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Prefacio

Los trabajos reunidos en este volumen constituyen episodios de un itinerario, entre filosofía práctica e historia de las ideas, recorrido a la manera de senderos que se bifurcan y se entrelazan, y en ese andar van tejiendo una trama donde es posible distinguir figuras y momentos, aunque también nudos conflictivos y tensiones que los atraviesan. Como todo itinerario, señala lugares a los que llegamos unas veces como resultado de metódicas previsiones, otras veces por impulso de la curiosidad. Pero en todos los casos, aun los más azarosos, marcan territorios donde los acontecimientos obligan a una pausa para profundizar una reflexión que intenta comprender, aunque no asimilar ni mucho menos justificar, la injusticia, el desprecio, el olvido, las ausencias, en fin, las heridas de la historia. Interpretar, en sentido práctico, que es ya una manera de reparar, de articular una palabra diferente y hacer un gesto transformador.

Con la pretensión de ordenar la lectura –hábito adquirido en nuestra larga experiencia docente–, hemos agrupado los trabajos en dos secciones, que corresponden a los principales hilos de la trama: filosofía práctica e historia de las ideas latinoamericanas. Aunque hemos de aclarar que no siempre se los puede diferenciar con nitidez, por efectos de la propia encrucijada histórica. También hemos de advertir la presencia de un tercer hilo que anuda y dinamiza todas las estancias del itinerario, se trata del punto de vista, de la perspectiva que pone a foco nuestros abordajes. Perspectiva que se proyecta en los pliegues de nuestra América inserta en coordenadas espaciotemporales del acontecer mundial.

En el primer trabajo, exploramos en nuestra tradición de pensamiento la producción de respuestas alternativas frente a la doble paradoja que se plantea entre formas de conocimiento y realidad, y entre gobierno y desconocimiento de la realidad a gobernar. El problema fue señalado, entre otros, por José Martí, al denunciar, por una parte, la incoherencia de formar a los jóvenes de nuestra América “con antiparras yanquis o francesas” y pretender que conocieran una realidad nueva, con formas y complejidades difícilmente aprehensibles desde marcos conceptuales ajenos; y por otra parte, pretender que con tales conocimientos goberaran desde la ignorancia de los “elementos peculiares de los pueblos de América” (Martí, 1975, vol. 6, p. 15). Tales paradojas desnudan la tensión entre formas de conocimiento y formas de gobierno, y la necesidad de que ambas se ajusten a la realidad que se quiere conocer y gobernar. Lo que en última instancia remite a un problema medular de nuestra filosofía práctica, con plena vigencia en nuestros días, el de la relación entre decisiones epistemológicas y decisiones políticas. Nuestro rastreo nos permitió descubrir diversos y originales recorridos en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, que lejos de buscar la asepsia del conocimiento, apuestan por el compromiso en la búsqueda de verdades que potencien el desarrollo libre y contextualizado de la vida en todas sus manifestaciones.

El camino nos llevó a la consideración de formas específicas de saber práctico, como es el caso de la Ética Social. En nuestra América, esta singular disciplina se configura a lo largo del siglo xix, coincidentemente con los procesos de independencia y de constitución de las jóvenes naciones, de la mano de intelectuales y hombres de acción preocupados por organizar la vida social y política bajo pautas diferentes a las impuestas por la colonia. El primer escrito sistemático de Moral Social se publicó en 1888 y se debió a la pluma de Eugenio María de Hostos –quien fue también autor del primer Tratado de Sociología escrito en esta parte del mundo–. Lo que hasta la actualidad caracteriza a la Ética Social es que se constituye como una objetivación de la moral, que enlaza la dimensión subjetiva con la normativa, en vistas de encarar problemas que afectan a la vida de los seres humanos en sociedad, en relación con la naturaleza y con el mundo cultural. Ello implica trabajar en diferentes niveles: el de la crítica de lo dado, el de la gestación de categorías de interpretación y orientación axiológica, y el de la acción práctica. Todo ello en relación con las condiciones socio-históricas de las que surge y que busca transformar. En el segundo capítulo, sintetizamos las principales líneas de desarrollo de la Moral Social hasta la actualidad, desde la perspectiva de nuestra historia de las ideas.

Otro episodio se planteó ante nosotros a raíz de una cuestión ineludible de la filosofía práctica: ¿Cómo se da el pasaje de la norma a la acción y de la acción a la norma? ¿Cuáles son las condiciones materiales de posibilidad que permiten franquear en ambos sentidos la diferencia entre una y otra? Son interrogantes que planteamos en el tercer capítulo. Los abordamos desde la perspectiva de la Ética Aplicada, asumiendo que se trata de uno de los desafíos teórico-prácticos más acuciantes del Trabajo Social latinoamericano de nuestros días. Los resultados a los que pudimos arribar permiten iluminar diferentes ámbitos del quehacer social, como el educativo, el de la comunicación, el de la salud, entre otros.

Con un nivel de mayor especificidad encaramos la búsqueda de elementos que permitan una fundamentación de la Bioética de Intervención, apelando a los aportes de la Ética de la liberación latinoamericana. Es el tema del cuarto capítulo. La Bioética de Intervención es un espacio de reflexión y práctica de reciente formación, surgido de preocupaciones contextualizadas en América Latina, aunque no exclusivas de esta región del mundo. Consideramos que los desarrollos de la filosofía práctica en América Latina y, en particular, la Ética de la liberación ofrecen criterios y principios materiales universales que permiten orientar decisiones y acciones en ámbitos contradictorios de intervención. Consideramos, además, que tales principios y criterios son preferibles a los ofrecidos por otras orientaciones teóricas del tipo de las éticas utilitaristas o consecuencialistas.

De no menor envergadura son las experiencias históricas que demoraron nuestro recorrido para adentrarnos en el tema de la justicia. Los capítulos cinco y seis constituyen abordajes diferentes de una misma y compleja situación: el problema de la justicia en relación con el reconocimiento de la diversidad, y con el ejercicio de la memoria como reconocimiento de los silenciados de la historia. En ambos casos partimos de hechos y documentos concretos. En el primero buscamos comprender críticamente situaciones de injusticia que se producen por déficits de reconocimiento y reciprocidad en la dimensión material y simbólica. En el segundo proponemos una reflexión sobre reconocimiento, memoria y justicia a partir del megajuicio por delitos de lesa humanidad llevado a cabo en Mendoza, cuyas sentencias se conocieron en 2017.

A través de los seis capítulos de la primera parte, el itinerario reflexivo fue cobrando niveles de mayor especificidad y concreción. Partimos de una cuestión muy general, cual es la relación entre conocimiento y gobierno –epistemología y política–, para atravesar luego regiones de la filosofía práctica que alcanzaron formulaciones de singular originalidad al abordar desafíos contextualizados desde América Latina: la Ética Social, la Ética Aplicada a la resolución de contradicciones en la práctica del Trabajo Social, la fundamentación de la Bioética de Intervención. Finalmente nos detuvimos en un intento de despejar categorías que permitieran comprender y actuar frente a acontecimientos de flagrante injusticia por desconocimiento –olvido culposo– de la diversidad y ocultamiento –borramiento intencional– de la memoria.

Los trayectos recorridos en la segunda parte, por los escabrosos y al mismo tiempo apasionantes territorios de la historia de las ideas de nuestra América, exigió un momento de puesta a punto de la caja de herramientas que nos permitiera adentrarnos en la disciplina. Es así que en el capítulo siete trazamos una genealogía de ella desde los aportes de José Gaos hasta la renovación y ampliación teórico-metodológica realizada por Arturo Roig. Sometimos a análisis el historicismo tal como fue practicado y radicalizado por José Gaos. Señalamos sus limitaciones y la necesidad de una renovación teórica y metodológica, tal como quedó desnudada en la polémica acerca de la originalidad y autenticidad de nuestra filosofía, sostenida entre Augusto Salazar Bondy y Leopoldo Zea. Profundizamos en la propuesta de Arturo Roig, de considerar al discurso filosófico como uno más junto a otros –político, económico, social, cultural– dentro del sistema de conexiones de una época, en relación con la cual pueden tanto manifestar como ocultar relaciones sociales injustas.

Desde la perspectiva de la historia de las ideas latinoamericanas, renovada teórico-metodológicamente, exploramos la relación entre política y sociedad en tres momentos claves para la comprensión del pensamiento caribeño del siglo xix. El primero gira en torno a la figura de Toussaint Louverture y es trabajado a partir de la Constitución que mandó a redactar en 1801 para organizar la vida y la producción en Saint Domingue. El segundo se refiere a un texto del puertorriqueño Eugenio María de Hostos, donde propone la organización política y social de su isla natal, en función de la posible conformación de una Confederación de las Antillas. El tercer momento tiene como eje el pensamiento de José Martí acerca de las dificultades que es necesario vencer para la organización sociopolítica y la integración de nuestra América. Consideramos que el análisis desplegado en el capítulo ocho, de textos producidos en los tres escenarios, aporta a la comprensión del siglo xix caribeño y perfila categorías que favorezcan interpretaciones del presente.

En el capítulo nueve retomamos la compleja y conflictiva realidad del Caribe hispano del siglo xix, a fin de explorar un conjunto de ideas que emergen y se organizan en torno de la voluntad de independencia, de libertad y autoafirmación política y cultural, haciendo manifiesto el deseo de integración antillana y nuestroamericana. Tales ideales pueden ser sintetizados en el término antillanismo, el cual fue esgrimido en oposición al colonialismo y al imperialismo, y fundamentado desde posiciones filosóficas que abarcaron un amplio espectro, desde la ilustración al positivismo y el krausismo. Su originalidad radica en haber constituido una trama discursiva ligada dialécticamente a los acontecimientos de la situación socio-histórica que buscaba comprender y transformar.

Con el propósito de apreciar críticamente aspectos del proceso revolucionario del Caribe insular del siglo xix, en el capítulo diez abordamos textos de Ramón Emeterio Betances (1827-1898) y Joseph-Anténor Firmin (1850-1911), quienes dialogan con las ideas imperantes en su época respecto del sentido de la historia y de las relaciones de reconocimiento y subordinación entre la diversidad de las razas. La exposición se organiza en tres momentos: en el primero, examinamos la construcción europea y moderna de la noción de “historia universal” y del lugar que en dicha construcción ocupa el concepto de “raza”; en el segundo, profundizamos acerca de la práctica de relatar “historias singulares”, tal como surge de la pluma de Betances, y en el tercero, ponemos en valor la respuesta disruptiva de Firmin, quien cuestiona la tesis de Gobineau sobre la desigualdad de las razas, e introduce un criterio de interpretación histórica que anticipa la noción de “acontecimiento”.

Opiniones encontradas acerca del quehacer filosófico entre nosotros nos llevó, en el capítulo once, a examinar el sentido adjetivo y/o sustantivo de expresiones como “América Latina” y “Nuestra América”. Dado que las palabras que expresan la propia identidad constituyen bienes culturales, consideramos oportuno llevar adelante una revisión del surgimiento y los usos que se han dado a dichos significantes en circunstancias históricas concretas. Tal revisión no es ajena al ejercicio filosófico por dos razones: porque se trata de una historia de conflictos por la significación en los cuales se configura y reconfigura nuestra identidad como latinoamericanos, y porque el problema mismo es planteado como cuestión filosófica en la segunda mitad del siglo xx, especialmente en los 80 y 90, a propósito del quinto centenario del desembarco europeo en estas tierras. Estas discusiones están atravesadas por la cuestión colonial en la tensión globalización-localización. Para su desarrollo, seleccionamos un corpus que toma como referencias las obras de cuatro autores de relevancia para el tema: Arturo Ardao, Arturo Andrés Roig, Miguel Rojas Mix y Walter Mignolo.

Nuestro recorrido por caminos que se cruzan e ideas que tejen tramas con fibras de variada procedencia nos colocó ante la conveniencia de considerar algunos acontecimientos del filosofar de nuestra América durante la primera mitad del siglo xx, en relación con los criterios de originalidad y autenticidad. Así, en el capítulo doce nos ocupamos, por un lado, de los esfuerzos por reconstruir el propio pasado filosófico, que alumbró el campo de trabajo de la historia de las ideas latinoamericanas; por otro lado, acudimos al despertar de la preocupación por la cuestión colonial, especialmente entre los pensadores del Caribe, y finalmente asistimos al surgimiento del complejo movimiento de la Filosofía latinoamericana de la liberación.

En relación con esta última, nos detuvimos en el capítulo decimotercero a dilucidar algunos de los intensos debates acerca de cómo entender la función crítica de la filosofía, en diálogo con la producción filosófica universal e inserta en el conflictivo acceder a la realidad histórica. Las posiciones de quienes participaron en dichos debates fueron heterogéneas. Incursionamos en la obra de Enrique Dussel, Arturo Roig y Horacio Cerutti Guldberg con el propósito de despejar algunos interrogantes: ¿qué cuestionamientos movilizan la necesidad de una renovación teórico-metodológica de la praxis filosófica latinoamericana?, ¿cuáles son las apuestas epistemológicas y las propuestas de renovación metodológica que surgen de tales cuestionamientos?

Una cuestión de nuestro pasado filosófico reciente, que a nuestro juicio reviste la mayor envergadura, pero que ha sido hasta ahora poco explorada, es la que se expresa en el aparente juego de palabras: “filosofía del exilio” o “exilio de la filosofía”. Nos ocupamos de ello en el capítulo decimocuarto. Sostenemos la hipótesis de que si bien el exilio, exterior e interior, constituyó un quiebre para la vida intelectual argentina de los 70 y principios de los 80, también abrió posibilidades de ejercicio crítico y creativo desde la resistencia. Nos preguntamos: ¿qué tuvieron en común y en qué se diferenciaron las producciones filosóficas de los exiliados externos e internos? ¿Cuáles fueron sus respectivas condiciones de producción? ¿Cuál fue la significación de dichas producciones para la historia de las ideas filosóficas argentinas y latinoamericanas? ¿Es posible hablar de exilio de la filosofía? En un intento por encontrar respuestas e identificar algunos rasgos característicos apelamos a testimonios seleccionados entre las experiencias vividas por intelectuales hispanoamericanos, principalmente –no exclusivamente– filósofos y filósofas del Cono Sur.

En el capítulo decimoquinto apelamos a la imaginación para ensayar un posible diálogo entre tres filósofos latinoamericanos: Ignacio Ellacuría (salvadoreño por adopción), Arturo Andrés Roig (argentino) y Humberto Giannini (chileno). El propósito de tal ejercicio es poner en evidencia algunas inquietudes compartidas acerca del propio quehacer filosófico, del sentido de la formación filosófica y de su función social y política. Los tres apelan a los diálogos socráticos de Platón, para encontrar respuestas a cuestiones emergentes de su propia situación socio-histórica.

Un momento particularmente revelador en nuestro itinerario nos atrapó cuando nos detuvimos a explorar la relación entre mujer y filosofía en el momento de emergencia de la Filosofía Latinoamericana de la Liberación, entre 1969 y 1979. A partir de la diferenciación entre las expresiones “el tema de la mujer” y “participación de la mujer”, pudimos establecer dos momentos en el abordaje del asunto. En el primero analizamos cómo aparece el “tema” de la mujer y de la liberación en los escritos de Enrique Dussel y Augusto Salazar Bondy, señalando las diferencias entre ambos discursos. En el segundo revisamos el modo en que las mujeres participan con su propia voz en los debates acerca de la filosofía latinoamericana y de la liberación. Para ello consideramos textos publicados en la Revista de Filosofía Latinoamericana desde su aparición en 1975 hasta que se suspende su publicación en 1979. El interés de este segundo momento radicó, sobre todo, en visibilizar la participación de mujeres, ya que ellas no aparecen o son apenas nombradas en los estudios sobre el tema hasta ahora realizados.

Los dos capítulos siguientes están dedicados a explorar la obra temprana de Enrique Dussel, especialmente sus escritos anteriores al exilio, es decir anteriores a 1975. Por una parte ponemos a foco la evolución de sus opiniones acerca de la función del intelectual y del ejercicio filosófico en escritos ensayísticos; por otra parte, recorremos sus lecciones de ética, dictadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo entre 1968 y 1975, las cuales quedaron plasmadas en Para una de-strucción de la historia de la ética y los dos primeros volúmenes de Para una ética de la liberación latinoamericana, de los cuales el primero reviste particular interés ya que, según sus propias palabras, en él se hace evidente la transformación que se opera desde una perspectiva ontológica hacia una consideración de la “exterioridad metafísica del Otro”, tras la lectura del texto de Emmanuel Levinas, Totalidad e infinito, realizada por sugerencia de Juan Carlos Scannone.

El último capítulo está dedicado a deshilar otra trama conceptual que es posible leer a la manera de un posible intercambio entre filósofos que realizan planteos convergentes desde posicionamientos contextuales y praxis filosóficas diferentes. Dichos planteos quedan sintetizados en las categorías de “a priori histórico” –Foucault– y “a priori antropológico” –Roig–. Cada uno de ellos, desde sus respectivas situaciones socio-históricas y en relación con los debates de sus propios espacios discursivos, critican las tradiciones en que se inscriben sus propias prácticas teóricas, lo cual provoca transformaciones y abre posibiblidades al interior de los respectivos campos de trabajo.

Los trabajos aquí reunidos han sido desarrollados a lo largo de un recorrido comprometido entre la academia y la historia cotidiana, como parte de actividades de investigación y docencia realizadas en los marcos institucionales de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidd Nacional de Cuyo y del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) de CONICET, con sede en el Centro Científico Tecnológico de Mendoza. Muchos de ellos se encuentran dispersos en publicaciones periódicas y compilaciones que vieron la luz en diversos territorios de la geografía de nuestra América y del mundo. Otros, los menos, se vuelcan en “letra de molde” en este espacio por primera vez. Todos han sido revisados, parcialmente modificados y actualizados a los fines de esta publicación.

Muchas jornadas de trabajo compartidas con diferentes grupos de personas, en diferentes instituciones, hacen que cualquier enumeración resulte incompleta. Para con cada una de ellas tengo deudas de gratitud y amistad. También agradezco a la familia, que desde la cotidianidad acompañaron mis horas de estudio. Especialmente a Amanda, con la esperanta que mantenga siempre nueva su inquietud por la lectura y el conocimiento.



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