Según Manuel, él viene de una familia desequilibrada que vive en la villa pero nunca ve: el padre es alcohólico y la madre ha sufrido daños cerebrales de origen epiléptico. Desde los siete años, padeció abusos sexuales por parte de su padre y de un tío. También fue maltratado física y verbalmente.
La madre denunció cuatro veces al padre: la primera, cuando él tenía siete años, pero la policía no hizo nada y los abusos continuaron. Cuando él se negaba, su padre la agredía físicamente. Su madre lo insultaba debido a los privilegios que su padre le concedía. Por ejemplo, si el alimento no alcanzaba para todos los miembros de la familia, sólo comía él y el padre. La madre siguió teniendo hijos con el papá y un día en una pelea el papá lastimó con un cuchillo a la mamá. Ahí fue cuando la policía intervino y el papá desapareció.
La mamá trabajó siempre fuera de casa y Manuel empezó a irse de la casa muy temprano y volver a la noche. Imagina que sus hermanas mayores cuidarían de sus hermanitos. Que no recuerda cuantos son pero eran muchos.
Hizo hasta segundo grado completo, pero cuando tenía que empezar tercero dejó de ir. No sabe por qué, nadie le dijo que fuera. Siempre lo gastaron porque decían que era “puto”, por eso nunca tuvo muchos amigos.
El momento más feliz para él dice que fue cuando un día que estaba sentado en el pasillo se le acercó “Tuco” y lo invitó a comer a su casa. El fue y se quedó a vivir bastante tiempo, Tuco le daba ropa y comida, y en la casilla había tele y baño. Se bañaba bastante. Era como un papá. A cambio le pedía “lo mismo que le hacía su papá”. No hubo problemas para él entonces. Ahí empezó a fumar por primera vez Paco. Tenía 11 años. Tuco le ofrecía siempre. Se divertían juntos. Un día lo mataron a Tuco. No sabe por qué. El se quedó en la casilla un tiempo hasta que vinieron otros a vivir ahí. Ya conocía a varios de los chicos de la esquina de acá así que se fue con ellos. Cree que un día se cruzó con su mamá, pero ella no lo reconoció. Actualmente tiene 17 años.






