Dante Ramaglia
El eje temático central de los escritos que componen este libro consiste en la indagación acerca del significado que poseen los acontecimientos históricos y culturales desencadenados a partir de la modernidad. Si, tal como lo han sostenido distintos autores, consideramos que esta etapa tuvo sus comienzos con el mismo hecho de la conquista y colonización de América, no deja de ser válido preguntarnos acerca de los efectos que incidieron en la conformación de nuestra historia y, en particular, cómo esta situación se traslada por sus profundas consecuencias a distintos sucesos de nuestra época. Este cambio de perspectiva implica no solo ubicarse desde un lugar marginal con respecto a la vía más usual de contemplar la modernidad, con su epicentro y desarrollo de modo exclusivo en el contexto histórico de Europa, sino que justamente se hace referencia a los alcances efectivos que configuraron un proceso de mundialización que va a transformar decisivamente las relaciones entre diferentes grupos humanos durante los siglos siguientes.
Sin duda que esta extensa trayectoria de la modernidad tiene un impacto significativo, que se basa en la delimitación de diversas representaciones sobre los procesos de subjetivación, las relaciones con los otros, la temporalidad y el sentido de la historia, el vínculo con la naturaleza, los saberes, el trabajo, la vida cotidiana, etc. Asimismo, cuando se considera el fenómeno que condiciona de modo marcado todos estos ámbitos de la experiencia que se conforman con el mundo moderno, resulta evidente que el capitalismo, en sus diferentes fases, los atraviesa no sin dejar de mostrar signos de crisis que se han agudizado en la actualidad. Esas diferentes concepciones surgidas con la modernidad, incluida la incidencia que posee la forma capitalista que afecta el plano material pero también cultural de la existencia social, han sido puestas en cuestión por el pensamiento filosófico actual. Con esto último nos referimos principalmente a las perspectivas críticas que se presentan desde el siglo XX hasta nuestros días, que tienen expresiones claras en la cultura intelectual contemporánea y, en especial, en determinados autores europeos, pero que entendemos deben complementarse y confrontarse con los planteos de quienes realizan una evaluación desde los ámbitos periféricos de la modernidad, sin lo cual la misma no se comprende en todas las dimensiones que supone, incluyendo por cierto un mundo fragmentado y jerarquizado de acuerdo a las mismas pautas valorativas establecidas desde el ejercicio de una cierta hegemonía política y cultural. En este sentido, se retoman las elaboraciones teóricas de pensadores y pensadoras de América Latina que ofrecen una aproximación a la significación que tiene, en el pasado y aún en el presente, la serie de acontecimientos, ideas e imaginarios que se vienen proyectando sobre nuestros territorios, poblaciones y culturas a partir del sistema mundial que se conforma con la modernidad.
Los trabajos reunidos en este volumen, que comentamos a continuación, dan cuenta de esta revisión de la influencia de la modernidad en el pensamiento contemporáneo, asumiendo el enfoque crítico que se desprende de diferentes interpretaciones sobre las consecuencias que genera el proceso de mundialización, particularmente en el contexto de América Latina. No se deja de aludir a un sentido liberador que procura sostenerse con relación a las demandas sociales que se observan en un diagnóstico inmediato del presente; por lo que la emancipación más que una promesa frustrada que proviene de las tendencias intelectuales modernas, se la contempla como una deuda que pesa sobre la humanidad en nuestro tiempo. En este sentido, la función transformadora de la crítica se revela como urgentemente necesaria ante la aspiración de construir sociedades más justas e igualitarias en el marco de una modernidad que ha decantado en la actual globalización, por lo que se vislumbra una tensión entre la inercia de los desarrollos históricos precedentes y la voluntad utópica de asegurar un mundo más equilibrado.
En la primera parte, “Revisiones en torno a la significación de la modernidad: proposiciones alternativas desde una perspectiva filosófica latinoamericana”, se repasan algunas de las ideas elaboradas en torno las repercusiones que trae aparejada la época moderna para América Latina. En este sentido, son retomadas las propuestas teóricas de autores contemporáneos que han realizado diversas aproximaciones a esta temática ampliamente debatida entre nosotros. En el trabajo de Cecilia Sánchez es abordada la comprensión de la modernidad –entendida pluralmente en su alusión a la existencia de modernidades y razones modernas– para discutir su costado colonial, instrumental y patriarcal, que se presenta en su relación con el contexto latinoamericano. Desde este punto de vista se ocupa de relevar otros sentidos que se proponen principalmente desde las tesis de Arturo Roig, Enrique Dussel, María Luisa Femenías, Rosario Castellanos y Aníbal Quijano. En particular, referidas a las distintas críticas esbozadas acerca de una concepción progresiva de la historia universal, del sujeto moderno en su figuración patriarcal para dar lugar a la habilitación de alternativas teóricas para la emancipación de las mujeres, de la superación de la razón instrumental y de la revisión de la vinculación ambigua de la modernidad con la posmodernidad, entre otras cuestiones centrales.
Por su parte, Roberto Follari discute el concepto de “transmodernidad” de Enrique Dussel, no sin dejar de reconocer su potencial hermenéutico, pero sí resulta objetado su significado en la medida que con ello se tiende a considerar que representa una modalidad superadora de la modernidad y la posmodernidad. La idea asociada que resulta puesta en cuestión se vincula precisamente al modo en que es empleada la noción de “superación” en su obra. Esto se hace valer tanto contra las afirmaciones de Dussel respecto de haber llegado “más allá” de las tesis de algunos autores, como a los supuestos implicados en la afirmación acerca de la superación de la transmodernidad con relación a la etapa posmoderna. En contraposición, Follari sostiene que estas perspectivas responden a teorizaciones que remiten a diferentes ámbitos conceptuales, difíciles de contrastar entre sí, ya que lo posmoderno se concibe como una condición relativa a fenómenos que forman parte de nuestra realidad social, y lo transmoderno se relaciona con un horizonte de futuro, es más un proyecto a consolidar mediante el diálogo plural de culturas.
Las categorías de “trans-modernidad” de Enrique Dussel y de “moral de la emergencia” de Arturo Roig son analizadas en el artículo de Adriana Arpini, con el objeto de mostrar sus alcances teóricos para comprender los procesos históricos y sociales que se dan en nuestra América, enfatizando que son producciones teóricas que tienen a este contexto particular como lugar de enunciación. A partir de la respuesta de Dussel a los desafíos del discurso posmoderno y la teoría poscolonial, se reconstruye la elaboración de la noción de trans-modernidad, fuertemente cuestionadora del occidentalismo y el eurocentrismo. En el caso de Roig se atiende a su fundamentación del pensamiento filosófico latinoamericano y, en particular, su noción de moral de la emergencia que alude a la irrupción de grupos sociales en una historicidad entendida de modo episódico. Esta última categoría se presenta como respuesta a los planteos posmodernos acerca de la construcción moderna de relatos, de la metafísica como violencia, de la significación del saber de sospecha como anticipación utópica y del fin de la misma historia. En ambos autores, entonces, se reconocen claves conceptuales para repensar críticamente la significación de la modernidad. Entre sus planteos, aun advirtiendo su singularidad, se reafirman aspectos convergentes y complementarios, al igual que con respecto a otros teóricos actuales como Aníbal Quijano y Boaventura de Sousa Santos.
A continuación, el texto de José Gandarilla Salgado da cuenta de la propuesta interpretativa acerca de la modernidad elaborada por el filósofo ecuatoriano-mexicano Bolívar Echeverría. Para ello traza un detallado itinerario de su formación juvenil en Ecuador y luego en Alemania, en que se destacan sus preocupaciones iniciales por la estética y la política. La conjunción de estos dos últimos campos es la que tiene lugar en lo que se describe como “mímesis festiva”, donde la intervención política del sujeto se inscribe colectivamente a partir de instancias constituyentes, que involucran igualmente –como lo prefigura su lectura de Marx– el disfrute de esa pertenencia al todo social. De allí que se afirme el impulso a la rehabilitación de la “forma social natural”, frente a su constante reducción que se impone con el desarrollo de la modernidad capitalista, como un motivo central que anima la teoría de Echeverría con respecto al desarrollo cultural de las sociedades latinoamericanas del pasado y del presente. Además, se indaga especialmente en las reflexiones sobre modernidad y arte presentes en este pensador latinoamericano, bajo las influencias centrales de Baudelaire y Benjamin, en que el momento festivo de la creación artística se erige como interrupción revolucionaria de la vida cotidiana y tiende a instaurar una vivencia genuina de lo humano, tal como se muestra también en sus analogías con las ideas sobre lo sublime sostenidas por Karel Kosik.
Aldana Contardi se dedica a delimitar en las proposiciones filosóficas de Arturo Roig su reflexión crítica acerca de la modernidad, que se considera indisociable de la teoría del sujeto que constituye un tema central que articula su obra. La producción de este autor, contextualizada expresamente en la realidad latinoamericana, da cuenta de problemas antropológicos, teórico-metodológicos y ético-políticos que encuentran su referencia en relación a la temática del sujeto. Desde este punto de partida, el estudio de Contardi muestra cómo se imbrican de modo dialéctico la teoría y la praxis, así como la historiografía y la crítica, en el pensamiento del filósofo mendocino. En este sentido, la significación particular que tiene la dimensión crítica del saber filosófico es destacada, en la medida que Roig plantea que la filosofía posee una función para la vida y esta es básicamente emancipatoria. De allí también la amplitud con que se enfoca la definición de la crítica en este pensador, no solo limitada a la racionalidad, ya que los alcances de la misma se refieren a partir de la presencia de la axiológico e incluyan al sujeto de discurso en su inserción social, caracterizado por Roig como “a priori antropológico”. Las concepciones derivadas de esta forma de tratar la normatividad de la filosofía latinoamericana, así como su relación con la historicidad y un tipo particular de humanismo, resultan consideradas en la exposición de sus tesis en torno a la función crítica y su vinculación con la noción de sujetividad.
En el estudio presentado por Federica Scherbosky se retoman algunos aspectos principales de la perspectiva acerca de la modernidad planteada por Bolívar Echeverría y su referencia a la situación experimentada en América Latina. Un hecho destacado se vincula a la asociación entre la trayectoria histórica seguida con el desarrollo de la etapa moderna y la formación del capitalismo, donde se observa que la centralidad que asumió Europa, junto con los cambios científicos y tecnológicos que modificaron las fuerzas productivas, representaron una oportunidad de superar la escasez que condiciona la existencia humana, lo cual fue desvirtuado mediante un sistema que se convirtió en una forma suprema de explotación respecto a otros grupos humanos y la naturaleza. Este enfoque se complementa con la noción de “colonialidad del poder” de Aníbal Quijano, que agrega a esta reorganización planetaria que plantea el modo capitalista la incidencia de una clasificación basada en lo racial, que tuvo un impacto importante en la configuración de la dominación colonial en América y otras regiones. Igualmente se remarca la tesis de Echeverría, retomada de Marx, acerca de la subsunción de la “forma natural” por la “forma valor”, o bien el “valor de uso” por el “valor de cambio”, que supone un sacrificio que se impone al sujeto dentro de la lógica capitalista. En consecuencia, se analiza la original elaboración desde una teoría de la cultura que realiza este pensador acerca de los ethos históricos y, en especial, los alcances que posee la concepción relativa al ethos barroco para repensar la experiencia moderna de nuestra América. Además de ponderar el aporte teórico que representan las categorías de “codigofagia” y “mestizaje”, que revisten su singularidad en el caso de América Latina, la autora incorpora una dimensión barroca referida a la constitución de la subjetividad, que lleva a afirmar la vida como forma de resistencia ante la destrucción que se impone con la dinámica de acumulación capitalista.
La segunda parte se denomina: “Revisitando tradiciones intelectuales: reflexiones acerca de los alcances y actualidad de la función crítica”. En el caso de nuestro trabajo se trata de dar cuenta de las proposiciones en relación con la modernidad y la crítica, considerando las postulaciones de representantes de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, por un lado, y de autores identificados con lo que se conoce como pensamiento crítico latinoamericano, por otro. En principio se sostiene la tesis acerca de la existencia de modernidades múltiples, teniendo en cuenta las diferentes realidades sociales y nacionales en que se desarrolla la experiencia moderna a nivel mundial. Esto último implica cuestionar la idea de un modelo hacia el cual se tiende de modo homogéneo y lineal, que desde una perspectiva eurocéntrica se ha vinculado al paradigma que representan los países desarrollados. Una condición necesaria para llevar adelante un diálogo entre estas distintas tradiciones intelectuales supone establecer relaciones simétricas, en que coincida la perspectiva crítica acerca de la situación límite a que ha conducido el programa sociocultural desplegado a partir de la modernidad, que se encuentra sobredeterminado por la incidencia del capitalismo. Bajo este supuesto se examinan, en primer lugar, las posiciones con respecto a la modernidad esbozadas por las sucesivas generaciones de la Escuela de Frankfurt, que llevan a distinguir un momento inicial fuertemente crítico, en el caso de Horkheimer y Adorno, a las reformulaciones contemporáneas que efectúan Habermas y Honneth. En segundo lugar, se repasan las concepciones referidas a una crítica de la modernidad, en pensadores latinoamericanos como Roig, Hinkelammert, Dussel y Echeverría, donde se aprecian orientaciones y matices diferentes, si bien confluyen en un discurso que cuestiona la modalidad adoptada bajo la modernidad capitalista y en la necesidad de proponer una vía superadora que tienda a la emancipación. Desde esta perspectiva, se evalúan también las coincidencias y disidencias teóricas con la tradición crítica frankfurtiana en función de promover un diálogo interfilosófico e intercultural.
Fernando Ramírez se ocupa de las vinculaciones entre crítica e ideología en Xavier Zubiri; en particular, tal como es reformulada la noción de crítica a partir de las concepciones acerca de la inteligencia y la razón que plantea su obra filosófica, en gran medida tendientes a superar la racionalidad moderna. Los antecedentes de esta revisión de la racionalidad que se conforma a partir de la modernidad, especialmente en sus rasgos positivistas y promotores de una idea de progreso, son retomados desde las postulaciones de Horkheimer y Adorno. Como propuesta alternativa se examinan los planteos acerca de la ontología hermenéutica en Vattimo, que supone un cuestionamiento de la metafísica, así como de la crítica de las ideologías para postular un pensamiento y una verdad “débiles”, al asumir el problema de la falta de fundamentación. Una postura diferente es ubicada en Paul Ricoeur, quien intenta mediar entre la hermenéutica de las tradiciones y la crítica de las ideologías, a través de la interrelación de sus respectivas disciplinas científicas. En el caso de Zubiri se remarca como punto de partida de la crítica su noción de “inteligencia sentiente”, caracterizada por su singular apertura intelectiva a la realidad, que no presupone las operaciones de la conceptuación lógica. Asimismo, se observa que la significación que tiene la realidad puede ser captada en instancias ulteriores de aprehensión que se dan a través del “logos” y de la “razón”, incluyendo también el papel fundamental de la imaginación. Para considerar el problema de lo ideológico resulta destacado en la analítica de Zubiri el concepto de “habitud social” como medio de intelección en que se configura el campo social. Este enfoque sobre la ideología como conjunto de habitudes consolidadas a través de la doxa, que conforman un sistema de referencias bajo un proceso permanente de verificación, se complementa con las perspectivas ofrecidas por Ignacio Ellacuría, Ernesto Laclau y Boaventura de Sousa Santos, lo cual muestra las proyecciones de estas ideas.
En el ensayo de Rita Moreno se aborda la crítica de la modernidad que se reconoce en las formulaciones teóricas de Walter Benjamin y Theodor Adorno. Si se alude a un signo trágico en estas percepciones que señalan la defección de las promesas del mundo moderno, esto tiene que ver con las regresiones y formas de dominación que marcan las primeras décadas del siglo XX en que escriben ambos sus textos fundamentales, lo cual, tal como se señala, responde a una situación que parece reproducirse también en nuestro tiempo. Delimitar los motivos por los que se consolida un movimiento opuesto a la vida y se reflejan las aporías en que ha desembocado la racionalidad, impulsa al mismo tiempo a Adorno y Benjamin a buscar una salida para rehabilitar a la Teoría Crítica. Esa ruptura que genera la cultura moderna se refiere entonces a una disposición anímica asociada a la “melancolía”, que supone tanto una especie de desidia y apatía como de inteligencia y contemplación –en palabras de Benjamin lo que llama “demonio de los contrarios”–. En este sentido, se indica que la reflexión filosófica actual, según Adorno y con su correspondencia en Benjamin, requiere cuestionar la pretensión totalizante que anuda razón y realidad para basarse, en su lugar, en un principio constructivo al atender a lo fragmentario que ha sido excluido por su carácter contradictorio. Igualmente es destacado el concepto benjaminiano de “caducidad”, que se relaciona con lo transitorio que rige en la naturaleza y la historia, para mostrar el índice de novedad histórica surgido en esa misma situación de catástrofe que marca un límite de la racionalidad. Estas consideraciones retomadas de ambos autores apuntan a recuperar un sentido crítico que orienta a la filosofía a construir, vinculada a la representación de la verdad originada también en el arte, que se sitúa en el horizonte de la contradicción entre los polos de razón y realidad, dentro de una dialéctica histórica que se encuentra suspendida en el momento de su negatividad.
La redefinición que propone Axel Honneth acerca de la Teoría Crítica es tratada en el trabajo de Jorge Palacio. Para ello se refieren las indagaciones en torno al poder, la conflictividad social y la dominación que se desprenden de los escritos tempranos a las publicaciones recientes de este pensador frankfurtiano. Su interpretación inicial del legado de Horkheimer y Adorno señala de modo crítico la epistemología centrada en el paradigma sujeto-objeto que contienen sus tesis, coincidente con el cuestionamiento de Habermas. En tal sentido, la idea de dominación sobre la naturaleza, que se traslada al propio autodominio para asegurar la autoconservación, confluye en la consolidación de una razón instrumental. Desde este punto de vista, se repasa en Honneth la elaboración de una teoría del sujeto que intenta superar la vertiente psicoanalítica en que basan sus antecesores la idea de autoridad, así como el funcionalismo de su teoría de la cultura. Igualmente indica un “déficit sociológico” de la Teoría Crítica anterior, en cuanto se reducen al trabajo y la clase obrera los múltiples motivos de las prácticas sociales que responden a la conflictividad existente, lo que obtura en determinados momentos la misma tarea crítica y transformadora de la sociedad. De allí que Honneth plantee la importancia de una orientación normativa que asegure el orden establecido, dentro de una tensión dialéctica entre el poder y la subjetivación política. Precisamente se encuentra en esa normatividad lo que denomina como una relación bilateral de dominio social, en tanto existen también formas de consentimiento y de reconocimiento de derechos que reconfiguran las instituciones, como son las que destaca del Estado de bienestar. En este punto, Palacio abre el interrogante acerca de la condición estructural y recurrente que poseen las formas de no reconocimiento que se producen durante el despliegue de la modernidad capitalista. Asimismo, se observa en las tesis de Honneth su posterior abandono de la categoría de relación bilateral de dominación, desde la cual lee críticamente la concepción del poder disciplinario en Michel Foucault, en función de la formulación de su teoría del reconocimiento. La noción hegeliana de una comunidad integrada éticamente constituye una idea reguladora trascendental respecto de las luchas sociales, lo cual supone una atenuación de la conflictividad. Pero más significativa resulta la primacía ontológica que otorga al reconocimiento el autor estudiado, que termina desplazando el tema del poder y la dominación por la afirmación de una condición antropológica expresada con esta categoría y que refleja su intención de fundamentar normativamente la teoría social crítica.
La tercera parte tiene como tema: “La modernidad en los márgenes: relevamientos críticos sobre las fracturas del pasado reciente y los puntos de fuga del proyecto civilizatorio”. El artículo de José Santos Herceg analiza la vinculación entre modernidad y tortura, a partir de la significación que se asigna a las políticas modernizadoras, en particular las implementadas durante las últimas dictaduras cívico-militares acontecidas en América Latina que se plantearon como instancias refundacionales. Siguiendo la propuesta de Dussel con respecto a mostrar una doble cara de la modernidad, una emancipadora y otra que contiene un mito sacrificial, se asocia esto último con los hechos de violencia, culpa, descorporización y solipsismo que se instalan bajo los regímenes autoritarios dirigidos a un objetivo de reconfiguración subjetiva. De esos dispositivos que se identifican como fenómenos modernos se destaca el papel que cumplieron los Centros clandestinos de detención y tortura, según su denominación usual en Chile y Argentina. Principalmente, el estudio profundiza en la significación que tuvo la tortura en estos lugares, distinguiendo tres tipos de finalidades: subjetivas, estratégicas y políticas, donde estas últimas orientan a las anteriores. Respecto de lo subjetivo es remarcado el quiebre físico y psicológico que se procura con la aplicación de distintas formas de violencia. Un resultado que genera la aplicación de la tortura es lo que se describe como estado de shock –del modo en que es reflejado en los manuales de la CIA que emplean esas técnicas coactivas–, lo que produce confusión y predisposición a confesar, seguido de una sensación de culpa de quien sufre la tortura. En base a la interpretación que han hecho distintos autores, se remarca también la destrucción de la identidad de la víctima, una suerte de vacío psicológico que se impone con ese acto destructivo del otro, para dar lugar a una reprogramación de su personalidad. Esta afectación de la integridad personal produce, además, una situación generalizada de desconfianza ante el hecho de perder la certeza de que el otro no nos hará daño o tendremos alguna forma de defensa y auxilio de los demás, en que se basa la misma convivencia social. Justamente se evidencia en los prisioneros que experimentaron esta condición de vulnerabilidad total la tendencia al aislamiento y el solipsismo en su vida posterior, lo que se refuerza por la desconfianza de los demás que le rodean ante el mismo hecho de su supervivencia. De este recorrido se concluye que el rediseño de las subjetividades y el orden político, implementado mediante la violencia y la tortura bajo las dictaduras del Cono Sur, representan una modernidad exacerbada, ya que conducen al extremo el objetivo de la destrucción del otro y de la misma comunidad.
Por su parte, Natalia Fischetti plantea un cuestionamiento de la ciencia moderna desde un enfoque epistemológico alternativo que apela a la Teoría Crítica frankfurtiana, el giro descolonial y el feminismo descolonial. En el desarrollo del trabajo resulta retomado, para la crítica al humanismo producto de la mentalidad colonial moderna, un relato de Clarice Lispector, “La mujer más pequeña del mundo”, al hilo del cual se entrelazan las perspectivas aludidas y, especialmente, las voces críticas de mujeres representativas del pensamiento feminista elaborado en Latinoamérica. Esta mirada desde el Sur, pone en cuestión la justificación de las formas de dominación social, cultural, racial y de género ejercidas por el Norte, que encuentran su apoyo en determinados criterios de clasificación, en la afirmación de esencialismos y en una pretensión de universalidad, mayormente sustentado esto por los saberes desplegados a partir de la modernidad. De la Teoría Crítica se destaca en las proposiciones de Horkheimer la denuncia de un modelo de saber científico que culmina en un método deshistorizado y descontextualizado, mediante el cual se procura una pretendida objetividad a través de un modelo deductivo. De allí que este autor promueva una consideración de la función social de la ciencia, que posee así un carácter crítico y prospectivo. De modo complementario, y profundizando este enfoque, se presenta la denuncia de la colonialidad en las distintas formas que se han dado en la experiencia latinoamericana, tal como es enunciada en Walter Mignolo, Silvia Rivera Cusicanqui y Aníbal Quijano. Asimismo, este giro epistémico referido al proyecto moderno/colonial representa la posibilidad de ver la negación de otras formas de producción del conocimiento, que lleva a afirmar en las tesis de Boaventura de Sousa Santos la necesidad de una “ecología de los saberes” como epistemología contrahegemónica. En el caso del feminismo, la crítica al significado colonial del género enfrenta al androcentrismo, el racismo y el eurocentrismo. En tal sentido, se trama una serie de deconstrucciones y propuestas que surgen del pensamiento feminista contemporáneo, retomado a partir de los aportes de María Lugones, Yuderkis Espinosa Miñoso, Francesca Gargallo, entre otras. Como apuesta central del feminismo descolonial se destaca la crítica radical del universalismo en la producción de teorías y la denuncia de la opresión de las mujeres racializadas. Igualmente se remarca la interdependencia de la categoría de género con las de raza, clase y ubicación geopolítica. Su objetivo teórico apunta a generar una epistemología alternativa, pero fundamentalmente se trata de modificar la situación de dominación, violencia y discriminación de las mujeres.
Noelia Gatica y Eugenia Aguirre reconstruyen en su trabajo las postulaciones efectuadas por Aníbal Quijano acerca de la posibilidad de una modernidad alternativa en el contexto latinoamericano, en particular a partir del análisis de la noción de “colonialidad del poder”. En primer lugar, se repasan algunas de las intervenciones intelectuales y políticas más radicales que realiza este autor en los setenta, en que es expulsado de Perú, para luego detenerse en escritos de fines de los ochenta, donde produce una reformulación del paradigma marxista para pensar la realidad social latinoamericana. En especial, se muestra cómo establece la diferenciación entre modernidad y modernización, ubicando este problema desde la sociología histórica de América Latina, así como realiza un cuestionamiento de los alcances de los modelos económico-políticos hegemónicos a nivel mundial, el neoliberalismo y el socialismo realmente existente. Igualmente, Quijano distingue dos tipos de racionalidad que proceden de la modernidad: una de tipo instrumental, tal como lo señala la crítica frankfurtiana, y otra histórica, que corresponde a una tendencia a la emancipación social. El hecho señalado es la subsunción que se termina produciendo de esta última por la razón instrumental, durante el proceso que desemboca en la modernización implementada en función de la reproducción del capital. La búsqueda de una racionalidad alternativa orienta el análisis al conflicto entre la propiedad privada y la propiedad estatal de los recursos de producción, donde se dirime la disputa moderna entre Estado y sociedad bajo la racionalidad instrumental y la lógica capitalista, pero que también ha afectado al desarrollo del socialismo realmente existente. En tal sentido, se remarcan otras formas de organización social que existen en las comunidades andinas, mediante una lógica diferente a lo privado capitalista y a lo público estatal, donde subsisten los valores de reciprocidad y solidaridad que se basan el bienestar colectivo bajo las formas de lo privado social y lo público no estatal. La crítica de la modernidad desemboca en los años noventa en la categoría de “colonialidad del poder” enunciada por Quijano, lo cual constituye un aporte central para fundar la teoría sobre la modernidad/colonialidad, al mismo tiempo que contribuye a la formulación de la noción de “sistema-mundo” de Wallerstein. La modernidad es comprendida como una primera experiencia global que se origina con la conquista de América, donde se va configurando un nuevo patrón de poder que tiene como características la clasificación de la población mundial a partir de la idea de raza y la articulación de todas las formas históricas de control del trabajo, de sus recursos y de sus productos, en torno del capital y del mercado. Asimismo, mediante esta teoría se afirma que el eurocentrismo es un componente central de la colonialidad del poder, que se distingue del significado histórico del colonialismo como dominación directa, ya que el primero opera como imposición a nivel del imaginario y de lo cultural. Junto con otras contribuciones teóricas analizadas en la obra de Quijano, se remarca la renovación producida respecto de los paradigmas de las ciencias sociales y humanidades críticas para estudiar la realidad latinoamericana y mundial.
El ensayo de Carlos Aguirre indaga en la escritura de Aimé Césaire los modos en que se elabora una mirada crítica de la modernidad, a partir de una perspectiva radical que atiende a la vivencia de la colonialidad desde un lugar otro. Una primera aproximación retoma la poética de Césaire que habla del no-tiempo para poner en cuestión las representaciones dicotómicas de la modernidad, dando espacio a una reinvención de la identidad de los cuerpos racializados diferente a las identidades sustanciales y a una noción de tiempo lineal. Precisamente la temporalidad lineal fundada en la idea de progreso, regido este último por Occidente, había situado a las Antillas en los márgenes de la historia universal. Asimismo, se analizan las connotaciones de la afirmación de la “negritud”, que remite a la historia del negro y su corporalidad, término que supone una tensión irresoluble con la modernidad y la esclavitud basada en la ideología racista. Frente a esto se repasan las diferentes reivindicaciones del mundo negro en una clave antirracista, que tiene un momento destacado con el grupo literario de la négritude, fundado en 1934 por Aimé Césaire, Leópold Sédar Senghor y León-Gontran Damas. Desde este punto de vista se vincula la rehabilitación del cuerpo negro que Césaire efectúa mediante el recurso a la imagen poética, con el objetivo de denunciar y desestructurar la asociación entre color, identidad y cuerpo que se consolida con el discurso colonial racista de la blanquitud. Las operaciones estético-políticas que son puestas en juego en la escritura de Césaire, según se comenta en el texto, contienen esta impronta de narrar de otro modo la violencia y el conflicto experimentados en el propio cuerpo racializado, tal como se presenta también en Édouard Glissant o Frantz Fanon. En tal sentido, es analizada igualmente la reescritura del Triángulo Atlántico que se presenta en Cuaderno de un retorno al país natal, donde la narración poético-histórica de un sujeto que vuelve a África en búsqueda de su pertenencia se combina con el cuestionamiento de la identidad racial elaborada por el imaginario blanco. La apelación a las imágenes metafóricas y los neologismos, entre otros recursos, son leídos como la forma en que Césaire se aparta del racionalismo occidental y elabora una identidad más amplia, en que se produce una proyección existencial y cultural hacia la invención para dejar sin efecto las marcas del lenguaje colonial.
Larissa Mehl da cuenta en su trabajo de los alcances que posee la referencia a la modernidad indígena, trazando la trayectoria histórica y la significación actual de los procesos que han afectado a las poblaciones originarias de América Latina. Para describir la situación que experimentaron estos pueblos desde el inicio de la conquista y la colonización, recurre a la interpretación de Enrique Dussel para remarcar que la mirada eurocéntrica en realidad produjo un “encubrimiento” de las prácticas culturales y las cosmologías de quienes fueron considerados inferiores. El poder que se establece desde la colonialidad, según lo plantea Aníbal Quijano, supone ese eurocentrismo en que lo racial se expresa en una forma de organización del trabajo que explota a los pueblos sometidos y contribuye a consolidar la economía bajo el sistema capitalista. Asimismo, se retoma la distinción realizada por Silvia Rivera Cusicanqui acerca de los tres ciclos históricos que caracterizan al “colonialismo interno”: el colonial, el liberal y el populista. A partir de ellos se muestra cómo terminan siendo relegados y subordinados por las élites dominantes determinados sectores sociales y étnicos, que son principalmente indígenas, negros y mestizos. En este recorrido histórico se destaca el modo en que se extiende una racionalidad moderna bajo distintos proyectos de nación, lo cual será puesto en cuestión a partir de mediados del siglo XX para confluir en el debate modernidad/posmodernidad producido hacia las últimas décadas. Más allá de las dificultades de algunos de sus diagnósticos sociales y culturales, la fractura que supone el discurso posmoderno se entiende que posibilita, en su cuestionamiento del programa sociocultural moderno, la visibilización de las problemáticas relativas a otros sujetos, como es el caso de las comunidades indígenas, mestizas y afroamericanas. A partir de una observación de Bolívar Echeverría, se rescata la persistencia de las formas culturales indígenas con respecto a sus saberes y formas de habitar el mundo, a pesar de lo que sucede en el proceso de colonización. Precisamente, una alternativa a la modernidad se encuentra en las formas de lucha y resistencia de esos pueblos ancestrales, tal como se presentan en el mundo andino según lo muestra Rivera Cusicanqui. De esta última autora se retoma el concepto de ch’ixi, que se asocia a la noción de mestizaje desde un enfoque que enfatiza la contradicción y el conflicto, así como alude al modo en que en ella aparece la cara oculta de la modernidad: lo indígena. Una perspectiva similar se aplica a la posible mezcla de distintas temporalidades, a diferencia del tiempo homogéneo y progresivo de la concepción moderna, al igual que se revisa la percepción del tiempo en relación con el espacio en la cosmovisión andina. En este sentido, se atiende al concepto de Pacha, que implica otra forma de relacionarse con la naturaleza y con los demás a partir de la vida comunitaria, reflejado también en las nociones de Sumak Kawsay y Suma Qamaña (“buen vivir”), al mismo tiempo que se rehabilita otra idea ancestral relacionada con el Pachakuti, como correspondientes al enfoque alternativo que podría aportar el saber indígena.
El estudio de Pía Cartechini aborda las representaciones sobre la infancia que se desarrollaron durante el período de la última dictadura cívico-militar en la Argentina, entre 1976 y 1983, relacionando este proceso con la idea de un mito sacrificial que se presenta con la modernidad. No solo se trata de considerar las distintas concepciones que existen acerca de la infancia, sino especialmente como se promueve en ese momento un control sobre este grupo etario, así como se justifica en ciertos casos la apropiación de niños y niñas que nacieron en cautiverio. En el repaso histórico efectuado se pone de relieve el vínculo entre infancia y política que tuvo sus comienzos con el anarquismo y el socialismo, en que se propicia la formación de un sujeto autónomo y desvinculado de los poderes de la Iglesia y el Estado a través de la creación de escuelas libres. Ya con el ascenso al poder del peronismo en 1945 se reafirmó esta politización de la niñez y la juventud, confiando en que el proyecto de nación a construir tenía a las nuevas generaciones como sujetos privilegiados, lo cual se tradujo en muchas iniciativas llevadas adelante desde el ámbito estatal con respecto a la educación y la asistencia social. Mediante la recopilación de distintos documentos y testimonios, se analizan los discursos del período de la última dictadura que tendían a la vigilancia de la infancia y la juventud por parte del poder autoritario que se había instaurado, cuyo objetivo declarado era anular la infiltración de la “subversión” y, en definitiva, forzar a una despolitización social. Como marco teórico se retoman las tesis de Hinkelammert respecto a la presencia de una racionalidad mítica en la modernidad, vinculada especialmente a los mitos del progreso y del poder, así como estos conducen a afirmar el mito sacrificial, mediante el cual se sostiene que algo debe ser destruido o subyugado en función de lograr una situación mejor a futuro. Este tipo de pensamiento mítico sacrificial se ve operando en la misma dictadura, cuando la tortura, la desaparición, la violencia y la muerte fueron justificadas en vistas a la “salvación” de la sociedad nacional y su adecuación a una determinada ideología oficial. En este sentido, son también considerados los alcances políticos y las secuelas psicológicas que tiene la apropiación de niños y niñas de desaparecidos, en el sentido de la pérdida de identidad que procura borrar su pasado y su memoria, ante lo que se sustenta una política de recuperación de esa identidad cuando han sido restituidos a sus familias de origen.
Finalmente, cabe destacar que el presente libro es el resultado de una experiencia de trabajo colectivo, que se ha dado en el marco de un proyecto de investigación avalado por la Universidad Nacional de Cuyo y desarrollado en el Instituto de Filosofía Argentina y Americana de la Facultad de Filosofía y Letras de esa misma universidad, en Mendoza, Argentina. De allí que, a pesar de las diferentes perspectivas que se han reseñado anteriormente, se reflejen algunas temáticas y autores y autoras en particular que se discutieron en reuniones de seminario. En ese espacio de intercambio y discusión acerca de la significación que reviste la modernidad, especialmente para el caso singular de América Latina, y de la actualidad que pretende asignarse a la tarea crítica ejercida desde la reflexión filosófica, se produjeron la mayor parte de los escritos individuales que conforman este volumen. Nuestro agradecimiento especial a los colegas que fueron invitados a participar sin estar involucrados de modo directo en las reuniones de seminario realizadas, pero sí en la propuesta editorial: Cecilia Sánchez, Roberto Follari, José Gandarilla Salgado y José Santos Herceg. Sin duda su ausencia en los encuentros periódicos del proyecto ha sido reemplazada por el trato cercano en otras ocasiones, así como se reflejan ahora sus valiosos aportes respecto a las cuestiones que se presentan en esta publicación que ponemos a la consideración de sus lectores.







Reseña de Recorridos alternativos de la modernidad publicada en la revista CUHSO (Universidad Católica de Temuco):
https://portalrevistas.uct.cl/index.php/cuhso/article/view/2707/2532
Reseña de Recorridos alternativos de la modernidad publicada en la revista Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las ideas, vol. 24:
https://qellqasqa.com.ar/ojs/index.php/estudios/article/view/526