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3 Representaciones de la dictadura
de Alfredo Stroessner y las dimensiones de la memoria en la obra de AGV

Stroessner bebió y asimiló como ningún otro dictador los preceptos absolutistas de su gran maestro Gaspar Rodríguez de Francia, no puede olvidarse que fue él quien mostró a sus seguidores, los dictadores latinoamericanos (…) las fórmulas para la conservación de esa especie tan dañina para nuestras democracias.

   

Augusto Roa Bastos

¿Dónde está la luz? El culto al dictador y los poderes del Departamento de Investigaciones

El poder blando: la apoteosis del hombre grande

Decíamos anteriormente que entendemos el poder blando desde la definición de Joseph Nye, quien observaba que dentro de las diversas maneras en las que puede afectarse la conducta de otros (coacción, inducción o atracción/cooptación), se puede observar una diferenciación entre poder duro y blando, la cual radica en la naturaleza de la conducta, la tangibilidad de los recursos y los mecanismos utilizados. El poder blando denota, entonces, la habilidad de afectar la conducta de otros, sobre todo a partir de recursos intangibles. Pero así también ‒y este es el punto que más nos interesa‒ posee la característica central de ser más difícilmente erradicable, es decir, desmontarlo implica un trabajo más complejo una vez desaparecido el aparato gubernamental, dado que permanece en el imaginario colectivo, permeando profundamente las representaciones sociales. Justamente, un elemento importante que observamos en la obra de AGV es que nos permite identificar la permanencia de una memoria anclada en la ambientación social stronista con amplia vitalidad en el presente, incluso en años tan posteriores a la caída del régimen, particularmente visiones sobre el líder, el poder, la sociedad y el mundo, que cuestan mucho ser deconstruidas. En este punto, el culto a la personalidad implementado por la dictadura fue fundamental, ya que logró consolidar una serie de representaciones sociales desde los tentáculos informativos y represivos del líder.

Paradójicamente, una de las primeras referencias al “culto a la personalidad” ‒o culto a la persona‒ se dio en esos términos a partir del proceso de desestalinización en la antigua Unión Soviética, en particular cuando Nikita Jrushchov en su famoso discurso del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1956) realizó una contundente crítica a la propaganda oficial dirigida hacia la persona de Joseph Stalin, en la cual dejó en claro, justamente, la diferencia entre la “simple” propaganda y el culto personal. Es decir, la propaganda como referencia a un gobierno o sistema en general, y el culto a la persona como una manera de irradiar una visión sagrada de un líder, una figura política, por lo general carismática. Esta práctica se observa a lo largo de la historia más a menudo en gobiernos totalitarios, por ello la paradoja de que lo denuncie un régimen que incurriría en dichas prácticas en poco tiempo.[1]

En el caso particular del Paraguay, es atendible observar la apreciación sobre el culto a la personalidad de Stroessner que se refleja en el informe final sobre la dictadura que elaboró la propia Justicia paraguaya como balance sobre el régimen. Para ello es importante recordar que se creó un informe de la verdad bajo el nombre de Informe final de la Comisión de Verdad y Justicia, una obra magna sobre la temática de ocho frondosos tomos. Dicho informe fue realizado, como en otros países de la región, por una Comisión de Verdad y Justicia (CVJ) creada por Ley de la Nación n.° 2225/03,[2] con el fin de investigar todos los hechos violatorios de los derechos humanos ocurridos en Paraguay desde 1954, pero no hasta 1989, año de la caída del régimen, sino hasta 2003, ampliándose a los sucesivos gobiernos democráticos, la mayoría de ellos pertenecientes al coloradismo.[3] La CVJ realizó todo el trabajo desde octubre de 2004 hasta agosto de 2008, bajo la presidencia del obispo Mario Melanio Medina. Conjuntamente con el Museo Virtual, se creó el Museo de las Memorias,[4] el cual se instaló en Asunción en lo que sería la antigua sede de la temible Dirección Nacional de Asuntos Técnicos (DNAT), organismo creado, como podía esperarse, con el apoyo financiero y logístico del gobierno de EE. UU. El espacio del museo fue declarado “Sitio Histórico y Bien Cultural de la República”, y cedido por convenios a la Fundación Celestina Pérez de Almada y a la Mesa Memoria Histórica. Dicho museo funciona allí desde el 25/12/2005, y con los años ha desarrollado una intensa agenda educativa en historia reciente del Paraguay, con estudiantes y profesores secundarios y universitarios.[5]

A partir de este informe, y con un gran sentido pedagógico y didascálico, se creó un portal electrónico y museo virtual desde el cual acceder de manera rápida y ordenada a todo el material. Dicho portal es el MEVES, el cual cuenta con un buscador para acceder de forma ordenada a capítulos y secciones especiales de cada libro.[6] Según el propio portal, se busca con el museo MEVES (Memoria y Verdad sobre el Stronismo)

promover los valores democráticos a través de la difusión del Informe de la Comisión Verdad y Justicia. (…) difundir y recrear las conclusiones del informe de la Comisión Verdad y Justicia, a través de una plataforma multimedia en internet que facilite el conocimiento sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas durante 35 años por la dictadura stronista.[7]

El sitio también cuenta con una línea de tiempo que realiza un recorrido histórico entre los años 1951 y 1989, periodo que abarca la última dictadura sufrida por el Paraguay en su historia reciente. En el inicio de dicho recorrido, se hace especial referencia al “culto a la personalidad” del líder, donde se especifica que “por la fuerza y la prensa, buscaban afirmar la lealtad al ‘único líder’, con un culto a la personalidad de Stroessner donde no podía caber nadie más”. [8] Con la categoría de “único líder”, el informe precisa que se refiere al siguiente lineamiento que siguió el gobierno:

Desde el inicio del largo periodo dictatorial, los incondicionales al régimen ensalzaban su figura y atributos como hombre y militar. El dictador era conocido como “único líder”, “segundo reconstructor de la República”, “primer deportista” y “genial y artífice de la paz”. Este culto a la personalidad excluía la posibilidad de liderazgo de otros caudillos colorados y menos de otros partidos.

Toda esta diatriba se reforzaba, por ejemplo, con la evocación de su natalicio (se lo conocía como “la fecha feliz”),[9] y una fuerte articulación plenamente complementaria con una prensa oficial “al servicio de la propaganda”, donde, por ejemplo, la radio cumplió una labor fundamental,[10] como veremos en el apartado siguiente. A partir de estos elementos, podemos inferir que también se incurrió en la producción de objetos de culto (retratos y bustos de Stroessner, tanto de civil o con uniforme en edificios y espacios públicos como instituciones bancarias, plazas, escuelas y despachos, etc.), lugares públicos con su nombre, monedas, cuadros, etc. Como hemos dicho, Stroessner no diferenciaba la esfera “privada” y la “oficial” de la organización política, considerando la administración política como una “cuestión puramente personal del soberano”.

Nuestro pensador AGV (2015) nos dice en especial con referencia a la “fecha feliz” que, conforme se afianzaba el régimen, crecía el número de personas que se asociaban al día, volviéndose obligatoria la participación en las evocaciones y toda la parafernalia ritualística que acompañaba al “cumpleaños” del mandatario. Destaca AGV que se volvía una acusación temible el escuchar “no te he visto en Mburuvichá Rogá”.[11] Era una represión psicológica, como forma indirecta de tortura, consecuencia de la represión física. Como nos dice José Carlos Rodríguez (2014), “guay del que faltara”, porque nadie estaba seguro en la “cercanía severa” de mi general. De la misma manera, haber sido visto en las evocaciones se volvería progresivamente en un elemento de ascenso en la consideración de los jefes. Cuando esas personas se acercaban con sus familias, se encontraban con que el líder los agasajaba con regalos, golosinas, juguetes para los niños, algunas veces comidas. Obviamente todo con el presupuesto del Estado.

AGV destaca un dato interesante en cuanto a la conjugación de la figura del líder, el “calendario” oficial, el culto a su persona, el Estado, el territorio: el 3 de noviembre, fecha del natalicio de Stroessner, era aprovechado por las instituciones del Estado, las casas comerciales, empresas industriales, etc., para publicar avisos en la prensa en homenaje al dictador, ese mismo día se utilizaba para “habilitar obras públicas que estaban en espera” (incluso varios meses antes de esa fecha), y también en el barrio que lleva el nombre del dictador, en la apoteosis del culto a la personalidad, se congregaban multitudes para saludarlo:

Más personalidades civiles, militares, extranjeras, amigos personales, son recibidos después en el Palacio de Gobierno. Como en situaciones parecidas, Stroessner agradece con dos o tres frases relativas a la buena marcha del país, a la perspectiva de mejores días y las bondades del Altísimo (AGV, 2015, 39).

La gente, las empresas, el Estado, el territorio, el funcionariado encuentran en el 3 de noviembre el momento axial para rendir cuentas sobre la lealtad y demostrar públicamente el nivel de compromiso para con el líder. Esto no implicaba que todos aquellos que se acercaban a la casa presidencial lo hacía bajo presión, ya que, justamente, la conformación de toda una estructura propagandística de culto a la personalidad nutría de un cúmulo de imágenes y sensaciones en la población que generaba cierta atracción o encantamiento, por eso la referencia que hacemos al poder blando, implicado de manera complementaria con la lisa y llana represión. El culto a la personalidad de Stroessner fue parte de una devoción oficial obligatoria, donde no podía faltar el calendario litúrgico de las diversas fechas que poseían algún significado en su figura y, obviamente, el natalicio tenía una connotación especial. Así como muchos sentían la obligación y el compromiso de participar de las adulaciones, por miedo a ser vistos como parte de la resistencia o a que se los identifique como poco leales, muchos otros se acercaban por el impacto mismo del símbolo, por lo convocante de la grandilocuencia de la figura del dictador, centro neurálgico de la vida de los paraguayos. Este procedimiento es lo que José Carlos Rodríguez (2014, 18) llama el “molde cultural stronista”, un “amoldarse” a un esquema de normalidad oficial, “no comprometerse con ninguna disidencia”, no arriesgarse. El que se amoldaba, no corría peligro. La pax stronista era eso. En otras palabras, no toda la represión se realizaba por intermedio de elementos violentos o coercitivos, sino que la represión que se implementaba desde la cultura, los medios, la ritualística social era captada y asimilada muchas veces sin resistencia.

Aníbal Orué Pozzo (2023, 196) en un estudio muy reciente busca desentrañar la construcción imaginaria y las representaciones del Stronismo, en particular de los que realizaron sus propios intelectuales y propagandistas desde 1960. Observa que, en ese proceso que se inicia en los años del golpe, en los sesenta se profundiza, expandiendo un aparato propagandístico “en el plano simbólico y en el de la construcción de subjetividades”. Observa Orué Pozzo que dicho aparato buscaba construir la imagen de un gobierno de “equilibrio”, como aquel que impulsa el progreso, que viene “para terminar con la anarquía liberal y el caos colorado-natalicista”. Se repite en sus diatribas la idea de equilibrio, paz interna, fin del caos y la anarquía. Toda esa construcción posee, siguiendo con Pozzo (2023, 198) tres mitos fundacionales, los cuales, aunque se desarrollaron en diversas etapas y con diverso grado, consolidaron lineamientos interpretativos:

  1. Stroessner y su gobierno, como aquel que viene a traer equilibro, desarmando la anarquía, pacificando espiritualmente.
  2. Stroessner y su gobierno como aquel que estabiliza económicamente el país.
  3. Stroessner y su gobierno como aquel que trae la unidad al interior del Partido Colorado.

Lo interesante de este autor, y la vinculación con el marco interpretativo de AGV, es que para Orué Pozzo (2023, 241) aunque el stronismo no fue una máquina perfecta, sí logró conformar grandes defensores, tanto intelectuales como divulgadores “que se encargaron de construir esos mitos”, pero además, logró que trasciendan hacia afuera de los límites partidarios y políticos. Observa el autor que una notable “porción importante de investigadores y estudiosos extranjeros” de la realidad paraguaya sigue asumiendo ese discurso y “comienza a reproducir esta narrativa stronista sin profundizar en los discursos y sus construcciones”. Por eso, culmina que “a esta altura creo que resulta ya insustentable pensar al stronismo solamente como una máquina represiva exclusivamente (la cursiva es nuestra)”.

Por lo tanto, retomando nuestras palabras, queda claro con este ejemplo que el régimen, como lo ilustra AGV, logró expandir imágenes y relatos que se absorbieron a lo largo de muchos años, inoculando la crítica objetiva. Bajo un auténtico convencimiento de la mejora del país, el dictador expandió esa idea, implementando una lectura hasta grandilocuente de su gestión. AGV en la novela Yo, Alfredo Stroessner lo hace reflexionar al dictador en esta cosmovisión:

Al finalizar los años setenta el Paraguay estaba ya en pleno desarrollo económico y social como nunca en su historia. La estabilidad política, junto con la estabilidad económica, las obras de infraestructura pintaron el país de un nuevo paisaje de paz y bienestar. Escuelas, colegios, universidades, centros técnicos, transformaron la mente y el corazón de la niñez y la juventud (AGV, 2015, 143).

En Un viento negro se observa cómo la gestualidad de Stroessner, evocada desde la pantalla televisiva luego de su caída, era rememorada por sus víctimas. La parsimonia de sus gestos y sus lentos ademanes eran observados con una detención expectante por parte de todos los que lo acompañaban siempre. A sus colaboradores los trataba con “ostensible indiferencia”, dirigiéndoles la palabra en muy raras ocasiones, al menos en público (AGV, 2014, 79), lo que agigantaba la idea de un ser inalcanzable, un hombre indescifrable, un líder inmutable.

El régimen logró entonces gobernar no sólo con la represión. Consiguió expandir una imagen de soberanía omnipresente, de un poder que lo atraviesa todo, de un hombre único que lo custodia todo, que controla cada movimiento que sucede. Si Gaspar Francia había derribado los árboles para “poder observar todo”, en palabras de Roa Bastos, como el pilar individual de un panóptico rústico del siglo XIX, entonces Stroessner había derribado simbólicamente los límites que suponen los edificios, las construcciones, y se dilataba vaporosamente a través de los cuerpos, obligando a la población a que “huela el miedo”, que lo perciba permanentemente:

En las casas hay miedo, oscuridad, silencio. En la calle tampoco nada se mueve. (…) Solo el zumbido del viento se escucha jugar en la ranura de las puertas y las ventanas. La quietud prende en el ánimo de la gente una extraña sensación de miedo. No saben qué exactamente, pero aguardan que algo suceda. Les impacienta el sosiego exterior que amplifica la respiración entrecortada o los comentarios susurrados en la cama o en la cocina (AGV, 2015, 103).

El poder duro: los “Archivos del Terror” y el sistema represivo

Se conoce como “Archivos del Terror” a un conjunto de importantes documentos oficiales referidos a la represión policial en Paraguay durante el período de la dictadura de Alfredo Stroessner. El acervo consta de 300 metros lineales de documentación producida entre 1930 y 1992, y en particular, posee muchísimos documentos vinculados al período stronista hasta el fin del gobierno, incluso a sus últimos días. El CIPDH[12] define este archivo como un “fondo documental” importantísimo, por el hecho de contener fichas prontuariales, declaraciones indagatorias de detenidos, libros de entrada y salida de presos, información de inteligencia tanto de personas como de organizaciones, información sobre los guardias policiales, cintas de audio de diversos controles realizados, fotografías tomadas por la policía, muchos materiales bibliográficos secuestrados en los allanamientos domiciliarios, entre otra documentación.[13] Este material documental fue incautado en un procedimiento judicial realizado el 22 de diciembre de 1992, y todo lo encontrado corresponde al famoso Departamento de Investigaciones de la Policía, como así también a la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos y al Ministerio del Interior del Paraguay.

Al poco tiempo de descubrirse este archivo, rápidamente se publicó un trabajo de relevamiento por parte del Centro de Documentación y Estudios (CDE) que sería muy reconocido, la obra de Boccia Paz, González y Aguilar (1994) bajo el título de Es mi informe. Los archivos secretos de la policía de Stroessner, con un prólogo de Augusto Roa Bastos, quien lo catalogó como “el arca santa, el tabernáculo demoníaco hecho a imagen y semejanza del régimen”, siendo para el consagrado escritor, los documentos “de la depravación demencial” de la dictadura, el verdadero “libro negro” de Stroessner (Boccia Paz, González y Aguilar, 1994, 7). Cuando se cumplieron veinte años de la edición de la obra, AGV publicó un artículo en ABC Color, medio en el que trabajó toda su vida y con el que tuvo un particular ensañamiento Stroessner, donde detalla que gracias a ese informe fue posible que muchos de los torturadores sean condenados, ya que si no fuese por ese “milagroso hallazgo”, no se habría podido probar con suficiencia las violaciones a los derechos humanos de políticos, líderes sociales, obreros, artistas, intelectuales, sacerdotes, estudiantes, etc. Pero también esta documentación fue determinante, en palabras de AGV, para lo siguiente:

Esos documentos sirven también para desmentir a gritos la mentira reiterada de los estronistas, según la cual el dictador no se enteraba de lo que pasaba. Estaba perfectamente al tanto desde el momento en que recibía los informes de la Policía y de las Fuerzas Armadas, tal como podemos apreciar algunos de ellos en el libro mencionado, cuya sexta edición nos habla del interés de la ciudadanía por nuestro pasado reciente.[14]

Para AGV este informe nos permite conocer en mayor detalle el aspecto que nos interesa particularmente acerca de la memoria histórica del Paraguay sobre aquel tenebroso proceso, es decir, la vida cotidiana, el día a día, como lo dice el autor. Así también, es importante que en el propio informe aparece referenciado uno de los casos de la violencia ejercida sobre el mismísimo AGV, cuando en el capítulo 7 se desarrolla lo que los autores llaman “La violencia dosificada, la corrupción desenfrenada”, sobre el ciclo final de la dictadura, donde se explica el cierre de ABC Color por parte del gobierno, el apresamiento de su director y la detención durante tres meses de “el periodista Alcibíades González del Valle” (Boccia Paz, González y Aguilar, 1994, 368).

En la novela Un viento negro, AGV logra darnos impresiones de cómo la represión dura que describe el informe citado y los poderes blandos diseminados por el gobierno se complementan. Por ejemplo, por intermedio de la educación oficial, se complementaba la represión física cotidiana con mensajes que agigantaban el derrotismo de la resistencia y la impotencia de la oposición. Yussef (2020, 183) en su análisis sobre el carácter testimonial de Un viento negro, remarca lo siguiente:

En los testimonios de Un viento negro, se observa los diferentes tipos de la represión política. El autor pretende mostrar al lector cómo podía el régimen dictatorial paraguayo mantener el poder a lo largo de muchos años. Una de las herramientas represivas de la dictadura es la educación oficial y el control sobre el sistema educativo. Es uno de los medios represivos tradicionales en todas las dictaduras del mundo: La política educativa tiene dos aspectos que aparecen de manera entrelazada pero que a efectos del análisis es necesario distinguirlos para luego poder integrarlos. Por un lado, está la dimensión represiva en el plano ideológico, que apuntaba a destruir todas aquellas expresiones organizativas que trabajaban en el plano de las ideas. (…) El enfoque principal de la educación oficial es ajeno a las ciencias relacionadas con la comunidad campesina. La educación oficial se concentraba más en mejorar la imagen del dictador y en controlar la mentalidad de los niños y los contenidos curriculares (…)

La estructura represiva directa, o poder duro como lo llamamos, fue muy eficiente durante el stronismo. Hay un consenso general de los estudiosos del régimen sobre el despliegue que consiguió Stroessner con su aparato de control, en términos duros, en particular a partir de la llegada al Ministerio del Interior en 1956 de Edgar Lineo Insfrán, verdadero “arquitecto” del aparato represivo, en palabras de Boccia Paz (2014, 37), quien también aparece citado como “arquitecto del sistema” en el estudio de los “Archivos del Terror” citado (Boccia Paz, González y Aguilar, 1994, 36). De este informe se desprende cómo el aparato de control tuvo una “atención prioritaria” por parte de Stroessner, puesto que le dio jerarquía institucional y lo modernizó bajo la tutela de Insfrán, quien además le otorgó una importancia superlativa “a los informes provenientes de fuentes particulares y extrapoliciales”, hasta el punto de crear una Dirección de Asuntos Confidenciales. Este hombre fue quien ubicó en espacios clave de la estructura policial a personajes muy particulares, que no tuvieran escrúpulos al momento de sacar información a los detenidos, e interrogar de manera violenta y despiadada. Entre ellos se destacan Ramón Duarte Vera (Jefatura de Policía), Erasmo Candia y Alberto Planas (jefes del Departamento de Investigaciones, sucesivamente) y Víctor Martínez (Dirección de Asuntos Políticos). Este grupo caería en desgracia más tarde, a partir de 1966, pero hasta ese momento y bajo el liderazgo del temible Insfrán ‒auténtico cerebro violento del gobierno‒ fueron quienes organizaron la sistematización del aparato represivo, tanto en la metodología de arrestos, golpes violentos en enclaves urbanos y rurales, como también en los dispositivos de desapariciones forzadas (Boccia Paz, González y Aguilar, 1994, 37-39).

Insfrán, como era de suponer, aparece representado en Yo, Alfredo Stroessner como hombre de respuesta rápida para los requerimientos del dictador. AGV lo sitúa como herramienta indispensable de la represión, la cual es justificada cuando se identificaban “actividades políticas disfrazadas de huelga”. En la novela, el propio Insfrán le advierte al dictador que se estaba desarrollando una “vasta conjura de las fuerzas coaligadas de los tradicionales enemigos de nuestro partido: liberales, febreristas, comunistas” (AGV, 2011, 105). Stroessner, en palabras de AGV, entiende a partir de los informes de la policía que los conspiradores además tienen lazos con activistas en el Río de la Plata, y que organizan radios clandestinas y actividades ilícitas.

Así como lo detalla en sus obras historiográficas, AGV también deja detalles de los modelos represivos en su novela Un viento negro, donde se infiere a partir del clima opresivo que todas esas metodologías citadas están vigentes y activas, incluida la temible desaparición forzada, como es el caso del personaje Reinaldo Benítez, quien tomado de su casa por la policía aparece muerto con signos de violencia física y tortura. Como analiza Yusef (2020), en Un viento negro aparecen ambientados también los diferentes tipos de tortura utilizados por las autoridades contra los encarcelados, lo que permite entender el carácter opresivo de la lectura de esta obra, cruda y explícita. Se representan a lo largo de la trama tanto el hecho de apagar los cigarrillos en los genitales de las víctimas, golpear a los presos levantados cerca de la pared en el patio por horas, con la orden de no moverse ni un centímetro, como también el siniestro uso de “la pileta” (mezcla de golpes y sensación de ahogo), la compresión de los genitales, los golpes a los oídos, etc. Todas estas torturas dosificadas a lo largo de los primeros capítulos.

Esta crudeza es explícita. En el capítulo primero, por ejemplo, cuando describe una sesión de tortura a Blas Arzamendia, con el fin de que el protagonista “delate” a los conspiradores que están orquestando el caos en contra del gobierno, narra la pulcritud de uno de los torturadores, llamado Saturnino Benitez, quien se desviste cuidadosamente y con calma antes de proceder a golpear y hundir en la pileta a su víctima. En ese episodio, explicita AGV cómo se hace insoportable “el silencio y la expectación” previos a la tortura, cuando saben las víctimas que están por ser torturados, pero la sesión parece no comenzar nunca, elemento que es común en muchos relatos de víctimas de la tortura en la región. Incluso, narra la novela, las víctimas tratan de no hacer enfadar a los torturadores para no empeorar las cosas, cosa que sí ocurre en la sesión de Arzamendia, ya que su verdugo “pierde la calma” (AGV, 2014, 48-49) y desata toda su ferocidad sobre la víctima. Era toda una representación de la soberbia del criminal impune, de aquel que sabe que nada ni nadie podrá juzgar sus actos, ya que actúa desde un vacío legal que le permite sus excesos fuera de todo límite. Como bien nos dicen Farina y Boccia Paz (1989, 107-108), en contadas ocasiones el aparato represivo recurría al sistema penal, y las detenciones se llevaban adelante, cuando eran por causas políticas, sin ningún tipo de orden judicial.

Asimismo, otro elemento llamativo reflejado en esa novela, y que demuestra las numerosas singularidades del Paraguay que lo diferencian notablemente de lo que ocurriera en el resto de los países del Cono Sur, es que, por ejemplo, la represión estuvo prácticamente institucionalizada en la policía de la capital, no fue llevada adelante por parte de las Fuerzas Armadas, como sí ocurriera en la Argentina, Bolivia, Chile, etc. Además, y este es un elemento que habla del control social “blando” ejercido por Stroessner en complemento con la represión “dura”, las detenciones y torturas no se realizaban en centros clandestinos (CCD en la Argentina), sino en dependencias del Estado, a cara totalmente descubierta. Por ello podemos ver que el Museo sobre la Memoria al que hemos hecho referencia se encuentra a sólo unos pocos metros del centro cívico de Asunción, donde se encuentra quizás el Axis Mundi de la historia paraguaya, el Panteón de los Héroes al que hemos hecho referencia.

El sistema represivo formal, duro, tuvo un particular ensañamiento en el campo, como veremos, donde el stronismo podía encontrar complejas resistencias. Por ello fue tan brutal la represión a las diversas organizaciones sociales rurales, como las conocidas Ligas Agrarias Cristianas, que sufrieron feroces ataques. Oscar Pineda (2017, 177), autor no muy crítico del gobierno de Stroessner, coincide sin embargo en que en la represión rural se vieron “los ejemplos más nítidos de la ferocidad con que actuaban las fuerzas de seguridad del régimen”. Pues bien, este aspecto se encuentra también en detalle en la novela Un viento negro, donde se destaca la colaboración de la Iglesia para que las ligas agrarias puedan gestionar tierras para el aprovechamiento productivo de los más pobres. Dichas ligas fueron objeto de ataque por parte del régimen desde los años setenta, cuando incluso hubo comunidades totalmente arrasadas, como por ejemplo San Isidro de Jeuí (San Pedro) en 1975, y otras seriamente afectadas como Costa Rosado (Caaguazý), Acaray (Alto Paraná), Simbrón (Paraguarí), Sangre de Drago (Misiones) y Pueblo de Dios (Caaguazú).[15] Estos ataques, que flotan en el ambiente de la novela de AGV, incluyeron también represión sobre líderes particulares del ámbito rural (Farina y Bocaccia, 1989, 82-83). En uno de los pasajes centrales de la novela Un viento negro, AGV relata cómo toda la experiencia represiva que sufren los protagonistas permanece como “recuerdos lacerantes” en la mente de las víctimas luego de aquella tragedia, abrazándoles la memoria, los reviven cuando la televisión los evoca, a pesar de que quieren alejarlos y dejarlos en el pasado.

Donde el silencio se rompió: libertad de prensa y expresión, y la represión a la cultura

Al comienzo de su gobierno, Stroessner no se encuentra con una prensa profesional que asumiera como objetivo informar y estar al servicio de la opinión pública. Así lo expresan claramente Farina y Boccia Paz (1989, 85-86) en su análisis sobre el ciclo stronista, apuntando que inicialmente sólo había tres diarios en el Paraguay (1954): La Tribuna, El País y La Unión. Aparecería a los pocos años El Independiente (1959), La Mañana (1961) y ABC Color (1967), como los más conocidos. Todos ellos sufrirían persecuciones, presiones y ataques directos, o incluso el cierre, como sucedería con el famoso ABC Color.

En un apartado anterior hacíamos referencia a una prensa oficial “al servicio de la propaganda” durante el Stronismo, lo cual está especificado en el Informe final de la Comisión de Verdad y Justicia, en la cual a partir del Museo Virtual MEVES, se detalla tanto el trabajo realizado por la prensa escrita como por los medios televisivos y radiofónicos. En el caso de la radio, esta cumplió una labor fundamental.[16] Por ejemplo, las emisoras de todo el país estaban obligadas a compartir espacio dos veces al día para transmitir en cadena el informativo de Radio Nacional. En cuanto a la prensa escrita, se emitió un diario impreso, el Diario Patria, órgano oficial del Partido Colorado.[17]

Como hemos comentado en otro apartado, AGV, además de las referencias en otros trabajos, le dedica un estudio específico a la prensa durante el stronismo (La prensa y la cultura bajo el régimen). En dicho trabajo se dedica inicialmente a dar un pormenorizado cuadro del exilio de intelectuales y artistas, analizando particularmente los casos de Elvio Romero, José Asunción Flores, Herib Campos Cervera, Gabriel Casaccia, Augusto Roa Bastos y Carlos Lara Bareiro, a quienes dedica un apartado especial para cada uno. Posteriormente desarrolla cómo fue el proceso de represión de las actividades artísticas en general, y la mirada que poseía el gobierno sobre “la penetración marxista”, el prisma conspirativo con el que analizaba la dinámica social, y la torpeza y miopía para abordar fenómenos y expresiones culturales como el folklore.

Finalmente, en el tercer capítulo, analiza la “libertad de prensa y expresión”, donde desarrolla una serie de ejes para cifrar la memoria histórica sobre la dictadura. Puntualmente, uno de los ejes de AGV para analizar el aspecto que nos interesa es que nos explica cómo el régimen, paradójicamente, tuvo a la libertad de prensa y de expresión “como buque insignia de su gobierno”, explicitando que tales libertades eran su mejor “y más lograda contribución a la democracia” (AGV, 2014, 57). Para dar un indicador claro de esta “interpretación” del dictador, AGV cita sus palabras, cuando en la edición del 4 de mayo de 1987 del diario Hoy, publicó lo siguiente:

En nuestro país existe la más plena libertad de prensa y cualquiera que se proponga legalmente podrá comprobarla cuando la plazca. Nunca hemos temido ni tememos a la crítica objetiva y constructiva, pues la consideramos necesaria en todo el sistema democrático. Sostenemos que las ideas deben estar encaminadas a construir y nunca deben ser esgrimidas como armas innobles contra el orden, la tranquilidad y la unidad espiritual de la nación. Una de las grandes conquistas del Gobierno Colorado que presido (Gobierno Colorado para todos los paraguayos de bien y para los extranjeros que honradamente nos acompañan en nuestro esfuerzo diario), es la libertad de prensa, de expresión, de pensamiento. Esa es una de las grandes y sólidas columnas sobre las que descansa firmemente nuestra democracia (AGV, 2024, 57).

Ante semejante declaración, AGV además de remarcar que estas palabras parecerían dichas por un verdadero demócrata, analiza dos cuestiones: primero, el hecho de que Stroessner remarca que es un “gobierno colorado” para los hombres de bien, reservando el criterio para identificarlos, y en segundo lugar, que justamente la interpretación o “medición” para valorar como buenos o malos a los ciudadanos no tiene que ver con virtudes cívicas o morales, sino con el nivel de adulación hacia el gobierno. Por ello, los medios masivos se verán inundados de elementos laudatorios sobre el dictador, repitiendo frases, eslóganes e ideas emitidas desde los aparatos oficiales de propaganda. Expandirán rápidamente un silencio opresivo e inmovilista sobre el resto de los temas, extirpando de la agenda pública, si es que algo así existía, los temas más relevantes que podrían considerarse en una democracia moderna.

Otro de los elementos interesantes del estudio de AGV sobre la prensa durante la dictadura, que no hemos encontrado en muchas oportunidades en otros trabajos, es cómo repara en considerar el recurso popular ‒cuando ya no quedan otros‒ de utilizar lo que nosotros llamamos “grafiti”, “las paredes para expresar algo”. Se comenzó a utilizar, con todo el cuidado como es de suponer, en distintas paredes ubicadas en sitios poco iluminados de Asunción y las grandes ciudades, para la denuncia de desapariciones, por ejemplo. AGV cita el caso de los “Archivos del Terror”, los cuales conservan un documento acerca de este “medio de expresión” de 1965, donde se detallan varios murales encontrados y tipificados por el gobierno, y borrados por el Departamento de Talleres durante la Semana Santa de aquel año. En ese expediente, se repasan textualmente las expresiones, el lugar donde se encontraron. Estos son algunos de ellos que detalla AGV:

Denunciamos el asesinato del campesino Irene Godoy en la Guardia de Seguridad. Frede. San José y José Berges.

Cese tortura del estudiante Galeano. Mcal López y Constitución.

Abajo Stroessner. Alon, Alberdi e/ Estrella y Oliva.

En la biografía novelada Yo, Alfredo Stroessner,[18] en el capítulo referido a la prensa, cuando el dictador reflexiona sobre “las relaciones de mi gobierno con la prensa”, AGV (2011, 135) le hace decir a Stroessner:

Obligado a seguir construyendo una patria nueva para todos, tomé algunas medidas contra esa prensa que nunca entendió ‒o entendía pero callaba‒ el esfuerzo singular del gobierno para terminar con los resabios del pasado. El desarrollo del país no era aún discurso: estaba patente, se lo podía tocar y disfrutar en cualquier rincón de la patria.

Más adelante, Stroessner reflexiona sobre la clausura del Diario ABC Color, donde el autor AGV trabajaba, y el dictador explica que tuvo que hacerlo por “la intensa prédica subversiva” que el medio tenía, lo que motivó que de muchos lugares lo felicitasen, incluso desde el pueblo llano. En su lógica, como lo dirá textualmente AGV (2011, 136), el cierre del medio “obedecía a un fin superior”, por eso podía permitirse transgredir un principio inicialmente contradictorio con la “absoluta libertad” que se vivía en el Paraguay.

Huelo el miedo. El sitiamiento por parte del Estado y la vida cotidiana

Como ya se ha dicho, para controlar el país, más allá de las herramientas legales como veremos a continuación, con el estado de sitio, el gobierno contaba con el famoso Departamento de Investigaciones, órgano central de control social, político y cultural. Este organismo es analizado por AGV en Contra el olvido, donde deja en claro la magnitud que el departamento tenía. Como organismo subalterno de la Policía de la capital (fuerza de seguridad que se encargó de la represión a lo largo de todo el stronismo), poseía una notable autonomía, sin rendir cuentas de sus acciones, sólo al dictador. Este superorganismo también realizaba “actividades secundarias”, sin apartarse nunca de la función para la que fue creada: “reprimir a todo ser viviente que cuestione la dictadura (AGV, 2015, 68). Además, administraba cuantiosos recursos económicos del Estado:

Su poder económico y político hace del Departamento de Investigaciones una institución del Estado que sobresale por encima de todas las demás. Su influencia se hace sentir en todos los aspectos de la vida ciudadana. Abarca actividades muy diversas y dispares. A más de lo que específicamente le corresponde hacer, concede becas a jóvenes colorados, compra juguetes para repartirlos en nombre del presidente de la República, ayuda a campesinos indigentes, etc. (AGV, 2015, 65).

AGV nos explica en un apartado de su investigación sobre la vida cotidiana bajo el régimen que una de las grandes herramientas de control social por parte del dictador fue el “estado del sitio”, el cual no inventó, pero sí “desfiguró” y transformó en su sentido y objetivos. Pues bien, dicho artilugio estaba ya vigente cuando Stroessner asume su primera presidencia, y se mantendrá en la práctica a lo largo de las décadas hasta el fin de su gobierno. Si para el tucumano Juan Bautista Alberdi, intelectual muy celebrado en el Paraguay, gobernar “es poblar”, para el líder coloradista “gobernar es controlar”, y el estado de sitio permite transferir una política panóptica a cada movimiento social. Además, se tomaban “medidas complementarias” con el estado de sitio, por ejemplo, con el objetivo de “mejorar la salud moral” de la nación, el gobierno emite el Edicto número 3, según el cual los bares, restaurantes, locales de fiesta, “tenían que cerrar sus puertas a la una de la madrugada o a las dos en vísperas de feriado” (AGV, 2011, 143). En la lógica interpretativa de Stroessner, esto favoreció notablemente las buenas y sanas y costumbres, como le hace reflexionar AGV en la novela Yo, Alfredo Stroessner:

Esta medida, cuyo cumplimiento quedaba a cargo de las comisarías de todo el país, pronto tuvo un efecto saludable traducido en menos violencia, más tranquilidad en las madrugadas, la ciudadanía trabajadora dormía mejor, libre de los molestos ruidos de borrachos o de música. La gente estaba mejor dispuesta para el trabajo, con más ganas para el estudio, para el esfuerzo creador. Esta medida dio lugar a más fuentes de trabajo.

Nos explica AGV que, en el orden constitucional paraguayo, tanto en la Carta Magna de 1940 como en la de 1967, se establece el estado de sitio para “situaciones específicas”, pero además, con carácter claramente preventivo y por un tiempo limitado. Luego de comparar el articulado específico de cada constitución, AGV nos explica que lo que hizo Stroessner fue, con la ayuda de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, desfigurar totalmente esta herramienta constitucional, hasta hacerla “irreconocible”. Inicialmente lo hizo en una aplicación estrictamente política, pero ante el “éxito” del control, transfirió esa aplicación a prácticamente cualquier asunto:

Con el multiuso que le dio al estado de sitio, la población quedó en manos del Ejecutivo, sin esperanzas de pedir auxilio al Poder Judicial. El estado de sitio sirvió para castigar ‒nunca fue preventivo‒ a un supuesto conspirador o a un vendedor deshonesto de rifas, al autor o poseedor de un libro subversivo o a un ladrón de automóviles (AGV, 2015, 160).

Esta herramienta fue tan útil que le permitió al dictador reprimir manifestaciones pacíficas, ya sea una serenata o un intento de violación. Todo era lo mismo. Desde el abuso más grave hasta el episodio más trivial, si no entraba dentro de “los marcos del orden” establecidos por el paradigma gubernamental, era susceptible de ser reprimido mediante el estado de sitio. La utilizó discrecionalmente, irradiando la sensación de que en cualquier momento se aplicaba, que estaba “al caer” la autoridad pública ante cualquier reunión, que no había actividad o pensamiento fugaz que permeara dicha institución. Esta idea, a modo de sensación impregnada en la gente, la despliega AGV en Un viento negro, que como novela testimonial nos imprime las vivencias sin la necesidad de explicitarlas conceptualmente a todas ellas, en muchos casos lo hace simplemente recreando el ambiente. La maestría de AGV es hacernos sentir ese miedo, esa “represión psicológica” que el gobierno imprimía, la pedagogía represiva que diseminaba resignación.

Para Farina y Boccia Paz (98, 106-107) estos elementos son los que permitieron la “desmovilización” social que disfrutará el régimen a partir de los setenta, cuando se consolide lo que los autores llaman la pax stronista. Recordemos que esa pax excedió los límites del Paraguay, y se expandió a los países limítrofes gracias al Plan Cóndor. Lamentablemente, sobre este dispositivo “externo” del régimen hay muchos ejemplos, siendo uno de los más emblemáticos el del médico Agustín Goiburú Giménez (n. en 1930), quien había luchado contra la violencia del gobierno de Stroessner durante años, se marchó al exilio de manera temprana en 1959 y fue secuestrado el 9 de febrero de 1977, 18 años después, en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, en el marco del Operativo Cóndor, y hasta el día de hoy permanece desaparecido. Este último ejemplo ha sido sumamente emblemático, porque como plantea López Petzoldt (2017, 87), es un caso que “ha recorrido múltiples modos de recordación, así como registros orales, textuales, judiciales, fotográficos y audiovisuales de la memoria colectiva paraguaya e internacional en las últimas décadas”. Pero también, es un caso donde “convergen diversas prácticas represivas” y crímenes cometidos por la dictadura. Fue un hombre que tuvo una intensa trayectoria política, intentaron secuestrarlo y matarlo varias veces, y se ha reconstruido su derrotero en muchos trabajos. Incluso recientemente se hizo un documental, Ejercicios de memoria (2016), que relata su exilio en Argentina. Todo ello hace que la vida de este hombre tan particular constituya un modelo para el análisis de la memoria histórica.[19]

El día a día bajo la Dictadura

El Informe final de la Comisión de Verdad y Justicia habla directamente de una cultura del miedo desarrollada por el gobierno de Stroessner. Esta le permitió ejercer una estrategia de control social, desestructurando los procesos organizativos “de carácter social, político o armado que suponían una amenaza para el régimen”. Según el informe:

Numerosas expresiones organizativas se convirtieron en objetivos de operaciones militares o policiales que atacaron a organizaciones campesinas, así como a partidos políticos de oposición, organizaciones estudiantiles, movimientos sociales y algunos sectores disidentes del coloradismo oficial. El terror formó parte del contexto de las violaciones de derechos humanos en el caso de la dictadura. Este terror era parte de una estrategia de control social contra grupos o personas que militaban en grupos de oposición, pero también cumplió una función de control social más amplio.[20]

De esta manera, concluye el informe, el gobierno logró cercenar la capacidad de rebelión y resistencia desde el interior de la misma ciudadanía, lo que fortalecía con una serie de prácticas, propias de las dictaduras del Cono Sur, de usar informantes o pyrague en las comunidades o vecinos. Esto último fue central, ya que, como componente de control total, permitía agigantar ‒en la percepción de la sociedad‒ la verdadera escala de capacidad del gobierno, lo que generaba una vivencia de “impotencia total” en las víctimas y sectores afectados, “induciendo a una pasividad defensiva”.

Nos explica el informe el carácter ejemplificante que poseían estas prácticas, ya que la manera en cómo se perpetraron las violaciones, sobre todo la gran cantidad de gente que sufrió detención arbitraria, y más aún el carácter generalizado de la tortura a las personas detenidas, permiten inferir la intencionalidad de “generar terror”, con un claro carácter aleccionador “destinado a los sectores que podrían mostrar solidaridad” o apoyo a las víctimas directas de esas prácticas. Por ello, enfatiza el informe, el terror cumplió una finalidad de “generar miedo” en toda la sociedad, obturando cualquier comportamiento o conducta de solidaridad o empatía con las víctimas, buscando “insensibilizar” a los diversos sectores, ante los grupos más golpeados. Esto bajo el supuesto de que, si no se hacía nada contra el régimen, “no te metías en actividades condenables”, no se sufrirían las consecuencias de la represión:

Estas formas de utilizar la figura del enemigo interno como los “comunistas” y la extensión de dicho estigma hacia cualquier conducta sospechosa para el aparato de Estado supuso no solo la focalización en esas personas de las violaciones, sino la justificación o naturalización en la sociedad de las mismas: en algo estarían.

El informe hace hincapié en el “clima del miedo” que la dictadura logró crear, y cómo ello redundo en una “situación de tensión permanente y vulnerabilidad extrema”, ya que en todo momento estaba presente la posibilidad de ser detenido, capturado o desaparecido.[21] El informe nos dice que ese clima logró volverse una herramienta de persuasión, por eso habla de una “pedagogía del miedo”, ya que la tortura, por ejemplo, al castigar actividades e ideas, disuadía a las personas que pasaron por esas violaciones de volver a realizar dichas actividades. Salvo casos muy excepcionales, los que sufrían el tormento de la prisión o la tortura quedaban “desalentados por el miedo a que estas situaciones se repitieran”. Justamente en Un viento negro AGV narra de manera explícita tanto el dispositivo “duro”, es decir, la metodología de tortura, como su complemento disuasivo, y la prepotencia con la cual se multiplicaba el temor en las víctimas al hacerles escuchar a los detenidos, por ejemplo, las grabaciones de los sonidos, gritos, gemidos, de las sesiones de tortura, como instancia para implantar mayor miedo aún, y también como estrategia para reflexionar sobre futuras acciones.

Un indicador del éxito de tales estrategias represivas es que, como el hecho de mostrar cierta solidaridad con las víctimas podía suponer “un peligro de ser detenidos y correr la misma suerte”, como ya se ha dicho, dichas acciones de solidaridad fueron evitadas ante el simple rumor de ser sospechados de colaboracionistas, lo que se conoció como “síndrome del leproso”. Se generó así una “inhibición de las formas de comunicación y ayuda mutua entre vecinos”, lo que expandió la terrible parálisis social que ya gobernaba en el Paraguay.[22]

En suma, si tuviéramos que conceptualizar las sensaciones opresivas de la vida en el “día a día” bajo el régimen de Stroessner que nos irradia la lectura de la obra de AGV, ese concepto sería de “asfixia”. La sobreabundancia de mensajes, ideas, imágenes del régimen, expresiones hasta el desenfreno inundaban lo cotidiano. En su análisis sobre la prensa y la cultura, AGV nos explica que en realidad “hubo mucha libertad de prensa”, excesiva, sólo que estaba reservada para “uso y abuso exclusivo de los voceros” oficiales. Era una prepotente “voz del coloradismo” que no dejaba escuchar otras voces. Explica AGV que entre las escasas instituciones que levantan la voz para denunciar lo que ocurría con esa asfixia, se encuentra la Iglesia, otro elemento diferenciador de la región. Justamente la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) en su “Mensaje a los fieles de la República” del 27 de noviembre de 1986, expresaba enfáticamente que esa voz ensordecedora del oficialismo atentaba “contra los más importantes valores de la convivencia ciudadana” (AGV, 2014, 62-63). Recordemos que, a diferencia de lo acontecido en varios países de la región, la Iglesia católica paraguaya jugó un importante papel como actor opositor al régimen, desgastando y deslegitimando al gobierno, como lo ha estudiado en detalle hace más de treinta años uno de los grandes politólogos paraguayos, Miguel Carter (1991, 145):

(…) facilitando espacios alternativos y de expresión crítica al régimen; albergando y promocionando importantes figuras disidentes (entre quienes figuraban obispos, clérigos y líderes laicos); y alentando, particularmente en los últimos años, esperanzas y deseos de cambio. Mediante ello, y su postura de denuncia moral, la Iglesia contribuyó significativamente a restar legitimidad a la dictadura de Stroessner, aportando así al desgaste y la descomposición del mismo.

Así como el asfixiante clima en Paraguay reprimía cualquier incentivo de expresar ideas y comunicar iniciativas, los exiliados encontraban en el exterior ‒la gran mayoría en la Argentina‒[23] un ambiente para poder comunicar sus penurias. Por ejemplo, a lo largo de la pesquisa bibliográfica para esta investigación, hemos podido acopiar diversos y numerosos trabajos de la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT) editados en Buenos Aires, donde desarrollan sus ideas, propuestas y denuncias, gran cantidad de ellas publicadas en la primera mitad de la década del setenta. Decíamos más arriba que según el propio informe de la Verdad, el gobierno logró cercenar la capacidad de rebelión y resistencia desde el interior de la misma ciudadanía, agigantando en la percepción de la sociedad la imagen de la escala y la magnitud real de capacidad del gobierno, lo que generaba una vivencia de “impotencia total” en las víctimas y sectores afectados, “induciendo a una pasividad defensiva”. Esta idea permaneció en la mentalidad de muchos sectores durante años, y se observa en muchos exiliados la idea de que el dictador podía llegar a extender su soberanía represiva en los países limítrofes.

En la biografía novelada Yo, Alfredo Stroessner, cuando el dictador reflexiona sobre la aplicación del estado de sitio, se justifica diciendo que “a pesar de las fuertes críticas”, todo lo que él hizo fue en el marco de la ley, cumpliendo estrictamente “con la letra y el espíritu” del artículo 79 de la Constitución que contemplaba dicho instrumento. Se justifica, en palabras de AGV, porque los violentos traían el caos permanentemente a la república, y él se veía obligado a “echar mano” a esa figura constitucional. Da a entender que lo hacía sabiendo que generaría un fuerte impacto negativo, pero debía hacerse. Prefería que lo miren mal los gobiernos de afuera, que permitir el hecho de “poner en peligro” la paz que disfrutaban los de adentro (AGV, 2011, 132). Esta interpretación va de acuerdo con los “mitos fundacionales” del orden stronista que comentábamos anteriormente. El stronismo, según estas palabras, se autopercibía como “garante de la paz” y el orden, última instancia de organización y pilar de la república, sobre todo a partir de la década del sesenta, cuando se expande el aparato de propaganda oficial diseminando esa idea. Por todas las rutas y caminos del país, aparece a modo de lema nacional: “Paz y progreso con Stroessner”, como lo ha analizado Boccia Paz (2014, 25) en su radiografía del aparato represivo del régimen. En el informe de los “Archivos del Terror” que ya hemos comentado, cuando se analizan los “tentáculos de la dictadura”, se refiere a la “costosa Paz” que el régimen creó, una “paz inmensa mantenida a sangre y fuego”, controlando los aspectos más disímiles de la vida de los ciudadanos, ya que “pocas cosas escapan al conocimiento de la Jefatura de Investigaciones” (Boccia Paz, González y Aguilar,1994, 73-77).

Directo a la luz: los usos y costumbres del exilio

En un trabajo colectivo dedicado específicamente al caso paraguayo, donde participan varios de los reconocidos especialistas de la región sobre la temática, Roniger, Senkman, Sosnowski y Snajder (2021, 181), apuntan que

En 1954 Alfredo Stroessner ocupó el poder y rápidamente se impuso al Partido Colorado y a las fuerzas armadas, exiliando a su vez a políticos independientes y deshaciéndose de cualquiera que tuviera aspiraciones políticas o bases de poder propias. Bajo Stroessner miles de paraguayos fueron presos, torturados, desaparecidos o desterrados. Su designio era sembrar el miedo y disuadir a la gente de toda crítica al gobierno; las persecuciones estaban tan extendidas que en cada manzana de la ciudad se podía encontrar a alguien que había sido encarcelado o torturado.

El exilio paraguayo tuvo una magnitud en proporción a su población y a su duración realmente gigantesca.[24] Teresa Mendez-Faith (1985) ha realizado un trabajo notable sobre la idea de exilio en la novelística social paraguaya.[25] En ella deja en claro que los procesos de migración, ostracismo y exilio ‒tanto interior como exterior‒ han generado en el Paraguay un desgarramiento continuo a lo largo de un tiempo, que se constituyó como una constante de la historia de este pueblo.[26] Por este desarraigo continuo es que el Paraguay ha podido conformar una literatura tan particular, donde la ausencia y el ostracismo son centrales y donde la pedagogía del miedo pudo conformar un dispositivo de autocensura implacable. Pensemos en los casos más célebres, como son los de Roa Bastos, ya citado, y el del fundador de la novela moderna paraguaya, Gabriel Casaccia, quien viviera unos 30 años en la Argentina.

Como ya hemos dicho, la novela Un viento negro es un trabajo que gira en torno del exilio durante el stronismo. En la obra relata el derrotero de cinco víctimas de Stoessner, incluye en esas historias todos los dispositivos de represión del stronismo que hemos comentado, tanto en sus elementos duros como blandos, es decir, narrando aspectos de la represión policial, la persecución política y la violencia diaria, como así también del clima opresivo que motivaba la autocensura y el miedo. A partir de esas ambientaciones y relatos, emergen de las historias los aspectos cotidianos de la vida bajo una dictadura, la fractura de las familias que deben ver emigrar parientes, el manto de silencio que cubre lo colectivo, la ausencia de referencias a la política en las calles, la monocorde narrativa oficial, y los miedos, el miedo a la violencia del Estado, a poner en peligro a los próximos, a caer bajo la autoridad, a perjudicar a familiares o amigos. Además, como Stroessner mantenía una política de cooperación con las otras dictaduras latinoamericanas, eso “le permitió infiltrarse en las comunidades de exiliados, impedir el retorno de opositores o interrogarlos y torturarlos a su regreso” (Roniger, Senkman, Sosnowski y Snajder, 2021, 182). Todo ese clima es contrastado en la novela con la ambientación de la vida pública en la Argentina, donde a pesar de los problemas políticos y sociales que el país rioplatense vive, la efervescencia ideológica es la antítesis de lo que acontece en el Paraguay. Mientras que las evocaciones a la vida oscura del Paraguay stronista se presentan como una neblina de sensaciones opresivas, está representado en la novela de manera explícita todo el abanico ideológico político de la Argentina, con sus colores, lemas, imágenes, ruidos en las calles y casas de estudio de la ciudad de La Plata. Juventudes explosivas y movilizadas, calles llenas de lecturas, movimiento, mucho movimiento, el cual contrasta con el inmovilismo y el silencio paraguayo.

El resto de la novela Un viento negro se centra en las vicisitudes del mundo rural del Paraguay, la vida de los campesinos, sus anhelos, sus dolores, sus representaciones del mundo. Sobre todo, demuestra el interés por pensar y planificar de mejor manera sus condiciones de vida, no sólo en términos productivos, sino también sus formas de relacionarse, de pensar la sociedad y el futuro. La novela muestra el mosaico de miradas y diseños organizacionales rurales, que en el Paraguay poseían una interesante trayectoria. Recordemos que, según el Informe de la Verdad, la represión física sobre el campo fue muy fuerte, pero más aún lo fue la ramificación del miedo y la desconfianza en esos sectores.[27]

Durante el tiempo de la dictadura mucha gente que fue víctima de detenciones o tortura no quiso saber más nada de estar organizado. Esta desvinculación del compromiso político se dio tanto en personas que militaban en partidos políticos de oposición como en el movimiento de las Ligas Agrarias, cuestionando las expresiones dominantes de la época como la llamada “Paz y Progreso” como una forma defensiva de evitar la represión en numerosos sectores sociales.

Asimismo, un aspecto muy importante de la radiografía que presenta AGV de los sectores subalternos rurales es la relación con la Iglesia, mucho más fluida y dinámica que en la ciudad. La obra deja la sensación de que están permanentemente organizando actividades que nutran los proyectos sociales y laborales, y que el gobierno se fue transformando en un obturador natural de todo emprendimiento, un encorsetador de todo respiro y oxigenación en el mejor de los casos, pero en general, en un panóptico trascendente que mira con sospecha y desprecio cualquier forma de organización, cualquier iniciativa social. Además, este clima no sólo lo sufrían quienes permanecieron en Paraguay, también quienes se había escapado del régimen, ya que muchas veces los exiliados paraguayos en la diáspora “permanecieron activos políticamente, pero se enfrentaron a pérdidas, decepciones y desolación” (Roniger, Senkman, Sosnowski y Snajder, 2021, 183).

Para Ahmed Youssef, con este trabajo AGV creó una novela testimonial “con todos sus rasgos y características”, que le permitió “reflejar los aspectos sociales e históricos de la vida paraguaya bajo la dictadura en general y las influencias psicológicas de la Pascua Dolorosa sobre la sociedad en particular”.

Después de haber investigado, podemos decir que Un viento negro es una de las primeras obras testimoniales de la literatura paraguaya. La novela se concentra más en la sociedad rural porque los campesinos son los influidos por el tema principal de la novela, La Pascua Dolorosa. (…) Finalmente, se puede decir que Un viento negro es una de las novelas más importantes para cualquier lector o investigador que pretende saber de una de las dictaduras más relevantes de América Latina, ya que es una obra testimonial con todos sus rasgos y características que nos traza los aspectos sociales e históricos de la vida paraguaya bajo dicha dictadura.

Esa novela se complementa ampliamente con los mismos ejes que AGV trabajó en sus escritos historiográficos y políticos. Así como en la novela sobrevuela la sensación de que la cantidad de exiliados a lo largo del gobierno de Stroessner es inconmensurable, en el apartado “Los usos y costumbres del exilio”, nos dice que “nunca sabremos la cifra exacta de los que padecieron el exilio”, ya que, además, fue una práctica desde el comienzo del gobierno, no solamente algo tardío. Como era de esperarse, compara ese “castigo que viene de lejos” con el déspota de Gaspar Francia (así lo llama el autor), quien también echó mano a ese procedimiento. Lo llamativo del gobierno de Stroessner, siguiendo a AGV, es que el propio gobierno “justifica” el arbitrario proceso, ya que este “permite que el pueblo descanse” de las acciones maliciosas de ciertas personas, arrojándolas en la Argentina o Brasil. Es decir, con ese procedimiento el gobierno “cuida” a la ciudadanía de los agentes anárquicos y caotizantes. Los exiliados son, en definitiva, condenables frustrados que deben ser aleccionados, son el contraejemplo del ciudadano modelo que busca el régimen para el Paraguay, la némesis del orden republicano.

Como todos saben, unos cuantos exiliados o autodesterrados, regresaron a nuestro país después de más de veinte años de frustraciones políticas en el extranjero en su inútil e importante ilusión de derrumbar al gobierno colorado del presidente Alfredo Stroessner.[28]

Además, explica AGV que con los exiliados el gobierno tuvo un “rigor inexplicable”, documentándose casos de exiliados a los que no se les permitió visitar a familiares agonizantes, o al borde de la muerte.[29] Cobra mayor relieve si se tiene en cuenta que muchas de esas medidas se seguían aplicando en el Paraguay cuando en el resto de la región, salvo Chile, se estaba viviendo un reverdecer del proceso democratizador.

Pero no sólo en la propia justificación el gobierno de Stroessner se diferencia de otras prácticas del exilio, también lo hace en la “escala” que este adquiere, ya que, en palabras del autor, nunca “los usos y costumbres” del exilio llegaron a ser en el Paraguay tan cotidianos, así como “variados” e insignificantes los motivos que los originaban.

El hábito de expulsar de su tierra a un ciudadano, o no permitir que regresa a ella, es una de las expresiones cotidianas de esa arbitrariedad que se materializa de una manera mecánica: la Policía secuestra a un ciudadano de sus horas, de su trabajo o la vía pública. Lo despoja de sus documentos de identidad y de su dinero, le encierra en un vehículo y le deja después tirado en Clorinda o en Foz de Yguazú. La variante suele ser que la víctima previamente ha estado por meses o por días sufriendo torturas, la mayor de las veces en Investigaciones (AGV, 2015, 88-89).

Para AGV (2015, 90) el gobierno de Stroessner se valió del exilio tanto para castigar a los que interpretaba como rebeldes como para “vigorizar” su propia estructura, ya que, según la lógica de la dictadura, sin opositores incómodos en las proximidades, podía diseñar a su manera las entidades políticas, sociales y culturales, al menos las que conserven algún margen de representatividad. El caso que ilustra AGV para esta valoración es lo que ocurre luego de la expulsión masiva de sindicalistas: la obvia reformulación del Código Laboral, lo que se presenta como “otra de las grandes conquistas” de la “democracia sin comunismo”, que obstaculiza todo. Además, como lo dirá textualmente el propio Stroessner en una entrevista, el drama inacabable del exilio es un problema no del gobierno, “sino de los exiliados” (AGV, 2015, 96-97):

Aquellos que se fueron por su cuenta sólo responden al mandato de sus conciencias. El problema es de ellos. De sus conciencias. De sus deseos de no actuar dentro de la ley, en la misma forma en que lo hacen todas las personas de bien. Para los subversivos y los maleantes de la politiquería no existe ni existirá lugar en el Paraguay. Así que los pretendidos exiliados que según usted existen, que se ocupen ellos de sus problemas. Esta es una cuestión de conciencia, no geográfica.

En dicha política de exilios y deportaciones masivas el gobierno de Stroessner no tendrá miramientos, pruritos ni vergüenzas. Y todo esto, a pesar de la permanente presión internacional que ya comienza a vivirse a partir de comienzos de la década del ochenta. El extremo lo constituye, no sólo para AGV sino que para la opinión pública mundial, la detención y posterior expulsión del escritor más importante del Paraguay en toda su historia, el novelista Augusto Roa Bastos, como ya lo hemos comentado, quien luego de décadas de exilio intenta regresar al Paraguay para registrar a su hijo, y es violentamente arrojado en Clorinda.[30] Para AGV este fue un error de proporciones para Stroessner, ya que por el prestigio y la fama que Roa Bastos poseía, la noticia da la vuelta al mundo.

Finalmente, analiza AGV que además del exilio exterior, el ostracismo fuera del país, el stronismo contará también con el “exilio interno”, el hecho cotidiano de que se impida salir a los ciudadanos que voluntariamente quieren hacerlo, ya sea simplemente para viajar o para vivir definitivamente en el exterior. Para ello, relata AGV que el gobierno diseña un “laberinto” burócratico administrativo muy ingenioso, como por ejemplo la Ley 209, diseñada especialmente para los opositores, a los cuales “se procesa” sin ningún cargo, sin ningún delito, se los detiene, se los deja en un “limbo” judicial, sin acusaciones formales, pero tampoco sin un sobreseimiento, nunca llegando a estar libres del todo.


  1. Recordemos que durante los primeros años de la “desestalinización” (1953-1958) perduró cierta “luna de miel” entre el gobierno de la URSS y Occidente, difundiéndose la idea de que el totalitarismo soviético moriría con el dictador Stalin. A partir de 1958-1959, y luego de la visita del mandatario comunista a los EE. UU., que materializó la esperanza de una coexistencia pacífica, las percepciones cambiarían drásticamente, más aún con la Revolución cubana y la Crisis de los misiles, cuando se inició un nuevo ciclo de tensión entre las dos superpotencias.
  2. Esta Ley, aprobada en el Senado el 19/06/03 y en Diputados el 11/09/03, fue promulgada por el Poder Ejecutivo el 16/10/03, bajo el gobierno de Nicanor Duarte Frutos.
  3. El único gobierno a lo largo de ese ciclo que no perteneció al coloradismo fue el del líder Fernando Lugo, llevado adelante por el Frente Guasú (o Frente Grande), bloque electoral y de gobierno del que participaron partidos y movimientos del espectro de centro izquierda, y que incluía al partido histórico y tradicional liberal. Recordemos que dicho gobierno fue destituido y no pudo terminar su mandato.
  4. https://sitiosdememoria.org/es/institucion/museo-de-las-memorias-dictaduras-y-derechos-humanos/.
  5. El museo realiza acciones de reparación histórica y simbólica acorde con la Resolución ONU 60/147 y el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay (Decreto de Interés Nacional n.° 18175/09), mediante ceremonias, seminarios, conferencias, exposiciones en el sitio e itinerantes.
  6. El proyecto es cofinanciado por la Unión Europea y cuenta con el apoyo de la Dirección General de Verdad y Justicia y Reparación, dependiente de la Defensoría del Pueblo.
  7. El museo virtual cuenta con tres grandes áreas: 1) Recorridos Temáticos: ilustran ese periodo trágico de la historia de Paraguay; 2) Noticias: destinada a difundir y almacenar novedades e informaciones con enfoque de derechos humanos; 3) Aula Virtual: diseñada y adaptada a los estándares didácticos de la educación en dignidad, derechos humanos y democracia, esta sección es de utilidad exclusiva para docentes y alumnos.
  8. Se puede acceder al recorrido virtual y las placas explicativas en el siguiente enlace: http://www.meves.org.py/?node=page,66&meves=guided,541,0#.
  9. Nos dice el informe: “El día de su cumpleaños era conocido como el día de la ‘fecha feliz’ y la jornada se iniciaba desde tempranas horas en la residencia presidencial con saludos de autoridades militares y civiles para culminar con pomposos festejos a la noche. Los diarios oficiales se llenaban de mensajes de instituciones públicas y privadas felicitando al entonces presidente con palabras que reforzaban la propaganda oficial”.
  10. “Uno de los ejemplos fue la trasmisión en todas las emisoras del país, por orden de Antelco, hoy Copaco, de la polka General Stroessner, seguida de una música patriótica como ‘1º de Marzo’, ‘Colorado’, ‘26 de Febrero’ y del saludo: ‘El Presidente Constitucional de la República, General de División Alfredo Stroessner, saluda al pueblo paraguayo, y le desea un día próspero, de felicidad y trabajo. Con Stroessner, Dios, Patria, Trabajo y Bienestar’”.
  11. Mburuvichá Rogá: casa del líder, residencia presidencial o casa de gobierno en guaraní.
  12. El Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, es un centro resultado de un acuerdo entre la UNESCO y el Estado argentino, primero en el mundo dedicado a los Derechos Humanos, que funciona en Argentina como centro categoría 2 y entidad descentralizada en el ámbito del Poder Ejecutivo Nacional. Ha creado un espacio interactivo y de información conocido como #MemoriasSituadas, el cual posee actualización permanente que recorre diferentes lugares de memoria, piezas, obras artísticas y patrimonio material e inmaterial relacionados con graves violaciones a los derechos humanos en todo el mundo.
  13. https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/archivo-del-terror/.
  14. https://tinyurl.com/5n7w2zsr.
  15. Observa Yussef (2020, 7) que el objetivo principal de la represión de las organizaciones es “obstaculizar y neutralizar la capacidad de lucha de la sociedad. Por lo tanto, la ideología represiva utilizada contra las organizaciones es aislarlas de la sociedad y evitar que sus actividades ganen el apoyo popular. Además, el gobierno tiene miedo de que estas organizaciones puedan mostrar su interés por la política en cualquier momento”.
  16. “Uno de los ejemplos fue la trasmisión en todas las emisoras del país, por orden de Antelco, hoy Copaco, de la polka General Stroessner, seguida de una música patriótica como ‘1º de Marzo’, ‘Colorado’, ‘26 de Febrero’ y del saludo: ‘El Presidente Constitucional de la República, General de División Alfredo Stroessner, saluda al pueblo paraguayo, y le desea un día próspero, de felicidad y trabajo. Con Stroessner, Dios, Patria, Trabajo y Bienestar’”. Ver Museo Virtual MEVES (Memoria y Verdad sobre el Stonismo). Recorrido temático. http://www.meves.org.py/?node=page&meves=guided,541,0#.
  17. Nos dice el informe que se llegó al extremo, que además de justificar las represiones, el costo de los ejemplares era descontado del sueldo de los funcionarios públicos, los cuales estaban obligados a adquirirlos periódicamente.
  18. Herib Caballero Campos considera que este trabajo de AGV, a pesar de ser una novela que se toma las licencias del caso de poner palabras en la boca del dictador, está tan bien documentada, y la escribe alguien con tanto conocimiento del proceso trabajado, que se constituirá en un material de consulta obligatoria para quienes quieran profundizar en el conocimiento de la historia reciente del Paraguay.
  19. El trabajo de López Petzoldt titulado Aproximaciones a dos redes transmediáticas de la memoria colectiva del stronismo en Ejercicios de memoria de Paz Encina se encarga de analizar los elementos presentes en el documental reciente sobre el médico desaparecido.
  20. Amplía el informe que, en guaraní, “esa estrategia se conoció con el nombre de mbokyhyje (aterrar), es decir, hacer tener miedo. La coerción y el miedo, sistematizados como mecanismo de poder, provocaron la internalización de la represión en la ciudadanía, un ‘censúrate’ o ‘reprímete’ permanente”. Ver La Cultural del Miedo. MEVES. http://www.meves.org.py/?node=page&meves=guided,560,0.
  21. Especifica el informe sobre este punto que “Frente a terceros, la dictadura generaba un terror colectivo, empleando una pedagogía del miedo contra las personas que se habían involucrado en actividades consideradas ‘subversivas o peligrosas para la estabilidad del gobierno’. Esta forma de generar terror se iniciaba desde el momento de la detención, pero la información y conocimiento de los casos en el entorno cercano anticipaba el terror incluso antes de producirse aquella. La policía desplegaba aparatosamente un número considerable de uniformados y de civiles, con actitud agresiva y violenta, de tal manera a crear miedo y zozobra entre las víctimas y el vecindario. En lugares donde se dieron hechos represivos colectivos, el impacto de dichas violaciones tuvo consecuencias también en el clima y la cohesión comunitaria, generando miedo y alteración de las conductas colectivas”. Museo Virtual MEVES (Memoria y Verdad sobre el Stronismo). Recorrido temático: http://www.meves.org.py/?node=page&meves=guided,560,0.
  22. “Las víctimas y sus familias quedaban señaladas y todo aquel que tuviera relaciones con ellos también corría riesgo de ser considerado sospechoso y sufrir el mismo trato. Todo ello muestra no solo las consecuencias negativas para las víctimas y sus familiares, sino también el impacto del miedo en el medio local, trastocando relaciones de vecindad, apoyo mutuo o amistad que habían sido parte de la experiencia personal y colectiva. Algunos sobrevivientes llamaron a esto el ‘síndrome del leproso’, para mostrar la situación de total aislamiento y ostracismo social hacia la víctima”. Museo Virtual MEVES (Memoria y Verdad sobre el Stronismo). Recorrido temático: http://www.meves.org.py/?node=page&meves=guided,560,0.
  23. Claramente este clima potable para la expresión se evapora con el golpe del 24 de marzo de 1976 en este país.
  24. En la obra colectiva citada nos dan una cuantificación de esa magnitud, y nos dicen que “En 2011 se estimaba que el número de paraguayos en la diáspora excedía los 777.000, de los cuales más de 550.000 residían en la Argentina, 135.000 en España y cerca de 40.000 en Brasil (Odone, 2011). La dictadura, que duró décadas, dio lugar a exilios masivos, expatriaciones y migraciones que afectaron a todas las clases y sectores sociales, entre los que se encontraban intelectuales e importantes representantes de la clase política” (Roniger, Senkman, Sosnowski y Snajder, 2021, 201).
  25. La obra analiza en detalle lo más importante e icónico de los dos grandes escritores paraguayos, tanto de Gabriel Casaccia como de Augusto Roa Bastos. Sobre el primero analiza La Babosa, la primera novela paraguaya, La llaga y Los exiliados. Del segundo, analiza Hijo de hombre y Yo el Supremo, esta última la más importante novela de la historia paraguaya. En todo el trabajo se centra en analizar los elementos críticos y denunciatorios de estos textos al contexto referencial de su motivación.
  26. Lo especifica en el Prólogo de la obra Ruben Bareiro Saguier. En este caso, repite el autor la frase de quien sea seguramente el más famoso exiliado paraguayo de toda su historia, el célebre Augusto Roa Bastos, quien dijera que el Paraguay “durante siglos ha oscilado sin descanso entre la rebeldía y la opresión, entre el oprobio de sus escarnecedores y la profecía de sus mártires”.
  27. Según el informe, esa desconfianza tuvo gran impacto en las relaciones sociales y en el tejido social, especialmente en el medio rural, “donde el valor de la comunidad forma parte de la identidad colectiva y desestructuró las prácticas organizativas en las que se encontraban muchas víctimas de las comunidades afectadas”.
  28. Son palabras textuales del ministro del Interior Sabino Augusto, en el año 1984. Tomado de AGV (2015, 92).
  29. Relata en detalle el caso del sindicalista Rodolfo Romero, a quien no le permitieron ver a su madre a punto de morir.
  30. La foto que le toma Ruiz Nestosa a Roa Bastos el 1 de mayo de 1982 cuando es expulsado del Paraguay, caminando solo con sus dos maletas por las calles de Clorinda, es uno de los registros documentales más icónicos del comienzo de la decadencia del régimen de Stroessner, y la grandeza del escritor comprometido.


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