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Prólogo

Carlos Asselborn[1]

¿Qué miraré yo cuando de mí sólo queden mis ojos,
estos ojos que no se hartan de mirar
–generación tras generación– los mismos reclamos,
los mismos abusos, los mismos engaños,
los mismos desalientos? (…)

 ¡Lo único que no cambia de curso

 son nuestras penas!

Manuel Scorza, El Jinete Insomne, 1977.

Se piensa para vivir. Para vivir dignamente. Y esa praxis sólo tiene sentido si se hace con otrxs. Por lo menos desde este horizonte espacial y temporal llamado Nuestra América. No han sido pocas las personas que han intentado tamaña tarea a lo largo de su historia. Tampoco pocas son aquellas que, obstinadamente, lo siguen haciendo, a pesar de las penas y sufrimientos colectivos que las atraviesan, cual espina bajo las uñas de los cuerpos de los ninguneados de la historia.

No es posible el ejercicio de un pensamiento para la vida digna sin institución interpelada. La primera de ellas es el lenguaje. Y entre las más cercanas a nuestra experiencia vital y laboral, la institución académica. Esa tapera en estado de derrumbe que cuando se sacraliza, anula a los sujetos que la habitan. Sin embargo, esa misma vieja casona posibilita la creatividad cuando los sujetos se desarropan de las armaduras de la racionalidad instrumental y la interpelan desde las demandas populares. Desde el grito de seres humanos de carne y hueso con conciencia de sus cuerpos amenazados y adoloridos.

Sospecho que el artefacto que tienen entre manos es un poco todo eso. Y más todavía.

Se trata de un conjunto de textos, producidos en el contexto académico, desde un deseo que se resiste a ser morigerado por las lógicas mercantiles que permean a las instituciones y la vida cotidiana de millones de seres humanos.

Ese deseo piensa, escribe, enseña, acompaña, grita, pelea, discute, combate, sufre, ríe… acaricia. Es ese deseo que sigue movilizando a investigadores, intelectuales, académicos y militantes que intentan, dentro de las condiciones materiales y subjetivas del presente, pensar críticamente Nuestra América. Y nuestra amiga y compañera Estela Fernández Nadal es parte de esta historia, vigente por cierto y, hoy más que nunca, urgente.

Como estudiosa del pensamiento crítico latinoamericano, sus textos y la recepción hecha por un grupo de jóvenes investigadores, ya forma parte de esa larga historia de las ideas nuestras-americanas. Y esto anudado con la sencillez, la humildad y la sensatez del intelectual comprometido con su profesión, en favor de la emancipación de los pueblos injusticiados. Ya no puede pensarse una historia del pensamiento crítico latinoamericano en Argentina sin dar cuenta de la «escuela mendocina contemporánea» donde Estela es una de sus máximas animadoras.

Los textos aquí publicados y presentados por quienes fueron sus alumnxs y compañerxs de diversos grupos de investigación, remiten a ciertos nudos problemáticos que exigen ser repensados, por responsabilidad histórica y deseo de eficacia política. Entre ellos podemos leer en este trabajo:

  • La Historia de las Ideas como metodología que enfrenta, cuerpo a cuerpo, a un arraigado control epistemológico de las praxis políticas emancipatorias. Control epistemológico que termina despotenciando los intentos de liberación recurriendo a una higiene categorial que oculta una profunda impotencia política.
  • La recuperación de la tradición ensayística, desde esa misma Historia de las ideas latinoamericanas, producida por exponentes con horizontes políticos de humanización colectiva: Francisco Miranda y la conciencia de un complejo «nosotros» donde se amalgama la revolución y la utopía; o, a partir de Francisco Bilbao, lanzar la pregunta por la necesidad de una filosofía de la historia para un proyecto político emancipatorio nuestro.
  • La crítica a teorías y corrientes de pensamiento funcionales (sean ya ingenuas o con explícita mala conciencia) a políticas de reconstitución y sostenimiento de la estrategia del capitalismo globalizado. Artefactos de seducción para que dejemos de sentir nuestros propios dolores y con ello, dejar de pensarlos.
  • La urgencia por revisar los presupuestos antropológicos desde los cuales nos narramos colectivamente. Habituados a un reiterado complejo de inferioridad de larga data, la recuperación de los aportes de Arturo Roig y Franz Hinkelammert, reconstruidos magistralmente por Fernández Nadal, despierta el deseo de la crítica y la movilización utópica. La dominación nunca es tan clara como cuando se la combate, pero es allí, en ese ejercicio colectivo de afirmación y resistencia, donde se expresa, con sus constelaciones infinitas, la condición humana y la dimensión del sujeto que anida en ella, en tanto infinitud atravesada de finitud.
  • La crítica y puesta en valor de las aventuras del pensamiento feminista en y desde América Latina. Así lo demuestra su lectura de El segundo sexo de Simone de Beauvoir donde lanza la pregunta por la viabilidad teórica y práctica de combatir al enemigo con las armaduras categoriales de éste. Asimismo, su acercamiento a intelectuales feministas presentes en la conflictividad latinoamericana contemporánea es una puerta de acceso para quienes hemos ignorado sistemáticamente sus cuerpos y voces, por el patriarcalismo que aún nos habita y por el privilegio de nuestro color de piel y nuestra clase social.

Cada vez que nos encontramos con Estela, para quien esto escribe, significa volver a ponerse en contacto con una singular sensibilidad histórica para leer procesos históricos, construcciones políticas, teorías y formatos institucionales. Sensibilidad que rebasa cualquier intento, inevitable por cierto, de categorización. Se trata de una sensibilidad expuesta también en sus textos. Los aquí reunidos alertan sobre la crisis de las teorías fragmentarias; toman posición ante las formas sistemáticas de negar la pretensión política de los textos y alientan a la búsqueda creativa de espacios y tiempos para irrumpir sujetos colectivamente. Algo de todo ello imagino que Estela generó en las aulas, donde también fue mujer, trabajadora docente, intelectual, militante política, formadora, investigadora, madre, hija, amiga, sujeta.

No queda más que agradecer la infinita generosidad por la invitación a escribir estas pocas palabras. Vayan éstas como cifra de reconocimiento intelectual y afectivo hacia su persona. Y lo sabemos, Estela, aunque tristes estén nuestras bocas en estas noches neoliberales, la risa no es de ellos… Nunca lo será.

Triste llevo la boca.

Ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

Miguel Hernández, 1939.

Córdoba, 26 de Agosto de 2019.


  1. Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Católica de Córdoba.


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