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Conclusiones

En esta investigación me propuse llevar a cabo una descripción sobre escenas y representaciones de violencia y amor en parejas de jóvenes heterosexuales de clase media del Área Metropolitana de Buenos Aires (2012-2014), y los efectos que las mismas tienen sobre sus cuerpos. Asimismo, expliqué cómo la violencia en las interacciones de pareja no sólo se ejerce contra las mujeres, sin con esto negar que exista mayormente violencia contra las mismas derivadas de su condición genérica (Osborne, 2008). Esto me permitió establecer una discusión con las perspectivas que denomino como victimizantes, en particular las pertenecientes a Susana Velázquez (2006) y María Luisa Femenías (2009). Las conceptualizaciones de estas autoras fueron presentadas en el primer capítulo de este estudio, y para poder ampliar la visión que tienen sobre este fenómeno retomé las nociones de Georges Bataille (1987, 2000, 2003, 2010) de soberanía, intensidad, comunicación, violencia y erotismo.

La matriz teórica presentada por Georges Bataille es utilizada por Filomena Gregori (1993, 2003), cuya lectura me permitió analizar las escenas de violencia y amor dentro de la pareja observando cómo el discurso fragmentario amoroso descripto por Barthes (2001) habilita el pasaje de un estado de divergencia a otro de convergencia. Otra autora que me resultó relevante para indagar en la hipótesis de que existe una tensión entre la violencia y el amor en las relaciones de pareja, en contra de las perspectivas de la victimización, es Raquel Osborne (2008, 2009), quien se pregunta “¿por qué no se intenta medir la potencial maldad de las mujeres?” (Osborne, 2008: 119), y propone visualizarlas como agentes no sólo capaces de resistir a la violencia sino también como perpetradoras de violencia psicológica en la pareja y de otros tipos de violencia hacia hijos e hijas. Es decir que desde sus aportes desarrollé una descripción más amplia sobre las interacciones, prácticas y representaciones sobre la violencia y sobre quiénes son los agentes capaces de llevarla a cabo.

Estas lecturas permiten pensar la violencia vinculada a la noción de placer y de amor. A diferencia de las perspectivas de la victimización, que no problematizan sobre el amor en los vínculos violentos. Identifiqué en las historias aquí abordadas series (Foucault, 1970) coexistentes, en tensión con diferentes tipos de amor: amor romántico (Giddens, 1992), erotismo (Bataille, 2010), escena de Dos (Badiou, 2012), hacer una escena (Barthes, 2001), amor confluente (Giddens, 1992) y pautas de amor y cortejo (Cosse, 2010), en cada una de las trayectorias amorosas de los/as entrevistados/as.

Esta tensión entre ambas nociones (violencia y amor), sus representaciones, prácticas y discursos se inscriben y expresan corporalmente a través de gestualidades. Los/as entrevistados/as llevaron a cabo descripciones detalladas sobre el modo en que se desenvolvían corporalmente al momento del conflicto, y además pude observar mientras los entrevistaba la cercanía de los jóvenes, abrazos, besos y roces de manos, como así también ceños fruncidos, movimientos bruscos de manos y gritos cuando tenían discusiones sobre algún punto de vista acerca de cómo había transcurrido una determinada situación que me relataban. Por otra parte, tanto el cuerpo como la palabra son medios a partir de los cuales los jóvenes logran solucionar situaciones de conflicto. Estas diferentes aristas me hacen concluir que el cuerpo es una categoría de análisis adecuada para indagar y estudiar la violencia y el amor en las relaciones de pareja.

El cuerpo es ponderado por las pespectivas de la victimización al momento de interpretar la violencia física de varones contra mujeres desde dos aspectos: como poseedor de un valor simbólico adicional para garantizar la resolución de un conflicto, o como un lugar de ejercicio de poder para humillar, deshonrar o enviar mensajes cifrados entre varones. Es decir que los cuerpos, para estas autoras, tienen una función expresiva de manifestación de la violencia de varones contra mujeres y su análisis se centra específicamente sobre el cuerpo femenino. En otras palabras, no se encargan de abordar las gestualidades de las escenas de violencia y el cuerpo masculino. Mientras que en esta investigación entrevisté tanto a varones como a mujeres y establecí comparaciones entre cómo experimentan ambos la violencia y el amor en sus relaciones.

Continuar reproduciendo la forma de analizar la violencia en las parejas heterosexuales dentro de la lógica de victimario-varón y víctima-mujer, aunque con capacidad de resistencia, no permite complejizar sobre los juegos, expectativas, motivaciones, deseos y erotismos que se ponen en juego entre los jóvenes al momento de las peleas, como así tampoco sobre los diferentes componentes de la interacción en sí misma. En cambio, aquí sí se colocó un especial énfasis en la descripción de escenas de interacción violenta y amorosa. Aunque tomé la categoría de violencia que esbozan las autoras no lo hice sólo con el fin de describir las prácticas violentas, sino también para mostrar cómo las mismas son reproducidas en la interacción por varones y mujeres. Según la noción de interacción de Goffman, que implica “la influencia recíproca de un individuo sobre las acciones del otro cuando se encuentran ambos en presencia física inmediata” (Goffman, 1971: 27), son necesarias al menos dos personas para que la misma se lleve a cabo. Esto implica que hay dos sujetos agentes y activos, y ambos pueden ejercer prácticas de violencia.

En síntesis, desde un análisis de las dinámicas de la violencia, en sus diferentes tipos, y del amor, desde categorías de análisis coexistentes, y los efectos que las mismas generan sobre los cuerpos de varones y mujeres, busqué complejizar la forma en que los jóvenes de la clase media urbana, en este caso del AMBA, se relacionan y vivencian las primeras relaciones de noviazgo, las primeras instancias donde comienzan a experimentarse toda una serie de representaciones y prácticas sobre lo violento y lo amoroso que se expresan e impactan en torno a la corporalidad. Esto fue llevado a cabo en los capítulos que integran este estudio, cuyos ejes sobresaliemtes paso a describir en mayor detalle.

1. Recapitulación final

Partiendo de la hipótesis de que existe una tensión entre la violencia y el amor en las primeras relaciones de noviazgo en los jóvenes heterosexuales de clase media que residen en el Área Metropolitana de Buenos Aires, que genera efectos sobre los cuerpos tanto de varones como de mujeres, en esta investigación me propuse examinar comparativamente las interacciones, prácticas y discursos de la violencia contra las mujeres y el amor según las perspectivas de los varones y mujeres que están de novios, y describir las representaciones que tienen los jóvenes entrevistados sobre el cuerpo, el amor, el noviazgo y la violencia.

Para tal fin, en el primer capítulo expuse un estado del arte sobre la violencia contra las mujeres a partir de los aportes teóricos más significativos sobre la problemática de la violencia de género. Mostré, en función de mis objetivos para la construcción del problema de investigación, las visiones más cercanas a la perspectiva de victimización, aquellas vinculadas a las nociones de feminicidio y femigenocidio y las que consideran a la violencia dentro de la pareja heterosexual como atributo de ambos miembros. A los efectos de hacer frente a mi hipótesis establecí un marco teórico propio, basándome en el último enfoque, sobre las nociones de violencia, amor y cuerpo, con el cual analicé las entrevistas en el segundo y tercer capítulo.

En relación con la noción de amor desarrollé un marco teórico que me permitió estudiar las pautas de cortejo y de noviazgo de estos jóvenes (Cosse, 2010). Los resultados obtenidos a partir de las entrevistas indican que en las mismas prevalecen tanto la búsqueda de la construcción de un vínculo amoroso en el tiempo (Badiou, 2010) como de la fusión e intensidad (Bataille, 2010). Estas categorías antagónicas sobre el amor coexisten en las experiencias (Scott, 1992) amorosas de los/as entrevistados/as. Los valores y atributos que sustentan las relaciones también son de diversa índole, poseen características propias del amor romántico, como es la fidelidad (Alberoni, 1988), y del amor confluente y de las relaciones puras, como es la satisfacción recíproca como condición para que el vínculo continúe en el tiempo (Giddens, 1993).

Respecto al cuerpo, desde perspectivas sociológicas e históricas (Goffman, 1971; Giddens, 1997; Le Breton, 1995; Pozo, 2012; Pedraza, 2009; Turner, 1984; Kaplún, 2004) como así también filosóficas (Foucault, 2008; Haraway, 1991; Butler, 2002; Grosz, 1994; Nancy, 2007, 2010), me valí de nociones que me permitieron describir las gestualidades corporales de los novios y comprender al cuerpo como un umbral entre el sentir interno de los/as entrevistados/as y su entorno. Esta idea remite a una visión energética de los cuerpos, siendo afectados y tensionados por la violencia y el amor, y por la dinámica de ambos.

En los subsiguientes capítulos presenté el trabajo empírico, en continuo diálogo con el primero, en función del análisis de las entrevistas que llevé a cabo. Durante sus noviazgos, los jóvenes heterosexuales entrevistados transitan escenas que pendulan desde el placer a la violencia. En el segundo capítulo, los/as entrevistados/as, al hablar sobre sus representaciones sobre la violencia, establecieron una graduación en los niveles de violencia, es decir, entre “violencia verdadera” y violencia a secas; y entre la violencia y la agresión. Las violencias física y verbal fueron las que se reconocieron mayormente entre ellos como violencia contra las mujeres. Hay diferencias entre ellos sobre si implica lo mismo que mujeres y varones sean violentos dentro de la pareja. No obstante, las mujeres son consideradas en todos los casos como perpetradoras de violencia psicológica.

Los resultados alcanzados en relación con los umbrales de violencia aceptados entre los/as entrevistados/as muestran que los límites son diversos, pero lo que no es aceptado bajo ninguna circunstancia es que un varón le pegue a una mujer en un contexto de pelea. Acerca de las legislaciones argentinas sobre violencia dentro de la pareja o violencia contra las mujeres, prima el desconocimiento, la información difusa entre los/as entrevistados/as.

Acorde al objetivo de examinar las prácticas, representaciones y discursos sobre la violencia contra las mujeres que poseen los/as entrevistados/as, identifiqué ciertas escenas de violencia, sus tipologías, e indagué si eran reconocidas (o no) por sus actores y en qué grado. Las violencias que aparecieron con mayor constancia en la práctica cotidiana de los jóvenes son la violencia verbal y la psicológica. En un primer grupo de entrevistados están quienes reconocen que ejercen violencia de este tipo con sus parejas, un segundo grupo lo hace de forma difusa y un tercero no reconoce esta práctica dentro de su vínculo, aunque desde las nociones de violencia que aquí retomo, sí la realiza.

También desarrollé un análisis minucioso de los celos y el control entre las parejas, que son un emergente que apareció con una gran frecuencia en las entrevistas cuando les preguntaba acerca de los problemas o discusiones que hubieran tenido entre ellos. Los celos son prácticas cotidianas y aceptadas dentro de los noviazgos de estos jóvenes y pueden llegar a ser vistos como muestras de amor. Las escenas de discusión a causa de celos o control se dan por las dudas o miedos de que el otro integrante de la pareja sea infiel. Los celos en las diferentes entrevistas comienzan, mayoritariamente, cuando una de las partes le comenta a su pareja que otra persona gusta de él o de ella, que su ex novio reapareció o que lo invitaron a alguna fiesta o boliche. El hecho de que se lo cuente es visto positivamente por quien recibe la noticia, como un acto de honestidad y de no mentira. En caso de que no lo cuente, también es causal de conflicto.

Los celulares y las redes sociales son nuevos medios desde donde se ramifican el control y la celosía. Los mismos, por su constancia en la interacción cotidiana de los/as entrevistados/as y el efecto que tienen en su modo de vincularse, son como prótesis (Haraway, 1991) de sus cuerpos. Éstos pueden ser categorizados como cyborgs (Haraway, 1991), ya que el despliegue de nuevas tecnologías cibernéticas genera efectos tangibles (Kaplún, 2004) sobre su afectividad (Pedraza, 2009) y experiencias (Scott, 1992): se envían emoticones para expresar afecto o, si sus novios le pusieron “me gusta” o “like” a la foto de alguien de otro género, hay conflicto.

En relación con los objetivos de investigación de indagar en las prácticas, representaciones y discursos sobre el amor y el noviazgo de los jóvenes, aparecieron en los relatos de los/as entrevistados/as las sensaciones de felicidad y placer derivadas de la satisfacción que les otorga el vínculo con el otro. En algunos casos se reconoció al conflicto dentro del amor, y en otros, al ser considerado el amor como un concepto puro, se lo percibió como diferente. La satisfacción de expectativas y la reciprocidad son pilares para que el vínculo exista.

Indagué en consumos culturales que me permitieron examinar sus representaciones sobre el amor. La película Diario de una pasión surgió como una de las favoritas por dos causas: la entrega absoluta de los personajes a estar juntos y la demostración de amor. La proyección de la pareja en el largo plazo es otro rasgo que sobresale. Sobre el modo en que los jóvenes consideran comparativamente que los varones y las mujeres aman, en una primera instancia consideran que las mujeres aman más. Sin embargo, en cuanto lo proyectan en sus propias trayectorias amorosas las conclusiones a las que llegan es que dependerá de cada persona y que muchas veces las mujeres son menos demostrativas.

Asimismo, estudié el modo en que los/as entrevistados/as ponderan sus formas de amar intentando generar conceptos que se adecuen a sus representaciones sobre el amor y les permitan describir “tal cual” sus sentimientos, tales como “te amo”, “te quiero”, “te quiero mucho”, “amor incondicional” o “es como mi hermano/a”. De igual modo, llevé a cabo una descripción de escenas de los/as entrevistados/as que pueden ser conceptualizadas dentro de algunas de las nociones de amor esbozadas en el primer capítulo. Algunas suceden cuando hay satisfacción entre sus prácticas y las representaciones que poseen sobre el amor y el noviazgo (Giddens, 1997); otras son escenas que pueden ser caracterizadas dentro de la categoría de amor fraternal en términos de Fromm (2004 [1975]); y cuando tienen relaciones sexuales, dado que ese acto, dentro de un vínculo estable de pareja, es ponderado como un momento de entrega y confianza. En alguna de las entrevistas empleé la metodología de Vera Paiva (2006) de que el/la entrevistado/a se ponga por fuera de una escena de la que es parte y la describa, o que imagine una escena de amor junto con su pareja.

Analicé escenas o situaciones en las cuales sean identificables las dinámicas de la violencia y el amor en tensión, con el propósito de abordar los objetivos de examinar las interacciones, prácticas y discursos de violencia contra las mujeres y el amor según las perspectivas de los varones y mujeres que están de novios, y describir sus representaciones sobre el amor y el noviazgo. Estas tensiones se derivan de las motivaciones que identifica Filomena Gregori (1993, 2003): la búsqueda de la soberanía, disposiciones conflictivas de papeles cuyos desempeños esperados no son cumplidos, disposiciones psicológicas tales como esperar de la pareja ciertas conductas, provocaciones de las mujeres del orden del inconsciente para que sus parejas masculinas reaccionen de una determinada manera, y juegos eróticos. Para dicho fin analicé comparativamente juegos de violencia y de amor en tres noviazgos. La violencia de tipo física en estos casos, en tanto se enmarcaba dentro de un contexto lúdico, era aceptada. Estos juegos son formas a partir de las cuales los/as entrevistados/as entran en fusión, comunicación (Bataille, 2000) y logran complicidad y disfrute. A la vez, buscan la soberanía en términos de Bataille (1996) y, en uno de los casos, canalizar insatisfacciones dentro de la pareja.

Para finalizar este capítulo, indague en tres experiencias que se iniciaron con escenas de violencia psicológica y culminaron en una reconciliación. Identifiqué, según el caso, cómo aparecen diferentes aspectos de “hacer una escena” (Barthes, 2001), explicados en el primer capítulo, como el hecho de que cada argumento es elegido como respuesta simétrica a lo que el otro dice y aumentado por un suplemento de protesta, de queja, por una “sobrepuja”, para mostrar que su situación es más relevante que la del otro; y cómo es la resolución del conflicto. Por ejemplo, en uno de los casos la resolución se dio mediante el llanto femenino que funcionó como límite de la escena de pelea y dio el pasaje a la escena amorosa.

En el tercer capítulo, me encargué de estudiar la dimensión de la corporalidad para describir los efectos de las dinámicas de la violencia y el amor en sus cuerpos, cómo es percibida por los jóvenes y las representaciones que poseen sobre ella. Los resultados obtenidos muestran que en las interacciones de pareja donde hay escenas emparentadas al concepto de violencia de género que propone Femenías (2008) se ponen en juego toda una serie de expresiones corporales que agrupé dentro de lo que llamo “gestualidad violenta”. La misma incluye: miradas, gritos, insultos, llanto, posiciones que involucran el distanciamiento corporal de la pareja, movimiento de manos, cara seria, como así también golpes contra la pared, en la cara de mujeres contra varones, y con objetos al otro miembro de la pareja, y empujones.

Por otro lado, las discusiones derivadas, por ejemplo, de celos generaron efectos de malestar sobre los cuerpos de los/as entrevistados/as, dado que no son espacios inertes, objetos, sino por el contrario son cuerpos vivos (Grosz, 1994; Butler, 2002). En algunos casos, cuando no hubo reciprocidad entre ambos miembros sobre lo que se esperaba que el otro hiciera o sobre las pautas propias de esa pareja (Cosse, 2010) –como ser monógamos y no hablar con personas que puedan llegar a sentir atracción por ellos–, generó malhumor y depresión. En otro caso, las escenas de violencia verbal y psicológica tuvieron un impacto sobre su cuerpo que le hacía disminuir la atracción por su pareja.

Para comprender cómo los jóvenes perciben los efectos del amor sobre sus cuerpos, al igual que con la hexis violenta, abordé la “gestualidad amorosa” que involucra escenas donde hay besos, abrazos, caricias en diferentes espacios, como así también el momento en que las parejas tienen relaciones sexuales. Analicé también las expresiones que los/as entrevistados/as enuncian al momento de explicar la cercanía corporal con sus parejas, tales como “quiero estar pegados”, “me suelto”, “rompecabezas”, “estar tirados”. La posibilidad que tienen algunos de los/as entrevistados/as de irse de vacaciones y poder vivenciar alguna de estas expresiones junto con sus parejas se debe no sólo al permiso de sus familiares, sino también a su pertenencia a la clase media.

Además, expresiones tales como “hacer el amor”, “mariposas en la panza”, “piel de gallina”, entre otras, aparecieron en las diferentes entrevistas. Los/as entrevistado/as marcan una diferencia entre tener relaciones sexuales con sus parejas, donde hay confianza, y con alguien con quien no tienen un vínculo. Sin embargo, se muestra que para los varones en ambos casos hay placer. Los/as entrevistados/as también marcan divergencias entre los actos sexuales más románticos y aquellos más vinculados al exceso corporal, en términos de Georges Bataille (2000). Para uno de los entrevistados el acto sexual con su novia era un modo de lograr goce, en el marco de una relación atravesada por los conflictos.

Esta multiplicidad de sensaciones –confianza, respeto, comunicación, entre otras– se corresponden con sus representaciones sobre el amor, por lo que les generan alegría y agrado. Las mismas coexisten en la pareja con otras interacciones en las cuales se lastiman físicamente, se celan e insultan.

Para describir cómo los/as entrevistados/as perciben sus límites corporales en relación con la violencia y el amor según las pautas y parámetros que establecen como aceptables dentro de sus parejas, referí comparativamente momentos de conflicto en la pareja (relatados por los/as entrevistados/as y a partir de la lectura de una conversación de WhatsApp) que fueron resueltos a partir del registro corporal amoroso. Analicé cómo comenzó a “hacerse la escena” (Barthes, 2001), cuáles eran los fundamentos y la resolución específica mediante el registro corporal en tres casos: cuando no hay reciprocidad de expectativas en relación con el amor y el noviazgo, cuando un varón es violento psicológicamente con su novia respecto a cómo puede vestirse –dado que continúan siendo los cuerpos femeninos umbrales donde se inscriben diferentes representaciones socialmente aceptables en relación con su modo de desenvolverse–, y cuando un juego de golpes de puño excede los límites de lo aceptable dentro de la pareja.

2. Notas sobre mi práctica investigativa

En este apartado quiero hacer una breve reflexión sobre mi experiencia al momento de llevar a cabo esta investigación. Las lecturas que me fueron guiando en la construcción del objeto de estudio y de su abordaje provienen de diferentes disciplinas emparentadas: la sociología, la historia y la filosofía. Este enfoque interdisciplinario me resultó provechoso en la medida en que, siempre teniendo en cuenta la vigilancia epistemológica de evitar el contagio de las nociones por las prenociones (Bourdieu, Passeron y Chamboredon, 2002), me permitió ampliar la mirada sobre la temática que abordo y ser creativa al momento de reflexionar sobre el fenómeno de la violencia contra las mujeres ponderando otros ejes como el amor y el cuerpo.

En la instancia de desarrollo del trabajo de campo llevé a cabo 15 entrevistas en profundidad a jóvenes. Las mismas tuvieron un carácter fluido desde casi el comienzo (salvo en el caso de Carla que se logró a partir de la mitad), y un alto grado de empatía y de conocimiento por mi parte sobre ciertos usos y consumos culturales a los cuales los jóvenes hacían referencia. Si bien con ellos tengo una diferencia de edad que oscila entre los siete y diez años, el uso de las redes sociales y el impacto de la telefonía celular en nuestras experiencias cotidianas son similares. Por otro lado, en algunos casos, los consumos culturales –películas y música–, por poseer un habitus parecido, me resultaron familiares, lo cual aumentaba la espontaneidad y comodidad al momento de responder. Les pregunté durante la entrevista sobre películas y canciones que les representasen aquellas sensaciones sobre las cuales hablaban. Joaquín, que estudia música, puso una canción de los Beatles en el celular y me explicó a partir de la melodía y la letra por qué sentía que esa canción resumía su modo de entender el amor.

Facebook es sin duda una palabra que resonó a lo largo de las entrevistas como un medio privilegiado desde donde se vinculan con sus pares y se desarrollaban discusiones a causa de malos entendidos, celos y control. Me teñí de expresiones que si bien dentro de mi entorno son utilizadas no lo son con la naturalización y ponderancia que se da entre ellos: “me clavó el visto”, lo “likeó”, le puso “me gusta”. No obstante, no sentí una distancia sumamente considerable en la relación que tienen estos jóvenes con el mundo de la tecnología, aunque mis primeras relaciones de noviazgo diez años atrás no estuvieron atravesadas por las redes sociales como les sucede a ellos. Otro contrapunto generacional que encontré respecto a mi experiencia es que la totalidad de los/as entrevistados/as duermen a diario en la casa de sus novios/as o, en dos casos de jóvenes de dieciséis años, se van de vacaciones con la familia de su pareja y les dan una habitación para ellos solos.

Al momento de pautar las entrevistas hablé con parientes mayores para solicitarles autorización o los/as entrevistados/as mismos me pedían que los llamara al día siguiente, así lo comentaban con sus familiares. Una de las entrevistas no pudo ser llevada a cabo por esta razón. Hubo un caso en el que la madre de una de las entrevistadas llamó durante el transcurso de la entrevista para consultarle a su hija si se encontraba bien.

Un aspecto sobre el desarrollo de las entrevistas que quiero resaltar es que comencé las mismas preguntando sobre el amor y los/as entrevistados/as mismos, con casi nula intervención de mi parte, hacían referencia a episodios de conflicto dentro de sus parejas. En relación con la corporalidad, en los casos de los jóvenes de entre dieciséis y dieciocho años, me resultó más complejo indagar sobre la misma. Parte de esto se debe a que mis preguntas sobre este tema por momentos les resultaban abstractas, no sucedió así con los/as entrevistados/as más grandes. Sobre el acto sexual, al principio había ciertas reticencias o vergüenzas que se visualizaban en sus rostros al hablar sobre el tema, y palabras esquivas. No hubo una diferencia marcada entre varones y mujeres, en algunos casos las mujeres hablaban más desenvueltas sobre el tema y en otros los varones.

En dos casos de varones hubo escenas de celos de sus novias por juntarse conmigo a hacer la entrevista. Esto fue contado por los entrevistados cuando al finalizar la misma les proponía un nuevo encuentro junto con sus parejas, por lo que el acceso a ellas no fue posible.

Las entrevistas a parejas me resultaron más complejas. Generaba entre ellos conflictos porque en algunas situaciones tenían puntos de vista diversos sobre un hecho. En esos casos llevé a cabo una observación participante y no intervine. Esto me generó cierta incomodidad porque, si bien era provechoso para mi investigación, no sabía si intervenir para que se terminara el conflicto derivado de una pregunta que como investigadora había enunciado. En el caso de la entrevista a Tamara y Hugo, se pelearon antes de encontrarse conmigo en un restaurante, espacio donde habíamos pautado el encuentro, por lo que apenas prendí el grabador él me relató toda la situación. Se remontó para ello a los principios de la relación y, mientras recordaba, su vehemencia gestual y los gritos eran tales que le pegaba al grabador y la gente que estaba sentada alrededor nuestro se dio vuelta en diferentes oportunidades. En ese contexto tuve que intervenir y pedirle que por favor se tranquilizara.

Lo provechoso de las entrevistas a parejas es que allí se pueden visualizar las dinámicas de la violencia y el amor, las gestualidades violentas y amorosas, y los modos a partir de los cuales los jóvenes resuelven los conflictos. Asimismo, me resultaron útiles los casos en los que pude entrevistar a los miembros de la pareja por separado y en conjunto, ya que así logré, por un lado, una visión más abarcativa sobre sus representaciones y, por el otro, una descripción más densa de las interacciones en torno a la violencia y al amor. A su vez, pude identificar si las mismas se modificaban cuando eran relatadas sólo conmigo y cuando estaba su pareja presente.

Cuando el grabador se apagaba continué dialogando con los/as entrevistados/as, no obstante, en esa instancia no aportaron ningún dato para mi investigación que no hubiera sido dicho mientras el mismo estaba encendido. Considero, por lo tanto, que no se generó a causa del grabador un nivel de intimidación o nerviosismo que llamase la atención y que el vínculo entrevistadora- entrevistado/a que se estableció durante la entrevista fue óptimo para el desarrollo de la misma.

Luego de despedirme de los/as entrevistados/as grababa mis percepciones sobre la entrevista, situaciones o hitos para recordar, gestualidades y expresiones que me llamaron la atención por parte del entrevistado/a, preguntas a mejorar. También tomé notas al respecto en un cuaderno. En varias oportunidades caminé junto con los/as entrevistados/as. En una ocasión hice una entrevista en el Parque Rivadavia y luego la entrevistada me acompañó a comprar películas e intercambiamos sugerencias al respecto; en otro caso una pareja me acompañó a la parada del colectivo y hablamos de música. En todos los casos, cuando la entrevista terminaba me agradecían la posibilidad de hablar sobre esos temas, que tienen que ver con su vida cotidiana y sobre los cuales no se toman el tiempo para reflexionar.


Reflexionar sobre las interacciones de noviazgo juveniles en términos de tensión entre la violencia y el amor es útil, dado que permite un abordaje más completo sobre el fenómeno de la violencia contra las mujeres. Desde esta tensión se comprende que las frustraciones y peleas en la pareja se deben a la imposibilidad de los/as entrevistados/as de poder cumplir con expectativas que provienen de pautas de cortejo y de noviazgo que han ido adquiriendo, aunque de ningún modo linealmente. Además, explica y pondera a la violencia como una transgresión a partir de la cual los jóvenes no sólo sienten malestar, también alcanzan placer y erotismo.

¿Será entonces que el problema que subyace a la violencia contra las mujeres no es que “si te pega no te ama”, sino que “te cela, se violenta, discute porque te ama demasiado”, en los términos de cómo está configurado y es vivenciado hoy por los jóvenes el amor romántico? No pretendo con esto justificar la violencia en los vínculos de pareja ni negar estructuras de poder desigual entre los géneros, pero sí echar luz sobre cómo de este modo ambos miembros de la pareja reproducen prácticas violentas, canalizan insatisfacciones, logran goce, generan complicidad, juegan, se vinculan intensamente con sus pares y aman.



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