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5 Transas

Violencias y mercados ilegalizados de drogas en espacios segregados

Evangelina Caravaca, José Garriga e Inés Mancini

Introducción

En los últimos diez años, los transas, término que alude a vendedores de drogas ilegalizadas en pequeña escala, se volvieron protagónicos en la vida cotidiana de muchos barrios segregados[1]. Su figura, paradójica, puede producir terror pero también respeto. Nuestras investigaciones dan cuenta de su impronta en ciertos barrios: son referenciados en la regulación de las violencias, pero también son narrados como actores que despliegan también prácticas tales como prestar dinero y gestionar escenarios de crisis frente a la pandemia COVID-19. En este artículo nos interesa reflexionar sobre el mundo transa en el Área Reconquista del partido de Gral. San Martín (provincia de Buenos Aires). Nos centraremos en las miradas y dilemas de los vecinos y actores sociales de la zona, para dar cuenta del lugar que ocupan los vendedores de drogas ilegalizadas en las dinámicas barriales, en términos de su rol social frente a conflictos, necesidades y regulación de las violencias. Este artículo es resultado de una investigación socio-antropológica realizada en un espacio geográfico particular: nos referimos al Área Reconquista del partido de San Martín (provincia de Buenos Aires). Para la investigación se constituyó un equipo de trabajo colectivo del que participaron estudiantes e investigadores que pertenecen al núcleo de estudios sobre violencias radicado en la Escuela IDAES[2].

Nos interesa en estas páginas analizar la relación entre violencias y transas. Analizaremos dos cuestiones: primero, el rol protagónico de los mercados ilegalizados de drogas en los barrios y, segundo, las violencias observadas en estos barrios para pensar sus vinculaciones con estos mercados. Para ello, buscaremos dar cuenta de la impronta de los transas en los barrios y su relación con los vecinos. Para discutir el rol protagónico de los mercados de drogas ilegalizadas en la vida de los vecinos discutiremos la noción de gobierno criminal.

En los últimos tres años, desde los medios de comunicación, el partido de San Martín en general y el Área Reconquista en particular están siendo asociadas frecuentemente a la violencia narco. Informes periodísticos describen a un territorio signado por la muerte en la disputa territorial entre organizaciones vinculadas al mercado de drogas ilegalizadas. En agosto de 2022, se viralizó un video: “Si no abandonan la villa 9 de Julio, van a ser desbaratados a sangre y fuego”, frase enunciada por un grupo de seis jóvenes vestidos con uniformes policiales, máscaras de payaso y armas de guerra en sus manos. El video llegó a los medios nacionales traspasando los límites locales de la noticia.

De manera recurrente, vecinos pero también distintos medios de comunicación, describen este territorio del conurbano bonaerense norte como un espacio dominado por el mundo narco y sus consecuencias: “Guerra narco en el conurbano: el drama de San Martín contado por sus protagonistas”; “Una amenaza narco tiene en vilo a un barrio de San Martín”; “Van a ser desbaratados a sangre y fuego”; “Un nuevo crimen narco con el sello de San Martín” son algunos titulares que han circulado en los medios de comunicación (locales y nacionales) sobre el fenómeno narco en San Martín. Ahora bien, ello no necesariamente implica dar por cierta la explicación brindada por los medios respecto de una relación directa entre incremento de las violencias y mercados de drogas. Sin minimizar la cuestión y sus efectos en términos sociales, nos interesa pensar el área desde la noción acuñada por Michel Misse (2010): nos referimos a la idea de acumulación social de las violencias. Con esto, apostamos a una explicación procesual de las violencias en relación con la segregación espacial. Como puede suponerse, las conversaciones con los vecinos dieron cuenta de que, para los sectores vulnerables, la pandemia implicó una agudización de problemáticas; en especial se verificó una imposibilidad de acceder a los ingresos para quienes trabajan de modo precario o informal. Frente a esto, las medidas tomadas por el Estado y los actores comunitarios situados en cada barrio resultaron cruciales. Sin embargo, observamos además la emergencia de los transas como actores con alta participación en los barrios resolviendo, en algunas ocasiones, problemáticas de vecinos. Es a partir de estas observaciones que nos proponemos estudiar la participación de este actor y la redefinición de sus roles en el barrio. Nos interesa dar cuenta de los modos en los que los transas se inscriben en distintos tipos de violencias que tienen lugar en los barrios populares. De este modo, esperamos profundizar el conocimiento respecto de los modos en los que las distintas formas de violencias y las condiciones de vulnerabilidad se articulan configurando los entramados barriales.

Numerosos estudios han abordado la problemática de las violencias concentradas en los denominados barrios de relegación urbana, como Scheper-Hughes (1997), Anderson (2000), Bourgois (2002), Wacquant (2007), Bourgois y Schonberg (2009), Fassin (2016). Estas investigaciones han enfatizado la relación de causalidad entre ciertas violencias estructurales (como la exclusión laboral y educativa, la segregación urbana, el déficit de servicios estatales, la omisión y/o la violencia policial) y la concentración exacerbada de diversas formas de violencia social en los territorios pobres urbanos. En Argentina, distintos autores han recogido este enfoque, destacando la generalidad, y cotidianeidad de la violencia en algunos contextos sociales empobrecidos, siendo la principal variable explicativa de esta situación la intermitencia, insuficiencia y selectividad de la intervención del Estado (Auyero y Berti, 2012; Gayol y Kessler, 2018). Sobre los mercados de drogas ilegalizadas es necesario mencionar los trabajos de Cozzi (2022), Sain (2023) y Tokatlian (2017) quienes brindan coordenadas para pensar socio-antropológicamente este fenómeno al tiempo que han problematizado distintas dimensiones del fenómeno. En particular, Cozzi (2022) analizó el mercado de drogas ilegalizadas en Rosario (Argentina) y alertó sobre los cambios que allí acontecieron en los últimos veinte años. A través del estudio de biografías de tres generaciones vinculadas al mundo del delito y al mercado de drogas ilegalizadas, Cozzi analiza las modificaciones en la producción, tráfico y comercialización de las drogas ilegalizadas. Resumidamente, describe tres macro transformaciones que acontecen en los últimos veinte años: a) en la producción, tráfico y venta, b) modificaciones en la forma de venta al por menor o menudeo y c) mutación de las formas de vincularse con la policía.

El Área Reconquista[3]

El Área Reconquista es un conglomerado urbano integrado por trece barrios[4] linderos al río Reconquista (partido de General San Martín). Los datos censales indican que la población de los trece barrios alcanzaba un total de 66.015 habitantes, lo que representa aproximadamente el 16 % de la población del partido de San Martín (según datos censales disponibles cuenta con 414.196 hab. aproximadamente).

Según datos del INDEC, en la ciudad de San Martín el 6,7% de los hogares presenta Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) pero si nos enfocamos especialmente en los trece barrios que integran el AR se supera ampliamente ese promedio –triplicando ese número– dando cuenta de que la mayoría de sus habitantes vive en situación de extrema pobreza (INDEC, 2010). Específicamente, los datos estadísticos disponibles nos permiten reconocer que, en doce de los trece barrios, entre el 10 % al 26 % de los hogares tiene NBI. Pero en particular, en el Barrio 13 de julio ese número alcanza a un 60% de sus habitantes. Más allá de la diversidad de este conglomerado urbano, el AR se caracteriza por el hacinamiento, el déficit estructural, el aislamiento urbano, el riesgo ambiental y otras condiciones que degradan la calidad de vida de sus vecinos.

Con el propósito de pensar las violencias en el Área Reconquista, abordaremos datos estadísticos del partido de Gral. San Martín. Ello nos permitirá observar la concentración de las violencias en esta área. Para ello, mostraremos cómo se distribuye desigualmente la tasa de homicidio, de heridos por arma de fuego y heridos por arma blanca. Si bien estos datos comúnmente se asocian a la venta de drogas ilegalizadas, nuestro deseo es complejizar esa interpretación que nos parece simplista.

Según el Sistema Nacional de información Criminal (SNIC), los hechos de violencia potencialmente letales que no llegan a tener consecuencias mortales –por ejemplo, los heridos por armas de fuego– aumentaron de manera significativa en toda la provincia de Buenos Aires entre 2019 y 2020. En efecto, en 2019, hubo 1555 casos, lo que arroja una tasa de 8,95 por cada cien mil habitantes. En 2020 hubo 2238 casos; es decir, una tasa de 12,75 por cada cien mil habitantes. Mientras tanto, en San Martín, la cantidad de heridos con armas de fuego disminuyó en ese mismo período. En 2019 hubo 132 (lo que arroja una tasa cada 100.000 habitantes de 31,14) y en 2020 hubo 92 (21,86 de tasa cada 100.000). Pero, como ilustra el cuadro siguiente la tasa de heridos de arma de fuego resulta ser más alta en San Martín que a nivel de la provincia de Buenos Aires.

Por otro lado, en el caso de los homicidios dolosos los datos resultan ser diferentes. Mientras que en toda la provincia de Buenos Aires los homicidios permanecieron estables entre 2019 y 2020, en Gral. San Martín subieron y de forma muy significativa. A nivel provincial, la variación de la tasa cada 100.000 habitantes fue de 5,2 a 5,3. En cambio, en el partido de Gral. San Martín en el 2019 murieron 37 personas en homicidios dolosos y 43 en 2020. De esta forma, la tasa de homicidios dolosos aumentó un 16%.

Según los datos que hemos podido analizar, de las 37 víctimas de homicidios dolosos en Gral. San Martín en 2019, siete de ellas eran mujeres. Particularmente, tres de ellas murieron asesinadas en casos de femicidio, dos, presumiblemente, en casos de enfrentamientos entre bandas delictivas, y otras dos por balas perdidas en situaciones de enfrentamiento indeterminadas. Durante el mismo año, fallecieron seis varones en homicidios en ocasión de robo. Uno de ellos, siendo víctima del robo de su automóvil, y, otro, cuando quiso interferir en el robo que sufría una vecina. Los otros cuatro asesinados en ocasión de robo son los denominados delincuentes u ofensores, tres de ellos asesinados por miembros de las fuerzas de seguridad que intervinieron ante el supuesto delito. El resto de los homicidios dolosos de varones de 2019 (24) son “homicidios simples”, enmarcados en dos grandes rubros: “conflictos interpersonales” y “disputas territoriales”.

En el caso específico de los 43 homicidios dolosos ocurridos durante el 2020, fallecieron cuarenta hombres y tres mujeres. Dos de ellas fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas en casos de femicidio. La tercera murió junto a dos varones en una balacera que dejó múltiples heridos y que obligó a una intervención policial en el barrio Loyola del Área Reconquista. En cuanto a los homicidios en ocasión de robo, en 2020 se registran dos casos: en ambos episodios fallece el ofensor. El resto de los hechos (38) son homicidios simples y repiten las tipologías del 2019. Es decir, en los dos últimos años se registra los homicidios en ocasión de robo presentan un bajo porcentaje. En cambio, resulta ser mucho más frecuente el asesinato entre personas que se conocen: femicidios, riñas entre vecinos, enfrentamiento entre bandas.

Ahora bien, en términos sociológicos la perspectiva más reveladora consiste en el análisis de la distribución espacial de los hechos. En efecto, el mapa muestra con claridad cómo los homicidios se distribuyen, casi en su totalidad, en las zonas más vulnerables del partido de Gral. San Martín. Especialmente en el área Reconquista, ubicada a la izquierda del mapa. La jurisdicción de las comisarías que intervienen en los barrios vulnerables de esta área, junto con la que corresponde a la zona del Barrio Loyola, condensan más del 90% de los homicidios ocurridos en el partido de Gral. San Martín.

Mapa 1. Homicidios según ubicación geográfica.
Partido de General San Martín. 2019-mayo 2021

Si analizamos la distribución de los heridos por arma de fuego, observamos una distribución similar. De hecho, resulta aún más evidente que las violencias asociadas al uso de armas de fuego se dan principalmente en los barrios vulnerables. Las tres grandes manchas de la izquierda, ubicadas también en el Área Reconquista, evidencian nuevamente una distribución desigual de las violencias.

Mapa 2. Heridos por arma de fuego según ubicación geográfica.
Partido de General San Martín. 2019-mayo 2021

Lo mismo puede decirse del análisis de los heridos por armas blancas:

Mapa 3. Heridos por arma blanca según ubicación geográfica.
Partido de General San Martín. 2019-mayo 2021

Con todo, el análisis de los datos cuantitativos nos permite afirmar que las violencias se concentraron en las áreas segregadas. Ahora bien, esta desigual concentración de las violencias nos remite a nuestra pregunta inicial de cuál es la vinculación entre mercado de drogas ilegalizadas y violencias: ¿Estas violencias son resultado del mercado de drogas ilegalizadas? ¿El aumento de las violencias es por los transas? Auyero y Sobering (2021) señalan que la violencia no se circunscribe exclusivamente a los participantes de la venta de drogas, sino que se derrama por el barrio afectando a muchos (o a la mayoría) de los vecinos. Pero ¿cómo es que esta violencia se expande o se derrama? Según Auyero y Sobering el derrame es resultado de la protección policial, lo que denominan colusión que tienen los transas y que desencadenan múltiples formas de las violencias. Entonces, para ellos, en la raíz de las violencias están los transas. Proponemos aquí, una interpretación diferente, una explicación multicausal; antes de llegar allí daremos un debate –¿ineludible?– sobre la acumulación social de las violencias.

Los transas en los barrios

Durante el trabajo de campo, nos interesaba indagar sobre las violencias y las prácticas de policiamiento durante la pandemia y las distintas instancias del aislamiento. Sin buscarlo, apareció recurrentemente la figura de los transas como un actor clave que, frente a la situación excepcional de la pandemia y el aislamiento, cobraba protagonismo.

Entendemos que transa es una categoría nativa que alude a la persona que se dedica a la venta de drogas ilegalizadas. Ello no implica que el transa sea una organización extensa, antes bien, parecen ser múltiples, pequeñas y disímiles organizaciones para la comercialización. Es importante hacer esta aclaración puesto que esta figura dialoga con el imaginario del narco, categoría que remite a una organización mayor y fuertemente estructurada. En muchas ocasiones la categoría narco aparece como sinónimo de transas en los barrios, aunque con eso se refieren a vendedores barriales y pequeñas organizaciones.

Empezamos señalando que los transas en los barrios han ganado protagonismo desde el aislamiento pandémico, de tal modo que las representaciones sobre ellos están modificándose en los barrios del AR. En efecto, los transas son ambiguamente interpretados por sus vecinos: “arruinan a los pibes”, “andan a los tiros en los pasillos” pero también “prestan plata” y dan trabajos ante el aumento de la pobreza. Mientras el Estado suspendía una gran parte de sus intervenciones en los barrios del Área (y con ello disminuye su visibilidad), los transas distribuían recursos, acaso incrementando su legitimidad[5].

Juan va hasta lo del transa. La noche cae en Carcova. No va a comprar falopa, va a pedir plata. Los conoce a los pibes que venden desde que son chiquitos, además de vender droga son prestamistas. Juan les deja su tarjeta del plan como seguro de que va a devolver lo prestado. Necesitaba plata para comprar comida, no había changas y la plata del plan no duró nada. El trato es claro, pide tres lucas y tiene que devolver seis. No hay tiempo para evaluar la tasa de interés exorbitante que acuerda. Es un servicio financiero con un costo altísimo pero el único disponible en la necesidad y urgencia. Si salen tres changuitas de pintura devuelve todo y recupera la tarjeta. Pactan una fecha de devolución en una semana. Juan se va con la plata rumbo a uno de los almacenes del barrio (nota de campo).

En otros barrios del AR, existen diferentes mecanismos de préstamos. Los transas pueden prestar sin pedir seguro; préstamos a sola cara. Conocen a los vecinos y les dan el dinero. Como los transas están atentos a cada movimiento del barrio, esa vigilancia se acumula en un conocimiento para identificar a quién y cuánto pueden prestar. En definitiva, elaboran diferentes mecanismos para asegurarse garantías de devolución, al mismo tiempo que posibilitan el acceso a créditos a personas que tendrían más dificultades para obtenerlos en otros lugares. Los transas están siempre, atienden las 24 horas del día, los siete días de la semana, en lugares donde los bancos no llegan. Siempre disponibles. Además, proponen un acuerdo sin letras chicas o fórmulas ocultas. Un banco a la vuelta de tu casa, abierto todos los días y todo el día. Los vecinos saben que si no pagan pueden sufrir represalias violentas. Se trata de aprietes que tienen diferentes grados de violencia. Por lo general, empiezan como una amenaza y van escalando. Las reglas son claras para los vecinos: plazos, intereses y sanciones. Los plazos se negocian, pero nunca superan los dos o tres meses. Los intereses son comúnmente del 100%. Y a los morosos les cabe diferentes formas de la violencia.

¿Por qué las vecinas y vecinos entran en estas relaciones? ¿Por qué aceptan estos préstamos que explícitamente incluyen violencias y usura? Hay dos cuestiones claves para responder estas preguntas. Por un lado, el ejercicio de la violencia explícita en una relación de crédito no desentona con un universo social donde las violencias regulan muchos aspectos de la vida cotidiana. Por otro lado, el uso de la fuerza violenta no debería opacar el hecho fundamental: los transas prestan un servicio. Estos servicios poseen ciertas propiedades como la flexibilidad (todo se puede renegociar), la completa disponibilidad frente a las urgencias (siempre están cuando los necesitan, a diferencia de otros actores) y la claridad de las reglas (es explícito el riesgo y la violencia).

Los préstamos crecieron con la pandemia. Los vecinos sufrieron la crisis y recurrieron más a los transas/prestamistas. El flujo de dinero aumentó. Hay más deudas por la crisis y cada vez más jóvenes trabajan con los vendedores de drogas. Soldaditos, punteros, pululan por los barrios en empleos mejor pagos que el promedio de cualquier trabajo legal. El mercado de drogas ilegalizadas moviliza muchos recursos y cada vez se nota más en los barrios como posibilidad de empleo. De este modo, en los barrios encontramos que buena parte de los vecinos están relacionados de algún modo u otro con los transas. Advirtiendo que los transas se volvieron actores cada vez más protagónicos en los barrios del AR, nos toca en el próximo apartado analizar sus formas violentas.

Violencias en los barrios, violencias transas

Siguiendo la reflexión sobre los mercados de drogas ilegalizadas nos interesa pensar su vínculo con las violencias. Una entrevistada nos decía que las manifestaciones de las violencias interpersonales no eran un problema en el barrio. Pero que por el contrario las disputas territoriales entre organizaciones encargadas de la venta de drogas ilegalizadas traían serios inconvenientes:

Conflictos, no, no, entre vecinos no. Solo como te digo, acá la gente, la gente se lleva bien ¿no? Ellos nada más, los transa digo, que no te dejan… Se pelean en cualquier lado, ese es el problema, no es que la gente tenga problema.

Para los vecinos, los enfrentamientos entre bandas son un problema creciente del AR[6]. Y, cuando los vecinos hablan de estos temas, indefectiblemente mencionan a las policías.

Los delincuentes están más protegidos con la policía que las víctimas. O sea, la droga. Por ejemplo, los que venden droga acá en José León Suárez, acá pasa un policía caminando y en la esquina están vendiendo droga. Siguen vendiendo porque es difícil de explicar, qué sé yo. Vos decís Guau, es una cosa de locos. Se vende, la autoridad se vende.

La interpretación de vecinos y vecinas sobre la relación entre transas y policías hace mención a la categoría de corrupción. Estas percepciones de los vecinos resultan consistentes con algunas denuncias e investigaciones judiciales que dieron cuenta de la implicación de algunos policías en la venta de drogas. Dichas investigaciones han sido también divulgadas por los medios de comunicación, en donde por ejemplo se señala que “Cayeron cinco policías bonaerenses acusados de darles protección a narcos”, dando precisiones sobre la zona analizada[7].

De este modo, desde la perspectiva de los vecinos, la policía “cuida al que vende” drogas, señalando con esto un entramado de corrupciones policiales. Ahora bien, estos arreglos ilegales no alcanzan solo a la policía. El problema son los acuerdos de corrupción y no tiene solo que ver con la policía, sino con los que están en los cargos altos de la policía. El policía es una herramienta, a nosotros no nos cuida porque tiene que cumplir órdenes de acuerdos que están en otro nivel jerárquico.

En la misma línea, otro entrevistado menciona que la convivencia de la policía con los transas se transforma en violencia policial para con algunos vecinos:

Aumentó mucho el narcotráfico en los últimos años, ese es el problema. Los pibes se van a comprar un porro y los para la policía en vez de ir y hacerle bondi a los narco los agarran a los pibes los cagan a patadas a los pibes y todo por un faso. Los llevan a la comisaría y con eso declaran que estuvieron trabajando. Los patrulleros pasan por el punto de drogas y pasan de largo y está ahí en sus narices. Ese es el problema más grave que viene pasando, o al menos lo que yo vengo viendo, el tema de la droga.

Ahora bien, como decíamos, los vecinos señalan un aumento del protagonismo transa en los barrios del AR. Algunos de ellos refieren que este incremento es también un aumento de las violencias, aunque otros no ven grandes cambios. En efecto, “Acá es así”, nos decía un vecino del AR refiriéndose a las violencias y homicidios en su barrio, Carcova, durante la pandemia. Un policía entrevistado, en el 2021, realizaba, también, una referencia espacial a las violencias. Afirmaba:

en esos lugares, a veces no alcanza la palabra y la policía tiene que hacer uso de la fuerza pública. No existe el diálogo, tenemos que imponer y el habla a veces no alcanza y tenemos que hacer uso de la fuerza pública y ahí empieza el problema. Los problemas. A veces tenés un problema con un vecino y se acercan otros que están en contra del personal policial, se meten en el problema, pero no para ayudar. Y si nos llevamos a un vecino a la comisaría, nos vamos recibiendo palazos, botellazos, piedrazos.

Llegado a este punto, nos interesa analizar cómo para algunos vecinos se incrementaron las violencias asociadas a los mercados ilegalizados de drogas y que en este incremento las policías tienen un rol protagónico. Los transas aparecen recurrentemente como un elemento asociado a las violencias y a la corrupción policial. En esta articulación nuevamente la segregación espacial es la clave explicativa. Siguiendo a Wacquant (2007), para comprender cómo diferentes formas de la violencia se concentran en áreas segregadas es necesario analizar el rol del Estado.

Auyero y Berti (2013) califican de intermitente, selectiva, contradictoria cuando no, directamente negativa, la presencia del Estado en los espacios segregados, mientras que Auyero y Soberling (2021) señalan que existe una forma particular en la que el Estado se hace presente en estos territorios: la colusión refiere a la complicidad, connivencia entre agentes estatales y delincuentes. Más allá del modo en el que caractericemos estas formas, cuando el Estado interviene en los barrios segregados a través de las fuerzas de seguridad profundiza la segregación y lejos de resolver las violencias, estas se acrecientan.

Los transas y la acumulación social de la violencia

El análisis detallado de los homicidios subraya que algunos asesinatos están vinculados a los mercados de drogas ilegalizadas. En el 2020, hubo dos triples homicidios como resultados de balaceras por la disputa de territorios entre organizaciones que comercializan drogas. Sin embargo, otros homicidios son parte de rencillas entre bandas que solucionan sus problemas a los tiros. Rencillas que están más vinculadas a la muestra de virilidad, a problemas interpersonales entre vecinos, etc. Sostenemos entonces, que no todos los homicidios en el AR están vinculados a las disputas entre transas. Existe un proceso social de larga duración, una acumulación social de la violencia (Misse 2010), que explica las violencias en estos territorios más allá del actual protagonismo de los transas.

La distribución desigual de los homicidios, evidente en los mapas analizados, no es un fenómeno nuevo. Explicar con la cuestión narco la desigual distribución de los homicidios olvida una larga historia de segregación espacial. Misse (2010) para dar cuenta de la acumulación social de la violencia en Río de Janeiro habla de un círculo vicioso de factores que se retroalimentan de forma acumulativa. Señala (2010:4) que el núcleo principal de esta espiral de violencia es la resolución de conflictos con el uso de armas de fuego. Retomamos al AR y decimos que aquí también hay mucha bala, mucha arma de fuego y su utilización como medio para zanjar disputas varias y variadas. Además, afirmamos que la utilización de armas de fuego viene de larga data y que no puede reducirse al problema transa.

Hace diez años, mucho antes de que los transas tengan la incidencia que actualmente tienen en el AR, los datos de homicidios mostraban similitudes sorprendentes. Tomemos como eje la investigación cuantitativa hecha por la Corte Suprema de Justicia para el año 2012. En ese año hubo en el Partido de San Martín 45 homicidios, una tasa de homicidios de 10,86 cada 100.000 habitantes, lo mismo que en el 2011. El informe georreferenciado de la corte tiene profundas similitudes con lo hasta aquí planteado: las violencias se dan cita en los espacios segregados. Entonces, es hora de dar cuenta del círculo vicioso de factores que se retroalimentan de forma acumulativa en el AR y que habilita pensar cómo esto sucede en otras áreas segregadas por la pobreza.

Conclusiones preliminares

Queremos finalizar con una reflexión sobre la acumulación social de las violencias en los barrios segregados. Nos interesa remarcar que la segregación espacial se retroalimenta con la acumulación social de las violencias. Por un lado, la segregación espacial de la pobreza se enraíza, se potencia y refuerza por el efecto que producen las violencias acumuladas. Pero al mismo tiempo, estas violencias legitiman la segregación espacial. En los espacios segregados el Estado interviene de forma diferencial para solucionar las conflictividades interpersonales que se terminan –por las lógicas de las venganzas nunca terminan– solucionando con armas de fuego. En estos espacios segregados por la pobreza la intervención estatal es diferencial y por ello se acumulan las violencias.

Entendemos que la intervención estatal no es deficitaria, es una forma determinada de intervención. Siguiendo a Pita (2019) los barrios populares, conocidos como villas de emergencia, no son espacios con ausencia de estatalidad. La autora quiere mostrar que estos barrios no están abandonados, excluidos ni aislados; no son guetos. Por el contrario, están segregados, pero son espacios sociales muy intervenidos. Estos barrios, unidos y separados de la ciudad formal, subordinados a la trama urbana formal, se configuran como espacios segregados en términos sociales, espaciales y simbólicos. Hay un tratamiento diferencial y desigual. El Estado interviene, pero de otras formas, con otras lógicas. Y, como resultado de esa intervención diferencial se produce una distribución desigual de la violencia. Tanto de la violencia del Estado como la violencia social: la gestión de la vida y de la muerte es diferente en estos barrios.

Así, la distribución desigual de las violencias que aparenta ser un fracaso de las políticas de prevención es el resultado de la segregación espacial por la pobreza. Aquí podemos, para finalizar, bucear en el concepto de necropolítica. Con esta noción Mbembe (2014), retoma la biopolítica foucaultiana y aporta otras dimensiones analíticas. La biopolítica refiere a los dispositivos de poder, dispositivos de control sobre la vida, mientras que la necropolítica las formas del poder que regulan la morir que distribuye el riesgo de ser herido y/o morir de forma extremadamente desigual. Un fracaso de las políticas de prevención que es el éxito de un estigma, el éxito de una política de muerte y violencia.

Bibliografía

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Mbembe, A. (2014). Necropolítica. Melusina Editores, Buenos Aires.

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  1. La cuestión de la segregación espacial de la pobreza reconoce una amplia, larga y compleja tradición que se remonta a los estudios de la “Escuela de Chicago” (Janoschka, 2002), utilizamos aquí la noción acuñada por Löic Wacquant (2007). A través de la comparación entre el “gueto norteamericano” y la periferia de París, el autor define a estos espacios según una serie de características comunes: 1. albergan una población que disminuye en número, 2. presentan una estructura demográfica de clases y de edad caracterizada por el predominio de jóvenes, trabajadores manuales y empleados en puestos poco calificados de los servicios; 3. abarcan fuertes concentraciones de “minorías” étnicas o migrantes 4. Muestran tasas de desempleo, subempleo y precarización laboral relativamente elevadas, como consecuencia de la desindustrialización y los vaivenes en el mercado de trabajo característicos de la reestructuración del capitalismo reciente (Wacquant, 2007). Se trata además de espacios fuertemente estigmatizados, “barrios de exilio” en los cuales las poblaciones “marginadas”, condenadas a la “obsolescencia económica” por la reorganización posfordista de la economía y la reconstrucción postkeynesiana del Estado, se encuentran “separadas de hecho” del resto de la ciudad (Wacquant, 2007: 201).
  2. El núcleo de estudios sobre violencias se encuentra radicado en la Universidad Nacional de San Martín. Sitio web: nev.unsam.edu.ar
  3. Los datos y análisis que integran este apartado ya han sido presentados en Caravaca, Garriga Zucal y Mancini (2023).
  4. Los trece barrios que integran el Área Reconquista son: Barrio UTA, Lanzone, Villa Hidalgo, La Cárcova, Independencia, Libertador, 9 de julio, Sarmiento, Costa Esperanza, 8 de Mayo, Costa del Lago, 13 de Julio y Los Eucaliptos. Por una decisión ético-metodológica, no usaremos los nombres oficiales de estos barrios en el análisis de las entrevistas para preservar el anonimato de nuestros entrevistados/as. Asimismo, hemos optado por no usar seudónimos usando solamente la mención al entrevistado/a.
  5. Las reflexiones de este apartado son deudoras de un diálogo con Romina Rajoy y Ariel Wilkis. Diálogo que fue publicado en https://bit.ly/3QasAza
  6. Como vimos en el apartado anterior, esta interpretación de los vecinos no coincide necesariamente con las estadísticas históricas de las violencias en los barrios.
  7. https://www.lanacion.com.ar/seguridad/cayeron-cinco-policias-bonaerenses-acusados-de-darles-proteccion-a-narcos-nid1804735/


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