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7 La deducción trascendental: enlace de palabras y unidad de la conciencia

En la deducción trascendental de las categorías hay dos referencias explícitas al lenguaje, respectivamente una en cada versión, que convergen en una argumentación que fundamenta la perspectiva trascendental respecto del lenguaje. Señalaremos cómo, a partir de este núcleo de la perspectiva trascendental, de manera explícita, se muestra, si bien no en una consideración con cierto detenimiento, sí, sin embargo, una determinación del concepto de lenguaje desde la perspectiva trascendental con relación a la doble función de éste identificada en la Antropología: designar por medio de palabras y funcionar según la ley de asociación.

En el orden de fundamentación trascendental la función de unificación dada en las categorías presupone, una forma de unidad anterior en tanto que el concepto de enlace conlleva el de “unidad de la diversidad” (CRP B 130). Esta unidad precede a todo enlace y no es la unidad en el sentido de la categoría de unidad sino que “debe ser buscada más arriba” (CRP B 131), debe ser buscada en aquello “que contiene el fundamento (Grund) de la unidad de diferentes conceptos en el juzgar, por lo tanto de la posibilidad del entendimiento, incluso en su uso lógico” (CRP B 131), debe ser buscada en la “originaria unidad sintética de la apercepción” (CRP B 131).

La deducción trascendental de las categorías (Deducción de los conceptos puros del entendimiento), en la cual Kant desarrolla la fundamentación última de su filosofía teórica, trata de la posibilidad y legitimidad del uso de las categorías en el conocimiento y en la constitución de la experiencia[1]. Ha sido considerada como el núcleo mismo de la filosofía kantiana[2] puesto que en ella se exhiben los fundamentos a partir de los cuales deriva el uso de los conceptos puros como predicados de juicios a priori y se muestra que la exigencia de validez de estas proposiciones como conocimiento es legítima, es decir, en ella se demuestra que el uso de conceptos a priori en el conocimiento está restringido a aquellas proposiciones que pueden fundamentar las condiciones de la posibilidad de la experiencia. Ello incluye tanto demostrar la validez objetiva de las categorías como hacer comprensible la posibilidad de la relación del entendimiento con la sensibilidad (Cf. CRP B 159).

En este sentido la tarea de la deducción trascendental de las categorías consiste en justificar las categorías como funciones de enlace entre representaciones diversas partiendo de la autoconciencia como principio unificador. En la deducción trascendental las categorías son analizadas respecto de su posible validez objetiva desde la perspectiva de la unidad necesaria producida por la autoconciencia. Pero ello se hace explícito tan sólo en la segunda versión[3]. Desde el punto de vista de la consideración del lenguaje, la primera versión de la deducción trascendental muestra la raíz de éste en la imaginación y, desde el punto de vista de la argumentación propuesta en este trabajo para esta cuestión específica, es convergente con la desarrollada en la segunda versión.

En la formulación de la segunda edición se encuentra una justificación de la validez de las categorías que es al mismo tiempo una explicación de la posibilidad de la relación de las categorías con la sensibilidad. Según esta formulación, justificar la validez objetiva de las categorías quiere decir simultáneamente mostrar una forma de unidad objetiva que, a partir de la aplicación de las formas del entendimiento a la diversidad aportada por la sensibilidad, constituye el orden objetivo de los fenómenos, es decir, el mundo en la experiencia. Esta forma de unidad objetiva tiene su fundamentación última en la unificación que se halla en el principio supremo de todos los juicios sintéticos, en el establecimiento de la síntesis bajo reglas a priori a partir de la identidad del sujeto. En este sentido la tarea de la deducción trascendental consiste en justificar las categorías como funciones de enlace entre representaciones diversas partiendo de la autoconciencia como principio. Es decir, en la deducción trascendental las categorías son analizadas respecto de su posible validez objetiva desde la perspectiva de la unidad necesaria producida por la autoconciencia[4].

Síntesis de reproducción, asociación empírica y estabilidad en el uso de las palabras

En el contexto de la Antropología hemos visto que el lenguaje, en tanto facultad de designación, es parte de la facultad de la imaginación. En la mención del lenguaje en el pasaje que analizaremos a continuación (CRP A 101) éste es visto desde la perspectiva de la unidad de la conciencia como forma de asociación. Las relaciones de asociación, de las cuales el lenguaje es un ejemplo, se contraponen a las relaciones de unidad universal y necesaria que aparecen en la afinidad y en la apercepción vinculada a la imaginación trascendental.

Esta mención al lenguaje en la primera versión de la deducción trascendental constituye una primera formulación de la argumentación que procuramos reconstruir. Aquí Kant se refiere al lenguaje desde el punto de vista de los enlaces entre las palabras y las cosas y examina la posible constancia del uso de las palabras en una argumentación que reposa sobre la base de la función trascendental de la imaginación. Como tal la imaginación es “la facultad de representar un objeto en la intuición aun sin su presencia.” (CRP B 151). En ella se distingue a su vez entre la imaginación reproductiva y la imaginación productiva, única capaz de establecer condiciones para el conocimiento. La función trascendental de la imaginación es propia entonces de la productiva, distinguiéndose de la imaginación reproductiva “cuya síntesis se halla sujeta sólo a las leyes empíricas de la asociación” (CRP B 152)[5]. Según esta argumentación, la “síntesis reproductiva de la imaginación” pertenece a las “operaciones trascendentales” (CRP A 102). La imaginación reproductiva rige las asociaciones de representaciones. Al “fundamento subjetivo y empírico de la reproducción según reglas se lo denomina la asociación de las representaciones” (CRP A 121). En la asociación se produce “la síntesis empírica de la reproducción” (CRP A 101). En la asociación “representaciones que se han seguido entre sí o acompañado unas a otras terminan por emparentarse y por medio de ello enlazarse” (CRP A 100). Las representaciones se ordenan de este modo “según una regla constante”, pero esta regla es solamente una “ley empírica” (CRP A 100) o una “regla empírica” (CRP A 112). Las reglas de la asociación se hallan en la imaginación reproductiva y “sólo pueden exhibir uniones casuales, no [uniones] objetivas” (CRP B 795). Habíamos visto a su vez que la asociación describía el funcionamiento del lenguaje; ahora, al considerarlo desde la perspectiva trascendental, se examina la posible estabilidad de la relación entre palabra y cosa. Habíamos visto también que la capacidad de operar con signos en general y el lenguaje son formas de la imaginación reproductiva. De modo tal que la argumentación kantiana acerca del valor de la asociación sirve para comprender las relaciones entre representaciones establecidas en tanto el lenguaje es medio de designación. Por lo tanto las relaciones que se establecen en tanto las palabras designan las cosas equivalen a la síntesis empírica de la reproducción (CRP A 101). En ella los ordenamientos que se establecen podrían ser de otro modo; por ello debe haber una forma de unificación sintética necesaria que a su vez posibilite, en general, esta “reproducción de los fenómenos” (CRP A 101). Esta forma sintética y necesaria de unificación es presupuesta por las asociaciones establecidas en las relaciones de denominación. La ley de la reproducción, en tanto empírica, presupone que los fenómenos se hallen ya bajo una regla que los organice de manera constante. El pasaje que presenta esta argumentación kantiana respecto de la estabilidad requerida a las denominaciones del lenguaje es el siguiente.

“Es una mera ley empírica la ley según la cual las representaciones que se han seguido o acompañado con frecuencia terminan por asociarse y por establecer un enlace [Verknüpfung] entre ellas, según el cual, aún sin la presencia del objeto, una de estas representaciones produce en la mente un tránsito a la otra según una regla constante [beständige]. Pero esta ley de la reproducción supone que los fenómenos mismos efectivamente están sometidos a esa regla y que en la diversidad de las representaciones de esos fenómenos tiene lugar una cierta regla de acuerdo al acompañamiento [Begleitung] o sucesión [Folge], pues, sin ello nuestra imaginación empírica jamás recibiría nada para hacer, que fuera adecuado a la medida de su capacidad; de forma tal que permanecería oculta en el interior de nuestra mente, como una facultad desconocida. Si el sulfuro de mercurio fuera de pronto rojo y de pronto negro, unas veces ligero y otras pesado; si un hombre tomara unas veces esta configuración animal y otras otra; si en el día más largo el campo estuviera unas veces cubierto de frutos y otras de hielo y nieve, entonces mi imaginación empírica no tendría con la representación del color rojo ni siquiera una vez la oportunidad de recibir en el pensamiento al pesado sulfuro de mercurio; o si una cierta palabra [Wort] acompañara de pronto a una cosa [Ding] y de pronto otra, o también, si, precisamente, la misma cosa [Ding] fuera denominada [benannt] de pronto de un modo y de pronto de otro, sin que rigiera una cierta regla a la cual se hallaran subordinados los fenómenos ya por sí mismos, entonces no podría tener lugar ninguna síntesis empírica de la reproducción.” (CRP A 100-101)

Lo que aquí se dice de la relación entre palabra y cosa sirve como ilustración o ejemplo de un caso posible. Si, como regla que pretendiera fundar la unidad y necesidad de la experiencia, a) la misma palabra acompañara distintas cosas, o b) la misma cosa fuera denominada de diferentes maneras, entonces no tendría lugar ninguna síntesis de reproducción. De ello parece poder desprenderse lo siguiente.

1) Si no hubiera alguna regla constante, ya que la imaginación “permanecería oculta en el interior de nuestra mente, como una facultad desconocida”, no podría haber relación con algo distinto de ella; aplicado a las denominaciones del lenguaje, no podría haber referencia a una cosa.

2) Si no hubiera alguna regla constante “a la cual se hallaran subordinados los fenómenos ya por sí mismos”, “no podría tener lugar ninguna síntesis empírica de la reproducción”; aplicado al lenguaje, no se podría establecer asociaciones empíricas. La consecuencia es que “Debe pues haber algo que hace posible incluso esta reproducción de los fenómenos por el hecho de que esto es el fundamento a priori de una necesaria unidad sintética de los mismos.” (CRP A 102) y con ello son comparadas los enlaces establecidos por los signos lingüísticos. El pasaje muestra, pues, por un lado la necesidad de reglas subyacentes a la síntesis empírica a través del ejemplo de la necesidad en la estabilidad de denominaciones y, por otro, indica que las reglas que ordenan empíricamente las asociaciones del lenguaje presuponen formas necesarias de unificación.

Reiteremos, para concluir, los puntos de la argumentación en esta primera formulación en la deducción trascendental y así mostrar su conexión con la segunda formulación que será objeto de consideración a continuación. La síntesis de la reproducción presupone una forma necesaria de unificación. El lenguaje, en tanto tal síntesis, también la presupone. El lenguaje es ejemplo de la imaginación reproductiva. Las palabras se asocian por el hecho de seguirse o acompañarse unas a otras. Tales asociaciones se subordinan a la síntesis necesaria que regula los fenómenos. Esta suposición pone de manifiesto que ella es posibilitada por una regla que no se funda en la asociación, por la “necesaria unidad sintética a priori” (CRP A 101). Esta unidad es la que posibilita la unidad de la experiencia y está constituida por la imaginación en su función trascendental. Las reglas empíricas de la imaginación, y consecuentemente las lingüísticas, se fundan en reglas que brindan la “necesaria unidad sintética a priori” de los fenómenos (CRP A 101), cuyo fundamento se halla en la “afinidad trascendental” (CRP A 114) que posibilita la representación de condiciones universales necesarias, es decir, leyes (CRP A 115). Esta fundamentación descansa, en última instancia, en la unidad de la apercepción (CRP A 118). Esta argumentación que muestra la fundamentación del ordenamiento empírico del lenguaje en la unidad de la conciencia es desarrollada, más allá de la guía que ofrece el concepto de imaginación trascendental, en la segunda versión de la deducción trascendental.

Unidad de la conciencia y enlace de palabras

Aquí los enlaces de palabras y cosas son vistos como una forma de unificación y considerados desde la perspectiva de la unidad trascendental de la apercepción: la unidad formal del “yo pienso”, la síntesis, según la cual “no podemos representarnos nada como unido en el objeto, sin haberlo unido previamente nosotros mismos” (CRP B 130). El enlace (conjunctio) de la diversidad es un (acto de la espontaneidad”, “una acción del entendimiento”: la síntesis (CRP B 130). El concepto de enlace lleva consigo el concepto de la forma de unidad que precede a todo enlace y debe ser referida a la “originaria unidad sintética de la apercepción” (CRP B 131). El principio que formula la unidad más originaria de la apercepción afirma: “El yo pienso debe poder acompañar a todas mis representaciones” (CRP B 131). Esta forma suprema de unificación posibilita la objetividad, es decir, la validez objetiva de las representaciones unificadas (CRP B 137). La unidad trascendental de la apercepción unifica la diversidad dada en una intuición y “por ello se llama objetiva” (CRP B 139), distinguiéndose de este modo de la “unidad subjetiva de la conciencia” (CRP B 139). La unidad subjetiva se diferencia de la unidad objetiva de la autoconciencia en tanto constituye una forma de unificación empírica por medio de la asociación de representaciones (CRP B 140). La unificación de acuerdo con la ley de la asociación es meramente subjetiva. Aquí el modo de unidad entre las representaciones es dependiente de condiciones particulares. Los enlaces entre representaciones son producidos por asociación; y la conciencia sólo se representa propiedades empíricas y estados de conciencia particulares. En cambio, la autoconciencia pura no consiste en nada más que en la posibilidad de la conciencia del “yo pienso”[6]. El lenguaje, en tanto es identificado en esta argumentación en uno de sus núcleos, la relación entre la palabra y la cosa, es un ejemplo de unidad empírica de la conciencia, la cual es confrontada con la unidad brindada por el principio “supremo” de todo conocimiento humano (CRP B 135), la apercepción pura. Además, el lenguaje, al ser una forma de enlace de representaciones por asociación no podría constituir la unidad objetiva de la conciencia. El lenguaje confrontado con la unidad que posibilita la apercepción pura, es un ejemplo de unidad empírica de la conciencia:

“La unidad trascendental de la apercepción es aquella que unifica en un concepto del objeto todo lo múltiple dado en una intuición. Por ello se llama objetiva, y debe ser distinguida de la unidad subjetiva de la conciencia, que es una determinación del sentido interno; por medio de la cual lo múltiple de la intuición para tal enlace es dado empíricamente. El que yo pueda ser consciente empíricamente de lo múltiple como simultáneo o como sucesivo depende de circunstancias o de condiciones empíricas; por eso la unidad empírica de la conciencia por asociación de representaciones concierne a un fenómeno y es totalmente contingente. Por el contrario, la forma pura de la intuición en el tiempo, pura y ya como intuición en general que contiene lo múltiple dado, está bajo la unidad originaria de la conciencia sólo por medio de la necesaria referencia [Beziehung] de la multiplicidad de la intuición a un yo pienso, por medio, por tanto, de la síntesis pura del entendimiento, la cual subyace a prioria la síntesis empírica. Sólo aquella unidad es objetivamente válida [gültig]. La unidad empírica de la apercepción, la cual no consideramos aquí y la cual también sólo es derivada de la primera bajo ciertas condiciones dadas in concreto, tiene sólo validez subjetiva [subjective Gültigkeit]. Alguien enlaza [verbindet] la representación de una cierta palabra [Wort] con una cosa [Sache], el otro, con otra cosa; y la unidad [Einheit] de la conciencia, en lo que es empírico, no vale necesaria ni universalmente con respecto a lo que es dado [gegeben].” (CRP B 140)

Encontramos nuevamente, pero ahora directa y explícitamente, que la consideración del lenguaje se establece en el plano de la relación entre la representación, la palabra y la cosa. El enlace entre representaciones, propio de la asociación, es visto ahora desde el punto de vista de la unidad objetiva de la conciencia. Acorde a ello el enlace entre representación, palabra y cosa “tiene sólo validez subjetiva”; de ello resulta sólo una forma de conciencia empírica. La unidad de la conciencia establecida por el lenguaje no es necesaria ni válida universalmente. Desde este punto de vista la facultad del lenguaje es unidad empírica de conciencia. A través de esta contraposición entre posibles formas de unidad de conciencia se muestra, entonces, el fundamento de la determinación conceptual del lenguaje, y con ello el que apenas sea aludido desde el punto de vista trascendental. La doble determinación del lenguaje presentada en la Antropología, designar y funcionar por asociación es comparada con la unidad de conciencia de la apercepción trascendental y evaluada con respecto a su resultado, el tipo de enlace que se establece entre las representaciones, las palabras y las cosas. Este enlace, como dijimos, sólo constituye una unidad empírica de la conciencia de la cual resulta sólo validez subjetiva. De este modo vemos que en el núcleo de la fundamentación de la filosofía teórica, Kant señala expresamente una determinación del concepto de lenguaje al identificarlo como forma empírica de conciencia y que tal identificación se basa tanto teórica como metódicamente en la perspectiva trascendental, ya que “en ésta no deben entrar conceptos que contengan algo empírico” (CRP B 28). El desarrollo de la perspectiva trascendental constituye el núcleo de la tarea crítica, todo aquello que no se halla en el centro del mismo va siendo dejado de lado, ello ocurre con la cuestión del lenguaje. Con el análisis de la determinación del concepto de lenguaje como forma empírica de conciencia, se muestra entonces cómo el lenguaje en tanto es percibido al mismo tiempo queda sin considerar como tema de relevancia, pero ello fundamentalmente por razones teóricas propias de la perspectiva trascendental. El concepto de unidad objetiva de la autoconciencia brinda la fundamentación teórica sobre la cual puede basarse la perspectiva trascendental del lenguaje. El análisis de esta indicación respecto del lenguaje muestra pues un resultado fundamentalmente negativo. En la delimitación del lenguaje frente a la unidad objetiva de la conciencia, y en su determinación como forma empírica de conciencia, sólo se muestra porqué el lenguaje no fue tema de la consideración teórica en la perspectiva trascendental. Pero también de acuerdo a lo sostenido puede verse que, en el marco de dicha perspectiva, no tenía porqué serlo. No se trata entonces del “silencio” de Kant respecto del lenguaje, en tanto esta expresión indique desconocimiento del mismo, o de la “represión” del lenguaje, cuanto de una conducta metódica y teórica propia, sostenida en la perspectiva crítico-trascendental, cuya fundamentación última puede encontrarse en una posición filosófica de Kant respecto del valor del lenguaje para el conocimiento.

Frente a la relación subjetiva entre palabra y cosa, la forma lógica de todo juicio es objetiva, pero lo es en la medida que la cópula “es” designa no relaciones contingentes sino la unidad necesaria de la forma lógica de todo juicio que no es otra que la unidad objetiva de la apercepción. Ello queda confirmado por el siguiente análisis de Kant, quien observa que la relación establecida entre dos conceptos en un juicio, tal como era usualmente caracterizada por la lógica de su época como “palabra relacionante”, es insuficiente en tanto “no se determina en qué consiste esta relación” (CRP B 141). Desde el punto de la pertenencia del juicio al entendimiento en tanto en él se establece la relación entre conocimientos dados la relación establecida por la palabra “es” “designa la relación de los mismos a la apercepción originaria y la unidad necesaria” (CRP B 142). Entonces si se parte de un juicio como “los cuerpos son pesados” la unidad expresada en la cópula puede basarse: (1) en las relaciones según leyes de la imaginación reproductora (CRP B 141) que tienen solamente una validez subjetiva, o bien, (2) puede expresar la relación entre las representaciones basada en la apercepción que expone una validez objetiva. De este modo puede verse que la misma expresión lingüística, “Los cuerpos son pesados” puede asumir diferentes valores tanto puede referirse a una relación objetivo o sólo a un enlace subjetivo. En el caso (1) estrictamente la expresión que le correspondería o sería equivalente, según Kant, sería: “Cuando sostengo un cuerpo siento la presión del peso”, expresión que sólo manifiesta una relación subjetiva; mientras que en (2) se trataría de algo que “es” así “objetivamente” (Cf. B 142). El “es” puede tener entonces dos valores: subjetivo y objetivo. Con este análisis de las expresiones de los juicios y de los posibles valores de conocimiento de la cópula se abre la posibilidad de la consideración del concepto de significado desde el punto de vista trascendental.

La deducción trascendental de las categorías abre esta posibilidad a través de que en su argumentación específica proporciona un fundamento al sentido y significado de los conceptos puros y, con ello, la posibilidad de la referencia de los conceptos a objetos dados. La deducción trascendental de las categorías explica cómo los conceptos puros pueden referirse a objetos, adquiriendo así sentido y significado. Esta justificación de la validez a priori para todo objeto de una experiencia posible permite justificar, no sólo la función semántica de los conceptos puros, sino asimismo la función semántica del lenguaje en general. El lenguaje presupone una síntesis subjetiva –operada por la conciencia empírica–, pero esta síntesis presupone, a su vez, una síntesis trascendental. Dado que la relación entre palabra y cosa es resultado de la unidad empírica de la conciencia –y es, por tanto, contingente–, los enlaces lingüísticos poseen un carácter puramente empírico; sin embargo, tales enlaces tienen como condición una referencia a la unidad de la apercepción; toda síntesis empírica presupone como condición una síntesis pura, trascendental. El análisis de la deducción trascendental de los conceptos puros del entendimiento, muestra que la deducción fundamenta la referencia de los conceptos a objetos dados, “cosas” y, con ello, proporciona el fundamento a la función semántica del lenguaje en general. Con ello abre un enfoque trascendental de la semántica dentro de la conceptuación y formulación propia de la Crítica de la razón pura.

La reflexión trascendental como el lugar de la filosofía del lenguaje en Kant

Los pasajes señalados en la Analítica trascendental de la Crítica de la razón pura se refieren incidentalmente al lenguaje desde la perspectiva crítica, pero no se ocupan de éste temáticamente como de una cuestión analizada directamente. Sin embargo ellos ofrecen indicios para sostener que es posible identificar una comprensión del lenguaje en y a partir del enfoque teórico expuesto en dicha sección de la obra. A ello contribuyen las menciones presentadas de otras secciones de la misma y de las otras obras no críticas. Una breve enumeración de lo presentado hasta aquí nos recuerda que el lenguaje, a partir de la recepción de una concepción transmitida de signo y lenguaje, fue examinado por Kant en relación al empleo de signos en filosofía, identificado como facultad de designación y considerado en tanto la gramática es puesta en paralelo con la lógica formal. En el contexto de la crítica es enfocado en la óptica trascendental. En este contexto, en primer término, es nuevamente ubicado en la reflexión sobre el método. En segundo lugar, el núcleo de la argumentación sostenida en este trabajo muestra: las consecuencias para la reflexión sobre el lenguaje derivadas de la tabla de las categorías, la contraposición entre unidad de la conciencia y enlace de palabras, la acuñación del concepto de significado desde la perspectiva trascendental y ejemplos de la repercusión de la reflexión crítica en la reflexión posterior sobre el lenguaje. Con ello, la reflexión trascendental del lenguaje en la Analítica trascendental: a) muestra el lugar del lenguaje como facultad de designar, en tanto ésta es una forma empírica de conciencia, b) sugiere la posible aplicación de la tabla de las categorías al examen del lenguaje y c) abre la posibilidad de una teoría trascendental del significado como posible propiedad de los conceptos puros. Es decir recorre un trayecto que va desde el empleo de signos al posible uso objetivo de los conceptos puros. De modo tal que la Analítica trascendental incluye una indicación explícita respecto de las cuestiones centrales de la teoría lingüística y de la filosofía del lenguaje (ambas entendidas en el sentido más general posible) desarrolladas en los siglos XIX y XX: léxico y gramática. El léxico como resultado del análisis de las categorías y la teoría del significado como doctrina de la posible aplicación o uso de las mismas. Tesis como las de “ausencia” (Hamann, 1784), “silencio” (De Mauro, 1966), y “represión” (Markis, 1982) respecto del lenguaje en Kant, entonces como mínimo, impiden intentar una interpretación de todas estas indicaciones explícitas. A su vez, señalar que las observaciones de Kant respecto del lenguaje, no siempre son “coherentes” (Lütterfelds, 2003) lleva inmediatamente a la pregunta de desde cuál perspectiva se muestra esta presunta falta de coherencia y puede también implicar el reto de indagar la posible unidad de las indicaciones de Kant.

El presente trabajo sostiene que si bien en la Crítica de la razón pura no se halla una reflexión sobre el lenguaje desarrollada, tal como se dijo en el sentido en que es dable hallar p. ej. en Locke y Leibniz, las indicaciones explícitas de la Analítica trascendental permiten sí identificar argumentos relevantes para el tema y problema de una filosofía del lenguaje, cuya unidad puede ser referida al punto de vista metódico del enfoque trascendental desarrollado por la crítica de la razón pura como enfoque teórico. Con posterioridad a la Crítica de la razón pura Kant caracterizó a la empresa crítica del siguiente modo: “la capacidad de conocimiento a partir de principios a priori puede ser denominada la razón pura, y la investigación de la posibilidad y límites de la misma como tal crítica de la razón pura” (CFJ B III). Esta investigación fue concebida como una tarea cuya formulación como texto publicado comienza con la primera edición de la Crítica de la razón pura en 1781 y culmina con la Crítica de la facultad de juzgar en 1790, en cuyo prólogo dice Kant: “Con esto concluyo mi tarea crítica” (CFJ B X). El enfoque o método trascendental que sigue el desarrollo de esta tarea impone, en primer lugar, una limitación de hecho: cuando el desarrollo de la argumentación conduce a una reflexión sobre el lenguaje ésta no se prosigue y, en ocasiones explícitamente, queda sólo señalada. Así p. ej. en el pasaje considerado del diccionario (Cf. CRP B 108-9) donde se limita la posible prosecución del examen de la definición de las categorías y la, en conexión con ello, igualmente posible repercusión de ésta en la investigación sobre el lenguaje. También al referirse a la analogía y a su funcionamiento en el lenguaje, señala Kant precisamente que “Esta cuestión ha sido muy poco analizada hasta ahora, de modo tal que merecería una investigación más profunda, pero éste no es lugar para detenerse en ella.” (CFJ B 257). El desarrollo de la perspectiva trascendental constituye la articulación metódica de la tarea crítica, todo aquello que no se halla en el centro de la misma va siendo dejado de lado. El enfoque trascendental se orienta a determinar un conjunto de enunciados[7] respecto de la posibilidad del conocimiento en tanto tal y deja abierta e indeterminada las distintas formas de conocimientos particulares, referidas a su vez a objetos particulares. La obra crítica define expresamente este principio metódico. “Trascendental” designa los conceptos puros en la medida en que se refieren no a objetos particulares sino al objeto como tal en tanto éste puede ser pensado a priori y del cual se abstrae en consecuencia todo rasgo que pudiera caracterizarlo particularmente. En este sentido el planteo trascendental no se ocupa (ni debería hacerlo de acuerdo a sus propias metas) con “objetos” específicos como el lenguaje, en tanto forma empírica de conciencia. Al ser comprendido como forma empírica de establecer relaciones entre representaciones debe quedar fuera del examen trascendental en la medida en que en la filosofía trascendental no hay nada de empírico (Cf. CRP B 28).

Esta razón metódica tiene, además, su justificación teórica explícita, tal como hemos visto, en tanto los enlaces establecidos por las palabras con confrontados con la unidad de la conciencia. En CRP B 140 el lenguaje es comparado con la posible unidad de la conciencia, es decir, con la unidad objetiva basada en la apercepción. Aquí, tal como vimos, el lenguaje aparece expresamente como un caso de unidad empírica de la conciencia. Recordemos el núcleo del argumento contenido en la indicación. Mientras que la referencia (Beziehung) de la multiplicidad de la intuición al yo pienso es universal y necesaria, la unidad entre palabra y cosa no vale ni necesaria ni universalmente. La cuestión es la unidad de la conciencia que se produce a nivel empírico, o en este sentido, la unidad de la conciencia empírica. Pero ello con vistas a lo dado, es decir a lo que es base constituyente para el posible conocimiento. Al comparar la descripción del funcionamiento de la facultad de designación con la conciencia del enlace entre las palabras y las cosas, que sólo es posible por la unidad trascendental de la conciencia, este enlace sólo establece una unidad meramente subjetiva que se halla regida por la ley de la asociación. Lo que tiene unidad de hecho, es decir, unidad empírica, no puede servir de fundamento a la unidad de la experiencia y a fortiori el lenguaje, no puede tampoco suministrar ese fundamento. El significado objetivo, por el contrario, corresponde a la unidad de la conciencia necesaria y universal. De este modo, el significado objetivo sería al enlace de signos que produce el lenguaje como facultad de designación, como la unidad objetiva de la apercepción trascendental es a la unidad subjetiva de la conciencia por asociación. El lenguaje dice qué signo (palabra) asociamos con qué conceptos o enlazamos con qué cosas, el significado objetivo es resultado de lo que vale necesaria y universalmente (para nosotros), expresado p. ej. en el juicio objetivo: “El cuerpo es pesado” (Cf. CRP B 142). Pero, entonces, si bien en la delimitación del lenguaje frente a la unidad objetiva de la conciencia, y en su determinación como forma empírica de conciencia, básicamente se muestra porqué el lenguaje no fue tema de la consideración teórica en la perspectiva trascendental, también se pone de manifiesto que, en el marco de dicha perspectiva, no tenía por qué serlo. No se trata entonces del “silencio” de Kant respecto del lenguaje, en tanto esta expresión indique desconocimiento del mismo, sino de la realización efectiva de un enfoque metódico y teórico.

Estos resultados del análisis del lugar del lenguaje según la Analítica de la Crítica de la razón pura pueden ser concebidos unitariamente a partir de un concepto central en el cual la Analítica da un paso más en la autoaclaración del proceso llevado a cabo desde el punto de vista del método trascendental, el concepto de reflexión trascendental[8]. La lógica trascendental no se ocupa de los objetos mismos, para obtener de ellos, directamente conceptos; sino que persigue encontrar las condiciones subjetivas bajo las cuales podemos llegar a conceptos. Esta operación es identificada como reflexión y consiste en “la conciencia de la relación de representaciones dadas, con nuestras diferentes fuentes de conocimiento [conciencia] solo gracias a la cual se puede determinar correctamente la relación de ellas entre sí” (CRP B 316). Su primera tarea radica en determinar la facultad de conocimiento, entendimiento o sensibilidad, a la cual las representaciones en cuestión pertenecen, en cuyo ordenamiento se componen y a partir de lo cual pueden compararse. Conforme a ello, más en general, Kant denomina reflexión trascendental a la operación por la cual se comparan las representaciones en general para establecer si éstas pertenecen al “entendimiento puro o a la intuición sensible” (CRP B 317). Con ello se abre un lugar en la lógica trascendental para la determinación teórica del lenguaje como facultad. Lo que importa en la reflexión trascendental “no es la forma lógica, sino el contenido de los conceptos” (CRP B 318). La reflexión lógica es sólo una comparación en la cual se hace completa abstracción de la facultad de conocimiento a la que pertenecen las representaciones dadas, pero “la reflexión trascendental (que se refiere a los objetos mismos) contiene el fundamento de la posibilidad de la comparación objetiva de las representaciones entre sí” (CRP B 319) y es, por lo tanto es muy diferente de aquella. Cuando “se quiere juzgar algo a priori sobre cosas, esta reflexión trascendental es un deber del que nadie puede eximirse” (CRP B 319). El concepto mismo de lugar lógico o teórico es precisado explícitamente por Kant desde la óptica trascendental:

“Permítaseme que al lugar que asignamos a un concepto, ya en la sensibilidad, ya en el entendimiento puro, lo llame lugar trascendental. De tal manera, el dictamen acerca de ese lugar que le corresponde a todo concepto según la diversidad de su uso, y la instrucción para determinar, según reglas, ese lugar a todo concepto, sería la tópica trascendental; una teoría que, al distinguir siempre a cuál facultad de conocimiento pertenecen propiamente los conceptos, [nos] preservaría, con todo cuidado, de las subrepciones del entendimiento puro, y de los engaños que de allí surgen.” (CRP B 324)

Por cierto que ni la tópica trascendental ni su base[9], la reflexión trascendental, se ocupan directamente del lenguaje como facultad, pero sí establecen condiciones necesarias desde el punto de vista trascendental que pueden proveer un criterio para evaluar la facultad de lenguaje desde el punto de vista de su valor de conocimiento posible. Así lo muestra la condición establecida para el entendimiento puro desde la determinación trascendental: “el entendimiento exige primeramente que algo sea dado (al menos en el concepto) para poder determinarlo de cierta manera” (CRP B322/23). A través de este ulterior establecimiento de condiciones que precisan la determinación del conocimiento trascendental ya introducida -conocimiento referido “a nuestra manera de conocer los objetos en tanto ella sea posible a priori” (CRP B 25)-, la perspectiva trascendental posibilita identificar un criterio con el cual evaluar la facultad de lenguaje en su valor de conocimiento. Con ello el concepto de reflexión trascendental se muestra como el concepto metodológico que sintetiza la posición de Kant respecto del tema y problema de una filosofía del lenguaje en su propia conceptuación y horizonte teórico.


  1. Cf. Dieter Henrich, “The Identity of the Subject in the Trascendental Deduction”, en Reading Kant. New Perspectives on Trascendental Arguments and Critical Philosophy, Oxford, Oxford UP, 1989, p. 250.
  2. Ibíd.
  3. Con primera y segunda versión nos referimos como es usual a las formulaciones de la deducción según la primera y segunda edición de la Crítica de la razón pura respectivamente.
  4. Pero ello se vuelve explícito como tal tan sólo en la segunda versión de la deducción trascendental, la primera versión tiende, en relación a la cuestión que examinamos, hacia lo mismo pero centrándose en el concepto trascendental de imaginación.
  5. Esta distinción terminológico-conceptual queda fijada en la segunda edición. En la primera la imaginación productiva y la reproductiva son vistas ambas como trascendentales y empíricas, p. ej. CRP A 94.
  6. Dieter Henrich, loc. cit., p. 259.
  7. Cf. Heinrich Scholz “Einführung in die Kantische Philosophie”, en Heinrich Scholz, Mathesis Universalis, Basilea-Stuttgart, B. Schawe, 1961, pp. 171-73.
  8. Se ha sostenido que el concepto de reflexión trascendental pertenece a los pocos conceptos de la Crítica de la razón pura en los cuales se trata expresamente de un aspecto especial del método filosófico trascendental. Puesto que de acuerdo a la anfibología de los conceptos de la reflexión los juicios sintéticos a priori presuponen una reflexión trascendental, parece tratarse de una parte integral (aun cuando no detallada) de la fundamentación integral del conocimiento a priori. Cf. Marcus Willaschek, “Phaenomena/Noumena und die Amphibolie der Reflexionsbegriffe (A235/B294-A292/B349)”, en Georg Mohr – Marcus Willaschek (Eds.), Klassiker Auslegen: Immanuel Kant. Kritik der reinen Vernunft, Berlín, Akademie Verlag, 1998, p. 341.
  9. “[…] esta comparación requiere previamente una reflexión, es decir, una determinación del lugar al que pertenecen las representaciones de las cosas comparadas: si las piensa el entendimiento puro, o si la sensibilidad las da en el fenómeno” (CRP B 325).


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