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1 Uruguay: crónica de los primeros hallazgos de cadáveres

El 22 de abril de 1976, entre las 8 y las 8.15 de la mañana, Pedro Moreira Olid caminaba por la costa en Laguna de Garzón, en el departamento de Rocha, Uruguay, cuando encontró el cuerpo de un hombre muerto. Estaba boca abajo, y tenía las manos atadas con un listón de tela azul y los ojos vendados con una tela de color naranja.[1]

Al lugar acudieron la jueza de Paz, un suboficial de la Prefectura y un médico de la policía. Allí se hizo la primera observación clínica.

Mientras eso ocurría, a las 9.35, a ocho kilómetros de ahí, en la costa del paraje El Caracol, Juan de Dios Churi encontraba otro cuerpo. Era el cadáver de un hombre que tenía las piernas atadas con una cuerda. La “brutal intensidad de la ligadura” le había roto los tejidos, las venas, las arterias y los tendones, indicó la primera autopsia. De sus pies colgaban los restos de lo que había sido un pantalón de tela de jean de los que en esos años se denominaban “pantalón vaquero”.

Ambos cuerpos fueron trasladados al hospital de Rocha, que ocasionalmente no tenía luz eléctrica. Allí y en esas condiciones se realizó una primera autopsia y luego una segunda en la morgue del Centro Departamental.

La interpretación médica de los signos del cuerpo que apareció primero señaló:

El examen clínico demuestra un cuerpo en avanzado estado de descomposición […] con múltiples erosiones y heridas superficiales y profundas en ambos hombros, gran cantidad de hematomas, fracturas de ambos brazos. La parte superior de la cara firmemente apretada con un ancho vendaje atado en la parte de atrás, que una vez quitada mostró lesiones profundas […]. Edema importante del escroto y de los miembros. Llama la atención la falta del clásico “hongo de espuma” en la boca y en las narinas que certifica la muerte por inmersión […] la muerte debe datar de más de 10 días. Las fracturas de los brazos, la gran profusión de hematomas, permiten afirmar que la muerte se produjo por los múltiples traumatismos recibidos antes de la inmersión.[2]

En el informe realizado por el primer médico sobre el segundo cuerpo hallado, consta: “Expresa el Doctor que por el estado que presenta el cuerpo, éste debe haber sido totalmente destrozado antes de ser arrojado al agua”.[3] La autopsia realizada en la morgue del Centro Departamental concluyó lo siguiente:

Los miembros inferiores estaban firmemente ligados con una cuerda relativamente gruesa y a ese nivel se aprecia una destrucción casi completa de los tejidos. A nivel del macizo facial se aprecian lesiones óseas importantes de los siguientes huesos: maxilar inferior, superior, malares y huesos nasales.[4]

Mientras los dos cadáveres eran estudiados por los forenses, pasadas las cuatro de la tarde, Washington Huelmo Machado y Ramiro Lovato caminaban por la playa, cerca de la Barra de la Laguna de Rocha, cuando encontraron un tercer cuerpo. Esta vez era el de una mujer. Estaba boca abajo en la arena y tenía una soga atada a una pierna.

El primer informe lo firmó el mismo médico que los de los cuerpos anteriores. Allí expuso:

Presenta un avanzado estado de descomposición, no presenta el clásico signo del Hongo de Espuma, que indica que la muerte se produjo antes de la inmersión. El examen muestra signos de violación. Fractura múltiple de los huesos del miembro superior izquierdo, con total destrucción del codo. Los dos miembros inferiores también destrozados con restos de haber sido fuertemente ligados, conservándose la cuerda en la pierna derecha. Enorme cantidad de hematomas profusamente diseminados por todo el cuerpo. Destrozo total del cráneo observándose un enorme orificio irregular en la región occipital. Destrozo del macizo óseo facial.

El segundo informe indicaba que no se realizaría la autopsia debido a que la causal de muerte era “bien evidente” y que “se produjo por traumatismos violentos que destrozaron prácticamente el cuerpo de la víctima”.[5]

Entre ese día y el siguiente, cinco cuerpos fueron devueltos por el mar. El día 22, los tres ya detallados. Al día siguiente un nuevo cadáver masculino apareció también en el paraje El Caracol y otro más, también de un hombre, al este del faro de José Ignacio.

Y así siguieron apareciendo. Los hallazgos prácticamente continuos sumaron cinco en abril, seis en mayo, uno más apenas empezado junio y otro en julio. Trece en total. Volverían a producirse nuevos hallazgos en septiembre, pero me detengo acá.

Los informes producidos con base en el estudio de aquellos primeros cuerpos dan la pauta de que la hipótesis de que hubieran sido arrojados desde un avión no era contemplada aún por los médicos. Del contenido de los informes, no puede inferirse una certeza por parte de los profesionales intervinientes. Inferían la violencia extrema y la saña que los cuerpos les permitían leer. No iban más allá en sus descripciones. La violencia detallada permite suponer que todas las marcas presentes en los cadáveres fueron producto de un mismo tipo de acción, posiblemente la tortura, aunque esta no es nombrada así en los informes de autopsias.

1.1. La teoría de los orientales

Ante el hallazgo del primer y el tercer cuerpo, se asentó la posibilidad de que fueran personas de origen “oriental”. Esto era explicado por las facciones particulares que presentaban los rostros. En ningún caso se indicó que esta particularidad pudiera ser un efecto de la hinchazón producto de la inmersión prolongada, algo que los forenses sabían por su propia experiencia.[6]

Los primeros cinco cuerpos, que aparecieron prácticamente juntos y en lugares cercanos, conmovieron el interés de la opinión pública. Las autoridades uruguayas no los ocultaron –tampoco a los que aparecieron más tarde–, pero hicieron un gran esfuerzo por oficializar una lectura de los hechos que las despegara de toda responsabilidad sobre la violencia que ellos presentaban. La hipótesis del origen asiático sirvió para enviar bien lejos el asunto y también para fundar una pretendida imposibilidad de identificación.

La primera acción en ese sentido fue una conferencia de prensa ofrecida por las autoridades civiles y militares en la morgue del cementerio. Esta tuvo lugar el 24 de abril, apenas un día después de los hallazgos de los cuerpos cuarto y quinto. Fue transmitida por diversos medios, entre ellos el informativo de una radio, el Canal 7 de televisión de Rocha y el Canal 10 de Montevideo.[7] En esa ocasión, el médico forense de la policía de Rocha, Mario Katz, responsable de las autopsias, exhibió los cuerpos ante los periodistas, guiándolos para constatar las evidencias de los homicidios, la totalidad de las heridas e incluso las vejaciones genitales.

Reproduzco a continuación parte de la desgrabación de aquella exposición, tal como fue registrada en aquel momento por el juzgado interviniente:[8]

Dr. Katz: Yo creo, señores periodistas, que antes de darles una charla subjetiva va a ser más conveniente hacer un estudio de cada cadáver y mostrarles las cosas.

Dice periodista: Sumamente sintético ya que no es un espectáculo agradable y no queremos hacer una cosa macabra, lo único absolutamente objetivo, que se vea y el que vea que diga lo que vio.

Contesta Dr. Katz: Ahí está, es así que vamos a disponer la abertura de los cadáveres, mire este es el cadáver de la mujer, tal como ustedes ven, tiene la cara completamente destrozada, la parte superior tiene hundida, la base del cráneo, tiene un estado de descomposición absoluta, como ustedes ven, acá tiene este miembro completamente roto, mire ven, ahora tiene rotos los huesos de aquí de la extremidad, tiene rotos los huesos de esta otra extremidad, vino completamente atada y tiene, ven, toda la enorme cantidad de hematomas y de manchas equimóticas diseminadas por todo el cuerpo, además, ha sido violada, ahora como ustedes pueden ver por la cara y los rasgos característicos del cuerpo, esta mujer pertenece sin lugar a dudas a uno de los pueblos del Lejano Oriente. Miren acá, tiene el cráneo completamente destrozado, de manera que no cabe duda que la mujer fue asesinada antes de su inmersión, y ustedes van a ver que exactamente todo lo que sucede en este cadáver lo van a ver en todos los otros, enorme cantidad de hematomas, la cara rota, la cabeza rota, huesos rotos y algo que llama la atención es la falta absoluta del Hongo de Espuma, lo que indica que a la mujer esta la mataron antes de echarla al agua. Bueno, ven, este es el cadáver número dos que tiene las características similares a todos los otros, ha estado atado acá, fíjese todos los signos de lesiones que tiene, tiene huesos rotos en los miembros superiores como en los inferiores, el macizo facial hundido como ustedes lo pueden ver y una enorme cantidad de manchas equimóticas, si lo vemos de aquel lado, tiene rota la cabeza, las manos y los pies, tiene una enorme cantidad de manchas, por las características macroscópicas sobre el aspecto, este cadáver, lo vimos antes de ayer y también nos permite afirmar que es de raza oriental, bueno, miren, este es el cadáver número uno, que vimos nosotros, por el aspecto ustedes ven que tiene lesiones similares a los demás, la cabeza rota, los brazos rotos, tiene una enorme cantidad de hematomas y ustedes ven por las características de la cara que es chino o de una raza similar, bueno, rasgos faciales fueron absolutamente imposibles de reconocer porque tiene el cráneo completamente destrozado, pero el aspecto, la complexión del cadáver nos hace pensar que es de la misma raza de los otros cadáveres examinados, ahora, desde el punto de vista objetivo, ustedes ven que tiene las mismas lesiones que los demás, gran cantidad de manchas equimóticas de golpes, de huesos rotos, y ustedes ven aquí, en forma absolutamente objetiva, la forma como tiene el cráneo completamente destrozado.

Dice periodista: Aquí se ve la falta de pelo, inclusive en la parte del sexo.

Sigue el Dr. Katz: Bueno, eso se debe, ya que ese cadáver debe llevar más de veinte días, además algunos de estos cuerpos antes de sumergirlos, antes de matarlos han sido vejados.

Pregunta periodista: ¿Los de sexo masculino también?

Contesta Dr. Katz: Sí, sí, sí, han sido vejados, bueno mire éste, las características similares a todos los demás, el cadáver este lo vimos ayer y la cara era más visible de lo que es ahora, y es indudable que tiene las mismas características faciales que los otros, el cuerpo este según el examen completo que le hicimos ayer, antes que lo mataran fue vejado.

Pregunta periodista: En el miembro vimos que tiene un nylon, ya venía con el cuerpo o fue aplicado por ustedes.

Contesta Dr. Katz: Ya venía.

Pregunta periodista: ¿Y ese tejido de género también?

Contesta Katz: Ya venía, señor, ya venía, ahora este cuerpo fue vejado por cuanto tiene totalmente destrozada la región anal y la región inguinal. En síntesis los cuatro cadáveres examinados, cuatro, podemos afirmar que son de raza oriental.

Pregunta periodista: De éste ¿existen dudas?

Contesta Dr. Katz: No, no, duda desde el punto de vista facial, ahora desde el punto de vista de la formación física pensamos que también puede ser; las posibilidades legales de identificación son: una, las huellas digitales; segundo, la dentadura, ahora seguramente los cuerpos éstos pertenecen a personas de otras latitudes que seguramente no deben tener antecedentes de ninguna especie.

Pregunta periodista: Desde el punto de vista médico legal qué corresponde hacer, ¿nada más?

Contesta Dr. Katz: Nada más, ahora lo importante desde el punto de vista médico legal es ver y ver las posibilidades de afirmar si el sujeto falleció en el agua o antes de ser echado al agua. Aquí, en todos estos cinco cadáveres podemos afirmar que han sido asesinados, como ustedes han podido apreciar, en forma sumamente violenta y que luego han sido sumergidos.

Pregunta periodista: Doctor, si nosotros tuviéramos los medios se podría, analizando las vísceras, ¿saber si estas personas eran drogadictos o alguna cosa semejante?

Contesta Dr. Katz: En el momento actual, es decir, luego de veinte días de su muerte, el análisis de las vísceras muy difícilmente nos pudiera dar algún dato, se necesita un laboratorio químico muy bien montado, hacer estudios muy, muy especiales a los efectos de poder afirmar, pero les puedo adelantar que después de tantos días es muy difícil llegar a afirmar eso, ahora lo que es evidente es que todos estos individuos han sido asesinados en una forma salvaje y desconocida afortunadamente en estas latitudes.

Si alguna medida de cautela pudo leerse en el texto de las autopsias, fue abandonada por el médico ante la prensa. La voluntad de exhibición y su insistencia en algunos puntos específicos, como la violencia sobre los genitales, dan cuenta de una intencionalidad manifiesta en darle forma a la lectura pública de los cuerpos: perversión extrema y prácticas sádicas sin antecedentes en ese lugar geográfico; crímenes inimaginables que solo pueden tener lugar en culturas completamente distintas.

En pocos minutos, el médico enfatiza cinco veces en el origen oriental o distante de proveniencia de los cuerpos y de responsabilidad de los crímenes. El éxito de su insistencia –o la connivencia del periodista– se manifiesta en la pregunta sobre el consumo de drogas, que aleja toda hipótesis de violencia política.

Ese mismo día, el Comando General de la Armada emitió el comunicado n.º 1.311, destinado a orientar la interpretación hacia la misma teoría sobre la proveniencia de los cuerpos y alertar a la población respecto de las teorías erróneas que circulaban.

La conferencia de prensa había tenido lugar un sábado. Exactamente una semana después, el 1.º de mayo, ingresaba a la misma morgue un nuevo cuerpo hallado también en la playa, esta vez en el balneario La Esmeralda de la Coronilla, presentando el mismo tipo de heridas que los anteriores.

Julio César Sanguinetti, el médico que analizó el cuerpo en la guardia del Hospital de Castillo, indicó: “El cadáver corresponde a un hombre presumiblemente, por sus rasgos, de raza asiática”, sumando el dato del cutis “achinado”. Inmediatamente antes de esos datos, el médico había asentado una descripción que detallaba la “pérdida de carne” en varias zonas del cuerpo, entre ellas, la cara, y el hundimiento de cráneo, explicando que ello haría imposible la identificación.

Pocos días más tarde, continuaron los hallazgos, ya no solo en el departamento de Rocha, sino también en Montevideo y Colonia. Diversas evidencias propias de estos nuevos acontecimientos hicieron que la hipótesis asiática se volviera difícil de sostener.

Me detendré nuevamente en los registros de esos hallazgos porque la información provista por ellos y su circulación conformó un indicio fuerte de qué era lo que estaba ocurriendo, aportando a rebatir la hipótesis oficial.

1.2. Primeras constancias de identificaciones contemporáneas a los hallazgos

Los dos cuerpos siguientes aparecieron en la costa de Montevideo. El primero de ellos fue hallado el 9 de mayo por un barco pesquero, junto a una boya, a doce millas de la costa. Era de una mujer de raza blanca. La autopsia indicó que no se comprobaban lesiones que pudieran haber producido la muerte y por ello presumió que esta se debió a una “asfixia por sumersión”, aunque tampoco indicó haber hallado los efectos de tal circunstancia.

Los registros de ese caso permiten conocer algo más sobre la tramitación policial que ocurría ante estos hallazgos. El día 12 de mayo, Interpol de Uruguay remitió un oficio a Interpol de Argentina para solicitar la identificación mediante la remisión de huellas dactilares.[9] El texto de la comunicación da cuenta de la existencia de otras gestiones de igual tenor:

Relacionado con nuestras comunicaciones anteriores sobre hallazgos de seis cadáveres en aguas territoriales uruguayas (Departamento de Rocha), cúmpleme llevar a vuestro conocimiento que con fecha 9 de mayo próximo pasado, ha aparecido un séptimo cadáver a la altura del Balneario La Floresta (Departamento de Canelones). Dicho cuerpo pertenece a una persona del sexo femenino y que tenía cabellos cortos, pelirroja, cutis blanco y pecosa, de 30 a 35 años y medía 1.60 aproximadamente, ojos color marrón verdoso, dientes postizos, incisivos superiores con puente de metal de plata a los molares; cuerpo totalmente desnudo y el pie derecho atado con un trozo de cuerda de (piola trenzada) de unos 60 cm. de largo, la que aparentemente habría estado amarrada a una plomada y que posiblemente con el movimiento del cuerpo se rompió quedando el mismo a la deriva. Presentaba tres pequeñas quemaduras sobre el dedo pulgar izquierdo y sobre la misma mano como que la víctima fue quemada varias veces con un cigarrillo.
En examen a simple vista se puede diagnosticar que tiene el cuello roto y nuca descoyuntada, vagina sana, ano completamente destrozado y gran derrame interno en la parte superior del tórax; posiblemente cadera del lado derecho descoyuntada y un orificio en la región de la cadera izquierda, posiblemente tratase de un orificio de bala. El cuerpo estuvo de 48 a 72 horas en el agua.
Se adjunta una carpeta con fotograías e impresiones digitales de la víctima encareciendo urgentes resultados.[10]

Llama la atención el nivel de detalle de la descripción, mucho más precisa que las registradas en los informes de autopsias relevados. Además, anexos a este documento, se encuentran otros que portan, por ejemplo, un informe pericial sobre la prótesis dental de la mujer, que había sido ordenado por el juez instructor. Esto puede responder a diferentes razones: podría ser que el cuerpo estuviera en mejores condiciones de conservación que los anteriores.[11] Podría explicarse atendiendo a que se trata de una jurisdicción distinta. También puede deberse a la existencia de un doble registro: uno en el ámbito judicial y administrativo y otro en los archivos de inteligencia de las Fuerzas Armadas o de Seguridad.

En cualquier caso, ahora sabemos que, en el momento de cada hallazgo, la Policía Federal Argentina tomaba conocimiento de los detalles y, si existían huellas que permitieran su identificación, tal vez accedía a la identidad de las víctimas. En este caso, la PFA habría realizado el cotejo dactiloscópico y arribado seis días más tarde a la información sobre la identidad del cuerpo como María Rosa Mora, pero esa información no trascendió los límites de los registros oficiales.[12]

Con el siguiente hallazgo, la situación comenzó a configurarse con más claridad a ambos lados del Río de la Plata. A las 7.30 de la mañana del 14 de mayo, un pesquero uruguayo rescató un cuerpo de las aguas del río. El forense asentó que se trataba de un cuerpo masculino de aproximadamente 20-25 años. Agregó: “… en la espalda presentaba hematomas a causa de golpes de látigo o similares, en la cintura presentaba golpes, también en la cadera, en la nuca se observa hematomas, en la región anal una lastimadura tal vez con algún objeto punzante”. Al igual que el cuerpo de la mujer, el médico escribió que no presentaba fracturas visibles. Concluía el informe que se ignoraba la causa de muerte. Entre los posibles elementos identificatorios, mencionaba la extracción de huellas dactilares y el detalle de un tatuaje en el brazo derecho en forma de corazón con las iniciales “F.Y.A.”.

La información trascendió de manera veloz a ambos lados del río y dos días más tarde la prensa argentina informaba sobre el hallazgo del cadáver de un hombre de mediana estatura que podría tener 35 años de edad –diez más de la edad asentada en los primeros registros–. Las notas se basaban en un comunicado oficial de la Prefectura Nacional Naval uruguaya. Varios periódicos replicaban la misma información. Las notas sobre el hecho, que incluían la descripción detallada del cuerpo, llegaron a manos de Arsinoe Avellaneda, cuyo sobrino de 15 años, Floreal Edgardo Avellaneda, se encontraba desaparecido y tenía similares características físicas y un tatuaje igual al descripto.[13] Esto la llevó a acudir a la Justicia para solicitar un cotejo de identidad.

El tema era claramente de interés de la prensa. El día 22 de mayo, el diario La Opinión informaba sobre un habeas corpus presentado para que los registros dactilares del cuerpo aparecido fueran cotejados con los del ciudadano argentino César Godoy Álvarez.[14] El día 9 de junio, ese mismo diario informaba sobre el mismo trámite referido a Floreal Avellaneda. Todo ello intercalado con nuevas notas sobre los cadáveres que seguían apareciendo en el país vecino.

Arsinoe Avellaneda emprendió varias gestiones. En primer lugar, llamó a la Agencia Télam, consultando por la información difundida. Le dijeron que no se trataba de un niño, sino de una persona de más edad.[15] Esa respuesta no la convenció e inició dos trámites judiciales. El primero, el 19 de mayo ante el Tribunal de Menores n.º 3 de San Isidro, acompañando copias de las notas de prensa con la descripción. El juez se limitó a ordenar la búsqueda de Floreal.

El segundo fue presentado el 27 de mayo en la justicia federal de San Martín, iniciándose la causa n.º 28.479/76. Al día siguiente el juez libró un exhorto a su par de Montevideo para pedir información, solicitud que remitió a través del Ministerio de Relaciones Exteriores. Reiteró estos pedidos el 10 de junio, ocasión en la que solicitó la remisión de las fichas dactiloscópicas. Las obtuvo un año más tarde. A fs. 126 de ese expediente, consta el envío a la Policía Federal para su cotejo. A fs. 132 está agregado un informe del 3 de septiembre de 1977, en el que la División Información de Antecedentes de la PFA determinó que las huellas remitidas se correspondían con las registradas en el prontuario de Floreal Edgardo Avellaneda, indicando que “por lo tanto son una sola y única persona”.[16] El juez informó a la familia sobre el resultado positivo basado en fotografías y en el cotejo dactiloscópico.[17] A continuación declinó la competencia en relación con la investigación del homicidio, en razón de que el cuerpo había aparecido en las costas del país vecino.

Así tomó conocimiento Arsinoe Avellaneda de que su sobrino –cuya madre había sobrevivido al secuestro y se encontraba detenida a disposición del Poder Ejecutivo– había muerto por las torturas y que su cuerpo vejado había sido arrojado al mar, donde las mareas lo habían llevado hasta el puerto uruguayo de Montevideo.

Arsinoe tenía algún indicio de que el secuestro de Floreal y su mamá vinculaba a militares de Campo de Mayo porque, cuando fue hasta allí a preguntar por ellos, pudo identificar por casualidad a una de las personas que participaron del operativo –ella había estado presente–.[18] Aun así, no sabía que ahí funcionaba un centro clandestino de detención, ni que desde allí podría haber sido trasladado Floreal en un avión para ser arrojado al agua. Esa hipótesis, que podría funcionar como un puente entre una presunción –la de la participación de esos militares– y una certeza –la del cuerpo del chico aparecido en la playa–, aún no tomaba forma. Por lo menos no se avizora en los diversos documentos de la época que permiten narrar hoy estos hechos.

1.3. Detrás del mito de los orientales

Respecto de la trascendencia de la información que pudo haber desarmado el mito asiático, es difícil afirmar algo con certeza. Los mitos circulan y crecen a una velocidad mayor que los pequeños datos concretos.

La historia creció, tomando matices diversos: un barco chino con prácticas sadomasoquistas; una fiesta donde se consumían sustancias prohibidas; una secta oriental con rituales indecibles. El morbo popular estaba listo para todo, menos para una hipótesis que se acercara a la verdad: que alguno de los gobiernos lindantes a esas aguas estuviera matando opositores políticos de ese modo tan tremendo.

La agencia France Press se había atrevido a ponerles historia a esos cuerpos, indicando que cuatro de ellos correspondían a militantes uruguayos desaparecidos de la cárcel de Libertad. Así lo afirmó en un cable en París el 4 de mayo de 1976.[19] Rápidamente, el gobierno uruguayo salió a corregir el rumbo de las interpretaciones posibles de los hechos.

El 22 de mayo, la Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas emitió el Comunicado n.º 1.322. Hablaba de diez cadáveres aparecidos que no se habían podido identificar. Indicaba que la situación se había prestado “a todo tipo de comentario, inflamándose en unos casos la imaginación popular”. No les preocupaban esos casos a las fuerzas; ellos mismos habían iniciado ese proceso que ahora describían de manera tan curiosa.

Ese comunicado se tradujo en una conferencia de prensa brindada por las Fuerzas Armadas de Uruguay y transmitida en cadena nacional por radio y televisión, en la que exhibieron, para dar prueba de vida, a los cuatro detenidos a quienes se denunciaba que correspondían los cuerpos hallados. “Uruguay mantiene un tradicional respeto por los derechos humanos”, suscribieron entonces.

Así intentó despegarse nuevamente el gobierno uruguayo de la situación, dejando en claro que los crímenes a los que atestiguaban los cadáveres no eran suyos, ni tampoco los muertos. En tal sentido, la teoría de los asiáticos se dejó correr para que la fantasía tejiera un velo que cubriese aquello que, aunque no fuera responsabilidad propia, no podía ser explicado. Era una estrategia que tenía todos los ingredientes necesarios para funcionar: la referencia a un lugar distante, a culturas poco conocidas, idiomas muy distintos, prácticas religiosas muy alejadas de las de arraigo local, particularidades físicas identificables. Además, podía alimentar todos los prejuicios sobre lo distinto, llenando el espacio del desconocimiento con estas piezas sueltas que eran los cuerpos aparecidos de pronto y como de la nada.

Los militares uruguayos no podían decir que los muertos eran argentinos opositores al régimen militar. Pero tampoco podían permitir la sospecha mínima de que fueran uruguayos asesinados por ellos mismos. Por eso, ante el cable de AFP, produjeron rápidamente su respuesta despegándose de todas las teorías e indicando que los hechos, así como alimentaron la imaginación popular, también fueron utilizados “como punto de partida por parte del aparato propagandístico enemigo, con la finalidad de engendrar la idea de ejecuciones realizadas en nuestro medio”.

La denuncia contenida en el comunicado militar podría señalarse como un antecedente vecino de lo que más tarde se denominó la “campaña antiargentina”:

Tal actividad del enemigo se cumple dentro del País y fundamentalmente fuera de fronteras, donde como es sabido varios órganos de fachada del comunismo internacional, así como agencias sensacionalistas engendran fácilmente este tipo de hechos para distorsionarlos en armonía a sus propios intereses y al de sus compañeros de ruta.

Hablaban del comunismo tratando de dañar la imagen del Uruguay, intentando disimular su derrota en el marco de las victorias militares en la “lucha contra la subversión apátrida”. Señalaban además como prueba de inocencia el haber dado publicidad inmediatamente a los hechos, a través, por ejemplo, de la conferencia de prensa brindada en el cementerio de Rocha, que daba cuenta de que el gobierno no tenía responsabilidad sobre ellos. Invitaban finalmente a los ciudadanos a reconocer los cuerpos:

Se hace saber a la población que de ninguno de los cadáveres encontrados hasta el presente se ha podido constatar antecedentes en los archivos de impresiones digitales de los órganos policiales y de la Corte Electoral.– Sin perjuicio de dicha constatación, todos aquellos ciudadanos que hayan radicado denuncias de desaparición de familiares ante autoridades competentes, podrán pasar por la Oficina de Relaciones Públicas de la Prefectura Nacional Naval durante los próximos 10 días donde se les facilitará un álbum de fotos para realizar el reconocimiento de práctica.

La prensa argentina dio publicidad rápidamente a la conferencia. El diario La Opinión lo publicó en su tapa del 23 de mayo:[20]

No pude acceder a imágenes de la conferencia de prensa para constatar el relato que dice que los presos fueron presentados rapados y con mamelucos grises.[21] En cualquier caso, nuevamente la materialidad de los cuerpos, esta vez vivos, fue la vía elegida como modo de prueba. La certificación pública de la identidad de los cuatro presos mediante presuntos abogados defensores fue la forma de cerrar ese capítulo: al problema iniciado por la aparición de los cadáveres sin identidad, se respondió con la aparición de sujetos vivos e identificados.

Mientras tanto, el gobierno norteamericano era informado acerca de estos eventos. El 27 de mayo de 1976, la embajada norteamericana en Montevideo envió al Departamento de Estado un telegrama secreto que indicaba en su encabezado, entre otras advertencias: “Aviso de Alerta – Fuentes de inteligencia y métodos sensibles involucrados”. El tema indicado era “Más información sobre la aparición de diez cuerpos en Uruguay”.

El telegrama narra la denuncia y la conferencia de prensa, mencionando una reunión entre el ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay y el embajador norteamericano, en la que el primero manifestó su preocupación sobre las implicaciones de la denuncia.

Indica asimismo que el gobierno uruguayo fue informado por las autoridades del gobierno argentino de que ocho de los diez cadáveres hallados eran resultado de operaciones antiterroristas argentinas. Indica que la fuente afirmó que los cuerpos fueron arrojados al río desde helicópteros, después de los interrogatorios realizados por autoridades argentinas.[22]

En sucesivos párrafos agrega que los cadáveres hallados en las costas uruguayas corresponden a terroristas internacionales capturados y liquidados por la Armada argentina, quienes planeaban una operación grande (“a big job”). Detalla que en total los terroristas detenidos y presuntamente asesinados eran veinte y, por tanto, quien remite el mensaje consideraba que aquellos cadáveres hallados, descriptos como asiáticos, correspondían a estas personas. Termina diciendo que, si la versión argentina era correcta, el gobierno uruguayo quedaba absuelto de toda responsabilidad.[23]

El telegrama –que fue desclasificado treinta años más tarde– revela algunas relaciones esperables: entre la embajada norteamericana y el gobierno uruguayo; entre este último y el gobierno argentino. También revela una versión de los hechos que no es verdadera –hoy sabemos que no eran 20 terroristas que habían entrado al país para un gran golpe–, pero que podría haber sido la brindada oficialmente a Uruguay.

Por otra parte, el hecho de que Argentina pudiera adjudicarse ocho de los diez muertos y no la totalidad indica que conocía la identidad de los diez. El elemento dirimente tenía que surgir de la identificación. Este es un nuevo indicador de que ambos países compartían la información dactiloscópica y fotográfica, así como también el contenido de los informes de las autopsias. Los casos siguientes lo confirmarían y desmentirían la teoría públicamente trascendida sobre el origen asiático de los cuerpos y la versión secreta de los veinte terroristas internacionales.

1.4. Continúan llegando cadáveres a las playas de Uruguay

Independientemente de las explicaciones que se dieran en uno u otro momento, el mar seguía depositando cuerpos en las costas. El 17 de mayo de 1976 a las 11 de la mañana, personal del Ministerio de Obras Públicas halló el cuerpo de un hombre entre las rocas de la escollera del puerto de Colonia. Tenía una placa de hormigón de siete kilos atada a la cintura con cuerda y alambre. La autopsia indicó que las múltiples fracturas que presentaba se habían producido en vida, interpretando que se trataba de una persona que había sido “sometida a intensos castigos corporales antes de ser arrojada al agua”.[24]

Dos días después, cerca de las siete de la tarde fue hallado en playa La Arenisca el cuerpo de otro hombre con signos de tortura, fracturas múltiples, un alambre atado a la cintura, pero sin la placa de hormigón. La autopsia indicó como causa de muerte “asfixia por sumersión en un cadáver con politraumatismos”.[25] El informe indicaba que los restos de la ropa que llevaba puesta tenían el rótulo “Industria Argentina”.

El 26 de mayo, la Prefectura de Colonia halló el cuerpo de un hombre al que la autopsia describió como sin signos de violencia y con un avanzado grado de descomposición, suponiendo tres meses en el agua. Estaba vestido y tenía diversos elementos de proveniencia argentina, entre ellos, 230 pesos.[26]

En junio y julio, aparecieron dos cuerpos más. El 5 de junio, José Leonardo Chávez Medina encontró en el paraje “Conchillas” de Carmelo el cadáver de un hombre cuya muerte fue indicada en la autopsia como producto de estrangulamiento. También tenía dinero argentino en los bolsillos.[27] El cuerpo aparecido en julio fue hallado en aguas del Río de la Plata, a la altura de Rambla Edison, en Montevideo. La autopsia indicó que tenía entre 50 y 55 años y que no había muerto ahogado.[28]

Aquí termina la primera serie de cadáveres aparecidos en aquellas playas. Los hallazgos continuarían en septiembre.

En este punto resulta necesario analizar la dimensión significante de esos cuerpos, ya que son la prueba material más contundente de la existencia de los vuelos, aunque en aquel primer momento posiblemente su hallazgo no trajera respuestas, sino, antes que eso, preguntas.

¿Qué representan aquellos cadáveres, tan tempranamente aparecidos, en el marco del proceso de conocimiento de los vuelos? ¿Son su punto inaugural? ¿Son suficientes y autónomos como para proveer una novedad al respecto?

Hasta ese momento –julio de 1976–, la información acerca de los vuelos como forma de exterminio u ocultamiento de los cuerpos no existía más que para los militares y tal vez para algún testigo cautivo en un centro de detención. Los cuerpos hablaban de muerte, de formas extremas de tortura, de mutilaciones, de ejecuciones sumarias. Hablaban de ensañamiento y de la pérdida de todos los límites.

Hasta ese momento, la información oficial trascendida provenía solo de Uruguay, de lo que los médicos escribían, las Fuerzas Conjuntas comunicaban a la prensa y los medios publicaban.

Eran las lecturas forenses de los cuerpos transformadas en cables de prensa. Cada cadáver portaba enormes cantidades de indicios que eran interpretados en las autopsias y traducidos para su transmisión, primero por los médicos de la policía, luego por los militares, finalmente por los periodistas. Algunas frases llegaban textuales desde los informes de las autopsias hasta las páginas de los diarios argentinos. Eso hizo posible, por ejemplo, que se generara la sospecha tan potente respecto de la identidad del cuerpo de Floreal Avellaneda, el inicio del proceso de cotejo y –un año más tarde– la obtención del resultado afirmativo.

Aun así, ¿qué se sabía? Que algunas de las personas secuestradas eran arrojadas al mar. No se sabía con certeza que eso ocurriera en aguas argentinas, es decir, que no hubieran sido trasladados antes a Uruguay. Esto solo se supo cuando empezaron a aparecer los cuerpos de manera recurrente en las costas bonaerenses.

Daniel Rey Piuma, miembro desertor de la Prefectura Nacional Naval uruguaya, más tarde afirmó que en Uruguay se realizaron en aquel momento algunos estudios sobre la acción de las mareas y que los resultados no solo les permitieron conocer más sobre la proveniencia, sino, además, efectuar cálculos estimativos respecto de la totalidad de los cuerpos que podrían haber sido arrojados al agua.[29]

Entre los documentos producidos por las organizaciones políticas en Argentina, tal vez el primero en hablar públicamente de este tema haya sido el cable de la agencia ANCLA del 20 de agosto de 1976. Allí se intentaba contar muertos, secuestrados y detenidos. Se tenía todavía la ilusión de que se podía llevar la cuenta de las personas, conocer números, rastrear algo de todo eso. Con base en dichos atribuidos a una fuente del Comando General del Ejército, el cable afirmaba que existía un registro donde constaban 160 detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, de los cuales se encontraban alojados en el lugar solo 45. “Ninguno de los restantes ha sido enviado a otra dependencia carcelaria, por lo que se cree que han sido eliminados y tirados al Río de la Plata”.[30] Ese era el mayor nivel de detalle escrito para circular abiertamente lo que sucedía en ese momento.

1.5. Sobre el trabajo de la Agencia de Noticias Clandestina – ANCLA

Mientras que algunos diarios argentinos replicaban los comunicados uruguayos de manera casi textual, ANCLA era posiblemente el único órgano de comunicación periodística escrito en español que producía información que iba un poco más allá, a veces sumando datos y otras organizando los disponibles para interpretar lo que estaba ocurriendo.

En una entrevista grabada el 13 de julio de 2016 para el acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Lila Pastoriza describió cómo era el trabajo de la agencia ANCLA, cómo se recopilaba la información y cómo se hacía circular.[31]

Allí destacó la doble función de esa agencia, que no era tematizada en los textos producidos en dictadura, y que tenía que ver, por un lado, con romper el cerco de la censura y transmitir información y, por otro, con ejercer cierta forma de acción psicológica sobre las Fuerzas Armadas. Esto último apuntaba a despistar sobre las fuentes y los productores de la información, sugiriendo un origen castrense.

Nosotros teníamos fuentes propias, que no eran gente de Montoneros, era gente independiente, amigos, toda una red. […]. ANCLA se podía hacer con un pequeño archivo, con un mimeógrafo y con sobres (enviados por correo), con gente que tenía información […] tuvimos muy buena información. Hubo muchas cosas que se anticiparon en ANCLA en esa época, que después se conocieron.

Pastoriza cuenta que se había publicado un informe, antes de su secuestro que fue a mediados de 1977, distribuido a través de la red de prensa clandestina de Rodolfo Walsh, hecho con base en las informaciones que había mandado desde la ESMA Sergio Tarnopolsky, un soldado conscripto destinado allí.[32] Narró que se trataba de un informe muy completo, preciso y claro sobre el grupo operativo de la ESMA, quiénes eran, lo que estaba sucediendo allá adentro.[33] Agregó que ellos tenían información también sobre la existencia de un centro clandestino de detención en Campo de Mayo y de La Perla, en Córdoba.

El informe al que se refiere, que circuló posiblemente en septiembre de 1976, contenía un extenso detalle sobre los cuerpos aparecidos en Uruguay. Describía los hallazgos e informaba sobre la pretensión del gobierno vecino de instalar la teoría de los orientales. Decía que “el periodismo rioplatense ideó una fantástica orgía asiática en altamar que habría concluido trágicamente” y que la hipótesis no prosperaba debido a que “ningún buque navegando a la deriva, ninguna denuncia sobre la desaparición de personas la avalaban”. Informaba también sobre los uruguayos que en París afirmaron que algunos de los cuerpos podían pertenecer a personas desaparecidas y sobre la conferencia de prensa en la que aquellas presuntas víctimas fueron exhibidas con vida.

Aquel texto reconstruía todo esto con un nivel de detalle asombroso para la época. Y, a través del testimonio de una persona que había sido liberada de la ESMA, vinculaba a ese centro de detención con los cuerpos aparecidos en las playas vecinas:

Las torturas concluyen con la muerte de los prisioneros, que son arrojados al Río de la Plata o, cuando es posible, transportados en un barco de la Armada hasta altamar, en las afueras de Mar del Plata. Por eso, uno de los cadáveres encontrados en Uruguay, tenía en los bolsillos del pantalón cigarrillos, fósforos y monedas argentinas.

¿Cómo circulaban estos informes? ¿A quiénes llegaban? Si un ciudadano sin contactos estratégicos quería conocer lo que sucedía, ¿podía saberlo? La prensa que informaba sobre estos temas no llegaba fácilmente a todos lados, especialmente afuera de la Ciudad de Buenos Aires. No solo por el bloqueo ejercido por los medios afines a la dictadura, sino por las dificultades de distribución a lo largo de nuestro país. Se necesitaban múltiples replicaciones de la información –de la de los diarios o de la de los cables– a través de relaciones interpersonales, con el altísimo riesgo que eso implicaba. Sobre esto y sobre el sentido inverso por el que la información llegaba a ANCLA, explicó Lila Pastoriza:

Teníamos información de lo que pasaba, pero no era algo… no sé si el conjunto de la gente la tenía. Pero en los cables de ANCLA se habla de esto y en la carta de Walsh que está escrita al año y, de algún modo, retoma mucha de esta información, se habla de montones de cosas.[34] Se habla de los centros clandestinos […], se habla de que tiraban a la gente al río, se habla de los cuerpos en el río, de vuelos… no, no los vuelos, pero de los cuerpos que se habían encontrado en Uruguay. Hay un cable de ANCLA que habla de unas tumbas masivas y clandestinas en el cementerio, creo que de Grand Bourg, que después fue uno de los primeros que se encontraron. Eso llegó por una información de la red nuestra de vecinos, de gente que había oído, que había visto. Que había visto. Pero había mucha información sobre lo que estaba pasando. Esta información llegaba a los medios, que no la publicaban, que la hacían circular –alguna de la gente que estaba ahí en los medios–. También la pasaba gente que estaba ahí en los medios y que no podía hacer circular esa información o sacarla afuera, pero… Llegaba a los medios extranjeros fundamentalmente y a distintos sectores de la política nacional, que sí se la enviábamos nosotros, donde había sectores eclesiásticos, sectores de poder, sectores económicos y Fuerzas Armadas, sectores militares o nombres pertenecientes a las Fuerzas Armadas.

El caso de ANCLA es claro para graficar la existencia de múltiples canales y de la forma en que las fuentes no oficiales se jerarquizaban ante la necesidad de información y frente a su circulación por canales alternativos.

1.6. Nuevos hallazgos. Su reflejo en la prensa argentina

Los cuerpos continuaron siendo hallados en las playas de Uruguay en septiembre. No significa esto que el mar no haya devuelto cadáveres en los meses de invierno, sino posiblemente que nadie los encontró y las mareas los volvieron a llevar.

La prensa argentina siguió informando detalles sobre los casos. El 7 de septiembre, el diario La Opinión anunciaba que tres cadáveres habían sido encontrados en la playa a la altura de Juan Lacaze, departamento de Colonia. Eran tres hombres “atados de pies y manos, desprovistos de ropas y con evidencias de haber sido sometidos a torturas”. El texto afirma que se trataba del cadáver número 16 aparecido en las mismas condiciones. La nota, como otras anteriores, se inserta en una serie de informaciones sobre presuntos enfrentamientos, “subversivos muertos”, detenciones de militantes políticos.

El jueves 9 y el viernes 10 de septiembre, La Opinión publicó las últimas dos notas sobre hallazgos de restos. No volvería a publicar otras, aun cuando, en diciembre de ese año y durante el año siguiente, se reiteraron episodios como los informados hasta este momento.

La primera nota refiere a un cadáver encontrado en Colonia el día anterior y dice que es parte de “una serie de hombres y mujeres torturados, mutilados y arrojados al Río de la Plata”. Agrega que “una docena apareció en abril y mayo y tres el lunes pasado”. Parece una nota solo destinada a reavivar el espanto, a recordarles a los lectores que eso estaba sucediendo.

La siguiente comienza adjetivando la “macabra serie de cadáveres” hallados en Uruguay y reitera la información de la anterior: dieciséis víctimas desnudas, atadas, mutiladas, torturadas. Indica un nuevo hallazgo informado por cables provenientes de Colonia y de Montevideo. Es decir que dos fuentes uruguayas informaban. Detalla que se trata del cuerpo de un hombre que llevaba más de tres meses en el agua y que por eso no podría ser identificado.

Ahí se corta la información. Progresivamente, ese diario dejó de publicar sobre cadáveres de toda proveniencia y condición. Ninguna noticia más publicaría sobre hallazgos en las playas uruguayas y nunca mencionaría los de las playas bonaerenses.

Más allá del caso particular del diario La Opinión y de los avatares a los que se vio sometido –primero fue intervenido en más de una ocasión y su director fue secuestrado y estuvo desaparecido–, el gobierno militar tomó acciones concretas para silenciar en todos los medios la difusión de este tipo de noticias. A través de la Secretaría de Información Pública, hizo llegar a los medios indicaciones claras y elocuentes referidas a la prohibición de publicar noticias referidas al descubrimiento de cadáveres, entre otros temas. Si bien no hubo un decreto que afirmara la decisión, esta fue transmitida en reuniones con los directores de los medios. Así lo narraron en el juicio a las juntas Jacobo Timerman, director de La Opinión, Robert Cox, director del Buenos Aires Herald y Máximo Gainza, director del diario La Prensa. Cox afirmó haber recibido a mediados de 1976 una orden escrita, sin membrete ni firma. Por su parte, Magdalena Ruiz Guiñazú, quien ejercía el periodismo en radio, declaró haber recibido presiones de la Presidencia de la Nación y del jefe de la Policía Federal.[35]

Volviendo a los hallazgos de cadáveres que recalaron en las playas de Uruguay, a partir de ese momento fueron menos y, en su mayoría, se trató de eventos espaciados. Aun así, se prolongaron hasta abril de 1979: seis entre abril y septiembre de 1977, dos en septiembre y diciembre de 1978, respectivamente, y tres entre enero y abril de 1979.[36]

1.7. Tekmerion, el signo indestructible

Los cuerpos devueltos por el mar fueron y son afirmaciones incontrovertibles de las torturas extremas y de los homicidios. Su sola imagen repone el pasado inmediato de esas personas, compuesto por una cantidad de escenas cargadas de violencia, muy duras de imaginar.

La estrategia del gobierno uruguayo de dar a conocer en detalle las marcas de esa violencia tuvo entre sus objetivos el de producir testigos presenciales. Los cadáveres fueron dispuestos para funcionar como signos transparentes, a cuyo referente –la violencia– se le fabricaba un contexto ficticio.

Así lo entendió el médico forense Katz al afirmar ante los periodistas, como ya se reprodujo: “… antes de darles una charla subjetiva va a ser más conveniente hacer un estudio de cada cadáver y mostrarles las cosas”. Así lo entendió también el periodista que le respondió pidiendo que se hiciera “lo único absolutamente objetivo, que se vea y el que vea que diga lo que vio”.

Que vean para que digan lo que vieron. Katz intentaba acortar la distancia entre conocimiento y evidencia. Buscaba que los hechos se dieran a conocer a través de testigos directos; que la contundencia de la materialidad de aquellos signos no se desvaneciera rápidamente. Se trataba, sobre todo, del intento desesperado de que una interpretación en especial corriera adherida a esas imágenes y a esos relatos. Katz no estaba exhibiendo evidencia por interpretar: estaba mostrando a los supuestos orientales.

Es pertinente retomar acá los conceptos ya expuestos de Foucault y su acepción del conocimiento como una de las formas posibles de manifestación de la verdad, es decir, de la aleturgia (2012: 23-25). Todo lo que en aquel momento se produjo en torno de los cadáveres encontrados puede leerse en esta clave. Las descripciones de las vejaciones contenidas en las autopsias, por ejemplo, hablan a la vez del derrotero de esos muertos y del espanto del observador. Eso es así tanto en los casos en que los médicos producen descripciones detalladas, como en aquellos en los que producen omisiones o incluyen apreciaciones destinadas a desviar la posible interpretación de lo ocurrido. En esos textos hay múltiples operaciones en acción. Algunas podrían caracterizarse como deliberadas, otras desconcertadas, justicieras, temerosas. Ellas revelan reacciones ante los cadáveres, ante lo que de su pasado se podía inferir. Dejan ver algo de lo que la aparición provocaba en el momento de la enunciación forense.

Los cuerpos no son una evidencia cualquiera. Son indicios seguros que pueden designarse con el concepto de tekmerion, definido por Aristóteles como el signo indestructible, es decir, el más fuerte.[37] Carlo Ginzburg lo designa como el signo necesario que permite arribar a conclusiones irrefutables (Ginzburg, 2005: 155).

Lo que hizo el gobierno uruguayo en su intento de incidir en la lectura de los cuerpos fue sumar una hipótesis en el horizonte de sentidos posibles; ampliar sumando algo lejano y acotar, a la vez, ese horizonte mediante operaciones de énfasis como la ya descripta.

Pero, como el sentido se produce en contexto, la trascendencia de la información en el tiempo y en el espacio hace posible que esos elementos del entimema, repasados en la introducción, cambien de estatus. Y que aquello que fue leído como un signo ambiguo pueda leerse como indicio seguro en otro tiempo y lugar. Algo de ese orden ocurrió con el cuerpo de Floreal Avellaneda, cuando la descripción del tatuaje abrió el camino a su identificación.

Es interesante reparar en que la primera lectura de aquellos signos que portan los cuerpos hallados en las playas resulta en textos propios de la medicina, realizados por los médicos forenses. Recordemos que Foucault y Knox vinculaban estos procedimientos de producción de sentido, por sus orígenes teóricos, con los médicos griegos, como Alcmeón de Crotona, que reflexionaba sobre el carácter particular del saber científico.

En muchos de estos casos, sin embargo, los médicos forenses describen intentando no interpretar, como si pudiera congelarse el sentido. Como si todas esas marcas no fueran huellas. Pero el sentido rebalsa aun en aquella escritura aséptica. Por eso, toda esa tensión entre preguntas –de una sociedad convulsionada por las noticias y los rumores– y respuestas –del gobierno militar uruguayo queriendo despegarse lo más posible de todo el asunto– se resuelve en el acto de mostrar los cuerpos y establecer en simultáneo un patrón de lectura, un sentido primario para que toda interpretación se monte sobre esa línea: la que lleva a una cultura exótica y a una tierra lejana. Esto se busca mediante la palabra autorizada de la ciencia, encarnada en el médico forense, y en la imagen misma de los cuerpos exhibidos. Dice Foucault (2021: 79): “Todo ese juego de tekmerion es un juego que obedece a la ley de la presencia y la ley de la mirada, mediante las cuales se transforma quien no sabe en quien sabe”. Así ocurrió en la morgue del cementerio de Rocha.

Recordemos, por último, la concepción del conocimiento de este autor, como un enclave entre la manifestación de la verdad y el ejercicio de poder, entendiendo la verdad no como una entidad autónoma que existe en sí, sino como la relación entre el sujeto que la enuncia –y que se presenta como quien dice la verdad– y el que la asume como tal.

La forma en que conocemos el pasado es a través de elementos como los descriptos, que a veces se articulan de manera compleja y extensa permitiendo la ilusión de un saber. En ocasiones, se presentan con la contundencia de esos cuerpos yacientes en la playa o enganchados en una boya en el río, deshilachados, ante los ojos de los pescadores; exhibidos en conferencia de prensa. Y otras tantas veces, son apenas un indicio vago como un gesto, un signo ambiguo que requiere de múltiples articulaciones para tornarse legible.


  1. Exp. 272/1977, Fo. 19 Vto.: Acta de Conocimiento. Garzón, 22 de abril de 1976. Citado en el informe final de la Comisón para la Paz, de Uruguay. El informe y todo el acervo documental de la Comisión para la Paz pueden consultarse en la web sitiosdememoria.uy. Todos los documentos de esta comisión que voy a citar en las próximas páginas pueden hallarse ahí.
  2. Exp. 272/1977, Fo. 22: Informe del examen efectuado a los cadáveres no identificados. Dr. Mario Katz. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N. Citado en el informe final de la Comisión para la Paz, de Uruguay.
  3. Exp. 272/1977, Fo. 19 vto.: Acta de Conocimiento. Garzón, 22 de abril de 1976. Dra. Sandra Presa. Primer informe del Dr. Katz. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N.
  4. Exp. 272/1977, Fo. 22: Informe del examen efectuado a los cadáveres no identificados. Dr. Mario Katz. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N. Citado en el informe de la Comisión para la Paz.
  5. Exp. 272/1977, Fo. 46: Informe del Dr. Mario Katz sobre reconocimiento del cuerpo. Rocha, 23 de abril de 1976. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N.
  6. Existe actualmente una mirada desconfiada sobre los documentos en los que baso mis observaciones, como por ejemplo los textos de las autopsias. Una mirada que lee ocultamiento en todo el proceso y por todos los actores. Si bien es una interpretación posible, prefiero no tomar ese camino. Mi estrategia consistirá en plantear la pregunta sobre el conocimiento, dejando hablar a los elementos discursivos y a las acciones de las personas y concluir en cada caso lo que considere prudente. La idea de una conspiración llevada adelante por todos los actores implica un nivel de conocimiento de las acciones clandestinas y una dinámica de circulación de la información que no era posible.
  7. Más detalles sobre este hecho pueden leerse en el artículo publicado en el medio La Diaria, de Montevideo, el 2 de mayo de 2020, con base en una investigación de estudiantes de la Universidad de La República: t.ly/681QX. Allí se reproduce un fragmento de una entrevista a Carlos Arrieta, a quien presentan como fotógrafo y funcionario vinculado al Canal 7 de Rocha, quien narra: “El canal había comprado un grabador semiprofesional de cinta ancha de una pulgada”, que fue usado por primera vez para filmar los cuerpos, dijo. El registro “se llevó en aquella época en el ómnibus de ONDA a Montevideo para que el Canal 10 lo transmitiera”. La imagen del recorte de prensa que ilustra este apartado fue tomada de esa publicación.
  8. Fue desgrabada y guardada en el Juzgado Letrado de Primera Instancia de ROCHA el 26 de abril de 1976, rotulada como “Hallazgo de seis cadáveres”. Archivado con n.º 272, año 1977. La misma obra en el archivo de la Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz.
  9. Documento n.º 11 de los registros de la Comisión para la Paz, Carpeta N.N.
  10. En el informe de la Comisión para la Paz, consta que Interpol Argentina respondió a este requerimiento con la identificación positiva de María Rosa Mora.
  11. El exintegrante de la Prefectura uruguaya, Daniel Rey Piuma, indicó que era particular el caso porque, debido a haber permanecido menos tiempo en el agua, su rostro podía ser reconocido y, además, parecía no haber sufrido torturas que la desfiguraran. El testimonio es parte del audiovisual La doble desaparecida, realizado en 2001 por el periodista Jorge Gestoso para la CN.N., que puede consultarse en este enlace: t.ly/gHP4C.
  12. En la sentencia del TOF5 de fecha 5 de marzo de 2018 en la causa conocida como ESMA III (página 4.577), se afirma esto último, sin indicar la fuente, aunque por contigüidad narrativa podría inferirse que esto consta en el expediente L 88/2001 “María Rosa Mora”, cuya institución productora tampoco indica la sentencia. Se señala que el cotejo dactiloscópico está acreditado a fs. 97.838 y 97.839 del expediente principal. Asimismo, en el documental referido La doble desaparecida, Alejandro Inchaurregui, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense, narra que el cuerpo fue identificado por la PFA en aquel momento con base en las huellas dactilares, pero que la información no trascendió entonces.
  13. Floreal Avellaneda había sido secuestrado el día 15 de abril junto a su madre, Iris Pereyra de Avellaneda, y hasta ese momento nada se sabía de ellos. El devenir del proceso de búsqueda de justicia en Argentina dio cuenta de este caso en cada una de sus etapas.
  14. “Informes acerca de un cadáver”, diario La Opinión, 22 de mayo de 1976, página 7, columna 1. No tengo constancia de cómo continuó esta gestión.
  15. Esto fue narrado por ella en su declaración en el juicio a las Juntas Militares. Allí detalló haber recibido amenazas telefónicas para que dejara de buscar a su sobrino. El fragmento de su testimonio acá referido puede consultarse en t.ly/dE3W2.
  16. Esta documentación consta en la causa FSM 27004012/2003. La mención a un “prontuario” indicada por la PFA no está refiriendo a un prontuario delictual, sino al legajo donde se conservan los rastros burocráticos de los trámites de gestión de documentación personal, tales como la cédula de identidad o el pasaporte, que en aquellos años se realizaban en dependencias de la Policía Federal.
  17. Arsinoe Avellaneda detalla en su declaración en el juicio a las juntas que, al momento en que tomó conocimiento de esta información, Iris Pereyra de Avellaneda –mamá de Floreal– se encontraba detenida en dependencias del Servicio Penitenciario, a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Que ella la visitaba, pero que no le había contado sobre la identificación del chico sino hasta que Iris recuperó la libertad.
  18. Esto fue narrado por ella en el juicio a las Juntas.
  19. El cable es citado en el Comunicado n.º 1.322 de las Fuerzas Conjuntas uruguayas, contenido como Documento 18 en el informe de actualización de la Comisión para la Paz. De allí extraje los párrafos textuales que cito en este apartado.
  20. “Informe Uruguayo sobre detenidos”, La Opinión, 23 de mayo de 1975, p. 1, col. 2 y 3.
  21. Esto fue afirmado en la nota “Cuerpos encontrados en las playas de Colonia durante la dictadura siguen sin ser identificados, según investigación” ya citada, del medio uruguayo La Diaria, de Montevideo el 2 de mayo de 2020.
  22. Es curioso que el texto en inglés utiliza el verbo jettisoned, que traduje como “arrojados”. El diccionario de la Universidad de Cambridge lo define así: “… to throw away goods, fuel or equipment from a ship or aircraft to make lighter”. Traducido sería algo así como descartar bienes, combustible o equipo desde un barco o avión para hacerlo más liviano. El forzamiento propio de la ampliación de su sentido a la posibilidad de que lo arrojado fueran personas o cadáveres expresa la anomalía extrema de la práctica.
  23. El documento puede consultarse en t.ly/FDplf.
  24. Protocolo de la Autopsia, 17 de mayo de 1976, hora. 16:00, morgue local. En expediente “Investigaciones de la I.M. Colonia”. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N.
  25. Protocolo de la Autopsia realizada el 19 de mayo de 1976, hora 19:30, morgue local. Colonia, 20 de mayo de 1976. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N.
  26. Esta información fue asentada en el Protocolo de Autopsia, practicada en la morgue local el 26 de mayo de 1976. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N. Veremos más adelante que, cuando el E.A.A.F. exhumó este cuerpo en el año 2002, su informe describió múltiples fracturas que, por el tipo y el número, no podían haber estado ocultas a aquel primer estudio hecho al momento de su hallazgo en la playa. Esto último no es una presunción personal, sino que el propio texto de la autopsia indicaba la exposición “descarnada” de la parrilla costal, afirmando que no existían fracturas allí donde los antropólogos forenses posteriormente las constataron. El hecho fue publicado también en la prensa argentina, con los detalles del contenido de los bolsillos (“Uruguay”, La Opinión, 27 de mayo de 1976, p. 2, col. 4).
  27. Informe del cadáver encontrado en Carmelo el día 5 de junio de 1976. Prefectura de Carmelo. Archivo de la Comisión para la Paz – Carpetas N.N.
  28. Esta información proviene de los registros relevados por la Comisión para la Paz, que en los casos anteriores indica el registro específico del protocolo de la autopsia y en este caso no. No obstante ello, asienta el nombre del médico actuante y algunos datos más que permiten inferir que la información faltante no fue registrada en el análisis forense.
  29. Esta información surge de las declaraciones de Daniel Rey Piuma, publicadas en su libro Un marino acusa (1988). Rey Piuma pertenecía a la Prefectura Nacional Naval uruguaya y trabajó en la gestión de los cuerpos hallados en las playas. En su libro afirma que se realizó un estudio de mareas entre los meses de mayo y julio de los años 1976-1978 y se amplió en 1979. Concluyeron lo siguiente: “… en los meses de invierno, con las crecientes, los ríos Paraná y Uruguay se desbordan y sufren –por la fuerza de sus corrientes– grandes transformaciones en sus lechos, que arrastran vegetales, restos calcáreos y piedras. Las corrientes van de Norte a Sur y desembocan directamente en las proximidades de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) y Colonia (Uruguay). El ímpetu de las corrientes hace que se divida en dos grandes brazos –uno sigue hacia el sur, separándose de la costa hasta morir en pleno océano y el otro sigue en dirección sur-este, donde por efectos de las corrientes oceánicas inversas (Oeste o Noroeste) bordea toda la costa uruguaya hasta perderse en el océano Atlántico (Departamento de Rocha)–. Así es como en el Departamento de Maldonado o Rocha pueden encontrarse, después de las crecientes, restos de camalotes u otros vegetales típicos del litoral. En esos meses las corrientes arrastraron también a los cadáveres que se encontraban en el fondo. El hecho de que se encontraran restos óseos enterrados en las arenas de playas del este, o en el fango del puerto de Montevideo, permite suponer que la cantidad de cadáveres aparecidos es realmente ínfima, con la cantidad de cuerpos que quedaron sepultados para siempre en el océano”.
  30. Este cable de ANCLA se tituló “El gobierno militar y los presos políticos”. Se encuentra publicado en ANLCA. Rodolfo Walsh y la Agencia de Noticias Clandestina (1976-1977), Buenos Aires: Editorial Sudestada, 2014, pp. 29-30.
  31. Lila Pastoriza es periodista. Trabajó en la agencia ANCLA hasta que fue secuestrada el 15 de junio de 1977. Permaneció cautiva en la ESMA hasta el 25 de octubre de 1978. Se exilió en España y luego en México. Regresó a Argentina en 1985, y desde entonces, siempre dispuesta a testimoniar, al igual que muchos otros sobrevivientes, ha sido inmensa fuente de transmisión.
  32. Sergio Tarnopolsky y casi toda su familia –incluyendo a su pareja, sus padres y su hermana de 15 años– fueron secuestrados y permanecen desaparecidos.
  33. El informe se tituló “Historia de la guerra sucia en Argentina”.
  34. Refiere a la Carta Abierta a la Junta Militar, escrita en al cumplirse un año del golpe militar.
  35. Estos testimonios fueron referidos en el capítulo XIX de la sentencia de la causa 13/84.
  36. En 1976: el cadáver de un hombre el 13 de diciembre en Montevideo. En 1977: un cuerpo en Piriápolis el 11 de abril del 77 (la autopsia indica “probablemente masculino); uno el 9 y otro el 11 de mayo de ese año, en La Paloma; dos más en Montevideo el 31 de agosto y el 1.º de septiembre, identificados respectivamente como Liborio Gadea Hernández, paraguayo, y Atilio Eleuterio Arias, uruguayo. En 1978: el de un hombre el 20 de septiembre en Colonia y otro de un hombre el 10 de diciembre en Montevideo. En 1979: el cadáver de un hombre el 4 de enero en Montevideo, el de una mujer el 7 de abril, el de una mujer en Maldonado y el último el 9 de abril en Rocha. Información proveniente de los registros de la Comisión para la Paz, de Uruguay.
  37. En su abordaje de la retórica aristotélica, Carlo Ginzburg afirma que, según ella, la historia puede reconstruirse a partir de huellas, indicios y semeia. Que esas reconstrucciones “implican tácitamente una serie de conexiones naturales y necesarias (tekmeria) que tienen carácter de certeza”. Y que fuera de esas conexiones, los historiadores “se mueven en el ámbito de lo verosímil, algunas veces de lo extremadamente verosímil, pero de lo cierto, aunque en sus escritos la distinción entre ‘extremadamente verosímil’ y ‘cierto’ tiende a esfumarse” (Ginzburg, 2005: 159-160).


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