidas Ligas Agrarias Cristianas referenciadas en su novela y en las obras historiográficas.

A partir del estado de sitio, inicialmente con carácter preventivo y por un tiempo limitado, el gobierno buscó “ordenar” el caos social. Pero finalmente, con la ayuda de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, desfiguró esta herramienta constitucional hasta hacerla “irreconocible”, imponiendo inmovilismo cultural y un ruidoso silencio del debate político, evaporando la idea de “opinión pública”. El gobierno no identificaba estas políticas como excesos, ya que, aunque generaba una “mala imagen” hacia afuera, ese control social permitía proteger a “los hombres y mujeres de bien” de los conspiradores, pilar fundamental de los “mitos fundacionales” del orden stronista, el cual ya se expande en los carteles y mensajes a lo largo y ancho del país, por las rutas y caminos, como un lema nacional desde temprano: “Paz y progreso con Stroessner”.

Este elemento no es menor, ya que en la construcción de una serie de “memorias emblemáticas”, como las llama Stern, la consolidación de una pax ordenada y perdurable fue un elemento positivo para un sector de la sociedad que reivindicará al régimen, mientras que, como vimos, y sobre todo desde las imágenes que trabaja AGV, para otro sector ‒mayoritario, popular, masivo‒ ese esquema será tan sólo la fundamentación de una serie de dispositivos de control y represión. Con el objetivo de terminar con la anarquía, corregir el sistema político, erradicar la corrupción y superar el subdesarrollo, el “orden” así entendido era el paso inicial de una serie de peldaños sucesivos y concéntricos.

El culto a la personalidad de Stroessner era, entonces, tanto de una devoción oficial obligatoria como una muestra de fidelidad a la patria, es decir, no sólo al líder, donde no podía faltar el calendario litúrgico de las diversas fechas que poseían algún significado en su figura, casi tan importante como las efemérides patrias. Así como muchos sentían la obligación y el compromiso de participar de las adulaciones, por miedo a ser vistos como parte de la resistencia o por temor a que se los identifique como poco leales”, muchos otros se acercaban por el impacto mismo del símbolo, por lo convocante de la grandilocuencia de la figura del dictador, centro neurálgico de la vida social de todos los paraguayos.

Como líder total y garante del sistema político, Stroessner realizó una simbiosis con el partido, con el Estado, con el gobierno y con la misma patria, identificando su figura con la razón superior del nacionalismo. Traicionar al líder era lo mismo que ser traidor a la patria y sus valores. Y obviamente, los emblemas nacionales se identificaron con los emblemas del partido. Por ello una gran mayoría de los “profesionales de la inteligencia” sufrieron el destierro durante el stronismo, y con él una serie de vicisitudes que se transformarán en hábitos compartidos. Entre ellos también gravitará, a modo de rumor, la idea de que el dictador podría expandir sus tentáculos hacia los países limítrofes, como un señor de poderes elásticos de control y represión por afuera de su soberanía real. Para los que tuvieron que permanecer en el Paraguay, la cultura del miedo educó y adoctrinó más que el aparato educativo, y así también impregnó sensaciones que, una vez caído el régimen, sería difícil de erradicar. Como un nuevo karaí guasú del siglo XX, Stroessner reivindicará las figuras personalistas que lo antecedieron, y que, según él, demostraron la necesidad de un “hombre fuerte que ordene, depure y organice la sociedad. Si Gaspar Francia hizo una cirugía social basada en cierto socialismo autárquico aislacionista, AGV demostrará que el karaísmo de Stroessner tomará las riendas de un laboratorio donde la lucha contra el desorden y el comunismo serán los ejes principales.

La incompleta transición democrática del Paraguay no fue dócil para deconstruir muchos de los supuestos del stronismo. Aunque con notables avances y políticas de memoria histórica, un sector de la cultura oficial resistió el revisionismo crítico, y mantuvo conceptualizaciones y visiones muy alejadas de las políticas de reparación.

En ello también reside la audacia de AGV. El haber emprendido una tarea en la que sabía que tenía mucho para perder, y muchos a los que incomodar. Esa tarea la desarrolló con el dispositivo de analizar por dimensiones particulares la vida cotidiana, donde el culto al dictador, la libertad (en la prensa y la cultura), el poder duro (Departamento de Investigaciones) y el poder blando (usos y costumbres del exilio) nos permiten construir un esquema completo de todo el aparato stronista. Así como el Departamento de Investigaciones está representado en la obra alcibidiana, el poder blando también es evocado. Por intermedio de la afectación de la conducta de los paraguayos, como demuestra AGV, el gobierno tuvo herramientas claras y contundentes para ayudar en el control de las voluntades.

Desde una mirada panorámica, se observa una “memoria sistema” porosa y penetrante, que se transfiere a los hábitos, las prácticas sociales y la percepción del entorno político. Se identifica una regulación de las conductas, que se evidencia, por ejemplo, en el despojo voluntario de ciertas prácticas sociales y en el vaciamiento progresivo de los canales de expresión informales, produciendo efectos concretos sobre los sujetos y la vida de relación.

Las representaciones sociales que emana este contexto cumplen una función de “explicar” la realidad según la doctrina de control imperante, guiando las prácticas y justificando los comportamientos deseables, y configurando valores que logran circular.

Iniciativas notables como el Museo MEVES permiten analizar la multiplicidad y la contundencia de las herramientas que tuvo el gobierno de Stroessner para permanecer durante tanto tiempo controlando el Paraguay. Y trabajos como el de AGV nos permiten comprender las angustias de todo un país durante aquellos años. Incluso, con los matices literarios y los recursos narrativos que AGV posee, podemos llegar a “oler el miedo” de un período tan oscuro.



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