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Entre chacras y huertas

Agroalimentos en los bordes de Vaca Muerta, Patagonia argentina

Verónica Trpin[1]

Introducción

En este capítulo se aborda la producción de alimentos frescos en el norte de la Patagonia argentina, focalizando el análisis en el desarrollo de la horticultura y de huertas, en los territorios irrigados del Valle Medio e Inferior del río Neuquén. Dicha región productiva se despliega en las fronteras del extractivismo, en un contexto de profundización y expansión de la actividad hidrocarburífera y del negocio inmobiliario.

En este marco, dar cuenta del origen de los alimentos frescos y de las condiciones en las que se resuelve su cultivo, cosecha y comercialización suma a las contribuciones que han realizado diversas investigaciones a lo largo del país sobre los múltiples circuitos productivos a pequeña escala que se anudan, por ejemplo, con la economía social y con la promoción estatal de la agricultura familiar y de huertas en la Argentina.

El propósito de este capítulo es recorrer dichos procesos, particularmente situados en los departamentos de Confluencia y Añelo en la provincia de Neuquén, región en la que se expande la actividad hidrocarburífera e inmobiliaria al compás de la explotación de Vaca Muerta. Los efectos sociales y ambientales de dichas actividades, nodales para la matriz de desarrollo provincial y nacional, se expresan en la disputa por la disponibilidad de la tierra y del agua para la producción de alimentos frescos.

Desde una apuesta que combina datos secundarios y el trabajo de campo, la investigación[2] se sustenta en conversaciones entabladas con agentes estatales vinculados/as a la agricultura urbana y periurbana[3], en recorridos realizados en los predios productivos y en conversaciones con mujeres huerteras.

Este material nos invita a explorar la pequeña producción de agroalimentos y la expansión de huertas en la provincia de Neuquén. Estos espacios reflejan estrategias que no solo garantizan el acceso a alimentos, sino que también promueven un enfoque integral de cuidado, mediante tramas que expresan experiencias e iniciativas colectivas orientadas a sostener la vida en los territorios.

Producción de alimentos y extractivismo

Desde las últimas décadas del siglo XX, en el norte de la Patagonia en general y en Neuquén en particular, se ha profundizado la histórica explotación extractivista de petróleo y gas que se expande junto a la especulación inmobiliaria en áreas agrarias de los valles irrigados (Trpin y Rodríguez, 2018 y 2022). La expansión de Vaca Muerta representa en Neuquén una relevante fuente de recursos, dado que constituye “un yacimiento de gas y petróleo no convencional (el segundo más grande a nivel mundial en gas y el cuarto en petróleo), y que debe ser explotado mediante la tecnología de fracking, es decir mediante fractura hidráulica” (OPSUR, 2020).

Las consecuencias sociales, territoriales y ambientales de dicho “megaproyecto” están ligadas al empobrecimiento estructural, profundo, de larga duración, que Machado Araoz describe como un “deterioro secular, sistémico, de las capacidades productivas de los territorios/poblaciones afectadas. Se trata, en suma, de la degradación integral de las condiciones vitales, creativas de todo un pueblo, como entidad eco-biopolítica, como cultura viviente” (Machado Aráoz, 2018: 37).

En los departamentos de Confluencia y Añelo de la provincia de Neuquén –localizados en una región tradicionalmente dedicada a la fruticultura, la vitivinicultura y la horticultura–, ubicados en el margen inferior y medio del río Neuquén, la pequeña producción de agroalimentos y la economía social resultan un sector que persiste en las fronteras de la expansión urbana y de la actividad hidrocarburífera. Bordeando el río Neuquén –en el denominado corredor productivo, que incluye las ciudades de Centenario, Vista Alegre y San Patricio del Chañar– se erigen como archipiélagos pequeñas iniciativas productivas entre emprendimientos inmobiliarios, empresas de servicios petroleros y predios dedicados a la fruticultura y a la vitivinicultura. Complementariamente, experiencias comunitarias y familiares de agricultura urbana en la ciudad de Neuquén capital aportan alimentos frescos para autoconsumo y venta en pequeños volúmenes.

La persistencia de dichos/as productores/as refleja las variadas formas de configurar un territorio, aun en una situación de subordinación creciente. En la mayor parte de las áreas rurales de América Latina y Argentina, la reprimarización de la economía consolidó un modelo extractivista de despojo, de concentración de tierras y recursos, y de expansión del monocultivo que va desplazando la diversidad productiva, la presencia de pequeños/as productores/as (Svampa y Viale, 2014) y los conocimientos vinculada a ellos/as, en pos de una valoración del saber técnico y de la mecanización de la mayoría de las actividades. Cabe señalar que, según señalan García Guerreiro y Wahren, en estos contextos, “comenzó a instalarse el problema del acceso a una adecuada alimentación en la agenda pública nacional (e internacional), así como a pensarse posibles soluciones o pautas de acción ante la emergencia alimentaria” (2016: 332).

Con el interés situado en la cuestión alimentaria y en los/as actores/as protagonistas de la producción de alimentos, interesa visibilizar, en primer lugar, la persistencia de familias productoras que sostienen la horticultura a pequeña escala, con escasa incorporación de tecnología y vinculadas a circuitos locales de comercialización. La migración de origen boliviano instaló nuevos usos de la tierra en contextos en que la política de los Estados incentiva la promoción de una matriz extractivista vinculada a la actividad hidrocarburífera y al negocio inmobiliario, de modo que resultan una tensión las posibilidades de sostenimiento conjunto de dichas actividades. En la provincia de Río Negro, por ejemplo, son visibles los efectos sociales y ambientales de la exploración de hidrocarburos en los predios antes destinados a la fruticultura y a la horticultura, en la zona conocida como Alto Valle del río Negro. Según Álvarez Mullally, “El debate de la convivencia entre la actividad extractiva y la fruticultura está vigente” (2015: 54) y atraviesa las transformaciones que involucra la cuestión alimentaria en contextos extractivistas.

Al analizar dichos procesos en América Latina, la noción de extractivismo cobró relevancia y comenzó a ser problematizada a finales de la década de 2000 “en un contexto de creciente conflictividad socioambiental, generada por el arribo de actividades extractivas –o por las consecuencias de actividades ya instaladas–” (Wagner, 2020: 524). Se encuadran en esta tendencia actividades marcadas por nuevos dispositivos y tecnologías de “subordinación de la naturaleza” (Machado Aráoz, 2013) y tensiones entre fenómenos de globalización y localización, a partir de la explotación de grandes volúmenes de recursos naturales, que se exportan como commodities y generan economías de enclave, como pozos petroleros o minas, o espacialmente extendidas, como el monocultivo de soja. Por otra parte, el extractivismo

requiere grandes inversiones de capital intensivas, generalmente de corporaciones transnacionales. Presenta una dinámica de ocupación intensiva del territorio, generando el desplazamiento de otras formas de producción (economías locales/regionales) con impactos negativos para el ambiente y las formas de vida de poblaciones locales (Wagner, 2020: 523).

La producción de alimentos frescos en el norte de la Patagonia no escapa a las tensiones que se reflejan en los territorios sobre modelos de desarrollo recostados en el extractivismo, territorios en los cuales el agua y la tierra son bienes comunes objeto de disputa en una situación de desigualdad para pequeños/as productores/as hortícolas.

La producción de alimentos frescos en la provincia de Neuquén

La producción frutihortícola regional se ha complejizado en las últimas décadas, a partir de la expansión de los sistemas agroalimentarios que encuentran como límite al uso de la tierra la creciente urbanización y la expansión hidrocarburífera.

Datos del último Censo Nacional Agropecuario de 2018 arrojan información sustantiva relacionada con la superficie cultivada de alimentos frescos a nivel nacional: más de la mitad de la superficie de frutas cultivadas a nivel nacional se localizaba en las provincias de Mendoza, Tucumán y San Juan, mientras que similar proporción de hortalizas se cultivan en Mendoza, Córdoba y Buenos Aires (INDEC, 2019). El desarrollo de regiones productivas dispersas en el territorio se relaciona con la cercanía a los centros consumidores de las grandes ciudades (Serra, Lobos y Campetella 2022), los cuales se constituyen en dinamizadores de circuitos de venta en pequeños y medianos locales especializados ─como verdulerías, almacenes y autoservicios─ con una periodicidad semanal.

Cabe destacar que la producción local de hortalizas en el área de estudio cubre en invierno el 30 % del consumo local, pero alcanza a sostener una oferta de hasta el 60 % en plena temporada (MCN, 2023), promoviéndose en la última década, desde diferentes organismos estatales nacionales y provinciales, la diversificación de cultivo de verduras a pequeña escala. Ante una demanda creciente de alimentos frescos, el faltante continúa cubriéndose con la entrada de hortalizas de Mendoza, Mar del Plata y Buenos Aires, áreas que poseen una relevancia nacional desde la consolidación de los denominados “cinturones hortícolas” (Benencia y Pizarro, 2009).

En el norte de la Patagonia, la producción hortícola está vinculada a una especialización regional: el Valle Medio y el Valle Inferior del río Negro se caracterizan por una producción concentrada, en la que los principales cultivos –en cuanto a superficie y volumen de producción– son aquellos destinados a la exportación (cebolla y zapallo) o los relacionados con la industria procesadora (tomate y papa). Por otro lado, en el Alto Valle del río Negro y en el Valle Inferior del río Neuquén, la producción hortícola es más diversificada e intensiva, se desarrolla en menores superficies y se orienta a la producción de verduras destinadas a abastecer el consumo en fresco de la ciudad de Neuquén y sus alrededores (Ciarallo, 2010). Las condiciones agroecológicas de la zona (escasa humedad y precipitaciones, extrema sequedad del ambiente, elevada amplitud térmica diaria y estacional, fuertes vientos) condicionan que esta actividad se realice exclusivamente en las zonas irrigadas de los valles, provistas de sistemas de riego artificial o bajo cubierta.

Cabe destacar que el acceso a tierra irrigada para el desarrollo de la horticultura está articulado con la crisis de la fruticultura como principal producción agraria. Como explica Ciarallo (2010), a diferencia de lo que sucede en otras regiones del país en las que la horticultura se organiza espacialmente en los llamados “cinturones hortícolas”, en esta zona la configuración territorial de la horticultura se da en “manchas” o “islas” entre las plantaciones frutícolas, empresas de servicios petroleros y barrios privados. De esta forma, la producción de alimentos frescos se expande en los límites de actividades extractivistas o de la fruticultura.

Particularmente en la provincia de Neuquén, la producción hortícola se concentra en las tierras irrigadas del Valle Inferior y Medio de los ríos Neuquén y Limay; de esta forma son los departamentos Confluencia, Añelo y Picún Leufú los que concentran la mayor cantidad de hectáreas destinadas a verduras. Según técnicos del Centro Pyme Adeneu (Agencia de Desarrollo Económico del Neuquén), la cantidad de productores/as en el Valle Inferior del río Neuquén asciende a aproximadamente 124, de los cuales casi el 85 % se encuentra en las localidades de Centenario y Vista Alegre, distribuidos en los siguientes porcentajes: 27 de Vista Alegre Norte (21,8 %), 39 de Vista Alegre Sur (31,5 %) y 39 de Centenario (31,5 %), localidades en las que aún encuentran espacios productivos en las tradicionales chacras antes destinadas a la fruticultura.

A partir de estadísticas oficiales se pueden realizar algunas apreciaciones sobre la concentración espacial de la actividad y la evolución de la superficie destinada a los cultivos hortícolas por medio del análisis de diversas fuentes secundarias. Una publicación de la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos (2002) estima que en el período intercensal 1988-2002 se evidenció en la provincia un aumento considerable de la superficie destinada al uso hortícola, que pasó de 812,6 ha en 1988 a 1380,1 ha en 2002; este incremento fue acompañado de una significativa reducción de la superficie destinada al cultivo de forrajeras y cereales. Del total de las hectáreas sembradas con hortalizas en 2002 el 36,8 % se encontraba en el departamento Confluencia (en el que se localizan Vista Alegre y Centenario), de modo que se corrobora la concentración espacial de la actividad.

Años más tarde, en un informe titulado “Horticultura y otros cultivos de la provincia de Neuquén” (PROSAP-FAO, 2014) se plantea que, según un relevamiento realizado por técnicos del Centro Pyme Adeneu, la superficie destinada a horticultura para 2014 descendía a 833,5 ha, lo cual indica una disminución del 39,6 % respecto a los datos precedentes. La información recopilada en 2002 vinculada a cierta expansión se ve contrastada con tendencias de retracción de la superficie hortícola. Este proceso de desaceleración nos lleva a inferir la posibilidad de una reconversión productiva, o bien el abandono de la actividad por parte de esos/as productores/as, además de invitarnos a pensar en la importancia de contar con datos actualizados y precisos sobre esta temática (Brouchoud y Trpin, 2023).

Finalmente, podemos sostener que, en los últimos años, la cantidad de superficie sembrada y el número de productores/as han variado, aunque no así la concentración espacial de la actividad en el sector más oriental de la provincia. Según el informe del PROSAP-FAO, una de las ventajas que presenta el departamento de Confluencia –y que explica parte de la concentración de hectáreas– es que cuenta con la infraestructura (tierras niveladas, caminos, servicios, etc.) del sector frutícola, que es empleada por la horticultura. “La parcelación excesiva de tierras con unidades menores a 5 hectáreas que ya no alcanza a ser una unidad económicamente rentable en planteos frutícolas, se transforma en una alternativa para la horticultura” (2014: 13).

Los datos de los informes y fuentes secundarias reflejan las tendencias de desaceleración de la actividad, aun en contextos de crecimiento de la demanda ante la expansión poblacional del Departamento Confluencia entre los dos últimos Censos Nacionales de los años 2010 y 2022[4].

Respecto a las tendencias de retraimiento de la producción agraria en la provincia de Neuquén, en un análisis del CNA (Censo Nacional Agropecuario) 2018 realizado por Tiscornia y Taranda (2021), se advierte comparativamente la pérdida de EAP en la provincia en general. Considerando el total de las explotaciones censadas entre el CNA 2002 y el de 2018, se advierte la desaparición de 1.995 EAP. Desde el CNA 1988 la diferencia se amplía a 3.068 EAP. Si analizamos las EAP con límites definidos, en el CNA 2002 se registraron 2.198 EAP y en el CNA 2018 solo 1.706, una disminución del 22,38 %; tomando en cuenta el CNA 1988 la disminución de EAP es del 32 % (p. 341).

Es de destacar que el mayor retraimiento de EAP se da en el rango de 1-20 ha, lo cual indica el paulatino retroceso de la presencia de pequeños/as productores/as. De los datos registrados en el CNA 2018, se advierte que la producción de alimentos frescos cultivados –que abarca horticultura y fruticultura– tuvo un marcado retroceso. De 1.396,1 ha de cultivo de hortalizas registradas en 2002, en 2018 se relevaron 469,8 ha; mientras que la superficie implantada de frutales pasó de 9.512,2 ha a 7.737,5 para el mismo período (Trpin y Rodríguez, 2022).

Si posamos la mirada en el departamento Confluencia, se advierten las siguientes tendencias de retraimiento de la superficie destinada a la producción de alimentos frescos:

Gráfico 1. Superficie implantada de frutales y horticultura,
Departamento Confluencia, Neuquén

Elaboración propia con base en los CNA 2002, 2008 y 2018.

Cabe visualizar a través de estas fuentes estadísticas la desaparición de EAP en el período 2002-2018, advertida en los informes descriptos:

Gráfico 2. EAP del Departamento Confluencia, Neuquén

Elaboración propia con base en los CNA 2002, 2008 y 2018.

El retraimiento de la producción de alimentos frescos ha reflejado los límites de políticas focalizadas en el sector. La forma en que la actividad hortícola se configura en el departamento de Confluencia da cuenta de una serie de disputas que se expresan tanto en términos materiales como simbólicos. En este sentido, nos referimos, por ejemplo, a la coexistencia y competencia con otras actividades que se dan en la zona y que resultan más rentables. Si bien la competencia por el espacio físico y el agua no se expresa tan visiblemente como en las localidades rionegrinas de Allen y Fernández Oro (Álvaro et al., 2018) –en las cuales el paisaje rural se ve modificado con la presencia de torres petroleras instaladas en medio de chacras frutícolas–, Centenario y Vista Alegre son testigos del uso de predios productivos destinados actualmente a la instalación de empresas que prestan servicios a petroleras, como alquileres de tráileres, contenedores y otros elementos, así como lavaderos de camiones, vinculados a la actividad hidrocarburífera.

Por otra parte, cabe señalar que en Centenario, por ejemplo, a pesar de aprobarse una Ordenanza municipal (0354/04) que prohíbe la construcción de viviendas y de barrios en las tierras productivas, familias chacareras han ido vendiendo sus tierras o parte de ellas sin autorización ni aprobación del Concejo Deliberante de la localidad para constituir barrios cerrados. Estos procesos deben ser analizados a la luz de la persistente crisis que atraviesa desde décadas pasadas la fruticultura y que obligó a las “tradicionales” familias productoras (envejecidas, sin recambio generacional, sin capacidad de reconversión tecnológica ni productiva) a buscar otras estrategias de supervivencia vendiendo o alquilando sus chacras. Sobre este tema, los/as horticultores/as expresan que según su percepción “ya no hay tantas chacras, al lado de la chacra, ya está el barrio, termina la chacra y empieza el barrio” y que es difícil conseguir alquilar (registro de campo, abril 2023).

Esta reconversión del uso de tierras productivas, sumada a la competencia por la tierra que presenta la actividad petrolera e inmobiliaria, genera un incremento en el precio de este recurso. La mayoría de los/as productores/as que hoy se dedican a la horticultura acceden a la tierra a través de contratos de arrendamiento, por lo general contratos escritos, por al menos 2 o 3 temporadas y que se pagan una vez al año al finalizar la temporada. Esta situación de escasez de tierra y de aumento de su precio, sin dudas, se convierte en un elemento problemático para quienes deciden producir alimentos frescos.

Huertas y producción de verduras a pequeña escala

A diferencia del departamento Confluencia, en Añelo no se registra una pérdida de predios productivos frutícolas, dada la alta concentración productiva, sino solo retracción de superficie destinada a la horticultura, la cual pasa de 3 a 0.9 hectáreas en los últimos dos censos, frente al cultivo de frutales que crecen en más de 900 hectáreas.

Gráfico 3. Superficie implantada de frutales y horticultura,
Departamento Añelo, Neuquén

Elaboración propia con base en los CNA 2002, 2008 y 2018.

Este proceso de concentración productiva en el Valle Medio del río Neuquén se inició en el año 1968, con la adquisición del conocido campo de El Chañar por parte de la empresa Frigorífico Cipolletti S.A. –luego Sociedad Anónima Gasparri Hermanos–, empresa que ya en 1979 ocupaba el quinto lugar a nivel nacional como empacadora y exportadora de frutas. A partir de este momento, las tierras de El Chañar comienzan a ser incorporadas a la producción agrícola intensiva con proyección exportadora. En este sentido, según Steimbreger, Radonich y Bendini (2003), el emprendimiento El Chañar representa un modelo de organización social empresarial con fuerte respaldo del Estado provincial que favorece la localización en su territorio de inversiones privadas en el sector agrícola con incorporación de tecnología de punta.

El perfil empresarial que se consolidó en el área favoreció la demanda y atracción de mano de obra temporaria y permanente para las distintas tareas de la actividad frutícola primero y luego vitivinícola. Este dinamismo demográfico, ligado a la configuración de un importante mercado laboral agrícola, consolidó en la década de los ochenta el centro de población San Patricio del Chañar, creado en 1973.

Por lo señalado, la horticultura en el departamento de Añelo no cuenta con un desarrollo localizado en “islas”, tal como fuera descripto en el apartado anterior, sino que se despliegan huertas a pequeña escala promovidas por el Estado y protagonizadas centralmente por mujeres preocupadas por la alimentación de sus familias. Cabe destacar que dichas experiencias se desarrollan atendiendo necesidades alimentarias de personas que no tienen acceso a la propiedad o arrendamiento de tierra irrigada. Dichas experiencias son acompañadas por centros de capacitación vinculados al Pro-Huerta[5] (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), PRODA (Programa de Desarrollo Agroalimentario, Ministerio de Producción e Industria del Gobierno de la Provincia del Neuquén) y Agricultura Urbana (Municipio de Neuquén, Secretaría de Capacitación y Empleo), al Ministerio de Educación de Neuquén y las municipalidades de Neuquén, Centenario y de San Patricio del Chañar, en articulación con las ferias locales.

Específicamente en el municipio de San Patricio del Chañar, tal como se adelantara, la fuerte presencia de trabajadores/as rurales en la localidad (según el Censo Nacional del año 1990, el 80 % de la población estaba relacionada con el trabajo agrario), delineó acciones dirigidas al sector. A fines del siglo XX, ante la urgencia alimentaria y los altos índices de desocupación, la generación y el acceso a los alimentos se constituyó en una prioridad. Un espacio de referencia lo constituyó el Centro de Formación Profesional Agropecuaria (CPPA) N.° 2 en San Patricio del Chañar, conocido por el “Puesto del Chañar”. Este se conformó en la década de 1990 en el marco del Programa de Expansión y Mejoramiento de la Educación Técnica Agropecuaria (EMETA) para América Latina desde la educación agropecuaria basada en la modernización agrícola, financiado por fondos del BID con el objetivo de desarrollar la productividad en zonas rurales mediante la modernización agrícola y con las políticas educativas como eje.

Según un entrevistado, en la década de 1990 se profundiza la

desocupación en Argentina, el problema del desempleo, los programas de empleo empiezan a aparecer (…). En el 94, 95 se crea el programa Pro-Huerta del INTA y Desarrollo Social, muy bueno, muy de vanguardia para la época. Y cuando llega a Neuquén y llega al Chañar a través del INTA nos proponen la metodología del Prohuerta que eran huertas familiares, de autoconsumo. Y nosotros hicimos un acuerdo con Prohuerta y empezamos a convocar vecinos para el tema huerta (entrevista realizada el 4/7/2023).

Ante trabajadores/as rurales sin disponibilidad de tierra para cultivar, la opción de sumarse al cultivo de verduras en el Puesto del Chañar se constituye en una alternativa para garantizar la alimentación y la venta de algún excedente. El trabajo de la tierra no era desconocido para las mujeres que año tras año se fueron sumando al puesto. El trabajo diario en las huertas comenzó a ser concentrado por mujeres provenientes del norte neuquino, de Chile y de Bolivia, quienes llegaron décadas atrás para emplearse en las chacras frutícolas y vitivinícolas. A la posibilidad de formarse como huerteras se sumó la alternativa de sostener circuitos de venta de cercanía en la feria local organizada por el puesto. Los/as técnicos/as señalan que las huerteras

esperan el momento de feria como un momento de ahorro en algún lugar, ¿no? Como es el espacio donde se hace un plus al que generalmente se tiene o al ingreso que se tiene y a partir de ese plus es que se pueden pensar otras cosas o planificar, agregarle un valor (entrevista realizada el 17/7/2020).

Las huerteras organizan su dinámica de trabajo centrada en los predios asignados, en algunos casos poseen cultivos diversos bajo cubierta, complementados con el trabajo en surcos. Los/as técnicos/as realizan el seguimiento y promueven capacitaciones para una transición agroecológica, además de promover la elaboración de conservas y envasados.

Como iniciativa de promoción de la producción de alimentos frescos, en el mismo municipio entre los años 2013 y 2014 se organizó la Chacra Municipal en un predio de 10 hectáreas: cuarenta familias, distribuidas entre parcelas e invernaderos, generan alimentos para autoconsumo y la venta de cercanía. Ante una población local compuesta principalmente por trabajadores/as rurales, la opción de sumarse al cultivo de verduras se constituye en una alternativa para garantizar la alimentación y la venta de algún excedente.

En las dos experiencias descriptas, se combina el acompañamiento del PRODA. Según Rodríguez, Chara y Romero, “La demanda creciente de las familias por acceder y trabajar la tierra generó una presión social que resultó en la disposición de nuevas tierras pertenecientes al municipio y destinadas al centro de formación” (2020: 298).

Cabe destacar el sostenimiento de la producción de alimentos frescos en espacios gestionados y acompañados por el Estado, en un marco de concentración de la tierra para el sostenimiento de la fruticultura y de la vitivinicultura intensiva. El trabajo de mujeres que se emplearon en chacras desde los inicios de la expansión productiva de San Patricio del Chañar hoy permite construir dinámicas a pequeña escala que garantizan alimentos frescos y sanos en una localidad en la que acontecen nuevos procesos de uso del suelo y del agua, al compás de la expansión hidrocarburífera.

En dicha localidad las disputas en torno al uso del agua comenzaron a tener relieve. Desde septiembre de 2022 los medios locales se hicieron eco de un conflicto desatado entre el municipio de San Patricio del Chañar y petroleras que realizan perforaciones en Vaca Muerta por el uso del agua de riego. El municipio clausuró tres operadoras y otras empresas petroleras luego de que no acataran varias notificaciones en las que se les solicitaba la declaración de sus planes ambientales en todo el ejido de la localidad (Radio 3, 2022).

La apuesta municipal de ser un área productiva de agroalimentos: “el último verde”, se ve tensionada por el uso del agua, un bien escaso en una zona árida, en la cual el cultivo depende exclusivamente del riego artificial. Según el intendente

si bien las operadoras petroleras son de una gran relevancia como generadoras de empleo e impulsoras de desarrollo provincial, no son el eje de nuestra economía local. El músculo de nuestro crecimiento comunitario son los productores de alimentos que consumen la región, el país y el mundo (Radio 3, 2022).

Por su parte, el referente de producción de la localidad nos señalaba “el interés de la gente de seguir siendo un pueblo patagónico sano” (entrevista realizada el 1 de agosto de 2023), que pueda producir para abastecer al circuito petrolero; sin embargo, dichas proyecciones comienzan a sufrir los efectos de la cercanía a Vaca Muerta.

Conclusiones

En este capítulo se han recorrido las alternativas de producción de agroalimentos en los valles irrigados del río Neuquén –tradicionalmente destinados a la fruticultura– que se ven matizados por la presencia de horticultores/as y huerteras que cultivan verduras frescas para los mercados y ferias de cercanía. Sin embargo, se destacan las transformaciones territoriales, como la expansión de las actividades hidrocarburíferas e inmobiliaria así como de concentración del cultivo de peras y manzanas, que reconfiguraron las opciones de disponibilidad de tierra y de agua para la producción de alimentos frescos a pequeña escala.

Las prácticas de cultivos en puertas o parcelas reducidas se han extendido bajo distintas modalidades productivas, las cuales constituyen alternativas alimentarias para familias de la zona, aun en un contexto de pérdida de áreas productivas y disputas por el agua, al compás de la expansión de actividades extractivas (Brouchoud y Trpin, 2023). El caso analizado en San Patricio del Chañar cobra relevancia al advertirse el conocimiento productivo de las mujeres que se dedican al cultivo de verduras por sus tradiciones agrarias, y la proyección de iniciativas en tierras gestionadas por el Estado, dadas las marcas de clase de no acceso a la tierra y las tendencias estructurales de concentración productiva.

La producción de alimentos frescos se ha consolidado a lo largo del territorio nacional, involucrando extensas tramas de actores/as productivos/as, organizaciones sociales y agentes estatales, que garantizan el acceso a una alimentación saludable. Estos circuitos socioeconómicos anudados a la economía popular se diferencian del sistema productivo agroalimentario por

abarcar aquellos orientados al mejoramiento del acceso a alimentos saludables por parte de la población, y de los ingresos, producción y condiciones de trabajo de las pequeñas unidades productivas agroalimentarias, de las y los trabajadores del sector y, más en general, de las economías locales (Craviotti, 2023: 5). 

Aun poniendo de relieve dichas experiencias, cabe advertir, en los que términos planteados por Rossi, que

en los cruces de esas dinámicas agro-productivas, habitacionales y espaciales (…) se ha ido configurando un régimen ecológico-político que sistemáticamente erosiona las condiciones ecosistémicas, la calidad/salubridad de los medios de vida y la autonomía para la producción y reproducción de la vida (2023: 168).

Los efectos devastadores de las actividades extractivistas no solo modelan y erosionan los territorios, sino también la alimentación y, con ella, los cuerpos de las personas. Por ello resulta una urgencia considerar la promoción de experiencias que refuercen la articulación de las comunidades locales y sus territorios en torno a los agroalimentos, de modo de fortalecer iniciativas que se recuesten en las perspectivas agroecológicas y solidarias, tramadas desde lo colectivo. Se considera que la apuesta desde un giro ecológico y feminista en los análisis de dichos procesos debe involucrar el desafío de recuperar miradas sobre las afectaciones de los cuerpos y bienes comunes, en la comprensión de las desigualdades sociales e impactos socioambientales del extractivismo (Motta, 2020). 

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  1. IPEHCS-CONICET-UNCo.
  2. Se enmarca en los proyectos “Desigualdades e impactos socio-económicos del covid-19 en la provincia de Neuquén” (MINCyT), PUE “La (re)producción de las desigualdades en la Patagonia norte. Un abordaje multidimensional” (IPEHCS-CONICET-UNCo) y “Transformaciones territoriales en contextos extractivistas. Procesos de desigualdad de migrantes y del Pueblo Mapuce de la Norpatagonia” (FAHU-UNCo).
  3. Entre abril de 2020 y septiembre de 2021 se llevaron a cabo entrevistas virtuales, tanto grupales como individuales, con cuatro técnicos/as del Centro de Formación Profesional Agropecuaria N.° 1 “Plottier”, tres técnicos/as del N.° 2 “Puesto El Chañar”, un/a responsable de la Agencia de Extensión del INTA y al asistente del director de la Estación Experimental en Guerrico (Río Negro), a la representante de Agricultura Urbana de la ciudad de Neuquén capital (entrevista 4, 2020), a dos integrantes del Centro Pyme Adeneu (Agencia de Desarrollo Económico de Neuquén) (comunicación personal, 2020), al referente del INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) de la provincia de Neuquén y a informantes calificados/as a largo de 2023.
  4. Neuquén pasó de los 551.266 habitantes que tenía en 2010 a 726.590 que arrojó el censo de 2022. La variación fue de 175.324 personas, lo que se traduce en un crecimiento del 31,8 %. Por otra parte, el departamento de Confluencia pasó de tener 362.673 habitantes a 479.323, un aumento del 32,2 %.
  5. El Pro-Huerta es una política pública gestionada en conjunto con INTA, que promueve la Seguridad y Soberanía Alimentaria a través del apoyo a la producción agroecológica y el acceso a productos saludables para una alimentación adecuada.


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