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4 La concepción transcendental del símbolo y la comunicación

“Facultad de juzgar reflexionante estética” es el concepto teórico articulador de la primera parte de la Crítica de la facultad de juzgar. Dentro de este contexto en el § 59 aparece una de las escasas referencias explícitas al lenguaje en la obra kantiana. A continuación analizaré la significación de la exposición de la facultad de juzgar reflexionante estética para la discusión respecto del tema y problema de una filosofía del lenguaje en Kant. Indicaré cómo en el desarrollo de la facultad de juzgar reflexionante estética, especialmente en los §§ 59 y 60, Kant reflexiona explícitamente sobre el lenguaje desde el punto de vista transcendental. El concepto de reflexión transcendental que permite comprender el lugar del lenguaje en la teoría transcendental provee la base para este ulterior desarrollo y la conexión metodológica ente ambas Críticas, precisamente en tanto en esta parte de la Crítica de la facultad de juzgar el lenguaje es considerado en el análisis de la facultad de juzgar reflexionante, donde, en el juicio sólo lo particular está dado y lo universal debe ser hallado (cf. CFJ XXVs)[1]. Establecida esta continuidad queda claro que el concepto de “reflexión transcendental” que sirve para indicar la concepción de Kant respecto del lenguaje se construye de una manera progresiva en el transcurso de la primera crítica a la última. De acuerdo con ella me propongo a continuación:

1) Reconsiderar desde este punto de vista algunos aspectos de dos de los conceptos desarrollados por Kant en dicho marco: simbolismo y comunicación, ya que ellos constituyen una pieza clave para determinar la inscripción del lenguaje desde el punto de vista filosófico-transcendental; y

2) Subrayar el carácter transcendental de esta concepción[2]; ya que con ello lo que en un principio puede aparecer como observaciones relativamente marginales se muestran como elementos de una concepción unitaria, la cual, finalmente, se muestra como una posición filosófica respecto del lenguaje.

Esquematismo y simbolismo

La consideración del lenguaje en el § 59 se ubica en el marco de la relación entre concepto e intuición, su inicio indica claramente el problema:

“Para exhibir la realidad de nuestros conceptos se exigen siempre intuiciones. Si los conceptos son empíricos, entonces llámanse las intuiciones ejemplos; si son conceptos puros del entendimiento, llámanse esquemas; si se pide que se exhiba la realidad objetiva de los conceptos de la razón, es decir, de las ideas y ello para el conocimiento teórico de las mismas, entonces se desea algo imposible porque no puede, de ningún modo, darse intuición alguna que les sea adecuada.” (CFJ 254).

La determinación teórica del concepto de lenguaje se halla en la mutua relación entre concepto e intuición. Pero precisamente tal es el problema del posible significado de los conceptos. Las formas de procurarles significado a éste son, desde la perspectiva transcendental, el esquematismo y el simbolismo. Tanto el carácter transcendental de la reflexión de Kant como su articulación teórica se muestran particularmente al ubicar esta reflexión, llevada a cabo en la Crítica de la facultad de juzgar, en relación con la Crítica de la razón pura. En la Crítica de la razón pura, precisamente en la deducción transcendental, el lenguaje es visto desde la función de unificación de la autoconciencia, como una forma de unificar representaciones. Según esto, las relaciones que se establecen en la conciencia de lenguaje, frente a la unidad objetiva de la autoconciencia, tienen un carácter empírico y contingente. Todo lo contrario ocurre con el concepto de significado en tanto se lo determina a partir del análisis del significado de los conceptos puros. En este sentido el concepto de significado sintetiza la perspectiva transcendental acerca del lenguaje en la Crítica de la razón pura. Partimos entonces, tal como lo indica el pasaje citado, de cómo los conceptos pueden alcanzar significado y de la comparación de las dos formas fundamentales de lograrlo: esquematismo y simbolismo.

La teoría kantiana del esquematismo surge, en primer término, como respuesta al problema clásico de la relación entre entendimiento y sensibilidad. El esquematismo es, en tanto producto de la imaginación, el modo de relacionar, en una perspectiva transcendental, entendimiento y sensibilidad. El esquema es “un procedimiento universal de la imaginación” a través del cual “se le suministra a un concepto su propia imagen” (CRP B 179). Ahora bien, el esquematismo comparte con el lenguaje ser un producto de la imaginación y servir como mediación entre entendimiento y sensibilidad, pero como función transcendental muestra su diferencia respecto de él. La doctrina del esquematismo, entonces, si bien no se refiere de modo directo a la concepción del lenguaje en Kant, muestra su determinación del lugar que la teoría transcendental le asigna al lenguaje entre entendimiento y sensibilidad. Precisamente lenguaje y esquemas son productos de la imaginación, pero éstos, a diferencia de los signos del lenguaje, son el resultado de la imaginación transcendental; mientras que los signos se caracterizan por resultar de la asociación, cuyo carácter es empírico. Los esquemas son formas universales y necesarias de vincular concepto e intuición, la facultad de los signos, por su parte, solo produce asociaciones diversas y contingentes, cuya estabilidad está dada por el hábito. Pero de este modo, por así decir, por contrapartida, la doctrina kantiana del esquematismo indica la reflexión de Kant acerca del lenguaje en perspectiva transcendental. La función de la doctrina del esquematismo para la reflexión acerca del lenguaje puede ser sintetizada del siguiente modo:

  1. el esquematismo vincula el entendimiento con la sensibilidad. Es, en tanto producto de la imaginación, el modo de relacionar, en una perspectiva transcendental, entendimiento y sensibilidad;
  2. el esquematismo, al establecer un método de representación en la intuición “análogo” al de la matemática, lleva a plantear una comparación con el procedimiento matemático precisamente como forma de representación en la intuición, donde se relaciona el concepto con el caso particular donde éste se presenta[3];
  3. en tanto teoría del juicio, el esquematismo es una teoría del empleo de conceptos, es decir, del empleo de reglas. En tanto teoría transcendental del juicio debe poder señalar el caso a priori, lo que la caracteriza como tal. Y por ello ofrece el modelo del empleo de reglas en la perspectiva transcendental;
  4. la doctrina kantiana del esquematismo es una pieza clave en la teoría del significado. En ella se establecen algunas de las condiciones sin las cuales los conceptos carecen de significado;
  5. en parte por lo dicho, el esquematismo, ya desde las consideraciones críticas de J.G. Hamann y J.G. Herder a la Critica de la razón pura, ha sido visto como el “lugar” de la teoría de Kant donde debía ubicarse la reflexión acerca del lenguaje[4];
  6. del mismo modo, el esquematismo ha sido considerado en la actualidad, junto con la doctrina de las categorías, como un aspecto central de la Crítica de la razón pura para la discusión en filosofía del lenguaje y epistemología. El simbolismo, por su parte, desempeña una función semejante al esquematismo, su importancia como concepto teórico se muestra resaltada a través de este paralelismo. Desde el punto de vista de su función mediadora entre concepto e intuición la caracterización que acabamos de hacer del esquematismo se aplica al simbolismo, tal como veremos a continuación.

Lenguaje y simbolismo

Concepto e intuición pueden relacionarse, entonces, de diferentes modos según el tipo de concepto del que se trate y de la forma según la cual se brinde intuición al concepto. En el caso del esquematismo al concepto originado en el entendimiento le es dado a priori una intuición correspondiente; mientras que en el simbolismo, el concepto originado en la razón no encuentra intuición sensible alguna que pueda corresponderle. Dada esta carencia de una intuición correspondiente que pueda ser subordinada al concepto por medio del esquema, la facultad de juicio procede entonces de una manera analógica. En el procedimiento analógico un concepto es referido a su posible objeto pero, en ausencia de una intuición correspondiente, esta referencia tiene lugar a través de otro concepto al cual sí le es dada una intuición. Este tipo de representación simbólica es intuitiva y no discursiva. Por ello, si bien en ciertas ocasiones Kant emplea el término “símbolo” en un sentido general, aquí aparece en su específica determinación transcendental. Por lo mismo, afirma Kant que “símbolo” en el sentido aquí tratado difiere del “admitido por los lógicos modernos” (CFJ 255), puesto que para ellos símbolos son:

“Meros caracteres, es decir, designaciones de los conceptos por medio de notas sensibles que los acompañan, y que no contienen nada que pertenezca a la intuición del objeto sino que solo sirven a aquellos de medio de reproducción según la ley de la asociación de la imaginación, por lo tanto, en intención subjetiva; los tales son, o palabras, o signos visibles (algebraicos, y hasta mímicos) en tanto meras expresiones para conceptos.” (CFJ 255).

La representación simbólica es, como dijimos, intuitiva. La exhibición intuitiva de una representación puede ser entonces intuitiva en sentido propio o simbólica. Ambas son exhibiciones en todo el sentido del término, esto es, formas de presentar un objeto. Por referirse indirecta pero efectivamente a intuiciones, el procedimiento simbólico es considerado como una forma de “conocimiento intuitivo” que se opone al discursivo; y el símbolo es una forma de exhibición indirecta pero intuitiva[5]:

“Todas las intuiciones que se ponen bajo conceptos a priori son esquemas o símbolos de los cuales los primeros contienen exhibiciones directas del concepto, los segundos indirectas. Los primeros hacen esto demostrativamente; los segundos por medio de una analogía (para la cual también se utilizan intuiciones empíricas.” (CFJ 256).

Los símbolos contienen exhibiciones indirectas por medio de la analogía. El símbolo adquiere de este modo significado, en relación con lo que puede pensarse a partir de él, a partir de lo que puede ‘‘verse’’ en él[6].Esto puede ejemplificarse a traves de la observación kantiana respecto de la palabra “demostrativamente” (demonstrativ). Indica Kant que la emplea manteniendo, al menos parcialmente, el “significado de la palabra” según el cual “demostrar (ostendere, exhibere) significa “simultáneamente exhibir en la intuición” un concepto (CFJ 241). De este modo, el símbolo tiene su “propio ser sensible”[7], es exhibición y no meramente designación[8]. Así, la representación en el lenguaje es comparada, al menos indirectamente, con la posibilidad de intuición que ofrece. En este sentido el simbolismo desempeña una función semejante al esquematismo. En el simbolismo se produce también una relación entre entendimiento y sensibilidad por medio de la imaginación, pero aquí por medio de la analogía. El modo de proceder en la forma simbólica de esquematizar se ve particularmente ilustrado por la analogía. La representación analógica se funda en la función de la capacidad reflexionante de juzgar (mientras que el esquematismo se realiza en la función determinante). En ella la capacidad de juzgar ejecuta una doble operación; en primer lugar aplica el concepto al objeto de una intuición y, en segundo término, yendo más allá de esta, emplea la regia de la reflexión, aplicada en el primer caso, a otro objeto completamente distinto del cual el primer concepto es solo un símbolo. El lenguaje como tal se configura según este procedimiento que relaciona concepto e intuición:

“Nuestra lengua está llena de semejantes exhibiciones indirectas, según una analogía, en las cuales la expresión no encierra propiamente el esquema para el concepto, sino un símbolo para la reflexión. Así, las palabras fundamento (apoyo, base), depender (ser tenido desde arriba), fluir de (en vez de seguirse), sustancia (el portador de los accidentes según se expresa Locke) e innumerables mas, no son hipotiposis esquemáticas, sino simbólicas y son expresiones para conceptos, no por medio de una intuición directa, sino sólo según la analogía con la misma, es decir según la translación de la reflexión, de un objeto de la intuición, a otro concepto totalmente distinto, al cual quizá no pueda jamás corresponder una intuición.” (CFJ 257).

Kant ilustra el funcionamiento del lenguaje a través de ejemplos del léxico filosófico. En la palabra “fundamento” se sugiere la imagen de apoyo, de base; en “depender” la de estar sostenido desde arriba. La palabra “sustancia” induce la imagen del portador de algo. El lenguaje entonces, en tanto simbolismo, cumple con la función de volver sensible al concepto; brinda, por medio de imágenes asociadas analógicamente, un acceso a los conceptos que de otra forma no tendrían conexión con la intuición sensible. En tanto exposición simbólica el lenguaje brinda al concepto -que la razón solo puede pensar- una integración específicamente estética (estética en el doble sentido del término) a través de la determinación analógica del concepto. El lenguaje como tal suministra imágenes en las cuales se manifiesta lo inteligible[9]. De este modo, bajo el titulo de simbolismo, se sintetiza una perspectiva unificadora de la reflexión kantiana sobre el lenguaje, la cual aparece aquí en el marco de la idea de una determinación inteligible del ser humano, a la cual se arriba a través de la “belleza como símbolo de la moralidad”[10]. Con ella se brinda indirectamente la descripción de un funcionamiento del lenguaje ya no meramente “intralingüístico” como la asociación sino con relación a la forma de otorgarle significado al concepto, es decir el lenguaje es enfocado desde su posible valor referencial. Con ello se complementa la perspectiva acerca del significado tal como aparece en la Crítica de la razón pura. Pero, en tanto a través del símbolo no se llega a establecer un significado objetivo sino indirectamente una forma de intuición por medio de una analogía, queda abierta la posibilidad de perspectivas y de comunicación de las mismas[11].

La comunicación en perspectiva transcendental

En la Crítica de la razón pura la reflexión transcendental sobre el lenguaje se lleva a cabo en relación con el concepto de significado, en la Crítica de la facultad de juzgar dicha reflexión se vincula al concepto de comunicación. Comunicación tampoco es un concepto estrictamente lingüístico sino que forma parte de la crítica transcendental, pero también él, al igual que el de significado, permite mostrar el valor del lenguaje desde tal perspectiva. Es decir, es un concepto elaborado en el marco de la teoría transcendental de relevancia para la filosofía del lenguaje. Desde el punto de vista de la argumentación referida al lenguaje con el concepto de comunicación, la Crítica de la facultad de juzgar retoma la cuestión allí donde la había dejado la Crítica de la razón pura: “Nada puede ser universalmente comunicado más que el conocimiento y la representación en cuanto pertenece al conocimiento” (CFJ 27). En la Deducción transcendental en la Crítica de la razón pura se plantea la posibilidad de que los conceptos lleguen a tener realidad objetiva, es decir, lleguen a tener significado. Aquí, en la Crítica de la facultad de juzgar se discute la posible objetividad del juicio estético. En este caso, en tanto el juicio estético pretende una universalidad y necesidad para todo sujeto, también requiere una deducción, es decir, una legitimación que descanse en un principio a priori. Pero aquí el resultado no es, precisamente, la objetividad, puesto que “el juicio de gusto determina su objeto”, no ya como objetivo sino “como si fuese objetivo” (CFJ 136). Aquí la “intuición” está dada por la imaginación que “esquematiza sin concepto” (CFJ 146). De esta manera, resulta posible establecer desde el punto de vista de la reflexión acerca del lenguaje y el significado un paralelismo entre la deducción de los conceptos puros llevada a cabo en la Crítica de la razón pura y la deducción de juicios estéticos puros en la Crítica de la facultad de juzgar. En el primer caso el concepto central que se halla en juego (desde el punto de vista de la argumentación referida al lenguaje) es el de significado, mientras que en el segundo es el de comunicación.

El hacer explícita la noción de expresión sirve como trasfondo al examen del concepto de comunicación, en el cual culmina el análisis del juicio estético. Por ello, con la finalidad de mostrar las implicaciones más salientes para una reflexión transcendental acerca del lenguaje contenidas en este argumento, analizaremos brevemente en primer lugar la noción de expresión y luego el límite en la comunicación de las ideas estéticas y la poesía.

El punto de vista del arte ofrece una visión integral de la perspectiva kantiana de la expresión (Ausdruck). Tres elementos la constituyen: las palabras, los gestos y el tono, lo que se corresponde correlativamente con tres acciones: articulación, gesticulación y modulación. Pero con ello se señala entonces que la comunicación no sólo está referida a conceptos, ya que para poder “comunicarse tan perfectamente como sea posible” es necesario atender no sólo a los conceptos sino también a las sensaciones y a la intuición, es decir, a todos los aspectos presentes en la expresión, los que sólo conjuntamente configuran “la completa comunicación del hablante”[12]. Sobre esta base la comunicación es analizada desde el punto de vista de la posible comunicación de las ideas estéticas, las cuales no pueden ser integralmente expresadas por “ningún lenguaje”. La posibilidad de comunicación universal plantea, entonces, los limites mismos del lenguaje: el de la expresión de lo inefable, tal como se manifiesta al tratar de comunicar las ideas estéticas[13]. Estas son representaciones de la imaginación que inducen al pensamiento sin poder, sin embargo, ser determinadas y precisadas en un concepto. Por ello “ningún lenguaje puede alcanzar plenamente” la idea estética y “hacerla comprensible” (CFJ 193). La reflexión sobre la idea estética señala el límite de una posibilidad de comunicación más allá del concepto, y con ello los “límites” del lenguaje. La idea estética comunica, da pie para pensar en “algo” más allá de lo que las palabras pueden expresar de su concepto, puesto que ella consiste en “atributos (estéticos) de un objeto cuyo concepto, como idea de la razón, no puede ser expuesto adecuadamente”(CFJ 195)[14]. La idea estética se halla asociada a representaciones como resultado del libre uso de la imaginación y al no encontrar una expresión que indique un determinado concepto: “hace, pues, que en un concepto pensemos muchas cosas innombrables, cuyo sentimiento vivifica las facultades de conocer, y se enlaza al lenguaje, en tanto mera letra” (CFJ 197). Ello aparece claramente en la poesía. Aquí la reflexión sobre el lenguaje tiene lugar en tanto este se realiza como arte. Si bien la poesía sólo ofrece un juego de ideas, da vida, por medio de la imaginación, a los conceptos producidos por el entendimiento. Ella expresa las ideas estéticas por medio del lenguaje y, en este sentido, resume por excelencia (en cierto sentido “doblemente”, como arte y como lenguaje) la exhibición simbólica que, común a todo arte, caracteriza como hemos visto, también al lenguaje.

El arte en general, pero particularmente la poesía, en este sentido da que pensar[15]. El lenguaje poético permite comunicar una disposición subjetiva del ánimo y simultáneamente manifestar el principio que le confiere vida: el espíritu. A partir de ello, entonces el lenguaje es visto en relación con la posibilidad de comunicación.

La analítica en la Crítica de la razón pura mostró que no hay significado transcendental sino significado “para nosotros”, que el mundo es común como significado objetivo para nosotros. La analítica de lo bello en la Crítica de la facultad de juzgar, muestra que sobre esa base objetiva, establecida en la Crítica de la razón pura, y “más allá” de ella se dan otras posibilidades de referirse a los “objetos”, abiertas por la libertad. En ellas la subjetividad comunica perspectivas expresadas en el juicio de gusto. Pero esta posibilidad abierta en la reflexión acerca del arte no consiste meramente en la posibilidad de expresión de la subjetividad sino que pretende tener un fundamento, el cual se expresa en la universalidad postulada en el juicio de gusto. Ya que los juicios acerca de los objetos bellos, a diferencia de los juicios acerca de fenómenos que simplemente pueden ejercer un efecto agradable (y que, en consecuencia, sólo pueden pretender una validez privada) deben poder establecer una concordancia con los juicios de otros. Por ello, al juicio de gusto se lo asocia con una pretensión de validez para todos, pero esta universalidad no se halla apoyada en objetos, sino que se halla ligada a “una pretensión de universalidad subjetiva”[16]. Este juicio tiene, entonces, la tarea de combinar las dos características propias del juicio de conocimiento (universalidad y necesidad) con las que lo distinguen como juicio de gusto: subjetividad y falta de concepto[17]. De este modo la argumentación acerca de la comunicación en la perspectiva de la Crítica de la facultad de juzgar parte del marco de la objetividad establecida, es decir, del significado establecido como conocimiento objetivo, pero para ir más allá de la misma. La reflexión transcendental sobre el lenguaje pasa de considerarlo desde el significado objetivo a considerarlo desde la posibilidad de comunicación. El arte abre tal posibilidad más allá del significado objetivo. Mientras en el juicio de conocimiento se establece una “realidad objetiva”, la objetividad, en el juicio de gusto se comunican “objetividades móviles”, símbolos, obras que abren valoraciones y perspectivas (acerca de lo dado sensiblemente). Aquí el juicio no es necesario y universal sino que comunica posibilidades orientadas por las ideas estéticas. Ahora en el lugar del objeto aparece “otra cosa”, que da que pensar; referirse a algo ahora es entonces “abrir posibilidades”[18]. Aquí, ahora, el significado no puede ser establecido como “realidad objetiva” (universal y necesaria) sino que se construye para nosotros, determinado “según la idea”[19], la cual siendo la misma para todos es al mismo tiempo subjetiva (individual). Así, mediada por la referencia individual a la idea, la posibilidad de comunicación universal, se construye “más allá” del significado objetivo. El juicio aquí no determina objetos sino que reflexiona libremente a partir de las ideas realizadas estéticamente, las cuales “dan para pensar infinitamente” (CFJ 192). En la obra de arte se realiza la subjetividad como libertad. Pero en la caracterización de “subjetivo” en el juicio de gusto se halla ya simultáneamente implicada la remisión a una comunidad de sujetos[20]. En la obra de arte se muestra la posibilidad de entenderse universalmente. En el juicio de gusto se halla ya simultáneamente implicada la remisión a una comunidad de sujetos. De este modo se señala desde una perspectiva transcendental el fundamento de la sociabilidad humana, ya que “humanidad significa [… ] la facultad de poder comunicarse íntima y universalmente” (CFJ 262). Esta estructura que acabamos de considerar, sintetizada en la idea de comunicación, corresponde en tanto símbolo al lenguaje. Por ello, análogamente, puede decirse entonces que el lenguaje en tanto símbolo da que pensar.

La reflexión transcendental respecto del lenguaje

En lo que sigue, mencionaré, prácticamente en forma de tesis, algunas de las conclusiones que creo se pueden establecer a partir de lo expuesto respecto de la reflexión transcendental acerca del lenguaje en la facultad de juzgar reflexionante estética.

  1. La reflexión llevada a cabo en la Crítica de la facultad de juzgar permite afirmar que la tesis del “silencio” de Kant respecto del lenguaje debe ser revisada; ya que esta obra muestra una consideración explicita respecto del mismo.
  2. Esta concepción acerca del lenguaje está fundada en la perspectiva transcendental. La reflexión acerca del lenguaje desarrollada en el contexto de la facultad de juzgar reflexionante estética es transcendental. Es decir, Kant sólo se refiere indirecta y brevemente al lenguaje justamente porque las relaciones establecidas en el lenguaje no pueden ser concebidas en forma universal y necesaria. Por ello sostenemos que la aparición sólo tangencial de una reflexión explícita acerca del lenguaje en Kant no debe ser interpretada sencillamente como una omisión o como la consideración del lenguaje como un tema de menor importancia junto a otros que, hasta cierto punto, igualmente podrían o no mencionarse. Antes bien, esta aparición sólo tangencial obedece a razones intrínsecas a la perspectiva transcendental, como dijimos, ésta se halla primariamente referida al conocimiento. Todo ello muestra entonces que no se trata de “olvido” o “silencio” respecto del lenguaje sino de una posición respecto de su valor teórico en el contexto de los problemas propios que se plantea la investigación transcendental.
  3. La reflexión acerca del lenguaje desarrollada en la facultad de juzgar reflexionante estética complementa la posición de Kant respecto del lenguaje expuesta desde el punto de vista del equilibrio conceptual del sistema crítico tal como el mismo lo formula. En ella Kant: a) expone explícitamente el tema del lenguaje de una manera algo más detallada que en otros textos; b) propone el modelo de la reflexión sobre el arte como juicio reflexionante, como una forma de comprender el lenguaje; y c) ofrece una reflexión sobre el sistema crítico en su conjunto en la cual ubicar la consideración acerca del lenguaje.
  4. La reflexión acerca del lenguaje explicitada en la facultad de juzgar reflexionante estética brinda una consideración acerca del lenguaje que desarrolla la perspectiva transcendental acerca del mismo, más allá del marco de la Crítica de la razón pura. Dicha reflexión puede comprenderse como una determinación ulterior del concepto de lenguaje al ofrecido por la Crítica de la razón pura. En ella se abre una nueva perspectiva que prosigue, profundiza y amplía el horizonte de la reflexión kantiana acerca del lenguaje: horizonte desde el cual se plantea una suerte de “dialéctica” entre significado y comunicación. La teoría del significado de Kant se asienta en el “giro copernicano”. La posibilidad de objetividad, en la cual se centra la Crítica de la razón pura, es un eslabón de un movimiento teórico que indica la posibilidad de construcción de la significatividad a partir de la subjetividad (“subjetividad”,por cierto, en sentido transcendental). En la Crítica de la facultad de juzgar, supuesto dicho mundo objetivo, se trata de la construcción de mundos posibles en la esfera de la creación artística, y de las posibilidades que ésta encierra según la perspectiva transcendental. En el primer caso, entre el entendimiento y la sensibilidad media el esquema, en el segundo, el símbolo. Según la Crítica de la facultad de juzgar, dada la imposibilidad de intuir directamente el objeto quedan abiertas las posibilidades de intuir indirectamente, es decir, de pensar analógicamente y de comunicarse. Pero con ello entonces se afirma, desde el punto de vista transcendental, la legitimidad de la diversidad de interpretaciones posibles sostenidas en el juicio de gusto. Según la Crítica de la facultad de juzgar, el juicio reflexiona a partir de símbolos y establece analogías que son diversos, sin tratarse de una diversidad meramente empírica. En este sentido la analítica de lo bello ofrece un modelo para comprender la diversidad lingüística en el marco de una consideración racional pura, no determinante sino reflexionante. Desde este punto de vista el lenguaje en tanto símbolo da que pensar. La reflexión filosófica de Kant acerca del lenguaje, en tanto idealismo transcendental, deja necesariamente abierta, entonces, la posibilidad de comprender el lenguaje como lo que va más allá del mundo como significado, es decir, deja abierta la posibilidad del símbolo, en tanto este testimonia lo inexpresable.
  5. A partir de la reflexión acerca del lenguaje desarrollada en la facultad de juzgar reflexionante estética se pueden extraer conclusiones respecto del problema del lenguaje en Kant y de las relaciones entre la reflexión de Kant acerca del lenguaje y la reflexión filosófica actual luego del “giro lingüístico”. Lo que hemos visto sirve como una indicación para poder pensar que la teoría crítica incluye una posición filosófica respecto del lenguaje. Posición filosófica que asigna un valor diferente al lenguaje para la reflexión filosófica que el que le es atribuido por la filosofía orientada lingüísticamente. En este sentido el lenguaje es ubicado en la óptica de la crítica de la razón pura, precisamente con cuya formulación en la perspectiva de la facultad de juzgar comienza la obra que culmina el trabajo crítico: “La capacidad de conocimiento a partir de principios a priori puede ser denominada la razón pura, y crítica de la razón pura la investigación de la posibilidad y límites de la misma en general” (CFJ III).

La Crítica de la facultad de juzgar asume las determinaciones de las dos primeras críticas y las reubica en la perspectiva orientada por el juicio teleológico respecto de las obras humanas y de la naturaleza. Acorde a ello el ser humano es el único ser en el mundo cuya causalidad puede estar dirigida a fines que en tanto tales no son el producto de condiciones naturales. Tal es el enfoque abierto por la reflexión transcendental para el lenguaje. 


  1. La importancia de la Critica de la facultad de juzgar para la determinación de la reflexión kantiana sobre el lenguaje ha sido objeto de detenida consideración: Walter Biemel, Die Bedeutung von Kants Begründung der Asthetik fiir die Philosophie der Kunst, Koln, Kölner Universitätsverlag, 1959, pp. 74, 81, y 122; Hans –Georg Gadamer, Wahrheit und Methode, Tubinga, Mohr, 1972, pp. 31-71; Bruno Liebrucks, Sprache und Bewufltsein, vol. 4: Die erste Revolution der Denkungsart, Francfort del Meno, 1968, pp. 465ss., 488ss; Julián Caravajal Cordón “El lenguaje como problema filosófico y Critica del Juicio”, en Roberto Rodríguez Aramayo – Gerard Vilar (Eds.), En la cumbre del criticismo, Barcelona, Ánthropos, 1992, pp. 46-77.
  2. Marc-Wogau subraya en general el carácter transcendental de la argumentación llevada a cabo en la Critica de la facultad de juzgar; Konrad Marc-Wogau, Vier Studien Zu Kants Kritik der Urteilskraft, Uppsala, Lundequist, 1938, pp. xi-xii. Esta afirmación puede resultar trivial, pero es uno de los fundamentos que permiten sostener el carácter a su vez transcendental de la perspectiva de Kant respecto del lenguaje.
  3. La interrelación entre el esquematismo, la construcción matemática y la exhibición a priori de un concepto en la intuición ha sido analizada en: Alfredo Ferrarin, “Construction and Mathematical Schematism. Kant on the Exhibition of a Concept in Intuition”, Kant-Studien, 86, 1995, pp. 131-174. Acorde con la perspectiva sostenida en este trabajo, sugiero que precisamente la doctrina kantiana del simbolismo debe ser incluida y considerada en esta interrelación. Ello muestra la articulación de la reflexión de Kant acerca del lenguaje con algunos de los conceptos centrales de la estructura teórica de la filosofía crítica.
  4. Ambos conciben el esquematismo como el concepto kantiano que, en tanto instancia de mediación entre la sensibilidad y el entendimiento permite comprender la función del lenguaje aun cuando Kant no planteara explícitamente esta equivalencia entre esquematismo y lenguaje. Herder propone una “metacrítica” de la filosofía kantiana, entendiendo por tal una crítica de la razón que estaría no meramente orientada al aspecto formal de la misma sino la determinación de los contenidos que podrían serle propios. Herder lleva a cabo este proyecto en su “metacrítica” de la Critica de la razón pura de 1799; Thomas M. Seebohm “Der systematische Ort der Herderschen Metakritik”, en Kant-Studien, 63, 1972, pp. 59-74. Hamann se refiere al lenguaje en relación con la “raiz común” de sensibilidad y entendimiento en su “Metacritica acerca del purismo de la razón” donde él expone programáticamente su “critica al criticismo”. Johann G. Hamann, “Metaktirik über den Purismus der Vernunft” (1784), Johann G. Hamann, Sämtliche Werke III, Viena, Herder, 1951, pp. 283-289.
  5. Segun Tzvetan Todorov, Kant en la Crítica de la facultad de juzgar modifica el concepto mismo de “símbolo”. Hasta ese momento “símbolo” significaba “o bien un simple sinónimo de una serie de términos empleados (como alegoría, jeroglífico, cifra, emblema, etc.), o bien designaba preferentemente el signo puramente arbitrario y abstracto (los símbolos matemáticos), siendo este segundo sentido corriente especialmente entre los leibnizianos”; Tzvetan Todorov, Theories du Symbole, Paris, Seuil, 1977, p. 236. En este contexto “Es Kant que en la Critica de la Facultad de juzgar transforma este uso y conduce la palabra símbolo muy cerca de su sentido moderno. Lejos de caracterizar la razón abstracta, el símbolo pertenece a la manera intuitiva y sensitiva de aprehender las cosas”. Ibíd.
  6. El símbolo “no sólo pertenece a la esfera del logos” sino a la realidad sensible puesto que “no tiene su significado en la relación con otro significado, sino que su propio ser sensible tiene significado. Es, de un modo primordial aquello donde se puede conocer algo otro”, Hans Georg Gadamer, Wahrheit und Methode, Tubinga, Mohr, 1972, p. 68. En él tiene lugar una “interconexión metafísica entre lo visible y lo invisible”, H. Gadamer, op. cit., p. 69.
  7. H. Gadamer, op. cit., p. 68.
  8. Cfr. H. Gadamer, op. cit., p. 71.
  9. W. Flach afirma que “el lenguaje se recubre con el dominio de la representación intuitivo simbólica”, Werner Flach, “Zu Kants Lehre von der symbolischen Darstellung”, Kant-Studien, 73, 1982, p. 458 Ya partir de ello subraya la importancia del lenguaje como acceso a lo inteligible. Ve en ello una de las contribuciones de la doctrina kantiana de la exposición simbólica a la filosofía del lenguaje y la teoría de la ciencia literaria, op. cit., pp. 458 y 459.
  10. La noción de simbolismo brinda así una nueva perspectiva donde se reunifica la reflexión kantiana sobre el lenguaje. Esta aparece ahora en el marco de la idea de una determinación inteligible del ser humano, es decir, en una perspectiva teleológica donde el concepto de símbolo en el cual se ordena la reflexión acerca del lenguaje mantiene un “trasfondo metafísico” que tiene lugar a través de la indicación del pasaje de lo sensible a lo suprasensible: Cfr. H. Gadamer, op. cit., p. 69.
  11. Precisamente al referirse a la noción de analogía, concepto en el cual convergen la consideración acerca del lenguaje y de significado, afirma Kant que se trata de un tema apenas analizado aun cuando merecería una “profunda indagación” (CFJ 257), pero lo deja sin desarrollar.
  12. La caracterización kantiana de la expresión es la siguiente: “Ésta consiste en la palabra, el gesto y el sonido (articulación, gesticulación y modulación). Sólo la combinación de estos tres modos de la expresión constituye la completa comunicación del hablante. Pues pensamiento, intuición y sensación son, mediante ellos, simultanea y conjuntamente, transmitidos a los demás.” (CFJ 204-205). Según Gadamer, el concepto dominante de expresión en el siglo xviii se halla dominado por el punto de vista de la comunicación y la comunicabilidad, por ella de lo que se trata es de encontrar la expresión, esto significa “buscar una expresión, que quiere alcanzar una impresión, por ello de ningún modo se trata de la expresión en el sentido de expresión de vivencias”. H. Gadamer, op. cit., p. 475.
  13. “Semejantes representaciones de la imaginación pueden ser llamadas ideas, por una parte porque, tienden, al menos, a algo que se halla sobre los límites de la experiencia, y así buscan aproximarse a una exhibición de los conceptos de la razón (de las ideas intelectuales), lo cual les da la apariencia de una realidad objetiva; por otro lado y; fundamentalmente, porque en cuanto intuiciones internas ningún concepto puede serles enteramente adecuado.” (CFJ 193-194).
  14. Los atributos estéticos “dan también una idea estética que, en lugar de la exhibición lógica de aquella idea de la razón, sirve propiamente para vivificar el alma en la medida en que le abre la perspectiva en un imprevisible campo de representaciones afines” (CFJ 195).
  15. En ella el pensamiento se daría, por así decir, cifrado. En este sentido la poesía sería una forma previa de reflexión, Esto puede ilustrarse con el siguiente pasaje de la Lógica: “Por lo demás los primeros filósofos expresaron todo en imágenes. Pues la poesía, que no es otra cosa que una expresión de los pensamientos en imágenes, es más antigua que la prosa. Por ello, al comienzo, incluso en las cosas que solo son objeto de la razón pura, se tuvo que hacer uso del lenguaje de las imágenes y de la forma de escribir poética.” Lógica, EA, IX, 346.
  16. Cf.: CFJ § 8 “La universalidad de la satisfacción es representada en un juicio de gusto solo como subjetiva.”
  17. “Subjetividad” quiere decir en primer lugar una delimitación negativa respecto del juicio de conocimiento en tanto juicio lógico, En el juicio de gusto “el fundamento de su determinación no puede ser sino subjetivo” (CFJ 4). “Subjetivo”, acorde con esta primera delimitación, se refiere a la posible validez del fundamento determinante del juicio, mientras que el fundamento mismo del juicio estético es la “conformidad a fin”. Cf.: CFJ § 10 “De la conformidad a fines en general”.
  18. De este modo el arte se transforma en una especie de orientación vital puesto que en la producción o juicio de las obras de arte al mismo tiempo “me vuelvo consciente de que ellas son productos, posiciones subjetivas y las capto como posibilidades a las cuales puedo orientar mi vida aun cuando no sean como objetos para ser conocidos o como perspectivas éticas para ser fundadas”, Ulrich Müller, “Objektivitat und Fiktionalitat”, Kant-Studien, 77, 1986, p. 212.
  19. Cf. H. Gadamer, op. cit., p. 475.
  20. Tal como señala U. Müller, agregando: “Tal empleo de la palabra subjetivo no es (o al menos no completamente) consciente para Kant, pero podemos estar autorizados a sacar esta consecuencia”, U. Müller, op.cit., p. 205. “La explicación del concepto kantiano de subjetividad estética demuestra sus relaciones indirectas con un concepto de intersubjetividad no expresamente nombrado como tal, que sin embargo debe ser pensado en el.” U. Müller, op.cit., p. 205. A su vez, “La relación de la parte referida al entendimiento y la parte no referida al entendimiento, representada por la imaginación, la relación de estas dos maneras de representar es lo que da la posibilidad de comunicabilidad universal de las representaciones estéticas. En este sentido habría una ‘objetividad’ estética que en un sentido es comprendida como intersubjetividad.” U. Müller, op.cit., p. 207.


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