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5 Controversias en torno a la construcción pública del dinero

A inicios del mes de septiembre del año 2015 visité las instalaciones del Banco Mundial en Argentina para entrevistar a uno de los principales expertos miembro del Área de Protección Social para América Latina y El Caribe. Se acercaba la fecha de las elecciones presidenciales que tendrían en las figuras de Mauricio Macri, como referente del frente electoral Cambiemos,[1] y en Daniel Scioli, como exponente del Frente para la Victoria (FPV)[2], como los dos principales candidatos a suceder a Cristina Fernández de Kirchner luego de su segundo y último mandato como presidenta. En el marco de nuestra conversación, el experto entrevistado hizo referencia a uno de los principales debates públicos del momento:

Han pasado cosas muy pavas en el debate público y político actual. Muchos salieron a decir que con Macri se acababa la AUH, que iba a terminar con todos los planes sociales… A nadie se le ocurre algo por el estilo y, mucho menos, en tiempos de campaña. Es más, nosotros ya estuvimos reunidos con ambos candidatos, tanto con (Daniel) Scioli y sus equipos, como con (Mauricio) Macri y su gente. Ambos nos pidieron proyecciones, esquemas para el financiamiento de la ampliación de la AUH. (Entrevista a experto Banco Mundial (b), 9 de septiembre de 2015)

Las palabras de nuestro entrevistado deben ser leídas como una respuesta a lo que algunos de los medios de comunicación de mayor difusión de la República Argentina, se presentaba como la “campaña del miedo”. Con esta expresión los medios aludían a una serie de declaraciones de la mayoría de los referentes políticos del entonces gobierno kirchnerista y del candidato a presidente, Daniel Scioli, acerca de la posibilidad de que diferentes programas de TM no formaran parte de la batería de políticas públicas que serían aplicadas en una eventual presidencia de Mauicio Macri. En una nota del Diario La Nación del 5 de noviembre de 2015, se responde críticamente a este tipo de hipótesis:

… las acusaciones contra Cambiemos, en general, carecen de verosimilitud. Un ejemplo: se advierte que Macri podría privatizar la educación, quitar los planes sociales y despedir a empleados públicos en forma masiva. Pero nada de eso anunció, y nada de eso hizo en los ocho años que tiene al frente del gobierno de la ciudad. (…) Hay decenas de ejemplos para citar. Uno es el de la ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires, Silvina Batakis, que reprodujo desde su cuenta de Twitter la falsa información de que la gobernadora electa María Eugenia Vidal eliminaría el programa Envión, que da asistencia a 50.000 personas en situación de vulnerabilidad. (Majul, 2015)

En los días previos al ballotage electoral, los dineros comprometidos en la ayuda social estatal hacia los sectores populares y los principales programas de TM –como los de la AUH–, seguían formando parte de los discursos políticos en la escena pública. Incluso, durante el desarrollo del debate presidencial que realizaron los candidatos a una semana de los comicios, Macri habló de la ampliación de la AUH como una de las estrategias para alcanzar “la pobreza cero” en la República Argentina:

Nuestro único objetivo es trabajar todos los días para que vos vivas un poco mejor y para que te sientas más seguro. Sé que tal vez te está costando llegar a fin de mes o que te preocupa la salud de tus padres o la educación pública que reciben tus hijos. Pero nosotros tenemos como objetivo económico lograr una Argentina con pobreza cero. (…) y que, además, realmente la asignación no solo continúe, sino que se extienda a todos, incluyendo a los hijos de monotributistas. (La Nación, 2015)

El día domingo 23 de noviembre de 2015 Macri se consagró como el nuevo presidente electo luego de imponerse con una exigua ventaja de aproximadamente 750.000 votos a la fórmula del FPV representada por Daniel Scioli. Tras el triunfo electoral del frente Cambiemos, los debates sobre el dinero de los programas de TM, lejos de diluirse, recrudecieron. Así lo reflejó una nota de La Gaceta –el principal diario de la provincia de Tucumán– publicada el 8 de diciembre de 2015 en la que se exponían ciertos números públicos que Macri “heredaría” como resultado de las políticas impulsadas por los gobiernos kirchneristas:

Macri hereda de Cristina 60 planes sociales que requieren de $180.000 millones anuales.
Según un informe privado, el monto destinado por el Estado para programas asistenciales equivale al 13% del Presupuesto de 2015. El mayor aumento de las erogaciones sociales se registró a partir de 2007, en el segundo gobierno de la era kirchnerista.

La imagen que acompañaba la nota es elocuente: retrata a adultos mayores, trabajadores, padres e hijos, mujeres embarazadas, niños y niñas, y una pluralidad de poblaciones como titulares de los programas de TM. Los números hablan de las cifras destinadas a la asistencia estatal: más de 60 programas sociales que transfieren 18 millones de pesos a distintas poblaciones, y representan el 13% del Presupuesto del Estado para el año 2015.

La viñeta etnográfica sobre el escenario electoral del año 2015 y los debates públicos sobre el dinero de los programas sociales estatales nos aproxima a la preocupación central del desarrollo de este capítulo: proponemos ampliar nuestro horizonte de indagación más allá de los saberes expertos, los agentes locales estatales y los hogares titulares, para observar que los significados plurales que revisten al dinero de las TM desbordan los circuitos de las políticas sociales.

Para abordar las controversias públicas sobre las TM conviene recuperar ciertas indagaciones sobre el término “dinero público”. Algunas de ellas parten del análisis de las situaciones de crisis nacionales para comprender los sentidos públicos del dinero (Carrutthers y Babb, 1996; Théret, 2007). Más recientemente, Helene Lemesle (2010) y Yan Lelann (2010) han explorado el dinero público por medio del análisis de los debates legislativos acerca de los términos de contratación pública durante el siglo XIX en Francia y de las intervenciones de expertos del FMI para grabar dicho dinero o recomponer su formato. Federico Neiburg (2005, 2007 y 2008) ha desarrollado la noción de “números públicos” tomando como referencia empírica los procesos inflacionarios en Argentina y Brasil y a partir de la reflexión sobre “los singulares procesos de desnaturalización pública del valor de la moneda” (Neiburg, 2008: 96)[3]. Soledad Sanchez (2017), en una línea similar de trabajo, llamó la atención sobre el hecho de considerar al “dólar blue” como un número público en la Argentina de la Posconvertibilidad (2011-2015).

Los trabajos de Claudia Daniel (2013 y 2012) en el área de la sociología y la historia estadística abren una nueva agenda de investigación sobre los números públicos que nos invita a reflexionar sobre el lugar que estos ocupan más allá de los dominios expertos al convertirse “en categorías de percepción de la realidad social de múltiples y dispares actores sociales” (Daniel, 2013: 12).

En sintonía con los aportes de Federico Neiburg y Claudia Daniel que proponen pensar los números públicos como dispositivos culturales de interpretación del mundo social, señalaremos una analogía sobre el dinero de las TM y su carácter público. Demostraremos que los juicios y evaluaciones morales que recaen sobre el dinero transferido a través de los programas de TM no pueden dejar de ser analizados a la luz de la pluralidad de sentidos asociados al dinero de origen estatal. El carácter público del dinero estatal implica que dicho dinero deja de ser pensado exclusivamente por los especialistas y habilita un conjunto de opiniones sobre su significado que lo convierten en un dispositivo de interpretación del mundo social.

Interesa explorar cómo el dinero de las TM adquiere un carácter público no sólo porque sus significados desbordan los sentidos expertos y el circuito de las políticas sociales, sino porque deviene en un dispositivo cultural de interpretación, un instrumento por medio del cual se puede clasificar a los pobres, y a través del cual los pobres se diferencian y jerarquizan. La idea es radicalizar la desconexión entre los diseños performativos planteados por los saberes expertos y las estructuras programáticas para explorar la dimensión más política de las TM: el dinero público se transforma en un medio a través del cual distintos grupos sociales expresan sus esquemas de clasificación y las lógicas de orden social y moral que consideran que deberían primar en las formas de redistribución estatal.

Pasajes públicos y juicios morales sobre el dinero

“Día del Niño”, titula el Diario Página 12 en su portada para referirse al día 29 de octubre de 2009, cuando Cristina Fernández de Kirchner anunció la creación de la “Asignación Universal por Hijo”. Algunas de las palabras de la ex presidenta dejan entrever un espacio ambiguo en el que se situaba la nueva propuesta de política social: “Este es un acto de estricta reparación, pero será un acto de justicia cuando cada padre tenga un buen trabajo, un buen salario y una buena casa. Esto no terminará con la pobreza, pero servirá como paliativo para quienes todavía no tienen trabajo”.

En los días que siguieron al anuncio de la norma, algunos líderes de la oposición realizaron críticas punzantes en las que convivían cuestionamientos sobre la orientación de la medida, distintas concepciones sobre los pobres, la pobreza y los orígenes del dinero a transferir. Elisa Carrió, quien en ese momento lideraba la Coalición Cívica (CC), aseguraba que “esto no es justicia social” y consideraba “perverso hacerles pagar a los jubilados para darles a los pobres” en relación a la fuente de financiamiento de la AUH. Federico Pinedo, por entonces diputado del partido Propuesta Republicana (PRO), ponía reparos a la elevación de una propuesta de reforma política que “estará destinada a terminar con el clientelismo e impedir que el Ejecutivo utilice a los pobres a través de la dádiva, el punterismo y los planes sociales”. En la misma sintonía, el ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, veía la medida como “una forma más de mantener a los pobres presos del Estado y el clientelismo político”.

Dentro del arco oficialista, las réplicas a dichas declaraciones no tardaron en llegar. Entre los discursos de los principales responsables de articular las distintas instancias de ejecución e implementación del programa –Carlos Tomada (Ministro de Trabajo), Diego Bossio (titular del Anses), y Amado Boudou (Ministro de Economía)– se repetía la consigna de que la transferencia de ingresos era un dinero que estimulaba la producción, la demanda y el consumo interno, a la vez que sostenía el crecimiento económico.

A un año de su implementación, los informes de técnicos e intelectuales del campo académico destacaban que por intervención de la AUH los indicadores de indigencia se habían reducido entre un 55 y un 77 por ciento, junto con los indicadores de pobreza y desigualdad, y afirmaban que “el análisis conjunto de los resultados cualitativos y cuantitativos permite aseverar que la AUH se encamina a ser la medida de política social más exitosa implementada en Argentina en los últimos 50 años” (Agis y otros, 2010). Sin embargo, tras el segundo año de implementación y habiendo sido dispuesto un aumento en el monto de la AUH por decreto presidencial, las críticas centradas en las transferencias de dinero aumentaban. Sectores de la dirigencia de la iglesia católica argentina consideraban la medida como “una buena noticia”, pero reclamaban una “política superadora que fomente la cultura del trabajo y no sólo el asistencialismo”: “un paliativo importante para las zonas más necesitadas (aunque) es un arma de doble filo, ya que se puede caer en el conformismo o perder el entusiasmo por buscar un trabajo digno”.

En el mes de marzo de 2012, el ministro de Salud de Corrientes, Julián Dindart, afirmó frente a distintos medios de prensa que “algunas se embarazan hasta porque tienen un recurso económico como premio, refiriéndose al cobro de la AUH. Casi de forma simultánea, un dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR), aseguraba que la AUH se convertía “en dinero que se escurría por las canaletas de las bebidas, las drogas y el juego”. Este tipo de declaraciones pusieron en el centro del debate político y social las apreciaciones circundantes sobre los receptores de la AUH y la eficacia del programa en relación a la complementariedad educativa y sanitaria. Distintos analistas en materia de políticas sociales y educativas respondieron con la elaboración de informes que daban cuenta tanto de los aumentos en los índices de escolarización y el acceso a los sistemas de salud, como de las modificaciones en pautas y acceso a distintos bienes de consumo.

Durante los primeros días del mes de septiembre de 2012 tienen lugar dos acontecimientos interesantes que involucran al bloque oficialista y grupos sociales opositores. El primero de ellos está relacionado con el aumento de un 25 % del monto de la AUH anunciado por Cristina Fernández de Kirchner mediante cadena nacional y desde la Casa Rosada:

…Vamos a la cosa realmente importante que es una de las políticas fundamentales del Gobierno, y que ha sido la creación de la Asignación Universal por Hijo. Vamos a dar un aumento que va a llevar la Asignación Universal por Hijo del nivel actual, que está en 270 pesos, a 340 pesos por asignación. (APLAUSOS). De 270 pesos a 340, que es un 25,9 de aumento, casi un 26 por ciento de aumento, que va a significar –conjuntamente con una adecuación que vamos a hacer del régimen de Asignaciones Familiares– un ingreso que va a llegar a más de 29 mil millones de pesos. Porque esto significa que vamos a poner en el mercado y en las familias 5.200 millones más, y entonces conjuntamente con los 25 mil, 24 mil que estábamos pagando, nos hace la cifra total, para cubrir a nuestros niños menores de 18 años que son 6.516.000 niños, la bonita y hermosa suma de 29.360 millones de pesos al año. (APLAUSOS). Esto para los chicos y para que ustedes tengan una idea del esfuerzo, esto son casi 2 puntos del PBI, un 1.7, un 1.8 aproximadamente… (www.presidencia.gov.ar)

La ex presidenta consideraba “las transferencias del Estado” como una medida para “poner en las familias 5200 millones más” destinados a “sostener a los sectores de mayor vulnerabilidad”:

…1 peso que el Estado transfiere al decil número 1, que es el primer decil, si la sociedad la vemos como un conjunto en un 100 por ciento y la dividimos en 10, hay, por sus ingresos, 10 deciles. El primer decil es el de más bajos ingresos. Cuando el Estado transfiere 1 peso al decil más bajo, esto multiplica en la actividad económica 3.68 %. ¿Se entiende? Cuando el Estado transfiere 1 peso al último decil, al decil número 10, que es el de más alto ingresos, ahí solamente replica en la economía un 2.38%. ¿Por qué? Porque son sectores de altos ingresos que, o tienen capacidad de ahorro, o no necesitan consumir tanto o consumen afuera, mientras que, obviamente, los sectores más vulnerables, que más lo necesitan, consumen, fundamentalmente, lo que es alimentos, bebida, ropa, calzados, útiles escolares, etcétera. (www.presidencia.gov.ar)

A solo dos días del anuncio del aumento, algunos grupos sociales que se mostraban disconformes con las políticas del gobierno propusieron a través de las redes sociales llevar adelante un cacerolazo y marchar a la Plaza de Mayo. Movilizados bajo distintas consignas tales como una supuesta falta de libertad, dificultades para la compra de dólares, la idea de que se estaba cerrando el país, y la lucha contra por la inseguridad y contra la corrupción, las manifestaciones se replicaron en distintos barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en las capitales de algunas de las provincias más pobladas, como Mendoza y Córdoba. Al calor de estas manifestaciones, el significado asociado al dinero transferido a los pobres se volvía a poner en tela de juicio.

Las imágenes de la jornada son difusas. Entre las banderas y carteles de protesta, que muestran esvásticas nazis con la leyenda “Kristina 2015” y pancartas con leyendas como “En barrio norte también tenemos hambre”, se destacaba la presencia de figuras políticas y del espectáculo. Algunos medios cubrieron la manifestación y entrevistaron a los participantes. Con el repiqueteo de las cacerolas de fondo, varios noticieros muestran esta misma escena, una mujer de unos 50 años de edad, vestida totalmente de negro, con alhajas de oro en su cuello y orejas, delgada, de tez blanca, que declara: “Estamos protestando porque no podemos ahorrar, no tenemos libertad, y porque también estamos en contra del sueldo universal este que estimula la procreación irresponsable”. “¿A qué se refiere?” –pregunta el periodista–. “A la miseria de $270 que le dan a la pobre gente pobre, que los siguen estimulando para que tengan más hijos”.

El comentario de aquella mujer no era una expresión aislada; muchos de los manifestantes compartían el sentido de su mensaje. “Tenemos que justificar adónde vamos, qué hacemos, lo único que me falta es pagarle a la AFIP cada vez que gateo, me quiero morir’”, declaraba una celebridad del espectáculo del teatro de revista, mientras posaba ante las cámaras en ropa interior e ironizaba sobre el fin recaudador del gobierno: “dejarnos en bolas”. Luego, en relación a la AUH, la misma persona argumentaba que “es más negocio pinchar preservativos y tener hijos”. Otras personas exigían “que se devuelva la plata a los jubilados”, en referencia a los fondos de ANSES que se utilizaban para pagar las AUH. Un hombre de unos 50 años, vestido de camisa blanca y sobretodo negro, pedía que se acabara con el “clientelismo político y el Programa Argentina Descansa… esos son todos los que votaron a este gobierno”. Sus palabras aludían irónicamente al Programa Ingreso Social con Trabajo “Argentina Trabaja” recurriendo a la denominación que tiempo atrás le había dado a dicho programa el líder piquetero y representante de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Juan Carlos Alderete.

Figuras de la política retomaron algunas de estas apreciaciones y las resignificaron para construir argumentos que les permitieran esbozar una crítica de índole política. Esteban Bullrich –que en ese momento se desempeñaba como ministro de educación porteño– aseguraba que

la AUH es en sí misma una política del fracaso. Aumentar la AUH es demostrar por parte del gobierno que es incapaz de resolver los problemas de pobreza, que la única forma que tiene de resolver los problemas de la gente no es dando trabajo y libertad con el trabajo, o mejor educación, sino dándole más plata. La realidad es que esa más plata en algún momento genera un problema para toda la sociedad.

Las apreciaciones que se han venido citando en este apartado dan cuenta de la imposibilidad de llegar a una definición unívoca del dinero. En los discursos políticos provenientes tanto de sectores oficialistas como opositores, así como en las palabras de aquellos sectores no receptores, las controversias sobre el dinero remiten indefectiblemente al problema de la pobreza. El dinero proveniente de las transferencias monetarias estatales adquiere una dimensión pública porque permite entrelazar, articular y diferenciar opiniones, a la vez que organiza puntos de vista sobre los pobres y la pobreza.

Evaluaciones sociales y morales en torno al dinero público

Otras formas de inversión

A Nancy la conocí a fines de noviembre de 2010. Mientras conversaba con Elsa –una referente del barrio– en uno de los pasillos de la villa, Nancy barría con una escoba casi sin cerdas el living de su casa. Desde dónde estábamos podíamos ver como Nancy apilaba en un rincón una cantidad enorme de basura mientras, ofuscada, decía: “No veo la hora de terminar mi casa”. Elsa, sabiendo de mi interés por conversar con personas que percibieran la AUH, me dijo: “Esta chica tiene cinco chicos”.

La casa estaba emplazada en el pasillo de la calle Pergamino. Nancy había terminado de construir la losa; se veían las planchas de telgopor y algunas estructuras de hierro. La puerta de entrada, de chapa galvanizada blanca, lucía como nueva, pero todavía no tenía el picaporte. La vivienda contaba con una pequeña cocina, un cuarto contiguo a ésta de seis metros cuadrados con dos camas marineras y un baño en construcción al fondo de la misma. Las paredes estaban despintadas y en algunas partes faltaba el revoque. Las instalaciones eran muy precarias, algunos muebles eran nuevos y otros estaban desvencijados.

El dueño de la propiedad había sido su padre, fallecido hacía aproximadamente unos cinco años. Desde el momento de su muerte, la casa había estado abandonada y luego fue tomada por unos desconocidos. Cuando Nancy comenzó a tener muchos problemas con su ex marido, se dispuso a recuperar la propiedad con la ayuda de los vecinos del barrio. Esta situación se resolvió de forma favorable para Nancy, debido a que “muchos vecinos del pasillo querían que se vayan porque eran desconocidos… andaban vendiendo droga”. Después de recuperar la vivienda, Nancy empezó a trabajar intensamente en las refacciones; simultáneamente, tuvo que disputarse con su hermano la posesión de la casa.

Cuando nos conocimos Nancy vivía con sus cinco hijos, la hija mayor de 10 años, tres varones de 7, 8, y 5 años, y la hija menor, de 3 años. Desde hacía más de dos años que estaba separada del padre de sus hijos, quien vivía en Quilmes con su nueva pareja y solía pasar por Villa Asunción para visitar a algunos amigos o a su mamá, que vivía en Villa Domínico. Las visitas a sus hijos eran esporádicas y la ayuda económica que les brindaba, casi nula.

Nancy tenía una economía bastante ajustada que se sustentaba en su creatividad para las prácticas económicas[4]. Trabajaba varias veces a la semana limpiando la casa de una persona conocida del barrio:

A veces me llama todos los días, y me sirve, porque me paga 13 pesos la hora, por ahora… porque es una casa muy simple y no me mato. Es una señora de acá, de la Iglesia.

También vendía ropa interior masculina y femenina por catálogo en las zonas aledañas al centro de la Ciudad de Buenos Aires:

Trabajo mucho con la gente de limpieza. La gente del edificio ‘Cóndor’, toda esa parte de ahí. Yo, allá en la (villa) 31, tengo la familia del papá de los chicos, compro ahí y me llevo la revista, y después del trabajo paso a ofrecer. En Retiro tengo casi todos los clientes, yo levanto de a 40 o 50 pedidos.

Desde el mes de agosto de 2010, Nancy formaba parte del programa “Argentina Trabaja”. También percibía la AUH, debido a la edad y la escolarización de sus cinco hijos, desde el mes de diciembre de 2009. Al hablar del momento en que se había inscripto en la AUH, solía evocar una contienda que había tenido con su ex marido referida al dinero proveniente del programa:

Él me dijo que me arreglara porque esa era plata que tenía que cobrar él. Yo le pregunté si estaba cobrando algo por el trabajo, y me dijo que no, le retruqué “más bien que no me estés mintiendo”. Y fui, me anoté, y al mes la empecé a cobrar. Después vino a decirme si quería poner a los chicos en la obra social, yo le dije: “no quiero nada, quedate tranquilo que no necesito tu obra social”.

Encuentro tras encuentro, fui estableciendo con Nancy una relación de mucha confianza. Algunas veces tomábamos mate en su casa, otras veces la acompañaba al “Easy” a comprar cosas para su casa o la ayudaba a hacer pequeñas conexiones eléctricas. Ella siempre mostraba preocupación por sus hijos, siempre estaba atenta a que no les falte nada”. Resolver su situación habitacional era la prioridad:

Nancy: Yo quiero todo pero no me da el presupuesto. Ya quiero comprarme el juego de sillones, y después digo “para qué, si todavía tengo que levantar la parte de arriba, comprar la cerámica, y tengo que hacer la escalera”. Pienso: “¿Qué hago, la escalera o la parte de arriba?” No sé, me hago un quilombo en la cabeza.
MH: ¿Te ponés muy ansiosa?
Nancy: Porque yo tengo la plata y quiero hacerla, pero después pienso: “hago la escalera y no comemos”.
MH: Ante todo querés terminar la casa.
Nancy: Claro, quiero hacer todo. Quiero que mis hijos tengan sus cosas aparte, mi hermano se va a agarrar esta parte (refiriéndose al cuarto contiguo a la cocina, en el cual actualmente duermen ella y sus hijos). La que puse toda la plata acá fui yo, porque yo compré los ladrillos, pero la casa es de mi papá. Él (por su hermano) vive con su mujer, en la casa de los padres de ella. Yo vendí adonde vivía allá con el papá de los chicos, me vine para acá, hice poner cañerías, cerámicas nuevas, todo. Y después vino a poner el grito en el cielo. Yo le dije “bueno, espera que me hago arriba y vos te quedas con esto”, porque él supuestamente dice que yo me iba a agarrar todo. Pero no me ayudó en nada. Por eso le tuve que pagar al peón de albañil, porque él me dijo que iba a venir a ayudar y no vino nada. Encima la otra vez lo vi, que tenía 400 pesos y se andaba comprando ropa, todo, y yo no me puedo comprar nada.

Para resolver las preocupaciones relacionadas con la terminación de su casa y sus ingresos económicos, Nancy recurría a todo tipo de movimientos con el dinero que conformaba su presupuesto. En cuanto al dinero proveniente del programa “Argentina Trabaja”, Nancy utilizaba la mayor parte para el financiamiento de la compra de muebles usados o algunos accesorios para la construcción de su vivienda. A través de la presentación de distintas constancias que daban cuenta de su situación como beneficiaria de un plan o programa social, Nancy acudía siempre al mismo lugar de venta de artículos usados, donde tenía acceso a bienes para amueblar o equipar su hogar cuyo pago podía financiar en cuotas:

Desde que empecé a cobrar el PEC (Programa de Empleo Comunitario) que me lo tomaron para sacar en el ‘Tano Muebles’, acá en (Avenida) Centenario. Yo empecé con el recibo del plan de 150, eso y el DNI. Me daban… un nebulizador saqué primero. Después, una bicicleta para mis hijos, después los roperos, los colchones, después la tele, después la heladera, cocina, y así. Lavarropa, secarropa, todo me lo saqué a crédito.

Los créditos significaban para Nancy quizás la única posibilidad de progreso: “Si no, no voy a tener nada, porque yo sí o sí tengo que pagar los créditos”.

A su vez, trabajar en la cooperativa tenía otras ventajas para Nancy, dado que estaba más cerca de su casa y gozaba de una jornada de trabajo de 4 horas diarias. Además de la disponibilidad horaria, la exigencia del trabajo aseguraba Nancy, “depende con quien estés. Hay punteros que no te pierden pisada y te quieren mandar, porque yo estuve trabajando acá y nos basureaba lo mejor”.

La AUH ocupaba otro lugar en el presupuesto de Nancy. En una oportunidad, mientras conversábamos, ella afirmó: “Lo primero que hago, saco la plata y después voy a comprar. Todo lo que haya”. Si bien no solía utilizar el dinero para sacar créditos porque “no sirve para crédito, ni tampoco la otra de la cooperativa tampoco para crédito”, era habitual que comprara con ese dinero algunos materiales de construcción o algún cerramiento/ abertura para la obra de su casa

Una charla entre Nancy y Mary, una de sus amigas íntimas, que tuve la oportunidad de presenciar será útil para reflexionar sobre los usos que Nancy le daba al dinero de la AUH. Mary vivía a unos veinte metros de la casa de Nancy, sobre la calle Pergamino pero no dentro de la traza del pasillo. Soltera, sin hijos, y de unos 45 años de aproximadamente, Mary trabajaba en un geriátrico en la localidad de Sarandí, a solo veinte cuadras de Villa Asunción. Allí realizaba guardias nocturnas como cuidadora de los ancianos que residían en el establecimiento desde las 22hs hasta las 10hs del día siguiente. Su sueldo rondaba los $2.500, que si bien no era una gran suma, parecía ser suficiente para ella. Las pocas veces que conversé con Mary fue en casa de Nancy: “No soy muy social, voy del trabajo a casa y mi única amiga es La Nancy. Eso sí, los francos míos y fines de semana… no me sacás del bingo”.

Una tarde, estábamos tomando mate con Nancy mientras conectábamos su nueva antena de DirecTV. Nancy estaba eufórica: “La compré a 500 (pesos), pero ya me quedo con el aparato. Puedo cargar horas para ver yendo a cualquier rapipago o pagofácil. Ahí decidís si querés cargar 20 o 30 (pesos)”. Esteban, un joven vecino, nos daba una mano con un taladro percutor. Los hijos de Nancy corrían a nuestro alrededor y no paraban de preguntar cuánto faltaba. Un rato después, llegó Mary. Lejos de mostrarse contenta con la situación, comenzó a increpar a Nancy sobre el gasto que había realizado: “Ay, nena, ya te dije que tenés que aprovechar y comprarles cosas a los chicos”. Mary me miró como si esperara que yo aprobara sus comentarios; luego, prosiguió: “Yo le digo que basta de gastar el salario de los chicos en ladrillo y cosas para la casa, el salario es de los chicos”. El comentario no tuvo eco entre los presentes y finalmente se perdió entre los ruidos que hacía el taladro percutor del vecino. Unos segundos de silencio atronador, sumados a la cara de disgusto de Nancy, bastaron para que Mary siguiera camino al trabajo.

Pasados unos días, hablé del episodio con Nancy y le mencioné su expresión de molestia ante los comentarios de Mary. Nancy me dijo que había recibido mucha ayuda de parte de Mary a través de su trabajo en el geriátrico:

Yo, cuando iba a allá al geriátrico, que la cubría de noche a la Mary, me daban 100 pesos la noche. Yo cobraba eso por un día, y nosotras cobrábamos 150 (pesos) al mes y me tocaba todos los fines de semana. Ella me decía “andá vos”, porque en la semana se trabajaba todo, y llegado el fin de semana ya no quería saber nada. “Andá vos, si total lo único que tenés que hacer es acostar a los abuelos, fijarte que no se vayan a caer, si quieren ir al baño, nada más”.

Según Nancy, uno de los principales motivos por los que Mary no entendía su comportamiento era porque “ella no tiene hijos. Porque si ella tendría que tener hijos y fijarse si gastarse los 200 pesos en el bingo o en los hijos, la quiero ver…”. De a poco, Nancy empezó a mostrar su enojo. Se agitaba al hablar y movía las manos en círculos mientras me contaba los periplos de Mary por el bingo:

La otra vuelta vino y me pidió 20 pesos, apurada vino. “¿Cómo?” Le dije yo. “Apurada vengo, me voy al bingo de vuelta”. Con toda esa plata que pierde en el bingo por mes, me dice que después el bingo se la devuelve. Después al otro día vino y me la devolvió. Pero yo digo, ¿cómo pierde tanta plata en el bingo? Ahora, si sacás, está bien. Pero después volvió otra noche y me pidió 20 pesos más, no sacó nada y a las tres de la mañana se vino en pelotas.

Me sentí obligado a preguntarle: “Y entonces, ¿por qué te dice esto de la plata de la asignación de los chicos?” Nancy respondió:

Pero sí, yo le compro las cosas a los chicos, pero no ahora. Yo cuando veo que están las fechas ya de las fiestas, el 20 por ahí, yo ya me voy y les compro. Yo tengo la plata ahí y la guardo, pero si le digo que tengo plata me va a venir a manguear.

Resulta sumamente interesante recorrer los puntos de vista de Nancy y Mary sobre el dinero transferido para introducirnos en la discusión sobre las controversias públicas.

Las palabras que Mary le dijo a Nancy ayudan a seguir pensando el tema de las controversias públicas sobre el dinero proveniente de las TM y la forma en que éste se convierte en un dinero que permite organizar opiniones sobre los pobres. Al igual que ciertos discursos políticos, los sectores no receptores se remiten a la naturaleza pública del dinero para realizar juicios y evaluaciones morales sobre los significados y usos por parte de los hogares receptores.

Es interesante observar la posición de Nancy ante la evaluación de Mary para reflexionar sobre cómo la dimensión pública del dinero articula las opiniones de ambas. Nancy sabía que, al destinar el dinero de la AUH a la construcción de su vivienda, estaba desviando ese dinero de los gastos de escolaridad o sanidad previstos por el programa. A pesar de que recibía las sanciones de Mary, Nancy intentaba jerarquizar sus prácticas de ahorro y consumo recurriendo a una caracterización negativa y descalificadora sobre el dinero que su amiga usaba en el juego: “Gastarse los 200 pesos en el bingo o en los hijos, la quiero ver…”. Estas últimas palabras que Nancy esgrime como una defensa ante los juicios de valor por parte de Mary, nos permiten constatar nuestra hipótesis. La naturaleza pública que adquiere el dinero proveniente de las TM no solo obliga a Nancy a tener que dar una respuesta (es decir, a emitir un juicio), sino también a tener que contraponer los significados de ese dinero específico con los significados de otros dineros.

El caso de Nancy muestra que los receptores no son indiferentes a la naturaleza pública del dinero. Así como ella debe admitir ser juzgada a partir de la tenencia y la forma de administrar ese dinero, también precisa contraponer los significados del dinero de las TM con otros dineros para expresar una opinión que le permita clasificar a otros actores sociales

Cada uno con su conciencia

Al “Negrito Alan” –como suelen llamarlo sus padres y amigos– lo conocí personalmente a inicios de 2009. Antes solo veía su impronta en las paredes del barrio, ya que junto con “El fantasma” era de uno de los dibujantes y retratistas oficiales de Villa Asunción. Banderas del club de fútbol Arsenal de Sarandí, murales realizados junto a organizaciones sociales y retratos de adolescentes del barrio muertos en enfrentamientos con la policía eran algunas de las obras más conocidas y vistas en el barrio, siempre firmadas con la inscripción “Fantasma vs. Negro”. Petiso, medio regordete y con apenas 15 años de edad, el “Negrito Alan” era un morocho travieso y carismático, amigo de la mayoría de los adolescentes que participaban del Envión.

Visité por primera vez a Alan y a su familia en el mes de marzo de 2009 por un pedido expreso de la dirección del programa. Alan había participado del mismo en algún momento, pero había sido expulsado por un supuesto “hecho violento”. Tras la reapertura del programa, su mamá escribió una carta dirigida a las autoridades pidiendo la reincorporación de Alan. A mí me fue encomendada la tarea de entrevistarlo para conocer personalmente tanto a él como a su grupo familiar. Alan era algo tímido, pero inquieto y ansioso, tenía una facilidad magnífica para el dibujo y la pintura. Por lo demás, cumplía ampliamente con los requisitos establecidos por el programa: una trayectoria educativa compleja y ambos padres desocupados. Si mal no recuerdo, su reincorporación al programa se concretó durante el mes de julio de ese mismo año, tras una nueva partida de asignación de becas definidas por la dirección del Envión.

Al momento de conocernos, tanto Sandra (35) como Hugo (41), los padres de Alan, se encontraban desocupados. Sandra trabajaba esporádicamente limpiando casas de familia y Hugo estaba desocupado e imposibilitado de realizar tareas físicas, ya que, de dos años a esa parte, atravesaba severas complicaciones de salud producto de su diabetes y de una fiebre reumática. Al igual que muchos de los vecinos que conocí en Villa Asunción, Hugo había trabajado por más de 20 años en una curtiembre cercana al barrio:

Me mató la curtiembre, desde los 16 años que trabajé ahí. Me echaron cuando empecé con los problemas de salud, y todavía estoy en juicio porque no me quieren reconocer que agarré la enfermedad trabajando.

Además de Alan, Sandra y Hugo tienen una hija menor, Florencia, de 12 años de edad.

Gracias al criterio establecido por la dirección del Envión de garantizar el acceso al empleo a padres o hermanos mayores de los beneficiarios, a sólo tres meses del inicio de la participación de Alan en el programa, Hugo pudo acceder al programa Ingreso Social con Trabajo “Argentina Trabaja”. Debido a su enfermedad, se incorporó como vocal de una de las “cooperativas” y le fueron asignadas algunas tareas administrativas en el corralón del municipio.

Guardé un grato recuerdo de Alan y su familia, y quise volver a verlos cuando regresé al trabajo de campo durante el verano de 2011. “¿Qué hacés, flaquito?”, dijo Hugo cuando me vio, y acto seguido me invitó a pasar a su casa. Mientras esperábamos a Sandra, me contó que Alan estaba en la provincia de Chaco visitando a sus primos. Esa tarde tuvimos un encuentro breve (ellos tenían que salir entregar un trabajo que habían estado haciendo en su casa) y acordamos volver a vernos en la semana.

Durante mi regreso al campo visité varias veces a Sandra. La situación económica de la familia era bien distinta de aquella que tenían en el año 2009. Hugo seguía trabajando en “la cooperativa” y Sandra había sido incorporada “al grupo de Sebastián: ese que anda en la política acá”. Desde inicios de 2010, Sandra cobraba la AUH tanto por Alan como por Florencia, “aunque Alan cobra 150 (pesos) menos en el ‘Envión’: le descuenta porque cobra el salario”, me explicaba, refiriéndose al descuento en la beca que se les hacía a aquellos adolescentes que eran beneficiarios de la AUH. También estaban haciendo una “changuita” armando cajas para una fábrica:

Mirá, salió esto que nos ponemos tres o cuatro horas por día con Hugo y nos hacemos un sueldito más… 1200 (pesos) o 1300 (pesos), depende lo que trabajemos.

La changa de las cajitas resultó ser una buena excusa para seguir conversando los restantes días de enero y febrero. Cuando llegaba la hora de la siesta, cerca de las dos de la tarde, pasaba por lo de Sandra a cebarle unos mates y ayudarle a doblar unas cajitas. Conversábamos con Sandra hasta que llegaba Hugo, como a las cuatro de la tarde. Hugo siempre me despedía con algún chiste alusivo a mi buena predisposición para conversar y su relación inversamente proporcional con mi productividad en el armado de las cajas: “Menos mal que vos conseguiste laburo en la facultad, y que ahí te pagan por lo que hablás”, decía.

Pasé muchas tardes con Sandra y siempre aprecié la seguridad con la que encaraba nuestras charlas. A ella le gustaba hablar de temas de actualidad y solía hacer sus análisis políticos. No tenía miedo de entrar en una discusión fuerte, aunque nunca perdía la templanza y el tono suave de voz. En esos días, algunos trabajadores del ferrocarril reclamaban en las inmediaciones de la estación Avellaneda. Habían pasado unos tres meses desde el crimen de Mariano Ferreyra[5]. Sandra se crispaba “cuando desde canal 13 le echan todo la culpa, pero de todo, eh, a Cristina (Kirchner)”. Sandra siempre se pronunciaba

a favor de este gobierno… por el tema del trabajo. Dio bastante trabajo, aparte había gente que lo necesitaba, como yo, por ejemplo. Aparte, vos sabés que tener hijos adolescentes… tenés que tener, si no ¿Qué hace tu hijo? No vas a preferir que se vaya a robar porque te pidió esto y no le diste, o que se vaya a la esquina a fumar un porro. Eso obvio que no vas a querer para tu hijo, le das, dentro de todo, lo que podés.

Sandra se refería al dinero transferido a través del Programa “Argentina Trabaja” y la AUH.

Respecto de la cooperativa, aseguraba que

hay de todo: algunos te digo que salieron y no trabajan, están en su casa, es como todo, hay algunos acomodados. Y hay otros que realmente sí van y se rompen el lomo para ganar $1.200, tenés que cumplir un horario y vos vas y lo cumplís.

En referencia a la AUH, Sandra argumentaba que

es bueno, por el tema de que te controlan un poco más y todo eso es bueno. Aunque hay algunos que realmente tienen la plata y no le dan a los hijos porque evidentemente se la toman o se la fuman.

Pero cuando decía “algunos”, Sandra se refería a el hecho de que había ciertos vecinos

que son responsables y otros que no: vos tenés que pensar en tu hijo. Vos ves muchas cosas en el barrio, ves quien le da al hijo y quien no. Ellos que quieren comprarse cigarros o bebidas y no le compran al nenito que tiene todos los dedos afuera (de las zapatillas). Te digo porque lo he visto. Pero bueno… allá ellos, cada uno con su conciencia.

En los juicios que Sandra emitía, las prácticas económicas de otros beneficiarios de la AUH se contraponen con un uso del dinero destinado al cuidado y la escolarización de sus hijos:

Uno lo ve así, al menos yo, a veces me prohíbo de cocinar o de comprar algo para comprarles a ellos. Ponele del colegio, le piden una cosa y yo en vez de comprarme una cosa para mí les compro a ellos lo que les piden en el colegio, o a veces ella (Florencia), viene y me dice: “Mirá, tengo que llevar esto y esto”. “Bueno, espera que yo cobro y te lo compro, decile que esta semana no lo podés llevar pero la semana que viene yo cobro y te lo compro”.

La conversación con Sandra acerca del cumplimiento o incumplimiento de las condicionalidades establecidas por los programas de TM derivó en la duda acerca de la continuidad de dichos programas:

Viste que ahora supuestamente tenemos trabajo hasta las elecciones, hasta que se vea qué va a hacer la presidenta (después de las elecciones presidenciales de 2011), no sé.

Desde el punto de vista de Sandra y “por lo que se dice”, de asumir Mauricio Macri como presidente, los programas de TM prescribirían:

Como ella es la que hizo esto, hay que ver también, porque supuestamente… Macri dijo que hasta el salario universal va a sacar, porque dice que el que no trabaja no tiene que cobrar.

Cuando le pregunté por qué pensaba que un dirigente como Mauricio Macri opinaba de esa manera, Sandra me ofreció una explicación desde su propia perspectiva a partir de una experiencia personal que transcribo a continuación:

¡Date cuenta! ¿Cómo te puedo explicar? El otro día pensaba, el pobre siempre trata de estar al día, los impuestos. Y el otro día pasaban que el rico es el que más plata debe. A veces digo que un pobre como que está cubriendo todos los intereses de los demás. El otro día nos agarraron en la calle, estábamos descansando en una plaza porque ya habíamos terminado de trabajar. Pasó un vecino en un auto tipo 4×4 de estos caros y nos dijo: “Así ganan la plata trabajando”. Yo le dije “Si usted antes de hablar mirara los barrios donde estamos trabajando, cómo estamos haciendo nuestro trabajo, y que ya terminamos nuestro trabajo y estamos en hora de descanso”. Y después él me dijo: “Con el sueldo de nuestros bolsillos les pagamos a ustedes”. Entonces yo le digo: “Nosotros también pagamos impuestos, pagamos luz, agua, y tengo la suerte de que otro compañero como yo me está limpiando la calle”.

Las palabras de Sandra refuerzan la noción de que los receptores no son indiferentes a la naturaleza pública del dinero. Asimismo, sus opiniones respecto del dinero transferido a través de la AUH y el programa “Argentina Trabaja” organizan distintos puntos de vista a través de los cuales ella clasifica, pero a la vez es clasificada.

En primer lugar, a través de la descalificación de ciertas prácticas económicas de otros beneficiarios de la AUH, Sandra clasifica positivamente su uso del dinero y al hacerlo establece una diferenciación de jerarquías morales: “algunos son responsables y otros no”. Sus juicios se asemejan mucho a los vertidos por Mary para descalificar los usos del dinero por parte de Nancy. La particularidad de este caso consiste en que se trata de una evaluación hacia alguien que se encuentra más próximo a su condición de receptora.

En segundo lugar, el relato del hombre de la 4 x 4 sirve para observar cómo los esquemas de evaluación de Sandra sobre el dinero se transforman ante la descalificación recibida. Para defenderse de las palabras de aquel hombre, Sandra menciona el hecho de que ella, al igual que el hombre, paga sus impuestos, y al hacerlo se coloca en pie de igualdad respecto de quien la está juzgando.

En ambos casos se demuestra que las evaluaciones y juicios morales sobre el dinero transferido a través de los programas de TM circulan tanto en el marco de grupos que comparten propiedades sociales similares como entre aquellos que se encuentran más distantes en el espacio social. El dinero de los programas de TM es un dinero público, un dinero que permite conectar opiniones y puntos de vista y que se instala como un dispositivo cultural de interpretación que se aplica sobre los pobres y que, a su vez, los pobres aplican sobre sí mismos.

Sentidos plurales en la construcción pública del dinero

En su libro El significado social del dinero, Viviana Zelizer (2011) demuestra cómo el dinero destinado a los pobres en Estados Unidos atravesó distintas etapas de marcaje caracterizadas por la intervención de instituciones públicas y privadas de beneficencia y asistencia social. Durante las últimas décadas del siglo XIX, distintas instituciones filantrópicas de ese país concentraron sus intervenciones en la asistencia otorgada en especies u órdenes de compra, puesto que consideraban el dinero proveniente de las viejas limosnas como un dinero peligroso que corrompía la vida social y se encontraba marcado por la inmoralidad. El advenimiento de la sociedad de consumo del siglo XX propició la conversión de los pobres hacia una perspectiva que los transformó en actores “competentes” en el consumo y el “uso constructivo del dinero”. Las instituciones estatales y privadas multiplicaron las entregas de dinero en efectivo con vistas a formar “consumidores competentes”, capaces de hacer un “buen uso del dinero”, y con la intención de dejar atrás las prácticas “del descuido y la ignorancia” o “poco inteligentes y rara vez bien preparadas”.

Las distintas formas de marcaje descritas por Viviana Zelizer son útiles a los fines de profundizar las indagaciones que se plantearon en este capítulo. Las evaluaciones y juicios morales que presentan las escenas analizadas dan cuenta de la existencia de una trama pública de negociaciones sobre los sentidos del dinero transferido a partir de las TM. En la escena pública, el dinero circula marcado por su origen estatal y está intervenido por un conjunto de juicios y evaluaciones que realizan distintos grupos sociales. Mientras la autoridad estatal centra sus preocupaciones en asociar el dinero proveniente de la AUH a las asignaciones familiares y al derecho laboral denegado, personas pertenecientes a grupos sociales no receptores, así como dirigentes políticos opositores, reafirman los juicios y prejuicios que pesan sobre los beneficiarios de programas de TM y sobre el sentido del dinero que otorgan estos programas.

La multiplicidad de evaluaciones morales y sociales que conforman el debate público sobre el dinero certifican la siguiente afirmación de Viviana Zelizer: “a las personas les importa mucho cuánto dinero está involucrado en sus transacciones. Pero qué clase de dinero y de quién es el dinero son cosas que también importan mucho” (Zelizer, 2011: 246).

La vida social del dinero expone otro itinerario en la escena pública, desborda la performatividad experta, las estructuras programáticas y las intervenciones de agentes estatales y demuestra que la construcción pública del dinero está atravesada por “otros” sentidos plurales: el dinero es pensado por “otros”.

En las distintas escenas etnográficas incluidas en este capítulo se pusieron de manifiesto las apreciaciones de distintos actores que ven a los pobres como “rehenes” del “clientelismo político” a causa de su condición de receptores de planes o programas sociales. A las posturas de ciertos grupos sociales o dirigentes políticos que tienden a ver la distribución del dinero estatal como una forma de dominación política, se oponen las posturas que reivindican las condiciones de derecho que sustentaban las transferencias. Mientras algunos grupos aseguran que el dinero que reciben los pobres se destina al consumo de drogas o alcohol y fomenta la procreación irresponsable, otros grupos apoyan las transferencias basándose en los impactos favorables que éstas tienen en los índices de pobreza e indigencia, así como en la rehabilitación de los pobres en el mercado del consumo y el consecuente sostenimiento del crecimiento económico.

Todas las apreciaciones arriba mencionadas escenifican las negociaciones públicas sobre el sentido del dinero y son el reflejo de contiendas morales sobre las definiciones y sentidos legítimos del dinero transferido hacia los pobres. Los testimonios de los hogares receptores también sirven para pensar los juicios o evaluaciones morales que conforman el significado del dinero transferido y son la prueba de que los receptores no son indiferentes a la naturaleza pública del dinero y de que, así como son juzgados a través de ese dinero, también ellos lo utilizan para juzgar a otros.

El dinero de los programas de TM exhibe otra faceta al analizarlo como un dispositivo cultural al igual que otros dineros públicos. Así como circula un conjunto de saberes expertos que pretende construir un monopolio sobre los significados del dinero, también existe un conjunto de juicios y evaluaciones morales sobre el dinero de origen estatal. Los sentidos plurales que acompañan las transferencias del dinero público construyen verdaderos dispositivos culturales de interpretación del mundo social, los cuales permiten producir y recrear distintos juicios y evaluaciones morales que pueden ser utilizados para ordenar, clasificar o jerarquizar moralmente la vida de los pobres (Wilkis, 2017).

Desde una perspectiva que incluya los sentidos sociales plurales del dinero, las TM pueden ser entendidas como un dinero público en el cual los distintos grupos sociales cifran aquello que consideran como los principios morales constitutivos de la sociedad. El dinero de las TM permite componer y descomponer lo social, nombrar, calificar o comparar grupos específicos y evaluar sus prácticas. Como la arcilla, el dinero público puede ser moldeado por y moldear a distintos grupos sociales, asumir distintas formas sin quebrarse. En resumidas cuentas, es un producto social maleable (Zelizer, 2015): ningún tipo de performatividad –sea experta o del marcaje estatal– puede resultar perfecta, porque las dimensiones sociales y morales del dinero público demuestran que otras relaciones sociales intervienen en la construcción de sus significados.

Así como la articulación de ciertos “números públicos” performa la realidad y permite a los distintos grupos construir e instalar ciertos problemas sociales, la noción de dinero público abre otra agenda de investigación para reflexionar sobre su dimensión política. En este sentido, entender el dinero que entregan las TM como dinero público permite constatar la desconexión que existe entre los laboratorios ensamblados por los expertos y sus significados sociales. Los significados del dinero circulan más allá de los ámbitos especializados; en la esfera pública, esos significados son sumamente diversos, en tanto que exponen lo que cada grupo social comprende como las formas sociales y morales que debe asumir la redistribución estatal.


  1. Oriundo de Tandil, Provincia de Buenos Aires – Argentina, Mauricio Macri es ingeniero civil por la Universidad Católica Argentina. Trabajó para diferentes grupos económicos de la Argentina y ejerció cargos directivos en el Grupo Macri, creado por su padre, Franco Macri. Fue presidente del Club Atlético Boca Juniors (1995 y 2008), Diputado Nacional por CABA y Jefe de Gobierno de CABA por dos períodos consecutivos (2007-2011 y 2011-2015). Ejerció la Presidencia de la Nación Argentina durante el período 2015-2019. Para ampliar la información sobre su trayectoria política, consultar: Vommaro, Morresi y Bellotti (2015).
  2. Daniel Scioli es un político argentino que durante las décadas del 80’ y 90’ se destacó como motonauta. Inició su carrera política tras recibir la invitación de Carlos Menem para sumarse al Partido Justicialista. Se desempeñó como Diputado Nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1997-2002) y como Secretario de Deportes y Secretario de Turismo de la Nación (2001-2003). Ocupó el cargo de Vicepresidente de la Nación en el período 2003-2007 y el de Gobernador de la provincia de Buenos Aires en los períodos 2007-2011 y 2011-2015. En la actualidad, se desempeña como embajador de Argentina en Brasil.
  3. Desde la segunda mitad del siglo XX, la mayoría de los países de América Latina y El Caribe atravesaron procesos caracterizados por la inestabilidad monetaria, la sustitución de monedas nacionales, la proliferación de monedas paralelas, el uso intensivo de transacciones de divisas extranjeras y la emisión de monedas locales o provinciales e incluso de agrupaciones formales o informales de crédito y ahorro. Como sostiene el autor, la existencia de ciertos números públicos se convierte en “verdaderos dispositivos culturales, que circulan más allá del restricto ámbito de los especialistas, envuelven transformaciones en las disposiciones temporales de los agentes sociales que pasan a observar a través de esos números el mundo social” (Neiburg, 2008: 111).
  4. Para un análisis centrado en la creatividad en torno a las prácticas económicas en contextos de crisis y recesión, véase: Naymé Gaggioli. (2011) Viviendo en Crisis. Microanálisis del Colapso Argentino de 2001. Tesis Doctoral en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.
  5. Mariano Ferreyra era militante del Partido Obrero y dirigente de la Federación Universitaria de Buenos Aires. El día 20 de octubre de 2010, mientras participaba en una marcha de apoyo a los trabajadores tercerizados de la línea ferroviaria Roca, recibió un disparo mortal en el pecho producto de una brutal persecución y agresión por parte de miembros de la organización sindical Unión Ferroviaria.


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