Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

4 Categorías y experiencia antepredicativa en el entorno de Sein und Zeit[1]

Alejandro G. Vigo[2]

I. Introducción

El problema de las relaciones entre la experiencia antepredicativa y la predicación ocupa, como es sabido, un lugar muy destacado en la reflexión filosófica de Martin Heidegger, durante el extenso período que va desde las primeras lecciones de Friburgo hasta la época de SZ, obra en la cual Heidegger presenta un elaborado esquema derivativo, que adquiere expresión en la tríada “comprender” (Verstehen)-“interpretación” (Auslegung)-“enunciado” (Aussage), tal como aparece tematizada en los §§ 31-33. No menos sabido es que el asunto había adquirido ya un notable protagonismo, de diversos modos, en la obra de autores situados en el entorno filosófico inmediato del Heidegger de los comienzos, tales como Emil Lask y Edmund Husserl, por citar solo aquellos dos cuya influencia resulta más decisiva para comprender el particular rumbo que toma el pensamiento heideggeriano en el tránsito que va desde el neokantismo hacia la fenomenología. Buena parte de los esfuerzos de Heidegger en el tratamiento del asunto toma la forma del intento por mostrar el carácter derivativo y fundado de la articulación comprensivo-interpretativa constitutiva del enunciado, en la terminología de SZ, el así llamado “como apofántico” (apophantisches Als), poniendo de manifiesto su origen a partir de niveles previos y sucesivos de articulación comprensivo-interpretativa, situados en el ámbito de la experiencia antepredicativa, como lo son, primero, en el nivel más cercano al enunciado mismo, el “como hermenéutico” (hermeneutisches Als), constitutivo de la “interpretación”, y, luego, en el nivel más alejado del enunciado, el “para” (zu), constitutivo del “comprender”. La discusión del origen de la articulación predicativa, tal como esta tiene lugar en el enunciado, recurre, una y otra vez, en las lecciones no solo de la época inmediatamente anterior a la publicación de SZ, sino también en varias de las lecciones más importantes dictadas en los años que siguen a la aparición de la obra[3]. La recurrencia de esta temática no se explica, en modo alguno, por razones externas o meramente circunstanciales, sino que responde, más bien, como se verá más abajo, a un diagnóstico preciso formulado por Heidegger con relación al papel decisivo que habría jugado la orientación metódica a partir del lógos y, en particular, del lógos apophantikós, en la ontología tradicional, y a las consecuencias derivadas de tal orientación metódica.

Ahora bien, a diferencia de lo que he intentado hacer en otros casos, no focalizaré en esta oportunidad la atención sobre el modo en el cual Heidegger elabora la secuencia de derivación que presenta la tríada de conceptos antes mencionada. Esta última es, como se sabe, una cuestión muy transitada en la investigación especializada, sobre la cual se ha dicho ya posiblemente, si no todo, al menos, mucho de lo más importante. En el presente caso, me interesa, más bien, centrar la discusión en un problema más específico, señalizado ya en el título del trabajo, a saber: el problema que plantea la necesaria elaboración de un adecuado repertorio de categorías a la hora de dar cuenta de lo que se muestra intramundanamente en la experiencia antepredicativa, tal como ello se muestra y en los diversos posibles de su mostración. Me interesa este problema particular, fundamentalmente, por una serie de razones sistemáticas de fondo, que aparecen interconectadas entre sí. En primer lugar, se trata de un asunto que permite centrar la atención, por una vez, en aquello que Heidegger tiene para ofrecer, a la hora de elaborar una ontología fenomenológica del ente intramundano, vale decir, más precisamente, del ente que no tiene la forma de ser del Dasein. En segundo lugar, un adecuado abordaje de la cuestión así planteada permite entender mejor, a mi modo de ver, también algunos aspectos centrales de la polémica que Heidegger mantiene con Husserl, tal como esta puede quedar expresada, de un modo meramente formular y aproximativo, en la oposición “percepción vs. comprensión”. El contraste entre las concepciones de ambos autores resulta especialmente nítido cuando se compara la estrategia de derivación que ensaya Heidegger, a la hora de explicar el origen del enunciado, con la que Husserl había elaborado en los desarrollos correspondientes dentro del marco de su fenomenología genética, en particular, en la presentación llevada a cabo en Erfahrung und Urteil. Por último, desde la perspectiva de consideración que abre la cuestión referida a las categorías del ente intramundano, se hace posible plantear también de modo más nítido, y tal vez ensayar responder, algunas preguntas referidas a aspectos no siempre debidamente atendidos del modelo explicativo presentado por Heidegger en SZ que, sin embargo, poseen central importancia, no solo desde el punto de vista temático, sino también y, muy especialmente, desde el punto de vista metódico.

No hace falta señalar que la consideración de todos los puntos mencionados constituye una tarea vastísima que solo voy a poder acometer aquí de modo muy parcial y esquemático. Confío, sin embargo, en que la discusión que ofreceré permita comprender con suficiente claridad el alcance de las tesis principales que quiero defender.

II. Experiencia antepredicativa y predicación en perspectiva fenomenológica

Comenzaré con algunas observaciones generales sobre el modo en el que la fenomenología pretende abordar el problema de las relaciones entre la experiencia antepredicativa y la predicación. Al hacer esto, intentaré dar cuenta de aspectos y rasgos que, en buena medida, resultan comunes tanto a Husserl y Heidegger como también a otros autores de orientación fenomenológica o afín a la fenomenología.

II.1. Primado de la experiencia antepredicativa

Una tesis característica de los enfoques fenomenológicos establece que la experiencia antepredicativa tiene cierto primado respecto de la predicación o, si se prefiere, de la experiencia predicativamente articulada. El alcance más preciso de dicha tesis se comprende mejor, a mi modo de ver, desde el punto de vista que abre la referencia a aquello que constituye la problemática fenomenológica fundamental, tal como la presenta Husserl de modo programático en el Philosophie als strenge Wissenschaft. Según dicha presentación, la tarea de la fenomenología no es otra, en definitiva, que la de esclarecer el “sentido de la experiencia” (Sinn der Efahrung) en su totalidad, es decir, el sentido de todo lo experimentado, en cuanto experimentado. La problemática relativa a la posibilidad y la génesis de las diferentes formas de la experiencia de sentido ocupa aquí, por tanto, el centro mismo del interés. De lo que se trata en la fenomenología no es, en definitiva, de otra cosa, explica Husserl, que de dar cuenta, de modo integral, del “sentido del ser de lo que se da en la experiencia misma” (Sinn des in ihr <sc. der Erfahrung> gegebenen Seins)[4]. Por lo mismo, y en la medida en que toda experiencia, en lo que tiene de tal, es siempre experiencia de un cierto sentido experimentado, puede decirse entonces que las expresiones “experiencia de sentido” y “sentido de la experiencia” deben tomarse aquí, en último término, como dos modos complementarios de hacer referencia a lo que, desde el punto de vista interno a la propia fenomenología, constituye una y la misma problemática de base[5].

En términos que remiten a la anterior caracterización de la problemática fenomenológica, se puede decir que la tesis del primado de la experiencia antepredicativa comprende, al menos, dos aspectos complementarios. Por un lado, se asume la imposibilidad de retener de modo inalterado, en y a través de la articulación predicativa, lo que originariamente se abre como sentido en el ámbito de la experiencia antepredicativa, sin perjuicio de que todo lo experimentado antepredicativamente pueda, de un modo u otro, ser predicativamente articulado. Por otro lado, y como contracara de lo anterior, se asume el carácter necesariamente no autosustentado de todo aquello que como sentido queda articulado en y a través de la predicación. Tanto en su origen como en su estructura, todo sentido predicativamente articulado remite, de modo directo o indirecto, más allá de la predicación misma, hacia el ámbito de la experiencia antepredicativa. Por lo mismo, el sentido articulado predicativamente o bien, dicho de modo más preciso, la experiencia de sentido que posibilita la articulación predicativa no constituye ni podría constituir jamás un fenómeno de carácter autosustentado, sino que debe verse, más bien, como un fenómeno de carácter necesariamente fundado, derivativo o, si se quiere, incluso parasitario[6].

Formulada en este nivel de generalidad, se trata, puede decirse, de una tesis nuclear característica del pensamiento fenomenológico, desde Husserl en adelante, que posteriormente, sobre todo, a través de Heidegger, penetra también en la hermenéutica, en particular, en la de Gadamer. En efecto, lejos de constituir una suerte de panlingüisticismo, como todavía se suele afirmar a veces, la hermenéutica gadameriana revela su impronta fenomenológica de origen, junto a otros aspectos, también allí donde marca los límites estructurales que le están trazados de antemano a toda posibilidad de articulación y expresión del sentido experimentado a través del lenguaje. En efecto, lo esencial de la posición elaborada por Gadamer no debe buscarse en lo que sería una suerte de afirmación unilateral de la lingüisticidad de todo sentido, sino, más bien, en la puesta de relieve de la tensión productiva que media entre dos motivos opuestos y complementarios, a saber: por un lado, el que enfatiza la universal expresabilidad de todo lo experimentado como tal; por otro, el que pone de relieve su esencial inagotabilidad, en el sentido de no poder quedar jamás definitivamente apresado ni expresado sin residuo, en ninguna formulación particular ni tampoco en el conjunto de todas las formulaciones efectivas o posibles, el cual, por lo demás, tampoco puede quedar jamás clausurado. A dar cuenta de esta peculiar tensión productiva entre expresabilidad e inagotabilidad apunta, sin ir más lejos, el famoso aserto gadameriano, no por muy citado menos expuesto a malentendido, según el cual “el ser que puede ser comprendido es lenguaje” (Sein, das verstanden werden kann, ist Sprache)[7]. Como quiera que sea, y más allá de las no pocas diferencias de detalle y acentuación, a mi juicio queda en pie el punto fundamental, a saber: la tesis del primado de la experiencia antepredicativa, en el sentido preciso indicado, está presente tanto en Husserl y Heidegger, como también en Gadamer y otros autores fenomenológicos o afines a la fenomenología[8].

II.2. Experiencia antepredicativa y categorías

Sobre la base de lo dicho, se comprende mejor el renovado interés que para la fenomenología adquiere la experiencia antepredicativa, enfocada desde la perspectiva que abre la pregunta por la génesis, las condiciones y la estructura de las diferentes modalidades de la experiencia de sentido. Pero, además, la ampliación de la perspectiva que trae consigo el giro fenomenológico hacia el ámbito del sentido experimentado antepredicativamente abre también nuevas posibilidades en la elucidación de uno de los problemas centrales de la ontología tradicional, a saber: el problema de las categorías, vale decir, de las determinaciones fundamentales de “lo que es en tanto que es” (on hêi on, ens qua ens). Que esto es así se advierte de inmediato, cuando se repara en un hecho tan elemental como decisivo en su importancia sistemática, a saber: la doctrina de las categorías elaborada por la ontología tradicional se orientó básicamente a partir del fenómeno de la predicación, desde sus mismos comienzos en Aristóteles e incluso ya antes, en lo que pueden considerarse sus antecedentes platónicos. En este sentido, piénsese, sin ir más lejos, en el tratamiento platónico de la estructura del lógos se entiende: “declarativo” o “apofántico” (apophantikós), como lo llamará posteriormente Aristóteles, en conexión con la discusión del ser y los géneros supremos, tal como se presenta en el diálogo Sofista [9]. En cuanto a Aristóteles mismo, la orientación básica de su concepción a partir de la predicación queda inmediatamente documentada, como nadie ignora, ya en la fijación misma de la terminología: la propia elección de los términos kategoría y kategoroúmenon –convertidos en términos técnicos sobre la base del uso jurídico, dotado de un fuerte énfasis clasificatorio–[10], delata con toda nitidez dicha orientación.

En su diagnóstico sobre el desarrollo de la problemática de las categorías, a lo largo de la historia de la ontología, Heidegger concede una importancia decisiva al hecho de tal orientación básica a partir de la predicación, pues cree poder ver en ella una de las razones principales de un drástico estrechamiento de la problemática ontológica. Este es uno de los problemas más importantes que aquejan, a juicio de Heidegger, a la ontología tradicional, en la medida en que esta debe ser caracterizada, en lo esencial, como una ontología de la Vorhandenheit, es decir, una ontología focalizada en aquello que tiene el modo de ser de lo que es meramente “ante los ojos” de la (mera) cosa. En este sentido, hay una declaración expresa de Heidegger en SZ a la que rara vez, me temo, se le da el alcance decisivo que revela cuando se la considera en referencia al trasfondo que acabo de delinear. En efecto, en el tratamiento del “enunciado” (Aussage) del § 33 de SZ Heidegger señala que, desde los comienzos de la ontología tradicional en la Antigüedad, el lógos –que hay que entender aquí en el sentido más específico del lógos apophantikós– proveyó el único hilo conductor para el acceso al ente y la determinación de su ser. Esto explica, a su vez, el lugar privilegiado que corresponde al análisis del enunciado, en el ámbito de la problemática propia de la ontología fundamental[11], en la medida en que esta debe hacerse cargo también de las condiciones que dan cuenta de la posibilidad de la ontología, tal como esta se ha constituido históricamente. Los reiterados análisis de la estructura del enunciado y su origen a partir de la experiencia antepredicativa, en SZ y los textos antes mencionados, no responden, pues, a intereses secundarios u ocasionales, sino que responden a exigencias conectadas con algunas de las asunciones fundamentales que subyacen a la posición de conjunto que Heidegger presenta en su obra fundamental.

Ahora bien, en su ejecución concreta, dichos análisis ponen de manifiesto que el problema no se reduce aquí meramente a la orientación básica a partir del lógos apophantikós, en detrimento de las otras formas posibles de lógos, mencionadas por el propio Aristóteles, que no caen bajo la alternativa “verdadero”/“falso”, tomada en su sentido habitual (v. gr., el ruego o la plegaria, etc)[12]. A ello se añade, además, el predominio, cada vez más marcado, de un acceso puramente logicista al propio enunciado, al que se tiende a considerar, por así decir, en estado de “flotación libre” (freischwebend), artificialmente aislado de su contexto real de uso, el así llamado contexto real-pragmático, tal como aparece, por caso, cuando se lo emplea como ejemplo en un libro de lógica. Este segundo aspecto es muy importante, porque pone en evidencia que la ontología tradicional no solo tiene un problema a la hora de dar cuenta del ser del ente intramundano, en general, sino también a la hora de dar cuenta del ser del enunciado, ya que en ambos casos cae víctima de una misma tendencia a la nivelación cosificante. En el caso del enunciado, esto lleva a que se trabaje en la lógica, la semántica y la ontología formal con un modelo determinado de unidad significativa, que, a los ojos de Heidegger, tiene el estatuto poco menos que de un mero constructo teórico, que, en virtud de su carácter (cuasi)cosificado, impide el reconocimiento de un hecho ontológico tan elemental como importante, a saber: lejos de poder ser caracterizados en términos que hacen referencia al modo de ser de las “cosas”, fenómenos como la predicación y el enunciado, en sus diversas posibles formas, el significado y la verdad remiten en su origen mismo al modo de ser del Dasein[13].

Como es natural, la declaración de Heidegger respecto del papel de único hilo conductor que el lógos habría desempeñado en la ontología tradicional trae consigo, al mismo tiempo, una exigencia indelegable para la propia ontología fundamental. Esta no podrá dejar de ocuparse, de modo específico y, ante todo, crítico, de la problemática del enunciado, y ello, justamente, en la medida en que la orientación básica a partir de la predicación forma parte de los prejuicios no tematizados de la ontología tradicional. A lo largo del desarrollo histórico de la pretendida “ciencia del ser”, tales prejuicios condujeron, explica Heidegger, a un creciente estrechamiento de la problemática ontológica por la senda de una cada vez más decidida nivelación y un progresivo vaciamiento de significado de la idea del ser, en un proceso que concluye, finalmente, en la sanción metódica de la abolición de la propia pregunta por el (sentido del) ser, deslegitimada incluso como mera pregunta. La declaración del § 33 de SZ referida al papel del lógos como único hilo conductor de la ontología tradicional se encuentra, pues, en inmediata conexión con la problemática relativa a los prejuicios tradicionales sobre el ser, que dan cuenta la necesidad de una “repetición expresa” (ausdrückliche Wiederholung) de la pregunta por el ser, tal como se la plantea en el § 1. Como señala Heidegger, tales prejuicios estrechadores y tendencialmente abolicionistas tienen sus raíces últimas en la propia ontología griega[14]. Una de las más importantes entre esas raíces griegas reside, justamente, en la acrítica orientación de la teoría de las categorías a partir del fenómeno de la predicación.

Por lo tanto, piensa Heidegger, el repertorio de categorías con el que opera la ontología tradicional, obtenido a partir del tipo específico de acceso al ente que facilita la articulación predicativa, no permite hacer justicia a la riqueza de la articulación de sentido que se abre ya en la experiencia antepredicativa. Y ello, justamente en la medida en que la predicación ha de verse ella misma como un fenómeno derivativo y fundado, que, como tal, no solo no se sustenta a sí mismo, sino que, además, no permite conservar lo originariamente abierto como sentido, en el acceso antepredicativo al ente y el mundo. La sorpendente cantidad de insuficiencias, unilateralidades, cuando no de directas omisiones, en las que incurre la ontología tradicional a la hora de dar cuenta de las diversas regiones y los diversos modos de comparecencia del ente provee, a juicio de Heidegger, la más clara confirmación de la insuficiencia del repertorio categorial tradicional. Piénsese, por mencionar solo un ejemplo, en la enorme dificultad que plantea el intento de dar cuenta de la especificidad ontológica de los entes culturales, allí donde se opera con el aparato propio de la ontología tradicional, la cual, como punto de partida, no ofrece aquí mucho más que la oposición meramente arqueológica entre el ente natural y el artefacto, fundada exclusivamente en la referencia a su diferente modo de ser “producidos o “causados”. Piénsese también, en estrecha conexión con lo anterior, en la poco menos que completa falta de consideración, dentro del marco explicativo propio de la ontología tradicional, de lo que, para el propio Heidegger, constituye nada menos que la modalidad básica de presentación del ente intramundano, como ente “a la mano” (zuhanden), con la consiguiente tendencia a perder de vista el fenómeno del “mundo” (Welt), por vía de su “desmundización” (Entweltlichung), tal como esta tiene lugar en el acceso al ente y el mundo propio del mero “conocer” (Erkennen)[15].

Simplificando bastante las cosas, puede decirse que Heidegger tiene en vista aquí una doble nivelación operada por la ontología tradicional, en la medida en que esta obtiene su repertorio categorial orientándose básicamente a partir del fenómeno de la predicación, a saber: i) la (tendencial) nivelación del Dasein al modo de ser del ente intramundano, tal como este comparece, a su vez, en una modalidad derivativa y fundada de presentación, es decir, como meramente “ante los ojos” (vorhanden); ii) la (tendencial) nivelación del propio ente intramundano al modo de presentación propio de lo que es meramente “ante los ojos”, pasando por alto justamente el carácter meramente derivativo y fundado de dicho modo de presentación. Se trata, desde luego, de dos aspectos estrechamente conectados entre sí. Como se sabe, el aspecto i) juega un papel central ya en la época de las primeras lecciones de Friburgo, en particular, en aquellas dedicadas a interpretar Aristóteles desde la perspectiva que abre el proyecto de una ontología de la vida fáctica. Ya en esos años tempranos Heidegger reconoce con toda claridad la importancia decisiva que posee el fenómeno de la existencia humana, allí donde se trata de intentar liberar a la idea del ser del estrechamiento y la nivelación a los que condujo la ontología tradicional. En tal sentido, en la lección sobre fenomenología de la religión de 1920-1921, Heidegger declara expresamente que una explicación originaria del Dasein fáctico necesariamente “hace saltar por los aires” (sprengt) la totalidad del sistema de categorías tradicional: tal sería la peculiaridad de lo que Heidegger llama aquí todavía las “categorías” del Dasein[16].

Ahora bien, por muy importante que pueda ser el aspecto i) dentro del proyecto filosófico que Heidegger pretende realizar en los años de gestación de SZ, ello no autoriza a desconocer la importancia que posee también el aspecto ii), el cual, por otra parte, está indivorciablemente conectado con el primero. En efecto, ambos constituyen, en definitiva, aspectos complementarios dentro de un fenómeno integral de desperfilamiento del sentido, tal como este tiene lugar en la interpretación dominante que el Dasein hace de sí mismo y del mundo, tanto en el nivel ontológico como en el nivel preontológico de comprensión. El motivo referido a la nivelación del modo de comparecencia del ente intramundano a su modalidad derivativa y fundada de presentación está presente también desde muy temprano en la obra de Heidegger. Baste recordar aquí el notable análisis de la “vivencia del mundo circundante” (Umwelterlebnis) en la lección del semestre de emergencia bélica de 1919. En ella, Heidegger opera con la oposición entre lo que denomina, respectivamente, “acontecimiento (apropiador)” (Ereignis) y “proceso” (Vorgang), la cual apunta precisamente a marcar el contraste entre la modalidad primaria y fundante, por un lado, y la modalidad derivativa y deficiente, por el otro, de la presentación del ente intramundano (v. gr., el Sol tal como lo canta el coro de la Antígona de Sófocles, por un lado, y el Sol como mero objeto astronómico, por el otro)[17].

La conexión interna que Heidegger cree ver entre ambos tipos de nivelación aparece ya, de diversos modos, en el tratamiento realizado en las lecciones, en particular, también en conexión con el análisis del fenómeno de la “ruina” (Ruinanz)[18], pero adquiere una expresión especialmente nítida en el tratamiento de la “caída” (Verfallen) de SZ. Aquí aparecen claramente formuladas las dos tesis necesarias para dar cuenta de la articulación entre ambos aspectos señalados, a saber: por un lado, el Dasein se interpreta a sí mismo, por así decir, de modo reflejo, desde el “mundo”; y, por otro, no lo hace a partir de cualquier modo de presentación del ente intramundano, sino, más bien, a partir de aquel particular modo de presentación en el cual el ente intramundano queda tendencialmente nivelado al modo de ser de lo que es meramente “ante los ojos”[19].

La conclusión de lo expuesto hasta aquí resulta, pues, poco menos que obvia: una ontología fenomenológica, si realmente pretende hacer justicia de modo integral a la experiencia de sentido en sus diversas posibles formas, no puede eximirse de la tarea de desarrollar una teoría de las categorías destinada a dar cuenta, de modo específico, de lo que como sentido se abre ya en la experiencia antepredicativa misma, poniendo, desde el comienzo, fuera de juego (epoché) el prejuicio de la ontología tradicional consistente en orientarse acríticamente a partir del tipo de articulación de la experiencia que facilita el lógos, en general, y el lógos apophantikós, en particular. Esta exigencia vale no solo para la ontología del Dasein, como ontología fundamental, sino también, y en igual medida, para la ontología del ente intramundano, como ontología regional.

III. La confrontación con la concepción husserliana

Paso ahora brevemente al punto referido a la discusión de Heidegger con la concepción de la experiencia antepredicativa y el juicio elaborada por Husserl, en conexión también con la polémica, real o supuesta, relativa la oposición entre percepción y comprensión.

III.1. ¿Percepción vs. comprensión?

Como se sabe, hay un modo bastante difundido de presentar el contraste entre las concepciones de Husserl y Heidegger, como si dicho contraste pudiera explicarse en términos de la alternativa entre otorgar el primado, a la hora de dar cuenta de la estructura y la génesis de la experiencia de sentido, a la percepción o bien a la comprensión, respectivamente. A menudo, dicho modo de presentar las cosas se extiende también a la caracterización de la posición propia de la hermenéutica postheideggeriana, y da lugar incluso a cuestionamientos críticos de lo que sería el punto de partida propio de la hermenéutica, como tal. Como es obvio, si es verdad que la hermenéutica asume un cierto primado de la comprensión sobre la percepción, entonces un modo de criticarla es justamente poner en cuestión tal asunción. En tiempos recientes así lo ha hecho, por ejemplo, Maurizio Ferraris, entre otros[20]. Una crítica comparable de la posición heideggeriana había tratado de esbozar en su día Xavier Zubiri, con el recurso a su famosa distinción entre “cosa realidad” y “cosa sentido”, muy a pesar del hecho, probablemente desconocido para el propio Zubiri, de que ya en 1919 Heidegger había desbaratado de antemano el intento de establecer una oposición excluyente, como tal, no acreditable fenomenológicamente, entre las nociones de sentido y realidad: cuando se procede de ese modo, se pasa, sin más, por alto el hecho elemental de que, desde el punto de vista fenomenológico, la pregunta que debe plantearse no puede ser nunca simplemente la pregunta por la “realidad” sin más, sino, más bien, la pregunta por la génesis motivacional del peculiar tipo de experiencia de sentido que constituye lo que puede denominarse el “sentido de realidad” (Sinn von Realität), considerada esta última como un tipo específico de “momento de sentido, de carácter teórico” (als theoretischem Sinnmoment), por oposición a otros modos de la experiencia de sentido, en general[21]. Por último, no faltan tampoco, como es sabido, los intentos de defender a Husserl frente a las críticas de Heidegger, argumentando en favor de lo que sería el primado de la percepción, tal como la concibe y tematiza Husserl, frente a la comprensión y la interpretación, entendidas al modo en que lo hace Heidegger.

Ahora bien, por muy interesante que pudiera parecer todo esto, en lo que concierne de modo específico a la concepción de Heidegger, el punto de partida en la oposición entre percepción y comprensión, tomada sin otras especificaciones, constituye, a mi entender, un modo completamente insuficiente e incluso erróneo de plantear el problema. La polémica de Heidegger contra Husserl, en lo que concierne al modo de pensar la relación entre la experiencia antepredicativa y la predicación, no puede explicarse en términos de dicha oposición, y ello por, al menos, dos razones: en primer lugar, porque no hay para Heidegger algo así como una mera percepción que no presuponga ningún tipo de prestaciones comprensivas, por básicas y rudimentarias que estas pudieran ser; en segundo lugar, y más importante aun, porque la crítica de Heidegger al modelo genético elaborado por Husserl, para dar cuenta del origen del enunciado a partir de la experiencia predicativa, tiene que ver, más bien, con el hecho de que Husserl elige como punto de partida un modo peculiar de realización de la experiencia perceptiva, que constituye él mismo una modificación reductiva de carácter poco menos que artificial, algo así como una especie de percepción en condiciones de laboratorio. Dicho de otro modo: a juicio de Heidegger, Husserl se orienta a partir de un caso límite de la percepción, que constituye una modalidad de carácter no solo derivativo y reductivo, sino, además, completamente excepcional. Esta decisión metódica no responde ella misma a las exigencias que plantean los fenómenos que se pretende tematizar, sino que viene prescripta, más bien, por la tergiversación producida por la interpretación cotidiana y su continuación en la filosofía, y resulta verdaderamente fatídica, porque bloquea de antemano toda posibilidad de llevar a cabo con éxito la tarea de una explicación integral de la génesis del sentido experimentado, que dé cuenta de todas sus posibles formas o modalidades y esclarezca, además, las vinculaciones genéticas que esas diversas formas o modalidades mantienen entre sí. Heidegger piensa, pues, que en este punto concreto, de decisiva importancia para su práctica del método fenomenológico, Husserl no logró liberarse de la sujeción al imperio de lo habitualmente pensado y dicho, tanto en sede pre-reflexiva como en sede científica y filosófica, lo que equivale a decir que no logró llevar a cabo de modo eficaz la desactivación de los prejuicios que prescribe el método de la epoché. El principal prejuicio científico-filosófico, aunque incoado ya en la propia actitud natural, que opera aquí se corresponde con lo que, en la época de las primera lecciones de Friburgo, Heidegger denomina la tesis del “primado de lo teórico” (Primat des Theoretischen)[22]. Una breve explicación de las diferencias que separan a Heidegger del modelo genético husserliano permitirá comprender mejor el alcance que el propio Heidegger concede a este punto clave de su crítica a Husserl.

III.2. El modelo genético de EU

En Erfahrung und Urteil Husserl elabora un modelo genético destinado a explicar el origen de la estructura sintético-diairética del enunciado predicativo, a partir de las configuraciones (pre-)constituidas, en el modo de la síntesis pasiva, en el ámbito de la experiencia antepredicativa. Desde el punto de vista propio del enfoque genético, el origen de la estructura bimembre del enunciado predicativo de la forma S-P debe ser explicada en términos de una secuencia precisa, a saber: primero, tiene que estar ya dado (vorgegeben) un objeto que luego puede ser tomado como “sujeto-tema” (Worüber) del cual se declara un predicado. Este simple esquema provee ya el “modelo prototípico” (Urmodell) a partir del cual debe orientarse el análisis que busca reconducir el juicio predicativo a su origen en la experiencia antepredicativa[23]. Sobre esta base, Husserl lleva a cabo, pues, una doble tarea: primero, identifica y describe la correspondiente pre-estructura pasivamente constituida[24]; y luego intenta mostrar cómo puede surgir a partir de ella la estructura categorial S-P, a través de un cierto acto de la espontaneidad intelectiva, consistente en una suerte de reejecución activa de lo previamente constituido de modo puramente pasivo[25].

Como se sabe, el punto de partida del análisis lo encuentra Husserl en el peculiar tipo de síntesis pasiva que denomina la “explicitación” (Explikation) o bien la “consideración explicitante” (explizierende Betrachtung) del objeto dado previamente, “de un golpe” (mit einem Schlage), en la “captación simple” o “aprehensión simple” (schlichte Erfassung). Se trata, más precisamente, de un proceso de progresivo relevamiento de “momentos” presentes en el objeto (p. ej. cualidades), siguiendo la línea del horizonte interno de dicho objeto. No puedo entrar aquí en el detalle del notable análisis que hace Husserl del modo en que, sobre la base de tal despliegue explicitante, se obtiene luego la estructura S-P, vale decir, el esquema “objeto-propiedad”, que es la matriz básica de toda predicación no relacional, por medio de la reejecución activa de lo previamente constituido de modo pasivo[26]. Sin embargo, para entender el punto central de la crítica de Heidegger tal detalle no resulta necesario, sino que basta con atender al modo preciso en que Husserl fija lo que sería el terminus a quo del análisis genético, pues es allí donde se juega la decisión por un determinado modo de entender la estructura de la experiencia antepredicativa.

En este punto, la crítica de Heidegger posee suficiente nitidez y puede formularse en los siguientes términos: el contexto peculiar de experiencia que el análisis genético husserliano escoge como punto de partida parece, por así decir, “cortado a la medida”, con vistas a la obtención del resultado preciso que se busca obtener. Sin embargo, el análisis desarrollado sobre esa base no permite hacer justicia al carácter de la propia experiencia antepredicativa, tal como esta se da en el acceso inmediato y prerreflexivo al “mundo”, que poco y nada tiene que ver con la drástica modificación a la que se suele proceder en una lección sobre fenomenología de la percepción, en el estilo husserliano. Pero, además, y por la misma razón, el análisis genético elaborado por Husserl tampoco permite dar cuenta adecuadamente del modo en que se origina la predicación a partir de la experiencia antepredicativa, en el plano correspondiente a la experiencia mundana ordinaria, vale decir, en el modo de acceso al mundo propio de la actitud natural. Desde el punto de vista de la crítica de Heideigger, las preguntas que deben dirigirse a la concepción husserliana son, por tanto, bastante elementales: ¿es cierto que la predicación surge, si no exclusiva, al menos, primariamente del modo descripto Husserl? ¿No hay acaso contextos de experiencia mucho menos excepcionales, de carácter completamente diferente, en los cuales el enunciado brota de un modo que no presupone el peculiar tipo de acceso perceptivo, de carácter puramente tematizante, a partir del cual se orienta el análisis husserliano? Si el análisis genético propuesto por Husserl es correcto, ¿hay que suponer entonces que todo enunciado de la forma S-P debe considerarse como un enunciado de carácter puramente descriptivo, al modo de los enunciados empleados como ejemplos en los manuales de lógica? ¿O bien, dado que el enunciado predicativo, tal como acontece en el habla cotidiana, brota a partir de modos de trato con el ente que no tienen la forma del acceso tematizante, habrá que ver los enunciados puramente descriptivos a partir de los cuales se orienta habitualmente la lógica, por el contrario, como casos completamente excepcionales de predicación, si es que verdaderamente los hay? Y, si así fuera, ¿lo que habría que explicar no sería, más bien, la inveterada tendencia de la lógica y la ontología tradicional a orientarse justamente a partir de lo que no puede verse sino como un fenómeno reductivo, de carácter puramente marginal, haciendo caso poco menos que omiso de todas las otras formas de enunciación y verbalización, tan numerosas y diversas entre sí como son?

Pues bien, según el diagnóstico heideggeriano, tampoco Husserl logró escapar a la orientación unilateral a partir del enunciado predicativo que lastra desde sus mismos comienzos a la ontología y la lógica tradicional. En efecto, Husserl identifica expresamente “ontología formal” y “apofántica formal”[27]. Y con ello refrenda la asunción básica de la ontología tradicional, consistente en tomar el lógos y, más específicamente, el lógos apophantikós como el único hilo conductor de la interpretación ontológica, sin haberla puesto previamente en cuestión en sus pretensiones de validez. Por lo mismo, no puede extrañar que Husserl incurra en el mismo doble estrechamiento de la problemática de las categorías de ente intramundano que caracteriza a toda la ontología tradicional: la problemática de las categorías del ente intramundano queda indebidamente restringida, en primer lugar, al ámbito de la experiencia predicativamente articulada, y, en segundo lugar, esta última queda, a su vez, reductivamente (re)interpretada a través de la focalización en una forma residual de la predicación, bajo la presión de un conjunto de prejuicios cognitivistas y logicistas. Se ve, pues, hasta qué punto la problemática de las categorías del ente intramundano debe ser incorporada, junto a la referida a las determinaciones ontológicas del Dasein –los “existenciarios”, en el lenguaje de SZ–, como parte central del diagnóstico heideggeriano referido al drástico estrechamiento de la idea del ser en la ontología tradicional. A pesar del decisivo impulso renovador que imprimió a la problemática filosófica, tampoco la fenomenología husserliana logró liberarse, en este punto, de los prejuicios procedentes de la tradición ontológica. No podría haber prueba más concluyente, a juicio de Heidegger, del profundo enraizamiento de dichos prejuicios, cuyos orígenes últimos se remontan, más allá de la filosofía misma y su historia, incluso hasta la propia actitud natural.

III.3. La reconsideración de la experiencia antepredicativa

Sobre la base de lo explicado, puede decirse que lo que está en juego en la discusión de Heidegger con la concepción husserliana no es otra cosa, en definitiva, que la cuestión relativa al modo fenomenológicamente adecuado de considerar la experiencia antepredicativa como tal. Se trata de una cuestión metódicamente fundamental, justamente en la medida en que concierne de modo directo a la adecuada determinación del terminus a quo para una posible explicación del origen del enunciado predicativo como modo derivativo y fundado de la interpretación. Atado a los prejuicios de la ontología tradicional, que se orienta a partir de la estructura del lógos apophantikós, considerado él mismo como algo dado “ante los ojos” (vorhanden), Husserl hace básicamente lo mismo que ya había hecho la teoría tradicional de las categorías desde Aristóteles en adelante, a saber: retroproyectar la estructura del enunciado de la forma S-P hacia el ámbito de los “objetos”, que no es otro que el de los entes intramundanos, considerados como dados meramente “ante los ojos”. Dicho en términos del modelo metódico que Heidegger elabora en conexión con la concepción de la comprensión presentada en SZ, lo que está en juego aquí es, pues, nada más y nada menos que el modo particular de “tenencia previa” (Vorhabe) del ente intramundano, a partir del cual debe orientarse el análisis ontológico que busca establecer el repertorio de determinaciones categoriales que permitan dar cuenta de su constitución ontológica, haciendo justicia a la diversidad de sus posibles modos de presentación[28].

Desde la perspectiva que abre la referencia al problema de la “tenencia previa”, el contraste con la posición husserliana puede caracterizarse, aproximadamente, en los siguientes términos. Tradicionalmente, en la estructura nuclear del enunciado predicativo se distingue funcionalmente entre el término sujeto, considerado como “aquello de (sobre) lo cual” (Worüber) se predica, es decir, al mismo tiempo, también como el “tema” de la predicación, por un lado, y el término predicado, que corresponde a aquello que se declara en cada caso del sujeto, por el otro. Puesto a explicar el origen del enunciado de la forma S-P, Husserl da por supuesto que el análisis genético debe partir de algo dado, ya en el nivel de la propia síntesis pasiva, en una modalidad análoga de presentación a la que es propia del “sujeto-tema” (Worüber), tal como este queda configurado en la predicación misma. Vale decir: el “sujeto-tema” constituido activamente en la síntesis predicativa, en el nivel de los actos correspondientes a la espontaneidad intelectiva, debe estar prefigurado ya, también en su carácter de tema, en el nivel correspondiente a la receptividad sensible, por una suerte de “proto-tema”, pasivamente constitutido. El hilo de continuidad viene dado aquí, por tanto, por el rasgo de la tematicidad, que debería estar presente tanto en el nivel predicativo como también, de un modo análogo, en el antepredicativo. Al proceder de este modo, Husserl omite preguntarse si el peculiar modo de “tenencia previa” del ente intramundano escogido como punto de partida del análisis genético puede considerarse él mismo como básico y fundante en el nivel correspondiente a la propia experiencia antepredicativa. Pero no es en modo alguno obvio que el carácter de tematicidad deba considerarse, desde el punto de vista fenomenológico, como básico o fundante en dicho nivel de experiencia. Por el contrario, muy bien puede tratarse, como asume expresamente el propio Heidegger, de un rasgo que, además de presentar diversas variaciones de forma y grado, solo adviene al ente intramundano derivativamente, sobre la base de una modificación de la modalidad básica y fundante de su “tenencia previa”. Por lo mismo, el punto de partida en el modo de “tenencia previa” correspondiente al “proto-tema” de la “consideración explicitante” bloquea de antemano la posibilidad de explorar otros fenómenos de derivación, que permitirían hacer justicia en mucho mayor grado al modo en que se origina habitualmente la predicación, en el contexto del trato cotidiano con el ente intramundano, y que, al mismo tiempo, abrirían el espacio necesario para dar cuenta también de la génesis de aquellas otras formas del lógos que no poseen un carácter meramente apofántico o declarativo.

En su propio modelo de derivación, tal como lo refleja la secuencia establecida en los §§ 31-33 de SZ, Heidegger parte de un modo completamente diferente de “tenencia previa” del ente intramundano, sin abandonar por ello la concepción tradicional de la predicación, al menos, en la medida en que el enunciado predicativo de la forma S-P sigue proporcionando el terminus ad quem del análisis genético[29]. A juicio de Heidegger, lo que se debe explicar es, ante todo, cómo surge el “acerca de lo cual” (Worüber) de la determinación predicativa a partir del “con lo cual” (Womit) de la ocupación (Zu-tun-haben) con el ente intramundano, en el marco del trato práctico operativo. Que sea este y no otro el modo de “tenencia previa” a partir del cual debe orientarse el análisis fenomenológico que pretende dar cuenta del origen del enunciado es una tesis que, en el caso de Heidegger, responde a todo un conjunto de razones, entre las cuales las decisivas son, a mi juicio, de tipo metódico. Dicho de modo simplificado: Heidegger asume que hay un camino que, partiendo del “con lo cual” permite llegar, de modo fenomenológicamente acreditable, al “acerca de lo cual” en sus diversas posibles formas, que incluyen, entre otras, tanto la que corresponde al “proto-tema” de la “consideración explicitante”, como también la que corresponde al “tema” de la determinación predicativa, en su modalidad puramente apofántica o declarativa. Del primer tipo de transición da cuenta el análisis del origen de lo meramente “ante los ojos” a partir de lo “a la mano” (zuhanden)[30], mientras que el segundo es discutido de modo específico en el análisis del origen del enunciado[31]. A juicio de Heidegger, no hay, en cambio, un camino que, inversamente, permita reobtener metódicamente el “con lo cual” del trato-práctico operativo, a partir de ningún modo de concreción del mero “acerca de lo cual” de la enunciación predicativa, fundada en el mero “dirigir la mirada”. Es importante enfatizar, sin embargo, que las arriba mencionadas son tan solo dos posibles formas del “acerca de lo cual”, ya que se trata aquí de un modo de “tenencia previa” del ente intramundano que admite diversas formas de inserción contextual y diversos grados de tematicidad.

Ahora bien, el esquema de derivación que presenta en los §§ 31-33 de SZ (= esquema 1) puede dar, a primera vista, la impresión de que Heidegger opera solo con tres niveles de derivación, dentro de un modelo explicativo de carácter lineal y unidireccional:

1. “comprender”:

“algo para… (zu)”

2. “interpretación”:

“algo como (als) algo (para…)”

3. “enunciado”:

“algo como (als) algo”

Sin embargo, la posición de conjunto elaborada por Heidegger respecto del enunciado y su verdad combina dos tesis diferentes: por un lado, la tesis del carácter derivativo de la verdad proposicional, en la medida en que se funda en la verdad antepredicativa de propia de la “interpretación” y el “comprender”; por otro lado, la tesis del carácter derivativo de las modalidades puramente teórico-constatativas del “comprender”, la “interpretación” y la enunciación, en la medida en que se fundan en correspondientes modalidades básicas de carácter práctico-operativo. El esquema 1 no permite expresar adecuadamente la articulación de ambas tesis, sino que las superpone de un modo que resulta poco claro. Al complejo modelo de derivación que tiene en vista Heidegger podría corresponder mejor, por tanto, el siguiente esquema (= esquema 2):

contexto práctico-operativo

contexto teórico-constatativo

1. “comprender”:

a) “algo para…”

d) “algo (para…)”

2. “interpretación”:

b) “algo como algo para…”

e) “algo como algo (para…)”

3. “enunciado”:

c) “algo como algo para…”

f) “algo como algo”.

El argumento de Heidegger en SZ, desarrollado fundamentalmente sobre la base del esquema 1, sugiere una secuencia a) → b) → f), donde no aparece el lugar sistemático para enunciados que articulen expresamente el “comprender” y la “interpretación” correspondientes al trato práctico-operativo con el ente “a la mano” como tal. A este grupo pertenecen no solo enunciados declarativos (en indicativo), empleados inmediatamente para orientar la operación práctica (p. ej. “este martillo es muy pesado”, expresado en medio de la acción de martillar), sino también enunciados no declarativos que desempeñan una importante función expresiva, comunicativa y orientativa en contextos de carácter práctico-operativo (p. ej. imperativos: “dame el martillo”, etc.). Ahora bien, Heidegger no solo tiene en cuenta la existencia de estos enunciados, sino que, además, les reconoce explícitamente una posición sistemática intermedia, que está más próxima al contexto básico de experiencia, provisto por el trato práctico-operativo con el ente “a la mano”, que la propia de los enunciados declarativos de tipo puramente teórico-constatativo[32]. A estos enunciados ligados inmediatamente al contexto del trato práctico-operativo con el ente “a la mano” corresponde el nivel c) en el esquema 2. En dicho esquema, la transición desde a) hasta f) no sigue necesariamente la línea a) → b) →… f), sino que puede darse también a través de d), vale decir: a) → d) → e) → f). La transición de a) a d) no es otra que la que va de la correlación “ver en torno” (Umsicht)/ente “a la mano” (zuhanden) a la correlación “dirigir la mirada” (Hinsicht)/ente “ante los ojos” (vorhanden)[33]. El hecho de que la referencia al “para” aparezca ahora, en el caso del contexto teórico-constatativo, colocada entre paréntesis tiene por finalidad recalcar que un rasgo estructural propio de dicho contexto de descubrimiento del ente intramundano viene dado, como se verá más abajo, por una nivelación de la estructura del “para”, tal como esta es constitutiva de la significatividad en su forma más rica y originaria. Dicha nivelación es creciente, en el camino que lleva de d) a f), donde la referencia al “para” finalmente ha desaparecido. Teniendo a la vista a este modelo de derivación más complejo se comprende mejor por qué Heidegger considera el enunciado declarativo puramente descriptivo a partir del cual se orienta tradicionalmente la lógica como una suerte de fenómeno residual, resultante de desligar definitivamente el enunciado concreto de su contexto pragmático originario[34].

Todo esto permite entender un poco mejor, me parece, también las razones por las cuales la crítica de Heidegger sitúa la concepción husserliana entre aquellas concepciones de corte tendencialmente “intuicionista”, que intentan partir de una suerte de experiencia “simple”, supuestamente privada de la articulación comprensivo interpretativa del “como” (als). Para Heidegger, tal tipo de experiencia, en caso de que efectivamente la hubiera, solo podría comprenderse como un resultado de carácter poco menos que artificial, obtenido reductivamente, por vía de abstracción, a partir del modo primario de “tenencia previa” del ente intramundano en el trato práctico-operativo, el cual trae siempre ya consigo su modo específico de articulación comprensivo interpretativa. Un importante pasaje de la lección sobre lógica de 1926-1926 formula el punto con la mayor nitidez posible:

El mero “tomar” (das schlichte Nehmen) <algo>, <la mera> “tenencia de algo” (Haben von etwas), en el trato <con ello> (im Zu-tun-haben), en el modo del “como algo” (“als etwas”) es tan originario, que un aprehender (Erfassen) que se tuviera que denominar un <aprehender> privado del “como” (ein als-freies), supuesto que fuere, en general posible, requeriría primero (erst) una modificación específica. Tal “aprehender” privado del “como”, por ejemplo, el de una mera sensación solo resulta comprensible de modo reductivo (reduktiv), a partir del experimentar provisto del “como” (als-haftes Erfahren), y está tan lejos de ser algo elemental, que tal modalidad de experiencia debe ser designada como una <experiencia> que ha sido preparada de modo artificial (als eine künstlich präparierte), y lo que es más importante, <ella> solo resulta posible en sí misma como privación de la <experiencia> provista del “como” (als Privation des Als-haften): en el apartar la mirada de él y solo así (im Absehen davon und nur darin). Con lo cual se ha concedido <ya> que el experimentar provisto del “como” (das als-hafte Erfahren), del cual hay que apartar primero la mirada en cada caso, es el primario (GA 21, p. 145).

Con su referencia al caso de la mera “aprehensión” de algo sensiblemente dado Heidegger alude aquí, sin duda alguna, también a Husserl, en quien ve culminar, de algún modo, el modelo clásico orientado a partir del puro “dirigir la mirada”, que remonta en su origen hasta Platón y Aristóteles. Si bien Husserl no parte de una experiencia completamente simple, en el sentido de despojada de toda virtualidad de articulación y reconfiguración, no menos cierto es, a juicio de Heidegger, que, con su punto de partida en la mera “percepción de objetos”, permanece todavía atado, en su orientación básica, a dicho modelo. Como se vio, Husserl parte del proceso de “consideración explicitante” que sigue la línea del horizonte interno del “objeto”. En opinión de Heidegger, ello implica que el análisis husserliano llega ya demasiado tarde, por la sencilla razón de que parte del “objeto” ya individualizado y dado como una mera “cosa”, prácticamente desligada del plexo referencial del mundo. Heidegger, en cambio, cree necesario dar cuenta primero de la individualización del “objeto”, como tal: no hay, en principio, “objetos individuales” dados en estado de aislamiento, pues, como enfatiza el análisis del mundo y el ente intramundano en los §§ 14-18 de SZ, no hay, en principio, algo así como un útil, aislado del conjunto de los otros útiles y del plexo total de la significatividad: “tomado en sentido estricto, no hay nunca un útil (ein Zeug)” [35]. Formulado en terminología husserliana, habría que decir que el análisis heideggeriano del origen del enunciado sigue el camino diferente y, en todo caso, mucho más largo, que solo llega al “objeto” mismo a través de un previo rodeo, vale decir: se interna por la línea del horizonte interno del “objeto” solo en un segundo momento, ya que previamente viene al “objeto”, por así decir, desde fuera, esto es, desde el plexo total de referencialidad constitutivo del mundo (Verweisungszusammenhang)[36]. Aquí se advierte claramente el carácter mucho más marcadamente holístico y contextualista que distingue a la concepción elaborada por Heidegger.

Una cuestión ulterior, que me limito tan solo a mencionar, es la de si Heidegger admitiría o no que, en el plano de la experiencia antepredicativa, puede haber realmente algo así como un acceso libre de todo tipo de articulación comprensiva, es decir, no solo completamente libre del “como” (als) de la “interpretación” (Auslegung), el así llamado “como hermenéutico” (hermeneutisches Als), sino también del “para” (zu) del “comprender”, del cual el “como hermenéutico” no es más que la elaboración explicitante. Si se considera el conjunto de los elementos que Heidegger pone en juego en la elaboración de la concepción de la comprensión presentada en SZ, la única respuesta que parece posible aquí es la negativa. Naturalmente, la pregunta que surge de modo inmediato es la de cómo se aplica esta tesis de conjunto al caso de la “mera” percepción, vale decir, incluso a aquellas variantes de la percepción que pudieran considerarse puramente residuales o artificiales, como la “percepción de laboratorio” a partir de la cual se orientan los análisis husserlianos. Una discusión más específica del punto desbordaría ampliamente el marco del presente tratamiento[37]. Con todo, más abajo daré alguna explicación adicional, destinada a clarificar un poco más ciertos aspectos del problema.

IV. Categorías del ente intramundano y experiencia antepredicativa en SZ

IV.1. El modelo de constitución del sentido de SZ

Como nadie ignora, el modelo de constitución del sentido que Heidegger presenta en SZ es altamente complejo y elaborado, ya que unifica, de modo original y a veces sorprendente, un conjunto de tesis diversas, que, a primera vista, no parecerían fáciles de congeniar. Desde el punto de vista que aquí interesa, hay que mencionar cuatro tesis fundamentales, a saber:

-i) no hay acceso al ente intramundano que no se apoye en determinadas prestaciones comprensivo-interpretativas, por elementales o rudimentarias que estas puedan ser en determinados casos, ya que en toda forma de acceso impera, de uno u otro modo, la estructura del “para”, abierta sobre la base de la relación existencial que el Dasein tiene con sus propias posibilidades de ser y fundada, en último término, en la estructura autorreferencial del “por mor de qué” (Worumwillen);

-ii) el “mundo”, como plexo total de las referencias significativas, es un existenciario, que coopera en la apertura de todo posible sentido, vale decir: no hay algo así como una experiencia de sentido, por elemental y rudimentaria que pudiera ser, que fuera, como tal, extramundana, al menos, no hay ninguna experiencia o apropiación comprensiva del ente, que fuera, sin más, extramundana o transmundana;

-iii) en toda experiencia del ente intramundano hay, por lo mismo, momentos constitutivos del sentido que trascienden al ente mismo o, dicho de modo más preciso, que se originan en el trascendente “ir más allá” del ente intramundano, en dirección del mundo y el ser, por parte del Dasein;

-iv) nada de ello impide, sin embargo, que el ente intramundano y su ser mantengan su estatuto esencialmente categorial, y no existenciario, pues ni el ente intramundano ni su ser pueden ser reducidos, sin más, al (ser del) Dasein, aunque el mundo, como plexo total de las remisiones significativas que provee la condición de posibilidad para la venida a la presencia (apertura a la comprensión) del ente intramundano, deba ser visto él mismo como un existenciario.

En el tratamiento del fenómeno del mundo en los §§ 14-18 de SZ, Heidegger explicita los diversos aspectos a tener en cuenta, cuando se trata de hacer justicia a la constitución del sentido, en su integralidad. En los §§ 15-17, el análisis parte del ente intramunano, para desembocar posteriormente en la caracterización de su ser, en tanto ente “a la mano”, en términos de “conformidad” (Bewandtnis), tal como se la lleva a cabo en el marco de la elucidación de la “significatividad” (Bedeutsamkeit), como estructura ontológica de la “mundanidad” (Weltlichkeit) del mundo, en el § 18[38]. Es significativo el hecho de que al cabo del análisis, en el § 18, Heidegger retome expresamente las observaciones preliminares realizadas en el § 14, con el fin, evidentemente, de refirmar la plausibilidad de la peculiar concepción propuesta, la cual queda avalada ahora por su ejecución concreta en los parágrafos precedentes. Así, Heidegger enfatiza nuevamente la necesidad de mantener claramente separados los diferentes aspectos estructurales a tener en cuenta en la elucidación fenomenológica de la problemática ontológica del mundo, a saber:

-i) el ser propio del ente intramundano, tal como este se ofrece de modo inmediato en y con el trato práctico-operativo, es decir, el “ser a la mano” (Zuhandenheit);

-ii) el ser propio del ente intramundano, tal como este se presenta, de modo derivativo, en el acceso puramente teórico-constatativo, es decir, el “ser ante los ojos” (Vorhandenheit); y por último,

-iii) el ser propio de la condición óntica de posibilidad del “estado de descubierto” (Entdecktheit) del ente intramundano, en general, esto es, la “mundanidad del mundo” (Weltlichkeit von Welt)[39].

Solo el aspecto iii), explica Heidegger, corresponde a una determinación existenciaria, es decir, relativa al ser del Dasein. Los aspectos i) y ii) constituyen, en cambio, determinaciones categoriales y, como tales, concernientes al ente que no tiene el modo de ser del Dasein. Con todo, sigue en pie la asunción fenomenológica fundamental, según la cual el acceso a tales determinaciones categoriales, y las diversas concreciones ónticas que se fundan en ellas, está siempre correlacionado con un peculiar modo de comportamiento del Dasein, el cual se funda, a su vez, en una determinada posibilidad de ser del Dasein mismo: este debe empuñarse ejecutivamente a sí mismo de cierta manera para dejar en libertad al ente intramundano a fin de que este pueda presentarse en la correspondiente modalidad de presentación. Esto no vale solo para el modo de presentación correspondiente al ente “a la mano”, sino también, análogamente, para el modo de presentación correspondiente al ente “ante los ojos”. Si este último modo de presentación debe verse, sin embargo, como derivativo y fundado, ello se explica, justamente, en la medida en que la propia posibilidad de su “puesta en libertad” (Freigabe), como ente que es meramente “ante los ojos”, remite a un modo específico de comportamiento del Dasein, en tanto ente ontológicamente caracterizado como “ser en el mundo” (In-der-Welt-Sein), que aparece él mismo como fundado, esto es, el comportamiento de carácter meramente teórico-constatativo.

Según esto, incluso las propiedades que se supone serían meramente descriptivas, tal como son descubiertas por el mero “dirigir la mirada” (Hinsehen), mostrarían un cierto aspecto o reverso de significación operacional, que remite, como tal, al ser del Dasein. Así, por ejemplo, el color, por caso, el rojo, es una propiedad que comporta una cierta remisión al acto de ver como posibilidad del Dasein: cuando, en el contexto de un acceso de tipo puramente teórico-constatativo, alguien pronuncia el enunciado “la rosa (v. gr. de la maceta del balcón) es roja”, el que habla está predicando algo de la rosa y, a la vez, está dando a entender también un posible modo de comportamiento respecto de la rosa, a través del cual esta pudiera venir a la presencia, tal como[40] la mienta el enunciado. Dicho modo de comportamiento no es otro que aquel mismo del cual brota originariamente, en dicho contexto, el enunciado, a saber: el puro “dirigir la mirada”, en este caso concreto, a la rosa. Podría argüirse, sobre esta base, que en todos los enunciados que expresan juicios perceptivos está presente, de un modo, en principio, tácito, como si no entrara a formar parte del sentido expresamente articulado, este reverso operacional de significación, que es precisamente lo que permitiría entender a tales enunciados como enunciados acreditables a través de la percepción y no de otro modo. Paralelamente, en enunciados que dan expresión a otros tipos de juicio, debería estar presente también, de modo análogo, el mismo tipo de reverso operacional, que remite, en cada caso, al correspondiente contexto de acreditación, pues, en general, valdría el principio de que un enunciado con sentido es siempre también un enunciado respecto del cual sabemos cómo resultaría posible, al menos, en principio, acreditarlo. No en vano se ha creído poder detectar en la concepción de Heidegger relativa al sentido y la verdad del enunciado una cierta radicalización de los motivos pragmáticos y verificacionistas presentes ya en la concepción husserliana, orientada a partir del fenómeno del “cumplimiento significativo” (Erfüllung)[41].

Como quiera que sea, en lo que concierne al tratamiento heideggeriano de la percepción, lo que interesa destacar aquí es, ante todo, el aspecto referido a sus presupuestos comprensivo-interpretativos específicos. Y, en este punto, parece claro que, dadas las premisas fundamentales de su concepción, Heidegger debe asumir, sin más, que también el mero “dirigir la mirada” a lo que se presenta como “ante los ojos”, como todo otro comportamiento respecto del ente intramundano por parte del Dasein, solo resulta posible, como tal, sobre la base de una cierta comprensión del ser del ente, precisamente, como “ser ante los ojos”. La posición así fijada nada tiene que ver con una tesis dogmática referida al primado de la comprensión y la interpretación sobre la percepción, al modo en que suelen defenderla concepciones hermenéuticas actuales. Por el contrario, debe verse, más bien, como un corolario de la asunción fenomenológica de base según la cual todo modo de presentación del ente intramundano, todo posible modo de su “estado de descubierto” (Entdecktheit), está estructuralmente correlacionado con un determinado modo de acceso, vale decir, con un determinado modo del “ser descubridor” (Entdeckend-sein) del Dasein, el cual, como comportamiento del Dasein, posee necesariamente un carácter comprensivo-interpretativo, en la misma medida en que se funda en una posibilidad de ser del propio Dasein[42].

IV.2. Categorías del ente intramundano

Hay que considerar ahora al aspecto más específico referido a las categorías del ente intramundano, aunque se trata también, lamentablemente, del que Heidegger trata con menor extensión. Hay, de hecho, bastante poco material disponible para reconstruir el modo en el cual Heidegger cree posible elaborar un repertorio específico de categorías del ente intramundano que permita dar cuenta de los diferentes modos de comparecencia de este, ya en el ámbito de la experiencia antepredicativa. Obviamente, dadas las premisas del modelo de la constitución del sentido elaborado en SZ, hay que tener en cuenta aquí, al menos, dos series o grupos diferentes de categorías, que corresponden a cada uno de los dos modos básicos de presentación del ente intramundano, a saber: como “a la mano” y como “a ante los ojos”, respectivamente[43]. Pero, además, dado el esquema de derivación que establece el modelo genético heideggeriano, hay que mostrar también en concreto de qué modo el repertorio de categorías que corresponde al segundo modo de presentación puede ser genéticamente derivado del que corresponde al primero. Pues bien, Heidegger ofrece tan solo un tratamiento muy fragmentario de estos aspectos, lo cual se explica ya por el hecho, expresamente declarado, del carácter meramente preparatorio de la analítica elaborada en SZ. Ella no contiene, ni de lejos, la totalidad de lo que debería contener un modelo ontológico de aspiración integral, que abarcara las diferentes ontologías regionales y presentara el repertorio de las categorías más relevantes para cada una de ellas, mostrando, además, las correspondientes relaciones de dependencia, etc. La elaboración de un modelo de ese tipo, en caso de ser efectivamente posible, constituiría naturalmente un programa vastísimo, cuya idea en SZ apenas se esboza, pero sin intención alguna de llevarla efectivamente a cabo en la obra. Lo que hay en SZ, en particular, en los análisis del ente intramundano y el mundo contenidos en los §§ 14-18, es apenas una muestra inicial de cómo se debería proceder en la elaboración del repertorio categorial destinado a dar cuenta de las diferentes modalidades de presentación del ente intramundano. Al material disponible en SZ se añaden, además, elementos complementarios contenidos en la parte final de Grundprobleme der Phänomenologie. Como se sabe, en dicha lección Heidegger intenta elaborar una primera versión de (parte de) la temática reservada para la Tercera Sección de la Primera Parte de SZ, titulada Zeit und Sein, la cual, finalmente, nunca fue publicada. Allí, en el marco de la elaboración de la interpretación de las estructuras fundamentales del ser, a partir de la temporalidad extática, Heidegger vuelve sobre el modo básico de comparecencia del ente intramundano, como “a la mano”, interpretado ahora en términos temporales, y dice algunas cosas adicionales, significativas, aunque muy escuetas, sobre las correspondientes determinaciones categoriales[44]. La escasez del material disponible no impide, sin embargo, hacerse una cierta idea de conjunto, relativamente precisa, del tipo de modelo explicativo que Heidegger tiene en vista. En lo que sigue, expongo sintéticamente los puntos que me parecen más relevantes.

-i) En SZ Heidegger opera, como se sabe, con la oposición básica entre lo que es “ante los ojos” (vorhanden) y lo que es “a la mano” (zuhanden), y procede como si el “ser” correspondiente a cada uno de estos modos de presentación del ente intramundano fuera, respectivamente, el “ser ante los ojos” (Vorhandenheit) y el “ser a la mano” (Zuhandenheit). Sin embargo, cuando lleva a cabo, de modo más específico, el análisis del ente intramundano como “a la mano”, en los §§ 14-18, Heidegger termina concluyendo que el “ser” de dicho (modo de presentación del) ente intramundano debe ser caracterizado en términos de “conformidad” (Bewandtnis)[45]. Hay aquí, al menos a primera vista, una cierta tensión entre ambas caracterizaciones del “ser” de lo “a la mano”. Y algo análogo puede decirse en el caso de lo “ante los ojos”, pues su “ser” es determinado, en general, como el “ser ante los ojos”, pero hay también casos donde se habla, en cambio, del “ser cosa” o la “cosidad” (Dinglichkeit), aunque sin fijar de modo nítido la noción como un término técnico. Así ocurre, en particular, en el marco de la concepción cartesiana del mundo como res extensa[46].

En el tratamiento de Grundprobleme der Phaänomenologie el asunto se aborda de otro modo, pues Heidegger opera allí con la distinción entre el “(ser-)cómo” (Wie-sein) y el “(ser-)qué” (Was-sein). Con arreglo a esta distinción, habría que decir, de modo más preciso, lo siguiente: “ser a la mano” (Zuhandenheit) y “ser ante los ojos” (Vorhandenheit) constituyen las dos formas del “(ser-) cómo” del ente intramundano, a las que corresponden, respectivamente, dos formas de su “(ser-)qué”, que son la “conformidad” y el “ser cosa” o la “cosidad” (Dinglichkeit), respectivamente[47]. Ambos, tanto el “(ser-)cómo” como el “(ser-)qué”, remiten en su origen a la estructura básica del “para” (Um-zu), constitutiva de la significatividad[48]. Todo indica que en Grundprobleme der Phänomenologie la introducción de la distinción viene preparada también, en alguna medida, por la anterior discusión de las concepciones tradicionales del ser, la diferencia entre esencia y existencia, etc. Y habría que rastrear, además, si y de qué modo la distinción no está ya prefigurada en las lecciones anteriores a SZ, pues, de hecho, hay pasajes que señalan en la misma dirección, por ejemplo, en GA 56/57, aunque en estos textos tempranos mucho quede bastante indeterminado cuando se trata de asuntos de detalle. Pero, por otro lado, no menos cierto es que el recurso expreso a la distinción en Grundprobleme apunta, a la vez, a resolver algunas tensiones incómodas presentes en el tratamiento de SZ, como las ya señaladas.

En cualquier caso, de acuerdo con lo que se dice en Grundprobleme, la distinción entre “(ser-)cómo” y “(ser-)qué” se aplica, analógicamente, a los diversos modos de presentación del ente intramundano, y debería poder interpretarse ella misma, en términos que permitan correlacionarla con el modelo total de constitución del sentido elaborado en SZ, con su referencia a la estructura del “para”, constitutiva de la significatividad, ya la del “como” (als), que constituye la matriz articuladora de toda apropiación comprensivo-interpretativa. Tiendo a pensar, sin embargo, que una interpretación demasiado simple que hiciera corresponder, sin más, el “(ser-)cómo” y el “(ser-)qué” con lo que va del lado izquierdo y del derecho del “como” (als), respectivamente, no tendría buenas perspectivas de funcionar. La razón es bastante obvia: el “(ser-)cómo” no puede ser visto, desde el punto de vista funcional, como el aspecto concreto bajo el cual es enfocado el “(ser-)qué”, en el marco de la apropiación interpretativo-comprensiva, y que da origen al predicado en el acto de la determinación predicativa. Por el contrario, todo indica que el “(ser-)cómo” debe verse, más bien, como una referencia a la forma de presentación del “(ser-)qué”, en la correspondiente modalidad de “tenencia previa” del ente intramundano. Dicho de otro modo: la diferencia entre “(ser-)cómo” y “(ser-)qué” debe entenderse, desde el punto de vista funcional, como una referencia al hecho de que el ente intramundano no puede revelar su “qué”, como el tipo preciso de ente que es, sino a través de un determinado de ser previamente “tenido”: en y con el trato-práctico operativo, guiado por el “ver en torno” (Umsicht), el ente “a la mano”, “tenido” siempre ya comprensivamente en su “ser a la mano”, revela en cada caso su “conformidad”; en él y con el acceso teórico-constatativo, sobre la base del puro “dirigir la mirada” (Hinsicht), el ente “ante los ojos”, “tenido” siempre ya comprensivamente en su “ser ante los ojos”, revela, en cada caso, su “ser cosa” o “cosidad”. Como se verá más abajo, hay algún pasaje que parece confirmar expresamente la imposibilidad de una distribución funcional de la distinción entre “(ser-)cómo” y “(ser-)qué” de acuerdo con la cual el primero de ambos tuviera que ocupar el lugar derecho y el segundo el lugar izquierdo del “como” (als). Vale decir: el “(ser-)cómo” no provee aquí la determinación del contenido del “como” (als), a través del cual se despliega, en la apropiación comprensivo-interpretativa, el contenido de sentido del “(ser-)qué”, sino que refiere, más bien, al modo en el cual en cada caso es “tenido” siempre ya comprensivamente el “(ser-)qué”, antes incluso de todo posible ulterior despliegue, por vía de actos sobrevinientes de apropiación comprensivo-interpretativa, de su contenido de sentido[49]. Por lo mismo, el “(ser-)qué” aparece siempre ya “comprendido” de cierta manera, ya en el nivel elemental de acceso que corresponde a su mera “tenencia previa”. Y esto no es sino otro modo de decir que no hay algo así como un acceso al ente intramundano que estuviera libre de todo presupuesto comprensivo-interpretativo, una tesis que, como se vio, Heidegger extiende expresamente también al caso específico de la percepción.

-ii) Respecto del ente intramundano como dado meramente “ante los ojos”, el análisis de Heidegger apunta a mostrar que, tal como es descubierto en el puro “dirigir la mirada”, la matriz ontológica fundamental a tomar en cuenta no es otra que la provista por la estructura “objeto-propiedad”, que es la que luego comparece, de modo derivativo, en la articulación predicativa bajo la forma S-P. Esta última corresponde, como se sabe, al “como” apofántico, fundado en el “como” hermenéutico, y es la estructura a partir de la cual se ha orientado básicamente la ontología tradicional, que encuentra en el lógos (apophantikós), según el diagnóstico de Heidegger, el único hilo conductor para la interpretación del ente y su ser. Como es obvio, también en el caso del “como” apofántico se está en presencia de un tipo peculiar de articulación comprensivo interpretativa. Así lo muestra ya el simple hecho de que también aquí rige la estructura comprensivo interpretativa fundamental del “algo como algo” (etwas als etwas). Pero se trata de un modo peculiar de realización de dicha estructura, que se caracteriza, como tal, por traer consigo una cierta nivelación de la significatividad.

Como se vio ya, Heidegger tematiza con algún detenimiento el modo en el cual tal nivelación afecta aquello que queda a la izquierda del “como”, pues su análisis se concentra, sobre todo, en el problema relativo al cambio (Umschlag) en el correspondiente modo de “tenencia previa” del ente: del “con lo cual” (Womit) de la ocupación (Zu-tun-haben), en el marco del trato práctico-operativo, se pasa finalmente, a través de diversos caminos, al “acerca de lo cual” (Worüber) propio de la determinación predicativa. Sin embargo, y aunque Heidegger es mucho más escueto sobre este punto, la nivelación de la significatividad afecta aquí también, de un modo análogo, a lo que queda a la derecha del “como”. En efecto, para decirlo en los términos que emplea Heidegger en el análisis del § 33, junto con la “tenencia previa” también se ha modificado el “ver previo” (Vorsicht), es decir, el modo de “avistar” lo que se “tiene” comprensivamente, en cada caso, en la “tenencia previa”. Más concretamente, el paso del “con lo cual” al “acerca de lo cual” afecta decisivamente el modo de “avistar” en cada caso el ente intramundano, justamente en la medida en que lleva consigo también el paso del “ver en torno” (Umsicht) al mero “dirigir la mirada” (Hinsicht): el “ver” que ilumina el campo de la ocupación propia del trato práctico-operativo deja paso al “ver” aspectualmente restringido que enfoca, por así decir, el ente intramundano del caso, tendencialmente reducido al modo de comparecencia de lo dado meramente “ante los ojos”, apuntando a un determinado aspecto, por caso, el que se ha hecho notorio a través de un cierto impedimento del trato práctico-operativo (v. gr. el peso, excesivo, del martillo con el que se trabaja, de donde el enunciado: “el martillo es muy pesado”, o la excesiva dureza de la tiza con la que se quiere escribir en la pizarra, de donde el enunciado “la tiza es demasiado dura”[50]). Esta modificación del “ver previo” implica que el “ver” apunta ahora, al menos, tendencialmente, a aquello que hay de “ante los ojos” en lo que es (era) “a la mano”. El “ver” que descubre lo así presente “ante los ojos” no es ya el “ver en torno” (Umsicht) que ilumina inmediatamente el trato práctico-operativo, sino el “dirigir la mirada” (Hinsicht) del acceso teórico-constatativo, en toda la gama de modalidades que va desde la mirada que no deja definitivamente atrás el entorno inmediato de la ocupación hasta el puro “ver” tematizante, al modo de la percepción de laboratorio husserliana. Un rasgo característico básico del nuevo modo de descubrimiento del ente posibilitado por esta forma del “ver” viene dado por el hecho de que la presentación del ente como dado meramente “ante los ojos” comporta necesariamente, como su reverso estructural, un encubrimiento de lo “a la mano”, en cuanto tal: descubrimiento temático de lo “ante los ojos”, en su “ser (meramente) ante los ojos”, y encubrimiento de lo “a la mano”, en su “ser a la mano”, constituyen, pues, las dos caras de una misma moneda. Pero, por otro lado, tal encubrimiento del “ser a la mano” de lo “a la mano” constituye él mismo una condición de posibilidad de la determinación (predicativamente articulada) del ente que hace frente como meramente “ante los ojos”, en la modalidad concreta de su “ser ante los ojos”[51]. Como explica Heidegger, es únicamente sobre esta base como queda abierto el acceso a algo así como las “propiedades” (Eigenschaften) de una “cosa” (Ding), unas propiedades que, obtenidas ellas mismas a partir de lo dado “ante los ojos”, proveen, a su vez, el “qué” (was) para la determinación predicativa de la “cosa” dada de ese modo[52]. La formulación del punto ofrecida aquí por Heidegger caracteriza la función determinante del predicado por referencia a un “qué”, y no a un “cómo”. Con ello, parece confirmar también mi anterior sugerencia, según la cual la distinción entre “(ser-)cómo” y “(ser-) qué” de Grundprobleme der Phänomenologie no debería tomarse como una referencia a la diferencia funcional de lo que ocupa, en cada caso, el lado derecho y el lado izquierdo del “como” (als).

-iii) Se hace necesario ahora precisar cómo identifica Heidegger aquello que sería, por así decir, el fundamento antepredicativo de las “propiedades”, en el sentido cósico de la expresión, que es el que domina en la ontología tradicional. Obviamente, si las “propiedades” constituyen determinaciones categoriales correlacionadas estructuralmente con un modo de comparecencia derivativo del ente intramundano, como dado meramente “ante los ojos”, y si ese modo de comparecencia derivativo remite genéticamente a otro modo más básico, el de lo “a la mano”, entonces también las “propiedades” deben tener, por así decir, su lugar de último origen en el ámbito de lo “a la mano”. Y, efectivamente, para dar cuenta de este aspecto, Heidegger introduce, al menos, en una ocasión una determinación categorial específicamente destinada a designar el modo en el cual están presentes las “determinaciones” del ente intramundano, allí donde este se presenta todavía como “a la mano”, y no como meramente “ante los ojos”: Heidegger habla en este caso de “apropiaciones” (Geeignetheiten) e “inapropiaciones” (Ungeeignetheiten), en el sentido de aquellos caracteres que hacen que algo se muestre “apropiado” o “inapropiado”, se entiende, “para” algo, y no, por tanto, en el sentido habitual de la noción de propiedad en la ontología de “cosas”, que remite a los caracteres descriptivos que algo posee, sin hacer referencia a un determinado contexto remisional de significatividad. El pasaje relevante de SZ, que no ha recibido la atención que merece desde el punto de vista sistemático, reza como sigue:

El “para qué” (Wozu) de una “servicialidad” (Dienlichkeit) y el “para qué (cosa)” (Wofür) de una “empleabilidad” (Verwendbarkeit) prefiguran, en cada caso, la posible concreción de la remisión (Verweisung). El “señalar” de la señal, el “martillar” del martillo no son, sin embargo, las propiedades (Eigenschaften) del ente. No son, en absoluto, propiedades, ya que ese título ha de designar la estructura ontológica de una posible determinación (Bestimmtheit) de cosas (Dingen). Lo “a la mano” (Zuhandenes) tiene, en todo caso, apropiaciones (Geeignetheiten) e inapropiaciones (Ungeeignetheiten), y sus “propiedades” (“Eigenschaften”) están aún vinculadas (gebunden) en ellas, como <lo está también> en el “ser a la mano” (in der Zuhandenheit) el “ser ante los ojos” (Vorhandenheit), en tanto posible modo de ser (mögliche Seinsart) de algo “a la mano” (GA 2, p. 83).

El texto es nítido: hay un paralelismo entre lo que ocurre del lado izquierdo y del lado derecho del “como” (als) de la estructura del “algo como algo” (etwas als etwas): así como en el “ser a la mano” (Zuhandenheit) anida la (posibilidad del) “ser ante los ojos” (Vorhandenheit), de modo semejante, en las “apropiaciones” (Geeignetheiten) e “inapropiaciones” (Ungeeignetheiten) de lo “a la mano” anidan (como posibilidad) las “propiedades” de lo “ante los ojos”. Naturalmente, habría mucho que decir sobre esto, pues concierne tanto al contexto de descubrimiento originario de las propiedades descriptivas y los criterios de relevancia que guían dicho descubrimiento, como también al problema, antes mencionado, de si acaso en las propiedades (supuestamente) solo descriptivas no está presente aún un reverso operacional de significación, que, en su origen último, aparece vinculado a las posibilidades del Dasein y, por ende, a las pautas normativas y los criterios de relevancia que guían, en cada caso, el descubrimiento del ente intramundano. Desde el punto de vista puramente estructural, interesante es, en todo caso, el hecho de que, en el nivel de lo “a la mano”, tenemos la oposición entre lo positivo y lo negativo, en el sentido de lo “apropiado (para)” o “inapropiado (para)”, mientras que, en el nivel de lo “ante los ojos”, tal oposición no aparece en el primer plano, pues ella no coincide, en modo alguno, con la oposición, habitual en la ontología de “cosas” tradicional, entre propiedades “positivas” y “negativas”, en sentido descriptivo. Así, por ejemplo, “calor” y “frío”, como ejemplos de lo “positivo” y lo “negativo”, respectivamente, en sentido descriptivo, en modo alguno podrían tomarse como ejemplos unívocos de lo que, en cada caso, es “apropiado” o “inapropiado”. En efecto, un determinado carácter se muestre como una “apropiación” o bien como una “inapropiación” depende, en cada caso, del correspondiente contexto de descubrimiento del ente intramundano, y de las pautas normativas y los criterios de relevancia abiertos por la referencia al correspondiente “para”. En cualquier caso, siendo esto así, se puede sostener aun que hay un residuo operacional, dotado de cierta carga protoevaluativa, también en las meras propiedades descriptivas, el cual remite no solo a su contexto originario de descubrimiento, sino también, como su reverso, a las correspondientes posibilidades del Dasein, como “ser descubridor”.

V. A modo de conclusión

Si la discusión anterior resulta mínimamente convincente, puede decirse entonces que el modelo de tratamiento de las categorías del ente “a la mano”, esbozado sobre la base de las distinciones arriba comentadas, resulta, más allá de su insuficiente desarrollo, consistente con las líneas más generales del modelo de explicación de la constitución del sentido que Heidegger presenta en SZ. Pero, además, si se guarda cierta confianza en las posibilidades de una ontología fenomenológica, parece posible decir que el modelo heideggeriano abre también una interesante gama de posibilidades teóricas, que, entre otras cosas, permitirían establecer un diálogo fructífero con concepciones actuales que presentan una orientación básica afín. Pienso, en particular, en aquellas concepciones operacionalistas que procuran reconducir la objetividad, en sus diversas posibles formas, incluida la científica, a su fuente última de origen, en el acceso pre-reflexivo al mundo de la vida[53].

Bibliografía

Bibliografía primaria

Heidegger, M., GA 61, Aristoteles Phänomenologische Interpretationen zu Aristoteles. Einführung in die phänomenologische Forschung (1921/22), ed. W. Bröcker, K. Bröcker-Oltmanns, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1985.

________, GA 27, Einleitung in die Philosophie (1928/29), ed. O. Saame, I. Saame-Speidel, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1996.

________, GA 29/30, Die Grundbegriffe der Metaphysik. Welt – Endlichkeit – Einsamkeit (1929/30), ed. Fr.-W. von Herrmann, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1983.

________, GA 24, Die Grundprobleme der Phänomenologie (1927), ed. Fr.-W. von Herrmann, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1975.

________, GA 21, Logik. Die Frage nach der Wahrheit (1925/26), ed. W. Biemel, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1976.

________, GA 26, Metaphysische Anfangsgründe der Logik im Ausgang von Leibniz (1928), ed. K. Held, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1978.

________, GA 63, Ontologie. Hermeneutik der Faktizität (1923), ed. K. Bröcker-Oltmanns, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1988.

________, GA 59, Phänomenologie der Anschauung und des Ausdrucks (1920), ed. C. Strube, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1993.

________, GA 60, Phänomenologie des religiösen Lebens, ed. M. Jung -Th. Regehly – C. Strube, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1995.

________, GA 19, Platon: Sophistes (1924/25), ed. I. Schüßler, Frankfurt A. M., V. Klostermann, 1992.

________, GA 2, Sein und Zeit, Tübingen, Niemeyer Verlag, 1986.

H.-G. Gadamer, (1990), Wahrheit und Methode. Grundzüge einer philosophischen Hermeneutik, Gesammelte Werke, Bd. 1, Tübingen.

________(1986), Wahrheit und Methode II. Ergänzungen, Register, Gesammelte Werke, Bd. 2, Tübingen.

Husserl, E. (1985), Erfahrung und Urteil, ed. L. Landgrebe, Felix Meiner Verlag, Hamburg.

________(1974) Formale und transzendentale Logik, ed. Paul Jansen, Husserliana XVII, Den Haag.

________(1981), Philosophie als strenge Wissenschaft, ed. W. Szilasi, Frankfurt A. M. Klostermann.

Bibliografía secundaria

Agnello, Ch. (2006), Heidegger e Aristotele: verità e linguaggio, Genova, 2006.

Dahlstrom, D. O. (1994), Das logische Vorurteil. Untersuchungen zur Wahrheitstheorie des frühen Heideggers, Wien 1994; versión inglesa: Heidegger’s Concept of Truth, Cambridge, 2009.

Ferraris, M. (1998), L’ermeneutica, Bari, 1998.

Figal, G. (1988), Martin Heidegger. Phänomenologie der Freiheit, Frankfurt A. M. 1991 (= 1998).

________(2006), Gegenständlichkeit. Das Hermeneutische und die Philosophie, Tübingen

Gethmann, C.-Fr. (1989), “Heideggers Wahrheitskonzeption in seinen Marburger Vorlesungen. Zur Vorgeschichte von Sein und Zeit”, en: Forum für Philosophie, Bad Homburg (1989) p. 101-130; reproducido en: Gethmann, 1993, pp. 137-168.

________(1993), Dasein: Erkennen und Handeln. Heidegger im phänomenologischen Kontext, Berlin-New York.

________(2007), Vom Bewußtsein zum Handeln. Das phänomenologische Projekt und die Wende zur Sprache, München.

Glatz, U. B. (2001), Emil Lask. Philosophie im Verhälnis zu Weltanschauung, Leben und Erkenntnis, Würzburg.

Grondin, J. (2001), Von Heidegger zu Gadamer. Unterwegs zur Hermeneutik, Darmstad.

Herrmann, Fr.-W. von (2004), Subjekt und Dasein. Grundbegriffe von ‘Sein und Zeit’, Frankfurt A. M.; antes publicado con el título: Subjekt und Dasein. Interpretationen zu ‘Sein und Zeit’ (21985, 1974).

________(2005), Hermeneutische Phänomenologie des Daseins. Ein Kommentar zu “Sein und Zeit”, Bd. II, Frankfurt A. M.

Keil, G., Tietz, U. (eds.) (2006), Phänomenologie und Sprachanalyse, Paderborn 2006.

Lafont, C. (1994), Sprache und Welterschließung. Zur linguistischen Wende der Hermeneutik Heideggers, Frankfurt A. M.

Lara, F. de (2008), Phänomenologie der Möglichkeit. Grundzüge der Philosophie Heideggers 1919-1923, Freiburg – München.

Lenk, H., Skarica, M., Öffenberger, N., Vigo, A. G. (eds.) (2003), “ Urteil, Erkenntnis, Kultur. Akten der Tagung, Zur Geschichte der Urteilslehre” (Santiago de Chile, Januar 2000), Argumentaciones: Schriftenreihe der Deutsch-Chilenischen Gesell-schaft für Philosophie, Bd. I, Münster.

Lohmar, D. (1998), Erfahrung und kategoriales Denken. Hume, Kant und Husserl über vorprädikative Erfharung und prädikative Erkenntnis, Dordrecht – Boston -London.

Okrent, M. (1988), Heidegger’s Pragmatism. Understanding, Being, and the Critique of Metaphysics, Ithaca – London.

Rodríguez, R. (2012), “La percepción como interpretación. La fenomenología de la percepción de Heidegger y la tradición hermenéutica”, publicado en este mismo volumen.

Rocha de la Torre, A. (ed.) (2011), Heidegger hoy. Estudios y perspectivas, Buenos Aires.

Sokolowski, R. (2000), Introduction to Phenomenology, Cambridge.

Tietz, U. (2006), “Urteilen und Verstehen. Zum Verhältnis von prädikativer und hermeneutischer Synthesis”, en: Keil – Tietz, pp. 191-211.

Vigo, A. G. (2000), “La concepción husserliana acerca del origen del juicio predicativo en Erfahrung und Urteil”, Escritos de Filosofía (Buenos Aires) 37-38 (2000), pp. 235-272; versión alemana: “Husserls Auffassung vom Ursprung des prädikativen Urteils in Erfahrung und Urteil”, en: Lenk – Skarica – Öffenberger – Vigo, 2003, pp. 89-124.

________(2001), “El origen del enunciado predicativo (Sein und Zeit § 33)”, en: Vigo, 2008, pp. 87-115.

________(2003),”Verdad, libertad y trascendencia. La radicalización de un motivo central de Sein und Zeit en los escritos de los años 1929-1930”, en: Vigo, 2008, pp. 143-182.

________(2008), Arqueología y aleteiología, y otros estudios heideggerianos, Buenos Aires.

________(2010), “Comprensión como experiencia de sentido y como acontecimiento. Los fundamentos de la concepción gadameriana del Verstehen”, Alea. Revista Internacional de Fenomenología y Hermenéutica, 8, Barcelona, pp. 31-75.

________(2011), “Tenencia previa y génesis ontológica. Observaciones sobre algunas estrategias metódicas en la analítica existenciaria de Sein und Zeit”, en: Rocha de la Torre, pp. 257-303.


  1. Una primera versión de este trabajo fue leída en Seminario Interno del Proyecto de Investigación “Interpretación y verdad en la hermenéutica filosófica”, dirigido por el Prof. Dr. Ramón Rodríguez, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Complutense, Madrid, España, 11 de enero de 2011. Una versión corregida y ampliada fue presentada en el Congreso Internacional “Heidegger. Lógos -Lógica -Lenguaje”, organizado por la Sociedad Iberoamericana de Estudios Heideggerianos (SIEH), el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Departamento de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile, Santiago, Chile, 26 de septiembre de 2011. Agradezco a los participantes y los asistentes de ambos eventos por sus observaciones, sus críticas y sus preguntas. En particular, agradezco por sus comentarios y sugerencias al Prof. Ramón Rodríguez, que leyó una primera versión del texto. La versión final ha sido redactada en el marco del Proyecto de Investigación “Interpretación y verdad en la hermenéutica filosófica” (Proyecto FFI2009-11921), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España y dirigido por el Prof. Ramón Rodríguez. Las traducciones de los textos de Heidegger citados me pertenecen.
  2. Departamento de Filosofía / ICS Universidad de Navarra, Pamplona, España.
  3. Además de los §§ 33 y 44 de SZ, los pasajes más importantes para la reconstrucción interpretativa de la estructura del enunciado y, en conexión con ello, para la discusión de la estructura de la verdad proposicional se encuentran en GA 19, § 26 b); GA 21, §§ 11-14; GA 24, § 17-18, GA 26, §§ 1-3, y GA 27 enunciado y de la posibilidad de su adecuación, llevada a cabo en GA 29/30, § 73. Para la explicación del origen del enunciado en el tratamiento de SZ, me permito remitir a la discusión en Vigo (2001); véase también Vigo (2003), pp. 152-158, donde se discute brevemente el tratamiento de GA 29/30, § 73. Para una buena reconstrucción del contexto del tratamiento de la problemática de la verdad en el joven Heidegger, véase Dahlstrom (1994). Para el tratamiento del enunciado predicativo, en conexión con la discusión de la posición aristotélica, véase esp. pp. 129-163. La prehistoria del tratamiento de la verdad en el § 44 de SZ había sido lúcidamente discutida por Gethmann (1989). Véase también Agnello (2006), que provee un tratamiento de conjunto de los textos en los cuales se confronta con la concepción aristotélica de la verdad.
  4. Cf. Husserl, 1981, p. 30.
  5. Va sin decir que fenómenos como lo que habitualmente se denomina el “contrasentido” (Widersinn) y el “sinsentido” (Unsinn), en sus diferentes posibles formas, son vistos aquí como fenómenos defectivos que se presentan, como tales, dentro del horizonte mismo de la experiencia de sentido, de modo tal que, lejos de proveer contraejemplos a la tesis de la universalidad de la experiencia del sentido, más bien la confirman. Para este punto, véase, por ejemplo, las declaraciones expresas de Heidegger en GA 2, pp. 152 s.
  6. Desde luego este énfasis en el carácter no autosustentado del sentido predicativamente articulado no resulta, en modo alguno, incompatible con el reconocimiento de las prestaciones constitutivas específicas propias de la predicación, en la medida en que esta hace posible un nuevo modo de venida a la presencia de aquello a lo que el enunciado se refiere y cuyo sentido articula predicativamente. Para una buena presentación general de la concepción fenomenológica acerca de las relaciones entre la experiencia antepredicativa y la predicación, véase Sokolowski, 2000, pp. 88-111, donde se presenta básicamente el modo en el que la fenomenología husserliana trata la predicación y la objetividad categorial. Para una presentación de conjunto de la concepción husserliana sobre las relaciones entre experiencia antepredicativa, predicación y pensamiento categorial, también a la luz del contraste con concepciones como las de Hume y Kant, véase la importante investigación de Lohmar, 1998, esp. pp. 158-273.
  7. Cf. Gadamer, 1990 p. 478. Para el alcance de esta controvertida tesis gadameriana véase la buena discusión en Grondin, 2001, pp. 100-105. Grondin enfatiza con acierto el hecho de que de la fórmula de Gadamer no se sigue, contra lo que muchas veces se ha sugerido, una reducción del ser mismo al ámbito de la lingüisticidad, sino que la tesis gadameriana apunta, más bien, a señalizar la función que cumple el lenguaje como condición de la posibilidad del acceso comprensivo al ser. Véase, en este mismo sentido, las explicaciones del propio Gadamer, quien, en su reconsideración del asunto de 1983, remite expresamente al carácter no autosustentado del sentido predicativamente articulado cf. Husserl, 1986, pp. 334 ss. Para una caracterización de la posición de Gadamer en la línea que he sugerido, me permito remitir a la discusión más amplia en Vigo, 2010. Como resulta obvio a partir de lo dicho, tampoco considero correctas las interpretaciones que adscriben a Heidegger alguna variante de panlingüisticismo, en el sentido más habitual del término. Por cierto, Heidegger afirma expresamente que el existenciario del “habla” (Rede) debe considerarse tan originario en la constitución ontológica del Dasein como el “comprender” (Verstehen) y la “disposicionalidad afectiva” o el “encontrarse” (Befindlichkeit), lo cual implica asumir que el carácter esencialmente “discursivo”, en un sentido suficientemente amplio del término, de toda experiencia de sentido (cf GA 2, § 34). Sin embargo, Heidegger enfatiza al mismo tiempo, y con igual determinación, la diferencia irreductible entre el “habla” (Rede) como estructura existenciaria posibilitante, por un lado, y el “lenguaje” (Sprache), que constituye el modo en el cual el “habla” viene, en cada caso, a su realización y expresión y adquiere así su “ser” intramundano, por el otro (cf. GA 2, p. 161: die Hinausgesprochenheit der Rede ist Sprache. Diese Wortganzheit, als in welcher die Rede ein eigenes “weltliches” Sein hat.). Para el carácter originario del “habla” como momento del “estado de abierto” (Erschlossenheit) y sus consecuencias dentro del modelo de SZ, véase von Herrmann, 2004, esp. pp. 103-114. Por su parte, Lafont, 1994, pp. 80-116 ofrece una aguda discusión de estas conexiones, en el marco general de una crítica a interpretaciones no lingüísticas de la concepción heideggeriana de la experiencia antepredicativa (vgr. la de E. Tugendhat). Sin embargo, a diferencia de von Hermann, Lafont no considera suficientemente la especificidad propia de la articulación del “comprender” (para la mención al pasar de la posibilidad de una concepción no lingüística, en sentido estrecho, del “comprender”, véase por ejemplo la mención en pp. 84 s.) y, consecuentemente, se ve llevada a sobreacentuar el aspecto referido al (supuesto) compromiso lingüístico (¿en sentido estrecho?) de la concepción heideggeriana del “estado de abierto”.
  8. Por lo demás, se trata de una tesis que, en diferentes modulaciones, había sido ya anticipada por diversos autores pertenecientes a la tradición de la hermenéutica romántica y también por algunos que, situados en una tradición en principio tan diferente como la del neokantismo, mostraron sensibilidad suficiente para percibir la tensión subyacente entre universal expresabilidad y esencial inagotabilidad, que parece caracterizar estructuralmente a toda genuina experiencia de sentido. En este sentido, el propio Gadamer remite a la apropiación y transformación del principio ontológico clásico “individuum est ineffabile” por parte de la hermenéutica romántica, en su afán por enfatizar la incapacidad del lenguaje para alcanzar aquello que es último e irreductible (vgr. la individualidad de la persona), cf. Gadamer, 1986, p. 330. En el caso del neokantismo, en razón de la decisiva influencia que su pensamiento ejerció sobre el Heidegger de los comienzos, hay que mencionar aquí, sobre todo, a Emil Lask. Para una presentación de conjunto de la posición de Lask sobre la constelación de problemas que plantea la relación entre conocimiento y vida, con especial atención a la concepción laskiana de la concreción de la subjetividad, véase Glatz, 2001, pp. 196-216. Glatz investiga también las vinculaciones de Lask con la filosofía de la vida, a través de la relación con las concepciones de Fichte y Dilthey cf. pp. 217-257.
  9. Cf. esp. 261c-264b.
  10. Como se sabe, en el empleo jurídico del término, kategoría significa tanto como la “acusación”, en el sentido preciso de los cargos que se le hacen a alguien al acusarlo, es decir: aquello de lo que se lo acusa y cómo debe ser descripto o designado. El aspecto clasificatorio aquí involucrado puede haber provisto la base para una ulterior formalización de la noción, en virtud de la cual el término pasa a significar la “designación” o bien el “predicado” que se atribuye a algo. De ahí la idea según la cual una teoría de las categorías, en el sentido técnico, es una teoría que se ocupa con los tipos más básicos de predicados, que se corresponden con los tipos básicos de determinaciones que pueden poseer los objetos, el camino no resulta ya excesivamente largo.
  11. GA 2, p. 154.
  12. Cf. De interpretatione 4, 17a2-5.
  13. En este sentido, ya en la lección sobre lógica del semestre de invierno 1925-1926, Heidegger subraya la necesidad de no orientarse en la elucidación de fenómenos como el “enunciado” (Aussage) y la “proposición” (Satz), a partir de distinciones cortadas a la medida de una ontología de cosas, como la distinción entre lo real y lo ideal, lo que “es” (sein) y lo que “vale” o “posee validez” (gelten), lo sensibe y lo no sensible, lo histórico y lo supra-histórico, sino de buscar, más bien, el punto de partida de la indagación en la unidad originaria de estos y otros posibles modos de ser en aquel ente a partir del cual todos ellos pueden ser comprendidos como posibilidades (Möglichkeiten) a él pertenecientes (cf. GA 21, p. 92). La ontología de la Vorhandenheit no debe, pues, ser acríticamente asumida, continuada y extendida a nuevas regiones del ser obtenidas de modo puramente constructivo, en este caso concreto: al ámbito del lógos, sino que, más bien, debe ser cuestionada críticamente, con vistas a poner de manifiesto su fundamento existencial en el Dasein mismo.
  14. Cf. GA, p. 2.
  15. Cf. GA 2, § 13.
  16. Cf GA 60, p. 54. En la lección de 1920-1921 Heidegger no distingue aún terminológicamente entre “categorías” (del ente que no tiene la forma del ser del Dasein) y “existenciarios” (del Dasein), tal como lo hará posteriormente, también en el marco de la concepción presentada en SZ. Hasta donde sé, la distinción terminológica aparece por primera vez en la lección sobre hermenéutica de la facticidad de 1923 (cf. GA 63, p. 16; p. 66).
  17. Cf.GA 56/57, §§ 14-15.
  18. Cf. GA 61, pp. 117 ss., 140 ss.
  19. Cf. GA 2, § 12, pp. 55 s.; § 38, pp. 175 ss. Para la tesis de que la autocomprensión del Dasein tiene lugar a partir de una modalidad determinada de presentación del ente intramundano, que es ella misma derivativa y fundada, véase la expresa declaración de Heidegger: “El Dasein tiene, mas bien, la tendencia, perteneciente a su modo de ser, a comprender el propio ser a partir de aquel ente respecto del cual se comporta esencialmente de modo constante e inmediato, a partir del “mundo”. En el Dasein mismo y, con ello, en su propia comprensión del ser, yace lo que pondremos de manifiesto como la reflexión ontológica (ontologische Rückstrahlung) de la comprensión del mundo (Weltverständnis) sobre la interpretación del Dasein (Daseinsauslegung)” (cf. GA 2, p. 15 s.). En una nota añadida a su ejemplar de mano, Heidegger aclara respecto del término “mundo”, escrito con comillas dobles en el texto (“Welt”), lo siguiente: “es decir aquí: a partir de lo que es “ante los ojos” (aus dem Vorhandenen)” (cf. GA 2, p. 440). La razón de esto tiene que ver, probablemente, con el hecho de que la propia “caída” comprende el momento del sumergirse en la “habladuría” (Gerede), y en la “escribiduría” (Geschreibe) (cf. GA 2, § 35), vale decir: la propia “caída” comporta también él una orientación primaria a partir de la enunciación, que posteriormente la ontología no hace sino asumir acríticamente, continuar y consolidar. En este respecto, no hay que olvidar que Heidegger explica de este mismo modo el origen de tesis filosóficas, aparentemente tan elevadas y alejadas de la actitud natural como las propias de la “lógica de la validez” (Geltungslogik); dichas tesis tendrían su raíz óntico-ontológica última en la tendencia propia de lo dicho a independizarse crecientemente del contexto original de experiencia del que deriva y terminar así por sustituirlo, al adquirir una suerte de vida propia a través del “repetir lo dicho” (Nachsagen) y el “saber de oídas” (Hörensagen) (cf. GA 2, § 33, pp. 155 s.).
  20. Cf. Ferraris, 1998, pp. 52 ss.
  21. Cf. GA 56/57, p. 92.
  22. Cf. GA 56/57, § 17.
  23. Cf. Husserl, 1985, § 2, p. 4 s.
  24. Cf. Husserl, 1985, §§ 23-24.
  25. Cf. Husserl, 1985, § 50.
  26. Para una reconstrucción de conjunto del análisis husserliano del origen del juicio de la forma S-P, me permito remitir a la discusión en Vigo, 2000.
  27. Para la afirmación husserliana de la centralidad de la apofántica, véase la declaración expresa en Husserl, 1985, p. 1: “[…] im Zentrum der formalen Logik, so wie sie historisch geworden ist, der Begriff des prädikativen Urteils, der Apophansis steht. Sie ist in ihrem Kerne apophantische Logik, Lehre vom Urteil und seinen ‘Formen’”. A juicio de Husserl, el punto de convergencia entre lógica y ontología ha de buscarse en la apofántica misma, en la medida en que todas las formas categoriales que son objeto de estudio de la ontología formal aparecen como sobredeterminaciones de los objetos precisamente en el acto del juicio (cf. Husserl, 1985, p. 2). Por lo mismo, la diferencia entre apofántica formal y ontología formal debe entenderse no tanto como una diferencia relativa a los ámbitos de objetos correspondientes a cada una de las dos disciplinas, sino, más bien, como una diferencia en la “actitud” o “disposición” (Einstellung) respecto de un ámbito de objetos formalmente idéntico. Véase, en este sentido, la posición elaborada expresamente en Husserl, 1974, §§ 41-44.
  28. Para el tratamiento heideggeriano del problema metódico señalizado por la noción de “tenencia previa”, en conexión con el análisis genético, dentro del modelo ontológico de SZ, me permito remitir a la discusión más amplia en Vigo, 2011, donde se examina también el caso particular de los modos básicos de presentación del ente intramundano (cf. Vigo, 2011, pp. 277 ss.).
  29. Una crítica de la concepción de Heidegger por quedar atada a la concepción tradicional del enunciado predicativo, basada en la idea de la síntesis o composición predicativa, se encuentra ahora en Tietz, 2006. La crítica de Tietz es, por cierto, muy ambiciosa, pues pretende poner en cuestión las bases mismas del tratamiento heideggeriano de fenómenos como el enunciado, la referencia y la verdad. Con todo, en lo que concierne particularmente al tratamiento de la predicación y los predicados, sorprende que Tiezt no tome, en absoluto, en cuenta los aspectos más específicos del modelo genético elaborado por Heidegger, tal como se los presenta más abajo. Por lo mismo, la lisa y llana imputación de cosificar los predicados, al tratarlos, sin más, como “objetos”, dirigida por Tiezt contra Heidegger (cf. Tiezt, 2006, pp. 207 s.), no parece hacer justicia, realmente, a lo que muestran los textos.
  30. Cf. GA 2, § 16.
  31. Cf. GA 2, § 33.
  32. Para la referencia de Heidegger a la existencia de múltiples niveles de derivación, véase SZ § 33, p. 158 y esp. Logik § 12 b), pp. 153-160.
  33. Cf. GA 2, § 16.
  34. Cf. GA 2, p. 159; GA 21, pp. 159-161.
  35. Cf. GA 2, p. 68; subrayado de Heidegger.
  36. Cf. GA 2, p. 70; pp. 74 ss.; pp. 87 s.
  37. Para una excelente discusión del alcance de la concepción heideggeriana de la percepción como interpretación, véase ahora la contribución de Rodríguez, 2012. Rodríguez pone acertadamente de relieve el hecho de que la concepción elaborada por Heidegger, aun enfatizando los presupuestos comprensivo-interpretativos del acto perceptivo, no puede ser asimilada, en ningún sentido relevante, a posiciones al uso en la hermenéutica posterior, que, partiendo del contraste entre “hechos” e “interpretaciones”, apuntan al mismo tiempo, de diversos modos, a una reducción de los primeros a las segundas, con la consiguiente disolución de la noción misma de objetividad. Siguiendo los análisis que Heidegger lleva a cabo en las lecciones del entorno inmediato de SZ, en particular, las de 1927 y 1928-1929 (cf. GA 24, GA 27), Rodríguez muestra de qué modo el análisis heideggeriano de la percepción, como un tipo peculiar de “comportamiento veritativo”, apunta a poner de manifiesto que lo percibido, en tanto percibido, se presenta siempre investido del carácter propio de aquello que es ya de suyo, de lo que está (siempre ya) ahí delante, de lo vorhanden, en un sentido amplio del término. Naturalmente, como tampoco escapa a Rodríguez, este énfasis en el carácter, por así decir, precedente de lo que aparece como dado en la percepción no resulta, en modo alguno, incompatible, con la tesis que sostiene el carácter derivativo y fundado del modo de presentación del ente intramundano que corresponde a lo que es meramente “ante los ojos”. En efecto, ya en el tratamiento de SZ dicho modo de presentación es tratado, de modo expreso, en términos de una virtualidad contenida siempre ya en aquello que se presenta originariamente como “a la mano”. Desde luego, ello no impide que lo que hay de “ante los ojos” en lo que es “a la mano”, allí donde viene a mostrarse como tal, aparezca necesariamente investido, desde el punto de vista fenoménico, del carácter de aquello estaba siempre ya ahí, como dado de antemano, es decir, de lo que la cosa siempre ya era, como tal y de suyo. Este punto juega un papel importante, como se verá enseguida, en la argumentación desarrollada en la siguiente sección del presente trabajo.
  38. Como acertadamente indica von Herrmann, 2005, pp. 170 ss., la noción de “conformidad” (Bewandtnis) da expresión a una determinación categorial, que remite al “ser útil” propio del ente “a la mano”. El correlato existenciario de dicha determinación viene dado por el modo de ser por referencia al ente “a la mano” que Heidegger designa por medio de la expresión “dejar conformar(se)” (bewenden lassen), (cf. GA 2. pp. 84 s.). En y con la trascendencia del Dasein ha acontecido siempre ya la “puesta en libertad” (Freigabe) del ente por referencia a su “ser a la mano”, dentro del mundo. En esa misma medida el “en cada caso haber dejado conformar(se), que pone en libertad por referencia a la conformidad” (das auf Bewandtnis hin freigebende Je-schon-haben-bewenden-lassen), tiene el carácter de lo que Heidegger denomina un “perfecto apriorístico” (apriorisches Perfekt), que remite, como tal, al modo de ser propio del Dasein, (cf. GA 2, p. 85). Para el significado preciso de la importante estructura que Heidegger designa por medio de la noción de “perfecto apriorístico”, en conexión con el momento de la “puesta en libertad” del ente “a la mano” por referencia a su “conformidad”, (cf. von Herrmann, 2005, pp. 175 s.); véase también la buena discusión de estas conexiones en Figal, 1988 pp. 84 ss.; 2006, pp. 199 ss.
  39. Cf. GA 2, p. 88.
  40. Cf. GA 2, p. 216: so wie.
  41. Para la caracterización de la posición de Heidegger como una radicalización de las connotaciones pragmáticas implícitas ya en el par de conceptos husserlianos de “intención” (Intention) y “cumplimiento” (Erfüllung), (cf. Gethmann, 1989, pp. 111 ss. y esp. p. 116). Para una caracterización de lo que podría llamarse el verificacionismo de Heidegger en SZ y sus diferencias respecto del de Husserl (cf. Okrent, 1988, cap. 4), cuya discusión resulta útil, a pesar de cierta unilateralidad en el enfoque.
  42. Para los presupuestos comprensivo-interpretativos de la percepción, véase la posición fijada expresamente por Heidegger respecto de la conexión estructural entre intencionalidad perceptiva y comprensión del ser, en el marco de la discusión de la tesis kantiana sobre el ser, llevada a cabo en la lección de 1927 sobre los problemas fundamentales de la fenomenología (cf. GA 24, pp. 94 ss.). Heidegger señala aquí, sin ningún tipo de ambages, que en la intencionalidad perceptiva (intentio des Wahrnehmens, Intentionalität der Wahrnehmung) debe yacer ya, de modo precedente (vorgängig), algo así como una cierta “comprensión” del “ser ante los ojos” (Verständnis von Vorhandenheit) (cf. GA 24, p. 99).
  43. Digo “al menos”, porque obviamente se está dejando así fuera de consideración una serie de otros modos de presentación del ente intramundano, correspondientes a otras ontologías regionales. Además del ente “a la mano” y el ente “ante los ojos”, entre lo que hace frente intramundanamente, hay que incluir, por caso, el animal, tratado, desde una perspectiva diferente, en GA 29/30, §§ 45-63, la obra de arte que ocupa, como se sabe, un lugar central en el análisis del mundo en los escritos de los años 1930, además, claro está, del “otro” Dasein, el cual, como “ser en el mundo” no puede ser considerado como un mero ente intramundano, y aparece tratado, en alguna medida, en el análisis del “ser con” (Mitsein) de los §§ 25-27 de SZ y en otros textos contexos. No es claro que la consideración de entes como el animal y la obra de arte pudiera ser realmente compatibilizada con el esquema simplificado que se presenta en SZ, que solo parecer dejar lugar, junto a lo “a la mano” y lo “ante los ojos”, al propio Dasein y al otro que es como él. Y, como es sabido, hay quienes piensan que el protagonismo adquirido posteriormente por el animal, de modo más bien episódico, y la obra de arte, de modo mucho más permanente, se cuenta entre las razones principales que habría considerar, cuando se trata de explicar el abandono, a partir de los años 1930, del modelo trascendentalista presentado en SZ.
  44. Cf. GA 24, §§ 20-21.
  45. Cf. GA 2, § 18.
  46. Cf. GA 2, p. 99.
  47. Cf. GA 24, pp.412 ss.
  48. Cf. GA 24, p. 415.
  49. El modelo explicativo basado en la distinción entre el “(ser-)cómo” y el “(ser-)qué”, en la medida en que debiera entenderse en términos del contraste entre el marco de presentación provisto por el modo de “tenencia previa”, por un lado, y el contenido “objetivo” de sentido que muestra lo que aparece dentro de ese marco de presentación, por el otro, podría encontrar correspondencias con modelos de la constitución de sentido que Heidegger puso reiteradamente a prueba en sus lecciones tempranas. Más precisamente, habría que indagar las conexiones con el famoso esquema basado en la distinción entre “sentido de contenido” (Gehaltssinn), “sentido referencial” (Bezugssinn) y “sentido ejecutivo” (Vollzugssinn), tal como se la presenta en la lecciones de 1920 y 1921 (cf. GA 60, §§ 11-16, donde la referencia al problema de la “tenencia previa” aparece también de modo expreso; véase también GA 59 § 6-10, donde se opera, sin embargo, solo con la distinción bipartita entre “sentido referencial” y “sentido ejecutivo”). Un estudio detallado de las correspondencias, las discrepancias y las variaciones a tomar en cuenta aquí excede con mucho, sin embargo, los límites del presente trabajo. Para el alcance del esquema explicativo de la estructura del significado empleado en las lecciones de 1920 y 1921, véase la buena discusión en de Lara, 2008, pp. 34-ss.; véase también Vigo, 2008, pp. 249 ss.
  50. Cf. GA 2, pp. 154 s.; GA 21, pp. 157 s.
  51. Cf. GA 2, p. 158: “A través (durch) del “dirigir la mirada” y para (für) él lo “a la mano” queda velado como “a la mano”. Dentro de este descubrir el “ser ante los ojos” que encubre el “ser a la mano” lo “ante los ojos” que hace frente es determinado en su “ser ante los ojos de tal o cual manera” (in seinem So-und-so-vorhandensein)”. Esta apretada formulación combina los dos aspectos enfatizados, que apuntan al papel a la vez limitativo y posibilitante del modo de descubrimiento del ente facilitado por el mero “dirigir la mirada”.
  52. Cf. GA 2. p. 158.
  53. Para una excelente presentación histórica de la convergencia entre fenomenología, filosofía de la vida y teoría constructiva de la ciencia, en la filosofía alemana del siglo XX, véase Gethmann, 2007, pp. 41-83.


Deja un comentario