Introducción
En el capítulo anterior, a partir del análisis de algunos indicadores vinculados al empleo y a las condiciones de vida dimos cuenta de la existencia concreta de la sobrepoblación relativa en el espacio nacional paraguayo con énfasis en el ámbito rural. Sobre esta base, en el presente capítulo, nos proponemos identificar las distintas modalidades asumidas por la sobrepoblación relativa rural.
Para ello, analizamos las condiciones de reproducción de esta población trabajadora superflua, tanto en el caso del sector que permanece en el espacio rural, como en el sector que se ha trasladado recientemente a espacios urbanos. En lo que refiere al sector que permanece en el espacio rural, argumentaremos que a diferencia de la sobrepoblación rural analizada por Marx, en el caso paraguayo, mayormente, no encontramos sobrepoblación latente sino sobrepoblación rural estancada o consolidada. En el caso de la sobrepoblación que migra a las ciudades, por su parte, la situación no es mejor puesto que, como veremos, por lo menos en la inmediatez de su migración, en la mayoría de los casos, este movimiento poblacional, sea de corta o larga distancia, no se traduce en la superación de su condición supernumeraria. En este sentido, a continuación, a partir del examen de las formas concretas asumidas por la sobrepoblación rural que permanece en el campo y la que migra observaremos cómo el referido despliegue de las transformaciones productivas, de la mano de la repulsión de la fuerza de trabajo del proceso productivo agrario y el deterioro de las condiciones de vida, estaría provocando el estancamiento y consolidación de un amplio sector de la sobrepoblación obrera paraguaya.
1. Las modalidades de la sobrepoblación relativa en América Latina
Como ya hemos visto en el capítulo 1, Marx refiere de forma explícita a tres modalidades de sobrepoblación relativa: la fluctuante, la latente y la estancada. Mientras algunos autores emprenden su análisis sobre la base de este esquema (Donaire, 2018; Marticorena, 2011, entre otros), otros plantean que en el curso del desarrollo del planteo de Marx, es posible identificar la existencia de una cuarta modalidad: el pauperismo o la sobrepoblación consolidada (Cazón et al., 2015; J. Iñigo Carrera, 2013). Si bien a partir de la lectura del texto podría argumentarse que esta última forma aparece contenida al interior de la sobrepoblación estancada, como veremos en este capítulo, dadas las características que asume el fenómeno en el espacio nacional paraguayo, consideramos que resulta pertinente otorgarle un tratamiento diferenciado a la sobrepoblación consolidada o pauperismo.
Ahora bien, antes de meternos de lleno en el examen de nuestro caso concreto a la luz de estas modalidades, repasemos brevemente las principales características de cada una. Como ya hemos visto, la sobrepoblación fluctuante es aquel sector del ejército de obreros absorbido y repelido de las distintas ramas de la producción (principalmente industrial urbana) en función de los ciclos de la acumulación de capital y de los movimientos del capital de una rama a la otra. La sobrepoblación “latente”, por su parte, está integrada por la fuerza de trabajo desplazada como resultado de la maquinización de las tareas en el proceso de trabajo agrario. Se la denomina “latente” debido a que refiere a una fuerza de trabajo que permanece en las áreas rurales hasta tornarse necesaria en las ciudades con la suficiente fuerza como para provocar su migración (Marx, 2012). La sobrepoblación estancada, en cambio, constituye parte del ejército obrero activo pero su ocupación es absolutamente irregular y sus condiciones de vida están muy por debajo del “nivel medio normal de la clase obrera” (Marx, 2012, p. 801). Con lo cual, su actividad se encuentra atada a la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor (Cazón, 2021). Por último, nos queda el “sedimento más bajo de la sobrepoblación” (Marx, 2012, p. 802): el pauperismo o la sobrepoblación consolidada (Cazón et al., 2015; J. Iñigo Carrera, 2013). Se trata de un sector de la población obrera disponible en tal magnitud que el capital no compra su fuerza de trabajo ni siquiera por debajo de su valor, provocando progresivamente la degradación de sus atributos productivos.
Como hemos puesto de manifiesto en el capítulo anterior, el enfoque de la marginalidad, una de las vertientes más difundidas en los estudios acerca de la sobrepoblación en América Latina, ha tendido a asimilar y, con ello, a acotar la noción de ejército de reserva a la modalidad fluctuante de sobrepoblación. Es así que, tomando como base el desarrollo expansivo del modo de producción capitalista y la tendencia mundial a la reducción de la población rural, desde esta visión, se planteaba el carácter descriptivo y transitorio del resto de las modalidades de sobrepoblación presentadas por Marx. Tal como sintetiza Donaire (2018):
[l]a modalidad latente, resultante de la particular forma que adopta el desarrollo capitalista en el campo, el cual genera una superpoblación que no se hace visible hasta que emigra a las ciudades, es descartada por ser una forma meramente transicional que tendería a la desaparición por el hecho de que este mismo desarrollo produce una tendencial reducción de la población rural. En un sentido similar, la superpoblación intermitente o estancada, porción del ejército activo que sobrevive duramente en las ciudades a partir de una base de trabajo irregular, sería una forma transicional que desaparecería junto con los capitales obsoletos que le dan cobijo por el propio desarrollo e imposición de la gran industria (p. 1).
Para Marticorena (2011), esto evidencia que la noción de marginalidad se funda en un desplazamiento de las modalidades de sobrepoblación en las que justamente podría encuadrarse el sector considerado “excesivo” en América Latina. En la misma línea, Donaire (2018) considera apresurado este descarte de las categorías clásicas ya que, si bien se constata una tendencia a la reducción de la población rural, en la actualidad: “uno de cada cinco latinoamericanos continúa viviendo en el campo” (p. 2). Este señalamiento, cobra especial relevancia en nuestro caso de estudio, ya que, como hemos visto, un alto porcentaje de la población paraguaya se concentra en el ámbito rural.
Ahora bien, aunque esta marcada presencia de la ruralidad en la demografía paraguaya podría llevarnos a concluir que la modalidad predominante de sobrepoblación relativa es la latente, a continuación, argumentaremos que, en el espacio nacional paraguayo, la sobrepoblación que permanece en el espacio rural, mayoritariamente, se halla en un proceso de estancamiento o consolidación en la condición de sobrante. Asimismo, a partir del análisis de las condiciones de inserción de la sobrepoblación rural recientemente migrada a ámbitos urbanos, sean locales o extranjeros, plantearemos que los desplazamientos poblacionales recientes no implicaron la superación de la condición de sobrepoblación. Lejos de ello, el examen de las condiciones de vida de esta población en el espacio urbano, evidencia una continuidad de su estancamiento o consolidación pero bajo las nuevas formas impuestas por el contexto urbano.
El estancamiento y consolidación, sea en el ámbito urbano o rural, de esta sobrepoblación, repercute de manera directa en el deterioro progresivo de sus atributos productivos. Como han señalado J. Iñigo Carrera y V. Iñigo Carrera (2017) en su análisis sobre los pueblos indígenas radicados en el Chaco argentino:
El capital les va arrancando […], primero, el ejercicio de su capacidad para trabajar y, luego, avanza arrancándoles hasta esta capacidad misma. Con lo cual los empuja al pauperismo agudo, pudiendo reproducirse precariamente sobre la base de constituirse de manera generalizada en beneficiarios de planes sociales de asistencia a la pobreza y al desempleo (J. Iñigo Carreray V. Iñigo Carrera, 2017, p. 136).
En el caso paraguayo, asistimos a un proceso similar, aunque de mayor envergadura si tenemos en cuenta la masividad de sobrepoblación rural que alberga este espacio nacional.
2. Modalidades de la sobrepoblación relativa en el espacio rural paraguayo
Como hemos visto anteriormente, el espacio rural paraguayo se caracteriza por albergar dos realidades diferenciadas. De un lado, el predominio productivo de pequeños capitales, evidenciado en el control de casi toda la superficie productiva por parte de sujetos que personifican simultáneamente la propiedad del capital, la tierra y/o la fuerza de trabajo. Del otro, la preeminencia demográfica de un masivo sector de individuos en los que esta misma simultaneidad de personificaciones aparece determinada por la personificación de la fuerza de trabajo. Al examinar indicadores relacionados a la ocupación rural y las condiciones de vida, evidenciamos que esta población trabajadora se halla en la condición de sobrepoblación relativa reflejada mayormente, no en el desempleo abierto, sino en indicadores vinculados a la precariedad laboral y al deterioro de las condiciones de vida.
Ahora bien, aunque la condición de sobrepoblación puede expresarse de diversas formas, establecer sus modalidades no puede ir desligado del estudio de las condiciones de su reproducción. Para Cazón (2015), analizar dichas condiciones supone el examen de dos dimensiones. En primer lugar, la referida a la capacidad misma de reproducirse del individuo o núcleo familiar obrero en cuestión. Y, en segundo lugar, la que atañe a las capacidades de esta reproducción de conservar los atributos productivos de dichos obreros.[1]
A continuación, a partir del análisis de las condiciones de reproducción, tomando como referencia estas dos dimensiones, intentaremos identificar las modalidades asumidas, tanto por la sobrepoblación rural que migra hacia espacios urbanos (locales o de otros países), como la que permanece en el espacio rural. En el caso de la rural, argumentaremos que dadas las características asumidas por la acumulación en el espacio nacional paraguayo y las condiciones de su permanencia, asistimos a un proceso de estancamiento y consolidación de esta población en la condición de sobrante para las necesidades de la acumulación.
2.1 Estancamiento y consolidación de la sobrepoblación rural migrante
Cuesta pensar un momento en la historia paraguaya en que el estudio de la mano de obra que “excede” las necesidades de la producción privada en el espacio rural no haya sido una problemática central de su realidad social.[2] Sin embargo, las características actuales asumidas por este fenómeno y su intensificación reciente han llevado a algunos analistas a afirmar que estamos atravesando “el más fuerte flujo emigratorio campo-ciudad que registran las estadísticas demográficas del país” (T. Palau et al., 2009, p. 290).[3] Este “boom” de desplazamientos poblacionales se habría intensificado a partir de 2001 de la mano de la expansión de las transformaciones productivas agrarias que hemos desarrollado anteriormente.[4] Según Galeano (2012, 2016), al interior de la población rural, los más afectados por la deserción migratoria, son las unidades productivas de pequeña escala, “[a]demás de los sin tierra y de los minifundistas semi-asalariados (menos de 10 hectáreas), dicho proceso también afecta a los campesinos autosuficientes, que generalmente suelen ubicarse en el estrato de 10 a 20 [hectáreas]” (Galeano, 2012, p. 412).
Los movimientos poblacionales desplegados en este contexto pueden tomar dos formas: de corta o larga distancia.[5] En el caso de la primera, el destino suelen ser, tanto los cinturones de pobreza de los conglomerados urbanos más densamente poblados del país (Área Metropolitana de Asunción, Ciudad de Este y Encarnación) (Galeano, 2016; PNUD, 2010), como núcleos urbanos intermedios que han crecido recientemente (Curuguaty y Pilar, entre otros) (T. Palau et al., 2009).
En las migraciones de larga distancia, en cambio, el destino del desplazamiento es hacia el extranjero. Este tipo de movimiento poblacional ha tenido mucho peso en el caso paraguayo. De hecho, según Stefoni (2017), observando América Latina en su conjunto, las subregiones del Caribe y Centroamérica son las que presentan una mayor proporción de emigrantes en relación al volumen de la población nativa (11,1% y 10,2%, respectivamente). Sin embargo, Paraguay, a pesar de pertenecer a América del Sur, alcanza cifras similares a la de dichas subregiones, al punto que está entre las geografías que presentan un mayor crecimiento relativo de nacionales viviendo en un país distinto (67,1%).[6]
Como contraparte, otros países se fortalecen como receptores. En el caso paraguayo, dentro de la región, el principal destino es Argentina. Allí, en comparación con la realidad de otras geografías del subcontinente, el sistema de visados, las oportunidades laborales y la existencia de redes migratorias habría consolidado su estatus de “país de destino” tanto para paraguayos como para emigrantes de otros países de América del Sur (Stefoni, 2017, p. 16). En la siguiente tabla se observa claramente la intensificación (69,4%) del flujo migratorio hacia Argentina en nuestro período de análisis.[7]
Tabla 7. Evolución de la población paraguaya en Argentina (valores absolutos y crecimiento relativo). Total del país 1869-2010
| Año | Paraguayos censados | Crecimiento relativo |
| 1869 | 3288 | |
| 1895 | 14562 | 342.90% |
| 1914 | 28592 | 96.30% |
| 1947 | 93248 | 226.10% |
| 1960 | 155269 | 66.50% |
| 1970 | 212200 | 36.70% |
| 1980 | 262799 | 23.80% |
| 1991 | 250450 | -4.70% |
| 2001 | 325046 | 29.80% |
| 2010 | 550713 | 69.40% |
Fuente: Mera (2014).
Extrarregionalmente, si bien Estados Unidos concentra gran parte de la emigración latinoamericana seguido por España que aglutina un 8% del total de los emigrados de la región en 2010 (2,4 millones de personas) (Stefoni, 2017), en el caso de Paraguay, prevalece el segundo destino por sobre el primero. Es así que España ocupa el segundo lugar como país receptor con un 23% del total de migrantes paraguayos. Según Carrón (2008), en base a datos de la encuesta de hogares de 2006, 116.795 paraguayos habrían emigrado a ese destino desde el inicio de siglo.
En lo que refiere a la localización geográfica de esta población emigrada, si nos enfocamos ahora en el principal destino (Argentina), los estudios distinguen dos tendencias a lo largo de la historia. Por un lado, un primer flujo, asociado a las oportunidades de empleo agrario en la producción de algodón, caña de azúcar, tabaco y té en el nordeste argentino (sobre todo las provincias de Formosa, Chaco y Misiones). Y por el otro, un segundo flujo, desde mediados del siglo xx, dirigido, principalmente hacia la Región Metropolitana de Buenos Aires:
[L]a emigración paraguaya, si en un primer momento tuvo un carácter rural-rural –protagonizado por pequeños campesinos que se convierten en braceros en explotaciones forestales y en cultivos agrícolas– y frecuentemente temporario (al menos en las intenciones de los individuos en movimiento), paulatinamente adquirió un patrón de destino preferentemente urbano y de carácter permanente (Mera, 2014, p. 62). [8]
Ahora bien, aunque entre los principales motivos de dichos movimientos migratorios están la búsqueda de trabajo y la mejora en las condiciones de vida (asistencia sanitaria, educación, etc.) (Galeano et al., 2017), las inserción en los lugares de destino suele ser en las condiciones más precarias. A este respecto en T. Palau et al. (2009) se afirma: “muchas de las ideas preconcebidas que el emigrante tiene acerca del nivel de vida que alcanzará al desplazarse a la ciudad, son en general bastante sesgadas” (p. 269).
En este sentido, podemos observar que, pese a migrar con la perspectiva de vender la fuerza de trabajo o hacerlo en mejor condiciones, el resultado del movimiento poblacional, sea de corta o larga distancia, no es la superación de su condición de población relativamente sobrante para las necesidades del capital. Lejos de eso, en los lugares de destino, los migrantes rurales cuando logran insertarse en alguna ocupación, suele ser en las condiciones más precarias, convirtiéndose en población consolidada o, en el mejor de los casos, estancada por vender la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Tal como se expone en T. Palau et al. (2009):
[E]n general los campesinos que se desplazan del campo a la ciudad presentan perfil de bajo nivel de estudios, así como una experiencia profesional exclusivamente en el terreno de la agricultura y la ganadería, lo que dificulta, entre otras cosas, su acceso al mercado laboral urbano, teniendo la única posibilidad, en caso de encontrar empleo de que el mismo sea por lo general de baja calificación y remuneración (p. 261).
En la misma línea, refiriendo a la inserción ocupacional de la población que migra hacia Argentina, Mera (2014) señala:
[L]a construcción (en el caso de los varones) y el servicio doméstico (entre las mujeres) se consolidaron como los “nichos laborales” por excelencia de esta población debido a una lógica de reclutamiento de la mano de obra en la que migrantes ya asentados recomiendan o contratan a otros familiares y compatriotas, lo que retroalimenta un círculo que redunda en una estrechez extrema tanto en el acceso al mercado laboral como en el nivel de ingresos (Mera, 2014, p. 64).
Sin embargo, como afirma Seiffer (2011), no siempre logran insertarse al mercado laboral, con lo cual también encontramos sectores que devienen sobrepoblación consolidada en las ciudades viviendo en las condiciones de precariedad más extremas. En este sentido, en su examen de las pautas de asentamiento de los paraguayos en la ciudad de Buenos Aires (CABA), Mera (2014) afirma que estos migrantes se localizan en las zonas de la urbe históricamente más degradadas, con déficit de infraestructuras y servicios y fuerte presencia de urbanizaciones informales.[9] De hecho, siguiendo a la misma autora:
[L]as zonas de la CABA que se identificaron como las de mayor presencia de migrantes paraguayos y mayor incidencia de la pobreza coinciden justamente con la presencia de esta forma de asentamiento. En particular, las tres áreas donde, según se mencionó, los paraguayos llegan a representar más del 30% de la población de la fracción […], se corresponden con la presencia de importantes villas de la ciudad: la Villa 21-24 (y el nht Zavaleta colindante) en el barrio de Barracas límite con Pompeya; la Villa 31 y 31 bis de Retiro; y las Villas 15 y 17 (y el nht Av. Del Trabajo) en el barrio de Lugano (Mera, 2014, p. 73).
La realidad no es diferente para quienes migran internamente. La sobrepoblación relativa rural que se desplaza hacia centros urbanos paraguayos, en su mayoría, termina viviendo en las denominadas “villas miseria” sobreviviendo a partir de empleos precarios, el comercio informal o la recuperación de desechos (T. Palau et al., 2009).[10] Tal como sintetiza Rojas Villagra (2014):
La irracional expansión de los monocultivos transgénicos ha tenido múltiples efectos en la población y la geografía rural: el desplazamiento forzado de campesinos, campesinas e indígenas. Primero, mediante el arriendo o la compra de sus tierras, aprovechándose de su situación de pobreza y abandono; segundo, por la contaminación de sus cultivos y su entorno con agrotóxicos (aire, agua y tierras); tercero, por el hostigamiento y amedrentamiento permanentes por parte de fuerzas públicas o guardias privados, a lo que se suma un cómplice desinterés del Estado en realizar la reforma agraria, redistribuir tierras, o apoyar productiva y socialmente a los pequeños productores. Es un desplazamiento, una migración forzada de la población, en la mayoría de los casos no hay de por medio una oferta de trabajo en las ciudades donde los empleos escasean, sino por la incontenible expansión del modelo extractivista y el consecuente acaparamiento de tierras, que solo responde a la lógica mercantil de la ganancia y la competencia. Sumado a la expansión de la ganadería para exportación, y a los proyectos de prospección y explotación de minerales, la presión sobre la tierra viene agudizando el proceso de descampesinización, impulsando una caótica peri-urbanización en condiciones extremadamente precarias (p. 89).
En este marco, se observa un notable incremento de los conflictos impulsados por los sectores que encontraron la migración a las ciudades como única alternativa a los procesos en curso. Uno de los datos más relevantes en este sentido es el incremento de conflictos urbanos encabezados por sectores denominados “sin techo”, “gancheros”, vendedores informales, entre otros (Villar, 2019).[11] En esta línea, durante nuestro período de análisis se registra un importante incremento cuantitativo de conflictos por vivienda tanto en Asunción como en el departamento de Central encabezados por “sin techo” (Villar, 2019). Asimismo los gancheros, enfrentan continuos conflictos con la Municipalidad por los intentos de privarlos del acceso a los desechos en los vertederos, sobre todo los reciclables (T. Palau et al., 2009; Villar, 2019).
Por último, consideramos importante aclarar que la migración no implica necesariamente una ruptura definitiva con el ámbito rural. Lejos de ello, muchas veces el movimiento poblacional no involucra al núcleo familiar completo sino solo alguno/s de sus miembros con el compromiso de enviar remesas a la familia que permanece en el ámbito rural. De hecho, en una amplia variedad de casos el número de los migrantes se establece en función de la cantidad que es suficiente para mantener el núcleo familiar de origen.[12] En tal sentido, se estima que en 2006 Paraguay habría recibido alrededor de 650 millones de dólares (8% del PBI) en concepto de remesas (T. Palau et al., 2009). España sería el país con mayor peso en el envío de remesas según origen (36%), seguido por EEUU (33,4%) y Argentina (6,2%). Esto nos arroja directamente al estudio de la sobrepoblación que permanece en el espacio rural y sus modalidades.
2.2 Formas asumidas por la sobrepoblación relativa que permanece en el espacio rural paraguayo: ¿población latente?
En una primera aproximación podríamos decir que la sobrepoblación que resulta de las transformaciones productivas recientes en el espacio rural paraguayo, no dista demasiado de la producción de sobrepoblación latente caracterizada por Marx en los procesos de modernización agrícola. En este apartado, a partir del examen de las condiciones de vida de la población trabajadora del espacio rural paraguayo, argumentaremos que actualmente al observar la sobrepoblación rural paraguaya, ya no se puede hablar de una sobrepoblación latente sino que se trata de una sobrepoblación estancada o consolidada.
Como dijimos anteriormente, la sobrepoblación latente es la constituida por los obreros desplazados como resultado de la maquinización de tareas en el proceso de trabajo agrario. Dichos obreros permanecen en el espacio rural hasta ser demandados por la producción en otras ramas, principalmente, urbanas. Siguiendo a Cazón et al. (2015),
la población sobrante latente, que se caracteriza por la imposibilidad de vender su fuerza de trabajo en el lugar donde se encuentra, tiene la posibilidad de reproducir su fuerza de trabajo por dos vías distintas. En primer lugar, podemos mencionar las remesas de la familia que se encuentra vendiendo su fuerza de trabajo en las ciudades. En segundo lugar, la propia ubicación geográfica que imposibilita la venta de la fuerza de trabajo, puede implicar la posibilidad de realizar una producción de subsistencia, dado que puede producir los valores de uso agrarios que permitan la reproducción biológica (p.36).
En esta línea, en el apartado anterior, dimos cuenta del peso que el envío de remesas tiene en el sustento de las familias que permanecen en el espacio rural. De hecho, en 2006 el 30% de los ingresos extraprediales de las familias de los estratos correspondientes a la producción en pequeña escala provenía de las remesas (Galeano, 2012). El envío de remesas tienen un peso tal que, según, T. Palau et al. (2009), superaría el valor monetario generado por la exportación de soja.[13] Sin embargo, dadas las situaciones de precariedad que enfrentan los miembros migrantes en los lugares de destino, éstas tampoco constituyen un ingreso suficiente ni constante que asegure la reproducción en condiciones normales de los fragmentos de la sobrepoblación rural receptora.
Adentrémonos entonces en el segundo aspecto señalado por Cazón (2015) en relación a la producción de subsistencia. Como hemos caracterizado en el capítulo 3, para una amplia mayoría de la población inserta en la esfera agraria, la posesión (formal o de hecho) de una porción de tierra desempeña un lugar central en su reproducción como fuerza de trabajo superflua. Para estos sectores, la posesión de la tierra se ha convertido ya no en un complemento sino en una condición para su supervivencia. Como ya hemos dicho, la garantía de la reproducción en este marco asume distintas formas vinculadas a múltiples factores. En esta línea, aunque en algunos casos, esta reproducción se garantiza a partir de la utilización de la fuerza de trabajo en la propia finca, cada vez se torna más frecuente la necesidad de combinar la producción de subsistencia con la venta extrapredial de la fuerza de trabajo en las condiciones más precarias.
En este sentido, el punto de la posesión de tierra abre el análisis de las condiciones de vida de estos sectores a distintas realidades. Como sintetiza Rojas Villagra (2015):
Una forma organizativa habitual es aquella donde la producción agrícola se destina al consumo familiar y los excedentes se dirigen al intercambio. En otros casos, incluso parte de lo que debiera ir al autoconsumo se destina al mercado, por la necesidad de cubrir obligaciones con otros actores económicos, como los prestamistas, lo que da cuenta de cierta descomposición de la finca. Otro tipo de unidad campesina desarrolla la especialización productiva, cultiva rubros demandados por empresas agroindustriales o acopiadores como son, entre otros, el algodón, la caña de azúcar, mandioca, tabaco o sésamo, en una relación económica asimétrica, donde las empresas pueden, por su posición dominante, comprar los productos campesinos a precios muy bajos, incluso por debajo de su valor, de modo a aumentar sus ganancias (pp. 39-40).
Teniendo en cuenta esta diferenciación, las unidades productivas que logran, sea de manera predominante o complementaria, desarrollar cierta producción para la venta terminan haciéndolo por debajo de su valor. Por ejemplo, en el caso de la producción algodonera que pese a su repliegue todavía es la que ocupa a la mayor parte de los pequeños productores en general, la venta se realiza a acopiadores en condicionas sumamente desventajosas generando una rentabilidad bastante baja (T. Palau et al., 2009). Asimismo, en muchos casos no existen buenos caminos o poblados o núcleos urbanos cercanos donde vender sus mercancías:
Las relaciones con el mercado son desventajosas para el campesino como regla general, por su posición subordinada, su menor fuerza y capacidad de negociación, frente a las empresas o intermediarios capitalistas. En algunos casos, la unidad campesina logra algún grado de capitalización mediante sus intercambios con el mercado, pero en la mayoría de los casos la tendencia es hacia la descomposición de la economía campesina, por los bajos precios de sus productos, el endeudamiento en el que se van introduciendo, el arrendamiento o venta de sus tierras, sino directamente la pérdida por deudas impagas (Rojas Villagra, 2015, p. 37).
Si a esto sumamos que las llamadas familias campesinas son numerosas, la falta de acceso de tierra provoca que cuando las nuevas generaciones forman sus propias familias permanecen en la finca de sus padres incrementando el proceso de minifundización del que dimos cuenta antes y, con ello, la necesidad de recurrir, ante la reducción del espacio para la producción para el autoconsumo, al trabajo extrapredial.
En esta línea, para una porción cada vez más mayoritaria de casos, la posesión de tierra debe ser acompañada con la venta externa de su fuerza de trabajo. Pero, como hemos visto, en el marco de las transformaciones recientes, esto no solo se torna cada vez más dificultoso en el sector agrario sino que cuando se logra, es en las peores condiciones corroborándose incluso situaciones extremas de trabajo forzado y trabajo infantil.
Otro mecanismo de supervivencia por parte de las familias que permanecen en el espacio rural sobre la base de la posesión de tierra es el alquiler de una fracción de la misma. Según T. Palau et al. (2009), la posibilidad de alquilar una porción está ligada al tamaño de la tierra de la que dispone. En este sentido, de acuerdo a este estudio, un 97% de la población con fincas de menos de 5 hectáreas no alquilan sus tierras mientras un 64,3% de aquellos que tienen más de 20 hectáreas sí lo hacen. Entre las principales razones esgrimidas por las familias para arrendar sus tierras están el endeudamiento y las necesidades de ingresos económicos complementarios por el insuficiente rendimiento de la propia producción. Asimismo, muchas familias que ya migraron, dejan sus tierras en alquiler para saldar las deudas contraídas con intermediarios para posibilitar la migración o para garantizar en cierta medida la supervivencia en el lugar de destino.
A todas estas dificultades que enfrenta un sector cada vez más masivo de la población rural para reproducir su fuerza de trabajo se suma un aumento de la violencia generalizada, en muchos casos ligado a la puja de los capitales de la producción de commodities por expandir sus explotaciones y apropiar la renta potencial de la tierra ocupada por el sector masivo de pequeñas fincas de la sobrepoblación rural. En este marco, según el relevamiento de conflictos presentado en Villar (2019), del total de conflictos desplegados en el espacio rural paraguayo, un 73% son conflictos relacionados directa o indirectamente a la propiedad de la tierra.
Gráfico 16. Conflictos rurales según objetivo de la acción. Paraguay 2000-2012

Fuente: Villar (2019)
A su vez, según el citado estudio, de estos conflictos, un 90,38% habrían sido encabezados por sujetos asentados en los estratos más pequeños de la producción agropecuaria (campesinos, indígenas, otros) y/o por los denominados “sin tierra”.
Otro elemento importante a considerar a la hora de examinar el peso de la tierra y la consecuente intensificación del conflicto en torno a su propiedad es el tipo de acción que predomina. [14] En este sentido, las ocupaciones de tierra, resistencias a desalojo y acampes al costado de inmuebles están entre las acciones preponderantes en conflictos rurales en nuestro período de análisis (Villar, 2019).
Ahora bien, los conflictos relacionados al avance de las transformaciones productivas no sólo están relacionados a una disputa defensiva por la propiedad de la tierra. Un 21% de las acciones registradas en el agro están vinculadas al reclamos de políticas públicas que permitan resistir al desplazamiento productivo de rubros de pequeña producción (Villar, 2019). Las demandas de estos sectores, en general, apuntan a la intervención del Estado en la protección del mercado y precio justo a la producción, además de apoyo mediante asistencia técnica, infraestructura, subsidios, etc.
Hasta aquí hemos visto cómo los dos factores de sustento atribuidos por Cazón et al. (2015) a la sobrepoblación latente constituyen en Paraguay la base del sostenimiento de una sobrepoblación que no logra reproducir su fuerza de trabajo en condiciones normales. Sin embargo, dadas las trabas al desarrollo industrial presentes en la forma que asume la valorización de capital en Paraguay en particular, pero también en el resto de la región, no se avizoran perspectivas de que estas masas de población puedan ser absorbidas en el corto o mediano plazo por un polo de industrialización urbano determinándola, en ese movimiento, como población latente. Esta permanencia prolongada, cuando no definitiva de esta sobrepoblación en el espacio rural, impide concebir a estos contingentes como sobrepoblación latente. Lejos de eso, el examen de sus condiciones de vida parece indicar que estos sectores están sufriendo un deterioro progresivo de sus atributos productivos como resultado del estancamiento o consolidación como población relativamente sobrante en el espacio rural.
Encontramos evidencia de esto en lo que Fogel (2019) ha señalado como la identificación progresiva por parte del Estado de estos sectores como objeto de políticas asistenciales y ya no de estímulo como sector productivo. En este sentido, Seiffer y Rivas Castro (2017) plantean que, desde la perspectiva del proceso de acumulación de capital, la expansión de este tipo de políticas sociales expresa la consolidación de un sector de la clase obrera en su condición de sobrante.
Con el cambio de siglo, tomaron vitalidad distintas políticas sociales orientadas a la pobreza bajo la forma de programas de transferencia monetaria condicionada. Dichos programas inicialmente impulsados en Brasil y México, posteriormente, fueron implementados por otros países de la región, como Chile, Nicaragua, Honduras, Argentina, Uruguay y Paraguay (Ministerio de Hacienda, 2016, p. 33). Como afirman Seiffer y Rivas Castro (2017), el consumo obrero no es otra cosa que la forma en que se produce y reproduce la mercancía fuerza de trabajo, por lo cual “[s]e realice de manera íntegra o solo parcialmente a través del salario, es un momento del ciclo del capital” (p.100). Siguiendo a estos autores, si la clase obrera está empleada, el consumo mediado por la acción directa del Estado (a través de transferencias de ingresos y/o de la provisión directa de valores de uso), “implica un abaratamiento del pago que realiza el capital individual que emplea esa fuerza de trabajo y funciona, por tanto, como fuente inmediata de valorización del capital” (Seiffery Rivas Castro, 2017, p. 100). En el caso de los obreros desocupados, “el capital se apropia del gasto social a través de la expansión del mercado interno en la medida en que puede vender mercancías que de otra manera no encontrarían demanda solvente” (Seiffery Rivas Castro, 2017, p. 100). Tomando esto como base, consideramos que la expansión de la política asistencial surge frente a la imposibilidad presente en un sector expansivo de la población trabajadora de reproducir la vida mediante la venta normal de su fuerza de trabajo.
En este sentido, en el caso paraguayo, durante nuestro período de análisis se inicia el diseño de varias iniciativas asistenciales orientadas masivamente a los sectores identificados como pobres.[15] En este marco, en 2005, surge el programa Tekoporá dirigido a los hogares en situación de extrema pobreza del área urbana y rural con el objetivo de “garantizar el acceso a la salud, educación y seguridad alimentaria de los/as niños/as, mujeres embarazadas, adultos/as mayores, comunidades indígenas y personas con discapacidades” (Campos Ruiz Díaz et al., 2011, p. 1).[16] Dicho programa se basa en “transferencias monetarias con corresponsabilidades, lo que significa un aporte económico mensual a las familias, las cuales a cambio deben comprometerse con logros […] en las áreas de salud y educación escolar” (Peralta et al., 2016, p. 5).
En la línea de nuestro análisis, siendo que este programa se dirige a la población en situación de pobreza y extrema pobreza es importante resaltar, que la mayoría de sus beneficiarios son del sector rural:
A nivel general los/as beneficiarios/as rurales son todavía mucho más importantes con 83.5% mientras que los/as urbanos/as constituyeron el 16.5%. Esto es consistente con el mapeo de la pobreza a nivel nacional de acuerdo a los datos censales […] que indican que en Paraguay, la pobreza aún se concentra en el sector rural, en el campesinado y los pueblos originarios, así como en los migrantes campesinos de ciudades de Asunción, Encarnación, Ciudad del Este, Caaguazú, Villarrica, Coronel Oviedo (Campos Ruiz Díaz et al., 2011, p. 61).
Como hemos caracterizado anteriormente en relación a los alquileres de porciones de las parcelas de tierra y las remesas, la percepción de este tipo de beneficio o plan, debe ser complementada por los beneficiarios con otras actividades productivas para garantizar su subsistencia: “La huerta, la changa y las tareas domésticas son las actividades más realizadas por las familias beneficiarias” (Campos Ruiz Díaz et al., 2011, p. 97). En este sentido, según el mencionado estudio, un poco más del 50% de los hogares produce actualmente cultivos de renta y cría animales. Asimismo hubo un aumento del 70% en la tenencia de huerta con producción a “ínfima escala” y casi sin infraestructura después de que las familias ingresaran al programa.: “en su mayoría las familias beneficiarias no cuentan con galpón, arado, moto sierra, circular, entre otros, implementos, tractor, carreta, animales de tiro: buey, animales de carga, caballo, mula y burro” (Campos Ruiz Díaz et al., 2011, p. 111). Esta producción de subsistencia en el caso de las familias beneficiarias se sustenta ampliamente en la utilización de la propia fuerza de trabajo familiar (Campos Ruiz Díaz et al., 2011, p. 107)
En suma, a partir del examen realizado de los distintos factores o alternativas de sustento de la sobrepoblación que permanece en el espacio rural y, teniendo en cuenta la ya mencionada ausencia de perspectivas de que en el corto o mediano plazo dicha población sea requerida o absorbida por la acumulación del ámbito urbano, estamos en condiciones de afirmar que la referida sobrepoblación en nuestro período de análisis no asume una forma latente sino que se halla en un proceso expansivo de estancamiento y consolidación.
Como hemos visto, la sobrepoblación que permanece en el espacio rural, pese a los cultivos de subsistencia, de la venta de excedentes en el mercado interno, el alquiler de fragmentos de sus pequeñas parcelas o el cobro de programas de transferencia condicionada, según el caso; se consolida como supernumeraria o no alcanza a reproducir su fuerza de trabajo en condiciones normales. Como también hemos puesto de manifiesto en la sección anterior, la situación no es muy distinta para aquellos que buscan vender su fuerza de trabajo en mejores condiciones en los núcleos urbanos. En ambos casos, encontramos que las modalidades asumidas por esta sobrepoblación, permanezca en el espacio rural o lo abandone, son el estancamiento o el pauperismo, con el consecuente deterioro de los atributos productivos implicados en dichas formas de la sobrepoblación.
3. El deterioro de los atributos productivos de la sobrepoblación rural
En el apartado anterior presentamos los argumentos por los cuales consideramos que la sobrepoblación que resulta del avance de las transformaciones productivas recientes no asume la modalidad latente sino que principalmente se constituye como estancada o consolidada. Como vimos, en el marco de la expansión de la producción agraria a gran escala, la sobrepoblación que permanece en el espacio rural, depende crecientemente de diversos factores, en muchos casos complementarios, para garantizar su reproducción: producción de subsistencia, venta abaratada de mercancías, trabajo asalariado extrapredial, remesas, arriendos, planes sociales, entre otros. En el presente apartado, profundizaremos en el examen de estos factores y su incidencia en el deterioro de los atributos productivos de este sector.
Como hemos visto, en el caso de aquellos que combinan la producción para autoconsumo con la venta en el mercado interno, utilizando su fuerza de trabajo o la de sus familiares; debido al endeudamiento, los intermediarios y las restricciones de acceso a los mercados, lo que producen es vendido por debajo de su valor y no alcanza para la reproducción de la familia en condiciones normales. Asimismo, estos formatos altamente dependientes del trabajo familiar, en muchos casos involucran trabajo infantil, repercutiendo sobre el acceso a la educación de los niños.
Por su parte, también dimos cuenta de que cuando la fuerza de trabajo se emplea extrapredialmente al interior de la esfera agraria, dichos trabajos suelen ser sumamente precarios, involucrando en muchos casos regímenes forzados. Tal como describe el testimonio de un joven trabajador de un silo recogido en T. Palau et al. (2009):
El trabajo es muy agotador; el promedio de descarga es de 1000 toneladas al día y la jornada laboral es de por lo menos 10 horas diarias. Las tareas incluyen descarga, selección de granos, y alimentación de los hornos para el secado. Las condiciones de salud son deficientes, una gran parte de los trabajadores presentan problemas respiratorios, debido al polvillo y los agrotóxicos de los granos. La paga es de menos de 30 mil guaraníes diarios (p. 191).
Sin embargo, las condiciones de inserción de la fuerza de trabajo no son los únicos factores de degradación de los atributos productivos de la sobrepoblación rural. También tienen consecuencias en la subjetividad productiva, las otras alternativas que hemos examinado tales como la recepción de remesas, los arriendos y los planes sociales. En el caso de las familias que dependen de remesas, por ejemplo, en muchos casos, la garantización de este flujo de dinero es a costa de la separación prolongada de dicho núcleo familiar. Asimismo, dicha separación, suele involucrar la ausencia de la figura paterna o materna con el impacto negativo que eso puede tener en el desarrollo de los hijos.
Por su parte, los arriendos, como hemos visto, se han convertido en otra de las alternativas implementadas por algunas pequeñas fincas para obtener un ingreso complementario. Tal como indica Fogel (2019), “[d]e los 22.456 propietarios que perciben rentas por arrendar sus tierras, 17.691 son pequeños productores que detentan parcelas menores de 20 hectáreas que dan en arriendo pequeñas superficies” (p. 46). En relación a esto, en T. Palau et al. (2009), se advierte sobre el impacto que este factor tiene en la subjetividad de estos sectores:
Con el alquiler de las tierras, cambia drásticamente la situación de la familia, la dependencia económica no se pude solucionar debido a la falta general de ofertas de empleos. Pareciera que el desempleo y la falta de espacio para producir para el autoconsumo termina creando una inactividad y falta de estímulo en los adultos y jóvenes […] llevando en algunos casos a adquirir malos hábitos (p.182).
Asimismo, en nuestro examen de los factores de degradación no podemos dejar de mencionar la exposición a agrotóxicos como resultado de la forma actual que asume la producción de mercancías agropecuarias. Esto, no solo afecta a los pocos individuos empleados por la producción a gran escala sino también a la sobrepoblación relativa rural que vive y produce en los alrededores debido a la contaminación generada por las permanentes fumigaciones. Como mencionamos en el capítulo 3, la variedad que predominantemente se cultiva en el país es la soja Roundup Ready (RR) diseñada para resistir fumigaciones de glisofato. Las fumigaciones no solo afectan a los cultivos de las familias campesinas que no están preparados para soportar esta sustancia, sino que también causan enfermedades y malformaciones en los humanos que habitan en las inmediaciones, “[e]studios biomédicos referidos muestran la relación entre exposición a plaguicidas, utilizados crecientemente por los cultivos transgénicos, con daños neurológicos, distintos tipos de cáncer y malformaciones” (Fogel Pedroso, 2019, p. 52). Asimismo se observa la multiplicación de enfermedades tales como gripes, neumonía, enfermedades de la piel, diarrea infantil y de adultos, alteración nerviosa, parasitosis, problemas renales, acidez y problemas dérmicos, entre otros (T. Palau et al., 2009). En este marco, también se registra un alto grado de enfermedades infantiles y de desnutrición y el incremento de enfermedades tales como la tuberculosis y patologías vinculadas a la zoonosis:
La población remanente rural frente a la apertura masiva de terrenos para monocultivos, se establece en las cortinas verdes que quedan, busca refugio en los bolsones boscosos y los contactos que anteriormente eran esporádicos, se vuelven intensivos y muchas zoonosis silvestres empiezan a ser importantes en la gente que trabaja en los monocultivos o vive alrededor de ellos (T. Palau et al., 2009).[17]
A esto se suma la contaminación de los cauces afectando el agua que consume la población y una drástica disminución de la biodiversidad (tanto en flora como en fauna) afectando aún más las posibilidades de las comunidades que dependen para su subsistencia de la caza, la recolección, la utilización de maderas para la construcción de casas o la utilización de hierbas como alimentos o medicinas.
A este deterioro del ambiente vital de los trabajadores rurales hay que sumar el aumento de la presión por la absorción de sus tierras, la violencia, la represión y la criminalización de las organizaciones campesinas (CODEHUPY, 2008). En este sentido, según M. Palau et al. (2009),
desde agosto de 2008 a diciembre de 2009, se dieron 58 desalojos que afectaron a 12.294 personas. La gran mayoría de ellos realizados con violencia y destrucción de los bienes de familias campesinas y en muchos casos detenciones no solo de dirigentes, sino inclusive detenciones masivas que incluían mujeres y menores (p. 43).
Asimismo, según el informe Chokokué entre 1989 y 2005 hubo 75 ejecuciones extrajudiciales (CODEHUPY, 2008). Como señala M. Palau et al. (2009), la violencia es ejercida tanto por las “fuerzas del orden público” como por guardias privados o grupos armados civiles.
Conclusiones
A lo largo de este capítulo intentamos identificar las modalidades asumidas por la sobrepoblación a partir del examen de las condiciones de reproducción, tanto del sector que permanece en el espacio rural, como del emigrado recientemente a espacios urbanos. En relación a este último, aunque nuestro examen hace foco, fundamentalmente en el ámbito rural, intentamos en este punto ampliar el foco hacia las condiciones de vida de aquellos contingentes que abandonaron recientemente el espacio rural. En ese sentido, pudimos ver que el movimiento poblacional hacia núcleos urbanos no implica una superación de la condición de sobrepoblación de estos sectores.
En relación a la sobrepoblación que permanece en el ámbito rural, presentamos los argumentos respecto a la forma peculiar que asumen estos contingentes en el espacio nacional paraguayo. En este sentido, como hemos argumentado, si bien Marx refería a la sobrepoblación producida por el desarrollo capitalista en la agricultura como sobrepoblación latente (2012), si tomamos en cuenta las características asumidas por la acumulación de capital en Paraguay, habría pocas perspectivas de que se produzca una transformación tal en la producción en las zonas urbanas que empuje a estas masas de población a abandonar el espacio rural. Si examinamos la situación de otros espacios nacionales de América del Sur, el panorama no parece muy distinto en este sentido. A partir de esto y sobre la base del examen de las condiciones de vida que hemos presentado, concluimos que en el caso paraguayo la sobrepoblación relativa en el espacio rural se halla en un proceso de estancamiento y consolidación progresivo. Luego, nos centramos en el análisis de distintos aspectos que evidencian el deterioro de los atributos productivos de estos sectores como resultado de las limitaciones en su reproducción como fuerza de trabajo.
- En relación a esta última, en caso contrario estaríamos ante un proceso creciente de deterioro de la subjetividad productiva del obrero.↵
- La problemática de la migración de la población rural es puesta de relieve en varias obras clásicas del pensamiento paraguayo (Ayala, 1996; Pastore, 2008; Rivarola, 1970, entre otros).↵
- Aquí es importante tener en cuenta que, actualmente, la mayoría de los movimientos migratorios de importancia son rural-urbano, a diferencia de otras épocas de la historia en que tomaban la forma rural-rural (T. Palau et al., 2009).↵
- En esta línea, en T. Palau et al. (2009) se compara el porcentaje de migraciones que ocurrieron en 2001-2006 según la localidad y el nivel de ingreso de soja a la comunidad concluyendo que las comunidades con porcentajes de migración más altos son aquellas que presentan mayor avance de la soja por sobre sus territorios. De hecho, del total de migrantes observados en su estudio solo entre octubre de 2005 y octubre de 2006 habría migrado más gente que entre 1991-1999 y el triple que los que migraron antes de 1991.↵
- Sin embargo, en este punto es importante tener en cuenta, que, en muchos casos, los desplazamientos de corta distancia dentro del territorio paraguayo, constituyen un paso intermedio o transitorio antes del abandono definitivo del país.↵
- En relación al resto de los países de América del Sur, solo es superado por la República Bolivariana de Venezuela en la que esta cifra aumentó más del 100%.↵
- Según los censos argentinos otros aumentos significativos en los movimientos migratorios entre ambos países fueron los que se observan en el Censo de 1895 (probablemente vinculado a los efectos de la Guerra de la Triple Alianza) y en el período comprendido entre los Censos de 1914 y de 1947 (Mera, 2014).↵
- Es interesante la descripción que realiza Mera (2014) en torno a la distribución espacial de los contingentes migratorios paraguayos: “La distribución espacial de los paraguayos registrada en los últimos tres censos nacionales […] muestra los efectos de este desplazamiento hacia la Provincia de Buenos Aires. En 1991 el 70% de esta población fue censada en la Ciudad de Buenos Aires o en la provincia del mismo nombre, proporción que incluso crece en las dos décadas siguientes, alcanzando a ser un 80% en 2001 y un 85% en el año 2010. De esta proporción, la amplia mayoría corresponde a la Provincia de Buenos Aires –en la Ciudad Capital se ubica en un 14% en los dos últimos censos–. Como contracara de esta concentración espacial, en la región nordestina (Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones) se observa una disminución de migrantes paraguayos que continúa decreciendo hasta la actualidad. Así, aunque hay corrientes que permanecen en el área nordeste –particularmente en las provincias de Formosa y Misiones–, en las últimas décadas Buenos Aires se consolida como núcleo central del asentamiento de los paraguayos en la Argentina” (p. 63).↵
- En tal sentido agrega: “los migrantes del Paraguay en la CABA presentan una distribución espacial signada por una muy marcada diferencia norte-sur: se encuentran fundamentalmente en el sur y este de la ciudad –y, dentro de esta zona, en algunas áreas específicas–, y, en contraste, tienen escaso peso en el resto del territorio porteño. […] La fracción que reúne el mayor porcentaje de paraguayos es la localizada en el límite entre Pompeya, Barracas y el sur de Parque Patricios: el 42.2% de la población de la unidad espacial. En segundo lugar se destacan sus dos fracciones colindantes (que reúnen alrededor del 30%), otra ubicada en el noreste –entre los barrios de Recoleta y Retiro (35%) – y otra en el límite oeste de Villa Lugano (27%). Otras áreas de presencia paraguaya significativa, aunque con porcentajes menores, pueden encontrarse en distintas zonas de Villa Lugano y Villa Soldati, en el sur de Parque Avellaneda, en el sur de La Boca y en Retiro. En marcado contraste con estas unidades espaciales, en todo el norte, centro y oeste de la ciudad, la presencia de estos migrantes es muy baja o prácticamente nula: con muy pocas excepciones, los paraguayos constituyen menos del 2.2% de la población de cada fracción […]. Es decir que, si bien los inmigrantes paraguayos son un pequeño porcentaje del total de la población de la CABA, su distribución en ella los convierte en una presencia mucho más notoria” (Mera, 2014, p. 68).↵
- En el caso del “bañado de Asunción”, más precisamente del “Bañado Sur”, por ejemplo, centenares de familias son denominadas “gancheras” porque se han concentrado en torno al vertedero municipal y viven de manera directa o indirecta de la basura que llega a ese lugar (T. Palau et al., 2009).↵
- “Sin techo”, es la denominación utilizada en Paraguay para los ocupantes de propiedades que luchan por la construcción de viviendas o por la adjudicación de terrenos en varios departamentos pero, principalmente, en las localidades aledañas a Asunción. ↵
- En este sentido para T. Palau et al. (2009) existe una “relación inversa” (p.264) entre miembros ya emigrados y miembros que piensan migrar. En las comunidades en que pocos miembros familiares han salido se observa mayor propensión a que otros quieran migrar, en cambio se observa menos propensión a emigrar en aquellas comunidades en las que lo que envían los emigrados es suficiente para la manutención de la familia. ↵
- A esto se agrega que el 20% son enviadas por padres o madres y el 15% por pareja, de lo que se deduce que uno de cada tres emigrados es padre, madre o pareja con el consecuente impacto en la integración familiar y en los niños que sufren la ausencia parental.↵
- Como se afirma en Mussi y Villar (2023), el incremento y forma asumida por los conflictos, no pueden ser comprendidos si no se considera la inestabilidad jurídica de la estructura propietaria paraguaya. En donde no solo no existe un catastro fiable de acceso público (Guereña y Rojas Villagra, 2016) sino que un alto porcentaje de las propiedades son consideradas “tierras malhabidas”, entregadas a personas que no cumplían con los requisitos para ser consideradas sujetos de la reforma agraria tanto entre 1954 a 1989, como entre 1989 al 2003. Según el informe de 2008 de la Comisión Verdad y Justicia (CVJ), durante el stronismo se habrían repartido ilegalmente 7 millones de hectáreas entre sectores afines al régimen (CVJ, 2008). Asimismo, entre 1989 y 2003, se adjudicaron de forma irregular casi un millón de hectáreas más (Guereña y Rojas Villagra, 2016).↵
- Es importante tener en cuenta que, antes que esto, en Paraguay, las políticas sociales siempre fueron extremadamente restringidas, de escaso alcance y focalizadas en algunos sectores (García Agüero, 2013, 2015).↵
- TEKOPORÃ significa “vivir bien” en guaraní. Según Campos Ruiz Díaz et al. (2011), este programa “se enmarca así como programa réplica a nivel internacional de los Programas de Transferencia Monetaria Condicionada-TMC llevados a cabo con éxito en México, Chile, Brasil a través de los organismos financieros internacionales de desarrollo como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial. La concreción en el Paraguay llega ya cuando el mismo estaba en ejecución por más de 10 años en la mayoría de los países de América Latina y ya sus impactos económicos positivos como programa focalizado para superar los niveles de indigencia habían sido evaluados” (p. 2).↵
- Como la leishmaniasis↵







