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¡Qué barbaridad!

Brevitas y humorismo en el diccionario
de Andrés Neuman

Angela Di Matteo[1]

Entre novelas, cuentos, ensayos, poemarios y libros de aforismos, la extensa producción del autor hispano-argentino Andrés Neuman también cuenta con un diccionario, Barbarismos. Una inspiración a esta no tan común forma de escritura, aunque no sea la única en la tradición occidental, se encuentra en lo que Rodolfo Wilcock escribía en uno de sus capítulos de la Sinagoga de los iconoclastas.

En 1964 Flamart entregó a la imprenta su novela-diccionario, titulada astutamente La langue en action. La idea era la siguiente: puesto que los normales vocabularios modernos, por muy divertidos y en ocasiones licenciosos que resulten, son casi sin excepción inadecuados para una lectura continuada y sistemática, que es la única que justifica la existencia duradera de una determinada obra, el autor se había propuesto, con una paciencia flaubertiana, componer un nuevo tipo de diccionario que conjugase lo útil con lo aventuroso, indicando como cualquier otro vocabulario la definición y la utilización de cada una de las voces, acompañándolas, sin embargo, no de agradables observaciones y divagaciones eruditas como las que alimentan o alimentaban las antiguas enciclopedias, sino de breves pasajes narrativos, encadenados de tal manera que, una vez acabada la lectura, el lector no sólo ha aprendido la utilización correcta de todas las voces que componen la lengua, sino que además se ha divertido siguiendo el intricado desarrollo de una trama de lo más cautivante y movida, de tipo espionaje-pornográfico (1981: 37).

En este fragmento del autor ítalo-argentino, se vislumbra el deseo de Neuman por articular un “nuevo tipo de diccionario” que incluya “breves pasajes narrativos” que puedan divertir al lector. Cuando Wilcock habla de “paciencia flaubertiana”, está haciendo referencia a una tradición de diccionarios heterodoxos tales como, precisamente, el Diccionario de los lugares comunes de Flaubert (concebido en 1847 y publicado póstumamente en 1911), el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce (2021 [1911]), las Greguerías de Ramon Gómez de la Serna (1917) o el Diccionario Secreto de Camilo José Cela (1974 [1969]), el Diccionario para pobres de Francisco Umbral (1977), el volumen de Ramón Núñez Nombres comunes, visiones propias (1996) o también el Diccionario pánico de Fernando Arrabal (2007). En todo caso, Andrés Neuman se diferencia de esos “diccionarios de autor” en que, a pesar de los títulos que llevan, no siempre se estructuran por medio de frases concisas, sino más bien a través de fórmulas más argumentativas, descriptivas y memorialísticas, y, sin embargo, comparte con ellos el mismo afán por crear un texto singular, irregular, fuera de todo esquema preconstituido.

De hecho, Barbarismos es un volumen difícil de definir, puesto que resulta mucho más fácil decir lo que no es o, por lo menos, quedarnos en el territorio híbrido de una forma textual capaz de abarcar muchas otras. Barbarismos, a medio camino entre la poesía, el aforismo y la microficción (pero no solo), representa una mezcla trans-género –en el sentido textual de la palabra– que, huyendo de la separación entre las diferentes instancias creativas, da muestra de la que Rafael Argullol llama en su Enciclopedia del crepúsculo una “escritura transversal”, esto es,

una escritura que atraviese los cotos de los ámbitos y géneros tradicionales. Por eso las etiquetas del poeta, el novelista o el filósofo pueden aparecer a menudo tan confundidas en nuestro tiempo. Con todos los riesgos de tal confusión y algunos de sus frutos (2005: 577).

En la perspectiva de una epistemología abierta, que no pone límites a la escritura, Neuman publica un diccionario que es también una colección de cuentos, pero también de poemas, y de sentencias que, por su cruzada estructura intratextual, sería preferible leer no a saltos –aunque nadie nos impida pasar de la A a la Z y de la Z a la A según el orden que nos guste–, sino todo seguido, para garantizar su rotundidad semántica como si fuera, no obstante no lo sea, una novela.

A la luz de esta dinámica sin fronteras unida al legado de los diccionarios literarios de la tradición, podemos leer en el experimento literario de Neuman la poética del límite de Eduardo García, la cual desarrolla

su compromiso con la palabra en la superación de los límites heredados. Su naturaleza es antidogmática y abierta, su mirada se propone salvar el horizonte. Explorar los límites es dar vida en el curso de la escritura a una actitud de búsqueda continua […]. Su más hondo sentido reside en asumir simultáneamente las diversas tradiciones que nos preceden, sabernos hijos de tirios y troyanos. Una llamada al diálogo, una poética donde confluyan las voces enlazadas (2005: 11-12).

Si vamos a lo que nos dice el diccionario en línea de la Real Academia Española, un diccionario se define así:

1. m. Repertorio en forma de libro o en soporte electrónico en el que se recogen, según un orden determinado, las palabras o expresiones de una o más lenguas, o de una materia concreta, acompañadas de su definición, equivalencia o explicación.

Y si aplicamos a esta definición lo que escribe Ana María Shua en su casi-manual Cómo escribir un microrrelato a propósito de la “creación literaria” que, según la autora, “se parece al trabajo de los sueños” ya que “no es nada más que una combinación diferente de factores que sin embargo altera el resultado” (2022: 11), nos quedará evidente que lo que hace Andrés Neuman en su “diccionario literario” (García Ibáñez, 2001), ya que es un texto de no ficción, pero sí con rasgos ficcionales, es, por un lado, lo que declara el DRAE, pero llegando a una alteración del resultado.

No sorprende, por lo tanto, que los cuentos en miniatura o los cuentos atómicos de Barbarismos, que en muy pocas palabras no solo definen el objeto, sino que también lo comentan o lo tuercen para develar otros sentidos, bien se encasillan en la definición de microrrelato que, en palabras de Lauro Zavala, es “un género híbrido con elementos extraliterarios, intertextual, irónico, autónomo, serial, lúdico y alegórico” (Zavala, en Shua, 2022: 16), o también, según la definición de Violeta Rojo, es un “artefacto literario mínimo, des-generado, proteico, intertextual, que necesita la activa participación del lector y es muy difícil de definir” (Rojo, en Shua, 2022: 16), hasta llegar a la aún más breve definición de Pía Barros, que encuentra en el microrrelato “el máximo del significado con el mínimo de significantes… y mucha inteligencia” (Barros, en Shua, 2022: 16), como vemos, por ejemplo, en la definición de “adjetivo”: “Sutil, obvio, imprescindible, innecesario, preciso, vago, ambivalente guardián del sustantivo” (Neuman, 2014a: 15).

A lo largo de la lectura de Barbarismos, pude reconocer cuatro núcleos temáticos, la lengua, la escritura, la política y el cuerpo, que, por supuesto, no son los únicos temas presentes en estas páginas, pero que, según mi punto de vista, representan los que el autor más trabaja en toda su producción y que en este diccionario destacan por las numerosas entradas a ellos vinculadas.

Nacido en Buenos Aires en 1977, hijo de una pareja de músicos migrantes y trasladado después con su familia a España, donde actualmente reside y trabaja como escritor, Andrés Neuman es heredero de una compleja historia de migraciones, que el autor describe en Una vez Argentina (2014c) –novela cuyos protagonistas son, por parte materna, una tatarabuela y dos tatarabuelos franceses, un bisabuelo ítalo-franco-vasco y dos bisabuelos españoles; mientras que, por parte paterna, una tatarabuela y dos tatarabuelos polacos, un bisabuelo bielorruso, un bisabuelo ucraniano y una bisabuela lituana–. Por esto Neuman, que creció en el barrio de San Telmo hasta los catorce años antes de mudarse a Granada, no puede sino declararse profundamente argentino justamente por la variedad de este legado lingüístico, étnico y religioso en cuya intersección se origina su identidad porteña. De ahí se entiende su profundo interés por la lengua sobre la que se detiene, una vez más, por ser esta una fractura interior surgida a partir de lo que, más que un árbol genealógico, parece más bien un mapa familiar de rutas transatlánticas.

En su laberinto de senderos lingüísticos que se bifurcan y vuelven a encontrarse –donde por “laberinto” Neuman entiende el “Camino más corto para extraviarse” (Neuman, 2014a: 65)— la “lengua” es un “problema que solventa” (Neuman, 2014a: 65), el “español” es un “ciudadano de España más o menos a su pesar. || 2. Idioma que le queda grande a España” (Neuman, 2014a: 36), mientras que “argentino” es un “extranjero específico” y también un “ciudadano convencido de que sus conocimientos son fatalmente superiores a los del prójimo” (Neuman, 2014a: 16). A diferencia de sus familiares franceses, bielorrusos, ucranianos, polacos o lituanos trasplantados a la Argentina, Neuman no experimenta el trauma de la lengua ausente, sino la incertidumbre de una lengua que fluctúa, como él mismo lo define, en un “territorio de habla marcado por la duda de un español bifurcado” (Neuman, 2014b: 15). Este español de doble cara, “lengua anfibia, a medio camino” (Neuman, 2014b: 15), ibérico y americano a la vez, es portador de una frontera invisible en la percepción íntima del escritor que, precisamente por la fluidez de la frontera móvil de una lengua transnacional, se ve obligado a un constante proceso de recodificación. Al igual que una patria dividida en dos orillas, el cuerpo, geografía de la carne en la que se refleja la precariedad territorial, se separa en el espacio y en el tiempo: “Viajar con dos pasaportes”, escribe en su ensayo titulado “Identidad de mano”, “al fin y al cabo, es un modo de sentirte extranjero en tus dos patrias” (Neuman, 2014b: 13). La similitud entre su identidad y el pequeño equipaje portátil simboliza un movimiento de perpetua dislocación entre un antes y un después, un aquí y un allá, en un ideal ir y venir entre un lado y otro del océano al lado de una “maleta” (ausente en el diccionario en su versión argentina de “valija”), que es un “receptáculo de gran movilidad que suele viajar acompañado de un ser humano cuyo peso máximo fijará la compañía aérea” (Neuman, 2014a: 69).

Por lo que concierne al segundo núcleo temático, la “escritura” –que no es otra cosa que una “autobiografía colectiva” (Neuman, 2014a: 36)– se declina en, por ejemplo, las siguientes entradas:

autor. Heterónimo de los personajes. || 2. Seudónimo del traductor. || 3. Derechos de ~: propina con ínfulas de salario (17).

biblioteca. Muchedumbre que espera su turno de palabra (21).

escritora. Persona de sexo femenino permanentemente requerida para explicar por escrito en qué consiste pertenecer al sexo femenino (36).

idioma. Sistema para nombrar lo que se desconoce (53).

leer. Acción de viajar hasta donde uno se encuentra. || 2. Acción y efecto de vivir dos veces (65).

narración. Hipnosis que conduce a la memoria ajena (75).

narrar. Verbo que se conjuga como Respirar. || 2. Acción y efecto de fundar algo. || 3. Navegar de oído.

novela. Género literario a través del cual un autor envejece junto con sus personajes. || 2. Teletransportación de larga distancia (ibid.).

novelista. Individuo capaz de recrear todos los sentimientos humanos e incapaz de tolerar ninguno de ellos (76).

solapa. Parte del ejemplar que se estudia atentamente antes de emitir un juicio literario. || 2. Vida imaginaria de un autor. || 3. En la jerga editorial, subgénero de ciencia ficción (102).

verbo. Libido del sustantivo (113).

vocabulario. Única riqueza que aumenta al mismo ritmo que se utiliza (114).

y. Conjunción generosa (125).
zeta. Apocalipsis del alfabeto (129).

Asimismo, otro eje imprescindible en la obra de Neuman es la reflexión política sobre el mundo o, mejor dicho, sobre la barbarie de nuestro mundo:

banco. Entidad que protege el porvenir de nuestras deudas (Neuman, 2014a: 21).

brújula. Artilugio, al igual que el capital, sistemáticamente atraído por el norte (22).

capitalismo. Juego de azar donde se sabe de antemano quiénes pierden. || 2. Único camino posible hacia ninguna parte (25).

civilización. Bombardeo con fines altruistas (26).

clase. Buen gusto para usar la tarjeta de crédito. || 2. ~ alta: clase que prefiere las diferencias de clase. || 3. ~ media: clase que no cree en las diferencias de clase. || 4. ~ baja: ah, sí, también (ibid.).

derecha. Coalición de costumbre, miedo y clase que tiende a ganar las elecciones (31).

dictadura. Régimen representativo de lo peor de una nación (32).

diplomacia. Arte de ser hijos de puta por turnos (ibid.).

dólar. Inconsciente colectivo (ibid.).

emigración. Desplazamiento de una identidad previamente ignorada (35).

Estado. Mayordomo del capital (36).

Europa. Continente separado por la misma moneda. || 2. Anciana que se comporta como si nunca antes hubiera sido pobre (37).

fascismo. Sistema ambidiestro de tortura (41).

frontera. Ilusión óptica, más impuestos (42).

genocidio. Aquello que los demás pueblos han hecho con el nuestro, pero no viceversa (45).

guerrilla. Rebeldía admirada por el intelectual urbano, siempre y cuando tenga lugar en la selva o la montaña (46).

huelga. Derecho inalienable del trabajador cuyo contrato no será renovado tras haberlo ejercido (50).

patria. Recuerdo inventado tras una emigración. || 2. Lugar siguiente. || 3. ~ chica: tautología (87).

privatización. Estatalización de una carencia (89).

xenófobo. Individuo al que le repugnan sus propios ancestros (121).
yanqui. Aborigen imperial (125).

Por lo que atañe el cuerpo, es interesante notar que nunca aparecen definiciones de partes anatómicas, sino siempre una reflexión entre el cuerpo y la forma social de entenderlo.

aborto. Decisión que una mujer toma sobre su cuerpo, como si fuera suyo (Neuman, 2014a: 15).

beso. Palabra articulada simultáneamente entre dos hablantes (22).

cáncer. Terrorista familiar (25).

enfermedad. Aceleración del mundo (35).

hambre. Crimen organizado (49.).

hipo. Énfasis del discurso (ibid.).

masturbación. Amor portátil. || 2. Orgía mantenida entre alguien presente y todos sus ausentes (69).

maternidad. Arte de amamantar al futuro misógino. || 2. Momento de plenitud de una trabajadora antes de ser despedida (ibid.).

nalga. Mitad interesante del asiento (75).

pene. Modesto apéndice que provoca toda clase de vanidades (88).

risa. Calambre del alma. || 2. Técnica de supervivencia. || 3. Energía renovable (98).

rodilla. Parte esencial de la plegaria (ibid.).

sexo. Episodio carnal que les sucede a otros. || 2. Subtexto. || 3. ~ débil: grupo convencido de que hay cosas que no le corresponden a su sexo (101).
xl. Talla indeseable o muy deseada (121).

Como queda evidente de mi propuesta de análisis, el intento por encasillar ciertos términos en las categorías de lengua, escritura, política y cuerpo resulta un fracaso total. En todo lo que escribe, Andrés Neuman aplica un discurso político y una política del discurso que podríamos leer en la perspectiva de la glotopolítica, es decir, desde prácticas lingüísticas y metalingüísticas de intervención subversiva en el orden disciplinario de la lingüística que participan de la constitución del sujeto en cuanto agente social y, por ende, político. De acuerdo con Elvira Narvaja de Arnoux y Susana Nothstein, la glotopolítica

atiende a intervenciones de distinto tipo: entre otras, reglamentación de lenguas oficiales en un organismo multinacional, creación de un museo de la lengua, elaboración y circulación tanto de instrumentos lingüísticos (gramáticas, retóricas, ortografías, diccionarios…) como de dispositivos normativos destinados a los medios de comunicación, antologías o recopilaciones de textos considerados significativos para la circulación en determinados ámbitos, artículos periodísticos o ensayos que tematizan las lenguas, encuestas sociolingüísticas o programas de enseñanza de lenguas (2013: 9).

Por lo tanto, el experimento de Neuman podría configurarse como una acción de lexicografía antihegemónica ya que, desde un lugar no normativo –siendo un antidiccionario–, incursiona de forma oblicua en el imaginario lingüístico de sus lectores con cinismo e ironía. Por lo tanto, los interrogantes de José del Valle, que, en su artículo “Glotopolítica y teoría del lenguaje. La perspectiva glotopolítica y la normatividad”, se pregunta

¿Cómo se piensa la relación entre lengua, cultura y nación? ¿Cómo se piensa el orden lingüístico poscolonial? ¿Con qué razones se justifica la adopción de una lengua –o un modelo de lengua– y no otras en el proceso de desarrollo y modernización nacional? […] ¿Cómo se representa la diversidad de voces sociales en distintas zonas discursivas tales como la prensa o la comunicación literaria? ¿A qué géneros textuales se acude en la batalla por el dominio o hegemonía de un régimen lingüístico sobre otro? (2017: 24).

Encuentran resonancia en la perspectiva de los “Neumanismos”, tal como los llama José María Merino, vocablos que rompen el dominio de ciertas palabras sobre otras, adoptan un espacio reconocido como normativo y objetivo para resemantizarlo y proponernos un “nuevo modelo de lengua” por medio de la reformulación humorística de un género no literario –el diccionario– que, en esta nueva versión, se ve transformado en un texto que es no solo caracterizado por matices poéticos, sino sobre todo por una bien visible subjetividad capaz de “parodiar la entonación contundente, la sintaxis sintética y esa especie de inapelabilidad rítmica que tiene la definición del diccionario”. Cuenta Neuman en una entrevista: “Por eso me divertía, porque muchas veces esa entonación inapelable se hace para transmitir una definición totalmente discutible” (Neuman, en Muñoz Rengel, 2014).

La vocación política del libro reside precisamente en su intencionalidad ideológica. Si, por un lado, los diccionarios clásicos pretenden ser los depositarios de un saber universalmente reconocido como objetivo y neutral, por el otro, todos sabemos que el lenguaje, por ser una construcción social que se arma y se gobierna y, en los diccionarios, una expresión directa y disciplinada de la realidad que describe, resultará que los necesarios pero cuestionables controladores de la lengua incluso pueden no reconocer procesos culturales no oficialmente aceptados en sus catálogos alfabéticos. Así que los diccionarios clásicos, por su no declarada pero intrínseca declaración de cientificidad, son, de acuerdo con las palabras del mismo Neuman, “máquinas de ideología encubierta. Los diccionarios trabajan para encubrir su procedencia política, social, cultural, ideológica con el pretexto de la ciencia lingüística”. Lejos de la ilusión de un “simulacro de neutralidad” y “más que contradecir el prurito de objetividad del diccionario”, Neuman pretende “delatar su profunda condición subjetiva o ideológica” ya que, puesto que “los diccionarios están llenos de sobrentendidos, ¡qué emerjan!” (Neuman, en Muñoz Rengel, 2014).

Volviendo a la semblanza de Jules Flamart, creo que Barbarismos cumple con los requisitos del diccionario wilcockiano: desde un punto de vista estrictamente lingüístico, transformando la anomalía en norma y la excepción en regla, el autor nos entrega una versión realmente “correcta de todas las voces”, pero siempre a través de una estética humorística que apunta a “una trama de lo más cautivante y movida” (Wilcock, 1981: 37) para que el lector, a fin de cuentas, lo pase bárbaro.

Es como si el autor nos dijera que su diccionario es una colección de términos incorrectos, según la etimología griega que encuentra en la palabra “bárbaros” la onomatopeya del sonido “bar-bar” producido por los que balbucean al no conocer la lengua helénica y, entonces, por extensión, los que hablan mal. Sin embargo, dedicar un diccionario a términos balbuceados significa reivindicar una poética del error y de la subjetividad que, justo a la luz de su ubicación dentro del más normativo de los géneros textuales, toma el perfil de una poética que se autoproclama alternativa a las normas establecidas. El autor desafía a sus lectores que pasan por cuatro etapas: viendo el título de la obra, Barbarismos, no ven un diccionario; luego, descubriendo su estructura, piensan que sí lo es, pero leyendo las definiciones cambian nuevamente de idea hasta llegar a entenderlas de verdad y así comprender que definitivamente de eso se trata. La inicial impresión de tener en nuestras manos un libro de erratas pronto se transforma en la convicción de estar leyendo un libro de falsas erratas, es decir, citando a Max Aub, una colección de Crímenes ejemplares (1957).

Gracias a este vaivén del sentido, que implica cierto nivel de traición y sorpresa al mismo tiempo, autor y lectores construyen un juego en el que la ironía y la autosátira se vuelven las formas más razonables de definir la “realidad”, que, en definitiva, solo es una “hipótesis convincente” (Neuman, 2014a: 97). Haciendo de la metáfora un equivalente de las definiciones clásicas, Neuman se resiste a prácticas semánticas de “higiene verbal”: a diferencia de la tesis originaria de Deborah Cameron (2012) acerca de la estandarización de las normas sintácticas, en este caso la operación del autor corresponde a un rechazo de un marco regulativo que limitaría el sentido.

Por su intrínseco carácter polisémico, la verdad es que no hay forma de encontrarle una definición concluyente a este volumen de antidefiniciones, así que no nos queda otra cosa que rendirnos a su “sarcasmo”, que es el “humor que se defiende de su miedo” (Neuman, 2014a: 101), y a su sentido del “humor”, que es el “único sentido que no envejece. || 2. Facultad de parodiar las propias convicciones, o sea, de pensar. || 3. Flujo interno de la tragedia”. Y, cuando se trate de “humor negro”, este será un “ejercicio mediante el cual un humorista comprueba si sigue vivo” (Neuman, 2014a: 50), que por cierto Andrés Neuman desarrolla por medio de una extrema y divertida “brevedad”, es decir, “eso” (Neuman, 2014a: 22).

Bibliografía

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Arrabal, Fernando (2007), Diccionario pánico. Zaragoza: Libros del Innombrable.

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Bierce, Ambrose (2021), Diccionario del Diablo. Madrid: Alianza Editorial [1911].

Cameron, Deborah (2012), Verbal Hygiene. Londres: Routledge Linguistics Classics.

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Gómez de la Serna, Ramón (1917), Greguerías. Valencia: Prometeo.

Merino, José María (2014), “Neumanismos”. En Neuman, Andrés, Barbarismos. Madrid, Páginas de Espuma, pp. 9-12.

Muñoz Rengel, Juna Jacinto (2014), “Conversación con el escritor argentino Andrés Neuman con motivo de la presentación de su libro Barbarismos, dentro del ciclo ‘Describo que escribo’”. Casa de América, 3.06.2014. En www.youtube.com/watch?v=gNn_6iv7PCM.

Narvaja Arnoux, Elvira y Nothstein Susana (eds.) (2013), Temas de glotopolítica: Integración regional sudamericana y panhispanismo. Buenos Aires: Biblos.

Neuman, Andrés (2014a), Barbarismos. Madrid: Páginas de Espuma.

Neuman, Andrés (2014b), “Identidad de mano”. En Andrés-Suárez, Irene y Rivas Antonio (eds.), Cuadernos de Narrativa. Andrés Neuman, Madrid: Arco/Libros, pp. 11-21.

Neuman, Andrés (2014c), Una vez Argentina. Madrid: Alfaguara.

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Wilcock, Juan Rodolfo (1981), La sinagoga de los iconoclastas. Trad. de Joaquín Jordá, Barcelona: Anagrama.


  1. Università di Roma Tre.


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