En esta investigación nos propusimos demostrar que Rafael Alberti anticipó parte de la obra literaria que produjo en la primera etapa de su exilio en la Argentina tanto en la revista Sur como en la publicación España Republicana. Entre estos adelantos, aparecieron poemas que agrupó en los libros Entre el clavel y la espada, Pleamar, A la pintura, y se conocieron otras narraciones, como la primera parte de su autobiografía La arboleda perdida y los ensayos que luego formaron parte de Imagen primera de… También divulgó algunos artículos inéditos.
Reconocimos que Alberti publicó con más intensidad en España Republicana, con 20 colaboraciones en el bienio 1941-1942, un promedio de diez por cada año. En cambio, si bien la periodicidad de Sur era mensual y no semanal, en la revista de Victoria Ocampo divulgó 15 notas entre 1940-1945, la mitad enviada durante los primeros dos años, con un promedio de menos de tres colaboraciones por año.
El análisis diferencial entre los escritos que publicó en el órgano de prensa del Centro Republicano Español y los que envió a la revista que dirigía Victoria Ocampo nos permitió señalar algunas elecciones políticas y estéticas de Alberti. Por un lado, su labor poética prevaleció en Sur, como también el rol de crítico y traductor, mientras que en España Republicana desarrolló temáticas vinculadas a la poesía popular, que no era aceptada en Sur. Asimismo, la concepción que se tenía de la obra poética del español la pudimos advertir a partir de un estudio comparativo de las críticas literarias que aparecieron en estos dos medios.
Si bien el pensamiento político del poeta predominó en España Republicana, con alusiones explícitas a la República, el abordaje comparativo de estas notas también nos permitió reconstruir otras zonas de la concepción política de Alberti. En este sentido, reconocimos vinculaciones con la Guerra Civil, el fascismo, la libertad y la Segunda Guerra Mundial, pero no existieron referencias al comunismo, una estrategia que le admitió sostener su presencia en dos medios que no adscribían a esa ideología. Por último, prevalecieron las narraciones, desde un estilo lírico, sobre algunos escritores republicanos importantes para Alberti, como Federico García Lorca, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, entre otros.
Con relación a la poesía, el registro declaratorio sobre la Guerra Civil y el exilio tuvo diferentes apreciaciones. En Sur se valoraba la escritura en poesía lírica de los colaboradores nacionales y extranjeros, ya que se proponían impulsar ciertos estándares ligados a una ideología liberal y evitar algunas formas narrativas más cercanas a la cultura popular. En este sentido, en las intervenciones que hizo Alberti para esta revista se pudo advertir la presencia de una gran cantidad de poemas: “Sonetos y Canciones”, “De los álamos y los sauces”, “Arión”, “Alegoría de la Primavera”, “Soneto Corporal”, “Goya”, “La Paz” y “Picasso”. Sin embargo, el discurso de padecimiento sobre la patria española que inspiraba al poeta durante el período de la inmediata posguerra era criticado en Sur.
La distinta evaluación sobre la obra poética de Alberti la advertimos a partir del análisis de algunas críticas literarias. En el capítulo anterior explicamos que en Sur consideraban que el poemario Entre el clavel y la espada¸ que salió a la luz en 1941 con versos de 1939 y 1940, se trataba de una distracción en la obra del poeta. Según Eduardo González Lanuza, este libro estuvo motivado por los sentimientos de la guerra y el arrastre de las vivencias personales, dejando de lado su faceta fundamental de poeta. Además, las diferencias que algunos integrantes del Grupo Sur tenían con Alberti, como fue el caso ya referenciado de Jorge Luis Borges, no permitieron que se involucrara en los debates que reunían a los intelectuales del proyecto.
Con respecto a Entre el clavel y la espada, la selección de poesías que envió a Sur se limitó a “Sonetos y Canciones” y a un largo poema dedicado a Antonio Machado, “De los álamos y los sauces”, que salieron a la luz durante 1940, antes de la edición del libro. Y, por último, el “Soneto Corporal”, que ya era conocido en 1944, cuando se difundió en la revista argentina.
En cambio, los registros sentimentalistas del destierro volcados en prosa eran más valorados en España Republicana. Si bien publicó allí sólo un poema 0entre 1941 y 1942, “Toro en el mar”, los análisis literarios de la obra poética de Alberti que se difundían en el periódico admitían reconocer que las experiencias humanas del exilio le habían permitido enriquecer su obra.
En 1941, el órgano republicano había divulgado otro análisis de Entre el clavel y la espada, firmado por Eduardo Blanco Amor, ex director del semanario Galicia. En este texto, el escritor y periodista celebró la maduración poética que alcanzó Rafael Alberti en el poemario, considerado ya como uno de los grandes poetas de España. El valor del libro estaba puesto en la veta de dolor irremediable por la patria perdida, la muerte, el paisaje y los recuerdos del mundo íntimo de España, de una “herida que ya no sangra, pero que no cicatriza”; como aseguró Blanco Amor: “‘Entre el clavel y la espada’ es, en uno de los principales aspectos, el eco de aquel tremendo grito desgarrador en que el poeta aspiró a emotivas agonías sobre la triste tierra ajusticiada, a desangrarse sobre su muerte, como los otros grandes amantes” (Blanco Amor, 1941: 15).
Para Blanco Amor, el registro de la guerra se volvía inevitable para los desterrados españoles, ya que les permitió relatar la experiencia traumática del exilio y recordar a los que fueron asesinados durante esos años: “Pero todo ello está aún poblado por los muertos que no dejan vivir; todo es aún cenizas y paraísos perdidos, rotas voces que aún nos llenan el corazón como una caracola; los muertos por cuyo amor uno no quiere dejarse vivir” (Blanco Amor, 1941: 15).
Asimismo, hallamos otro análisis con elogios de este libro también durante 1941, en un comentario editorial que adelantaba algunos versos de “Toro en el mar”:
Muestran al poeta en una dicha madurez que da sus frutos más sazonados, acertando a distinguir el “seco olor a sangre pisoteada”, y a su lado el “aroma a jardines, a amanecer diario”. En las palabras precisas y bellas del prólogo —“De ayer para hoy”— Rafael Alberti confiesa su retorno a la “palabra precisa, virgen el verbo exacto con el justo adjetivo”. (España Republicana, 1941a: 6)
Por su parte, la consideración diferente en la obra del poeta también la advertimos en las críticas de La arboleda perdida, la autobiografía que Alberti fue editando en partes, pero que para 1942 salía a la luz como primer tomo. En el comentario para Sur, Guillermo de Torre opinó que la autobiografía no se trataba de un proyecto literario, sino que era el producto necesario para los españoles que vivieron el exilio. El español también comentó otro trabajo de Alberti, ¡Eh, los toros!, de poemas ya divulgados, pero el elogio no se concentró en el libro, sino en los grabados en madera de Luis Seoane en el arte de ilustración de la obra.
En cambio, en España Republicana se alababa la nueva escritura del poeta y su capacidad creadora para explorar otras expresiones literarias, como eran las memorias. El nuevo estilo de Alberti era comparado con sus creaciones en prosa, las que, ya vimos, también se celebraban. Para el periódico, las vivencias personales y los rasgos evocadores que aparecieron en su autobiografía conmovían al conjunto de exiliados que también habían vivido situaciones similares traumáticas y desgarradoras. “Escrito con su exquisito estilo, como ocurre generalmente con las páginas en prosa de los verdaderos poetas, el libro de Alberti se lee con agrado sin igual” (España Republicana, 1942e: 11).
También se elogiaba la crítica a la educación religiosa que habían recibido Alberti y otros artistas de su generación en los establecimientos católicos durante su infancia:
Atinadísima y exacta la descripción de la vida y de la enseñanza en el establecimiento jesuítico, como todos los de su clase, deformador y envilecedor de los desgraciados alumnos que son “educados” en tales centros, y en los que tal “enseñanza” ha de dejar huella indeleble todo el resto de su existencia, si se carece de la energía, el carácter y la personalidad necesaria para reaccionar contra tal letal influencia. (España Republicana, 1942e: 11)
Es importante mencionar que los comentarios para España Republicana se publicaban junto a otros en la sección “Los Libros”, donde se presentaban los adelantos editoriales de los desterrados españoles y la finalidad no era hacer una crítica exhaustiva de las obras sino difundir la literatura de los escritores en el destierro.
Como mencionamos anteriormente, Rafael Alberti divulgó solo un poema en España Republicana durante 1941 y 1942, “Toro en el mar”, del libro Entre el clavel y la espada; artículos literarios que evocaban a poetas españoles y otros textos que hasta el momento no eran conocidos. De esta manera, incluyó narraciones sobre escritores de lengua castellana como Luis de Góngora, Garcilaso de la Vega, Pedro Soto de Rojas, Pedro Espinosa o el uruguayo Julio Herrera y Reissig.
Los escritos para España Republicana estuvieron influenciados por composiciones populares inspiradas en lugares divinos como los ríos, los bosques, los dioses y otras ambientaciones desde donde surgían creaciones de tipo grecolatino. Estos registros quedaban fuera de Sur, con excepción de los poemas sobre el mar, en donde estaban asociados a la distancia y a la nostalgia.
En la revista de Victoria Ocampo, la única referencia al registro bucólico apareció en el comentario de César Fernández Moreno sobre Églogas y fábulas castellanas, la selección albertiana de poesía antigua desde el siglo XVI hasta el XIX. Fernández Moreno concentró los elogios sólo en el volumen del ejemplar y, en cierto sentido, se alababa más el rol editor que las elecciones literarias de aquel libro.
Por su parte, la faceta de crítico literario de Rafael Alberti estuvo ausente en España Republicana, en donde no apareció ningún análisis con su firma de los adelantos editoriales que promovía el periódico durante los dos años que se estudiaron. En cambio, para la revista Sur comentó dos libros, uno de Federico García Lorca y otro de Arturo Serrano Plaja, analizados en el capítulo anterior.
Con respecto a la traducción, también predominó en Sur. En la revista argentina, la traducción era un proyecto diferencial respecto de otros grupos intelectuales, y de esta manera logró incorporar algunos textos de escritores extranjeros. En este sentido, se presentó como una práctica que democratizaba la circulación y ampliaba el número de lectores: “Traducir, y traducir intensamente como lo hizo el Grupo Sur, remite a la ampliación de los circuitos literarios” (Willson, 2004: 245).
Durante 1941, Alberti envió la traducción de una obra teatral francesa que se publicó en tres entregas, y también tradujo dos poemas del escritor francés Paul Valéry en la edición de octubre de 1945. Reproducimos un fragmento de la obra teatral que tradujo, “Farsa del Licenciado Pathelin”:
Apoyándome en diferentes textos modernos, he procurado dar a mi versión castellana esa soltura y libertad necesarias para la representación teatral. ¡Ojalá que sus dificultosos y simples versos blancos de nueve sílabas —dísticos casi siempre del mismo número en el original francés— puedan sonar algún día en el tabladillo de la escena argentina!. (Alberti, 1941a: 62)
Si contabilizamos las intervenciones que hizo Alberti en Sur, veremos que la traducción es su segunda participación literaria, luego de los poemas. En efecto, de las quince colaboraciones entre 1940 y 1945, siete son en verso, cuatro son traducciones, dos son críticas literarias y los últimos dos son artículos de otro orden narrativo.
Como decíamos, para España Republicana ni la traducción ni la crítica literaria aparecen en su itinerario de colaboraciones. De las veinte participaciones que encontramos durante 1941 y 1942, hay una sola poesía y los otros son relatos que ya fueron referidos en el segundo capítulo. Los artículos de 1941 formaron parte de su libro Imagen primera de… mientras que la mayoría de las notas de 1942 fueron escrituras inéditas o divulgadas previamente en otros periódicos.
Una ausencia que reconocimos en el órgano republicano durante estos dos años es la referencia de Alberti al teatro[1]. Si bien se trataba de una faceta artística desarrollada antes y durante la Guerra Civil, y que continuó tras su llegada a la Argentina, las únicas referencias a escenas teatrales las encontramos en los artículos dedicados a André Gide y al dramaturgo Ramón del Valle Inclán, con los recuerdos de los años en que viajó para estudiar el teatro de vanguardia.
En cambio, en 1944 Sur divulgó un comentario muy crítico firmado por Samuel Eichelbaum de la obra de teatro El Adefesio, que Alberti estrenó en la Argentina ese año, con las actuaciones de Margarita Xirgu y María Teresa León. Reproducimos un fragmento de esa opinión de Eichelbaum: “La fábula de Rafael Alberti, que contiene caprichos goyescos y toques que recuerdan los esperpentos de Valle Inclán, carece de claridad en su concepción y en la naturaleza de sus personajes” (Eichelbaum, 1944: 101).
Con respecto a las ideas políticas del poeta, encontramos una sola declaración explícita y en España Republicana. Por su parte, si bien con el análisis de los otros escritos pudimos reconstruir nuevas zonas de su concepción sobre España, la República, la Guerra Civil, el destierro y el fascismo, no existieron referencias al comunismo, ideología a la que adscribía el poeta.
En España Republicana se publicó una declaración de Alberti sobre la República, en la edición especial que promovía el periódico en la fecha del aniversario republicano. Entre otros puntos, Alberti expresaba el deseo de reconstruir la patria española tomando como protagonista al pueblo, un discurso político e ideológico que no encajaba en Sur. Si los debates sobre la República se habilitaban en España Republicana por su interés particular por lo que sucedía en la península, las discusiones que promovía Sur tenían que ver con otros asuntos, como la sociedad moderna, los intelectuales frente a la crisis mundial, o el problema de lo americano. Con relación al escenario político internacional, los temas que interesaban eran la guerra europea, el fascismo, o el papel que iba a tomar el comunismo en el nuevo escenario internacional. La situación de España no era un tema presente en los debates que frecuentaban los intelectuales representativos y tampoco aparecía en las páginas de la revista. Con respecto a esta idea, nos apoyamos en el Índice que confeccionó la revista Sur entre 1966 y 1967 (desde su creación en 1931) ya que en él figura que sólo siete artículos trataron explícitamente el tema de la Guerra Civil española en esos 35 años. Entre ellos, uno de Alberti de octubre de 1943, “Imagen sucesiva de Antonio Machado”, con el recuerdo a Machado y a la defensa de Madrid en noviembre de 1936 (Sur, 1967: 107).
Desde el punto de vista político, lo que permitió la permanencia de Alberti en Sur fue la postura antifascista, pero la confirmación del franquismo en España luego de la victoria aliada, y el nuevo rumbo político que tomó la Argentina desde 1946, terminaron alejándolo de la revista argentina. Sin embargo, la posición de Sur era anticomunista antes de la llegada de Alberti al país, aunque entre sus integrantes estaba la comunista María Rosa Oliver. Victoria Ocampo rechazaba al régimen soviético, al que consideraba como un nuevo tipo de imperialismo extranjero. Alberti, que había viajado a Rusia en varias oportunidades durante la década del treinta, evitó aludir a estos recuerdos y mencionar sus participaciones en los congresos junto a los artistas soviéticos.
En cambio, en las narraciones que envió a España Republicana logró relatar algunos de esos momentos, a partir de sus evocaciones a del Valle Inclán, André Gide y a los colegas rusos que conoció durante esos años. No obstante, el enfoque político del Centro Republicano Español era demócrata y también prevaleció una postura anticomunista. En este sentido, Alberti optó por no polemizar con su ideología política con el fin de sostener el lazo con la trama inmigratoria de carácter hispano, algo que se le había negado en Sur. En efecto, la inserción en España Republicana lo habilitó a participar de las actividades promovidas por las entidades hispánicas, pero no integró funciones directivas, posiblemente por su vinculación al comunismo.
Por último, reconocimos algunas similitudes en las notas que divulgó durante estos años. Por ejemplo, en ambos medios aparecen los recuerdos a Antonio Machado y a Federico García Lorca, dos escritores de gran valor para Alberti. Estos nombres también habían contribuido a generar un distanciamiento con Borges ya que, como mencionamos en el capítulo anterior, estas figuras tampoco eran valoradas por el argentino. Alberti le dedicó a Machado en total cuatro artículos, dos en Sur y otros dos en España Republicana, mientras que a Lorca lo referenció explícitamente en una nota para cada medio, además de otras menciones.
Asimismo, otra coincidencia tiene que ver con la lírica que desarrolló Alberti en su poesía y en las otras formas de escritura. El estilo lírico-gráfico, como lo llamó en sus memorias, estaba presente en todas sus producciones ya que este presuponía que toda escritura sólo era posible para él desde la lírica (Funes y Sanz, 2015): “Hice muchas exposiciones en la Argentina y el Uruguay, con excelentes resultados, escribiendo, a veces, brevísimos poemas, para adaptarlos a mi estilo lírico-gráfico” (Alberti, [1987] 2003: 227).
En síntesis, un análisis comparativo de las notas que Rafael Alberti envió a España Republicana y a Sur durante esta primera etapa de su exilio en la Argentina nos habilitó a reponer algunas zonas de la trayectoria del poeta en el país y describir, de manera general, la manera en que se relacionó con los diferentes círculos de escritores que se agrupaban en estos dos medios.
Algunas tendencias intelectuales, como la de la revista Sur, le permitieron divulgar sus poemas para promover una escritura en tono lírico, así como también algunas traducciones y críticas literarias, pero le negaron su inserción como pensador, ya que para Sur Alberti era esencialmente un poeta que publicaba en la revista. En tal sentido es preciso mencionar la afirmación de Nora Pasternac, quien aseguró que “estas colaboraciones de los exiliados eran pagadas, y generosamente, por la revista o por su directora” (Pasternac, 2003:11).
En cambio, en España Republicana promovió una escritura popular, y el registro nostálgico sobre España, que lo alejaba de Sur, le permitió destacarse como conferencista y vincularse con las redes de los españoles y sus instituciones. En ambas publicaciones, sin embargo, continuó publicando en los años subsiguientes.
- Sin embargo, en 1943 envió un artículo titulado “Numancia, tragedia de Miguel de Cervantes, en tierra americana”, con referencias al teatro y a su versión sobre la obra del novelista español.↵







