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Santiago-París

Vigencia y permanencia de Roger Chartier en la historiografía chilena

Ariadna Biotti Silva

1. ¿En qué circunstancias y a través de qué medios conoció a Chartier? ¿Puede compartirnos aquí la escena, sus pareceres, aspectos de sus tesis que le parecieron relevantes?

Mi primer encuentro con el profesor Roger Chartier fue a inicios del año 2003 cuando me hallaba estudiando la carrera de Licenciatura en Historia en la Universidad de Chile, mediante la lectura del libro El mundo como representación, publicado por la Editorial Gedisa en Barcelona el año 1992.

Poco tiempo más tarde, en el año 2005, el profesor estuvo presente en Santiago de Chile durante las II Jornadas de Historia de las Mentalidades, que organizó el Departamento de Ciencias Históricas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile en homenaje al Prof. Rolando Mellafe Rojas, a diez años de su fallecimiento. Recuerdo con emoción cuando le solicité que firmara el libro antes mencionado, a lo que él respondió con la infinita amabilidad y modestia que lo caracteriza. Dos años después, le escribí un correo electrónico donde le manifestaba mis intenciones de ir a estudiar a la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, el cual pensé que no respondería. Pero no fue así, el maestro me aceptó generosamente como estudiante de máster y posteriormente de Doctorado en Historia.

El pensamiento de Roger Chartier marcó mi vida en cuanto me permitió interpretar la realidad analizando críticamente las relaciones sociales desde el punto de vista de las tensiones y disputas culturales que hay en la sociedad, las cuales se hacen evidentes en las profundas diferencias económicas que existen y se demuestran a diario. Pienso que su punto de vista nos brinda herramientas críticas para leer los documentos históricos desde una historia cultural que invita a repensar la política, dialogar con las emociones y los afectos, estimular las conciencias reflexivas con lucidez. Su escuela nos invita a pensar la historia del libro y la lectura como un campo abierto, interdisciplinario fascinante.

2. ¿De qué modos o en qué forma puede vincular sus investigaciones con la propuesta de Chartier, su manera de indagar, sus temas de abordaje? ¿Puede mencionar alguna incorporación de las producciones del autor en sus propios escritos?

El trabajo de Chartier forja una escuela que, sin duda, se expresa en mi trabajo profesional. En particular, subrayó la repercusión o el impacto que tuvo y sigue teniendo el libro Histoire de l’edition française editado en París por la Editorial Promodis el año 1982, en el sentido de poder reflexionar sobre la noción de edición desde un punto de vista historiográfico infinito, vale decir, no como un proceso inmóvil por medio del cual se reproducen versiones exactas e idénticas de un libro entre sí, supuestamente a nombre de la originalidad de un texto esencialmente escrito por su autor, sino como un proceso en el cual se integran y entremezclan diferentes elementos (autor, editores, impresores, contextos de circulación, lectores), de tal manera que el libro se resignifica y vuelve a ser escrito siglos después.

En mi tesis doctoral, me hice cargo de la escuela que representa el profesor Chartier para abordar la posibilidad de construir un tipo de historiografía sembrada sobre la permanencia, la vigencia y la autoridad de un texto considerado herencia fundacional y columna vertebral de la sociedad chilena. Se trata de La Araucana de Alonso de Ercilla, una obra que ha sido estimada como fundante, pues atesora la facultad de haber desplegado un imaginario identitario que tuvo expresión en un discurso de nación soberana, cuestión que ha permitido solventar, a través del tiempo, la existencia de una “comunidad imaginaria” chilena. Mi trabajo se centró en intentar explicar qué función tenía la primera edición chilena de este libro realizada por Abraham König e impresa por la Editorial Cervantes en Santiago el año 1888.

Mi trabajo partió entonces pensando que la edición del libro tiene una explicación profunda, que es la que acrisola significaciones, problemáticas con prácticas de lectura diversas. De ahí que se pueda comprender como un asunto que bascula inquietudes y problemáticas anteriormente derivadas y que explicarían por qué aparece, o bien reaparece, un libro en la sociedad.

A través de la escuela de Roger Chartier, pienso que los libros son objetos históricos en cuanto cumplen funciones diferentes en la sociedad, explicables a través del tiempo y el espacio en que se encuentran.

Posteriormente, en el trabajo como investigadora a cargo del Área de Investigación Patrimonial del Archivo Central Andrés Bello, núcleo histórico patrimonial de la Universidad de Chile, he sostenido mi labor en la necesidad de pensar al libro como objeto impreso y un objeto político y un bien público que defender.

En este sentido, creo que la escuela de Chartier nos motiva a defender el patrimonio bibliográfico sin conservadurismo, sin oponernos a la digitalización ni a las contribuciones y los dilemas que significa esta cuarta revolución de la lectura que estamos viviendo hoy. También nos invita a pensar y cuidar el mundo de los archivos en un contexto lleno de falsas informaciones, manipulaciones políticas absurdas, pérdida de democracia asociada a la ausencia real de capacidades deliberativas y campañas neofascistas unidas a la difusión del odio.

3. En el conversatorio de Chartier, realizado en las II Jornadas Internacionales de Historia de la Educación (octubre, 2021, Universidad del Salvador, Argentina), se pueden apreciar un conjunto de temas y problemas propios de la investigación histórica y también de la producción específica del mismo historiador francés. ¿Cuáles les parecen sustantivos, interesantes o inquietantes para el tratamiento de sus propios estudios? Compartimos el enlace: t.ly/4ySzj.

En el conjunto de temas abordados en el conversatorio, considero sustantivo relacionar, en el campo de la historiografía, las distintas disciplinas para la conformación de un pensamiento abierto y complejo que sirva para la formación de ciudadanías críticas atentas a las circunstancias políticas nacionales e internacionales con una perspectiva consciente de los vínculos y las características en común que tenemos los pueblos latinoamericanos.

Pienso que es muy importante, en este sentido, seguir trabajando para reconocer los vínculos de los temas que comparten la historia cultural con la educación, la relación entre las normas y las prácticas de lectura, la irreductibilidad de las prácticas y los discursos, entre otros aspectos.

El trabajo del profesor Chartier nos motiva a reconocer múltiples comunidades de lectura, nos invita al reconocimiento de las sensibilidades como materia de conocimiento para pensar una nueva realidad historiográfica a partir del problema de la historicidad de los afectos y los sentimientos.

4. ¿Puede compartirnos, desde su perspectiva de historiadora y en el ámbito de la historia en general, cuáles son a su parecer los aportes de Chartier, pensando además en la dimensión regional o de su país?

En una sociedad altamente marcada por la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet y la implantación del sistema neoliberal que hizo de Chile un campo de experimentación económica único en el mundo por su extrema crueldad, el trabajo de Roger Chartier ha sido un estímulo para pensar y redescubrir con madurez y profundidad nuestras historias.

Entre sus aportes subrayó los siguientes: el impulso significativo que ha tenido para el estudio de la cultura popular, y para la reflexión sobre la memoria y el olvido; la historia comprendida desde el nuevo historicismo, la defensa de la verdad para y en el campo de los derechos humanos. También su lectura ha sido importante para la defensa de los derechos culturales porque la lectura, más que consumo, es producción creativa, para pensar la lectura como apropiación de sentidos, actividad que no se conforma con las intenciones autoriales, produciendo nuevos sentidos, utilizando y creando subversiones.

Otros mundos que ha incentivado tienen que ver fundamentalmente con la construcción de nuevas preguntas de investigación tales como los vínculos entre oralidad y escritura, entre historia global, comparada y microhistoria, la reflexión teórica sobre la verdad histórica. La apertura hacia nuevos campos que reconocen la pluralidad de actores y prácticas de lectura, los diferentes tipos de sujetos, incluida la multiplicidad de identidades y tensiones de géneros, clases, grupos sociales.



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