¿Un Antropoceno latinoamericano?
Anthony Goebel Mc Dermott y Olaf Kaltmeier
El Antropoceno es un concepto que se podría considerar polisémico. Por un lado, engloba y sintetiza las múltiples dimensiones de la crisis socioambiental que atraviesa el planeta, que es, además, una crisis civilizatoria aparejada al fracaso del proyecto moderno, y, por otro, y, si se quiere, de manera paradójica, es un concepto puente, tendiente a difuminar las barreras disciplinarias en su estudio y acción, y a eliminar o matizar las concepciones binarias que históricamente han naturalizado la supuesta separación ontológica entre sociedad y naturaleza, todo ello en procura de buscar alternativas en las relaciones socioambientales a nivel global, precisamente para que el Antropoceno sea tan corto y leve como sea posible,[1] es decir, para trabajar en contra de los factores sociohistóricos que lo han construido.
Vale recordar, en este sentido, que la idea del Antropoceno surgió de las reflexiones de Paul Crutzen y Eugene Stoermer para designar un nuevo tiempo geológico específicamente relacionado con la acción humana y su impacto en el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los ecosistemas a nivel planetario, la sobreexplotación de los bienes ambientales bióticos y abióticos y toda aquella actividad humana que, dado lo intensivo de sus patrones de producción y consumo, son incompatibles con la resiliencia ecosistémica, la ética del cuidado y el refugio para las personas y otros seres vivientes y, finalmente, con la vida en el planeta. Los seres humanos, se sugirió, se habían convertido en una fuerza transformadora tan poderosa, que era necesario designar una nueva época geológica para describir con precisión este desarrollo.[2] A pesar de no haber consenso sobre la génesis del Antropoceno, predomina la concepción que sitúa al inicio de esta nueva “época de los seres humanos” en la Revolución Industrial de finales del siglo xviii, marcada por la impronta de la humanidad como fuerza ambiental predominante, rasgo definitorio de la nueva época y que se mantendría durante miles de años.[3] Desde un punto de vista geológico, además, toda esta actividad humana encontraría evidencia empírica a nivel estratigráfico.
El Antropoceno, empero, es también un concepto cultural. El carácter antropocéntrico otorgado a esta nueva era geológica no consensuada aún en el seno de las ciencias naturales pronto impulsó el concurso de múltiples disciplinas, mayoritariamente provenientes de las ciencias sociales y las humanidades, pero también escapó de los confines de la academia y entró en el discurso público.[4] Se trata, siguiendo a Maristella Svampa, de
un concepto-diagnostico, que instala la idea de “umbral” crítico frente a problemáticas como el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad; un concepto que pone de manifiesto los límites de la naturaleza, y cuestiona las estrategias de desarrollo dominante, así como el paradigma cultural de la modernidad.[5]
A partir de estas premisas expuestas de manera sucinta, en el presente libro, que hemos denominado Vivir en y contra el Antropoceno: epistemologías, dimensiones y alternativas desde América Latina, los coordinadores procuraron reunir trabajos de diversos especialistas en el contexto latinoamericano que aborden algunas de las múltiples dimensiones de la producción sociohistórica del Antropoceno en América Latina desde diferentes enfoques, metodologías y disciplinas, alrededor de tres ejes fuertemente engarzados:
- Las epistemologías y formas de pensar el Antropoceno desde América Latina, en procura de acceder a los puentes de diálogo, las divergencias, las posibilidades y los límites de este concepto-síntesis para comprender las relaciones socioambientales de la región y promover alternativas al neoextractivismo de despojo dominante, orientadas al bienestar de las sociedades de Nuestra América, pero particularmente a los grupos históricamente excluidos de los “frutos del desarrollo”.
- Las dimensiones materiales físicas o los factores sociohistóricos que han producido el Antropoceno desde América Latina y sus interconexiones globales/transnacionales: expansión urbana, industrialización, modernización agropecuaria y sobreexplotación de ecosistemas terrestres y marítimos.
- Alternativas a los modos de vida y las relaciones socioambientales injustas e insustentables, que incluyen formas distintas de concebir y valorar los ecosistemas guiadas por la sustentabilidad, la inclusión social, los nuevos lenguajes de valoración, el rescate de la memoria y las prácticas bioculturales de los pueblos originarios y la transformación consecuente de las lógicas de producción y consumo predominantes.
Estos fueron desarrollados en la Plataforma para el Diálogo homónima organizada por el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS), que se desarrolló con éxito entre el 21 y el 22 de junio de 2022 en la Universidad de Costa Rica.
De esta manera, construir un espacio académico pero también social en torno a las especificidades materiales, discusiones teóricas y epistemológicas y alternativas a las lógicas ambientalmente depredadoras y socialmente injustas del capitalismo neoliberal como punta de lanza de lo que podríamos llamar “Antropoceno del despojo”, que de manera rampante hegemoniza las relaciones socioambientales en la región y allende esta, se podría considerar como el norte y la guía de la presente publicación, cuyos trabajos abordan muy variadas temáticas agrupadas en los ejes arriba descritos, materializados en las tres partes que componen este libro y que hemos conceptualizado de la siguiente manera.
Antropoceno y revisionismo epistemológico desde América Latina: diálogos, divergencias, posibilidades y límites
Como lo señala con claridad Trischler, la mayor importancia del Antropoceno como concepto cultural reside en que difumina los límites establecidos en muchos ámbitos. Lo más relevante para este autor, sin embargo, es que abre la posibilidad de liberarnos de dicotomías tradicionales, como naturaleza-cultura, y de redefinir la relación entre medio ambiente y sociedad como inextricablemente entrelazados,[6] así como proponer nuevas o rescatar antiguas formas de relación con el medio biofísico natural ambientalmente sustentables y socialmente más justas que partan de epistemologías, lenguajes de valoración y marcos teórico-conceptuales contrarios a la lógica depredadora del proyecto moderno que, finalmente, no atenten contra nuestra propia existencia.
El Antropoceno, además, es un terreno de disputa, pues, a pesar de su innegable carácter global, sus orígenes y consecuencias son diferenciadas entre el norte y el sur global y a lo interno de países y regiones, especialmente en lo que respecta a la distribución de las responsabilidades, por la lógica y dinámica de las actividades productivas y extractivas que lo han generado.
Así, algunos críticos del concepto en su dimensión cultural dudan acerca de si, como una manera de definir la relación entre naturaleza y cultura, y medio ambiente y sociedad, el Antropoceno ofrece algo que las categorías analíticas ya establecidas no son capaces de proveer.
Otros temen que el nombramiento de una nueva época geológica que hace referencia a los seres humanos sea un estímulo para el antropocentrismo predominante y cause que el respeto humano por el valor moral intrínseco de la naturaleza disminuya aún más.
También en algunos espacios se ha criticado el propio término al hacer referencia a la “humanidad” en su conjunto, sin distinción de áreas geográficas, clases sociales, sistemas y actividades económicas y otras categorías específicas, con lo que, según se plantea, en lugar de estimular el cambio social y político urgentemente necesario, oscurece la responsabilidad concreta al hacer hincapié en las cualidades intrínsecas humanas en lugar de en las opciones que resultan de los intereses capitalistas establecidos. Hablar del Antropoceno significa, a partir de esta crítica, hablar del Capitaloceno,[7] por lo que habría que indagar en los orígenes del capitalismo y la expansión de las fronteras de la mercancía para dar cuenta de esta fase actual. Desde esta perspectiva, la crisis actual debe concebirse como un proceso de larga duración en el cual se van dibujando nuevas maneras de ordenar la relación entre los humanos y el resto de la naturaleza, conectando dialécticamente el modo de producción y el modo de extracción (capitalización y apropiación), mediante la cual el capitalismo se adueña de fuentes regionales –y después las agota rápidamente–, para luego expandirse sobre nuevos territorios. [8]
El concepto de “Capitaloceno”, además de ser ampliamente discutido, estuvo aparejado al desarrollo de una serie de categorías analíticas de carácter específico, relacionadas con los propios sistemas de producción y consumo, las diferencias regionales y los impactos diferenciados de los más variados sociometabolismos en los colectivos sociales más diversos. Plantacionoceno,[9] Econoceno,[10] Tecnoceno,[11] Faloceno,[12] y Basuroceno[13] son solo algunos de estos conceptos desarrollados ya sea para dar cuenta de dimensiones específicas del Antropoceno reconociendo su difícil generalización, o para rehuir al reduccionismo que se le ha señalado al concepto “Capitaloceno”. Lo anterior no parece dejar dudas, remite a las largas y no tan recientes discusiones en torno a la oposición holismo-reduccionismo, muy presentes en las ciencias sociales y las humanidades.
En América Latina, por ejemplo, Astrid Ulloa ha advertido sobre la distancia entre las narrativas más globales, ligadas al cambio climático, en clave de Antropoceno y las narrativas críticas latinoamericanas, vinculadas a la conflictividad ambiental, sobre las dinámicas del neoextractivismo.[14]
Cabe destacar que este reconocimiento de que existen diferentes posicionamientos o contrastes interpretativos no implica necesariamente el abandono de la noción-síntesis de Antropoceno, sino que más bien invita a considerarla como un campo complejo y heterogéneo del cual emergen narrativas diversas, a veces contrapuestas, y a la vez propuestas de salidas diferentes a la crisis.[15]
A partir de lo recién expuesto, se recibieron dos trabajos que reflexionan en profundidad sobre las premisas epistemológicas del Antropoceno en la región.
La producción del Antropoceno: dimensiones materiales-físicas y factores sociohistóricos
Es importante destacar que, al ser el Antropoceno un proceso histórico multidimensional, resulta indispensable una indagación constante sobre las lógicas inherentes a los ámbitos concretos que lo han construido, como la expansión urbano-industrial, la modernización de las actividades agropecuarias y la sobreexplotación de ecosistemas marítimos y terrestres, solo para mencionar algunos factores de primer orden en la construcción material física del Antropoceno.
Vale recordar que, en el caso de América Latina, en el proceso de conquista y colonización europea, que no tuvo parangón en lo que respecta a las transformaciones ambientales de la región y, aún más, del continente, se generaron las premisas de la “economía de rapiña”, como una forma depredadora de relación con la naturaleza orientada a transformarla en un conjunto de recursos exportables, obviando las complejas formas de trabajo con la naturaleza construidas afanosamente antes de la llegada de los europeos.[16]
A partir del último tercio del siglo xix, se consolidó una dualidad que marcaría hasta el presente a la historia ambiental de la región: América Latina se constituyó, por un lado, en la más “moderna” de las Nuevas Europas,[17] al ser la economía de rapiña el factor que define las relaciones sociedad-naturaleza, y, por otro, en la región del planeta donde los conflictos generados a partir de la oposición de diversos sectores sociales y grupos étnicos y culturales a las exigencias de una economía, un modelo social y una relación con la naturaleza que en buena medida les eran ajenos serían una constante hasta nuestros días.
En otras palabras, estas son las bases de la condición de periferia globalizada desde el punto de vista socioambiental que hoy ostenta América Latina, signada por el capitalismo neoliberal, y la consecuente expansión de las fronteras de explotación del capital, a través de la imposición de modelos de desarrollo insustentables, a gran escala, y donde se enlazan una rentabilidad extraordinaria y la destrucción de territorios y desposesión de poblaciones.[18]
A partir de estas premisas, se recibieron varios trabajos que abordan las dimensiones o los factores en la construcción sociohistórica del Antropoceno desde América Latina, y específicamente aquellas actividades productivas y extractivas que se han constituido en las fuerzas motoras del cambio ambiental en la región en detrimento de formas preexistentes de coevolución con el medio biofísico natural.
Antropoceno y alternativas de coevolución desde América Latina
El análisis, la reflexión y la acción social y política que promuevan la creación de alternativas de bienestar colectivo genuinamente sustentables, tendientes a revertir los patrones de injusticia ambiental que reflejan profundas desigualdades multiescalares en términos sociales, etarios, étnicos y de género, son un imperativo ético que no se puede soslayar.
En América Latina y en el sur, existen numerosas experiencias que merecen ser rescatadas como alternativas al neoextractivismo que caracteriza a esta fase del capitalismo neoliberal. Solo para mencionar algunas de ellas, tenemos la economía social y solidaria, cuyos sujetos sociales de referencia son los sectores más excluidos (mujeres, indígenas, jóvenes, obreros, campesinos), y cuya lógica se asienta en la producción de valores de uso o medios de vida. También hay numerosas experiencias de autoorganización y autogestión de los sectores populares ligadas a la economía social y el autocontrol del proceso de producción, de formas de trabajo no alienado, de reproducción de la vida social y de creación de nuevas formas de comunidad. Estos procesos de trabajo con la naturaleza, y no en contra de ella, van acompañados de una nueva narrativa político-ambiental, asociada a conceptos como “buen vivir”, “derechos de la naturaleza”, “bienes comunes”, “ética del cuidado”, entre otros.[19]
El rescate de la memoria biocultural[20] y el desarrollo una ciencia posnormal, cuyo norte es la complejidad y el holismo teórico-conceptual, la utilidad social y coproducción de un conocimiento éticamente orientado a la sustentabilidad de la vida,[21] son otras alternativas inherentes al paradigma ecológico, surgido como contraposición de la visión moderna del mundo y construido a partir de la crítica, pero también de la inclusión de nuevas teorías y disciplinas científicas, como la ecología, la termodinámica y la teoría de sistemas.[22] Estas nuevas formas de construcción del conocimiento abogan por la multicausalidad, que es, a su vez, reflejo de la complejidad, y toman distancia de la disyuntiva típica, inherente al pensamiento científico tradicional, entre objeto y entorno, y entre sujeto y objeto, reintroduciendo al observador en la observación, al tiempo que “reivindica la paradoja, donde la contradicción no es sinónimo de error sino más bien el reflejo de la existencia de dimensiones profundas o desconocidas de la realidad”.[23]
Todas estas experiencias prácticas y desarrollos teórico-conceptuales (la mayoría estrechamente entrelazados), se basan en la necesidad, convertida en imperativo ante la crisis ambiental de nuestro tiempo, de construir nuevas relaciones socioambientales que prioricen la vida y el bienestar de las sociedades por encima de las ganancias y la acumulación individuales inherente al ethos capitalista,[24] pues la transformación y la gestión de ecosistemas a partir de valores materialistas y consumistas no son compatibles “con el mantenimiento de los estados dinámicos de equilibrio entre los subsistemas que componen el sistema social y ecológico y el de éstos entre sí”, y los efectos de esta incompatibilidad se ven claramente reflejados en los impactos sociales y ecológicos, tanto actuales como futuros, que podrían haberse evitado si los cambios iniciales hubiesen considerado el paradigma del desarrollo coevolucionista,[25] que deseche la presunción antropocéntrica del dominio del ser humano sobre el resto de la naturaleza no solo como algo necesario, sino inevitable.
La exposición y reflexión académica en torno a estas experiencias prácticas y desarrollos teórico-conceptuales alternativos a la lógica y dinámica generadora del Antropoceno, y en las que el subcontinente latinoamericano ocupa un lugar destacable, también encuentran expresión en varias de las publicaciones que se incluyen en este eje temático general.
De esta manera, los aspectos recién expuestos guiaron tanto la publicación que el lector tiene ante sí como la actividad académica que le dio sustento. Además, consideramos que es un producto sustantivo del Laboratorio de Conocimiento: el Antropoceno como crisis múltiple: perspectivas desde América Latina como proyecto editorial que tiene como producto final un handbook de 6 volúmenes y cuyo objetivo central es sistematizar las multifacéticas crisis ambientales que alcanzaron y traspasaron los límites planetarios de los sistemas-tierra y dieron lugar al nuevo tiempo geológico del Antropoceno desde una perspectiva latinoamericana, de las ciencias sociales y humanidades.
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- González de Molina y Toledo, Metabolismos, naturaleza e historia, 44.↵
- La lógica inherente al capitalismo en su relación con el medio biofísico queda claramente expuesta en el libro Dust Bowl: The Southern Plains in the 1930s, una de las obras pioneras de la historia ambiental estadounidense: “1. Nature must be seen as capital. It is a set of economic assets that can become a source of profit or advantage, a means to make more wealth. Trees, wildlife, minerals, water, and the soil are all commodities that can either be developed or carried as they are to the marketplace. A business culture attaches no other values to nature than this; the nonhuman world is desanctified and demystified as a consequence. Its functional interdependencies are also discounted in the economic calculus. 2. Man has a right, even an obligation, to use this capital for constant selfadvancement. Capitalism is an intensely maximizing culture, all ways seeking to get more out of the natural resources of the world than it did yesterday. The highest economic rewards go to those who have done the most to extract from nature all it can yield. Private acquisitiveness and accumulation are unlimited ideals, impossible to satisfy once and for all. 3. The social order should permit and encourage this continual increase of personal wealth. It should free individuals (and corporations as collective individuals) from encumbrances on their aggressive use of nature, teach young people the proper behavior, and protect the successful from losing what they have gained. In pure capitalism, the self as an economic being is not only all-important, but autonomous and irresponsible. The community exists to help individuals get ahead and to absorb the environmental costs”. Donald Worster, Dust Bowl: The Southern Plains in the 1930s (Oxford University Press, 2004), 6.↵
- Pablo Díaz, Alberto Jonay Rodríguez y Agustín Santana, “Fundamentos del paradigma ecológico en las ciencias sociales”, PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 10, n.º 1, (2012), 168. ↵











