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Palabras finales

El teatro no se pude estudiar de espaldas a las artes escénicas pues es una de ellas. La disonancia entre los mundos académicos y teatral ha forzado una manera de entender el teatro como literatura dramática escrita por grandes autores. Aunque esta entra bien dentro de los parámetros tradicionales de estudio literario […], las artes escénicas son un fenómeno colectivo que necesita de la participación de un conjunto de personas muy amplio […] (Martínez Valderas, Alba Saura-Clares y Luque, 2023: 13).

Este fragmento, que abre el volumen que Jara Martínez Valderas, Alba Saura-Clares y Diana I. Luque dedican a la escena hispánica del siglo XXI, bien describe el enfoque multi- e interdisciplinario que decidí abrazar a lo largo de este recorrido, convencida de que el texto dramático no solo es un objeto de análisis sino, sobre todo, una oportunidad para reflexionar acerca del entorno social, político y cultural sobre el que se proyecta. De hecho, más que buscar una vocación textual en el teatro, creo que siempre deberíamos buscar una vocación teatral en el texto, es decir, esa vocación a la relación que hace de cada pieza un acontecimiento humano en el que guion y puesta en escena cooperan en la realización de una misma situación comunicativa y emocional. Todo esto es posible porque el espacio de la escena es, por su naturaleza, un espacio móvil, maleable, capaz de superar sus propias paredes e invadir calles, plazas, escuelas, hogares, lugares comunes y mundos imaginarios. En el teatro, asevera Fabrizio Cruciani, el espacio

no es solo una cualidad de la realidad física, sino más bien una estructura histórica de la experiencia: en el arte, y en el teatro, es una dimensión del sujeto, que remite a lo imaginario, a la actividad fabuladora del intelecto (Cruciani en Cuppone, 2024: 17)[1].

Del mismo modo, el artivismo textil trabaja materialidades que contienen en sí mismas una innata vocación al encuentro y al movimiento: son obras de arte que utilizan el lenguaje estético siempre a través de una perspectiva colectiva y que hacen del espacio de la comunidad un espacio de memoria, resistencia y belleza. De hecho,

el textil moviliza y es testimonio del pasado, el presente y el futuro. Un lenguaje que denuncia tanto en su contenido como en su práctica, que convoca y acciona sobre posicionamientos políticos frente a las vivencias, desigualdades, vulneraciones, pero también reconstrucciones y ejercicios de dignidad y memoria que atraviesan sujetos y comunidades (Cuéllar, Barona, González-Arango, Pérez-Bustos, Rivera y Siman, 2022: 10).

Por lo tanto, lo que comparten el teatro y el artivismo es la misma vocación a la que Nicolas Bourriaud llama “estética relacional”, una estética propia de “un arte que tomaría como horizonte teórico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social, más que la afirmación de un espacio simbólico autónomo y privado” (2008: 13). De acuerdo con el crítico francés, la obra se presenta “como una apertura posible hacia un intercambio ilimitado” que permite “la elaboración colectiva del sentido” ya que “el arte siempre ha sido relacional en diferentes grados, o sea, elemento de lo social y fundador del diálogo” (2008: 14). Retomando el concepto de arte como intersticio social –que Bourriaud entiende como “espacio para las relaciones humanas(2008: 16)– y aplicándolo a las experiencias mexicanas, argentinas y chilenas, los escenarios teatrales y artivísticos se configuran como una zona de comunicación y de puesta en común donde hacer y ser comunidad para tejer, todas y todos juntos, “redes de indignación y esperanza” (Castells, 2012).


  1. “Lo spazio è così non soltanto una qualità della realtà fisica quanto piuttosto una struttura storica dell’esperienza: in arte, e nel teatro, è una dimensione del soggetto, che rimanda all’immaginario, all’attività fabulatrice dell’intelletto”. Traducción mía.


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