Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Introducción

Dhan Zunino Singh, Paola Jirón y Guillermo Giucci

Nuevos términos clave para los estudios de movilidad en América Latina se presenta como un libro-herramienta que puede servir como medio para movilizar ideas, procesos y personas; nos ha permitido aportar a la conformación de un campo amplio de estudio, así como generar un espacio móvil de diálogos. El primer volumen, editado en 2018 por la editorial Biblos, fue el punto de llegada de varios años de trabajo para una primera cartografía que nos permitiese navegar en eso que se denomina el “giro de la movilidad” en las ciencias sociales desde América Latina. Pero el libro también fue un punto de partida. Durante las presentaciones de este y en las tantas instancias de diálogo y discusión con los lectores y las lectoras, era recurrente la demanda de otros términos que podrían haber sido incluidos. Ello nos estimuló a proseguir esta empresa editorial de reunir nuevamente –siempre de modo heterodoxo– diversos temas, abordajes y fenómenos de movilidad bajo el nombre de “términos clave”. Este nuevo volumen es el resultado de aquella demanda, la sinergia de ese impulso desatado por el primer libro. Está además motivado por cambios a nuestro alrededor, tanto por fenómenos de nuestra realidad, afectada, como en todo el mundo, por la pandemia del covid-19, como por la proliferación de estudios, de jóvenes investigadores e investigadoras y redes que surgen en América Latina. En este sentido, el libro es un impulsor tanto como un receptor, una caja de resonancia de aquellas voces que circulan en nuestro continente. 

Por supuesto, el resultado final es responsabilidad del trabajo de “curación” de los editores, lo que implica siempre un proceso de selección. Tampoco este nuevo volumen pretende ser exhaustivo, sino un recorrido posible en diálogo con lo que se viene produciendo en nuestro continente y con los temas actuales de investigación. En esta edición participaron treinta investigadoras e investigadores de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia y México –algunos residentes en el extranjero–, así como colegas de Estados Unidos, Bélgica y Alemania especialistas en estudios sobre América Latina. La convocatoria incluía a otros y otras colegas que, por diferentes razones, no pudieron participar en esta edición, pero que colaboraron en los debates iniciales sobre el libro, y a quienes agradecemos. A diferencia de la primera edición, esta vez la comunicación online nos permitió un trabajo más colectivo, presentar los temas y autores, discutir y realizar un intercambio previo a la escritura.

En esta introducción no volvemos sobre definiciones acerca de la movilidad que fueron presentadas en el primer volumen. Queremos, más bien, reflexionar sobre cómo viene desarrollándose nuestro campo de estudio, la incidencia de la movilidad en los estudios urbanos/territoriales, de transporte, en disciplinas de las ciencias sociales y humanidades. Debemos, también, pensar en las experiencias y la importancia de la movilidad en nuestra vida social a partir de la inmovilidad que nos planteó la pandemia. Y ahondar en las emergentes posibilidades de concebir la movilidad no solo como objeto de estudio, sino como enfoque teórico y metodológico para abordar la investigación, que permite unir disciplinas, territorios, campos, experiencias, vidas.

Mayor interés por la movilidad

El escenario en nuestro continente es auspicioso para el desarrollo de este campo de estudios. La serie de eventos académicos como congresos, escuelas de verano, cursos, colaboraciones doctorales y proyectos de investigación se suma a la proliferación de libros, artículos y números especiales en revistas y tesis dedicadas a las movilidades en nuestra región. Desde el Cono Sur, se vienen realizando proyectos que buscan impulsar los estudios sobre las movilidades y promover contactos e intercambios. El Congreso Panamericano de Movilidad en Chile, en el marco de la Red Panamericana de Movilidad del año 2014, la realización del congreso T2M en México el año 2016, la Escuela de Verano de Movilidad en la Universidad de San Pablo en Brasil (2017), o los cursos internacionales de movilidad en la Universidad de Chile (2019) son hitos que buscaron el diálogo y la vinculación de investigadoras e investigadores latinoamericanos con los estudios enmarcados en el giro de la movilidad. En 2018, el lanzamiento de Términos clave para los estudios de movilidad en América Latina, organizado por editores de Chile, Argentina y Uruguay, colaboró en este sentido con varios dossiers en revistas latinoamericanas y los recientes libros organizados por Marie Alice Nogueira, Brazilian Mobilities y Alternative (Im)mobilities. De este modo, se ha ido prefigurando una fluida zona de contacto entre América Latina, Europa y Estados Unidos. 

No obstante, como se había advertido en el primer volumen, existe una enorme cantidad de estudios sobre movilidad que, guiados por la idea de movilidad sustentable o activa, son en realidad estudios sobre el transporte o que, en todo caso, estudian la oferta y la demanda del transporte para inducir cambios hacia formas más sustentables de moverse en las ciudades. Los estudios de la movilidad tienden, entonces, no solo a ordenarse bajo la agenda de la gestión pública o política (y financiera, si es que consideramos el financiamiento para estos estudios y políticas por parte de agencias internacionales de crédito), sino que, además, tienen un fuerte foco en el espacio urbano (principalmente metropolitano), dejando afuera otros territorios y otras problemáticas.

En el plano de la investigación académica, existe una pluralidad de fenómenos de la movilidad a ser pesquisados. Si entendemos la movilidad como las diversas formas en que personas, información, dinero, imágenes, objetos, organismos y recursos naturales se mueven a través de distintas escalas espaciotemporales, así como sus implicancias en la sociedad, el estudio de las movilidades es muy amplio, sin duda mayor que el mero cambio modal en las ciudades para una movilidad urbana sostenible o activa. Como lo demuestran nuestros dos volúmenes de los términos clave, la variedad de temas, objetos de estudio y problemas de investigación es riquísima, así como las relaciones que surgen cuando se observan desde las movilidades.

Movilidad como objeto de estudio y como enfoque

Un aspecto destacado por las lectoras y los lectores del volumen anterior –la diferencia entre movilidad como objeto de estudio y la movilidad como enfoque (Zunino Singh, Giucci y Jirón, 2018)– fue fundamental para relevar la importancia del estudio de las movilidades. No nos referimos a escalas jerárquicas, superiores o inferiores, sino a formas distintas de abordar la movilidad que pueden aportar perspectivas novedosas a las ciencias sociales, humanidades y otras disciplinas. Por un lado, la movilidad como objeto de estudio resalta su centralidad, y se focaliza en el movimiento, la experiencia o los significados de esa movilidad. Tal abordaje ha permitido cuestionar formas tradicionales de entender el transporte, la planificación urbana, las migraciones, el turismo, la movilidad de políticas, entre otros. En estos casos, la movilidad como objeto describe lo que sucede en el transcurso de ese desplazamiento; también lo que ocurre antes y después del viaje, alterando la noción del viaje cotidiano como tiempo perdido, que prevalece en los estudios de transporte, para concebirla como una práctica social y cultural compleja (Jirón e Imilan, 2018). 

Por otro lado, en la movilidad como enfoque, se constata que la vida cotidiana se experimenta en un continuo, superando la fragmentación de la vida social a partir de tiempoespacios fijos e inconexos, difuminando de esa manera las formas dicotómicas de entender la sociedad como producción y reproducción, lo público y lo privado, entre otras dualidades atravesadas por los y las habitantes cotidianamente. Este binarismo separa lo que en la realidad se da imbricado, por ejemplo, lo sociotécnico como un ensamblaje. En síntesis, la movilidad como enfoque revela la conexión entre diferentes espacios, campos, sistemas, dando cuenta de sus implicancias más allá de delimitaciones preestablecidas. 

Considerando el vasto interés que despierta el tema de la movilidad como objeto de estudio y como enfoque, enfatizamos dos elementos cruciales: la relevancia del espacio en las prácticas humanas y no humanas de la movilidad y la relacionalidad que permite y promueve la movilidad. En cuanto al primero, la espacialidad en la movilidad ha sido destacada desde el inicio por el giro de la movilidad, argumentando que resulta necesario comprender los espacios y las espacialidades, los territorios y las territorialidades que se generan a partir de las movilidades. Tanto teórica como empíricamente, los estudios de movilidad dan cuenta de prácticas móviles que, pese a no estar fijas, o precisamente por no estar fijas, se materializan y encarnan en el espacio o con él. Este énfasis en el espacio y el territorio, con frecuencia descuidado en los estudios urbanos de la movilidad, plantea el desafío de mirar más allá de lo urbano para comprender las múltiples relaciones entre territorios, y las territorialidades complejas que se generan al observar cómo se mueven humanos y no humanos en la actualidad. 

Añadir la movilidad en aquellas disciplinas en las que el espacio y el territorio son centrales en su análisis, como la arquitectura, el urbanismo, la geografía, la planificación urbana o la ingeniería, ha permitido abrir formas fijas y “neutras” de entender tales espacios, ampliando límites, cruzando escalas, colocando personas y sus experiencias en espacios concebidos como vacíos o como nodos sin personas. La movilidad también permitió incorporar a estos espacios tanto materialidades como los cuerpos que se mueven, se vinculan, se relacionan o potencian entre sí. Por otro lado, en disciplinas de las ciencias sociales o humanistas como la antropología, la sociología, la psicología, el trabajo social, la historia, entre otras, la movilidad evidencia la unión del espacio y el cuerpo. Tal conexión se encuentra generalmente ausente o se entiende de manera abstracta en muchas de esas disciplinas. Consecuentemente, tanto en términos teóricos como metodológicos, la movilidad ha permitido develar las intrincadas interrelaciones entre espacio, cuerpo y materialidad.

Lo anterior nos lleva al segundo punto: lo relacional. Si existe una riqueza que distingue el enfoque de la movilidad es la perspectiva relacional del espacio y el territorio. Con las circulaciones despuntan geografías imprevistas, no solo “más que urbanas”, sino más complejas, polifacéticas, interseccionales y multiterritoriales. Concebir el territorio como relacional implica reconocer que este nos constituye, así como nosotros lo producimos con nuestras prácticas y nuestros cuerpos. Es también comprender que aquello que sucede en un lugar repercute en otro, aunque sea lejano y a veces imperceptible. Implica además entender que la experiencia territorial no es igual para todos, y que las personas lo viven de maneras distintas, según el nivel socioeconómico, el género, la edad, el ciclo de vida, la etnia, la nacionalidad, la religión, la profesión, etc. Estas diferencias pueden ir transformándose y relacionándose a medida que transcurre el día, la semana, el mes, el año, la vida; es decir que tales experiencias interseccionales van cambiando según el espacio y tiempo que se vive, y la movilidad es una modalidad práctica de comprender cómo se experimenta la interseccionalidad y cómo el espacio juega un rol fundamental en esta experiencia que se modifica a medida que nos movemos por/a través de/con el espacio en nuestra vida cotidiana. Es posible constatar que las vidas de las personas y las cosas, ideas, imágenes que se mueven se encuentran interrelacionadas y son interdependientes, y que, por medio de la movilidad como enfoque, resulta posible identificar de manera nítida aunque enmarañada estas relaciones complejas.

Redefinir las movilidades implica enfocar en fenómenos de movilidad más que humana, preguntarnos qué otras cosas se desplazan y merecen nuestra atención (como alimentos, virus, animales, objetos, drogas, etc.). Algunos de estos se mueven con humanos y otros de manera independiente, por lo que esta óptica ayuda a ahondar en interrogantes respecto a con quiénes y con qué cohabitamos este mundo. 

La política de la movilidad

La movilidad juega un rol clave en la agenda del cambio climático, pero creemos que la movilidad sustentable debe tener una perspectiva de mobility justice, donde justicia ambiental y justicia social estén integradas. Se ha demostrado que medidas solo orientadas a un transporte más sustentable sin reconocer desigualdades de género, etnia, clase y espacio pueden reforzar estas disparidades. Por otra parte, existen en Latinoamérica políticas progresistas orientadas por la justicia social que pasan por alto la justicia ambiental, especialmente porque el concepto de “desarrollo” –tan caro a la historia latinoamericana– sigue primando en la agenda política, aunque en el continente se están haciendo oír otras voces sobre la relación sociedad-naturaleza. Pero el equilibrio entre justicia social y ambiental no es sencillo en nuestros países con profundas desigualdades y condiciones de pobreza. Problematizar la sustentabilidad es problematizar un conjunto de ideas y políticas que circulan como buenas prácticas y nobles intenciones, como la ciudad de los quince minutos o el urbanismo táctico. 

Un gran aporte de las ciencias sociales sobre la movilidad ha sido la crítica a la dependencia tecnológica en la llamada “transición a una sociedad poscarbono”. El discurso actual relativo a la mayor seguridad y eficiencia energética como solución a los problemas causados por las propias tecnologías refuerza el determinismo tecnológico. La tecnología salva a la tecnología. Lo que debería ser enfatizado es la inserción y participación de la tecnología en la trama social, política y económica. Pensarla no como neutral y desconectada, sino como tecnopolítica. Asimismo, estas tecnologías y sus discursos viajan globalmente y deben ser leídos en clave geopolítica porque arman relaciones de dependencia y extractivismo.

Sin abandonar la preocupación por la transición a modos de vida más sustentables, creemos que los estudios de la movilidad deben ser plurales (es decir, estudios de las movilidades), ampliando la agenda de investigación a fenómenos que van más allá de la problemática de la sustentabilidad y, al mismo tiempo, complejizar la cuestión de la sustentabilidad o la transición desde conocimientos situados. Esto implica, tal como indica Donna Haraway, comprender que los conocimientos son encorporados, parciales, responsables y posicionados, es decir que se lleva en consideración la interrelación entre sujeto y objeto y su imposible desvinculación. Desde una mirada de movilidad, los conocimientos no se encuentran en un solo lugar, ni en una sola persona o un solo objeto, sino en y desde múltiples lugares, y se constituyen desde sus historias, contextos, identidades y territorios. Los conocimientos se conectan, se transforman, y, al ser situados, se reconoce desde dónde se producen y relacionan ya que estas interrelaciones permiten identificar las variadas formas de poder que reflejan los conocimientos. Con los conocimientos situados, accedemos a un punto de vista más político en las investigaciones que realizamos, y pensamos en modelos de pesquisa más colaborativos y más dialógicos. 

Estructura del libro

Este nuevo volumen se organiza sobre la base de los términos clave que consideramos pertinentes en el presente momento y pensando en los autores y las autoras y sus trayectorias. Al igual que en la primera edición, cada entrada se estructura en tres apartados (presentación y genealogía del término; estado del arte; modo en que se ha investigado o conceptualizado el tema en América Latina). Si bien esta estructura fue respetada en líneas generales, hubo casos en que la naturaleza del término obligó a modificaciones. Las entradas, por otra parte, son complementarias y están interrelacionadas a través de indicadores en el texto que dicen “ver ‘[nombre de la entrada]’”. Por lo tanto, durante la lectura de una entrada específica, la lectora o el lector puede ampliar sobre ciertos aspectos o términos a partir de dicha indicación. Finalmente, las referencias bibliográficas funcionan como un mapa para que los lectores y las lectoras continúen profundizando la indagación. De este modo, se presenta al final del libro una extensa bibliografía que reúne todas las obras citadas en cada una de las entradas.

Las entradas fueron, nuevamente, organizadas de modo alfabético. No obstante, los términos remiten a cuestiones diferentes; por ejemplo, prácticas de movilidad como correr o esperar, campos de estudio como la historia, o cuestiones teóricas o conceptuales. Varios de los términos podrían haber sido incluidos en el primer volumen dado que remiten a espacios, prácticas o fenómenos presentes en todo estudio de la movilidad. Otros, sin embargo, surgen de observar los intereses y las indagaciones que se vienen realizando de modo situado en diferentes países de la región. Preguntas, enfoques o cruces novedosos brotan a partir de dichas indagaciones. Entre estos aparecen términos que pensamos que deberían desarrollarse y, en este sentido, son más propositivos. En estos casos resulta más difícil encontrar un estado del arte desarrollado y se inquiere más en la naturaleza del fenómeno y sus potencialidades de estudio. También, algunas entradas son propuestas de cruces entre diferentes campos de estudios que contienen de algún modo su propia especificidad, pero que puede repensarse a la luz de intersectar con la perspectiva de la movilidad. Las transformaciones en los últimos años y la pandemia han puesto en escena fenómenos que precisan un desarrollo desde el enfoque de la movilidad. La heterogeneidad de los términos, en definitiva, muestra la riqueza de temas, objetos, enfoques y problemas que pueden pensarse a partir del lente de la movilidad.

Correr, esperar o pedalear en la ciudad son prácticas abordadas en profundidad en el libro. Correr, una práctica deportiva que se ha expandido en varias ciudades del mundo, es pensado en relación con el lugar donde se corre, la performance, el cuerpo. Asimismo, espacio y cuerpo, significados y afectos son explorados en la espera (en la movilidad urbana, las migraciones, navegando por internet, etc.), resaltando la importancia de abordarla como una práctica en sí misma, activa y constitutiva de la movilidad. El ciclismo urbano, una de las prácticas que más ha crecido en los últimos años y esencial en los discursos sobre la movilidad sustentable, es analizado desde una perspectiva histórica y en relación con las políticas de movilidad.

Moverse por razones académicas o religiosas son otras de las prácticas de movilidad incluidas en este volumen. No solo son movilidades de larga data, sino de mucha relevancia en nuestra región. Asimismo, su abordaje se nutre del cruce con otros campos de estudios, como los de la educación o religión. En relación con esta última, existe, especialmente en nuestro continente, un tipo de viaje motivado por rituales con plantas poderosas que configuran una nueva geografía de circuitos con motivos de turismo o salud, búsquedas espirituales, etc. Tal movilidad enteogénica aborda además el significado del viaje en términos subjetivos como efecto de la alteración de la conciencia.

Trabajar en movimiento es una práctica con larga historia, pero la mediación de tecnologías digitales da como resultado nuevos tipos de trabajos y trabajadores y trabajadoras que son “móviles y digitales”. Desde la perspectiva de la movilidad, se aborda este fenómeno de manera crítica vinculada con los estudios sobre el empleo y el trabajo.

Un derivado de la movilidad urbana cotidiana, y más específicamente en el transporte público, es la violencia surgida como acción colectiva frente al malestar producido por el mal servicio. Estas acciones, si bien han sucedido históricamente en diferentes lugares del mundo, tienen una particularidad en el contexto latinoamericano. La entrada “Transporte y violencia colectiva” aborda tal singularidad realizando un aporte teórico-metodológico a partir de poner en diálogo los estudios de la movilidad con las teorías sociales y políticas del comportamiento colectivo y la interacción estratégica.

Si bien en todas las movilidades está implicado el espacio, algunas entradas se enfocan específicamente en el espacio urbano, observando procesos como la centralización o la informalidad. Aquí, nuevamente en diálogo crítico con otras disciplinas, especialmente los estudios urbanos, se busca pensar la relevancia del movimiento en la configuración espacial de los centros urbanos, así como pensar que la informalidad no es solo un fenómeno fijo (localizado en lugares determinados), sino móvil. En el caso del tráfico urbano, se trata de un fenómeno relacionado con la seguridad vial y la circulación (ambos términos abordados en el primer volumen), pero que no solo atañe a la regulación y planificación urbana, sino que es una manifestación social que da cuenta de relaciones e interacciones dispares entre los actores viales. Asimismo, posee una dimensión simbólica significativa. 

La movilidad se da a través de espacios fijos que suelen conducir y regular los flujos que llamamos “infraestructuras”. Estas espacialidades son abordadas como complejos sociotécnicos a partir de los recientes aportes en las ciencias sociales que incluyen los STS, la comunicación, la antropología y la historia. Especialmente, se detiene en algunos debates dentro de los estudios de la movilidad sobre el carácter fijo o móvil de las infraestructuras.

Si en el volumen anterior se hizo énfasis en que las personas circulan con cosas o llevan cosas en sus viajes, un grupo de términos en este volumen pone de relieve la movilidad de cosas antes que de humanos (sin que estos desaparezcan del análisis). Podríamos llamarlas “movilidades más que humanas”. Estos términos dan cuenta de los recientes intereses en el giro material o del especismo. Las personas pueden mover alimentos o comer mientras se mueven, pero también los alimentos tienen su movilidad en sofisticadas cadenas de logística que conectan producción y consumo o en redes migratorias. Con los alimentos, viajan saberes, sabores y culturas. La movilidad animal pone en el centro de la escena estos intereses y examina con quiénes cohabitamos y sus derechos. Muchas de las cosas que circulan, incluyendo las personas, lo hacen de forma regulada por normas, pero también de forma ilegal. El tráfico ilegal es en sí mismo un fenómeno de movilidad, pero que necesita aún ser conceptualizado como tal. Aquí se busca el diálogo y la reflexión cruzando un vasto campo de estudios con los de movilidad. Otras cosas que se mueven y que han formado parte de la historia intelectual o la sociología de la cultura son las ideas. La movilidad de las políticas urbanas es una especificidad de aquel fenómeno más general que ha desarrollado una importante caja de herramientas para pensar el modo en que viajan globalmente las políticas y son recibidas y asimiladas localmente.

Como se ha mencionado anteriormente, las movilidades son híbridas. La dimensión material y tecnológica es abordada desde diferentes perspectivas. Por un lado, al igual que el viaje de las políticas urbanas, la entrada “Transporte criollo” analiza el modo en que las tecnologías de transporte circulan globalmente y se consumen localmente. El término permite plantear muchos de los artefactos utilizados en América Latina cuyo invento y producción provienen de los países más desarrollados tecnológicamente, y el modo en que son adaptados. Otra dimensión de la tecnología, la energía, es tratada en la entrada “Electromovilidad”, haciendo énfasis en la relación entre transporte y electricidad y en los debates sobre el futuro, el transporte eficiente y el extractivismo (litio). Desde otro punto de vista, “Ficciones vehiculares” examina los transportes representados en la literatura dando cuenta de su dimensión simbólica y el modo en que son interpretados en la cultura latinoamericana. 

Si bien de manera general las entradas de este volumen han puesto en relación diferentes enfoques, teorías o disciplinas, algunas se enfocan en el modo en que la movilidad o lo móvil ha sido desarrollado en campos específicos. La movilidad de discursos, signos, imágenes y sus mediaciones es central en los estudios de comunicación. Al igual que la migración, el transporte urbano, o la circulación del capital, la comunicación es un fenómeno móvil. Pero, además, los estudios de comunicación han sido activos participantes del giro de la movilidad. En este sentido, la entrada “Comunicação, mídia e mobilidade” presenta las ideas principales del campo y su íntima relación epistemológica con los estudios de las movilidades.

Otro campo que ha estado en diálogo permanente con el giro de la movilidad es la historia. “Historia, cultura y movilidad” pone de relieve la dimensión simbólica de la experiencia de la movilidad en una perspectiva histórica, incluyendo no solo las representaciones, sino también las prácticas y las materialidades. Finalmente, el giro de la movilidad no implicó solo perspectivas y herramientas teóricas, sino una batería de métodos. La novedad del paradigma demandó nuevos métodos. “Métodos móviles” revisa exhaustivamente estas metodologías, pero de manera crítica y extendiendo el término a modos de mirar y narrar y no meramente técnicas de recolección de datos. En este sentido, busca poner en práctica aquello que llamamos movilidad como enfoque. 

Tal como reflejan las veintidós entradas, la incorporación de la movilidad a los procesos de investigación ha generado resultados innovadores y cuestionadores de formas estáticas y binarias de pensar los ámbitos que habitamos y hemos habitado. Los esfuerzos por analizar la movilidad como objeto y como enfoque han sido intensos, y ello generó desafíos inéditos, evidentes con las transformaciones de la vida cotidiana durante la pandemia y después. Para algunos existe un antes y un después de la pandemia, con cuestionamientos sobre el tipo de vida que queremos vivir, los modos de moverse o de quedarse, las distancias, las velocidades, las formas de organización del trabajo, la educación, el consumo, entre otras dimensiones de la vida social, y esto requerirá nuevas formas de observar y reflexionar. Para muchos, surge la necesidad de ralentizar la vida, situación que para otras personas resulta imposible. Algunos intentarán volver a las vidas que tenían antes, con más o menos éxito, y otros percibirán pequeños cambios que se irán notando paulatinamente. Esto nos hará revisar lo rápido, lo lento, las largas o cortas distancias, su significado y reconfiguración, así como las cosas o los objetos que se mueven en estas conformaciones móviles. 

Otro desafío a nivel mundial, que adquiere modulaciones específicas en América Latina, se refiere al aumento de migrantes y las formas itinerantes que se mueven por la región. También es necesario comprender mejor las tecnologías en relación con las movilidades que se avecinan. Es decir que tanto la pospandemia como las diversas crisis ambientales, políticas, socioeconómicas, entre otras, nos plantean desafíos teóricos, metodológicos y prácticos respecto a los posibles futuros de nuestra región, que probablemente serán determinantes en las investigaciones en contextos de crisis. Esto implica que un reto será generar nuevos términos en ediciones futuras, pues resulta previsible que movilidades variadas y multifacéticas emergerán y nos acompañarán en los próximos años y décadas.



Deja un comentario