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Misiones evangélicas bautistas

Expansión y consolidación del culto en Norpatagonia (1980-1999)

Ana Noemi Victoria Moyelak

Introducción

En Argentina, el protestantismo se desarrolló en paralelo a la construcción del Estado nacional a finales del siglo XIX, inicialmente limitado a comunidades evangélicas vinculadas a iglesias[1] extranjeras (Bianchi, 2009; Garcia Bossio, 2019). La Constitución Nacional de 1853 favorece a la Iglesia Católica al establecer su sostenimiento económico (Mallimaci, 2015; Di Stefano y Zanatta, 2000). Sin embargo, entre 1880 y 1914, el protestantismo creció con la llegada de inmigrantes europeos, siendo estos especialmente británicos y alemanes (Botana, 2012). Durante la presidencia de Julio A. Roca, se consolidó el modelo agroexportador y se fomentó aún más la llegada de trabajadores europeos, muchos de ellos protestantes (Vezub, 2011).

El arribo de inmigrantes no católicos llevó a una mayor tolerancia religiosa en un contexto de secularización y anticlericalismo (Rocha, 2016). A pesar de que los protestantes eran vistos como ajenos, esta nueva postura estatal permitió a los evangélicos luchar por sus libertades civiles, destacando el pastor Pablo Bessón (Anderson, 1990). De esta manera, tuvo lugar el crecimiento del protestantismo en todas sus denominaciones, como los casos que conocemos de los valdenses (Schmuker, 2014), los anglicanos (Seiguer, 2013), metodistas (Amestoy, 2001; Bruno, 2005), los presbiterianos (Canclini, 1991) y la misión pentecostal escandinava (Ceriani Cernadas, 2011) por citar algunos ejemplos.

En relación a la rama bautista del evangelismo que abordamos en este trabajo, el año 1908 fue esencial en su trayectoria, dada la fundación de la Convención Evangélica Bautista Argentina[2], afiliada a la Unión Bautista Latinoamericana[3] y a la Alianza Bautista Mundial[4], con apoyo financiero y dirigencial de Estados Unidos (Rocha, 2012). Este organismo facilitó la expansión de las iglesias bautistas en Argentina, primeramente, en el centro y el norte del país, para luego expandirse a la Patagonia a partir de 1942, cuando la Convención apadrinó legal y económicamente a la Primera Iglesia Evangélica Bautista de San Carlos de Bariloche (Moyelak, 2023).

Existen trabajos sobre la presencia bautista en Patagonia. La tesina de grado “Hasta aquí nos acompañó Jehová: procesos de comunalización en la Primer Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche (1944-2020)” (2023), se analiza exhaustivamente el proceso de organización de esta Iglesia desde su fundación en 1944 hasta el año 2020, centrándose particularmente en los procesos de comunalización. Este enfoque histórico buscó contextualizar los sentidos de pertenencia que impulsaron su expansión y configuraron el perfil de un movimiento evangélico consolidado a nivel regional y local.

Siguiendo dicho trabajo, en la década de 1940, la ciudad de Bariloche recibió migrantes chilenos de ascendencia alemana en busca de oportunidades económicas. Estos hombres, que trabajaron en diversos oficios, inicialmente planeaban regresar a su país, pero muchos se establecieron permanentemente en la ciudad. En 1942, formaron una comunidad evangélica interdenominacional en el Barrio Estación, que empezó a recibir visitas de misioneros en 1944. La presencia de este grupo se difundió gracias a colportores que viajaban vendiendo publicaciones religiosas. En 1945, el misionero Romanenghi pidió a la Junta de Misiones en Buenos Aires enviar un misionero permanente, lo que llevó al envío del pastor Romero en 1946. La comunidad fue formalmente reconocida en 1952, cuando se construyó el edificio que hoy es un monumento histórico, marcando el inicio de su crecimiento continuo. Desde entonces, la Iglesia experimentó un crecimiento continuo de su membresía. A partir de la década de 1960, se diversificó su población, que pasó de ser predominantemente migrante a incluir también residentes locales, marcando una evolución significativa en su composición social. Luego de Romero, se sucedieron catorce pastores a lo largo de toda su historia.

El pastorado de Villazull, desde 1980 a 1999, representó un cambio significativo con la expansión de la Iglesia hacia áreas locales y regionales mediante obras misioneras. Este periodo estuvo también marcado por tensiones internas, especialmente debido a la influencia del movimiento de renovación, conocido también como neopentecostalismo, que introdujo nuevas ideas y perspectivas que entraron en conflicto con las tradiciones bautistas establecidas. Esto provocó divisiones significativas dentro de las iglesias evangélicas, afectando las relaciones interdenominacionales y complicando el diálogo entre ellas hasta la crisis del 2001.

El presente capítulo busca profundizar en este último periodo (1980-1999), con el objetivo de dar cuenta del modo en que las misiones evangélicas bautistas desempeñaron un papel fundamental en el esparcimiento y consolidación del culto en la región de la norpatagonia argentina, facilitando la expansión de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche hacia nuevos territorios urbanos y rurales. La hipótesis que sustenta este trabajo sugiere que las misiones evangélicas bautistas contribuyeron no solo al crecimiento numérico de la congregación en Bariloche, sino que también influyeron en la configuración social y religiosa en norpatagonia durante ese período específico.

Metodología

Este trabajo se enmarca en la investigación cualitativa, que es interpretativa, inductiva, reflexiva y multimetódica (Vasilachis de Gialdino, 2006). En este sentido, este trabajo opta por una diversidad de estrategias metodológicas, técnicas y fuentes. A continuación, describiremos brevemente cada una.

Con respecto a la primera, haremos mención de dos estrategias específicamente: el análisis de fuentes documentales y la construcción de fuentes orales (Vilanova, 1998). En el análisis de estas fuentes escritas, utilizaremos tanto el abordaje etnográfico de fuentes (Bosa, 2010) como la hermenéutica histórica, teniendo en cuenta no solo las características generales de todo texto, sino también aquellas derivadas de su género, función y narratividad. En relación a las fuentes orales (Vilanova, 1998), la adopción de la tradición de la historia de vida y los métodos biográficos (Mallimaci y Giménez Béliveau, 2006) será clave en tanto nos permitirá dar cuenta de las trayectorias y subjetividades de los actores sociales con los que trabajaremos. Este enfoque permite adentrarnos en los sentidos de pertenencia e identidad, a través de la propia experiencia de nuestros participantes a lo largo del tiempo y en las sociabilidades en las que las personas están insertas.

Respecto a las técnicas, se empleó la entrevista etnográfica (Guber, 2011) para producir que los participantes hablen de lo que piensan, saben y creen. En este caso, se realizaron 8 entrevistas, entre las cuales están la efectuada al pastor Villazul, además de las que tuvieron como protagonistas a otros referentes fundadores de las obras misioneras que se conformaron a lo largo del periodo que nos compete, lo que permitió indagar en los sentidos adjudicados a sus prácticas, sus creencias y sus propias trayectorias y memorias. Mediante estas entrevistas es que pudimos analizar las trayectorias desde un trabajo de actualización de memorias (Ramos, 2011) para abordar cómo los referentes reconstruyen sus vidas y dan sus interpretaciones de las relaciones sociales en las cuales están inmersas.

Por último, tenemos el trabajo con las fuentes. En este caso, se examinaron las fuentes documentales relevadas en el Archivo Institucional de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de San Carlos de Bariloche. El mismo, está compuesto principalmente de actas de asamblea, las cuales van desde 1942 hasta 1999. En total hay tres libros de actas, de los cuales tuve la posibilidad de acceder a dos. El acta de asamblea es un documento privado, formal y sin solemnidades en el que se plasman las decisiones que toman sus miembros en relación a diversos temas como la construcción de edificio, gastos económicos, propuestas de nuevas directivas de trabajo, establecimiento de los cargos al interior de las iglesias, etc. Este tipo de documento ilumina el modo en el que la comunidad se representa a sí misma colectivamente y constituye un recorte subjetivo del momento en el que se produjo la asamblea. En ese sentido, se diferencia de las entrevistas: si en estas últimas, “la vuelta” a los recuerdos se produce desde la memoria de uno mismo, en las actas, esa “vuelta” a esa memoria es de ese momento presente en el que ocurrieron y fueron narrados los hechos.

En función de lo anterior, estructuramos el capítulo en tres apartados: el primero, dedicado a recuperar el contexto urbano y social de la ciudad de Bariloche, y en el que se desarrolló el pastorado de Villazul; el segundo, centrado en el desarrollo de las obras misioneras locales; y el último, en las obras misioneras regionales.

El pastorado de Villazul y la expansión bautista en Norpatagonia (1980-1999)

La Patagonia fue identificada por la mayoría de los pastores que pasaron por el liderazgo de esta Iglesia como un lugar en el cual había que misionar y “evangelizar”. Desde la perspectiva de los actores, siempre era Dios quien los llamaba a venirse con sus familias, a buscar empleo y ver “cómo servirían al Señor” en aquel lugar. El pastor Villazull, no fue la excepción. En una entrevista, él contaba:

yo le dije a un pastor amigo que me encantaría ir como misionero al sur. Sentía que tenía que estar ahí, Dios me hablaba y me movía de esa manera, que, si iba a hacer algo con mi vida para Él, tenía que ser en el sur. No en el norte. Un día llega la carta de invitación de Bariloche, nunca me imaginé Bariloche como lugar de residencia pastoral […] esa fue la confirmación. Vinimos a conocer la Iglesia[5].

Según las actas, a Villazul lo convocaron ocasionalmente a predicar, con la intención de conocerlo. Finalmente, lo invitaron a ser pastor en 1986 cuando la Iglesia votó en asamblea y el “sí” ganó por unanimidad. De su recorrido pastoral, pondremos especial énfasis en la expansión del movimiento evangélico, a nivel local y regional. Pero antes de eso, haremos una breve contextualización de la situación que atravesaba la ciudad en el momento de su pastorado.

En San Carlos de Bariloche, durante la década de 1970, crecieron los cinturones de pobreza en las periferias, mediante la creación de nuevos barrios o la relocalización de otros existentes, que consolidaron las divisiones internas de la ciudad (Matossian, 2012). En este período se advierten nuevos flujos migratorios provenientes de países limítrofes –bolivianos y paraguayos, entre otros–, que se ubicaron en la periferia urbana (Barelli, 2013). Con el advenimiento de la democracia en 1983, continuó la afluencia significativa de migrantes latinoamericanos, proceso que alimentó la conformación barrial de los espacios periféricos, ubicados en las zonas más altas de Bariloche (Fuentes, 2005). De esta manera, surgieron barrios como Frutillar, cuyo loteo se había planificado desde los años sesenta, y Virgen Misionera, en el kilómetro 7 de la Avenida Los Pioneros. Por otro lado, en el marco del Instituto Provincial de la Vivienda (IPPV), se construyeron en cercanías de la ruta 258 (hoy ruta 40) los barrios Levalle, Sara Elflein y 400 viviendas. Posteriormente, a finales de los 80, se concretaron otras edificaciones estatales, así como barrios surgidos desde el impulso comunitario, como Cooperativa 258, Bella Vista, Nahuel Hue y San Ceferino entre otros (Fuentes y Núñez, 2007: 23).

En este nuevo escenario, se incorporó al imaginario local una representación social: “las dos caras” de Bariloche (Barelli y Azcoitia, 2015). Este binarismo discursivo operó en una dimensión espacial, marcando los lugares de pertenencia y los parámetros de visibilización que destacaron algunos lugares sobre otros. No es lo mismo la ciudad del centro/turística, “que mira al lago y que goza de mejores condiciones socioeconómicas anclada en la actividad turística”, que la ciudad del alto/marginal, “de espaldas al lago con una población que vive en condiciones desfavorables y en algunos casos de extrema marginalidad” (Matossian, 2012: 147-148). Si bien se reconoció y se reconoce la existencia de la pobreza y la marginalidad en la que se comprende a la migración latinoamericana, no por ello se los incluye, sino que se los visibiliza como “la otra cara” de la ciudad, que es preferible ocultar debido a que no forman parte de la “identidad barilochense” hegemónica (Barelli, 2013).

En esa coyuntura, el accionar de la Primera Iglesia Bautista tuvo una clara intención de responder a las necesidades de estos sectores vulnerables, especialmente a partir de la creación de nuevas obras misioneras. Este fue un periodo en el que se diseminó el culto evangélico: a nivel local, con las obras de Mutisia, Malvinas y Melipal, creadas en 1982, 1983 y 1985, respectivamente; y a nivel regional, con la fundación de las misiones de Alicurá –en 1982–[6], Piedra del Águila –en 1987–, Ñirihuau –en 1983–, Valle Verde –en 1988–, Villa la Angostura y Esquel –en 1992–. También hubo intentos de formar una obra en Dina Huapi y otra en el Frutillar, pero no pudieron conformar un grupo estable de miembros. De esta manera, lo que resalta es que fue un momento de mucha movilización por parte de los miembros de esta Iglesia por “salir afuera” del templo y responder ante las necesidades que encontraron en diversos sectores de la ciudad.

Esta expansión del evangelismo bautista en la región también fue posible por la llegada de misioneros provenientes de Estados Unidos. En el trabajo de campo me encontré en reiteradas ocasiones con el recuerdo de “los misioneros norteamericanos” quienes vinieron a varios lugares de la Argentina. En Patagonia se instalaron en Bariloche y en Esquel, con dos propósitos específicos. Como recordaba uno de los entrevistados:

el misionero William Miller. Lo mandaba Richmond, que es la misión norteamericana. Esa fue la época en la que venían misioneros norteamericanos a colaborar con la Iglesia. Fueron en total dos etapas. La etapa 1 fue cuando esos misioneros vinieron a colaborar con las iglesias en la obra y después la etapa 2 donde venían a plantar iglesias. Son dos cosas distintas[7].

El sobrante de dinero que tenía el organismo Richmond en dólares fue enviado por medio de estos misioneros norteamericanos a Argentina con el propósito de comprar terrenos en lugares estratégicos. Es así como durante este pastorado, esta Iglesia pudo adquirir inmuebles para la mayoría de las obras misioneras que formó. En el caso de la Primera Iglesia de Bariloche, el dinero estaba específicamente destinado al gasto en las obras misioneras que esta comunidad formó en los barrios de la periferia. Al respecto, el pastor Villazul comentaba:

si bien mandaban misioneros, era con el asesoramiento del pastor local que eligieron donde comprar, era un trabajo conjunto […]. Entonces en esa época tuvimos que comprar los terrenos de Melipal, que no tenían. William era misionero de la obra de Melipal, entonces ese fue el primero. La inflación fue tan grande y el dólar creció tanto que en lugar de uno compramos dos terrenos allí. Y sobró dinero. Entonces compramos un terreno en Anasagasti. Y sobró dinero. Le compramos dos terrenos a Mutisias. Y como sobró plata [risas] le compramos un terreno a la obra de Malvinas. Era una fortuna. Era tan grande la diferencia de dinero que pudimos comprar todo eso. Todo eso fue en esos años. Por eso fue una bendición que pase por la Iglesia. Al año justo, en 1988, William se fue a Buenos Aires[8].

En el relato de las actas, en 1983 se decidió comprar un primer terreno en el barrio de Mutisias[9], mientras se adquirió uno colindante en 1987[10]. Ese mismo año se compró en el barrio Melipal el inmueble de la actual iglesia [11], que se edificó rápidamente en 1991[12], siendo la primera obra misionera que contó tanto con una propiedad como con un establecimiento propio. El misionero norteamericano William era el encargado de aquella obra. En una asamblea en febrero de 1985 se barajó la posibilidad de comprar un terreno o una casa en el barrio de Malvinas[13]. En diciembre de 1988, la obra en Malvinas ya contaba con su propio inmueble[14], aunque la construcción del actual templo comenzó recién en 1990[15].

Antes de continuar, es necesario aclarar categorías propias del ámbito evangélico, específicamente de la rama bautista, en relación a la acción de misionar, es decir, de anunciar el mensaje del evangelio a personas de otros lugares con la intención de expandir el movimiento. Generalmente, el proceso de constitución de una iglesia pasa por cuatro etapas: obra misionera, anexo, iglesia independiente y, por último, iglesia madre[16].

Cuando se habla de obra misionera, se está haciendo referencia a un movimiento que empieza a formarse en un lugar donde ninguna iglesia tiene testimonio, de la mano de un grupo de hermanos que comienzan a reunirse, en la mayoría de los casos, en las casas de los miembros. Esto tiene relación con el trabajo pionero en un nuevo lugar.

Cuando la obra misionera comienza a crecer, tanto en el número de miembros como en la cantidad de áreas ministeriales que ha podido desarrollar pasa a ser anexo. Para este momento, el grupo ya cuenta con un pastor propio. Por lo general, un anexo siempre está en dependencia, ya sea de un organismo, como lo fue la Convención para esta Iglesia –según lo que explicamos en el primer apartado–, o de lo que se entiende como iglesia madre, que explicaremos a continuación. La dependencia es principalmente económica, ya que estas obras aún no tienen una cantidad significativa de miembros como para permitir el solvento económico del grupo, el mantenimiento del edificio, entre otros gastos. Las comunidades en esta situación deben enviar informes con regularidad a la iglesia madre para que la asamblea de miembros tenga conocimiento de su actual situación[17]. Como lo explicaba el actual pastor de la Iglesia:

sabemos que los ejes básicos de toda iglesia bautista son el gobierno congregacional, la autonomía y la independencia. Toda iglesia bautista es autónoma e independiente y esas son las iglesias que buscamos desarrollar, no otras. Entonces se la acompaña a la obra misionera en un proceso de desarrollo de crecimiento, en donde la obra aprende a llevar sus asambleas adelante y de esa forma la obra va a prendiendo un camino de autonomía e independiente[18].

La constitución de un anexo en iglesia independiente no obedece a una norma explícita vinculada con la cantidad de miembros o de años de existencia. Es la iglesia madre la que determina, mediante debate en asamblea, si ha de darse lugar a la constitución de una nueva iglesia o no. Por lo general, el criterio utilizado es la capacidad de esa comunidad de haber desarrollado al menos los cinco ministerios básicos de la iglesia y el solvento económico de la misma. Una vez constituida en iglesia independiente, se espera que esa comunidad comience a formar nuevas obras misioneras en otros lugares, sea al interior de la misma ciudad o en la región, para comenzar el ciclo nuevamente, pero ahora desde un nuevo rol. Realizadas estas aclaraciones, a continuación, desarrollaré brevemente el surgimiento de las obras locales para luego pasar a las regionales.

Obras locales: Mutisias, Malvinas y Melipal (1981-1999)

La obra del barrio de Mutisias inició en el barrio vecino, llamado el Pilar. Según comentaban los entrevistados, comenzaron yendo los jóvenes de la Iglesia con la intención de realizar actividades con los niños. Aún en este momento, resonaban las enseñanzas del anterior pastor, Tabares:

lo que sí, [Tabares] fue el que nos motivó a trabajar, a tener una visión y una actividad más misionera, nos alentó y lo más importante es que nos dejó la semilla. Por eso empezamos a ir al Pilar, él fue muy importante, nos inspiró[19].

Las actividades no se realizaban en el mismo barrio del Pilar, sino que se convocaba a los niños en un determinado lugar de ese vecindario y se los llevaba con un camión de uno de los miembros de la Iglesia al edificio del campamento de Ñireco. Allí ejecutaban lo que denominaban Horas Felices, que incluía la proyección de historias bíblicas. Luego, los volvían a llevar al Pilar. Una “Horita Feliz” es una actividad para niños e inclusive en algunos casos pre-adolescentes en la que se realizan juegos, canciones, dinámicas y demás, con el propósito de transmitir un mensaje de esperanza basado en la fe y principios cristianos. Al respecto, este era el recuerdo de una de las entrevistadas que en su momento fue encargada de aquella obra, junto con otras personas:

para todo el que quería ir, iba a estar el camión a tal hora en tal lugar. Ese era el anuncio que íbamos haciendo por el barrio. Hicimos bastante eso, iban más bien chicos porque era más lío para las señoras subirse en el camión. Después dejamos de hacer eso. Dios nos libró de una manera, mira… ahora cuando me viene la imagen de los 35 pibitos apretados atrás en el camión de Freddy. Mira si chocaba!! Nono, Dios nos salvó de una desgracia, pero así eran las cosas en ese momento, no es como ahora que se mide todo, para todo hay un papel, un permiso[20].

Años más tarde, otro de los congregantes de la Primera Iglesia que tenía un terreno en Mutisias, lo ofreció como espacio temporal de culto, junto con una casilla que había allí para tener las reuniones[21]. Por su parte, un matrimonio de la Congregación del centro, en ese momento recién casado, se ofreció como encargado de la obra. Como la casilla en la que tenían lugar las reuniones estaba en mal estado, la Iglesia decidió comprar una prefabricada. Nuevamente, en las entrevistas abundaban las referencias al trabajo de construcción de los jóvenes sobre aquel lugar:

se compró, [la casilla] de madera, toda la Iglesia trabajó por muchos meses, los jóvenes a forrarla, ponerle las ventanas… Íbamos después del horario del trabajo, no había problema, no lo sentíamos como trabajo, para nosotros era como ir a divertirme con mis amigos. Mientras laburamos, ahí pasaban los chicos del barrio y preguntaban “Señor, ¿qué van a hacer acá?”… “¡una casita!” le decíamos, para tener reuniones para los niños. Para los niños porque fueron los primeros miembros de Mutisias que tuvimos [risas] luego empezamos a salir al barrio contándole a la gente, que éramos de la Iglesia[22].

Esta obra fue inaugurada el 6 de noviembre de 1981. Entonces se inició el trabajo con los niños del lugar. Paulatinamente, los jóvenes que trabajaban con los niños del barrio Pilar (y que nunca dejaron de trabajar con ese grupo, a pesar del cambio barrial) comenzaron a conocer a los padres de esos chicos y descubrieron que la mayoría de ellos habían sido residentes del barrio del Pilar, pero que se habían mudado a Mutisias. Este dato se pudo reconstruir desde la siguiente memoria:

así empezamos todos los sábados para los niños hasta que un día los padres nos preguntaron “¿y para nosotros, cuándo va a haber reunión?” porque los nenes hablan. Ellos en sus casas contaban las historias bíblicas que nosotros contamos y muchos de ellos fueron los que llevaron de esa manera el mensaje de Jesús. Aparte siempre los visitábamos. Después hicimos reuniones de mujeres, todo en esa casilla, en distintos horarios y cuando se nos hizo chico, comenzamos a hacer dos reuniones por día[23].

Hacia 1987, cuando el número de miembros creció, se compraron dos terrenos, utilizando los fondos provenientes de la misión norteamericana que mencionamos anteriormente:

la Iglesia bancó un montón la obra. Después vino alguno de los misioneros norteamericanos que anduvieron en una época, con ellos se compró los terrenos, venían a ver para invertir. William Miller, él era de Estados Unidos, y venía con ofrendas específicamente para eso[24].

Finalmente, en 1991 la obra de Mutisias –que persiste en la actualidad– se constituyó en iglesia y quedó como pastor Antonio Herrera, proveniente de Santa Fe.

Imagen 3. Mapa de las obras bautistas fundadas a nivel local
durante las décadas de 1980

Fuente: elaboración propia[25].

En lo que refiere a la obra de Malvinas, lo que más resaltó en las conversaciones con los actores fue la situación precaria en la que vivían aquellos que asistían a este lugar. Esto además de la presencia mayoritariamente de niños. Una anécdota del pastor Villazul nos ofrece una descripción no sólo de la población de ese barrio que asistía a la obra misionera, sino del tipo de situaciones con las cuales debían lidiar:

todos rojos, paspados, con mocos, sucios. Si Mutisias ya era pobre, en Malvinas era peor la situación. En el aniversario me agarraron las cinco hermanas Iturra y charlamos un montón. Malvinas se reunían en una piecita chiquita. Cuando fue el cumpleaños 15 de Blanquita y fuimos a hacerle el cumple, todos los de la Iglesia. Y entró un borracho. El hermano Pinda no lo dejó entrar al cumpleaños sino que vino y me dijo que estaba buscando un pastor. Entonces salgo y el tipo sacó dos cuchillos enormes. En un momento no lo pudimos controlar y entró al cumpleaños y le afilaba los cuchillos en la cara a mi esposa y le decía “sabe qué señora?” por la gracia de Dios el tipo se calmó y dijo que quería cortar la torta. Entonces lo calmamos, lo mandamos a su casa, que descanse. No hizo más que salir por la puerta, lo agarró enseguida un patrullero y lo tiraron contra el patrullero, lo palparon, lo metieron a la fuerza y se lo llevaron. Y ahí nos enteramos después que antes de que llegue al cumpleaños se había metido a una casa y había intentado violar a una chica y el padre re caliente lo denunció y ahí vino el patrullero. Así era en Malvinas, esa era la realidad con la que nos chocamos todo el tiempo. Para que te des una idea, había que meterse por la mitad del campo para llegar hasta allá. Hoy son todo casas, ya ni sé cómo se llega. Eran todas obras que ya estaban cuando llegué[26].

Por último, está la experiencia con la obra misionera ubicada en el barrio Melipal. La población de la Primera Iglesia de Bariloche siempre se caracterizó por albergar personas de distintos barrios de la ciudad. En 1985, varios de sus miembros eran residentes del barrio del Melipal, ubicado a cuatro kilómetros del centro de la Bariloche, en el faldeo del cerro Otto. Estos miembros asistían los domingos al culto que se dictaba en el edificio de la Iglesia, pero durante la semana tenían sus reuniones de oración en las casas del barrio, primero a cargo del pastor Villazul y más tarde, de los misioneros norteamericanos. Así lo relataba uno de sus miembros:

usábamos las casas porque no había edificio, se hacían las reuniones de oración en ellas. No teníamos ni edificio y tampoco estábamos constituidos en iglesia, aún éramos obra misionera. Fue una experiencia de crecimiento hermosa. Más allá de que cuando nos reunimos teníamos el té, siempre había un hambre de la palabra de Dios, yo lo notaba en la gente, no era solo comer y vernos, sino conocer a Dios[27].

En una asamblea en el mismo año, solicitaron constituirse como un anexo de la Iglesia, y disponer de sus diezmos y ofrendas para el alquiler de un lugar propio en aquel barrio, donde pudieran reunirse, lo cual rápidamente se aprobó[28]. Como encargado quedó uno de los misioneros norteamericanos. Como mencionamos anteriormente, en 1987 se compró el terreno de la actual iglesia y se edificó rápidamente en 1991, con los fondos provenientes de la misión norteamericana[29]. Una vez construido el edificio, el misionero que estaba a cargo de la obra, comenzó a mover los hilos para que Melipal se constituyera en iglesia independiente de la Iglesia madre.

Desde el recuerdo de la mayoría de los miembros, esta independencia se dio en un contexto de tensión y ruptura, dado que la Iglesia local redefinió las ideas que los misioneros norteamericanos tenían respecto de la inversión del dinero proveniente del exterior en función de sus prioridades. En general, estos misioneros mantuvieron una comunicación estrecha con las iglesias locales sobre cómo utilizar los fondos provenientes del exterior. Sin embargo, sus planteos no fueron aceptados en su totalidad. A través del trabajo conjunto con las Iglesias de Bariloche y Esquel, se adaptaron esas ideas según las prioridades locales, ajustándolas a las necesidades y perspectivas de cada comunidad. Lo local, en definitiva, reformuló esas ideas globales para alinearlas con sus propios intereses (Escobar, 2000).

No obstante, uno de los mayores puntos de tensión entre estos misioneros norteamericanos y la Iglesia local, fue con respecto a la transición obra misionera-iglesia independiente. Como explicamos anteriormente, en el ámbito de las iglesias bautistas este es un orden, con etapas pre-establecidas que se obedece y sigue a la hora de conformar iglesias independientes y autónomas. Por otra parte, si bien no hay un tiempo preestablecido de duración para cada una de las etapas por las que pasa una obra bautista hasta constituirse en iglesia independiente, es un proceso que suele tomar varios años. Esto entraba en tensión con el modelo que sostenían los misioneros, cuyos tiempos de transición eran mucho más acotados. Al respecto, una de las entrevistadas comentaba:

la obra de Melipal surge como una obra de Bariloche, quedó todo medio raro porque el misionero norteamericano manejó mal las cosas, a lo último de su estadía en Bari. Porque se llevó los mejores líderes que tenían en el centro, y se los llevó a Melipal. El norteamericano se los llevó, primero para colaborar con esa obra y de repente, se quedan acá porque ya somos iglesia. Y de golpe, hicieron la constitución de la iglesia, la del Melipal. Sin haber acordado con la Iglesia del centro. Sin paz. ¡Re rápido! Lo hicieron, en realidad, el misionero fue de vacaciones a Estados Unidos y después volvió y en un par de patadas ya tenía organizada esa obra misionera. Porque desde Estados Unidos los apretaron. Entonces ese misionero por cumplir el plan de allá, no respetó los tiempos y las maneras de la Iglesia de acá, de cómo se hacen las cosas[30].

Al inicio de este apartado mencionamos que, en general, los dos misioneros norteamericanos que fueron a Bariloche mantuvieron un diálogo abierto con la Iglesia local (siendo en este caso la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche) en cuanto al manejo del dinero para la compra de terrenos. Pero en un determinado momento vinculado con el proceso de conformación de las iglesias, ese diálogo terminó. Estos misioneros debían enviar informes a sus superiores de EE.UU. para dar cuenta de cuál era la situación en Patagonia. Seguir al pie de la letra los tiempos establecidos del proceso de institucionalización de la Iglesia local era contraproducente en términos de los informes que debían enviar. Fue de esta manera que la iglesia de Melipal se terminó separando de la del centro en malos términos, pero principalmente en las entrevistas, se hizo hincapié en que los culpables fueron los misioneros norteamericanos con sus ideas, cuando también hubo miembros de la misma Iglesia que querían la constitución de la obra de Melipal como iglesia autónoma. Esta separación tuvo lugar durante octubre de 1985, momento en el cual la Iglesia del centro tuvo una asamblea que duró aproximadamente nueve horas, en la que se trató el tema de la independencia de la obra en Melipal. Este es el relato de Bastián, quien presenció aquella asamblea:

hay que cuidar… hay que construir la unidad de la Iglesia, no mirar a otro lado. [Hace una pausa, se pone serio] Y yo la viví eh? He estado en una asamblea una vez fue como de 9 horas. La de Melipal, cuando ellos se abrieron. Era una obra misionera de la Iglesia del centro antes. Fue demasiado rápido. En un año y pico ya habían hecho un montón de cosas […] El gringo era un buey. Predicaba, llevaba a la acción toda. La administrativa que trató ese tema fue grosa porque si se independizan, significaba que se iba un grupo muy grande de hermanos de la Iglesia nuestra. Se puso áspero ese momento, el plantear la independencia. Me acuerdo de todo el momento. Estaban dando la lectura del informe de Malvinas, del informe de Valle Verde. Y de repente Wekinang dice, en medio de la administrativa, “entonces Melipal no proyecta nada, no hace nada”. Largó el primer disparo. Porque hasta ahí veníamos hablando de qué color pintaría la pared de su templo. Y de la nada, tiraron el tema de la independencia. Era re temprano para eso!! Y empezó con su discurso [revolea los ojos] para qué. Estaban re ansiosos. Ruperto Boñolly le contestó “está todo bien, nosotros queremos que nuestros hijos se vayan de la casa. Pero el día de mañana podemos comer un asado y visitarnos y tendremos un gran recuerdo juntos”. Quedo raro todo. Y mi sensación humilde, era que había una obra misionera dispuesta a convertirse en iglesia por su lado, con toda la de la ley. Y estaba firme para caminar sola, tenía músicos, líderes, pastor. Todo ya. El norteamericano se había puesto a formar líderes, pensando en que se queden en Melipal cuando él vuelva a EE.UU. El tema era que eran líderes en el centro, miembros con mucha autoridad. Ahí rompió los códigos y no quedó todo muy bien con el centro[31].

Esta asamblea terminó de definir un adentro y un afuera con respecto a quienes pertenecían a la Iglesia del centro y quienes pertenecían a la de Melipal. Quienes obedecieron lo planteado por el misionero norteamericano, con sus modos de hacer y pensar, quedaron fuera de la comunidad del centro. Con esa división, la Congregación perdió un número importante de miembros influyentes que ocupaban cargos importantes dentro de la comunidad del centro.

Obras regionales: de Alicurá a Valle Verde (1982-1991)

La región aledaña a la ciudad de Bariloche también se constituyó en espacio de misión para la Iglesia bautista. La primera obra que se asentó más allá de la ciudad fue la de Alicurá, que tomó su nombre de la localidad ubicada aproximadamente a 100 kilómetros de la ciudad de Bariloche. Fue un asentamiento temporario donde vivían aproximadamente 3.200 personas que trabajaban para la construcción de la represa Alicurá, sobre el cauce del Río Limay, que se inauguró en 1985. Una vez finalizada la obra, aquella villa fue abandonada y se convirtió en una especie de pueblo fantasma. Mientras se encontraban allí, dos de las familias de la Iglesia de Bariloche que se mudaron a la villa por motivos laborales, iniciaron una obra misionera. Comenzaron de a poco y cuando la represa se terminó de construir, la mayoría de los miembros de ese anexo se mudaron a un pequeño pueblo al sudeste de la provincia de Neuquén, llamado Piedra del Águila. Al respecto, el pastor Villazul recordaba:

cuando llegué al pastorado de Bariloche, Domingo era encargado de Piedra del Águila. Era un grupo bastante difícil, no eran malos pero sí difíciles. Yo empecé a viajar y a ocuparme de la obra. Teníamos asambleas allá. Cada 15 días, a veces todas las semanas iba. Era una locura. Ahí cometí el error de no traer directamente a la gente de allá a una asamblea con la gente de nuestra Iglesia y listo. […] Así que me los traje […]. El problema era que tenían que sujetarse a la autoridad de una Iglesia y al pastor que la Iglesia había nombrado. Pero no querían[32].

El 10 de julio de 1988 finalmente decidieron traer a los integrantes del anexo de Piedra del Águila a una asamblea de Bariloche, para analizar en conjunto los problemas que los estaban afectando. En la misma resolvieron formar una comisión consultiva de miembros de la Iglesia de Bariloche que viaja periódicamente a Piedra para resolver lo que surgiera en aquel lugar[33]. La situación se estabilizó cuando la Iglesia del centro puso como pastor a Herrera[34]. Como mencioné anteriormente, él era un miembro de otra congregación ubicada en Santa Fe, conocido de los miembros de la de Bariloche:

se vino y al poco tiempo, cuando terminó de construirse la represa Antonio me dijo y ahora qué hago? y yo le dije ¿dónde estás viviendo? en el pueblo me dijo. ¿Y en el pueblo no hay gente? entonces se quedó en el pueblo. Ahí en Piedra del Águila fue ordenado pastor[35].

A partir de ese momento, mis interlocutores narran que la comunidad en aquel lugar no creció tanto en número, sino en cuanto al aprendizaje de la doctrina cristiana. Posteriormente, el pastor de esta iglesia se mudó a Bariloche y se convirtió en pastor de la obra de Mutisias.

El único anexo que no figura en las actas es el ubicado en Villa la Angostura. Su trayectoria fue reconstruida más bien a partir de las entrevistas. La suegra del pastor Villazul, Yvonne había venido a visitar a su familia de Bariloche, pero, por alguna razón que desconocemos, decidió alojarse en Villa la Angostura. Esta mujer, ya anciana, comenzó a visitar casa por casa encontrándose que, en el pueblo, ya había varios evangélicos, todos de distintas denominaciones. En palabras de su yerno:

había como siete denominaciones juntas. En el mismo pueblo. Tenías dos misioneros de palabra de vida. Había hermanos chilenos que eran pentecostales. Dos metodistas. Y así, uno que era de la comunidad cristiana, hermanos libres… de todo. Siempre tuvimos problemas con el modo de hacer las cosas, fue una lucha. Porque la intención era constituir una obra bautista. Y al que no le gustaba, que se vaya[36].

Los creyentes evangélicos que Yvonne conoció en el pueblo, comenzaron a reunirse en su casa y a los 9 meses, ella abandonó el pueblo, por lo que la obra quedó a cargo de la Iglesia de Bariloche. Todos los martes empezó a viajar el pastor Villazul allí, e iban rotando la casa en la cual se congregaban. Más adelante, consiguieron el alquiler de un centro de jubilados y luego compraron un terreno, ya no con el dinero de la misión norteamericana, sino con su propio esfuerzo. En la actualidad, ya se constituyó en iglesia independiente y ya no es anexo de Bariloche por más que aún mantienen actividades entre ellas.

En 1982, la Iglesia de Bariloche consideró la posibilidad de comenzar una misión en Esquel, aunque este proyecto no se materializó hasta varios años después[37]. En 1991, la Iglesia de Bariloche recibió una solicitud del pastor Paulo Bedoya, quien pedía que la obra en Esquel se integrara como un anexo de la Iglesia de Bariloche[38]. Paulo se trasladó desde Puerto Madryn a Esquel y allí inició la misión en esa localidad. La conexión con la Iglesia de Bariloche se facilitó a través de vínculos familiares, según cuenta el pastor Villazul: “me llama Paulo y me pregunta si podríamos ser esa iglesia madre, lleve su carta a la asamblea y se aprobó. Con todos los Bedoyas que hay en la Iglesia de acá, que alguien diga que no, era para patearlo”[39].

A diferencia de los otros anexos, el de Esquel nunca solicitó apoyo económico. Los miembros de la Iglesia del centro en Bariloche viajaban regularmente a la localidad, ya sea para acompañar de vez en cuando con estudios bíblicos, para ayudar a construir el edificio o en consejería para llevar adelante la obra. La Iglesia de Bariloche invitaba permanentemente a los miembros de Esquel a participar de sus actividades, especialmente de los campamentos o talleres para jóvenes, hombres, mujeres, etc. Una vez por año, durante el mes de julio, la Iglesia de Bariloche acostumbraba a realizar un agasajo para todos los encargados de las obras misioneras, tanto locales como regionales. Como relata tal:

les hacíamos regalos hechos por nosotras. Éramos tan pobres [risas]. Era con lo que teníamos. Una comida, un social. Hacíamos representaciones de los misioneros, cachadas. Nos divertíamos. Y ahí Lili [esposa de Paulo Bedoya] nos dijo “fue la primera vez desde que comenzamos a ser misioneros, que una iglesia nos hace un agasajo y nos reconoce como tal”[40].

En ese año, el anexo se constituyó en iglesia independiente y hasta el día de hoy sigue manteniendo relación con la Iglesia de Bariloche. De hecho, la congregación de Esquel se convirtió en la iglesia Madre del movimiento evangélico en la zona cordillerana de Chubut, ya que ésta plantó obras misioneras en Gualjaina, Corcovado, Cholila y Epuyén. Todas estas obras misioneras se mantienen hasta la actualidad.

En lo referente a los anexos de Ñirihuau (1983), Dina Huapi (1985) y Valle Verde (1988) –disueltos en la actualidad–, sus historias están vinculadas. Primeramente, Tommy[41] comenzó a visitar la gente que vivía en la costa del Río Ñirihuau:

si te vas por el camino de tierra, detrás del puente del ferrocarril ahí había un rancho que era de la familia Collueque. Que siguen siendo hermanos, de hecho vinieron al aniversario. Don Collueque es un indio más retorcido, dejó la familia, vive ahora en Villa la Angostura, allá nunca quiso ir a la iglesia local… Doña Irma sigue yendo a la iglesia. Así que ella con sus hijas iban[42].

En Ñirihuau, la comunidad bautista no llegó a ser numerosa ni a adquirir un terreno propio. Para 1985, los integrantes con los que contaba la iglesia eran un total de tres[43], con quienes siguieron teniendo reuniones. Se juntaban en la casa de la familia Collueque, hasta 1987. Las actas de ese año registran que los integrantes de la casa que no querían que se realice el culto evangélico en aquel lugar[44].

Imagen 4. Mapa de las obras bautistas fundadas a nivel regional
durante las décadas de 1980 y 1990

Fuente: elaboración propia[45].

En el caso de la obra de Dina Huapi, la casilla que anteriormente había sido utilizada en Mutisias, fue trasladada para realizar reuniones en ese lugar, donde la comunidad ya había adquirido un terreno. Sin embargo, los representantes de la Iglesia del centro que se encargaron de esa obra se mudaron de la ciudad y entonces el anexo se cerró.

Por otro lado, otros dos hombres de la Congregación del centro, Paco y José iban a lo largo del año 1989 hasta Valle Verde y traían niños en camionetas para tener reuniones en el terreno de Dina Huapi[46]. La Iglesia apoyaba económicamente los viajes, solventando el gasto del combustible. Esto fue así hasta que el pastor Villazul les dijo que se quedaran en Valle Verde para no hacer tanto movimiento de gente. El problema era que no tenían donde reunirse. Una hermana de la Iglesia que ayudó activamente en esta obra recordaba:

ahí eran muchísimos niños, más que nada. Había 3 o 4 madres que iban, pero el resto eran todos niños. Era más bien una Hora Feliz que una obra misionera, pero no importaba. De las madres, estaba la Señora Teresa, después estaba la que le decíamos “la viejita” y Leticia y su esposo Miguel que apoyaban. Cuando ellos vinieron y pusieron una carpa a orillas del lago, donde usurparon claramente. Nos reunimos ahí y al estar a orillas del lago, lo que más recuerdo era el viento. Todo el tiempo[47].

Más tarde, decidieron mover la casilla del terreno de Dina Huapi a Valle Verde. La realidad de este anexo era muy parecida a la que se vivía en el anexo de Malvinas. Las anécdotas en relación a violencia de género, vulnerabilidad y consumos problemáticos abundaban en todos aquellos que rememoraban el trabajo en esta obra. En las asambleas se planteó en más de una ocasión la necesidad de apoyar económicamente a los miembros que integraban la congregación de Malvinas, ya sea para refacción de vivienda, comida y abrigo. Y la Iglesia lo hizo. Posteriormente hicieron convenios con la municipalidad y abrieron un comedor, que duró muchos años, pero para ese entonces ya no era anexo de la Iglesia.

Reflexiones finales

En este capítulo hemos visto cómo entre 1980 y 1999, la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche expandió su influencia significativamente a través de varias obras misioneras, abarcando tanto áreas urbanas como rurales. El inicio en Mutisias y la posterior evolución de los proyectos en Malvinas, Melipal y luego a otras localidades como Alicurá, Piedra del Águila, Esquel, entre otros, reflejan un compromiso profundo con el crecimiento y fortalecimiento de la comunidad evangelista en la región.

Las experiencias en estos barrios y localidades muestran una mezcla de innovación, adaptación y desafíos. En Mutisias, la obra comenzó con una fuerte motivación misionera y se consolidó mediante la inversión norteamericana en infraestructura y el compromiso de la comunidad local. La experiencia en Malvinas expone las duras condiciones sociales que enfrentaron los miembros de aquella comunidad. En Melipal, la transición hacia una iglesia independiente, marcada por tensiones con los misioneros norteamericanos, subraya la importancia de ajustar las estrategias misioneras a las realidades locales y la complejidad de manejar estas transiciones.

A nivel regional, la apertura de misiones en localidades como Alicurá y Piedra del Águila, refleja el deseo de llegar a nuevas comunidades y adaptarse a las dinámicas locales, mientras que la consolidación en Esquel y las expansiones que esta última obra hizo hacia los parajes de Gualjaina, Corcovado, Cholila y Epuyén, demuestra la capacidad e intencionalidad de las iglesias evangélicas para establecer una red misionera duradera. La historia de los anexos en Ñirihuau, Dina Huapi y Valle Verde muestra como las limitaciones prácticas y la falta de recursos pueden influir en el éxito o cierre de las obras.

En resumen, el periodo de 1980 a 1999 para la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche estuvo marcado por un notable esfuerzo de expansión y adaptación. Las experiencias en cada uno de estos contextos proporcionan valiosas lecciones sobre la importancia de la flexibilidad, el diálogo en instancias formales como lo es una asamblea (sumamente importante para el ámbito evangélico bautista) y la gestión efectiva en el proceso de establecer y mantener obras misioneras en diversas comunidades.

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  1. En adelante, con el objetivo de ordenar la argumentación y orientar la lectura, se utilizará la mayúscula (Iglesia) para referir a la Iglesia católica y a la Primera Iglesia Evangélica Bautista de San Carlos de Bariloche, cuya participación es clave en este capítulo. El resto de las iglesias que sean nombradas, serán escritas en minúsculas (iglesias/iglesia).
  2. Actual Confederación Evangélica Bautista.
  3. Organismo cristiano evangélico que reúne y coordina convenciones, uniones, fraternidades y asociaciones de las iglesias bautistas de América Latina. Su sede está en Guayaquil, Ecuador. Esta es una de las seis agrupaciones regionales representadas en la Alianza Bautista Mundial.
  4. Fundada en 1905, con sede en EE.UU. Dentro de sus metas como organización, está la de nuclear “a los bautistas del mundo”, defender los derechos humanos, responder ante la necesidad de la gente y promover la misión y el evangelismo. Cuenta con seis secretarios regionales, a saber: la Asociación Bautista de Toda África, la Federación Bautista de Asia-Pacífico, la Asociación Bautista del Caribe, la Federación Bautista Europea, la Asociación Bautista de América del Norte y la Unión Bautista Latinoamericana. Cada cinco años se elige un consejo internacional con un presidente.
  5. Paco, comunicación personal, agosto de 2022. Decidimos mantener el anonimato de los entrevistados a fin de cuidar su privacidad.
  6. En 1987 esta obra se movilizó a Piedra del Águila.
  7. Manuel, comunicación personal, enero de 2021.
  8. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  9. Acta N° 191, Libro II (24 de abril de 1983), p. 298. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  10. Acta N° 247, Libro II (2 de agosto de 1987), p. 409. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  11. Acta N° 244, Libro II (24 de mayo de 1987), p. 397. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  12. Acta N° 283, Libro II (16 de febrero de 1991), p. 487. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  13. Acta N° 218, Libro II (24 de febrero de 1985), p. 338. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  14. Acta N° 263, Libro II (21 de diciembre de 1988) p. 441. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  15. Acta N° 278, Libro II (31 de marzo de 1990), p. 474. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  16. Estas etapas fueron señaladas por el pastor Fernández, actual pastor de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche. El fragmento que se cita, corresponde a Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  17. Acta N° 181, Libro II (21 de marzo de 1982), p. 255. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche. Acta N° 242, Libro II (23 de marzo de 1987), p. 392. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  18. Eduardo, comunicación, personal, mayo de 2020.
  19. Stella, comunicación personal, diciembre de 2021.
  20. Stella, comunicación personal, diciembre de 2021.
  21. Acta N° 167, Libro II (23 de marzo de 1981), p. 236. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  22. Damián, comunicación personal, marzo de 2022.
  23. Stella, comunicación personal, diciembre de 2021.
  24. Etelvina, comunicación personal, enero de 2022.
  25. En negro está señalizada la sede de la Primer Iglesia Evangélica Bautista de Bariloche. Las restantes corresponden a las otras obras abiertas a nivel local durante la década de 1980.
  26. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  27. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  28. Acta N° 227, Libro II (24 de octubre de 1985), p. 191. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  29. Acta N° 244, Libro II (24 de mayo de 1987), p. 397. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  30. Marta, comunicación personal, enero de 2022.
  31. Horacio, comunicación personal, abril de 2020.
  32. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  33. Acta N° 259, Libro II (10 de julio de 1988), p. 417. Archivo Institucional de la Primera Iglesia de San Carlos de Bariloche.
  34. Acta N°262, Libro II (26 de noviembre de 1988), p. 442. Archivo Institucional de la Primera Iglesia de San Carlos de Bariloche.
  35. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  36. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  37. Acta N° 187, Libro II (30 de octubre de 1982), p. 260. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  38. Acta N° 284, Libro II. (16 de marzo de 1991), p. 489. Archivo Institucional de la Primera Iglesia de San Carlos de Bariloche.
  39. Paco, comunicación personal, agosto de 2022.
  40. Stella, comunicación personal, diciembre de 2021.
  41. El dueño del camión con el que iban a buscar a los niños en el barrio Pilar.
  42. Mario, comunicación personal, septiembre de 2021.
  43. Acta N° 228, Libro II (23 de noviembre de 1985), p. 193. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  44. Acta N° 244, Libro II (24 de mayo de 1987), p. 397. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  45. En negro está señalizada la ciudad de San Carlos de Bariloche, mientras que el resto corresponde a las obras misioneras regionales.
  46. Acta N° 269, Libro II (29 de julio de 1989), p. 460. Archivo Institucional de la Primera Iglesia Bautista de San Carlos de Bariloche.
  47. Etelvina, comunicación personal, enero de 2022.


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