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Cuerpos e(in)migrantes, alteridades, mitos y conflictos

Configuraciones literarias de desplazamientos entre Argentina e Italia

Fernanda Elisa Bravo Herrera[1]

Planteos preliminares

Este trabajo se propone rastrear y reconstruir, en un corpus de textos literarios argentinos e italianos, las configuraciones y perspectivas ideológicas alrededor del fenómeno “e(in)migratorio”[2] a partir de las representaciones del cuerpo y de la corporalidad concebidos, desde la semiótica montpelleriana, como genotextos[3], es decir, como núcleos de sentido y productividad significante.

El análisis comparatista de las varias representaciones e inscripciones permite trazar constantes y variables ideológicas que delimitan y modelizan, por una parte, los complejos y múltiples espacios identitarios del sujeto “e(inmigrante)” y, por otra, los proyectos políticos de construcción de identidades colectivas nacionales que se instauran en vinculación con los desplazamientos “e(in)migratorios” tanto en Argentina como en Italia. En el abordaje de un corpus significativo de textos literarios seleccionados, pertenecientes a los dos espacios geoculturales, se reconocen, entre otras cuestiones, los conflictos instaurados a partir de las múltiples alteridades, las mitificaciones y desmitificaciones, las violencias simbólicas y físicas, los horizontes socioideológicos, las conformaciones identitarias del sujeto cultural, y las determinaciones del espacio biológico y del contexto político-social en la constitución identitaria.

El cuerpo, en cuanto genotexto, con sus valencias y declinaciones, puede comprenderse como un entramado de sentido en el cual es posible leer las interpelaciones ideológicas, como sostiene Göran Therborn[4], es decir, las configuraciones identitarias del sujeto cultural, que, según Edmond Cros, es “la emergencia y el funcionamiento de una subjetividad; […] un sujeto colectivo; […] un proceso de sumisión ideológica”[5], las articulaciones y dialécticas con la(s) otredad(es) y el emplazamiento, (des)posesión de un espacio semiótico que permite narrar el mundo. Esto permite abordar la temática y la inscripción semántico-ideológica del cuerpo como manifestación de experiencias hermenéuticas no solo individuales, sino relacionales. Es oportuna, en vinculación con esto, la observación de Mar­gherita Cannavacciuolo, quien afirma que

los cuerpos no son entidades estables y fijas, sino procesales. Vivir con el cuerpo supone no solo que el mundo es conocible a través de él, sino también que este afecta al mundo y se ve afectado por él y por los otros[6].

El abordaje de los textos supone comprender elípticamente y en contrapunto las (re)semantizaciones del cuerpo en ficciones narrativas, que construyen el concepto de nación y de comunidades imaginarias, tal como las formuló Benedict Anderson[7], y que, en consecuencia, representan los síntomas del cuerpo nacional, con sus conflictos y problemáticas, como “ficciones somáticas” según la propuesta de Gabriela Nouzeilles[8]. Esto constituye otra forma del cuerpo de estar “significativamente presente”[9], de mediación y articulación múltiple y compleja entre las subjetividades, los otros y el mundo, en una tensionalidad témporo-espacial en la que las interacciones se manifiestan en el entramado del lenguaje.

Las estratificaciones de las representaciones del cuerpo –de los cuerpos– en los textos vinculados con el proceso caleidoscópico de la “e(in)migración” permiten trazar los múltiples deslizamientos y declinaciones de las significaciones alrededor de dicho fenómeno, de tal modo que el cuerpo, en su (in)visibilización, enuncia luchas, conflictos, proyectos, utopías, distopías y, por ello, se puede entender como caja de resonancia de lo social. Cuerpo y palabra se enuncian recíprocamente, y en ambos se inscribe el discurso social, entendido como hecho social en una infinita matriz semiótica, tal como lo concibe Marc Angenot, es decir, como “todo lo que se dice y se escribe en un estado de sociedad, todo lo que se imprime, todo lo que se habla públicamente o se representa hoy en los medios electrónicos”[10] y que determina y se encuentra determinado, a su vez, por “las reglas de encadenamiento de enunciados, los sistemas genéricos y los repertorios tópicos que organizan lo decible y lo pensable en un momento dado”[11]. Lenguaje y cuerpo, entonces, indisolublemente construidos textualmente, como experiencias y procesos hermenéuticos, emplazados en lo semiótico y social, en cuanto

el cuerpo no es el pariente pobre de la lengua, sino su socio […] en la permanente circulación del sentido que da su razón de ser al vínculo social. Ninguna palabra existe sin la corporeidad que la envuelve y le da carne[12].

A partir de estas premisas, en la lectura de los textos vinculados con la “e(in)migración”, se abordará al cuerpo como genotexto, atendiendo, entre las tantas variables que lo modelizan y le confieren particularidades específicas, a la de la sátira político-social, seleccionando textos representativos de la literatura italiana y argentina, para articular de este modo una aproximación a la “e(in)migración”.

El cuerpo desde la sátira político-social

Desde una posición crítica a la “e(in)migración”, diferentes gradaciones de la risa proyectan las representaciones del cuerpo de los sujetos “e(in)migrantes”, tanto en el espacio literario italiano como en el argentino. Sátira y grotesco son las formas predominantes de organización del lenguaje en las que la posición político-social denuncia, a través de la ficcionalización del cuerpo, la construcción de la narratividad de proyectos político-culturales. Resulta, entonces, que la “e(in)migración” es una problemática conflictiva a corregir. La sátira se conforma en una relación binaria y de oposiciones, ya que se emplaza en el espacio de lo didáctico, en una tensión que busca corregir y, en la negación, la afirmación de lo opuesto que se rechaza y se busca subvertir.

En esta línea, en el espacio literario italiano, la trilogía Emigrati. Studio e racconto de Antonio Marazzi (1880-1881)[13] es un texto original no solo por la complejidad discursiva del texto y por la inscripción de lo cómico en sus diversas variables, sino también por el tratamiento del cuerpo y de sus representaciones, declinado desde una posición crítica a la política que, en Italia, favorecía la emigración. El cuerpo resulta el entramado semiótico en el cual se narrativiza y ficcionaliza, como síntoma social, un problema que no es subjetivo, sino cultural. Las diversas peripecias por las que pasan los protagonistas de la novela, Agostino Codazzi y Silvestro Piantelli, emigrados a la Argentina, se encarnan en sus cuerpos, que sufren las consecuencias del desplazamiento migratorio. La mirada crítica transforma a los emigrantes en víctimas de sus decisiones personales y de las políticas estatales de Argentina y de Italia, que no los tutelan. Los daños que soportan, las injusticias, la violencia en sus múltiples formas revelan la corrupción del tejido político y la vacancia de legislaciones que garanticen un marco de legalidad, la concreción de un acuerdo social como instancia de modernidad y orden. Este caos se manifiesta en las múltiples marcas que van signando el cuerpo de los emigrantes y de quienes los acompañan. Guerra, malones, cautiverio en una toldería, trabajos que rayan en la esclavitud, hambre, enfermedades, vejez, mutilaciones son algunos de los factores que van minando la unidad corporal de los sujetos, desplazándolos del centro a los márgenes, imponiéndoles esquemas y ejercicios de violencia, modificando el orden y colocándolos, en varios momentos, cerca de la muerte o en la muerte misma.

Todo este recorrido por “pruebas” que podrían inscribir a los emigrantes en el espacio de la heroicidad, en cuanto muchas de ellas las superan y en otras perecen, es, en última instancia, una estrategia discursiva para apelar contra el proyecto de “e(in)migración” y las políticas argentinas e italianas en relación con dicho fenómeno. Es a través de la risa satírica que se construye una crítica en la que lo cómico se inscribe como una forma persuasiva y catártica para permitir, por una parte, una identificación y, por otra, una mayor eficacia comunicativa.

El cuerpo de los emigrantes, así, pone en evidencia y narra, hace lenguaje, el fracaso del proyecto “e(in)migratorio” en un encadenarse de sucesos que finalizan con la mutilación de los protagonistas, que funciona como advertencia a otros incautos que quieran probar su fortuna en América. De esta manera, se desmonta explícitamente el mito del fare l’America que promovía la emigración masiva, cuando Codazzi, ya de regreso a su pueblo, respondiendo a la pregunta de si convenía o no ir a América, concluye:

… chi appena può campar la vita è meglio stia a casa sua: chi poi è giovane e non ha mezzo d’ingannare l’appetito, può tentare la fortuna. Se l’indovina tanto meglio; se no, si romperà il collo in Merica come poteva romperselo qua, che è lo stesso! Di guai ce n’è in tutti paesi del mondo. In Merica poi bisogna star franchi in gamba e tenere gli occhi aperti più ancora che da noi, e magari andarci con tre occhi e tre gambe invece che con due. Vedete cosa è successo a me e Silvestro? Se avessimo avuto un occhio e una gamba di scorta, ci sarebbero proprio venuti a taglio![14]

La comicidad se produce en el lenguaje coloquial y simple de Codazzi, en la exageración del cuerpo que necesita aumentarse, crecer, volverse monstruoso, romper la normalidad, para poder enfrentar, sin pérdidas, situaciones disfóricas y de violencia, provocadas por la emigración. La inadecuación del emigrante, su incapacidad para enfrentar y resolver situaciones que se le presentan en el Nuevo Continente se hacen visibles en sus conductas, su lenguaje y su cuerpo, que termina, en algunas secuencias narrativas, satirizado, delineado desde la deformación grotesca, desde lo monstruoso comprendido como índice de crisis[15]. Es ejemplificador de ello el episodio en el cual Codazzi, tratando de imitar a los gauchos en la forma de comer los asados, se corta la nariz, demostrando así no solamente su impericia, sino también la imposibilidad de mimetizarse, de volverse otro, de abandonar rasgos identitarios. Esta incapacidad es comprendida por el mismo Codazzi, que afirma, luego de haberse cortado la nariz:

Ho capito, disse egli ad alta voce, asciugandosi col fazzoletto il sangue che colava dalla ferita – la prima cosa che bisogna imparare in America, prima ancora di sapere se ci vogliano o no i buoi, è la maniera di mangiare![16].

La comicidad se produce por lo ridículo del hecho y porque es origen de una serie de confusiones en las que es protagonista Codazzi, sin serlo verdaderamente, es decir, como héroe de guerra y, en otro momento, como un hombre violento. Así lo relata Silvestro en una carta dirigida a su madre:

… solo il Codazzi, pochi giorni dopo il nostro arrivo, venne battuto ed arrestato da due guardie di polizia e tenuto in prigione una settimana per isbaglio, sospettandosi, per una ferita che si aveva fatto per caso da sé stesso al naso, che egli avesse preso parte ad una rissa, nella quale era rimasto ucciso uno del paese[17].

Esta confusión de identidades, a partir de una herida en el cuerpo y por su prominente nariz que lo caracteriza, remite a la tradición de la sátira menipea, en la cual el encuentro en los caminos, la parodia, lo grotesco y lo carnavalesco constituyen una constante definitoria[18]. La nariz protuberante resulta identificatoria del protagonista, marca que hace de su figura una caricatura cómica, pronta al ridículo, causa y evidencia determinante de accionar y resultados, pues “avendo avuto la fatalità ch’egli girasse il mondo, quel naso divenne come la calamita delle sue avventure per cui, come vedremo, la storia della di lui intera individualità, si riassume e s’identifica in quella del suo naso”[19].

El cuerpo mutilado del emigrante es metáfora, cifra, del proyecto político a favor de la “e(in)migración” y síntoma de la mutilación de la sociedad, de la nación. En relación con esta imagen, es necesario citar dos cuestiones que remiten al mismo campo semántico. La primera, la representación de la emigración en varias producciones italianas, especialmente de fines del siglo xix y principios del xx, como una hemorragia que debilita el tejido social. Son significativas las imágenes que propusieron para describir a la emigración Gioacchino Volpe, político e historiador italiano, y Giovanni Florenzano, protagonista olvidado del período posunitario[20]. El primero la representó como “sangue che fluisce come da una ferita aperta e lascia impoverito anche l’organismo spirituale della Nazione”[21], y el segundo, como “somma di lavoro che esce dalla patria, alla quale produce lo stesso effetto che al corpo umano deriva da una larga ed inopportuna sottrazione di sangue; lo indebolisce quando non lo uccide”[22]. El cuerpo social se enferma, sufre, se debilita por la emigración. Así, Edmondo de Amicis, en Sull’Oceano, presenta a la emigración como “lo scambio del sangue e dell’oro fra i due mondi”[23], y Enrico Corradini, en Le vie dell’Oceano, pone en un padre las siguientes palabras dirigidas, como advertencia, al hijo: “Figlio, chi passa il mare e mette su famiglia in quei paesi stranieri, disperde il frutto del suo sangue per il suo paese natale”[24]. La segunda cuestión, que será posterior a la publicación de los textos citados, remite a la mutilación de los cuerpos de los soldados de la Gran Guerra como metáfora de la victoria mutilada[25], figura que podría comprender a los cuerpos mutilados de los emigrantes como metáfora de la sociedad mutilada y del fracaso del proyecto de unidad nacional.

Retomando la caracterización grotesca del cuerpo y la modelización crítica a la “e(in)migración” desde la comicidad, en el espacio literario argentino, es significativa la serie de textos en los que es protagonista Giacumina. Esta serie, que originó la literatura giacumina, inició con el folletín Los amores de Giacumina Escrita per il hicos dil duoño di la Fundita dil Pacarito, publicado en el diario El Liberal en 1866 y cuya autoría se atribuye a Ramón Romero[26]. En este folletín, a través de la sátira y el grotesco, el cuerpo de la joven se vuelve central en el accionar amoroso, en la ruptura de todas las normas sociales, en la revelación de su monstruosidad. Lo cómico, entonces, construye una “semántica del extraño”, en el “mecanismo del miedo a la contaminación”[27] a través de la configuración del exceso, de lo monstruoso, de la señalación de la corrupción, sea por el medio, sea por la propia naturaleza del sujeto. En última instancia, “la maquinaria biopolítica de la legitimación de una condición”[28] que somete a la mujer inmigrante a la marginalidad. El cuerpo de la mujer se presenta como causa de corrupción y desviación de normas, es decir, como motor subversivo que contradice la sociedad y la mina. Desde el “Prelogo”, Giacumina se presenta en función de su cuerpo, descripto en los detalles de su sexualidad y en las relaciones con hombres del barrio y con clientes de la Fonda de los padres. El negocio y la casa familiar resultan, entonces, potencialmente, un espacio superponible a un prostíbulo por el comportamiento de la hija:

Giacumina teñiba las piernas gurdas, así gurdas pero así gurdas, lo que hacía que todos los hombre cuande la viesen in calle, abriesen tamaño di grande lus ocos.

E la picara di la mochacha que sabia que esto li guistaba a los hombres, se pretaba la ligas para que se inchasen mas la pantorrilla di las piernas.

Per supuesto que Giacumina sempre teñiba mas di venti novio, no solamente por la pierna gurda, sinuo por la carita culorada é la oltra cusita ridonda que in il cuerpo sobresalia.

Alíi no había enguaño, todo era gurdito e maciso.

Il dia que Giacumina si paraba inta puerta di la fundita, caiban lo merchanti cume mosca á la asucar[29].

El lenguaje del texto acompaña la corrupción, la desviación de la norma, haciendo visibles los daños de la inmigración. Es a través del cuerpo de Giacumina, enfermo mortalmente, que se impone el castigo ejemplificador y se restituye el orden. La aparente carnavalización del texto se resuelve, entonces, en una configuración didáctica, advertencia contra el libertinaje y condena de la mujer inmigrante que no se integra ni respeta las normas. El cuerpo enfermo de Giacumina, en podredumbre, se muestra como si se tratase de un cadáver viviente, acentuándose los detalles de su corrupción. Esto remite a la tradición medieval del Triunfo de la Muerte, del Encuentro con los Muertos y de la Danza Macabra[30], sin que se modelice el sentido escatológico o religioso, sino una voluntad moralizante de condena a la corrupción de costumbres. Como “cunsicuencia di las calaveradas”[31], finalmente se revela en el cuerpo una conducta fuera de las leyes, sus consecuencias y la caída moral de la mujer inmigrante. El cuerpo es descripto desde lo macabro, lo monstruoso de la enfermedad, la podredumbre en vida, como si fuera un cadáver en corrupción antes de ser alcanzado por la muerte:

La vida di atorrante qui llevaba Giacumina había cuncluido cun so hermosura. Los que la habían cunecido cun las piernas gurdas é la cara culoradita, si asostaban lo que la veían ahora que pareciba in esqueleto. Y cada día que pasaba era ma pior. La pobre Giacumina si habia infermao é li cumezaron á salir granos é saramagullones pertodo il cuerpo. La nariz, ditanto chopar caña, la teñiba cume in pepino culorao, se li reventó. In la frente li salió ina punta di grano grandes cume nueces. Era la corona di Venus! Las piernas que istaban flacas cume las di los tero-tero, se li había riventao, churreandole il humor cume manteca diretida. Cuande lligó á este periódico di enfermetá ni los mimo atorante la queriban tener di cumpañera. Giacumina era más dispreciada que in perro sarnoso, di eso que lleva Graguera. No li quedaba otro ricorso que dir al hospital á curarse[32].

Otro texto en el que el cuerpo de la mujer inmigrante se configura desde la monstruosidad y la hipérbole, apropiándose de algunas estrategias carnavalescas, es La nona de Roberto Cossa. Aquí es la abuela, origen de la familia, la que lleva a la ruina a todos los miembros por su hambre excesiva, ya que fagocita a todos, los devora como si fuera una versión de Cronos que revierte el mito de América como tierra de abundancia. El hambre excesiva de la mujer anciana muestra que esa abundancia, que sostiene la utopía y el motor de la “e(in)migración”, no es suficiente para satisfacer el deseo hiperbólico, causa de destrucción y aniquilamiento. Así, no obstante la muerte de la familia –mínimo cuerpo social que forma parte de otro más grande, nacional–, la nona persiste en su propósito de satisfacer esa insaciable hambre que es, en última instancia, un castigo, como lo es el movimiento perpetuo, sin causa y sin fin del Judío Errante. La escena final de la obra, en la cual hasta los espectadores son fagocitados, muestra el principio corporal regido por el hambre y el desmembramiento de la sociedad por esta:

Nona. – ¿Qué yiorno e oyi?

Chicho. – Viernes.

Nona. – Viernes…. ¡Pucherito! Ponele bastante garbanzo, ¿eh? ¿Compraste mostaza? Tenés que hacer el escabeche, que se acabó…. E dopo un postrecito… Flan casero con dulce de leche…

(A medida que la Nona habla Chiccho se levanta y, como un zombie, retrocede hacia su pieza y se tira en la cama.)

Nona. – Domani podé hacer un asadito… con bastante moyequita… y a la doménica, la pasta.

(Chicho, en la penumbra de su pieza, se tapa los oídos con las manos.)

Nona. – Ma… primo una picadita… un po de salamín… formayo… aceituna… aquise picadito… mortadela… e un po di vin.
(Desde la habitación de Chicho llega el sonido de un balazo. La Nona no se inmuta. Saca un pan del bolsillo del vestido y se pone a masticar. Las luces se van cerrando sobre la cara de la Nona, que sigue masticando.)[33]

Mínimas conclusiones a manera de cierre y apertura

Este breve recorrido por la variable satírica que determina las representaciones del cuerpo del “e(in)migrante” italiano en Argentina, en ambos espacios geoculturales y atendiendo a la producción literaria, permite comprender la complejidad de las interpelaciones ideológicas, su estratificación y la modelización de las articulaciones entre identidad y alteridad.

Además de esta variable, en un corpus más amplio, operan otras que muestran el carácter caleidoscópico de las configuraciones del cuerpo, como la normativización de la emigración desde un ethos y la emergencia de la subjetividad bajo el signo de la nostalgia, la memoria, los desplazamientos múltiples. De esta forma, en La muerte de Antonini de Gastón Gori[34] y en Los gauchos colonos de Mario César Gras[35], se representa la usura como (auto)fagocitación que destruye el cuerpo social y deja sus marcas en los cuerpos de los inmigrantes. La condena social que deriva del contexto y se configura desde un determinismo social interviene en el tratamiento del cuerpo en la novela En la sangre de Eugenio Cambaceres[36]. En la novela La cruz nuestra de cada día de Roberto Mariani[37], como en la de Cambaceres, el ambiente del conventillo imprime en los cuerpos de los inmigrantes un estigma no solo social, sino espiritual de degradación. La guerra, como variable de violencia, también se impone en los cuerpos de quienes, no obstante la inmigración, llevan consigo sus heridas, como en El laúd y la guerra de Martina Gusberti[38] y en Si hubiéramos vivido aquí de Roberto Raschella[39].

La memoria, por su parte, refleja la persistencia y también las debilidades de un cuerpo distanciado de un territorio, de un tiempo, es decir, de un cuerpo “descarnado” en búsqueda de soportes materiales que permitan redefinir y proyectar una identidad asediada o vencida. Así lo presenta, en una tensión hecha de regresos y partidas, de abandonos y persistencias, Raschella, a partir de imágenes centradas en el cuerpo:

No vuelvas, no vuelvas a ninguna tierra ya perdida para los hombres. […]. Déjate llevar entonces por tus pasos, los fuertes pasos que conducen a madurez, ya que no has padecido destierro violento. No te preguntes adónde has llegado, y si allí regirá el infinito azul o necesitarás ser tan responsable como irresponsable te muestras para sobrevivir. Debes comprender: los hombres han muerto a millones lejos de sus patrias, con el castigo más negro que es posible recibir… no ver, no ver nada, enceguecer en los mil senderos de todos los días… Recóbrate hijo… Lleva tu mano al sitio en que todavía floreces. Abandona el horror de nuestro pasado… abre tus ojos con ardiente tenaza… abre tus ojos y no aceptes que te arrastren con las rodillas en tierra…[40]

De esta manera, una vez más se confirma la necesaria vinculación entre lenguaje y cuerpo, entre las representaciones de este último como forma hermenéutica y semiótica para decir, enunciar y narrar un estado social, una articulación compleja entre interacción y formulación de sentidos. En última instancia, afirmar que el cuerpo, en cuanto clave de lectura y genotexto en las producciones sobre “e(in)migración”, resulta la cifra de interpelaciones ideológicas, concentración y estratificación de imágenes y convocatorias en elipsis, metáforas signadas por los múltiples desplazamientos.


  1. CONICET, Instituto de Literatura Argentina Ricardo Rojas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
  2. Con el término “e(in)migración” se “intenta reunir la complejidad y multiplicidad de las perspectivas que construyen la(s) identidad(es) y los relatos, los conocimientos y posturas de quienes s on, a la vez, emigrantes e inmigrantes, protagonistas y observadores que son percibidos por otros como los que se van y los que llegan” (Fernanda Elisa Bravo Herrera, Huellas y recorridos de una utopía. La emigración italiana a la Argentina, Buenos Aires, Teseo, 2015, p. 33).
  3. Cros, Edmond, Literatura, ideología y sociedad, Madrid, Gredos, 1986.
  4. Göran Therborn, The Ideology of Power and the Power of the Ideology, Londres-New York, Verso, 1980.
  5. Edmond Cros, El sujeto cultural. Sociocrítica y psicoanálisis, Buenos Aires, Ediciones Corregidor, 1997, p. 9.
  6. Margherita Cannavacciuolo, El cuerpo cómplice. Los cuentos de Julio Cortázar, Madrid, Visor Libros, 2020, pp. 22-23.
  7. Benedict Anderson, Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres-New York, Verso, 1983.
  8. Gabriela Nouzeilles, Ficciones somáticas. Naturalismo, nacionalismo y políticas médicas del cuerpo (Argentina 1880-1910), Rosario, Beatriz Viterbo, 2000.
  9. David Le Breton, Antropología del cuerpo y modernidad, Buenos Aires, Nueva Visión, 2012, p. 122.
  10. Marc Angenot, El discurso social. Los límites históricos de lo pensable y lo decible, Buenos Aires, Siglo xxi Editores, 2010, p. 21.
  11. Ibidem.
  12. David Le Breton, Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones, Buenos Aires, Nueva Visión, 1999, p. 40.
  13. Antonio Marazzi, Emigrati. Studio e racconto, vol. Dall’Europa in America, Milano, Fratelli Dumolard, 1880; vol. In America, Milano, Fratelli Dumolard, 1881; vol. Dall’America in Europa, Milano, Fratelli Dumolard, 1881. Todas las citas de los textos literarios siguen la grafía de las ediciones consultadas.
  14. Antonio Marazzi, Emigrati. Studio e racconto, vol. Dall’America in Europa, cit., p. 467. Cursiva en el original.
  15. Mabel Moraña, El monstruo como máquina de guerra, Madrid, Iberoamericana; Frankfurt am Main, Vervuert, 2017.
  16. Antonio Marazzi, Emigrati. Studio e racconto, vol. Dall’Europa in America, cit., p. 277.
  17. Ibidem, p. 310.
  18. Mijaíl Bajtín, Teoría y estética de la novela, Madrid, Taurus, 1989; La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Madrid, Alianza, 1990.
  19. Antonio Marazzi, Emigrati. Studio e racconto, vol. Dall’Europa in America, cit., p. 4.
  20. Geppino D’Amico, Giovanni Florenzano, un protagonista dimenticato, Salerno, Carlone Editore, 1996.
  21. Zeffiro Ciuffoletti y Maurizio Degl’Innocenti (eds.), L’emigrazione nella storia d’Italia. 1868-1975. Storia e documenti, vol. II, L’emigrazione nella storia dal 1914 al 1975, Firenze, Valecchi, 1978, p. 109.
  22. Giovanni Florenzano, Della emigrazione italiana in America comparata alle altre regioni europee. Studii e proposte, Napoli, Tipi di F. Giannini, 1874, p. 271.
  23. Edmondo de Amicis, Sull’Oceano, Milano, Garzanti, 1996, p. 23.
  24. Enrico Corradini, Le vie dell’Oceano. Dramma in tre atti, Milano, Fratelli Treves, 1913, p. 175.
  25. Barbara Bracco, La patria ferita. I corpi dei soldati italiani e la Grande guerra, Firenze, Giunti, 2012.
  26. Dentro de las publicaciones que han reeditado este folletín: Ramón Romero, Los amores de Giacumina (prólogo de Alberto Galardi, ilustraciones de Santiago Cogorno), Milano, Edizioni Teleia, 1989; Ramón Romero, Los amores de Giacumina, Buenos Aires, El 8vo. Loco, 2011 (edición y estudios a cargo de Ana Ojeda); anónimo, Literatura popular inmigratoria, Buenos Aires, Ediciones Biblioteca Nacional, 2011 (edición y estudios preliminares a cargo de Ángela Di Tullio e Ilaria Magnani.
  27. Maya Aguiluz Ibargüen, El lejano próximo. Estudios sociológicos sobre extrañeidad, Rubí, Anthropos Editorial, 2009, p. 17.
  28. Juan Antonio Ennis, “Ficciones de la ciudad real: sobre La hija de Giacumina (Buenos Aires, 1887)”, en Hernán Pas (ed.), Lecturas del siglo xix: prensa, edición, cultura literaria, Buenos Aires, Katatay Ediciones, 2018, pp. 221-222.
  29. Ramón Romero, Los amores de Giacumina, cit., 2011, p. 33.
  30. Chiara Frugoni y Simone Facchinetti, Senza misericordia. Il Trionfo della Morte e la Danza macabra a Clusone, Torino, Einaudi, 2016.
  31. Ramón Romero, Los amores de Giacumina, cit., 2011, p. 114.
  32. Ibidem.
  33. Roberto Cossa, La nona, Buenos Aires, Corregidor, 2008, pp. 193-194.
  34. Gastón Gori, La muerte de Antonini, Santa Fe, Ediciones Sudamérica Santa Fe, 1992.
  35. Mario César Gras, Los gauchos colonos. Novela agraria argentina, Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos de L. J. Rosso, 1928.
  36. Eugenio Cambaceres, En la sangre, Buenos Aires, Colihue, 2007.
  37. Roberto Mariani, Roberto, La cruz nuestra de cada día, Buenos Aires, Editorial Ariadna, 1955.
  38. Martina Gusberti, El laúd y la guerra, Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 1995.
  39. Roberto Raschella, Si hubiéramos vivido aquí, Buenos Aires, Losada, 1998.
  40. Roberto Raschella, op. cit., p. 122.


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