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Reflexiones finales

Estas reflexiones finales se presentan recuperando por un lado las hipótesis como dimensiones fundamentales y estructurantes de todo este estudio, y por otro los hallazgos empíricos como correlato de las primeras. En dicho proceso, ha sido posible encontrar una unidad que ha permitido un recorrido analítico solventado en los hallazgos de esta tesis.

Desde el inicio de la investigación hasta la escritura de la tesis han pasado muchos años durante los cuales me he sumergido en la vida de los jóvenes, en sus vivencias y sentimientos, para poder comprender como transitan la vida en contextos de pobreza estructural y cuáles son las características especificas que adquieren los procesos de desafiliación.

Durante el trabajo de campo, a cada momento, en cada entrevista, emergieron múltiples heridas y daños de las experiencias vividas por este grupo, difíciles de transcribir o poner en palabra escrita. La formación de grado no me ha permitido muchas veces dimensionar el impacto subjetivo de esas vivencias pero las intuyo, las observo y en determinados casos las he acompañado.

Coexisten en los jóvenes las incertidumbres acerca de la subsistencia, las formas de preservar y cuidar a los que están cerca, de tener una vida digna, y de afrontar un futuro inmediato con algo más que precarias expectativas que siempre se ven frustradas. Frente a estas condiciones de vida, las intervenciones estatales oscilan entre el desamparo y la irrupción avasallante, entre el abandono y la criminalización, por eso las trayectorias de vida concluyen en procesos de desafiliación.

Actualmente han sucedido bastantes cambios en la Villa producto de la llegada de nuevos actores, expulsados de las villas de CABA, que producen y comercializan diferentes tipos de drogas. Se conocen como los peruanos. El consumo de paco ha aumentado exponencialmente y el grupo de la esquina se ha llenado de fisuritas. Estas variaciones no han podido ser incorporadas a la tesis, pero están como fondo de las conclusiones que se presentan aquí.

1. Sobre el sistemático abandono institucional

Tal como sostuve en los capítulos precedentes es central señalar que las situaciones de expulsión de las instituciones por las que transitaron los jóvenes -familia, escuela, hogares- no se producen en contextos aislados sino que son parte de un sistema más amplio que permite que estas expulsiones ocurran con sistematicidad. No es la suma de razones o circunstancias sino un conjunto de elementos que se encuentran en interacción de forma integral lo que produce nuevas situaciones con características que pueden o no ser diferentes a las anteriores, pero cuyo rasgo central es la persistencia en el tiempo.

Tal como sostiene Tuñón

El conjunto de acciones que los adultos de referencia de niños/as y adolescentes de una cultura realizan, para orientar el desarrollo de los mismos, se encuentran directamente relacionadas con el sentido dado a los procesos de socialización y de desarrollo humano (Tuñon, 2009 p.81).

En los casos de mi estudio la familia -quien es el primer agente de socialización- no ha podido cumplir con las funciones básicas de cuidado, de crianza y por ende de socialización. Los jóvenes de hoy han sido en su niñez víctimas de abuso, de violencia, de abandono parental y ninguna institución del Estado pudo protegerlos y ampararlos por lo que han visto cercenadas sus capacidades de desarrollo comprometiendo el curso posterior de sus vidas y su desarrollo integral.

La escuela y las demás instituciones tampoco lograron alojar la vida de estos jóvenes en sus primeros años de vida, entendiendo que estos no sólo requerían de alimentos que cubrieran las necesidades de su organismo biológico, sino que, para que este organismo se desarrolle, también necesitaban de otros estímulos que fueron negados. El abandono educativo guarda una clara correlación regresiva con la estratificación social de estos jóvenes en particular.

Como se desprenden de los relatos de los jóvenes, ellos provenían de familias con altos niveles de deterioro social y con una regresiva distribución de los recursos y oportunidades de desarrollo humano producto de factores estructurales que limitaron el acceso universal a recursos y oportunidades.

Esta situación amplió las desigualdades sociales por lo que determinó la falta de acceso a derechos humanos elementales, estructurando así el curso de vida, su futuro y sus posibilidades de desarrollo en condiciones de absoluta desventaja.

Estas desventajas en la desigualdad de oportunidades los ubicaron en un padecimiento subjetivo absoluto y en una situación de desventaja social e incumplimiento de derechos fundamentales difíciles de revertir.

2. La inexistencia de vínculos sólidos como mecanismo de exclusión y desafiliación

Una de las características que adquieren las TSA de los jóvenes de mi estudio es como he mencionado la fragilidad vincular. Vinculación que se extiende más allá de la familia y que además se ve obturada por las dificultades producto del consumo.

Los jóvenes se encuentran encerrados en un círculo reproductor de pobreza que por sus historias no pueden romper: no logran trabajos porque no tienen formación y no se forman porque han sido expulsados de la escuela. A ello se agregan las crecientes segmentaciones culturales, entre las que se destacan las consecuencias en su cuerpo y psiquismo producto del consumo permanente de sustancias.

El mantenimiento de la identidad personal y su conexión con identidades sociales más amplias es un requisito fundamental de la seguridad ontológica. Giddens con seguridad ontológica refiere a la conciencia de ser indispensable y básica para el desenvolvimiento como persona inserta en un mundo fiable, íntimamente vinculada con el carácter tácito de la conciencia práctica; con la puesta entre paréntesis que supone la actitud natural en la vida cotidiana, desde el cual se construye un sentimiento de realidad compartida de personas y cosas. Dejando de lado las cuestiones y el caos que acechan tras esa reproducción de fiabilidad, en relación a asuntos existenciales, relativos al tiempo, al espacio, las identidades, etcétera.(Giddens, 1997 p.32). Las tradiciones constituyen elementos centrales en el mantenimiento de esta seguridad, en tanto generan ligaduras emocionales fuertes, por ello

las amenazas a la integridad de las tradiciones son con mucha frecuencia experimentadas como amenazas a la integridad del yo (Giddens, 1997 p. 31).

En el caso de los jóvenes que participaron de estudio, la ausencia de posibilidades laborales -elemento constitutivo de integración de la sociedad moderna- ha ocasionado dificultades en la incorporación al mundo de los adultos, quienes a su vez ya estaban sujetos a una economía altamente precaria. Estamos hablando de jóvenes que no vieron trabajar a sus padres ni abuelos.

A lo largo de todo el trabajo de campo, tal como se ha presentado, se han podido identificar algunas características propias del proceso de desafiliación que traviesan los jóvenes partir de diferentes pérdidas:

a) La ausencia de  ritos de pasaje: anteriormente se sostenía que el momento en que el joven pasaba a la vida adulta estaba vinculado a tres aspectos, el primero ligado a la inserción laboral, un segundo aspecto enfatizaba la salida del hogar de origen y ligado a los anteriores un tercer aspecto era la constitución de una familia propia. Hoy ante la pérdida de todos estos ritos resulta difícil establecer y atreverse a definir de modo más o menos certero el momento del pasaje a la vida adulta configurándose una situación poco consistente y claramente anclada en adolescencia y en la juventud como períodos interminables.

Ante la dificultad de acceder a la madurez según el modo tradicional y dada la vulnerabilidad en la que se encuentran debido al abandono familiar que muestran, la sociabilidad se produce entre grupos de pares, e incluye a estos jóvenes en un grupo de pertenencia que los representa como los paqueros o fisuras.

Como rasgo novedoso, esta sociabilidad, adopta las prácticas y estéticas del mundo del consumo, que reafirman rasgos masculinos a través de una simbología de la dureza, la falta de emotividad y la acechanza constante de la muerte. Estas imágenes producen, hacia afuera, una distorsión de la realidad aumentando la sensación del peligro o amenaza que se liga a las imágenes que caracterizan a estos barrios (Rossini, 2003).

La contracara de esta nueva sociabilidad entre estos jóvenes es la desintegración social más general: tanto en la relación centro urbano-periferia, como en el debilitamiento de las relaciones intergeneracionales barriales, además de la ruptura de la confianza vecinal. Es decir se observa la dificultad de cimentar lazos barriales y códigos comunes.

Se agrega a lo anterior que las prácticas ligadas al consumo de drogas son también maneras de resolver, o mejor de atravesar, la ausencia de ocupaciones: el mero estar allí sin tener qué hacer y la simple, pero absorbente, actividad de pasar el tiempo.

De esta forma, la identidad de los fisura permite la reconstitución de un mundo común, de hábitos y valores compartidos que se distancian de las expectativas sociales generales, reemplazándolas por otras con las que sí pueden cumplir.

Una parte importante de la sociabilidad y las prácticas comunes están marcadas por la repetición, estas son para Giddens formas antitéticas a la indagación racional, que comparten algo con la psicología de la compulsión (1997 p.16). Las prácticas entre los jóvenes se basan más en la repetición que en la innovación tal como puede observarse en el consumo de alcohol o drogas día tras día, que parecen diluir en gran medida la temporalidad.

Por lo que podemos afirmar que hay elementos repetitivos que se acercan a la compulsión, pero también reflexivos que son los que hacen que aquella tenga sentido social.

La repetición cotidiana y el corte de perspectivas tanto espacial como temporal, es un mecanismo de control de la ansiedad que logra enfrentar en alguna medida el aletargamiento del proceso de madurez, las amenazas a la masculinidad, la retracción del futuro, en un espacio económico y social desaventajado (Rossini, 2003 p.101).

Las rutinas tienen una importancia psicológica básica para la seguridad del yo, porque proveen un medio para la estructuración de la continuidad de la vida en contextos cambiantes aunque esas rutinas, como se aprecia en este estudio, lleven a muchos de los jóvenes a situaciones límites inclusive la muerte.

b) La inexistencia de mecanismos de aprendizaje laboral: hace dos décadas atrás se aprendía a trabajar, trabajando. Los jóvenes que no tenían como perspectiva futura el tránsito por ámbitos educativos terciarios o universitarios, se unían a sus padres, abuelos, tíos, para el aprendizaje de ciertos oficios. Actualmente ya no hay trabajos decentes, ni siquiera relativamente estables, pero no solo para ellos, sino tampoco los hubo en su familia por lo que no podemos dejar de preguntarnos ¿Qué modelo tiene, cómo sabe y concibe el trabajo un joven que nunca observó a nadie con un trabajo digno en su familia? Autores como Perez Islas y Urteaga, (2001) suelen decir que para los jóvenes el trabajo se desdibujó como eje de la organización personal.

c) La pérdida de la escuela como espacio de integración: como señalan las estadísticas (Informe ODSA 2017) en la actualidad la educación resulta necesaria pero no suficiente para integrase al mundo social en general y al mundo laboral en particular. Los niveles de inclusión escolar son bajos para los sectores más empobrecidos de la sociedad y cuando los sujetos son incorporados a la escuela sin recursos genuinos es decir, sin condiciones mínimas de infraestructura, sin posibilidades de promoción educativa y sin posibilidades de permanencia se traduce en exclusión. Gentili (2012) se refiere a este fenómeno como situación de exclusión de un sistema educativo incluyente.

La educación no tiene valor para los jóvenes de este estudio y esto se constituye en uno de los mecanismos básicos de desanclaje que no permite el despegue de la actividad social en sus contextos localizados de interacción (Giddens, 1993).

En síntesis, estas tres pérdidas, abonan a la fragilidad de los vínculos dado que provocan que los jóvenes no puedan construir un proyecto personal porque frente a dicha realidad de oportunidades recortadas, se encuentran expuestos a una alta cuota de frustraciones y por ende, tienen poca confianza personal y baja autoestima; por lo que, volcar los pocos recursos que tienen en mantener las prácticas colectivas, especialmente de consumo, aparece como una decisión aceptable en el mediano plazo.

La perspectiva de futuro no existe entre estos jóvenes, la condición presente de existencia es la única posibilidad contra la incertidumbre y la reducción de la ansiedad que un proyecto de vida a largo plazo en un medio vulnerable puede ocasionar. De esta manera el futuro se vuelve extremadamente cercano y acotado.

Parte de las características que adquiere este proceso de desafiliación se encuentran ligadas a que no hay memoria que pueda organizar el pasado en relación al presente, y sin memoria no hay tradición. Esto es un elemento central en Giddens (1997) quien plantea que la propia tradición proporciona un marcoestabilizador que integra las huellas de la memoria y le da coherencia.

Los hitos o situaciones significativas que estos jóvenes recuerdan son meramente personales, hay una conexión débil entre la memoria colectiva y la memoria individual y siempre están asociadas a situaciones displacenteras.

Hay ausencia de mojones socio histórico que anclen la historia personal dentro de una narrativa más extensa. Cuando se diluye ésta última, las huellas de la memoria quedan expuestas en toda su desnudez y aparecen mayores problemas con relación a la construcción de la identidad y significado de las normas sociales (Peux, 2003).

Si bien pareciera un factor de otra índole y de una naturaleza diferente, la crisis del mercado de trabajo hace su aporte para colocar a los jóvenes de la investigación en una situación aún más crítica. La imposibilidad de conformar una identidad y trayectorias aceptables ligadas al trabajo conlleva a aumentar las dificultades de la redefinición de modelos identitarios y se dificultan aun más los procesos de integración. Esta es una situación que abona la fragilidad vincular.

He definido hasta aquí lo que considero que son las barreras principales que hacen que los vínculos no sean fuertes y configuren nuevas formas de sociabilidad. La existencia de dichas barreras ha generado en los jóvenes la necesidad de encontrar entre sus pares consumidores otro modo de interpretar la realidad, de ubicarse en ella y de posicionarse frente a los otros ante la ausencia o déficit de las instituciones tradicionales.

Entre los jóvenes la socialización a través del consumo, pone el acento en una fuerte presencia del cuerpo, como analicé en capítulos precedentes, en la cual intervienen hábitos y estilos bastante homogéneos y que generan peligros en su seguridad física debido en gran parte al riesgo del consumo desmedido de droga y alcohol.

Estos riesgos son fuertes productores de placer. Un placer que también tiene una impronta repentista y acotada. Lo que resulta en pautas culturales cortoplacistas, ligada estrechamente al presente y la inmediatez.

Se puede decir entonces que se constituyen nuevas identidades culturales que conllevan cambios cualitativos en las formas de sociabilidad generando una relación recíproca entre ambas.

3. Sobre el debilitamiento de las redes sociales y el aumento de la vulnerabilidad

Los jóvenes pertenecen a enclaves de pobreza estructural (Saravi, 2014) producto de las trasformaciones en la estructura social Argentina. Para Wacquant (2010) esta pobreza está asociada a una particular interacción entre fuerzas macroestructurales, espacio físico y políticas estatales, que no puede percibirse a simple vista ni es producto de una sola década, pero que han modificado el espacio público, especialmente en los barrios más vulnerables.

Como señalé en varios pasajes de la tesis desde su infancia, los sujetos entrevistados han transitado sus vidas sobre una acumulación de desventajas (Saravi, 2006) asociadas con desigualdades en la distribución del ingreso y en la estructura de clases de sus familias de origen. Estas desventajas han condicionado fuertemente los lazos sociales actuales y las posibilidades de transformar su situación. Como sostuve en capítulos precedentes esta acumulación de desventajas no es una cuestión azarosa sino que está sostenida por todos los actores privados y estatales que deberían velar por la protección integral de la infancia hasta los 18 años.

Los hallazgos de esta investigación muestran que estos jóvenes viven hoy en una situación de pobreza cuyo principal atributo es un alto riesgo de desafiliación que los va conduciendo inexorablemente a la exclusión y cuya manifestación mas clara es el abandono de sus propios cuerpos con las consecuencias que como hemos señalado eso conlleva.

Más allá de sus múltiples manifestaciones, la raíz de esta vulnerabilidad debe buscarse en el desajuste entre procesos de cambios estructurales, por un lado, y por otro las estrategias de la sociedad para responder al nuevo escenario producto de estas transformaciones, por otro (Saravi, 2006).

Los jóvenes iniciaron sus trayectorias de vida en un contexto de absoluto desamparo social. Esto está asociado a lo que se denomina en esta tesis siguiendo a Castel (2012) como proceso de individualizacióny que se manifiesta en la imposibilidad de anclar el curso de vida en normas y patrones tradicionales. El proceso de individualización es sumamente dependiente de los activos y oportunidades que se tengan a disposición por lo que en contextos de profunda desigualdad como los de esta investigación, tiende a exacerbar el efecto de desigualdades dinámicas, las situaciones y sentimientos de frustración y vacío y junto con ello el potencial entrampamiento en círculos de desventajas tal como menciona Saravi (2014).

Como lo señalan Fitoussi y Rosanvallon (1997), lo nuevo no son las desigualdades dinámicas, sino su persistencia y adherencia en las experiencias biográficas. El análisis de las trayectorias de los jóvenes muestra que esta persistencia impide enfrentar las desventajas que se les presentan. El aislamiento, el desempleo y la inestabilidad, y el creciente abandono del Estado, sintetizan estas transformaciones y dejan marcas en sus cuerpos sufrientes.

La vulnerabilidad de estos jóvenes constituye para la sociedad la amenaza de estar construyendo biografías de exclusión (Farias, 2016) y el desafío de hacer frente a una nueva cuestión social. El desamparo y la sensación de abandono están presentes en todos los entrevistados, abandonos que no son metafóricos sino reales.

El espacio social donde habitan los sujetos de la investigación, es una marca distintiva de deslegitimación social (Wacquant, 2008) lo que convierte a esos territorios en marginalidades avanzadas. Marginalidad avanzada es definida por el autor como un régimen de pobreza ascendente en las ciudades postindustriales, en el contexto del resurgimiento de la desigualdad de clases, el retroceso del estado de bienestar, la expansión del estado penal y la polarización espacial. Estas marginalidades tienen seis características, una de ellas es la fijación y estigmatización territorial caracterizados por la desintegración social.

En estos enclaves estigmatizados y desfavorecidos se suscitan una gran cantidad de emociones negativas y reacciones severas impulsadas por el miedo, la repulsión, el rechazo, que no hace más que fomentar el castigo de este tipo de marginalidades y genera impactos sobre:

  1. Los residentes de estas villas, ya que se corroe el sentido de sí mismos, se deforman sus relaciones sociales y se debilitan sus capacidades de acción colectiva.
  2. Los habitantes y los que tienen algún comercio, ya que la discriminación por lugar de residencia de parte de los posibles empleadores es una práctica habitual.
  3. El nivel y calidad de los servicios prestados que se van degradando consuetudinariamente y que serían inaceptables en otros sectores de la misma ciudad (salud, educación, agua, etc).

Por lo tanto, la estigmatización territorial no es una condición estática, un proceso neutral o un juego cultural inofensivo sino una forma significativa y perjudicial de acción (Schultz, 2004), que deja más vulnerables a los jóvenes que allí habitan.

El desarraigo sistemático, la fragilidad vincular y el abandono corporal son un cóctel que caracterizan las trayectorias sostenidas de abandono de estos jóvenes y que los han puesto en la puerta de la exclusión social.

4. Acerca de la constitución de TSA

Los hallazgos en el análisis de los datos finales de esta investigación me han permitido caracterizar los procesos de vulnerabilidad social y desafiliación de los jóvenes de esta investigación como Trayectorias sostenidas de abandono en un territorio que adquiere particularidades propias.

Sintetizando analíticamente puedo decir que si bien las características de estos jóvenes no pueden homogeneizarse, estas trayectorias comparten ciertos rasgos que podrían mostrarse de la siguiente manera y que ha sintetizado la Fundación Crear, desde le educación popular en sus años de trabajo con los jóvenes:

  • Imagen negativa sobre sí mismos

La vivencia sistemática de fracaso en sus procesos de inclusión social, el sentimiento de segregación y exclusión, la dificultad para la realización de procesos de identificación positiva con otros jóvenes, el exceso de tiempo libre improductivo se une muchas veces a una historia familiar e institucional que no les ha brindado la posibilidad de establecer procesos de socialización adecuados. Más bien, dichos procesos se encuentran signados por escasas posibilidades de diálogo y simbolización de sus experiencias desencadenando, en algunos de ellos, procesos de encapsulamiento personal y desarrollo de un sistema defensivo, desobjetivación y despersonalización donde lo simbólico que nos instituye como sujetos de la cultura se precariza y deforma.

  • Trayectorias educativas erráticas

Estos jóvenes han sostenido una presencia irregular en la escuela y muchos de ellos ni siquiera han asistido alguna vez. Además, en caso que quisieran asistir no cuentan con elementos básicos, (ropa, útiles, etc.) necesarios para la concurrencia escolar. A partir de estas y otras situaciones, los jóvenes se alejan, progresivamente, de los espacios de educación formal perdiendo sobre todo al llegar a la adolescencia, referencialidad con la organización escolar. No tienen trayectorias educativas sino algún recuerdo borroso de su paso por la escuela. De todos los entrevistados ninguno había concluido la primaria y solo el 50% dijo que asistió más de tres años.

  • Ausencia de vínculos con el mundo del trabajo

Ninguno de los jóvenes entrevistados ha tenido experiencias vinculadas al mundo de trabajoformal ni informal. Teniendo en cuenta la escasa demanda laboral existente en el mercado, se suma el hecho de que estos jóvenes no cuentan con estudios, capacitación, experiencia laboral previa y muestran, muchas veces, deficiencias en habilidades funcionales básicas, todos elementos que conforman una situación de desventaja en cuanto a oportunidades laborales.

  • Falta de inclusión en  organizaciones

Los jóvenes no perciben que las organizaciones comunitarias, juveniles, políticas, religiosas sean espacios de participación para ellos. Los datos producidos en las entrevistas, muestran que esto se debe en parte a que la desconfianza que tienen en general hacia las instituciones así como también a la cooptación y las prácticas relacionadas al clientelismo político que se desarrollan, en ocasiones a través de las organizaciones comunitarias, lo que coopera para que los jóvenes posean una escasa confianza y referencialidad respecto de las organizaciones barriales. Otro elemento que no resulta menos importante, es la ausencia de líderes socioeducativos en las organizaciones comunitarias con inserción valorada por los jóvenes y capacitados para trabajar con ellos desde una perspectiva territorial (Valverde Mosquera, 2008). Muchas veces los jóvenes no se ven como actores sociales con intereses sectoriales propios, y con la capacidad de provocar cambios en sí mismos y en los demás manteniendo así un proceso de adaptación activa a la realidad (Unicef, 2006). En esa línea argumentativa, Mosquera Valverde (2008), plantea que la gran dificultad para trabajar los derechos de los niños, niñas y adolescentes o realizar una intervención social desde el enfoque de derechos, aparece cuando se considera el tema de la participación, dado que, tal como plantea la autora, participar es en su esencia, expresión de poder, de capacidad y autonomía: aparecen entonces argumentos en los que los adultos plantean que los niños, las niñas y adolescentes no están preparados, que son inmaduros, que no asumen responsabilidades. Por lo tanto, antes de que participen tendría que haber un proceso de formación para que puedan primero dialogar con los adultos y luego participar, lo cual es falaz, dado que en el enfoque de derechos, el planteo central, es que se aprende a participar, participando.

Aquí la intervención social puede jugar un rol decisivo al momento de aportar en la generación de condiciones para la participación de los jóvenes, así como la de las personas adultas y en la posibilidad de promover diálogos intergeneracionales que pongan a adultos y jóvenes en situación de igualdad de derechos y dignidad en un espacio en el cual pueden establecerse como interlocutores iguales.

Estos jóvenes, se vinculan con otros que, manteniendo sus mismas condiciones de vida, han entrado en conflicto con la ley penal y se identifican con estos últimos como líderes, lo que sumado a la dificultad de evaluar realísticamente la relación entre medios y fines propia de la adolescencia, más la incidencia negativa de los medios de comunicación que exacerban los incentivos a consumir, el facilismo y los parámetros de éxito, conforman un cuadro en el cual la satisfacción de las necesidades a partir del delito constituye una posibilidad cierta y concreta para estos jóvenes. Por otra parte, no es menos cierto que la comisión de delitos, enfrentar a las autoridades o subvertir normas establecidas por estas, los posiciona en espacios de poder y liderazgo dentro de los grupos de pares que conforman.

Los resultados han permitido otorgar visibilidad a una problemática compleja y que requiere la intervención de múltiples actores.

5. Acerca de los aportes para la intervención del TS

Si bien no es tema especifico de esta investigación, la intervención profesional con esta población es muy importante por lo que se considera la necesidad de reflexionar sobre cómo pensar desde la disciplina los procesos de integración en las manifestaciones de la nueva cuestión social (Rozas Pagaza, 2011).

Las trayectorias personales o familiares de los sujetos con los cuales interviene el trabajador social constituyen un dispositivo importante a ser tenido en cuenta a la hora de diseñar intervenciones.

En la reconstrucción de las trayectorias se priorizan muchas veces, aspectos vinculados a las condiciones de vida materiales actuales de las personas descuidando los aspectos simbólicos y subjetivos que resultan significativos y adquieren fundamental importancia a la hora de intervenir. Una posible explicación de la tendencia a valorar y registrar sólo aspectos materiales, lo tangible, lo observable, deviene de la tradición tecnológica que impregnó la historia profesional.

Rosanvallon (1995) plantea que es necesario recurrir, cada vez más, a la historia individual de los sujetos -a sus familias, a sus trayectorias, a los procesos que los afectaron-, considerando que, en lugar de disponer de recetas generales aplicables a todos los casos, resulta indispensable desarrollar capacidades singulares ante situaciones que son singulares.

La actual cuestión social reclama otro tipo de conceptualizaciones. El conocimiento de la vida cotidiana de las personas es un componente inherente a la intervención profesional. Así es como, según Bourdieu (2011) la vida implica acontecimientos que están concebidos históricamente y suelen describirse, desde el sentido común, como un recorrido, como un trayecto o itinerario orientado con un comienzo y un fin, con un sentido lineal. Las entrevistas profesionales que indagan en la dimensión histórica generalmente se realizan trazando un recorrido en forma episódica o cronológica, es decir, se construye entre entrevistador y entrevistado un relato constituido por hechos ordenados en el tiempo.

En cada una de las historias relatadas convergen características y situaciones comunes, así como diferencias que le imprimen un carácter específico y particular a cada haz de trayectorias trazado por los agentes en el espacio social. Gutiérrez (1995) advierte

Pero, al considerar el sistema de relaciones sólo en su dimensión sincrónica, sin tener en cuenta la historia del sistema en términos de su estructuración y reestructuración de posiciones, y la historia incorporada al agente social en forma de habitus, pierde la posibilidad de explicar, por ejemplo, ¿qué es lo que hace que dos agentes que ocupan iguales posiciones en el sistema de relaciones actúen, sin embargo, de manera diferente? (Gutiérrez, 1994 p. 55).

Frente a la complejidad de la realidad se despliegan, consecuentemente, una serie de posibilidades de indagación que potencian un abanico más rico de alternativas de acciones profesionales, intervenciones que puedan captar o apropiarse de los recursos acumulados por los sujetos y los potencie.

Finalmente, otra cuestión interesante es la potencia misma del acontecimiento que supone el relato de sus propias trayectorias por parte de los sujetos. En este volver a contar se revive la historia y de esa manera, la persona puede evaluar, revisar, criticar acontecimientos, prejuicios o mitos que posee. Por lo tanto, el sujeto re-hace su experiencia anterior. Apelar a estos relatos suele ser insumo fértil en la intervención profesional, con el horizonte puesto en prevenir, anticipar o afianzar procesos singulares inscriptos en tramas sociales.

Quisiera finalizar con una poesía de Alejandro D´Orto que expresa poéticamente mi sentir frente a la situación de los jóvenes de mi investigación.

Desde el Margen

El margen es silencio. Oportunidad en blanco. Sala Inhabitada.

Lugar sin eco.

Quedan en el margen los que no han sido invitados al texto.

Lleva en su sombra, la potencial rebeldía de aquello que ha sido consensuado.

Es abismo.

Es invitación violenta a quebrar lo establecido.

Es grito, en la invisible transparencia.

Quienes habitan el margen profanan el texto,

lo incomodan.

Inexistencia plena que transgrede lo ya escrito.

El margen es lo que no hay, la caída de las letras.

Desde el margen se traza una utopía.

Desde el margen se ilusiona abandonar al texto.

Desde el margen es posible escribir una nueva historia,

o quizá,

otro camino.



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