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9 La filosofía como gramática: Wittgenstein como filósofo kantiano

La afirmación de Wittgenstein de que él había concebido la investigación llevada a cabo en el Tractatus (1921) “no dirigida a los fenómenos” sino a “las ‘posibilidades’ de los fenómenos”[1] puede ser tomada como una muestra de la legitimidad de los análisis en torno a la relación entre la filosofía critica de Kant y la reflexión de Wittgenstein. Así p. ej. se señaló la semejanza entre el planteo indicado por esta afirmación y el enfoque básico de la filosofía transcendental, sosteniendo que Wittgenstein habría trasladado, transformándolo, “el idealismo transcendental de Kant del plano de la razón al plano del lenguaje”[2] o que Wittgenstein podía ser identificado como “filósofo kantiano”[3]. Esta semejanza entre ambos enfoques ha sido reiteradamente señalada y constituye un motivo constante de análisis[4]. En este contexto resulta posible identificar un aspecto común a las concepciones de la filosofía de Kant y Wittgenstein en tanto ésta es vista como gramática.

Kant: la filosofía transcendental como gramática transcendental

Una interpretación reciente de la filosofía crítica de Kant, orientada por la concepción de la gramática de Wittgenstein, sugiere cómo comprender la filosofía transcendental en tanto gramática transcendental, explora las posibilidades “latentes” en la filosofía crítica y expande la indicación kantiana de la gramática transcendental en relación con la filosofía del lenguaje[5]. Si bien este análisis se presenta sólo como un “bosquejo y una exposición extremadamente fragmentaria”[6], Lütterfelds sostiene que la concepción transcendental del conocimiento implica una forma de concepción transcendental de la gramática cuyo análisis permite “establecer una conexión estructural en la propia filosofía del lenguaje de Kant con su teoría transcendental del conocimiento”[7]. Según él las pocas observaciones de Kant sobre el lenguaje que podrían ser conceptualizadas como su “filosofía del lenguaje” presentan un doble aspecto. Por una parte se halla en ellas el modelo tradicional del lenguaje como signo, por otro una concepción de la gramática, donde precisamente se niega el dualismo entre signo y objeto. La reflexión de Kant sobre el lenguaje se vería pues caracterizada por este doble aspecto, por una parte se halla en él un modelo “mentalista” del lenguaje como forma de designación[8]. Por otro, la mención de una “gramática transcendental” sería precisamente el título que representa la “crítica inmanente” [9] llevada a cabo de hecho en la reflexión transcendental. De acuerdo al modelo “mentalista los signos lingüísticos son meramente un medio para reproducir el pensamiento. Ahora bien,

“si la filosofía del lenguaje de Kant se agotara en este modelo tradicional del lenguaje como designación […] sería pasible de argumentos contra este modelo semejantes a los que presenta Wittgenstein contra la teoría del signo de San Agustín al comienzo de las Investigaciones filosóficas”.[10].

Pero sostiene por el contrario que

“las observaciones de Kant respecto del lenguaje son más diferenciadas, incluso a pesar de que conducen a una autocrítica radical de su propio modelo del lenguaje como designación. Se trata de tesis que son interesantes para la filosofía del lenguaje contemporánea. Pues en ellas el lenguaje para Kant ya no es más una mera designación funcional del pensamiento”.[11].

Argumenta que en la medida en que para Kant el lenguaje es también visto como una forma de comprensión de uno mismo, sin lenguaje no hay comprensión de los propios pensamientos, los cuales no son vistos, entonces, como pre-lingüísticos y sin relación al lenguaje; con ello de hecho Kant “pone en cuestión el dualismo tradicional entre pensamiento y signo”[12]. Con ello la filosofía transcendental hace patente

“una unidad a priori de pensamiento y lenguaje, cuya estructura ya no puede ser aclarada por el modelo del lenguaje como designación. En ella, en contra de la propia concepción de Kant, los signos lingüísticos de ningún modo sólo establecen un enlace mediato de representación y objeto, sino que pertenecen estructuralmente a su enlace inmediato”.[13].

Con todo esto la investigación transcendental kantiana “se mueve de hecho, es decir no reflexivamente, ya en el linguistic turn; la investigación transcendental de la razón pura se halla comprometido con la perspectiva de Wittgenstein de que finalmente todo se resuelve en el lenguaje”[14]La mención de una gramática transcendental por parte de Kant implicaría esta remisión última al lenguaje. Entonces, tal como hemos visto que dice el texto de Kant, la gramática transcendental se halla a priori en nuestro entendimiento y contiene el fundamento del lenguaje humano; fundamento que consiste en las categorías, es decir, en “las correspondientes reglas para las síntesis del uso de expresiones que pueden ser verdaderas” [15]. Estas reglas categoriales en tanto funciones gramaticales deben ser desarrolladas ya que Kant sólo remite al ejemplo de las diferentes formas temporales de la gramática y a los adverbios, sin proseguir una elaboración más diferenciada. El que las categorías provean funciones de unidad que valen como reglas gramaticales de síntesis para los enunciados que pueden ser verdaderos empíricamente constituye una condición del posible significado de las expresiones lingüísticas[16]. El concepto de significado que se corresponde desde la perspectiva crítica de Kant con esta gramática transcendental no es el correspondiente a “una teoría del significado como referencia a; referencia donde las expresiones lingüísticas se refieren a objetos, sensibles o de pensamientos”[17], sino que “‘Significado’ es la unidad de la referencia cumplida de hecho entre lenguaje y objeto, la cual surge en un uso de conceptos y expresiones, reglado normativamente por medio de formas de unidad” [18]; lo cual muestra un llamativo “paralelismo con la teoría pragmática del significado como uso en el Wittgenstein tardío”[19]. De este modo el enfoque de Lütterfelds, cuyos lineamientos centrales acabamos de indicar, permite resaltar un posible perfil de la filosofía transcendental del conocimiento según el cual ésta es vista como una totalidad que posibilitaría el desarrollo de una concepción del lenguaje como gramática transcendental. Pero, asimismo, la filosofía transcendental del conocimiento así vista muestra su estrecho parentesco con la concepción de Wittgenstein de la filosofía como gramática. Concepción para la cual la lógica formal tendrá un papel inicial de guía, de modo análogo a la guía que la lógica formal de su tiempo representó para el desarrollo de la lógica transcendental de Kant.

Wittgenstein: la filosofía como gramática

Es bien sabido que desde 1929 hasta su muerte en 1951 Wittgenstein trabajó en un modo de hacer filosofía que se caracteriza por, siguiendo la idea de que filosofía no puede ser una ciencia o un cuerpo doctrinal, ser una actividad, la actividad de clarificar las confusiones producidas por el lenguaje. Debe precisarse que, si bien resulta difícil exagerar la importancia que Wittgenstein concede al lenguaje como objeto de reflexión y siendo el lenguaje una preocupación constante y central, sin embargo su indagación está en función de la aclaración de la filosofía. Wittgenstein no intentaba brindar una descripción sistemática del uso del lenguaje sino en la medida en que ello es requerido para lograr una intelección de la filosofía[20]. Ahora bien, él no identificó desde un comienzo la filosofía con la gramática sino con la lógica. Su perspectiva inicial fue que la filosofía se basa en la lógica, en 1913 dice: “La filosofía consiste en lógica y metafísica: lógica es su base”[21], elaborando los detalles de esta concepción en el Tractatus. Es central en esta obra la idea de que el lenguaje refleja la realidad y de que la lógica es la esencia del lenguaje, si bien esto no significa que la forma y substancia del mundo estén dadas previamente, sino que la realidad debe tener la misma forma o estructura que la lógica, una forma lógica. Esta idea se halla presente en todo el Tractatus. La lógica se muestra pues como un modelo o proyección de la realidad y con ello la lógica provee los fundamentos para el significado de enunciados, particularmente de las proposiciones complejas que podían construirse como funciones de verdad de las proposiciones elementales. Pero la intención filosófica de Witggenstein en el Tractatus no era centralmente desarrollar los aspectos formales de la nueva lógica, aportar nuevas pruebas o herramientas técnicas como tales, sino elucidar sus implicaciones filosóficas. Debemos recordar el pasaje ya clásico que identifica la tarea de la filosofía:

“Mis proposiciones son aclaratorias en el siguiente modo: quien comprende una finalmente las reconoce como carentes de sentido cuando ha trepado por ellas, sobre ellas, más allá de ellas. Por decirlo así, ha tirado la escalera después de subir por ella. Debe superar estas proposiciones, entonces verá el mundo correctamente.”[22].

Esta concepción se proyectará del Tractatus hacia las Investigaciones Filosóficas [23] en un pasaje de la lógica a la gramática. Así, en un manuscrito que data de junio de 1931, anota Wittgenstein “Mi libro también podría llamarse Gramática Filosófica. Este título tiene un dejo a manual, pero no importa, ya que atrás del título está el libro.”[24]. Pero con ello se iniciará un nuevo sentido de gramática en tanto ésta deviene la actividad filosófica como tal. Una aproximación a este nuevo sentido de gramática puede ilustrarse en el siguiente tipo de análisis “gramatical”, orientado por el esclarecimiento de las posibilidades de comprensión:

“1. ¿Cómo puede hablarse de ‘entender’ y ‘no entender’ una proposición, acaso algo no es una proposición recién cuando uno la entiende? Tiene sentido señalar un grupo de árboles y preguntar: ‘¿Has entendido lo que dice este grupo de árboles?’ […] ‘¿No comienza el entender recién con la proposición, con la proposición completa? ¿Se puede entender media proposición?’. Media proposición no es una proposición completa.”[25].

De este modo la filosofía parece ser una rama de la gramática (en este nuevo sentido amplio), la cual proporciona las bases para la descripción de las formas y esencias de las cosas a punto tal que la posición inicial representada en el Tractatus se podría reformular diciendo que “Filosofía consiste en gramática y metafísica: gramática es su base” [26]. Así se podrá leer en las Investigaciones Filosóficas: “La esencia es expresada por la gramática […] La gramática dice qué clase de objeto es algo.”[27]. De este modo Wittgenstein reubica la base conceptual de la filosofía trasladándola de la lógica a la gramática. Esta traslación toma el sentido de una proyección y ampliación de la base de sustentación de la investigación filosófica. De modo tal que la concepción de la filosofía basada en la gramática, antes que un rechazo o un abandono, es una generalización de la concepción de la filosofía basada en la lógica. La lógica consiste en reglas para juegos de lenguaje que conllevan imágenes de hechos; es una parte importante del juego de lenguaje de las predicaciones o afirmaciones de verdad. Predicar es sin embargo solo una familia o tipo particular de juegos de lenguaje. En tanto Wittgenstein llega a apreciar el amplio espectro de usos del lenguaje, llega a ver a la filosofía como ocupándose no sólo con otros usos del lenguaje sino también con otras dimensiones de la predicación distintas de la dimensión lógica. Pedido, órdenes, saludos son ejemplos de este tipo de diferencia[28]. El concepto que da cuenta de este uso del lenguaje es el de juego de lenguaje. Con éstos nos encontramos. Ellos tienen lugar en el sentido de un “proto-fenómeno”; los juegos de lenguaje son dados, no tienen que existir necesariamente, pero existen. Son característicos de la forma de vida humana: la gramática describe el uso de las palabras en el lenguaje, de forma tal que tiene la misma relación con el lenguaje que tiene la descripción de las reglas de un juego con el juego mismo.

La realización de la filosofía como gramática por parte de Wittgenstein puede ser vista como la prosecución de la concepción de Kant: “La caracterización general más simple de su filosofía es que es crítica en el sentido kantiano. Kant ofreció una crítica del pensamiento y Wittgenstein ofrece una crítica de la expresión del pensamiento en el lenguaje”[29]. Ya la filosofía crítica de Kant se había orientado en una dirección similar en tanto el análisis de las cuestiones centrales de la metafísica tradicional en la perspectiva crítica se ubicaba en el terreno de la dialéctica, del conflicto y la disputa entre puntos de vista antagónicos. Fue precisamente característico de Wittgenstein no tomar partido en los debates filosóficos preexistentes, evaluando ventajas y limitaciones de cada una de las partes[30]. Antes bien, él buscaba poner de manifiesto los puntos de acuerdo entre ellas y los presupuestos compartidos que eran tomados como algo que va de suyo. En la discusión respecto de la naturaleza de la filosofía cuestionó la idea de que la filosofía fuera una disciplina en la cual se puede descubrir nuevos conocimientos, construir teorías y progresar por medio del desarrollo del conocimiento y la confirmación de teorías. La filosofía era para él radicalmente diferente de la ciencia. La tarea de la filosofa es resolver o disolver los problemas filosóficos a través de un proceso de aclaración que distinga el sentido del sin sentido. Ello se logra, entre otros medios, describiendo los juegos de lenguaje, es decir, describiendo las prácticas, las actividades, acciones y contextos de significado en los cuales el uso reglado de una palabra se integra. De este modo la descripción del uso de las palabras y del propósito al cual sirven es característico de la filosofía al desenredar las confusiones conceptuales. No es la tarea de la filosofía resolver una paradoja o una contradicción a través de una innovación conceptual, sino, más bien lograr comprender la estructura conceptual que da lugar al problema. Nos enredamos siguiendo las reglas del uso de las expresiones y la tarea de la filosofía consiste en llegar a una visión clara de tales enredos. En este sentido para Wittgenstein no hay descubrimientos en filosofía ya que toda la información que ella necesita se halla ante nuestra vista y sólo debemos recordar cómo usamos el lenguaje. Los problemas filosóficos se resuelven no por medio de la adquisición de más información sino ordenando lo que ya sabemos. La filosofía tiene pues un doble aspecto. Negativamente es la cura para las “enfermedades” del intelecto. En este sentido los problemas filosóficos son síntomas que se producen al quedar atrapados en la red del lenguaje. En un sentido más positivo la filosofía es una búsqueda por lograr una representación comprensiva y penetrante de segmentos de nuestro lenguaje que son la fuente de confusión conceptual. Nuestra gramática, es decir, las reglas para el uso de palabras y expresiones, no nos es dada en su totalidad como tal, lo cual obliga a proceder por partes; debemos, p. ej. analizar las relaciones e implicaciones de la expresión “tener”, en tanto ésta puede ser empleada para referirse a un auto, un dolor de muelas o al miedo. Para Wittgenstein la filosofía difiere de las ciencias por su carácter a priori, y con ello comparte una larga tradición, a la cual le imprime un sello propio en tanto comprende este carácter a priori con referencia a reglas lingüísticas: la filosofía se refiere no a objetos sino a nuestro modo de hablar acerca de ellos según reglas “gramaticales”. Una observación de Wittgenstein de 1931 ratifica la idea con la que comenzáramos este párrafo, dice:

“El límite del lenguaje se muestra en la imposibilidad de describir el hecho (es su traducción) que corresponde a una proposición sin, precisamente repetir la proposición. Aquí tenemos que vérnoslas con la solución kantiana del problema de la filosofía”[31].

La filosofía como actividad: el cumplimiento ético de la racionalidad

Si bien el análisis en conjunto de ambas concepciones, vistas como filosofía teórica, permite por un lado ver las posibilidades latentes de la filosofía transcendental como gramática transcendental y por otro identificar un marco conceptual que sirve de base a la filosofía de Wittgenstein a partir del cual ésta se proyecta como gramática, resalta más aún el resultado convergente que ambas concepciones presentan en tanto, para seguir la terminología kantiana, filosofía práctica. Concebir la filosofía como actividad desemboca en analizar su posible finalidad; con ello se nuestra en primer plano la articulación práctica de ésta. La razón práctica guía la acción; en primer lugar identifica maneras de alcanzar ciertos resultados o fines instrumentalmente concebidos, pero, en segundo término, dicho de un modo general, orienta respecto de cuáles fines deben ser perseguidos o qué tipos de acciones son buenas o malas, obligatorias o prohibidas. De este modo en ambos casos la reflexión teórica es reorientada en su conjunto en función de una finalidad práctica, es decir, ética. Por ello en el caso de Kant la gramática transcendental ha sido interpretada en función de la actividad orientada por fines. F. Kaulbach visualizó la indicación de Kant respecto de la gramática transcendental como un programa donde ésta serviría para interpretar las distinciones gramaticales de acuerdo con el hilo conductor de las estructuras de la actividad del “yo pienso”, fundándola en la actividad de éste, la cual, en última instancia se orienta pragmáticamente[32]. Más recientemente y desde otro contexto filosófica H. Putnam ha subrayado que en Kant hay “un aspecto que se conecta inmediatamente con el pragmatismo y que podríamos llamar la primacía de la razón práctica[33]. Pero, además, conecta esta idea explícitamente con la reflexión de Wittgenstein, puntualizando: “Wittgenstein […] no podría haber mirado tan lejos si no hubiese podido apoyarse en la espalda de un gigante como Kant.”[34]. Sostiene que con todas las diferencias que legítimamente se pueden señalar entre ambos coinciden profundamente en la “intención moralizadora” [35]y en la primacía de la razón práctica. Concluye Putnam que: “a pesar de que Wittgenstein no era en sentido estricto, ni un ‘pragmático’ ni un ‘kantiano’, comparte con el pragmatismo una cierta herencia kantiana […] y también comparte con él un (quizás el) concepto central de la primacía de la práctica”[36].

En las lecciones de lógica Kant presenta un ordenamiento del conocimiento objetivo en siete grados cuyo primer nivel es el de la representación general. Ubica en quinto lugar el entender por medio de conceptos. En el grado inmediato de incremento del conocimiento se halla el penetrar a través de la razón (perspicere). Luego dice:

“El séptimo finalmente: comprender algo (comprehendere), es decir, conocer algo mediante la razón o a priori en el grado que resulte suficiente para nuestro propósito. Puesto que todo nuestro comprender es sólo relativo, es decir, suficiente para un cierto propósito, no comprendemos nada absolutamente.” (Lógica, EA IX, 65).

Con ello queda claramente identificado que el conocimiento, particularmente en tanto se ordena a su logro superior, la comprensión, se orienta por fines. Esto se aplica también a la filosofía como forma de saber. En sentido técnico o de escuela la filosofía es tomada objetivamente cuando sirve de imagen ejemplar o modelo desde el cual se evalúa toda filosofía subjetiva: “La filosofía es la mera idea de una ciencia posible que no está dada en concreto en ningún lugar, pero a la que se trata de aproximarse por diversos caminos” (CRP B 866). En este sentido, ya nadie posee la filosofía objetivamente, “no se puede aprender filosofía” sino “sólo a filosofar” (CRP B 866). En este sentido técnico el concepto de filosofía se refiere a un “sistema de los conocimientos que sólo se busca como ciencia, sin tener otro fin que la unidad sistemática de este saber y, con ello la perfección lógica del conocimiento” (CRP B 866). Pero también hay un con­cepto cósmico (conceptus cosmicus) de la filosofía:

“En este sentido punto la filosofía es la ciencia de la relación de todos los conocimientos con los fines esenciales de la razón humana (teleología rationis humanae), y el filósofo es un legislador de esa misma razón, no un artífice de ella. En tal sentido sería muy arrogante llamarse a sí mismo filósofo y pretender igualarse a un arquetipo que sólo se halla en la idea.” (CRP 866s).

De forma tal que en ambos casos la realización efectiva de la filosofía como actividad se confronta con su posible forma ideal. Pero “los fines esenciales no son por ello ya los supremos” (CRP B 868) y desde el punto de vista de la unidad sistemática de la razón sólo uno puede ser el fin supremo. Los fines son o bien el fin último, o bien son fines subalternos que, en cuanto medios, se ordenan a aquél. Este fin supremo “no es otro que el destino entero del ser humano, y la filosofía respecto del mismo se llama moral” (CRP B 868). De allí “la preeminencia que tiene la filosofía moral frente a cualquier otra aspiración racional” (CRP B 868).

La distinción del Tractatus entre lo que puede ser dicho y lo que solamente puede ser mostrado fue caracterizada por Wittgenstein como el “punto principal” del libro y el “problema cardinal de la filosofía” [37] data de unas notas sobre lógica que Wittgenstein dictara a Moore hacia 1914. Por ese entonces esta distinción se refería a la lógica. Pero un par de años más tarde, mientras Wittgenstein continuaba trabajando en esta obra esta concepción se amplió quedando inscripta en un contexto ético. De ello da testimonio una carta a Ludwig von Ficker, posible editor de la obra, en la cual Wittgenstein le advierte que el libro podría ser difícil de comprender y que su contenido podría resultarle extraño. Pero añadía -vale la pena citarla con cierta extensión ya que pone de manifiesto la cuestión nuclear que analizamos:

“En realidad no es extraño a usted porque la orientación del libro es ética. En cierta ocasión quise poner unas pocas palabras en el prólogo que en realidad no están en él, las cuales sin embargo le escribo ahora ya que pueden ser una clave para usted. Quería, en aquella oportunidad, escribir que mi obra consiste de dos partes, una de las cuales está aquí y otra que consta de todo lo que no escribí. Precisamente esta segunda parte es la importante. Porque lo Ético es delimitado desde dentro, tal como lo fue por mi libro; y estoy convencido que, hablando estrictamente, SOLO puede ser delimitado de este modo. Todo aquello acerca de lo cual muchos están balbuceando hoy, yo lo definí en mi libro al permanecer en silencio acerca de ello. En consecuencia, a menos de que yo esté muy equivocado, el libro habrá de decir mucho de lo que usted querría decirse a usted mismo, pero tal vez usted no note que está dicho en él. Por ahora le recomendaría que lea el prólogo y la conclusión desde que expresan el punto más directamente.”[38].

Esto puede ser relacionado con las observaciones previas respecto del problema cardinal de la filosofía, es decir la cuestión de dónde se encuentran los límites de lo que puede ser expresado[39]. Tal cuestión resulta en la dimensión ética, tal como lo testimonia la proposición siete que cierra el Tractatus, “Acerca de lo que no se puede hablar se debe callar”[40]. Pero ello, si bien puede estar de más aclararlo, no se refiere a la expresabilidad en general referida al tipo de contenido que fuere, sino estrictamente a la diferenciación entre lo que puede ser dicho y lo que sólo puede ser mostrado; diferenciación que en este contexto constituye la reflexión filosófica como tal. Por ello, dicho ahora en términos de la filosofía como gramática: “filosofía es la gramática de las palabras ‘debo’ y ‘puedo’, puesto que es así como ella muestra lo que es a priori y lo que es a posteriori[41]. El a priori así entendido se mueve pues en, siguiendo la expresión de Wittgenstein en la carta a von Ficker, “lo Ético”, lo cual desde la óptica de Kant recién indicada puede ponerse en paralelo con la “teleología de la razón humana” (CRP 867) que orienta la actividad filosófica cuyo arquetipo “se halla en la idea” (CRP 867).


  1. Ludwig Wittgenstein, Philosophische Untersuchungen, Francfort del Meno, Suhrkamp, 1984, § 90.
  2. Wolfgang Stegmüller, Haupstromungen der Gegenwartsphilosophie, (6ta.ed.), Stuttgart, A. Kröner, 1978, pág. 555.
  3. Tal como reza el título del capítulo XI: “Wittgenstein como filósofo kantiano” de Eric Stenius, Wittgenetein’s Tractatus, Oxford, Cornell UP, 1960, pp. 214-226.
  4. Ingmar Dilman, Wittgenstein’s Copernican Revolution: The Question of Linguistic Idealism, USA, Palgrave, 2002.
  5. Wilhelm Lütterfelds, “Kant in der gegenwärtigen Sprachphilosophie”, en Dieter Heidemann – Kristina Engelhard (Eds.), Warum Kant heute?, Berlín – Nueva York, W. de Gruyter, 2003, pp. 150-176.
  6. Ibíd., p. 150.
  7. Ibíd., p. 151.
  8. Ibíd..
  9. Ibíd.
  10. Ibíd., p. 153.
  11. Ibíd.
  12. Ibíd.
  13. Ibíd., p. 154.
  14. Ibíd., p.155.
  15. Ibíd.
  16. Cf. Ibíd., p. 157.
  17. Ibíd.
  18. Ibíd.
  19. Ibíd.
  20. Cf. Newton Garver, “Philosophy as grammar”, en Hans Sluga – David Stern (Eds.), The Cambridge Companion to Wittgenstein, Cambridge, Cambridge UP, 1996, pp. 150-151.
  21. Ludwig Wittgenstein, Notebooks 1914-16, Oxford, Blackwell, 1979, p. 106.
  22. Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, Francfort del Meno, Suhrkamp, 1984, 6.54.
  23. N. Garver indica que desde ciertas perspectivas se ha pensado con frecuencia que Wittgenstein rechazó completamente sus concepciones primeras, pero ello no sería una visión completa. Señala que por cierto Wittgenstein rechazó el confiar exclusivamente en la forma veritativo-funcional, en la correlación rígida entre nombres y objetos y el énfasis en un uso único del lenguaje. Pero sin embargo, por el contrario, mantuvo prácticamente la misma concepción respecto de la relación de las formas del lenguaje (sean vistas como lógicas o gramaticales) respecto de la metafísica. Cf. Newton Garver, “Philosophy as grammar”, en Hans Sluga – David Stern (Eds.), The Cambridge Companion to Wittgenstein, Cambridge, Cambridge UP, 1996, pp. 142.
  24. Ludwig Wittgenstein, Philosophische Grammatik, Suhrkamp, Francfort del Meno, 1984, pág. 487. Los cuatro siguientes manuscritos llevaban por título “Observaciones acerca de la Gramática filosófica” o “Gramática filosófica”.
  25. Ibíd., pág. 5.
  26. Newton Garver, “Philosophy as grammar”, en Hans Sluga – David Stern (Eds.), The Cambridge Companion to Wittgenstein, Cambridge, Cambridge UP, 1996, p. 142.
  27. Ludwig Wittgenstein, Philosophische Untersuchungen, Francfort del Meno, Suhrkamp, 1984, §§ 371-3.
  28. Newton Garver, “Philosophy as grammar”, en Hans Sluga – David Stern (Eds.), The Cambridge Companion to Wittgenstein, Cambridge, Cambridge UP, 1996, pp. 147.
  29. David Pears, The false prision. A Study of the Development of Wittgenstein’s Philosophy vol.1, Oxford, Clarendon Press, 1987, p. 3.
  30. Cf. Paul M. S. Hacker, Wittgenstein on human nature, Gran Bretaña, Phoenix, 1999, pp. 5-14.
  31. Ludwig Wittgenstein, Vermischte Bemerkungen, Francfort del Meno, Suhrkamp, 1984, pp. 463-64.
  32. Cf. Friederich Kaulbach, Das Prinzip Handlung in der Philosophie Kants, Berlín – Nueva York, W. de Gruyter, 1978, pp. 11-13.
  33. Hilary Putnam, El pragmatismo, Barcelona, Gedisa, 1999, p. 64.
  34. Ibíd.
  35. Ibíd., p. 67.
  36. Ibíd., p. 75.
  37. Cf. Ray Monk, Wittgenstein, Londres, Granta Books, 2005, p. 20.
  38. Carta a Ludwig von Ficker (10-11- 19) citada en Ibíd., pp. 22-23.
  39. Cf. Ibíd., pp. 23-26.
  40. Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, Francfort del Meno, 1984, Suhrkamp, 7.
  41. Ludwig Wittgenstein, Philosophical occasions, Indianapolis, Hackett, 1993, p. 411.


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