El mejor estudio etnográfico nunca hará del lector
un nativo…Todo lo que puede hacer el historiador
o el etnógrafo todo lo que podemos esperar de él, es
ensanchar una experiencia específica a las dimensiones
de una más general.
Claude Levi Strauss (1964).
En este capítulo muestro los resultados obtenidos en el proceso de análisis de los datos que han emergido de las entrevistas con los jóvenes participantes en el estudio y realizo asimismo una interpretación vinculando los referentes teóricos y empíricos.
La presentación la estructuré a partir del núcleo central y de los tres vectores cualitativos identificados configurados en el tercer nivel de análisis que corresponden y recorren de manera transversal e interconectada, las seis dimensiones emergentes anteriormente descriptas.
En primer lugar muestro de qué manera las trayectorias sostenidas de abandono (TSA) quedan situadas en el centro de la vida de los jóvenes y que atraviesan todas sus historias. En segundo lugar identifico la confluencia de los tres vectores cualitativos que caracterizan los procesos de vulnerabilidad y desafiliación propios de este grupo de jóvenes. Al establecer dichos núcleos temáticos busqué dar respuesta a los interrogantes establecidos al inicio de este estudio.
Las finalidades de esta investigación se materializaron en tres interrogantes que orientaron el estudio:
- ¿Cuáles han sido las condiciones sociales, económicas, políticas e institucionales que favorecieron la consolidación de un núcleo de jóvenes pobres sin ningún tipo de cobertura programática en la villa durante el período estudiado? ¿Cómo se caracterizan los principales actores que intervienen en este proceso de desafiliación y vulnerabilización? y ¿Qué características adoptan las relaciones entre los jóvenes y los diferentes actores que conviven en un mismo escenario territorial?
- ¿Cuáles son las maneras en que se manifiesta el sufrimiento social provocado por la pobreza estructural persistente en estos jóvenes? ¿Cuál es la experiencia de los jóvenes sumergidos en esta situación de pobreza?
- ¿Qué nuevas y anteriores relaciones de sociabilidad se desarrollan entre estos jóvenes? ¿Qué clase de vínculos establecen entre ellos y los demás? ¿Cuáles son los campos de interacciones urbanas en las que se involucran?
Los resultados que presento a continuación dan respuesta a las preguntas planteadas relativas a los tres niveles de análisis mencionados, tomando en cuenta las características que adquieren en los jóvenes y los procesos de desafiliación que transitan.
A fines analíticos identifico la primacía de cierto vector cualitativo de análisis para cada conjunto de preguntas, pero se entiende que no son respuestas lineales sino dimensiones que ayudan a pensar la complejidad de los fenómenos de estudio.
El primer interrogante se identifica con el vector cualitativo desarraigos sistemáticos. Los jóvenes objeto de esta investigación, tal como menciono en apartados anteriores, comparten un espacio residencial -la villa- que experimenta altos niveles de pobreza estructural. De hecho se observa en las entrevistas y genograma realizados que el 60% de los jóvenes que han participado del estudio residían en hogares cuyo principal sostén de familia no superaba la educación primaria incompleta, el 95% se encontraba en igual condición educativa lo que los convierte en analfabetos.
Asimismo, ninguno de los jóvenes trabajaba o buscaba un empleo. Sólo un 10% de estos jóvenes mantenían otras formas de inclusión social a través de una participación social mínima en alguna actividad de las organizaciones sociales barriales.
Estos datos no son aleatorios ya que son una de las principales circunstancias que llevaron a los jóvenes a dejar el hogar o a ser expulsados de los mismos. La pobreza de recursos que impide acceder a la escuela en primer lugar, luego al mercado, las condiciones de hacinamiento y otras condiciones deficitarias (ODSA-UCA, 2016) de las viviendas, sumadas a los ambientes familiares conflictivos de los cuales provenían que resultan altamente expulsivos, así como los aspectos de identidad que se van construyendo asociados a la calle, son algunos de los factores que permiten entender cómo se da este proceso de desarraigo en los jóvenes residentes en estos enclaves de pobreza (Saraví, 2004).
Al indagar en las narrativas de los jóvenes sobre los motivos o situaciones que hicieron que se fueran de sus casas, se encuentran varios factores que se entrecruzan, formando un entramado de razones en las cuales no se pueden identificar una principal o preponderante. Los jóvenes señalan la falta de dinero, las situaciones de violencia, el aburrimiento, la búsqueda de mejores horizontes, como los elementos o motivos que en muchos casos, se constituyeron en la puerta de salida hacia la calle, o en la puerta de entrada a las instituciones, pero siempre son circunstancias que los expulsan.
Un elemento central en el análisis de las situaciones de expulsión, radica en que es preciso resaltar que no se producen en contextos aislados sino que pueden pensarse como parte de un sistema más amplio -en este caso la familia y el contexto socioeconómico donde éstas se inscriben- que permiten que estas expulsiones ocurran con sistematicidad. No es la suma de razones o circunstancias sino un conjunto de elementos que se encuentran en interacción de forma integral lo que produce nuevas situaciones con características que pueden o no ser diferentes a las anteriores, pero cuyo rasgo central es la persistencia en el tiempo. ¿Por qué las considero sistemáticas? Porque no se producen en contextos aislados sino que pueden pensarse como parte de un sistema más amplio – en este caso la familia y el contexto socioeconómico donde éstas se inscriben- que permiten que estas expulsiones puedan ser llevadas a cabo. No es la suma de razones o circunstancias sino un conjunto de elementos que se encuentran en interacción, de forma integral, que produce nuevas situaciones con características diferentes a las anteriores y que persisten en el tiempo.
La pobreza aparece como una condición profunda que acompaña a los jóvenes a lo largo de todas sus vidas y los lleva a redefinir estrategias individuales o familiares; da lugar a que las familias se reorganicen en diferentes escenarios, produciendo diversas respuestas para enfrentar las situaciones de carencia extrema como puede observarse en estos casos particulares la salida a la calle, o la búsqueda de instituciones en las cuales puedan vivir, o algún familiar lejano que los pueda recibir.
Algunos de los jóvenes entrevistados estaban viviendo en instituciones a la hora de irse a vivir a la calle, otros vivían en sus casas. En estos desarraigos primarios es donde comienzan las trayectorias de abandono.
Gentile (2005) encuentra que se da un punto de inflexión, un hecho inicial que determina el abandono del hogar, que podría funcionar como detonante pero que da cuenta del proceso que implica irse. En muchos casos la salida es gradual y los jóvenes siendo niños han permanecido por largos períodos fuera de la casa antes de abandonarla definitivamente.
Yo primero estuve en un hogar…era muy feo y era una mierda porque no me dejaban ver a mi vieja, ni me dejaban salir a ningún lado, si quería salir tenía que ir acompañado, o no podía ir a la plaza…no podía hacer nada. Había un patio chiquito pero no me dejaban correr…estuve un tiempo ahí, un día que vino mi vieja le dije que hable con el juzgado para que me saque, pero no sé si hablo…hasta que me escapé y volví a mi casa. (E4)
El segundo interrogante podría vincularse con el vector cualitativo de abandono corporal. Los jóvenes son en su mayoría consumidores de paco -droga que se expandió en la villa a finales de los noventa, cuando aún no eran tan conocida- viven en la esquina en donde se pueden observar jeringas usadas en el piso -para muchos el consumo inyectable es una de las únicas formas posibles de drogarse-, botellas de todo tipo de bebidas -en su mayoría alcohólicas- vacías o envases de vino de cartón abiertos, excrementos de animales y basura sobre la cual se sientan. En ese contexto, transcurren su tiempo, entre la suciedad y el abandono al que visualizan como un hogar, como su refugio.
En esa esquina donde se realizaron las entrevistas, se sienten tranquilos y abiertos para hablar. Allí han podido contar con gran desafección por ejemplo, acerca de sus experiencias con la muerte, realidad con la cual conviven: ya la han visto mucho, yo le conozco la cara a esa…la vi (E6). Los jóvenes de la Villa mueren por VIH, por sobredosis, por enfermedades asociadas o por asesinatos sin causas aparentes.
Epele (2010 p. 261) sostiene que muchos habitan un lugar que podría denominarse desesperación congelada, esto significa
…un estado de tal sobrecarga de emociones…que produce inmovilidad, angustia, pérdida de la capacidad de acción y reacción, quietud y resignación por no poder impedir que los acontecimientos sucedan… o puedan modificarse.
Yo tengo sida…me lo dijeron hace un tiempo cuando caí en el hospital por algo que ya no me acuerdo…. Acá hay muchos que tienen por eso casi nadie se inyecta, es jodido….Entones me voy a morir…el próximo invierno digo no aguanto…pero vengo zafando(E7)
Creo que tuve neumonía y hepatitis más algunas operaciones que creo que eran por huesos rotos y ahí paré de contar, prefiero no tomar medicación ni ir a la salita ¿para qué? (E11)
Se podría decir que desde la perspectiva crítica de la antropología de la salud (Taussig, 1992; Good, 1992; Kleinman, 1995) la incertidumbre frente al no registro del propio cuerpo y sus posibles enfermedades ha sido reconocida como una forma específica de padecer. Los jóvenes tienen heridas externas, infecciones, están mal nutridos y sin embargo estas situaciones no son nombradas nunca en los relatos y cuando se les pregunta específicamente sobre el tema no saben que contestar.
El abandono hacia el propio cuerpo no está vinculado exclusivamente al dominio biomédico sino que incluye los contextos sociales donde se producen esos malestares. En este caso particular, la combinación entre pobreza y segregación territorial han generado enclaves en donde la indeterminación frente a ciertos malestares corporales genera una carencia de expectativas de posible alivio, por lo tanto morir joven es una condición casi ineludible para los jóvenes.
Como se desarrollará más adelante se está frente a cuerpos marcados y subjetividades construidas en base al maltrato cotidiano, repetitivo y casi desapercibido (Scribano, 2009)
No sé cuándo pero me parece que me empecé a arruinar un poco, del bocho, y de adentro, del cuerpo, no se… por la droga y los vicios,…un día que me dolía todo dije, nunca más, mejor me voy con el cura. … ahí te cuidan y todo eso…pero me ganó la fiaca y me fumé y se me pasó me parece o me olvidé…no sé. Cuando tomás cerveza, o algo groso o fumas marihuana y…, tomás cocaína y esas cosas se te pasa. Pasame el doctor le decimos nosotros…a cualquier cosa que te ayude. Si te duele algo, el ácido no te ayuda, no sé porque… (E2).
Por último el vector cualitativo de la fragilidad vincular da respuesta al tercer grupo de interrogantes. La amistad, el amor, el sexo, la solidaridad, las relaciones familiares y barriales son vínculos que van quedando presos de una lógica social que fragmenta y diluye las instituciones erigidas por la modernidad (Llobet 2010) hasta dejar a los jóvenes en una situación de inédita soledad.
La angustia y la incertidumbre resultantes de este devenir histórico no son, sin embargo, problemas privados de cada sujeto, aunque puedan vivenciarse como tales sino que responden a un modus operandi económico y cultural, que es de carácter global (Vespucci, 2005).
La esquina se ha convertido para los jóvenes de esta investigación en el espacio privilegiado, por no decir único, de socialización (Kuasñosky y Szulik, 2000). Diversos estudios muestran que ante situaciones de concentración y segregación de sectores en extrema pobreza y carencia de oportunidades, resulta difícil seguir las normas y valores promovidos por la sociedad. Particularmente los jóvenes sometidos a estas condiciones de restricción tienden a desarrollar un conjunto de normas, valores y prácticas percibidas como alternativas o desviadas, pero que sin embargo les permiten hacer frente a la frustración generada por el reconocimiento de lo inalcanzable de las metas avaladas socialmente (Merton, 1984).
Siguiendo a Reguillo (1993), se piensa la organización de los “esquineros” en tres ejes:
- El territorio que brinda una forma de relación con el entorno donde se comparten y construyen visiones de mundo, desarrollando sentimientos de solidaridad y protección frente a la hostilidad del ambiente:
Nosotros más o menos nos cuidamos entre nosotros, nos cuidamos de los transas, de los vagos, de la policía, de que alguien piola te quiera abusar… salvo que estés engomado y no te des cuenta, acá nos protegemos (E5).
… no es que hablamos mucho como los chetos, pero nos entendemos, más o menos pensamos lo mismo, sabemos que estamos cagados, que todo es una mierda, que nos vamos a morir y ni se van dar cuenta…a veces hasta nos reímos (E4).
2. El dominio territorial que se presenta como un aspecto fundamental que confiere las propias bases de existencia del grupo:
Esta esquina es nuestra, en otras esquinas hay otros pibes pero esta es nuestra hace mucho y la gente lo sabe y no se mete…cuando algún gil se hace el piola y quiere venir acá o corrernos sabe que se mete con nosotros, antes pasaba más seguido ahora nadie jode…como que lo entendieron”(E5).
Cuando te metes adentro de esta esquina no salís más. Te preguntan donde vivís y tenes un lugar, ¿entendes?(E6).
Muchos querían esta esquina porque esta justito, re piola el lugar y tenes bastante lugar. Además los vecinos no joden ni te echan y eso garpa, entonces otros fisuras o pibes que consumen la quieren porque dicen que piensan que van a estar tranquilos, pero es nuestra (E1).
3. La existencia de códigos que otorgan cierta normatividad al grupo donde se establece lo que se puede y no se puede y lo que de alguna manera será sancionado:
Ir de chorreo no se puede…porque después cae la yuta y nos lleva a todos… no jodemos a los vecinos, porque ellos nos bancan….hay que ser tranquilos, esos decimos” (E7).
Al principio el faso no se compartía pero como se hace a veces difícil conseguir, no se…ahora se comparte, es como una ley” (E11).
Se puede pensar que, por un lado, la grupalidad que se genera en la esquina es para muchos de los jóvenes que habitan en la Villa, un espacio de fuerte identificación en tanto formar parte de estos grupos brinda una especie de pertenencia. Además, dichos grupos son lo único que los jóvenes reconocen como espacios de alianzas o vínculos de sostén. Como indican Kuasñosky y Szulik … la sociedad es vista como algo extraño a ellos, un ámbito al que no pertenecen (2000 p. 58). Por otro lado, como plantea Saravi (2004) la ausencia de oportunidades y expectativas de movilidad social -lo cual puede traducirse como una situación de desafiliación o exclusión- genera entre los jóvenes no sólo sentimientos de incertidumbre y frustración, sino también una profunda crisis de autoestima e identidad.
Es posible identificar en estos jóvenes un proceso de aislamiento dentro de la propia villa. Los jóvenes se han retirado casi por completo del espacio público. No hacen otros amigos, evitan salir de allí y casi no tienen relación con los vecinos. Esto genera, entre otras cosas, una pérdida de capital social comunitario, es decir, se debilitan las relaciones entre vecinos, disminuye la interacción entre grupos diferentes y el temor, la inseguridad y la desconfianza se extienden en la comunidad.
Nooo…para que voy a tener otros amigos, no los necesito, nunca tampoco tuve muchos. En la villa cada uno está en lo suyo (E9).
… es como que a veces te miran con miedo…incluso la monja que nos conoce hace banda…y creen que no me doy cuenta que me miran así… entonces bajo la mirada, como pa´ que no crean que les voy a afanar (E1).
Estos tres vectores que mencioné serán desarrollados en los próximos capítulos, lo que me permitirá caracterizar los procesos de vulnerabilidad y desafiliación que me propuse como objetivos en esta investigación.
11.1. Trayectorias sostenidas de abandono como forma que adquiere el proceso de desafiliación
Hoy los jóvenes de la Villa no pueden decidir de ninguna manera cómo quieren vivir. Viven como pueden, zafando siempre (Referente barrial).
En esta investigación, no realicé un estudio de trayectorias como opción metodológica, en el sentido que tradicionalmente se reconoce a dicho tipo de indagaciones de acuerdo a lo definido por Bourdieu (1989) o Godart (1996). Sin embargo el concepto teórico permite analizar lo que sucede y atraviesa la historia de estos jóvenes en el sentido que expresa Torillo
Entiendo el concepto de trayectoria en relación a la experiencia vital que transcurre en un doble vínculo entre procesos estructurales e historias personales y familiares (Torillo, 2007 p.4).
Considerar que los jóvenes han transitado su vida siendo sostenidamente abandonados por las instituciones que debían resguardar su integridad física, psíquica y moral se puede ver en la reconstrucción que hacen los sujetos en sus relatos, tarea compleja, entre otras cosas por la fuerte contingencia de sus decisiones.
Que las trayectorias de abandono sean sostenidas implica que no son azarosas. El derrotero que los jóvenes han experimentado en sus vidas, implica que perdura en el tiempo, y que hay otro, en este caso las instituciones que cumplen esta función de sostener el abandono como se analizará más adelante.
Es posible hallar claramente este recorrido en la voz de los propios jóvenes entrevistados al narrar la historia acerca de cómo llegaron a la villa en general y a vivir en la esquina en particular. Y si bien parece que el mismo adquiere características aleatorias, lo que se encuentra sistemáticamente al analizar sus dichos no son más que los mecanismos ocultos de la desintegración social.
Yo no es que quería vivir acá, a mi como que no se…en una alta casa, con baño, con heladera, no sé…con todo…con tele…es como que no me quedó otra…mi vieja no me quería, no nos daban de comer, la escuela me aburría, a nadie le importaba que hacía yo…no sé, caí así (E8).
No es que yo tenía problema con mi vieja o mis hermanas. El problema que yo tengo es con mi padrastro que nunca me quiso,… él siempre me echaba, me decía que me fuera a vivir con mis tías, me gritaba, y mi mamá lloraba… ese era el problema (E10).
Yo vivía en ese momento en la terminal con otros vagos y pedíamos a la gente y me encontré con mi primo y me trajo acá. No lo vi mas pero fue el que también estaba con el paco (E4).
Pensar desde el enfoque de las trayectorias permite revisar los acontecimientos actuales a la luz de los condicionantes sociales, políticos y económicos y no desde meras individualidades. De este modo, se consideran para el análisis las experiencias de los sujetos y las restricciones de oportunidades a las que se vieron expuestos a lo largo de su vida, además los elementos estructurales que poseen y caracterizan a los jóvenes en su condición de tales. Allí están presentes los capitales culturales, económicos y simbólicos de aquellos sujetos o grupos .
Siguiendo a Bourdieu (1996) las trayectorias se dan en el campo de posibilidades disponibles para quienes viven una misma condición y ocupan una misma posición en el espacio social. Estas posiciones las conforman grupos, personas o instituciones que se encuentran próximos en cuanto a propiedades en común, comparten un determinado capital cultural económico y simbólico.
Tratar de comprender una vida como una serie única y suficiente en sí de acontecimientos sucesivos, sin más vínculo que la asociación a un sujeto cuya constancia no es sin duda más que la de un nombre propio, es más o menos igual de absurdo que tratar de dar razón de un trayecto en el metro sin tener en cuenta la estructura de red, es decir la matriz de las relaciones objetivas entre las diferentes razones (Bourdieu, 1977 p.82).
La tarea de intentar comprender cómo, desde las diversas trayectorias reconstruidas discursivamente, se van poniendo de manifiesto formas de actuar, sentidos, valores, expectativas, formas de concebir a la sociedad y a “sí mismo” dentro de ésta, también dan cuenta de un reflejo de la sociedad en tanto permiten mirar a los sujetos individuales analizando la sociedad a la que pertenecen y los campos en los que se desarrollan.
Así, se comprende a las trayectorias personales como espejo de la sociedad y a las narrativas sobre esas trayectorias, como las interpretaciones y significados sobre la propia vida en relación a la estructura social.
Es importante destacar además, el papel que juega el Estado en el desarrollo de las trayectorias de vida de estos jóvenes, pues incide en ellas -directa o indirectamente- a través de sus políticas y de su modo de hacer política. Las trayectorias de vida de los jóvenes consideradas en esta investigación se ubican en un período de fuertes cambios estructurales sociales, que han puesto en cuestión valores fuertemente cristalizados acerca de la forma de concebir la sociedad, la representación del trabajo, las causas y condiciones de la pobreza, las políticas sociales, etc.
Estos cambios están plasmados, fundamentalmente, en el retiro del Estado de Bienestar -o Estado Social, en términos de Castel (1997)- y en los profundos cambios producidos en el mercado de trabajo: precarización y flexibilización laboral, desempleo, informalidad, entre otros.
Frente a esas modificaciones estructurales, las trayectorias de los jóvenes dan cuenta de una sociedad en movimiento con una dinámica capaz de sobredeterminar procesos singulares.
Lo que los individuos son y han sido, o lo que hacen y han hecho, sólo se vuelve significativo en términos de trayectorias cuando esa historia y sus hitos se traducen en coordenadas de posición en el espacio social (Dávila, 2005 p. 64).
En la misma línea Saraví (2005) sostiene que las trayectorias de vida de los sujetos de análisis se caracterizan por estar inmersas en círculos perversos de desventajas acumulativas, que se plasman en sus trayectorias biográficas. Estos círculos se pueden desplegar porque los jóvenes están inmersos en contextos de desigualdades estructurales (Fitoussi y Rosanvallon, 1997) a los que se les suman las desigualdades dinámicas- aquellas transitorias y eventuales dadas por diversos eventos de la vida- que los llevan a tomar decisiones y elecciones en base a sus precarias posibilidades. En otras palabras, los jóvenes van incorporando nuevas desventajas en su trayectoria en contextos de profundas desventajas estructurales.
Los jóvenes entrevistados provienen de contextos de pobreza extrema y habitan nuevamente en ella, a merced de las situaciones que se le presentan, lo que encadena nuevas desigualdades, sus vidas han transcurrido sobre un trasfondo de profunda pobreza y desigualdad, que ha limitado también su ciudadanía.
En mi casa casi nunca había para comer, casi nunca… por eso estoy acostumbrado a comer poco…es que mi vieja no tenía laburo, a veces una changa en las quintas pero siempre estaba embarazada y no podía trabajar mucho…ni pedíamos comer ¿para qué?. Había una vecina, que siempre le gritaba a mi mamá: -¡Para qué tenes más hijos, puta! ¡Mira cómo los tenes! Pero le dábamos lástima y nos daba pan, a veces fiambre, a veces lo que sobraba de un guiso… era re pobre también pero trabajaba de limpieza de un patrón por allá… ahora tampoco pido comida si me dan mejor (E9).
… y es que mi mamá no estaba nunca, ella trabajaba cama adentro bastante lejos y podía venir los sábados, ahí nos traía un montón de cosas que había que cuidar toda la semana…mi hermano que ya se daba bastante a veces cambiaba la comida por faso y no le podías decir nada porque te mataba…lo bueno que en la escuela te daban comida, entonces yo iba, pero la maestra siempre me gritaba porque estaba sucio, que no llevaba el guardapolvo…que se yo…me decía de todo…un poco la comida se me quedaba en la garganta. – Comes como un animal, ¡pará! Yo a veces quería matarla… ¿y qué queres que haga?, pensaba no comí nada todavía. Cuando la del gabinete (Asistente Social) me vino a charlar no fui más a la escuela…tuve miedo que le dijeran algo a mi mamá (E10).
De este modo, se comprende a la desigualdad como resultado de la emergencia de nuevas y acumulación de viejas desventajas y en donde los jóvenes cuentan con recursos prácticamente nulos. Tal como señala Murard
Las estrategias sociales de los jóvenes requieren una interpretación específica porque para ellos el riesgo de la exclusión social significa no el riesgo de la desafiliación (exclusión), sino de no ser afiliado (incluido). Al analizar por ejemplo las trayectorias de los jóvenes de la calle, puede verse que estar en la calle, sin una familia, es el resultado de una falla en el proceso de inclusión. En otras palabras, esto es el proceso de hacerse adulto por medio de un trabajo estable y la formación de una nueva familia (Murad 2002 p. 51).
De chico tenía problemas con mi vieja, me cagaba a palos, una vez me corrieron mi hermano, mi vieja y mi padrastro, y me corrieron porque no les gustó algo que hice, ya ni me acuerdo que era porque nunca le gustaba lo que hacía. Mi hermano era hijo de mi padrastro entonces siempre me bardeaba… mi padrastro me corría con una cadena de bici, estaba loco…. Y después me agarró mi hermano y mi vieja me cagó a palazos y el otro me daba con la cadena. Re zarpados… entonces mi otro hermano me dijo: – nos vamos y bueno dale, le dije yo y caímos acá, caminando (E6).
Siguiendo a Casal (2005), encontramos la diferencia entre los recursos formales que tienen que ver con la educación y el trabajo principalmente y los recursos informales que serían las relaciones familiares, amistades, entre otros. En función de estos, los sujetos elaboran herramientas para desarrollar estrategias frente a las contingencias. En este sentido, puede pensarse el proceso de acumulación de desventajas en los diferentes espacios en los que participan los jóvenes, y los modos de inserción en las instituciones de la sociedad.
Los jóvenes de la villa, transitan por escuelas en las que no encuentran las condiciones de inclusión necesarias, barrios en los cuales hay una gran exposición a la violencia, con muy pocos recursos accesibles, institutos de encierro que omiten los determinantes sociales que los llevaron a esos lugares sobredimensionando los aspectos psicológicos o familiares particulares de cada uno de los jóvenes y como si todo esto fuera poco, programas sociales que por más bien intencionados que sean no logran establecer estrategias de trabajo sólidas que mejoren las condiciones de vida de estas poblaciones juveniles:
No es que no quise ir a la escuela…primero fuí a una, pero cuando empecé nos mudamos de barrio y tuvimos que ir a otra…después mi mamá se peleó con mi abuela y nos volvimos a ir… estuve un tiempo sin ir y volví a empezar en otra escuela, pero no entendía nada, no quería ir más y como mi mamá no estaba nunca empecé a faltar y como recién entraba a esa escuela nadie se dio cuenta que no fui más (E5).
…cuando se incendió la casilla, le echaron la culpa a mi mamá que no estaba, entonces nos mandaron a un hogar que no era tan feo pero no podías hacer nada… encima no dejaban que mi vieja nos visitara, no sé por qué…nunca más la ví. Un día se llevaron a mi hermano y a mi hermanita con otra familia y a mí me dejaron porque tenía 7. Me largué a llorar y me mandaron a la pieza. Al otro día me escapé…a buscar a mis hermanos, pero no lo encontré (E8).
De este modo los jóvenes han desarrollado su vida y proyectan su futuro de acuerdo a todas estas intersecciones donde están presentes las condiciones sociales e históricas de los sujetos: el origen social y la pertenencia de clase, así como las condiciones de pobreza y vulnerabilidad,
Yo me había hecho amigo del panadero…siempre estaba con él. Cocinábamos juntos, me cuidaba, me enseñaba cosas…yo me levantaba y salía corriendo a la panadería, que estaba en su casa a dos casas de la mía…sus hijos estaban lejos entonces yo decía que me iba a quedar con la panadería cuando él fuera viejo, pero un día le entraron a robar y lo mataron, unos pibes del barrio eran, querían para droga, no sé…pero entonces yo me fuí del barrio, total ya no tenía a nadie…por ahí mi vida era distinta si no se moría(E4).
No me enseñaron a hacer nada, no sé hacer nada y no voy a hacer nada. Es así, ¿qué puedo aprender ahora? (E3).
Las trayectorias sostenidas de abandono de las que son parte los jóvenes son el resultado de los factores que ya han sido mencionados: la pobreza extrema en los barrios, las estrategias de subsistencia precarias desarrolladas por las familias, los contactos establecidos en la calle, las relaciones en los barrios, los grupo de pares, el tránsito por la escuela, las experiencias en las instituciones por las cuales pasaron durante la situación de calle -como institutos cerrados, hogares convivenciales, centros de día, paradores etc.- y las características particulares que asumen estas instituciones.
Los resultados que emergen del análisis de la voz de todos los jóvenes permiten identificar con claridad y fuerza la manera en que la falta de cuidados, la imprevisibilidad, la contingencia y la incertidumbre se instalaron de fondo en un proceso de individualización social, en donde como dice Svampa (2003) hay una pérdida de resortes colectivos que permitirían que los sujetos de la investigación pudieran mejorar sus condiciones de vida o tener redes que los sostuvieran cuando pasaban situaciones de dificultad.
Ni la familia, ni la escuela, ni ninguna institución del estado ha sido capaz de alojar la vida de estos jóvenes cuando eran niños y menos aún ahora. De todos los espacios por los que han transitado han sido expulsados, de manera consciente o inconsciente, lo que ha tenido repercusiones en la obturación de proyectos vitales o en el desarrollo de sus capacidades.
En las historias de vida, resulta llamativa la aparición de relatos en torno a la precariedad de los sistemas de apoyo en todo su desarrollo vital. La inconstancia de los vínculos que se establecieron con ellos cuando eran niños y después de jóvenes generó una cadena de repeticiones de abandono que van reapareciendo durante toda sus vidas.
En los próximos apartados desarrollo el análisis a partir de los diversos procesos sociales que afectaron especialmente a los jóvenes del estudio y que obstaculizaron la integración social, la conformación de su identidad como adultos, y la realización de proyectos.
El fondo desde donde se atraviesa esta trayectoria es una situación de extrema violencia, tanto personal como social, por se hace necesario caracterizar este ambiente.
11.1.1. La violencia como soporte de las TSA
La violencia es un problema del desarrollo de América Latina. En Argentina esta violencia es cada vez más omnipresente como fenómeno endémico, común o cotidiano que se impregna en la vida diaria, en especial en la de los pobres .
La violencia se ha vuelto cada vez más compleja, caótica y multidimensional. Las estructuras de la violencia están bastante sujetas a los valores y las percepciones específicas de los lugares donde habitan cada uno ya que los niveles de tolerancia difieren de una sociedad a otra y cambian a lo largo del tiempo.
A medida que la violencia se vuelve rutinaria o banal, también pueden volverse así formas de convivir o vincularse que en otros momentos han o hubieran sido inaceptables, especialmente si eran fundamentales para el funcionamiento de la sociedad (Bourgois, 2001). Un ejemplo de esto puede hallarse en el trabajo infantil o en el hecho de que las personas viviendo en la calle, aun en invierno, se hayan transformado en situaciones comunes y habituales con las que se convive a diario y que en el mejor de los casos generan en algunos sujetos un poco de incomodidad.
Hablo en esta tesis de un concepto amplio de violencia que incluye violencia social, económica, institucional y política. Violencias que han perpetrado a los jóvenes a través de las instituciones estatales -como la policía y los jueces- los diferentes ministerios -como el de Salud, Educación, Desarrollo Social- así como instituciones extra estatales -como Organizaciones Sociales, Iglesias-.
Los jóvenes que viven en las esquinas de estos barrios no estudian, ni trabajan, pasan la mayor parte del tiempo juntos, en la calle, conversando, tomando alcohol y drogas, alguno en cierta ocasión admite haberse involucrado en alguna actividad delictiva pero no es el caso más común. La esquina es un lugar de protección frente a las diferentes situaciones de violencia ejercida hacia ellos. “Mejor no salir” es una frase recurrente entre ellos, no solo porque les pueda pasar algo, sino también para que no los vean los responsables de las instituciones estatales que debieran hacer algo por ellos.
Si salís, la yuta te para por nada… la otra vez iba caminando, tranquilo eh…yo se que parezco un fantasma pero caminaba tranquilo sin gorra, mirando pa´bajo y me pararon, me cacharon todo por nada. Te ven así y te paran. Encima me decía: “si te encuentro faso o base te llevo a la comisaría” se hacía el piola (E11).
Se puede decir que la institución policial, tal como plantea Wacquant (2007), es la única que a lo largo del tiempo mantiene su función: es el rostro ceñudo del Estado, que pese a la crisis de legitimidad que tiene como institución, predomina en sus funciones de mantenimiento del orden público amenazado por las desigualdades y conflictos generados por las mismas desigualdades.
Para este análisis podemos sistematizar las diferentes violencias y sus manifestaciones en el siguiente cuadro:
Mapa de las situaciones de violencia para identificar tipos y manifestaciones
| Clasificación de violencia | Tipos de violencia | Manifestaciones |
| Política | Violencia del Estado en situaciones de conflicto. | Conflictos armados al interior de un país. Asesinatos por causas políticas. |
| Institucional | Violencia del Estado y de otras instituciones, formales y no formales, incluido el sector privado. | Asesinatos extras judiciales por parte de fuerzas policiales. Golpizas, torturas, aprietes por parte de distintos niveles del Estado. Falta de atención por parte de los profesionales de la salud. Discriminación en escuelas por parte de docentes y directivos. Ausencia de políticas integrales de cuidado. |
| Económica/institucional | Protección de intereses económicos por sobre el bien común / crimen organizado. | Trafico de drogas.Secuestros. Robo de autos. Trata de personas.Negocio de armas. Ajustes económicos. |
| Económica | Delincuencia/ robo. | Robo en la calle. Hurto. |
| Económica/social | Niños, jóvenes y adultos en situación de calle / Bandas o pandillas juveniles. | Mendicidad. Robos. Violencia física. |
| Social | Abuso sexual/ maltrato infantil/ violencia callejera. | Abuso sexual, físico y psicológico. Agresiones en la calle por motivos de tránsito, peleas en bares y boliches o en espacios públicos. |
Fuente: Elaboración propia en base a la bibliografía de referencia.
Pensar la violencia desde una perspectiva multidimensional, remite a tratarla desde la perspectiva de modelo ecológico y permite identificar la violencia a niveles individuales, interpersonales, institucionales y estructurales; examinando la relación entre factores individuales y específicos al contexto como resultado o expresión de múltiples influencias.
Yo ya a los 12 vivía en la esquina, durmiendo ahí… ¿ves? Primero me la pasaba vagueando. Y mirá… y le empezás a pedir plata a los vecinos y así estás todo el día y juntás… qué sé yo, para una botella, juntás para el faso, y estás todo el día ahí en la esquina y te olvidas de comer por eso estoy tan flaco…ves. … Y todos mis amigos están acá, más alguno que viene de la villa de enfrente o pasa un rato a fumar…. Pero eso sí, no salíamos ni a robar, ni nada y ahora ni salimos al asfalto…te cagan a palos, siempre alguno te caga a palos…que se yo por qué…por sucio o porque no le gusta tu facha…por giles…entonces te quedas acá…el problema es si caen los de verdes (Gendarmería)…vienen por los transas y de paso te agarran o te pegan a vos…y al pedo vas a la salita. Un día me molieron a palos y no me atendió nadie en la salita…que me vaya al hospital dijeron…y ¿dónde carajo es? ni en pedo fuí…que se cure todo solo, con vino y faso…ja…pero ¿ves acá? me quedó un moretón para siempre… ¿lo ves? Y eso que esto fue como hace un año (E1).
Se puede decir entonces que las trayectorias sostenidas de abandono sobre un marco de violencia general conducen finalmente a la desafiliación de los jóvenes. Estas TSA en los jóvenes adquieren las características que desarrollaré a continuación.
11.2. Acerca de las distintas formas que adquiere el desarraigo sistemático
Uno de los vectores cualitativos considerados fundamentales para clarificar el proceso de desafiliación de los jóvenes que se da a través de las TSA son los modos particulares que el desarraigo se expresó en estos jóvenes desde la primera infancia. A fines analíticos categorizo en distintas dimensiones pero se entiende que estos procesos se dan entrelazados.
11.2.1. La vida familiar
La familia, como unidad de análisis, ha sido profundamente investigada por las ciencias sociales, por ser la institución más antigua e importante; pero sobre todo por su función en la transmisión -de generación en generación- de normas y valores prevalecientes en la sociedad durante el proceso de socialización, especialmente en la etapa de la niñez. Además, ha sido y es considerada, el agente social más importante en el proceso de socialización de los individuos y, por ende, el controlador social más importante en la definición de la conducta normal de sus miembros y su interacción con otros .
En el análisis de las historias de vida, se identificó que la mayor parte de los jóvenes comprometidos en mi investigación provienen de familias nucleares que por diferentes razones se convirtieron en mono-parentales cuyo jefe de familia es la mujer 90%). Algunos de los jóvenes transitaron por otros modelos de familia, con abuelos a cargo o tíos, lo que les implicó transitar de un hogar a otro y consecuentemente residir en hogares temporales e inestables.
Coincidentemente, cuando se indaga en las entrevistas sobre los motivos que hicieron que los jóvenes se fueran de sus casas, aparecen varios factores que se entrecruzan que tienen que ver con la falta de dinero, el abuso, la violencia física y en muchos casos la expulsión por parte de alguno de los adultos.
Es posible que la soledad de las madres en la tarea materna, sin adecuados ingresos, muchas de ellas con problemas de adicciones y otras viviendo también en la calle haya hecho de estos niños -hoy jóvenes de la investigación- sujetos más vulnerables tanto a la pobreza como a diversas formas de abuso. Además de sufrir la desintegración familiar, sufrieron la ausencia, abandono y rechazo de sus padres. Es importante destacar que todos abandonan o son abandonados por sus padres a muy temprana edad.
Del contenido de las entrevistas, se infiere que los jóvenes caracterizan a sus familias de origen como analfabetas o con baja escolaridad, con situaciones de violencia intrafamiliar, con distintos tipos de adicciones al alcohol y/o a las drogas, con experiencias delictivas y falta de comunicación.
Mi mamá siempre chupo, siempre…de todo, aún embarazada o dando la teta, siempre en pedo (E12).
Lo que yo me acuerdo, de cuando era chico es que mi papá estaba preso…un día fuimos a visitarlo con mi mamá y mis hermanos y se cagaron peleando entre ellos, los tuvieron que separar las policías…nunca más fuimos. Yo lo que creo que pasó es que mi papá afano o algo groso porque iba a estar mucho años. Mi tío también estaba en la cárcel, pero en otra(E4).
Mi padrastro te cagaba a palos y mi vieja también, y entre ellos también…todos contra todos. Yo siempre me iba o escondía porque si no también la ligaba…tengo más piñas que un boxeador…ja (E2).
La violencia intrafamiliar aparece de manera frecuente y se presenta como conflictos y agresiones en la pareja parental o como maltrato físico a los niños; ambas situaciones pueden aparecer separadas u ocurrir al mismo tiempo; a veces suceden en forma escalonada, cuando la violencia de la pareja antecede al maltrato físico a los hijos.
Una vez estaba acostado y sentí gritos agarré el palo que había agarrado en la calle para defenderme y cuando salí de mi pieza vi a mi papá golpeando a mi mamá. No es que era algo nuevo esto. No sólo a mi mamá la golpeaba, yo ya había estado en el hospital y me dijeron que estuve dos meses de inconsciencia porque recibí golpes de puño en el pecho, espalda y cabeza; a mis hermanos mayores también le pegaban…bueno entonces veo que mis hermanos más chiquitos están viendo todo, quietitos …y no sé que me pasó, pero fui corriendo, levanté el palo y le di un golpe fuerte en la espalda, entre la cabeza y la espalda, y el palo se quiebra… no me olvido más (E9).
No es posible negar el efecto que como individuos estas vivencias y situaciones han provocado en los jóvenes. Parte de los sentimientos que se visualizan o se desprenden en algunas afirmaciones como el miedo a la soledad, la imposibilidad de dar y recibir amor, la falta de pertenencia a un grupo y por ende a la sociedad son consecuencia de estas situaciones transitadas y tramitadas con los recursos simbólicos y materiales con los que contaban.
Se puede afirmar que la familia como agente socializador y controlador social no logró que estos jóvenes, internalizaran y pusieran en práctica las normas y valores de la sociedad. En este sentido Durkheim expone que
… la conversión de la sociedad en un poder interior en nuestra mente es designada como interiorización de las normas. Y la socialización es un constreñimiento de lo inmediatamente natural y en su complejo desarrollo equivale precisamente a una plena aceptación de tal constreñimiento (Durkheim 1976 p.34).
De los relatos se desprende también, que la cercanía generacional entre padres e hijos dificultó la posibilidad de establecer una dimensión de autoridad, lo que tiende a generar problemas ligados a la fijación de límites. En sus relatos, los jóvenes no reconocen haber estado en el lugar de niños cuidados por padres o adultos
Un día estaba en mi casa, yo era chico, me re acuerdo, y escucho un ruido raro en el baño, que estaba atrás de la casa, yo estaba justo afuera, entonces abro la puerta del baño, y encuentro a mí papá con una bolsita, inhalando pegamento (E12).
Mi vieja siempre se iba al baile, no importaba el día, se iba. Volvía amanecida o a veces tardaba días en volver… ahora mucho no me acuerdo pero me parece que era joven por eso, quería joder y nosotros éramos muchos (E9)
Cuando un hermano mío se murió, era más chiquito que yo, pero no sé porque, tendría dos o tres años, vinieron a mi casa los del juzgado y justo mi mamá no estaba. Se había ido a trabajar con una señora unos días porque no teníamos ni para comer. Yo le expliqué a ellos que nos cuidaba la vecina, que no teníamos miedo, y eso, pero no nos creyeron y no me acuerdo bien pero casi que no la vi más a mi mamá (E4).
Las familias que no cumplen con su función de crear las condiciones necesarias para salvaguardar la integridad de sus hijos, favorecen los procesos de desafiliación de los jóvenes, participantes en esta investigación.
El maltrato infantil aparece significativamente como experiencia familiar cotidiana y no siempre asociado a una percepción subjetiva de violencia intrafamiliar o entre la dupla parental.
A mí me cuidaba mi tía, porque mi mamá no estaba. Y me pegaba, no me daba de comer nunca. Era re feo lo que pasaba, por eso me tuve que ir, porque mi tía me iba a matar de los golpes si yo seguía ahí (E9).
Estructuralmente la presencia de hermanastros, medios hermanos y padrastros ocurre con frecuencia, sin que ello sea un elemento determinante en relación a la dinámica familiar. Los medios hermanos pueden ocupar un lugar de plenos hermanos y los padrastros tienen, en muchos casos, el carácter de imagen paterna.
Nosotros éramos 7 hermanos, algunos me parece que no eran hijos de mi papá, pero tampoco lo conocían, así que no había diferencia (E6).
Un tiempo me cuidó mi hermana, que no era mi hermana, sino que era como hija de mi padrastro, o algo así, pero para mí era mi hermana y era re buena ella (E10).
Es necesario aclarar, que de ningún modo se culpabiliza a las familias, porque si se escuchan las narraciones de los jóvenes, las familias están ubicadas por debajo de la línea de pobreza y extrema pobreza y carecen también de las oportunidades para poder tener un proceso de movilidad ascendente. Muchos de los padres de los jóvenes también fueron expulsados de sus lugares de origen y residencia.
Cuando mi mamá se quedó sin trabajo en el campo, fuimos a lo de mi abuela. Me acuerdo que era de noche cuando llegamos…mi mamá lloraba, no sé por qué. Lloró todo el viaje y eso que fue re largo…pero la garca de mi abuela no nos dejó entrar. Estábamos con mis hermanos y dijo que no. Esa fue la primer noche que dormimos en la calle (E1).
El tema era que vivíamos todos juntos con mis tíos y mis abuelos, entonces una noche se pelearon y mi mamá agarró sus cosas y se fue. Yo creí que iba a volver a buscarnos, pero no (E9).
Mi mamá echó a mi papá porque no traía un peso y se lo gastaba todo en faso, y después mi tía que era hermana de mi papá nos echó a nosotros (E12).
La mayoría de los jóvenes se vincularon al grupo de la esquina, después de un proceso de migración interna, que los llevó a habitar en los espacios urbano-marginales de la ciudad. Salvo dos casos, todos provienen de diferentes localidades, provincias y países.
Del análisis de las historias de vida se desprende que estos jóvenes carecieron de cuidados parentales que no garantizaron la condición básica del desarrollo infantil: la pertenencia a un grupo que sea capaz de reconocerlos en su singularidad, a la vez que les brinde afecto y respete y satisfaga todos sus derechos. Los motivos por los cuales esto sucedió fueron de alguna manera expuestos.
Esta falta de cuidados, asociadas a una experiencia interna de abandono los han posicionado actualmente en una situación de vulnerabilidad muy cercana a la exclusión.
Mi mamá era buena, nos quería a todos, pero es como que le tiraba mas el vicio. Yo la entiendo cuando entrás no podes salir…por eso no podía cuidarnos. No era mala. No sabía (E5).
Yo no me acuerdo mucho de mi vieja, a mi viejo ni lo conocí…no me acuerdo ni como era…la vi poco (E7).
Pobre mi vieja… todo el día laburaba en las quintas, le pagaban nada. Mi hermana un poco hacía de madre pero tenía un novio y se iba siempre (E11)
Mirá, el principal problema de los jóvenes no son las drogas, el problema es que nadie los cuidó, nadie los protegió, yo también charlo con ellos porque quiero buscarles un mejor lugar y no tienen a nadie. Ni una abuela, un tío, de los padres ni hablar. Vienen de la pobreza y se van a morir en la pobreza, pero no empezó esto en el barrio, esto empezó antes, desde que nacieron (Referente barrial)
Los fenómenos de falta de cuidados parentales o de abandono hacia los niños son muy complejos y diversos. A partir de los datos registrados se puede resaltar que en estos casos están asociados a variables como la violencia familiar, el uso de drogas, los conflictos con la ley, los abusos sexuales y la paternidad irresponsable. En los relatos, prácticamente no aparecen los padres, y la figura del padrastro o del novio de la madre suele ser reconocida y asociada a situaciones de agresión física o psíquica.
Nuevamente, es preciso tener en cuenta que la noción de paternidad responsable debe ser contextualizada y es pensada aquí en el marco de hogares donde conviven diversos conflictos sociales y vinculares: adicciones como consumo de drogas o alcohol, situaciones de conflicto con la ley penal, deterioro de la salud mental y/o física. Es decir que en general la desigualdad y la pobreza son los motivos principales de la pérdida del cuidado parental para los niños y adolescentes.
Los jóvenes de mi investigación no han sido incluidos en ningún tipo de cuidado alternativo informal o formal en su momento, algunos transitaron esporádicamente por institutos u hogares pero fácilmente lograron escapar y no hubo frente a este hecho nuevas respuestas, acciones o intervenciones por parte de los órganos competentes.
Cuando me llevaron al hogar ese con mis hermanos, lo único que queríamos era rajar. No podías hacer nada, te gritaba y retaban por nada…un día nos fuimos…fue fácil, abrimos la puerta y nos fuimos…sí, era de día…no sé si nos vieron. Nos escapamos como tres (E8).
Yo pasé como por miles de lugares, me cambiaban siempre porque hacía lío… un día cuando me llevaba a otro lado le dije al que manejaba, me bajo acá…déjame y me dejó (E10).
En el análisis de las narrativas se puede identificar la existencia de, en algunos de los casos, intentos de intervenciones alternativas para suplir la ausencia de cuidados parentales pero dichas acciones han resultado inadecuadas por los siguiente motivos:
a) Las medidas son indefinidas en el tiempo, por ausencia de seguimiento y revinculación familiar
b) Las practicas no se enmarcan en una perspectiva de derechos sino en un abordaje asistencial
c) Se toman las medidas sin el debido proceso legal vunerando el derecho de ser escuchados
d) No se toman medidas que prevengan y eviten la separación de la familia de origen
e) Las instituciones a las que son llevadas quedan lejos de su lugar de origen
f ) Las causas del ingreso son ilegitimas o asociadas a la pobreza
Esta falta de cuidados en el desarrollo de la niñez y extendida a la vida juvenil, provoca que los jóvenes encuentren serias dificultades para visualizar en la actualidad algún vínculo cercano que no sea el de los propios pares de la esquina. Como expresé en capítulos anteriores no existen referencias adultas familiares, algún padre, hermano, tío, abuelo, al que puedan recurrir en caso de necesidad.
Los referentes barriales son los únicos que se encuentran habilitados por ellos para intervenir en situaciones límites de enfermedad: en ocasiones, alguno de estos jóvenes ha estado hospitalizado por alguna enfermedad respiratoria como neumonía, o por alguna descompensación producto del consumo y son dichos referentes quienes han acudido. Además también es llamativa la ausencia de intervención de los actores estatales que deberían velar por el cuidado de los jóvenes.
Si pasa algo, llamo a Norma (referente de una organización) ella sabe qué hacer y habla con los doctores en el hospital y me dice, tranquilo, vas a volver a la villa, porque no sea cosa que me lleven a un instituto (E11).
Una vez la de la casita vino y me dijo, te conseguí lugar en la granja… yo le decía que no pero ella me agarró y como que no tenía fuerzas yo. Cuando llegamos a la granja al final no había lugar y nos tuvimos que volver y como me vio mal me llevó a la casita…me cuidó, me dió de comer. Cuando estuve mejor volví a la esquina (E4).
La falta de cuidados desde la infancia también ocasionó que los jóvenes hayan sido en el 50% de los casos víctimas de abuso familiar e intrafamiliar. El abuso sexual contra niños y adolescentes es una de las peores formas de violencia y genera marcas subjetivas imborrables en la vida de las persona (Vizzard, 2013). En la mayoría de los casos detectados en las entrevistas los jóvenes identificaban y recordaban claramente la situación y la persona. Muchos recuerdos en sus vidas se han borrado, como consecuencia principal de la desnutrición y el consumo de paco pero no las circunstancias repetitivas en la infancia donde sufrían el abuso.
Ese violín me había tomado de punto…siempre me agarraba a mí para “jugar” como decía cuando me venía a buscar. Yo no decía nada…no me gusta hablar de eso…pero si me lo cruzo lo mato…eso seguro (E3).
Mi tío abusaba de mi y de todos, no le importaba si eran varones o chicas… Para mí que mi mamá sabía pero no decía nada. Era algo feo(E9).
Las víctimas de abuso sexual con frecuencia callan: por miedo, culpa, impotencia, desvalimiento, vergüenza. Suelen experimentar un trauma peculiar y característico de este tipo de abusos: se sienten cómplices, impotentes, humillados y estigmatizados. (UNICEF, 2016) Este trauma psíquico se potencia con el paso del tiempo, cuando la consciencia de lo sucedido es mayor.
En los entrevistados los abusos fueron cometidos por conocidos y familiares, que accedían con facilidad a la casa de ellos y en ningún caso se ha tratado de un episodio aislado sino que se reiteró en el tiempo, durante meses e incluso años y finalizó cuando los jóvenes abandonaron el lugar.
Si bien en nuestro país no existen datos oficiales sobre abuso sexual contra niños y adolescentes a partir de diversos estudios especializados en la temática se estima que los casos son muy frecuentes y su número supera las denuncias (UNICEF, 2017). Además, hay que tener en cuenta que a nivel mundial según un informe de septiembre de 2016 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 varones ha declarado haber sufrido abusos sexuales durante su infancia. En el mismo sentido, el Estudio Global elaborado por UNICEF en el año 2014 estima que más de 1 de cada 10 niñas sufrió abuso sexual en su infancia.
Los datos mencionados dan cuenta de que el abuso sexual representa una problemática que afecta fuertemente a la niñez y la adolescencia en todo el mundo, pero que en este caso afectó especialmente a los jóvenes de la investigación, lo que sumó un elemento más a la construcción de las TSA.
En síntesis, los jóvenes provienen de familias vulnerables, las cuales no han tenido a lo largo de su vida ningún tipo de seguridad social, con poca capacidad para brindar a los niños las herramientas necesarias para desarrollar y fortalecer la formación integral de su persona a lo largo de toda la vida y promover la capacidad de definir su proyecto de vida. Por lo tanto, no solo los jóvenes han sido abandonados por su familia sino que también el Estado abandonó a la familia.
11.2.2. El tránsito por la escuela
Después de la institución familiar, la escuela es el segundo agente socializador y controlador social más importante en la transmisión de normas y valores, a través del proceso de enseñanza-aprendizaje (Székely, 2011). Los jóvenes del estudio abandonaron muy tempranamente la escolaridad, por lo que podría decirse que no fue por decisión propia. En la edad que la mayoría de ellos reconoce el abandono escolar la asistencia y permanencia de un niño en ella es responsabilidad de los adultos a cargo. Sin embargo los jóvenes consideran que el abandono se produjo por motivos de índole personal: algunos por falta de recursos económicos, otros por aburrimiento, o simplemente dejaron de asistir.
La escuela era muy aburrida, yo no entendía nada, como era nuevo no tenía amigos y además tenía hambre y a veces ni el guardapolvo llevaba (E8).
Lo mejor de mi vida es no ir a la escuela…jaja… de verdad es que me preguntas cosas difíciles, no sé por qué no fui a la escuela más, creo que no me llevaron. (E11)
La escuela no constituyó, para los jóvenes participantes de este estudio, un espacio significativo y simbólico. Por el contrario, el corto tránsito por la institución educativa, es recordado como una experiencia ajena con pocos recuerdos agradables. Se puede decir que la escuela a la que estos jóvenes acudieron siendo niños, fue un lugar que reprodujo la desigualdad social, debido a la marginación y discriminación que fueron objeto por parte tanto de las autoridades escolares y de sus compañeros.
Una maestra siempre me gritaba, siempre. Sos burro, sos sucio, ¿para qué venís? Siempre me decía cosas feas, como que le molestaba que yo fuera (E10).
Lo peor fue la escuela 8, yo no me acuerdo mucho pero ahora que me decís se me vino a la cabeza…nadie quería jugar conmigo porque decían que era retrasado….puede ser que no me dé pero yo era chico entendes, los odiaba… Nadie se sentaba conmigo (E2).
Una vez yo llegué golpeado a la escuela, mi mamá me había molido a palos, pero es mi mamá, yo no voy a decir nada, la directora se enteró y la mando a llamar. Ni me preguntó a mí, la buchona la llamó. Al pedo, a la vuelta me iba a cagar de nuevo a palos (E5).
Para Durkheim (1977) la escuela es una sociedad. Si el niño es incorporado a través de ella a la vida social, es alojado y cuidado en su integralidad, escuchado y animado habiendo posibilidad de que esa experiencia lo acompañe el resto de su existencia.
Según una docente, que vive en el barrio hay muchos niños y adolescentes que tempranamente abandonaron la escuela
…acá hay muy pocas familias que contienen, la mayoría de las familias hacen que los pibes se manejen solos. Entonces aquel pibe que tiene una condición de regular es porque está más o menos contenido y porque no está dentro del consumo de paco puntualmente” (Referente barrial- Maestra)
La marginación educativa constituye una violación de los derechos humanos (Duschatzky, 2009). Es el resultado de un proceso de exclusión complejo, paulatino y duradero, ya que quedar afuera es parte del proceso de exclusión del desarrollo en general. Los niños de ayer, jóvenes de hoy que no asistieron a la escuela son los mismos que padecen situaciones de pobreza, marginación sociocultural, aislamiento geográfico o discriminación. En su caso, la imposibilidad de acceder a la educación básica no es más que otra cara del proceso de desafiliación.
Al igual que la familia, la escuela no logró transmitir las normas y valores de la sociedad, que para Durkheim serían la conciencia colectiva o la educación moral. Para él,
… si la conciencia o educación no es creada en el niño, en la etapa familiar o escolar, será muy difícil hacerlo después (Durkheim 1977 p. 35).
La experiencia más común en estas poblaciones es el fracaso escolar. En general este fracaso se asocia a problemas conductuales, a veces derivados de repitencias prolongadas. Algunos sujetos presentaron problemas de aprendizaje desde su inicio en el sistema escolar sin encontrar un apoyo efectivo. Hay jóvenes que repitieron varias veces de curso y terminaron abandonando la escuela.
La deserción o expulsión escolar es un fenómeno recurrente y aunque existan, en algunos jóvenes, intentos de retomar los estudios con posterioridad, la mayor parte de las veces no resultan exitosos. Es importante subrayar que la experiencia reiterada del deambular por diferentes escuelas, desde donde son expulsados o bien desertan voluntariamente, no eliminó en estos jóvenes el deseo de retomar estudios, incluso después de muchos años fuera del sistema escolar y en las actuales condiciones de adicción.
… yo si pudiera iría a la de adultos…bah si no estuviera tan quemado…no se…debe ser lindo terminar la escuela (E9).
Los jóvenes son en su mayoría analfabetos porque han perdido lo incorporado en esos mínimos años de escolarización lo que los pone en situaciones aun mayores de desventajas sociales y si bien la escolaridad aparece altamente valorada en sus discursos en lo real no constituyó un espacio de apoyo o configuración de figuras significativas (Duschatzky, 2009).
En múltiples ocasiones contribuyó a un proceso de estigmatización, agresión o expulsión del niño o joven del sistema, más que a constituirse en una oportunidad de apoyo y valoración. En estos casos la escuela operó como un reproductor de la discriminación y acompañó el abandono sostenido.
El nivel educativo deficiente creó condiciones desventajosas para acceder al mercado laboral, lo cual hizo imposible revertir la situación de pobreza.
11.2.3. Las experiencias en diferentes establecimientos
Las distintas etapas en las biografías de los individuos responden en gran medida a un proceso de institucionalización del curso de vida. Los principales andamiajes institucionales son la familia, la escuela y el trabajo, pero este eje se refiere a las instituciones por fuera de las mencionadas que por su peso en la vida de los jóvenes requieren un análisis específico.
Los jóvenes de la investigación han transitado esporádicamente por algunas instituciones totales, entendidas ellas como plantea Goffman (1970) Un lugar de confinamiento parcial donde viven personas, siguiendo una rutina de vida formalizada, bajo el control y dirección de un cuerpo burocrático teniendo un contacto limitado con el resto de la sociedad (Goffman 1970, p.32). Son totales ya que abarcan la totalidad de la vida cotidiana del niño o joven; sin embargo no se pueden pensar nunca al margen de la sociedad porque están inscriptas en un orden social determinado, que las involucra y redefine a lo largo del tiempo, en este sentido jamás constituirían entes aislados.
En muchos casos la internación cuando eran niños fue una decisión de los padres y vista como el único recurso posible. En este sentido, la internación se transforma en un componente del estilo de vida de la familia y su estrategia de subsistencia.
Ellos decidieron internarnos (por los padres), nos internaron a cuatro, a mí y a los más grandes… Yo pienso que faltaba dinero o comida, alimentos, todas esas cosas que de repente cuando son muchas personas en la familia no tenes otra que te lleven a un hogar (E5).
Los hogares de cuidados donde fueron alojados los jóvenes en su temprana edad constituyen, sin embargo, experiencias traumáticas que a veces reproducen el maltrato intrafamiliar y fomentan el comportamiento violento. La institución genera sentimientos de rechazo o rebeldía entre los niños y jóvenes. Al interior de los hogares se produce una suerte de resocialización adaptativa que se traduce en un “aprender a vivir ahí” (Reguillo Cruz, 2002).
Era terrible la situación en el hogar, no era así como estar en tu casa ni estar en la calle, porque era un lugar cuadrado bien grande, como unos galpones donde habían salas que a lo mejor no era así como uno esperaba que haiga así un hogar… así yo esperaba algo más lindo…no sé. En esas salas nos pasaban tareas o actividades que ellos programaban, los maestros, aparte nos hacían hacer ejercicios, que estén las camas hechas, que hay que bañarse temprano, levantarse en la mañana, que con agua helada, si te hacías pis o cuestiones así te pegaban, te maltrataban y eso que no eran nada tuyo, para mí eso era ilegal. Entonces yo me aburrí de eso, nosotros estábamos ahí con mis hermanos porque en mi casa no había guita allá tenían tu pan, tu plato de comida seguro y aparte que tus papás deberían decir los van a cuidar y tienen cama calientita pero ahí eran como, no sé, era como una cárcel porque a mí me dijeron, ya, sabes que tenes que pelear con este chabón porque vos sos nuevo y tenes que pelear con él. (E7)
Los sujetos resignifican el espacio de hogares como cárceles, compartiendo un imaginario penal. La dinámica institucional contribuye a asentar esta imagen pues se viven experiencias de control y maltrato similares a las que ocurren en las instituciones carcelarias. En algunos casos, la marginación o subvaloración del grupo hace que algunos niños y jóvenes opten por una colaboración estratégica con los agentes institucionales, aunque los sientan igualmente lejanos.
En cierta medida las instituciones repiten un contexto de abandono que se expresa, entre otras cosas, en el anonimato institucional.
La institucionalización funciona como una modalidad privilegiada de intervención. Se supone que la mera búsqueda de un hogar alternativo, vía proceso de judicialización e institucionalización, ya no es posible a partir de la sanción de la Ley 13298 en al año 2005, pero para la mayoría de los jóvenes de la investigación esa ley cuando eran niños aún no los amparaba. Por lo tanto la internación en un hogar significaba salvarlos a través de un ambiente relativamente estable de protección y atención, sin considerar los efectos traumáticos del propio proceso de institucionalización (Di Iorio, 2006). Sin embargo se los privó de su libertad no porque se encontraran en conflicto con la ley penal, sino por causas asistenciales.
La vivencia en el sentido de la experiencia respecto de la institucionalización se convirtió para estos jóvenes en una normal anormalidad social que produjo impactos en su desarrollo emocional y social (Di Iorio, 2006).
Las dificultades de relación, la tendencia al aislamiento, la indiferencia, el uso recurrente de la agresión física, los llamados problemas de conducta tales como malas contestaciones, no cumplir las reglas, fugas, y las dificultades en el ámbito escolar, entre otras, que se hacen presentes en la vida cotidiana al interior de los hogares dan lugar a la implementación de estrategias correctivas-represivas desde las instituciones, por eso los jóvenes se escapan rápidamente y no tienen buenos recuerdos.
Eso no era un hogar era una cárcel (E7).
A mí me trataban mejor en mi casa, con eso te digo todo eh…había un pibito más grande que siempre me pegaba y no le podías decir a nadie, entonces me sacan de mi casa porque me cagaban a palos y acá también me cagan a palos. Por eso me fui (E10).
Los jóvenes han sido niños que tal como describe Winnicott (1998), se convierten en una verdadera molestia y sus comportamientos son calificados como acciones que merecen un castigo. Las instituciones que alojaron a los niños avanzaron y retrocedieron simultáneamente en sus intentos de protegerlos: a la vez que los proveyeron de cosas que necesitaban efectivamente -vivienda, alimento, vestimenta, salud, escolaridad- los inscribieron en una lógica asilar que los privó de su libertad, que dejó huellas en su subjetividad, y que estuvo al servicio del control y reproducción social.
La institucionalización de niños y niñas por causas asistenciales, en su mayoría en organismos no gubernamentales, supone poner en juego, dos aspectos que por lo general son olvidados. Por un lado, que las heridas que afectan a ese grupo social se producen socialmente, es decir, que sus raíces no se encuentran sólo en el individuo sino en el conjunto social. Y por el otro, que su misma naturaleza se alimenta y se mantiene en la relación entre el individuo y la sociedad, a través de diversas mediaciones institucionales, grupales e incluso individuales” (Di Iorio, 2006 p. 145).
Los niños y jóvenes tienden a pasar por las instituciones sin desarrollar vínculos afectivos. Además, no hay seguimiento ni continuidad en la atención que reciben. Es como si cada institución funcionara en un eterno presente, sin memoria y sin contacto efectivo con la red de apoyo exterior a ella. De hecho los jóvenes se han escapado, en ese momento previo a la sanción de la Ley 13298, de los hogares o institutos sin ningún problema.
Otro lugar donde transitan actualmente los jóvenes son los Centros de Día, que son espacios abiertos de la comunidad donde pueden participar de talleres que se proponen o en muchos casos, utilizar solamente el servicio de comedor o merendero.
En la villa, hay una amplia diversidad de instituciones que trabajan con jóvenes pero todas coinciden que trabajar con los Pibes fisuras o Paqueros es imposible.
A mí me parece imposible hacer algo por ellos, porque no pueden, lo único que quieren es consumir, entonces yo les digo que vengan a comer, a higienizarse, a descansar, que no estén todo el día tirados, pero el problema también es que acá los otros chicos no los quieren. Se hace difícil por todos lados (Referente barrial)
Como se sostuvo en el apartado de las categorías analíticas, siguiendo a Touraine (1994) en el actual proceso que puso en quiebre a la modernidad, entró en crisis la institucionalización y la socialización. Hay una ruptura entre el sistema y el actor, de esta manera el escenario social se caracteriza por un proceso de debilitamiento de los lazos de correspondencia entre las instituciones y los actores socializados por la familia y la escuela.
Según Pérez Sosto (2012) la desinstitucionalización es el debilitamiento o la desaparición de las normas codificadas y protegidas por mecanismos legales, por lo que esto produce confusión respecto a las instituciones y organizaciones, lo que hace que los jóvenes, en esta confusión no identifiquen su utilidad. La experiencia institucional vivida en la infancia ha sido traumática y su experiencia actual remite a un uso de algunas instituciones para satisfacer necesidades básicas pero de ningún modo dichas instituciones son percibidas como mecanismos acordes para poder salir de la situación en la que se encuentran.
11.2.4. El estigma social
La villa constituye no sólo un enclave de pobreza dentro de la ciudad sino también un espacio estigmatizado en donde la trama cultural construye una identidad también estigmatizada en sus habitantes. Como se ha dicho en otros capítulos, el ser social está profundamente ligado al segmento urbano que le toca vivir (Waquant, 2008). El lugar de residencia junto al origen social, el tipo de experiencias y la posición ocupada en los distintos ámbitos sociales que se han transitado, van forjando formas casi inconscientes de mirar el mundo y de representarse en él. Todo esto, según Bourdieu (2008) va originando disposiciones a percibir, a actuar, a demandar -o a no demandar- que variarán según las clases sociales.
En numerosos relatos aparece el tema y los motivos de la discriminación: por ser joven, por ser pobre, por el aspecto físico. En la visión de jóvenes en pleno proceso de integración al mundo adulto y a la sociedad, esta discriminación suena como un rechazo muy fuerte, que deja huellas profundas en ellos, en su proyección, en su autoestima, en definitiva, en la posibilidad de cada uno de construir su propio camino libre de condicionamientos.
…acá lo que yo veo es que hay mucha discriminación por la ropa o por el celular: o sos un cabeza o sos un cheto y no es así porque si no tenes pa´ comparte no es tu culpa, no me mires así entonces, entendes? (E12).
Te das cuenta que te discriminan todo el tiempo, por cualquier cosa. Parece hasta que te tuvieran asco… te discriminan por lo físico, porque te ven paquero y eso no garpa (E9).
Ser villero implica no sólo tener que soportar una carencia de bienes económicos, incomodidades y peligros, sino también ser objeto de sospecha, discriminado y segregado, En otras palabras, se experimenta el sentimiento de ser inferiorizado socialmente.
Siempre viví en una villa…cuando me vine de allá también vivía en un lugar como este…conocía gente que mentía donde vivía porque si no, no le daban trabajo… siempre te miran mal cuando vivís acá porque creen que sos chorro o punga, drogadicto, que les vas a pegar…flashean cualquiera (E6).
Se puede asociar la vivencia de los jóvenes al concepto del estigma de Goffman (2001). El planteo del autor establece que el estigma aparece en torno a un proceso psicosocial conocido como categorización social con base en ciertos indicadores que permiten agrupar a las personas a través de ciertos rasgos.
El estigma es una señal o atributo que marca al portador como diferente a los demás, es un atributo desacreditador ante el prototipo de una cierta categoría. De acuerdo con Goffman (2001) se puede hablar de tres tipos de estigma:
a) Las deformidades del cuerpo.
b) Lo estigmas tribales; relacionados con la pertenencia del sujeto a cierta raza, nación o credo y que son susceptibles de ser transmitidos a través de la herencia por generaciones.
c) Los defectos del carácter; relacionados con fallas morales que devalúan a los sujetos como el alcoholismo, la drogadicción, etc.
Los jóvenes de esta investigación, identifican a las deformidades del cuerpo y a los defectos del carácter como los estigmas que más le pesan.
Siempre me dice que estoy flaco, que estoy esqueleto, que doy miedo, que parezco la muerte, que tengo mugre…todo el tiempo escucho cosas, y no es que no me importan, pero ¿Qué puedo hacer yo? No se… (E6).
Cuando salís a caminar mucha gente se mete para adentro, como que ven un fantasma o un chorro, yo hace mucho que no me veo pero no sé porque son así conmigo (E6).
Del relato de las entrevistas se desprende que los jóvenes son conscientes de los estereotipos sociales negativos que recaen sobre ellos, en particular, el que asocia su condición de jóvenes y pobres con delincuencia y violencia. Y particularmente, como la mayoría de los residentes en sus barrios pero agravado por su condición de juventud, del estigma que deriva directamente de su hábitat
Si vos salís y decís que vivís acá, sos chorro (E11)
Lo que pasa es que en el barrio, es verdad que es medio aguntadero, están los transas, los chorros, los policías que también están metidos…pero si vos ves la mayoría trabaja y es buena gente, pero nadie puede decir que vive acá, imaginate yo. Una vez me agarró la policía en el tren y dije que era de La Plata, no la conozco pero suena cheta…entonces te mira con un poco más de respeto (E1).
Cuando vinieron los de verde (gendarmes) les dije ehhh…porque vienen tantos y ¿sabes lo que me dijo? Hay que poner bombas y volarlos a todos ustedes…faloperos y chorros (E8).
La experiencia de sentirse rechazados forma parte de un sentimiento casi cotidiano. Sin embargo, el barrio, suele ser para quienes lo habitan un lugar más seguro que el exterior, que se presenta como desconocido y amenazante (Barreira, 2009; Isla y Mancini, 2008). Mientras que el exterior es para estos jóvenes una zona hostil, desconocida y en donde ellos son recibidos como sospechosos, su barrio, aun con todas sus carencias, es un ámbito de prácticas y vínculos conocidos que les permite sentirlo como un lugar seguro.
Yo pongo los pies en la tierra y ya estoy tranquilo…las calles con asfalto son siempre más peligrosas (E12)
El estigma territorial es sólo uno de los múltiples estigmas que circulan en nuestra sociedad. Link y Phelan (2001) plantean que se puede hablar de estigma complejizando las definiciones clásicas sobre la cuestión, cuando se conjugan cinco componentes -etiquetar, estereotipar, separar, pérdida de estatus y discriminación- en el marco de una relación de poder.
Cuando se plantea la estigmatización territorial, entonces, se hace referencia a ese proceso por el cual un determinado espacio queda reducido a ciertos atributos negativos, que aparecen magnificados, estereotipados, produciendo como resultado una devaluación o desacreditación social del mismo.
Ese estigma, a su vez, se hace extensivo a sus habitantes, lo que implica nuevas carencias o el reforzamiento de otras previas, al tiempo que erosiona su legitimidad para imponer su voz y su visión (Mayol, 1999). Ahora bien, si el peso del estigma territorial recae efectivamente sobre todos los habitantes de ese espacio, no lo hace sobre todas las personas o grupos por igual, ni todos lo viven de la misma manera. Los jóvenes se encuentran particularmente expuestos a este tipo de discriminación y sufren sus consecuencias en distintos ámbitos como el laboral, el educativo, los vínculos sociales, entre otros.
Yo soy una persona adulta, que vive hace más de treinta años en la Villa. En el municipio me conocen todos, los políticos me conocen todos, la gente me conoce…yo digo que soy de acá con orgullo, porque somos gente trabajadora que quiere lo mejor para su barrio. Pero eso no le pasa a los pibes, no porque no se sientan orgullosos de su lugar porque los discriminan, porque la villa tiene mala fama, porque es verdad que hay mucho chorro, pero como en todos lados. Entonces mi nuera, que es maestra, pone otra dirección porque si no en un colegio privado, aunque sea religioso no la toman (Referente barrial)
Los pibes no dicen que viven en la Villa porque tienen todas las de perder, si buscan trabajo no se los dan y si salieron por algo seguro los termina parando la policía o golpeando solo por portación de lugar (Referente barrial)
El estigma limita las oportunidades y cancela los derechos fundamentales. Como señalan Sabatini, Cáceres y Cerda (2001) la estigmatización de los barrios y áreas donde se concentran los grupos pobres constituye una dimensión central de la segregación residencial, y es uno de los nuevos aspectos que se agrega a la pobreza estructural, no sólo en las ciudades latinoamericanas, sino casi como un rasgo inherente a las ciudades contemporáneas. Los estigmas territoriales (Wacquant, 2001) son un aspecto fundamental de los procesos de desafiliación social.
Según Kessler (2012) la estigmatización en estos barrios agrava los procesos de deterioro de las condiciones de vida, obstaculiza acciones en pos de mejoras y produce desventajas específicas a nivel individual y colectivo. Las desventajas que afectan al conjunto de los habitantes del espacio estigmatizado se relacionan fundamentalmente con lo que se conoce como discriminación estructural; esto es
… un proceso diacrónico durante el cual el estigma es un factor importante en la generación y perpetuación de malas condiciones de vida en una zona difama” (Kessler, 2012 p.45).
Cuando me quise rescatar me fui de la villa para ver si podía mejorar. Me fuí con un pibe cartonero que me llevó a unas cuadras de acá, cruzando la autopista un poco más allá, pero no me dejaron estar porque decían que los que veníamos de esta villa éramos lacras. Entonces me volví (E10).
Las dificultades de acceso a los servicios públicos o privados, transportes y servicios médicos, la recolección de basura funcionando de manera esporádica, son sólo algunos ejemplos en ese sentido. Mientras que estas desventajas asociadas a la discriminación estructural afectan a todos los habitantes del espacio degradado, algunas formas de la estigmatización afectan con mayor intensidad a ciertos grupos, en especial, como dijimos a los jóvenes.
Ni el estigma territorial, ni la estigmatización hacia los jóvenes y sus formas de sociabilidad son algo propio de estos tiempos. Sin embargo, en la intensa propagación que estas formas de estigmatización han tenido en estos últimos años hay sin duda una marca de época (Kuasñosky y Szulik, 2000).
Lo territorial no solamente opera como estigma sino también el ser fisura o paquero. Según Goffman (2006) la persona que demuestra ser dueño de un atributo y que lo hace diferente a los demás y lo convierte en alguien no estimado, se deja de ver como una persona para reducirlo a alguien menospreciable.
El fisura, pobrecito, es como un eslabón perdido, nadie los banca. Es lo peor que puede haber, de hecho acá en el merendero se escucha mucho como insulto: – “salí, fisura”. Pobrecitos, son como parias, dan vueltas, a veces ni los ves de lo tan flaquitos que son, parecen fantasmitas. Ni a los policías les interesa(Referente barrial)
La gente te desprecia porque sabe que ya no te vas a poder rescatar si seguís fumando, entonces ya ni siquiera te quieren ayudar…bueno alguno sí, pero casi todos no. Es como si fueras lo peor…ehh…no sé cómo decirlo, como si vieran ¿cómo se dice esos que mueren y viven?…¡un zoombie! (E4).
Durante el transcurso de la estadía en la villa, observé que muchos de los jóvenes que consumen paco, los fisuras o paqueros, tienen amputaciones en parte de sus cuerpos, a algunos les falta una pierna, otros un brazo, o un pie. Es algo constante y como no hay prótesis o elementos de ayuda, (tampoco podrían andar con una silla de ruedas), usan palos, sogas, trapos viejos o bolsas como elementos de ayuda. La mayoría ha tenido accidentes en momentos que estaban de viaje. Una vez recuperados han continuado manteniendo altos niveles de consumo.
Te lo perdiste el otro día que no viniste, vos que estás con ese tema, saqué las mesas afuera, y se me llenó de fisuritas comiendo, algunos chiquitos se dormían en la mesa, otros tomaban un poco de leche, estaban al solcito… en la organización casi me matan después, porque estos pibes traen de todas las enfermedades, tuberculosis, sida, la sífilis…pero por una vez, dije yo…(Referente barrial)
Se puede decir como síntesis de este vector de análisis que los jóvenes han transitado una experiencia de proceso de desarraigo institucional que los colocó en una situación de indefinición cercana a la inexistencia social en la medida que la sociedad no logra asignarles un reconocimiento y/o status social particular: no son estudiantes, no son trabajadores, no son desocupados (Saravi, 2014).
Esta circunstancia extrema de desafiliación provoca que este grupo sea una manifestación evidente de la crisis por la que atraviesan los canales tradicionales de integración social.
11.3. Los rostros del abandono en los jóvenes: consumirse, padecer y sobrevivir
Hay una relación clave entre pertenencia social y constitución social del cuerpo (Scribano, 2009). Las características que adquiere el proceso de desafiliación de los jóvenes están asociadas a una total ajenidad con el propio cuerpo que habitan. Esta dimensión es clave para comprender este fenómeno de estudio ya que coincidiendo con Scribano
Sin cuerpo, no hay individuo; sin un cuerpo socialmente apto, no hay agente; sin cuerpo, no existe la posibilidad de que el individuo se conozca en tanto sujeto. (Scribano 2009 p.413).
Se puede decir, que el estudio de cuestiones cercanas o ligadas con el cuerpo no fueron tomadas durante muchos años por las Ciencias Sociales. En los años ´60, fue Marcel Mauss quien empezó a plantear que el cuerpo constituye un objeto social, pero es a partir de los desarrollos teóricos de Michel Foucault (1976) que empiezan a desarrollarse las teorías sociológicas sobre el cuerpo y que empieza a captarse como una realidad social, fruto de una construcción histórica y producto de representaciones culturales (Fassin, 2003 p.50).
La realización de historias de vida ha abierto innumerables aristas de distintos niveles teóricos que permiten comprender mejor los procesos por los que atraviesan los jóvenes. El cuerpo y la relación con él fue una de ellas.
Ese cuerpo de la pobreza, que los convirtió en sujeto sin metáforas y que es un espacio permanente de contradicción, donde se produce un combate permanente entre la vida y la muerte -para el psicoanálisis representa la lucha entre Eros y Tánatos (Farias, 2017)
Podríamos decir, que el cuerpo de estos jóvenes es el cuerpo de la derrota. Un cuerpo consumido, sometido, ultrajado, amputado, violado, abusado, despreciado y disciplinado que narra la historia del propio dolor humano (Vergara, 2010). Se puede decir entonces que el cuerpo es el lugar en el que el poder se expresa.
Más aun, hay que precisar que el cuerpo no está expuesto estáticamente, ni tampoco psíquicamente, sino que está construido a través de relatos autobiográficos o muchas veces, de fragmentos narrativos en los cuales se sitúan, en el seno de discursos en donde se trata de tomar en cuenta la dimensión argumentativa, las alteraciones que lo afectan (Fassin, 2003).
Estábamos en la reunión de la mesa y escuchamos mucho lío afuera, salimos y era Manuel, estaba ensangrentado, con una venda en el pecho. Se lo veía asustado. Me acerqué para ver qué le había pasado. Alguien le disparó, no recuerda en que circunstancia. Como había un patrullero cerca lo llevaron al hospital, le pusieron suero, se durmió. Cuando se despertó la enfermera le dijo que el hospital tenía que hacer la denuncia. Se asustó y se fue. Sigue teniendo la bala en el hombro y dijo que no se la va a sacar. Es “su cucarda” como le dicen, “su trofeo”. Doña Elsa (Referente de una organización) lo agarró y se lo llevó a su casa. La reunión sigue (Nota de campo. Noviembre 2009)
Para un mejor análisis de este abandono del cuerpo que se considera, experimentan los jóvenes, se proponen a continuación las siguientes dimensiones.
11.3.1. La sobrevivencia del cuerpo
Los jóvenes realizan actividades de subsistencia para satisfacer las necesidades mínimas, para lo que establecen un orden de prioridades particular: especialmente consideran prioritario la obtención de dinero para la compra de drogas, en segunda instancia aparece la necesidad de obtener comida y solo indagando con insistencia aparece la necesidad del acceso a la ropa, aseo, el baño o la atención de la salud que aparecen en último lugar.
Una de las inquietudes que recorrían todas las entrevistas, se encontraba ligada a los modos de obtención de dinero. El cuestionamiento giraba en torno ¿Cómo generan estos jóvenes pobres de la Villa el dinero para la compra de paco y alcohol? Las respuestas han sido muy ambiguas y contradictorias. La mayoría decía que pedían plata al que pasaba y que todos le daban. Alguno recuperó una práctica de cartonero pero que no fue sistemática ni sostenida en el tiempo por lo que aparecía como un espacio opaco de información que no lograba llenar.
Al ser una investigación etnográfica, estar con los jóvenes de la villa mucho tiempo y observar cómo se dan las interacciones, pude identificar que los transas del barrio suelen darle a estos jóvenes dinero o paco a cambio de que les avisen si viene la policía o la gendarmería. La esquina en donde están los jóvenes tiene una vista preferencial hacia uno de los ingresos de la villa, que por ser un entramado de pasillos suele confundir bastante a los que no la conocen por eso oficia como una de las principales villas en donde se cocina el paco.
Otra de las transacciones que hacen con los transas es la de buchonear los lugares donde se esconden los que le deben plata a los transas o también ayudan a colocar la mercancía en otro lugar de la villa. Los jóvenes ofician de mulas internas. Otra de las prácticas que llevan a cabo, consiste en regalar paco a quienes no consumen pero que son potenciales clientes, para que se inicien en la adicción y se conviertan en consumidores y compradores. Como se observa, las prácticas de intercambio son diversas y sirven para el objetivo último que es conseguir droga para el consumo.
Estas prácticas no son reconocidas por ellos pero las observé asiduamente y también las confirmaron algunos referentes.
Hoy estaba conversando con tres de los chicos, en la esquina. Dos dormían, otros cuatro estaban muy amanecidos como para conversar y los otros no estaban. Eran aproximadamente las 12hs, cuando uno se levanta corriendo y sale para uno de los pasillos. Pregunté qué hacía y nadie contestó. A los pocos segundos había 12 gendarmes entrando, algunos con caballos. Con un nivel de prepotencia. El que venía adelante caminando me hizo un par de preguntas sobre lo que hacía. Después me enteré que tenía el dato de una cocina de cocaína. Al rato apareció Manuel. Cuando le pregunté adonde fué no me contestó nada. Según Nelly (Referente barrial) le alertan al transa. Tengo que prestar atención(Nota de campo, Octubre 2009)
Por tratarse de una situación bastante peligrosa no fue posible entrevistar a los transas para confirmar estos datos o aportar mayor conocimiento. Pero los jóvenes tienen siempre alrededor de 120 cigarrillos de paco, llegando en ocasiones a contar con 140 o 150 cada uno.
He visualizado también a partir de las entrevistas con los referentes que los jóvenes en situación de abstinencia pueden constituirse en un peligro para los vecinos del barrio, por lo que de alguna manera dándoles droga se paga la seguridad.
Ehh…yo pido plata para los fasos a los que pasan por acá, y siempre me alcanza, a veces me fían…saben que se lo voy a pagar (E4).
En esta villa el principal problema son los transas y los que hacen las drogas. Nosotros no podemos hacer nada por estos pibes porque le regalan la droga. Para que los protejan, para mantenerlos tranquilos… los matan de a poco, total ¿a quién le importa? (Referente barrial)
A mi hijo estos pibes le ofrecieron un cigarrillo, tenía solo 12 años, menos mal que lo agarré a tiempo si no se iba a morir. Mi hijo me robaba todo para comprar paco. Ahora no vive más acá. Cuando salió de la rehabilitación decidimos que se vaya a lo de mi suegra en Hurlingham así no se tentaba, las malas juntas suelen ser lo peor (Referente barrial)
En relación a la alimentación he observado que los jóvenes no tienen una organización definida, algunas veces van a buscar comida a las organizaciones o a los centros de día que funcionan en la villa donde también pueden asearse. Lo que es evidente es que suelen estar días enteros sin probar alimento alguno y sin necesidad de él.
Yo cuando ando por la cava voy hasta lo de Nelly (Referente de una organización)…ahí me dan para desayunar o para comer. No importa la hora si voy me dan…pero si voy me tengo que bañar… me lo pide Nelly y bueno para que me voy a pelear (E7).
La casa de las monjas queda cerca de acá…ellas re piolas hicieron como un baño afuera, son cuatro chapas con puerta y el inodoro pero está cerca y yo voy siempre ahí. Si hay que bañarse tenes que esperar que lleguen ellas o te vas a la iglesia o a lo de Eli (Referente barrial), o a lo de Nelly o a lo del conejo (Referente barrial)…hay muchos lugares. Si vas te dan comida también, y te hablan un montón (E3).
De cierta manera podemos pensar la obtención de los recursos para satisfacer las necesidades básicas desde la lógica del cazador urbano, desarrollada por Merklen quien dice
La inestabilidad en la que son colocados obliga a un número importante de ellos a salir continuamente a “cazar” recursos que se agotan tan pronto como son obtenidos… El cazador…queda instalado en la incertidumbre del día a día (Merklen 2005 p.17).
Los jóvenes obtienen lo necesario para su subsistencia en base a una frágil red relacional, lo que da cuenta de los procesos de individuación inscriptos en el territorio.
Los jóvenes cazadores tal como lo plantea Merklen (2005) no tienen medios de almacenamiento o acumulación que les permita guardar para otros días y menos aún participan en la reproducción del ciclo económico, pero conocen perfectamente la villa y saben dónde ir a buscar la presa que les permita alimentarse y subsistir. En ese sentido, lo que es clave y debe ser tenido en cuenta, es que hoy pueden conseguir y mañana no. Esto es muy importante en relación a las preguntas de investigación que guían esta tesis, porque esta modalidad habla, no solo de un modo subjetivo de ser sino de un tipo de socialización que desarrollan los jóvenes.
Me levanto, ves que acá tenemos un par de colchones con frazadas…y si tengo ganas de comer me voy a algún lado…yo voy siempre a lugares distintos para que no me jodan y después vuelvo para acá (E10).
A veces la gente te da y otras veces no… pero si le pedís comida como que no te la niegan. Aunque sea un pedazo de algo te dan…y si no te dan ese día seguro te dan otro, salvo uno que vive tres casas para allá, la gente es buena (E11).
11.3.2. El consumo del cuerpo
Yo empecé con marihuana como a los 10 años y después como a los 14 empecé con el paco. Me decían que me iba morir rápido y ves… sigo vivito. ¿Sabes cuánto salía el paco cuando empecé? ¡¡¡$1!! (E8).
Si tuviera que elegir, lo mejor es la cocaína, la probé poco porque es cara…y puedo hacer cualquier cosa si alguien me la da…matar no eh. El paco también, pero te hace peor. Yo puedo llegar a fumar hasta 125 bases, ahí quedas joya… (E1).
El consumo de drogas suele estar asociado con la ilegalidad y la delincuencia, sin embargo Benedetti (2015) señala que en términos estadísticos los consumidores de sustancias psicoactivas no son consumidores problemáticos como se llama a quienes además de consumir se ven involucrados en actividades ilegales o delictivas que aumentan la complejidad del problema.
Los jóvenes de mi investigación son adictos a la droga, es decir que se consumen a sí mismos, en un franco e irreversible proceso de deterioro. Empezaron desde edades muy tempranas y ya no pueden dejarla.
Yo a los 9 años empecé con el cemento…el cemento es la bolsita que la oles. Esa te hace flashear cualquiera, es buenísima. Seguí con la marihuana…después la cocaína…siempre con vino o algo de alcohol que daba mejor efecto (E8).
Mirá, no te asustes, pero mi padrastro a los tres años ya me daba vino o whisky, porque me ayudaba al dolor… ¿ves que tengo una cicatriz en la cara? Es que me mordió el perro y tuve muchas operaciones y lloraba porque me dolía, entonces me daban alcohol…después se pudrió todo cuando fue que por la paliza me quebraron el brazo y fui al hogar…cuando me escapé empecé con el porro…mas a o menos a los 10…y ya después le entré a la cocaína (E2).
Ehhh…no arranqué tan chico yo…a los 11, cuando estaba en el instituto un chico me ofreció cemento…y ahí empezamos todos los días, si no era cemento, era nafta que le afanábamos a los profes…y después cocaína y ya después paco, pero si me das una línea agarro (E4).
Yo arranqué a los 8 y me daban mis hermanos…marihuana, entonces me dormía o vomitaba me acuerdo…no me caía muy bien…un día me desmayé en la calle y me internaron porque tenía asma parece…..después a los 11 le di al ácido y después la cocaína (E11).
Como se desprende de las entrevistas hay similitudes y diferencias en los modos de iniciarse en el consumo, pero estas trayectorias están asociadas a particularidades especificas del contexto donde se producen (Epele, 2007) caracterizado en su mayoría por la precarización, la pobreza y la vulnerabilidad.
Antes del consumo de paco, los jóvenes ya utilizaban y en muchos casos preparaban la cocaína para ser fumada entre ellos.
Yo fumaba merca cocinada, con amoníaco, bicarbonato y la fumábamos en lata…es así ponías una cuchara sobre el fuego y arriba la cocaína, el amoniaco y el bicarbonato…lo cocinabas y como que se te hace una pastita dura arriba, la tirabas y te fumabas la cocaína de abajo…después vino el paco (E3).
Primero consumí cocaína, pero no tanto porque era muy cara…en sí la pasta la conocí por la merca cocinada (E11)
Con el tuco nos dábamos con cualquier cosa, pero un día vino y me dijo vamos a cocinarla…no sé, era una idea que había sacado del fondo… le metíamos una vela, compraba eso…ehhh bicabonato, unas gotitas de agua, más la merca que tenía que estar en escamas, y entonces la cocinábamos con la llama de la vela, cuando veías que estaba ahí, la golpeabas y caya, o sea, caía la formita entendes… la dejabas enfriar, la pisabas con la cuchara, la limpiabas con el pantalón para que no te quedara negra y la empezabas a fumar, nosotros arrancamos a fumarla con una bombilla (E4).
La edad promedio del inicio de consumo de paco para la muestra estudiada se da en torno a los 11 años. Si bien no es nombrado de esa manera en sus narraciones lo que infiero es que la droga ha representado para estos jóvenes un escape para enfrentar sus terribles condiciones de vida, en el decir mertoniano, son el ejemplo típico de las respuestas normales ante determinadas presiones sociales o en todo caso, respuestas de tipo adaptativo frente a los doloroso de las vidas (Merton, 1949).
Al fumar, te olvidas de todo (E4, E6; E12).
Fumas porque te hace sentir bien sino para qué, no soy tan tonto, es como que estas feliz(E5).
El paco es otro mambo, más loco todavía que la tiza. Si le das una seca bien piola, te dura menos de cuarenta segundos. Para mí es la más rica, lo que pasa que es la que se termina más rápido, el mambo se te pasa al toque y queres conseguir de nuevo ya (E6).
El grupo consumidor de paco, tal como se ha caracterizado, es un grupo absolutamente vulnerable a la mendicidad y a las formas marginales de vida que retroalimentan la pérdida del espacio social.
Son jóvenes que parafraseando a Bauman (2006) han sido convertidos por la sociedad en supernumerarios, innecesarios y carentes de uso. Nadie los necesita, por lo que ellos mismos son residuos de la sociedad y por lo tanto consumen los residuos de la cocaína. El residuo es el secreto oscuro de toda producción, en este caso, el costo de la producción y reproducción de la sociedad moderna que genera desechos o residuos humanos. Estos jóvenes ya no podrán reintegrarse a los parámetros normales de la vida
… los basureros son los héroes olvidados de la modernidad. Un día sí y otro también, vuelven a refrescar y a recalcar la frontera entre la normalidad y patología, salud y enfermedad, lo deseable y repulsivo, lo aceptado y rechazado, el adentro y el afuera del universo humano. Es la frontera la que predice, literalmente hace aparecer, la diferencia entre ellos: la diferencia entre lo admitido y lo rechazado, lo incluido y lo excluido. (Bauman, 2002 p. 43).
La anomia durkheniana, está determinada en este contexto por la falta de integración social y cultural que permite la eclosión de conductas desviadas. Se van construyendo trayectorias que se tornan desesperanzadoras. En estos jóvenes se ha instalado, el no-hacer, el no-trabajo, el no-lugar, entonces el paco funciona como el último golpe hacia ellos mismos. Todos saben que no se sale de la droga.
Cuando se te pasa el viaje te entra la ansiedad de fumar de nuevo entendes y entonces te fumas otra vez y así…no podes parar salvo cuando te dormís (E5).
La gilada te dice que te vas a morir, ¿y? ya lo sé papá… ¿y? (E9).
Un día estuve una semana muy zarpado con ese mambo. Como 7 días amanecidos estuve. Me habían dado como 500 fasos, no te miento, no me acuerdo por qué. Me los fumé uno tras otro. Una semana así y casi me morí, de verdad eh. Además estábamos escabiando vino y así se iban pasando los días. Yo estaba acá en la esquina todo amanecido, no me daba cuenta si era de día o de noche. Casi me muero…cuando me quedé sin nada, traté de comer en lo de Elsa (Referente barrial) y mi estómago se partió, enseguida vomitaba, me sangraba la nariz, la boca, estaba hecho mierda…pero me rescate unos días…de a poco (E9).
Baratta (2006) expresa que la demanda de la droga surge hoy en día, en gran parte, de la necesidad de escapar de las angustias de la realidad, liberarse de esta necesidad, significa sobre todo, construir el proyecto de una realidad, es decir, de una sociedad más justa y humana, que no produzca demanda para eludirla sino para vivirla.
Hopenhayn plantea la importancia de atender a los modos en que los procesos de desligamiento de los lazos sociales y la pérdida del sentido colectivo impactan en el individuo, llevándolo a una … crisis de pertenencia, la muchedumbre solitaria, la falta de proyección del individuo hacia la comunidad, la tendencia a la sobreestimulación, y otros (Hopenhayn, 1997 p. 77) por lo tanto, de acuerdo con el planteo del autor, es necesario vincular el problema del consumo a dinámicas de desintegración social. “Consumo, luego existo” es una frase que puede pensarse para estos jóvenes.
Yo empecé a consumir paco porque estaba más barato. Fui a comprar y era más barato que la merca, al principio fumaba 20 o 30 papelitos pero después no me hacía nada , ahora si me dan puedo llegar hasta 150, no podía dejar de fumar (E6).
Al principio no me pegaba. Yo estaba acostumbrado a tomar cocaína y entonces decía ésta gilada no pega. Fumaba uno, dos y no le encontraba sentido. Después cada vez fumaba más… Ahí sí, le enganché el mambo y quedas re loco, quedas re puesto (E9).
Un poco parecido a la cocaína es, pero el efecto es más potente, pega instantáneo. O sea, vos le estás dando fuego y ya, yuiii (hace ruido como algo que se enciende de golpe). ¡Te pegó! (E11)
El paquero o fisura, experimenta como única sensación, la no sensación y reconoce que ese efecto se produce rápidamente e intensamente pero también reconoce que dura muy poco, y por eso advierte la necesidad de no parar de consumir.
La principal característica del consumo en estos jóvenes es que el consumo de paco se diferencia del consumo de otras drogas, en que no está sostenido por ningún ritual, sin lazos ni inscripción en el círculo de intercambios (Epele, 2010). El conflicto comienza a ser la propia persona, que se aísla por completo. A medida que aumenta su frecuencia, el consumo se vuelve mayor y dificulta el sostenimiento de vínculos interpersonales. El consumo sigue siendo un factor que además de la propia historia que arrastra el joven, desorganiza su vida al romper todo tipo de lazos.
El consumo de sustancias se enmarca como una problemática más entre los emergentes en una sociedad de consumo, ya que remplaza al sujeto por el objeto: la satisfacción proviene de un objeto y no de un sujeto.
Según Carballeda (2006) las drogas funcionan como vehículos de la socialización que defienden de la angustia y de la ansiedad y ayudan al individuo a sobrevivir en sociedades que día a día ven como se desarticulan las instituciones colectivas sobre las cuales se apoya la regulación de las relaciones sociales y por lo tanto lo que se vuelve imperante es la idea de estar bien aquí y ahora.
En este contexto, el valor de la vida de los jóvenes esta degradada, para ellos su vida no vale nada. Una expresión que utilizan es ya tengo la fecha vencida. En sus trayectorias de vida se repiten siempre las mismas cosas: mucha violencia, mucho desamor, mucho desamparo, mucho olvido. Esto se repite como una tragedia en sus vidas.
En varios pasajes de las entrevistas, los jóvenes expresan un deseo de rescatarse o consumir menos, siempre asociado a ciertas expectativas de integrarse de mejor manera a la sociedad.
No sé loco, por ahí si me rescato pueda conseguir un laburo o algo (E8).
Yo ya sé que me hace mal y a veces pienso que tengo que dejarla, estar limpio para no sufrir tanto o para vivir más, pero después me olvido (E6).
Se puede establecer en la mayoría de las entrevistas que el consumo de sustancias se inicia con alguna situación de conflicto familiar o para escapar de algún padecimiento vinculado a la situación de abandono familiar.
Como establece Rossal (2013) el consumo especialmente de paco, desde el efecto químico hasta las consecuencias sociales, se corresponde con la precariedad de los consumidores, que además contribuye a reproducir. Como se verá en apartados siguientes, este consumo impacta en la proyección de metas futuras.
11.3.3. El sufrimiento del cuerpo
La cercanía de experiencias de sufrimiento en el cuerpo, la enfermedad y la muerte se transforman en habituales en los contextos que transitan los jóvenes. Hay una necesidad de aprender a soportar el dolor que se instala desde la más temprana infancia, para poder sobrevivir.
Cuando era chico siempre me dolía el oído, era un dolor que todavía lo recuerdo, pero mi mamá me decía que no era nada, que ya se iba a pasar, a veces a la noche creía que me iba a morir del dolor pero me la aguantaba (E11).
Para muchos de los jóvenes de la villa, las marcas en el cuerpo operan como cucardas: esto es un testimonio de que se ha pasado por la batalla y se ha logrado sobrevivir a ella. Pueden ser desde moretones incurables hasta balas instaladas.
El vínculo de los jóvenes con el sistema de salud es escaso e irregular. Los hospitales son vividos como amenazas de posibles institucionalizaciones futuras.
¿Ves lo que tengo acá? Es una cicatriz porque me fracturé el codo, no sé cómo porque estaba re engomado cuando pasó, entonces no sentía el dolor porque estaba de viaje. Como a la semana me di cuenta que me dolía bocha, me fui a la salita y contra mi voluntad me llevaron al hospital. ¿No ves la marca? Me tuvieron que operar porque estaba salido (E4).
Ante la imposibilidad de tener recuerdos de otro tipo -fotos, papeles, juguetes- el cuerpo se transforma en el lugar donde esto es posible y muchas veces es lo único que estos jóvenes pueden conservar (Scheff, 2001).
Una vez que estaba empastillado mal me quise clavar un vidrio que encontré en el pecho, no sé si quería suicidarme, no me acuerdo bien, pero después volví en mi y tenía todo sangre y la punta del vidrio clavada, ahí me dolió un poco cuando me la saqué…ahora tengo la marca…se me curó solo (E8).
Cuando existen experiencias tempranas de dolor, sufrimiento o desvalimiento como les pasó a estos jóvenes, es posible que exista cierta sobre-adaptación o naturalización de tales situaciones y una falta de respuestas activas en relación a enfrentarlas o huirles (Vergara, 2010).
Una característica que me llamó la atención es que los jóvenes no recuerdan ni expresan situaciones en los que hayan llorado de dolor. El umbral de tolerancia al dolor y al sufrimiento es muy alto. Aprender a soportar el dolor es una necesidad estratégica para poder sobrevivir.
En el sentido antes mencionado, otra de las características de estos grupos es la ausencia de cuidados en su infancia. De allí se desprenden las dificultades para la incorporación de pautas que permitan finalizar los tratamientos, acceder a medicaciones en casos necesarios o acercarse al sistema de salud no sólo en situaciones límites.
Según una enfermera de la unidad sanitaria del barrio … sólo vienen las jóvenes cuando están embarazadas y porque necesitan el control sanitario para cobrar la AUH, sino no vendrían. En situaciones límites aparece alguien con alguna herida muy profunda pero si no, es un grupo etario en el que no existe la demanda de atención.
Al estar en situación de extrema vulnerabilidad, casi ninguno de los jóvenes tiene documento de identidad, por lo que el no poder acreditar su identidad, sumado a la ausencia de un adulto responsable o referente familiar, más el temor a ser denunciados se constituyen en obstáculos que impiden que se acerquen a atender la salud (Altamirano y otros, 2002).
Viste que te conté que una vez fui al hospital porque estaba mal de la panza, pero mal, sino me la banco y casi me meten preso porque no tenía documento, me tuve que escapar de una (E4).
Los motivos de consulta más frecuente en la Unidad Sanitaria están relacionados con heridas cortantes -algunas autoprovocadas, traumatismos severos o descompensaciones producto del abuso de drogas.
Algo que aparece claramente evidenciado a partir de lo indagado en este estudio, es que los sistemas y las políticas de salud no están preparados para el control y tratamiento de este tipo de poblaciones, ya que la primera respuesta es siempre de carácter punitivo. Ser joven en esta situación es
…poseer un pasaporte que garantiza el circular por espacios institucionales llenos de barreras para acceder a una óptima atención de salud. Es también estar expuesto a recibir múltiples señales que construirán sensaciones de estar afuera, de no pertenecer, a lo sumo de alcanzar un estigma que lo señala como carente, culpable o incapaz, negándolo como sujeto y demandando respuestas previamente estipuladas a las que debe acceder para no profundizar su situación (Altamirano y otros, 1985 p.5).
El joven que frente a una situación traumática se acerca como último recurso al hospital o centro de salud, dista mucho de ser el paciente tradicional que estudiaron los médicos o que ven habitualmente por lo que no cuentan con herramientas o estrategias de intervención para tratar con estas poblaciones, generando que en muchos casos, dichos jóvenes abandonen la institución sanitaria en cuestión, sin ser atendidos o sin completar los tratamientos indicados para sus afecciones.
Yo había ido solo ¿con quién iba a ir? Y me miraban mal las enfermeras, porque estaba solo, porque no tenía documento, yo lo único que quería era que me atienda porque estaba mal, pero me dieron tantas vueltas que me fui, entonces fumé y se me pasó (E5).
Cuando me dispararon en la pierna y fui al hospital estaba en la camilla y en vez de atenderme empezaron a discutir, que si primero avisaban a la policía, que si llamaban a la asistente…entonces me escapé porque seguro después me encerraban, entonces me quedé rengo y con la bala (E9).
En los relatos que se han relevado, el dolor sufrido por los jóvenes, es percibido como producto de las dolencias físicas, como así también por el abandono y rechazo cuando van a requerir atención, esto ha profundizado la situación de vulnerabilidad en términos de la salud en la que se encuentran.
11.3.4. Las emociones del cuerpo
He intentado señalar que el estudio de las emociones permanecerá improductivo si su conexión con otros aspectos de los seres humanos no se toma en cuenta con claridad (Elías, 1998 p.328).
Una cuestión intrínseca vinculada al cuerpo son las emociones, que forman parte de una trama entre impresiones, sensaciones y percepciones (Scribano, 2007). Cuerpo y emociones si bien son diferentes están interconectados, como se ha dicho anteriormente citando a Fassin (2003), sin cuerpo no hay acciones sociales y estas siempre están constituidas por componentes emotivos.
Las emociones implican siempre la relación entre impulsos no-aprendidos y controles aprendidos o autorregulados. Dicha relación
… se exhibe en los movimientos de una persona, en sus rasgos y en sus expresiones faciales, movimientos que son señales con significados mediante los cuales las personas se comunican involuntariamente, movimientos con los cuales se intenta una condición de autorregulación de las propias emociones frente a otros seres humanos (Elías, 1998 p. 328).
Hablar con los jóvenes de sus emociones y de sus sentimientos, es una tarea casi imposible, ya que se percibe una forma de anestesiamiento que obtura la posibilidad de conectarse y expresar. Los mecanismos de soportabilidad social:
Se estructuran alrededor de un conjunto de prácticas hechas cuerpo que se orientan a la evitación sistemática del conflicto social. Son, al menos parcialmente, procesos de desplazamiento de los antagonismos que se presentan como escenarios especulares y desanclados en un espacio-tiempo (Scribano, 2010 p.172).
Tales mecanismos permiten que los sujetos se desconecten de las vivencias subjetivas, lo que facilita la aceptación de la vida. La relación memoria-olvido, en tanto reconstrucción intersubjetiva es otra de las maneras en que el peso de la derrota y la impotencia se sostienen (Cervio, 2010). En otro sentido, el acostumbramiento permite comprender los diversos modos en los que los sujetos modifican sus percepciones aun en contextos de riesgo (D´hers, 2011)
¿Que me queres decir con eso? ¡te pones difícil cuando preguntas eso! No se…yo no soy como los chetos que van al psicólogo. Las cosas pasan y punto, que sé yo si me pone triste (E9).
En el trabajo de campo se han identificado emociones que se relacionan con sentimientos de autoculpabilizacion, y autolimitación configurados en el cruce entre las percepciones de impotencia y melancolía por lo que no se tuvo y por lo que se perdió.
Las emociones vivenciadas por los jóvenes, entrelazan por un lado los obstáculos de sus propios cuerpos, provocados por el deterioro generado por el consumo, la mala alimentación, etc., y la falta de capacidad en términos de sentirse imposibilitado para hacer aquellas cosas que se supone corresponden a las personas de su edad, lo cual se traduce en la pérdida de autoestima en términos de toma de decisiones.
Yo lo que siento es que…es que como que no tengo capacidad…y ehh ahora menos, es como si le hubiera hecho caso hace mucho a quienes me dijeron que no fume, por ahí me iba mejor, pero ahora no… es como que ya estoy jugado (E7).
Una vez me dijo una señora, no me acuerdo como se llamaba – vos estas eligiendo, morirte. O algo así me tiró, y bueno, entonces dejame en paz, pensé yo…si no sirvo para nada (E9).
La vergüenza es una emoción que aparece fuertemente generada por la interacción entre aquello que la genera que es la mirada de los otros y sus ojos puestos insistentemente encima de cada uno. (Vergara, 2014).
Se puede decir que los jóvenes sienten en principio una mirada persecutoria y condenatoria sobre ellos, sobre lo feo y lo sucio, pero ellos mismos advierten que después esto no les molesta. La vergüenza cede paso, se diluye en el tiempo, a medida que el tiempo transcurre en la esquina.
La soportabilidad se hace presente en esta disolución emotiva por la vía del acostumbramiento y de la satisfacción que genera consumir.
¡Mira que me voy a volver maricón! Que voy a llorar yo. Los maricones lloran. No es que me las aguanto, porque eso es ser un maricón, no me dan ganas de llorar nunca. Además el faso esta para eso, para ayudarte a no pensar mucho (E12).
Las experiencias afectivas con otros -ya sea con mujeres o varones- han sido muy difíciles de explorar dadas las resistencias encontradas en los jóvenes para conversar sobre esto o para hallar en ellos registros de la presencia de otro afectivo.
La sexualidad se vive desde un cuerpo y somos seres en el mundo con identidad de género a partir de nuestro cuerpo. El concepto corporalidad desarrollado por Csordas (1994) alude al cuerpo como generador de cultura, como campo de percepción y práctica.
El tema es la manera en la cual el cuerpo es una condición existencial de vida. Por supuesto que tenemos cuerpos, pero hay múltiples modos de corporalidad y estilos de objetivación corporal que son críticas para el entendimiento de la cultura” (Csordas, 1994 p.144-145).
Dado que mi población de estudio es de género masculino la asociación entre la sexualidad -tanto en el plano de las representaciones como de las prácticas- y la masculinidad ha sido señalada en repetidas ocasiones. Seidler llega a afirmar que
“el sexo es la manera de probar nuestra masculinidad (…) Así nuestras relaciones sexuales se vuelven el terreno en el cual nos probamos a nosotros mismos» (Sedler, 1989 p.23).
La actividad sexual es la primera tentativa de ser hombre sin pensar en la fecundidad o en prevención del embarazo (Villa, 1997). La iniciación sexual constituye un hito en la vida de los jóvenes y podría considerarse parte de los ritos de iniciación en nuestra sociedad. Tener sexo con una mujer, es decir mostrar su heterosexualidad, es parte de la construcción y reafirmación de la virilidad en este contexto en el que se encuentran los jóvenes que han participado en este estudio.
Un día estábamos en la calle y un primo me preguntó si había debutado, yo le dije que no y me dijo vamos. Éramos una banda, como seis pibes todos más grande que yo, que ya tenía 15 más o menos y fuimos a una pieza en donde estaba la mina….Yo que sé cómo fue… estábamos ahí… y arrancó no más… ¡No! ¡Qué iba a estar nervioso! Estuvo bueno, estuvo… Pero esa fue la única vez (E12).
Mi primera vez fue a los 13 años… Yo estaba drogado hasta las manos y la mina también, que era más grande, creo que bastante… fuimos a una plaza y listo … me desvirgué así…ahora como que no me interesa eso…ojo que no soy puto eh (E8).
La sexualidad, en estos jóvenes se limita a las relaciones sexuales y éstas al coito. De acuerdo con sus relatos aparece como algo bastante mecánico. Aparentemente el cuerpo está más al servicio de algo que como centro de placer. Los jóvenes no mencionan fantasías sexuales ni tampoco identifican qué son.
La mujer es secundaria, por lo que las relaciones sexuales no son encaradas como mecanismo de comunicación. Se puede decir que se trata de una experiencia desperzonalizada, que tenía que pasar en la que el cuerpo es tratado como cierto tipo de máquina (Seidler, 1989)
Nunca aparecieron enunciados sentimientos de amor y ternura, ni siquiera por recuerdos a sus familias -padres, hermanos- o hacia sus pares actuales. Esto permite pensar el próximo análisis que da cuenta de la ruptura de los lazos sociales.
11.4. Acerca de cómo se construyen los vínculos
Kaztman (2001) sostiene que la fragmentación, la exclusión y la desafiliación de importantes sectores de la sociedad son claros obstáculos para el desarrollo de relaciones sociales, y a la luz del trabajo de campo realizado se puede señalar que las violencias y desigualdades vividas en el interior de la villa hacen que la creación de vínculos de solidaridad sea cada vez más débil.
Es la tercer reunión consecutiva de la mesa en la que se terminan todos peleando y se levantan. Hay pases de facturas porque algunos fueron a cerrar recursos con nación directamente para su organización y zona. Se dicen traidores, siempre quisiste eso, en vos no podemos confiar. Pelearse es un estilo que les conozco hace mucho pero está pasando otra cosa, se están enojando en serio. Se están mirando feo como si no se conocieran hace mas de 20 años (extracto de nota de capo, marzo 2008)
Además los pobres segregados, se hallan aislados de las corrientes predominantes de la sociedad (Merklen, 2010); sus vínculos son frágiles con las personas e instituciones y esto refuerza las situaciones de desintegración y desventaja.
Sabes lo que pasa mi hijita, que con tanta pobreza y tan poco recurso, se va perdiendo la solidaridad, no digo que sea a propósito es que claro cada uno tira para su organización, para que no se cierre (Referente barrial)
El aislamiento y la percepción de otredad son importantes al momento de considerar los activos y pasivos de estos jóvenes en situación de vulnerabilidad. La cerrazón de este grupo de jóvenes contribuye a generar y reproducir esas condiciones de desafiliación.
Cuando la villa es un ámbito que no posibilita la interacción entre individuos provenientes de diferentes estratos sociales, las redes vecinales se vuelven ineficaces para generar oportunidades de inclusión, las instituciones y sus mecanismos de control pueden debilitarse ante la propia situación de desintegración, los jóvenes pierden contactos y la posibilidad de identificar problemas comunes y compartir modelos con grupos socialmente heterogéneos.
Cuando hicimos el diagnóstico, ¿te acordas? Estábamos peor que ahora porque veníamos del 2001 y sin embargo pudimos ponernos de acuerdo y trabajar bien. Ahora estamos más encerrados en nosotros mismos, estamos cansados, parece que nada cambia o se pone peor. ¿Cuántos pibes se nos murieron desde entonces? ¡Miles! Y seguimos sin poder cambiar nada, entonces ya ni te queres juntar (Referente barrial)
Estos procesos se conjugan para acentuar el aislamiento de los jóvenes, alejándolos de oportunidades para incrementar sus ventajas o activos para la integración social.
El creciente aislamiento y la estigmatización que recae sobre espacios de la ciudad como el que estamos considerando, se traducen de modo particular en las experiencias urbanas en que participan los jóvenes que residen en los mismos. Estas experiencias se configuran en buena medida a partir de una situación que podríamos llamar de encierro en los territorios en donde habitan, encierro al que los jóvenes van siendo conducidos por diferentes caminos (Saravi, 2004).
He observado que su cotidianeidad transcurre en su lugar de residencia, en los territorios de su barrio. El radio de sus desplazamientos se torna cada vez más reducido a medida que se multiplican y confluyen distintas situaciones que restringen la salida hacia otros territorios urbanos.
Yo no salgo más de la villa, acá estoy bien, tengo todo lo que necesito, conozco a la gente, la gente me conoce, para qué voy a salir si ya sé lo que pasa afuera (E7).
Hay restricciones de orden económico para salir, pero las más fuertes y que de alguna manera refuerzan el aislamiento de estos jóvenes son aquellas asociadas a distintas formas de discriminación en los ámbitos de interacción urbana. Como se desarrolló en otros capítulos hay en nuestra sociedad una predisposición a sospechar y a desconfiar de aquellos sujetos que pueden ser identificados como jóvenes pobres (Freie, 2008).
Una vez había en la plaza de Quilmes un festival de no sé qué, y muchos del barrio iban, y yo me mandé también, no duré ni hasta la estación de trenes que está cerca, todos me miraban, los de la calle, o no sé yo creí que me miraban, me puse nervioso y me volví, creo que caminé solo tres cuadras (E1).
Si bien encuentran dificultades para manifestarlo, estas experiencias producto de las interacciones cargadas de prejuicios, resultan dolorosas para los jóvenes y en la mayoría de los casos, los van llevando hacia una suerte de reclusión en sus barrios de la periferia, por el miedo a dichos actos de desconfianza o a las actitudes de desvalorización de que son objeto por lo que el establecimiento de vínculos interpersonales es casi imposible.
En las conversaciones que mantuve en el transcurso de la investigación, asoma constantemente la conciencia de pertenecer a un grupo socialmente descalificado y estigmatizado, y el malestar que ello provoca.
¡Raja de acá fisura! Eso yo siempre lo escucho, me hago el que no, pero lo escucho (E2).
Yo no tengo la culpa de que me abandonaron, que mi mamá era cualquiera, no tengo la culpa, pero me miran como si yo hubiese matado a alguien. No es así pienso yo. Hay gente peor que yo (E6).
En este sentido, cabe tomar en cuenta lo señalado por Kessler (1996) en cuanto a que la gravedad de ese estereotipo que asocia a los jóvenes pobres con males y peligros modernos, es, ante todo, que los jóvenes no son indemnes a él, y coincidiendo con al autor, es posible aseverar la idea de que la experiencia de malestar propia del estigma, sin dudas debe dejar sus marcas en quienes lo padecen.
No tengo amigos porque nadie quiere ser amigo de un fisura (E9).
…o sea lo que te quiero decir es que desde que nací nadie me quiso, hasta ahora nadie (E7).
Si ni tu vieja te quiere, quién te va a querer, y si encima sos pobre y te drogas, sos perdedor de una (E10).
Los jóvenes en este caso, están conscientes de estas percepciones asociadas con su historia, como así también sus vidas e interacciones cotidianas suelen verse afectadas por ellas. La carga identitaria que transportan los jóvenes como resultado de su ubicación social y espacial puede ser emocionalmente estimulante e incrementar un sentimiento de autoestima, pero, como señalan Elias y Scotson (1994), también puede convertirse en fuente de rechazo.
Ante la percepción y experiencia de la propia exclusión los jóvenes responden construyendo un espacio interior de integración como es la esquina, que paradójicamente acentúa los procesos de fragmentación y segregación urbana.
Es en estos espacios territoriales donde los vínculos que se construyen son débiles que se van estructurando los proyectos de vida de los jóvenes.
11.4.1. El Proyecto de vida y la perspectiva de futuro
Un proyecto de vida implica poder pensarse en el futuro considerando un abanico de posibilidades para sí mismo. Según Guichard (1993) para construir un proyecto es necesario tener la capacidad para articular las tres dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. Se trata de
…una puesta en forma de los hechos pasados y presentes a la luz de una intención futura… formando una circularidad representativa (Guichard, 1993 p.16).
Estos proyectos, no pueden hacerse en un vacío social, dependen de las oportunidades y dificultades vinculadas con la estructura social. Desde ese aspecto, es posible inferir que las circunstancias en las que viven estos jóvenes no facilitan la construcción de sus propios proyectos. Especialmente aquellos jóvenes que evidentemente no tienen un capital económico, social y cultural, ven restringidas las posibilidades de desplegar estrategias personales y de realizar elecciones para su futuro (Castel, 1997).
El abandono precoz del hogar, la exclusión de la escuela, las situaciones de violencia, la falta de inserción laboral, el consumo de sustancias, han posicionado a estos jóvenes en una situación de extrema vulnerabilidad social lo que representa mayores riesgos para la integración. Pero se trata de un tipo particular de vulnerabilidad debido a que afecta fuertemente sus subjetividades y por lo tanto incide en sus proyecciones de futuro.
Los jóvenes manifestaron no tener ningún proyecto de vida y en gran parte de los casos, no hay nada que lo motive a seguir viviendo. El significado que le dan a la vida y a la muerte es diferente al que le daría otro joven. La muerte se convierte en una constante con omnipresencia en sus vidas.
Yo vivo el día a día, no tengo futuro porque si no me rescato un día no me despierto mas (E3).
Esa gilada de casarse y tener hijos no es para mí. Que tenga para el faso y para pasarla bien, con eso me alcanza (E7).
En parte la posibilidad de realizar proyecciones futuras tienen que ver con prever la situación laboral, sin embargo el –no- trabajo es una situación que atraviesa las trayectorias de estos jóvenes. Alguno de ellos ha tenido alguna changa en algún momento pero no es lo habitual. En su imaginario les gustaría tener un trabajo en blanco pero sienten que no saben hacer nada y que ya no pueden tampoco.
La mayoría de los jóvenes entrevistados seguirán inhabilitados para superar su situación si no se construyen instituciones que garanticen su inserción y su participación de forma permanente en los beneficios de la organización social.
Al situar el análisis, es preciso advertir que el desempleo, en realidad, es una de las tantas expresiones de un problema más complejo: los modos de inserción social de las personas y las formas en que se mantiene la cohesión en sociedades profundamente desiguales.
Como se expresó anteriormente, en esa esquina, se trabaja para los transas, sin decirlo de esa manera, es lo que ha sido visualizado y han contado otros entrevistados informales. Si bien los transas no son referentes a la hora de construir identidad, sí son proveedores de trabajo en un contexto de profunda crisis laboral y esto en la Villa es muy evidente a los ojos de sus habitantes.
Hasta hace no más de 5 años atrás, a los transas se los veía poco y eran pocos en el barrio. A partir de una razzia importante que se hizo en las Villas CABA, muchos de ellos se vieron obligados a relocalizarse. Esta Villa fue uno de los lugares que mas absorbió a esa población, por los medios de acceso rápidos que tiene y por la dificultad de moverse en ella. Es impresionante como cambió el paisaje, observo todo el tiempo ver gente circulando de otros lugares que vienen a comprar y se puede identificar claramente a los transas, que por las características de la Villa ya no necesitan ocultarse. Me da pena (Nota de campo. Abril 2014)
Las personas, y en particular los jóvenes pueden desarrollar sus capacidades en sociedad cuando tienen garantizadas ciertas condiciones básicas de existencia autónoma y no cuando dependen de la errática voluntad asistencial. La ausencia de los abordajes frente al problema de los jóvenes explica el fracaso e ineficacia de las actuales estrategias políticas que se preocupan solamente por perfeccionar los métodos para detectar y clasificar los distintitos tipos de desempleados (Jacinto, 2004; Urresti, 2000).
Por lo tanto al no haber proyecto de vida se ha cancelado la expectativa de futuro. El presente es la única dimensión de la vida. Los proyectos son sinónimos de futuro (Davila, 2005)
A veces pienso en el futuro pero ni quiero pensar tampoco a veces, porque de repente es como que me digo… ¿qué vas a hacer? a veces es como que tengo como dos personas que me digo -qué vas a hacer, no tenés nada… – O sea, no es que no tenés nada sino que mira cómo estás…, me da un poco de miedo…. Eso me lleva de nuevo a fumar, para no pensar (E5).
Este último aspecto es crucial en los procesos de desafiliación. No se trata simplemente de un desgaste de los mecanismos tradicionales de integración social perceptible para el observador externo, sino que los propios sujetos de este proceso pueden visualizarlo. Esto añade una dimensión subjetiva fundamental en todo proceso de exclusión social. Los jóvenes tienen una imagen negativa del futuro.
La ausencia de oportunidades y expectativas de movilidad social -lo cual puede traducirse en palabras de Castel (2012) tanto al final del camino, como en sus intersticios, en una situación de desafiliación o exclusión- genera entre los jóvenes sentimientos de incertidumbre y frustración, como también una profunda crisis de autoestima e identidad. Persiste en ellos una mirada desesperanzadora sobre su futuro personal. No hay posibilidades de desear.
No voy a mejorar. Ya lo sé. No tengo estudios, no tengo trabajo, me drogo todo el día. No hay nada más adelante (E2).
¿Para qué voy a querer algo si se que no va a pasar. Eso es de giles (E8)
Bajo estas condiciones y en contextos urbanos particulares, la expectativa de reinserción y reintegración es bastante compleja. Las narrativas de estos jóvenes ponen de manifiesto recurrentemente una sensación -y una experiencia- de agobio ante una realidad que resulta fuera de control y que los deja por fuera de cualquier posibilidad de proyección.
O sea, siempre me preguntan porque estoy en la esquina, porque me drogo, porque no hago otra cosa…entonces yo digo: pero que otra cosa buena hay. Porque yo estaré hasta la pera pero me doy cuenta de las cosas, estoy solo, no tengo a nadie, bueno estoy por lo menos acá, en la esquina con ellos, que me conocen, tomo, fumo y bueno, pero ¿Qué tengo mejor? No es que no quiero rescatarme, yo no digo eso, pero no se puede, entonces te escabias todo el día, llega la noche y seguís escabiando hasta que no dan más y te van a dormir. Y entonces se te pasó otro día, ¿Qué voy a hacer sino? (E9).
Claro que me aburro de no hacer nada por eso si fumas no pensas. Yo me siento mal a veces, no del cuerpo, como de la mente, porque no haces nada, no leo porque no sé, no miro tele porque no tengo ni escucho música… a veces pienso ehh el futuro, como voy a…como me voy a mantener, como voy a vivir…que voy a hacer…lo pienso pero no sé, me dura poco. (E4).






