Este trabajo hubiese sido más difícil de realizar de no haber contado con una beca doctoral del CONICET. Espero que este libro resulte una contribución a la enorme posibilidad que me brindó una de las instituciones más importantes del sistema científico tecnológico de nuestro país. Durante el último tramo de la escritura, asimismo, conté con el apoyo económico de la Beca Puente de la Universidad Nacional de San Martín.
Quiero agradecer muy especialmente a Ariel Wilkis, que fue el primero que me impulsó a realizar este recorrido académico. A él le debo también la invitación a formar parte del Centro de Estudios Sociales de la Economía (CESE) del Instituto de Altos Estudio Sociales (IDAES).
EL IDAES se convirtió en un lugar de trabajo inmejorable; agradezco a todos sus integrantes por la contención y el apoyo brindado. También quiero agradecer de manera especial a quienes conforman el CESE por los constantes comentarios sobre este trabajo y el impulso anímico permanente. Otro agradecimiento similar para los docentes y los compañeros con los cuales compartí mi formación de posgrado: por las lecturas cruzadas, los comentarios críticos pero productivos y el aguante para compartir el proceso.
Quiero agradecer también a mis compañeros de trabajo en las cátedras de la carrera de Trabajo Social de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de José C. Paz por el tiempo de trabajo compartido, la riqueza de los intercambios y por ofrecer un aire diferente en tiempos de escritura.
Guardo un grato recuerdo y les debo un agradecimiento enorme a aquellos con quienes compartí mis días de trabajo en el programa Envión.
A la lectura profunda y la pluma precisa de Pablo Möller. Sus intervenciones hicieron mucho más amigable este texto. Gracias a Federico Salas por el excelente diseño de tapa.
A los familiares, a esos más cercanos que a veces no conocen lo que hacemos, pero lo valoran porque nos quieren y nos acompañan en estos procesos a través de los meses y los años. Porque están siempre y nos cuidan, por el tiempo que a veces uno no puede ofrecerles.
El tiempo que me llevó hacer este trabajo está marcado a fuego por distintos acontecimientos, pero dos de ellos tienen una importancia mayor. La partida de mi viejo, tras una enfermedad poco merecida, me dejó un vacío irremplazable. Ya no lo tengo tan cerca y extraño escuchar de su boca aquello de que “las ciencias sociales son chamuyo”. La llegada de Fidel, con su enorme sonrisa, me reconfortó un poco el corazón. Ambos animaron la escritura de este trabajo de formas diferentes y únicas.
Mariela me sigue aguantando en el día a día, lleno de inquietudes, impaciencia, insatisfacción, lo cual indica que me ama. Gracias por todo. Gracias por darme la posibilidad de ser papá, por nuestras eternas dudas e indecisiones compartidas, por el amor simple pero esencial de todos los días.






