Identificaciones políticas libertarias en Córdoba[1]
Gonzalo Vivas y Juan Manuel Reynares
Introducción
En este capítulo presentaremos una primera aproximación sobre algunas características del discurso liberal-libertario de Córdoba en los últimos años, en función de dos conjeturas concatenadas. En primer lugar, observamos la configuración, en los últimos años, de un campo específico por parte de expresiones ideológicas de derecha, distinto a otras fuerzas políticas locales y mayoritarias que, en décadas pasadas, tendían a absorberlas, tanto en términos organizacionales como simbólicos. En segundo lugar, advertimos que ese campo se caracteriza por una serie de paradojas alrededor de los sentidos imputados a la democracia, las organizaciones partidarias y, más en general, a la política, donde pueden observarse algunos de los principales rasgos de la subjetividad neoliberal contemporánea.
Respecto de la primera presunción, la configuración específica de un campo de derecha en Córdoba puede comprenderse a la luz de dos fenómenos: la emergencia pública de Javier Milei desde Buenos Aires, y las resistencias a las disposiciones gubernamentales en el marco de la pandemia de COVID 19. Al acumularse las demandas por mayor “libertad” y en rechazo de una dirigencia política considerada corrupta e ineficiente, se han multiplicado las condiciones de posibilidad para la construcción de actor político liberal-libertario, con un mensaje público que busca distinguirse de las coaliciones mayoritarias del sistema político cordobés.
Sobre la segunda suposición, al explorar dicho mensaje desde un horizonte ontoepistémico post-estructuralista y munidos de un herramental analítico-discursivo, nos interesa subrayar tres paradojas. Es decir, tres combinaciones contradictorias y sin embargo, consistentes en la argumentación de los sujetos, alrededor de los tópicos de la democracia, los partidos y la política. En el estudio de estas figuras se abre un espacio reflexivo sobre las derivas que trae esta impugnación contradictoria de la democracia y la política, enfatizando así el estatuto segregativo detrás de la convocatoria a una “batalla cultural”, con lo que concluiremos este capítulo.
Trayectorias de las derechas en Córdoba
La representación político-partidaria de una agenda de derecha ha sido fragmentaria e inestable en la Provincia de Córdoba durante el siglo XXI. Ello puede deberse, en parte, a la existencia de actores mayoritarios capaces de integrar sus principales demandas y mensajes, garantizando cierto acceso a cargos de gestión. El principal de ellos fue Unión por Córdoba, liderada por el Partido Justicialista (PJ) de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, desde 1998 (Closa, 2010; Reynares, 2017). Por ejemplo, la Unión de Centro Democrático (Ucedé), importante organización dentro del espectro liberal y con importantes resultados electorales durante los 90, se integró a UpC desde su comienzo.[2] Si bien esa relación fue intermitente, la capacidad de UpC para incorporar a varias expresiones menores del repertorio neoliberal y conservador se extendió a partidos como Acción por la República,[3] el Partido Demócrata Liberal, Primero La Gente, o el Partido Demócrata Cristiano en los distintos comicios, tanto provinciales como nacionales.[4]
Con la llegada del partido metropolitano Propuesta Republicana (PRO) a la provincia de Córdoba en 2013, surgió otro polo de atracción para estas organizaciones. El PRO, liderado por el entonces Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, fue capaz de conjugar una expresión política liberal-conservadora que, en 2015, encabezó la alianza Cambiemos, reuniendo allí a la Unión Cívica Radical a nivel nacional y a organizaciones que competían en solitario, como Alianza para una República de Iguales (ARI) (Vommaro y Morresi, 2017; Luna y Rovira Kaltwasser, 2014; Mauro y Brusco, 2016). En Córdoba se sumó Ucedé en años posteriores. De este modo, la mayoría de los partidos minoritarios del espectro liberal se han distribuido entre las alianzas protagónicas de la competencia electoral en la provincia. Ello es congruente con un diagnóstico generalizado sobre una tendencia del centro hacia la derecha del escenario ideológico cordobés desde hace, al menos, dos décadas (Reynares y Tomassini, 2016).
No obstante, desde 2020 aproximadamente, es posible observar la temprana configuración de una expresión liberal-libertaria en el escenario político mediterráneo, cuya traducción electoral es aún incierta. Consideramos que inciden para ello dos cuestiones centrales: por un lado, la ya no tan reciente pero intempestiva emergencia de posiciones liberales-libertarias, sobre todo y fundamentalmente nucleadas en torno a la figura de Javier Milei, en medios de comunicación y redes sociales; y por el otro, el rechazo a las medidas dispuestas por los gobiernos, especialmente el nacional, durante la pandemia de Covid-19. Precisamente, la figura de Javier Milei, cobró relevancia a partir de sus objeciones al ASPO: “Acorde al artículo siete inciso K del estatuto de Roma de 1998, el modelo de cuarentena que impulsa el Gobierno es un delito de lesa humanidad” (La Nación, 2020), o incluso aludiendo a cierta conspiración: “La cuarentena actual es una solución cavernícola ideada por los infectólogos” (Río Negro, 2020).
Las ideas liberales-libertarias aunaron sentidos en torno a una nueva resignificación y redescripción de la libertad que pone en tensión su relación con la democracia (Giordano, 2014; Morresi, 2020; Mudde, 2021; Forti, 2021; Stefanoni, 2021; Bolcatto y Souroujon, 2020). La libertad, según el repertorio libertario, ya no parece ser más aquello que el Estado garantiza y vela a la ciudadanía, sino aquello que el Estado le priva para efectuar el monopolio de la fuerza física arbitrariamente y, en el caso del ASPO, decidir quiénes son libres de circular y quiénes no. Esto es, una libertad en sentido restringido y estrictamente individual, por lo que las medidas implementadas no apuntaban a preservar la salud de la comunidad, como un bien común más allá de las prerrogativas de cada ciudadano, sino a limitar injustamente una autonomía plena: “Se usa la cuarentena como un mecanismo de represión” (La Nación, 2020).
La conjunción de estos fenómenos conlleva un desplazamiento del campo de la derecha local en lo que respecta al sistema de partidos cordobés: organizaciones como el PLR, la Ucedé y el Partido Demócrata se ubican debajo de la referencia de Milei y se ha planteado la presentación de candidaturas propias en los comicios locales de 2023. Estas transformaciones en ciernes del terreno electoral en la Provincia de Córdoba nos resultan interesantes. Más allá de sus posibles derivas institucionales y estratégicas, lo son por sobre todo a razón de las identificaciones políticas evidenciadas allí. Este desplazamiento permite vislumbrar nuevas representaciones de la agenda neoliberal, crítica de las alianzas vigentes y sus socios mayoritarios.
El enfoque teórico que orientó nuestro trabajo es la explicación crítica según lógicas (Glynos y Howarth, 2007). Partiendo de la asunción ontológica sobre el carácter discursivo de lo social (Laclau y Mouffe, 2004), esta perspectiva de análisis sobre un proceso de identificación política apunta a distinguir, en primer lugar, las lógicas sociales en tanto gramáticas donde los actores inscriben sus prácticas gregarias. En segundo lugar, las lógicas políticas que dan forma y movimientos a esas gramáticas a través de un doble proceso de articulación y exclusión. Y, por último, las lógicas fantasmáticas que provocan el agarre subjetivo de los sujetos a esas cosmovisiones y principios de lectura de su realidad socio-política (Glynos y Howarth, 2007: 133 – 164).
Buena parte de la investigación, cuyos resultados parciales exponemos aquí, implicó la realización de una decena de entrevistas a diversos militantes y adherentes del espectro liberal-libertario de la Provincia de Córdoba, realizadas entre los años 2021 y 2022. Inicialmente, visualizamos la imprecisión que conllevaba utilizar el anclaje en el Partido Libertario como referente empírico y fue desde allí que pudimos indagar más cabalmente cómo las expresiones fundamentalmente libertarias ocupaban diferentes espacios políticos-partidarios en la Provincia. En este sentido, la pregunta por la referencia de Milei fue central para poder elucidar los fundamentos de la adhesión a sus principios.
El análisis del corpus construido nos permitió rastrear qué sentidos se asigna, en la narrativa liberal-libertaria, a la práctica política, las organizaciones partidarias y más en general a la democracia. En función de la dinámica cambiante de las alianzas, donde se deja ver la trampa de la democracia, se inscribe allí una fuerte crítica a la figura del “partido”, tanto por su dimensión burocrática como por su escasa capacidad de transformación. El corolario de esta impugnación a la democracia y sus instituciones políticas permite caracterizar el componente autoritario de la “batalla cultural” que promueven diversos referentes liberales-libertarios.
La democracia en la encrucijada
Como veíamos en el apartado anterior, la figura de Javier Milei es central en la emergencia de una identidad política liberal-libertaria que se distinga de las grandes alianzas partidarias del sistema político provincial. De allí que nuestro estudio sobre las críticas a la política democrática y a los partidos comience por cartografiar brevemente cómo el principal referente libertario imputa de sentido a estas nociones. Éste es considerado el responsable de “despertar” a amplios sectores de la ciudadanía, poniendo en agenda temas o posiciones antes marginales en el espacio público o bien considerados como políticamente incorrectos.
Al explorar la gramática del mensaje libertario, se observa que la tematización de la democracia es infrecuente. En la última campaña previa a las elecciones legislativas de 2021, y en línea con otras intervenciones en el pasado, Javier Milei no respondía explícitamente ante las preguntas sobre su apoyo, o rechazo, al sistema democrático argentino. En estas ocasiones, introducía al interlocutor circunstancial al Teorema de Arrow (Canal Milei Presidente, 2018; Canal Todo Noticias, 2021). Acto seguido, comentaba que este economista ganador de un premio Nobel había teorizado sobre la imposibilidad de desarrollar un sistema colectivo de toma de decisiones que satisfaga las preferencias de todos los individuos involucrados. En otras palabras, la agregación de intereses particulares en una voluntad colectiva resulta imposible a priori, según una demostración matemática de un referente laureado del ámbito de la economía.
Esta respuesta de Javier Milei, anteponiendo a una lectura situada sobre el caso argentino un planteo generalizado y formal como el de Arrow, pone en cuestión el carácter esencialmente positivo de la democracia. Se inscribe así en una tradición del pensamiento económico liberal crítico de la democracia (Biebricher, 2018), que la acepta pero critica sus resultados. En efecto, luego de mencionar de manera imprecisa el teorema de Arrow, en un video de su Canal, Milei sostiene que “la democracia no es ninguna garantía de nada en principio” (Canal Milei Presidente, 2018).
Una alusión explícita y denigratoria de Javier Milei hacia la democracia se puede encontrar en uno de sus tweets. Allí, el diputado nacional cita la frase de James Madison (uno de los exponentes teóricos de los escritos liberales conocidos como “el Federalista”) que reza “Siempre que una mayoría está unida detrás de un interés o pasión común, los derechos de la minoría están en peligro”. La acompaña con el siguiente posteo: “Linda frase para esos PELOTUDOS que idealizan a la democracia y no conocen sus vicios ni el teorema de imposibilidad de Arrow…”. (Milei, 2018).
Aquí, una vez más, la referencia teórica, vinculada a la tradición del liberalismo político, es utilizada con un doble propósito. En primer lugar, el posteo critica a la democracia masiva, que supone un peligro para las minorías debido a las mayorías interesadas o pasionales. Esta caracterización moral de la democracia, distinguiendo mayorías malas de minorías buenas, resuena también en sus “vicios”. En segundo lugar, sirve para subestimar como estúpidos a quienes “idealizan” el régimen democrático, incapaces de juzgarla objetivamente, y así inhabilitados para cualquier diálogo o debate. La exclusión de los defensores “idealistas” de la democracia resulta absoluta.
El estatuto problemático de la democracia reside, para la gramática de Javier Milei, no sólo en la forma colectiva de organización, que resultará siempre incapaz para agregar intereses en una voluntad común, sino también en la imposición peligrosa de la mayoría frente a las minorías. Quienes no se den cuenta de esto sólo pueden ser estúpidos, por ignorancia —ya que “no conocen… el teorema de imposibilidad de Arrow”— o por necedad, en tanto “idealizan” la democracia. De este modo, podemos ver que la caracterización de la democracia, en la narrativa libertaria, se relaciona con una distinción entre aquellos que saben y aquellos que no, estableciendo una dicotomización radical que excluye del terreno de la legítima definición de lo público a quienes no comulguen con lo revelado por Javier Milei.
En el mismo sentido, se excluye a los representantes elegidos por el voto de esos necios o ignorantes, al cuestionar el sistema electoral, planteando que “… además es un voto obligatorio. Me parece que hay varias trampas. Entonces cuando vos vas y votás, estás convalidando esa trampa” (Canal Milei Presidente, 2018).
Al aludir a las trampas y al engaño en que cualquiera cae al emitir el voto, la identificación libertaria se vuelve consistente en tanto el sujeto se posiciona en la realidad social bajo la continua amenaza del engaño o del robo. Sin explicitarlo, el argumento se instala en el terreno de la sospecha: ciertas personas o grupos, han preparado dispositivos fraudulentos bajo los que se amparan sistemas políticos viciados. Allí, esas personas ganan a costa de incautos votantes, que “convalidan la trampa”. Sin nombrarlas directamente en este fragmento, Milei insinúa que son los políticos, reunidos en “la casta política”, los responsables de mantener la democracia. Ésta, tal como la conocemos, se vuelve un sistema fraudulento pergeñado por un conjunto de personas que pretende sostener sus privilegios mediante el consentimiento ignorante de la ciudadanía.
Como vemos, las repetidas referencias de Javier Milei sobre el carácter viciado de la democracia argentina se apoyan sobre una gramática anclada en la preponderancia absoluta del individuo autónomo, que es irrepresentable. Resulta imposible agregar los intereses de esos individuos en una voluntad colectiva. Se excluye del campo legítimo a los defensores de la democracia por necios o ignorantes y también a esos representantes, o los políticos en general. Constituyen una casta política que utilizan los resortes institucionales, tergiversándolos en su propio beneficio, engañando así al conjunto de la ciudadanía.
Los efectos performativos de la interpelación de Milei entre adherentes liberal-libertarios de Córdoba probaron ser notorios. Por ejemplo, en el siguiente fragmento en una entrevista a un militante y adherente libertario, se puede observar la interpretación explícita de las palabras de Javier Milei:
El tipo [Milei] lo dice […] y cómo ha penetrado su discurso […] hizo entender que el Estado argentino es una estafa. Milei nos hizo dar cuenta que existe una casta política, con un montón de privilegios. Ojo, no son sólo políticos, son también empresarios aliados, sindicalistas, operadores de la justicia. Es toda una gran asociación ilícita. (E1, comunicación personal, 08 de abril de 2022).
La trampa convalidada por el voto obligatorio permite sostener la estafa del Estado argentino por parte de la casta política. La narrativa que se produce entre el mensaje público de Javier Milei y la interpretación de sus adherentes, en su registro simbólico, se inscribe en una tradición teórica liberal crítica de la democracia. Sin embargo, la adhesión de la identidad libertaria no se produce, preeminentemente, por la persuasión de ese bagaje teórico. Más bien se vuelve consistente a través de algo más, de un orden más vinculado a la sospecha y el prejuicio. Alude allí a cierto sector particular que, más o menos en las sombras, estafaría, trampearía o robaría a aquellos que, como Javier Milei o sus seguidores, no serían representados.
Apresuradamente, a partir de este extracto podemos observar las tres lógicas constitutivas de un proceso de identificación tal y como lo plantean Glynos y Howarth (2007). En primer lugar, la lógica social se observa en la distribución específica de ciertos valores y disvalores, del individuo y la democracia masiva respectivamente. Esta grilla de sentidos se define por un juego de exclusiones, propio de la lógica política, que en este caso implica el rechazo absoluto de la casta y los “estúpidos” que la avalan, mayoritarios en una democracia viciada como la argentina. Finalmente, como acabamos de ver, la adhesión de quienes se identifican al mensaje libertario se sostiene sobre un relato estructurado en torno a cierta imagen de plenitud perdida. Ello impulsa a encontrar a los responsables de esa situación deficitaria, faltante, quienes habrían robado aquello que impide la satisfacción plena de estos adherentes libertarios. En ese punto, juega un rol central la denuncia de corrupción como un rasgo estructural del Estado y de quienes ocupan sus cargos principales:
Corrupción es todo, a ver, esas personas [los titulares de planes sociales] no son corruptas en sí… Son víctimas de un Estado que es corrupto, yo creo que si fuera gobernador no les pagaría 15 lucas [$ 15.000 argentinos] por mes o 20 lucas [$20.000 argentinos], no sé cuánto cobran la verdad, para que vayan y hagan piquetes. (E2, comunicación personal, 13 de octubre de 2021).
La corrupción, ubicua y omnipresente, se vuelve así la única responsable de una realidad dislocada. En el relato de este joven militante de la Ucedé, quienes reciben planes sociales son obligados a “hacer piquetes”, por parte de políticos corruptos. Aun sin saberlo con datos precisos, el entrevistado no tiene dudas de que son esos representantes del Estado quienes corrompen, dan dinero sin que haya una prestación laboral a cambio, y son los culpables de las dificultades experimentadas por los adherentes libertarios. De ese modo, el relato de estas expresiones políticas se vuelve consistente mediante una presunta lectura de un modo de ordenamiento social donde los políticos sacan ventaja de la necedad o ignorancia de las mayorías. La democracia es el nombre de esa trampa.
Lo partidario: entre la reubicación, lo accesorio y la novedad
Como expusimos anteriormente, la democracia -como sinónimo de la trampa- proyecta una condición paradojal ineludible sobre la naturaleza dual de la trampa: los adherentes liberales-libertarios critican a la democracia por aquello que encubre, pero buscan participar según sus reglas, aquellas de la competencia entre actores partidarios para la definición colectiva y vinculante de asuntos públicos. En ese sentido, la herramienta partidaria y los partidos políticos como el pilar de representación en un sistema democrático son expresión de tal contradicción. Por un lado, la necesidad de la estructura partidaria y la política como herramienta de transformación. Por otro lado, aquello que tensiona esa necesidad a partir de un “corrimiento” o desplazamiento de la política como intermediación. Es decir, al mismo tiempo que se los precisa, se los rechaza.
En ese sentido paradojal, observamos que los partidos se significan bajo tres figuras tensionadas entre sí y a que, a partir del análisis del corpus, las clasificamos como de reubicación, accesoria y de novedad.
En la primera postura de reubicación, se produce una operación de re significación de los espacios partidarios liberales existentes, reivindicando la herramienta política como instrumento, en favor de su ideario y bajo el cual complementa la “batalla cultural”, mencionada insistentemente por sus principales referentes públicos. En efecto, expresiones libertarias y conservadoras en Norteamérica, por ejemplo la denominada Derecha Alternativa o Alt-Right, y en Argentina especialmente influencers como Agustín Laje y Nicolás Márquez (2016), sostienen que, a pesar de haber sido derrotado el comunismo, el “marxismo cultural” dominó la escena occidental de tal manera que impuso los límites de lo decible y lo no decible, de lo correcto o incorrecto. En este sentido la transgresión a lo establecido (statu quo) cambió de dirección en el clivaje izquierda/derecha en favor de la última, y ocuparía el lugar parresiástico del “decir veraz”, aquella expresión política que “dice las cosas como son” en el terreno de más básico de la cultura.[5]
En torno a la centralidad de esta disputa cultural, la renovación de lo tradicional no se da aquí en la conformación de nuevos espacios sino más bien en “reubicar” aquellas tradiciones partidarias históricas. De ahí que sea reivindicada la trayectoria de la Unión de Centro Democrático (Ucedé) en los entrevistados al plantear que: “la Ucedé estaba llena de viejos, les llevamos una propuesta y la reactivamos” (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021).
La necesidad de remozar organizaciones partidarias anquilosadas se inscribe en un rechazo bastante amplio a los partidos de derecha existentes, sobre todo el PRO y la coalición encabezada por éste, Cambiemos. En ese sentido, estas organizaciones, al no poder definirse explícitamente como derecha o, dicho por uno de los entrevistados, al ser “gente de centro derecha con culpa” (E4, comunicación personal, 21 de septiembre de 2021), no pueden representar las nuevas expresiones liberales-libertarias. Todos los entrevistados señalaban que el PRO o Cambiemos expresaba una postura “tibia” del liberalismo, incluso, una “socialdemocracia de izquierda” a decir de los interlocutores: “Macri se parece a un radical, son tibios, ¿viste que los radicales son tibios?” (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021). El PRO es definido conforme al “progresismo mundial”, aquel que predomina culturalmente y que tiene por portavoces a los grandes medios de comunicación y a cierto “establishment” internacional:
Siempre noté un cierto nerviosismo [en el PRO] a la definición ideológica, siempre tuvieron culpa, si se definían como liberales, lo hacían en un ámbito liberal, si estaban en un ámbito de izquierda, se definían de izquierda, sentían culpa. (E4, comunicación personal, 21 de septiembre de 2021)
Parece ocurrir una “reubicación” en tanto estructuras más tradicionales, como la Ucedé. En esos casos, el partido parece representar cierta “seriedad” al poseer una trayectoria reconocible en el escenario nacional. La referencia ha sido “aggiornar”, en el sentido de actualizar, un espacio que parecía una herramienta potencialmente importante para conectar una militancia liberal-libertaria con un sello electoral de relativa envergadura sin esconder su definición ideológica. Por el contrario, es importante exhibir esa definición ideológica sin tapujos.
En caso de la segunda postura accesoria, el partido no se presenta en los entrevistados como la principal estructura de adherencia bajo la cual se cristalizan los valores, ideas, y condensaciones ideológicas. Lo partidario, es más bien como un espacio posible, entre otros, de confluencia, de cierto tipo de vinculación intersubjetiva, fundamentalmente virtual, en donde se discute, debate y comparten lineamientos en general que no necesariamente involucran las estrategias del partido como estructura de contención de esas identificaciones. Entrevistados de adscripción conservadora manifestaban su apoyo a referentes libertarios de otras provincias, planteando que “no todo espacio liberal responde a los mismos principios” (E5, comunicación personal, 07 de septiembre de 2021).
También interpretaban su propia militancia aclarando que no acordaban con todo lo planteado por las organizaciones en cuestión:
Yo ayudé a todo lo que era el armado nacional a Gómez Centurión, incluso estuve mucho tiempo manejando sus redes sociales, todo, para ayudarlo a impulsar un poco, es donde quizás yo más me vería identificado… no comparto ciertos elementos de su armado. (E5, comunicación personal, 07 de septiembre de 2021).
En términos generales, lo partidario se asume como “una instancia más” del proyecto político liberal-libertario, que debe ocuparse de “la batalla cultural” como de “la batalla electoral”, ya que “el espacio cultural está corrido a la izquierda” (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021. Las cursivas son nuestras). El diagnóstico es tal que lo partidario es insuficiente:
La socialdemocracia, la democracia liberal occidental que tanto han vanagloriado mucho, lo que ha permitido es que la discusión política se corra siempre del centro a la izquierda, naturalmente por cómo funciona la estructura cultural de izquierda. (E5, comunicación personal, 07 de septiembre de 2021)
Y no sólo insuficiente, sino que lo partidario, tal como ya hemos mencionado, comparte los vicios y obstáculos de la actividad política de modo integral: “Soy ferviente crítico del sistema democrático, para mí el sistema democrático es… es falaz en sí mismo.” (E5, comunicación personal, 07 de septiembre de 2021). O bien,
[En la política] se discutían nombres, candidatos, listas, no se tiraba una idea… Dentro del ambiente político, lo más que se puede discutir es eso… pero ya para mí… las discusiones que había dentro de la política, yo pensaba ‘qué voy a hacer acá adentro, qué voy a hacer yo acá, voy a perder el tiempo’, me quitaba tiempo. (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021)
A ello se agrega que el liberal-libertarianismo recela de la noción de “ideología”, ya que es expuesto como un “cuerpo de ideas”, que no puede reducirse a una estructura partidaria, sino que es, más bien, un estilo de vida:
El talante liberal… los liberales son hombres de acción… el liberalismo es una manifestación de la acción… es muy heterogéneo el mundo liberal, nos cuesta muchísimo encolumnarnos. Yo no idolatro personas, no me puedo poner ‘el jefe, bueno, me encolumno, y nos ponemos todos atrás’, no porque yo no sigo personas, sigo ideas. Creo en cosas, pero no en personas. (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021)
Estas expresiones liberales-libertarias son sentidas de modo tal que pueden, o no, derivar en la estructura del partido. El partido como tal, no funge como punto de articulación o condensación de las expresiones, de allí la figura accesoria de lo partidario. Más aún, en esta primera denominación de lo accesorio, aparece la noción de “batalla cultural”, esto es, de una relativa “militancia”, fundamentalmente virtual y no orgánica, bajo la cual ciertos actores sociopolíticos expresan su posición política-ideológica. En esta dirección, incluso, se amalgama la militancia virtual con cierto tipo de empleo remunerado a partir de la generación de contenidos culturales dirigidos a un público específico que contribuye con su suscripción mensual. Por ejemplo, en el caso de E5, señalaba que actualmente trabaja en YouTube.
Por último, una postura que podríamos llamar nueva o novedosa sobre la confluencia de las identificaciones liberales-libertarias y lo partidario bajo la lógica neoliberal. En esta postura, por ejemplo, observamos ciertos argumentos en torno a las estructuras partidarias tradicionales como “viejas” o “sucias”, motivo por lo cual, es necesario diferenciarse de ellas como también de abonar la creación de un espacio nuevo:
La sociedad quiere un cambio, pero no quiere formar parte de un partido porque la política es sucia (…) cuando le preguntas a los mayores de 40 o 50 años, cuando le preguntas porque no se afilian, te dicen que después de Alfonsín todos los decepcionaron. (E6, comunicación personal, 13 de mayo de 2021)
Esa decepción se expresa en sentido que “todos los partidos gobernaron y así nos fue” (E6, comunicación personal, 13 de mayo de 2021). Allí surgen las dificultades para constituir un partido nuevo:
Me choqué con muchos impedimentos externos, más del lado de la justicia electoral, por ejemplo, tener que juntar 4000 fichas en un tiempo determinado para ser partido. ¿no?, en una época del siglo XXI, donde todo se hace digital, es medio hasta frustrante te diría… (E6, comunicación personal, 13 de mayo de 2021)
Algunas de las organizaciones partidarias liberal-libertarias recientes en Córdoba, como el Partido Libertario, Republicanos Unidos o Ciudadanos atraviesan maneras similares de organizar lo partidario. Parece haber una tensión entre las viejas prácticas partidarias (mesas chicas, lineamientos generales, poca democracia interna, cronograma de actividades, afiliaciones, jerarquías, etc.) y los requisitos de acción inmediata de los jóvenes. Esta tensión entre nuevas y viejas prácticas se evidencia, por ejemplo, durante la pandemia y la dificultad de los militantes o “voluntarios” a la hora de organizar esas “viejas prácticas”, donde entra a tallar incluso la propia definición ideológica de lo liberal. Esto quiere decir que, si un militante no asume determinado compromiso, no será inducido ni exhortado a participar. De alguna manera, “cada uno aporta lo que puede” de acuerdo a su tiempo, porque “a veces no hay tiempo para eso” (E6, comunicación personal, 13 de mayo de 2021).
En la marginación de la figura partidaria, en la pretensión de reubicar partidos existentes, o bien en su innovación, el vínculo de los adherentes liberal-libertarios y las organizaciones aparece como dificultoso. Los requisitos y los compromisos de esas estructuras se interpretan como excesivos para los individuos, tanto en el tiempo que lleva, como en la pérdida de la posición original al adaptarse a las decisiones de otros, sobre todo las definiciones de las dirigencias partidarias. En ese sentido, señalaba uno de los entrevistados que, si bien muchos jóvenes se sentían atraídos por estas nuevas expresiones liberales-libertarias referenciadas en Javier Milei, consideraban no tener tiempo o no interesarles la incursión en la política partidaria.
La estafa de la política: ¿qué lugar para qué política?
Ahora bien, si la democracia es el nombre de la trampa bajo la cual se ordena un determinado conjunto social cuya expresión y representación principal son los partidos políticos. Y si estos están atravesados por una condición paradojal ineludible, entonces ¿qué tipo de política se cristaliza a partir de allí? ¿Qué lugar puede erigirse para una política que parece negarse a sí misma?
La articulación de estas dimensiones recién analizadas en el proceso de identificación libertario resuena al consultar entre activistas por la justificación de su militancia política. Para ellos, la política en sus carriles democráticos no tiene mayor utilidad, o bien corre el riesgo constante de ser objeto de artimañas por parte de aquellos miembros de la casta que se aprovechan de las buenas intenciones de sus militantes. De este modo, en la mayoría de las entrevistas, la política -en su formato democrático- se exhibe como inútil y perniciosa, capturada por intereses particulares y, por ende, espurios.
Esta percepción peyorativa de la política democrática puede observarse en los modos con que simpatizantes y adherentes libertarios significan su experiencia militante. La dedicación a la actividad política es planteada como parcial, sólo comprensible en un marco temporal acotado, y expuesta continuamente al riesgo de ser utilizada en beneficio del interés particular de algún “político”. A largo plazo, esa participación, enmarcada en un contexto democrático de competencia interpartidaria, no es efectiva y mucho menos eficiente:
Empiezo a militar un poquito, en la Ucedé […] me ofrecieron ser parte de la lista de concejales, pero ya para mí […] las discusiones que había dentro de la política, yo pensaba ‘qué voy a hacer acá adentro, qué voy a hacer yo acá, voy a perder el tiempo’, me quitaba tiempo… (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021)
… Para mí la política…nunca me gustó, nunca me terminó de cerrar… Para mí la política en sí, es un asco, acá en Argentina, en donde sea, siempre va a haber internas, siempre va a haber problemas, siempre va haber corrupción. (E2, comunicación personal, 13 de octubre de 2021)
La serie “internas – problemas – corrupción” que señala E2 marca un hilo conductor, donde la mera existencia de intereses particulares distorsiona desde adentro a la actividad política en su faz democrática. La interna, dispositivo fundamental de la democracia partidaria, es reducida como una disputa entre facciones, donde se expresan intereses espurios distorsivos de la actividad política. Producen inconvenientes e implican, mediante un desplazamiento naturalizado, la presencia de ilícitos bajo la denominación general de la corrupción.
Quedar enredado en una interna deja expuestos a los activistas a ser utilizados por algún interés particular. De modo persistente, la enunciación de los activistas se fijaba en una sospecha. Al comentar sobre una fallida primera experiencia en la política partidaria local, uno de los entrevistados relataba que se había enterado, por rumores, de probables ilícitos (lavado de activo y ser testaferro) por parte del candidato a intendente, M., de la fuerza en la que militaba. Ante la sospecha, decidió abandonar el espacio, intuyendo que:
Si bien nosotros teníamos todos los cabos sueltos, o sea no teníamos las pruebas, dijimos ‘che ¿y si nos están agarrando de bol… acá?», porque puede ser, «nos están agarrando de bol… para que nosotros vayamos al frente, después nos sacan del medio y se quedan con los cargos’ […] No por una convicción de querer realizar cambios, sino por poder, meramente por poder, por quedarse con el poder y un puesto en algún lado, y bueno, ahí nos fuimos a la bosta (sic)[…] decidimos disparar para otro lado […] y S. lo apoyó al M. así que se ve que algo tenían en común… (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021)
La denuncia por la deshonestidad de las personas involucradas en las actividades políticas contrasta con una interpretación inmaculada de la política: ésta se comprende como medio para transformar realidades, distinguiéndose de aquellas dinámicas de “poder” reducidas a la competencia y posesión de cargos. El recelo, como se observa en este fragmento, involucra a los propios miembros del espacio. “Meterse en política” implica exponerse a la traición, la utilización o la manipulación por parte de personas interesadas en defender intereses personales o sólo ganar dinero. Esto implica una desconfianza que se expande: quienes apoyaron al candidato M., como el caso de S., otro referente de ese espacio político, debe ser corrupto como el primero.
Y es allí, precisamente, donde radica el germen del defecto democrático de hacer política, en las personas que asumen la representación, y que son “vendehumo”:
La política es todo vendehumo, y yo soy un hombre de acción… La política es una manga de vendehumo, que dicen que hacen cosas y en realidad no hacen nada… tanto palabrerío… salen una fortuna [los políticos] y son una manga de inútiles. Sobran políticos, dicen mucho y hacen poco. (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021)
En este fragmento, y más en general en el lenguaje coloquial de Argentina, vender humo supone exhibir mayores resultados o aptitudes de las que en efecto se poseen. Quienes ocupan cargos políticos son impostores que sólo “dicen” pero no “hacen”, por ende son inútiles, y cuestan un dinero que no valen. La ineficacia, la ineficiencia y la falsedad se relacionan entre sí en una crítica frontal a las personas que hacen política, ya en su calidad más básica de intermediarios. Ello adquiere su máxima intensidad en el terreno de la definición económica, en tanto manejo de recursos finitos en un campo de necesidades infinitas. Como sostiene el mismo entrevistado: “es cuestión de gestionar bienes comunes donde no haya un actor de confianza, un intermediario que en este caso es el político” (E3, comunicación personal, 10 de noviembre de 2021).
La relación de confianza entre representados y representantes ocupa un lugar medular de los lenguajes teórico-políticos liberales, donde el origen y fundamentación moral de la obediencia radica en otorgar un voto de fe en personas que lidian con recursos y medios que no les son propios y cuyos resultados afectan al conjunto de la comunidad involucrada. La relación fiduciaria entre pueblo y gobierno implica asumir la incapacidad, en última instancia, del primero de encarar, por sí mismo, problemáticas colectivas. Llevado a cada caso particular, supone reconocer en el propio individuo un déficit que le obliga a entrar en una relación de sujeción temporal, si bien matizada por los procedimientos de control y responsabilización. En este punto, donde subyace un nervio de la teoría política moderna y contemporánea, no puede haber representación sin poder (Laclau, 1996; Duso, 2015).
No obstante, como observamos aquí, para los adherentes libertarios entrevistados, la relación entre representados y representantes corroe la imagen de plenitud que los individuos poseen de sí mismos. No sólo se denuncia la corrupción de la política en su formato democrático, mediante figuras como la suciedad, el barro o “vender humo”. Más allá, y más acá, de estos contenidos puntuales del reclamo, es la forma misma del sistema democrático moderno donde radica el problema: la democracia es falaz al requerir de la intermediación del representante, quien resulta imposible de confiar, pero no tanto por sus propios atributos, sino, más bien, por exhibir el rasgo incompleto del individuo representado.[6]
Establecida rígidamente la exclusión de la casta política corrupta, interesada y mentirosa, la política parece ser inútil para cualquier transformación de una realidad argentina interpretada como deficitaria, malograda, como lo plantea Milei al sostener que “Argentina constituye una democracia fallida” (Canal Todo Noticias, 2021). No obstante, los activistas libertarios intentan justificar su propia actividad proselitista, y al hacerlo, tensionan los sentidos imputados a la política.
En concreto, una tensión aparentemente irresoluble en el terreno de la política que, por un lado intenta por todos medios superarla/obturarla, y por otro, renovarla/continuarla. En definitiva, creemos que esto manifiesta de alguna manera un intento por construir un sentido de sociedad, de plenitud, con ausencia de conflictos negando lo político. En este impasse, para concluir, cabe la pregunta ¿qué lugar para la política? o incluso ¿qué lugar para qué política?
Política, no. La batalla cultural por los valores
Como hemos visto a lo largo del análisis de las entrevistas, la política democrática y las organizaciones partidarias ocupan un lugar paradójico, donde conviven una defensa de la política “pura” con una denuncia constante por la carga económica de “los políticos”, que no quieren perder sus privilegios. Frente a esta mirada peyorativa y al mismo tiempo paradojal de la política en la identificación liberal-libertaria, esta última parece vaciarse de contenido al asumirse en un terreno eminentemente moral. Algo así como una práctica de buenas costumbres, a partir de ciertos sentidos que articulan elementos consuetudinarios que exceden la naturaleza jurídica. La participación en la política bajo estas expresiones aparece como una cruzada por la cual podría re-encaminar a la misma en un sendero moral, de lo bueno y lo malo, bajo una idea del Bien y del Mal, y del Buen y del Mal vivir. Estas nociones del buen comportamiento se evidencian, por ejemplo, en términos como “honestidad”, “creatividad”, “innovación”, asociadas a un imaginario empresarial-emprendedor bajo el cual el individuo contornea la actividad política, desarrollándose en sus márgenes, y siendo coartado por ella.
El eje moral tiene cabida en tanto cierto sujeto oficie en representación del Mal y de lo Malo. El “mal”, puede cobrar la forma del “Kirchnerismo”, como señalaba un entrevistado, pueden ser “los zurdos”, o “Milagro Sala”, como mencionaba también una joven militante de la agrupación “Estudiantes por la Libertad”. Para estas expresiones, lo “Malo” se encarna en el progresismo occidental, la “socialdemocracia de izquierda” que ha provocado desorden, no solo agrandando el Estado (volviéndolo “fofo”) o interrumpiendo la libre circulación social/económica, repercutiendo en los incentivos y en los “mercados”, sino atacando y relegando, o directamente desestimando las instituciones tradicionales, como la familia o la religión.
Ahora bien, ¿cuál es el sostén de esa articulación de valores del bien y del buen vivir? Es decir, ¿en dónde se fundamentan? De modo preliminar, creemos que se fundamentan en una imperiosa necesidad de Orden, partiendo de una interpretación sobre la época bajo la cual las instituciones tradicionales, las costumbres, y las identidades parecen disolverse (Lyotard, 1991; Alemán 2016; Bauman, 1999). Por ende, es una demanda de Orden frente a un Caos reinante. Esta noción del Caos, de aquello desordenado, inconsistente, incontrolable, sostiene la política como actividad moral en tanto ella es el terreno mediante el cual puede edificarse el Orden. Sin embargo, por su carácter paradojal, la lucha será en vano. Por lo tanto, la “batalla cultural” es lo verdaderamente importante.
El desorden generado necesita Orden, pero éste no puede venir de la política, en tanto que el eje político está corrido a la centro-izquierda. Hace sentido, aquí, la referencia de las personas entrevistadas a Cambiemos como una alianza “tibia”, marcada por su integrante de la Unión Cívica Radical, que “no hizo lo que tenía que hacer”. La tibieza de Cambiemos no estaría dada por su falta de tenacidad, sino más bien en una cuestión “macro”. El eje político, al estar “corrido a la izquierda” llevó, por ejemplo, a que Cambiemos, durante su gestión nacional, diese lugar al tratamiento de tópicos sociales incluidos dentro de la agenda progresista, como por ejemplo la interrupción voluntaria del embarazo. De allí, entonces, la importancia de la “batalla cultural” por redirigir ese orden, apoyándose en el deseo de “despertar gente que necesita creer” (Laje y Marquez, 2016).
Entonces, la cuestión terminal nos lleva a reflexionar en qué puede soportarse una política de la negación, o más bien, una política hiper-moralizante que, en última instancia, acelera al extremo sus principios esenciales. Ello, por último, permite atisbar el tamaño del desafío que las nuevas derechas implican para las democracias contemporáneas.
Referencias
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Corpus de entrevistas
E1: Miembro juvenil del Partido Liberal Republicano, 35 años. Entrevista realizada el 08/04/2022 en Córdoba, Argentina.
E2: Ex militante de la Unión de Centro Democrático, 20 años. Entrevista realizada el 13/10/2021 en Córdoba, Argentina.
E3: Ex militante de la Unión de Centro Democrático, 30 años. Entrevista realizada el 10/11/2021 en Río Cuarto, Córdoba, Argentina.
E4: Ex militante de la Unión de Centro Democrático, 30 años. Entrevista realizada el 21/09/2021 en Río Cuarto, Córdoba, Argentina.
E5: Youtuber y miembro de la organización Fundación Libre, 35 años. Entrevista realizada el 07/09/2021 en Córdoba, Argentina.
E6: Militante del Partido Libertario y estudiante universitario, 20 años. Entrevista realizada el 13/05/2021 en Córdoba, Argentina.
- Avances de este trabajo pueden encontrarse en una ponencia con este mismo nombre, presentada en el XV Congreso Nacional de Ciencia Política, celebrado en Rosario en 2021, y en un artículo publicado en la Revista Uruguaya de Ciencia Política (Reynares y Vivas, 2023).↵
- Para una mirada general sobre la trayectoria política de la Ucedé cordobesa desde el retorno democrático, tanto en su dimensión organizacional como en sus persistencias identitarias, véase el capítulo de Páez, en este libro. ↵
- El partido Acción por la República, formado por el ex ministro de Economía Domingo Cavallo en 1997, tuvo presencia en Córdoba hasta 2015, integrando diversas alianzas, sobre todo UpC. Desde ese año, pasó a llamarse Partido Liberal Republicano (PLR), alrededor de la figura de Martín Carranza Torres.↵
- En este mismo libro, en el capítulo escrito por Reynares y Tomassini, podemos ver un análisis más detenido de la conformación de UpC a lo largo de su trayectoria política. ↵
- El término griego “parresía” significa literalmente, “decir todo” y suele traducirse como “hablar franco” o “veraz”. Según subraya Foucault a lo largo de un estudio de los modos de subjetivación en la Antigüedad clásica, en esa época la parresía política aludía a una toma de la palabra pública que buscaba, a partir de la exposición de una verdad, incidir en la ordenación de la ciudad, aun arriesgando la propia posición de quien la profería (Foucault, 2009). Aunque quede por fuera de los alcances de este capítulo, queda por indagar con mayor profundidad la posibilidad de una utilización cínica de la parresía en la enunciación de las nuevas derechas. ↵
- En este punto, sería factible arriesgar que en el rechazo a la mediación se puede observar el rechazo a cualquier instancia que ponga en evidencia la falla constitutiva del sujeto. Este, la renegación de la falta en la propia imagen de consistencia plena del sujeto, es uno de los rasgos contemporáneos de la estructuración del lazo social, tal como se ha subrayado desde enfoques teóricos variados (Lipovetsky, 2011; Zizek, 2007). En una profundización de sus efectos desde una mirada articulada entre la Teoría Política del Discurso y la enseñanza psicoanalítica lacaniana, hemos postulado la noción de subjetividad troll en el despliegue más general del pseudo discurso capitalista (Foa Torres y Reynares, 2020). ↵






