Ayelen Dichdji[1] y Sandra Goñi[2]
El libro Salud, ambiente y desigualdades es el resultado del workshop organizado por el Centro de Estudios de la Argentina Rural (CEAR) en 2023. Este encuentro reunió a destacados/as investigadores/as de las ciencias sociales, así como de ciencia y tecnología, de todo el país, con el objetivo de reflexionar sobre las desigualdades socioambientales y las políticas públicas en el agro argentino contemporáneo. El modelo de agronegocios en Argentina se caracteriza por dinámicas y lógicas que difieren cualitativamente de la etapa agroindustrial previa. Autores como Gras y Hernández (2013 y 2016) identifican cuatro pilares fundamentales de este modelo: biotecnológico, informático, financiero, productivo y organizacional. Estos pilares han sido impulsados por políticas públicas y por los discursos de diversos actores involucrados. Sin embargo, a pesar de los importantes aportes sobre las particularidades del modelo de agronegocios, aún falta un estudio sistemático sobre las desigualdades socioambientales generadas en torno a este modelo. Por ello, el workshop se centró en analizar las políticas públicas y los discursos sobre desigualdades socioambientales, abordando su relación con el territorio, la tecnología, la salud y la organización empresarial y familiar.
Las desigualdades socioambientales representan una dimensión crítica en el análisis de las políticas públicas y la organización productiva en el sector agropecuario. Puntualmente, en el contexto del agronegocio argentino, estas desigualdades se manifiestan de múltiples formas, que afectan a las comunidades rurales, al ambiente y a la estructura socioeconómica del país. Cuando hablamos de desigualdades socioambientales hacemos referencia a las disparidades en la distribución de los recursos naturales y los impactos ambientales que afectan, de manera desproporcionada, a diferentes grupos sociales, especialmente a las comunidades más vulnerables (Bullard, 2005).
En el contexto del agronegocio, estas desigualdades son fundamentales para comprender las dinámicas de poder y los conflictos que surgen en torno al uso de la tierra, el agua y otros recursos naturales (Pengue, 2005). En tal sentido, la transición del modelo agroindustrial al modelo de agronegocios en Argentina ha sido un proceso complejo, caracterizado por cambios significativos en la organización de la producción y la estructura socioeconómica del sector agropecuario (Barsky, 1988; Gras y Hernández, 2013 y 2016). De esta manera, el modelo agroindustrial, que se centraba en la producción a gran escala utilizando técnicas y una estructura organizativa basada en pequeñas y medianas explotaciones familiares, permitió el desarrollo del sector agrícola, aunque estaba limitado por su dependencia de prácticas agrícolas tradicionales y una estructura organizativa menos eficiente (Barsky, 1988). Mientras que el modelo de agronegocio se distingue por su alta tecnificación, la integración de nuevas tecnologías y una mayor orientación hacia los mercados globales (Gras y Hernández, 2013 y 2016).
Podemos aseverar que las políticas públicas han jugado un papel crucial en la configuración del sector agropecuario, como también en la perpetuación de desigualdades socioambientales. Sin ir más lejos, desde la década de 1990 hasta la actualidad, los sucesivos gobiernos de turno en Argentina han implementado diversas políticas de subsidios y apoyos financieros para fomentar el desarrollo del agronegocio, como por ejemplo: retenciones a las exportaciones y compensaciones; Programa de Modernización Tecnológica (1995); Plan Agrovalor (2003); política de promoción del bioetanol y biodiésel (2006); Programa de Compensaciones Agrícolas (2007); Fondo de Reactivación Productiva de la Provincia de Buenos Aires (2009); Fondo de Garantía para el Desarrollo de la Agricultura Familiar (2010); Procrear Agropecuario (2012); promoción del cultivo de soja. Esto permitió beneficiar principalmente a grandes empresas y productores, mientras que las regulaciones ambientales y agrícolas han sido adaptadas para facilitar la expansión del agronegocio, a menudo a expensas de prácticas agrícolas más sostenibles y equitativas (Gutiérrez y Gutiérrez, 2011; Sili y Soumoulou, 2017). En este aspecto, el uso intensivo de agroquímicos y la expansión de monocultivos han generado serios problemas ambientales, como la contaminación del agua y la pérdida de biodiversidad, lo que afecta desproporcionadamente a las comunidades rurales. En ese marco, las transformaciones en el modelo productivo han llevado a la dislocación de comunidades rurales, lo que altera sus formas de vida y genera conflictos sociales (Manzanal y Arzeno, 2011; Teubal, 2009; Giarracca y Teubal, 2010).
El impacto de las políticas de subsidios y apoyos financieros al agronegocio en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, desde la década de 1990 hasta la actualidad, ha tenido varias consecuencias significativas, que reflejan tanto los beneficios económicos como las problemáticas socioambientales asociadas con este modelo productivo. Por un lado, la adopción de tecnologías modernas, como la biotecnología y la digitalización, ha mejorado la eficiencia y la productividad del sector agrícola en la provincia. Sin embargo, esas mismas políticas han llevado a la concentración de la tierra y a la reducción de la diversidad de actores en el sector agrícola. Además, el uso intensivo de agroquímicos y la expansión de monocultivos, como la soja y el maíz, han generado serios problemas ambientales, entre ellos: la contaminación de fuentes de agua, que afecta tanto a los ecosistemas acuáticos como a la salud de las comunidades rurales que dependen de estas fuentes; la transformación de áreas naturales y la reducción de la diversidad de cultivos impactaron negativamente en la biodiversidad, dado que alteraron ecosistemas locales y provocaron la desaparición de especies autóctonas. Sin ir más lejos, en la región de la pampa húmeda en general, y de la provincia de Buenos Aires, en particular, la expansión de monocultivos de soja ha sido particularmente pronunciada en las últimas décadas. Esta área, que es una de las más fértiles del país, ha visto un uso intensivo de agroquímicos, con los consecuentes problemas de contaminación del suelo y del agua, y con un proceso de consolidación de una hegemonía del cultivo de la soja, lo que generó pérdida de diversidad y de posibles desarrollos regionales. En el cinturón hortícola de La Plata, por ejemplo, la presión sobre la tierra y el uso de agroquímicos han afectado la calidad de los productos y la sostenibilidad de los pequeños productores frente a la competencia con grandes actores. Mientras que la expansión de la vitivinicultura en áreas como Chapadmalal, Saldungaray o en zonas áridas del sur de la provincia –Médanos, Villarino– muestra cómo las nuevas inversiones en el agronegocio pueden transformar paisajes rurales, y generar así tanto oportunidades económicas como nuevos desafíos de sostenibilidad. Por lo tanto, se advierte que las políticas de subsidios y apoyos financieros al agronegocio en la provincia de Buenos Aires han tenido un impacto mixto. Por un lado, han impulsado el desarrollo económico y la modernización del sector agrícola. Por otro lado, también han contribuido a la creación de desigualdades socioambientales significativas: han marginado a pequeños productores, contaminado el ambiente y generado conflictos sociales.
Esta publicación integra múltiples perspectivas y disciplinas para ofrecer una visión crítica y comprensiva de las desigualdades emergentes en el ámbito rural argentino. A través de un análisis riguroso, se busca no solo describir estas problemáticas, sino también influir en la formulación de políticas públicas más equitativas y sostenibles. Los capítulos, aunque abordan temáticas específicas, se articulan en torno a un enfoque común que explora cómo las dinámicas de poder, la mercantilización de los recursos y las transformaciones territoriales configuran un escenario complejo para el desarrollo rural. Mediante la combinación de análisis teóricos y estudios de caso, el libro revela las múltiples dimensiones de estas desigualdades. Estructurado en seis capítulos, el texto examina distintos aspectos del impacto del modelo agroindustrial y las oportunidades para mitigar sus efectos. Por un lado, se analiza cómo el agronegocio –con su énfasis en biotecnología, digitalización, finanzas y organización productiva– genera y perpetúa desigualdades en diversos contextos. Por otro lado, se investiga el papel de las políticas públicas en la configuración y respuesta a estas dinámicas, abordando su influencia en la gestión de recursos, la estructura productiva y la distribución de oportunidades y riesgos.
El libro aborda las desigualdades en el acceso a recursos como el agua y la tierra, y su impacto en distintos grupos sociales, económicos y de género. Este análisis multidimensional incluye temas como el rol de la tecnología en la transformación rural, las prácticas biotecnológicas para la sostenibilidad ambiental y la experiencia de las mujeres en el agro, y así refleja cómo estas desigualdades se manifiestan en múltiples esferas del sector agrícola y rural. Cada capítulo se centra en una problemática específica, como el impacto de la actividad hidrocarburífera, la digitalización en cooperativas agropecuarias o las políticas de uso del agua. Sin embargo, estos análisis no se limitan a su tema particular, sino que contribuyen a una comprensión más amplia del objetivo general: ofrecer una visión integral de las desigualdades generadas y perpetuadas por el modelo agroindustrial. Al interconectar temas tecnológicos, económicos, políticos y sociales, el libro construye una narrativa cohesiva que guía a los lectores desde las causas de estas desigualdades hasta posibles soluciones para mitigarlas. De esta manera, cada capítulo actúa como un eslabón que enriquece el panorama global, ilustrando las dinámicas complejas que moldean las experiencias de desigualdad en el agro argentino.
La organización de lectura aquí propuesta se erige como un mapa cuidadosamente trazado, diseñado para guiar al público lector a través del paisaje conceptual que este libro despliega. Verónica Trpin inaugura este libro con su texto “Entre chacras y huertas: agroalimentos en los bordes de Vaca Muerta, Patagonia argentina”, introduciendo la idea del agronegocio en áreas rurales y los primeros efectos de las actividades extractivas sobre las prácticas agrícolas tradicionales. Este punto de partida ayuda a entender cómo se manifiestan los impactos del agronegocio en el terreno y en la vida cotidiana de las comunidades rurales. En “Neoliberalismo y desigualdad socioambiental: el dominio del agua desde la controversia sociotécnica”, David Alarcón, con su análisis de la gestión del agua, que es un recurso crítico, permite ampliar la perspectiva sobre cómo las políticas nacionales afectan las estructuras locales. Al situar este capítulo después del impacto inicial del agronegocio, se profundiza en una de las dimensiones más conflictivas de la desigualdad: el acceso a los recursos naturales. Luciana Dezzoti, con el tercer capítulo, “Desgastando la minorización de lo femenino-feminizado: la experiencia de Rosario, mujer horticultora y cuidadora del cinturón verde”, retrata experiencias de mujeres agricultoras, un tema que, en este punto, permite introducir de forma más temprana en la narrativa, una dimensión humana y de género. De esta manera, se logra un enfoque crítico más fuerte en las experiencias de actores marginalizados, resaltando cómo las desigualdades de género también se agravan en este contexto. Mientras que en el cuarto capítulo, titulado “Cooperativas agropecuarias y transformación digital en la Argentina pospandemia”, Rocío Poggetti y Gabriel Carini nos hablan de cooperativas y tecnología, proporcionando una transición hacia las posibles soluciones, mostrando cómo la innovación digital puede servir como herramienta de empoderamiento para actores del sector agropecuario, incluyendo a aquellos en situación de vulnerabilidad. Llegando al final, en el capítulo “Una alternativa biotecnológica para mitigar las implicancias del uso intensivo de glifosato como parte del modelo agroeconómico”, Lorena Rojas y Yamila Santillán introducen una alternativa concreta y actual a las prácticas intensivas en agroquímicos. Este capítulo, junto con el análisis sobre digitalización en cooperativas agropecuarias, refuerza la discusión sobre alternativas sostenibles para mitigar las problemáticas actuales del sector. Finalmente, Emmanuel Cicirello, con su texto “Controversias en torno a los orígenes de la reconversión vitivinícola (1960-1990)”, cierra el análisis con un estudio de caso de reconversión productiva, enfocándose en un sector específico de desarrollo y las implicancias de las políticas públicas en esa transición. Al finalizar con este tema, el público lector puede advertir una conclusión más amplia sobre el potencial de cambios productivos en el agro argentino.
Desde los impactos iniciales del modelo agroindustrial en las comunidades rurales hasta las posibles soluciones basadas en la innovación tecnológica y políticas públicas inclusivas, el libro presenta un recorrido lógico y progresivo. Cada capítulo aporta una perspectiva única y complementaria, que integra análisis teóricos y estudios de caso. Este enfoque permite entender las problemáticas no solo de forma individual, sino también como piezas interconectadas de un fenómeno complejo, al tiempo que se identifican oportunidades para promover un desarrollo rural más justo y equitativo en el sector agrícola.
Los estudios de caso y las propuestas de soluciones, como la digitalización de las cooperativas agropecuarias o las alternativas biotecnológicas, ofrecen herramientas concretas para actores políticos y sociales interesados en transformar el sector agroindustrial. Asimismo, los análisis de género y los conflictos por recursos naturales destacan aspectos fundamentales para diseñar estrategias de desarrollo rural inclusivas. Este enfoque también puede servir como base para la construcción de alianzas entre instituciones académicas, comunidades locales y organizaciones gubernamentales, que promuevan acciones que no solo mitiguen las desigualdades, sino que también fortalezcan la resiliencia de las comunidades afectadas.
En suma, Salud, ambiente y desigualdad procura ofrecer una contribución significativa al estudio de las desigualdades socioambientales en el agro argentino, combinando un análisis riguroso con propuestas concretas para promover un desarrollo rural más justo y sostenible. Los capítulos no solo exponen las problemáticas actuales, sino que también plantean alternativas para su abordaje desde diversas perspectivas.







