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Prólogo

Antropoceno y neoliberalismo

David Díaz Arias

De acuerdo con una anécdota, fue el químico neerlandés Paul J. Crutzen quien, durante un congreso internacional en Cuernavaca en 2000, reaccionó a un comentario en el panel y gritó que ya no vivíamos en el Holoceno, sino en el Antropoceno.[1] Eso que ocurrió apenas hace unos cuantos lustros llevó a una discusión que se ha vuelto tremendamente importante en la década de 2020, porque la alerta por el futuro inmediato del planeta se activó y queda muy poco tiempo para evitar que la Tierra colapse y que la humanidad lo haga con ella. Así lo señaló Rajendra Pachauri, en 2014, The Fifth Assessment Report (AR5) of the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), cuando indicó: “Si el mundo no hace nada para mitigar las emisiones de gases invernadero y el cambio climático continúa incrementando, no hay duda de que la estabilidad de los sistemas humanos estaría en entredicho”.[2]

Por lo anterior, algunos investigadores han identificado al Antropoceno como “una grieta antropogénica” en la historia de este planeta. Otros no están del todo convencidos con el concepto, pues observan en él un acento en la carga de negatividad que lleva a medidas de autocomplacencia con las que supuestamente se combaten individualmente los efectos del Antropoceno y que dejan de lado la lucha real que involucra enfrentar el modelo de explotación ambiental y humana que ha impuesto el neoliberalismo global.

Esta situación es todavía más inminente en la medida en que el sistema capitalista global pone en duda la consciencia y la racionalidad del ser humano, pero también su honestidad. Cicerón, en su obra De Oficiis, Libro iii, Capítulo xii, cuenta la anécdota de un comerciante de Rodas que llega a Alejandría en medio de una carestía con un barco lleno de trigo; él sabe que, a unos días de él, llegarán otros barcos con más trigo, por lo que entra en duda sobre si informar al respecto o no decir nada y vender su trigo a un precio exorbitante. ¿Qué decisión debería haber tomado ese comerciante? Diógenes y Antípatro se dividieron frente a la respuesta, así como lo hicieron otros filósofos en los siguientes siglos.[3] En la actualidad, sin embargo, no habría duda sobre el accionar de los empresarios y las élites neoliberales, para quienes la ética no es parte del juego que involucra el capitalismo global. Branko Malanovic lo ha dejado claro al argumentar que los miembros de la clase dirigente neoliberal tienen una visión amoral de la vida, por lo que todo lo que permita, en los límites de la ley, mantener y reforzar su poder y sus ventajas les parece deseable.[4] Su ética se define por el sistema legal, y eso incluye usar su dinero para cambiar las leyes. 

La coincidencia entre la crisis climática y el dominio hegemónico de la ideología neoliberal a nivel mundial no podría ser más peligrosa para el planeta y para la humanidad. El tipo de intercambio entre los seres humanos se reduce al poder de la tarjeta de crédito, lo que hace que la otrora ciudadanía de la modernidad, tan determinante en los procesos de producción de la política, haya sido reducida a las urnas y que la identidad política o ideológica ya no sea un elemento importante del ser, pues es ahora el consumo el que refleja mejor la identidad de los ciudadanos. Es cierto que el neoliberalismo se decanta por la democracia, pero no por mucha democracia, y más bien aspira a una democracia restrictiva y delegativa. Desde la perspectiva de la élite neoliberal, las reglas del mercado deberían regir también la política, de forma que la democracia puede ser comprada con dinero y los candidatos presidenciales pueden ser consumidos por la ciudadanía según sus deseos. Y ya que la agenda es neoliberal toda, no hay identidad política fuera de ella. Las consecuencias de ese comportamiento para la política se traducen en el crecimiento del abstencionismo y en que la sociedad civil sea desplazada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.[5]

Ciertamente, el neoliberalismo aspira a un dominio total de la cotidianidad; Margaret Thatcher lo señaló bien al sentenciar que “los métodos son económicos, pero el objetivo es cambiar el alma”.[6] Así, el neoliberalismo funciona como un principio “civilizatorio” que moldea la apariencia sociocultural de las personas a través de la socialización, e impulsa la avaricia como incentivo para la formación del ser y la implementación de una competencia genuina, con ganadores y perdedores o con leones y corderos, al decir de algunos políticos latinoamericanos. En ese marco, la desigualdad social no es vista como un problema moral, sino como un resultado inevitable del juego competitivo. El mercado y la competencia son entendidos como realidades naturales del mundo, incluso a pesar de la evidencia histórica y biológica en contra de ese argumento. El socialismo y las utopías de igualdad son entendidas solamente como expresiones de un pasado erróneo y fracasado en donde se limitaba la libertad y se perdían las posesiones privadas. De esa forma, el éxito está definido por el consumo, y el distanciamiento y la competencia llevan a una individualización compulsiva. La libertad individual implica solamente responsabilidad por el bien individual y la certeza de que el individuo debe protegerse a sí mismo. Asimismo, el éxito individual sería un reflejo de la virtud y se explicaría por la audacia individual, descontextualizada en todo sentido. Por supuesto, esa visión deviene en hedonismo individualista y en fetichismo de la posesión.[7]

Por todo lo anterior, el Antropoceno está enmarcado en una época cargada de egoísmo, desigualdades, sobreexplotación, abuso del espacio, consumo desmedido y producción abismal de basura. El planeta solo importa como mercancía, así como les ocurre a los seres humanos. Es decir, la bomba de tiempo está activada, pero, a los grandes empresarios y políticos, solo les preocupa seguir vendiendo y comprando.

Pero, en estos tiempos, una parte de las solidaridades e identidades se esculpen en la resistencia. Eso es así porque ha quedado claro que el capitalismo salvaje neoliberal es inaceptable y porque la historia, como aliada, ha documentado la resistencia a pensamientos únicos. Como lo ha señalado el anarquista Simon Springer: “La fragmentación y la individualización le hacen el juego a la modalidad neoliberal, y, por lo tanto, si queremos tener éxito para destronar esta visión del mundo debemos intentar unirnos”.[8]

Justamente, de eso se trata el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (CALAS), de unir personas para debatir y para proponer formas interpretativas que no se queden en letra muerta, sino que obliguen a producir políticas específicas dirigidas a parar esa fractura que los humanos han provocado en la historia del planeta. Esas son parte de las tareas que se exponen en los capítulos que forman este libro.

Referencias bibliográficas

Brenner, S. et al., Paul J. Crutzen and the Anthropocene: A New Epoch in Earth’s History. Switzerland, Springer, 2022.

Duggan, L. The Twilight of Equality? Neoliberalism, Cultural Politics, and the Attach on Democracy. Boston, Beacon Press, 2003.

Hindess, B. “La ciudadanía neoliberal”, Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 45, n.º 186 (2015): 107-131. DOI: doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2002.186.48142.

Laval, C. y Dardot, P. La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Barcelona, Gedisa, 2010.

Milanovic, B. Capitalism, Alone: The Future of the System that Rules the World. Cambridge, The Belknap Press of Harvard University Press, 2019.

Plant, R. The Neo-liberal State. Oxford, Oxford University Press, 2010.

Springer, S., Birch, K. y MacLeavy, J. (eds.), The Handbook of Neoliberalism. New York, Routledge, 2006.

Thatcher, M. “Interview”. Sunday Times, (1 May, 1981). Disponible en www.margaretthatcher.org/document/104475.

Willistone, B. The Anthropocene Project: Virtue in the Age of Climate Change. Oxford, Oxford University Press, 2015.

Woolf, R. (ed.), Cicero’s De Officiis: A Critical Guide. Cambridge, Cambridge University Press, 2023.


  1. Brenner, S. et al., Paul J. Crutzen and the Anthropocene: A New Epoch in Earth’s History (Switzerland: Springer, 2022).
  2. B. Willistone, The Anthropocene Project: Virtue in the Age of Climate Change (Oxford: Oxford University Press, 2015), 1.
  3. R. Woolf (ed.), Cicero’s De Officiis: A Critical Guide (Cambridge: Cambridge University Press, 2023).
  4. B. Milanovic, Capitalism, Alone: The Future of the System that Rules the World (Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press, 2019), 66.
  5. Milanovic, Capitalism, Alone; R. Plant, The Neo-liberal State (Oxford: Oxford University Press, 2010); C. Laval y P. Dardot, La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal (Barcelona: Gedisa, 2010); B. Hindess, “La ciudadanía neoliberal”, Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 45, n.º 186 (2015). DOI: doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2002.186.48142.
  6. M. Thatcher, “Interview”. Sunday Times, 1 (May, 1981). Disponible en www.margaretthatcher.org/document/104475.
  7. Milanovic, Capitalism, Alone; L. Duggan, The Twilight of Equality? Neoliberalism, Cultural Politics, and the Attach on Democracy (Boston: Beacon Press, 2003).
  8. S. Springer, K. Birch y J. MacLeavy (eds.), The Handbook of Neoliberalism (New York: Routledge, 2006), 38.


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