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Teatro y política en los 70 marplatenses: dos ejercicios de arte y militancia

Gabriel Cabrejas[1]

En este trabajo visitamos dos textos paradigmáticos del primer lustro del 70 en el teatro independiente marplatense como testimonio de las preocupaciones estéticas e ideológicas de los creadores del teatro local. Época representativa del compromiso del artista argentino con la realidad socio-política nacional. Así, abordamos el estudio de Un despido corriente (de Julio Mauricio), por el Teatro de la Comedia de Gregorio Nachman, y De cómo los Cielistas arrasaron con el aluvión zoológico, texto colectivo del grupo La Manija, del director Jorge Laureti. Se desarrollan los caracteres de la puesta en escena, la preparación del actor, la opinión de los elencos intervinientes y la repercusión pública en materia de estreno, elección de las audiencias y el programa de intervención cultural en un balneario cada vez más involucrado en las luchas y resistencias populares del resto del país.

En septiembre de 1972 desembarca en escena Un despido, promocionada en la gacetilla de la Comedia Marplatense como una nueva corriente del teatro político, que busca esclarecer conflictos y se presenta en distintos barrios fuera del formato de un escenario convencional, fomentando la inclusión del debate sobre el final de la muestra.

Se estrena en la Facultad Provincial, con la policía en la plaza, porque estaba siendo ocupada por la huelga docente, en los sucesos posteriores al Marplatazo. recorren la ciudad gracias a un camión sobre el que se cuelga el tinglado y un cableado de lamparitas. Como escenarios se empleó un acoplado reacondicionado que pasó por distintas villas, se presentó en cárceles y hasta de forma clandestina incluso. Un despido se inspira en sucesos verídicos: se trataba de Juan Lachowsky, un obrero de la Peugeot que desapareció y era una rareza todavía, antes del golpe del 76.

Los actores de Un despido portan overol o pantalón de jean; el empresario, corbata. Una mesa y sillas bastan para sintetizar el decorado imprescindible, y el féretro puede sustituirse por el cuerpo yacente. No se complejiza la puesta por colocarse en una sala teatral, sólo se le añade iluminación de interiores, y el argumento se acerca al público barrial mediante una doble vía, por un lado, como algo que les atañe en tanto potenciales víctimas del sistema y por otro, en relación a la sobria puesta, sin vestuario ni escenografía, tendiente a convertir el texto espectacular en una conversación dramatizada.

La visita de Jerzy Grotowski a Buenos Aires en 1971, a cuyas disertaciones asiste Jorge Laureti, le confieren el marco teórico para un “teatro de la negación”, desposeído de todo artificio. Grotowski proponía ir a un teatro pobre, despojado, iluminar el escenario con la presencia del actor, generar un determinado tipo de energía que supliera todo tipo de ejercicios, no estar apoyado en artificios sino el actor internamente”, según recuerda el actor de LM, Hugo Adamini.2

De cómo los Cielistas fueron arrasados por el aluvión zoológico ya insinúa dos fuentes narrativas: el cuento tradicional (“De cómo”) y la Historia social argentina (“aluvión zoológico”. la descalificación del diputado radical Sanmartino, sobre los devotos de Perón). El rastreo de opiniones de los integrantes nos transmite el método de trabajo: “No autor ni director, ni siquiera libreto. La idea general fue bosquejada entre todos, luego agotadas sus posibilidades en largas discusiones y finalmente adaptada”. Laureti define términos: cielistas califica “el nombre genérico de cierta clase snob, intelectuales y trepadores sociales”, que practican una ideología del cielo, un extrañamiento de la realidad y un exclusivismo de minorías, mientras aluvión, es “caracterización de la clase trabajadora hecha por el radicalismo ante el advenimiento del peronismo”. El objetivo es aportar y clarificar, por medio del teatro y teniendo en cuenta la represión que pesa sobre el pueblo, condenado a ser un participante pasivo de espectáculos de gran violencia”.[2]

La intelectualidad de los 70 se sentía con el deber moral de esclarecer a otros, e introdujo cambios esenciales en la forma de representar el mundo, consecuente con su renovada forma de leerlo. Laureti y en menos medida Nachman, transgreden y agreden, verbal y actitudinalmente, a sus oyentes, y pasan a la ofensiva: cambiar la poética-cambiar al espectador-cambiar a la sociedad.


  1. Profesor en Letras, Doctor en Historia. Universidad Nacional de Mar del Plata. E-mail: gabcab2003@yahoo.com.ar.
  2. Entrevista a Jorge Laureti en La Capital, 21 de julio de 1972, pág. 8.


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