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Casandras: mujeres y violencia en cinco obras de Diana de Paco Serrano

Noelia Martínez Villegas

Diana de Paco Serrano es una dramaturga murciana que, en su libro Casandras de 2016, reúne cinco obras dramáticas en las que la violencia es el eje que atraviesa las historias de las mujeres que son sus protagonistas. Los textos incluidos son Polifonía de 1999, Espérame en el cielo… o, mejor no de 2012, Morir de amor de 2013, África L. de 2014 y Casandra de 2016. Tanto el drama inicial como el que cierra el libro son reelaboraciones de mitos clásicos, mientras que los tres restantes presentan problemáticas contextualizadas en la época contemporánea.

Los tipos de violencia son variados y abordados desde las dos líneas de escritura de la dramaturga: la mítica y la contemporánea. En la primera, la violencia adopta formas sangrientas y destructivas, en una sociedad en la que la figura masculina detenta el poder. Byung-Chul Han, en Topología de la violencia (2016), al referirse a la sociedad griega, afirma:

Nos encontramos ante una sociedad que sanciona la violencia física como medio para un fin. Es una sociedad sangrienta, distinta a la sociedad moderna, que es una sociedad del alma. Aquí los conflictos se resuelven directamente con el uso de la violencia, es decir se elimina de golpe.
[…]. La mitología griega está repleta de sangre y cuerpos despedazados. Para los dioses, la violencia es un medio sensato y natural para lograr sus objetivos e imponer su voluntad (Han, 2016: 15).

Al tratarse de una cultura que concibe la violencia de una manera distinta, se plantean situaciones en las que su uso se justifica en nombre del honor y la venganza. En este contexto, además, las mujeres tienen un rol de subordinación.

En Polifonía, la autora reúne cuatro mujeres de los mitos clásicos: Penélope, Medea, Fedra y Clitemnestra. Estas figuras femeninas, que en los hipotextos son caracterizadas con rasgos negativos, transgresoras y malvadas (a excepción de la primera, cuyo rol pasivo la condena al silencio y la soledad), darán a conocer su propia versión de los hechos.

Cuatro mitos son reelaborados a partir de la voz de aquellas, que fueron juzgadas por una sociedad patriarcal en la que el discurso de los hombres era el único considerado importante y verdadero.

La obra se divide en quince escenas breves, de las cuales seis llevan por título “La cárcel”, ya que es el espacio de encuentro, se trata de la cárcel de la conciencia en la que deben expiar sus culpas. Ellas son prisioneras de la historia, condenadas al silencio y la incomprensión de un mundo en el que los hombres eran los héroes y su palabra era la única verdadera. Si bien las protagonistas forman parte de distintas tragedias, tienen asuntos en común que irán descubriendo en el transcurso de la obra.

FEDRA: La conciencia es común, alguien en algún momento ha debido pensar que sois iguales, y quizá tenga razón, y por ello estáis aquí, encerradas en el mismo lugar.

MEDEA: Nosotras no somos iguales en nada.

FEDRA: Yo no soy como vosotras, no sé quién eres tú (A MEDEA) pero puedo sospechar que no tengo nada que ver contigo. Resignada. Yo solo soy el recuerdo de la sombra de Hipólito.

PENÉLOPE: No, Fedra, si tienes que ver con ella, aunque tú no lo reconozcas todavía (De Paco Serrano, 2016: 49).

Es importante mencionar que el único personaje que se mantiene con vida es Penélope, ya que las demás ya están muertas y recuperan los acontecimientos previos a través del recuerdo, que se escenifica, y en el cual intervienen las figuras masculinas. La segunda y octava escena representan la historia de Fedra, en la que la dramaturga incorpora una variación, ya que omite la falsa acusación contra Hipólito. La protagonista sufre el rechazo y egoísmo de su hijastro y su esposo Teseo. Su final es trágico y violento, ya que, cansada de las infidelidades de su marido y el desprecio de su amado, decide suicidarse. Esta es tal vez la historia con menor grado de violencia, dado que, al eliminarse la acusación en contra de Hipólito, también desaparece la furia de Teseo.

En la tercera escena, Penélope debe enfrentarse a Telémaco, su hijo. Se trata de un diálogo violento en el que ella es acusada injustamente. Han se refiere a este tipo de agresiones verbales afirmando que “la violencia de una lengua hiriente también remite, como la violencia física, a la negatividad, pues resulta di-famadora, des-acreditadora, de-nigradora o des-atenta” (Han, 2016: 10). Las palabras que escucha la hieren debido a su falsedad.

TELÉMACO: Eso ni lo sueñes. En el fondo es eso lo que a ti te gustaría, que me fuera a buscarlo, que lo trajera junto a ti, y que, ignorando lo que has hecho, volviera a acostarse en esa cama deshecha por muchos hombres que no son él. Mientras Ulises luchaba como un héroe… Penélope ha estado… gozando con todos, ¡hipócrita! (De Paco Serrano, 2016: 61).

La violencia verbal es muy importante en estos textos, ya que las mujeres son maltratadas e injuriadas sin posibilidad de defenderse. Son víctimas de un discurso patriarcal que las condena.

Más adelante, en la escena catorce, se produce el encuentro con Ulises, que, al retornar, no es reconocido por su esposa, que lo cree un impostor que acaba de matar a todos sus pretendientes. Los reproches se convierten en amenazas y en una progresiva desmitificación del héroe que quedará grabada en esa túnica, que termina siendo un túmulo, el testimonio de las historias representadas en Polifonía.

En la quinta escena, protagonizada por Medea, una de las tragedias clásicas más violentas y sangrientas es reelaborada por Diana de Paco Serrano. En este caso no se omite el filicidio, pero conocemos el verdadero motivo por el que Medea toma una decisión tan terrible. Agobiada por la traición de Jasón, decide matar a sus hijos, pero no por venganza, sino por amor, pues considera que, al quitarles la vida, los está salvando de un destino funesto. No obstante, aunque la motivación sea diferente, no deja de ser un crimen espantoso.

Una madre que asesina a sus hijos, sin importar el motivo, en esa época y en la actual, es un hecho cruel y violento. La historia de la humanidad, desde sus orígenes, ha sido testigo de esta clase de delitos que generan el repudio de la sociedad. Robert Muchembled, en Una historia de la violencia, toma este personaje para analizar las muertes de infantes en manos de sus progenitores y sostiene que las condenas varían en función del actor, es decir que es mayor la reprobación cuando se trata de una mujer. “… revela el aspecto sombrío, peligroso y aterrador de la feminidad” (Muchembled, 2010: 185).

Finalmente, en la sexta escena, se reconstruye la historia de Clitemnestra, que se enfrenta con Agamenón, a quien culpa por la muerte de Ifigenia, su hija. Un crimen vinculado con la corrupción política y por el cual Clitemnestra clama justicia. Esta es una de las historias en las que la palabra de la mujer es menospreciada por los hombres.

AGAMENÓN: Clitemnestra no te precipites, que no te ciegue la histeria, sé sensata. Ven, siéntate frente a mí y hablemos como dos hombres juiciosos, no te dejes llevar por tus instintos de mujer celosa, no es el momento, asume la responsabilidad de vivir y entiende que el sufrimiento forma parte de ella (De Paco Serrano, 2016: 73).

Nuevamente, el discurso masculino desvaloriza la palabra de la mujer en un acto que la relega y es violento, ya que no solo la condena a callar, sino a la muerte, pues hay intereses que son más valiosos.

Para vengar la muerte de Ifigenia, su madre mata a Agamenón, y este nuevo asesinato lleva a Orestes, hijo suyo, a vengarse de su madre y su amante Egisto, matándolos. Se comete una cadena de crímenes justificados por la venganza. Recordemos que en los mitos el concepto de “justicia” establecía que un crimen debía ser vengado con otro crimen, sin importar el vínculo existente entre la víctima y el victimario.

Los cuatro mitos que retoma la escritora murciana son historias de crímenes y venganza, hechos sangrientos cometidos para conservar el honor de los hombres, pero que avergüenzan a las mujeres. Ellas temen hablar delante de sus compañeras, se niegan a recordar. Acostumbradas al silencio y al escaso valor que se atribuía a sus palabras, la cárcel se convierte en un espacio de catarsis. Una vez que cada una expone su versión de lo ocurrido, sus historias quedan grabadas en el manto que tejía Penélope y que se convierte en la obra de arte que conserva los testimonios de estas heroínas. Es la materialización de su verdad ante lo efímero de la palabra oral. Es su forma de hacer justicia y no quedarse por siempre en el lugar asignado por el discurso patriarcal.

La segunda obra del libro es Espérame en el cielo… o, mejor no, que aborda el tema de la violencia de género. Sus protagonistas son mujeres de distintas edades, etnias, culturas y clases sociales.

Al igual que en el texto anterior, el espacio en el que transcurre la acción tiene una importante carga semántica: se trata de una morgue. En este lugar se encuentran diferentes víctimas de la violencia, están allí, muertas, en cajas frigoríficas, a la espera de unos informes en los que se expliquen las causas de sus respectivos fallecimientos. Es el lugar común de la muerte, y los cadáveres que allí se encuentran no necesariamente están en la misma morgue. Este sitio se caracteriza por la oscuridad, el frío y el “olor a muerto” que no puede soportar la médica forense.

Con una técnica similar a la de Polifonía, vamos conociendo las historias de las cuatro mujeres cuyos cuerpos ocupan algún cajón de la cámara frigorífica. El drama se compone de veinte transiciones en las que van apareciendo las protagonistas, que, aunque comparten el espacio escénico, parecen no verse y no tienen contacto entre ellas, ya que la morgue se superpone con otros lugares, como la calle o sus domicilios.

María es el primer personaje en aparecer, es la médica forense que está trabajando el día de su cumpleaños y se encuentra muy descompuesta, con dolores corporales y un fuerte malestar que no tolera y que le parece extraño, porque ya estaba acostumbrada al olor de ese lugar.

Todos los personajes tienen nombre, excepto la Señora Recortada, una mujer mayor, llena de heridas, con el pelo mal cortado y humildemente vestida. Ella es víctima de lo que Han denomina “violencia sistémica”:

La situación en la que tiene lugar un acto violento a menudo tiene su origen en el sistema, en la estructura sistémica en la que se integra. Las formas de violencia manifiestas y expresivas remiten a una estructura implícita, que el orden de dominación establece y estabiliza, pero que, sin embargo, escapan a la visibilidad. […]. Las estructuras establecidas en el sistema social se ocupan de la persistencia de las condiciones de la injusticia. Fijan las relaciones de poder injustas y, en consecuencia, la diferencia de oportunidades en la vida, sin manifestarse como tales (Han, 2016: 117).

Esta mujer fue perdiendo poder adquisitivo como consecuencia de la situación económica europea. Primero le cortaron los servicios y luego se quedó sin casa. Lo único que tiene es una alcancía que, ante su llamado, supuestamente se niega a salir, afirmando que tiene miedo porque le quitarán lo poco que tiene. Su discurso está cargado de ironía a la clase política, que les quita todo a los ciudadanos mientras ellos no ven afectadas sus vidas a pesar de la situación crítica de la economía. Luego de años de trabajo y sacrificio, muere en la calle, totalmente desprotegida y olvidada. Cuando cae muerta, la doctora lee el informe de la autopsia: “Muerte por hipotermia” (De Paco Serrano, 2016: 131). Específicamente esta violencia se invisibiliza debido a la imposibilidad de reconocer un sujeto que la ejerza. Es propia de las sociedades modernas, donde la marginación y el olvido replican estructuras injustas y los derechos son atribuciones de algunos sectores privilegiados.

Rosa es la siguiente en aparecer, una mujer joven y enamorada de un amigo. Daniel sufre una fuerte depresión y acaba de perder el trabajo debido a su falta de “pseudolina”. Al principio ella cree que Pseudolina es el nombre de una rubia o una morena con la que su amigo mantiene una relación, pero, tras investigar en Internet, descubre que “es una sustancia cuya función, eso sí lo sé bien, es la de estimular la parte del cerebro que tiene la capacidad de falsear los pensamientos. Es decir, que la pseudolina sirve para mentir…” (De Paco Serrano, 2016: 140). La carencia de dicha sustancia hace que Daniel no pueda callar sus opiniones y humille a otros con lo que dice; esta situación genera que sus amigos se alejen, y la única que se queda a su lado es Rosa. Inician una relación de pareja y la convivencia se torna insoportable debido a la violencia verbal de la que ella es víctima. El ambiente cada vez es más agresivo y violento, y, aunque no llega a la violencia física, la protagonista no soporta tanta humillación. El mayor desprecio se produce cuando él le dice que no la quiere y ella decide envenenarlo y luego quitarse la vida de la misma forma. El ejercicio de la violencia a través de la palabra está cada vez más arraigado socialmente.

Otra de las protagonistas es Aisha, una niña paquistaní de ocho años que forma parte de una cultura patriarcal en la que las mujeres no tienen los mismos derechos que los varones. La violencia contra las mujeres es una práctica muy extendida, y sufren todo tipo de agresiones y degradaciones a diario. Ella tiene un hermano gemelo, Hamed. Cuando son pequeños, no notan ninguna diferencia, pero, a medida que van creciendo, se dan cuenta de que no tienen las mismas obligaciones y oportunidades. El niño está en edad de ir a la escuela, pero su hermana no puede hacerlo; para ella están reservadas las tareas domésticas. Viven con miedo y sin poder hablar.

Un inocente juego desencadena la primera tragedia en sus vidas, cuando el pequeño se viste con la ropa de su hermana y es descubierto por su padre y otros hombres, que se lo llevan de manera violenta para hacerlo desaparecer.

Además de las diferencias existentes entre hombres y mujeres, Pakistán es un territorio de conflictos políticos que afectan a toda su población; Aisha muere a sus ocho años por la detonación de una bomba. En este caso la violencia es de origen cultural y educacional y se sustenta en un concepto de inferioridad de la mujer transmitido de generación en generación, reproduciendo dominación, desigualdad y discriminación, naturalizando la subordinación de la figura femenina.

La última historia es la de María, la forense que, a lo largo del texto, se queja de un extraño malestar; va dando indicios de un posible embarazo y espera que Antonio, su colega y amante, le lleve una sorpresa por su cumpleaños. No logra recordar los detalles de la noche anterior hasta que realiza la última autopsia y descubre que ese cuerpo destrozado es el suyo. Su amante, en un momento de furia cuando ella le anuncia su embarazo, la tira desde un octavo piso. Una voz en off lee el resultado de la autopsia: “Muerte por traumatismo craneoencefálico” (De Paco Serrano, 2016: 158).

La vida de las cuatro mujeres está marcada por la violencia, todas mueren de manera trágica y deben afrontar distintas situaciones injustas y dolorosas. La cámara frigorífica reúne los cadáveres a los que se les debe realizar una autopsia porque no murieron por causas naturales, sino por formar parte de una sociedad violenta.

En esta obra, De Paco Serrano expone la violencia desde distintas aristas, evidenciando que la sociedad contemporánea es cada vez más compleja en relación con este tema, debido a la forma en la que evoluciona y se manifiesta cada vez más agresiva e intolerante.

África L. está protagonizada por una niña de once años que atraviesa una serie de conflictos tanto en el ámbito familiar como en el escolar. Se encuentra en la etapa de desarrollo y no se siente satisfecha con su aspecto físico debido a las burlas de los demás, y, para evitar estas situaciones humillantes, se aísla en su dormitorio. Continuamente se comunica con el celular y expresa al receptor lo que siente y de una manera muy particular: “Me llamo África L. y me gusta hablar al revés… Que ¿cómo es eso? Espera… Acirfa omall em” (De Paco Serrano, 2016: 165).

En la escuela nadie le habla y la acusan de traicionar a Andrea, su mejor amiga. Desde el principio África expresa sentirse muy cansada por los problemas que tiene y su habitación se convierte en el refugio donde se comunica con el celular, pero además utiliza una serie de máscaras de emoticones para mostrar sus estados de ánimo y ocultar su rostro porque le parece feo.

En esta obra los estereotipos cumplen un rol importante, ya que tanto el aspecto físico como la subordinación ante la figura masculina son centrales. El personaje principal continuamente hace referencia a su cuerpo y a su rostro, que parecen no encajar con el modelo de belleza imperante en la sociedad moderna. Andrea la acusa de traicionar un pacto que implicaba que ambas se desarrollarían al mismo tiempo y tendrían un cuerpo parecido; sin embargo, la protagonista es más alta y esbelta, y esto genera el conflicto por el cual decide aislarse.

En su casa también recibe burlas y agresiones de Mario, su hermano mayor, y su madre permite esta situación, ya que, aunque intenta apoyar y aconsejar a África, no pone un límite a su hijo para que deje de molestarla. La autoridad masculina se refleja en el vínculo que se establece entre los miembros de la familia. El discurso de los hombres y las mujeres es contradictorio y genera confusión en la pequeña, debido a que Mario trata a las mujeres como un objeto sexual y las menciona nombrándolas como razas de perros –“la bulldog” o “la caniche”– y con un vocabulario grosero para referirse a las partes de sus cuerpos, mientras su progenitora le habla de un amor idealizado en el que debe esperar ser tratada como una princesa.

ÁFRICA: Mi madre me dice que un chico me tiene que tratar siempre como una princesa, pero mira que tanto decirlo y se le ha olvidado enseñarle a mi hermano a hacerlo… ¡Qué cosa! […]. No entiendo… Y luego que mi madre es muy buena, pero dice las cosas y luego no las cumple porque mi padre a ella no la trata como una princesa y tampoco enseña a mi hermano a que me trate bien a mí… (De Paco Serrano, 2016: 190).

Mario todo el tiempo se muestra agresivo con su hermana y la ofende diciéndole que es fea, tonta y gorda y que su amigo nunca se fijaría en ella. A pesar de su corta edad, ella comienza a preocuparse excesivamente por su peso y deja de comer. La anorexia la lleva a permanecer semanas internada en un hospital luego de perder la conciencia. Al despertar tiene una actitud distinta y descubrimos que el receptor del celular era ella misma y que la incomunicación y el aislamiento son la manera que encuentra para protegerse de ese ambiente hostil que existía fuera de su habitación.

El bullying es una forma de hostigamiento que, si bien no se restringe a un determinado ámbito, es habitual en la escuela y entre los niños y adolescentes. África, para evitarlo, recurre a la soledad y el encierro, y además altera sus hábitos alimenticios. Ella tiene la fortaleza para superar esta situación, pero, en la mayoría de los casos, esta clase de hechos dejan marcas psicológicas que dañan la integridad de las personas.

El tipo de violencia del que es objeto África es naturalizado en muchos lugares y cada vez más frecuente. Personas que a diario deben enfrentar situaciones de violencia que enferman su psique y que, muy a menudo, terminan recurriendo al suicidio como la única salida posible. El final de África L. es esperanzador y concluye con la protagonista develando el significado de la L: “¡Ah! ¡Se me olvidaba lo más importante! Ya sé qué quiere decir la L. de mi nombre, África Libertad. ¡Y punto!” (De Paco Serrano, 2016: 212).

Miriam, una mujer madura de cincuenta y cinco años, es la protagonista de Morir de amor, un monólogo extenso que, desde una nueva perspectiva, aborda una vez más el tema de la violencia de género. La típica historia de la esposa golpeada y humillada que ha sido educada para perdonar y soportar presenta un giro importante en lo que respecta a la reacción del personaje principal. Cargada de erotismo y humor negro, la obra reconstruye el último diálogo, mejor dicho, monólogo, de un matrimonio. Ella le habla al hombre que se encuentra en la cama de la habitación de un hotel, se burla de su bigote y, aunque al principio parece ser su amante, más adelante descubrimos que se trata de su esposo, con quien juegan a ser amantes para salvar la relación hasta que él la golpea nuevamente durante el acto sexual.

Para evadir el momento, narra una historia imaginaria en la que es seducida por un asistente de vuelo joven y atractivo, responde llamadas que solo escucha en su mente y decide darle una nueva oportunidad a su vida matrimonial. Toda la ilusión de un hombre arrepentido y cambiado termina cuando él se pone violento como otras veces. La esposa retoma sus planes de venganza y planifica matarlo para terminar con su sufrimiento. Conocedora de su alergia a las almendras, decide masajearlo durante el acto sexual con un aceite derivado de éstas. El final es sorprendente, pues, aunque ella se arrepiente e intenta pedir una ambulancia, él, en plena agonía, le rompe el cuello y la mata.

MIRIAM: […] Casi a punto de asfixiarte, con la glotis incendiada, tuviste fuerza para engancharme del cuello hasta que conseguiste rompérmelo, ¿de dónde salió esa fuerza? Yo lo sé: Del odio. Incluso muriéndote me matas. […]. Creo que simplemente era eso, te apetecía hacerme daño. Otras veces la rabia te ha ahogado tanto como el aceite de almendras. Yo creo que no te diste ni cuenta de por qué no podías respirar. Y eso es lo peor. No te estabas defendiendo, me estabas matando sin razón. Así es, has preferido matarme y morirte antes que dejarme viva y salvarte tú también (De Paco Serrano, 2016: 227).

Como en otras de sus obras, Diana de Paco Serrano transforma el espacio en una dimensión en la que el pasado y el presente o la vida y la muerte se fusionan, de forma que crean un ambiente dramático en el que nada parece imposible. Solo al final el lector se entera de que Miriam también falleció y que la pareja que está muerta en esa cama de hotel es el resultado de una vida violenta en la que ambos fueron víctimas y victimarios, aunque los motivos no hayan sido los mismos.

Morir de amor representa la realidad de muchas mujeres que son víctimas de la violencia doméstica y que muchas veces aceptan este destino porque lo han naturalizado desde la infancia en sus propios hogares. Aún hoy, en pleno siglo xxi, puertas adentro, las mujeres continúan viviendo como siglos atrás.

La obra final es la que da el nombre al libro, Casandras, en plural, ya que cada una de las protagonistas necesita dar a conocer su verdad y mostrar al mundo una versión distinta de la oficial. Detrás de cada muerte, se oculta una historia de violencia y tragedia en la que la palabra de la mujer no tenía valor; no obstante, la dramaturga propicia un lugar común para que ellas se expresen: el teatro.

Casandra es un breve monólogo en el que la protagonista, luego de ser encerrada por su padre, quiere reivindicar el valor de su palabra. Descalificada y acusada injustamente por negarse a ser poseída por Apolo, es condenada a que nadie crea lo que dice.

CASANDRA: Yo soy Casandra. La hija, la hermana, la traidora, la puta, la loca. Casandra endiablada. Casandra molesta, incómoda para todos. Casandra rechazada. Casandra despreciada y azotada. Casandra viva. Casandra enamorada. Casandra poseída por Baco. Casandra que vio perecer Troya porque los hombres decidieron no creerla. Puedo hablar al universo y decir una a una todas las verdades desde las más dulces a las más desgarradoras, no importa. Nadie me cree (De Paco Serrano, 2016: 233).

En esta reelaboración mítica, retoma la historia de Casandra, que insiste en hablar, en hacer oír su voz, aunque su padre le pide que se calle porque sus palabras les traerán la ruina. Ella exige hablar, se niega a someterse a los designios de un dios egoísta y vengativo.

Casandra es presentada como una transgresora, a diferencia de su madre, resignada al dolor y el silencio: “Mamá, siempre has llorado tus verdades en lugar de decirlas” (De Paco Serrano, 2016: 234). Las dos posturas representan dos modelos de mujer diferentes: Hécuba, que no quiere contradecir el mandato patriarcal y acepta el discurso oficial, y su hija, que insiste en hablar, en decir la verdad, sin temor al poder masculino.

Las once mujeres que protagonizan las cinco obras analizadas son Casandras, necesitan ser escuchadas, reivindicar su imagen y los motivos que las llevaron a proceder de un determinado modo. Ellas son el testimonio de las injusticias de las que han sido víctimas las mujeres a lo largo de la historia.

El teatro de Diana de Paco Serrano es un grito contra la violencia que está presente en distintos ámbitos y que representa la sociedad de diversas épocas. Una violencia que está tan arraigada que muchas veces se ha llegado a naturalizar y justificar. Las mujeres luchan por encontrar un espacio, un lugar propio para infiltrar su verdad e inspirar a otras como ellas a no callar ni soportar estas situaciones. El aporte de la escritora en este sentido es de fundamental relevancia para el teatro contemporáneo.

Muchas de sus protagonistas ya están muertas, se convirtieron en víctimas de una sociedad cruel, en la que día a día deben enfrentar situaciones violentas por el solo hecho de ser mujeres. A lo largo de este recorrido, la autora nos propone un panorama bastante amplio de la violencia en sus distintos grados y manifestaciones.

Mujeres de diferentes edades, épocas, culturas y condiciones sociales conforman el universo dramático de la escritora, mostrando cómo la violencia está presente en la sociedad desde siempre y que se manifiesta de formas diversas. Sus textos son el reflejo de las problemáticas vigentes que preocupan al mundo. El teatro se convierte en un espacio de reflexión donde la palabra es un instrumento de lucha para lograr la justicia. Se denuncia la desigualdad y la subordinación. Pretende desterrar estereotipos que promueven la inequidad y que muchas veces justifican la violencia. Las mujeres son sujetos de derecho y su vida tiene el mismo valor que la de los hombres. Su voz no debe ser silenciada.

Referencias bibliográficas

De Paco Serrano, Diana (2016). Casandras, España, Esperpento Ediciones Teatrales.

Grimal, Pierre (2010). Diccionario de mitología griega y romana, Buenos Aires, Paidós.

Han, Byung-Chul (2016). Topología de la violencia, Barcelona, Herder Editorial.

Muchembled, Robert (2010). Una historia de la violencia. Del final de la Edad Media a la actualidad, Madrid, Paidós Contextos.

O’Connor, Patricia (2006). Mujeres sobre mujeres en los albores del siglo xxi: teatro breve español, España, Editorial Fundamentos.



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