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La intimidad (Innigkeit) del mundo
como conflicto semiótico y medida

Heidegger y las condiciones de producción del sentido

Adrián Bertorello[1]

Introducción: planteamiento del problema

Heidegger toma el concepto de intimidad (Innigkeit) del universo poético de Hölderlin para designar el carácter tensivo del mundo, es decir, para describirlo como una tensa armonía de fuerzas contrarias.[2] La referencia a Heráclito es ineludible. La intimidad adquiere, de esta manera, una impronta ontológica. No alude a un determinado tono afectivo sino que nombra lo que es. En la lección del semestre de invierno de 1934-1935 Hölderlin Hymnen “Germanien” und “der Rhein” afirma:

Lo que Hölderlin nombra con esta palabra dicha de un nuevo modo, se nombra en un nombrar poético, mejor: se nombra a lo que es. La intimidad es aquella unidad originaria de la enemistad de los poderes (Mächte) de lo puramente surgido (das Reinenentsprungene]. Es el misterio que pertenece a este Ser [Seyn] (Heidegger, 1999: 250).[3]

La intimidad describe el espacio del sentido[4] como un campo de fuerzas en conflicto. En el presente trabajo intentaré proponer una lectura de la intimidad que toma como hilo conductor el concepto de función semiótica. Mostraré que “la unidad originaria que pone en conflicto diversos poderes” puede ser leída como la instancia que instituye la significación. Esta instancia lleva consigo el rasgo de la medida. No se trata, por lo tanto, de un trabajo de reconstrucción argumentativa de los distintos pasajes en los que Heidegger se refiere a la intimidad. Más bien intentaré construir especulativamente una hipótesis plausible de lectura que cruza dos campos disciplinares distintos: la fenomenología hermenéutica y la semiótica greimasiana.

La argumentación tiene cinco pasos. En el primero expongo la noción de función semiótica. Como ejemplo límite de esta función apelo a un fragmento de la novela de Juan José Saer, Nadie nada nunca, en la que se puede ver claramente el sentido preciso de este concepto. En el segundo, analizo un caso particular de la función semiótica, a saber, lo que Husserl, en la sexta investigación lógica, tomando como punto de partida las expresiones nominales, denomina como “la intimidad de la fusión” (Innigkeit der Verschmelzung). La intención de este segundo paso es introducir en el concepto de intimidad una línea de lectura fenomenológica. Si bien, como señalé arriba, Heidegger toma esta noción expresamente de Hölderlin, hay una segunda isotopía que emparienta la intimidad con Husserl. En el tercero, abordo el modelo de intimidad que surge de las reflexiones de Heidegger sobre la obra de arte en la primera versión de Der Ursprung des Kunstwerkes con la finalidad de mostrar que la lucha entre la exposición del mundo y la producción de la tierra da cuenta de un modelo de función semiótica muy distinto de aquel que toma como punto de partida las expresiones nominales y del que está implicado en el universo ficcional de Saer. En el cuarto paso, trato la reformulación del mundo como cuadratura en la conferencia die Sprache. La intimidad conflictiva de dos instancias heterogéneas se complejiza a partir del desdoblamiento de la enunciación y de la referencia. Por último, extraigo algunas conclusiones.

La función semiótica

El concepto de función semiótica pertenece al campo teórico de la teoría de la significación greimasiana.[5] Es una noción que Greimas y Fontanille introdujeron para desplazar el concepto de signo como la unidad mínima de análisis semiótico. Por signo se refieren a la reinterpretación que Hjelmslev hizo, en su libro Prolegómenos a una teoría del lenguaje, de la noción saussuriana.

Hjelmslev sustituye la teoría tradicional del signo como “representación de algo” por una concepción que lo describe como el lazo solidario[6] entre la forma de la expresión y la forma del contenido. Me detendré brevemente en esta definición. La idea que está en la base de este concepto es que el signo es una función que pone en contacto dos planos heterogéneos: el contenido y la expresión. Por contenido entiende lo que Saussure llama “significado” y por expresión el “significante”. Hjelmslev concibe el significado como una sustancia amorfa, continua e indiferenciada. A ello lo denomina “sustancia del contenido”. No sólo alude al pensamiento, sino también al referente.[7] La sustancia del contenido como totalidad continua e indiferenciada no forma parte del concepto de signo, sino la forma del contenido, es decir, el recorte semántico que las diversas lenguas hacen de esa sustancia.[8] Lo mismo vale para el plano de la expresión. Hjelmslev distingue aquí una sustancia de la expresión, que no es otra cosa que la masa amorfa e indiferenciada del sonido; y una forma de la expresión, es decir, el recorte que las distintas lenguas hacen de la masa sonora. La función de signo conecta la forma del contenido con la forma de la expresión. El lazo de estos dos funtivos es el de una solidaridad o, lo que es lo mismo, de una presuposición recíproca.

La introducción del concepto de función semiótica tiene como finalidad dar cuenta de ese lazo de solidaridad entre el plano de la expresión y el del contenido. Se intenta reemplazar un concepto estático, como es el de signo en el que la presuposición recíproca de expresión y contenido ya está instituida, para dar lugar a una consideración dinámica y holística. Para ello Greimas y Fontanille proponen considerar al cuerpo como la sede y el vector de la semiosis.[9] El cuerpo se torna en la instancia de la enunciación que reúne el contenido y el de la expresión. Cada uno de estos planos da lugar a una semiótica diferente.[10] El plano de la expresión da cuenta del mundo exterior. El plano del contenido alude al mundo interior. El cuerpo reúne el universo sensible exterior e interior. Es un operador que pone en primer plano el problema epistemológico del límite, de la frontera entre ambos universos.[11]

A título de ejemplo se puede ver en el siguiente pasaje de la novela de Juan José Saer, Nadie nada nunca, no sólo el sentido general de la función semiótica sino también una manera particular de concebirla:

Puse la mano, con suavidad, sobre su brazo desnudo […] El contacto de mi mano contra su brazo desnudo, del que se desprendían todavía la frescura y la hu­medad de la ducha reciente no era, sin embargo, desde el punto de vista de una experiencia posible, más revelador que el que hubiese podido obtener estirando la mano y to­cando el espejo en el lugar de su superficie en el que el bra­zo de Elisa se reflejaba. Lisa o rugosa, mineral o carnal, el resultado no era más claro ni la penetración más profunda; en algún punto, el horizonte del contacto se volvía, cual­quiera fuese el objeto que tocara, liso, uniforme, y sin ma­yor significación (Saer, 2004: 81).

El cuerpo se presenta como el lugar de la significación. El acto de tocar con la mano el brazo de Elisa es la figura literaria de la función semiótica. La peculiaridad del universo ficcional de la novela Nadie nada nunca radica en que dicha función se desarticula. No hay un lazo solidario entre expresión y contenido. Cuando el protagonista toca el brazo de Elisa (plano de la expresión), su experiencia es la de la ausencia de significación (plano del contenido). La experiencia sensible es la de un continuum indiferenciado (sustancia del contenido). El acto de sentir el brazo no descubre, ni articula, ni anima, ni vivifica ningún sentido. Este pasaje, y en general toda la novela, narra cómo el cuerpo, sede de la función semiótica, desarticula mediante tres negaciones la instancia de la enunciación: se elimina el eje axial de la persona (Nadie), el eje axial del tiempo (Nunca) y el del espacio referencial (Nada). Al desarticular la enunciación no hay experiencia posible de significación. Por ello, se puede decir que la función semiótica adquiere un claro sentido antifenomenológico.

La intimidad de la fusión

El concepto de intimidad (Innigkeit), que Heidegger forja a partir de su interpretación de Hölderlin y que incorpora a su reformulación del mundo como cuadratura (Geviert), puede ser leído a partir del concepto de función semiótica. La intimidad reúne en un vínculo conflictivo (no solidario) el plano de la expresión con el plano del contenido. Antes de abordar explícitamente esta temática me gustaría hacer una breve referencia a un modelo de intimidad que aparece en la sexta investigación lógica de Husserl a fin de poder confrontarla con el modelo que surge del mundo como Geviert. Se trata de una relación de intimidad que es inherente a la vivencia del conocimiento. Husserl enmarca esta problemática dentro de la cuestión de la relación entre actos de significación y actos de intuición. El vínculo estático entre significación e intuición da lugar al problema del conocimiento.

En el punto de partida hay un ejemplo en el que se puede apreciar de manera muy simple el vínculo entre expresión e intuición. Es el caso de la relación entre la expresión nominal “mi tintero” con la intuición perceptiva de aquél. Al nombrar el tintero percibo el tintero. Husserl descubre que la unidad entre lo significado por la expresión nominal y lo percibido se produce por un acto que no tiene ni el carácter de la significación ni tampoco el de la percepción, sino que cumple una función mediadora entre la expresión y la intuición (vermittelnder Akt) (Husserl, 1992: 560). Este acto es el conocimiento. A la identidad cognoscitiva que se da entre expresión e intuición la denomina “intimidad de la fusión” (Innigkeit der Verschmelzung). La identificación entre la expresión nominal “mi tintero” y la percepción de aquél es un caso elemental de esta intimidad. En ella se funde la significación que anima y vivifica el material sensible de la expresión con la intuición perceptiva. Me gustaría citar, a continuación, dos pasajes breves donde se describe esta relación de intimidad. En el primer texto se refiere Husserl al caso de la expresión nominal singular “mi tintero”:

El objeto percibido es conocido como tintero, y en cuanto la expresión significativa es una sola cosa (eins) con el acto clasificatorio en una modalidad particularmente íntima,[12] la expresión aparece, en cierta manera, pegada (aufgelegt)[13] a la cosa (das Ding) como si fuera su vestido (Husserl, 1992: 559).

La segunda cita corresponde al caso de la expresión nominal universal “rojo” y la percepción de aquél. A propósito de ello afirma:

Como desde un punto de vista fenomenológico encontramos, en vez de la mera suma, la más intima unidad, a saber, la unidad intencional, debemos decir con razón: ambos actos, uno de los cuales constituye para nosotros la palabra plena y el otro la cosa (die Sache) se funden (zusammenschliessen] intencionalmente en la unidad del acto […] Llamar “rojo” […] y conocer como rojo son, consideradas en el fondo, expresiones de idéntica significación […] A causa de la intimidad de la fusión […] no se destacan separadamente con claridad los momentos implícitos de esta unidad: el fenómeno físico de la palabra con el momento vivificante de la significación, el momento del conocimiento y la intuición de lo nombrado (Husserl, 1992: 562).

En esta última cita se puede ver claramente que la intimidad de la fusión implica una relación de solidaridad plena (zusammenschliessen) entre el plano de la expresión (la dimensión física de la palabra), el plano del contenido (la significación de la palabra), la intuición perceptiva de la cosa y el conocimiento. La función de mediación que tiene el acto de conocimiento puede considerarse como un caso particular de la función semiótica.[14] Querría finalizar con esta breve referencia a la sexta investigación lógica trayendo a colación un concepto que Husserl introduce en el análisis dinámico de la relación entre significación e intuición. El análisis dinámico introduce una nueva perspectiva sobre el problema del conocimiento, le añade la dimensión temporal. El concepto fundamental que aparece aquí es el de cumplimiento de la intención significativa (Erfüllung). Mientras que el concepto de conocimiento se sitúa desde el punto de vista del objeto mentado, la noción de cumplimiento se coloca en la perspectiva de los actos. La diferencia de perspectiva radica tan sólo en que el concepto de conocimiento es el resultado de un proceso temporal. El análisis dinámico da cuenta justamente de ese proceso (Husserl, 1992: 566-567). Cuando la intención significativa se cumple en la intuición perceptiva, Husserl ya no habla de una intimidad de la fusión sino de una copertenencia de ambos actos (Zusammengehörigkeit beiderAkte). También aparece aquí la idea de una mediación ya que denomina al cumplimiento como una vivencia transicional (Übergangserlebnis) (Husserl, 1992: 566).

La intimidad como conflicto en Vom Ursprung des Kunstwerkes

Intimidad y copertenencia son dos conceptos fundamentales que describen la cuadratura (das Geviert). Ciertamente no se trata aquí de una intimidad que exhibe una fusión y solidaridad plena entre expresión, significación e intuición. Tampoco se trata de una copertenencia en la que se produce una adecuación más o menos perfecta entre la esencia del acto intuitivo y la esencia significativa del acto expresivo. La intimidad y la copertenencia de la cuadratura son de naturaleza conflictiva. La razón fundamental radica en que en el punto de partida de la reformulación del mundo como cuadratura hay un modelo semántico mucho más complejo que el de las expresiones nominales “mi tintero” o “rojo”. Heidegger formula las nociones de intimidad y de copertenencia a partir del modelo semántico de la obra de arte. En este contexto el concepto de conocimiento no cumple la misma función que en las Logische Untersuchungen. Por el contrario, todo trato objetivante con el arte queda relegado a una consideración derivada de aquél. No obstante, a pesar de esta diferencia crucial, el análisis de la obra de arte comparte una temática común con los análisis fenomenológicos de Husserl, a saber, el problema de la verdad. La intimidad y la copertenencia se incardinan en la concepción de la obra de arte como puesta en obra de la verdad.

En Der Ursprung des Kunstwerkes, tanto en su tercera versión de 1936 como en su primera de 1931-1932 titulada Vom Ursprung des Kunstwerkes, la intimidad describe la relación conflictiva de lucha entre la exposición del mundo y la producción de la tierra. Esta relación no solidaria puede ser considerada como una variación de la función semiótica.[15] Mientras que la exposición del mundo da cuenta del plano del contenido, es decir, de la totalidad de significaciones que la obra de arte erige, la producción de la tierra puede ser equiparada al plano de la expresión, es decir, a la materialidad sensible.[16] Ahora bien, en la versión clásica de la función semiótica los dos planos se relacionan mediante un vínculo de solidaridad. Sin embargo, el modelo de la obra de arte propone un vínculo conflictivo en el que la significación (el mundo), la materialidad sensible que la significación debería vivificar (la tierra) y la cosa adquieren una fisonomía muy peculiar.

La intimidad polémica con que estos tres términos se vinculan da cuenta de un desfase entre significación y materia sensible. Ciertamente el modelo de la obra de arte no tiene el sentido extremo de la novela de Juan José Saer, en la que los dos planos son absolutamente heterogéneos (no se vinculan de ningún modo posible). El desfase entre el mundo y la tierra no se rige tampoco por el modelo de la perfecta adecuación implicada en el concepto de la intimidad de la fusión de Husserl. En Vom Ursprung des Kunstwerkes Heidegger afirma que el mundo no tolera nada cerrado (es transparencia) y la tierra se cierra constantemente (es opacidad). Apertura y oclusión dan cuenta de la relación conflictiva entre ambas instancias. A pesar de esta contrariedad, el mundo y la tierra se vinculan por una relación de intimidad: “el mundo está contra la tierra y la tierra contra el mundo. Están en lucha (Streit). Pero esta lucha es la intimidad de su recíproca autopertenencia” (Heidegger, 1989a: 12).[17]

Como resultado de la disputa íntima entre el mundo y la tierra, la obra comparece como un espacio de juego, como un medio (Mitte) en el que el mundo y la tierra se cruzan desfasándose. La idea de que la apertura de la obra sea un medio, un espacio en el que plano del contenido y el de la expresión polemizan, pone en evidencia que se trata de la función semiótica:

En tanto la obra es disputa, descentra (entrücken) la tierra, abriéndola hacia un mundo. Este mismo nunca se desplaza (rücken) como sociedad indexical (weisendes Geleit) hacia dentro de la tierra. Pero este descentramiento incluyente (einrückende Entrückung) desplaza la obra hacia adelante (vorrücken) y abre algo abierto. Esto es el medio del espacio de juego en el que la tierra está cerrada mundanamente y el mundo está abierto de modo terrestre (Heidegger, 1989a: 12).

La formulación paradójica de la última oración de la cita en la que Heidegger le imputa a la tierra un carácter mundano y al mundo una condición terrestre muestra que la relación de intimidad es la de un mecanismo de fronteras poroso. La materialidad sensible y la significación se cruzan en un centro tensivo (die Mitte) en el que la disputa no significa ni la derrota de alguna de las instancias ni tampoco la superación de la lucha (Überwindung des Streites).

La concepción de la obra de arte como un espacio de juego conflictivo no sólo reformula la intimidad entre el plano del contenido y el de la expresión, sino también lo que podría denominarse la dimensión referencial de la función semiótica. En efecto, en el modelo de la sexta investigación lógica la intimidad de la función describe el hermanamiento de la palabra física, la significación, y la cosa dada en la intuición perceptiva. El modelo de la obra de arte lleva consigo también una reformulación del problema ontológico de la cosa cuyo sentido es la inversión del vínculo entre cosas y arte. El espacio de juego que abre la obra de arte se vuelve la medida (das Massgebende) y la norma (das Richtmass) del ente y el no ente (cf. Heidegger, 1989a: 15). Es decir, la obra de arte es un espacio autorreferencial al que hay que dirigir la mirada para construir una ontología de la cosa. El carácter de cosa de las cosas se muestra en el espacio de juego conflictivo de la obra de arte.

La intimidad y la cuadratura (das Geviert) en la conferencia die Sprache

El modelo conflictivo de intimidad que surge de la obra de arte se complejiza con la reformulación del mundo como cuadratura. Heidegger aborda temáticamente la relación entre intimidad y cuadratura en la conferencia die Sprache. El punto de partida de la reflexión es la poesía de Trakl Ein Winterabend. En un trabajo anterior propuse una lectura semiótica de la cuadratura a partir de la reflexión de Heidegger sobre la primera estrofa de Ein Winterabend (cf. Bertorello, 2011). Afirmaba que la reformulación del mundo como cuadratura expresaba el punto de vista de la producción del sentido. El mundo debía ser concebido como un espacio de sentido articulado en cuatro ejes: la tierra, el cielo, los mortales y los divinos. Cada una de estas figuras expresa un aspecto de la producción del sentido. Mientras que la tierra y el cielo se mueven en el plano referencial, es decir, de lo que Heidegger en die Sprache llama las cosas, los mortales y los divinos se mueven en el plano de la enunciación, es decir, dan cuenta de la producción del sentido tal como fue formulada en Sein und Zeit en el que el sentido siempre es sentido del Dasein. La novedad que aporta la cuadratura en comparación con el análisis del mundo de Sein und Zeit radica en que las figuras referenciales (el cielo y la tierra) introducen el punto de vista de las cosas en el plano de la producción del sentido. Asimismo, proponíamos en aquel trabajo que en cada uno de los planos, es decir, en el plano referencial y en el de la enunciación, había que distinguir dos aspectos más: la opacidad y la transparencia. La tierra como instancia material que se resiste a ser interpretada daba cuenta de una instancia referencial opaca. El cielo, por el contrario, como donación de sentido de las cosas, funda una referencia transparente. Los divinos introducen en el plano de la producción del sentido la transparencia enunciativa. Con ello quiero decir que los divinos describen aquel aspecto del Dasein que funda el mundo. Los mortales, por último, aluden a la opacidad enunciativa, al hecho de que el Dasein, al mismo tiempo que funda el espacio del sentido, se desfonda y se cierra. En síntesis, la lectura semiótica de la cuadratura, que la aborda desde el punto de vista de la producción del sentido, muestra que el espacio semántico se constituye por el cruce conflictivo de dos maneras opuestas de ver la génesis del sentido: una semántica de carácter personal (los divinos y los mortales) y otra de carácter impersonal (el cielo y la tierra).

En este trabajo voy a focalizarme en el concepto de intimidad. De acuerdo con la argumentación que vengo sosteniendo hasta ahora se puede hablar de tres maneras distintas de concebir la intimidad. Al modo de la novela de Juan José Saer, en la que la función semiótica del cuerpo desarticula el cruce entre el plano de la expresión y el del contenido. La intimidad adquiere un carácter netamente antifenomenológico. Saer niega la posibilidad misma de la significación, de la producción del sentido. En el otro extremo se encuentra justamente la interpretación fenomenológica de Husserl. En la sexta investigación lógica la función semiótica aparece como una fusión íntima (Innigkeit der Verschmelzung) entre el plano de la expresión, el del contenido y la cosa, en la que los tres se adecuan perfectamente. Por último, la ontología de la obra de arte en Heidegger da cuenta de una tercera posibilidad que recoge de la posición antifenomenológica la idea de que en la producción de sentido (la obra) hay un resto (la tierra) que no se deja atrapar por la significación (el mundo). El modelo semántico de la obra de arte sirve para justificar esta relación de intimidad conflictiva en la que el plano del contenido y el de la expresión se vinculan pero no se fusionan de manera perfecta. Hay una inadecuación constitutiva entre ambos planos.

En la conferencia die Sprache, después de haber reflexionado sobre la cuadratura, Heidegger se refiere a la intimidad que surge de estos cuatro ejes semánticos de la tierra, el cielo, los mortales y los divinos. Afirma: “La intimidad del mundo no es una fusión (Verschmelzung)” (Heidegger, 1997: 24). Leo en esta oración una referencia a la sexta investigación lógica. Heidegger toma distancia del modelo de la perfecta adecuación entre significación (en su doble aspecto de significado y sonido) e intuición perceptiva. Pero esta distancia no lo conduce a una postura antifenomenológica semejante a la novela Nadie nada nunca. Los distintos conceptos con los que Heidegger piensa la intimidad más bien procuran establecer una relación entre términos que, si bien no se identifican, guardan un vínculo conflictivo.

La intimidad de la cuadratura asume una serie de rasgos que intentan conceptualizar el conflicto fronterizo que establece la función semiótica cuando pone en relación instancias heterogéneas. Heidegger los introduce cuando reflexiona sobre la segunda estrofa de Ein Winterabend. Mientras que la primera estrofa tiene por tema cómo las cosas vienen al mundo, la segunda adopta el punto de vista inverso, es decir, cómo el mundo viene a las cosas. De lo que se trata, como se puede apreciar, es de la relación de intencionalidad entre el espacio del sentido (el mundo) y las cosas. Ciertamente Heidegger no defiende algo así como un realismo ingenuo en el que las cosas subsisten con un sentido independiente de las condiciones de inteligibilidad del mundo. Más bien se mueve en un planteamiento fenomenológico como el de Husserl en el que la adecuación entre significado y percepción no tiene la naturaleza de una relación entre cosas existentes, sino el carácter de un vínculo entre dos actos. La reflexión sobre la primera estrofa arroja como resultado la reformulación del mundo como cuadratura. Con ello Heidegger muestra cómo la experiencia fenomenológica de las cosas conduce a una idea de la producción del sentido que reúne el punto de vista de una semántica de primera persona (los divinos y los mortales) y la perspectiva de otra semántica de tercera persona (la tierra y el cielo).

La meditación sobre la segunda estrofa tiene por tema cómo pensar el vínculo entre el mundo y las cosas. En primer lugar, Heidegger descarta que la relación sea de contigüidad (nebeneinander) o de acoplamiento (aneinder gekoppelt). El mundo y las cosas no son dos instancias absolutamente heterogéneas que sólo pueden tocarse de manera contigua o, en todo caso, que puedan acoplarse como cosas complementarias. Por el contrario, el mundo y las cosas, si bien se distinguen (geschieden), no están separados (getrennt): “ellos se atraviesan (durchgehen einander)” (Heidegger, 1997: 24). Este cruzamiento en el que las cosas y el mundo se penetran mutuamente es lo que Heidegger quiere conceptualizar con las nociones de medio (Mitte), intimidad (Innigkeit), entre (Zwischen), diferencia (Unterschied) y dimensión (Dimension).

Todo este vocabulario debe entenderse como el intento de situarse en la frontera que separa y vincula el espacio del sentido y las cosas mismas. Son perspectivas conceptuales para dar cuenta de lo mismo. Mediante el recurso de sustituciones sinonímicas, Heidegger propone la siguiente serie: el mundo y las cosas miden atravezándose (durchmessen) un medio (Mitte); el medio de los dos es la intimidad; el medio es el entre (Zwischen); la intimidad de los dos esencia la diferencia (Unter-schied); la diferencia es la dimensión (Dimension) (cf. Heidegger, 1997: 24-25). Este último concepto de dimensión tiene claramente un sentido espacial. Heidegger precisa que no se trata de un espacio geográfico real (vorhandener Bezirk). La dimensión[18] describe la intimidad como el espacio del sentido. Heidegger lo concibe como un medir (ermessen) que abre (eröffnen) la relación conflictiva entre el mundo y las cosas.

La diferencia ontológica entre el mundo y la cosa, que la noción de intimidad intenta pensar, puede ser abordada desde un punto de vista dinámico. Podría decirse que la meditación sobre la segunda estrofa arroja como resultado una serie de conceptos que describen estáticamente el espacio íntimo del sentido. El “medio”, el “entre”, la “diferencia” y la “dimensión” expresan el resultado del vínculo de intimidad. Las tensiones que resultan de los cuatro ejes de la cuadratura. La reflexión sobre la tercera estrofa del poema enfoca la intimidad desde un punto de vista dinámico: “La tercera estrofa le pide al medio que venga para el mundo y la cosa: el parto (Austrag) de la intimidad” (Heidegger, 1997: 26). Esta perspectiva dinámica desde la cual Heidegger reflexiona sobre el mismo problema de la función semiótica arroja un nuevo grupo de conceptos cuya finalidad no es más que pensar lo mismo desde el punto de vista genético de las condiciones de producción del sentido.

La imagen poética que describe el medio en el que el mundo y las cosas se atraviesan es el umbral. Es la viga maestra (Grundbalken) que está en la puerta y distingue el adentro y el afuera: “el umbral lleva el entre” (Heidegger, 1997: 26). Este espacio de mediación entre el adentro y el afuera se caracteriza por un dolor (Schmerz). El dolor es la diferencia misma entre el mundo y las cosas. Rompe, parte, separa o desgarra. Es decir, el dolor es un desgarramiento (Riss). Sin embargo, no hace añicos, sino que reúne los términos que desgarra. A este aspecto unificador del dolor Heidegger lo llama el ensamble (Fuge). De esta manera la perspectiva genética queda caracterizada cuando la reflexión se ubica en el punto de vista del umbral concebido como el entre que gesta la diferencia del mundo y las cosas. El desgarramiento entre ambas instancias es al mismo tiempo un separar que reúne y ensambla lo distinto. El dolor da cuenta genéticamente de la intimidad entre el mundo y las cosas: “El verso llama a la separación (Schied) del entre, el medio que reúne, en cuya intimidad se miden mutuamente atravenzándose (durchmessen) el nacimiento (Gebärde) de las cosas y la gracia del mundo” (Heidegger, 1997: 27).

Así, entonces, y a modo de conclusión, se puede decir que el tratamiento de la intimidad en la conferencia die Sprache adopta dos puntos de vista complementarios. Una mirada que enfoca estáticamente la intimidad. Y como resultado de ello surgen los términos de medio, entre, diferencia y dimensión (medida). Y otra mirada que dice lo mismo, pero desde un punto de vista genético. Se aborda el parto de la intimidad. De aquí surgen las nociones de desgarramiento (Riss) y ensamblaje (Fuge). Los dos puntos de vista hablan del espacio del sentido, de la función semiótica que distingue y reúne conflictivamente dos instancias heterogéneas: el mundo y las cosas.

Consideraciones finales

A lo largo de todo el trabajo intenté construir una hipótesis interpretativa del concepto de intimidad que se centró en tres estrategias argumentativas. En primer lugar, traté de poner en primer plano la dimensión fenomenológica de la intimidad. Para ello mostré cómo la afirmación de la conferencia die Sprache, a saber, que la intimidad del mundo no es una fusión, puede ser puesta en relación con la afirmación de Husserl, en la sexta investigación lógica, sobre la fusión-identificación entre intención significativa e intuición. La negación de Heidegger a considerar a la intimidad de acuerdo con el modelo de una perfecta adecuación no tiene como consecuencia un abandono de los lineamientos fundamentales de la fenomenología sino, por el contrario, una complejización de los vínculos entre los cuatro ejes que constituyen el espacio del sentido. Las relaciones entre significación y cosa se tornan conflictivas. En segundo lugar, propuse una interpretación de la intimidad como función semiótica. Esta interpretación tiene su legitimidad argumentativa en el hecho de que ambas nociones (mundo y función semiótica) dan cuenta de las condiciones de producción del sentido. El rendimiento interpretativo de esta segunda estrategia radicó en mostrar más detalladamente cómo en la noción heideggeriana de intimidad se reúne conflictivamente el plano de la expresión y el plano del contenido. Por último, la tercera estrategia argumentativa consistió en una contraposición de tres maneras diversas de concebir la función semiótica: a) el modo antifenomenológico de Juan José Saer en su novela Nadie nada nunca; b) el modo fenomenológico de Husserl en la sexta investigación lógica; y c) el modo en que Heidegger reformula los planteamientos fenomenológicos en Vom Ursprung des Kunstwerkes y la conferencia die Sprache.

Referencias bibliográficas

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  1. CONICET-Universidad de Buenos Aires-Universidad Nacional de San Martín
  2. Para un desarrollo de esta idea cf. Mattéi, 2001: 130 y 175.
  3. Todas las traducciones son mías salvo que se indique lo contrario.
  4. La expresión “espacio de sentido” alude al término de Steven Crowell “space of maening”. Es un concepto que intenta comprender el núcleo problemático de lo que se llamó el giro lingüístico. Para Crowell, el tema que recorre distintas tradiciones filosóficas en el siglo XX no es tanto el lenguaje como el sentido. El espacio del sentido nombra lo que Wittgenstein llamaba “el espacio lógico”; la fenomenología husserliana, “la inmanencia”; el neokantismo, “el ámbito de validez”; Sellars, “el espacio de las razones”; y Heidegger, “el mundo” (cf. Crowell, 2001: 3 y ss.). Agrego que la expresión de Crowell puede extenderse al plano de la semiótica greimasiana. El espacio del sentido se corresponde con lo que Greimas llama “el universo semántico”: “Estamos definitivamente encerrados en nuestro universo semántico, y lo mejor que podemos hacer es tomar conciencia de la visión del mundo que en él se halla implicada, a la vez como significación y como condición de esa significación” (cf. Greimas, 1987: 180). También ver la entrada “Universo” del Diccionario de semiótica (Greimas y Courtes, 1990: 426).
  5. Confrontar la exposición de este concepto en Fontanille, 2006: 36.
  6. La relación entre expresión y contenido (funtivos) es de solidaridad, de presuposición recíproca. La función implica una “presencia simultánea” de expresión y contenido (Hjelmslev, 1980: 74-75).
  7. La caracterización del referente como una sustancia del contenido se puede apreciar claramente en el ejemplo que Hjelmslev da sobre el anillo. El marco argumentativo donde aparece este ejemplo es una nueva reflexión sobre la concepción del signo como representación de algo. Hjelmslev reconoce que en cierto sentido se puede decir que el signo está en lugar de otra cosa. Para ejemplificar esta idea apela al anillo que lleva puesto. La palabra “anillo” es signo del anillo real que lleva puesto en el dedo. Ahora bien, el referente del signo, es decir, el anillo, la cosa real, tiene que ser considerada como una sustancia del contenido que sólo puede ser informada, estructurada por la forma: “Pero esa cosa que llevo en el dedo es una entidad de sustancia del contenido, la cual está ordenada con una forma del contenido (a través del signo) y clasificada bajo ésta justamente con otras varias entidades de sustancia del contenido (por ejemplo, el ruedo, en una plaza de toros). Que un signo sea signo de algo quiere decir que la forma del contenido de un signo puede subsumir ese algo como sustancia del contenido” (Hjelmslev, 1980: 85-86).
  8. La idea es que “la sustancia depende de la forma a tal punto que vive exclusivamente a causa de ella y no puede decirse que tenga existencia independiente” (Hjelmslelv, 1980: 76). Cada lengua informa el sentido, es decir, el pensamiento considerado como una masa amorfa y continua: “continuum amorfo” (cf. Hjelmslev, 1980: 80). Es decir, cada lengua establece sus propios límites dentro del espacio continuo del sentido. La forma del contenido es independiente respecto de la masa amorfa del sentido. Mantiene con él una relación arbitraria y le da forma a la sustancia del contenido (cf. Hjelmslev, 1980: 79).
  9. En Semiótica de las pasiones el cuerpo aparece como la instancia de la enunciación que instituye la existencia semiótica, es decir, instituye el sentido como campo de investigación semiótico. De esta manera el cuerpo se transforma en el lugar de la significación y desplaza así a la noción de signo (cf. Greimas y Fontanille, 1994: 13).
  10. El plano de la expresión y el plano del contenido adquieren otra denominación dentro de la semiótica greimasiana: al plano de la expresión se lo denomina “plano exteroceptivo” y al del contenido “plano interoceptivo”. Las diversas posiciones que el cuerpo adopta al reunir los dos planos se denomina “propioceptividad”. El cuerpo propio da lugar a dos macrosemióticas móviles: la exteroceptividad instaura una semiótica del mundo natural y la interoceptividad a una semiótica de las lenguas naturales. Se entiende por significación el acto que reúne estas dos macrosemióticas (cf. Fontanille, 2006: 35).
  11. Para un desarrollo de la noción de la función semiótica como límite y frontera confrontar, ver Fontanille, 2006: 33-34).
  12. Robert Sokolowski, en su trabajo titulado “Semiotics in Husserl’s Logical Investigations”, propone una lectura realista de este pasaje (2002: 175).
  13. Gaos y García Morente traducen “superpuesta”.
  14. Para otra lectura semiótica de las Logische Untersuchungen que toma como marco teórico la lingüística de R. Jakobson, cf. Söze, 1988.
  15. Un artículo pionero de K. H. Nielsen abordó por vez primera una interpretación del ensayo de 1936 Der Ursprung des Kunstwerkes a la luz de la semántica estructural de A. Greimas. Aplicó el cuadrado semiótico como categoría de análisis de la lucha (Streit) entre la tierra y el mundo para mostrar justamente que dicho conflicto da cuenta de la estructura elemental de la significación. El conflicto de dos términos opuestos da cuenta de la producción del sentido, es decir, de la condición de posibilidad de la significación (cf. Nielsen, 1976: 198). Esta idea fundamental de que la lucha entre el mundo y la tierra expresa el punto de vista de la enunciación puede ser reinterpretada a partir del desarrollo posterior de la semiótica greimasiana cuando adpota la noción de función semiótica como sede o vector de la significación.
  16. Nielsen interpreta el vínculo del mundo y la tierra de la manera siguiente: la articulación de la significación se da por medio de la lucha. Este conflicto instituye la significación como tal. Los términos del conflicto, a saber, el mundo y la tierra, se corresponden respectivamente con las nociones de forma y sustancia (cf. Nielsen, 1976: 200). La tesis que intento justificar es que el mundo se corresponde con el plano del contenido. Se pude hablar de una forma del contenido siempre y cuando no se la identifique con el recorte semántico que las lenguas naturales hacen del significado. Cuando Nielsen dice que “el mundo designa, si se quiere, la estructuralidad misma” (Nielsen, 1976: 200), por estructuralidad no hay que entender la estructura lingüística sino, por el contrario, lo que Heidegger llama en Sein und Zeit la estructrua del mundo, a saber, la significatividad (Bedeusamkeit). La significatividad expresa una articulación de significados de orden prelingüísitico, es una armazón a priori estructurada de la manera siguiente: “por mor del que” (Worumwillen), el “para” (Umzu), el “para qué” (Wozu), “en qué del dejar ser en respectividad” (Wobei des Bewendenlassens) y el “con qué de la condición respectiva” (Womit des Bewandtnis) (cf. Heidegger, 1986: 87). Se puede llamar “forma” a esta red semántica porque todo aquello que tiene significado se da dentro de esta estructura significativa, pero de ninguna manera se trata de la forma del contenido tal como la concibe Hjelmslev. Con respecto a la afirmación de que la tierra se corresponde con la sustancia, me parece que un aspecto de la sustancialidad que se puede predicar de la tierra: el hecho de que designe aquello que se relaciona con el mundo de manera conflictiva, es decir, aquello que escapa a la forma significativa del mundo. La materialidad a la que la tierra alude, los materiales de los que la obra está hecha, se mueven dentro del campo semántico de la expresión. Esta materia difiere de aquella que están hechos los útiles tal como aparece en Sein und Zeit. La diferencia radica en que la materia de los útiles está subsumida por la finalidad del útil (para y para qué) mientras que la materia de la obra de arte queda por fuera de la función pragmática (cf. Von Herrmann, 1994: 193 y 197). De esta manera la materia se muestra por fuera de la significatividad del mundo. Una materia por fuera de los significados pragmáticos puede ser interpretada como sustancia, es decir, como un continuum material. Por ello afirmo que se mueve en el plano de la expresión.
  17. Sigo la traducción de A. Xolocotzi.
  18. En la lección del semestre de verano de 1927 Die Grundprobleme der Phänomenologie Heidegger aborda el concepto de dimensión en el marco de su interpretación del concepto aristotélico de tiempo. La dimensión explica la estructura del movimiento como concepto fundamental que está implicado en el tiempo. Da cuenta de la estructura del “desde algo” “hacia algo” propia del movimiento. Ahora bien, en esa lección de 1927 el aspecto espacial no es fundamental para comprender la dimensión ya que lo que intenta Heidegger es abarcar con el concepto de dimensión tanto el movimiento local (de corte claramente espacial) como el cualitativo (que no tiene carácter espacial). En ambos casos hay un “desde algo” “hacia algo”, pero no necesariamente tiene un sentido espacial. A propósito de la dimensión afirma: “Llamamos a esta estructura del movimiento su dimensión y comprendemos el concepto de dimensión en un sentido totalmente formal, donde el carácter espacial no es esencial. Dimensión quiere decir distención (Dehnung), donde la extensión (Ausdehnung) en el sentido de la dimensión espacial representa una determinada modificación de la distensión” (Heidegger, 1989b: 343) (énfasis en el original).


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