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4 Movimiento Barrios de Pie

De la resistencia y construcción de poder popular en los territorios a la disputa del Estado y el desarrollo de políticas por la ampliación de derechos

El Movimiento Barrios de Pie (MBP) nació en diciembre de 2001, como producto de una definición del partido político “Corriente Nacional Patria Libre” (CNPL) y de un conjunto de colectivos de trabajadores desocupados que venían desplegando sus acciones en distintas provincias del país y que decidieron conformar una organización que los nucleara a nivel nacional. En el año 2002, Barrios de Pie se asentaba en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y en doce provincias de la Argentina entre las que se encontraba Córdoba, donde había surgido la CNPL. Su constitución, como veremos más adelante, coincide con su alejamiento de la Federación Tierra y Vivienda (FTV) de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). La reconstrucción de algunos momentos de la historia de la CNPL permitirán comprender el nacimiento y el devenir de MBP y su relación con el Estado nacional y local, antes y después de su integración al gobierno kirchnerista en el año 2004.

Iniciamos este capítulo, con algunos antecedentes importantes de su constitución y luego analizamos las acciones de la organización, en lo que identificamos como dos momentos distintos en su relación con el Estado y con los procesos de democratización en Córdoba. Si en el capítulo 2 expusimos las transformaciones del Estado y el papel propuesto a las organizaciones, tomando como eje articulador los distintos mandatos de gobierno —y relaciones entre los procesos locales y nacionales— la temporalidad de la acción de este movimiento guarda un vínculo con esos procesos pero tiene también su singularidad y algunas diferencias.

Sostendremos en el primer apartado que parte del afluente de organización barrial-vecinal y villera sobre el que se construye el MBP se nutrió del período de reconstrucción democrática iniciado en los años 80, particularmente en Córdoba, y de los colectivos que emergieron o se desplegaron al calor de la crisis económica y de representatividad de fines de los años 90 y comienzos de nuevo siglo. El trabajo territorial fue parte de una definición temprana del partido CNPL —el afluente partidario del MBP—, respecto de las estrategias y modos de militancia política para lo que planteaban como la construcción de un país nacional y popular. Asimismo, proponemos que la definición de la CNPL de mitad de los años 90 de construir este proyecto y la resistencia al neoliberalismo en vínculo con la burguesía nacional, recuperaba aspectos de una gramática política movimentista que marcó la emergencia y desarrollo del MBP y, en particular, habilitó luego —no sin tensiones— su definición de incorporarse al proyecto de transversalidad y a la gestión del Estado, así como los conflictos hacia el interior de este nuevo espacio político.

Entre el año 2002 y fines de 2003, cuando nacía el Movimiento, reconocimos una primera temporalidad instituyente de la organización, de expansión y articulación con otros actores a nivel nacional y de desarrollo territorial en torno a comedores, merenderos, procesos de alfabetización y a la gestión de planes sociales al calor de la resistencia al modelo neoliberal. Auto identificada con el piquete como forma de protesta para visibilizar los problemas de la pobreza y la desocupación, sus prácticas asumieron también un sentido impugnador respecto de gobiernos nacionales y locales. En Córdoba, entre tanto, desarrolló además una primera experiencia de participación institucional con otros actores sociales incluyendo al Estado.

A partir del año 2004 se produjo una transformación del vínculo del MBP con el Estado, cuando se constituyó como uno de los sujetos legitimados para construir políticamente e inició un período centralmente de institucionalización dentro del Estado con el gobierno nacional y municipal. Asimismo, puede reconocerse un cambio en los sentidos de la movilización y una ampliación y diversificación de las problemáticas y actores con que organizaron la acción territorial por áreas de trabajo; un desarrollo territorial que se centró menos en la demanda de trabajo y planes sociales y más en acciones de promoción de derechos, capacitación y formación, con una primera experiencia de cooperativización en Córdoba.

Antecedentes en Córdoba

La CNPL surgió a fines de 1987 como una corriente que apostaba a tener alcance nacional. Sus miembros fundadores inicialmente provenían de experiencias de militancia en los años 70, principalmente en el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT- ERP), a los que se sumaron otras generaciones que habían tenido vínculos con el Partido Intransigente, Montoneros y organizaciones de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo —entre otras—.

Como colectivo, se autodefinía como de izquierda combativa “nacional, popular y revolucionaria” (En Marcha, marzo 1988) y reivindicaba como herencias una pluralidad de actores que habían sido protagonistas de distintas luchas a lo largo de la historia en nuestro país y en Latinoamérica: el General San Martín y los soldados de la Independencia; de Facundo Quiroga, de Artigas, del “Chacho” Peñaloza, de Felipe Varela y de los Gauchos Federales; de “la gesta de los obreros de principios de siglo y durante la Década Infame”; “la del pueblo radical e irigoyenista contra el régimen oligarca”; “la del pueblo peronista del 45, el del 17 de Octubre y el de Evita, contra el imperialismo y los cipayos nativos”; la Resistencia Peronista, la CGT de los Argentinos, Santiago Pampillón, el sindicalismo clasista, el Cordobazo y las organizaciones que en las décadas del 60 y 70 enfrentaron las distintas dictaduras; de Agustín Tosco y Atilio López, de las Madres de Plaza de Mayo y Monseñor Angelelli, de los jóvenes secundarios secuestrados en la Noche de los Lápices, de intelectuales del coraje de Rodolfo Walsh, y de los soldados que pelearon en Malvinas; del inmortal Comandante Che Guevara (Estatuto, 1990). En las entrevistas realizadas a integrantes de los momentos fundacionales de la agrupación, el vínculo entre la historia pasada y el presente como modo de comprensión de los hechos aparece reiteradamente como una característica de la organización valorada positivamente por ellos y como un eje de trabajo en espacios de formación y revistas.

Emergía para conformar lo que sus militantes definían como una organización revolucionaria “de nuevo tipo”. Proponían diferenciarse del resto de los partidos políticos, en particular de los dos hegemónicos a finales de los años 80 —de la UCR y del Partido Justicialista caracterizados como organizaciones “liberales” que contribuían a reproducir el sistema—, de la “burocracia sindical” y de las prácticas que sostenían organizaciones que, concibiéndose de izquierda, eran incapaces de generar una alianza “extendida y heterogénea”, que incluyera a distintos sectores sociales.

La conjunción del “marxismo leninismo” como método de análisis de la realidad (Gradín, 2015, p. 117) con la “identidad popular latinoamericanista” (Gómez, 2010, p.87) atravesaba también la concepción de la CNPL sobre el papel de la propia organización en la construcción de las condiciones para favorecer la liberación. Al respecto, algunas de las tareas que se enumeraban en su Estatuto (1990) de constitución incluían: “impulsar el desarrollo de la conciencia de clase de los trabajadores y del pueblo, y su patriotismo”, “crecer en el seno de los trabajadores y el pueblo, nutrirnos de los mejores compañeros, participar en todas sus luchas e impulsarlas”, “Enfrentar la política y el accionar de quienes nos dominan”, “promover el protagonismo y la participación democrática del pueblo en la resolución de sus problemas, su protagonismo en la lucha, y el fortalecimiento de sus organizaciones sociales”, entre otras.

El diagnóstico de la Argentina como un país capitalista dependiente con una crisis estructural y sin salida en los marcos del sistema, cuyos responsables principales eran el “imperialismo” —en particular norteamericano— y quienes consideraban eran sus “socios”, “el gran capital industrial, bancario, comercial y terrateniente” guió por esos años las estrategias y las tácticas del partido en el camino a la construcción del socialismo. Como resultado de esta premisa, consideraban que en los países dependientes el primer conflicto a resolver era aquel entre el imperialismo y la nación, en tanto expresaba la contradicción —en términos marxistas— entre el capital y el trabajo.

Con respecto a la coyuntura argentina de fines de los años 80, entendían que si bien el radicalismo en su primer año de gobierno había generado una política de renegociación de la “dependencia” a través de ciertos enfrentamientos con el imperialismo y las clases dominantes, tempranamente había cambiado el rumbo con el lanzamiento de un plan económico —el Plan Austral— que llevaba a más dependencia. Frente a ello, sostenían que era necesario “destruir las actuales relaciones de producción, quebrar el dominio que ejerce el imperialismo y la oligarquía sobre nuestro país” y gestar un orden económico “sin explotadores ni explotados”; construir

una patria con un régimen de Democracia Popular donde el poder esté en manos de los trabajadores y el pueblo, de plena vigencia de los Derechos Humanos y las libertades públicas (…) donde haya salud, educación, trabajo y vivienda para todos; en el que la ciencia esté al servicio del hombre y la cultura sea nacional y popular; una patria con FFAA del pueblo y la nación que estén al servicio de la defensa de nuestra soberanía. Un estado con una política exterior independiente y de apoyo a los pueblos que luchan contra el imperialismo (Documento Fundacional de la CNPL, 1987).

A diferencia de quienes consideraban que para ello el camino era un “gradualismo” reformista —conquistando pequeñas porciones del aparato del Estado—, la CNPL propuso en estos primeros años la “toma total del poder” y la “construcción de un Frente Popular” para agrupar a distintos actores y alineamientos políticos, en el que la “clase trabajadora” se constituía en el sujeto fundamental de la revolución. Esta concepción sobre la estrategia y el modo de construcción política atravesó y también limitó durante los años 90 el espectro de actores con los que articuló sus acciones hasta, al menos, su ingreso a la CTA en 1999. Expresada como oposición entre organizaciones con estrategias “confrontativas” y otras “acuerdistas”, esta diferencia aparece en reiteradas entrevistas. Entre ellas, la de una referente del partido cuando recuerda, por ejemplo, por qué no participaron o articularon acciones con el colectivo Unión de Organizaciones de Base por los Derechos Sociales (UOBDS) —aunque sí con algunas organizaciones que la habían conformado—, organización que por entonces tenía mucha presencia pública y amplio trabajo barrial en Córdoba y que, como mencionamos en el capítulo anterior, había decidido integrar la Mesa de Concertación de Políticas Sociales convocada desde el Estado por el gobierno radical

(…) en los primeros años de los ‘90, que se yo, todo lo que aparecía a nivel universitario, a nivel barrial, acá estaba la Unidad de Organizaciones de Base, era muy acuerdista todo, para nosotros. Siempre estaban acordando con los distintos espacios cuando para nosotros era muy, era muy confrontativo (Entrevista 7).

Como parte de la estrategia de construcción de un frente, en 1987 participó junto con el Partido Humanista, el Partido Verde y el Partido Comunista en la construcción del Frente Amplio de Liberación (FRAL) para las elecciones de Diputados, compitiendo con una multiplicidad de partidos políticos. Sin embargo, como resultado de esos comicios —al menos en Córdoba— sólo consiguieron representación los dos partidos mayoritarios y el FRAL poco menos que el 2 % de los votos (Dirección Nacional Electoral, 23/01/2016).[1] Este elemento es importante para comprender las decisiones que posteriormente tomaron los militantes de esta organización y del MBP porque —a diferencia de lo que sostiene Schuttenberg (2011, p. 43)— si bien la CNPL tuvo como antagonistas al imperialismo y a su representación local en la conducción del Estado, desde su nacimiento tuvo como horizonte la disputa política institucional y participó de diversos frentes en elecciones nacionales presidenciales y legislativas en los años 90 e inicios del nuevo siglo. Esta estrategia de construcción política se sostuvo hasta el año 2003 y se alternó con otras de abstencionismo eleccionario y de repudio a los representantes de los partidos políticos hegemónicos con expresiones públicas frente a los edificios parlamentarios, como desarrollaremos más adelante.

Con respecto a la organización interna de Patria Libre, en su documento fundacional y, luego en el primer Estatuto redactado en 1990, ya se presentaban pormenorizadamente las características de la estructura organizativa y se pautaban cada uno de los derechos y deberes que debían cumplir sus integrantes, incluidas sus posibilidades y límites de acción, su moral y sanciones. Los afiliados eran construidos como militantes “combativos”, “revolucionarios”, “abnegados y firmes”, con “convicciones profundas, de amor a su pueblo, de valor”, y “confianza en el triunfo final”, “espíritu de ofensiva, ser disciplinados, esforzados, tenaces y poseer pensamiento propio”. Según narran los entrevistados, el valor de la disciplina y la valentía que sostenía el tipo de acciones que se impulsaban, eran importantes en la militancia dentro de este espacio. Asimismo, señalaban que el partido desarrollaba instancias de formación política sistemáticas, principalmente para los y las jóvenes que se iba incorporando: “teórica” —incluyendo un cuadernillo, “El Pregón”, con lecturas políticas de historia— y “práctica” —con aprendizajes para la confrontación callejera—. El funcionamiento de la CNPL se regía por el centralismo democrático[2] y su estructura se proponía “asentada en lo territorial” y conformada por direcciones nacionales, regionales, zonales, de frente, las agrupaciones de base y núcleo. El artículo 18 del Estatuto de 1990, establecía que el Congreso Nacional era la máxima autoridad de la organización y estaba constituido por delegados elegidos democráticamente en los Congresos Regionales.[3] Este modo de organización y su concepción de la militancia permanecieron en el partido hasta su transformación en Libres del Sur e impregnaron el modo en que se construyó la estructura interna del Movimiento Barrios de Pie, el vínculo con el partido y la militancia de quienes lo integraban.

A comienzos de la década del 90, la CNPL se enraizaba principalmente en la ciudad de Córdoba —aunque también logró instalarse en algunas localidades del interior, como Alta Gracia y Cruz del Eje, entre otras—. Entrada esta década y a medida que se iba profundizando la crisis económica y de representatividad y las organizaciones piqueteras comenzaban a tener mayor presencia en el espacio público, sus referentes principales avanzaron en un proceso de construcción en el conurbano bonaerense y en otras provincias del país.

Según definieron en el segundo Congreso de Patria Libre realizado en 1996, con la fuerte ofensiva del imperialismo y la debilidad del campo socialista, era necesario redefinir las tácticas y las estrategias, centrándolas en la “resistencia”, el “desgaste” y la “lucha” contra el modelo neoliberal, antes que en la ofensiva. El documento redactado luego del Segundo Congreso de la CNPL, señalaba

Nuestro planteo de poder tiene que ser un gobierno de frente único con sectores de la burguesía nacional opuesta al modelo concentrador del gran capital y el imperialismo. Un acuerdo para establecer un gobierno de carácter nacional y popular con un programa de claro enfrentamiento al neoliberalismo. (Documento Segundo Congreso CNPL, 1996)

Su apuesta a la construcción de un “movimiento de liberación, nacionalista” presente en su Estatuto (1990) —y, agregamos nosotros, estas definiciones del segundo congreso de ampliar los sectores con los que construir— puede leerse según Gradin (2015), en clave “movimientista”. Teniendo en cuenta la caracterización que realizó Natalucci (2011) respecto de esta gramática política, es posible reconocer por estos años, algunos aspectos movimientistas vinculados con su revalorización de la tradición nacional-popular y del peronismo del 45 y con su concepción del cambio social. Desde esta gramática, a una primera etapa de resistencia le seguía otra de ofensiva, siendo la última la que alentaba a la construcción de un movimiento nacional que impulsara un proyecto popular en el que las organizaciones eran concebidas como puentes de relación entre el pueblo y el Estado (Natalucci, 2011).

Esta redefinición no se produjo sin discusiones dentro de la organización entre militantes con distintas trayectorias políticas y perspectivas ideológicas, tensiones que continuaron a lo largo del período de estudio y que marcaron las alianzas que pudo y no pudo construir e incluso los conflictos por la inclusión o no del PJ en la conducción del gobierno nacional (Entrevistas 2, 6 y 7). No obstante ello, por entonces, la estrategia consensuada por la CNPL fue la construcción de un frente con sectores de la burguesía nacional para lo que iba a ser necesario estructurar una fuerza y organización independiente del pueblo humilde y trabajador, conducido por las fuerzas revolucionarias. En el corto plazo, se proponían estimular las formas de lucha que fueran golpeando el consenso hacia los que gobiernan y la legitimidad de sus planes de ajuste, como había sucedido con puebladas como el Santiagazo, las de Jujuy, Córdoba, Río Negro, Cutral-Có, entre otras. En ese camino, desarrollaron acciones organizadas en distintos “frentes”, participaron de diversas acciones de protesta con relevancia local y nacional y fueron asumiendo una identidad piquetera a nivel territorial. [4]

El modo de construcción política se organizó a partir de “frentes” de masas en función de lo que el partido consideraba eran los sujetos estratégicos para llevar adelante la liberación en cada contexto (Gradín, 2015).

En Córdoba, la CNPL desarrolló tres frentes. El principal en los años 90 fue el “juvenil”, centralmente universitario, con la organización Venceremos que posteriormente se integró al Frente Estudiantil Universitario (FEU) y la creación del Grupo de Estudiantes Solidarios (GES) con presencia también en colegios secundarios. Otro fue el territorial —vecinal— con el colectivo Córdoba desde Abajo, con desarrollo incipiente desde 1994. Y el menos desarrollado, el “sindical”, a través de la “Corriente Primero de Mayo” que tuvo alguna inserción en el Sindicato de Luz y Fuerza —con una política fundamentalmente concentrada en evitar la privatización de EPEC— y que articuló con otros sindicatos como la Unión Gráfica de Córdoba, el Sindicato del Personal de Obras Sanitarias (SIPOS), la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) y con el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (CISPREN). Asimismo, publicó la revista En Marcha como modo de socializar el trabajo territorial y de compartir reflexiones y discusiones sobre la coyuntura y las definiciones de la CNPL, principalmente entre integrantes del propio partido y los otros actores con los que articulaba o se relacionaba.

Córdoba desde Abajo centró sus acciones predominantemente en la lucha contra el hambre y la pobreza a través de la protesta callejera, el sostenimiento de comedores, merenderos y algunos microemprendimientos en distintos barrios de la ciudad; entre ellos, Argüello, IPV Argüello, Ituzaingó, Ferreyra, Villa Libertador, San Jorge, Villa Cornú, 1° de Mayo, San Roque, Renacimiento. También trabajaron allí con el frente juvenil otras problemáticas como la del “gatillo fácil” y desarrollaron espacios de apoyo escolar desde una perspectiva que la organización inscribía en el marco de la “educación popular”.

Para la conformación de estos espacios, en este período, la organización no contó con recursos económicos provenientes de políticas sociales sino con el propio aporte de sus integrantes, cuestión que fue incorporada formalmente en una modificación posterior del Estatuto a fines del año 2003. Según relatos de los entrevistados, consiguieron también aportes de mercaderías de la cadena de supermercados Libertad y subsidios o insumos para comedores a través de la movilización y la negociación con el nuevo gobierno provincial a partir del año 1999.

Acciones territoriales barriales. De Córdoba desde Abajo a CTA de los barrios

Sintetizamos en lo que sigue las principales acciones territoriales y de protesta protagonizadas por la CNPL y los vínculos que entabló con otros actores sociales, en particular a partir de la emergencia de Córdoba desde Abajo, como antecedente del MBP a nivel local.

La salida de la dictadura había habilitado en la ciudad un contexto de destacada participación de habitantes de barrios y villas dentro de una variedad de espacios y organizaciones que acompañó el proceso de reconstrucción democrática (Franco et al., 2015).[5] En ese marco se insertó la CNPL desarrollando una política territorial barrial que fue creciendo lentamente a lo largo de los años 90 y se amplió a comienzos de nuevo siglo.

Hacia fines de los años 80, en un contexto de crisis económica, social y política emergieron en el espacio público acciones contenciosas alrededor de algunas problemáticas sociales que se sostendrían como ejes articuladores de la acción territorial a lo largo de los años 90, entre ellas, la pobreza y el hambre.[6] En el marco de la crisis política desatada, en los meses previos a la entrega anticipada del mando por parte de Raúl Alfonsín y la asunción de Menem a la presidencia, el 8 de julio de 1989, se registraron diversas acciones de protesta en demanda de alimentos: saqueos a supermercados en Córdoba y Rosario entre mayo y julio de 1989, concentraciones y cacerolazos protagonizados por mujeres y niños de distintas villas de emergencia de Córdoba Capital, intersección y sustracción de alimentos de un camión de carga en esta última ciudad, entre otros (Gordillo, 2014). Según testimonian algunos entrevistados de la CNPL, en el año 1989, participaron con pobladores de barrios de Córdoba de distintas acciones de protesta dirigidas al gobierno local en demanda de alimentos (Entrevistas 2 y 7).

Era posible reconocer para esa época en la ciudad de Córdoba, diversas estrategias de organización y acciones para la subsistencia que incluían ollas comunitarias, comedores populares, compras colectivas, almacenes comunitarios, entre otras (Aquí estamos los villeros, 1988). En junio de ese mismo año, el diario La Voz del Interior publicaba un informe titulado “Preocupante panorama en sectores de extrema pobreza” en el que aludía a la realidad de estos actores y a la cristalización del “hábito de la ayuda alimentaria impulsada por el gobierno” (Franco et al., 2015, p. 176), como parte de una política asistencialista inicialmente concebida como de emergencia y que se extendía en el tiempo.

En el marco de la militancia en el frente sindical, en la narración de algunos militantes, se menciona también la participación de la CNPL en las protestas del 22 y 23 de junio de 1995 en Córdoba cuando sucedió la emblemática quema de la Casa Radical (Arriaga et al., 2012) seguida de una serie de cortes de ruta y saqueos. Desde enero de ese año se había iniciado en Córdoba un ciclo de intensificación de la protesta con alto protagonismo de los sindicatos del sector público (Gordillo, 2003) al que se habían sumado organizaciones políticas, barriales y villeras (La Voz del Interior, 23/6/1995, p. 2A). Dichas jornadas habían sido el prolegómeno de la renuncia anticipada del gobernador Eduardo Angeloz el 6 de julio del mismo año. Al respecto señala un coordinador provincial

(…) armar la juventud de la Corriente Sindical 1 de Mayo, se produce lo de la toma de la Cervecería Córdoba donde nosotros tuvimos una participación muy fuerte en la toma de la cervecería, se intenta la privatización de Luz y Fuerza y con nosotros, con los trabajadores de LyF y con los de Sipos se tienen las experiencias más duras de confrontación con la Policía y lo de la Legislatura y demás y bueno, todo al final termina desembocando en la quema de la Casa Radical en aquel momento con la gente de Bazán, nosotros teníamos mucha coordinación (…) (Entrevista 2).

En esta misma entrevista y en otras hay referencias también a la participación de la CNPL en diferentes movilizaciones organizadas por los organismos de DDHH en demanda de memoria, verdad y justicia; en las marchas contra la venta de la Cervecería Córdoba, la privatización del agua y en apoyo a la educación pública cuando se promulgaba la Ley de Educación Superior, también hacia mitad de la década del 90 (Entrevista 2, 7 y 6).

La asunción de Ramón Bautista Mestre como nuevo gobernador por el mismo partido político[7] y su despliegue de estrategias tendientes al logro del equilibrio fiscal y a la racionalización administrativa (La Serna, 1997) con la sanción de las leyes de Emergencia Económico– Financiera y Previsional del Sector Público Provincial (Nº 8472) –y su modificatoria (Nº 8482)[8]– fueron objeto de nuevas protestas. A pocos meses de sancionadas estas leyes, se desarrolla la primera acción de protesta protagonizada como Córdoba desde Abajo con un acto en rechazo a la Ley de Emergencia Económica y en repudio a la asunción del por entonces gobernador Angeloz como senador nacional. La acción culminó con una marcha para participar de la ronda de los jueves de las Madres de Plaza de Mayo en la plaza San Martín. (La Voz del Interior, 8/12/1995) Dicha acción es la primera protesta de desocupados registrada en la ciudad de Córdoba. Otra acción de protesta protagonizada por este colectivo en repudio a las políticas de ajuste del nuevo gobierno provincial, se registra al año siguiente con una movilización a la Legislatura de la provincia (La voz del Interior, 24/12/1996: 1A). Como señala Natalucci (2008) en su estudio sobre el movimiento piquetero en Cruz del Eje, se trata de un actor que tendrá una temprana aparición en nuestra provincia. La construcción del “espacio piquetero” enmarcó, entre otros procesos, la rearticulación de las identidades y trayectorias organizativas de algunos colectivos con inserción barrial que confluyeron en nuevos espacios. Tal es el caso de la CNPL, una de las principales protagonistas de la protesta que registramos como equipo de investigación hacia fines de siglo en la ciudad capital. (Gordillo et al., 2012).[9]

Al año siguiente, comenzaron las protestas frente a supermercados en demanda de alimentos, con formato de concentraciones y ollas populares. Las mismas tenían un doble objetivo: visibilizar las desigualdades generadas por el modelo neoliberal y conseguir ayuda alimentaria para las organizaciones de base con las que trabajaban (Entrevista 10). Al respecto expresa una militante de la CNPL y posterior coordinadora provincial de Barrios de Pie

Ahí hubo un montón de prensa porque fue la primera vez en el país que vamos a la puerta del súper no a saquear sino a cerrar la puerta y explicar que tenemos necesidades…El primero fue en la Colón, a un Americanos, nos fue bárbaro, y ahí empezamos y llegamos a hacer acuerdos hasta con el Libertad de mercadería, mucha mercadería para alguna campaña de la organización, bancábamos la copa de leche, algunos comedores y algo de mercadería para la gente que tenía así las necesidades más gruesas (Entrevista 3).

Si bien estas primeras acciones lograron visibilidad pública, el sentido que le daba el título de la nota publicada por el diario de mayor tirada local —“Supermercado obligado a donar alimentos”— (La Voz del Interior, 20/06/1996, p. 2.6A) no iba en el mismo sentido que el que Córdoba desde Abajo proponía como modo de intervención en el espacio público

el objetivo que teníamos era generar un hecho político, cuestionar el hambre, la marginalidad, en ese momento lo más simbólico en la sociedad, el mensaje del neoliberalismo: está todo bien, no hay hambre, hay fiesta, fashion, todo, todo eso, el uno a uno, y la pobreza extendida en los niveles terribles. (Entrevista 10)

Entre 1996 y 1997 se repite este tipo de acciones de protesta promovidas por Córdoba desde Abajo, con el mismo fin y en sintonía con otras realizadas en otras provincias del país. Una de las iniciadas en Córdoba, recordada por sus referentes como la acción de protesta más significativa de esos años, por la organización que demandó y el impacto político en términos de la visibilización pública de la problemática del hambre y la pobreza, fue la desarrollada en la víspera de la navidad de 1996 con la consigna “una navidad para los pobres” (Clarín, 24/12/1996).

Para entonces, la prensa local comenzó a nombrar a estos actores no sólo como “villeros” sino como “desocupados”, en un contexto nacional en el que emergían en la escena pública las organizaciones de desocupados con esta y otras modalidades de protesta. En mayo de 1997 se registran en Córdoba los primeros cortes de ruta en el marco de una masiva protesta a nivel nacional de las organizaciones de desocupados. Entre los actores que el diario local identifica como participantes se encuentran la Coordinadora de Desocupados, el Movimiento de Trabajadores por la Resistencia y “desocupados e indigentes villeros” de zonas periféricas de la ciudad (La Voz del Interior, 28/5/1997). Las acciones se produjeron en la ruta nacional 9, en el Camino a 60 cuadras y en la ruta provincial 5, que comunica a la capital con la localidad de Alta Gracia y en la que había participado una organización vecinal integrante de Córdoba desde Abajo (Franco y Medina, 2012). Luego de dos días, el gobierno provincial dispersó a los manifestantes de la ruta 5 con la acción represiva de la policía de la provincia.

Los cortes de calles en demanda de alimentos al gobierno provincial, la represión policial como principal respuesta del Estado, seguida de pronunciamientos del gobernador que deslegitimaban estos reclamos al caracterizarlos como de “mala costumbre” y asociarlos a la presencia de “activistas de ultraizquierda” entre los manifestantes, continuaron en la ciudad en el mes del aniversario del Cordobazo. De la conmemoración que realizó la seccional Ferreyra de la UOM, sobre la ruta 9, también participó Córdoba desde Abajo (La Voz del Interior, 30/5/1997, 31/05/1997).

Desde entonces, se inauguraba en Córdoba el corte de ruta como formato de protesta que reunía a diferentes actores e identidades y organizaba la demanda alrededor de la asistencia estatal en la forma de alimentos, planes de empleo y otras políticas sociales.

Estos cortes que congregaban a distintos actores en demanda de asistencia estatal a través de la entrega de alimentos, planes de empleo y otras políticas, visibilizaban la profundidad de la crisis económica y social, la dificultad de las políticas diseñadas en los distintos niveles del Estado para responder a las demandas y resolver los conflictos y el crecimiento y movilización nacional de organizaciones que asumían para sí una identidad piquetera. Fundamentalmente luego de las puebladas de Cutral Co, Plaza Huincul y Tartagal, estos colectivos comenzaron a reorganizar experiencias anteriores de trabajo territorial (Franco y Medina, 2012).

Ese fue el caso de Córdoba desde Abajo que en 1999, con la decisión de la CNPL, se diluyó para constituirse como un frente barrial autónomo, la “CTA de los barrios”, dentro de la Federación Tierra y Vivienda (FTV) de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). La CTA, caracterizada por la CNPL como una organización sindical no burocrática —y la primera que por entones reconocía una relación entre trabajo y desempleo—, se proponía nuclear y reorganizar el trabajo de diversas organizaciones del país con inscripción territorial en un mismo espacio político. Se trató de un cambio profundo en términos organizativos en tanto implicó el paso de una estructura de inserción local a una de nivel nacional en articulación con distintos actores.

La decisión fue tomada en el marco de la estrategia de la CNPL de construir un “nuevo proyecto nacional” frente al “modelo liberal”; un plan de lucha que, como señalan en los documentos aprobados del 3º Congreso Nacional, integre a distintos sectores sociales y que implique

(…) soberanía frente a los poderosos del orbe, con crecimiento económico y una más justa distribución de la riqueza, con inserción en el mundo pero a partir del mercado interno vigoroso que integre en un pie de igualdad a todas las provincias, con un Estado fuerte que cuide del patrimonio nacional, defienda al débil y controle al poderoso, donde haya igualdad real de oportunidades para todos, trabajo y justicia social con democracia en serio, participativa, sin represión ni impunidad (Corriente Nacional Patria Libre, junio de 2000).

Desde allí, retomando su trayectoria previa, desarrolló su trabajo territorial como “CTA de los barrios” y a través de la conducción del frente juvenil de la CTA. Los “barrios” fueron recuperados como parte de la identidad de la organización que permaneció cuando se creó Barrios de Pie.

Como espacio de acción y horizonte de construcción política resaltaba, por un lado, la importancia que desde sus comienzos tuvo el trabajo territorial barrial en el modo de concebir la política por parte de este colectivo y generaba una referencia concreta respecto de aquellos desde y con los que construir. La posibilidad del espacio barrial de congregar a distintos sectores y actores sociales, iba en sintonía con las definiciones de la CNPL en el Segundo Congreso de ampliar los sectores con los que construir un proyecto nacional de las características señaladas. Por otro lado, durante este período, fue un modo de definir una referencia propia y específica dentro de la CTA, diferente del resto de los sindicatos que representaban a los trabajadores asalariados y que conformaban la central.

Para las elecciones presidenciales de 1999 participó como Alianza Frente de la Resistencia. En esta oportunidad Néstor Moccia, histórico militante de Patria Libre fue como candidato a vicepresidente y Jorge Reyna, ex montonero y militante de la JP, como candidato a presidente. Los resultados electorales fueron magros. Sin embargo, los referentes de la CNPL entrevistados recuperan esta experiencia como parte de la estrategia de construcción de un espacio político más amplio.

En Córdoba entre el año 2000 y el 2001, la relación entre la FTV y la CTA de los barrios fue de tensión como en el resto del país. No obstante ello, fue una oportunidad también de ampliación del espacio de construcción junto con otros actores políticos, dentro y fuera del espacio piquetero. Entre el 2001 y el 2002 se registra el momento de mayor expansión del trabajo territorial de este colectivo, según expresan todos los entrevistados y se evidencia en la presencia pública de la organización, en la apertura de nuevos trabajos territoriales y en el acceso a una importante cantidad de planes que administró. Avanzamos sobre esto en los próximos apartados.

2001. De la CTA de los barrios al Movimiento Barrios de Pie

Durante el año 2001, las acciones que emprendieron la CNPL y la CTA de los barrios junto con el resto de los colectivos piqueteros continuaron impugnando la política del gobierno nacional y local. Sin embargo, en el marco de su inscripción dentro de la CTA, también participó de la institución de un espacio de articulación nacional como fueron las Asambleas Piqueteras que antecedieron a la construcción del Bloque Piquetero, de protestas locales como la resistencia a la privatización de EPEC, de la consulta popular que impulsó como parte del FRENAPO y, no sin discusiones con la conducción de la CTA, la CNPL decidió presentarse en un frente electoral para las elecciones legislativas de setiembre de 2001. CTA de los barrios recuperaba al piquete principalmente como formato de protesta desde el que construía su identidad.

En cuanto a las movilizaciones nacionales, CTA de los barrios participó de ellas y de los cortes de ruta convocados que se desarrollaron también en Córdoba. Entre ellas la “Marcha de la vida” organizada por la CTA y la ONG “Chicos del Pueblo”, que con una duración de 15 días arrancó en La Quiaca y finalizó en Plaza de Mayo, en demanda de un futuro mejor para los niños de la Argentina y trabajo para los padres desocupados de todo el país. La movilización con trajes de colores y murgas fue protagonizada por más de 400 niños de distintas provincias y contó con la adhesión en Córdoba, además, de CTERA y el CISPREN (La Voz del Interior, 16/05/01, p. 4A).

Otras de las movilizaciones con envergadura nacional y expresión local de las que participó fueron las tres semanas de corte de ruta consecutivo convocadas por la I Asamblea Nacional Piquetera que iniciaron el 31 de julio de 2001. De ella participaron, entre otros actores, la FTV- CTA, la Corriente Clasista y Combativa y el Partido Obrero. CTA de los barrios fue una de las organizaciones que motorizó las acciones de protesta en Córdoba que describimos en el capítulo anterior.

También a nivel local, en el marco del plan de lucha construido por el Sindicato de Luz y Fuerza en contra de la privatización de EPEC que promovía el gobierno provincial, entre mayo y octubre del 2001 participó junto con diversas organizaciones sociales —incluyendo a Vecinos Autoconvocados, gremios, organismos de derechos humanos, partidos políticos y otros actores sociales— de marchas, concentraciones y cortes de las principales calles de la ciudad (la Voz del Interior, 101/05/2001, p. 8A; 11/05/2001, p. 7A; 16/05/2001, p. 9A; 26/07/2001, p. 4A; 30/10/2001, p. 7A).

Asimismo, a diferencia de la CTA que por entonces apostaba al FRENAPO por fuera de la disputa partidaria electoral por predominar en ella su composición sindical, la CNPL decidió integrar junto con Encuentro Popular y el Partido Intransigente -entre otros partidos-, el “Frente Polo Social” encabezado por el sacerdote Luis Farinello para las elecciones legislativas del 2001. Si bien lograron una mejor elección que en los años anteriores con otros frentes —8,64 % de votos válidos en provincia de Buenos Aires y 2,5 % en Capital Federal—, su resultado fue marginal y fueron ampliamente superados por lo que se conoció como el “voto bronca”.

Además, participó de la Consulta Popular del FRENAPO -frente articulador de las organizaciones del campo popular- impulsada por la CTA como estrategia de articulación de lo social con lo gremial, con el doble objetivo de situar una agenda social -un seguro de empleo y formación para los jefes de familia desocupados y una cobertura previsional- y promover la unidad de los sectores en lucha (Armelino y Pérez, 2003). La consulta se realizó entre el 13 y 16 de diciembre de 2001 y según los propios organizadores, alcanzó los 3.200.000 votos. En Córdoba, como parte del trabajo político, semanas previas a la consulta se hicieron talleres educativos en distintos barrios en dónde CTA de los barrios trabajaba y también en la universidad.

Sin embargo, las diferencias con dirigentes del espacio de la FTV se fueron profundizando y en diciembre del 2001, se decidió crear el Movimiento Barrios de Pie, como estrategia de diferenciación de la Corriente Nacional Patria Libre respecto de la conducción de la CTA, en relación con la lectura de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 —de los que ni la CTA ni por entonces la CTA de los barrios participó— y respecto de la distribución de los recursos que llegaban vía planes sociales nacionales, en particular los Programa de Empleo Comunitario (PEC) que trabajaba la CTA. A fines de junio de 2002, tras la denominada “masacre” del puente Pueyrredón, se agregó además una diferencia con la postura de la FTV. En un comunicado de prensa firmado por la Mesa Nacional del Movimiento Barrios de Pie, el movimiento expresaba su repudio a la conducta del presidente de la Federación de Tierra y Vivienda, Luis D´Elía a quien se le adjudicaba haber abonado a la teoría represiva desplegada desde el gobierno de Duhalde y formalizaba su desvinculación de la FTV

Para mantener bien alto las banderas democráticas y opositoras que levanta la Central de Trabajadores Argentinos, el Movimiento Barrios de Pie ha decidido desvincularse de la Federación de Tierra y Vivienda, de la que formaba parte. Sin dejar de pertenecer a la CTA, nuestra Central (…) (Comunicado de Prensa MBP, 30/06/2002).

2002-2003. La etapa piquetera y de resistencia del Movimiento Barrios de Pie: construcción de “poder popular”, desarrollo territorial y lucha en torno a la asistencia alimentaria y a los planes de empleo

Queremos una Argentina soberana, con trabajo genuino, sin hambre y sin represión

Volante de distribución callejera

 

El Estado está ausente, el Estado no existe, en aquel momento, no? Entonces, el Estado somos nosotros, tenemos que generar tal nivel de referencia en los barrios para que la gente vea que nosotros podemos resolver el tema del hambre, el tema del trabajo, desde las organizaciones, desde la organización popular, y eso es “poder popular”

Entrevista 4

Por decisión de la CNPL y de los colectivos que venían formando parte de CTA de los barrios —que no integraban la estructura de la CNPL—, a fines del 2001 e inicios del 2002 se disuelve esta organización y se crea el Movimiento Barrios de Pie, con una identidad por fuera de la CTA.

Aunque se trató de otro colectivo, el modo de organización interno definido como de “centralismo democrático” continuó a través de un sistema de delegaciones y coordinaciones por barrios o espacios de construcción territorial que a su vez integraban una mesa coordinadora provincial. Cada mesa además tenía su representación y espacio de coordinación a nivel nacional. La estructura estaba compuesta por militantes de Barrios de Pie y por otros que, además, eran responsables de algún frente de la CNPL. Con respecto a la cantidad de hombres y mujeres en los espacios de conducción, narra una de sus integrantes, que la presencia de éstas últimas se tematizó a medida que la corriente y el MBP empezaron a incorporar discusiones sobre perspectiva de género en el trabajo político (Entrevista 7). Para octubre de 2003, una de las modificaciones en el Estatuto del partido estableció una proporción mínima de mujeres —una de cada tres— integrantes de la Mesa Nacional.

En cuanto a la relación del partido con el movimiento, continuaba en la CNPL una concepción de lo “político” entendido como disputa para la transformación de un orden considerado injusto y que encontraba en el propio partido el sujeto con capacidad de motorizar estos cambios en alianza con otros actores sociales; es decir, el partido era el que tenía los recursos —experiencia y formación militantes— que podían aportar en el proceso de politizar “lo social” a través de su organización política; de construir “poder popular” organizando la lucha por la soberanía, contra el sistema neoliberal y en pos de un proyecto que incluyera a las grandes mayorías. “Lo social”, por su parte, si bien era concebido como central para la construcción de un movimiento del pueblo en su conjunto, atendiendo al tipo de trabajo que desarrolló la organización en este primer período, el mismo se concentró principalmente en el trabajo con personas que vivían en condiciones de pobreza y/o desocupación articuladas en torno al MBP. El desarrollo en los frentes sindicales y juveniles continuó siendo marginal en su política por estos años.

La auto-identificación del MBP con el “movimiento piquetero” o con el “conjunto de trabajadores y trabajadoras desocupadas” recorre las voces de los entrevistados y las publicaciones del MBP. La presentación que el movimiento hace en su página oficial al poco tiempo de su creación recupera esta última identificación

El Movimiento Barrios de Pie nació en diciembre de 2001 como producto de la necesidad de organizarnos a nivel nacional de un conjunto de movimientos de trabajadores y trabajadoras desocupados que veníamos luchando desde hacía tiempo en muchos barrios de diferentes provincias de la República Argentina (Página Web Movimiento Barrios de Pie, 30/04/2002).

Dos años después, en una nota publicada en la revista del Movimiento Barrios de Pie, se recuerda su nacimiento como organización piquetera, del mismo modo en que lo hacen quienes fueron sus coordinadores provinciales en este período (Entrevistas 2, 3 y 4)

Es bueno recordar que nacimos como un movimiento piquetero y recordar que conservamos nuestra actitud rebelde hacia el engaño de la política malentendida, la política del clientelismo, la política del puntero, la política que quiere que nada cambie, la que es reflejo de estructuras mayores que manejan los traidores de la patria (Revista Barrios de Pie, julio 2004, p. 2).

Asimismo, la identificación con el sujeto piquetero se reivindicaba en las canciones callejeras —a la voz de “piqueteros carajo, piqueteros carajo…”— y en una de las primeras banderas con que se mostraron en el espacio público callejero (Entrevistas 2).

Podemos conjeturar que la apropiación de uno u otro sentido identitario tuvo que ver con los distintos contextos y estrategias que fue asumiendo el movimiento: con la definición de construir un movimiento amplio al tiempo que aliarse con otros colectivos como los piqueteros entre 2001 y 2002; para disputar los modos en que las organizaciones piqueteras eran visibilizadas en la esfera público mediática en el marco de un proceso creciente de estigmatización mediática a fines del 2002 y comienzos del 2003; para presentarse dentro del espacio de la “transversalidad” conducido por Néstor Kirchner y en los territorios, como un movimiento “rebelde” que no abandonaba la lucha por los derechos de las grandes mayorías al incorporarse a la gestión del Estado y, al mismo tiempo, diferenciarse de ciertas prácticas del partido justicialista de las que históricamente la CNPL primero y luego el MBP, se habían distinguido.

No obstante los diferentes modos de nombrarse, es posible reconocer un consenso sobre la identificación con el piquete como formato de protesta que decidieron asumir en estos primeros tres años como movimiento y su participación en espacios y acciones junto con otros colectivos piqueteros.

En estos primeros años, los objetivos que se propusieron incluyeron “la lucha contra el hambre y la pobreza y la oposición a las medidas de los gobiernos subordinados a las exigencias del FMI”; el logro de “trabajo genuino”; y la solución inmediata a lo que definía como “problemas más acuciantes” como la educación, la salud y la provisión de los servicios indispensables para una vida digna. Sus principales antagonistas a nivel externo se construyeron en torno a los organismos de crédito internacional y las grandes potencias; a nivel interno, el gobierno y el Estado -en sus distintos niveles- en tanto éste se había corrido a favor de “intereses ajenos a las necesidades de las mayorías”, al servicio de los sectores económicamente dominantes (Página Web Movimiento Barrios de Pie, acceso el 12/11/2003). Entre sus aliados, actores nacionales e internacionales —en particular, el pueblo cubano, el Movimiento Quinta República de Venezuela y su referente Hugo Chávez con quien la organización había entablado vínculos en el 2001, y con posterioridad quien resultara presidente de Bolivia, Evo Morales— que apostaban a la construcción de lo que como colectivo caracterizaban como proyectos de país nacional populares.

Desde ese diagnóstico, el MBP definió como estrategia para generar “poder popular”, politizar lo social, “ocupando” el lugar dejado por el Estado “en cada Patria que es su barrio”, en las distintas provincias donde desarrolló su trabajo territorial (Revista Barrios de Pie, junio 2004). En Córdoba, según relatan los coordinadores provinciales, el trabajo que había empezado en zona norte de la ciudad capital y luego se había extendido a la zona sur, llegó a abarcar en su momento de mayor desarrollo a unos 40 barrios de diferentes seccionales de la ciudad. Entre ellos, Ferreyra, Villa Siburu, Ituzaingó, Acosta, San Roque, San Jorge, Arguello, Renacimiento, Villa Libertador, Comercial, José Ignacio Díaz 3ra, Patricios, General Savio, Urquiza, barrios “de la seccional 13”, entre otros (Entrevista 2, 3 y 4).

El mismo se organizó principalmente alrededor de la lucha reivindicativa y del trabajo en los Centros Comunitarios donde funcionaban comedores, merenderos o copas de leche; roperos comunitarios; equipos para el mantenimiento y desmalezamiento de terrenos; espacios de apoyo escolar, programas de alfabetización y educación popular; bibliotecas populares; campañas de salud de medición de “talla y peso” y formación de agentes de salud; talleres sobre violencia familiar; actividades vinculadas con la cultura y la comunicación; entre otras.[10] Las huertas, las panaderías comunitarias y otro tipo de emprendimientos como manualidades y artesanías, al menos en esta etapa en Córdoba, no lograron sostenerse en el tiempo o superar la producción a pequeña escala y artesanal (Entrevista 4). En términos organizativos, estas acciones se fueron articulando en torno a lo que luego constituirán áreas de trabajo; por entonces, área de educación, área de comunicación y la comisión de salud.

Quienes se acercaban a integrar el MBP —narran los coordinadores entrevistados— tenían entre sus tareas políticas trabajar y formarse en torno a alguna de estas áreas o espacios y también participar de las acciones de protesta público callejeras (Entrevistas 7, 2 y 3).

En el año 2002, la organización impulsó la campaña “El hambre no puede esperar”, con el objetivo de enfrentar la crisis alimentaria, vinculó estas acciones colectivas a nivel nacional. Como señala uno de los coordinadores provinciales en Córdoba

El Estado está ausente, el Estado no existe, en aquel momento, no?, entonces el Estado somos nosotros, tenemos que generar tal nivel de referencia en los barrios para que la gente vea que nosotros podemos resolver el tema del hambre, el tema del trabajo, desde las organizaciones, desde la organización popular, y eso es “poder popular” (Entrevista 4).

Si bien para los referentes entrevistados, el MBP surgió desde el comienzo como una organización explícitamente política, la posibilidad de construir este “poder popular” y un proyecto de cambio social encontró dificultades en la tensión entre quienes se acercaban al MBP centralmente para paliar necesidades y urgencias —a través de comedores, copas de leche o el acceso a planes sociales— y la posibilidad del propio movimiento de politizar esa realidad, en un contexto de expansión de la organización en términos de cantidad de integrantes y del trabajo territorial (La Voz del Interior, 01/7/2002, p. A2; Entrevistas 2, 3, 4 y 7).

Hasta tanto el Estado nacional y local atendió a las demandas alimentarias —primero como respuesta a la protesta o pedidos concretos y después con programas sociales o subsidios— el trabajo de los comedores y merenderos asumió la forma de “olla popular” y se sostuvo económicamente a través de la ayuda voluntaria y solidaria de empresas, vecinos e instituciones de la zona donde los centros estaban asentados.

Los primeros subsidios se consiguieron con movilizaciones y posteriores negociaciones con el gobierno de la provincia; luego, a partir de proyectos que se canalizaron a través de la Dirección del Programa Asistencia a la Familia. Los programas provinciales para personas desocupadas como el PPP o el Córdoba Confía, no fueron parte de las políticas a las que accedieron quienes integraban esta organización salvo algún caso puntual, según narran los entrevistados y se explicitaba años antes en una denuncia publicada en el boletín informativo antes de su constitución como MBP (CTA de los barrios, Comisión de desempleados zona Sur, octubre de 1999).

En cuanto a las políticas nacionales, el acceso al FOPAR para abastecer la comida que se distribuía en los comedores, a los planes Jefes y Jefas de Hogar y a los PEC para el desarrollo de proyectos productivos, también favorecieron la expansión del trabajo territorial en términos cuantitativos y cualitativos en Córdoba.[11] Al respecto señala una de sus coordinadoras provinciales

(…) FOPAR era un amor, porque era de pasar de la nada a que los pibes coman milanesa, yo tenía una alegría que no podía creer, ahí conseguimos para mil pibes. Era una demanda así brutal, situaciones de pobreza heavy heavy (Entrevista 3).

Con respecto a los PJyJH en Córdoba, el acceso a los mismos se produjo, según narran los coordinadores provinciales, a través del CCM y del gobierno provincial y llegaron a sumar algo más que 4 mil quinientos en este período (Entrevistas 2 y 3). Los PEC, en cambio, se obtenían por negociaciones directas con el gobierno. A diferencia de lo que sucedía en el conurbano bonaerense, en el caso de Córdoba capital, el crecimiento se produjo principalmente desde los PJyJHD antes que desde los PEC (Entrevista 2, 3 y 4). No obstante ello, con los PEC se trabajaron algunos microemprendimientos de panadería y carpintería en barrios de la capital.

El acceso a los planes no sólo fue una “escalada de recursos” que contribuyó a consolidar y ampliar el trabajo territorial sino también a construir relaciones con distintas instancias gubernamentales (Entrevista 4).

Un volante de distribución callejera de la propia organización —“Por Trabajo, dignidad y poder popular”— informaba que para el 2003 el MBP Córdoba congregaba a 19 comedores, donde se atendían dos mil niños y 23 copas de leche que llegaban a otros mil ochocientos. Para entonces, el colectivo, también había creado un nuevo dispositivo en su vinculación con el Estado y con otros actores sociales: una asociación civil con personería jurídica —Red de Comedores Solidarios— con la que accedió a subsidios nacionales y locales y otros recursos materiales para comedores y copas de leche.

Como desarrollamos en el capítulo 1, en el contexto de las reformas promovidas por los organismos de crédito internacional, los procesos de desestatización —y “comunitarización” (Danani, 2005)—, descentralización y focalización de la política social, habían promovido la transferencia de responsabilidades del Estado en favor de la conformación de un conjunto de “cuasimercados de servicios públicos y sociales” en los que, entre otros actores, las ONGs habían adquirido protagonismo en la “gestión de la pobreza” (Andrenacci y Repetto, 2018). La posibilidad de apropiación de los conocimientos técnicos —y luego también de los recursos económicos— para la constitución de estos colectivos fue muy desigual, en particular para quienes vivían en condiciones de pobreza y desocupación.

La construcción de esta asociación civil por parte del Movimiento Barrios de Pie como estrategia para el financiamiento de parte del desarrollo territorial junto con las acciones de protesta al Estado en demanda de política social, abría también la posibilidad de poner en tensión —al menos localmente— los procesos de “(re)mercantilización” de los lazos ciudadanos y de desresponsabilización del Estado.

Los años 2002 y el 2003 fueron de importantes movilizaciones, acciones de protesta y confrontación callejera a través de la ocupación del espacio público, principalmente con el formato de piquete y corte de ruta o calle. En la base de datos de acciones colectivas de protesta construida por el equipo de investigación, en ese período se registran 13 acciones de protesta organizadas por el MBP y 8 por el Bloque Piquetero Nacional del que este colectivo formó parte (Gordillo et al., 2012). Las demandas públicas se formularon centralmente en torno al acceso a planes de empleo, alimentos y trabajo; también incluyeron la crítica a los representantes políticos.

Por entonces, Barrios de Pie se había integrado al Bloque Piquetero Nacional junto con el Polo Obrero, la CCC y la FTV. Diferencias históricas dentro de la izquierda impidieron que se lograra una expresión política de ese espacio a más largo plazo. Como señala Natalucci, se trató de una etapa en que la expectativa de la organización “(…) giraba en torno a poder consolidar una estrategia de movilización y de confrontación, donde se resaltaba el carácter destituyente de la política” (Natalucci, 2010a, p. 105).

En Córdoba, las protestas en reclamo de planes de empleo y alimentos e insumos para sostener los comedores y los merenderos se extendió a lo largo del 2002 (La Voz del Interior, 24/4/2002, p. 5A). Se agregaron también marchas junto con el Bloque Piquetero en reclamo de un boleto estudiantil y planes de capacitación para jóvenes (La Voz del Interior, 18/9/2002, p. 4A). Las movilizaciones estuvieron dirigidas principalmente al gobierno provincial y nacional pero también a empresas para demandar asistencia alimentaria (La Voz del Interior, 4/12/2002, p. 3A). La relación con el gobierno provincial y municipal también fue de oposición absoluta. Con respecto al por entonces intendente Kammerath, el MBD se involucró —junto con otras organizaciones— en el pedido de revocatoria de su mandato (Comunicado de prensa MBP, 06/10/2002). La convocatoria a la “Marcha contra el hambre” a comienzos de diciembre del 2002 se realizó con las siguientes demandas

Porque se aumenten los planes a $300, ante la permanente suba de precios de la canasta familiar. Por trabajo para nuestros jóvenes, dignidad para nuestros viejos y futuro para nuestros niños. Contra la permanente obsecuencia del gobierno ante las multinacionales y el FMI. Que se respeten las firmas de la revocatoria municipal. Que se vaya Kammerath y De la Sota también. ¡Que se vayan todos! (Comunicado de prensa MBP, 02/12/2002)

La consigna “Que se vayan todos. Por otro 19 y 20” fue la que se trabajó para la convocatoria de la Marcha Federal con movilizaciones de las agrupaciones piqueteras en distintas provincias, incluyendo al MBP en Córdoba (Página 12, 16/12/2002, en línea). Al respecto, recuerda un referente coordinador provincial, una de las canciones que se escuchaba en las movilizaciones: “Diputados son todos unos culiados; senadores son todos cagadores” (Entrevista 2).

Sin embargo, la conmemoración de la caída del gobierno de De la Rúa del 20 de diciembre encontró a las organizaciones divididas. En Córdoba, Barrios de Pie y el Bloque Piquetero realizaron un acto en Plaza de la Intendencia, donde exigieron el esclarecimiento de los crímenes cometidos durante el 19 y 20 de diciembre del 2001, así como la renuncia del presidente Duhalde, el gobernador De la Sota y el intendente Kammerath. Por su lado, la Multisectorial -de la que participaban la CTA, junto a la Izquierda Unida y diversos gremios y asambleas vecinales- confluyó en el Patio Olmos, donde se produjeron acciones contra edificios asociados con las políticas de los años 90 en el imaginario del activismo: el propio Patio Olmos y la sede de la UCR (Franco y Medina, 2012).

A lo largo del año 2003 continuaron las movilizaciones exigiendo aumento de salarios, planes, subsidios para desocupados y alimentos. Tras lo que el MBP evaluó como “campañas malintencionadas” por parte del gobierno provincial que pretendía “involucrar a las organizaciones de piqueteros en el cobro indebido de planes Jefes y Jefas de Hogar”, el movimiento denunció el manejo clientelar de planes por parte de los partidos políticos y del gobierno provincial en el marco de la campaña electoral (Volante de distribución callejera “Por Trabajo, dignidad y poder popular”, año 2003). A mediados de año, la organización sacaba en Córdoba el volante “¿Sabías que los piqueteros luchan por ellos, por nosotros, por vos, por Ud…?”, en el que discutía con las representaciones que los medios reproducían sobre los piqueteros: la violencia, la vagancia, la molestia que generan los cortes de ruta, el cobro indebido de planes, entre otras. Comenzaba a opacarse el período en el que la construcción política que incluía al corte de ruta como modalidad predominante de intervención en el espacio público, había gozado de cierta aceptación pública; en particular, a fines del 2001 y comienzos del 2002, en el marco de la crisis económica, social y de representatividad y cuando aún se escuchaban cánticos de algunos sectores que versaban “cacerolas y piquetes, la lucha es una sola”.

En marzo del 2003, poco antes de las elecciones presidenciales, Barrios de Pie junto a otras organizaciones piqueteras realizaron importantes marchas en todo el país rechazando lo que denominaban la “farsa electoral” (La Voz del Interior, 12/3/2003, p. 3A). En esas elecciones, el movimiento llamó a sus militantes a votar “que se vayan todos” (Franco y Medina, 2012).

Al poco tiempo de la elección de Néstor Kirchner como presidente del país, se cierra la etapa de “resistencia” de Barrios de Pie y se abre una nueva temporalidad que Natalucci (2008) nombra como de “institucionalización del reclamo” y que nosotros proponemos caracterizar como de participación en la coalición de gobierno, de disputa a través de (y en) la gestión del Estado y de reconfiguración del trabajo territorial. Sin embargo, esta definición de la CNPL y del MBP no fue inmediata sino producto de prolongados debates internos a lo largo del año 2003.

Cuando la participación institucional se articula con la protesta. La experiencia de integración al Consejo Consultivo de Políticas Sociales de Córdoba.

La masificación de los planes de empleo durante el gobierno de Eduardo Duhalde había sido acompañada por la constitución de los Consejos Consultivos, tal como desarrollamos en capítulos anteriores. En el caso de la CNPL, si bien había definido no participar en este espacio, en Córdoba, el Movimiento Barrios de Pie se integró a la estructura del Consejo Consultivo Municipal a mitad del 2002.

Según datos de entrevista, luego de la destitución del por entonces presidente del CCM —representante de la Mesa de Desempleados de la Ciudad de Córdoba—, el movimiento aceptó una dirección compartida rotativa semestral desde mitad del 2002 y durante el 2003 y fue un integrante de este movimiento, Ricardo Pucheta, quien la asumió.[12] En el año 2005, en el período de “normalización” del espacio, cambió el responsable de esta organización, asumiendo ese rol Marta Juárez (Entrevista 4). Se trató de la primera experiencia del MBP en la participación en un espacio de control y administración de políticas sociales a nivel del Estado; un vínculo distinto al que venía teniendo, principalmente a partir de la protesta o, su contracara, la represión.

Como lo venimos señalando en otros capítulos, también los integrantes del MBP refieren a la conflictividad de este espacio, en particular, por la importante participación de las redes punteriles del delasotismo y el manejo poco claro de los recursos económicos vinculados a los planes que se cobraban y a los proyectos que se subsidiaban.

El MBP participó de la exposición de proyectos de destinatarios del plan JyJHD que había propuesto la conducción del Consejo, como modo de transparentar parte de estos procesos. El 10 de diciembre del 2002, en el marco de la marcha por el día Universal de los Derechos Humanos que se realizó en el centro de la ciudad —con la consigna “Marcha contra el hambre, la miseria y la impunidad”, acompañada de la instalación de una cuchara gigante— Barrios de Pie se movilizó y expuso algunos proyectos y productos que realizaban quienes cobraban PJyJD en una Feria de Artesanías en la plaza San Martín de la ciudad (La Voz del Interior, 11/12/2002, p. A4).

Junto con otras 15 organizaciones —incluyendo a VA— y la Municipalidad, el Movimiento contribuyó a la movilización del Consejo para el desarrollo de acciones de protesta público callejeras y de presentación del amparo judicial —al que nos referimos en el capítulo 3— para que el Ministerio de Trabajo de la Nación restituyera 11 mil planes JyJHD que habían sido dados de baja el mes anterior y para el pago de otros 8 mil planes a quienes habían completado sus planillas y no habían recibido el pago hasta el momento. (La Voz del Interior, 25/10/2002, p. A3; Entrevistas 4 y 2).

Los conflictos hacia el interior del CCM y en torno a la gestión de los planes continuaron en los años siguientes. La combinación de protestas, presentaciones judiciales, comunicados de prensa, cartas a la municipalidad y a la administración de planes, fueron reiteradas por estos años. No obstante su complejidad, la participación en este espacio le permitió al Movimiento en Córdoba conseguir PJyJHD, vincularse con distintos actores sociales y participar de una experiencia de aprendizajes relacionada con la administración de las políticas sociales; práctica que requirió de una serie de conocimientos y muchas veces se desarrolló con una temporalidad y una lógica diferente a la del trabajo territorial.

En marzo del año 2006, el MBP decidió retirarse de este espacio. En un comunicado al respecto, se mencionaba que la renuncia fue presentada con la movilización de alrededor de 100 coordinadores y delegados del Movimiento Barrios de Pie frente a la sede del Consejo Consultivo de Córdoba y el argumento principal que motivaba la renuncia era la falta de democracia en este espacio, su vaciamiento de contenidos y su conversión en “en un simple apéndice del gobierno de De la Sota” (Indimedia.org, 01/03/2006, en línea).

2004-2006. Participación popular para una Argentina que cambia. La inclusión en la gestión del Estado nacional y local.

Así como en nuestro nacimiento supimos ganar las calles para expresar el repudio a las política neoliberales que nos dejaron sin trabajo y con hambre a nuestros chicos, hoy los lugares ganados en la gestión tienen para el Movimiento Barrios de Pie los mismos objetivos: construir un nuevo proyecto de Nación con participación ciudadana, justicia y dignidad para todos y todas

Revista Barrios de Pie

Tras la asunción de Kirchner a la presidencia, Barrios de Pie evaluó que las condiciones políticas habían cambiado y que se abrían oportunidades favorables para el accionar del Movimiento. Entre otras, con el llamado a nuevos sectores a formar parte de un proyecto de “transversalidad”, la apertura a que se incorporaran en espacios de gestión estatal y, por su intermedio, a que el propio Estado recepcionara las demandas que venían sosteniendo los movimientos de desocupados y generara políticas para abordarlas.

En particular, entendían que las políticas impulsadas por el nuevo gobierno expresaban importantes definiciones contenidas en los documentos del 3º Congreso Nacional realizado por la CNPL en junio del 2000 y su apuesta de creación de un nuevo proyecto nacional.

A comienzos del 2004, Barrios de Pie decidió integrarse a la coalición de gobierno nacional y ocupar espacios de conducción de algunas secretarías a nivel del Estado. Como colectivo de desocupados, formó parte de lo que se conoció como el “Gabinete Piquetero” junto con otras tres organizaciones más: la FTV, el Movimiento Evita y el Frente Transversal nacional y popular. Asimismo, dispuso que un integrante de la Mesa Nacional de la CNPL participara como asesor de la Secretaría General de la Presidencia -a cargo de Oscar Parrilli- para coordinar las políticas estatales en los territorios y el vínculo con las organizaciones sociales (Entrevista 1).

En junio de 2004, junto con el resto del denominado “Gabinete Piquetero”, más de 40 organizaciones sociales y de otros actores políticos, participó del lanzamiento del Frente de Organizaciones Populares (FOP) en un acto multitudinario en el Luna Park y de la Primera Asamblea de Organizaciones Populares (Página 12, 22/06/2004, en línea). Firmó también el documento “La hora de los pueblos”, como declaración de principios de la Asamblea, expresando el apoyo al movimiento nacional y popular que impulsaba el gobierno de Kirchner y el compromiso de las organizaciones populares para su profundización.

Con respecto a los modos de construcción política dentro de este espacio, si bien las organizaciones que lo conformaron acordaron dejar atrás el período de “resistencia” e iniciar uno de “ofensiva” (Natalucci, 2010c), concebían de diferentes modos la construcción dentro del espacio. Al respecto advierten Natalucci y Pérez (2010) sobre la reedición del debate setentista en la formulación de estas posiciones: “movimientista”, “tendencia” y “alternativa independiente”. El MBP se encuadró en la segunda concepción que compartía con la “movimientista” —sostenida principalmente por el Movimiento Evita— la apelación a la reconstrucción del movimiento nacional y el acuerdo con el liderazgo de Kirchner. Sin embargo, entendía que el actual proyecto era promovido por un gobierno en disputa y no acordaba con la conformación de un espacio con el PJ, en tanto representante de la “vieja política”. La estrategia de las organizaciones debía ser la construcción de herramientas político-electorales propias para dirimir adentro las contradicciones. A diferencia de esta perspectiva, la “alternativa independiente” sostenida por la CTA, se resistía a encuadrarse en un partido político y, si bien como colectivo apoyaba al gobierno, no acordaba integrarlo.

En esta dirección en Córdoba, el MBP participó de la gestión municipal conducida por Luis Juez del Partido Nuevo; partido que por entonces se proponía como una alternativa a la “vieja política” y al bipartidismo, y que había adherido al proyecto de “transversalidad”. La convocatoria al acto popular en apoyo a la gestión realizada en el Polideportivo Municipal de la ciudad capital el 2 de diciembre de 2004 se titulaba: “Por un Nuevo Proyecto Nacional Junto a Kirchner y Juez por una Córdoba de Pie” (Revista En Marcha 218). Tras recuperar los principales logros del gobierno nacional y definir a los “enemigos de la patria y del pueblo”, convocaba a organizarse para gestar un “nuevo y gran movimiento” junto con Kirchner y Juez

En Córdoba, el desembarco de la nueva política y los anhelos de cambio, están ligados al proceso desarrollado por el Frente Nuevo de la mano del Intendente Luis Juez. Es necesario reconstruir la Ciudad de Córdoba desde su gestión, cómo también desde la amplia participación de los vecinos, luego de la destrucción producida por el tornado neoliberal de Kammerath y De la Sota. Así como extender la esperanza de cambio hacia el interior de nuestra provincia. (Revista En Marcha 218, 2004)

La decisión de integrarse a las coaliciones de gobierno nacional y local iba acompañada de una serie de transformaciones: una redefinición de la relación del MBP con un Estado que ya no era concebido como actor externo al que se demandaba sino como un espacio de construcción y en disputa; un cambio en los ejes de la movilización y el sentido de la protesta; y una transformación en su modo de trabajo territorial, menos centrado en el hambre, el desempleo y los planes sociales, más politizado y vinculado a políticas de promoción de “derechos” en articulación con políticas sociales nacionales y locales.

A nivel nacional, la participación en la gestión del Estado se desplegó centralmente desde la Subsecretaría de Asuntos Latinoamericanos del Ministerio de Relaciones Exteriores -por los vínculos que tenían en la región la CNPL y el MBP- y desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En esta última dependencia, el por entonces coordinador nacional de la CNPL -Jorge “Huevo” Ceballos- se hizo cargo de la Dirección Nacional de Asistencia Comunitaria en junio de 2004 y, en el 2006, ascendió a la subsecretaría. Otros militantes fueron ocupando cargos técnicos dentro del mismo Ministerio en distintas provincias del país, incluyendo Córdoba (Entrevista 1).

Según narran los militantes del MBP, la creación de la Subsecretaria de Organización y Capacitación Popular (SOCP) como parte del MDS y, dentro de ella, del mencionado programa de Promotores Territoriales por el Cambio Social, se construyeron con una modalidad afín a los objetivos del movimiento de trabajadores desocupados y el modo de trabajo del MBP en particular (Entrevistas 7 y 2). Con el objeto de formar redes de referentes territoriales constituidos en promotores comunitarios, el PTCS promovía acciones de capacitación en oficios, en salud preventiva, en comunicación alternativa o popular, formación política, encuentros entre referentes, entre otros. De este programa participaron también militantes de la organización en los roles de co-coordinador nacional del programa, facilitadores nacionales y provinciales y promotores territoriales.

En Córdoba, tuvo como formadores responsables a dos coordinadores provinciales del MBP. En ese marco, entre otras acciones, se creó en la provincia la Escuela de Promotores Comunitarios que desarrolló actividades, espacios de capacitación y talleres en distintos barrios y localidades en articulación con las distintas áreas del MBP. Como parte de las actividades, con la consigna “El asistencialismo es la contracara de la justicia social” (Alicia Kirchner), el primer encuentro de la escuela incluyó cuatro ejes de debate: comunicación, derechos humanos, educación y cultura.

El resto de los programas centrales que impulsó la Secretaría —y en los que se incorporaron a trabajar militantes de la organización— también recuperaron los modos de organización del trabajo y la experiencia del MBP: para la formación de promotores en salud comunitaria, el programa de “Alfabetización en Salud”; con objeto de promover la comunicación popular y comunitaria, el “Contalo Vos”; para favorecer la capacidad de gestión y de incidencia en las políticas públicas, el “Haciendo Historia”; y el programa “Vínculos”, para promover experiencias comunitarias en Educación popular (Gradin, 2015).

Por otra parte, a través de su rama juvenil Jóvenes de Pie, el MBP se integró a la dirección Nacional de Juventudes (DINAJU).

La decisión del MBP de incorporarse en la gestión del Estado en los distintos niveles no fue individual sino colectiva. Como señaló Perelmiter (2010), los militantes fundamentaron su involucramiento desde una doble narrativa: como “continuidad” con el trabajo social territorial a través del cual las organizaciones conforman una “red de resolución de problemas en los barrios” y como mediación entre el Estado y el territorio, “disolviendo las distancias entre la representación institucional y la representación sectorial”. Así sintetiza el sentido que para el MBP tiene esta relación una de las coordinadoras provinciales en Córdoba

que las necesidades reales lleguen al Ministerio y que las respuestas del Ministerio lleguen al territorio; era hacer un vínculo directo sin pasar por ningún ámbito burocrático (Entrevista 3).

Esta concepción de la relación con el Estado suma otra tensión —a las ya trabajadas en el capítulo uno a propósito de las políticas sociales— respecto de uno de los tres indicadores de los procesos de democratización planteados por Tilly (2010) como “autonomía de los principales centros de poder con relación a las políticas públicas”. Desde la perspectiva del MBP, tras varias décadas en las que los gobiernos y el Estado se habían desentendido de las necesidades de grandes mayorías de la población que vivían en condiciones de pobreza y desocupación, la posibilidad de que en este nuevo contexto el Estado —y los miembros del MBP en tanto “funcionarios” que lo conformaban— construyera una política comprometida —no neutral— respecto de los intereses y necesidades de los mismos, daba cuenta de la preeminencia de los intereses colectivos sobre los individuales y de una mayor democratización de lo público.

En el caso de Córdoba, varios militantes del MBP participaron de la gestión de estos programas nacionales y también de otros locales promovidos por la nueva conducción municipal. Hacia adentro del Partido Nuevo, el MBP disputaba, “pechaba” -en palabras de una coordinadora provincial del MBP- para “armar el kirchnerismo dentro del juecisimo” (Entrevista 3).

La redefinición de la movilización y del trabajo territorial

Justo con la participación en el Estado, las movilizaciones continuaron siendo un modo de construcción política y asumieron otras características. Menos centradas en su identidad “piquetera” y en la protesta, en este período estuvieron mayoritariamente vinculadas con la convocatoria a la participación y al apoyo a las gestiones de gobierno nacional y local, en el caso de Córdoba. La protesta, si bien mermó en intensidad no cesó y definió como adversarios a los actores que se oponían al proyecto nacional y popular. Entre ellos, el ALCA, los monopolios nacionales e internacionales, actores vinculados al terrorismo de Estado y representantes de la “vieja política”.

Entre las movilizaciones más significativas a nivel nacional en este período cabe mencionar las que acompañaron el cierre de la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en noviembre del 2005; las de cada uno de los 24 de marzo Por la Memoria, por la Verdad y la Justicia; la marcha a Plaza de Mayo para la conmemoración del tercer aniversario de gobierno y la asunción de Héctor Cámpora en 1973, el 25 de mayo de 2006; entre otras.

En Córdoba, además, participó de otras movilizaciones como la realizada en apoyo a la gestión del gobierno nacional el 28 de mayo del 2004, en ocasión de la visita del presidente Kirchner a la ciudad capital cuando la Municipalidad lo declaró ciudadano ilustre y le hizo entrega de las llaves de la ciudad (Revista Barrios de Pie, junio 2004). En esa oportunidad, además, se inició un intercambio epistolar entre el presidente y los habitantes de los barrios nucleados en torno al MBP. Otras movilizaciones se produjeron en meses y años posteriores con la visita del Coordinador Nacional de Barrios de Pie y por entonces responsable de Organización y Capacitación Popular (SOCP) del MDS en diciembre de 2004 (Revista Barrios de Pie, diciembre 2004).

Entre las protestas nacionales, algunas entrevistas se refieren a los escraches simultáneos a estaciones de servicio Shell, Esso y Repsol, en apoyo a las gestiones presidenciales de control de precios que -junto con la política del gobierno- resultaron en la baja de los precios de la nafta al menos de modo temporal (El País, 07/04/2005, en línea). A nivel local, en marzo del 2006, el MBP realizó una movilización contra la definición del gobierno provincial de otorgar un subsidio de 9 millones de pesos a Aguas Cordobesas, empresa que además anunciaba por entonces un aumento tarifario (Indymedia, 22/03/2006, en línea). Esta protesta tenía lugar tras la decisión del gobierno nacional de rescindir el contrato de concesión con la empresa Aguas Argentinas y de poner a cargo de la prestación del servicio a Aguas y Saneamientos Argentinos (AYSA) —empresa con 90 % de participación estatal—. También se registran acciones de protesta con otro formato y visibilidad pública al gobierno municipal. Tal fue el caso de la juntada de mil firmas —en la plaza San Martín de la ciudad— contra “el Cospelazo” el 7 de mayo del 2004 para reclamar ante el incremento del costo del “cospel”, moneda que por entonces se usaba para viajar en el servicio público de transporte de la ciudad (Revista Barrios de Pie, junio 2004).

A medida que se incrementaban los puestos de trabajo y los planes asistenciales daban paso al crecimiento en empleo formal, el trabajo territorial más asistencial comenzó a mermar y la actividad de los Comedores y Merenderos se transformó.

Con respecto a los programas creados a nivel nacional para avanzar en el paulatino cierre y traspaso del PJyJHD, con menor envergadura, el MBP Córdoba trabajó el Familias por la Inclusión Social. Recuperando su modo y experiencia de construcción territorial, a través de uno de los componentes de este programa realizó talleres de capacitación, apoyo escolar y copas de leche en cuatro barrios de la ciudad. Asimismo, junto con la Municipalidad se desarrollaron acciones de prevención primaria de salud y desarrollo comunitario en el marco del Plan de Seguridad Alimentaria que, en Córdoba, se gestionó como plan “Vale lo nuestro”. Como ya lo mencionamos, el “Manos a la Obra” no fue un programa que el movimiento haya logrado trabajar en la ciudad de Córdoba por la complejidad que tenía, las características de la población que se nucleaba en torno a la organización y también por las limitaciones de la implementación del propio programa en la ciudad.

El cambio cualitativo sobre las formas de trabajo territorial en este período recorre los relatos de distintos coordinadores provinciales entrevistados. En Córdoba, con el programa Promotores Territoriales, los Centros Comunitarios albergaron “Unidades de Trabajo y Participación”

(…) convertimos nuestros coordinadores en promotores territoriales. Entonces, la compañera que era coordinadora de un centro comunitario, piquetera histórica, que andaba siempre pidiendo bolsones y haciendo lío por todos lados, ahora era una promotora territorial. Que viajaba a Chapadmalal, que se formaba, que hacía cursos, que aprendía a hacer talleres, que discutía la cuestión de, de las políticas sociales. Un salto en calidad, impresionante (Entrevista 2).

La acción colectiva territorial ya no sólo se organizó alrededor de planes alimentarios y de asistencia del desempleo sino en áreas que funcionaron en estas “Unidades de Trabajo y Participación” y que promovieron la capacitación, la politización y construcción de “poder popular” entre quienes se agrupaban en torno al Movimiento.

Como parte de los modos de construcción política y organización interna, la definición de las actividades que desarrollaba cada Centro, fueron definidas de modo autónomo por sus integrantes en instancia de asamblea. Los coordinadores de cada espacio mantenían reuniones periódicas para la articulación de las distintas acciones. Con respecto a las áreas, cada una estuvo constituida por coordinadores, promotores, militantes y vecinos que —en tanto integrantes del Movimiento— tenían como responsabilidad política participar. Su coordinación estaba a cargo de un profesional y un referente y militante barrial, como apuesta a conjugar el conocimiento teórico con el práctico y generar una relación entre distintos actores y sectores sociales. Los promotores eran vecinos referentes del propio barrio y los que permitían mediar la relación entre el espacio territorial y el área.

El trabajo en las áreas le permitió al Movimiento ampliar los actores y los sectores sociales con los que articulaba, reorganizar sus actividades y profundizar su trabajo territorial. Asimismo, fue creando las condiciones para legitimarse como sujeto político dentro de los territorios y entablar relaciones con otros actores sociales, en particular, el Estado nacional y local.

Vinculado con la transformación de la relación con el Estado y las nuevas orientaciones políticas del MBP, en esta etapa, las áreas y el trabajo territorial del Movimiento en los territorios fue asumiendo cada vez más un lenguaje de “derechos” y una identidad más vinculada a la de “trabajador/a desocupado/a” y a lo barrial. Su crecimiento y expansión estuvo muy vinculado con la participación del MBP en los espacios de conducción política y en la gestión del Estado nacional y local. Como se advierte en las acciones que desarrollaron las diferentes áreas en Córdoba y el propio despliegue del MBP en la gestión municipal, su crecimiento estuvo en estrecha relación con las políticas nacionales implementada a nivel local, su articulación con el gobierno municipal de la ciudad y las experiencias de trabajo y militancia desarrolladas por el propio colectivo.

En el año 2004, en el marco de la participación del MBP en la gestión del Estado nacional, impulsó la campaña San Martín “Argentina Somos Todos y Todas” con el objetivo de motorizar y visibilizar el trabajo territorial y de las áreas en las distintas provincias del país y promover el debate sobre el papel del Movimiento y el Estado en la construcción de un proyecto de país nacional y popular. “El año de las áreas, el año de crecer” fue el título de la editorial de la Revista Barrios de Pie Córdoba (junio 2004), vinculando este proceso a la campaña. Las áreas con más desarrollo a nivel local fueron:

Educación Popular. Estuvo conformada por vecinos, estudiantes de nivel secundario, terciario y universitario que se formaban en “educación popular” y se constituían en promotores comunitarios o alfabetizadores. Desde esta perspectiva pedagógica, política e ideológica, el área se creó con el objetivo de “democratizar el movimiento”, alfabetizando y aportando a la construcción de “poder popular”, sujetos políticos con capacidad de expresar una voz pública, según relata una de sus coordinadoras provinciales y responsable del área (Entrevista 9).

Las primeras actividades que impulsaron fueron los “apoyos escolares” para niños y niñas entendidos como espacios pedagógicos más amplios que los vinculados a la escolaridad

no era ir a hacer la tarea que le daban en la escuela, aunque esa era la demanda de los papás; sino, sobre todo, trabajar con actividades recreativas, artísticas, musicales y demás como para que los chicos pudieran darse cuenta de que son capaces (Entrevista 9).

Esta iniciativa se potenció con el programa de Voluntariado de las Universidades Nacionales, aunque tenía una larga trayectoria dentro del frente juvenil y el trabajo territorial de la agrupación Venceremos. Al respecto, señala Natalucci (2008), el programa fue muy discutido por otras organizaciones universitarias que lo rechazaban en tanto no contemplaba un pago salarial o de honorarios. Sin embargo, para el MBP, él era parte de su estrategia mayor por instaurar otros valores, fundamentalmente la solidaridad frente al individualismo promovido por el sistema neoliberal.

También se desarrollaron talleres de Historia Argentina y Latinoamericana con las madres y padres en torno a algunas temáticas sobre las que se pretendía construir posicionamientos críticos. Entre otros temas se trabajaron: en el día de los trabajadores, el problema de la desocupación; en el contexto de la realización de la Cumbre de las Américas y de los Pueblos en el año 2005, se organizaron talleres para discutir “¿Qué es el ALCA?”; la participación de la mujer en los movimientos sociales; la participación popular; el autodiagnóstico comunitario; y la formación de educadores populares.

Se desarrollaron programas de alfabetización para adultos. El primero fue el cubano “Yo sí puedo”, en articulación con la Municipalidad Córdoba. Con posterioridad, a nivel nacional y local, el MBP trabajó buena parte de las acciones del programa de “Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos -Encuentro”- (Resolución Nº 686/2004) del Ministerio de Educación. Una de las referentes del Movimiento se constituyó en asesora del mismo y otra coordinadora aportó en el vínculo con las organizaciones sociales. En Córdoba capital, en el marco de su participación en la gestión Municipal y de la creación de la Subdirección de Adultos en el 2005, el MBP participó de la apertura de los Centros de alfabetización para estudiantes mayores de 15 años y aportó en el proceso de convocatoria y formación de alfabetizadores. La coordinadora del área de educación del Movimiento resaltaba como central ese trabajo realizado y la posibilidad de articulación con el Instituto Superior de Profesorado “Dr. Antonio Sobral”, a través de un convenio para que las prácticas docentes pudieran hacerse en el marco de este programa (Entrevista 9).

Además del trabajo de alfabetización, desde el Movimiento se aportó a la apertura de bibliotecas populares en diferentes barrios de la ciudad. Entre ellas, en el año 2004, en Colina Los Pinos y en General Savio (Revista Barrios de Pie, diciembre 2004).

Parte de estas experiencias y procesos desarrollados a nivel nacional entre los años 2003 y 2004 fueron sistematizadas en un libro elaborado por el área de Educación Popular del MBP, “Nuestras cabezas piensan donde nuestros pies caminan”. También allí se publicaron las intervenciones de educadores e intelectuales latinoamericanoss en el marco del Primer Encuentro de Educadores Populares organizado por el Movimiento Barrios de Pie en Julio de 2003.

Salud. Fue un área de mucho trabajo también y con una trayectoria previa dentro del Movimiento; en particular, con el desarrollo de campañas preventivas y medición de “talla y peso” en articulación con dispensarios de diferentes barrios de la ciudad. En este período el trabajo se organizó en torno a la seguridad alimentaria y la salud reproductiva, en vinculación con el área de Género.

Una de las acciones que desarrolló en el marco de su participación en la gestión del Estado nacional y Municipal fue una Escuela de promotores en salud, con participación de la dirección municipal de Epidemiología de Córdoba, una ONG y Barrios de Pie. El trabajo en torno a este espacio incluyó el diseño de talleres, a cargo de promotores, para la formación y relevamiento de datos nutricionales. Esos datos sirvieron, además, para el reclamo de entrega de bolsones de sustitución nutricional y de acceso libre y gratuito a métodos anticonceptivos dispuestos por la Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable. A pesar de algunas dificultades para el desarrollo de esta escuela en el interior provincial, al MBP le permitió vincularse con la experiencia venezolana “Barrios Adentro” y participar activamente en el Foro Mundial de 2005.

Para junio de 2004, el MBP publicaba una nota en su revista denunciando casos de desnutrición en tres comedores de la ciudad que atendían a 145 niños y niñas y responsabilizaba al ministro de Desarrollo Social de la provincia y al gobernador por esta problemática. La nota se publicaba dos meses después de que el Movimiento hubiera participado de una marcha a dicho Ministerio para denunciar casos de desnutrición y reclamar un boleto sanitario, turnos médicos, vacunas, botiquines y controles ginecológicos gratuitos. “Luchando se consiguen cosas”, titulaba la nota sobre la movilización e informaba que a raíz de ella se habían conseguido botiquines para 13 comedores vinculados a la organización (Revista Barrios de Pie, junio de 2004, p. 1).

Por estos años, en conjunto con el área de género del MBP, también se desarrollaron campañas preventivas de enfermedades, talleres sobre planificación y violencia familiar. Asimismo, en octubre del 2005, con la consigna “La construcción colectiva de la salud es patrimonio de los pueblos”, se desarrollaron las Primeras Jornadas de Salud Sexual y Género en la Universidad Nacional de Córdoba. Las jornadas fueron un espacio de formación y articulación con una diversidad de actores. Contaron con la participación del secretario y sub- secretario de Salud de la Municipalidad de Córdoba, profesionales médicas del Movimiento de Mujeres y del espacio Cronopiando, médicos sanitaristas y especialistas en epidemiología comunitaria, la decana de la Facultad de Psicología, una integrante de la Mesa Nacional de la CNPL, por entonces consultora del Consejo Nacional de la Mujer, entre otros (Volante de distribución callejera, 2005).

Cultura. Las primeras dos actividades que realizó fue la producción de obras de teatro con vecinos de algunos barrios de la ciudad y que se convirtieron en “cortos”. Uno titulado “Soñando espero”, coordinado con el área de Género del Movimiento. Otro sobre analfabetismo, “La Voluntad”, coordinado con el área de Educación, en el marco del trabajo con los programas de alfabetización de adultos que se venían desarrollando. El corto obtuvo un premio en un concurso de la Secretaría de Cultura de la Nación que le permitió obtener algunos recursos económicos. Ambos fueron trabajados en talleres en los barrios de la ciudad (Entrevista 6).

“Buen cine por 2 mangos” fue el nombre de la actividad cultural, de sensibilización y formación, a través de la cual se transmitió la película “Memorias del saqueo” del cineasta Fernando “Pino” Solanas en distintos barrios y localidades de Córdoba en el año 2004 (Indymedia, 14/06/2004, en línea). Asimismo, el área desarrolló una experiencia de “teatro del oprimido” que se trabajó en Villa La Tela y barrio Acosta de la ciudad.

A principios del año 2006 la coordinadora provincial del área, Nacha Merchan, asumió como responsable de la Subdirección de Redes Culturales Comunitarias del Área de Cultura de la municipalidad de Córdoba. El trabajo en la subsecretaría se desarrolló en vinculación con la Secretaría de Cultura de la Nación. Los talleres de capacitación y actividades en los barrios favorecieron la construcción de vínculos con distintas organizaciones territoriales. En el marco de ese trabajo, se realizaron cinco “Aguantazos” en distintos barrios de la ciudad. Estos festivales —como aguantes a la cultura— implicaban una jornada completa de puesta en escena de una feria y el desarrollo de talleres de capacitación. También se promovió la creación de “Consejos Zonales de Cultura” para canalizar inquietudes y proyectos de distintos actores sociales (Entrevista 6).

Según narra su coordinadora, en conjunto con el área de Comunicación, aportó a la creación del grupo de muralistas “Callejón sin salida”.

Género, el área tuvo como prolegómeno un seminario destinado a agentes comunitarios con perspectiva de género que había organizado la Red de Mujeres Solidarias en la Escuela de Trabajo Social de la UNC. La iniciativa de construcción del área provino de las propias mujeres que militaban en la agrupación y que impulsaron una discusión sobre su papel en la conducción del espacio y en el resto de las actividades del movimiento; en particular, las de los comedores y copas de leche, principalmente sostenidas por mujeres que, a su vez, tenían como responsabilidad familiar tareas de reproducción y cuidado y que en muchos casos sufrían situaciones de violencia de género. El debate sobre la igualdad de género al interior del Movimiento fue adquiriendo más protagonismo en el inicio del nuevo siglo, a partir de su participación en distintos espacios y encuentros a través de los cuales fueron construyendo, además, relaciones con otros actores sociales. Entre ellos, el I Foro Social Mundial, en el Movimiento de Mujeres y en los Encuentros Nacionales de Mujeres a partir del año 2003 y en los Pre- Encuentros Nacionales de Mujeres en Córdoba (Entrevista 7; Revista Barrios de Pie, octubre 2004).

El impacto de estas discusiones en términos de una mayor democratización hacia el interior del Movimiento se plasmó en la modificación del estatuto de la CNPL incorporando un “cupo” mínimo de mujeres en los espacios de conducción, cuestión que también atravesó las discusiones sobre la conducción del MBP. También, en el desarrollo de estrategias —como espacios de cuidados de niños y niñas— y talleres de formación y discusión sobre “igualdad de género”, el rol de la mujer en las relaciones familiares, la aplicación de la Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable en Córdoba, la despenalización del aborto y el repudio a la violencia contra la mujer en los territorios en los que trabajaba. Algunos de estos talleres se articularon con otras organizaciones, entre ellas, el “movimiento de mujeres independientes, las Tesmoforias”, vinculado al colectivo de Centro de Vecinos Autoconvocados. En el año 2006, con la consigna “Porque estamos convencid@s de que todas/os somos responsables de generar condiciones de igualdad para mujeres y varones”, se lanzó la campaña “La violencia familiar es un problema de todos y todas” (Natalucci, 2008).

A fines del 2006, dentro del Consejo Nacional de Políticas Sociales, se creó el Programa de Fortalecimiento de Derechos y Participación de las Mujeres “Juana Azurduy”. El programa estuvo conformado por un equipo de coordinación principalmente compuesto por integrantes de la CNPL y Barrios de Pie, bajo la coordinación general de una de sus principales referentes, Cecilia — “Checha”— Merchan. El programa tuvo por finalidad aportar a que las mujeres encuentren un Estado promotor y presente, la garantía de sus derechos y sensibilizar a la sociedad y a los actores estatales sobre la potencialidad de una cultura de equidad e inclusión. Entre los años 2006 y 2007, participaron de instancias de capacitación desarrolladas por el programa más de 81 mil mujeres de distintas localidades del país, incluyendo a Córdoba (Programa Juana Azurduy, Informe de Gestión 2006–2012). Su implementación permitió ampliar el trabajo del MBD en el área de género a nivel nacional y también avanzar en nuevas articulaciones, como la que surgió con distintos actores sociales a través del desarrollo de acciones conjuntas, como la creación de la cátedra Juana Azurduy con la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo; capacitaciones a mujeres detenidas en penales en articulación con distintas áreas de Justicia, entre otras (Entrevista 7).

Comunicación. Desde esta área se desarrolló el proyecto “Medios públicos para construir ciudadanía”, en el marco del programa de PTCS. El mismo incluyó talleres y capacitaciones de comunicación popular, principalmente destinados a corresponsales populares que tuvieron lugar en Radio Nacional, medio en el que la organización —por entonces Libres del Sur— desarrolló un programa radial semanal (Revista Barrios de Pie, mayo 2005).

Asimismo, ésta y otras áreas del MBP participaron junto con otras organizaciones de la Coalición por una Radiodifusión Democrática y de las distintas actividades de debate en torno al derecho a la comunicación. La Coalición surgió a nivel nacional en el año 2004 en demanda de la democratización de las comunicaciones en nuestro país, que logró consensuar en una propuesta común: los 21 Puntos Básicos por una Nueva Ley de Radiodifusión para la Democracia, propuesta e iniciativa que se tomó como base para la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en el año 2009. En el marco de estas discusiones, el MBP impulsó talleres de comunicación popular en los barrios; entre ellos, “Para Verte y Oirte Mejor” (Revista Barrios de Pie, octubre 2004).

También destacamos la producción de la Revista Barrios de Pie del Movimiento en Córdoba, a partir de junio del año 2004, tras la realización de la Campaña “San Martín”. La revista tenía por objetivo socializar y visibilizar el trabajo que realizaba el Movimiento en distintas áreas, barrios y localidades de Córdoba —y de otras provincias del país— al tiempo que aportar a la formación y el debate sobre temas y problemáticas locales, nacionales e internacionales que se abordaban en las distintas áreas. Los volantes y demás materiales de prensa de cada área no fueron producidos por este espacio en este período sino que cada una generaba sus propios productos comunicacionales.

Junto con el área de cultura, una escuela y organizaciones sociales de la zona de Argüello norte de la ciudad capital, aportó espacios de formación para la creación de la radio comunitaria la Rimbombante en el barrio en el año 2007 (Entrevista 8).

Una de las militantes históricas de la CNPL, ex integrante de la junta ejecutiva del CISPREN y parte del programa PTCS, Gabriela Cabus, fue designada en julio de 2007 como nueva directora de Radio Nacional Córdoba.

En el contexto de un cambio de estrategia política de la CNPL y del MBP para la disputa de espacios político partidarios y la construcción de una nueva identidad como Libres del Sur, proceso en el cual diferentes integrantes de la CNPL y del MBP empezaron a constituirse en candidatos de fuerzas kirchneristas o aliadas, en el 2007 esta área aportó al desarrollo de las campañas comunicacionales (Entrevista 8).

Emprendimientos y Proyectos Productivos. Esta área nació en el marco del impulso al desarrollo de microemprendimentos, espacios asociativos y economía social a nivel nacional y de algunas experiencias que el propio Movimiento venía realizando para la gestión de programas sociales como los PJyJHD, los PEC y el MO. En Córdoba, su crecimiento fue muy incipiente por estos años.

En el año 2005 una de las coordinadoras provinciales del MBP y militante de la CNPL, Paola Fedrizzi, se incorporó como responsable de la Dirección de Desarrollo Territorial y Economía Social. Al poco tiempo, otra militante del Movimiento ingresó a la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad. Desde ambos espacios, una de las acciones que la Directora reivindica como la más importante fue el desarrollo de un sistema de higiene urbana y limpieza en el barrio Bajo Pueyrredón junto con organizaciones de cartoneros y carreros y la fundación “El Faro”. La iniciativa se trabajó en articulación con el dispensario y con promotores territoriales. Se trató de una experiencia piloto que se pretendía ampliar con un centro de reciclado y replicar en otros barrios pero, al final de la gestión municipal, eso no se había logrado desarrollar (Entrevista 3).

El trabajo desde esta Dirección presentó muchas dificultades en términos de la capacidad de generar políticas para resolver las necesidades de los ciudadanos, según lo expresó a modo de autocrítica a su gestión y a la gestión Municipal la Directora entrevistada

(…) los tiempos del Estado nos mató… no poder resolver nada. Cuando te das cuenta estás tapado en papeles, siendo un burócrata, semi tapón de una situación… hicimos buenas experiencias en algún sentido y otras nos quedamos cortos (Entrevista 3).

En la subdirección de Hábitat Popular de la Municipalidad de Córdoba también se había incorporado un militante histórico de la CNPL, Fernando Nizetich. En sintonía con la apuesta nacional de promover espacios asociativos a través del Programa Federal de Emergencia Habitacional – Primera Etapa, se acompañó el proceso de construcción de viviendas para personas desocupadas organizadas en cooperativas de trabajo en dos barrios de la ciudad: Cerveceros y Marqués de Sobremonte Anexo. En articulación con organizaciones sociales y sindicales —entre las que se encontraba el propio Movimiento y la FTV—, la Dirección se propuso la construcción de 112 viviendas a través de unas 28 cooperativas, en una primera etapa. Como desarrollamos en el capítulo 2, si bien esta iniciativa atendía a una necesidad importante de los habitantes de la ciudad, la cantidad de casas construidas fue muy escasa y existieron diversas dificultades para su finalización. Entre los principales problemas, resaltaba el subdirector, la falta de tierras estatales disponibles, dificultades administrativas que impedían la circulación fluida de recursos económicos, trabajo y materiales para que el proceso de construcción pudiera desarrollarse en los tiempos que demandaba y, en algunos casos, incumplimientos y mal manejo de fondos por parte de las propias cooperativas (Entrevista 5). Estas dificultades quedaron plasmadas en distintas notas presentadas, entre ellas, la del Subdirector de Hábitat Popular al Director de la misma repartición de la Municipalidad el 28/08/2006 advirtiendo de problemas de flujo financiero para el avance de las obras y la del propio Intendente de la ciudad al subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios el 17/04/2007, informando sobre la rescisión de los contratos de algunas cooperativas por “incumplimientos” pese a los “numerosos e infructuosos intentos de reorganización”. Esta última nota evidenciaba la tensión que se presentaba entre la política de construcción de cooperativas de trabajo desde dispositivos y temporalidades estatales y el hecho de que esos colectivos en muchos casos eran más una congregación de personas generada ad hoc de esas mismas políticas sin soportes organizativos ni una subjetividad previamente construida como trabajadores cooperativos.

Una de esas cooperativas de vivienda que se armaron estuvo vinculada al colectivo MBP. Se llamó “Che Guevara” y funcionó en el barrio Cervecero de la ciudad capital. A pesar de las dificultades administrativas y presupuestarias, esta cooperativa sí logró construir las 4 casas previstas.

Por otra parte, como desarrollamos en el capítulo 2, funcionarios del Movimiento que participaron de la gestión del Estado municipal junto con el intendente de la ciudad capital impulsaron el desarrollo del Plan Integral de Promoción del Empleo Local (PIPEL), para intervenir en el mercado de trabajo y disminuir los índices de desocupación. Entre las acciones que desarrolló este espacio se encuentran la organización de talleres de orientación laboral, recursos y créditos para empresas y autoempleo. Estas actividades confluyeron en el Observatorio del Mercado Laboral. Los destinatarios del plan fueron personas desocupadas, sub-ocupadas y beneficiarias de planes sociales, en particular del PJyJHD (Natalucci, 2008).

Según relatan los distintos militantes del Movimiento que se involucraron en la gestión del Estado municipal, el trabajo evidenció límites de la propia conducción del Estado y del MBP para generar las políticas que se habían propuesto (Entrevistas 2, 3, 7 y 5). Entre ellos, se destacan las vinculadas a los escasos recursos presupuestarios con que contaban las distintas reparticiones y programas, la lentitud y complejidad de la burocracia estatal respecto de los tiempos de los proyectos y las necesidades y, en algunos casos, las particularidades de los propios proyectos impulsados. También algunas referencias puntualizaron en la diversidad de actores con distintas perspectivas políticas que componían el partido gobernante y la dificultad de profundizar el proyecto de gestión municipal

Una Dirección de Economía Social sin plata, complejo. Entonces arrancar es fácil porque arrancás con capacitaciones, pero si después no tenés recursos propios de la municipalidad y lo de nación también está complejo (…) (Entrevista 3).

2006. El Estado y el gobierno en disputa. La conformación del Movimiento Libres del Sur

Tras la derrota del Duhaldismo en la Provincia de Buenos Aires en las elecciones de 2005, la CNPL y BDP iniciaron un proceso de discusión interno para construir una estrategia para la etapa que se habría camino a las elecciones del 2007. En abril de 2006, junto con el Partido Comunista Congreso Extraordinario, la Agrupación Martín Fierro, el Frente Barrial 19 de Diciembre y la Agrupación Envar el Kadri, crearon el partido político “Movimiento Libres del Sur” (MLS). El nombre, señalaron Natalucci y Perez, “expresaba el propósito de las organizaciones de fortalecer los lazos con los países de la región, especialmente con el proceso venezolano con el cual tenían relaciones previas” y alentaba a la “autodeterminación” de los países del Sur (2010, p. 107-108).

El objetivo era ampliar la identidad y el espacio de construcción de la CNPL y el MPB y nuclear a otras organizaciones que se inscribían dentro del kirchnerismo pero que no estaban directamente vinculadas con el Partido Justicialista. Su conformación reforzaba la estrategia de construir una referencia propia que les permitiera disputar y traccionar al interior del espacio transversal para la construcción de un proyecto político nacional, con capacidad de intervenir en diferentes poderes del Estado -como el Poder Legislativo- y en las distintas instancias gubernamentales, a nivel municipal, provincial y nacional.

En el contexto de las elecciones presidenciales del 2007, para ampliar la base social en sectores medios urbanos, el Kirchnerismo construyó una nueva coalición electoral apoyada en la estructura partidaria de la UCR denominada “Concertación Plural”. Con esta nueva alianza ganó las elecciones presidenciales con un 45 % de los votos. Sin embargo, señalaba Mocca (2011), las elecciones habían mostrado un fracaso de la “transversalidad” como estrategia para reestructurar el sistema de partidos, frente al papel preponderante del PJ y de la UCR en el armado electoral. El MLS, lo interpretó en términos de los límites de la “transversalidad” como proyecto y de que las organizaciones populares y, en particular el MLS, no iban a tener un papel preponderante en la conducción política del espacio.

En la editorial de la primera revista del MLS, “Patria Grande” (febrero 2007), Humberto Tumini se refiere a los dos grandes objetivos del 2007: acompañar con firmeza la gestión del gobierno nacional para ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta y profundizar el modelo sin declinar ante los enemigos de la Patria y, contra toda perspectiva posibilista, renovar la fuerza política. Ambos objetivos daban cuenta de la doble disputa del MLS dentro del espacio político: profundizar el modelo y una mayor distribución de la riqueza y construir una fuerza política por fuera de los partidos tradicionales —de lo que caracterizaban como la “vieja” política— incluyendo a las organizaciones sociales —en particular al propio MLS—; organizaciones a quienes, en esta editorial además, se las interpelaba para participar y protagonizar la disputa político partidaria.

Tras la elección presidencial del 2007, el Movimiento Libres del Sur obtuvo por primera vez dos bancas en la Cámara de Diputados Nacionales, una por la provincia de Buenos Aires ocupada por Victoria Donda y otra por Córdoba a cargo de Cecilia Merchán, tras una alianza con el Frente Cívico conducido por Luis Juez. Asimismo, consiguió representaciones en algunas provincias y municipios, como Córdoba, donde obtuvo un cargo en el Consejo Deliberante de la ciudad como parte del mismo frente, a cargo de Marta Juárez.

En Córdoba capital, el Frente Cívico había salido triunfante en las elecciones a la intendencia de la ciudad con la candidatura de quien había sido su viceintendente, Daniel Giacomino. No obstante ello, tras una denuncia de fraude electoral y el pedido de apertura de urnas, el partido representado en la figura de Luis Juez había perdido las elecciones a la gobernación de la provincia con el 36,4 % de los votos frente al 37,17 % que había obtenido el por entonces vice gobernador Juan Schiaretti. Las tensiones entre el gobierno nacional y el Frente Cívico -y como parte de él el MLS- se agudizaron cuando la justicia electoral resolvió a favor del gobernador electo y el Frente para la Victoria reconoció su triunfo. El Frente Cívico esperaba del FPV un pronunciamiento público en apoyo a la denuncia presentada que éste último no realizó.

Si bien las estrategias de alianzas para la obtención de estos cargos fueron distintas en cada caso, a diferencia de elecciones anteriores en las que la CNPL había conformado “frentes” con resultados electorales marginales, éstos se consiguieron en el marco de su participación en el espacio político de conducción del gobierno nacional y de las estrategias que éste había desplegado para el triunfo electoral. Por otra parte, a diferencia de períodos anteriores, en el caso de estas bancas, las tres correspondían a mujeres militantes del espacio político.

Si bien escapa al recorte del período de tiempo de estudio de este trabajo, cabe mencionar que en diciembre de 2008, en el marco de la crisis política iniciada con sectores agropecuarios —“conocida como conflicto con el campo”[13]—, Néstor Kirchner decidió asumir la presidencia del PJ nacional y el MLS “rompió” con el gobierno kirchnerista. Sus referentes renunciaron a sus cargos públicos al entender que se trataba de un avance del PJ dentro de este proyecto político. La ruptura con el Kirchnerismo sumadas a las nuevas alianzas y posicionamientos de la conducción del partido a nivel nacional y local, fueron algunos de los motivos por los que algunos miembros de la conducción del MLS y del MBP decidieron dejar su militancia en este espacio político para continuar haciéndolo dentro del Frente para la Victoria —y/o en otros espacios políticos, en el caso de Córdoba—.


Iniciamos este capítulo reconstruyendo algunos antecedentes relevantes en la constitución del MBP y luego analizamos las acciones de la organización en lo que identificamos como dos momentos distintos en su relación con el Estado y con los procesos de democratización y desdemocractización en Córdoba: el primero entre el año 2001 y el 2003 y el segundo desde el año 2004 al 2007.

Entre sus antecedentes, reconocimos a fines de los años 80 a la Corriente Nacional Patria Libre, como el espacio político que le dio origen al Movimiento y que constituyó una marca de nacimiento e historia posterior. Desarrolló acciones públicas predominantemente de enfrentamiento al Estado, de “resistencia” y “desgaste” del modelo neoliberal y por fuera de las estructuras de los dos partidos por entonces hegemónicos y de la “burocracia sindical”. Al mismo tiempo, se propuso la participación en alianzas electorales aunque, hasta el año 2004, con espacios políticos y resultados electorales marginales.

Las fuentes territoriales desde las que se creó el MBP a fines del año 2001 surgieron, primero, de los frentes “juvenil” y “barrial” de la CNPL; luego, del colectivo “Córdoba desde Abajo”; y, a fines de los años 90, como parte de una estrategia de la CNPL de ampliación de las articulaciones con la burguesía nacional, de la “CTA de los barrios” dentro de la Federación de Tierra y Vivienda de la CTA.

El MBP se constituyó como organización de trabajadores desocupados y se identificó con el “piquete” como formato de protesta. Esta primera etapa en la historia de la organización incluyó experiencias de articulación con diferentes actores y organizaciones “piqueteras”; de crecimiento desde una perspectiva de los procesos de democratización principalmente centrados en la construcción de “poder popular”, a través del trabajo territorial —en torno a comedores, merenderos, copas de leche y espacios de alfabetización que funcionaban en Centros Comunitarios— y de la movilización callejera como acción colectiva de protesta contra gobierno nacional, local y el Estado y en torno a la demanda de trabajo, alimentos y políticas sociales.

El acceso a los planes, principalmente el PJyJHD, a bolsones alimentarios y subsidios provinciales, en el caso de Córdoba, implicó una “escalada de recursos” que contribuyó a consolidar y ampliar el trabajo territorial. Asimismo, habilitó la posibilidad de construir relaciones con distintas instancias gubernamentales, como la que desarrolló a partir de su primera experiencia de gestión institucional en el Consejo Consultivo de Políticas Sociales de la ciudad, y la construcción de una asociación civil con personería jurídica, la Red de Comedores Solidarios.

Respecto de la relación del partido con el Movimiento, la CNPL se configuró como el sujeto con capacidad para motorizar un nuevo proyecto de país en alianza con otros actores sociales, politizando “lo social”. Este, por su parte, si bien era concebido como central para la construcción de un movimiento del pueblo en su conjunto, en este período se concentró principalmente en el trabajo con personas que vivían en condiciones de pobreza y/o desocupación.

La segunda etapa de la historia del Movimiento coincide con su incorporación a la coalición gobernante a nivel nacional. Por entonces, formó parte del “Gabinete Piquetero” y, en su interior, al sector que apelaba a la reconstrucción del movimiento nacional con el liderazgo de Kirchner. En Córdoba, el MBP participó de la gestión municipal del Partido Nuevo, conducida por Luis Juez, que había adherido al proyecto de “transversalidad”.

Constituido como un sujeto legitimado para construir políticamente a nivel nacional y local, su inclusión en los espacios de gobierno implicó diversas transformaciones. Su vínculo con el Estado se concentró en acciones principalmente instituyentes que fueron interpretadas como continuación de la red de trabajo territorial para la resolución de problemas en los barrios.

Las movilizaciones se organizaron menos como protesta y más en apoyo a las gestiones de gobierno nacional y de Córdoba. La protesta, por su parte, se desarrolló contra aquellos que se oponían al proyecto nacional y popular y los representantes de la “vieja” política; en el caso de Córdoba, ello involucró al gobierno provincial.

El trabajo territorial local se amplió y diversificó e incluyó el desarrollo de un incipiente proceso de cooperativización. Desarrollado desde las distintas “áreas” del Movimiento, sumó a la asistencia alimentaria y a la alfabetización otras acciones de promoción de derechos, formación política, elaboración de materiales culturales y comunicacionales, entre otras acciones, tendientes a la politización y a la construcción de “poder popular”. Este despliegue a nivel territorial y en la gestión municipal fue de la mano, principalmente, de la implementación de políticas nacionales en articulación con las municipales y con las experiencias de trabajo y militancia desarrolladas por el propio colectivo.

La participación en ambas gestiones fue planteada en términos de disputa. A nivel nacional, sobre todo con el espacio del PJ y, a nivel local, con los sectores que no adherían al proyecto de transversalidad. Hacia el año 2006, tras la derrota del Duhaldismo en la Provincia de Buenos Aires, la CNPL y el BDP, construyeron con otros actores una nueva referencia identitaria —el Movimiento Libres del Sur— para disputar y traccionar al interior del espacio transversal.

En el marco de su participación en el espacio político de conducción del gobierno nacional y local, para las elecciones del 2007 —a diferencia de comicios electorales anteriores en las que la CNPL había conformado distintos frentes y había obtenido resultados electorales marginales— el MLS consiguió dos bancas en la Cámara de Diputados Nacionales, una por la provincia de Buenos Aires y otra por Córdoba tras una alianza con el Frente Cívico conducido por Luis Juez. Asimismo, consiguió representaciones en algunas provincias y municipios, como Córdoba, donde obtuvo un cargo en el Consejo Deliberante de la ciudad.

Algunos aspectos de una gramática que propusimos leer en términos “movimientistas” mestizada con un modo de construcción de “centralismo democrático”, marcaron las propias prácticas y formas de organización internas de la primera etapa de surgimiento del MBP, entre los años 2002 y 2003. Al mismo tiempo habilitaron en el año 2004, su definición de incorporarse al proyecto de transversalidad y a la gestión del Estado y su posibilidad de participar de transformaciones societales más amplias. Las discusiones sobre las articulaciones posibles o no con otros actores sociales y, en particular, con el peronismo y la negativa a construir con el PJ, continuaron como tensiones a lo largo del período de estudio y marcaron las alianzas que pudo y no pudo construir el Movimiento con algunos actores sociales.


  1. En cada una de las provincias que se presentó, el Frente consiguió entre 0,20 % y algo más que el 1,4 % de los votos.
  2. Como señaló Gradín, el centralismo democrático, “basado en los desarrollos del marxismo leninismo se diferencia del modelo burocrático o del centralista porque la toma de decisiones se realiza de abajo para arriba y viceversa. Cada decisión estratégica es tomada con la previa consulta a los diferentes niveles de la organización en un debate ida y vuelta” (2015, p. 118).
  3. Entre las funciones de este espacio, se encontraba la elaboración de los lineamientos estratégicos y políticos; la aprobación del programa y el Estatuto; y la elección de la Dirección Nacional, el Secretariado y el Secretario General. (Estatuto CNPL, 1990)
  4. La construcción de “frentes” había sido una de las estrategias del PRT, expresión de sus alianzas y acuerdos públicos con diversas agrupaciones y dirigentes independientes. Según Cornovale, éstos tenían “el objetivo de canalizar y orientar la movilización popular y alcanzar una mayor gravitación en la arena política nacional” (2010, p. 42). La misma autora afirma que entre los más destacados que impulsó y conformó el PRT-ERP se encuentran el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), el Movimiento Sindical de Base (MSB), el Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (FATRAC) y la Juventud Guevarista (JG). Paralelamente, promovió y participó de la Comisión de Familiares de Presos Políticos, Estudiantiles y Gremiales (COFAPPEG), entre otras. Más información puede encontrarse en Carnovale, Vera (2010). La guerra revolucionaria del PRT-ERP en Revista Sociohistórica, n° 27, pág. 41-75.
  5. Un estudio encargado por la Municipalidad de Córdoba en 1987, constataba que tres cuartos de las villas censadas tenían o estaban formando algún tipo de organización comunitaria (Luciano, 1996).
  6. La hiperinflación —con índices record de casi 5000 % anual (Krikorian, 2010)— había impactado significativamente en las condiciones de vida de amplios sectores de la población que en pocos meses cayeron por debajo de la línea de pobreza. Por entonces, a diferencia de lo que había postulado el radicalismo, la democracia no era condición suficiente para comer ni para educarse.
  7. El 14 de mayo de 1995, Ramón Bautista Mestre en su fórmula con Luis Molinari Romero había ganado la elección con el 47,2 % de los votos en un contexto de altos índices de desocupación —que registraba 18,6 % en abril de 1995—, crisis económica y alta conflictividad a nivel provincial.
  8. La ley 8472 fue sancionada el 22 de junio de 1995 y publicada en el Boletín Oficial el 21 de julio de 1995. La ley 8482 fue sancionada el 20 de julio de 1995. (Arriaga et al., 2012)
  9. Le siguen el Bloque Piquetero, la CTA y el PO, entre otras.
  10. Datos extraídos de una base propia elaborada a partir de información brindada por la Gerencia de Empleo y Capacitación Laboral – Córdoba del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
  11. Según Gradin, la cantidad de PJyJHD con las que contaba el MBP a nivel nacional fue menor que la de los PEC. Para octubre de 2005, BDP contaba con 18,741 beneficiarios del PEC distribuidos en todo el país (2015, p. 183).
  12. Los datos acerca de la destitución o no de Olmos de la presidencia surgen de las entrevistas realizadas en el marco de la investigación y de la publicación del Sehas-CENOC (2005). Sin embargo, según notas periodísticas y un oficio respondido a la fiscalía Nº3 en junio de 2004 (en Sehas –CENOC, 2005) señala que entre julio y octubre de 2002, la conducción estuvo a cargo de la Mesa de Desempleados de la Ciudad de Córdoba, Barrios de Pie y Vecinos Autoconvocados.
  13. El conflicto cobró una escalada importante cuando sectores del agro se resistieron a la Resolución Nº 125 emitida por el Ministerio de Economía de la Nación que establecía la implementación de retenciones móviles sobre las exportaciones de granos y oleaginosas.


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