Las fracciones del X Congreso partidario y la resistencia del proletariado industrial
Martín Alejandro Duer[1]
El presente trabajo centra su análisis en el contexto de los debates suscitados al interior del partido bolchevique en torno a la función que, en el marco de la organización de la producción, habrían de desempeñar los obreros industriales luego de la Revolución de Octubre de 1917. Se procura reconstruir el escenario problemático contrastando los argumentos de las fracciones contendientes durante el X Congreso partidario de 1921 con las acciones de resistencia local desplegadas por el proletariado industrial durante el mismo período. Se argumentará que el episodio no se limitó a expresar una lucha facciosa suscitada por interpretaciones divergentes respecto del horizonte programático dentro del cual debía encuadrarse el proceso revolucionario. La indagación de esta confrontación permite igualmente vislumbrar el reconocimiento de un creciente distanciamiento de las estructuras partidarias, así como de los órganos del naciente poder soviético respecto de las bases obreras. Se plantea la posibilidad de interpretar este distanciamiento como indicador de la capacidad de los colectivos obreros en las fábricas para oponer una efectiva resistencia a las directivas partidarias de elevación de la disciplina y productividad laborales.
La brecha que separaba a la dirigencia partidaria y estatal de los obreros de base fue reconocida por los agrupamientos contendientes en el debate. El punto divergente residió en el diagnóstico de la cuestión y en las propuestas políticas esgrimidas para su resolución. Así, desde la óptica de uno de los sectores de la contienda partidaria, la Oposición Obrera, los mecanismos de comando militar adoptados durante el período de la Guerra Civil habían propiciado el predominio del viejo personal técnico en la dirección de las principales instancias estatales e industriales. La supervivencia de la preponderancia de este estrato social habría expresado, para los oposicionistas, la profunda desconfianza que anidaba en buena parte de la dirigencia partidaria respecto de la capacidad del proletariado industrial para encabezar el proceso de edificación socialista. El proyecto oposicionista proponía revertir esta situación a través de la formación de un cuerpo de productores capaz de administrar el conjunto de la economía. Ello, por su parte, suponía la transferencia de funciones administrativas sobre la industria a las organizaciones sindicales. A su vez, los sindicatos —estrechamente ligados a las bases obreras a través de los comités de fábrica y de taller—, debían aprobar toda designación de oficiales destinados a puestos administrativos, siendo estos cuadros responsables ante aquéllos y revocables en cualquier momento. Contrariamente a esta lectura, la fracción partidaria comandada por Lenin sostuvo que semejante cuerpo de productores articulado a partir de los sindicatos no era sino la manifestación “anarco-sindicalista” de una tendencia localista hacia el repliegue centrífugo en el lugar de trabajo, tendencia cuyo recrudecimiento, a su vez, daba cuenta del profundo “desclasamiento” en el que se hallaba sumida la clase obrera rusa luego de la Guerra Civil. La resolución de este escenario, argumentaba este sector, no debía —ni podía— residir en una inmediata subordinación de los organismos de la economía nacional a la dirección proletaria de los sindicatos, sino que estos últimos debían actuar como “escuelas de comunismo” con el fin de gestar las condiciones para la eventual incorporación de los obreros en la administración estatal.
Subyace a la controversia el reconocimiento de un quiebre entre las bases obreras y el partido, lo cual impedía a éste ejercer sobre aquéllas una adecuada influencia política. Aun cuando se aceptara la plausibilidad de las lecturas de ambas fracciones partidarias, lo cierto es que resulta posible igualmente ligar el carácter refractario de los colectivos del proletariado industrial a los lineamientos partidarios con una específica modalidad de resistencia local desplegada por éstos en las fábricas. Esta puede constatarse incluso durante el período prerrevolucionario. Con ello, se pone de relieve la existencia de un poderoso mecanismo local de cohesión interna que los colectivos obreros industriales rusos fueron capaces de oponer, desde comienzos del siglo XX y a lo largo de la década que siguió a la Revolución, frente a las pretensiones de elevación de la productividad del trabajo sin una adecuada contraprestación material. Es la exploración de esta dimensión de resistencia local la que ofrece una perspectiva capaz de ampliar los márgenes de una problemática historiográfica ceñida estrechamente a la tónica del debate partidario de comienzos de la década de 1920. A la luz de estas consideraciones, adquiere una relevancia excluyente el estudio de las formas en que el proletariado urbano condicionó su apoyo al naciente Estado soviético.
- Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, realizando su labor en el Centro de Estudios de los Mundos Eslavos y Chinos perteneciente a la Escuela de Humanidades de la Universidad de San Martín. martin_duer85@hotmail.com.↵






